¡No a la baja de la edad de imputabilidad! ¡Los jóvenes no somos peligrosos, estamos en peligro! ¡Ni un pibe menos!

“(…) En los 14 años de cárcel que he pasado -en los regímenes de exterminio físico y psíquico llevado a cabo con precisión científica en Rawson, o los dos años de condena en los pabellones de la muerte (en la U9 de La Plata)- puedo asegurar que lo peor de la cárcel es cuando uno ingresa, cerrándose a tus espaldas los pesados portones con su metálico ruido a encierro; voces autoritarias ordenan, aturden, desnudan, ultrajan, violan toda posible intimidad que pueda quedarte. Para ellos debes estar y sentirte solo, que no quede ningún vestigio de dignidad. La violación a la intimidad y la soledad es la mayor vejación a un ser humano y no se puede permitir hacerle eso a un niño. No se puede ser niño y estar preso. ¿PRESO UN CHICO? ...NI UN SEGUNDO (…)”. (Rubén) La Asamblea por los Derechos de la Niñez y la Juventud surge a partir de la confluencia de distintas organizaciones sociales, sindicales, territoriales, de DDHH, culturales, estudiantiles, políticas, personas independientes comprometidas y trabajadores de distintos dispositivos de niñez y juventud.Se trata de un espacio abierto de encuentro, reflexión y elaboración de acciones, para visibilizar e intentar generar propuestas alternativas a la situación que sufre la juventud de los barrios populares de Rosario y exigir soluciones de fondo a los tres niveles del estado: nacional, provincial y municipal. Soluciones que no pasan por la electoralista, ilegal y reaccionaria propuesta del candidato kirchnerista Martín Insaurralde de bajar la edad de imputabilidad, sino por garantizar los derechos básicos que tienen niños, niñas y jóvenes. Nos convoca el rechazo a la propuesta, reactualizada en cada año electoral, de la baja de edad de imputabilidad -nuevo régimen penal juvenil. Tras la explicita propuesta de apartar del poder discrecional de los jueces y garantizar el acceso a un debido proceso, con garantías e incluso ventajas con respecto al régimen penal de adultos, encontramos un solapado y engañoso intento de bajar la edad de imputabilidad retrocediendo en derechos adquiridos por la juventud. Esto, además, pretende responder a las demandas de mano dura de un sector minoritario de la sociedad, sin resolver las problemáticas de fondo. Frente al creciente malestar social, la violencia que genera la desigualdad económica y la crisis cultural el gobierno responde culpabilizando a los sectores más vulnerables de la sociedad, en lugar de generar políticas públicas integrales que efectivicen la protección y promoción de los derechos de los niños, niñas y adolescentes. Se habla de 10 años de crecimiento económico sostenido pero lo que vemos es el aumento de la brecha entre los más tienen y los que menos tienen, y la prioridad sigue siendo el pago de la deuda y el beneficio de los sectores económicos concentrados. En la Provincia de Santa Fe la situación no es diferente, las fastuosas torres de Puerto Norte conviven con los ranchos y el hacinamiento de los sectores empobrecidos; y las miles de toneladas de alimentos que se van por las barranca del Paraná conviven con el hambre de nuestros pibes. Todavía hay miles de niños, niñas y jóvenes que no acceden plenamente a derechos elementales como salud, educación, vivienda y poder jugar y soñar con un futuro. Ante esto, las respuestas y explicaciones del poder

político apuntan las culpas y responsabilidades a los sectores más empobrecidos, en lugar de hacerse cargo que el problema de la desigualdad es un problema de ausencia de política y respuesta estatal. Repudiamos públicamente los últimos dichos del ex Gobernador, hoy candidato a Diputado Nacional, Hermes Binner, quien simplificando la cuestión, dijo que la llegada a la ciudad por parte de ciudadanos de otras regiones del país y del continente en busca de comida y trabajo son, de repente, la causa de la pobreza. En Rosario, el asesinato de los militantes populares Patóm, Jere, Mono y Mercedes, sumado a los cientos de homicidios de vidas jóvenes en los últimos 2 años, son emergentes que nos exigen una respuesta desde abajo. Situaciones que son presentadas como ajuste de cuentas en las secciones policiales de cada día, en realidad son expresión de la conflictividad social y el narcotráfico. Debemos hacer frente a este negocio multimillonario que se alimenta de la vida de las pibas y pibes, muchos de ellos convertidos en “soldaditos” de la guerra por el control del territorio. Un negocio cuyos grandes ganadores viven bien lejos de las casitas humildes y el barro: ellos habitan los barrios cerrados, las grandes torres desde donde observan la ciudad. Son miembros de la cúpula policial, funcionarios del poder judicial y político, y grandes empresarios. Es por esto que sostenemos que la pelea contra el narcotráfico es una pelea contra el sistema capitalista en su conjunto. Ante esta situación, el Estado en sus tres niveles, prioriza respuestas de corte represivo y desarrolla políticas públicas insuficientes y caracterizadas por: la tercerización (por ejemplo, en la provincia las instituciones de rehabilitación en adicciones son privadas), la precarización laboral y la vulneración de derechos. Además de la escasa existencia de dispositivos sociales, estos son sostenidos principalmente por sus trabajadores que en precarias condiciones -bajos salarios, contratos flexibilizados- intentan dar respuestas a las urgencias sociales. Sumado a esto, las propuestas de baja de edad de la imputabilidad, solo amplían la intervención del poder punitivo y reconocen el fracaso de las políticas sociales de inclusión y contención. Asimismo, no se pone el énfasis en las características que asume ese poder punitivo, que se vivencia en los barrios con el incremento de los casos de gatillo fácil y la política represiva de la institución policial. Estas propuestas, así como la de la creación de la Policía de Proximidad en Rosario, profundizan el autogobierno de la Policía, dándole mayor libertad y autonomía a la misma para ejercer persecuciones, violencia, detenciones y allanamientos ilegales. Quienes componemos la Asamblea, denunciamos la presencia corrupta de la Policía en los barrios, y responsabilizamos al poder político de la Provincia por los niveles de corrupción policial, que se manifiestan en participación directa en el mundo del delito, gerenciamiento del negocio del narcotráfico, vulneración de derechos y muerte. Lejos de condenar e investigar estos hechos, se adoptan posicionamientos condescendientes con el poder policial como el del Ministro de Seguridad provincial Raúl Lamberto, quien en referencia a los recientes hechos ocurridos en las comisarías 14ta. y 4ta. de nuestra ciudad, manifestó que

muchas veces hay abuso de las denuncias de violencia policial y que “se deben escuchar las dos opiniones”. Frente a los casos de violencia policial no existen dos opiniones sino hechos, que deben ser investigados y sancionados sus responsables. Quienes trabajamos en contacto directo y cotidiano con jóvenes que son seleccionados por las instituciones que conforman la cadena punitiva (policía, tribunales y dispositivos de encierro) sabemos que existe un denominador común: las personas que transitan por esta cadena son siempre jóvenes, pobres y en situación de extrema vulnerabilidad. Los lugares de encierro, ampliamente criticados por los mismos trabajadores y denunciados internacionalmente, como el IRAR en Santa Fe, son espacios que violan los derechos humanos básicos y que no garantizan adecuadamente los derechos de las personas privadas de libertad. A su vez, los programas mal llamados alternativos (ya que lo alternativo es el encierro y no la libertad) no disponen de recursos humanos y materiales suficientes para garantizar políticas integrales. A pesar de los intentos por justificar la criminalización de la juventud, la realidad es otra: los hechos violentos cometidos por jóvenes representan una cifra ínfima en relación a la cifra total de homicidios (entre 10 y 15 homicidios cometidos por menores de 16 años, de un total de 1900 casos.) Lo que demuestra que esas propuestas fortalecen el hostigamiento a jóvenes vulnerables de los barrios más humildes, a través de la misma policía que se encuentra implicada en la trama de narcotráfico, redes de trata, coimas y casos de “gatillo fácil”. Asimismo, los datos trabajados por el Colectivo de Investigación Militante sobre los Jóvenes y el Poder Punitivo muestran que más de 70% de los jóvenes que pasaron durante 2011 y 2012 por el IRAR no volvieron a ingresar y el resto cumplió un encierro sin justificación legal más que por “peligrosidad social”. Pero el dato más alarmante que demuestra la vulnerabilidad y la violencia a la cual están expuestos nuestros jóvenes es la tortura policial que sufren cuando son apresados, por más que luego no sean trasladados a un lugar de encierro: casi el 40% de los jóvenes que ingresan al IRAR llegan torturados desde una comisaría, donde los apremios son degradantes. Por otro lado, las muertes violentas: entre enero de 2010 y septiembre de 2013, 33 jóvenes que transitaron por el IRAR en ese mismo período han muerto a raíz de enfrentamientos con la policía (de dudoso esclarecimiento) o entre bandas y dos de ellos fallecieron dentro del IRAR por ahorcamiento. Por último, no podemos dejar de mencionar que, en torno al negocio del narcotráfico, además de ser las víctimas de esta actividad criminal, ya que son explotados, esclavizados, encarcelados o asesinados, en nuestra ciudad hay 120 menores de entre 16 y 18 años procesados por trabajar en búnkers de droga, utilizados como chivos expiatorios en lugar de brindarles un tratamiento político y social. Por todo lo expuesto, nos oponemos tajantemente a cualquier proyecto que bajo el argumento de garantizar derechos tienda a criminalizar a la juventud y a descargar el poder punitivo del Estado

sobre aquellos sectores que resultan ser las primeras víctimas de las desigualdades sociales y a quienes es obligación del Estado garantizarles la efectiva vigencia del sistema de promoción y protección integral para que puedan ejercer todos los derechos humanos consagrados en la normativa nacional e internacional suscripta.
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No a la baja de edad de imputabilidad. Responsabilizamos al gobierno nacional, y a aquellos sectores políticos que acompañen la propuesta, de la ilegalidad que implica tal reforma. Llamamos a todos los sectores a realizar un debate serio en relación a un "Nuevo Régimen de Responsabilidad Penal Juvenil" teniendo en cuenta la opinión de los trabajadores, las organizaciones sociales y los jóvenes, niños y niñas. Basta de Criminalizar la niñez. Declaración de Emergencia en Niñez y Juventud. Seguridad para nuestros/as pibes/as con mayor inclusión social. Plena aplicación del Sistema de Promoción y Protección Integral de los Derechos del Niño y la Niña. Prioridad en la asignación presupuestaria para políticas públicas en materia de niñez, adolescencia y Juventud. Justicia por todos/as los/as niños/as y adolescentes víctimas de la violencia institucional y el narcotráfico. Cierre del IRAR. Basta de mano dura, queremos políticas para la vida. ¡Basta de gatillo fácil! ¡Basta de presencia corrupta de la policía en los barrios! Desprocesamiento de los 120 jóvenes víctimas del trabajo esclavo y la trata en Bunkers.

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