Ciudad de México, a 9 de octubre de 2013 Lic. Enrique Peña Nieto P R E S E N T E.

Nos complace contar con su presencia en la inauguración del IV Foro de la Democracia Latinoamericana en El Colegio de México. Desde su primera edición, este espacio se ha caracterizado por promover el intercambio de ideas sobre los retos que enfrenta la consolidación democrática en América Latina. Lo mejor sería que, dada la responsabilidad conferida por la investidura que detenta, contáramos con su presencia durante todo el Foro para debatir y escuchar las opiniones que expresen los panelistas. Es de suma importancia hablar sobre democracia y gobierno; principalmente, porque ambos están en crisis en nuestro país. Motivados por el acto, algunos estudiantes de esta institución deseamos transmitirle un mensaje de preocupación en torno a la situación actual del país. Sabemos que cuando comenzó su mandato el país ya estaba infestado de injusticia social, desigualdad, corrupción y una violencia no vista desde tiempos de la Revolución. Desafortunadamente, vemos con tristeza la permanencia, y aun el agravamiento, de estos y otros problemas cuyo peso aplasta, cada vez más, la dignidad de un gran número de mexicanos. Entre esas problemáticas está el deterioro de nuestra incipiente democracia. La democracia, entendida según la define el artículo tercero de nuestra Constitución, como "un sistema de vida fundado en el constante mejoramiento económico, social y cultural del pueblo", es prácticamente inexistente y eso nos preocupa profundamente. Datos de diversas instituciones muestran retrocesos importantes en esos ámbitos: desaceleración económica, propuestas de recortes presupuestales a la cultura, condonaciones fiscales... La democracia representativa ha sido distorsionada por el Pacto por México. En democracia se atiende el disenso y el consenso se genera deliberando. El Pacto, en cambio, coopta a los representantes elegidos para obedecer los acuerdos tomados por el consenso de un órgano que no representa de forma alguna la opinión de los ciudadanos. Además, su gobierno ha estigmatizado nuestro derecho a la protesta pacífica y olvidado la opinión de los afectados por las reformas del Pacto. Su gestión se ha caracterizado por la cerrazón ante voces discordantes con su proyecto. Desde su campaña, se negó rotundamente a enfrentar los cuestionamientos en un debate organizado por jóvenes universitarios –a los que previamente su partido amenazó con investigar por ser supuestos agitadores bajo sueldo. El 1 de diciembre de 2012 cercó la Cámara de Diputados para rendir protesta mientras en las calles aledañas las policías, federal y del D.F., reprimían violentamente cualquier viso de protesta. No hay desarrollo económico. Al contrario, estamos en recesión, hecho confirmado por académicos, de esta y otras casas de estudios, e instituciones públicas. Más aún, las propuestas de reformas en curso afectan la viabilidad del desarrollo nacional e incluyen la posibilidad de que intereses ajenos al progreso en calidad de vida decidan sobre la renta petrolera que a todos nos pertenece. De lograrse la reforma energética perderíamos una poderosa herramienta que se reclamó para la sociedad por el gobierno de Lázaro Cárdenas, y que, bien utilizada, puede contribuir a superar nuestros problemas sociales y económicos.

No hay progreso en seguridad humana. Al contrario, el número de muertes en este sexenio se mantiene con la misma tendencia que el sexenio anterior. La violencia permanece, mientras que su gobierno no ha ofrecido soluciones concretas y factibles para superar la crisis de seguridad que padecemos. Es evidente que su política de medios opta por eludir la mención de cualquier evento violento relacionado con la delincuencia organizada; además, las acciones de su gobierno no han cambiado la tendencia a usar la violencia física y política en detrimento de los Derechos Humanos. No hay progreso educativo y cultural. Hace un par de semanas, a pesar del descontento generado por su proyecto de reforma en materia educativa, hizo saber que no habría modificación alguna a las nuevas leyes –hicieron oídos sordos ante las críticas razonables de expertos y maestros– y desalojó a quienes ejercían el derecho a la protesta en la principal plaza pública de la capital. Una reforma educativa no se puede hacer sin los maestros, sin entender sus condiciones sociales y sin resolver los problemas de fondo de la educación en México. No hay progreso social. Las políticas que usted propone, en forma de “Cruzada”, se parecen más a una dádiva con tintes electorales, que a un mecanismo efectivo para combatir el hambre y la pobreza. Su administración abusa de la desigualdad económica con fines político electorales al usar recursos públicos que deben destinarse a promover la equidad económica y social. En virtud de lo señalado, ¿qué democracia vamos a discutir señor presidente?

ATENTAMENTE Estudiantes de El Colegio de México: Gibrán Ramírez Reyes, Raúl Zepeda Gil, Emilio González, Miguel Ángel Ramírez Villela, Johan Gordillo García, Alfredo de Jesús Ortega Castañeda, Terra Stanley, Diego Emiliano Jaramillo Navarro, Josemaría Becerril Aceves, María Graciela, León Matamoros, Daniel Herrera Rangel.

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