editorial

Los resultados del IV Cenagro: hora de cumplir las promesas
n esta edición de LRA analizamos algunos de los resultados definitivos del IV Censo Nacional Agropecuario 2012 (IV Cenagro), que publicó hace pocas semanas el Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI). Luego de dieciocho años, finalmente contamos con información que nos permite cuantificar los cambios ocurridos en la agricultura peruana y confirmar su importancia como un sector estratégico para la vida económica y social del país. Uno de los principales objetivos coyunturales que tiene el IV Cenagro ha estado relacionado con el debate nacional referido a diversos proyectos de ley que planteaban limitar la propiedad de las tierras agrarias. Antes de la publicación de los resultados del IV Cenagro, el ministro de Agricultura, Milton von Hesse, afirmó que el debate sobre el límite de las tierras no podía avanzar hasta conocerse los resultados del censo. Ya conocemos los resultados, y se confirma con información objetiva lo que se sabía ya: existe una importante concentración de la propiedad agraria, fundamentalmente en la costa. En esta región, el 34% de las tierras de cultivo están concentradas en unidades agropecuarias (UA) con más de 1,000 hectáreas (ha). El ministro von Hesse debe cumplir con su ofrecimiento de poner nuevamente, en la agenda pública, la regulación del tamaño de la propiedad agraria. El IV Cenagro comprueba también que la mayor parte de las tierras dedicadas a cultivos alimenticios transitorios está en manos de la pequeña agricultura. Ésta cultiva el 82% de las tierras dedicadas a leguminosas, el 76% de las destinadas a tubérculos, el 74% a cereales, el 72% a hortalizas y el 63% a frutas. Nuestro abastecimiento de alimentos depende, pues, fundamentalmente de la agricultura familiar. En contraste, las grandes UA, mayores de 100 ha de superficie, no llegan siquiera al 2% del área cultivada para alimentos. Estas cifras deben ser un llamado de atención a las autoridades para desarrollar, urgentemente, políticas que promuevan el desarrollo de la pequeña agricultura. Estas políticas deben tomar en cuenta que el rostro de los productores ha cambiado, en estos últimos dieciocho años, en su nivel educativo, en su acceso a la tecnología o a los mercados. El IV

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Cenagro revela, por ejemplo, que el tamaño de la familia del productor se ha reducido; que los niveles educativos se han elevado, pero aún son precarios; que hay un mayor acceso a tecnologías modernas, pero aún insuficiente; que el número de UA que producen para el mercado es mucho mayor, y menor el de las que producen para el autoconsumo. El censo confirma que el cultivo que ocupa la mayor superficie es el café, nuestro primer producto de agroexportación. Desde 1994, el área se ha duplicado y una de cada diez UA del país se dedica al café. Este proceso ha ido acompañado de una atomización de la tenencia de las tierras de los productores. En Cajamarca, el promedio del tamaño del predio es de solo 1.25 ha. Finalmente, los resultados definitivos del IV Cenagro refutan a aquellas voces que pretendían señalar que las comunidades ya no existían en el Perú. El censo reafirma que, con excepción de Tumbes, en todos los departamentos existen comunidades campesinas o nativas. Lo más significativo es que las hectáreas que manejan las comunidades han aumentado en estos últimos años —13.4% en el caso de comunidades campesinas y 26.1% en el caso de las nativas—, logrando que entre ambas controlen el 60.5% del total de la superficie agropecuaria del país. La mayor parte de estas tierras son pastos naturales, en la sierra, y bosques, en la Amazonía. La información del IV Cenagro, y su análisis exhaustivo, debe permitir que las autoridades del Gobierno central, de los gobiernos regionales y locales, puedan re-conocer el rostro de la nueva agricultura peruana, con la finalidad de implementar políticas certeras y adecuadas. El Poder Ejecutivo debe redefinir sus políticas sectoriales en favor de la pequeña agricultura y cumplir con regular la concentración de la propiedad de la tierra. Los productores, por su lado, deben encontrar en los resultados del censo su importancia estratégica para la economía y la sociedad peruanas, y exigir al gobierno y al Congreso las medidas que posibiliten su desarrollo. Por último, los resultados del IV Cenagro deben constituir una poderosa herramienta para orientar las políticas hacia una mayor inclusión social y económica de los agricultores, lo que supuestamente es uno de los objetivos centrales de este gobierno.
Ricardo Marapi Editor

SETIEMBRE de 2013

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