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ÁFRICA PARA LOS AFRICANOS

Marcus Garvey

Por cinco años la Asociación Universal para el Progreso de los Negros ha estado
abogando por la causa de África para los africanos --esto es, que los pueblos negros del
mundo se concentraran en el objetivo de construir por sí mismos una gran nación en
África. Cuando comenzamos nuestra propaganda en este sentido varios de los así
denominados intelectuales negros que han estado engañando a la raza por cerca de
medio siglo dijeron que estábamos locos, que los pueblos negros del mundo occidental
no estaban interesados en África y no vivirían en África. Un editor y dirigente [Nota: se
refiere a W. Du Bois] fue tan lejos como para decir a su autodenominado Congreso
Panafricano que los negros americanos no vivirían en África porque el clima era
demasiado cálido. Se han aducido todo tipo de argumentos por parte de estos
intelectuales negros en contra de la colonización de África por la raza negra. Algunos
dijeron que los negros trabajarían por su existencia a la par de los blancos en países
fundados y establecidos por estos últimos. Por lo tanto, no era necesario para los negros
buscar una nacionalidad independiente para sí mismos. Las viejas historias de “fiebre
africana”, “mal clima africano”, “mosquitos africanos”, “salvajes africanos”, han sido
repetidas por estos “intelectuales descerebrados” nuestros como un espantajo contra
nuestro pueblo en América y en las Indias Occidentales que estaba tomando un
provechoso interés en el nuevo programa de construcción de un imperio racial de
nosotros en nuestra Madre Patria.

Ahora que los años han pasado y la Asociación Universal para el Progreso de los
Negros ha dado la vuelta al mundo con su propaganda, encontramos estadistas y líderes
eminentes de raza blanca abogando calurosamente por la causa de la colonización de
África con los negros del mundo occidental. Hace un año el senador MacCullum de la
Legislatura de Mississippi introdujo una resolución con el propósito de peticionar al
Congreso de los Estados Unidos de América y al Presidente en el sentido de que usen su
influencia para asegurar a los Aliados una cantidad suficiente de territorio en África a
cambio de la deuda de guerra, territorio que sería utilizado para el establecimiento de
una nación independiente para los negros americanos. Casi al mismo tiempo el senador
France de Maryland expresó un deseo similar en el Senado de los Estados Unidos.
Durante un discurso acerca de los “Bonos de los Soldados”, dijo: “Tenemos una gran
deuda con África y ha sido ignorada por mucho tiempo. No necesito extenderme sobre
nuestro interés peculiar y obligación con el pueblo de África. Miles de americanos han
estado durante años contribuyendo con el trabajo misionero que ha sido llevado
adelante por hombres y mujeres nobles que han sido enviados hacia allí por las iglesias
de América. Esto revela un cambio real de parte de prominentes hombres de estado en
cu actitud respecto a la cuestión africana. Luego viene otra sugerencia desde Alemania,
del Dr. Heinrich Schnee, un antiguo gobernador del África Oriental Alemana. Este
estadista alemán sugiere en una entrevista concedida en Berlín, y publicada en Nueva
York, que América tome el control de los mandatos en África de Gran Bretaña y Francia
para realizar la colonización con negros americanos. Hablando sobre la cuestión, dice:
“Respecto al proyecto de colonizar África con la población americana de color
excedente, esto sería en gran medida resolver un problema irritante, y con un plan como
el que ha delineado el senador France, capacitaría a Francia y Gran Bretaña para
traspasar sus deberes hacia los Estados Unidos, y simultáneamente aligerar la carga de
las reparaciones de guerra alemanas que están paralizando la vida económica.”

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Con expresiones como las citadas anteriormente provenientes de prominentes
estadistas mundiales, y de las demandas hechas por hombres tales como los senadores
France y McCullum, está claro que la cuestión de la nacionalidad africana no es algo
traído de los pelos, sino algo tanto razonable como ejecutable como lo fue la idea de
una nacionalidad americana.

Finalmente creo que los pueblos negros del mundo están hoy convencidos de que
el trabajo de la Asociación Universal para el Progreso de los Negros no es algo
visionario, sino muy práctico, y que no está tan traído de los pelos, sino que puede ser
realizado en poco tiempo si la raza entera cooperara y trabajara por el fin deseado.
Ahora que el trabajo de nuestra organización ha comenzado a dar frutos encontramos
que algunos de esos “dudosos” de hace dos o tres años están ahora tratando de
mezclarse en la idea popular de rehabilitar África en interés de los negros. Están ahora
adelantando “programas” espurios y dentro de poco tratarán de ponerse ante el público
como los abogados y líderes de la idea africana. Es sabido que aquellos que han seguido
la carrera de la Asociación Universal para el Progreso de los Negros no tolerarán ser
engañados por estos oportunistas negros que siempre han buscado vivir de las ideas de
otra gente. El sueño de un Imperio Negro es sólo cuestión de unos pocos años más
cuando África sea colonizada completamente por negros, como Europa lo está con la
raza blanca. Lo que queremos es una nacionalidad africana independiente, y si América
ha de ayudar a los pueblos negros del mundo a establecer tal nacionalidad, entonces
damos la bienvenida a esa asistencia. Es de esperar que cuando llegue el momento para
los negros americanos y de las Indias Occidentales de asentarse en África, realizarán lo
que es su responsabilidad y deber. No se tratará de ir al África con el propósito de
ejercer un señorío sobre los nativos, sino que será el propósito de la Asociación
Universal para el Progreso de los Negros establecer en África una cooperación fraternal
que hará que el interés tanto de los nativos africanos como de los negros americanos y
de las Indias Occidentales sea uno y el mismo, es decir, entraremos en una sociedad
común para construir África en el interés de nuestra raza. Unidad de intereses. Todo el
mundo sabe que no hay ninguna diferencia entre los nativos africanos y los negros
americanos y de las Indias Occidentales, y que somos descendientes de una familia
común. Es sólo por accidente que fuimos divididos y apartados por más de trescientos
años, pero se siente que cuando llegue el momento de volver a estar juntos, lo haremos
con el espíritu de amor fraternal, y cualquier negro que espero ser asistido por la
Asociación Universal para el Progreso de los Negros, allí o en cualquier parte, para
ejercer una superioridad arrogante sobre los compañeros de su propia raza, está en un
tremendo error. Tal persona haría mejor en permanecer donde está y no intentar de
ninguna manera interesarse en el mayor desarrollo de África. El negro ha tenido
suficiente de la vana práctica de la superioridad racial inflingida sobre él por otros, por
tanto no está preparado para tolerar una cosa similar de parte de su propio pueblo. En
América y las Indias Occidentales, tenemos negros que se consideran tan por encima de
sus compañeros como para llevar a estos a pensar que cualquier reajuste en los asuntos
de la raza será tomado por ellos en sus manos para ejercer una suerte de control
despótico y autocrático al igual que otros han hecho por siglos. Nuevamente digo, sería
aconsejable para tales negros poner sus manos y mentes fuera de la idea popular de
colonizar África en interés de la raza negra, porque el que estén identificados con este
nuevo programa de ninguna manera nos ayudará debido al sentimiento prevaleciente
entre los negros de todas partes de no tolerar la superioridad de raza o de clase por sobre
ellos, como es el deseo de los auto-designados y auto-creados líderes raciales que
hemos estado teniendo en los últimos cincuenta años.

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Las masas de negros de América, las Indias Occidentales, América Central y del
Sur están en acuerdo total con las aspiraciones de los nativos africanos. Deseamos
ayudarlos a construir al África como un Imperio Negro, donde todo hombre negro, tanto
si ha nacido en África o en el mundo occidental, tendrá la oportunidad de desarrollarse
sobre sus propios lineamientos bajo la protección de las instituciones democráticas más
favorables. Será inútil, como señalamos antes, para los negros petardistas dejar América
y las Indias Occidentales para ir al África, pensando que tendrán posiciones
privilegiadas para infligir sobre la raza esa bastarda aristocracia que han tratado de
mantener en el mundo occidental a expensas de las masas. África desarrollará por sí
sola una aristocracia, pero estará basada en el servicio y lealtad a la raza. Que todos los
negros trabajen para ese fin. Yo siento que es sólo una cuestión de unos pocos años más
antes que nuestro programa sea aceptado no solamente por los pocos estadistas de
América que ahora están interesados en él, sino por los mayores estadistas mundiales,
como la única solución para el gran problema racial. No hay otra manera de evitar la
amenazante guerra entre las razas que está por englobar a toda la humanidad, que ha
sido profetizada por los mayores pensadores del mundo; no hay método mejor que
ubicando a cada raza en su propio hábitat. El momento realmente ha llegado para los
asiáticos de gobernar Asia por sí mismos, como es el caso de los europeos en Europa y
el mundo occidental, ese también es el deseo de los africanos, gobernarse por sí mismos
en su hogar, y de esa forma trayendo la paz y la satisfacción para la familia humana
entera.
Traducción: Luis César Bou

El himno universal etíope, 1920

En la Convención de 1920 de Nueva York, presidida por Marcus Garvey, el artículo 40


de la “Declaración de los.
Pueblos Negros” resolvió que “Etiopía Tierra de Nuestros Padres” sería el “himno de la
raza negra”.

(Poema de Burrell y Ford)

I
Etiopía, tierra de nuestros padres,
Que los dioses gustaban habitar,
Así como se forman en la noche las nubes de tormenta
Así corren hacia ti nuestros ejércitos.
Venzamos en la lucha
Cuando brillen las espadas desenvainadas.
Nuestra victoria será gloriosa
Conducida por los rojos, los negros y los verdes.

CORO
Adelante, adelante hacia la victoria,
Hacia la libertad de África;
Adelante al encuentro del enemigo
Con el poder
Del rojo, del negro y del verde.

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II
Etiopía, cae el tirano
Que te golpeó haciéndote arrodillar,
Y tus hijos te llaman con fuerza
A través de mares distantes.
Jehová, el Grande, nos ha oído,
Escuchó nuestros suspiros, vio nuestras lágrimas,
Con Su espíritu de Amor nos impulsó
A ser Uno de los años venideros.

CORO: Adelante, adelante, etcétera.

III
Oh Jehová, Tú, Dios de los siglos,
Otorga a nuestros hijos esa primacía,
La sabiduría que diste a Tus sabios
Cuando Israel sufría en la necesidad.
Tu voz habló a través del confuso pasado,
Etiopía extenderá su mano,
Tú romperás todas las cadenas,
Y el Cielo bendecirá la amada tierra de nuestros padres.

CORO: Adelante, adelante, etcétera.

R. L. Buell, The Native Problem in África, 2 vol.. (Nueva York, Macmillan, 1928), vol
II, págs. 969-970.

William Du Bois
Las almas de la gente negra
I De nuestros esfuerzos espirituales

Oh agua, voz de mi corazón, llorando en la arena,


Llorando toda la noche con un llanto triste,
Cuando me acuesto y escucho, y no puedo entender
La voz de mi corazón en mi pecho o la voz del mar,
Oh agua, llorando por descanso, ¿es eso, es eso?
Durante toda la noche el agua está llorándome.

Agua inquieta, nunca habrá descanso


Hasta que la última luna se oculte y la última marea baje,
Y el fuego del fin comience a quemar en occidente;
Y el corazón esté cansado y maravillado y comience a llorar como el mar,
Toda la vida llorando sin provecho,
Como el agua toda la noche está llorándome.

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ARTHUR SYMONS.

Entre yo y el otro mundo hay siempre una pregunta sin respuesta: sin respuesta
por algunos debido a sentimientos de cortesía; por otros debido a la dificultad en
construir una respuesta correcta. Todos, sin embargo, dan rodeos en torno a la respuesta.
Se acercan a mí de una manera algo dubitativa, me miran curiosa o compasivamente, y
luego, en lugar de decirlo directamente, ¿Como sintiendo un problema? dicen: Conozco
en mi pueblo a un excelente hombre de color; o: luché en Mechanicsville; o: ¿No le
hacen hervir la sangre estos ultrajes del Sur? Ante esto yo sonrío, o estoy interesado, o
reduzco el hervor a unas burbujas, como la ocasión lo requiere. Para la verdadera
pregunta: ¿Como se siente siendo un problema? Yo nunca respondo una palabra.

Y sin embargo, ser un problema es una experiencia extraña, peculiar aún para
alguien que nunca ha sido otra cosa, salvo quizá en la niñez en Europa. Es en los
tempranos días de traviesa juventud cuando primero se enciende la revelación sobre
uno, en un solo día, así es. Recuerdo bien cuando me cruzó la sombra violenta. Yo era
pequeño, en las colinas de Nueva Inglaterra, donde los oscuros vientos van hacia el mar.
En una pequeña escuela de madera, algo puso en la cabeza de los muchachos y chicas el
comprar primorosas tarjetas de visita --a diez centavos el paquete-- e intercambiarlas. El
intercambio era alegre, hasta que una chica, alta y recién llegada, rechazó mi tarjeta, --la
rechazó perentoriamente, con una mirada. Entonces cayó sobre mí con cierta
brusquedad el hecho de que yo era distinto de los otros; o igual, puede ser, de corazón y
vida y deseo, pero separado de su mundo por un gran velo. No tuve después de eso
ningún deseo de romper ese velo, para pasar a través de él; consideré a todo lo que
estaba más allá de él con desprecio, y viví por encima de él en una región de cielo azur
y grandes sombras errantes. Ese cielo era más azul cuando podía superar a mis
compañeros en los exámenes, o superarlos en una carrera pedestre, o incluso golpear
sus duras cabezas. ¡Vaya! con los años todo este fino desprecio comenzó a decaer;
porque las palabras que yo utilizaba, y todas sus deslumbrantes oportunidades, eran
suyas, no mías. Pero ellos no mantendrán esos precios, yo decía; algunos, todos, me
apartaré de ellos. Sólo que nunca pude decidir cómo lo haría: estudiando leyes, curando
a los enfermos, contando los maravillosos cuentos que nadaban en mi cabeza, --de
algún modo. Con otros muchachos negros la antipatía no era tan ferozmente brillante:
su juventud se reducía a una adulación sin gusto, o a un odio silencioso del mundo
pálido hacia ellos y un disgusto juguetón de todo lo blanco; o se desgastaban en un
amargo llanto: ¿Por qué Dios me hizo un descastado y un extraño en mi propia casa?
Las sobras de la prisión se cerraban en torno a todos nosotros; paredes estrechas e
inflexibles para los más blancos, pero inexorablemente estrechas, altas, e inescalables
para los hijos de la noche que debían perseverar oscuramente en la resignación, o
golpear inútilmente las palmas contra la piedra, o progresivamente, casi sin esperanza,
observar la línea azul en lo alto.

Detrás del egipcio y el indio, del griego y el romano, del teutón y el mongol, el
negro es una suerte de séptimo hijo, nacido con un velo, y dotado con una segunda vista
en este mundo americano, --un mundo que no le atribuye una verdadera auto
conciencia, sino sólo le deja verse a través de la revelación del otro mundo. Es una
sensación peculiar, esta conciencia doble, este sentido de siempre verse a uno mismo a
través de los ojos de otro, de medir la propia alma con el metro de un mundo que le
mira con jocoso desprecio y lástima. Uno siempre siente su duplicidad, --un americano,
un negro, dos almeas, dos pensamientos, dos esfuerzos irreconciliables; dos ideas en

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combate en un cuerpo oscuro, cuya fuerza inflexible sólo se mantiene estando
violentamente separadas.

La historia del negro americano es la historia de esta contienda, -este deseo de


obtener la autoconciencia humana, unir este doble ser en un ser mejor y verdadero. En
esta unión él no desea que ninguno de los viejos seres se pierdan. Él no africanizaría
América, porque América tiene demasiado para enseñar al mundo y a África. Él no
teñiría su alma negra en un torrente de americanismo blanco, porque sabe que la sangre
negra tiene un mensaje para el mundo. Él simplemente desea hacer posible para un
hombre ser tanto negro como americano, sin ser maldecido y expulsado por sus
compañeros, sin tener las puertas de la oportunidad cerradas reciamente en su cara.

Este, entonces, es el objetivo de su lucha; ser un co-trabajador en el reino de la


cultura, para escapar tanto de la muerte como del aislamiento, para administrar y usar
sus mejores poderes y su genio latente. Estos poderes de cuerpo y mente han sido en el
pasado extrañamente desperdiciados, dispersados, u olvidados. La sombra de un
poderoso pasado negro vuela a través de la historia de Etiopía la Oscura y Egipto el
Misterioso. A través de la historia, los poderes de algún hombre negro se encienden aquí
y allá como estrellas fugaces, y mueren a veces antes de que el mundo haya estimado su
brillantez. Aquí en América, en los pocos días pasados desde la emancipación, el giro
continuo de los hombres negros de aquí para allá en incierto y dudoso esfuerzo
frecuentemente ha hecho que su misma fuerza perdiera efectividad, para verse como
ausencia de poder, como debilidad. Y sin embargo no es debilidad, --es la contradicción
de objetivos dobles. La lucha de doble objetivo del artesano negro --por una parte
escapar desprecio blanco por una nación de meros hacheros de leña y acarreadores de
agua, y por la otra labrar y clavar y cavar para una clientela en la más extrema pobreza--
sólo resultará en hacer de él un pobre artesano, porque él tiene apenas la mitad de su
corazón en cada causa. Por la pobreza e ignorancia de su pueblo, el sacerdote o médico
negro están tentados hacia la charlatanería y demagogia; y por la censura del otro
mundo, hacia ideales que los hacen avergonzarse de sus modestas tareas. Los sabios
negros latentes eran confrontados por la paradoja de que el conocimiento que su pueblo
necesitaba era aritméticamente el doble que el de sus vecinos blancos, mientras que el
conocimiento que podía proporcionar el mundo blanco era como la lengua griega para
ellos. El amor innato a la armonía y belleza que lleva a las rudas almas de su pueblo a
cantar y bailar no provocaba sino duda y confusión en el alma del artista negro; porque
la belleza revelada a él era la belleza de una raza a la que su principal audiencia
detestaba, y él no podía articular el mensaje de otro pueblo. Este desgaste de objetivos
dobles, este buscar satisfacer dos ideales irreconciliables, ha traído tristeza mezclada
con el coraje y fe y hazañas de miles de personas, --los ha llevado frecuentemente a
adorar a falsos dioses e invocar falsos medios de salvación, y a veces incluso ha
parecido hacerlos avergonzarse de sí mismos.

Allá lejos en los días de esclavitud ellos pensaban ver en un evento divino el fin
de todas las dudas y desilusiones; pocos hombres adoraron tanto la libertad con tan
incuestionable fe como el negro americano durante dos siglos. Para él, hasta donde
podía pensar y soñar, la esclavitud era la suma de todas las bajezas, la causa de todas las
penas, la raíz de todos los prejuicios; la emancipación era la llave de una tierra
prometida de mayor dulzura y belleza que la que antes buscaron los fatigados israelitas.
En canciones y exhortaciones se repetía una palabra: libertad; en sus lágrimas y
maldiciones el Dios al que imploraban tenía la libertad en su mano derecha. Finalmente

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vino, --repentinamente, tímidamente, como un sueño. Con un carnaval salvaje de sangre
y pasión vino el mensaje en sus propias cadencias melancólicas:

“¡Gritad, Oh niños!
¡Gritad, sois libres!
¡Porque Dios os ha traído la libertad!”

Los años han pasado desde entonces, --diez, veinte, cuarenta; cuarenta años de
vida nacional, cuarenta años de regeneración y desarrollo, y sin embargo el oscuro
espectro se sienta en su lugar acostumbrado en la fiesta de la Nación. En vano gritamos
a ésta sobre nuestro problema social cada vez más vasto:

“¡No tomes otro modelo que éste, y mis firmes nervios


Nunca temblarán!

La nación aún no ha encontrado paz debido a sus pecados; el hombre libre no se


ha encontrado todavía en libertad en su tierra prometida. A pesar lo bueno que haya
llegado en estos años de cambio, la sombra de una profunda desilusión cae sobre el
pueblo negro, --una desilusión más amarga a causa de que el ideal no logrado fue
dejado escapar por la simple ignorancia de un pueblo sumiso.

La primera década fue meramente una prolongación de la búsqueda vana por la


libertad, la bendición que siempre pareció simplemente eludir su posesión, --como un
tormento, enloqueciendo y descarriando a un ejército sin mando. El holocausto de la
guerra, los terrores del Ku Klux Klan, las mentiras de los “carpet-baggers” (Nota: se
trata de oportunistas llegados desde el norte, luego de la Guerra de Secesión), la
desorganización de la industria, el consejo contradictorio de amigos y enemigos,
dejaron al confundido siervo sin ninguna nueva consigna más allá del viejo grito por
libertad. A medida que corría el tiempo, sin embargo, él comenzó a aferrarse a una
nueva idea. El ideal de libertad demandaba para su logro de medios poderosos, y éstos
le fueron dados por la Decimoquinta Enmienda. El voto, al cual él antes había
considerado como un signo visible de libertad, ahora era considerado por él como el
medio principal de ganar y perfeccionar la libertad con la cual la guerra lo había
habilitado parcialmente. ¿Y por qué no? ¿Los votos no han hecho la guerra y
emancipado a millones? ¿Los votos no han puesto en libertad a los liberados? Un
millón de hombres negros comenzaron con celo renovado a votarse a sí mismos. Así la
década pasó, vino la revolución de 1876, y dejó a los parcialmente libres exhaustos,
sorprendidos, pero todavía inspirados. Lenta pero progresivamente, en los años
siguientes, una nueva visión comenzó gradualmente a reemplazar el sueño del poder
político, --un poderoso movimiento, el ascenso de otro ideal para guiar a los
descarriados, otra columna de fuego en la noche luego de un día nublado. Fue el ideal
de “aprender de los libros”; la curiosidad, nacida de la ignorancia compulsiva, por
conocer y probar el poder de las letras cabalísticas del hombre blanco, el deseo de saber.
Aquí finalmente pareció haber sido descubierto el sendero montañoso hacia Canaán;
más largo que el camino hacia la Emancipación y la ley, arduo y empinado, pero
directo, conducente a cumbres de altura suficiente como para vislumbrar la vida.

Arriba por el nuevo sendero el guardia avanzado trabajó, despaciosamente,


duramente, tenazmente; sólo aquellos que han observado y guiado los pies vacilantes,
las mentes nubladas, los entendimientos embotados, de los oscuros alumnos de estas

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escuelas saben cuán fielmente, cuán piadosamente, esta gente se esforzó por aprender.
Era un trabajo abrumador. El frío estadístico marcó las pulgadas de progreso aquí y allá,
anotó también dónde aquí y allá un pié se hubo resbalado o alguno hubo caído. Para los
cansados andinistas, el horizonte era siempre oscuro, la niebla frecuentemente fría,
Canaán estaba siempre fuera de la vista y muy lejos. Sin embargo, si la panorámica no
descubría todavía el objetivo deseado, ni lugar de descanso, poco que no fuera
adulación y crítica, la jornada daba al menos la oportunidad para la reflexión y el
autoexámen; convirtió al niño de la Emancipación en el joven con naciente
autoconciencia, autorealización, autorespeto. En estoa sombríos bosques de su esfuerzo
su propia alma se alzó ante él, y él se vio a sí mismo, --oscuramente como a través de
un velo; y además él vio en sí mismo alguna débil revelación de su poder, de su misión.
Él comenzó a tener un oscuro sentimiento de que, para lograr su lugar en el mundo,
debía ser él mismo, y no otro. Por primera vez buscó de analizar la carga que llevaba
sobre sus espaldas, ese peso muerto de degradación social parcialmente enmascarado
bajo el nombre de Problema Negro. Él sintió su pobreza; sin un céntimo, sin un hogar,
sin tierra, herramientas, o ahorros, él había entrado en competencia con vecinos ricos,
poseedores de tierra, educados. Ser un hombre pobre es duro, pero ser una raza pobre en
una tierra de dólares es el verdadero fondo de las penalidades. Él sintió el peso de su
ignorancia, --no solamente de las letras, sino también de la vida, de los negocios, de las
humanidades; la pereza y la dejadez y la ruindad acumulada por décadas y siglos
encadenaba sus manos y pies. No era su carga sólo la pobreza y la ignorancia. La
mácula roja del bastardo, que dos siglos de violación legal sistemática de las mujeres
negras había estampado sobre su raza, no sólo significaba la pérdida de la antigua
castidad africana, sino también el peso hereditario de una masa de corrupción por parte
de los blancos adúlteros, amenazando casi con la aniquilación del hogar negro.

Un pueblo con semejante carga no debe ser llamado a competir con el mundo,
sino más bien se le debe permitir dedicar todo su tiempo e intención a sus propios
problemas sociales. ¡Pero vaya! mientras los sociólogos alegremente contabilizan sus
bastardos y prostitutas, la verdadera alma del hombre negro trabajando, transpirando,
está oscurecida por la sombra de una vasta desesperanza. Los hombres llaman a la
sombra prejuicio, y didácticamente la explican como la defensa natural de la cultura
contra la barbarie, el conocimiento contra la ignorancia, la inocencia contra el crimen,
las razas “superiores” contra las “inferiores. A lo cual el negro dice ¡Amen! y jura que
en tanto mucho de este extraño prejuicio está fundado en un justo homenaje a la
civilización, cultura, corrección, y progreso, él lo venera humildemente y mansamente
lo obedece. Pero ante este prejuicio sin nombre que subyace tras todo esto él permanece
sin esperanza, desalentado, y casi sin palabras; ante esta burla y esta falta de respeto,
esta ridícula y sistemática humillación, la distorsión de los hechos y el libertinaje
caprichoso y pícaro, la cínica ignorancia de lo mejor y la vocinglera bienvenida a lo
peor, el deseo omnipresente de inculcar desdén por todo lo negro, desde Toussaint hasta
el diablo, --ante esto se levanta una desesperación que desarmaría y desalentaría a
cualquier nación salvo a esa hueste negra para la cual “desaliento” es una palabra
inexistente.

Pero el enfrentar tan vasto prejuicio no traería sino el inevitable


autocuestionamiento, infravaloración, y caída de los ideales que siempre acompañan a
la represión y a la educación en una atmósfera de odio y desdén. Cuchicheos y malos
agüeros vinieron desde los cuatro vientos: ¡Oh! estamos enfermos y moribundos, se
quejaban las oscuras huestes; no podemos escribir, nuestros votos son vanos; ¿qué

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necesidad hay de educación, si siempre podremos cocinar y servir? Y la Nación se hizo
eco y reforzó este auto-criticismo, diciendo: Estén contentos de ser sirvientes, y nada
más; ¿qué necesidad de una cultura más alta para un medio-hombre? Fuera el sufragio
de los negros, por fuerza o fraude, --y ¡he aquí el suicidio de una raza! Sin embargo, de
lo malo vino algo bueno, --el ajuste más cuidadoso de la educación para la vida real, la
percepción más clara de las responsabilidades sociales de los negros, y la sobria
comprensión del significado del progreso.

Así llegó el tiempo de “Sturm und Drang”: tormenta y tensión hoy mueven a
nuestro pequeño bote en las locas aguas del mar mundial; hay dentro y fuera sonidos de
conflicto, la inflamación del cuerpo y el desgarro del alma; la inspiración se debate con
la duda, y la fe con vanos cuestionamientos. Los luminosos ideales del pasado, libertad
física, poder político, capacitación de cerebros y manos, --todos estos a su turno se han
expandido y desvanecido, hasta que todos se debilitaron y borraron. ¿Eran todos
equivocados, --todos falsos? No, no es así, pero cada uno por sí solo era incompleto y
demasiado simple, --los sueños de la infancia crédula de una raza, o las imágenes de
fondo del otro mundo que no conoce y no quiere conocer nuestro poder. Para ser
realmente verídicos, todos estos ideales deben ser mezclados y fundidos en uno solo.
Necesitamos hoy más que nunca la capacitación de las escuelas, el entrenamiento de
hábiles manos, ojos y oídos prontos, y sobre todo la cultura más amplia, profunda, alta,
de mentes talentosas y corazones puros. El poder del sufragio lo necesitamos como pura
autodefensa, --¿que otra cosa nos salvará de una segunda esclavitud? La libertad,
también, tanto tiempo anhelada, todavía la buscamos, --la libertad de vida y
movimientos, la libertad para trabajar y pensar, la libertad para amar y anhelar. Trabajo,
cultura, libertad, --todo esto necesitamos, no separadamente sino todo junto, no
sucesivamente, sino todo junto, cada uno creciendo y ayudándose mutuamente, y todo
apuntando hacia ese ideal más grande que flota ante el pueblo negro, el ideal de la
hermandad humana, ganada a través del ideal unificador de la raza; el ideal de dar alas y
desarrollar los rasgos y talentos del negro, no en oposición a o contra las otras razas,
sino más bien en conformidad con los ideales mayores de la República Americana, en
orden de que algún día en suelo americano dos razas mundiales puedan darse una a otra
aquellas características de las que ambas lamentablemente carecen. Nosotros los más
oscuros aún ahora no estamos enteramente con las manos vacías: no hay hoy en día
exponentes más verdaderos del puro espíritu humano de la Declaración de
Independencia que los negros americanos; no hay verdadera música americana excepto
las dulces melodías salvajes del esclavo negro; las leyendas y folclore americanos son
indios y africanos; y, lo principal, los hombres negros parecemos el único oasis de fe y
veneración simples en un desierto polvoriento de dólares y picardía. ¿Será América más
pobre si reemplaza sus desatinos dispépticos con la humildad alegre pero determinada
del negro? ¿o su ingenio grosero y cruel con el buen humor jovial y cariñoso? ¿o su
música vulgar con el alma de las canciones tristes del negro?

El problema negro es solamente una prueba concreta de los principios subyacentes


de la gran república, y el esfuerzo espiritual de los hijos de los negros liberados es el
trabajo de almas cuya carga está casi más allá de la medida de sus fuerzas, pero que la
soportan en nombre de una raza histórica, en nombre de esta tierra de los padres de sus
padres, y en nombre de la oportunidad humana.

Y ahora lo que brevemente he bosquejado a grandes rasgos déjenme repetirlo de


distintas maneras en las páginas siguientes, con énfasis amoroso y detalles más

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profundos, de forma que los hombres puedan oír lo que se está agitando en las almas de
la gente negra.
Traducción: Luis César Bou

GEORGE PADMORE:
GUÍA DEL SOCIALISMO PANAFRICANO

La lucha de clases nace de la propiedad privada de los medios de producción. No


existió siempre la explotación mediante la utilización de los medios de producción.

Dijo Marx que la base de todos los sistemas sociales primitivos, como el de los
griegos y los romanos, en el amanecer de la historia, fue la propiedad común de los que
en aquella época eran los medios esenciales de vida sobre la Tierra. Lo mismo puede
observarse en todas las sociedades africanas con anterioridad a la penetración europea y
la implantación del derecho de bienes raíces. Y como entre los africanos todas las
unidades sociales tenían iguales derechos al suelo, o, para decirlo más correctamente,
no existía derecho individual sobre la tierra, no había diferentes privilegios de clase. En
consecuencia, esas sociedades primitivas no se dividían en clases económicas como las
conocemos hoy. No habla patronos ni trabajadores asalariados porque la propiedad
común de la tierra ofrecía a todos la oportunidad de ganarse la vida sin vender su fuerza
de trabajo. Las relaciones sociales eran, por esa razón, las de igualdad social. Todo el
sistema social africano, nacido de la propiedad comunal tribal, o común, de los medios
de vida —la tierra— y sustentado sobre esa base, tomó, de acuerdo con ella la forma de
“comunismo primitivo”

Sólo aparecen diferencias sociales cuando un pueblo pierde su dominio comunal


sobre la tierra y la sociedad empieza a dividirse gradualmente en clases basadas sobre la
propiedad de bienes, produciendo un cambio fundamental en las relaciones sociales...

Aunque la conquista de la tecnología por el hombre permitió el desarrollo de


fuerzas productivas que podían resolver el problema de la escasez, esas fuerzas no
fueron plenamente liberadas. Por el contrario, la clase social de los capitalistas explota a
los trabajadores, dando origen a la lucha de clases.

Es esta posibilidad de abundancia lo que dio forma a la lucha entre “los que
tienen” y “los que no tienen” en todo el mundo. La gente común de Asia, Africa y otras
zonas subdesarrolladas pide participar en las cosas buenas de la vida. El objetivo
socialista, que se combina con el despertar nacionalista en esos países asiáticos y
africanos, constituye fuerzas cuyo dinamismo está cambiando en todo el mundo los
destinos de los pueblos de color olvidados hasta ahora...

George Padmore
LOS COMUNISTAS Y ÁFRICA

En África no hay partidos comunistas bien organizados. En este Continente tienen


el apoyo de las masas los triunfantes movimientos nacionalistas, y a causa de esto el

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comunismo es en Africa una amenaza bastante menor que en Asia, ya que dichos
movimientos nacionalistas africanos, al expresar, como lo hacen, las aspiraciones de las
poblaciones indígenas, quitaron al comunismo la tierra de debajo de los pies.

La mayor parte de los africanos consideran el comunismo exactamente como otra


ideología extranjera emanada de Europa, continente que ha saqueado a Africa durante
siglos. Por otra parte, los africanos no han tenido contacto directo con los rusos, ya que
Rusia no tuvo nunca colonias en Africa, así que todo lo que saben de los rusos y del
comunismo es a través de la propaganda occidental, de la cual no se fían.

La revolución que se está realizando en Africa es triple. Hay, en primer lugar, la


lucha por la independencia nacional. En segundo lugar hay una revolución social, que
sigue a la consecución de la independencia y la autodeterminación. Y en tercer lugar,
los africanos buscan alguna forma de unidad regional como precursora de unos Estados
Unidos de Africa. Pero, mientras no se realice lo primero, no pueden movilizarse las
energías del pueblo para realizar las etapas segunda y tercera, que son más difíciles aún
que la primera, pues suponen la eliminación total de la herencia económica y social del
colonialismo, como el soborno y la corrupción, la ignorancia, la pobreza y la
enfermedad, y la construcción de una sociedad en consonancia con las aspiraciones del
pueblo a un Estado benefactor con su bienestar como fondo.

Necesidad de un Socialismo Africano


Así como las diferentes escuelas de socialismo europeo aspiran a realizar la vida
buena en la tierra, con la cual todo el mundo hará aportaciones según su capacidad y
tendrá su parte según sus necesidades, debemos nosotros crear nuestra propia forma de
Socialismo Africano, adecuado a nuestras circunstancias y a nuestro fondo histórico,
para que sirva mejor a las necesidades del pueblo de Ghana. En otras palabras, no
debemos seguir a ciegas las líneas socialistas de enfoque que ya tuvieron lugar en la
Europa occidental y en la Rusia Soviética, donde las circunstancias son completamente
diferentes de la de Africa. Lenin, arquitecto del primer Estado socialista, y su partido,
no siguieron a ciegas el marxismo al crear los instrumentos más adecuados para las
circunstancias rusas. De un modo análogo, el enfoque africano del socialismo debe
basarse en una política de adaptación, aunque teniendo presente sin cesar nuestra meta,
el progreso pacífico del Socialismo Africano, que debe tener los siguientes propósitos y
objetivos principales:

1) Políticamente, el Socialismo Africano se esforzará por promover y


salvaguardar la democracia popular basada en el sufragio universal de los adultos (un
individuo, un voto, independientemente de la raza, el color, las creencias o el sexo), los
derechos humanos fundamentales, la justicia social y el imperio de la ley.

2) Económicamente, el Socialismo Africano tratará de promover y salvaguardar el


bienestar del individuo mediante la propiedad y el control comunes de los medios
esenciales de producción y distribución, y últimamente, la abolición de la posibilidad de
vivir de rentas, intereses y ganancias.

3) Socialmente, el Socialismo Africano procurará que el Estado promueva y


salvaguarde trabajo para todos, y la ejecución por todos los ciudadanos de trabajo de
valor social según su capacidad, a la vez que todos ellos participarán en los recursos
comunes de la nación según sus necesidades. Se darán a todos oportunidades iguales,

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independientemente de la raza, la tribu, el color, la clase o las creencias. El talento y el
carácter serán los únicos criterios del mérito en la vida pública.

En Ghana, a diferencia de Rusia, el gobierno de la Convención del Partido del


Pueblo (CPP) ha sentado ya la sólida base de la democracia política fundada en el
gobierno parlamentario, en el sufragio universal de los adultos, en la libertad de re-
unión, de palabra y de imprenta, así como en el imperio de la ley. Ahora le incumbe al
gobierno de Ghana reforzar la democracia política con la democracia económica. Esto
exige planeación, pues sólo mediante ella podrá la CPP cumplir sus promesas
electorales al pueblo y desarraigar los principales males sociales a que ha de hacer
frente el país: desempleo, enfermedad, pobreza, analfabetismo.

Pero llevar adelante nuestros planes para alcanzar el objetivo del estado de
bienestar significa no sólo la modificación de la estructura económica de la sociedad. El
enfoque de la planeación y la realización de ésta exige cambios fundamentales en las
costumbres, hábitos e instituciones del pueblo, así como la reforma de su modo de
pensar. Toda la planeación del mundo no nos llevará hacia la “Nueva Jerusalén” si los
responsables de la ejecución de los planes no tienen un enfoque socialista. Así, úni-
camente con cambios en el pensamiento, las costumbres y la actitud será posible crear
los mecanismos sociales y los medios humanos que requieren el socialismo y su
construcción. En otras palabras, no puede construirse el socialismo sin socialistas.

Nunca se insistirá demasiado en que el socialismo es algo más que un sistema


económico. Es una ordenación social por la cual el pueblo posee en común los medios
de producción y participa según sus necesidades de los frutos de su trabajo colectivo,
esto es, de los bienes y servicios que forjan juntos con los medios productivos. Al
contrario del sistema capitalista, en que cada individuo sólo se cuida de sí mismo, el
sistema socialista exige la máxima cooperación entre todos los miembros de la socie-
dad, porque sólo esa cooperación producirá la abundancia que hará posible en Ghana la
buena vida para todo el mundo.

KWAME NKRUMAH

La necesidad del Panafricanismo

Estos extractos del discurso del presidente Kwame Nkrumak ante la Asamblea
Nacional de Ghana, el 8 de agosto de 1960, deben encuadrarse en el marco de la
pacificación de tumultos originados en el Congo por la presencia de tropas belgas y la
secesión de Katanga. Nkrumah reitera su llamado a la unidad política de África.

...La lucha africana por la independencia y la unidad debe comenzar por la unión
política. Una vaga confederación de cooperación económica hace perder
engañosamente el tiempo. Solamente nuestra unión asegurará una uniformidad en
nuestra política exterior proyectando la personalidad africana y presentando al
continente como una fuerza importante con la que se deberá contar. Repito que una
vaga cooperación económica solo significa una pantalla detrás de la cual los
detractores, protagonistas imperialistas y colonialistas y líderes africanos títeres se
ocultan para operar y debilitar el concepto de cualquier esfuerzo que se realice para
lograr la unidad e independencia africanas. Una unión política supone una política
exterior y defensiva común y un rápido desarrollo social, económico e industrial Los

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recursos económicos de África son inmensos. Solo mediante la unidad estos recursos
podrán ser utilizados para el progreso del continente y para la felicidad del género
humano.

Aprovechemos las lecciones de la historia. El impulso y la personalidad de los


pueblos sudamericanos fueron Frustrados, en gran medida, por el hecho de que, cuando
se disolvieron los imperios coloniales español y portugués, estos países no se
organizaron en unos Estados Unidos de América del Sur. Cuando Sudamérica logró su
independencia, los dominios coloniales que la formaban eran potencialmente tan
poderosos como los Estados Unidos de América. El fracaso de su unión dio como
resultado que una parte del continente se desarrollara a expensas de la otra. Ahora bien,
hay un solo país en América del Sur, el Paraguay, cuya población es inferior a tres
millones de habitantes.

En la actualidad los Estados independientes de África se establecen con


poblaciones inferiores a un millón. Los territorios africanos que han conquistado la
independencia, o que estén por conquistarla en un futuro más o menos cercano, y cuyas
poblaciones son de menos de tres millones de. habitantes incluyen la República
Centroafricana, el Chad, el antiguo Congo francés (cuya población asciende solo a
setecientos cincuenta mil habitantes), Dahomey, Gabón con una población de menos de
medio millón, la Costa de Marfil, Níger, Sierra Leona y Togo.

Es imposible creer que las potencias coloniales crean seriamente que la


independencia sea muy valiosa para los Estados africanos en un estado de
fragmentación tan terrible. Esto ocurre, desde luego, como puesta en práctica de la vieja
política de dividir para reinar. El colonialismo inventó el sistema de gobierno indirecto.
La esencia de este sistema consistía en que un jefe aparecía nominalmente en el
gobierno, cuando en la realidad era manejado detrás de la escena por las potencias
coloniales. El establecimiento de Estados de este tipo parece ser nada más que la
consecuencia lógica de la desacreditada teoría del gobierno indirecto...

Existe un peligro real en el hecho de que las potencias coloniales asegurarán un


tipo nominal de independencia política a pequeñas unidades individuales, con el fin de
asegurar que el mismo y viejo tipo colonial de organización económica continúe por
mucho tiempo después de lograda la independencia. Ello constituye, en si mismo, una
fuente del más grave peligro potencial para el mundo entero. los pueblos de Africa no
buscan la libertad política con fines abstractos. La buscan porque consideran que
mediante la libertad política obtendrán progresos económicos, educacionales, y un
poder real sobre su destino. Si se reconoce la independencia a un Estado tan pequeño
como para no poder movilizar sus propios recursos, y vinculado por una serie de
acuerdos económicos y militares con antigua potencia colonial, se creará enseguida una
situación potencialmente revolucionaria. Estas son las situaciones que enfrenta la nueva
África de hoy...

An Anthology of West African Verse, compilación de Olembe Bassir, Ibadan,


Ibadan Umversity Press, 1957.

PATRICE LUMUMBA

La independencia del Congo, 1960

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Pronunciado en las ceremonias de la independencia del Congo, este discurso es
notable por su sinceridad y por la habilidad de estadista que demuestra. Si bien denota
una evidente amargura, no es vengativo. Puede disipar la creencia extendida en
algunos sectores de que Patrice Lumumba era un hombre sanguinario. Lumuinba fue
asesinado a principios de 1961.

Vuestra Majestad,
Excelencias, señoras y señores,
hombres y mujeres congoleses,
luchadores de la independencia, que hoy sois victoriosos,
os saludo en nombre del gobierno congolés.

Os pido a todos, amigos míos que habéis luchado incesantemente a nuestro lado,
que este trece de junio de 1960 sea conservado como una fecha grabada indeleblemente
en vuestros corazones, una fecha cuyo significado enseñaréis con orgullo a vuestros
hijos, para que ellos, a su vez, transmitan a sus hijos y a sus nietos la historia gloriosa de
nuestra lucha por la libertad.

Porque si bien la independencia del Congo es celebrada hoy con el acuerdo de


Bélgica, una nación amiga con la cual estamos en pie de igualdad, ningún congolés
digno de ese nombre podrá olvidar jamás que fue con la lucha que ganamos la
independencia, con una continua y prolongada, ardiente e idealista lucha, en la cual no
ahorramos nuestra fuerza ni nuestras privaciones, nuestros sufrimientos ni nuestra
sangre.

De esta lucha de lágrimas, fuego y sangre estamos orgullosos hasta las raíces más
profundas de nuestro ser porque fue una lucha noble y justa, absolutamente necesaria
para acabar con la infamante esclavitud que nos fue impuesta por la fuerza.

Este fue nuestro destino durante los ochenta años de gobierno colonial; nuestras
heridas están aún demasiado frescas y son todavía muy dolorosas para permitirnos
borrarlas de nuestra memoria.

Conocimos el trabajo deslomador que se nos exigía la cambio de salarios que no


nos permitían satisfacer nuestra hambre, vestirnos o alojamos decentemente, ni criar a
nuestros niños como las amadas criaturas que son.

Conocimos la burla, los insultos, los golpes, sometidos mañana, tarde y noche,
porque éramos negros. ¿Quién olvidará que a un negro se le dirigía la palabra con
términos familiares no por cierto como a un amigo, sino porque las formas más corteses
estaban reservadas a los blancos?

Conocimos la expoliación de nuestras tierras en nombre de supuestos textos


legales que en realidad solo reconocían el derecho del más fuerte.

Conocimos que la ley no era nunca la misma, se tratase de un blanco o de un


negro; que era benévola con uno, cruel e inhumana con el otro.

Conocimos el atroz sufrimiento de aquellos que fueron encarcelados por sus

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opiniones políticas o sus creencias religiosas; exiliados en su propio país, su destino fue
peor que la misma muerte.

Conocimos que en las ciudades donde había magnificas casas para los blancos y
chozas destartaladas para los negros, que los negros no eran admitidos en los cines o
restaurantes, que no podían entrar en los negocios llamados "europeos", que, cuando un
negro viajaba, era en la bodega más baja del barco, a los pies del blanco acomodado en
su cabina de lujo.

Y, finalmente, ¿quién olvidará los ahorcamientos, o las escuadras incendiarias,


por las que perecieron tan-tos de nuestros hermanos, o las celdas donde eran
brutalmente arrojados aquellos que escapaban de las balas de los soldados, esos
soldados que los colonialistas convirtieron en instrumento de su dominación?

Todo esto, hermanos, nos ha hecho sufrir profundamente.

Pero todo esto, sin embargo, nosotros, que por el voto de vuestros representantes
electos debemos guiar a nuestro amado país, nosotros que sufrimos en nuestra carne y
en nuestro corazón la opresión colonialista nosotros os decimos: todo esto ha terminado
desde hoy.

La República del Congo ha sido proclamada y nuestro amado país está ahora en
manos de sus propios hijos.

Juntos, hermanos míos, comenzaremos otra lucha una lucha sublime, que llevará a
nuestro país a la paz, a la prosperidad y la grandeza.

Juntos estableceremos la justicia social y aseguraremos a cada hombre la justa


remuneración por su trabajo.

Enseñaremos al mundo lo que el negro puede hacer cuando trabaja en libertad, y


convertiremos al Congo el centro de África.

Vigilaremos que las tierras de nuestra nación beneficien realmente a los hijos de
nuestra nación.

Reexaminaremos las leyes anteriores, y haremos otras, justas y nobles.

Terminaremos con la supresión del libre pensamiento, y haremos que todos los
ciudadanos puedan disfrutar totalmente de las libertades fundamentales establecidas en
la Declaración de los Derechos del Hombre.

Suprimiremos la discriminación -cualquiera sea- y otorgaremos a cada individuo


el justo lugar a que le da derecho su dignidad humana, su trabajo y su devoción hacia su
país.

Y para todo esto, amados compatriotas, podéis estar seguros de que contaremos,
no solo con nuestras enormes fuerzas e inmensas riquezas, sino también con la
asistencia de numerosos países extranjeros cuya colaboración aceptaremos mientras sea
honesta y no intente imponernos ningún sistema político, cualquiera que sea éste.

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En este terreno, aun Bélgica, que comprendiendo finalmente el sentido y dirección
de la historia cesó de oponerse a nuestra independencia, está dispuesta a brindarnos su
ayuda y amistad; hemos firmado, a este efecto, un tratado como dos países iguales e
independientes. Estoy seguro de que esta cooperación será provechosa para ambos
países. Por nuestra parte, y aun cuando sigamos vigilando, sabremos cómo respetar los
compromisos contraídos libremente.

Así, en los asuntos internos como en los exteriores, el nuevo Congo que mi
gobierno creará será un país rico, libre y próspero. Pero para llegar pronto a este
objetivo, os pediré, legisladores y ciudadanos congoleses, que me ayudéis con todas
vuestras posibilidades.

Os pido que olvidéis vuestras disputas tribales que consumen nuestras energías, y
que arriesgan convertirnos en el objeto de desprecio de las demás naciones.

Pido a la minoría parlamentaria que ayude a mi gobierno mediante una oposición


constructiva, y que permanezca dentro de los límites estrictos de la legalidad y la
democracia.

Os pido a todos que no exijáis de un día para otro aumentos desconsiderados de


salarios, antes de que pueda poner en marcha un plan general mediante el cual espero
asegurar la prosperidad de la nación.

Os pido que no evitéis ningún sacrificio para asegurar el triunfo de nuestra


magnífica empresa.

Os pido, por fin, que respetéis incondicionalmente la vida y la propiedad de


vuestros conciudadanos, y la de los extranjeros establecidos en nuestro país. Si el
comportamiento de estos extranjeros dejara a veces algo que desear, nuestra justicia se
apresurará a echarlos del territorio de la República; si, por el contrario, su conducta es
satisfactoria, no se los molestará porque también trabajan para la prosperidad de nuestro
país.

Y esto, mis hermanos de raza, mis hermanos en el conflicto, mis compatriotas, es


lo que yo quería decimos en nombre del gobierno, en este magnífico día de nuestra
independencia soberana y completa.

Nuestro gobierno -fuerte, nacional, popular- será la salvación de este país.

¡Honremos a los Campeones de la Libertad Nacional! ¡ Viva el Congo


Independiente y Soberano!

Africa Speaks, compilación de James Duffy y Robert Manners (Princeton, D. Van


Nostrand, Inc., 1961), páginas 90-93.

PATRICE LUMUMBA

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Una mañana en el corazón de África

El asesinato de Patrice Lumumba, a principios de 1961, constituyó uno de los


acontecimientos más dramáticos en una serie de hechos de discordia, confusión,
violencia y amargura cuando el antiguo Congo belga alcanzaba su independencia.
Aquí, el primer ministro del Congo aboga por un Congo unificado, y expresa las
emociones de millones africanos.

Durante mil años tú, negro, sufriste como un animal,


tus cenizas fueron esparcidas al viento del desierto.
Tus tiranos construyeron los templos mágicos y brillantes
donde preservar tu alma, donde preservar tu sufrimiento.
El bárbaro derecho de los puños, y el derecho blanco al látigo.
Tú tenias derecho de morir, también podías llorar.

En tu tótem tallaron hambre y cautiverios sin fin,


E inclusive al abrigo de los bosques acechaba una muerte
Horriblemente cruel, solapada, reptando hacia ti como ramas de
los agujeros y cimas de los árboles
Ciñendo tu cuerpo y tu doliente alma.
Entonces pusieron una gran víbora traicionera en tu pecho,
En tu cuello colocaron el yugo del agusrdiente,
Cambiaron tu apacible vida por el brillo de las perlas baratas,
Tus riquezas increíbles, que son inconmensurables.

Desde tu choza, el tam-tam sonaba en la oscuridad de la noche


Llevando tristes lamentos hacia las fuentes de ríos poderosos
Sobre muchachas violadas, ríos de sangre y lágrimas,
Sobre barcos que zarpaban hacia el país donde el hombrecito
Se revuelca en un hormiguero, y donde el dólar es rey,
A la tierra condenada, que llaman la madre patria.

Allí tu hijo y tu esposa fueron molidos, día y noche,


Por un terrible molino despiadado, destrozándolos con terrible dolor.
Eres un hombre como otros. Te predican para que creas
Que el buen dios blanco reconciliaría al fin a todos los hombres.
Por el fuego sufriste, y cantaste los cantos plañideros
Del mendigo sin hogar, que canta a las puertas de las casas.
Y cuando la locura te poseyó y tu sangre hirvió en la noche
Danzaste, gemiste,
Como la furia de una tormenta a las palabras de una melodía humana
De un millar de años de penar, surgió una fuerza de ti
en la voz metálica del jazz, un grito de liberación desconocido
Que resonó en el continente como una marejada gigante

El mundo entero, sorprendido, se despertó aterrorizado


al ritmo violento de la sangre, el ritmo violento del jazz,
el blanco palideció ante este nuevo canto,
Que lleva antorchas p6rpuras en la oscuridad de la noche

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¡Ha llegado el alba, hermano, el alba! Mira nuestros rostros,
Una nueva mañana despunta en nuestra vieja África.
Nuestra sola será la tierra, el agua, los ríos poderosos
Que el pobre negro entregó durante mil años

Y las resplandecientes luces del sol brillarán de nuevo para nosotros


Secarán las lágrimas en vuestros ojos y los escupitajos de vuestra cara
En cuanto rompáis vuestras cadenas, los grillos pesados,
Los tiempos malvados y crueles se irán para no volver más.
Un Congo libre y bravío surgirá del alma negra
¡Un Congo libre y bravío, el florecer negro, la simiente negra!

Patrice Lumumba, "A Morning in the Heart of Africa", Africa Today, vol. VIII, N° 2,
febrero 1981, pág. 2.

Julius Nyerere
UJAMAA: BASE DEL SOCIALISMO AFRICANO
Este es un fragmento de un famoso discurso pronunciado por Nyerere en abril de
1962, cuando ya era presidente de Tanganica (actual Tanzania). El discurso se produjo
en el marco de una Conferencia sobre el Socialismo Africano realizada en el colegio
Kivukoni, en Dar Es Salam.

El socialismo -como la democracia- es una actitud mental. En una sociedad


socialista es la actitud mental socialista, y no la rígida adhesión a una norma política
uniforme, lo que se necesita para conseguir que las gentes cuiden unas del bienestar de
otras.

El propósito de este trabajo es examinar esa actitud. No esta destinado a definir las
instituciones que pueden ser necesarias para encararla en una sociedad moderna.

En el individuo, como en la sociedad, es una actitud mental lo que distingue al


socialista del no socialista. No tiene nada que ver con la posesión a la no posesión de
riqueza. Personas indigentes pueden ser capitalistas en potencia, explotadores de seres
humanos prójimos suyos. Del mismo modo, puede ser socialista un millonario; puede
dar valor a su riqueza sólo porque puede usarse en el servicio del prójimo. Pero el
individuo que usa la riqueza con propósito de dominar a sus prójimos es un capitalista.
¡Y es tal el hombre, que lo hace siempre que puede!

He dicho que un millonario puede ser un buen socialista. Pero un socialista


millonario es un fenómeno raro. Realmente, es una contradicción en los términos. La
aparición de millonarios en una sociedad no es prueba de la opulencia de ésta; pueden
producirse en países muy pobres, como Tanganica, lo mismo que en países ricos, como
los Estados Unidos de América. Porque no es la eficacia de la producción, ni la cantidad
de riqueza de un país, lo que forma millonarios; es la distribución desigual de lo que se
produce. La diferencia fundamental entre una sociedad socialista y una sociedad

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capitalista no está en los métodos de producir riquezas, sino en el modo en que ésta se
distribuye. Por lo tanto, aunque un millonario podría ser un buen socialista, difícilmente
puede ser producto de una sociedad socialista.

Como la aparición de millonarios en una sociedad no depende de la opulencia de


ésta, los sociólogos deben hallar interesante averiguar por qué nuestras sociedades de
África no producen, realmente, millonarios, pues indudablemente tenemos riqueza
bastante para producir algunos. Creo que los sociólogos descubrirían que es porque la
organización de la sociedad africana tradicional -su distribución de la riqueza que
produce- es de tal naturaleza, que difícilmente hay espacio alguno para el parasitismo.
También pueden ver, naturalmente, que a consecuencia de eso África no podía producir
una clase ociosa de terratenientes y, por lo tanto, no habría nadie que produjese las
obras de arte o de ciencia de que pueden vanagloriarse las sociedades capitalistas. Pero
las obras de arte y los descubrimientos científicos son productos del intelecto, que,
como la tierra, es uno de los dones de Dios al hombre. Y yo no puedo creer que Dios
sea tan descuidado que haya hecho que el uso de uno de sus dones dependa del abuso
del otro.

Los defensores del capitalismo alegan que la riqueza del millonario es la justa
remuneración de su talento o su actividad. Pero ese alegato no tiene el apoyo de los
hechos. La riqueza del millonario no depende de la actividad o los talentos del
millonario mismo más de lo que el poder de un monarca feudal depende de sus propios
esfuerzos, iniciativa o cerebro. Los dos son usuarios, explotadores, de las capacidades y
la actividad de otros individuos. Aun cuando haya un millonario excepcionalmente
inteligente y trabajador, la diferencia entre su inteligencia, su iniciativa y su
laboriosidad y las de otros individuos de la sociedad posiblemente no pueda ser
proporcional a la diferencia entre sus "remuneraciones". Tiene que haber algo que va
mal en una sociedad en que un individuo, por trabajador o inteligente que sea, pueda
adquirir una "remuneración" tan grande como la de mil de sus prójimos juntos.

La adquisividad con el propósito de adquirir poder y prestigio es antisocialista. En


una sociedad adquisitiva la riqueza tiende a corromper a los que la poseen, tiende a
producir en ellos el deseo de vivir más confortablemente que sus prójimos, de vestir y
mejor y de aventajarlos de todas las maneras. Empiezan a creer que deben trepar cuanto
puedan por encima de sus vecinos. El contraste visible entre sus comodidades y las
incomodidades relativas del resto de la sociedad llega a ser casi esencial para el goce de
su riqueza, y esto inicia la espiral de la competencia entre individuos, que entonces es
antisocial.

Aparte de los efectos antisociales de la acumulación de riqueza personal, el deseo


mismo de acumularla debe interpretarse como un voto de desconfianza al sistema
social. Porque cuando una sociedad está organizada de manera que se cuida de sus
individuos, nadie de aquella sociedad se preocupará de lo que será de él mañana si no
acumula riqueza hoy. La sociedad misma se cuidará de él, o de su viuda, o de sus
huérfanos. Esto es exactamente lo que la sociedad africana tradicional hacía con éxito.
Tanto el individuo "rico" como el "pobre" estaban completamente seguros en la
sociedad africana. Una catástrofe natural traía el hambre, pero traía el hambre para
todos, "pobres" o "ricos”. Nadie perecía por falta de comida o de dignidad humana
porque careciese de riqueza personal; podía confiar en la riqueza que poseía la
comunidad de que era miembro. Eso era socialismo. Eso es socialismo. No puede haber

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socialismo adquisitivo, porque eso sería otra contradicción en los términos. El
socialismo es esencialmente distributivo. Su incumbencia es procurar que quienes
siembran recojan una parte justa de lo que siembran.

La producción de riqueza, ya sea por métodos primitivos o modernos, requiere


tres cosas. Ante todo, tierra. Dios nos ha dado la tierra, y es de la tierra de donde
sacamos las materias primas que transformamos para satisfacer nuestras necesidades.
En segundo lugar, instrumentos. Hemos aprendido por pura experiencia que los
instrumentos ayudan. En consecuencia, hacemos la azada, el hacha, la fábrica moderna
o el tractor, para ayudarnos a producir riqueza, los bienes que necesitamos. Y en tercer
lugar, esfuerzo o trabajo. No necesitamos leer a Carlos Marx ni a Adam Smith para
saber que ni la tierra ni la azada producen realmente riqueza.

Y no necesitamos graduarnos en economía para saber que ni el trabajador ni el


terrateniente producen tierra. La tierra es un don de Dios al hombre, y está ahí siempre.
Pero sabemos, aun sin habernos graduado en economía, que el hacha y el arado fueron
producidos por el trabajador. Algunos de nuestros amigos más complicados tienen que
recibir, manifiestamente, la preparación intelectual más rigurosa simplemente para
descubrir que las hachas de piedra fueron producidas por el antiguo caballero llamado
"Hombre Primitivo" para hacerse más fácil desollar el antílope que acababa de matar
con una maza, que también él se había hecho.

En la sociedad africana tradicional todos eran trabajadores. No había otra manera


de ganar la vida para la comunidad. Hasta los ancianos, que parecían divertirse sin
hacer nada y para quienes parecían trabajar todos, en realidad habían trabajado
intensamente durante toda su juventud. La riqueza que parecían poseer ahora no era
suya personalmente; sólo era suya en cuanto ancianos del grupo que la había producido.
Eran sus guardianes. La riqueza en sí misma no les daba poder ni prestigio. El respeto
que les tenían los jóvenes era suyo porque, eran más ancianos que ellos y habían
servido a la comunidad durante más tiempo; y el anciano "pobre" gozaba en nuestra
sociedad de tanto respeto como el anciano “rico”.

Cuando digo que en la sociedad africana tradicional todo el mundo era un


trabajador, no empleo la palabra "trabajador" simplemente como opuesta a "patrono",
sino también como opuesta a "holgazán" u "ocioso”. Una de las manifestaciones más
socialistas de nuestra sociedad era el sentido de seguridad que daba a sus individuos, y
la hospitalidad universal en que podían confiar. Pero hoy día se olvida con demasiada
frecuencia que la base de esa gran realización socialista era ésta: que se daba por sabido
que todo individuo de la sociedad -salvo los niños y los enfermos únicamente- aportaba
su justa parte de esfuerzo a la producción de la riqueza de aquélla. No sólo eran
desconocidos el capitalista, o el explotador hacendado, en la sociedad africana
tradicional, sino que tampoco teníamos esas otras formas de parásitos modernos: el
holgazán u ocioso, que admite la hospitalidad de la sociedad como un "derecho" suyo,
pero no da nada en cambio. Era imposible la explotación capitalista. La holganza era
una ignominia incomprensible.

Aquellos de los nuestros que hablan del modo africano de vida y se enorgullecen,
con toda razón, de conservar la tradición de hospitalidad que es parte tan importante de
ella, quizás harían bien en recordar el dicho swahili: Mgeni siku mbili; siku ya tatu mpe
jembe, o en español: "Trata a tu huésped durante dos días; al tercer día dale una azada".

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De hecho, es probable que el huésped pidiera la azada aun antes de que se la diese su
anfitrión, pues sabía lo que se esperaba de él y se avergonzaría de permanecer ocioso
durante más tiempo. Así, el trabajo era parte integrante, en realidad era la base misma y
la justificación, de ese logro socialista de que tan justamente nos sentimos orgullosos.

No hay socialismo sin trabajo. Una sociedad que no da a sus individuos los
medios para trabajar, o que, habiéndoles dado los medios para trabajar, les impide
compartir una parte justa del producto de su sudor y sus fatigas, necesita ser corregida.
Análogamente, un individuo que puede trabajar -y que es provisto por la sociedad de los
medios para trabajar- pero no lo hace, es igualmente injusto. No tiene derecho a esperar
nada de la sociedad porque en nada contribuye a ella.

Desmond Tutu:
El Problema de Sudáfrica
El obispo Desmond Tutu (1931-) fue el primer Arzobispo negro de Ciudad del
Cabo, cabeza de la Iglesia Anglicana en Sudáfrica. Tutu utilizó su posición para luchar
contra el apartheid. En 1984 fue galardonado con el Premio Nobel de la Paz. Poco
después emitió la siguiente declaración, dirigida al Consejo de Seguridad de las
Naciones Unidas.

Hablo de todo corazón, porque lo estoy haciendo acerca de una tierra a la que amo
profunda y apasionadamente, una tierra hermosa de colinas onduladas y arroyos que
cantan, de cielos claros y estrellados, de pájaros cantores, y de corderos saltarines; una
tierra a la cual Dios ha dotado profusamente con las cosas buenas de la tierra, una tierra
rica en depósitos minerales casi de todo tipo; una tierra de amplios espacios abiertos,
suficientes como para acomodar confortablemente a todos sus habitantes; una tierra
capaz de alimentarse a sí misma y a otras tierras del oprimido continente africano, una
verdadera tierra del pan; una tierra que contribuiría maravillosamente al desarrollo
material y espiritual y a la prosperidad de África toda e incluso del mundo entero. Está
dotada con lo suficiente como para satisfacer las necesidades materiales y espirituales
de todos sus pueblos.

Y entonces deberíamos esperar que tal tierra, verdaderamente rebosante de leche y


miel, sea una tierra donde reinen supremas la paz y la armonía y la satisfacción.
Desafortunadamente, el caso es a la inversa. Porque mi amado país está arruinado por la
división, por la alienación, por la animosidad, por la separación, por la injusticia, por
dolores y sufrimientos evitables. Es una sociedad profundamente fragmentada,
conducida por el miedo y la ansiedad, cubierta por un manto de desesperanza y un
sentido de desesperación, dividida en facciones guerreras hostiles.

Es una tierra altamente volátil, y sus habitantes están sentados en un barril de


pólvora con una mecha muy corta, listo para volarnos a todos hacia el más allá. Hay un
descontento endémico, como una herida infectada que no curará hasta que sean tratados
no solamente los síntomas sino también sus causas profundas.

La sociedad sudafricana está polarizada profundamente. Nada ilustra mejor esto


que los eventos de la semana pasada. Mientras la comunidad negra estaba en el séptimo
cielo del deleite a causa de la decisión de ese comité en Oslo, y mientras el mundo

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estaba felicitando al beneficiario del Premio Nobel de la Paz, el gobierno blanco y la
mayoría de los sudafricanos blancos, muy tristemente, estaban buscando de devaluar
ese premio. Un evento que hubiera sido la ocasión de alegría desinhibida y
agradecimiento expuso una sociedad tristemente dividida.

Antes de que yo llegara a este país a inicios de setiembre para ir de vacaciones,


visité uno de los sitios problemáticos cerca de Johannesburgo. Me reuní con miembros
del Comité Ejecutivo del Consejo Sudafricano de Iglesias, que se había reunido de
urgencia luego que hube urgido al Sr. P. W. Botha a reunirse con los líderes de iglesias
para tratar la situación en rápido deterioro. Como un resultado de nuestra iniciativa de
paz, conseguimos reunirnos con dos ministros del gabinete, demostrando de esa manera
nuestra preocupación para llevar adelante nuestra llamada a ser ministros de
reconciliación y embajadores de Cristo.

En este barrio negro, encontramos una vieja mujer que nos dijo que estaba
cuidado a sus nietos y a los hijos de sus vecinos mientras éstos estaban en el trabajo. El
día sobre el que ella estaba hablando, la policía había estado cazando escolares negros
en esa cuadra, pero los niños habían eludido a la policía, la cual entonces bajó por la
calle en que estaba la casa de la vieja mujer. Sus pupilos estaban jugando frente a la
casa, en el patio. Ella estaba sentada en la cocina en el fondo, cuando su hija irrumpió,
llamándola agitadamente. Ella corrió hacia la sala. Un nieto había caído justo pasando
la puerta, muerto. La policía le había disparado por la espalda. Tenía seis años de edad.
Recientemente un niño de pocas semanas de vida se convirtió en la primera baja blanca
de las actuales agitaciones. Cada muerte es excesiva. Aquellos a los que la comunidad
negra ha identificado como colaboradores con un sistema que los oprime y les niega los
derechos humanos más elementales han encontrado una muerte cruel, lo que
deploramos tanto como cualquier otra muerte. Han rechazado a esa gente que opera
desde dentro del sistema, los que han sido considerados como lacayos y sirvientes, a
pesar de sus títulos de consejeros comunales, y cosas por el estilo, bajo una nueva
aparente concesión que extiende a los negros el derecho al gobierno local.

Más de cien mil estudiantes negros están fuera de la escuela, boicoteando --como
lo hicieron en 1973-- lo que ellos y la comunidad negra perciben como una educación
inferior diseñada deliberadamente para la inferioridad. Una situación previa altamente
volátil ha entrado en ignición varias veces y, como resultado, han muerto más de
ochenta personas. Ha habido descontento industrial, con la realización de la primera
huelga oficial de mineros negros, no sin el pago de las correspondientes víctimas entre
los negros.

Algunos pueden estar inclinados a preguntar: ¿Pero por qué todo este descontento
debe tener lugar justamente cuando el gobierno sudafricano parece haberse embarcado
en el camino de la reforma, ejemplificado externamente por la firma del acuerdo de
Nkomati e internamente por la implementación de una nueva constitución que parece
diferir radicalmente de aquella que reemplaza, en tanto hace lugar a tres cámaras
parlamentarias: una para los blancos, una para la gente de color, y una para los indios;
una constitución descrita por muchos como un significativo paso adelante.

Deseo afirmar aquí, como lo he hecho en otras ocasiones, que el Sr. P. W. Botha
debe ser aplaudido por su coraje al declarar que el futuro de Sudáfrica no puede estar
más determinado solamente por los blancos. Esa fue una afirmación muy valiente. La

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tragedia de Sudáfrica es que algo con tan considerable potencial para resolver la
creciente crisis de nuestra tierra haya estado viciado por la exclusión del 73 por ciento
de la población, la mayoría abrumadora en la tierra.

Tal clase de constitución no puede ser considerada democrática por ningún recurso
de la imaginación. La composición de los comités, en una relación de cuatro blancos -
dos negros - un indio, demuestra elocuentemente lo que la mayoría del pueblo ha
sospechado desde siempre --que intenta perpetuar el dominio de una minoría. El hecho
de que la primera calificación para la membrecía en las cámaras es de tipo racial dice
que esta constitución está diseñada para establecer el racismo y la etinicidad. Los rasgos
más odiosos del apartheid permanecerán intocables e inmodificables. El Acta de Áreas
Grupales, el Acta de Registro de la Población, los sistemas educativos separados para
los distintos grupos raciales; todo esto y más permanecería sin muchos cambios.

Esta constitución ha sido considerada por la principales iglesias de habla inglesa y


por la oposición oficial blanca como desastrosamente inadecuada, y ellos convocaron a
su rechazo en el referendum solamente para blancos de noviembre pasado. La
convocatoria no fue atendida. Los negros rechazaron abrumadoramente lo que
consideraban un fraude, un instrumento en la política de exclusión. Varios grupos
hicieron campaña por un boicot a las elecciones para negros e indios, debo agregar que,
contra muchas probabilidades, lo hicieron mayormente en forma pacífica. Como
sabemos, las autoridades respondieron con su táctica usual de puño de hierro,
deteniendo a la mayoría de los líderes del Frente Democrático Unido y otras
organizaciones que habían organizado el boicot --y tenemos ahora a algunos de ellos
asilados en el consulado británico en Durban, causando un contratiempo diplomático.

El actual descontento fue disparado en gran medida por la reacción de las


autoridades a las demostraciones anti-elección de agosto. La farsesca concurrencia total
de sólo un 20 por ciento dice más elocuentemente que ninguna otra cosa que los indios
y negros han rehusado ser cooptados como los socios minoritarios del apartheid --según
la frase usada por Allan Boesak, el padre fundador del FDU y presidente de la Alianza
Mundial de Iglesias Reformadas.

Pero hay poca libertad en esta tierra de abundancia. Hay poca libertad para no
estar de acuerdo con las determinaciones de las autoridades. Hay un desempleo en gran
escala debido a la sequía y a la recesión que ha herido a la mayor parte de la economía
mundial. Y esto ocurre en un momento en que las autoridades han aumentado los
precios de varios comestibles y también el alquiler en los townships negros --medidas
diseñadas para herir duramente a aquellos menos capaces de abordar los costos
adicionales. No es sorprendente que todo esto haya exacerbado una situación
previamente tensa y volátil.

Así continúa el descontento, en una suerte de guerra de desgaste, con las bajas no
siendo todavía lo suficientemente grandes como para impactar al mundo lo suficiente
como para que quiera emprender acción contra el sistema que es la causa principal de
toda esta agonía. Hemos advertido constantemente que el descontento será endémico en
Sudáfrica hasta que su causa principal sea removida. Y la causa principal es el apartheid
--un sistema vicioso, inmoral, totalmente malo y anticristiano.

La gente aludirá al acuerdo de Nkomati, y nosotros diremos que estamos

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contentos por el cese de hostilidades en cualquier parte del mundo. Pero preguntaremos:
¿Para el gobierno sudafricano la paz es solamente producto de exportación? ¿Por qué la
agresión estatal está reservada para la población civil negra? La noticia de hoy es que el
ejército ha rodeado Sebokeng, un township negro, cerca de Sharpeville, y unas 400
personas han sido arrestadas, incluyendo al padre Geoff Moselane, un clérigo anglicano.

Como negros frecuentemente recorremos la trama de puestos de control en


caminos que conducen a nuestros townships, y estos puestos han sido ocupados por el
ejército en lo que de hecho es descrito como operaciones policiales de rutina. ¿Cuando
se usa al ejército de esta manera, quién es el enemigo?

Las autoridades no han cesado de despojar a los negros de su ciudadanía


sudafricana. Aquí estoy yo, con 53 años de edad, obispo de la iglesia, alguien diría que
persona razonablemente responsable; yo viajo con un documento que dice que mi
nacionalidad es “en el presente indeterminada”. El gobierno sudafricano nos está
convirtiendo en extranjeros en nuestra tierra natal. Continúa imperturbable con su
política viciosa de movimientos forzados de población. Está amenazando con mover a
la gente de Kwa Ngema. Amenaza sin ningún cuidado a las mujeres en el asentamiento
precario KTC cerca de Ciudad del Cabo donde los frágiles techos de plástico son
destruidos todos los días por las autoridades; y el crimen atroz de esas mujeres es que
quieren estar con sus maridos, con los padres de sus hijos.

Los sudafricanos blancos no son demonios; son seres humanos ordinarios, seres
humanos con miedo, muchos de ellos; ¿quién no lo estaría, si fuera sobrepasado cinco a
uno? A través de este alto cuerpo deseo convocar a mis compañeros sudafricanos
blancos a construir juntos una nueva sociedad, porque los negros no están intentando
tirar a los blancos al mar sino sólo clamando por su lugar correcto bajo el sol en su
tierra natal.

Deploramos todas las formas de violencia, la violencia de una sociedad injusta y


opresiva y la violencia de aquellos que buscan derribar esa sociedad, porque creemos
que la violencia no es la respuesta a la crisis de nuestra tierra.

Soñamos con una nueva sociedad que sea verdaderamente no-racial,


verdaderamente democrática, en la que lo que cuente sea el pueblo porque está creado a
la imagen de Dios.

Estamos abocados a trabajar por la justicia, por la paz y por la reconciliación. Les
pedimos por favor que nos ayuden; insten a las autoridades sudafricanas a ir a una mesa
de conferencias con los representantes de todos los sectores de nuestra comunidad.
Solicito a este cuerpo que actúe. Solicito en nombre de la gente común y humilde de
Sudáfrica. Solicito en nombre de los que ocupan tierras en los cruces de rutas y en los
campos KTC. Solicito en favor del padre que ha vivido en un hospedaje para un solo
sexo como trabajador migrante, separado de su familia once meses al año. Solicito en
favor de los estudiantes que han rechazado esta caricatura de educación hecha accesible
sólo para los negros. Solicito en favor de aquellos que están arbitrariamente puestos
fuera de la ley, que son censurados, que son detenidos sin juicio, aquellos presos porque
han tenido una visión de esta nueva Sudáfrica. Solicito en favor de aquellos que han
sido exiliados de sus hogares.

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Digo que seremos libres, y les pido: Ayúdennos, que esta libertad venga para todos
nosotros en Sudáfrica, blancos y negros, pero que venga con la menor violencia posible,
que venga pacíficamente, que venga pronto.

Fuente: Bishop Desmond Tutu, "The Question of South Africa," Africa Report, 30
(JanuaryFebruary 1985), pp. 5052. Traducción: Luis César Bou

WOLE SOYINKA
HACIA UNA VISIÓN SUSTENTABLE DE NIGERIA
Texto del discurso de Wole Soyinka en la reunión de grupos nigerianos pro-
democráticos, realizada simultáneamente en Johannesburgo y Oslo, del 29 al 31 de
marzo de 1996. En esa reunión fue conformado el Frente Unido Democrático de
Nigeria.

No somos un pueblo conquistado. No somos, y nunca hemos sido un pueblo


conquistado. Es cierto, hay partes dentro del espacio geográfico conocido como Nigeria
que han caído bajo el juego de la conquista por parte de fuerzas extranjeras, imperiales,
así como áreas que han conocido la conquista por parte de sectores agresivos y
expansionistas de dentro del mismo espacio geográfico hoy conocido como Nigeria.
Esto está dentro del camino normal en la historia de un pueblo. De estas variadas
vicisitudes políticas, sin embargo, ha resultado una forma de entidad, una identidad
común a la que hoy denominamos, para bien o para mal, como nigerianos. Esta es la
entidad nacional compartida a la que me refiero cuando insisto en que no somos un
pueblo conquistado. Ninguna fuerza ha todavía intentado, o tenido éxito en conquistar
al pueblo que identificamos hoy como nigerianos.

Sin embargo, hoy somos un pueblo subyugado. Y aquí es donde reside el misterio.
¿Cuáles son esas fuerzas que mantienen subyugado a un pueblo de entre noventa y cien
millones de habitantes? ¿Son quizá los herederos de aquellas fuerzas imperiales que
triunfaron en el sometimiento de porciones y fragmentos de aquel espacio conocido
como Nigeria? Sabemos que esas porciones y fragmentos fueron rellenados,
amalgamados, con otros a través de todas las formas de acuerdos y tratados y otros
embustes, por la fuerza de la costumbre, por el consentimiento ante las deudas,
frecuentemente mediante movimientos imperceptibles como acuerdos comerciales y de
explotación de recursos que se combinaron en relaciones ilusorias tales como los
protectorados. Ninguno de estos acuerdos en ningún momento entregó el control de esa
nueva entidad, Nigeria, a ningún poder interno que actuara en su propio interés, o en el
interés de la desaparición de los poderes coloniales.

Si hubo una amalgama formal, y por supuesto sabemos que hubo una en 1914, tal
amalgama estaba en sí misma basada menos sobre cualquier realidad de conquista que
sobre la costumbre de la administración. En resumen, la amalgama estuvo carente de un
acuerdo formal entre las partes constitutivas --que eran en sí mismas sólo parcelas de
los territorios administrados, no entidades nacionales cohesivas. Si los pueblos mismos
acordaron mantenerse dentro de esta nueva estructura artificial, esto no se logró a través
del imperativo de conquista, sino que constituyó un acto de consenso negociado, basado
en sólidas reglas de interacción. Ninguna de estas reglas, por más que se las examine
microscópicamente, refleja ningún término de conquista, dominación o subyugación. Si

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hubo coerción, fue la emanada de una entidad extranjera de cuyo control fue
eventualmente arrancada por la lucha nacionalista, la cual terminó con la ficción
administrativa de un espacio llamado Nigeria e implícitamente refrendó, por primera
vez, la existencia de un pueblo conocido como nigeriano.

Fue esta entidad nacional, Nigeria, la que se convirtió en capaz, por primera vez,
de entrar libremente en acuerdos con otras agrupaciones nacionales. Fue esta entidad
nacional, Nigeria, la que inmediatamente luego de la independencia, repudió el Pacto de
Defensa que había sido impuesto sobre ella por el gobierno británico como una
condición para la independencia. Es ese pueblo, los nigerianos, los que hoy insistimos
en afirmar que nunca han conocido la conquista. Sin embargo, hoy, como dijimos, son
un pueblo bajo una subyugación.

¿Ahora bien, quienes son exactamente las criaturas que los pusieron bajo esa
subyugación? ¿Son quizá los reemplazantes, herederos del viejo orden colonial? Si lo
son, entonces debemos reconocer que el trabajo que imaginamos que estaba finalizado
en 1960 no ha terminado de ninguna manera, y que el trabajo debe continuar. Si ellos
son invasores del espacio exterior, entonces debemos desarrollar una estrategia de la era
espacial que pueda desplazarlos y enviarlos de vuelta al agujero negro que los emitió.
Si, en cambio, descubrimos que no son otros que miembros de nuestra propia entidad
nacional, carentes de la autoridad de la conquista histórica o de la habilitación
voluntaria del pueblo, entonces ellos deben ser reconocidos como lo que en realidad son
--mentirosos y ladrones comunes-- porque lo que ellos han hecho es robar de los
recursos comunes que les fueron confiados, y convertirlos en un instrumento de
subyugación contra los propietarios colectivos.

El ejército es una creación y una propiedad del pueblo. Es establecido para servir
y defender al pueblo y salvaguardar su espacio nacional. Aún cuando las naciones han
venido a constituirse como un fruto de la conquista, tales historias han probado ser
efímeras, incompletas. Meramente se ha iniciado un ciclo de restitución, uno que se
completará solamente cuando el pueblo, el auténtico constituyente de la entidad
nacional recobre su propio ser, implicando a los extranjeros engendradores del poder
que existen entre él en el propósito común de la existencia y rediseñando las relaciones
sobre preceptos igualitarios. Este proceso de balance no es peculiar a ninguna parte del
globo --hoy leemos la auténtica historia del mundo en muchos de los infiernos que han
englobado alguna vez estados plácidos, haciendo explotar mistificaciones centenarias
que han sostenido un poder ajeno.

La única pregunta que permanece es: ¿Estamos preparado para tomar nuestro
aprendizaje de estos incontestables ejemplos de ser sociopolítico de las naciones? ¿O
debemos esperar hasta que una Ruanda, una Yugoeslavia o una Chechenia estallen en
nuestras caras complacientes? Nigeria parece, ¡Ay! estar ubicada en el umbral de la
última opción. Si tenemos un propósito hoy aquí, es el de dirigir nuestras mentes
colectivas a la búsqueda de métodos para eludir esa opción. Pero déjennos
primeramente clarificar, en términos llanos, y en relación con lo que ha sido tratado
hasta ahora, qué representan y qué no esas mentes colectivas. No habrá ningún
problema en mostrar aquí en esta asamblea, reunida con tantos esfuerzos, libre para
todos, una divergencia irreconciliable de actitudes políticas respecto a la crisis presente.
Obviamente, habrá diferencias en nuestras ideas para llegar a las soluciones pero,
nuestra expectativa es que aquellos que están reunidos aquí están de acuerdo en una

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cantidad mínima de principios, el núcleo mismo de los cuales es el rápido fin, no
solamente de la existencia del presente grupo de depredadores militares, sino del
intervencionismo militar en Nigeria para siempre.

Creo que hemos acordado reunirnos aquí porque no podemos entender ni aceptar
los movimientos contradictorios de la clase política, sus acercamientos
colaboracionistas con aquellos que han puesto a nuestro pueblo bajo la subyugación
más brutal de nuestra historia como nigerianos, tal como fue definido antes. Estamos
aterrados por el fracaso en entender al enemigo que condujo a una reunión de la clase
política a designar una delegación de veintiún hombres para requerir una audiencia con
la junta militar en orden a discutir cómo tal junta --que se ha mostrado tan inflexible,
despreciablemente resuelta a permanecer en el poder-- podía ser persuadida para irse.
No es necesario decir, este acercamiento fue ridiculizado públicamente por los corifeos
de la junta, y los emisarios humillados totalmente.

Creo que hemos acordado reunirnos aquí porque, entre el plan de transición de
cinco años de Sani Abacha, descrito deshonestamente como un plan de tres años, y el
plan de transición de un año bosquejado por el jefe Tony Enahoro, vicepresidente de la
Coalición Democrática Nacional de Nigeria, creemos que el último representa la
concesión temporal extrema, absoluta, que estamos preparados para hacer a los
militares, y que verdaderamente preferimos que los militares se vayan hoy, dejen el
poder al presidente electo que pondrá en marcha un gobierno de transición de Unidad
Nacional, conducente a próximas elecciones.

Creo que hemos acordado reunirnos aquí porque reconocemos que no habrá paz
en esa nación, Nigeria, mientras un antiguo jefe de estado, el general Olusegun
Obasanjo, su antiguo diputado Shehu Yar’Adua, Beko Ransome-Kuti, jefe de la
Campaña por la Democracia, Chris Anyawu, el coronel Gwadabe y muchos otros están
detenidos bajo sentencias de muchos años de prisión, luego de juicios secretos
denunciados universalmente acusados de intentar un golpe que en realidad fue
manufacturado por la presente junta en orden a sacarse de encima a los que percibía
como opositores y campeones del movimiento democrático.

Hemos consentido estar presentes aquí porque Frank Kokori secretario general del
sindicato de trabajadores petroleros, y cientos de sindicalistas de todos los sectores
productivos de la nación están encarcelados en diferentes partes de la nación, sin juicio,
sin contacto con sus familiares, no acusados de otro crimen que el de la agitación en pos
de justicia social, política y económica. Estamos aquí porque no aceptaremos una
dispensa que permite la tortura de nuestros amados, el encarcelamiento e
incomunicación de los opositores al gobierno, los asesinatos inspirados por el estado y
los intentos de asesinato del jefe Alfred Rewane, Alex Ibru, Gani Fawehinmi, etc. Nos
hemos puesto la presente tarea porque no podemos aceptar que el Presidente electo de
la nación nigeriana, Moshood M. K. O. Abiola, sea privado de ejecutar el mandato
concedido libremente por el pueblo nigeriano. Estamos reunidos porque estamos
resueltos a desenterrar los restos de setenta y tres oficiales que fueron ejecutados
secretamente cerca de Abuja, en la represa del bajo Usman el 18 de marzo de 1994,
soldados cuyos nombres se añadieron a la lista de bajas y “Perdidos en Acción” en
Liberia y otras aireas donde nuestras fuerzas de mantenimiento de la paz están en
acción.

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Nos proponemos demostrar que nuestros soldados no merecen tal cínica traición
ni que su profesión sea reducida a tal costosa y cínica caricatura de comando.

Estamos aquí porque buscamos construir una nación donde tales hechos oscuros
no sean permitidos más, no sean más concebibles.

En el proceso, creemos que tenemos la responsabilidad de informar al mundo


exterior que aquellos que desean imponer una doble lectura en su consideración de
nuestros problemas, aquellos que sienten sádico placer en reducirnos a ciudadanos de
segunda clase del mundo, son enemigos de toda la humanidad, amarillos, negros y
blancos.

A lo largo del camino, debemos recordar a los apologistas del régimen de Abacha,
especialmente a nuestros propios hermanos negros de los Estados Unidos de América,
que son traidores a su propia historia, y cautivos de una crónica mentalidad de esclavos.
Que cualquier líder autoproclamado de los negros de los Estados Unidos declare, en los
años finales del siglo veinte que la nación negra más populosa del mundo requiere de la
plaga de la dictadura para su progreso, incluso para su propia existencia, simplemente
nos advierte que la emancipación es una mera palabra, una mera condición retórica para
un puñado de representantes demagógicos de nuestra raza en ese continente. Nos
advierte que la emancipación como estado profundo del ser, como verdad, condición
mental y espiritual del ser libre, es ajena a sus capacidades conceptuales. Dada la
oportunidad, tal individuo y su mujer colaborarán en la segunda esclavización de
nuestro continente, en orden a experimentar el sensacional goce del poder. Dejemos a
todos los que beben y comen con nuestros opresores, que pregonan las virtudes de la
dictadura que existen sólo en sus propios vientres saciados recordar que algún día, esta
lucha finalizará, y que la historia les asignará sus espacios ricamente merecidos en los
registros de nuestros pueblos liberados.

Nuestra tarea aquí no es producir un acuerdo en todos los detalles de estrategia,


pero no debemos irnos sin un plan de acción definido, uno que sea específico en el
tiempo. No intentamos, en sólo dos días, unir las diferentes filosofías y visiones de los
grupos participantes, sin embargo nuestro trabajo es crear un cuerpo unificado para las
fuerzas democráticas de la nación. Estamos obligados a buscar lo que cada grupo hace
mejor, de manera que podamos lanzar la nueva organización en su tarea de asignar las
responsabilidades que correspondan a sus acciones pasadas y potencial futuro. La tarea
de este equipo técnico es estructurar un frente unificado que servirá como un claro lugar
para la distribución de esas responsabilidades y para la generación de recursos para su
ejecución. Deberá trabajar con formas de colaboración y actividad productiva,
incluyendo la facilitación técnica de nuestros objetivos. Vivimos, después de todo, en
una época moderna, y debemos poseer todos los recursos tecnológicos que nos lleven
hacia nuestros objetivos. Ha llegado el momento de dejar de lado todas las diferencias
de detalle, y unir todas las capacidades para una efectividad máxima.

Hacia este fin, déjenme establecer claramente que el NALICON, el Consejo


Nacional de Liberación de Nigeria, está comprometido a subsumir su identidad bajo tal
organización, comprometido a poner a su disposición todos sus recursos y
responsabilidades y asistirla para emerger y funcionar con total integridad. Apoyamos
este desarrollo porque, entre otras razones, ha sido imputado en algunos círculos que
estamos en el camino del diálogo constructivo, que nuestras actividades obstruyen el

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éxito de algunas iniciativas serias. De hecho, las cosas han ido tan lejos que hemos sido
incluso acusados de ser responsables, a través de nuestras tácticas, del encarcelamiento
continuo del Presidente electo y otras víctimas democráticas del régimen de Abacha.
Por supuesto negamos esto vehementemente.

Consideramos esto una cínica dimensión de las maniobras fraudulentas cotidianas


del régimen de Abacha. Todavía, podría parecer que algunos amigos internacionales del
pueblo nigeriano están persuadidos de que sus iniciativas apaciguadoras con la junta
darán frutos más rápidamente si movimientos como el NALICON participaran en la
creación de un nuevo cuerpo, con una orientación más inclusiva. Estamos más que
deseosos de poner a prueba la fe y compromiso de los intercesores en tal empresa. Sin
embargo tenemos un sentido del tiempo, y tales cuerpos de apoyo deben entender que
no somos nosotros, sino el sufrido pueblo de Nigeria, el que ahora los pone bajo estricta
observación. Mi tarea final como relator político del NALICON es por lo tanto la de
facilitar la emergencia del Frente Unido Democrático de Nigeria --o cualquiera sea el
nombre que eventualmente adopten las dos conferencias que tienen lugar
simultáneamente este fin de semana, separadas por algo más que la extensión de este
continente.

Déjenme agradecer a nuestros huéspedes por esta reunión, hecha posible por la
organización no-gubernamental Grupo de Apoyo a la Democracia en Sudáfrica y
Nigeria. Las historias frecuentemente comienzan no con flores, no con canciones, sino
con gestos pequeños, de hecho frecuentemente una mera declaración de intenciones. Si
esta reunión no hace más que galvanizar y unir a las fuerzas progresivas de nuestra
nación, reducir su sentido de soledad, de abandono, será todavía un golpe psicológico,
cuyos resultados concretos serán visibles sólo luego del evento. Ser un visionario está
pasado de moda, lo sabemos, en la esfera de la realpolitik, y la tarea se hace aún más
utópica cuando cada grupo busca identificar y estructurar, entre otras cosas, una visión
práctica, sustentable. Sin embargo, para una nación que ha caído tan bajo, que ha
dilapidado su potencial de forma tal que criminaliza casi a cada ciudadano por el mero
acto de serlo, no tenemos nada que perder excepto la elevación de nuestra visión. Tal
visión, una sustentable, debe dar forma a la construcción de los cimientos de una nueva
Nigeria. Es un proyecto que comenzará aquí y en la reunión paralela, y el pueblo de
Sudáfrica tendrá motivos para estar orgulloso, finalmente, de haber ayudado en este
nacimiento.
Traducción: Luis César Bou

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