MARTES, 7 JULIO 2009

Quim Monzó

C

Banderillas en San Fermín

on el corazón en un puño leí el viernes que, con motivo de los Sanfermines, en Pamplona “doscientas personas se clavarán banderillas para mostrar el dolor que padecen los toros”. Las notas de agencia explicaban que se reunirían en la cuesta de Santo Domingo, el lugar donde comienzan los Sanfermines, y que –quién sabe si por amor a la redundancia– lo harían el domingo, anteayer. Se clavarían banderillas para evidenciar el sufrimiento de los toros en las fiestas que, al ser ellos los protagonistas principales, damos en denominar taurinas. Bajé a la calle, tomé el metro, bajé en Liceu y al cabo de un rato compré un par de banderillas en una tienda de souvenirs. Como no era cuestión de probar a clavármelas allí mismo, tomé de nuevo el metro, de vuelta a casa. En la comodidad de mi hogar hice las pruebas necesarias, tras las que llegué a la conclusión de que es posible clavarse banderillas uno mismo, sí, pero resulta difícil y no consigues clavártelas del todo bien, como un banderillero las clava a un toro. De lo que deduje que las doscientas personas proce-

Las banderillas tienes que clavártelas en la parte superior de la columna vertebral
derían a clavarse las banderillas unos a otros. Es esta una opción que permite mayor desenvoltura. A diferencia de la puñalada –que puedes asestártela en el estómago con facilidad–, las banderillas tienes que clavártelas en la parte superior de la columna vertebral (que corresponde al cerviguillo del toro). Por eso, aunque –invocando un talante creativo– pudieras clavártelas en la barriga, es evidente que el resultado perdería su fuerza de denuncia y resultaría incluso grotesco. Tras llegar, pues, a la conclusión de que se las clavarían unos a otros en la espalda, estuve tentado de tomar un avión para estar el domingo en Pamplona y contemplar el espectáculo en persona. No es habitual ver a doscientos individuos banderilleándose, con el colorido que ello debe de llevar implícito. Pero compromisos personales –un espléndido borscht de primero y pollo con verduras y varenyky de segundo– me impidieron ir. El domingo estuve al pie del televisor. Este es el octavo año consecutivo que AnimaNaturalis y PETA celebran ese acto y, habiéndome perdido (por ignorancia) los siete precedentes, no quise hacer lo mismo esta vez. Pero ¡cuál no fue mi sorpresa cuando, al ver al mediodía las imágenes, comprobé, frustrado, que las doscientas personas no se habían clavado las banderillas: no se habían penetrado los unos a los otros las carnes con la lengüeta de hierro, como prometían las notas de agencia! Simplemente habían fingido que se las clavaban. Menudos defensores de los animales. Mucha boquilla, pero incapaces de sacrificarse realmente por ellos. Doscientas personas heridas a base de banderillazos e ingresadas de urgencia en el hospital de Navarra hubiesen sido la gran noticia del día. Por su cobardía y por sus promesas incumplidas, los toros siguen sufriendo.c