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MATERIAL BIBLIOGRÁFICO PARA LA UNIDAD 2 DE ECI – COMUNICACION SOCIAL

PROF: RICO, VALERIA ROXANA CURSO: 2do. 3ra., 2do. 7ma., 2do. 8va. AÑO: 2009 ESCUELA DE EDUCACIÓN MEDIA N° 2 BURZACO – ALMIRANTE BROWN
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1°) CHINOY, “Introducción a la Sociología”. Ed. Paidos. España. 1980. Selección de capítulos 2 y 3. INSTITUCIONES,
USOS Y COSTUMBRES

Podemos dirigir primeramente nuestra atención a las instituciones o pautas culturales que prescriben determinadas reglas de conducta, en contraste con elementos de la cultura, como los conocimientos, creencias sobre el hombre y el mundo, valores y sentimientos o actitudes pautadas. Las instituciones deben ser consideradas, en consecuencia, como "pautas normativas, que definen los modos de acción o relación social que se consideran apropiados, legítimos o esperados. Esta definición incluye como rasgo crucial de las instituciones no sólo su conformar (pautar) la conducta, sino también su función en el establecimiento o definición de las relaciones de las personas entre sí. Este último aspecto de la cultura lo examinaremos en detalle en nuestra discusión de sociedad. El concepto de institución, como -el de cultura y otros conceptos básicos de la sociología- ha sido definido en distintas formas. Como el término institución desempeña un papel muy importante en el análisis sociológico, nos detendremos brevemente a señalar los distintos significados que le han sido atribuidos. Las primeras definiciones de iinstitución, que han sido refinadas y clarificadas en forma ininterrumpida, incluían no sólo pautas normativas sino lo que más adelante identificaremos como grupos y organización social. Todavía se halla de vez en cuando en la literatura sociológica (y frecuentemente en el uso diario), la referencia a una organización de individuos como

institución, aunque la concordancia es cada vez mayor en el campo sociológico para utilizar el término en el sentido de pautas de conductas aprobadas o sancionadas. En lugar de limitar el significado de institución a normas o pautas (standards) sociales específicas, algunos escritores consideran la institución como un conjunto de normas interrelacionadas centradas alrededor de algún tipo de actividad humana o gran problema, como serían el proveer de alimento y refugio, el cuidado de los niños o el mantenimiento del orden y la armonía en el grupo. Necesariamente no hay conflicto "entre estas distintas definiciones; los estudiosos de este tema reconocen la existencia y la naturaleza de los fenómenos en consideración, pero a veces les ponen rótulos diferentes. Las normas o reglas (standards) que gobierna la conducta, vale decir, lo que hemos llamado instituciones, pueden dividirse en usos (folkways) y costumbres, (mores), conceptos empleados primeramente por uno de los primeros sociólogos norteamericanos, William Graham Sumner. El uso (folkway) es simplemente la práctica convencional considerada apropiada pero sobre la que no se insiste; la persona que se desvía de la pauta puede ser mirada como excéntrica o como acérrimo individualista que se niega a dejarse atar por las convenciones. Los que objetan la irracionalidad del atuendo del hombre, por ejemplo, y se niegan en todo momento a llevar corbata, ignoran uno de nuestros usos. Las costumbres (mores) son instituciones que tienen fuerte sanción. La conformidad con ellas se refuerza de muchas maneras y el desacuerdo provoca la desaprobación moral y frecuentemente acciones

positivas. Hay numerosos ejemplos: no matarás; no robarás; no cometerás adulterio. Generalmente las costumbres son consideradas como esenciales para el bienestar del grupo. Pero el límite entre costumbres y usos no siempre es fácil de trazar. Evidentemente hay una especie de línea continua, que va desde las convenciones o hábitos menos importantes o sobre los que menos se insiste hasta los más graves. El problema de distinguir entre fenómenos más bien graduales que marcadamente definidos, que aparece en la distinción entre usos y costumbres, surge a menudo en el análisis sociológico y exige algún comentario. La necesidad de conceptualizar, de establecer categorías para la observación, lleva frecuentemente a intentar establecer líneas demarcadoras rígidas cuando la realidad social sólo ofrece gradaciones. Aunque a menudo útiles, las líneas rígidas son peligrosas: presentan serios riesgos. Una vez que se ha hecho una distinción tajante es fácil olvidar que no tiene ese carácter y que representa diferencias de grado antes que de especie. A menos que este peligro se tenga presente, se puede llegar a falsas dicotomías y conclusiones espurias. Los conceptos de usos y costumbres se centran sobre la dimensión moral de las instituciones, esto es, en sí son sancionadas por la sociedad como esenciales para el bienestar social. Otras dimensiones se hallan sugeridas por otras categorías utilizadas en el análisis de las prescripciones culturales de la conducta. Las leyes por ejemplo, son normas legalmente establecidas que pueden tener o no la sanción moral característica de las costumbres. Pueden oponerse a los hábitos, que emergen gradualmente en el curso de la vida social y también pueden variar a lo largo del continuo usos costumbres. La

moda se refiere a hábitos o convenciones cambiantes que carecen de continuidad y persistencia, y de los que se espera un cambio rápido, aunque generalmente dentro de los límites establecidos por las costumbres subyacentes. Antes de proseguir nuestro análisis de la cultura debemos dirigir la atención al segundo hecho básico de la sociología: el carácter social o colectivo de la vida humana. Una cultura, tal como lo señalamos primera-mente, es el modo de vida de un grupo; las pautas de cultura, incluyendo los sistemas de creencia, conocimiento, valores, modos de acción física, y sentimiento o afectos pautados, así como las reglas de conducta, son compartidas por todos los hombres; son adquiridas antes que innatas, o instintivas. Y las instituciones, tal como lo hemos señalado, definen las relaciones sociales y establecen los modos de comportamiento. En el próximo capítulo, en consecuencia, consideraremos la naturaleza de la sociedad y de la organización social. ROL Y STATUS Los conceptos de rol y status representan el eslabón entre ambos puntos de vista, el de la sociedad como grupos y relaciones y el de la sociedad como instituciones. Estos conceptos que en forma sostenida han ganado importancia teórica en los últimos años, proporcionan puntos fundamentales para el análisis de las instituciones y constituyen unidades básicas en el análisis de los grupos. Los conceptos de rol y status se derivan de ciertas observaciones básicas sobre la naturaleza de las instituciones. Cuando se considera la variedad de normas o natrones de conducta social, es evidente que relativamente pocos de ellos se aplican universalmente a
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todas las personas. Algunos se aplican sólo a grupos limitados; otros a una sola persona. Sirva de ilustración para esto una de nuestras fundamentales costumbres y presumiblemente universal: no matarás. La persona que comete un asesinato es culpable del más grave de todos los hechos criminales. En caso de ser capturado es pasible de sufrir la pena máxima. Pero esta disposición no rige para algunas personas. El policía que se halla cumpliendo con su deber, el verdugo que cumple con lo dispuesto por una corte legalmente constituida, el soldado en medio de la batalla, y hasta en ciertas ocasiones el marido traicionado, todos ellos pueden matar a otra persona o personas sin ser pasibles de crítica o sanción. En realidad no llamamos "asesinato" a esas muertes; nuestras distinciones verbales revelan nuestros valores sociales. El hecho fundamental de esta ejemplificación es que la institución —la norma social- no se aplica a las personas que ocupan ciertas posiciones en la sociedad. «Los términos usados en nuestro ejemplo —policía, verdugo, soldado, marido— se refieren a tales posiciones, o status según la terminología sociológica. Cada uno de estos status lleva consigo un conjunto de reglas o normas que prescriben cómo debe o no comportarse la persona que lo ocupa. El conjunto de normas recibe el nombre de rol. Status y rol son así las dos caras de una única moneda. Status es la posición en relación con otras posiciones; rol es la pauta de conducta que se espera de las personas que ocupan un status determinado. El concepto de rol de ningún modo es nuevo. Podemos demostrarlo con unos famosos versos de Shakespeare:

"El mundo entero es un escenario, Y los hombres y mujeres simplemente actores: Que tienen sus entradas y salidas, Y cada uno en su vida representa muchos papeles Siendo sus actos las siete edades". Estas edades o roles incluyen la infancia, la edad escolar, el amante, el soldado, la "justicia", el "bufón" y por último la "segunda infancia". La larga ascendencia de la idea de rol social, sin embargo, no significa necesariamente que el concepto haya sido utilizado sistemáticamente- en el pasado: Se puede ver a menudo que la historia de un concepto se remonta a la época clásica o bíblica; nuestras anteriores citas de Aristóteles y de Adam Ferguson son una prueba de que muchos descubrimientos básicos han tenido lugar hace mucho tiempo. Lo nuevo en el concepto de rol, como en muchos otros conceptos científicos, es el intento de organizar nuestros conocimientos en forma sistemática, de verificar nuestras intuiciones con la evidencia acumulada, y de acrecentar nuestro conocimiento mediante el perfeccionamiento de aquéllas. La ciencia no se compone sólo de observaciones agudas y penetrantes (como a veces piensan de las ciencias sociales los ajenos a ellas), sino de la acumulación ordenada de conocimientos. La ciencia implica la integración de nuestros descubrimientos, de modo que no continúen siendo los hallazgos, a veces erróneos o a medias verdaderos, de los sabios del pasado, sino que se establecen como material científico sólido, al alcance de todos. El poeta y el artista nos proporcionan muchas intuiciones y comprensión; su sensibilidad para captar las sutilezas de la vida humana, su conciencia del mundo en
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que viven, puede ser de valor no sólo como experiencia artística, sino también como fuente de percepciones inéditas para el científico social. Pero sus atisbos pueden ser parciales o equivocados, y su comprensión hallarse distorsionada. Para el hombre de ciencia la prueba de sus intuiciones debe surgir del proceso de evaluación y verificación de hipótesis determinadas, frecuentemente desprovistas de encanto literario, siempre desnudas de matices emocionales, recortados y a veces prosaicos, único modo, sin embargo, de lograr verdades verificables. Podemos utilizar, sin embargo, la imagen dramática de Shakespeare para ayudarnos a desarrollar los conceptos de status y rol. El papel teatral sugerido por las palabras "El mundo entero es un escenario" existe independientemente de los individuos que deben aprender su texto y adquirir los gestos y modos adecuados. Los papeles sociales también se aprenden con la adquisición por los individuos de la cultura de su grupo, aunque los roles pueden convertirse en parte tan grande de la personalidad que pasen a ser desempeñados sin conciencia alguna de su carácter social. Los roles no son la gente; son las partes que se representan en el escenario social y pueden ser analizados por separado del mismo modo que el drama puede ser considerado aparte de su representación y de los actores. Los elementos de un rol social son a un tiempo evidentes y velados. Sabemos, por ejemplo, qué es lo que un profesor debe hacer en su rol profesional: transmitir a sus alumnos alguna información y conocimiento. Pero en muchas partes se espera también de una maestra que no fume ni beba. En un estudio

reciente de los roles del sexo en las mujeres universitarias se advirtió que muchas de ellas se "hacían las tontas", disminuían sus adelantos intelectuales y se sometían a la autoridad del hombre en sus salidas, porque advertían que eso era lo que los hombres esperaban de ellas; eso era su concepto de la definición masculina del rol femenino. En una investigación sobre la dirección sindical regional de los Trabajadores Unidos del Automóvil se descubrió que se esperaba de los funcionarios del sindicato que no mostraran signo alguno dé ambición personal. "Lo peor que podía decirse de un dirigente sindical era que se trataba de un 'oportunista' o de 'un ambicioso' ". Tal como estos ejemplos lo muestran, muchos de los rasgos de un rol social son más ímplicitos que explícitos. Como actores sociales podemos adquirir conciencia de ellos sólo cuando otros no les prestan atención o cuando surge la cuestión de nuestra ignorancia o violación de ellos. Tarea importante del sociólogo es descubrir no sólo las normas evidentes y explícitas que gobiernan la conducta, sino también aquellas que, aunque a menudo de gran importancia, permanecen ocultas bajo la superficie. Los hombres representan o desempeñan roles sociales; y llenan u ocupan status. El status es una especie de marca de identificación social que coloca a una gente en relación con otra y que siempre implica alguna especie de rol. Cada hombre ocupa muchos status y des empeña muchos roles. Un hombre es casado o soltero, director de empresa u obrero de una fábrica, católico, protestante o judío, dirigente de la colectividad o ciudadano común. Puede a veces ser jugador de bridge o pescador, hincha de fútbol o fotógrafo aficionado. Cada una de estas identificaciones constituye un status e impone en distinto grado diversas
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expectativas de conducta. La acumulación de todos los status o status acumulativo, le otorga cierta posición en la comunidad más extensa en la que vive. El cómo una persona se comporta depende en gran medida de la posición particular en la que se halla, vale decir, de los status que ocupe. Un maestro, por ejemplo, debe hacer caso omiso del sexo de sus alumnos al calificar sus trabajos. Los ocasionales matrimonios entre maestro y alumno, sin embargo, indican que a veces aquella norma puede ser abandonada, o, lo que es más probable, que el maestro y el alumno se han encontrado fuera de la clase, abandonando sus roles académicos y comportándose simplemente como hombre y mujer (aunque éstos son también roles socialmente definidos). El mezquino hombre de negocios que es el alma misma de la generosidad con sus contribuciones de caridad o el rudo chantajista que trata a su mujer e hijos con amor y ternura, no son necesariamente ejemplos de hipocresía o de personalidad dividida; simplemente se comportan en distintos momentos en la forma que corresponde a los distintos status que se hallan ocupando. Cuando un hombre rehusa elevar el sueldo a sus empleados o sale a quitarle el negocio a un competidor, actúa como hombre de negocios; cuando responde a un llamado de caridad puede estar actuando como miembro de la comunidad local. Del mismo modo el chantajista deja su rol cuando atraviesa el umbral de su casa por la noche. Tal como estos ejemplos lo indican, los roles y status se basan en distintos fundamentos. Algunos de los focos biológicos o puntos de referencia a partir de los cuales generalmente se desarrollan las instituciones, también proveen de puntos de partida para la diferenciación de roles y status. En todas las sociedades la edad y

el sexo son bases para diferentes roles. Distinguimos, por ejemplo, infancia, niñez, adolescencia, adultez y vejez. Y en cada una de estas categorías hay diferentes roles para el hombre y la mujer. En toda sociedad los hombres y las mujeres ocupan diferentes posiciones y se espera que se comporten en forma diferente y que sean diferentes en carácter y personalidad. (Como frecuentemente las sociedades difieren en sus actitudes hacia los miembros de cada sexo, no hay una definición universal de lo masculino y de lo femenino.) A veces otros rasgos biológicos se toman como criterio de status y rol, aunque no sea en forma universal. En nuestra sociedad, por ejemplo, el enfermo, tal como Parsons lo ha señalado en detalle, ocupa una posición determinada y desempeña cierto rol. Distinguimos además entre la mujer hermosa y la que no lo es, entre el hombre buen mozo y el común, y damos a cada uno de ellos un status diferente y esperamos de ellos distintas pautas de conducta. Pero la mayoría de los roles y status emergen del proceso de la vida colectiva misma. Siempre hay alguna división económica del trabajo que acarrea la diferencia de posiciones y deberes. En relación con los problema del mantenimiento del orden y la armonía de la sociedad se desarrollan las pautas de autoridad y poder. Las prácticas y creencias religiosas proporcionan nuevas bases para la diferenciación social. A medida que las sociedades se hacen mayores y más complejas, surgen nuevas posiciones y nuevas expectativas de conducta; estrella de cine, agente de vigilancia, profesora de una escuela de nurses, periodista y muchas otras. Los individuos ocupan status en dos formas distintas, por adscripción y por adquisición.
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Por una parte se les puede asignar una posición sobre la base de características y cualidades personales (incluyendo las relaciones con los demás); se espera entonces que aprendan el rol que deben desempeñar. Podemos ejemplificar los status adscriptos, nombre que recibe este tipo, con los status por sexo y edad, con la posición basada en las relaciones biológicas con los demás —hijo, hermano, abuelo— o con la posición en una aristocracia hereditaria. O los individuos pueden llegar a ocupar algunos status sólo después de haber demostrado su capacidad o derecho a ocupar tales posiciones; deben adquirir esos status. Podemos ejemplificar los status adquiridos con los ejemplos del médico, el maestro, el artista y el fabricante de herramientas. El ordenamiento jerárquico de los status y roles en términos de riqueza, ingresos, ocupación, prestigio y cconsideración, poder y autoridad proveen la base para la estratificación de la sociedad. El médico, por ejemplo, gana más consideración y respeto de los otros que el tenedor de libros que, a su vez, ocupa un status más elevado que el obrero no especializado o el maquinista. No podemos tratar el problema de la estratificación social, pero debemos recalcar su importancia. Todas las sociedades humanas tienen alguna forma de estratificación, por lo que ésta debe ser vista como un rasgo universal de la sociedad. Y el lugar de cada individuo en el sistema de estratificación de su sociedad puede tener mareadas consecuencias para su conducta en muchos contextos sociales diferentes, puesto que define en alguna medida sus relaciones con todos o la mayoría de los demás miembros de la sociedad. Los conceptos de rol y status son los instrumentos mediante los cuales las concepciones de la sociedad como grupos y relaciones pueden ser

integradas en forma sistemática con las de la sociedad como instituciones. Tal como señalamos antes, la existencia de pautas institucionalizadas de conducta, permite a los individuos predecir las acciones de los demás y conformar su propia conducta de acuerdo con ello. (Es digno de hacer notar, al pasar, que este elemento de predicción de la conducta es algo esencial de la vida humana, tanto por motivos psicológicos como sociológicos, y que constituye la refutación efectiva del argumento, a veces esgrimido, contra la misma posibilidad de una ciencia social, en razón de la diversidad, variedad e impredictibilidad de la conducta humana.) Las instituciones también prescriben explícitamente en algunos casos la naturaleza de las relaciones que deberían existir entre diferentes status, así como definen exactamente cómo deberían comportarse unos en relación con otros. La igualdad legal, por ejemplo, se halla explícitamente sostenida en la ley norteamericana. La autoridad paterna, en sus diversas formas, es parte también de las instituciones familiares norteamericanas. Los hombres deben ser respetuosos con las mujeres. Los jueces no pueden dar preferencias a un litigante en la corte por su edad, sexo, religión, riqueza o color de piel (a menos que esa preferencia se halle legalmente definida). De los niños se espera que sigan las disposiciones de sus padres sobre cuándo han de ir a acostarse, si saldrán o no a jugar, y qué es lo que deben comer. Los hombres deben saludar con el sombrero a las mujeres, ir del lado de la calle cuando caminen con ellas, y levantarse de la silla cuando una mujer entre en la habitación. Las instituciones, pues, definen los status y las relaciones entre ellos tanto explícitamente como en las clases de conducta (roles) apropiados para esos status.
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ORGANIZACIÓN

SOCIAL

cómo funcionan u operan, siempre teniendo en vista nuestro objetivo básico, a saber, la explicación de la conducta humana. CAPÍTULO GRUPOS IV GRUPOS SOCIALES

Como grupo o agregado de cierta naturaleza, la sociedad consiste en una serie de roles y status relacionados que se hallan institucionalmente establecidos. Puesto que la sociedad constituye un tipo de grupo, sin embargo, será útil distinguir entre ella y algún concepto que atienda a la estructura de roles y status en términos generales. Podemos llamar organización social o estructura social a cualquier sistema interrelacionado de roles y estatus. El término estructura social se utiliza a veces para referirse a cualquier regularidad pautada de conducta. Este último uso destaca el elemento de pauta en el término estructura, pero nosotros destacaremos el elemento de relación entre las partes implícitas en la palabra. El análisis de una organización o estructura social exige la identificación de los roles y status por los que está constituida y el examen de las relaciones que existen entre ellos. Desde el punto de vista sociológico el estudio de los grupos humanos es el estudio de la organización social. El término grupo, que ha sido utilizado abundantemente en nuestra discusión hasta ahora, lo ha sido con el significado común de alguna especie de agregado, o número de gente que puede ser clasificado de algún modo en forma conjunta. Debemos ahora examinar el concepto más sistemáticamente. Los ejemplos utilizados hasta ahora han indicado la diversidad y multiplicidad de los grupos humanos. Nuestra tarea actual será examinar los rasgos esenciales de los grupos sociales, distinguir las distintas formas de organización que se encuentran entre ellos, y explorar

SOCIALES Y CATEGORÍAS SOCIALES

Hemos dicho que la vida humana es vida de grupo. El individuo aislado —ya se trate del "noble salvaje" de Rousseau o del hombre presocial de Hobbes— no es más que una fantasía del filósofo. Salvajes o civilizados, cazadores, pescadores o campesinos, habitantes del desierto, de la montaña o de la llanura, los seres humanos viven siempre unos con otros. Por consiguiente, el conocimiento de los grupos en que viven es de una importancia decisiva para la comprensión de su conducta. Un grupo social se compone de un cierto número de personas unidas por una red o sistema de relaciones sociales. Sus miembros interactúan entre sí en una forma más o menos estandarizada, esto es, dentro de las normas o "standards" aceptados por el grupo. Sus relaciones e interacción se basan en gran parte en un sistema de roles y de status interrelacionados. En mayor o menor medida, están amalgamados por un sentido de identidad o de semejanza de intereses que les permite diferenciar a sus miembros de quienes no lo son. Al definir así el grupo social hemos restringido el significado que convencionalmente se le suele asignar al término "grupo", limitando su referencia y precisándolo. Por lo tanto, debemos distinguir entre un grupo social como tal, y una cantidad de gente que, aunque no esté ligada por una red de relaciones, ni se halle en
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interacción pautada o tenga siquiera conciencia de su identidad, puede ser considerada en forma conjunta por poseer ciertas características o atributos similares o idénticos. Un sindicato es un grupo social; pero el conjunto de los trabajadores que ganan más de U$S 1,75 por hora constituye meramente una categoría estadística (que puede ser, sin embargo, sociológicamente importante). Una familia, un club social, un grupo de amigos que se frecuentan, una organización de negocios, una nación, etc., pueden ser considerados como grupos sociales. Los poseedores de aparatos de televisión, el público que asiste a los cines, los ardientes entusiastas del "baseball", los cultores del "hot jazz", los ávidos lectores de novelas policiales, constituyen categorías sociológicamente importantes. Estas categorías, como tantas otras, son objeto de considerable interés y atención sociológicos. Podríamos, por ejemplo, querer explicar por qué la gente posee ciertos atributos o se dedica a determinadas actividades. ¿Qué factores distinguen a los lectores de novelas policiales de los de aventuras de "cowboys", o a los dueños de aparatos de televisión de quienes no los tienen? Al responder a estas preguntas será frecuentemente necesario considerar la naturaleza de los grupos a que pertenecen los individuos de que se trata. Podremos indagar qué diferencias provoca un atributo en especial; por ejemplo, ¿cuáles son las consecuencias de la lectura de novelas policiales o de ver televisión? La respuesta a esta clase de preguntas incluirá, en parte, la importancia de estos atributos para la estructura y funcionamiento de diversos grupos sociales. ASOCIACIONES
Y GRUPOS PRIMARIOS

La magnitud y complejidad de la sociedad asociacional determina el desarrollo de gran número de grupos sociales diferenciados, además de las unidades familiares que aparecen en cualquier sociedad. Muchos de estos grupos caen dentro de la categoría sociológica de asociaciones (de donde, por supuesto, deriva el término asociacional). Las asociaciones son grupos "organizados para la consecución de un interés o grupo de intereses compartidos. Pueden contrastarse con las sociedades o comunidades que incluyen toda la gama de intereses y actividades humanas. Los sindicatos, partidos políticos, academias, clubes de hombres de negocios, de mujeres, sociedades para la prevención dé la crueldad contra los animales y contra los niños, para el progreso de la administración, o para la prevención de la delincuencia, son todas asociaciones. Las asociaciones varían ampliamente en cuanto a su tamaño, campo de intereses, actividades y forma de organización. Sin embargo, muchas de ellas, si no la mayor parte, pueden ser descriptas como grupos secundarios que poseen una organización formal. Sus miembros se reúnen dentro de contextos limitados y con propósitos igualmente estrechos, ya que se han organizado para el logro de intereses específicos. De este modo, las relaciones tienden a hacerse formales e impersonales, mientras que los roles tienden a ser más bien segmentarios que inclusivos, con reglas claramente formuladas que rigen frecuentemente el comportamiento de los miembros. Un ejemplo habitual de organización formal dentro de una asociación, puede encontrarse en la estructura social de una oficina moderna, con su distribución de responsabilidades entre secretarias, dactilógrafas, empleados, gerente,
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recepcionista, telefonista y otros, con líneas de autoridad y responsabilidad claramente demarcadas, y reglamentaciones más o menos explícitas que rigen el funcionamiento total de la oficina, recogidas generalmente en alguna especie de estatuto. EL GRUPO secundario puede ser contrastado con el primario, o grupo relativamente pequeño y caracterizado por una íntima asociación "cara a cara". Los miembros no están ligados por obligaciones contractuales, sino por sentimientos comunes y lealtades compartidas; las relaciones son personales e íntimas, lo que permite la espontaneidad, y a menudo son muy duraderas. Las familias y los grupos de amigos son ejemplos bien claros, aunque grupos espontáneos informales pueden encontrarse también en la mayor parte de las asociaciones. Los grupos primarios comparten evidentemente muchas de las características de la sociedad comunal, que puede ser considerada como una forma de grupo primario, o una sociedad en la cual los grupos primarios tienen preponderancia. Los grupos íntimos, apretadamente entretejidos, son primarios en diferentes sentidos. El niño adquiere su personalidad dentro de los confines de algún pequeño grupo íntimo, como también "su temprano y completo sentido de unidad social". Son primarios en el sentido de que pueden encontrarse en cualquier sociedad, ya sea comunal o asociacional, y suministran los contextos sociales y psicológicos más significativos para la experiencia individual. Muchos grupos primarios pueden caracterizarse como informales. Surgen de una interacción continua durante la cual se desarrollan pautas regulares de conducta y un sentido de identidad que los une. Sin ninguna clase de organización formal (e incluso a veces

como reacción contra la organización formal), aparece una estructura de roles y status interrelacionados, basada en valores y creencias compartidos. Sus miembros difícilmente serán conscientes de la existencia de un conjunto de expectativas y 'obligaciones mutuas que constituyen un elemento de esta organización informal. La importancia de tales grupos" reside en su carácter espontáneo y su ubicuidad; surgen en toda oportunidad y lugar en que los hombres se hallan en relaciones frecuentes. No sólo pueden encontrarse entre los niños que han llegado a gozar la mutua compañía y a contar con ella; aparecen tan bien en medio de grupos que, por lo demás, se encuentran altamente organizados: en fábricas y oficinas, barcos de guerra y ejércitos, en cárceles y dormitorios estudiantiles.

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2°) GIBB, “Manual de dinámica de grupos”. Ed. Humanitas. Buenos Aires. 1969. Cap. IV y págs. 82-84.
DISTRIBUCIÓN DEL LIDERAZGO PRINCIPIO III: LIDERAZGO DISTRIBUIDO. La distribución del liderazgo lleva al máximo la dedicación al problema, y permite la más amplia evolución de los integrantes del grupo. Según la opinión de muchos, lo que realmente necesitamos en nuestra sociedad democrática es el tipo adecuado de líderes. En cierta ocasión, el líder de una gran organización de comunidad estaba por retirarse. En una conversación mantenida con uno de los autores de este Manual, declaró que "la verdadera dificultad para la marcha de esta organización reside en que no hay nadie que tenga suficientes dotes de líder como para reemplazarme". En toda la historia de las teorías sobre la organización social se ha opinado en general que los líderes representan la verdadera clave para la comprensión del proceso; y que la forma adecuada para causar un cambio o progreso social es hallar personas con potencial de líderes. El del liderazgo es uno de los problemas fundamentales en nuestras consideraciones sobre la acción por participación. Para los fines de la discusión, hallamos conveniente distinguir cuatro tipos de ambiente de grupo, a saber: el autocrático, el paternalista, el individualista, y el participativo. Los ambientes autocráticos y paternalistas son aquéllos en los cuales las decisiones son tomadas por el líder, quien es elegido

por el grupo o designado por alguna autoridad exterior. Una gran parte de las técnicas y acciones de los líderes autocráticos y paternalistas son análogas. La diferencia reside en los motivos de los líderes. El autócrata toma las decisiones sobre la base de sus propios intereses, o de intereses especiales dentro y fuera del grupo. El paternalista actúa según los intereses del grupo, tal como él interpreta estos intereses. En la práctico real hay muchas variedades de estos dos tipos de líderes. Las diferencias sólo pueden ser apreciadas después de algún tiempo. Sin embargo, en los casos extremos hay muchas diferencias evidentes, tal como se apreciará en la discusión que sigue. Es muy importante que tanto los líderes como los miembros de grupo comprendan cabalmente tales diferencias. La estructura autocrática El

ambiente autocrático es aquél en el cual un líder, elegido por el grupo o designado para el grupo por alguna autoridad exterior, actúa como jefe y toma las decisiones en nombre del grupo. No permite al grupo participación
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alguna en las decisiones. La autocracia puede existir en muchos grados de intensidad, desde la dictadura absoluta de algunos gobiernos, negocios o familias, hasta las situaciones sociales en las que un individuo, en interés propio o en beneficio de algunos intereses especiales, ejerce el poder o el control del grupo. El poder puede ser ejercido de alguna manera directa, sin pretender que el grupo tenga autoridad alguna en la determinación de sus objetivos o en la elección de sus actividades. Es más peligroso cuando el poder es ejercido en una forma sutil: cuando el líder —aduciendo que actúa por el bien del grupo, y aun dejando al grupo privilegios de voz y voto— en realidad lo dirige entre bambalinas de manera que el poder permanece totalmente en sus manos. Todos conocemos a líderes de este tipo. Existen en muchas organizaciones. Los modernos estudios de psicología nos demuestran bien a las claras que hay mucha gente que tiene "necesidades autoritarias", que es adecuada para conducir o para ser conducida en una forma autocrática, que tiene inclinación hacia este tipo de grupo, y que constituye así terreno fértil para este tipo de autocracia. Existen necesidades autoritarias de todo tipo y variedad: necesidad de mantener la superioridad de un grupo, clase o raza privilegiada, necesidad de mantener puro e inalterado el linaje de casta o de familia, necesidad de dominar o ejercer autoridad sobre otros, de poseer títulos, de ser respetado y obedecido, de ser "el líder" del grupo y, en fin, de ser mejor que los semejantes. Este tipo de persona y este tipo de liderazgo son un verdadero peligro que amenaza la forma de vida democrática. Por lo general, el grupo autocrático mantiene la formalidad de las reglas de debate, de manera que los

"miembros inexpertos puedan ser controlados por mecanismos parlamentarios. El grupo es sometido a un alto grado de control. El líder puede recurrir para ello a diferentes procedimientos. Amigos dentro del grupo pueden convenir en que se designe para el cargo a alguna persona "digitada". Una técnica favorita es la de "dividir para reinar", fomentando la oposición entre las fracciones dentro del grupo, o dejando que el grupo se vaya debilitando a través del debate sobre cuestiones de menor cuantía, mientras las decisiones de verdadera importancia son tomadas por la estructura de poder del grupo con el argumento de acentuar la eficiencia. De este modo, muchas cuestiones o asuntos que debía resolver el grupo, son encomendados a comisiones, o a individuos determinados. Una técnica menos evidente, pero efectiva, es la limitación de la técnica de concejales de Curley-Crump, que consiste en concentrarse en cuestiones morales sobre las que todos están de acuerdo. El hablar de estos asuntos da una aureola de santidad al líder, lo relaciona con la reforma social, lo coloca del lado de todo lo "bueno, verdadero y hermoso..."; mientras las cuestiones realmente importantes son decididas detrás de la cobertura moral.

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Los miembros de grupo astutos reconocerán a ésta y a muchas otras técnicas empleadas por los líderes, tanto en la vida política como también en clubes y grupos primarios. La estructura paternalista Otra forma de estructura grupal, por cierto más sutil, puede ser designada paternalismo. En este tipo de grupo, el líder es amable, paternal, cordial ante las muchas necesidades de su "rebaño"; pero siente que debe tomar las decisiones más importantes en nombre del grupo y por el bien del grupo. Este tipo de liderazgo es a menudo efectivo, evita las discordias, y produce una acción de grupo feliz y efectivo. Ha sido aceptado en las iglesias, donde el cura o el pastor toma las decisiones en nombre de los miembros de su congregación, a menudo tanto en cuestiones seculares como en las espirituales. Es efectivo en nuestras escuelas, donde el maestro elige los textos, decide los objetivos de sus alumnos, establece las reglas de conducta, protege al niño contra las consecuencias de decisiones erróneas. Resulta efectivo en nuestros gremios, donde líderes, tales como John L. Lewis, toman decisiones en beneficio de los obreros. Por lo general, el ambiente del hogar está presidido por padres amantes, protectores y abnegados. Un defecto posible en este tipo de ambiente de grupo reside en que el crecimiento y el desarrollo se verifica en los líderes, y no en los miembros del grupo. A menudo los miembros del grupo se ven privados del crecimiento que es consecuencia de la asunción de responsabilidades y de la adopción de decisiones. A fin de evolucionar, deben tomar decisiones, cometer errores

y aprender de sus propias equivocaciones. La generación anterior de líderes, desconfiando de las decisiones de personas no maduras, no se sentía segura como para permitir que los alumnos eligieran sus clases, que las clases eligieran sus objetivos, que los estudiantes fueran sin acompañantes, que los muchachos eligieran sus compañeros, que los clientes analizaran sus propios mecanismos de defensa, y que los miembros de grupo tomaran sus propias decisiones. Este tipo de líder a menudo teme entregar su cargo a otra persona porque nunca está seguro de que otro líder pueda conducir su grupo con tanta dedicación, eficiencia o protección como él. Frecuentemente es muy trabajador, porque teme asignar la verdadera responsabilidad de las decisiones a otros miembros del grupo. En las discusiones de grupo se suele ver a este tipo de líder dando consejos paternales y expresando opiniones de peso y terminantes. Quizá espera hasta que los "miembros menores" del grupo hayan chapuceado algo así como una discusión, para luego "descender del sitial" y pronunciar el argumento final y decisivo. Este tipo de líder mantiene su influencia por su aire paternal y de competencia. Cuenta con el respeto y la confianza del grupo. Se considera a sí mismo como el "padre" o el "tío" del grupo, y a menudo el grupo lo considera como tal. Se resiente con las críticas del grupo, y toda tentativa de éste por asumir la responsabilidad de tomar decisiones o de introducir cambios fundamentales en las normas determinadas por su espíritu paternal, es una afrenta para él. El lector pensará en muchos ejemplos de este tipo de liderazgo: el erudito, que insiste en que sean "expertos" quienes tomen las decisiones; el militarista, que destaca el "nobleza obliga" como principio de las
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responsabilidades de los oficiales por sus hombres, para cuya conducción por otra parte, han nacido; el industrial, que habla afectuosamente de su «familia empresaria"; el director de colegio, que destaca el "ambiente familiar» de su institución. En este liderazgo, también se manifiestan muchas y variadas expresiones. Cualquier persona que tenga una amplia experiencia tiene tendencia a avanzar por este camino. Una gran experiencia por lo general genera una gran confianza. Esta, a su vez, otorga a la persona en cuestión la sensación de que está más capacitada que otros individuos para tomar decisiones, especialmente si aquéllos pertenecen a su propia familia, a su clase, a su escuela, a su plana mayor, o a su grupo. Este upo de líder no tiene confianza en que la gente pueda tomar decisiones juiciosas, elegir los objetivos adecuados, y mantenerse "fuera de dificultades. Por lo general le causan gran desilusión todos aquéllos que no concuerdan con él. Esta clase de liderazgo tiende a producir, después de cierto tiempo individuos inmaduros. El niño que nunca toma decisiones respecto de cosas pequeñas, no podrá mañana elegir esposa; todo aquél que deja que su asesor decida por él, no podrá tomar decisiones; el líder de club estudiantil cuyos problemas son resueltos por el decano, llegado el caso no puede tomar las decisiones correctamente; el miembro de Esta do Mayor no sabrá adoptar decisiones si el Comandante las toma siempre por él. Estos individuos dependen tanto del liderazgo paternalista, que adquieren el hábito de dejar que las cabezas "más viejas y más sabias" tomen las decisiones por ellos. Tal es, pues, el círculo vicioso: la inmadurez

genera el paternalismo, y el paternalismo genera la inmadurez. Otro defecto es el resentimiento que crea en la persona rebelde que desea tomar las decisiones por sí, y a quien no se le permite hacerlo. Las decisiones adoptadas sobre la base de la rebelión a menudo son decisiones incorrectas, porque no se las toma a la luz del pro y el contra, sino por oposición al líder. A menudo el decano, o el padre, o el presidente, sienten más justificada su falta de confianza en el grupo, al ver que éste toma decisiones incorrectas, sin llegar a comprender que es precisamente su liderazgo la causa de esa falta de sabiduría... El líder democrático confía lo suficiente en las habilidades de los miembros de su grupo, como para estar seguro de que adoptarán decisiones acertadas. Un principio fundamental para nosotros es que los miembros de grupo que gocen de la libertad de expresión y de elección, tomarán decisiones acertadas y que las mismas serán a la larga mejores que las de cualquier líder único, por grande que sea su sabiduría. La estructura permisiva Otro tipo de líder es el

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individualista o permisivo, producto de una sociedad en transición. En medio de la inseguridad de la democracia en evolución, se opina a menudo que la forma de dirigir es no dirigir en absoluto, dejar que la gente no madura tenga una completa "libertad" sin ninguna guía, ni control, ni ayuda. Esto conduce a una insistencia en cuestiones tales como derechos individuales, libertad académica, y "laissez faire" en la economía. La libertad individual se valora más que la seguridad colectiva. En la vida política, la forma extrema del individualismo es la anarquía. En la actualidad, el mundo se halla empeñado en gigantescas luchas ideológicas y militares por la preeminencia de la libertad individual o la seguridad colectiva. Las tensiones de la socialización en la niñez son considerables, y producen rebeldías emocionales contra la restricción. Los impulsos hacia la libertad son sustentados por el período negativista de la niñez y la rebeldía adolescente. La forma permisiva de criar los hijos, la terapia no autoritaria, y la educación progresiva, fueron todos ellos ejemplos de tentativas por solucionar este problema de la libertad y el individualismo en nuestra cultura. Seguimos luchando con este problema en nuestros hogares, en nuestras escuelas y en nuestra vida política. En la vida de grupo, esta forma de discusión totalmente incontrolada conduce a menudo a experiencias insatisfactorias. En vista de la naturaleza altamente individualista de nuestra cultura, nuestros miembros de grupo rara vez aprendieron las habilidades de la socialización, la tolerancia hacia las diferencias individuales y el interés en el grupo, habilidades éstas que son necesarias para una efectiva acción de grupo.

La estructura participativa En el grupo que actúa por participación, los miembros trabajan en conjunto para lograr una elevada cohesión de grupo. En los tres tipos de grupos ya vistos el ambiente está determinado por el tipo de liderazgo del grupo. En el grupo que actúa por participación, el ambiente queda determinado por él mismo. Se asigna la máxima importancia al crecimiento y desarrollo de todos los miembros de grupo; ninguno de los cuales es líder: el liderazgo es distribuido. El grupo trabaja según el principio del consenso, y trata de obtener un elevado grado de relaciones interpersonales agradables como una sólida base para la resolución de sus problemas. Dentro del área en la que el grupo puede actuar por participación, todos los objetivos y actividades son elegidos por el grupo. Todos los miembros del grupo demuestran un alto grado de identificación con los objetivos de éste. Esto significa que en una situación de grupo, la participación verbal de sus miembros es bastante pareja. Se reduce a un mínimo la intimidación de los individuos, mediante la informalidad lograda gracias a un mayor conocimiento de los antecedentes, intereses y habilidades de los demás miembros del grupo. En todo el Manual se irá describiendo en detalle este tipo de acción.

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La comunicación efectiva El estudio general de la semántica y de la comunicación —extraído en su mayor parte de la obra de Alfred H. Korzybsky y sus alumnos—, se ha convertido en una fase importante del saber moderno. Cada vez se van reconociendo mejor los problemas que surgen de la comunicación de ideas. En vista de que la interacción en grupos implica algún tipo de comunicación verbal o corporal-gesticular entre sus miembros, el estudio del proceso de comunicación reviste una importancia vital para quien estudia la acción de grupo. No intentaremos presentar aquí una revista de las muchas contribuciones que los estudiosos de los procesos de comunicación han logrado para la comprensión del proceso de grupo. El lector interesado hará bien en consultar algunos de los libros que tratan este asunto. Encontrará que los indicados a continuación le resultarán especialmente útiles y fáciles de leer: Tyranny qf Words, por Stuart Chase; People in

Quandaries, por Wendell Johnson; y las diversas publicaciones de Elwood Murray. Son muchos los factores que revisten importancia dentro del proceso de una adecuada comunicación entre individuos en un grupo. La claridad de expresión, el empleo correcto de las palabras, la coherencia del lenguaje, el evitar las trampas de la lógica, la definición "operativa" de los términos, y el evitar la confusión entre el proceso de "definir" y el proceso de "comprobar los hechos": todo ello resulta importante para facilitar la comunicación. Sin embargo, el punto de vista que nosotros adoptamos es que las barreras más importantes que entorpecen la comunicación de ideas, son las trabas emocionales establecidas por las relaciones interpersonales; y no los errores técnicos en el empleo de las palabras, o la lógica. El verdadero objetivo de un grupo de discusión o de resolución de problemas, consiste en establecer un ambiente en el cual las perdonas se sientan libres para expresar cualquier idea relativa al problema que se está tratando. Si los miembros del grupo sienten que existe una actitud de aceptación, que cualquier cosa que digan será considerada por el grupo, y que nadie se reirá de ellos por haber dicho algo "tonto": entonces se sentirán libres para expresar sus "verdaderos" sentimientos sobre el tema que se está tratando, o sobre la decisión que se está por adoptar. El grupo sólo puede adoptar la mejor decisión cuando cuenta con los hechos pertinentes, y cuando los verdaderos sentimientos y opiniones de los miembros están orientados hacia el asunto en discusión. Si los miembros se contienen por temor al ridículo, o porque se sienten inhábiles en la expresión verbal, o porque creen que las decisiones ya han sido tomadas entre bastidores, o por sentimientos
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de hostilidad hacia otros miembros, el grupo se ve privado de su contribución al proceso de adopción de decisiones. Cuando hay cordialidad, aceptación, y una "sensación de comprensión" en el ambiente del grupo, los problemas de comunicación son mínimos. Las verdaderas barreras que se oponen a la comunicación no son el empleo de las palabras, la forma gramatical, o la falta de facilidad de palabra (por más importantes que sean); sino las emociones y la dinámica de la personalidad de los miembros del grupo. La gente no comprende porque "no quiere" comprender. La gente oye lo que quiere oír. Los miembros de un grupo reaccionan más a la personalidad del disertante que a las ideas que éste expresa. Si una persona es aceptada por el grupo, con una mínima facilidad de palabra podrá expresar cualquier idea de manera que el grupo la comprenda. Cuando existe cordialidad emocional y aceptación, las personas están predispuestas (sin prejuicios) para escuchar las ideas y reaccionar a los problemas. Si se reducen a un mínimo los conflictos interpersonales, y si la gente tiene acceso a las informaciones pertinentes, en la mayoría de los casos se tomarán decisiones acertadas. Veamos algunos ejemplos de escasa comunicación. A veces la gente se aferra a las ideas que sostiene, y no escucha las de los demás. Hay quienes se resienten ante las críticas. Hay quienes permanecen callado» v sueñan con los ojos abiertos durante las discusiones. Hay oportunidades en que dos o tres miembros realizan largas arengas sobre la definición exacta de los términos que están utilizando. Otros se niegan a definir sus términos. Hay quienes se apartan del tema, contando anécdotas personales. Algunos sacan

a relucir su erudición, citan innecesariamente autoridades, artículos o experimentos a manera de prueba de sus puntos de vista. Otros presentan cuestiones confusas. Otros desean clasificar todas las ideas en categorías cómodas y convenientes. Otros se pierden en sutilezas sobre "hechos" menores. Hay quienes defienden alguna idea "hasta la muerte", sea cual fuere su utilidad. Unos hablan con abstracciones, mientras que otros emplean únicamente términos concretos. Sólo podemos comprender estas conductas si las interpretamos como reflejo de las necesidades emocionales de los miembros del grupo. Vuélvanse a considerar los ejemplos dados, y obsérvese cómo pueden indicar gente insegura, que ha sufrido frustraciones en el proceso de la interacción del grupo, que está luchando por obtener alguna posición dentro del mismo o el reconocimiento de éste. Repetimos: por lo general no son los hábitos del lenguaje lo que constituye las barreras. A menudo la competición por una idea encierra una forma de lucha por conseguir una posición dentro del grupo. Es la personalidad de quien discute la que está en juego, no la idea...

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