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La recompensa del ministerio, 9:1-18
Pablo ahora habla de la libertad en términos personales. No discute el tema de la libertad cristiana para todos, más bien la libertad abordada es su propia libertad como apóstol. Habla también de su apostolado. Sin duda alguna, había dentro de la congregación en Corinto algunos que cuestionaban la legitimidad del apostolado de Pablo. Es posible que éstos hayan empezado a dudar precisamente por su actitud humilde ante las necesidades de los “hermanos débiles”. Como que su actitud y acción no cuadraban con su percepción de un apóstol. Pablo no tan sólo había censurado a los gnósticos por su falta de consideración para los hermanos débiles, sino que también voluntariamente limitaba su propia libertad. Esto no les parecía. Pregunta si la libertad cristiana que pertenecía a todos no estaba de igual forma disponible para él. Implícitamente asevera que goza de la libertad para autolimitarse respecto a comer carne si a él le place. Su apostolado ya había sido declarado (ver 1:1). La percepción que Pablo tenía del apostolado se puede apreciar en este versículo también. El haber visto al Señor Jesús después de su resurrección era uno de los requisitos indispensables (ver 15:8; Hech. 1:22; Gál. 1:15 ss.). Desde luego, no todos aquellos que vieron al Jesús resucitado eran apóstoles. Hacía falta también que hubiera de por medio un llamamiento y una comisión al apostolado de parte del Jesús resucitado. Además, Pablo estaba convencido, en su apreciación del apostolado, que el verdadero apóstol era también evangelista exitoso. El auténtico apóstol tampoco tenía que depender de los fundamentos puestos por otros (Rom. 15:20). El que Pablo hubiera fundado la iglesia en Corinto debía ser prueba contundente para ellos de su apostolado. Pablo afirma categóricamente que los corintios no tienen base para dudar de su papel de apóstol. Ellos son producto de su labor apostólica. Ahora Pablo se ocupa de poner las bases para una defensa de su apostolado en los vv. 3–7. Sin titubeo el Apóstol emplea una palabra forense (apología). Este es un término que se ha usado en otras partes del NT siempre dentro del contexto de una corte (ver Hech. 22:1; 25:16; Fil. 1:7, 16; 2 Tim. 4:16). ¿Contra quiénes sentía Pablo la necesidad de defenderse? El pasaje no

aclara definitivamente el auditorio en este contexto específico. Algunos son de la opinión de que la defensa de su apostolado obedecía a una oposición de parte de un partido judaizante dentro de la iglesia. El hecho de que el Apóstol se hubiera negado a recibir sostenimiento económico de la iglesia hiciera que éstos cuestionaran su legitimidad como apóstol. En su defensa Pablo hace algunas preguntas retóricas. En párrafos anteriores el Apóstol había dicho que dejaría de comer carne si eso hacía que las sensibles conciencias de los “débiles” peligraran. Pablo aquí dice que tiene el derecho poder o autoridad para escoger lo que quiera comer o no. Si opta por no comer carne sacrificada a los ídolos por su amor para con los “débiles”, este también es su derecho. En el v. 6 se aclara que la primera persona plural del verbo “tener” en este texto se refiere a Bernabé, se cree que posiblemente éste era bien conocido dentro de la congregación. Sabemos que Bernabé acompañó a Pablo en algunos de sus viajes, y es posible que haya visitado la iglesia en Corinto con anterioridad. Con el v. 5 el Apóstol afirma su derecho y el de Bernabé también de casarse y llevar consigo una esposa cristiana, aunque Pablo mismo prescinda de este derecho. Este derecho era suyo porque los demás apóstoles lo tenían. Se sabe que algunos de los demás apóstoles no tan sólo tenían esposa sino que también ésta los acompañaba en sus viajes misioneros. Se nota que Pablo menciona que no tan sólo los apóstoles llevaban esposa consigo en actividad misionera, sino que también “los hermanos del Señor”. Esta es la única alusión a la actividad de los hermanos de Jesús después de su muerte. Se sabe que los hermanos en la carne de Jesús no lo seguían sino hasta después de la resurrección (ver Juan 7:5). Interesantemente, Jacobo, uno de los hermanos de Jesús, llegó a ser uno de los líderes principales en la iglesia de Jerusalén. Pablo se refiere a él como “apóstol” (Gál. 1:19), aunque por supuesto no había formado parte de “los doce”. Esto nos hace ver que Pablo no limita el término “apóstol” a los doce discípulos originales de Jesús. Esta no es la única ocasión en que hace esto; en Romanos 16:17 Pablo habla de Bernabé como apóstol también. Se debe observar que el libro de Los Hechos parece limitar el apostolado a los doce, pero no hay que

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pensar que la misma idea prevaleciera durante el ministerio de Pablo una generación antes. Probablemente para Pablo el término “apóstol” significaba un evangelista itinerante que había sido comisionado por el Señor resucitado. Los consideraba los siervos más importantes de la iglesia. No hay indicio en los escritos de Pablo de cuántos apóstoles había según su criterio. Pablo ahora aborda el tema del derecho apostólico del sostenimiento económico de parte de la iglesia, aunque opta por prescindir de ello (9:7–14). Los demás apóstoles hacían sus giras misioneras, acompañados algunos por sus esposas, a expensas de la comunidad creyente. Este texto nos informa que tanto Pablo como Bernabé solían sostenerse a sí mismos durante sus actividades misioneras. Es la plena convicción de Pablo que el apóstol, por su labor misionera, tiene derecho al sostenimiento económico de parte de los creyentes. El motivo principal de su insistencia es la necesidad de que los corintios reconozcan la legitimidad de su apostolado. Los derechos en sí son secundarios pero el que se le reconozcan sus derechos apostólicos es importante para Pablo. El texto (v. 7) introduce el primero de cuatro argumentos para defender los derechos apostólicos. Afirma que el sentido común tanto como la práctica en la vida ordinaria respaldan dicho sostenimiento. Al hacerlo, escoge algunas de las actividades más conocidas de su día. La vida y el trabajo del soldado no serían factibles sin que el gobierno lo sostuviera. También, al igual que el viñador, el apóstol puede esperar recompensa por su labor. La analogía final del apóstol es la del pastor de ovejas. No hay quien espere que el pastor no reciba beneficios de su rebaño. El segundo argumento que pone el Apóstol tiene por fundamento la enseñanza de la Escritura (vv. 8, 9). Pablo afirma que por mucho sentido que tengan las ilustraciones tomadas de la vida diaria, hay una base más sólida para sus ideas; la Escritura misma respalda sus pensamientos. La cita es tomada de Deuteronomio 25:4. El propósito de la ley original era la protección de los animales. Pablo no niega esta faceta de la ley, pero afirma que el propósito de Dios en la ley rebasa ese sentido; más bien, la misma protección deseada por Dios

para los animales también la desea para los hombres apostólicos. Él había sembrado el evangelio en Corinto. Les había llevado dones espirituales (ver 1:4–7). Ahora bien, ¿era demasiado esperar que los corintios estuvieran dispuestos a acceder a su sostén económico? La idea es clara: la manutención del apóstol es cosa razonable. El contenido de este texto (v. 12) nos informa que después de fundar la iglesia en Corinto, Pablo posiblemente dejara a otros, como era su costumbre, para continuar en la dirección de la obra. Llama la atención que el Apóstol no especifica quiénes sean estos “otros”. Lo que sí se hace claro es que si otros gozaban de autoridad sobre la iglesia y por ende beneficios materiales, Pablo lo merecía más. Con todo, el Apóstol aclara que, por mucho que mereciera este derecho, nunca se aprovechó del mismo para que nadie en la iglesia pudiera decir que él era un oportunista. El tercer argumento que pone el Apóstol se basa en la realización de la liturgia en el templo. Pablo está hablando del templo en Jerusalén. Con todo, había bastante similitud entre los beneficios de los sacerdotes en los templos paganos de Corinto y el de Jerusalén. El AT informa respecto a las prácticas de los sacerdotes y sus beneficios (ver Núm. 18:8, 9, 31; Deut. 18:1–4). El sentido pleno de su argumento es que los que hacían labor religiosa a favor de otros podrían esperar su sustento. El cuarto y final argumento de Pablo se halla en la autoridad del Señor Jesús. El Apóstol afirma que Jesús aprobaba el sistema de beneficios otorgado a los sacerdotes en el templo, y por esto enseña que los misioneros cristianos también debían ser sostenidos por los fieles. Se sobreentiende aquí dentro de los predicadores del evangelio que serían los apóstoles, pero no necesariamente se limita a ellos (ver Mat. 10:10; Luc. 10:7). Son pocas las veces que Pablo citaba palabras de Jesús. Aquí, el Apóstol cita el contenido esencial de Lucas 10:7: “…el obrero es digno de su salario”. Para que Pablo citara así a Jesús, tenía que haber tenido acceso a unas tradiciones orales o escritas de algunos de los dichos de Jesús. Enseguida Pablo reitera su opción por negarse a aprovecharse de dichos beneficios de los apóstoles (v. 5). Al igual que el Apóstol se

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había negado el privilegio de comer carne sacrificada a los ídolos por su preocupación por el hermano más “débil”, ahora rechaza los beneficios apostólicos (el sostenimiento económico) precisamente por su preocupación de que los corintios en general mal entiendan sus móviles. Aclara que precisamente su preocupación por los demás impide que su orgullo sea jactancia. De la misma manera que un esclavo no tenía por qué jactarse si cumplía con las órdenes de su amo, ya que hacía sólo lo que se le requería, el Apóstol dice que no puede “inflarse” (jactarse) al predicar las buenas nuevas, porque sólo cumple las órdenes de su Señor. Reconocía plenamente su estado de esclavitud ante el Señor (ver Rom. 1:1; 1 Cor 7:22). Es precisamente su calidad de esclavo lo que influye sobre el concepto del Apóstol respecto a la naturaleza de su servicio y las posibles recompensas. Cuando Pablo tuvo su encuentro con el Cristo resucitado en el camino a Damasco, le fue entregada una comisión (el griego dice “una mayordomía”). El mayordomo era un esclavo selecto a quien el amo daba una tarea que cumplir.

Tras la corona del evangelio, 9:19-27
En esta sección establece algunos principios respecto al uso de la libertad. Es claro que el v. 19 se basa en lo dicho en el v. 1: “¿No soy libre?”. Paradójicamente, al aceptar el yugo de Cristo (ver 7:22) y así ganar su libertad, ahora de forma voluntaria y deliberada se hace esclavo de todos. Esta actitud del Apóstol refleja fielmente el sentir de las palabras de Jesús (ver Mar. 10:45; Luc. 22:27). Su disposición de hacerse esclavo de todos es con un fin muy definido. El uso del verbo “ganar” en este contexto obviamente alude a los resultados de su predicación misionera. Definitivamente, la obra misionera no puede hacerse exitosamente a no ser que el misionero dedique toda una vida en servicio voluntario a otros pese al costo personal. A esto se refiere Pablo. Puede sonar un poco raro que el Apóstol diga que se hizo judío. ¿No nació judío? Desde luego que sí, pero ahora es cristiano; su nueva libertad en Cristo le permitía que ignorara mucho del estilo de vida de los judíos. De nuevo, vemos la paradoja entre la libertad y la esclavitud. El Apóstol acaba de decir que se había hecho esclavo de todos. Ahora, su propia libertad en

Cristo permite que vuelva a tomar algunos aspectos de la vida judía al estar entre judíos. Algunos ejemplos de estos aspectos son la circuncisión de Timoteo (Hech. 16:3) y su disposición de pagar por los votos de los nazareos (Hech. 21:26). Aunque Pablo no sentía ninguna obligación religiosa judía en el cumplimiento de ciertos ritos, no quería tampoco que nada destruyera su influencia entre los judíos a quienes quería ganar. No era que despreciara la ley de Moisés, más bien, su actitud hacia ella implicaba una convicción plena de que Cristo era su cumplimiento cabal. Luego, el Apóstol habla de su actitud y su comportamiento entre los gentiles a quienes Cristo lo había enviado. Lejos de ser una volubilidad de parte del Apóstol, su relación con los gentiles demuestra una absoluta fidelidad a su llamamiento en Cristo. Al estar entre los no judíos, Pablo hacía todo lo posible por identificarse con ellos. La expresión “sin la ley” en relación con los gentiles significa que ellos estaban fuera del alcance de la ley de Moisés. No es que los gentiles no tuvieran ley alguna. Simplemente no se hallaban dentro de la esfera de las leyes que pertenecían a los judíos (ver Rom. 2:14). Pablo aclara que aunque trataba de identificarse con los gentiles, él mismo no vivía como si no tuviera relación con Dios. El Apóstol señala su propio comportamiento como ejemplo para los demás creyentes. Esto cuadra con lo que dice en 11:1 “Sed vosotros imitadores de mí…”. Para lograr su punto, el Apóstol emplea ilustraciones tomadas de los deportes para dejar la idea de una libertad disciplinada. Hacen falta el autocontrol y la autodisciplina. Pablo vuelve a usar la misma expresión de asombro de antes (v. 13). Le extraña que los corintios no sepan algo que ya debían saber. Los corintios estaban muy familiarizados con las carreras de atletismo; estaban empapados de la cultura griega en la que nacieron muchos de estos eventos del atletismo. Particularmente los Juegos ístmicos se celebraban cada dos años en Corinto. Estos juegos habían comenzado en el año 581 antes de Jesucristo y eran dedicados a Poseidón, el dios del agua. El Apóstol emplea figuras muy conocidas (como Jesús hacía en sus parábolas) para dejar un mensaje con sus lectores. Desde luego, lo que los corintios no

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entendían era la aplicación que Pablo hacía de su ilustración. Aunque en las carreras muchos atletas participaban, sólo uno salía victorioso. Esta idea de sólo un ganador parece un poco extraña para muchos comentaristas. Ciertamente, Pablo no intima que sólo uno puede ganar en la carrera cristiana. Pareciera, más bien, que Pablo indica que el comenzar una carrera no garantiza la victoria. Ellos habían comenzado la carrera cristiana en su profesión, pero hacía falta que se esforzaran y corrieran con toda su energía para lograr el premio. Es claro que para el Apóstol esto no correspondía a una salvación por las obras. Para Pablo la salvación no era sólo un acto sino una experiencia continua de toda la vida. Tanto el comenzar como el terminar con premio en la salvación era obra de Dios, pero según se experimente esta obra divina, el resultado inevitable es también el esfuerzo y disciplina del creyente. Este texto (v. 25) recalca la importancia del entrenamiento y la disciplina. El verbo “luchar” en este contexto abarca no tan sólo las carreras sino también otros deportes como el boxeo, como se observa en el versículo siguiente. La expresión “se disciplina” es traducción de un verbo en griego que significa distintas cosas según su contexto. En este contexto inmediato el verbo claramente significa “ejercer dominio sobre uno mismo” (ver Gál. 5:23; 2 Tim. 2:5). Se sabe que los atletas de los Juegos ístmicos en Corinto tenían que jurar ante las autoridades que habían dedicado los diez meses previos al entrenamiento. Desde luego, el Apóstol sigue con su ilustración de los atletas griegos al enfatizar con su uso del pronombre “ellos”. Con esto procura establecer una diferencia entre los atletas comunes y los “atletas cristianos”. Los atletas griegos en los Juegos ístmicos se disciplinaban para poder ser galardonados con una corona de pino. En contraste con ellos, los cristianos disciplinados son coronados con una participación en el evangelio (ver 2 Tim. 4:8; 1 Ped. 5:4; Apoc. 2:10). Casi inesperadamente Pablo vuelve a hablar de sí mismo. Esta transición abrupta se entiende a la luz del deseo de Pablo de ser ejemplo para los corintios. Después de haber hablado de las carreras hechas con tesón, el Apóstol afirma que él mismo corre la carrera cristiana con tenacidad

y con propósito, no alocadamente. También, cambia de figura; ahora habla del boxeo. Pese al cambio de figuras, el Apóstol no se desvía de su concepto de propósito en la vida cristiana. Sus golpes como boxeador son bien dirigidos; no pierde energía en golpes malogrados. Resulta, no obstante, que esos mismos golpes son dirigidos hacia el mismo Apóstol. La expresión “pongo mi cuerpo bajo disciplina” es traducción de un verbo que literalmente quiere decir “me pongo un ojo morado”. La segunda parte de la frase, “lo hago obedecer” literalmente significa “lo conduzco a la esclavitud”. Desde luego, ambas expresiones muy pintorescas y gráficas subrayan su énfasis sobre la autodisciplina en la vida cristiana. Sería un error garrafal ver en estas palabras de Pablo una idea del ascetismo o la autoflagelación. Al contrario, es evidente que el Apóstol estaba dispuesto a llegar a cualquier nivel de autodisciplina a fin de poder alcanzar la meta suprema de su vida: la predicación del evangelio. PREGUNTAS LECCION # 7: 1. Cuál es la indignación de Pablo por el caso del hombre que tenía una relación incestuosa? 2. ¿A qué se refería Pablo cuando habla que sea entregado a Satanás para destrucción de la carne? 3. Pablo advierte instrucciones especificas (V. 9-11) en cuanto con quien debemos juntarnos, a que se refería? 4. Mencione las 3 etapas del arrepentimiento genuino. 5. ¿Qué sucede con una iglesia que es tolerante con el pecado?---PREGUNTAS LECCION # 8: 1. ¿Cuál es el pensamiento de Pablo en no entablar procesos entre los hermanos? 2. ¿Cómo se distingue el cuerpo de la carne? 3. ¿Qué pensaban los hermanos débiles en cuanto a las relaciones sexuales? 4. ¿Cuál es la opinión de Pablo en cuanto a las costumbres judías de entonces? 5. ¿Qué significa la palabra griega “agamos”? 6. ¿Cuál es el estatuto del no creyente respecto al Señor y la Iglesia y cuál es la condición de los hijos? 7. ¿Qué se refiere la palabra “parthenos” 8. ¿Cómo agradar a Señor sin estar dividido? 9. ¿Qué concejo da Pablo en referencia a las viudas?

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