LA DENUNCIA

Las comisarías de Buenos Aires tienen ese no sé qué… viste

En la 25 el oficial me deja pasar con la bicicleta mientras consulta a su compañero porque efectivamente no puede tomarme la denuncia ¿Dónde dice que ocurrió el hecho? Claro va a tener que ir hasta la 9 en Billinghurst y Corrientes. Esquivando camiones de Cliba y a un par de renegados de las sendas con prioridad llego a la 9 donde el papeleo manda. ¿Para hacer una denuncia? Sí, es acá. Termino con él y te atiendo. Paso los minutos entre llamados. Me acerco a la señora que está sentada cerca de una ventana y le pregunto si también tiene que hacer una denuncia (el policía que ordenaba papeles cuando llegué -veinte minutos después- sigue ordenando papeles) No, vengo a buscar a mi hijo que no sé por qué está aquí. Me entero que un oficial de civil tiene problemas con la impresora mientras una inspectora habla por teléfono y aparece otra oficial que cruza dos palabras busca un café y sale. De la puerta hacia dentro en la sala de víctimas de violencia familiar alcanzo a ver a una adolescente y a su madre. Más tarde serían 3 con el padre. Todos en la misma silla. Me llaman. Paso del otro lado del mostrador. Me siento. Vengo a denunciar un robo. Cómo me llamo. Qué edad tengo. ¿Más ó menos recuerda dónde ocurrió? Por Córdoba entre Bulnes ó Salguero. Fueron dos en una moto. ¿Podría reconocerlos? Dos cascos. Vidrio negro. ¿Qué recorrido hicieron? Hago memoria (señas con los brazos para explicar dónde doblaron). Dirección: Sí, de su domicilio. Un teléfono: Celular. Profesión: Ah, va a corregirme lo que escriba entonces. No se llevaron mucho. Por suerte poco ó nada tengo. Descríbalo: Una mochila verde. Verde oscuro ó verde militar. Chiquita. La billetera. También verde con algunos documentos. Botella de agua mineral. Un tupper sucio. La calza azul gastada. ¿Qué más había? El carnet de yoga. El del monotributo. Tarjeta de débito. Vamos a ver lo de la documentación. ¿Documento? El DNI creo que no lo tenía. La cédula, sí. ¿La de policía federal? La del Mercosur. Sí, la de la calle Azopardo. Esa. ¿El nr? No, ni idea. ¿Algo más? Mi billete de la suerte. Algunas

estampitas. Un anotador con mis escritos. Una hoja con la ubicación de mis planetas. Veinticinco pesos. Bueno pongo “y demás efectos personales”. Sí, mis lentes. La funda del teléfono. Creo que es todo. El oficial termina de tipear. Miro la pantalla. ¿La leo? Si quiere. Ahora la imprimo acá mejor. El oficial se acerca con la denuncia y me pregunta ¿Qué me recomendas leer? Algún libro para mis ratos libres. ¿Y qué te gusta leer? Así puedo recomendar bien y no decirte cualquier cosa como que leas mi poesía. Sería muy pedante de mi parte. Leo de todo, cuando tengo tiempo. Me quedo pensando. Firmo. Sabes, te recomiendo leer a Osvaldo Soriano. ¿Leíste algo de él? No. A ver, esperá que anoto. Osvaldo… Sí, Osvaldo Soriano. El oficial escribe. El nombre del libro ahora: Triste, solitario y final. Que al ser de detectives puede que te atraiga. Osvaldo Soriano, el libro Triste, solitario y final. Sí. Bueno, lo voy a buscar. De acuerdo. ¿Es todo? Sí, es todo. Lamento lo del robo. Sí, gracias.

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