La enfermedad de la banca personal peruana

Hay más de cinco millones de créditos de consumo activos en el país, que representan un 98% de todas las tarjetas de crédito emitidas hasta setiembre. ¿Saben los peruanos a qué se comprometen con el dinero plástico? Cuando el silencio de los bancos y la poca educación del usuario se juntan, la combinación puede ser más que peligrosa.
Por: Karina Montoya Guevara

“A mi papá nunca le habían ofrecido crédito en su vida, así que cuando le llamaron, se emocionó y aceptó la tarjeta de crédito”. Carla Torres Mendoza1 tiene ahora 24 años y hace cuatro que se hace cargo de las cuentas de su padre, José Luis Torres Villar2. Desde 1996 hasta este año, Carla estima que su familia ha pagado S/. 18,000 en tarjetas de crédito y aún queda, hasta el 2013, unos S/. 1,600 que saldar. Carla manifiesta que, después de tantos años con deudas, aún le cuesta entender algunas prácticas del sistema bancario. “Con la tarjeta que tuvimos en el Banco de Crédito (BCP), a mi papá le ofrecieron pagar las cuotas desde su cuenta de débito, porque le depositaban el sueldo ahí. Pero nunca le dijeron que el costo era S/. 30 adicionales solo por ese servicio”, detalló. En números, el Perú es un país rebosante de poder adquisitivo. En el sector privado, el crecimiento acumulado del crédito bancario alcanzó 16.7% en octubre, según datos de la Asociación de Bancos del Perú (Asbanc). A grandes rasgos, entre todos los tipos de crédito (que incluyen tarjetas y préstamos), el porcentaje que representan respecto del PBI es 30%, lo cual aún da “espacio para crecer”, según Eduardo Morón, exviceministro de economía. “Es cierto que en el agregado hay espacio. Podríamos estar tranquilamente en 40% para estar más o menos en lo que nos correspondería en términos de ingreso per cápita. Pero nada garantiza que las instituciones del sistema financiero no estén otorgando préstamos allí donde no había (crédito); pueden tranquilamente (destinarlos) donde ya hay personas o empresas con algún nivel de deuda. Y eso no es sano”, dijo Morón al Diario Gestión (21.11.2012). Si bien esto expresa una preocupación que lanza una advertencia a la estabilidad macro del sistema financiero, descubrir la realidad de sus prácticas a nivel con más detalles no queda claro todavía —a falta de documentación oficial— y es difícil que se reflejen solamente en las cifras que reportan las diferentes entidades estatales y privadas del sector. Un tema que se ha puesto recientemente en el tapete, por ejemplo, es el de la difusión de algunas tasas de interés básicas que asume el usuario del dinero plástico. En la práctica, estos términos se aprenden “a la mala”, ya que si el prestatario no hace las preguntas adecuadas, el agente del banco tampoco se molestará en adelantar ninguna respuesta.
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El nombre real ha sido cambiado a pedido de la entrevistada. El nombre real de este personaje ha sido cambiado a pedido de la entrevistada.

“Poco a poco nos dimos cuenta que los intereses subían. Veíamos que un mes pagábamos S/. 50, el siguiente ya era S/. 70 y todo se iba a los intereses”, comentó Carla, recordando la primera deuda que adquirió la familia en 1996 con el Banco Latino, que quebró en los primeros años del 2000. Este aumento “arbitrario” de las tasas de interés que describe Carla no es, en realidad, ilegal, ya que el ajuste de las tasas de interés debe notificarse solamente para los créditos a plazo fijo, lo cual entrará en vigencia a partir de enero del 2013 gracias a la Resolución N° 8181-2012 de la Superintendencia de Banca, Seguros y AFP (SBS). En un país donde el monto utilizado en tarjetas de crédito ascendió a S/. 103,584 millones en el 2011 — según Asbanc—, no hay certeza de cuánto capital se amortiza y cuánto va a los intereses cuando se pagan las cuotas en cifras globales. Si bien es cierto que las tasas de interés usualmente son fijas, el usuario ni siquiera sabe por qué razones su cuota sería mayor o menor en cierto mes. Cultural financiera La primera tarjeta de crédito de José Luis, el padre de Carla, se remonta a 1996, cuando adquirió un minicomponente por S/. 500, dividido en 36 cuotas. A esto, según su hija, habría que sumarle el pago del colegio privado (San José de Monterrico) al que ella y su hermana asistieron por tres años, para lo cual también se endeudaron con un préstamo educativo. “Fueron tres años con S/. 400 de mensualidad por cada una. El préstamo que te ofrecen es uno que tiene un descuento por el primer año, que al final no sirve para nada porque lo pagas en intereses y se lo lleva el banco, ni siquiera el colegio”, argumentó Carla.

Bancos y financieras Ambas tienen similitudes pero funcionan de manera diferente. Un banco requiere un capital mayor (14.9 millones) para entrar en operaciones. Una financiera, a diferencia de un banco, no puede ofrecer cuentas corrientes ni realizar operaciones en moneda extranjero o de comercio exterior.

Fuente: Superintendencia de Banca, Fernando Arrunátegui, presidente del Comité de Relaciones Seguros y AFP. con el Consumidor de Asbanc, consideró que, efectivamente, hay un “problema de salud” en el crecimiento de la banca personal peruana, que se atribuye principalmente al ingreso de los sectores menos educados —pero con ingresos en ascenso— al sistema financiero.

El comité que él preside, creado en julio del 2011, ha visto que el consumidor carece de las herramientas necesarias para entender las consecuencias de usar dinero plástico o incluso qué significa la morosidad y los diferentes grados en los que se expresa. De ahí que Asbanc lanzara la campaña “Hablemos más simple” en julio de este año, que busca impulsar la difusión de “vocabulario básico” desde los bancos hacia sus actuales y potenciales clientes. “En los últimos diez años, ha habido un gran ingreso de sectores socioeconómico más bajos pero con mayores ingresos al sistema bancario, especialmente para pedir tarjetas y préstamos. En un inicio, el

sector A y B, el más educado, estaba en la banca. Ahora vienen de los sectores siguientes, pero eso no quiere decir que sean los más educados”, dijo Arrunátegui. Pero, durante esos diez años, los bancos tampoco parecen haber actuado a la altura de una circunstancia en la que, como describe Arrunátegui, un gran número de usuarios “no preparados” para el mundo financiero comienza a demandar sus productos. El ejecutivo respondió ampliando la responsabilidad también al Estado. “En un estudio del 2011 de la SBS, que llamaron Cultura Financiera, una de cada tres personas sabía calcular cuánto adicional le generaría una tasa de interés mensual de 2% por cada S/. 100. En el desagregado, las respuestas acertadas llegaban hasta 60% para los estratos más altos e iba bajando tanto en los más bajos que el promedio fue una de cada tres personas”, explicó. Así, el representante de Asbanc continuó diciendo que “los bancos asumen su responsabilidad frente a esta realidad” y es por eso que, en el 2013, la ‘simplificación’ de los contratos de crédito finalmente se rá una realidad. “Habrá una mejora de la redacción, para que no parezca que solo un abogado puede entenderlo, e incluso estamos contemplando incluir diagramas para explicar mejor lo que el cliente está firmando”, aseguró. Tarjetas de colección Según estadísticas de Asbanc, hay 7’081,956 tarjetas de crédito emitidas por bancos y financieras hasta setiembre de 2011. De estas, más de 5 millones han sido emitidas por bancos y el 97.2% de ellas son para crédito de consumo. Además, entre enero y setiembre de este año, hubo un aumento de 15% en las activaciones de tarjetas, porcentaje mayor en 9 puntos al mismo periodo del año anterior. En esos últimos diez años que son tan importantes para Arrunátegui, la bancarización no ha ido acompañada de un uso saludable de los productos que ofrece el mundo financiero. El país tiene una de las tasas de morosidad más bajas de la región, según Mariella Hernández, supervisora principal de Servicios al Usuario de la SBS, pero no sucede lo mismo si solo vemos las tarjetas de crédito. Hasta finales de octubre, la tasa de morosidad de las tarjetas de crédito llegó a 4.01%, mientras que de los préstamos fue 2.17%. Si comparamos estos números con la tasa de morosidad por todos los productos del sistema financiero en créditos directos (para empresas y personas) en ese mismo periodo, veremos que ésta se sitúa en 1.79%, superada ampliamente por el dinero plástico y los préstamos. El papá de Carla, que en 1996 trabajaba como jefe de operaciones de la empresa Consorcio Textil del Pacífico (ahora en liquidación), ganaba S/. 1,200. Se compró su minicomponente, que en 36 cuotas terminó pagando S/.1,500 de S/. 500 y pagó la escuela de sus hijas, hasta que en el 2000 perdió su trabajo. Había acumulado una deuda de S/. 7,000. “Pero luego vino la tarjeta *del Supermercado+ Metro. Esa fue la peor, en el ’97. Sacabas la comida del mes en 12 cuotas. O sea, cada 15 días que se compraba comida y se corría todo en 12 meses. En un mes pagábamos la comida de un mes y medio. Esa fue la cuenta más grande que tuvimos luego, que fue de como 5,000 soles”, contó Carla.

¿Acaso el supermercado les obligaba a dividir todo en 12 meses? En realidad, admite la entrevistada, su padre pedía explícitamente que fuera así. “Es que teníamos la mentalidad de que en ‘bastantes cuotas, no se siente’, que era lo mismo que decía mi prima —detalló— era por pura pose, porque luego nos dimos cuenta de que era peor”. Los recibos de su padre fueron aumentando con el tiempo. Aparte de la tarjeta de crédito con el Banco Latino, se sumó el préstamo del colegio, la tarjeta Metro, la tarjeta Interbank, del Citibank, American Express y del BCP. Cuando José Luis cambió de empleo, pidió un adelanto de sueldo en Interbank, donde mantenía una cuenta para esos fines. Ese “adelanto” era, también, un disfraz para un préstamo. “Luego, cuando [él] ya tenía la tarjeta de crédito de Interbank, para la que sí había recibo, nos dimos cuenta de que a su sueldo le debitaban una cantidad que no sabíamos de qué era. Al final, era ese adelanto de sueldo que pidió, pero no venía en ningún recibo”, comentó. ¿No le explicaron que ese era otro sistema de pago? “No —contestó— y, si lo hicieron, seguro no se entendió”. ¿Cómo es que José Luis llega a tener tantas tarjetas? ¿Acaso fue directamente a cada uno de esos bancos y las pidió? “Todas se las ofrecieron por teléfono”, dijo Carla. “Tú sabes cómo es ahí; te llaman, te ‘endulzan’ todo y te dicen ‘va a tener la menor tasa de interés’, pero nunca te dicen cuál es ni te la van a comparar con otros bancos. Mi papá se emocionaba y aceptaba todo”, agregó. Aquí, Arrunátegui tiene una respuesta interesante. Para él, el reto más importante de la educación financiera es que los usuarios sepan cuáles son los productos prioritarios. “El primer producto que necesitan no es una tarjeta de crédito, sino una cuenta de ahorros. El ahorro permite que ‘existas’ en el sistema financiero antes del crédito”, aseveró. A este primer reto le sigue estar conscientes de que el crédito cuesta. “Desde el colegio, hay que saber que si uno adquiere una deuda, habrá consecuencias si no paga a tiempo. No es cierto que a los bancos les convenga tener deudores. En realidad, el ahorro de uno es el préstamo del otro, si se hay demasiados deudores, se generan desbalances”, explicó. El Perú crece y nadie lo duda. Su cobertura de riesgo crediticio bajó en 36% en octubre, resultando uno de los países más solventes de la región, por encima de Brasil. “Pero no podemos crecer saludablemente si no nos educamos”, sentenció Arrunátegui. Carla, por su parte, reconoce que su padre cometió errores, pero también reclama que los bancos guardan silencio cuando no hay preguntas de por medio. Hace veinte años, luego de la crisis de la hiperinflación, era impensable tener un crédito hipotecario o de vivienda, situación que está cambiando drásticamente. Hace quince años, era un privilegio tener una tarjeta de crédito. Esto, ciertamente, ya no es así, pero aún queda gente que vive bajo esa perspectiva y, cuando algo deja de ser un privilegio, se convierte en una responsabilidad. Los retos están planteados y las faltas admitidas. La decisión de trabajar en conjunto, sin embargo, recién comienza.

Escrito el 6/12/2012

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