Junio 15 de 2007

Yo marcho, tú marchas...
Los estudiantes salen en forma masiva a las calles. ¿Qué hay detrás? MIS COMPAÑEROS y yo sí sabemos por qué salimos a protestar. Estamos en contra de la nueva ley de transferencias porque les va a quitar recursos a la educación, a la vivienda y a la salud, para dárselos a la guerra y a los 'paras' desmovilizados", le dijo a CAMBIO con voz firme un alumno del Colegio Santa Librada de Bogotá la semana pasada. "Yo organicé a la gente para la marcha. Hace dos semanas fuimos nosotros quienes nos tomamos el colegio. Creemos que Uribe nos traicionó pues a pesar de haberse comprometido la semana pasada a revisar el proyecto de reforma a las transferencias, lo aprobó sin mirarlo. Vamos a seguir marchando hasta que el Gobierno nos escuche", sostuvo a su vez un alumno del Colegio Brasilia. Y aunque el Congreso acabó aprobando la reforma constitucional que fue el motivo central de las marchas que tuvieron lugar en diversas ciudades del país, dos hechos centrales sorprendieron a los observadores. El primero, la masiva presencia en las calles de jóvenes de todos los estratos y las más diversas edades. El segundo, el discurso político de los manifestantes que sorprendió a quienes creían que la apatía es la norma entre las nuevas generaciones. Álvaro Camacho, profesor de la cátedra de Movimientos Sociales de la Universidad de Los Andes, fue claro en su diagnóstico. "No se puede subestimar a los jóvenes". Desde siempre Así como se ha vuelto lugar común decir que Colombia es una de las democracias más estables de América, se ha generalizado la creencia de que los movimientos sociales, y entre ellos el movimiento estudiantil, no han tenido desarrollos tan significativos como en otros países de América Latina. No obstante, el país no ha sido ajeno a manifestaciones estudiantiles a lo largo de su historia. Si en las últimas semanas miles de alumnos de colegios y universidades públicas participaron activamente en marchas, ya en los primeros años del siglo XX, en 1909, los estudiantes salieron a protestar contra el presidente Rafael Reyes que se había proclamado dictador. Las manifestaciones derivaron en disturbios, fue declarado el estado de sitio y algunos dirigentes jóvenes terminaron en la cárcel. En los años 20 tuvo lugar un resurgir del movimiento estudiantil inspirado en el Manifiesto de los Estudiantes de la Universidad de

Córdoba, Argentina, divulgado en la revista Universidad dirigida por el maestro Germán Arciniegas. Era una propuesta para incluir a estudiantes y profesores en el gobierno de las universidades, para que la asignación de cátedras y cargos docentes se hiciera por concurso y no a dedo, por la defensa de autonomía universitaria y la libertad de cátedra, entre otras cosas. En Colombia, los estudiantes buscaron, además, acabar con el monopolio de los conservadores y de la Iglesia en la educación superior. Fue una década de agitación general que pasó a la historia por la huelga de los trabajadores de la United Fruit en 1928, que terminó en la masacre que García Márquez inmortalizó en Cien años de soledad. Al año siguiente, el 8 de junio, en una manifestación para conmemorar la masacre y protestar por el nombramiento como Jefe de la Policía de Bogotá del General Cortés Vargas, responsable de la matanza, fue muerto un estudiante de la Universidad Nacional: Gonzalo Bravo Pérez. "Bogotá toda condujo los despojos de Gonzalo Bravo caminando en silencio -escribió entonces el maestro Arciniegas-. Había algo más que las seis tablas de pino pintado: sobre ellas, una bandera de seda. Con sus colores vivos, sin crespones, oro escarlata, esmalte azul: una insurrección. Claro: detrás de la Universidad marchaba la República". Desde entonces, el 8 de junio se convirtió en fecha para recordar a los mártires estudiantiles, que habrían de aumentar el 8 y 9 de junio de 1954 durante la dictadura del general Gustavo Rojas Pinilla. Para conmemorar el asesinato de Bravo, los estudiantes organizaron una marcha pacífica hasta el palacio presidencial. Durante el recorrido hubo escaramuzas con la Policía pero llegaron hasta el centro y, concluido el acto, cuando los estudiantes estaban ya de regreso en la Ciudad Universitaria apareció la Fuerza Pública y disparó. Allí cayó Uriel Gutiérrez. Al día siguiente, por primera y única vez 10.000 estudiantes de la Javeriana, Andes, Rosario, Gran Colombia, Externado, Nacional, América y algunos de bachillerato se unieron en una protesta por el hecho trágico. La marcha avanzó hasta el cruce de la calle 13 con carrera 7ª, donde apareció tropa para impedir el paso. Los estudiantes se sentaron en la calle mientas sus líderes intentaban comunicarse con el entonces ministro de Gobierno Lucio Pabón Núñez. Entonces, por la calle 12 aparecieron refuerzos militares. De repente, sonaron descargas de fusil: nueve estudiantes cayeron sin vida y cerca de 50 quedaron heridos. Fueron declarados "héroes de la Democracia". El Gobierno atribuyó la tragedia a una maniobra de comunistas y laureanistas. Eran tiempos de la guerra fría y del macartismo, pero

también el principio del fin de la luna de miel del Gobierno con la sociedad civil que había visto en el General una posibilidad de superar la violencia política. El desencanto del estudiantado crecía y en 1957, cuando el general Rojas expresó su intención de atornillarse al poder y los dirigentes de los partidos tradicionales y las jerarquías de la Iglesia organizaron un paro cívico para derrocarlo, fue clave el movimiento estudiantil que, tal vez sin proponérselo, se había convertido en uno de los mayores contrapesos de la dictadura. Reformas y la Séptima Papeleta En las décadas siguientes y bajo la influencia de la revolución cubana, la guerra de Vietnam y la revuelta estudiantil de 1968 en París, rebrotó el movimiento estudiantil. En universidades como la Nacional y la UIS se formaron los primeros cuadros políticos que dieron origen al Movimiento Obrero Estudiantil por Colombia, el Eln y el Frente Unido, al lado del padre Camilo Torres. De allí surgió una generación de líderes universitarios que acabaron sacrificados en la lucha armada, como Jaime Arenas, uno de los más destacados dirigentes estudiantiles de la década, asesinado en Bogotá por el Eln en 1972. Los años 70 y 80 fueron más de agitación sindical que de protesta estudiantil, pero en 1989 esa apatía se vio sacudida por el asesinato de Luis Carlos Galán. Surgió entonces la propuesta de un plebiscito para convocar una Asamblea Constituyente que buscara una salida a la crisis institucional creada por la amenaza del narcotráfico. Un grupo de estudiantes propuso la recolección de miles de firmas para darle piso a la iniciativa. "Los jóvenes fueron protagonistas de la conformación del movimiento estudiantil Todavía podemos salvar a Colombia, que promovió la Séptima Papeleta", coinciden en afirmar los politólogos Gabriel Murillo y Rubén Sánchez. Por su parte, el ex ministro Rafael Pardo escribe en su libro De primera mano: "Los estudiantes lideraron, desde la sociedad civil, este proceso de movilización al que se sumaron sectores de los partidos políticos y de medios de comunicación". No obstante, tanto Murillo como Sánchez coinciden en que "la fuerza con que comenzaron esta labor política no se mantuvo y la participación estudiantil en la política retomó su acostumbrada parsimonia". Nuevos bríos A juzgar por las recientes manifestaciones en diferentes ciudades, el movimiento estudiantil parece haber recuperado los bríos perdidos. No parece coincidencia que la Universidad del Tolima esté en paro, que la del Cauca haya suspendido clases tras la movilización de cientos de

alumnos, que la Nacional de Bogotá enfrente dificultades similares, que en Medellín, Bucaramanga y Manizales los estudiantes hayan salido a protestar, que en solo Bogotá 32 colegios públicos hayan sido tomados por los estudiantes en las jornadas de mayo. Y lo nuevo es la participación de estudiantes de bachillerato. Sin embargo, hay quienes sostienen que esto no significa el resurgimiento del movimiento estudiantil. Creen, más bien, que se trata de una movilización manipulada, no espontánea. "Los jóvenes no tienen mucho protagonismo -asegura Murillo-. Parece más bien instrumentalizados por los maestros que intentan usarlos para validar sus demandas". Opinión que comparte la concejala de Bogotá Lariza Pizano: "Creo que hay mucha manipulación en todo esto, producto de la confusión de muchos". La Defensoría del Pueblo, que adelanta un trabajo de acompañamiento permanente de las marchas, cree que el problema no se puede ver en blanco y negro. "Así como asisten grupos de escolares conscientes de su objetivo, que se hacen respetar y son claramente identificables, hemos visto cómo muchos menores son manipulados por grupos universitarios para enfrentarlos con la Policía", dice Ascanio Tapias, coordinador del grupo de acompañamiento. Jorge Jaime, estudiante de 27 años de la Universidad Nacional, opina que no son manifestaciones inducidas por ningún sector político en particular. "Lo que hay es un sentir nacional, pero el Gobierno no oye porque es de palo y tiene orejas de pescado". Y la estudiante de Derecho Cristina Castro piensa que hoy "los jóvenes participan de manera distinta a otros movimientos estudiantiles como el de la Séptima Papeleta". Jesús Alejandro Villa, politólogo de la Universidad Nacional, argumenta que los jóvenes no están simplemente en plan de protesta, de perder clase o de recocha. "Creo que cuando un joven trata de defender derechos como el de la educación es porque tiene un proyecto de vida en el que continuar con sus estudios es importante". Tal vez por esto la mayoría de los estudiantes ve con simpatía las manifestaciones. Según una reciente encuesta de Datexco, el 65,9% de los jóvenes cree que se justifica el paro nacional promovido por educadores del sector público. Los niños La participación de niños de colegio en las recientes protestas es la nota diferente de este aparente resurgir del movimiento estudiantil. "Lo que le da un carácter nuevo, casi inédito, a lo sucedido en los últimos días, es la masiva participación de jóvenes de secundaria, que hasta ahora

habían sido casi invisibles en los procesos sociales", afirma Jesús Villa, estudiante de la Nacional. Por su parte, el subsecretario de Educación de Bogotá, Francisco Cajiao, sostiene que la participación masiva de escolares en las protestas, sobre todo de los últimos grados, obedece a una mayor conciencia frente a los asuntos públicos. "En los últimos años el Distrito ha vinculado escolares en programas como Personeros Escolares, Escuela de Veedores y Jóvenes Contralores, inculcándoles el interés por los temas que afectan su entorno. Es muy lógico que frente al tema de la educación hayan decidido vincularse a las protestas". En este sentido, la estudiante Castro apunta: "A nosotros nos moviliza el descontento generalizado con la educación superior, la autonomía universitaria y la libertad de expresión que son la base de una sociedad democrática". Según cifras de Datexco, los jóvenes ven con buenos ojos la participación de estudiantes de colegio en las movilizaciones: el 51,2% de los encuestados entre 18 y 25 años opina que deben participar en las manifestaciones que promueven los educadores, frente al 70% de los consultados mayores de 25 años que expresaron su total desacuerdo. Dentro de este 70% están los innumerables padres de familia que han expresado su preocupación y que en los días de las protestas pidieron la intervención de las autoridades para sacar a sus hijos de las manifestaciones en las que gritaban arengas contra el Gobierno y portaban carteles de sus colegios y de organizaciones sindicales con consignas contra la privatización de la educación. "Es el colmo que los profesores obliguen a los niños a meterse en sus protestas y les exijan no decir nada en la casa", le dijo a CAMBIO una madre de de familia. "Protestar cuando se es menor de edad y coaccionado por profesores o compañeros mayores es una práctica que ronda con lo ilegal -asegura Carlos Ballesteros, presidente de la Asociación Nacional de Padres de Familia-. Más del 50% de los niños que participaron en las marchas de mayo lo hicieron presionados por sus profesores y con amenazas como quedarse sin clases o sin notas, y por lo menos el 30% de los colegios públicos de Bogotá y otras ciudades recibieron la visita de grupos de activistas universitarios". La Secretaría de Educación de Bogotá admite que muchos menores marcharon coaccionados por compañeros y maestros. "Hay estudiantes que no entendemos cómo terminaron participando en las marchas, son muy pequeños -dice Cajiao-. Suponemos que los maestros consideraron válido invitarlos a participar también a ellos". ¿Hasta dónde?

La agitación estudiantil que vive por estos días el país permite preguntar: ¿Qué tan lejos podría llegar este movimiento? "No es posible pronosticar nada -asegura el profesor Camacho-. Se necesita que los estudiantes, con toda la información, se sienten a analizar con juicio los problemas que los aquejan. No pueden moverse sólo con consignas". Estudiantes como Jorge Jaime y Cristina Castro le ven un futuro más allá de la coyuntura. "Las protestas tienen un alto contenido propositivo -dice Castro-. Las manifestaciones en la calle han venido acompañadas de espacios de discusión sobre el Plan Nacional de Desarrollo y el recorte a las transferencias". Y Jaime agrega: "Como el sistema no permite el debate tenemos que protestar, pero sin duda estamos llegando más lejos que una simple marcha: los jóvenes estamos pensando y estamos haciendo". Este despertar de los jóvenes como algunos califican el fenómeno no sólo está ocurriendo en Colombia. En Chile, estudiantes de secundaria salieron hace poco a las calles a exigir cambios en el sistema educativo. Y en Venezuela, jóvenes opositores del régimen chavista cobraron protagonismo en las protestas contra el cierre del canal de televisión RCTV y se han volcado masivamente a las calles para demostrar que les interesan los temas políticos y que pueden movilizarse en forma organizada. "Mientras más polarizado está un país, más jóvenes se muestran interesados en participar", advierte Lariza Pizano. Lo cierto es que de la persistencia en las demandas y de la capacidad de articularlas, depende el éxito y la consolidación del movimiento estudiantil que podría volver a abrirse un espacio importante de interlocución en el país. Habrá que ver si la participación de los estudiantes obedece a un verdadero interés por los temas que afectan su vida o es el resultado de una manipulación, aunque lo más probable es que sea una mezcla de ambas. Y cabe a la sociedad y al Gobierno oír los reclamos de una juventud que, una vez más, está pidiendo la palabra.
LA INFILTRACIÓN CHAVISTA

Las autoridades sostienen que grupos de izquierda se han infiltrado en los colegios públicos y que desde allí manipulan y coaccionan a los niños para que participen en las marchas. También han identificado que maestros y grupos de universitarios han venido aleccionándolos en los últimos meses. Desde febrero, en colegios de Bogotá como María Montessori, Aquileo Parra, Rodrigo Lara Bonilla, Inem Santiago Pérez, Inem Kennedy y Francisco de Paula Santander, entre otros, ha sido frecuente la presencia grupos de activistas universitarios. "Llegan en cualquier

momento, de a dos, interrumpen la clase y con permiso del profesor empiezan a decir que el Gobierno nos va a dejar sin educación, que van a cerrar el colegio, que tenemos que pelear y que hay que seguir al movimiento bolivariano del presidente Chávez de Venezuela", le contó a CAMBIO una alumna del Inem de Kennedy, una de las instituciones tomadas por los estudiantes durante cinco días. Los padres de familia no han escapado al mismo propósito. "Este año hemos sido citados varias veces y los profesores nos explican lo que va a pasar con la educación -asegura un padre de familia que se abstuvo de dar su nombre por temor a represalias con sus hijos-. Según ellos, el Gobierno va a cerrar los colegios y las universidades. También nos hablan sobre la importancia de seguir el movimiento bolivariano de Chávez". A todo esto se suma la publicación de avisos y mensajes en periódicos como El Mirandista, del colegio Francisco Miranda, y en emisoras como la del Inem Santiago Pérez de Bosa, que invitaban a unirse a las marchas y a participar en los movimientos estudiantiles de izquierda. Y la circulación de folletines como Barricada internacionalista, del movimiento universitario Resistencia Antiimperialista Skin Head, cuyos integrantes llevan la cabeza rapada. Como éste existen otros 10 grupos identificados por las autoridades, la Defensoría del Pueblo y la Secretaría de Gobierno de Bogotá. Según un informe de Inteligencia conocido por CAMBIO, después de la II conferencia de las Farc a principios del año, la orden del secretariado fue infiltrar universidades, colegios públicos y comunidades marginales con milicianos que se hacen pasar por líderes estudiantiles y comunitarios. "Por medio de la interacción con alumnos y padres, las Farc tienen cooptadas familias enteras a las que les pagan un sueldo cercano a 800.000 pesos para que participen en todas las protestas e inicien peleas con la Policía -dice el informe-. Esto está ocurriendo en localidades como Bosa, Ciudad Bolívar y en el vecino municipio de Soacha". HABLAN LOS ESCOLARES El miércoles pasado, CAMBIO estuvo en la sede de la Policía de menores de Bogotá donde estaban detenidos 30 escolares que habían participado en las marchas y pudo hablar con algunos de ellos. Estos son sus testimonios. "Yo salí a protestar porque la institución donde estudio no sirve para nada. Los salones están caídos, los profesores son malísimos y la plata del colegio se gasta en otras cosas. No sé nada de la ley de

transferencias pero supongo que se trata de eso mismo", alumno del Colegio Distrital Virrey Solís. "Ellos le dicen a uno que marche pero que 'pilas' con ir a romper cosas o a ponerse a tirar piedra", alumno del Colegio Brasilia. "Los policías son súper violentos. Me agarraron por el pelo y me sacaron de una tienda donde estaba. Mientras me daban patadas y bolillazos me decían que sabían donde pegarme para que no se me notara, pero fallaron porque me dejaron las piernas amoratadas y ahora yo los voy a denunciar", alumno del Colegio Tecnisistemas. Ver Términos y Condiciones.
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