Silvia Palomeque (2006) LAS INVESTIGACIONES SOBRE COMERCIO, CIRCULACIÓN Y MERCADOS DEL “INTERIOR ARGENTINO” DURANTE EL PERÍODO COLONIAL

Y SU CRISIS
Las investigaciones sobre circuitos y mercados fueron desarrolladas desde varios núcleos universitarios, como el bloque UBAUNR-UNL orientado por José Luis Romero, donde participaban Tulio Halperin Donghi, José Carlos Chiaramonte, Nicolás Sanchez Albornoz y Estela Toledo, el grupo de Ceferino Garzón Maceda con Carlos Sempat Assadourian y Anibal Arcondo en la UNC, y el grupo de Horacio Bliss en la UNT. Los trabajos de este conjunto de investigadores presentan las siguientes características. En general, estos investigadores tienden a abordar temas complejos e integrados y sólo ocasionalmente sus investigaciones presentan las características de estar específicamente referidas a la circulación mercantil. Amplios períodos temporales y espaciales son sometidos a análisis. Sólo la media y la larga duración les permiten tratar los amplios temas económicos y sociales de su interés, por lo tanto, no se preocupan en espetar los tradicionales cortes académicos que obligaban a que tal o cual período fuera abordado por especialistas específicos. Tampoco respetan los espacio s “provinciales” de los académicos: su territorialidad es la necesaria para tratar adecuadamente el tema investigado. Otra característica común radica en que todos se basan en un trabajo serio y sistemático sobre diversas fuentes y repositorios, con fuertes preocupaciones sobre la representatividad de la documentación analizada. Si hay algo que caracteriza a este grupo es su fuerte preocupación por los problemas políticos y sociales y su vivencia integrada en una coyuntura nacional e internacional muy particular. Entienden que la circulación mercantil es una “superficie” y que, cuando se investiga en historia, esta superficie pasa a ser el primer espaci o accesible, que luego permitirá ahondar en otro tipo de aspectos cuyo abordaje es más dificultoso, como la producción y las relaciones de producción, que son las que permiten percibir las relaciones de explotación que ordenan la distribución, que son las que permiten percibir las relaciones de explotación que ordenan la distribución. Hay dos núcleos de avances, uno sobre la organización del sistema colonial y otro sobre sus crisis, uno realizado principalmente por el grupo de la UNC y otro por el de la UBA, UNR y UNL. De allí se marca una tendencia a la separación entre los historiadores preocupados por la producción regional para el mercado interno colonial y su destino, y aquellos a quienes les preocupan más las oscilaciones de los circuitos del mercado atlántico, ángulos de análisis diferentes que quizás estén correspondiéndose con los intereses estructurales de las regiones que están analizando. El primer núcleo de avances se produce en torno al tema de economía, sociedad y política en el período borbónico y durante la crisis del orden colonial. El trabajo de mayor incidencia será el de Tulio Halperin Donghi, en 1961, sobre El Río de la Plata al comenzar el siglo XIX . El texto es un aporte clave. Consulta una fuente ya conocida: los expedientes que acompañan a las actas del Consulado de Buenos Aires, donde constan los informes de los Cónsules de las distintas jurisdicciones del nuevo virreinato, que él revisa completas en el AGN al igual que la correspondencia entre comerciantes. Lo realmente novedoso de su trabajo es la nueva lectura interpretativa de esas fuentes. Desde este grupo académico quienes más se preocupan por el antiguo mercado interno colonial y sus lógicas internas son Sanchez Albornoz y Toledo, cuando avanzan sobre un tema clave para el Interior con sus cuidadosos análisis de las exportaciones de mulas por Salta y Jujuy. El otro núcleo académico es el de Córdoba. Garzón Maceda y Assadourian, en estrecha relación con los avances de Jara y Mellafe en Chile, son quienes logran definir el tipo de relaciones mercantiles que articulan a estos espacios regionales con el centro minero de Potosí (al que luego agregan otros centros mineros andinos) y el sistema de monopolio comercial representado por las ciudades-puertos. El eje de este esquema interpretativo consiste en que, dentro de este sistema colonial, las economías regionales no mineras obtienen el metálico a cambio de los productos que demanda la actividad minera, la mayor parte del cual será recuperado por la metrópoli a través de la vía fiscal y por los mercaderes monopolistas a través de la venta de los “efectos” de Castilla, europeos o ultramarinos. Detrás de esos avances de orden general, están las investigaciones sobre el caso de Córdoba realizadas por Assadourian, cuidadosos análisis cuantitativos de las operaciones mercantiles sobre esclavos y ganados que le permiten señalar los principales períodos de la historia económica regional colonial basándose en las fluctuaciones de las cantidades, los precios y el destino de las mercancías exportadas desde la región tanto hacia Potosí como hacia Buenos Aires y Chile. Basándose en la cantidad de mulas exportadas y en la oscilación de sus precios, determina la existencia de un primer período (1620-30) de gran demanda y altos precios en el centro minero, al que la región responde con escasos, insuficientes y valiosos envíos de ganado a cambio de altos retornos en plata. Luego, al profundizarse la sostenida decadencia de la producción minera, a medida que bajan los precios de las mulas (1660 en adelante), los productores tienden a remitir cada vez más animales, hasta que el precio de producción sumado al de transporte se acercan al precio de venta y se concluye suspendiendo las exportaciones. (1710-30). La interrupción total de las exportaciones de mulas de Córdoba y sus características también se confirma en la investigación de Arcondo (1968) que se centra en el análisis de los precios en la primera mitad del siglo XVIII, prestando especial atención también a las oscilaciones de la población. Sobre el conjunto de trabajos centrados en la región de Córdoba corresponde señalar que si bien todos se preocupan por las fluctuaciones mercantiles, en el fondo, están muy atentos a las fluctuaciones de los precios, a los que consideran como el indicador central del comportamiento de la economía regional más que las oscilaciones en las cantidades de efectos circulantes, en tanto observan que estas últimas encubren situaciones diferentes.

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No sólo se interrumpe el trabajo de Assadourian en Argentina durante una década, sino el de muchos de los historiadores mencionado anteriormente. Hubo estudios de investigadores más jóvenes que fueron continuados fuera del país. Juan Carlos Garavaglia realizó un estudio sobre la economía regional de la yerba mate, publicado en 1983 después de 12 años de trabajo. Su período es la larga duración que va desde los inicios de la colonia hasta 1826, enfrentando con éxito los cambios de periodos que también implican engorrosas modificaciones de las series de información. No sólo Garavaglia continúa su investigación en el exterior sino también Enrique Tandeter que durante esta década se aboca al complejo estudio de la economía minera de Potosí a fines del período colonial. En la década que corre entre 1973 y 1983, dentro del grupo que antes se autoidentificaba como integrante de la línea de “historia política nacional”, comienzan a multiplicarse los trabajos sobre circulación mercantil. Todas estas investigaciones, si bien se preocupan por la circulación, se diferencian de los anteriores por remitirse al estudio puntual de una fuente, muchas veces de un producto, por trabajar sobre un solo repositorio y por no responder a las preguntas sobre circuitos y espacios económicos planteadas en la década de 1960. En este período también se inicia la investigación de Samuel Amaral sobre los circuitos mercantiles de Mendoza y San Juan, basada en el análisis cuantitativo exhaustivo de los libros de Sisa. Su trabajo claramente demuestra que, a pesar de las políticas borbónicas e incluso hasta 1824, no existe la retracción de los vinos y aguardientes cuyanos importados desde Buenos Aires. Con el retorno de la democracia y el fin de la dictadura las investigaciones del grupo de historia económica y social se retoman. Corresponde mencionar, sobre todo, los trabajos de E. Tandeter y su equipo, que continúan con su ambicioso proyecto sobre los circuitos mercantiles de Potosí en las últimas cuatro décadas coloniales. También retorna Garavaglia quien, mientras continúa con sus trabajos junto a Juan Carlos Grosso en México, se preocupa por el destino de los textiles locales ante la competencia del mercado ultramarino y sobre la situación de sus productoras en la zona de Renca, San Luis. Este último caso lo analiza junto a Claudia Wentzel, quien se especializa en el estudio de la larga serie de alcabalas de Buenos Aires del AGN. Palomeque, inició sus investigaciones sobre las relaciones mercantiles del Interior en la primera mitad del siglo XIX, cuyos principales resultados se publican en 1989. Este trabajo será profundizado al realizar estudios sobre ambiente, recursos y participación mercantil de la población indígena y campesina de Santiago del Estero y La Puna de Jujuy. Ya en la década de 1990 y contando con la colaboración de la autora, Assadourian reinicia otro de los ejes de su proyecto de su antiguo proyecto de investigación, que esta vez consiste en la cuantificación de cada uno de los productos europeos importados por Córdoba durante los años cercanos al proceso de “independencia”, cuando comienzan a crecer notablemente las relaciones con el mercado mundial . Concluye señalando que la desestructuración del antiguo mercado interno colonial no sólo tuvo incidencia la crisis de la producción minera andina del período posrevolucionario y los conflictos político-militares, sino también el incremente de las importaciones provenientes del mercado mundial a través de Buenos Aires, la desmonetización consecuente y el temprano debilitamiento de los circuitos del mercado interno colonial de la zona de las costas del Pacífico. Pocos años después comienzan a aparecer las publicaciones de Viviana Conti, quien desde Jujuy, al principio desde una perspectiva etnográfica y luego basándose en documentación de los archivos históricos, investiga sobre los circuitos mercantiles que vinculan a Salta y Jujuy con la zona minera andina y con regiones chilenas en el siglo XIX. Ana Inés Punta (1997) estudia los circuitos mercantiles de Córdoba a fines del siglo XVIII, mientras que Silvia Romano (2002) profundiza sobre los de la primera mitad del siglo XIX, ambas bajo la orientación de A. Arcondo. Félix Converso, por su parte, también realiza sus aportes sobre la economía regional de Córdoba durante el siglo XIX. En el NOA, Sara Mata revisa prolijamente todos los sectores exportadores de Salta y Cristina López los de Tucumán. Bien puede afirmarse que desde la década de 1980 hubo una recuperación de la investigación histórica sobre los circuitos mercantiles y los espacios económicos del interior del país, pero cabe señalar que –al contrario de la década de 1960– casi nadie trabajo en forma sistemática y continúa sobre las primeras épocas coloniales sino que la mayor parte de los estudios recayeron sobre el período borbónico y las primeras décadas republicanas. La síntesis de las investigaciones sobre economía colonial realizada por Vilma Milletich en la Nueva Historia Argentina (2000) incorpora los resultados de casi todos los estudios mencionados. Si se recupera el conjunto de su trabajo, ella logra presentar una articulación del espacio mercantil colonial muy clara y bien lograda, en todas sus instancias. Comparando este texto con la síntesis del mismo tipo publicada en el segundo tomo de la Historia Argentina de editorial Paidós de 1972, con respecto al período inicial y a la primera mitad del siglo XVII se observan notorios avances en el conocimieno de los circuitos marítimos, del puerto y del Litoral, los que están relacionados con las publicaciones de Zacarias Moutoukias y Jorge Gelman entre otras. En cambio, no se observan avances en lo que hace al conocimiento de los circuitos mercantiles del Interior. Cabe señalar que para el Interior tampoco se observa la existencia de trabajos sobre participación mercantil de sectores diferentes a los grandes mercaderes, ni sobre las características de la población rural y su producción o consumo, etc. En años posteriores a esa síntesis otras autoras se van sumando al grupo de los preocupados por los circuitos mercantiles y los intercambios, sin que pueda incluírselas dentro de los dos grupos anteriores. Los trabajos de Estela Nori sobre Tucumán (2001) y Gabriela Sica (2005) para Jujuy para el período colonial temprano, que durante el análisis de las poblaciones indígenas comienzan a indagar sobre la participación mercantil de las mismas. En esta misma línea está la investigación de Sonia Tell (2003) sobre la participación mercantil y política de los grupos subalternos en Córdoba. Para la segunda mitad del siglo XVII, el de la crisis de la producción minera y sus secuelas sobre estas economías no mineras, Milletich recupera el planteo que realizara Moutoukias, al analizar la importancia del contrabando por el puerto de Buenos Aires en esta época. Milletich remarca la vitalidad e intensidad de los circuitos mercantiles internos y externos especialmente durante la

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segunda mitad del siglo XVII, en pleno período de crisis de la producción minera. De este conjunto de datos señala que se desprende una nueva hipótesis interpretativa que considera que, durante este período, las economías regionales comienzan a autonomizarse de los anteriores influjos de la economía minera. En la parte del estudio de Milletich sobre finales del período colonial se observa una excelente síntesis sobre los avances de Tandeter y su equipo sobre Potosí. Esa alta calidad de síntesis se desdibuja cuando Milletich tiene que sintetizar e integrar los múltiples trabajos regionales existentes, no sólo para el puerto sino también para el Interior. Insistiendo en la idea de que la tendencia marca que no existe una continuidad en la revisión o recuperación de los problemas generales en debate en la década de 1960, salvo los casos puntuales antes mencionados, corresponde insistir en una mayor reflexión sobre sus causas. Una primera respuesta se puede encontrar al preguntarse hasta dónde en aquellos años se construyó una estructura interpretativa inclusiva del conjunto de regiones y para todo el período colonial, que permitiera la futura integración de los distintos estudios parciales. Otra posible respuesta se puede encontrar al recordar que las interpretaciones de los años sesenta fueron hechas por un grupo con un alto nivel de relación con los problemas políticos y sociales, insertos en una sociedad y momento intelectual en el que primaba el convencimiento de que el análisis de los fenómenos económicos era la llave del conocimiento de la sociedad. Hubo algo que, casi accidentalmente, se fue construyendo en consonancia entre los distintos grupos sucesivos en el tiempo y no siempre concordantes en los planteos generales: una alta calidad de trabajo acompañado por relevamientos sistemáticos de las series, el trabajo sobre problemas económicos y sociales de larga y media duración, la acotación de las conclusiones a los datos demostrados, etc., todos elementos que hablan de la existencia de un oficio de historiador de alta calidad.

[Silvia Palomeque, “Las investigaciones sobre comercio, circulación y mercados del “interior argentino” durante el período colonial y su crisis”, en Jorge Gelman (compilador), La historia económica argentina en la encrucijada. Balances y perspectivas, Asociación Argentina de Historia Económica – Prometeo, Buenos Aires, 2006, pp. 61-76.]

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