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Giliomee, Hermann, Los comienzos de la conciencia étnica afrikaner, 1850–1915.

en:
Vail, Leroy, The Creation of Tribalism in Southern Africa. University of California
Press, Berkeley, 1989. Traducción: Luis César Bou
Introducción
Recientes estudios de Welsh, Giliomee, y O'Meara han investigado la economía política
del nacionalismo étnico y la movilización política afrikaner en su fase de crecimiento
“secundaria”, comenzando en 1930 y conducente al establecimiento del apartheid luego
de la victoria del Partido Nacionalista en la elección de 1948. Si embargo, se conoce
mucho menos acerca de las bases sociales y económicas de la movilización política de
la etnia afrikaner durante la segunda mitad del siglo XIX. Los análisis sobre la
conciencia étnica afrikaner en este período temprano han estado generalmente
preocupados con la identificación de su “despertar” y su “origen”. Ha sido
particularmente influyente el estudio de F.A. van Jaarsveld, The Awakening of
Afrikaner Nationalism, 1868–1881, el que concluye con que fueron las intervenciones
imperialistas británicas, particularmente la anexión del Transvaal en 1877 y la rebelión
subsecuente de 1880-81, las que dispararon una respuesta nacionalista entre los
afrikaners de toda Sudáfrica. Van Jaarsveld también argumenta que sin este despertar,
los afrikaners de la Colonia del Cabo habrían sido absorbidos en la corriente inglesa y el
holandés-afrikaans habría desaparecido como un lenguaje local.
Este estudio evitará los abordajes tanto del “despertar” como del “origen” en la
explicación del crecimiento del nacionalismo afrikaner hasta 1915. Como señala Ernest
Gellner, el uso de un concepto como “despertar” se aproxima a la aceptación del “más
equivocado de los argumentos de los ideólogos nacionalistas, aquel de que las
‘naciones’ están allí, en la misma naturaleza de las cosas, esperando solamente ser
‘despertadas’ (una expresión e imagen nacionalista favorita) de su lamentable sopor por
el ‘despertador’ nacionalista”. También hay un problema con el concepto de “origen”.
En otro contexto, Marc Bloch remarcó que en una acepción popular un origen tiende a
ser considerado como una explicación completa. De hecho, nunca puede haber una
explicación completa de por qué se originó la conciencia étnica afrikaner. En el mejor
de los casos, podemos solamente comenzar a dar una explicación amplia de sus
comienzos lentos y tortuosos.
Both Van Jaarsveld y Rodney Davenport han afirmado los aspectos políticos y
culturales de las manifestaciones tempranas de la conciencia étnica afrikaner. Este
ensayo intentará profundizar el análisis, situando al desarrollo de la conciencia étnica
afrikaner del siglo XIX tanto dentro de un contexto socioeconómico como de una
matriz cultural y política. Debe enfatizarse, sin embargo, que esta discusión del
desarrollo de la conciencia étnica afrikaner no asume que esta fuera el antecedente
orgánico de su fase “secundaria” de desarrollo total en el siglo .
Identidades ambiguas antes de 1850
El grupo que finalmente fue conocido como los “afrikaners” surgió de elementos
dispares, particularmente de antecedentes holandeses, alemanes y franceses en los
siglos XVI y XVII. Los genealogistas también calculan un seis o siete por ciento de
contribución de “no-europeos”. Para 1870 era posible identificar un grupo particular de
gente que hablaban holandés, o una variante del mismo, tenían una religión común y
mantenían un alto grado de endogamia racial. Aún cuando el desarrollo de una
conciencia étnica afrikaner particular que los movilizara para propósitos políticos era

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lento. De hecho, el gradual y frecuentemente tentativo avance de una autoconciencia
étnica cultural y política estaba firmemente enraizado el los cambios históricos que
ocurrieron luego de 1870. Para entender la ausencia de una conciencia étnica antes de
1870, uno debe explorar la naturaleza de la economía, la forma de política, y la clase de
divisiones políticas y de clase en la sociedad.
Antes de 1850 la membresía en una comunidad étnica afrikaner era invocada
frecuentemente como una declaración política. En su disputa con el gobierno de la
compañía, los sostenedores del Movimiento Patriótico del Cabo Occidental, que se
movilizaron entre 1778 y 1784, hicieron sus alegatos en términos de su rol como
productores indispensables de bienes de comercio y de sus privilegios como
ciudadanos. En su rebelión de 1795-96, los ciudadanos de Graaff-Reinet en la frontera
se definieron a sí mismos como ciudadanos y productores que ocupaban legalmente
granjas arrendadas y eran protegidos libremente por la Compañía. Los voortrekkers no
consideraban el Gran Trek de 1835-38 como una expresión positiva de una etnicidad
política afrikaner sino más bien se concebían a sí mismos como “emigrantes” y
“expatriados”. Además, no hay bases históricas convincentes para la creencia luego
sostenida ampliamente de ellos tendían a considerarse a sí mismos como un Pueblo
Elegido exclusivo que tenía un acuerdo con Dios.
Entre los colonos afrikaner-holandeses que no emigraron también encontramos poca
evidencia de la articulación de una conciencia étnica o de la persecución de estrategias
étnicas. Durante la década de 1830 un pequeño grupo de profesionales de Ciudad del
Cabo trató de estimular un sentido de identidad cultural basado en el reconocimiento de
un lenguaje y una historia común. Sostuvieron un periódico, el Het Nederduitsch-Zuid-
Afrikaansch Tijdschrift, un colegio para educación avanzada, el Zuid-Afrikaansche
Athenaeum, y una sociedad para la extensión de las artes y de las letras. Estos esfuerzos
no alcanzaron éxito. El periódico quebró en 1843, la sociedad pronto dejó de funcionar,
y el colegio se anglicizó. El grupo de profesionales era demasiado pequeño y la
población granjera vecina demasiado apática como para asegurar el éxito.
Incluso el nombre del grupo permaneció muy ambiguo hasta el siglo XX. El término
“afrikaner” era empleado de distintas maneras por grupos variados. A inicios del siglo
XVIII era utilizado para los esclavos o ex esclavos de ascendencia africana. Desde fines
del siglo XVIII en adelante la literatura también registra a blancos utilizando el término.
Pero este uso tenía una connotación colonial (o regional) más que étnica. El Zuid-
Afrikaan, la publicación holandesa más ampliamente leída, definía en 1830 a los
afrikaners como aquellos “tanto ingleses como holandeses que habitaban la tierra y
estaban unidos por deber e interés en el avance y bienestar del país.” En décadas
subsecuentes, el Zuid-Afrikaan propuso esta identidad como abarcativa tanto de quienes
hablaban holandés como inglés y que en el curso del tiempo remplazaría a las
identidades inglesa y holandesa de los pioneros. Este término y definición fue
encontrado aceptable por angloparlantes no chovinistas que propagandizaban la
amalgama de todos los grupos de colonos en orden a avanzar reclamos coloniales
políticos y económicos sobre Gran Bretaña. Dependiendo de la estrategia política, los
políticos lo utilizaban tanto en un sentido exclusivo como inclusivo. Algunos
imperialistas británicos se apropiaron de él, pero otros lo rechazaron porque, en
palabras del Cape Times, “El nombre era aplicado originariamente a la progenie mestiza
de los esclavos, e incluso en una palabra la marca de la esclavitud es detestable”. De
hecho una lista oficial de prostitutas de Ciudad del Cabo, realizada en 1868, estaba
encabezada por “africanders” significando gente de ascendencia mixta.

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Aparte del término ambiguo “afrikaner” o “afrikander”, también existe la noción de un
pueblo “boer”. Los afrikaners holandeses reconocían generalmente que eran de
descendencia boer, pero usualmente eran los granjeros pastoriles del interior quienes se
aplicaban ese término. Finalmente, estaba el término “holandeses del Cabo”, pero se
trataba de una descripción inglesa más que de un concepto auto asumido. Los
angloparlantes tendían a distinguir entre los holandeses del Cabo o del interior mejor
educados y más “civilizados” y el pueblo boer al que consideraban ignorante, iletrado y
casi más allá de los límites.
Aunque los afrikaners holandeses poseían hacia 1850 algunos rasgos culturales
comunes en la forma de patrones de matrimonio generalmente endógamo, membresía a
las iglesias holandesa reformada o luterana, u una lengua común (o variantes de ella),
era difícil encontrar algún sentido de autoconciencia de unidad étnica entre ellos. De
hecho, desde la década de 1850 las divisiones existentes hasta entonces dentro del
grupo comenzaron a intensificarse lo que haría una tarea extremadamente difícil
ponerlos juntos en una coalición para propósitos políticos.
Durante la segunda mitad del siglo XIX dos fuerzas interconectadas impulsaron el
desarrollo del tal conciencia étnica. Primero, estaba la integración acelerada de toda la
región de África del sur en el capitalismo occidental, y particularmente británico.
Segundo, el imperio informal operado por Gran Bretaña en la región forzaba el
desarrollo de la conciencia étnica afrikaner. En Sudáfrica, a diferencia de Australia o
Canadá, Gran Bretaña no podía contar con el peso del parentesco racial para mantener a
los colonos ligados estrechamente a la metrópolis. Cuando la Colonia del Cabo recibió
el Gobierno Representativo en 1853 menos de la cuarta parte de los blancos que la
habitaban eran británicos. En el Transvaal y el Estado Libre de Orange, que se
convirtieron en repúblicas independientes en 1852 y 1854 respectivamente, había
solamente un pequeño número de comerciantes británicos, profesionales y buscadores
de oro. Consecuentemente Gran Bretaña utilizó las estratagemas del imperio informal y
el control económico para prevenir que estos estados se movieran fuera de la órbita
imperial. Por parte de los Voortrekkers fue precisado un compromiso de sostener el libre
comercio y aceptar el control británico sobre los puertos costeros de los que dependían
para suministros esenciales. Los británicos podían así relajar el control político formal
sobre los dos estados voortrekker asegurados de que su dependencia económica
permitiría lograr el mismo propósito.
El capitalismo mercantil británico pronto asumió una posición dominante en todos los
estados sudafricanos. Desde las casas mercantiles con base en la Colonia del Cabo y, en
menor medida, en Natal, enviaba un abastecimiento constante de artículos
indispensables tales como carretas, armas de fuego, pólvora y plomo. Los últimos eran
necesarios para la defensa y también para la caza, una actividad importante en la
economía fronteriza. Las bajas densidades de población allí, con sólo 15 o 20.000
blancos en cada república, carencia de capital y débiles vías de comunicación
aseguraban que difícilmente se desarrollara alguna industria antes de 1875, en tanto la
transición desde la subsistencia a la agricultura comercial estaba ocurriendo a un paso
extremadamente lento. El Estado Libre estuvo por lo tanto muy pronto
desesperadamente endeudado con acreedores externos.
El imperialismo cultural británico que iba mano a mano con el imperio informal
promovía la constricción al desarrollo de una conciencia étnica explícita. Los pueblos
del Estado Libre y el Transvaal, donde podía esperarse que comenzaran movimientos

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étnicos, estaban dominados por comerciantes ingleses o judíos que eran hostiles o
indiferentes a los nacionalismos locales y que promovían la cultura inglesa. En
Transvaal establecieron escuelas privadas que tenían tantos alumnos como las escuelas
públicas. Ávidos por dominar el lenguaje del comercio, los niños afrikaners holandeses
también preferían ir a la sección inglesa de las escuelas medias establecidas por el
estado. A causa de la gran disponibilidad de maestros anglófonos, cuatro de las ocho
escuelas sostenidas por el estado en Transvaal utilizaban sólo inglés en 1876. En el
Estado Libre la realidad del capitalismo mercantil y el imperialismo cultural frustraron
igualmente el desarrollo de una vida política y cultural afrikaner-holandesa autónoma.
Mientras el inglés era aceptado como la lengua del comercio y el discurso intelectual en
el pueblo, también penetraba las áreas rurales. Los granjeros más ricos usualmente
fundaban escuelas rurales, y muy frecuentemente elegían el inglés como el medio de
instrucción. Finalmente, virtualmente todos los maestros y empleados civiles venían o
de Holanda o de la Colonia del Cabo. Un miembro del Volksraad remarcó en 1873:
“Somos dependientes de extranjeros y estamos todavía gobernados por extranjeros.”
Otros firmes obstáculos al desarrollo de una conciencia étnica eran los conflictos de
clase internos en la sociedad afrikaner-holandesa, las estructuras de poder
descentralizadas, las rivalidades regionales. El poder tanto en el Estado Libre como en
el Transvaal estaba efectivamente en manos de grandes propietarios de tierra, a veces
denominados patriarcas, que establecieron relaciones patrón-cliente con sus
dependientes familiares y asalariados, y también con afrikaners sin tierras o bywoners.
La relación boer-bywoner, y el espíritu de paternalismo que la imbuía, estaba llena de
tendencias contradictorias. En un sentido amplio los blancos más pobres podían
participar en el proceso político y reclamar igualdad con los ricos, pero en las granjas
los bywoners pronto se convirtieron en sirvientes de los patriarcas. Además, los field-
cornets, que asignaban la tierra a los recién llegados, distribuían el trabajo africano entre
los granjeros individuales y resolvían las disputas laborales, en tanto eran electos por
todos los ciudadanos de una división en particular, invariablemente salían de los rangos
de, y estaban comprometidos con, los grandes terratenientes. Aunque hubo excepciones,
los field-cornets generalmente favorecieron a los granjeros más grandes en la
realización de sus tareas y esto trabajó en contra de un sentido de solidaridad étnica.
Además, hay evidencia que el servicio de commando, que todo ciudadano se esperaba
que cumpliera en el Transvaal y el Estado Libre, tendía a recaer únicamente sobre los
pobres. Esto era debido a la práctica que permitía a un hombre que había sido llamado a
servicio enviar a algún otro en su lugar. Muchos granjeros ricos se abstenían del
commando, enviando bywoners u otros blancos pobres como sustitutos. Una carta de
lector en un periódico del Estado Libre distinguía entre los meer gogoede (de buen
pasar) y los minder gegoede (poco buen pasar) en los commandos, y este lector era
respaldado por otro que señalaba categóricamente que la guerra contra los sotho entre
1866 y 1868 fue llevada adelante principalmente por ciudadanos pobres y sus hijos. En
Transvaal la situación era la mismo. A fines del siglo XIX, esta división dio lugar a un
serio conflicto de clases. De los aproximadamente 5.000 “enganchados” –hombres que
apoyaron a los británicos en la Guerra Anglo-Boer de 1899- la inmensa mayoría eran
bywoners, algunos de los cuales estaban amargamente descontentos a causa de que en
las décadas anteriores habían tenido que ir al commando sin ninguna paga para defender
la propiedad de terratenientes en un momento en que sus propias familias estaban en la
miseria. Ellos claramente esperaban que los británicos les ofrecieran un trato mejor
como recompensa por su colaboración.

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En lugar del crecimiento de una conciencia étnica unificada, el extremo individualismo,
el autoengrandecimiento, e incluso la anarquía prevalecieron en los primeros años del
Transvaal y el Estado Libre. Los field-cornets frecuentemente manifestaban un gran
desdén por Pretoria y su representante en el distrito, el landdrost (magistrado). El
landdrost A.F. du Toit una vez remarcó que los field-cornets actuaban como si fueran
los “Emperadores del estado”. Ellos se identificaban primeramente con su división,
luego con su región, y solo en un sentido nominal con el estado o el grupo étnico. El
regionalismo era una fuerza poderosa en los años 1850-80. Durante fines de los 50 e
inicios de los 60 tres facciones regionales –basadas en Lydenburg, Zoutpansberg y
Potchefstroom- trataron de establecer sus propias soberanías separadas y en una ocasión
chocaron en escaramuzas militares.
Para fines de la década de 1860 las disputas regionales se habían retraído, pero el estado
permanecía débil y las particularidades religiosas acompañaban a las divisiones
políticas. La Iglesia Reformada Holandesa (Hervormdes), establecida en 1853, era la
iglesia estatal con una posición privilegiada. Las disputas acerca del canto de los
himnos condujeron al establecimiento en 1859 de la fundamentalista Iglesia Reformada
(conocida comúnmente como la Iglesia Dopper). Para la década de 1870 los doppers,
entre ellos Paul Kruger, habían sido reconocidos como un grupo imbuido de una aguda
conciencia étnica, fuertemente antibritánica, y dedicada al desarrollar una particular
vida política, económica y social de acuerdo a sus propios criterios. En tercer lugar,
estaba una segunda Iglesia Reformada Holandesa (Nederfuits Gereformeerde) que
inicialmente era pequeña pero que para 1870 había crecido a diez congregaciones.
Inicialmente era más ortodoxa en su doctrina que la Hervormbes, pero políticamente
estaba a favor de lazos estrechos con la Colonia del Cabo y algunos de sus ministros
promovían la influencia cultural inglesa estableciendo seminarios de lengua inglesa. El
conflicto armado civil de fines de los 50 e inicios de los 60 tuvo una dimensión
religiosa definida en la que las facciones contendientes estaban divididas a los largo de
líneas religiosas que explotaban sus diferencias religiosas para ventaja política.
En el Estado Libre de Orange las perspectivas para la construcción del estado y el
desarrollo de una conciencia de comunidad no eran apreciablemente mejores que en
Transvaal. El estado era aún más dependiente del capital mercantil británico. Los líderes
del Estado Libre en sus primeras décadas frecuentemente desesperaron por salvar al
estado y a su pueblo. En 1858, por ejemplo, el presidente Boshof dijo que era dudoso
que pudiera sostenerse porque los “sentimientos patrióticos” no eran todavía lo
suficientemente generales y fuertes, y fue instruido por el Volksraad para negociar con
la Colonia del Cabo para formar una federación. Militarmente débil, enfrentaba a un
enemigo formidable en el flanco este, donde los sotho resistían la expansión blanca. La
guerra del Estado Libre contra Moshoeshoe lo hundió más profundamente en la crisis, y
su misma supervivencia se volvió dudosa.
Finalmente, sin embargo, esta guerra fue crucial en la forja de un sentido más fuerte de
identidad nacional. La guerra, como remarca Anthony Smith, estimuló un sentido de
comunidad y territorio y también quizá ayudó a concentrar en el centro la coerción
física mediante la subordinación del estatus y poder de los líderes regionales. Además,
la propaganda de guerra fortalecía un sentido de identidad nacional. Aunque el Estado
Libre no tenía una élite intelectual propia, los extranjeros actuaron como los
articuladores de sentimientos nacionales. Como editor de uno de los primeros
periódicos, De Tijd, un inmigrante holandés, H.A.L. Hamelberg, se impuso la tarea de
“cultivar una verdadera atmósfera ciudadana” componiendo una canción folclórica que

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pronto se convirtió en el himno nacional de la república, cantado por los ciudadanos en
commando. Luego de la guerra el Volksraad le agradeció por sus esfuerzos “para
cultivar un espíritu de nacionalismo en nuestra mente.
Aunque el gobierno británico en la Colonia del Cabo había eliminado la temprana
anarquía fronteriza, los patriarcas en general y los field-cornets específicamente todavía
conservaban un poder local considerable en grandes sectores de la Colonia así como en
las repúblicas. La introducción en 1853 del gobierno representativo en el Cabo produjo
el reemplazo de la vieja coalición gobernante integrada por altos funcionarios, unos
pocos grandes propietarios y grandes comerciantes. En su lugar llegó una clase media
comercial –los ganaderos de ovejas en expansión, los despenseros de aldea y artesanos,
tenedores de libros, abogados, editores de periódicos y profesionales que se dedicaban a
negocios locales. Ciertamente, los anglófonos dominaban casi completamente el mundo
del comercio. La vida comercial en Sudáfrica descansaba en una estructura de crédito
mercantil que se extendía desde Londres hasta sus remotos pueblos rurales.
Estrechamente asociadas con socios y contrapartes en Gran Bretaña y Europa, las casas
mercantiles del Cabo extendían crédito en gran escala a productores de lana que eran su
clientes en la región este del Cabo, Transvaal y el Estado Libre. Basado en este
comercio de lana, Port Elizabeth, con unas 30 casas mercantiles, era el centro del
mundo comercial de Sudáfrica, habiendo exportado más del doble que Ciudad del Cabo
en 1870.
Sin embargo, aparte de algunas tensiones localizadas entre británicos afrikaners-
holandeses centradas en Grahamstown y Graaff-Reinet, había poca rivalidad étnica en
la Colonia del Cabo. Los afrikaners-holandeses no amenazaban la preponderancia
comercial británica mientras los anglófonos, excepto en el este del Cabo, dejaban los
trabajos de granja a los afrikaners-holandeses. Los denominados boers en sus granjas
aisladas odiaban pasivamente el gobierno y el imperialismo cultural británico, pero los
holandeses del Cabo en los pueblos del interior, actuando como agentes políticos y
económicos, jugaban una función moderadora importante. Ni los boers ni los
holandeses del Cabo resistían el rol inglés dominante en la política. A pesar de que los
afrikaners-holandeses eran más del 70 por ciento de la población blanca del Cabo, la
proporción de representantes afrikaners-holandeses en el parlamento fue del 32 a solo el
36 por ciento entre 1860 y 1870. En el nivel electoral reinaba gran apatía. En 1869 un
activista político encontró que nueve décimos de los granjeros jóvenes por debajo de la
edad de 26 en su área no se habían tomado el trabajo de registrarse como votantes. Jan
Hofmeyr, que fundó el primer grupo de interés político, señaló sobre este período que
“los holandeses son muy apáticos en relación a sus privilegios políticos. Aún si se
registraban y votaban, lo hacían simplemente por su despensero o agente inglés, o por
alguno recomendado por ellos”.
La política parlamentaria era jugada en gran medida dentro de relaciones patrón-cliente
manipulada por los comerciantes, los grandes terratenientes, y los influyentes
holandeses del Cabo. Ellos enfrentaban poca oposición. Muchos de los candidatos no
eran ni siquiera cuestionados, con cerca de la mitad electos sin oposición, por ejemplo,
en la elección de 1869. Donde había una real oposición, usualmente se trataba de un
pequeño número de hombres con sus conexiones familiares, colegas y amigos que
movilizaban una mayoría. No había voto secreto y los hombres de influencia esperaban
que sus arrendatarios, clientes, deudores, y otros dependientes votaran por ellos y tenían
medios para asegurarse que así fuera. Con su posición prominente como intermediarios
financieros en los pueblos, los holandeses del Cabo estaban situados estratégicamente

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para controlar el voto de los boers ricos en las circunscripciones rurales y distribuir
escaños a los comerciantes que estaban, como grupo, supra-representados en el
Parlamento. La misma relación patrón-cliente operaba con respecto a las carreras en el
servicio civil, la entrada al mismo estaba regulada en muchos casos por la influencia de
parientes o patrones más que por cualquier sistema de mérito y calificaciones.
La causa para esta carencia de interés político de los granjeros afrikaner-holandeses es
simple: el parlamento de la colonia difícilmente tocaba sus vidas cotidianas. Tenía una
capacidad impositiva limitada, y su principal tópico de discusión era el déficit
presupuestario y la necesidad de economizar. Había poco lugar para políticas étnicas en
el estado colonial durante las décadas de 1850, 60 e inicios de la del 70. La clase más
rica de granjeros afrikaner-holandeses en el este del Cabo no tenían serias diferencias
con la conexión británica y con la dominación política anglófona del Cabo. Ellos
aceptaban incuestionablemente la necesidad de protección militar británica de la
colonia. Ellos esperaban siempre que Gran Bretaña garantizara nuevamente tarifas
preferenciales sobre las exportaciones del Cabo, enlistando fácilmente aliados ingleses
en su campaña por tarifas proteccionistas contra el vino y otros productos importados.
Su principal vocero, el Zuid-Afrikaan, publicó en 1857 que la colonia estaba
presenciando “la amalgama gradual de las nacionalidades holandesa e inglesa que, sin
embargo, tomará muchos años”. Mientras tanto los colonos debían promover los
muchos intereses que tenían en común, y “cuanto menos hablemos de nacionalidad,
mejor.”
Tempranos estímulos a la conciencia étnica afrikaner
Sin embargo, se volvió cada vez más difícil mantener tal postura flemática. Desde la
década de 1850 en adelante, los afrikaner-holandeses del Cabo enfrentaron un doble
asalto sobre sus valores culturales y espirituales en las formas de la así llamada
“tendencia liberal” y el imperialismo cultural británico intensificado. Surgiendo del
iluminismo europeo del siglo XVIII, pero tomando fuerza sustancial en el Cabo recién
en la década de 1850, la tendencia liberal sostenía la autonomía personal, la
autosuficiencia personal y la soberanía personal. Considerándose la antítesis del
absolutismo, defendía la democracia y la separación de la iglesia y el estado. Enfrentaba
la autoridad de las escrituras, la profesión de fe y los cuerpos eclesiásticos dominantes.
Desde la década de 1860 algunos ministros jóvenes de la Iglesia Reformada Holandesa
en el Cabo comenzaron a predicar una teología liberal que cuestionaba algunos de los
principios fundamentales de la profesión de fe. Dos fueron depuestos en 1864 bajo
cargos de enseñanza heterodoxa pero restaurados por cortes seculares. En 1865 la
tendencia liberal logró un mayor avance cuando la instrucción en la religión cristiana
fue prohibida en las escuelas estatales que entonces se convirtieron en totalmente
seculares. En 1875 fue efectuada una separación final entre la iglesia y el estado con el
triunfo del principio de voluntarismo hacia la religión. Esto finalizó con el sostén
financiero del estado hacia la Iglesia Reformada Holandesa que a mediados del siglo
XIX recibía unas 7000 libras anuales para pago de salarios. El resultado fue que cada
fiel tenía que asumir la entera responsabilidad por proveer la remuneración de su
ministro.
Aún más ominoso fue el creciente desafío del imperialismo cultural británico. Para
proteger sus intereses estratégicos y comerciales en la Colonia del Cabo, pareció vital a
Gran Bretaña reformar a sus colonos blancos de acuerdo a su propia imagen. Los
afrikaner-holandeses eran, para usar los términos de Robinson, “los colaboradores

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ideales prefabricados” para asegurar la influencia y el poder británicos. Aunque un
número muy grande de afrikaner-holandeses estaban todavía en el sector de subsistencia
y tenían poco o ningún conocimiento del inglés, el gobierno abolió en 1865 el holandés
como un medio de instrucción en las escuelas gubernamentales e impuso el inglés como
el único medio. Esta decisión partió de una recomendación de una comisión de siete
miembros, tres de los cuales tenían nombres holandeses. Ellos pertenecían al
relativamente pequeño número de anglo-afrikaners de Ciudad del Cabo que querían que
el inglés se convirtiera en el único idioma oficial y que la colonia asumiera una
identidad inglesa. Para la década de 1860 parecía como si su deseo se estuviera
convirtiendo en realidad –ciertamente en lo que concernía a Ciudad del Cabo y sus
vecindades inmediatas. Varios observadores reportaron que la juventud afrikaner-
holandesa de esta área estaba siendo separada de su idioma y costumbres. Con un buen
dominio de inglés como prerrequisito para una carrera en el servicio civil, la ley y el
comercio, había fuerzas poderosas trabajando a favor de una mayor anglización. Aún la
congregación más prestigiosa de la Iglesia Reformada Holandesa, la “Iglesia Madre” de
Ciudad del Cabo, asentía a la demanda por servicios en inglés en la Groote Kerk
algunas tardes. La Iglesia Madre fue precedida o seguida en su ejemplo por varias
congregaciones rurales. En efecto, esto legitimaba la posición de los anglo-afrikaners.
Nadie observó esta evolución con mayor preocupación que el reverendo G.W.A. van
der Lingen de Paarl. Van der Lingen comprendió que lo que estaba ocurriendo en el
Cabo era una batalla ideológica vital entre, por una parte, el estado y la tendencia
liberal, los que enfatizaban el racionalismo y el secularismo, y, por la otra, la autoridad
de la religión y el clero. Si ellos perdían la batalla, la iglesia y sus ministros se
encontrarían perdiendo rápidamente el control sobre sus miembros y se enfrentarían con
un apoyo y estatus en declive. Anthony Smith ha observado agudamente que en tales
situaciones estos neotradicionalistas no sólo defienden fuertemente los valores y el
dogma tradicional sino que también tratan de utilizar medios políticos para revivir la
herencia religiosa, la fe y la autoridad. Lo que hacen, en resumen, es convertir a sus
congregaciones religiosas en comunidades étnicas, como ocurrió con los judíos.
Luego de sus estudios en Holanda, Van der Lingen se convirtió en una fuerza motriz
entre aquellos que rechazaban la convocatoria hacia la libertad, civilización, iluminismo
y progreso. También estuvo en el frente de la lucha contra la teología liberal en la
Iglesia Holandesa Reformada. Profundamente preocupado por el rápido avance de la
cultura inglesa y las influencias extrañas de las escuelas estatales, Van der Lingen
estableció escuelas bajo los auspicios del consejo de iglesias que daba un lugar
prominente a la enseñanza del holandés y a la instrucción religiosa. Pero parecía estar
luchando una batalla perdida y su influencia no se extendió mucho más allá de Paarl y
Stellenbosch donde sirvió como presidente del consejo del Seminario Teológico. Aún en
el seminario había una tendencia hacia la anglicización.
Hacia 1870 el mundo tradicional afrikaner-holandés de agricultura de subsistencia y la
influencia de los líderes patriarcales locales o regionales estaba llegando lentamente a
su fin. Con el advenimiento de la producción agrícola comercial, la creciente
dependencia del crédito, el desarrollo de una infraestructura de caminos y mercados,
apareció una nueva clase de políticos. Asumían formas distintas en las dos repúblicas
del norte por una parte y en la Colonia del Cabo por la otra. En el Estado Libre de
Orange y en Transvaal se comenzó la movilización en torno al estado la que, con el
tiempo, se convirtió en la base de los nacionalismos locales. En la Colonia del Cabo los
afrikaner-holandeses comenzaron a articular sentimientos étnicos y comenzaron a

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explorar estrategias políticas basadas en la movilización étnica. Por esto me parece que
una ligazón emocional a un grupo afrikaner-holandés como grupo cultural con creencias
compartidas acerca de la historia y descendencia comenzó a ser canalizado en un
movimiento que hizo reclamos políticos en beneficio de este grupo. Inicialmente fue un
tipo amorfo de conciencia étnica, muy diferente del movimiento étnico radical afrikaner
de las décadas de 1930 y 40 que insistiría en la supremacía política y definiría el grupo
exclusivamente en términos de una ideología étnica elaborada.
En el contexto en el que ocurrió tal movilización en torno al estado y el consecuente
nacionalismo local en el Estado Libre de Orange fue abastecida, primeramente por la
respuesta a la anexión británica de Basutolandia (1868) y los campos diamantíferos
(1871), sobre los que la joven república había expresado fuertes reclamos, y, en
segundo lugar, por el desarrollo económico acelerado que hizo que fueran accesibles al
estado recursos mucho mayores. La anexión de los campos diamantíferos hizo sentir a
los ciudadanos que habían sido maltratados como grupo étnico por los británicos y por
los anglófonos, que los habían considerado como “los otros”. Pero igual de importante
fue la creciente prosperidad traída por el descubrimiento de diamantes y el surgimiento
de un mercado en Kimberley, un pueblo que en torno a 1871 tenía una población de más
de 40.000 blancos y 20.000 africanos. Esta prosperidad, que se difundió en el Estado
Libre, capacitó a la república en lucha para desarrollar sus instituciones e
infraestructura. Fue capaz de librar los fondos para comisionar a un holandés, H.J.
Hofstede, para escribir una historia del Estado Libre. Este libro trataba de alentar y
“fortalecer los sentimientos nacionales”, relatando los “testimonios y tribulaciones” de
los padres fundadores y los numerosos agravios de los afrikaners. Esto no era tanto “el
producto del despertar de un sentimiento nacional” como un intento deliberado del
gobierno de cultivar tales sentimientos para bien de la construcción del estado. Sin
embargo, estos esfuerzos encontraron considerables obstáculos. En el Volksraad los
comerciantes y profesionales ligados estrechamente al capital mercantil británico
estaban bien representados. Mientras fue presidente Brand (1864-88), pudo promover
una conciencia bicultural en la que el inglés era predominante como el lenguaje del
comercio y el discurso intelectual.
Sin embargo, con muchos ciudadanos en condición de deudores, los sentimientos tanto
étnicos como locales podían alimentarse desde los primeros días de la república de un
anti-imperialismo financiero que expresaba un fuerte resentimiento contra el principal
acreedor, el Standard Bank. El banco enviaba grandes dividendos al exterior y fue
acusado de cobrar tasas de interés excesivas. Contra él se alzó un banco local, el
Bloemfontein Bank, que tenía como socios a varios miembros del Volksraad. No tenían
dudas en difundir la noticia de que el avaricioso banco extranjero conduciría a los
ciudadanos del Estado Libre al río Vaal o al mar. En 1865 el Volksraad expulsó de la
república al Standard Bank y en 1882 rechazó la petición del banco de ser readmitido.
En un informe a Londres el gerente general se quejaba de que “mientras el
presidente...es amigable, no podemos esperar que ejerza su poder en nuestro favor y el
[Volksraad] es al presente extremadamente anti-inglés.”
En Transvaal el desarrollo de un nacionalismo local estaba menos adelantado que en el
Estado Libre. La agricultura de subsistencia unida solo en forma tenue al mercado
continuaba fortaleciendo redes de relaciones patrón-cliente, y el individualismo extremo
era muy escasamente afectado por los efectos integradores del comercio. La influencia
de líderes locales era demasiado fuerte y los intereses de las regiones demasiado difusos
para que se desarrollara cualquier cohesión nacional. El reverendo F. Lion Cachet,

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cabeza de una de las tres iglesias reformadas de Transvaal, correctamente remarcó en
1872 que los ciudadanos de Transvaal estaban tan divididos “que parecen ser cuatro o
cinco naciones en lugar de una.”
Irónicamente, fue bajo T.F. Burgers, presidente desde 1872 a 1877, que ocurrió el mayor
faccionalismo y desintegración. Más que cualquier otro líder afrikaner-holandés de esa
época él abogaba por la unidad de todos “los afrikaners de nacimiento o adopción” a lo
largo de las fronteras políticas de Sudáfrica, la enseñanza de una historia nacional para
contrarrestar la hegemonía cultural inglesa, y el desarrollo de una línea férrea a Delagoa
Bay para disminuir su dependencia de la Colonia del Cabo. Aunque mientras Burgers
propagandizaba estas ideas, el estado era endeudado fuertemente a bancos extranjeros,
particularmente el Cape Commercial Bank, que garantizó bajas tasas de interés para
obtener un apoyo político en el estado. Los ciudadanos parroquiales de Transvaal tenían
poco entusiasmo por permitir a los afrikaner-holandeses del Cabo una competencia
abierta por los trabajos en Transvaal y rehusaron pagar impuestos crecientes para
construir un ferrocarril y llevar adelante una guerra contra los africanos. Para la época
en que el agente británico Theophilus Shepstone, arribó a Transvaal para anexar el
estado (1877), éste estaba en bancarrota y paralizado políticamente por las entre las
facciones de Kruger y Burgers.
En la Colonia del Cabo la autoconciencia política también comenzó a desarrollarse.
Esto ocurrió en el contexto de, primero, la rápida expansión económica subsecuente a la
apertura de los campos diamantíferos en 1869; segundo, la introducción en 1872 del
Gobierno Responsable que creó un nuevo escenario para las contiendas políticas; y,
tercero, la preocupación creciente, articulada por intelectuales y profesionales, acerca de
la gran crisis cultural y económica en que se encontraban gran parte de los afrikaner-
holandeses.
Incluso antes del desarrollo económico acelerado que comenzó en torno a 1870, había
habido una mejora considerable en las comunicaciones. El correo de Ciudad del Cabo
fue extendido al resto de la colonia en la década de 1860, los cables telegráficos fueron
extendidos hacia el este y el norte más allá de las fronteras de la colonia, y proliferaban
los periódicos. En 1871 había unos 34 periódicos en la colonia de los cuales 24 eran de
fuera de Ciudad del Cabo. La mayoría de ellos aparecían dos veces por semana con
páginas tanto en inglés como en holandés. En tanto estas innovaciones ligaban a los
afrikaner-holandeses más estrechamente, esto era contrabalanceado por el hecho de que
más del 90 por ciento de ellos todavía vivían en el campo, la mayoría en granjas muy
dispersas.
El impulso económico que le dieron a la colonia los campos diamantíferos no destruyó
inmediatamente el aislamiento de la agricultura de subsistencia. Sin embargo, hizo a los
granjeros en particular los afrikaners-holandeses en general mucho más atentos a las
nuevas oportunidades, las restricciones existentes, y la naturaleza abrupta del
crecimiento económico. Los dos brazos más importantes de la agricultura en que
estaban comprometidos los afrikaner-holandeses se beneficiaron poco del boom
diamantífero. La producción de vino, la actividad económica más importante en la
región y dominada casi exclusivamente por afrikaner-holandeses, enfrentó tiempos
extremadamente difíciles. Un período de crecimiento y prosperidad había finalizado en
1861 cuando la tarifa preferencial británica sobre los vinos del Cabo fue abolida. Las
exportaciones totales de vino bajaron de 319.146 galones en 1863 a 57.962 en 1875.
Los excedentes de vino se incrementaron anualmente, los precios bajaron, y para 1878

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la posición económica de los viñateros provocaba profundo pesimismo. Los productores
de lana también ganaron poco de la apertura de los campos diamantíferos. El valor de
las exportaciones de lana había llegado a un pico de más de 3.000.000 de libras a inicios
de la década de 1870, pero para 1885 había bajado a menos de la mitad de tal valor.
Los afrikaner-holandeses se dirigieron lentamente hacia la industria, pero encontraron
difícil competir con los anglófonos más entrenados. Durante las décadas de 1879 y 80 la
mayoría de las destilerías de vino establecidas por los afrikaner-holandeses en la región
rural del oeste del Cabo fueron a la quiebra. Los afrikaner-holandeses también entraron
en número considerable dentro del mundo de la especulación financiera y de
propiedades abierta en Sudáfrica en las décadas de 1860 y 70, entrando en competencia
con los intereses británicos. El monopolio bancario estatal había terminado a mediados
del siglo XIX, y en su lugar vinieron bancos de distrito, de los cuales había 29 para
1862. Los afrikaner-holandeses invirtieron mucho en estos bancos y algunos se
convirtieron en directores. A inicio de la década de 1860, sin embargo, fuertes bancos
con base en Londres abrieron sucursales en Sudáfrica. Pronto hubo un exceso de capital
para pocas oportunidades de inversión. Muchos de los bancos de distrito fueron a la
quiebra como resultado de embargos y sobre-especulación, y para 1882 habían quedado
solo ocho. En contraste los dividendos del Standard Bank aumentaron aceleradamente
desde 1865 a 1881, siendo la mayoría de ellos distribuidos en ultramar.
También encontraron severas barreras los afrikaner-holandeses que pretendieron entrar
en el gobierno local y central que para 1875 empleaba unas 4.500 personas en la
colonia. Cada candidato tenía que hablar inglés fluidamente, la única lengua oficial, y el
sistema informal de patronato estaba dominado por anglófonos que monopolizaban
virtualmente los principales puestos. Contra este retraso económico general, los
afrikaner-holandeses comenzaron a agitarse en pos de políticas proteccionistas para
ayudar a los granjeros, un banco nacional para contrarrestar a los bancos imperiales, y
un estatuto de igualdad para la lengua holandesa. En general, los anglófonos, con su
base en el comercio y la industria y que mayormente hablaban una sola lengua, se
opusieron a estas demandas.
La introducción del Gobierno Responsable en 1872 también estimuló la movilización
étnica en tanto creo un escenario en el cual podían tener lugar disputas efectivas por el
patronato y protección estatal. Mientras hubo poco para disputar en las décadas de 1850
y 60, los recursos y capacidades del estado estaban expandiéndose rápidamente en la de
1870. Entre 1854 y 1874 el valor de las exportaciones (incluyendo diamantes) se
incrementó ocho veces, el de las importaciones tres veces, y el de los impuestos cinco
veces. Mientras el gobierno previamente había estado ocupado en mantener bajos los
gastos, su principal preocupación en las décadas de 1870 y 80 era asegurar el crédito
para desarrollar los campos diamantíferos, construir ferrocarriles y otras obras públicas,
y procurar fuerza de trabajo de los territorios del Transkei. El gobierno del Cabo trabajó
duramente para mantener una corriente de crédito, especialmente desde Londres. Ganar
acceso a ese crédito y beneficiarse del patronato y subsidio estatal era vitalmente
importante para las fortunas de los terratenientes, granjeros comerciales, negociantes
locales, intermediarios comerciales, y aquellos activos en el sector de importación-
exportación. Fue dentro de este marco que el líder afrikaner-holandés, Onze Jan
Hofmeyr, pudo proseguir su carrera.
El Gobierno Responsable también hizo posible una enmienda de la constitución del
Cabo. En la década de 1850 los líderes afrikaner-holandeses habían sostenido la

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franquicia baja, sin consideración al color, esperando que ella contrarrestara la
“desigualdad ficticia de riqueza” que existía en el Cabo. Durante la década de 1860 esta
esperanza dio lugar a la desilusión. Los votantes “coloured” [mestizos] y negros
sostenían a los mercaderes y comerciantes ingleses más que a los candidatos afrikaner-
holandeses que representaban a granjeros que generalmente pagaban bajos salarios a sus
trabajadores. Esto impulsó a los líderes afrikaner-holandeses a alejarse de la democracia
no-racial y optar crecientemente por políticas racistas. Luego de la introducción del
Gobierno Responsable, Hofmeyr y el Zuid-Afrikaan discutirán más y más la
constitución en términos de “Africaanderism” lo cual significaba una restricción a la
franquicia de los no-blancos y la promoción de los intereses agrícola-ganaderos.
La movilización política afrikaner-holandesa fue alentada por el declinar político de la
hegemonía mercantil y la estrategia integracionista de un liberalismo del Cabo que
estaba dirigido especialmente hacia los artesanos de color y los campesinos africanos
progresistas. Los comerciantes fueron incapaces de consolidar su propia posición de
clase mayormente a causa de un amargo conflicto entre las comunidades mercantiles de
Ciudad del Cabo y Port Elizabeth en torno a la extensión del ferrocarril y el
mejoramiento de las instalaciones portuarias. Ningún grupo de comerciantes trató de
establecer una base política regional mediante la atracción del apoyo de los granjeros y
profesionales. Además, con el ascenso de Kimberley y Witwatersrand, los comerciantes
del Cabo perdieron su parte en la principal fuente de la economía sudafricana. Su
dominación política e ideológica se retrajo a medida que los anglófonos del Cabo
ligaron sus fortunas a la industria minera del oro de Transvaal basada en la mano de
obra africana pagada con bajos salarios. Inevitablemente estos cambios debilitaron al
liberalismo del Cabo, que no estaba de acuerdo en la incorporación de mano de obra
africana barata en la economía. La ligazón se dirigió ahora claramente en dirección de
una franquicia restrictiva e intervención estatal para encontrarse con las necesidades de
trabajo de los granjeros, un cambio que era bienvenido por los políticos afrikaner-
holandeses.
Por supuesto no fue inevitable que un movimiento político afrikaner-holandés basado
en el despertar étnico emergiera en toda la colonia. Otra posibilidad era un partido de
granjeros, pero eso iba contra el antagonismo entre los granjeros y comerciantes
ingleses del este del Cabo y los económicamente menos avanzados granjeros afrikaner-
holandeses del este. Que emergiera un partido afrikaner concuerda con la observación
general de que en las sociedades donde los lazos étnicos y de clase tienden a coincidir,
los agitadores políticos usualmente establecen un grupo de seguidores mediante el
recurso a distinciones étnicas emotivas entre “nosotros” y “ellos”. Los principales
funcionarios ingleses sentían que el Gobierno Responsable podía significar el fin de la
ascendencia inglesa en el Cabo. El Procurador General escribió a Londres en 1871
diciendo que los boers, conformando la mayoría de la sección blanca en los padrones,
“desean retener África para sí mismos y someter a los intereses e instituciones
británicos.”
En la estructura de la política del Cabo, sin embargo, tales sentimientos tenían que ser
reforzados por la percepción de una cultura común viable antes de que pudiera ser
construida una plataforma política específicamente afrikaner-holandesa. Esto nos lleva a
la última dimensión del contexto en que una conciencia étnica políticamente orientada
se desarrolló, la aprehensión entre los profesionales afrikaner-holandeses de que una
gran parte de su grupo étnico se enfrentaba a una degeneración tanto étnica como
cultural.

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El desarrollo económico acelerado había ampliado mucho las separaciones de clase
dentro de la sociedad afrikaner-holandesa. En la cima estaban los grandes terratenientes
y granjeros comerciales y los holandeses del Cabo en las ciudades, quienes prosperaban
como agentes financieros y vendedores; luego venía un gran número de granjeros
medianos; y finalmente, en el fondo, estaban los pequeños granjeros y bywoners. Desde
la década de 1870 en adelante se empezó a formar una gran clase de pobres y
frecuentemente indigentes pequeños granjeros. Ellos no deseaban y eran incapaces de
hacer otra cosa que cultivar –casi una subclase que en términos de Marx se estaba
“descomponiendo pasivamente”. Algunos de los más desesperados de estos pequeños
granjeros comenzaron a emigrar a los pueblos donde encontraban empleo casual, pero
otros recurrían a la vagancia, la mendicidad y el crimen. En los pueblos de toda
Sudáfrica, blancos y negros estaban trabajando y viviendo juntos y, en número pequeño
pero creciente, durmiendo juntos.
Esta crisis económica fue acompañada por una grave crisis cultural. En su cima, la
sociedad afrikaner-holandesa estaba perdiendo algunas de sus mentes más brillantes por
medio de un proceso gradual de anglicización. En su base estaba la aún mayor amenaza
de grandes números de pobres siendo proletarizados. La crisis cultural surgió de la crisis
económica que enfrentaban los granjeros pobres. En el este del Cabo muchos grajeros
afrikaners no podían afrontar el mandar a sus hijos a la escuela debido a la necesidad
que tenían de su trabajo. Algunos granjeros boers en 1875 incluso demandaron un
subsidio por cada niño que mandaban a la escuela para compensar la pérdida de poder
de trabajo que significaba la escolarización. El resultado fue el analfabetismo infantil de
proporciones alarmantes. En el censo de 1875 se estimaba que solo el 43 por ciento de
los niños entre las edades de cinco y quince años en la Colonia del Cabo podían leer y
escribir, y para los afrikaner-holandeses debe haber sido todavía menos, asumiendo que
los anglófonos probablemente llegaban al nivel de sus contrapartes de Victoria y Nueva
Zelanda, donde era del 60 por ciento. Era cierto que casi todos luego de los quince años
aprendían a leer y escribir, pero el nivel de estas habilidades era en la mayoría de los
casos extremadamente rudimentario. Era generalmente conocido que una gran parte de
los boers nunca leían ningún libro aparte de la Biblia.
Para la década de 1870 esta degeneración cultural estaba alarmando a los funcionarios
del gobierno. En 1873 aparecieron una serie de artículos anónimos en el Cape Monthly
Magazine, obviamente el trabajo de una persona bien informada: “Preguntaría a los
ministros de religión, los promotores de la educación, y los gobernantes responsables de
la Colonia, si están satisfechos con las cosas tal como son –si comprenden la situación
de los niños de habla holandesa, ascendencia europea creciendo con menos cuidado
conferido sobre ellos que sobre las bestias del campo –sin la capacidad de leer o escribir
ni siquiera en su lengua materna sino un vocabulario limitado de palabras mitad
holandesas, mitad hotentotes, y éstas solo concernientes a las necesidades u obras
propias o de los animales que atienden.” El autor enviaba un condena total a los
“ministros pagados por el estado” que no estaban preocupados por esta situación y cuya
única actividad visible era un sermón del domingo en la iglesia de la aldea. Advertía
que si no se encontraba remedio podía desarrollarse una clase criminal.
En 1867 fueron descubiertos los campos diamantíferos, comenzando un período de
transformación económica de Sudáfrica. La industrialización acelerada de Sudáfrica
subsiguiente a los descubrimientos de minerales no transformó inmediatamente las
concepciones de la gente. Invariablemente, las memorias colectivas persisten en formas
institucionales cuando las condiciones sociales que originariamente les dieron lugar se

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han evaporado. En tanto permanecían ligados a la tierra, los afrikaners mantenían una
lealtad primaria a su iglesia y fe y a lo regional y otros subgrupos más que al estado o a
una cultura invasora. Sin embargo, un lento movimiento hacia la identificación étnica
comenzó, inicialmente llevado adelante por agentes culturales étnicos y luego
estimulado por eventos políticos catalizadores, produciendo finalmente expresiones
concretas de una conciencia étnica políticamente articulada. En el este del Cabo unos
pocos clérigos y maestros trataron enfrentar la crisis cultural del semi-alfabetismo u
analfabetismo de los afrikaner-holandeses; en la misma región los viñateros se
movilizaron contra un impuesto que afectaba a su industria; y en Transvaal los granjeros
cercanos a un nivel de subsistencia se alzaron contra la anexión británica de su estado.
Los agentes culturales del este del Cabo durante la década de 1870
Fue en el área de Paarl-Wellington se hicieron los primeros intentos conscientes para
desarrollar una ideología étnica específica para los afrikaner-holandeses. El rol principal
fue de dos maestros de escuela holandeses, A. Pannevis y C.P. Hoogenhout, que se
habían instalado en el área en la década de 1860, y como ministro de la Iglesia
Holandesa Reformada, S.J. du Toit, el hijo de un viñatero de Paarl. Un complejo equipo
de preocupaciones conducía a estos hombres. En primer lugar, estaban profundamente
disturbados por el modo en que la industrialización y la secularización de la educación
estaban afectando a la sociedad afrikaner-holandesa. Deseaban encapsular a los
afrikaner-holandeses en sus propias instituciones y cultura para así repeles las
influencias extranjeras. Segundo, estaban motivados por una preocupación por la crisis
cultural más general.
Irónicamente, los intentos iniciales de fortalecimiento no estuvieron dirigidos hacia los
afrikaner-holandeses. Como misionero part-time, Pannevis fue al principio motivado
por los problemas de la población de color del este del Cabo cuyas oportunidades
educativas eran aún más pobres que las de los afrikaner-holandeses. Estaba muy
preocupado porque miles de ellos eran incapaces de entender la Biblia ni en holandés ni
en inglés. En 1872 hizo una petición en el Zuid-afrikaan de que por su salvación la
Biblia fuera traducida al afrikaans, una lengua hablada por la vasta mayoría de ellos.
Antes de la petición de Pannevis el afrikaans había sido utilizado en panfletos religiosos
y revistas dirigidos hacia los “coloureds” malayos y cristianos. Unas 300 cartas,
mayormente escritas por blancos, habían aparecido en periódicos. Sin embargo, los
blancos lo utilizaban como un dialecto para dirigirse o para burlarse de las clases más
bajas. “Afrikaans” era un término que denotaba todos los usos corruptos del holandés
en la colonia. Sin embargo, Pannevis comprendía que el afrikaans era un medio
excelente para hacer accesible la Biblia y para proveer de educación al pueblo pobre e
iletrado. Esta propuesta de traducir la Biblia para los “coloureds” pronto perdió énfasis,
y para mediados de la década de 1870 Pannevis y Hoogenhouta dirigían todos sus
esfuerzos a persuadir a los afrikaner-holandeses de que el afrikaans era un idioma por
derecho propio y que era el verdadero idioma de los blancos afrikaners-holandeses.
Fue Hoogenhout quien vio el potencial del afrikaans como una base de un despertar
étnico cultural para oponerse a la hegemonía inglesa. Al igual que Van der Lingen antes
que él, Hoogenhout sostenía el vínculo entre industrialización y anglización, y
condenaba ambas. El inglés era para él el idioma de la corrupción, surgido en la
oscuridad de la bebida y la mesa de billar. El volk estaba siendo bastardeado por la
forma en que el inglés había usurpado completamente todo en nombre del progreso. En
su novela “Catherina” escribió sobre el mal y la corrupción de la sociedad anglizada de

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Ciudad del Cabo y la contrastó con el valor de las relaciones sociales patriarcales típicas
de los afrikaner-holandeses rurales. En 1873 Hoogenhout demandó en el Zuid-Afrikaan
por una traducción de la Biblia “no solo para la gente oscura sino también para muchos
blancos, porque hay realmente muchos blancos que no entienden ni la mitad del idioma
holandés”. Agregaba que “el Señor no tolerará que la Biblia permanezca inintelegible
para mucha gente pobre de Sudáfrica.”
Edificando sobre el trabajo de los dos holandeses, Du Toit declaró la guerra contra la
hegemonía cultural inglesa, la secularización de la educación que devaluaba a las
autoridades tradicionales, y la influencia corruptora de la industrialización. Dedicó
todos sus esfuerzos a hacer del afrikaans el símbolo étnico cardinal que encapsulaba la
historia y la singularidad del pueblo afrikaner. En tres artículos periodísticos publicados
bajo el seudónimo de “Un verdadero afrikaner”, argumentó que el idioma expresaba el
carácter de un pueblo (volk) y que ninguna nacionalidad podía formarse sin su propio
idioma. Segundo, argumentó que el afrikaans sería aceptado como un idioma por
derecho propio por los afrikaners. Tercero, criticó el proceso de anglización que tenía
lugar en el parlamento, las cortes, las escuelas e iglesias, siendo particularmente
sarcástico respecto a los clérigos de la Iglesia Reformada Holandesa que daban
sermones en inglés y que fundaban instituciones educativas de lengua inglesa en los
principales pueblos.
En 1875 Du Toit, Hoogenhout y otros seis fundaron el Genootskap van Regte
Afrikaners (Congregación de Verdaderos Afrikaners) (GRA) en Paarl. Para mediados de
la década de 1870 una buena parte de la clase dominante consideraba a los afrikaner-
holandeses y los anglófonos coloniales como siendo unidos todos en una nación
afrikaner naciente. El Volksblad, por ejemplo, remarcó en 1875: “Cuando hablamos de
afrikanders no queremos decir sudafricanos angloparlantes u holandoparlantes, sino
gente que ha sido y todavía es moldeada en esa nación particular”. En contraste, la GRA
empleaba el concepto de pueblo afrikaner para denotar a un grupo étnico particular
dentro de la población. Dividía al pueblo afrikaner en tres grupos –aquellos con
corazones ingleses, aquellos con corazones holandeses y aquellos con corazones
afrikaners, y solo los últimos eran considerados verdaderos afrikaners. La GRA se
declaró a favor del afrikaans y resolvió no descansar hasta que fuera reconocido como
el idioma (étnico) nacional. Para llevar adelante esto, publicó un periódico, El Patriota,
una historia nacionalista, una gramática, y algunos textos escolares en afrikaans. Su uso
del afrikaans tenía varias dimensiones: era un idioma político que daba cuerpo al
despertar étnico afrikaner y expresaba oposición al dominio imperial; era un
instrumento educativo que elevaría a gran cantidad de niños; y era un vehículo para la
diseminación de la Biblia entre gran parte de personas ignorantes blancas y oscuras.
Aunque este énfasis en la lengua afrikaans representando la singularidad de los
afrikaners oscurecía el hecho de que la gran mayoría de los coloureds –personas de
ascendencia esclava, europea y joijoi- también hablaban afrikaans y lo hacía mucho
menos concientemente. No fue hecho ningún intento para unir a todos los parlantes de
afrikaans como miembros de un nuevo pueblo participando en un movimiento
nacionalista en desarrollo. Las divisiones de clase entre parlantes de afrikaans blancos y
oscuros eran demasiado agudas para esto. Los blancos se preciaban de ser una clase de
amos o “aristocrática”. Aún sus miembros más pobres se consideraban muy superiores
como para aceptar empleo al servicio de otro, hacer trabajo manual, o trabajar como
artesanos. Los afrikaner-holandeses generalmente trataban a los afrikaans-parlantes
oscuros como a una clase de sirvientes que todavía tenían el estigma de la esclavitud.

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La segregación creciente amplió la brecha. Una tendencia, iniciada en la década de
1830, para segregar a los miembros coloureds de la Iglesia Reformada Holandesa
encontró expresión en el establecimiento de congregaciones coloureds separadas y
culminó en la fundación de la Iglesia Misionera Reformada Holandesa en 1881. Las
escuelas fueron segregadas en 1893. No había una segregación residencial establecida,
pero la gran mayoría de la gente coloured vivía junta en las secciones más pobres de los
pueblos. El principal movimiento político afrikaner no excluía formalmente a los
miembros coloureds pero rechazaba su afiliación a nivel local.
Así la conciencia étnica afrikaner desde el comienzo contenía tanto una fuerte
dimensión racista como una medida considerable de fantasía acerca de los orígenes del
grupo étnico y del idioma afrikaans. A pesar del hecho de que ocurrieron una
considerable proporción de matrimonios atravesando la línea de color en el siglo XVIII,
El Patriota y el Zuid Afrikaan hablaban solamente del origen blanco o europeo del
grupo étnico. Defendiendo el afrikaans El Patriota declaraba que el afrikaans era un
idioma germánico puro sin términos hotentotes, y que “los hotentotes han abandonado
su lengua y adoptado la nuestra”. Mientras había todavía poca competencia económica
entre afrikaan-parlantes blancos y oscuros, esta movilización étnica racialmente
exclusiva resultó en la creciente alienación de los coloureds.
La movilización política de los afrikaner-holandeses luego de 1870
El segundo principal desarrollo que estimuló el creciente despertar étnico fue el
surgimiento de asociaciones de granjeros afrikaner-holandeses (boeren vereengingen).
Durante la década de 1870 se formaron varias en la parte noreste y este de la colonia. Al
igual que sus contrapartes inglesas, comenzaron como organizaciones agrícolas pero
pronto comenzaron a hablar de temas políticos. La Albert Boeren Vereeniging, donde El
Patriota encontró muchos lectores, demandó particularmente el derecho a hablar
holandés en el parlamento y propuso una Unión Afrikaner que abarcara toda la colonia
basada en intereses y lealtades comunes. En 1878 los productores de vino del Cabo
occidental fueron provocados por una ley que amenazaba con perjudicarlos y, en
respuesta, Onze Jan Hofmeyr estableció la Zuid Afrikaansche Boeren Beschrmings
Vereenignng (BBV). Inicialmente fue una organización de productores de vino
establecida para oponerse a la nueva ley, que pronto fue derogada. También fue una
formación política del Cabo occidental contra un gobierno dominado por políticos
anglófonos del Cabo oriental. Más importante, fue un movimiento étnico que defendía
los intereses afrikaner-holandeses en cuestiones tan diversas como el control de los
granjeros sobre el trabajo y los derechos de la lengua holandesa. Para ampliar su base
política Hofmeyr definió al grupo como uno que incluía anglófonos “patriotas”. Sin
embargo, los afrikaans-parlantes oscuros difícilmente eran mencionados y usualmente
se los trataba como a una categoría separada.
La BBV logró un éxito remarcable en las elecciones de 1878-79, ganando nueve de
veintiún escaños en la cámara alta y un tercio de los de la cámara baja. Poco después de
las elecciones, sin embargo, el entusiasmo disminuyó. La BBV fracasó en atraer más
que a mil miembros y escasamente se extendió fuera del Cabo occidental. Los esfuerzos
para ligarla con las asociaciones de granjeros del este no fueron exitosos, y aquellas
asociaciones mismas fracasaron en formar su propio cuerpo coordinado. En 1880 Du
Toit tomó la iniciativa fundando la Unión Afrikaner, que aspiraba a coordinar las
actividades de la GRA, BBV y las boeren vereengingen del este y ligarlas con los
afrikaner-holandeses de las repúblicas boers. Los principios de la Unión representaban

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un compromiso entre las estrategias exclusiva de Du Toit e inclusiva de Hofmeyr. Por
una parte, estaba el ataque de Du Toit a los especuladores, bancos extranjeros y
traidores en el parlamento, la crítica a la educación de los afrikaner-holandeses mientras
“miles de libras” se gastaban en la educación de los ingleses, y quejas acerca del
sacrificio de “los intereses de África en bien de Inglaterra, o de los granjeros en bien de
los comerciantes.” Por otra parte, la definición que la Unión hacía de los afrikaner era la
favorecida por Hofmeyr: todos aquellos que reconocían a África como su madre patria
y querían trabajar juntos por el bien de una Sudáfrica unida.
En Transvaal el despertar étnico afrikaner-holandés estaba politizado por la exitosa
rebelión de 1881 de los ciudadanos contra la ocupación británica de su estado. Como
correctamente señaló De Kiewiet: la unidad de los ciudadanos de Transvaal cuando
finalmente llegó “no fue una verdadera prueba de una lenta cimentación en la
consistencia y durabilidad de sus opiniones y práctica, sino una fusión más rápida en el
calor del choque con el gobierno británico”. La resistencia de los ciudadanos de
Transvaal de hecho se convirtió en una movilización étnica vigorosa. Tuvieron lugar
mitines masivos donde gran número de ciudadanos acampaban por varios día para
escuchar discursos de los líderes. Fueron firmadas peticiones contra la anexión por entre
la mitad a dos tercios del total de la población de unos 8.000 ciudadanos. En esta
movilización todas las divisiones políticas fueron temporalmente trascendidas. La
anexión había, como dijo el juez Kotze, “dado nacimiento a un fuerte sentido nacional
entre los boers; los había unido y todos estaban ahora con el estado.”
Luego de la guerra, los generales, usando su nuevo estatus como “líderes nacionales”,
apelaron a los ciudadanos para finalizar las divisiones políticas y religiosas. Transvaal
tenía en Paul Kruger un presidente que tuvo más éxito que Burgers en convertirse en el
foco de una lealtad y en desarrollar un sentido de comunidad. En sus discursos y en
varios libros de historia que aparecieron luego de la guerra fue propuesta la base para
una conciencia histórica. Esta historia era, como señala Van Jaarsveld, “una lista de
agravios y una historia de choques entre boers y británicos”. Su espíritu era el de
“error”, “injusticia” y “opresión”. El Gran Trek era interpretado como una “pasión
sagrada por la libertad” y la batalla de Blood River, donde los voortrekkers en 1838
habían tenido una gran victoria sobre los zulús, comenzó a ocupar un lugar central en la
mitología histórica. Luego de la guerra la conmemoración de esta batalla se convirtió en
una verdadera ocasión de fiesta nacional por primera vez. Los festivales quinquenales
de Paardekraal eran grandes eventos. En 1881 una multitud estimada de entre 12.000 y
15.000 escucharon con gran atención los discursos patrióticos de Kruger y otros.
Estos tres desarrollos –la fundación de la GRA y del denominado Primer Movimiento
por la Lengua Afrikaans, el establecimiento de la BBV y la Unión, y la rebelión de
Transvaal- son considerados frecuentemente por los historiadores como constituyendo
el “despertar” del nacionalismo afrikaner, y hay de hecho alguna evidencia para
sostener esto. Los escritos de El Patriota alentaban a los ciudadanos de Transvaal a
resistir activamente, y su exitosa rebelión a su vez estimulaba las iniciativas étnicas en
el Cabo occidental y en todas partes. El Patriota había luchado para sobrevivir con una
circulación de solo 500 ejemplares en 1877, pero luego de la guerra de 1880-81 saltó a
3.000 ejemplares. Du Toit mismo pensaba que la gloriosa victoria boer en Majuba dió
nacimiento a la nación afrikaner. En 1881 un movimiento étnico pan-afrikaner parecía
realmente haber despegado. En muchos lugares de la Colonia del Cabo y del Estado
Libre los afrikaner-holandeses expresaban sus solidaridad con los ciudadanos de
Transvaal. Veían a la rebelión como a una lucha que afectaba a cada uno de ascendencia

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holandesa y francesa con verdadero “espíritu afrikaans”. En palabras de Hofmeyr
llenaba “a los afrikanders de otra manera hundidos en el fango del materialismo, con
una llama de simpatía con los hermanos de Transvaal.”La Unión Afrikaner se benefició
grandemente de este surgir de emociones étnicas. A fines de 1880 tenía solo tres filiales,
pero luego de la rebelión las filiales se fundaron en numerosos sitios, particularmente en
el Cabo oriental, pero también en el Estado Libre de Orange y Transvaal. En 1883 la
BBV y la Unión fueron fusionadas luego de que Hofmeyr maniobrara a la facción de
Du Toit, y la Unión emergió como el bloque más fuerte en el parlamento del Cabo,
incrementando la proporción de representantes afrikaner-holandeses de
aproximadamente un tercio en los años entre 1854 y 1885 a justo debajo de la mitad en
los últimos diecisiete años del siglo. Esto aseguraba fácilmente la aprobación formal al
uso del holandés en el parlamento, en las cortes, y como medio de instrucción en las
escuelas.
La debilidad de la conciencia étnica en la década de 1880
Sin embargo a pesar de estos logros tempranos la etnicidad política afrikaner fracasó en
mantener su auge. Tres fuerzas trabajaban en contra de esto: primero la continuación de
la hegemonía imperial británica; segundo, las profundas divisiones de clase dentro del
grupo afrikaner-holandés; y tercero, la intensa rivalidad interestatal entre la Colonia del
Cabo y Transvaal. Todo esto contribuyó a una concepción ideológica inconsistente e
incoherente de la “afrikaneidad”.
La fuerza inhibitoria de la hegemonía política británica era evidente en la Colonia del
Cabo incluso en la época de las protestas y rebelión del Transvaal. A pesar de sus
fuertes sentimientos de solidaridad con los ciudadanos de Transvaal y resentimiento
ante la arrogancia imperial británica, los afrikaner-holandeses –particularmente los
holandeses del Cabo- eran reluctantes a incriminarse en cualquier clase de política que
desafiara el consenso dominante. Este consenso demandaba una lealtad casi total a Gran
Bretaña y al ideal de una nacionalidad común para los dos grupos blancos de la
población. Mientras Hofmeyr y varias filiales de la BBV en 1880 protestaron contra la
anexión, solo una filiar recibió a una delegación de Transvaal buscando obtener el
apoyo del Cabo. En general la BBV actuó de una forma incordinada e inconvincente.
Después de que Gran Bretaña garantizó una independencia calificada a Transvaal,
Hofmeyr declaró en el parlamento: “La generosidad de los términos ha fortalecido la
lealtad de los holandeses en la Colonia... y les ha dado un entusiasmo y cariño como
nunca tuvieran antes.” En el curso de la década de 1880 Hofmeyr rechazó la
convocatoria de la Unión Afrikaner de un África para los afrikanders y la unidad
política sudafricana bajo su propia bandera en favor de una unión política bajo la
bandera británica. La principal filial en el Estado Libre de Orange también buscó
mantener lazos de la más cercana unidad política y económica con la Colonia del Cabo,
y, por extensión, con Gran Bretaña, y promover la unidad de los afrikaner-holandeses e
ingleses. También atacó duramente a la Unión Afrikaner de Du Toit como destructiva.
Solo Kruger en el Transvaal tomó una postura opuesta. Incluso él, sin embargo, exponía
un nacionalismo de Transvaal cuyo punto de partida era la lealtad al estado de Transvaal
y que no estaba basado en una unidad afrikaner “orgánica”.
La hegemonía cultural inglesa reforzaba el dominio político británico. A pesar del
reconocimiento formal del holandés, el idioma inglés mantenía su posición dominante
en las escuelas, cortes y parlamento del Cabo. En número creciente, los afrikaner-
holandeses mejor educados hablaban inglés en los debates públicos y utilizaban el

18
inglés para la correspondencia e incluso en sus diarios personales. La situación no era
distinta en el Estado Libre. Sus escuelas rurales usualmente eran instaladas por
granjeros ricos que establecían el inglés como lengua del comercio y del discurso
intelectual y que deliberadamente buscaban maestros ingleses. A inicios de la década de
1880 un inspector de escuelas encontró que solo un tercio de las escuelas que visitó
utilizaban el holandés como el único medio de instrucción. Un clérigo reportaba: “No
puedo dejar de mencionar cuánto se ha vuelto prominente el hablar y escribir en inglés
en el Estado Libre, especialmente en los pueblos. En ningún otro lugar tuve que hablar
tanto en inglés como allí.” Antes del fin del siglo XIX la vida pública y social en
Bloemfontein era casi exclusivamente inglesa.
Un gran problema en Transvaal era el analfabetismo –en 1877 se estimaba que solo el 8
por ciento de los niños blancos en edad escolar estaban concurriendo, en tanto en la
Colonia del Cabo eran el 50 por ciento y en el Estado Libre de Orange el 12 por ciento.
La apertura de los campos auríferos en la década de 1880 se encontró con profundas
divisiones en la comunidad acerca de la cuestión de la educación junto con nuevas
oportunidades para la acumulación de capital. Un grupo de afrikaner-holandeses,
producto de la educación inglesa en el Cabo, demandaba la inclusión de mucho más
inglés en la currícula. Contra estos “progresistas” se alzó el presidente Kruger que hizo
del holandés el medio de instrucción y que era apoyado fuertemente por los holandeses
inmigrantes empleados estatales y maestros y por la Iglesia Dopper. S.J. du Toit, que se
había convertido en la cabeza del departamento de educación de Kruger, se alineaba con
los “progresistas” contra Kruger y sus “hollanders” y era remarcablemente laxo en
sostener el dominio idiomático. Cuando el Dr. Mansvelt, un holandés, se convirtió en
Superintendente de Educación en 1892, fue hecho un intento de reforzar el holandés
como el medio de instrucción en todos los niveles. Esto disparó una queja de los
“progresistas” que veían al inglés como un prerrequisito para su avance económico así
como para la sustancial población inglesa de Johannesburgo. Mansvelt fue forzado a
retroceder, y el estado continuó subsidiando escuelas donde el holandés era enseñado al
menos cuatro horas por semana.
La solidaridad étnica posible fue diluida por las profundas divisiones de clase dentro de
la sociedad afrikaner-holandesa. En la Colonia del Cabo había poco en común entre los
bien educados holandeses del Cabo, que actuaban como intermediarios financieros en
los pueblos, y los boers comunes de clase baja. En la competencia entre la BBV de
Hofmeyr y la Unión de Du Toit había una clara dimensión de clase. La BBV se dirigía a
la clase media y alta en contraste con la Unión más populista que criticaba las grandes
sumas gastadas en la extensión ferroviaria y atacaba a los bancos y comerciantes
británicos como buscadores de fortuna extranjeros.
Mientras los miembros de la BBV hablaban lo que pasaba por ser un holandés u
holandés simplificado, La GRA y la Unión de Du Toit elegían deliberadamente el
afrikaans, considerado como el idioma tanto de los trabajadores de color como de la
clase de afrikaner-holandeses pobres e ignorantes. El vocero de la BBV, el Zuid-
Afrikaan, comentaba con arrogancia que “el brandy y El Patriota tienen esto en común:
son los enemigos de la civilización.” Mientras la GRA trataba trabajosamente de
inventar una cultura nacional, la membresía de la BBV no se preocupaba mucho por la
cultura y si mucho más por sus intereses de clase. En 1878 un orador en la cena para los
parlamentarios de Paarl expresó la esperanza de que el entusiasmo por una
“nacionalidad” conduciría al establecimiento del brandy como una bebida nacional y
que pronto llegaría el momento en que habría una Nación Sudafricana y una Bebida

19
Nacional Sudafricana.
Luego de que Hofmeyr tomó el control de la Unión bajó el tono de la canción
nacionalista. La Unión acordó un lugar retórico prominente en los discursos al granjero
boer de clase baja, pero su verdadera base eran los negociantes de las ciudades, los
terratenientes ricos y los granjeros comerciales. El liderazgo del movimiento de
Hofmeyr se derivaba de esos grupos, y crecientemente se dirigían al estado para
mejorar sus intereses, en una medida no menor mediante la provisión de trabajos
públicos. En las ciudades organizaron peticiones por la construcción de cortes,
magistraturas y ferrocarriles locales. La gran corriente de crédito desde Londres
cimentó la relación de colaboración de la Unión con el imperialismo británico. Los
blancos menos ricos en las granjas y en las ciudades compartían poco de este
entusiasmo por el desarrollo y modernización. En un pueblo como Graaff-Reinet los
pobres, conocidos como “la gente del callejón”, en un momento rehusaron pagar
impuestos municipales. Pero era poco lo que los pobres podían hacer a la larga contra la
posición dominante de la Unión y el yugo comercial de los anglófonos. Las propuestas
de Du Toit por un banco nacional, boerewinkels (tiendas cooperativas), y boicots de
consumidores todas terminaron en la nada.
En Transvaal y el Estado Libre de Orange la rápida comercialización de la agricultura
durante las décadas de 1880 y 90 creó una separación creciente entre los afrikaner-
holandeses propietarios de tierra y los no propietarios. Los grandes granjeros
acumulaban riqueza mediante su acceso a la administración y su habilidad para explotar
a gran número de africanos que vivían en su tierra. Ellos resistieron exitosamente las
demandas de los “niveladores” –usualmente granjeros pobres y medianos- de que el
trabajo africano fuera distribuido equitativamente entre los granjeros. Para fines de siglo
muchos granjeros, habiendo perdido la paciencia con los bywoners aferrados
desesperadamente a su estatus de blancos, eligieron tener africanos arrendatarios o
medieros en sus granjas. Que ese número creciente de blancos pobres tenía poco interés
en las demandas étnicas está demostrado en su deserción en gran escala hacia las filas
británicas en la guerra Anglo-Boer.
La causa final por la que la conciencia étnica afrikaner no se desarrolló como una fuerza
política que trascendiera las fronteras territoriales parroquiales recae en las rivalidades
interestatales de la década de 1880. La raíz del problema era la búsqueda desesperada
de rentas por parte del Cabo para cubrir sus gastos crecientes, intentando
constantemente extender su comercio y red ferroviaria más allá de sus fronteras del
norte. A pesar del hecho de que la Unión era el partido más fuerte en el parlamente, hizo
poco o nada para aliviar el padecimiento financiero de las repúblicas y más de una vez
rechazó pedidos de que a los estados del interior les fuera permitido compartir lo
recaudado en los puertos del Cabo. Un estudio reciente describe a la Unión como
estrecha, egocéntrica y parroquial en este aspecto.
El descubrimiento de oro enfrentó al Cabo con la repentina perspectiva de convertirse
en el “pariente pobre” en Sudáfrica. Kruger bloqueó la extensión del sistema ferroviario
del Cabo en el Rand, el nuevo centro de poder de la economía sudafricana, puso
obstáculos en el camino del comercio de productos agrícolas e hizo tan difícil obtener la
ciudadanía de Transvaal para los holandeses del Cabo como para otros uitlanders. Al
mismo tiempo, Hofmeyr y su Unión estaban actuando en forma creciente como agentes
imperiales británicos mediante el apoyo a la expansión respaldada por los británicos que
tenía por objetivo el cerco y aislamiento de Transvaal. En 1887, entre tensiones

20
crecientes acerca de las políticas ferroviarias y de comercio, cuatro hombres de la
Unión de Ciudad del Cabo, incluyendo a Hofmeyr, escribieron a Kruger: “Debemos
admitir que se está enfriando el sentimiento de simpatía por la causa de nuestros
hermanos del Transvaal, que mostramos desde 1877 a 1881. Tememos que a menos que
los eventos tomen otro curso, pronto será casi imposible obtener en la Colonia del Cabo
una expresión similar de simpatía hacia ustedes, como en esa ocasión... Una vez que
una división se alza entre parientes, uno no puede avizorar cuando finalizará, y la causa
afrikander esta lejos de ser los suficientemente fuerte como para ser capaz de enfrentar
la división entre los hijos del suelo en Transvaal y la Colonia.”
Pero la división creció. Para 1890 Hofmeyr estaba tanto bajo la influencia de Rhodes
que deseaba viajar a Pretoria para decir a Kruger que no podía reclamar
incondicionalmente Swazilandia. Kruger le vociferó: “Usted es un traidor, un traidor a
la causa africander.” Así, a pesar de sus objeciones a las calificaciones restrictivas para
los uitlanders –particularmente los uitlanders afrikaners del Cabo- Hofmeyr continuó
profesando su simpatía y afecto por Transvaal con las palabras “la sangre es más espesa
que el agua”. Estas palabras e incluso las de Kruger sugieren ciertamente un
reconocimiento de los afrikaners como miembros de una comunidad étnica común. Sin
embargo, para Kruger y Hofmeyr eran muy diferentes las bases de la acción política y la
definición del concepto de afrikaner.
De hecho durante el último cuarto del siglo XIX el mismo concepto de “afrikaner”
permaneció altamente ambiguo. A un final del espectro estaba la GRA y El Patriota que
definían el término en el sentido étnico de un pueblo con una ascendencia y una historia
común. Para Hofmeyr y el Zuid-Afrikaan, afrikaners eran un volk una nación que
comprendía tanto a los afrikaner-holandeses como a los anglófonos que eran leales al
Cabo y creían en la necesidad de mantener la supremacía blanca contra los africanos.
En tanto que James Rose Innes, un líder liberal del Cabo, no se consideraba a sí mismo
un afrikaner, lo que en su consideración era definido como la gente perteneciente a la
parte más vieja de la población blanca y a los recién llegados que tenían opiniones
específicas sobre la Cuestión Nativa, Cecil Rhodes adoptaba el concepto inclusivo de
“afrikanidad”. Entusiasmado por la base política que le ofrecía la Unión de Hofmeyr,
estableció en 1890 que su gobierno sería afrikander, y de hecho él compartía las
opiniones de la Unión acerca del trabajo y la política africana. Edmund Garrett, editor
del Cape Times, acuñó la frase “John Bull afrikander” en la afirmación de que Gran
Bretaña hacia 1890 estaba actuando solamente en los intereses de Sudáfrica en su
conjunto. Finalmente, estaba la concepción de los principales ciudadanos de Transvaal,
como F.G.Wolmarans y Schalker Burger quienes sirvieron como presidentes del
volksraad. Ellos definieron el término afrikaner en términos republicanos estrechos.
Propagando un nacionalismo de Transvaal particular, Burger estableció categóricamente
que “todos los de más allá de las fronteras de la república deben ser considerados
extranjeros, no importa si viene del Estado Libre, la Colonia, Inglaterra u Holanda, etc.”
A pesar de estas fuerzas divisorias, para 1880 había sido logrado un grado de conciencia
y compromiso étnico. Las fuerzas catalizadoras que lo produjeron no desaparecieron.
De hecho se intensificarían durante los próximos 20 o 30 años. La política imperial
británica se volvió más conciliatoria en la década de 1880 (conduciendo a la disolución
del fervor étnico de Hofmeyr), pero a mediados de la de 1890 emergió un imperialismo
británico agresivo que amenazaba dejar de lado la autonomía política y cultural
afrikaner-holandesa. Entretanto se agudizaron los conflictos derivados de la cambiante
política económica y la lucha cultural llevada adelante por gente cuya supervivencia

21
dependía del dominio de una lengua extranjera. A fin de siglo los afrikaner-holandeses
podían verse a sí mismos, desde una perspectiva amplia, como un grupo político
particular y podían intentar desarrollar una cultura separada –se habían convertido en
afrikaners. La tarea de extender e institucionalizar la etnicidad afrikaner difirió en el
Cabo y en las dos repúblicas. En Transvaal y el Estado Libre de Orange el estado
precedió a la nación, y las expresiones políticas de conciencia étnica consecuentemente
se alimentarían de la idea de autodeterminación nacional además de responder a
necesidades de clase. En la Colonia del Cabo, en cambio, tuvo que surgir de una cultura
compartida y preocupaciones económicas comunes.
La institucionalización de la conciencia étnica en el Cabo hasta 1915
Fue en el Cabo occidental, y en particular en la región de Stellenbosch/Paarl, que el
primer movimiento étnico afrikaner viable echó raíces y creció. Por varias razones, Du
Toit y la GRA en la década de 1870 no apelaron a la clase intelectual de afrikaner-
holandeses. Du Toit era una figura controvertida, que disgustaba a la jerarquía
eclesiástica, y el afrikaans de El Patriota era considerado demasiado vulgar y banal para
tener cualquier consideración. Sin embargo, el clero y los maestros en número creciente
reconocían la necesidad de una cultura alternativa. El estado colonial modernizado
estaba borrando la vieja distinción entre la esfera pública y la vida privada de la familia
y la iglesia, imponiendo la amenaza no solo de anglicización sino también de
subordinar la autoridad del clero y los maestros afrikaner-holandeses. Lo que hizo la
cuestión más difícil para el clero fue la decisión del estado en 1874 de quitar su sostén a
la iglesia. Los ministros de religión no pudieron más recurrir a él por sus salarios sino
que tenían que apoyarse en sus correligionarios. Difícilmente puede ser una
coincidencia que desde 1874 en adelante la iglesia tomó un interés creciente en la
educación de los niños afrikaner-holandeses y en cuestiones étnicas. Los clérigos
figuraban prominentemente en es establecimiento de filiales de la BBV y de la Unión. Y
a inicios de la década de 1880 la iglesia era prominente en la agitación por el
reconocimiento del holandés como idioma oficial. En número creciente los ministros de
religión y los maestros rechazaron la definición inclusiva de afrikaner y establecieron
un lazo cercano entre idioma y nacionalidad.
En las décadas de 1870 y 80 Hofmeyr había argumentado que el holandés era
meramente de valor instrumental en educar a los afrikaner-holandeses para capacitarlos
para reclamar derechos iguales a los de los anglófonos. Siempre sensible a cualquier
movimiento en su electorado que pudiera desbordarlo, Hofmeyr desde la década de
1890 comenzó a enfatizar los cercanos vínculos entre idioma e identidad étnica y
argumentó que eran mutuamente dependientes uno de otro. Pero las formulaciones
étnicas débiles de Hofmeyr eran siempre superadas por una ideología más radical
expuesta por una nueva generación de ministros de religión y maestros relativamente
bien educados que estaban deseosos de inventar y elaborar una cultura étnica. Para fines
de siglo estaban jugando un rol primario en toda Sudáfrica en conmemoraciones de la
Batalla de Blood River y la fundación de sociedades de debate. Ambas cosas sirvieron
para fortalecer la conciencia étnica a un nivel incipiente entre la población rural. En la
Colonia del Cabo el nuevo movimiento encontraría su líder en Daniel Malan, un clérigo
de la DRC que retornó a Sudáfrica en 1905 luego de estudiar teología en Holanda y que
se convertiría en líder del Partido Nacional en los años 30. En Holanda Malan había
observado la implementación por parte de Abraham Kuyper de la verzuiling
(segmentación) de la sociedad holandesa a lo largo de líneas religiosas y de clase. De
regreso a Sudáfrica, Malan difundió el nuevo evangelio de que el separatismo religioso,

22
cultural y político sería la única base para la cooperación entre los afrikaners y los
ingleses.
En aislamiento estos clérigos y maestros no podían lograr mucho. Para que su
movimiento étnico adquiriera fuerza era necesario ligarlo a los granjeros, en particular
hombres de alguna riqueza, que también encontraran la identificación étnica gratificante
tanto material como psicológicamente. Los candidatos obvios eran los viñateros que
pertenecían a las “mejores familias” y que eran poseedores de vieja riqueza. Hubo dos
razones principales por las que los viñateros del Cabo occidental a fines de siglo fueron
atraídos hacia estrategias étnicas y no solo en el campo económico.
Primero, la relación estructural entre los granjeros holando-parlantes y los comerciantes
anglófonos virtualmente construía una dimensión étnica en el proceso político. Antes de
que se formara la BBV en 1878 algunos viñateros y comerciantes de vino habían estado
unidos en una asociación de productores de vino pero esta pronto se diluyó a causa del
conflicto de intereses: los comerciantes no compraban suficiente vino, al que
consideraban inferior, y no protestaron contra la ley que perjudicaba a los viñateros pero
que no era una amenaza para ellos. El conflicto en la industria del vino continuó en las
décadas posteriores a la Unión. A pesar de que generalmente había un gran excedente de
vino, los productores de vino tenían que librar una fuerte competencia con las
importaciones de vino y brandy que los comerciantes encontraban más redituable
manejar. Las cifras para las ventas de licores extranjeros eran del 44 por ciento de las de
vino y brandy del Cabo en 1892, aumentando al 69 por ciento en 1895 y casi el 80 por
ciento en 1897 antes de declinar al 72 por ciento en 1904. En ese año el gobierno de
Jameson, conocido por su falta de simpatía a las causas e intereses afrikaner-holandeses,
impuso un impuesto al brandy del Cabo que era 67 por ciento más alto que la tasa de
importación del producto extranjero. Los productores de trigo encontraron igualmente
difícil competir con los cereales importados de Australia y las regiones al norte de la
Colonia del Cabo. La Unión buscó constantemente protección gubernamental para el
vino y otros productos agrícolas. El deseo de protección agrícola era una de las
principales causas por las que la población granjera afrikaner-holandesa apoyaba la
Unión Afrikaner casi como un solo hombre en la última elección antes de la
Unificación.
Segundo, la situación financiera de los granjeros los impulsaba a recurrir a bancos y
compañías de préstamo locales. Desde la década de 1890 estas instituciones locales
comenzaron a atraer una corriente creciente de fondos tanto de los ricos como de los
pobres, los granjeros y los profesionales. Cuando el sentimiento local se convirtió en un
sentimiento étnico, estas instituciones facilitaron el encapsulamiento de clases dentro
del grupo étnico y la acumulación de recursos que eran necesarios antes de que
pudieran ser emprendidos proyectos étnicos principales. A fines de siglo había emergido
un establishment étnico que comprendía a algunos granjeros ricos que eran también
socios o directores de instituciones financieras locales, profesionales, y figuras líderes
de la DRC y la universidad de Stellenbosch.
Es necesario elaborar brevemente. El Standard Bank respaldado por los británicos que
comenzó a hacer negocios en Paarl y Stellenbosch en 1880, no quería como clientes a
los viñateros comunes. En general, los viñateros estaban duramente endeudados en
tanto los precios del vino no eran mucho más altos que los costos de producción.
Crecientemente los granjeros comenzaron a volverse hacia instituciones financieras. Se
sugiere algunas veces en la literatura que los afrikaners fueron manipulados por

23
agitadores étnicos para sostener empresas étnicas. Sin embargo, el Paarl Board of
Executors, el Stellenbosch District Bank y otras instituciones ofrecían servicios reales.
Porque eran pequeñas y corrían riesgo de colapsar, tenían que ofrecer tasas mucho
mejores que las del Standard Bank en orden a competir. En la década de 1880 el District
Bank estaba pagando de 5 a 5,5 o 6 por ciento en depósitos fijos y 2 por ciento en
cuentas corrientes, comparado con el Standard que pagaba 3,5 por ciento en depósitos
fijos y ningún interés en cuentas corrientes. El Standard prefería extender créditos a
largo plazo a empresas comerciales y especulativas. A este respecto un banco de distrito
satisfacía las necesidades de los granjeros mucho mejor. Las operaciones agrícolas de
Stellenbosch y Paarl no requerían crédito a largo sino a corto plazo, crédito estacional
basado en el supuesto de que la cosecha cubriría los costos de producción. Esto
introducía el factor de riesgo, que el gerente de un banco local podía evaluar mejor que
su contraparte del Standard.
Todo esto iba en desventaja para el Standard Bank. Encima de todo esto vino el raid de
Jameson de 1895-96 y la Guerra Anglo-Boer que fueron no solo problemas para la
colaboración política de Hofmeyr con las políticas imperiales sino que también
fortalecieron mucho el anti-imperialismo financiero. El District Bank, que había
enfrentado una seria crisis a fines de la década de 1880, se capitalizó con esto y con el
auge económico que disfrutó la colonia entre 1895 y 1904. Estaba patrocinado por
granjeros grandes y pequeños, profesionales, la universidad y el consejo del pueblo. En
1904 el reporte de la inspección del Standard Bank notaba que el District Bank tenía los
mejores de todos los negocios de crédito y todas las hipotecas sobre las granjas.
Describía a los directores del banco como a magnates locales. En la década de 1880, el
Standard Bank había esperado el inminente colapso de su rival local. Para 1908, sin
embargo, su propia filial estaba trabajando a pérdida y el District Bank mostraba una
ganancia de 2.400 libras para los primeros seis meses luego de descontar 4.000 libras
por malos préstamos. El reporte de inspección responsabilizaba de esto a los malos
sentimientos hacia los británicos y a los “pocos leales de su propia nacionalidad”. El
reporte de 1909 era más explícito: “En el presente difícilmente podemos esperar hacer
mucho allí, nuestros rivales del Stellenbosch District Bank reciben una gran cantidad de
apoyo de la población e instituciones locales. Las causas de este apoyo parecen estar en
gran medida en el sentimiento y espíritu de clan de los afrikander bajo el liderazgo de
unos pocos hombres influyentes. Sin duda ellos frecuentemente también aceptan riesgos
que nosotros no podríamos nunca aceptar.”
Esta movilización de bienes financieros a lo largo de líneas étnicas estaba acompañada
por una movilización cultural de gran escala. La Guerra Anglo-Boer, la pérdida de
derechos políticos de los rebeldes del Cabo y la política retrógrada de postguerra en lo
que se refiere a los derechos idiomáticos empujó a los políticos e intelectuales
afrikaner-holandeses a la acción. En 1905 Hofmeyr emitió un gran discurso en
Stellenbosch en el que atacó la ausencia del holandés en las escuelas y entre los
afrikaner-holandeses. La igualdad de lenguas era una ficción, declaró. La generación
más joven de intelectuales simpatizaba vigorosamente con la convocatoria por iguales
derechos idiomáticos, pero no tenían entusiasmo por el holandés. Incluso en las décadas
de 1880 y 90 había habido una creencia creciente entre los clérigos y maestros de que
insistir en el holandés como un instrumento educativo significaría borrar a la gran clase
baja de afrikaner-holandeses que nunca serían capaces de dominar propiamente el
idioma. Ellos ahora creían que la respuesta estaba en hacer del afrikaans un idioma
hablado y escrito respetable profesionalizándolo, mediante el uso de la escritura
holandesa simplificada en lugar de la escritura ultra-fonética de la GRA, la creación de

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una verdadera literatura en lugar de una colección de rimas, y, en general anulando su
imagen de ser el idioma de los pobres. En 1908 Malan estableció: “Elevad el idioma
afrikaans a idioma escrito, dejadlo convertirse en el vehículo para nuestra cultura,
nuestra historia, nuestros ideales nacionales, y elevareis al pueblo que lo habla”.
Al fundar la Academia Sudafricana para las Artes y las Ciencias en 1909, los líderes
afrikaner-holandeses todavía se comprometieron en promover tanto el holandés como el
afrikaans. Pero entre los estudiantes de Stellenbosch el afrikaans había ganado la partida
y ellos lo llevarían entusiastamente más lejos como el idioma étnico de un nuevo
pueblo, “los afrikaners”. Este nuevo concepto tenía todavía muchos bastiones para
conquistar, pero la amalgama de intereses culturales y económicos había creado una
fuerza formidable. Una figura clave del nuevo establishment era J.H. (Jannie) Marais.
Había hecho fortuna en las minas de Kimberley antes de retornar a Stellenbosch en
1891 para trabajar una granja justo a la salida del pueblo. Luego de la guerra se
convirtió en el mayor accionista del Stellenbosch District Bank. El respaldo financiero
de Marais proveyó una vital oportunidad para instituciones que iban a jugar un rol
indispensable en el desarrollo de la conciencia étnica afrikaner en el escenario político
del Cabo. Una de tales instituciones era la Universidad de Stellenbosch. Luego del
establecimiento de la Unión Sudafricana en 1910, hubo un fuerte movimiento en el
sentido de establecer una única universidad, que cubriera todos los campos de la
enseñanza, en Ciudad del Cabo. Esto hubiera sido una severa amenaza tanto para el
Victoria College de Stellenbosch, que estaba en peligro de convertirse solamente en una
high school, y para las aspiraciones étnicas afrikaners. También hubiera sido un revés
muy grande para la ciudad de Stellenbosch en general y para el District Bank en
particular, desde el momento que se estimaba que para 1915 eran gastadas 130.000
libras en Stellenbosch por diversas instituciones educativas comparadas con las 60.000
a 100.000 libras traídas por la producción de vino y brandy. Los negociantes locales y
figuras líderes en la Iglesia Reformada Holandesa y la Universidad de Stellenbosch
protestaron fuertemente contra degradar al Victoria College. Pero el movimiento para
establecer una auténtica universidad afrikaner-holandesa en Stellenbosh solo adquirió
real ímpetu luego de que Marais (que murió en 1915) legara 100.000 libras al Victoria
College.
Marais –y en menor medida el District Bank- también jugaron un rol decisivo en el
establecimiento de la Nasionale Pers y de su periódico, Die Burger. La decisión de
lanzar una casa editorial y un periódico nacionalista fue tomada a fines de 1914 en la
casa de Hendrik Bergh, gerente del District Bank. Aparte de Berg, había quince
hombres presentes –incluyendo cuatro académicos, dos abogados y Bruckner de
Villiers, un negociante que también servía como secretario privado de Marais. El resto
eran granjeros activos o retirados. Hasta donde puede determinarse los doce hombres
originarios de Stellenbosch eran todos clientes del District Bank. Incapaces de reunir las
8.000 libras requeridas para lanzar el periódico, se acercaron a Marais quien aportó
5.000 libras. Seis meses más tarde aparecía el primer número de Die Burger com D.F.
Malan como editor.
No hubo un movimiento inmediato en el Cabo occidental hacia el nuevo Partido
Nacional de James Barry Hertzog, fundado en 1913. Los granjeros de esta región se
habían unido tras la Unión Afrikaner de Hofmeyr que en el momento de la Unificación
en 1910 fue absorbida en el Partido Sudafricano de los generales Smuts y Botha. Como
tanto este partido como el de Hertzog basaban su programa en principios que ya
adoptara la Unión Afrikaner en 1889, el Partido Nacional fracasó inicialmente en lograr

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una cabeza de puente en la provincia del Cabo. Pero la rebelión en 1914-15 de
generales afrikaners disidentes que objetaban la participación sudafricana en la Primera
Guerra Mundial y su supresión por el gobierno impulsó a Marais a hacer un
movimiento contra la política pro-imperio del gobierno y a apoyar un periódico que
daría prioridad a los derechos de “eigen land en volk”, como él señaló y no a los deseos
y demandas emanados de Johannesburgo o cualquier otro lado.
El creciente apoyo para el Partido Nacional entre 1915 y 1929, cuando ganó
Stellenbosch y Paarl, fue complementado por la canalización del capital granjero
sudafricano en instituciones tales como la Paarl Board of Executors y el Stellenbosch
District Bank. Estos se habían convertido en empresas vigorosas para los años 20. El
anti-imperialismo político tenía así su paralelo en el anti-imperialismo financiero. Al
mismo tiempo los viñateros experimentados en dificultades para comercializar su vino
se inclinaron crecientemente hacia el apoyo a partidos y programas que favorecieran la
intervención en beneficio de los granjeros. En 1918, dos años después de que el precio
del vino se hubiera hundido, fue fundada la Kooperatiewe Winjwbouwers Vereeniging
van Zuid-Afrika (KWV), una amplia cooperativa vitivinícola. Sin embargo, la KWV
tuvo solo un éxito limitado hasta la promulgación de la Wine and Spirit Control Act de
1924 que prohibió la comercialización de vino con propósito de destilarlo sin el permiso
de la KWV o bajo un precio fijado por ella. El hecho de que las tareas de destilación y
comercialización estuvieran ahora en sus manos liberó a los viñateros de la necesidad
de recurrir a grandes gastos de capital. En una escala más grande que antes pudieron
invertir sus reservas. Una parte considerable de este capital terminó en el District Bank
e instituciones como Sanlam and Santam que sin ninguna ambigüedad se presentaban
como empresas específicamente afrikaners.
Estos desarrollos apuntan a la base socieconómica de la victoria nacionalista de 1929 en
los “wine seats” de Paarl y Stellenbosch. El activo compromiso de los granjeros de
Stellenbosch y Paarl en instituciones financieras locales y en proyectos étnicos hizo el
trabajo básico para el avance económico y cultural Afrikaner en el Cabo durante los
años 20 y 30. Esta fue la principal base de soporte del movimiento nacionalista
afrikaner “purificado” que fue lanzado en 1933 bajo el liderazgo de D.F. Malan y otros
nacionalistas del Cabo de la rama sur de tal partido.
Revivalismos étnicos en el Estado Libre y Transvaal 1890-1915
En el Estado Libre la influencia de los líderes patriarcales comenzó a decaer en la
década de 1880. La tierra se había ocupado mucho más equitativamente que en el
Transvaal. Había pocos notables que pudieran desafiar la autoridad del gobierno central
como podía ocurrir al norte del Vaal. Un estado relativamente moderno, libre de
anarquía e injertos, estaba constituido para 1890. Con la apertura de los campos
auríferos en 1886 la economía de Sudáfrica empezó a gravitar hacia Transvaal. El
estado libre entonces comenzó a salir de la órbita económica del Cabo y dirigirse
política y económicamente hacia el Transvaal. La agresión imperial británica contra
Transvaal era considerada por el Estado Libre como un ataque a su propia autonomía,
por lo que se preparó para ir a la guerra en 1899.
Sin embargo, incluso antes de la guerra hubo signos de una conciencia étnica más
vigorosa cultivada por una alianza de intelectuales y granjeros comerciales. Durante la
década de 1890 los agitadores étnicos consideraban al Estado Libre como bajo ataque
tanto política como económicamente. Incapaces de adaptarse al mercado creado por los
campos auríferos, muchos granjeros de subsistencia del norte y el este del Estado Libre

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vendieron a granjeros anglófonos que producían comercialmente para el mercado. M.T.
Steyn, que se convirtió en presidente en 1895, advertía a los ciudadanos del Estado
Libre que si esto continuaba sus hijos estarían en curso de convertirse en arrendatarios
de la tierra de sus padres. Luego de la lánguida década de 1880, durante la cual los
británicos habían sido generalmente conciliadores con las repúblicas, la política pareció
revivir en la del 90, a medida que se incrementaba la tensión con los británicos.
Surgieron asociaciones de debate y de granjeros en muchos pueblos. En 1896 la OVS
Boeren Beschrmen (Sociadad para la Protección de los Granjeros del Estado Libre de
Orange) se presentaba ante Steyn como el “partido nacional” y requería impuestos más
bajos y mejora en la legislación laboral. Una de sus ramas fue la Vrystaatse
Jongelingsvereeniging (Sociedad de Jóvenes del Estado Libre), que expresaba la
necesidad de un periódico que expusiera una “nacionalidad afrikaner... y no usara otro
idioma que el afrikaans o el holandés.” Ellos querían que esta nacionalidad fuera como
una muralla que los rodeara y protegiera contra la intrusión extranjera. En el camino a
la guerra, Steyn, que se había casado con una mujer anglófona y se movía
cómodamente en la sociedad bicultural de Bloemfontein, también comenzó a temer la
ruina de su estado y de su pueblo. Sostuvo la importancia vital del idioma: “El idioma
es el pueblo y si descuidamos nuestro idioma tendremos que esperar la gradual atrofia
de nuestra existencia nacional.”
Luego de la Guerra Anglo-Boer, Hertzog haría de la política étnica la piedra angular de
su Orangia Unie movement. En una colonia donde la gran mayoría de la población
blanca era holandés/afrikaans parlante había poca necesidad de un partido dedicado a la
reconciliación con los ingleses sobre el modelo de la Unión Afrikaner del Cabo. La
reconciliación era en cualquier cado extremadamente difícil por la devastación de la
guerra y una administración británica de posguerra agresiva que cerró las escuelas
privadas holandesas y compensó esto solo con concesiones mínimas a la educación
media holandesa en las escuelas estatales. El sentimiento expresado por muchos
anglófonos del Estado Libre de que ellos eran afrikaners –pero no boers- comenzó a
esfumarse. Una conciencia étnica políticamente activa, con Hertzog como su campeón,
fue intensificada por las experiencias de la guerra y del asalto británico sobre la lengua
y la cultura. Sin embargo Hertzog no desarrolló una ideología étnica coherente. Incluso
luego de su ruptura con el Partido Sudafricano en 1912 utilizaba el término afrikaner
tanto en su sentido exclusivo como en el sentido inclusivo de Hofmeyr. Cuando y de
quién adoptó su política de segregación de blancos y negros y de separatismo cultural
afrikaner no ha sido investigado propiamente. Pero tanto en Stellenbosch como en
Porchefstroom los intelectuales habían sido atraídos por estas ideas antes que Hertzog
pensara en ellas. Hertzog mismo permaneció como un líder ambiguo, uniendo gente tras
él sobre una base de lealtad personal más que de convicciones compartidas. Esto era
cierto en 1913 cuando Hertzog condujo al Estado Libre fuera del Partido Sudafricano y
en 1933 cuando fusionó su Partido Nacional con el pro-imperial Partido Sudafricano de
Smuts.
El desarrollo de la etnicidad afrikaner como fuerza política tomó un curso distinto en
Transvaal. En la década de 1890 había un creciente compromiso en el Transvaal
independiente para promover el carácter afrikaner y republicano del estado. Hubo, por
supuesto, divisiones políticas entre los ciudadanos. Por una parte estaba la facción
conservadora de los boers tradicionales, encabezada por Kruger. Por la otra, estaban los
“progresistas” representando a los granjeros comerciales progresistas y a una nueva
generación de profesionales y empleados públicos mejor educados, los más capaces y
principales de ellos provenientes del Cabo.

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En alguna medida, esta división era una vez más entre una concepción exclusiva y otra
inclusiva de la nación y de la construcción del estado. Kruger y sus seguidores daban
una baja consideración a la educación y consideraban amargamente al uso del inglés en
las escuelas como algo que devaluaba a la cultura nacional. Como un nacionalista del
Transvaal, él era reluctante a entrar en cualquier alianza que pudiera comprometer al
estado. Incluso cuando, luego del Raid Jameson, el Estado Libre propuso una unidad
estrecha entre las dos repúblicas Kruger esperó ocho meses para responder. Los
“progresistas”, por otra parte, estaban más inclinados que Kruger a considerar a los
uitlanders “patriotas” como potenciales ciudadanos y afrikaners. Eran modernizadores
que atacaban el nepotismo, la corrupción, la incompetencia y la mala administración
bajo el estado patriarcal de Kruger y proponían reformas. Pero podían ser igualmente
exclusivistas, y esto era especialmente evidente en sus ataques hacia los holandeses
designados por Kruger en puestos principales de la administración. Es notable que en su
oposición a Kruger, los “progresistas” tuvieran cuidado de distanciarse de los uitlanders
y presentarse como actuando en beneficio de los mejores intereses de la sociedad
afrikaner local.
El Raid Jameson y la guerra inminente produjeron un cierre de las filas políticas y
terminaron con cualquier chance de los “progresistas” de deponer a Kruger. Sin
embargo durante la guerra el liderazgo del Transvaal cambió drásticamente. La
generación más vieja de patriarcas e incompetentes dejó lugar a una nueva clase de
líderes, mucho más eficientes y exitosos que sus predecesores en todos los aspectos.
Identificados con la oposición de pre-guerra, fueron reclutados entre los terratenientes
ricos, como Louis Botha, Schalk Burger y Koos de la Rey, y profesionales, como Jan
Smuts, Christiaan Beyers y Louis Esselen. Este nuevo liderazgo se hizo cargo de la
reconstrucción luego de que la guerra terminó en 1902. Contra la bancarrota del campo
desbastado y la pobreza aguda, consideraron su principal tarea construir una base
política étnica en una situación en que los afrikaner-holandeses formaban la mitad de la
población blanca pero solo un tercio de los votantes potenciales. El desarrollo de una
conciencia étnica políticamente articulada fue facilitado en gran medida por las políticas
de posguerra de la administración británica bajo Lord Milner. En lugar de
reconciliación, Milner usó deliberadamente a la educación para formar ciudadanos
imperiales. Sin embargo, a pesar de esto, no hizo ningún intento de explotar en interés
británico las divisiones ideológicas y de clase entre los afrikaner-holandeses dirigiendo
recursos gubernamentales al patronato de la clase bywoner que había sostenido a los
británicos en la guerra. La expresión política de la conciencia étnica también fue
promovida por las constituciones que Gran Bretaña otorgó primero para el autogobierno
de la colonia de Transvaal y luego para la Unión Sudafricana. El sufragio masculino
blanco implicaba que estaba en el interés de los líderes afrikaner-holandeses movilizar a
los bywoners tras ellos. Y la exclusión de los africanos del voto terminó efectivamente
con el terrateniente blanco-arrendatario negro y otros vínculos interraciales que se
habían desarrollado una década o más antes de la guerra.
Fue en tales circunstancias que los líderes, con la ayuda de varias iglesias holandesas
reformadas, manejaron las agudas divisiones entre los “bittereninders” (generalmente
hombres que habían luchado hasta el “bitter end” [amargo fin] de la guerra) por una
parte y los “joiners” y “hands-uppers” [que se habían alistado con los británicos] por la
otra. Estas divisiones fueron los suficientemente superadas como para que se formara el
“Het Volk”, un partido afrikaner-holandés de masas. Ganó la elección de 1907
ampliamente, así como la primer elección bajo la unión antes de ser absorbido por el
Partido Sudafricano en 1911. Selborne y Milner, los administradores británicos en el

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lugar, comprendieron claramente que esto no era la manifestación de una unidad étnica
orgánica sino el trabajo de agentes culturales que habían construido un juego de
alianzas con una estructura étnica. En un reporte de 1905 Milner distingue entre la masa
del pueblo boer y los “boers políticos, el partido afrikaner” cuyo ideal era la doctrina de
“una nación y estado afrikander separado”. Él concluía: “La doctrina afrikander emana
esencialmente de los pueblos y de la clase media no-agrícola, y es ‘bombeada’ a los
boers del campo... Es muy cierto que, a no ser por la influencia de clérigos, doctores,
abogados, periodistas, y los más educados de su propia clase, los boers del campo en su
conjunto no serían irreconciliables.”
Ahora la tendencia a definir la afrikanidad en términos exclusivos estaba en declive. Un
observador notó en 1906 que el significado de “afrikander” en el diccionario era todavía
“un nacido de padres blancos en Sudáfrica”; sin embargo, agregaba, “los holandeses se
han arrogado a sí mismos el título de afrikanders que ha venido a tener un significado
político.” En su opinión el país se había convertido en una “tierra afrikander”, título de
su libro.
La movilización étnica rediviva luego de 1910
Pero Botha y Smuts como líderes del Het Volk fracasaron, finalmente, en controlar el
apoyo de esta conciencia étnica política separatista. Una vez en el poder, estos líderes
fueron absorbidos en la simbiosis de la capital del estado. Esta simbiosis dependía de la
industria que proveía un medio ambiente que aseguraba ganancias y atraía un
abastecimiento de capital financiero en expansión desde el exterior. Colocados en el
sistema capitalista internacional, Botha y Smuts se embarcaron en políticas de
reconciliación calculadas para atraer inversores y apoyo político de más allá de su base
étnica. Esto significaba debilitar la plataforma capitalista popular anti-británica de Het
Volk e instalar la idea de que las minas resolverían el agudo problema del desempleo
blanco utilizando trabajadores no especializados blancos en lugar de negros. También
implicaba dar solo un apoyo formal a las aspiraciones culturales afrikaner-holandesas
acerca de las cuales ni Botha ni Smuts se preocuparon demasiado.
El período entre 1905 y 1915 presenció la emergencia de las partes constituyentes de la
alianza nacionalista subsecuente en Transvaal. En la vanguardia estaba el estrato
afrikaner educado, particularmente los ministros de religión, maestros y periodistas.
Este estrato comprendió el peligro de que una gran parte del volk cayera en lo que
Gustav Preller, uno de sus voceros, llamó “ un proletariado insensible, ignorante
mientras otra parte se inclinaba hacia el inglés.” Como sus contrapartes en el Cabo
occidental, Preller y otros intelectuales del norte creían que el inglés podía ser
contrarrestado solamente por el afrikaans. Pero el afrikaans debía ser promovido como
un idioma profesional, civilizado, del hombre blanco, con un cuerpo de literatura
propio. Ocupacionalmente estos hombres frecuentemente estaban inseguros. Como
maestros, enfrentaban una tendencia hacia la anglización en las escuelas; como clérigos
estaban penosamente conscientes de la pérdida de miembros de sus congregaciones
como resultado de la pobreza y proletarización; y como escritores veían el mercado
inundado por periódicos ingleses y novelas inglesas baratas. Este estrato educado tenía
un interés dominante en crear afrikaners que repoblaran las iglesias afrikaners, fueran a
las escuelas afrikaners y compraran libros en afrikaans.
Esta era una tarea masiva. Una parte prominente fue jugada por los doppers de
Potcheftroom. Derivando sus teorías de los neo-calvinistas holandeses, ellos
construyeron escuelas “nacionales cristianas” y diseminaron el mensaje de que los

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afrikaners eran un pueblo único cuya fuerza derivaba del aislamiento con libertad para
practicar el apartheid con respecto tanto a los ingleses como a los africanos. Los
doppers, sin embargo, representaban solamente un hilo de la madeja. Los principales
empresarios culturales eran los periodistas y escritores que, en diarios y periódicos
como Die Brandwag y Die Huisgenoot, presentaban la historia afrikaner como una
épica heroica y trataban de redefinir casi todos los aspectos de la vida cotidiana en
términos afrikaners. Este mensaje encontró una resonancia particular entre las mujeres
en el contexto faminiar.
Cuando fue fundado el Partido Nacional en 1913, el estrato educado fue el primero de
los grupos desafectos que se congregaron en torno al estandarte de Hertzog. Los
intelectuales buscaron aliados entre los trabajadores afrikaner-holandeses pero
encontraron que eran una clase difícil de movilizar mediante convocatorias étnicas, que
no se encontraban con sus demandas por empleo y asistencia. Un estudio reciente
concluye que los trabajadores no deseaban luchar bajo “el yugo de un movimiento
laborista dominado por los nacionalistas.” Los trabajadores afrikaner-holandeses solo se
alejaron del Partido Laborista dominado por los ingleses luego de haber sido ignorados
persistentemente por el movimiento sindical formal.
Los granjeros pobres eran otro grupo que se mostró difícil de movilizar. Botha y Smuts
representaban a las clases señoriales de granjeros que inmediatamente antes e
inmediatamente después de la guerra compró tierras de gran número de granjeros
pobres y expulsó a muchos bywoners de la tierra. Muchos granjeros pequeños se
separaron de los ricos terratenientes. Uno hablaba en 1905 de “esos egoístas,
autosatisfechos chupadores de sangre... Incluso nuestros grandes generales que hacen
tan grandes discursos, oprimen a los pobres en privado y se enriquecen de los
empobrecidos.” Luego de que se formara el Partido Nacional los pobres rurales
gradualmente se reunieron bajo sus estandartes, particularmente luego de la Rebelión de
1914-15. La abierta identificación del Partido Nacional con los rebeldes persuadió a los
pobres de que el partido podía enfrentar no solo al imperialismo sino al orden capitalista
por entero. Los pobres rurales fueron igualmente atraídos al racismo explícito del
Partido Nacional, creyendo que sólo una política fuerte hacia los negros resolvería sus
agudos problemas laborales. Luego de una gira por los distritos rurales de Transvaal en
1921, Smuts notaba que “el bywoner sin tierra está muy definidamente unido a la causa
nacionalista.” Acusados por los nacionalistas exclusivos de ser traidores debido a su
postura pro-británica durante la Primera Guerra Mundial, Botha y Smuts respondieron
amargamente que aquellos que los acusaban eran los “hendsoppers” y “joiners” en la
Guerra Anglo-Boer.
Construir una conciencia étnica afrikaner que pudiera afirmarse como una fuerza
política decisiva permaneció como un proyecto a largo plazo que requería un duro
trabajo ideológico de políticos y empresarios culturales. Antes de que se lograra, los
intereses de clase tenían que ser redefinidos como intereses étnicos y la invención y
popularización de una cultura nacional afrikaner tenía que ir mucho más allá. Está claro,
sin embargo, que la Rebelión de 1914-1915 fue un evento crucial que permitió al
Partido Nacional unir a los hilos anti-imperialista y anti-capitalista (británico) en la
historia afrikaner y presentarlos como la principal verdad de la nueva ideología étnica.
También fue inmediatamente después de la Rebelión que la más poderosa de las
iglesias, la DRC, comenzó verdaderamente a ir detrás del movimiento y la ideología
étnica. En una conferencia especial del clero de la DRC en 1915 la iglesia no censuró a

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los rebeldes (como podría haber esperado el gobierno). En cambio aceptó la opinión de
Malan de que la iglesia tenía un trabajo particular con respecto al grupo de población
“holando-hablante” y consecuentemente tenía el deber de ser “nacional” y mantener
“intereses nacinales”. Andrew Murray, campeón de la alguna vez dominante tradición
de evangelismo con su mensaje universalista, estaba profundamente preocupado, pero
sentía que era imposible detener la ola nacionalista. En la elección general de fines de
1915 el Partido Nacional de Hertzog hizo una ganancia neta de 15 bancas en todo el
país. El astuto político John X. Merriman señaló desesperanzado que sólo los afrikaners
más ricos y más viejos todavía apoyaban a Botha y Smuts. Una conciencia étnica
definida exclusivamente estaba sobrepasándolos como fuerza política.
Conclusión
Este capítulo ha argumentado que la construcción de una etnicidad política afrikaner
debe buscarse en procesos económicos y sociales más amplios y no meramente en el
territorio de innovaciones culturales. En el corazón de tales cambios económicos y
sociales yacen los intentos primero de definir exclusivamente al grupo de afrikaans-
parlantes y luego movilizarlos por objetivos económicos y políticos. Este proceso tomó
distintos cursos en el Cabo occidental y Transvaa.
En la región de Stellenbosch-Paarl del Cabo occidental, con su historia de un rígido
sistema esclavista, la movilización política de los afrikaners excluyó a los coloured
afrikaans-parlantes pero intentó inicialmente incorporar a los blancos anglófonos. Los
intereses económicos y políticos conflictivos junto con la agresión imperialista
ampliaron la brecha entre los afrikaner-holandeses y los anglófonos. Por un conjunto de
razones los granjeros afrikaner-holandeses fueron llevados hacia instituciones
financieras que con el tiempo se convirtieron en instituciones étnicas. A inicios del siglo
XX un establishment étnico afrikaner, compuesto de granjeros, maestros y
profesionales, se había alzado y tenía los fondos y la motivación para lanzar proyectos
específicamente étnicos tales como el Nasionale Pers, el Partido Nacional, y la
Universidad de Stellenbosch. En tanto los afrikaners y los coloureds vivían en estrecha
proximidad y hablaban lo que era básicamente el mismo idioma, las fuerzas políticas y
económicas los alejaban. De hecho, para contrarrestar la anglicización de la clase alta,
el idioma afrikaans fue apropiado en las primeras dos décadas del siglo XX como
idioma étnico del cual cada afrikaner debía estar orgulloso. Esto en duro contraste con
los finales del siglo XIX cuando en lugares como Bloefontein y Ciudad del Cabo los
afrikaner-holandeses más importantes rechazaban el afrikaans, hablaban inglés en
público y generalmente dirigían su correspondencia con otros afrikaner-holandeses en
inglés, o, en algunos casos aislados, en holandés clásico. J.H.H. de Waalm uno de los
principales protagonistas del afrikaans, remarcó luego que para fines de siglo sólo la
(coloured) comunidad musulmana era leal al afrikaans en el área de Ciudad del Cabo.
Cuando Du Toit hizo un giro político luego del Raid Jameson y se convirtió en
sostenedor de Rhodes, el afrikaans sufrió una gran pérdida porque él estaba identificado
con el idioma. Al final de la Guerra Anglo-Boer, De Waal señaló, “nuestro idioma como
un medio escrito está casi completamente muerto.”
En el Transvaal y el Estado Libre de Orange la Guerra Anglo-Boer aplastó a los
instituciones políticas sobre las que había sido construida la etnicidad política afrikaner
local. Los empresarios étnicos tenían que asumir ahora la tarea de lo que un análisis
reciente ha denominado “construir una nación desde las palabras”. Los arquitectos
vinieron de un estrato educado muy aislado y tuvieron que gastar un arduo trabajo

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ideológico para persuadir a las clases más bajas –trabajadores y granjeros pobres- y
también a las clases más ricas de ver su destino político en términos afrikaner comunes.
Era una tarea todavía no completada para la Primera Guerra Mundial, y quizá solamente
fue lograda a inicios de la década de 1960 cuando una forma republicana de gobierno
fue instalada y el apartheid impuesto sobre casi todos los niveles de la sociedad. Veinte
años más tarde, a inicios de los 80, la unidad política afrikaner fue aplastada. Como
ocurrió un siglo atrás, un grupo enfatiza la exclusividad cultural y política afrikaner
mientras, quizá, la mayoría está comenzando a moverse en forma hesitante hacia una
concepción en la que las reclamaciones étnicas están comenzando a subordinarse a
identificaciones de clase.

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