Debo comenzar este texto con una introducción que me ha venido de reflexionar los elementos fundamentales del análisis

social y su diversa aparición en distintos ámbitos académicos. Cuando el doctor Jaime Osorio ofrece las herramientas para encaminar un análisis social desde la perspectiva de la ciencia sociológica, realmente hace alusión a la obtención del conocimiento, este humilde autor ve enriquecedor el siguiente juego de metáforas antes de meterse de lleno en el análisis social. En el capítulo VII de la República Platón mantiene un diálogo con Glaucón en torno al mito de la caverna. En éste, Platón describe ejemplificando un experimento del conocimiento: tres hombres esclavizados en una cueva son amarrados de sus extremidades y obligados a mirar hacia enfrente. Detrás de ellos hay una fogata que ilumina el paso de la caverna, la que proyecta las sombras de las personas que trabajan en aquella caverna. Son obligados a ver estás imágenes durante años y por fin, creen que no es posible una realidad diferente a ésta. En su obra Fundamentos del análisis social1 el doctor Osorio enmarca un par de conceptos paradigmáticos que establecen las relaciones que interactúan en cualquier ejercicio del pensamiento social: el tiempo y el espacio. En el mito, la caverna es el espacio donde se dan las primeras relaciones y percepciones de los esclavos con su mundo; el tiempo es largo y lineal, ya que ni siquiera tienen las condiciones naturales para observar el paso de un día a otro y así, la percepción de los fenómenos sociales por los esclavos está en el nivel más básico del espesor. Entremos en materia y resolvamos el mito de la caverna.

1. El laberinto y el Estado

Uno de los más entrañables mitos de la cultura griega y latina es aquel que versa la existencia de un laberinto, construido para mantener oculto a un monstruo que devoraba a doncellas; este ser, de nombre Minotauro tenía la cara del humano oculta, había mutado por castigo de las divinidades griegas. Minos, su padre le había mandado a encerrar como un castigo, en un laberinto construido por el ingenio humano que rebasaba a la naturaleza: Ícaro construyó un laberinto para nunca más salir de éste; sin embargo, él, inmenso creador, ha sido desterrado a la isla de Ínsula con su hijo Dédalo, que termina muerto ante un par de alas hechas de sueños y cera derretidas por el sol.

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Osorio, Jaime. Fundamentos del análisis social. La realidad social y su conocimiento. México, FCE, 2012, p.46.

Las comparaciones entre las fuerzas que dominan las sociedades de nuestro continente son profundas y nos ayudan a explicar problemas y reflexiones de índole teórico. Sobra decir que ese laberinto es el Estado, en sus funciones de poder y de constituciones de las distintas formas sociales. El laberinto de Ícaro tiene una particularidad: es imposible descifrar sus orígenes, sus fuentes y por su puesto resolverlo en pos de la salvación de las víctimas que serán devoradas por el Minotauro. Establezcamos primeramente sobre que funciones se establece el Estado, pensando al laberinto como un lugar cargado de espacio, tiempo y densidad. De la definición de Estado podemos plantear varias complejidades, ya que al hablar de las funciones sociales no tenemos conceptos vulgares, sino especificidades. Dice el doctor Jaime Osorio en su libro Fundamentos del análisis social cuando define la noción de tiempo social en comparación con el tiempo cronológico que es el estrato cultural que hemos designado a través de unidades como horas, días, semanas o años. El tiempo social es “diferencial, heterogéneo y discontinuo. Se dilata y se condensa. Hay momentos societales en que el tiempo parece transcurrir lentamente. En épocas de cambio social, a su vez, avanza de manera acelerada” 2, es decir, hay momentos en los que se condensan sucesos y transformaciones sociales a pesar de que puedan ser un día, como la caída del muro de Berlín o meses como el milagroso 1968. Osorio nos plantea la posibilidad de medir el tiempo social en las categorías en que Fernand Braudel clasificó los tres periodos del tiempo: tiempo de corta duración, tiempo de mediana duración y tiempo de larga duración. nuestro laberinto se instaura en este tiempo de larga duración, lleno de pequeños periodos, ondas mínimas en las ondas extensas de los periodos. La razón por la que el laberinto se complejiza y se vuelve más difícil tiene que ver con este periodo de muy larga duración que es el capitalismo y los avatares que forman lonjas extensas pero llenas de densidad en las formas sociales. Por otro lado, en la misma obra, Osorio nos plantea la idea del espacio social en tres dimensiones: la macrorregión, el espacio regional y el espacio local. Por supuesto debemos entender con la macrorregión la teorización de Immanuel Wallerstein en torno al concepto de la economía-mundo capitalista, donde se comprenden las formas espaciales de centro y periferia en un solo sistema planetario: el del capitalismo. Así nuestro laberinto, a modo de marco teórico conceptual, se ha establecido en un momento como periodo histórico, en el caso del Estado, de larga y mediana duración y
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Ibídem.

se ha establecido también dentro de un espacio, pensando su inserción en un sistema planetario como la economía mundo-capitalista. Pasemos a tratar los problemas que nos atañen.

1. El Estado

1.1. ¿Qué es el Estado? El estado es el laberinto del Minotauro. Tiene entre sus elementos características que lo vuelven una entidad social estable que ha permanecido en el tiempo de larga duración desde los principios de la modernidad histórica y desde la fundación del sistema capitalista. Es un laberinto cuyo centro, enmarcado por las oligarquías y las entidades Estado-nación, necesita de la devastación y la subsunción de los sujetos sociales para su garantizar su patrón de reproducción. El Estado tiene como principales características, necesarias para su definición tres semas irreductibles, en síntesis: a) el Estado es la única institución capaz de lograr que intereses restringidos, es decir, de unos cuantos privilegiados, puedan presentarse como intereses de una sociedad; b) el Estado es el centro del poder político, “la condensación en donde todas las redes y relaciones de poder encuentran su núcleo de articulación”; c) el Estado es la entidad central en la que se desempeñan los procesos de producción, reproducción, en el campo material, social, político y económico, de las sociedades. El inmenso laberinto, que es el Estado, es integrado por instituciones; personal burocrático; leyes, normas y reglamentos y una condensación de la red de relaciones de poder: relaciones de dominio mando-obediencia3. El Estado, entonces, atrae a las sociedades y como aquellos valientes que iban a matar al Minotauro voluntariamente (recordemos que no sólo había hombres valientes y voluntariosos, sino que había hombres y damas obligadas a acudir al centro del laberinto para una cita con el Minotauro que no tardaba en devorarlo) va devastando a los hombres cuya libertad ahora no se encuentra en ningún dilema: definimos la noción de comunidad como fundamento de la existencia del Estado en la que se apoyan las nociones de los interés particulares de las clases dominantes por encima de los intereses de las clases dominadas. En particular será en la conformación de los actuales Estados democráticos donde los hombres son iguales, ya que cada cabeza es un voto y lo electoral representa
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Osorio, Jaime. El Estado en el centro de la mundialización. La sociedad civil y el asunto del poder. México, FCE, 2011, p. 20.

la igualdad en lo político; sin embargo, la otra cara de la moneda es la pregunta que muchos de los pensadores tanto del marxismo como de las ciencias de índole social se han hecho sin respuesta alguna: ¿Por qué si estas sociedades de hombres libres son mayorías, estos permiten la existencia de una relación mando. obediencia frente a un grupo de clase dominante que devasta los interés de ese grupo mayoritario? ¿Qué detiene a los sociedades para no devorar a estos grupos dominantes, a estas máscaras de toro que ocultan el verdadero rostro de una oligarquía cuyos rasgos humanos desconocemos, pero que son representados por símbolos internacionales, a través de eslóganes de empresas multinacionales. El laberinto, a pesar de ser la perdición de muchos hombres que lo retaban, se presenta como una manifestación de diversas formas: el Estado requiere del aparato del Estado, estas formas que parecen alternativas de salidas, para su sustento y apariencia. En realidad quienes sustentan el poder político son los poseedores del aparato de Estado, en apariencia, éste no posee el control de las instituciones alternativas a el mismo, como la iglesia, la fabrica o la escuela; sin embargo, el aparato se hace presente a través de sus manifestaciones de control manifiestas en tres partes del poder oficial en cuanto sus formas democrático-liberales: los poderes legislativo, ejecutivo y judicial.

1.1. El Estado en el capitalismo El capitalismo ha dominado durante siglos, en un periodo de muy larga duración, las sociedades modernas. El Estado como forma autónoma se ha desarrollado de manera puntual en cuanto el capitalismo lo ha necesitado para fomentar sus intereses fundamentados en las clases reinantes. El Estado, para esta metáfora el laberinto, es una necesidad para sustentar el contrato social al que han sido sometidos los hombres libres en la modernidad capitalista. La lógica del capitalismo se extiende para garantizar su dominio a través de la forma Estado-nación. Y entendamos lógica del capitalismo como las relaciones de explotación y dominio que se dan al seno del intercambio de dinero por productos fetichizados en cosas. Así, para que el capitalismo mantenga esta formación de relaciones mando-obediencia manda a sus hombres libres, con cabezas iguales, a realizar las demandas de reproducción, ante la necesidad de subsistencia y el poder que engendra el tener únicamente su fuerza de trabajo. Nadie ha obligado a los hombres a devastarse frente al hambre insaciable del Minotauro al centro del Estado; sin embargo, del mismo modo, nadie conoce el rostro de aquella figura semihumana que manda a través de sus intereses. El Estado que es un laberinto, necesita permancer al centro del

tiempo de larga duración y en el espacio de la economía-mundo para sustentar los interés inherentes al mismo.

1.3. Comodificación y Estado Dentro de las relaciones de mando y obediencia un resultado de su operatividad que abreva dentro del Estado en la noción de comodificación. Este proceso es reconocido por diversos estudios como la subsunción de los derechos vitales de los sujetos sociales apropiándolos a empresas que irán, poco a poco, reduciendo las posibilidades de reproducción, producción del proletariado a través de encarecer los servicio básicos que son una obligación del Estado. La comodificación, también llamada “flexibilidad laboral” también se hace cargo de una explotación diferente: la nueva economía exportadora, es decir la que fomenta las relaciones de dependencia de las economías periféricas con las economías centrales, ha resuelto un plan que se basa en la precarización del trabajo y la reducción del poder de compra de los salarios4, prolongando las jornadas de trabajo, la intensificación de la misma jornada a través de los medios tecnológicos que dupliquen la productividad y reduzcan los tiempos reales en la lógica del trabajo socialmente necesario, explotado por el capital como trabajo excedente con tendencia al plusvalor. En América Latina, desde la instauración de Estados Unidos como potencia política a finales del siglo XIX y la obtención de la hegemonía imperialista en la primera década de los años XX5, los Estados y sus Aparatos han ido sometiendo a las instituciones estatales que fomentaban el bienestar social dentro de las sociedades del continente. Dentro de la metáfora del Minotauro, éste se vuelve cada vez más voraz y deja a sus enemigos sin ninguna posibilidad frente a las fuerzas que va desarrollando, tanto físicas como morales, la comodificación es un alimento que renueva fuerzas a los intereses de las clases reinantes por encima de las clases dominadas. En México, cada renovación de un gobierno viene acompañada de una nueva oleada de transformaciones a los proyectos de gobierno: el caso más cercano es el soberbio retorno de un gobierno priista y su delimitación de poder político en contubernio con el PAN para sacar a prisa y a vapor una reforma de corte laboral que devasta los ya inexistentes derechos de los trabajadores: en realidad las reformas que se busca aplicar ya son moneda corriente entre el pueblo mexicano, mas, la búsqueda de una legitimidad

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Osorio, Op. cit. El estado... p. 180. Para mayor detalle de los procedimientos de colonialismo contemporáneo de América Latina consultar: Galeano, Eduardo. Las venas abiertas de América Latina. México, Siglo XXI.

legal lleva al aparato de Estado a arriesgar cierta empatía política, ante la necesidad de mezclar lo político y lo económico, de obtener mayores arrebatos de poder a las clases dominantes y garantizar la sobreexplotación del proletariado. Minotauro devora y no perdona a víctima alguna en su laberinto.

2. Oligarquía

2.1. ¿Qué es oligarquía? Osorio hace una diferencia clara entre clase reinante y clase dominante: en efecto no son lo mismo ya que detentan nombres distintos. En principio, la clase reinante es quien posee el poder dentro de alguna forma de gobierno, ejerce en particular los avatares del ejercicio del Estado, en pocas palabras poseen el Aparato del Estado. La clase dominante no tiene el ejercicio de las normas y las reglas, del premiar y castigar como lo tiene el aparato de Estado; en cambio, la clase dominante impone y garantiza sus modos de subsistencia, antepone sus intereses y los vende al sujeto social como un proyecto que domina el resto del bienestar social. La oligarquía en América latina tiene el poder del Aparato del Estado, en realidad antepone una serie de condiciones políticas que proteja sus intereses. En realidad, la oligarquía latinoamericana son quienes persiguen intereses ajenos y lejanos por el interés y satisfacción propias. Los políticos, tecnócratas y empresarios de los países latinoamericanos se reúnen en comunión para transformar un relato en su fuente fundamental de validez: sólo los más capaces tienen la posibilidad de aspirar al otro relato del progreso. Es decir, frente a la preparación intelectual existe la posibilidad de que el sujeto social supere la pobreza y se transforme en un empresario exitoso, en un hombre de bien, capaz de poseer dinero y poder. En general, el relato del desarrollo puede leerse a nivel de naciones y coincidirá en que países del “subdesarrollo” necesitan prepararse muy bien para algún día llegar al primer mundo; para eso se tiene que implementar las políticas que complemente las ambiciones de las clases dominantes, por lo que los grandes relatos de subdesarrollo no resultan más que búsquedas de una legitimidad completamente perdida. 2.2. Oligarquía y los grandes relatos La metáfora va creciendo, si pensamos en un Minotauro devorando a los hombres y mujeres que son lanzados al laberinto. En general, cuando hablamos de las políticas y los relatos del neoliberalismo latinoamericano contemporáneo, podemos darnos cuenta que

la falacia es práctica común en los discursos políticos: mientras más crezca el pastel, en mayor cantidad será la repartición y la negación paulatina de la pobreza; mas, en realidad, la tajada del pastel jamás toca los estratos bajos, sino que, tiene a subir y quedarse en los pisos más altos, o sea, el de las clases altas.

3. Democracia 3.1. ¿Qué es democracia? Etimológicamente, la democracia se presenta como uno de los grandes relatos del capitalismo y de la modernidad: demos significa pueblo y cratos gobernante, es decir, la definición es el gobierno del pueblo; sin embargo, ¿qué puede fallar que la definición se vuelve una falacia? En los actuales Estados latinoamericanos, el problema de la democracia como una necesidad de legitimidad para los gobiernos se ha vuelto de alta trascendencia. Se planteó, de manera idéntica a los relatos del desarrollo y el progreso, el relato de la democratización de América Latina en oposición a los movimientos de contrainsurgencia manifestados de distintas manera como las dictaduras en el cono sur, pero que coinciden en el relato como gobiernos antidemocráticos. La democratización en América Latina consiste en la legítima búsqueda del respeto de la opinión popular, manifestada en proyectos del orden y el bienestar de las sociedad que dominan. Se piensa que cuando se da un proceso electoral, en realidad se está jugando el destino de un pueblo y sus políticas públicas; mas, en un país como México, el Minotauro es una máscara imposible de descubrir. En realidad, para México, el problema no radica en la postulación y concreción en el gobierno de alguno de los candidatos populares de la oposición (sólo dos nombres son mencionables en este renglón: Cuauhtémoc Cárdenas y Andrés Manuel López Obrador); el problema es el proceso de contrainsurgencia en el que el hegemón tiene sometido a su Estado periférico más valiosa: México. En cambio, es sobresaliente el papel de los gobiernos populares, cuya resistencia, a pesar de provenir desde las relaciones establecidas por el capitalismo, es un ejemplo del estadio actual de la revolución latinoamericana: por supuesto, hacemos referencia a Bolivia y Venezuela, países pertenecientes a un microbloque donde también hay gobiernos como el de Cristina Fernández de Kitchner, presidente de Argentina.

En realidad la democracia actual sufre distintos procesos en América latina uno es lo que el doctor Osorio llama La aporía entre el proyecto económico y el discurso político6 es decir ese absurdo en el orden racional de una idea; la idea tiene su complejidad: mientras en el discurso político se anunciaba a los cuatro vientos el relato de la democratización, la llegada de la equidad, la igualdad, en pocas palabras, buscaban imponer el imaginario de “una sociedad en donde los individuos-ciudadanos tomaban las riendas de las decisiones sobre la vida pública7. Por otro lado, se imponían procesos de devastación, pauperización, explotación, despojo en el plano económico-social: mientras el discurso político era incluyente con los sujetos sociales, el plano económico-.social devastó a las sociedades latinoamericanas. La resistencia de los gobiernos populares son una sorpresa para la

contrainsurgencia para más allá de ese panorama en torno a las resistencias existe un problema en el ámbito del espacio local y de un tiempo de corto alcance.

4. Las resistencias ¿Qué son las resistencias? 4.1. Las resistencias desde las escuelas del pensamiento Diversos pensadores de América Latina han partido brecha a una resistencia por la verdadera democracia, por la defensa de los derechos de los ciudadanos y del proletariado y por la defensa de la libertad de los pueblos americanos. Encumbrados en una tradición larga, podemos mencionar que la Historia ha dado nombre importantes en la instauración de los liberalismos en los Estados Americanos. La búsqueda de la democracia real para países como México es en verdad una aporía en la aniquilación del Minotauro. La mayor contradicción para México viene del conflicto económico y del discuros político. Frente al gran hegemón, los presidentes de las últimas dos décadas han mantenido la falacia de la soberanía y el presupuesto de controlar aún el aparato de poder en el Estado se contradice de una manera hasta monstruosa frente a la defensa de un endeudamiento y una dependencia casi paternal hacia los Estados Unidos en el plano económico. ¿Qué puede ser el motor o el detonante de una transformación social que nos libere de la opresión de gobiernos centrales del primer mundo?

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Osorio, Jaime. Estado, biopoder, exclusión. Análisis desde la lógica del capital. México, antrophos, UAM, 2012, p. 64. 7 Ibídem. p. 65.

En definitiva la otra aporía es fácil de detectar y viene desde el ámbito académico y educativo: no tenemos opiniones políticas. Una de las constantes facetas de las movilizaciones sociales del siglo XXI entre jóvenes proviene de dos probabilidades o vertientes teóricas: una primera de un respeto por los clásicos que tiende a lo radical; una segunda, juventud que tiende a la desesperanza, hacia la ignorancia, hacia un fast food de conocimiento social. Aún hay un tercero que es un obstáculo inmenso en el correcto desarrollo y traspasar de una conciencia crítica en los jóvenes deseosos de transformaciones sociales: los que excluyen. La dificultad de trasnmitir conocimiento debe ser piedra angular de una resistencia y de una lucha por la defensa de las libertades más elementales. Esta resistencia debe tener el nombre de Teseo, en continuidad con el mito del Minotauro. Nuestro pueblo movilizado y resistente el de Ariadna. El Estado como lo conocemos puede perder el aparato del poder sólo a través de la aparición del poder político que cada sujeto social detenta fuera de la simple idea de votar cada seis años. Sin embargo, sin exclusión Teseo puede encontrar el hilo de un relato mejor, uno donde las revoluciones intelectuales sirvan para modificar y encaminar las grandes transformaciones de las sociedades que todavía hoy y tristemente viven en una dependencia económica y política como el mismo laberinto del que escribo. El Minotauro sigue vivo ¿cuánto más vivirá?

Conclusiones

Las conclusiones de un trabajo cuya esfuerzo de investigación habla de su constitución debe de ser reflexiones y no otra cosa. En realidad los elementos que nos ayudan a encontrar vitalidad en el abrevadero de la vida social son las nuevas percepciones del esclavo que es liberado, de aquel que al mirar el sol, al principio se muestra renuente ante la ceguedad de sus ojos; sin embargo, mientras disfruta de la existencia del otro mundo, e esclavo obtiene un conocimiento profundo de otra parte de la vida; ese otro mundo, con nuevas percepciones e ideas, ese “otro mundo es posible”.

UNIVERSIDAD NACIONAL AUTÓNOMA DE MÉXICO

POSGRADO EN ESTUDIOS LATINOAMERICANOS

MAESTRÍA EN ESTUDIOS LATINOAMERICANOS GENERACIÓN 2013

FORMACIÓN ESTRUCTURAL Y PROBLEMAS DEL DESARROLLO DE AMÉRICA LATINA

JAIME OSORIO

FRANCISCO ERASMO LÓPEZ ORTEGA

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