Jornadas de análisis internacional Juventud en red: Política, ciberactivismo, acción colectiva

Tema: “Juventud y acción política, una experiencia del movimiento #YoSoy132” Autor:
Max Alcántara

Cochabamba 13, 14 y 15 de septiembre

El contenido del documento es responsabilidad exclusiva del autor y no necesariamente Representa la opinión de las instituciones auspiciantes

Juventud y acción política. Una experiencia en el movimiento #Yo Soy 132.

Max Alcántara C.

“…El Estado ha contado ya su historia, el silencio nos quiere dotar de olvido, ese silencio hoy lo rompemos para recuperar la historia, nuestra historia, la historia de todos los mexicanos, esa historia de la cual somos partícipes, herederos y continuidad. 
 No olvidamos los esfuerzos y las luchas de movimientos obreros y campesinos, el magonismo, el villismo, el zapatismo, el movimiento ferrocarrilero y el movimiento médico. No olvidamos los movimientos trascendentes de nuestra historia, la expropiación petrolea, el vasconcelismo, la lucha por la autonomía universitaria, la insurrección social armada en los años setenta. No olvidamos los procesos estudiantiles, ¡la defensa de los albergues del Instituto Politécnico Nacional en el '58!, ¡los movimientos estudiantiles de Tlatelolco en el `68! y ¡el Jueves de Corpus en el `71!. ¡No olvidamos tampoco la guerra sucia y sus desaparecidos!, ¡No olvidamos los presos políticos!, ¡las huelgas universitarias del '86 y del '99!...somos herederos de los fraudes electorales del '88 y del 2006, de las crisis económicas del `82, del `96 y del 2008, somos herederos del ¡levantamiento armado del zapatismo!, ¡de la matanza de Acteal!, ¡de los impunes feminicidios en Ciudad Juárez Chihuahua! y ¡principalmente en el Estado de México. Hemos de alzar nuestra voz en este momento, ¡Sí!, ¡somos herederos de las represiones en Atenco y en Oaxaca en el 2006!. Sí, compañeros, el Movimiento 132 somos nosotros, somos la demostración de la indignación y la rabia de los niños muertos en la guardería ABC ¡somos Wirikuta!¡somos Cherán en Michoacán! , ¡somos Copala, ¡somos la indignación ante la brutal fuerza del Estado!, ¡somos la indignación ante la guerra contra el narcotráfico y sus más de setenta mil muertos!. ¡Toda esta historia somos nosotros!,
 Toda esta historia hoy la reivindicamos y la revivimos, la revivimos en el vendaval de este movimiento…” Discurso pronunciado por un estudiante en la primera Asamblea del movimiento #YoSoy132.

Introducción. El año pasado, en medio del proceso electoral mexicano que se perfilaba opaco y rutinario, irrumpió en el escenario nacional, un potente movimiento estudiantil y juvenil que unió e impulsó parte del descontento social acumulado durante años. Movimiento que hizo uso de la web 2.0. para desplegar su potencial. Días antes del 11 de mayo, cuando se desarrollaron los hechos que desataron las protestas, nadie hubiera creído posible que una parte de la juventud, principalmente aquella que goza del acceso a la educación, asistiría al nacimiento de una nueva generación política. Esa irrupción inusitada adquirió una característica sumamente peculiar, fue capaz de conjuntar dos realidades sociales distintas, las de quienes disponen de condiciones económicas para acceder a la educación privada y la de quienes ejercen su inalienable derecho a la educación pública. Convergencia entre lo público y lo privado, que evidencia

el crecimiento del descontento social, permeando incluso entre los diferentes niveles de la clase social mas acomodada. Ambos espacios se comunicaban mediante ese poderoso ente, la web 2.0. El pretexto del inicio de ese intercambio de ideas, fue una escena en la que era imposible disimular alegría: el candidato presidencial del Partido de la Revolución Institucional (PRI), Enrique Peña Nieto (EPN), era arrinconado por estudiantes en los baños de una universidad privada, a menos de dos meses de las votaciones para seleccionar quien ocuparía la presidencia. Aunque los medios de comunicación masivos tergiversaron los hechos, replicando el discurso “oficial” que señalaba a los estudiantes como unos pocos porros, provocadores e infiltrados pagados, que no habían hecho mas que gritar alborotados; en cambio, las redes sociales diseminaron una realidad distinta en muy poco tiempo. Realidad que adquirió relevancia con la difusión del video en el que más de 131 estudiantes universitarios que habían participado en los hechos, daban la cara y exigían el derecho de réplica. En los días siguientes, tales medios no pudieron sino aceptar de facto, que habían mentido y engañado. No pudieron ocultar las evidencias que por los medios virtuales y principalmente por las redes sociales, circulaban. Todo esto desató una indignación social que se tradujo en efervescencia política: no sólo dinamizó la contienda electoral, sino que dio paso a cuestionar el papel de los medios de comunicación, de las instituciones del Estado (partidos políticos, instituciones electorales, etc.) y del régimen político que nos gobernaba. Pero, sobre todo, del que parecía imponerse mediáticamente mediante las principales televisoras del país, quienes se encargaron no solo de construir un títere político que por sí mismo se ridiculizaba, sino que además difundían anticipadamente la inminente imposición presidencial.

Nace una nueva generación política.

Para poder explicar el surgimiento y desarrollo del movimiento #Yo Soy132, hace falta explicar las condiciones que permitieron esa irrupción, que a la luz de los meses, dio nacimiento a una nueva generación política, la cual se mantiene, al menos, como corriente de opinión y como parte de las fuerzas que no reconocen a EPN ni a su régimen. Los integrantes de este movimiento provienen de una generación nacida bajo la supuesta panacea de la doctrina neoliberal y del libre mercado, que en México, orilla a millones de jóvenes a trabajos precarios, a la migración y/o a las actividades económicas que forman parte del comercio ilegal. Son parte de una juventud que, todos estos años, ha padecido cotidianamente los efectos de un sistema social estructurado para satisfacer la riqueza de unos cuantos a costa de la vida de las mayorías y se presenta como una continua embestida: la del capital contra el trabajo.

Ésta abarca la privatización de las tierras ejidales, la telefonía, los ferrocarriles, la seguridad social y la banca. Asimismo, se está dando paso a una privatización generalizada de la educación pública y de los recursos energéticos y naturales, con lo cual se eliminan los últimos remanentes del pacto social emanado del proceso revolucionario de 1917. Así pues, en México se vive una “democracia” donde se vulnera la voluntad popular, se violan sistemáticamente los derechos constitucionales y se allanan las libertades democráticas; donde existen miles de asesinatos, desapariciones y desplazamientos forzados producto de una supuesta guerra contra el narcotráfico que esconde, en realidad, una guerra por el control del mercado negro y delincuencial, que es parasitario del Estado mexicano y del cual el régimen político forma parte; “democracia” donde hay presos políticos, manipulación mediática, tergiversación informativa y una treintena de familias que gobiernan y despojan el futuro de millones de mexicanos. Túnez, Egipto, Yemen, Turquía, Grecia, Italia, Francia, Portugal, Alemania, Inglaterra, Noruega, Dinamarca, Suecia, Chile, Brasil, Perú, Colombia, Canadá, Estados Unidos, México, Siria, Palestina, Bahairen y el Estado Español, en un contexto internacional, son algunos ejemplos de resistencias que hacen frente a la ofensiva depredadora del capitalismo y donde el descontento social ha situado a la juventud como una de las principales protagonistas. Esa diversidad de juventudes, ha tomado la humilde decisión de no retroceder y plantearse, desde la acción política colectiva, un futuro distinto al que se le oferta como progreso. Su forma de lucha se ha diferenciado por no sólo haber emergido en las calles, sino por haber sabido cómo utilizar otras herramientas para hacer oír su voz: desde redes sociales, pasando por plataformas de video llamadas, hasta servidores independientes y grupos del corte de Anonymous. Con todas estas características y situándonos en un contexto internacional, que aquí está lejos de ser abordado en las proporciones adecuadas, es que el movimiento #YoSoy132 denunció un sistema político caduco, antidemocrático y represivo. Diseminando la indignación y sembrando esperanza, acertadamente las tradujo en acción política, planteando la movilización y la organización como caminos para articular la resistencia ante el inminente fraude electoral. El ascenso de la juventud como sujeto político, al escenario nacional, rompió las categorías que la señalaban como indiferente, apática y apolítica. Demostró su capacidad de indignación y creatividad, utilizando diferentes medios para expresarse, para construirse una identidad y para tomar las calles. En este panorama es que se ubica a los sectores de la juventud mexicana, principalmente universitaria, quien ha roto el discurso dominante que busca imponer el individualismo apolítico como salida a las diversas crisis que existen y, propone, en cambio, un despliegue de creatividad humana para encontrar diferentes caminos de reconocerse y de plantearse como agentes transformadores, profundamente políticos, capaces de disputar y materializar la idea otro mundo posible, necesario y urgente.

La presente exposición busca contribuir a los debates en torno a la juventud, el ejercicio político y la acción colectiva, abarcando las diferentes trincheras de lucha: por una lado los grupos de Facebook, los tweets, las wikis, las radios y TV por internet y todas las campañas de contra información en la web 2.0; y por el otro, las acciones de protesta en las calles, televisoras e instituciones y los brigadeos informativos en el transporte colectivo, mercados y plazas públicas. Caminos utilizados por ese movimiento en el que esta nueva generación política tuvo su primera batalla. Es importante diferenciar estas dos grandes formas de actuar político, ya que, aunque la articulación se facilita enormemente por la web 2.0, de ninguna manera sustituye el trabajo de a pie, de militancia política cotidiana en las calles, las fábricas y los barrios. Además, dicha articulación, así como el trabajo de base, no está exenta de ser vulnerada por aquellos que temen al poder que la acción política de los movimientos sociales es capaz de ejercer.

Entre miles, una experiencia en el movimiento #Yo Soy 132.

Tan solo 7 días después de que unos baños universitarios adquirieran fama inusitada, el 18 de mayo, se realizaba la primera marcha de estudiantes de la Universidad Iberoamericana (Uia), del Tecnológico de Monterrey (TEC) y del Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM), que finalizó en dos distintas sedes de la principal televisora del país: Televisa. Situación histórica que rápidamente ganó notoriedad debido a que era la primera vez que estudiantes de esas universidades, convocaban a movilizarse para hacer oír sus reclamos. Bastaron otros días mas para que el 23 de mayo, el mitin de protesta contra el sesgo informativo convocado desde las redes sociales por un pequeño grupo de estudiantes, adquiriera dimensiones impensables y congregara aproximadamente a 10 mil estudiantes en un monumento que se convirtió, en la representación de la opulencia y la corrupción que imperan en el gobierno mexicano, la llamada Estela de Luz, donde se dio a conocer el primer manifiesto de lo que ahora se popularizaba como el Movimiento #YoSoy132, en alusión a ser uno mas de los 131 estudiantes de la Universidad Iberoamericana que habían cuestionado al pre-candidato presidencial del PRI. El 30 de Mayo, se realizaba la primera Asamblea del movimiento en la Ciudad Universitaria de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), con la participación de miles de jóvenes provenientes de varias decenas de universidades, bachilleratos públicos y privados así como de integrantes de varios y diversos movimientos sociales, sindicales y políticos. En esta primera Asamblea se discutieron 15 ejes temáticos con la idea de situarse en un piso político mínimo que permitiera cohesionar esa efervescencia y consolidar el movimiento. Para lo que fue necesario impulsar una dinámica que posibilitara abordar las discusiones. El pleno de la Asamblea inicial se agrupó en asambleas mas pequeñas, una para cada eje temático, según los intereses de cada persona o grupo de personas y luego de

algunas horas de debates y discusiones, se regresó al pleno para exponer, previa elección de voceros, los acuerdos, los disensos y las propuestas que emanaban de dichas asambleas. Dinámica que impulsó otra forma del ejercicio asambleario y generó mejores condiciones de participación e intercambio de ideas, desplegando una mayor capacidad de abordar temáticas y evitar la construcción de figuras públicas que desdibujaran la delgada línea que se gesta entre las mismas y los movimientos, al menos en lo que a opiniones se refiere. Las primeras tareas de construcción orgánica que se asumieron, luego de la Asamblea primera, posteriormente conocida como Asamblea General Interuniversitaria (AGI), fueron las de convocar, por todos los medios y en todos los centros de estudio , a la conformación de espacios de discusión y acción, llamados Asambleas Locales (AL), las cuáles eran la base y el poder de todo el movimiento. Éstos espacios gozaban de autonomía política y organizativa, delimitada únicamente por los acuerdos y las definiciones de todo el movimiento; sesionaban en función de las necesidades de cada localidad, discutiéndose: orientaciones y estrategias, posicionamientos frente a temas de interés general, acciones de protesta en las calles y en las redes y hasta problemáticas locales. Las Asambleas Locales tenían la obligación de elegir a dos voceros que representaran, expusieran y defendieran los acuerdos emanados de cada una de ellas, frente al pleno de la Asamblea General; voceros que además de ser electos en el pleno tenían que ser rotativos y revocables en todo momento. Entonces, la AGI estaba conformada por 2 representantes (y si se consideraba necesario, por una comisión de observación) de cada AL, haciendo que el pleno del máximo espacio de toma de decisiones del movimiento, en sus momentos clímax, oscilaba entre 360 y 800 participantes sin contar a quienes operaban la logística, la seguridad y la comunicación. Un movimiento que dejaba las redes sociales para tomar las calles, al tiempo de señalar a manera de advertencia, sobre la imposición presidencial que estaba en puerta, imposición de un régimen que dispuso de toda la maquinaria del Estado para preservar sus privilegios y profundizar el proyecto neoliberal. Un movimiento que no se sentía representado por las instituciones del Estado, en profunda descomposición, pero que les exigió respetaran la voluntad popular y afirmó que existe otra manera de hacer política , una que trasciende las carreras electorales y se rige por otras dinámicas, no por esas oportunistas y clientelares que buscan adquirir votos como si adquirieran cualquier mercancía desechable, sino aquellas que se fundamentan en la acción colectiva, la organización política y la reflexión comunitaria como tres momentos de un mismo tiempo. Horizontes políticos que se materializaban en las calles con la movilización de miles de jóvenes en las principales ciudades del país, cuestionando el antidemocrático proceso electoral y las elecciones presidenciales, arrebatando la posibilidad de imponer un régimen político bajo un silencio cómplice. Articulación posible mediante a la web 2.0, que no solo organizó dichas acciones sino también difundió esa otra realidad, inexistente para las grandes televisoras y los círculos de poder. Herramientas virtuales que abrieron diferentes posibilidades de interacción entre círculos sociales cada vez mas amplios y de donde, de

manera natural empezaron a crearse toda suerte de espacios relacionados directamente con las Asambleas Locales, que se denominaron #132, principalmente en Facebook y twitter; espacios que fueron adaptándose a las necesidades locales o a las de todo el movimiento, compartiendo documentos, fotos, videos, creando páginas web, trending topics, grupos operativos, plataformas de discusión, wikis, links y un sin fin de recovecos en la red en los que se podía encontrar toda clase de información. Y así se fue tejiendo una amorfa pero potente red que articulaba y politizaba eso espacios y que de cierta forma, buscaba reflejaba, a su manera, la estructura organizativa que se consolidaba entre las asambleas locales y las demás estructuras. La red y sus canales, fungieron con un doble propósito, por un lado, mantuvieron una comunicación interna y por otro, proyectaron el movimiento en los espacios virtuales, los medios de comunicación y la opinión pública. Para poder articularse virtualmente, había que hacerlo primero en y entre las asambleas locales, lo que significó la construcción de espacios dedicados exclusivamente a las necesidades del conjunto del movimiento. Espacios que requerían desplazar a varios militantes de sus asambleas locales y situarlos al servicio del movimiento. Esos espacios se denominaron comisiones generales, temporales, mesas o grupos de trabajo, células internacionales, grupos operativos y diversas expresiones organizadas para resolver en lo concreto alguna tarea: derechos humanos, seguridad, debate presidencial, contra informe de gobierno, vigilancia electoral, medio ambiente, telecomunicaciones, democratización de medios, salud, educación y desarrollo tecnológico, brigadas, asambleas populares, migración, etc. Uno de esos tantos espacios fue la Comisión de Comunicación y Prensa cuyo objetivo principal era la descentralización de la información generada en la Asamblea General Interuniversitaria y en las Asambleas Locales. Dicha comisión gozaba de algunas atribuciones que le permitían desempeñar su papel, tanto en el nivel externo como en el interno. Atribuciones como: emitir comunicados y boletines, capturar relatorías y redactar minutas, emitir cortes informativos a los medios de comunicación, redactar comunicados y convocatorias a conferencias prensa; publicar lo necesario en la página oficial y enviarlo a los asambleas locales; diseñar, redactar y elaborar carteles, propaganda y convocatorias virtuales para la realización e implementación del plan de acción, en coordinación con la comisión de logística y otras comisiones, i.e., tenía la tarea de tejer puentes entre los espacios que lo necesitaran, fueran ellos del movimiento o no lo fueran y tenía que hacerlo siempre en vinculación con las asambleas locales, ya sea mediante correos electrónicos y sitios virtuales, reuniones físicas o bajo cualquier formato necesario. Además y bajo casos de excepción, dar a conocer el posicionamiento del movimiento frente acontecimientos imprevistos que afectaran directamente su integridad (agresiones, difamaciones, tergiversaciones, etc.), siempre con base en los principios acordados en la asamblea, procurando evitar entrevistas pero sobre todo responsabilizándose de lo expresado. Frente a todo esto, esta comisión tenía que garantizar que la participación mediática fuera de lo mas amplia y descentralizada posible para evitar personalismos, caudillismos y esas

suertes de personificaciones del conflicto social, por lo que se canalizaban hacia las asambleas locales todas las propuestas y solicitudes que los medios de comunicación hacían llegar; por lo que cada asamblea local interesada en usar esos espacios, debía asignar a quien o a quienes dieran cause a dichas solicitudes, bajo el entendido de expresarse únicamente en nombre de su asamblea y no de todo el movimiento. Esa suerte horizontalismo mediático, reforzó las dinámicas asamblearias en las que se demostró que no era necesario gozar de alguna estructura representativa de todo el movimiento, volviendo así mucho más difícil que alguien vendiera el movimiento o lo usara de trampolín político. Acierto sin duda, confirmado luego de pasar los meses y enterarse no solo de quiénes hacían carrera personal sino de quiénes eran agentes del gobierno encubiertos.

Conclusiones.

Las redes sociales reivindicando el libre flujo de información, permitieron potenciar la protesta y amplificaron el descontento, facilitaron el intercambio y el acceso a las discusiones de las asambleas en los centros de estudio, posibilitaron la realización del debate presidencial independiente y sus transmisiones replicadas. Desde los espacios virtuales se ejerció presión política, por ejemplo, con las campañas de denuncia sobre violaciones de derechos humanos, detenciones ilegales, abusos de autoridad y brutalidad policiaca, de exigencias de libertad para presos políticos; se denunciaron las miles de irregularidades documentadas por los 3500 observadores electorales (reconocidos por las instituciones) que el movimiento desplegó durante las votaciones del 1ro de Julio; se contestó a la campaña des-informativa del gobierno. Se llegó a un público que quizá de otra manera hubiera sido complicado movilizar y forjar en la coyuntura con la rapidez con la que el verano pasado, se formaron cientos de militantes sociales. Prueba de fuego para la mayoría, el verano de 2012, sin lugar a dudas marcó un hito en la historia mexicana y contribuyó desde su trinchera a fortalecer los ideales de libertad, democracia y justicia. Pero los espacios virtuales no son la panacea del ejercicio político, no solo por la intangibilidad de los mismos y las limitaciones relacionadas con el público al que llegan, sino porque esa flexibilidad y versatilidad que permiten, sirve también para los servicios de inteligencia y espionaje, que en el caso mexicano, al menos, implicó el robo de la base de datos de todo el movimiento (con mas de 100mil correos electrónicos), infiltraciones de policías y de provocadores bajo perfiles y cuentas apócrifas que se hicieron pasar como integrantes del movimiento para desestabilizar debates y acciones, para dividir asambleas, para crear debates infructuosos como los que se refieren a la validez de algunos métodos de lucha y por si eso no fuera poco, se usaron algunas de las imágenes y de los documentos publicados en esos espacios, como elementos probatorios para enjuiciar a detenidos en el operativo policiaco militar en las manifestación del 1ro de Diciembre.

Se usó la información de las redes sociales para amenazar y hostigar a integrantes del movimiento, haciendo cerrar cuentas de correo, Facebook y twitter y en varios momentos se bloqueó el acceso a ciertas páginas, correos y teléfonos. Finalmente, en el caso del movimiento #YoSoy132, salta a la vista, la ausencia casi generalizada de discusiones, debates y balances referentes al uso de los espacios virtuales como parte del ejercicio político, no solo por que el movimiento hizo uso de ellos casi hasta el cansancio, sino porque en una sociedad cada vez mas atomizada y gobernada por la virtualidad tecnológica, se vuelve necesario pensar y re-pensar la orientación y las implicaciones que estas tecnologías y desarrollos tienen en todos los aspectos de la vida, desde el ecológico hasta el pedagógico. Realidades que antes solo eran dignas de historietas de ciencia ficción, ahora son posibles gracias a ese abrupto desarrollo tecnológico, el cual por cierto, la mayoría de las veces tiene como punto de partida la “seguridad nacional” y el desarrollo militar. Otra situación que es importante señalar, a manera de autocrítica, es la que refiere a la ausencia de un archivo digital del movimiento. Con el paso del tiempo se van desdibujando los caminos que conectan entre esos recovecos virtuales, perdiéndose valiosa e irrecuperable información. Y por si eso no fuera poco, y sin querer pensar en el gobierno, discretamente se han bloqueando videos, cerrado páginas, desactivado cuentas que fueron fundamentales para exponer y evidenciar a este sistema que osa llamar democracia al despojo. Democracia que como adorno discursivo es utilizado para privatizar lo público, arrojar a la pobreza a miles y mantener a millones en la supervivencia diaria. Paradójicamente, esas políticas de “democrático despojo”, han dejado un gran proceso de inconformidad social, de memoria y experiencia histórica, que permitió despertar y reconocerse como sujetos políticos que comparten problemáticas conjuntas, producto de un mismo sistema político que trasciende fronteras. Y frente ello, la emergencia de la juventud, que desde las galerías subterráneas hace uso de su derecho a la rebelión, deja asomar la posibilidad necesaria y urgente, de voltear al mundo y colocarlo sobre sus pies. Septiembre 2013.

Sign up to vote on this title
UsefulNot useful