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Nombre: Matías Ezequiel Pettinaroli


Libreta universitaria: 32.209.764
E mail: vencedoresvencidos_mp@yahoo.com.ar
Cursada: Segundo cuatrimestre del 2008
Profesor de trabajos prácticos: Rodrigo Páez Canosa
Profesor titular: Jorge Dotti

Thomas Hobbes: Poder y fuerza como condición de posibilidad de las relaciones políticas

Para las teorías contractualistas sobre el origen del Estado, pensar la creación del orden civil implica
plantear un pasaje desde una instancia o momento conceptualmente anterior, aquel estado que suele
ser denominado natural. La constitución del estado político requiere abandonar la condición natural
en la que los hombres son colocados por Dios, renunciando a la libertad y la igualdad tal como se
dan en esa condición, para crear un nuevo orden artificial.
Si bien es común a todos los autores contractualistas plantean este pasaje desde el estado de
naturaleza al estado civil, suelen diferir en la manera de considerar el grado de ruptura y
transformación que implica este pasaje. Para algunos -como Locke-, la creación de la sociedad
política no es tanto una transformación de la naturaleza humana como un perfeccionamiento de la
misma1. En cambio, para autores como Hobbes o Rousseau2, el pacto de constitución del Estado
establece un quiebre profundo y una transformación radical en relación a la condición natural.
En el presente trabajo nos dedicaremos al desarrollo hobbesiano de la creación del poder
político, teniendo siempre presente la disrupción que esto significa en las relaciones naturales. La
idea es mostrar las dificultades que representa tal transición si no se acude a un elemento que sirva
de punto de inflexión y que permita explicar el abandono de la condición natural, para crear
relaciones de mando y obediencia fundadas en el consenso.
Nos proponemos demostrar aquí que ese elemento fundante de las relaciones políticas es la
fuerza. Entonces, el objetivo de este trabajo es analizar la importancia que la fuerza, dentro del
planteo del Leviatán, tiene para pensar el quiebre que implica el pasaje del estado de naturaleza al
estado político. Importancia que como veremos, radica en el hecho de que solo a partir de la fuerza
y del miedo a aquel que tiene mayor poder es entendible el sometimiento voluntario de una persona
hacia otra.
Todo esto lo podemos resumir bajo las siguientes preguntas: considerando que la dominación
política se funda en el consenso, ¿cuál es el lugar de la fuerza en el origen de esta relación?; si la
dominación política implica desigualdad entre el que manda y el que obedece, ¿es posible pensar el
origen de esta desigualdad solamente a partir del consenso?
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Adelantando la respuesta a esta ultima pregunta, el objetivo será mostrar que no, o al menos,
que es muy problemático hacerlo y que para pensar el pasaje de un estado de absoluta igualdad –tal
como Hobbes presenta el estado de naturaleza- a un estado de desigualdad voluntariamente
aceptada -la obediencia al poder soberano-, es necesario poner a la fuerza como el elemento que
ponga en marcha el movimiento de uno a otro estado. Por lo tanto, buscaremos mostrar que el
establecimiento de una desigualdad de índole política requiere de una desigualdad de poder
sostenida en la mera fuerza que la preceda.
Por lo tanto, a lo largo de este trabajo desarrollaremos la argumentación de Hobbes acerca del
origen del poder político -en las dos modalidades, el estado por institución y el estado por
adquisición-, centrando el análisis en la cuestión de la fuerza y el lugar que tiene en el origen de
este poder.
Antes de introducirnos de lleno en la teorización hobbesiana del origen del poder político, es
necesario hacer alusión al “momento” anterior al mismo, el cual representa el fundamento
conceptual de la sociedad civil: el estado de naturaleza.

Estado de naturaleza: libertad e igualdad absolutas como causa del estado de guerra

Es común a todos los autores contractualistas pensar al Estado como un artificio de los hombres
para solucionar los problemas que surgen en su condición natural. En este sentido, para el
contractualismo, el estado de naturaleza es el fundamento conceptual del estado político, donde este
último encuentra la materia a partir de la cual se construye el artificio llamado Estado.
La particularidad del estado de naturaleza hobbesiano es que es un estado de guerra, lo cual
significa que es un momento en el cual hay predisposición de los hombres a la violencia mutua y, a
la vez, ausencia de impedimentos de que esa violencia se manifieste3.
Ahora bien, ¿Qué lleva a los hombres en su estado natural a vivir en estado de guerra? Como
premisa básica hay que considerar que el hombre –como ser deseante, con múltiples necesidades-
busca incesantemente su beneficio personal. Además, por naturaleza los hombres gozan de una
libertad e igualdad absolutas; libertad que implica una ausencia total de impedimentos que
obstaculizan la realización de las acciones y una igualdad que consiste en la posibilidad de que
cualquier persona puede someter a cualquier otra, en la medida que lo permitan sus fuerzas4.
Entonces, sobre la base de estas premisas, el estado de guerra deviene cuando en la búsqueda del
goce personal por medio de la posesión de algún bien, se hace necesario eliminar –a través de la
fuerza- la resistencia de los otros al acceso al mismo, ya que todos tienen el mismo derecho a dicho
bien. Lo anterior conduce también a que la violencia y el dominio de los demás sea un modo de
prevenir futuros ataques. Por último, como la satisfacción de las necesidades y la felicidad implica
3
la superación de los demás, lo cual solo se logra sometiéndolos por la fuerza, otro motivo que da
lugar a la violencia es el anhelo de ser reconocido por los demás como superior.
Por consiguiente, según Hobbes, lo que hace del estado de naturaleza un estado de guerra son
los tres motivos que acabamos de mencionar, es decir: primero, la competencia de los hombres por
el goce de los bienes a los cuales en el estado de naturaleza todos tienen la misma disponibilidad;
segundo, la desconfianza y el miedo mutuo de los hombres, que hace que los mismos busquen
seguridad atacando a aquel que representa una amenaza; tercero, la búsqueda del reconocimiento
ajeno de la propia superioridad5.
La razón por la cual me parece importante la exposición de las condiciones del estado de
naturaleza es que, en primer lugar, como mencionamos anteriormente, para entender el origen del
Estado hay que remitirnos a la situación no política que lo precede, ya que en ella se encuentran los
problemas que dan lugar a la necesidad de construir el orden político. Pero además, es necesario
tener claro cual es la situación en el estado de naturaleza para entender lo problemática que resulta
la conceptualización del pasaje del estado no político al político si se fundamenta dicho pasaje
únicamente en el concepto de pacto, el cual desarrollaremos a continuación.

El Estado por institución y la circularidad en la fundamentación del pacto social

Antes de entrar a la definición que da Hobbes del Estado por institución, desarrollemos un concepto
clave en esa definición: el pacto. Para eso demos antes algunas definiciones necesarias para
entender en que consiste el acto de pactar. En primer lugar, renunciar a un derecho sobre algo es
“despojarse a si mismo de la libertad de impedir a otro el beneficio del propio derecho a la cosa en
cuestión”.6 Cuando la renuncia se hace en beneficio de una persona determinada, esa renuncia
representa una transferencia de derechos. Cuando la transferencia de derechos es mutua, se habla de
un contrato. Ahora bien, el pacto se da cuando uno de los contratantes puede transferir sus derechos
sobre algo y dejar que la otra parte cumpla con su transferencia mas adelante.
Dadas estas definiciones, podemos decir que un Estado es por institución cuando “una multitud
de hombres convienen y pactan, cada uno con cada uno, que a un cierto hombre o asamblea de
hombres se le otorgará, por mayoría, el derecho de representar a la persona de todos (es decir, de
ser su representante)”.7 Entonces, cada uno de los pactantes autoriza a la persona elegida como su
representante a actuar en nombre propio, y por ende, se obligan a obedecer su voluntad.8
Por lo tanto, el Estado por institución nacería de un acto constituido de la renuncia que los
hombres libres e iguales, hacen mediante el pacto de cada uno con todos los demás, de sus derechos
naturales; operación que va acompañada por la autorización que los pactantes hacen a un hombre o
asamblea y por la cual, se comprometen a obedecer la voluntad de ese hombre o asamblea como si
lo que dijeran o hicieran fuera dicho o hecho por ellos mismos.9
4
Lo que me interesa que se retenga de esta definición es ante todo la condición de igualdad en la
que se encuentran los pactantes, lo cual implica que no hay entre ellos ninguna fuerza superior que
los constriñe a pactar, sino que esa fuerza superior –el Estado- nace del mismo pacto. Creo que la
importancia de este concepto –y como veremos, la fuente de sus dificultades- es la idea de pensar el
origen del poder político y la desigualdad que este conlleva como proveniente de un estado de
absoluta igualdad. Esto permite pensar la desigualdad social como un producto de la voluntad
humana, desnaturalizándola, es decir no considerándola como algo fijado, ya sea por Dios o por la
naturaleza, de acuerdo al sentido que los antiguos le atribuían a este termino 10. El Estado por
institución permite colocar a las relaciones de mando y obediencia como un artificio producto de la
voluntad humana. Entonces, la importancia que tiene la conceptualización del Estado por
institución, es poner en el fundamento del Estado a la voluntad de los hombres libres e iguales que,
por mutuo acuerdo, deciden someterse a un poder mayor.
El problema es que esa fuerza superior que nace con la creación del Estado, es la que establece
las condiciones de posibilidad para que un pacto sea valido. En otras palabras, mediante un pacto –
el pacto fundacional del Estado- se crean las condiciones que hacen posible el establecimiento de
relaciones contractuales duraderas y seguras.
De acuerdo con Hobbes, un pacto es ilegítimo y puede romperse cuando una de las partes
adquiere motivos para desconfiar de que la otra parte cumpla con su parte del contrato.
En el estado de naturaleza, debido a la absoluta igualdad y libertad de los hombres siempre hay
motivos para desconfiar del cumplimiento de los pactos. Es más, realizar pactos es irracional en
estas condiciones, ya que siempre se corre el peligro de que el otro no lo cumpla, con lo que
cumplir la propia parte del contrato solo le haría al otro más fácil someternos.
Considerando que los pactos en si mismos son meras palabras, es necesario un poder superior a
las partes contratantes que mediante la fuerza sea garante del cumplimiento de las obligaciones
contraídas. Esta fuerza superior nace con el Estado, que utiliza su fuerza y poder para hacer cumplir
las obligaciones contraídas en los pactos, castigando al que no lo hace. Entonces, de acuerdo a esta
manera de presentar la cuestión, los pactos adquieren concreción y efectividad solo si existe el
Estado, el cual tiene la fuerza para garantizar la legitimidad de los mismos.
A partir de lo dicho podemos concluir que la conceptualización del Estado por institución
realizada por Hobbes, plantea algunas tensiones: tal como vimos anteriormente, el Estado por
institución consistiría en el establecimiento de un poder soberano, mediante un pacto de todos los
hombres entre si y que tendría lugar a causa del miedo mutuo que los hombres tienen en el estado
de naturaleza. Entonces, la instancia superior con fuerza suficiente para hacer cumplir los pactos y
darles validez se construiría a partir de…un pacto. Aquí se da un problema de circularidad
conceptual que parece difícil de resolver.
5
Este problema podemos aun presentarlo de otra manera, si nos preguntamos como es posible
que todos los hombres decidan renunciar a su libertad e igualdad natural. Es decir, cuál es el factor
desencadenante del pacto fundacional del Estado. Es cierto que Hobbes al final del capitulo 13 dice
que lo que lleva a los hombres a buscar la paz mediante la renuncia de sus derechos naturales son
“el temor a la muerte, el deseo de las cosas que son necesarias para una vida confortable y la
esperanza de obtenerla por medio del trabajo”11; pero tal como vimos, falta en la conceptualización
del Estado por institución un elemento que sirva de punto de inflexión entre la condición de
absoluta igualdad y libertad que deriva en el la guerra de todos contra todos y el acto altruista de
renuncia de esa libertad e igualdad.
Tal como lo desarrollamos anteriormente, en el estado de naturaleza, donde la libertad e
igualdad absolutas que gozan los hombres lleva a estos a que intenten dominarse entre si y extraer
beneficios del mal ajeno, un acto de renuncia a esa libertad es irracional, ya que nada da garantías
de que los otros también renuncien a sus derechos naturales. Entonces, lo único que lograría un
hombre al renunciar a su libertad es facilitarles el camino a los otros a que lo destruyan.
En resumen, vimos las dificultades que plantea la teorización de la creación del Estado que
Hobbes denomina por institución. Dificultades que en realidad son una sola: pensar el pasaje desde
un estado de absoluta igualdad a otro de desigualdad solamente a partir del consenso. De todos
modos puede presentarse desde distintos puntos de vista. Uno de estos lo podemos caracterizar de
estrictamente conceptual, aquel concerniente a la circularidad que implica poner como originada en
un pacto, a la fuerza superior que sirve de garantía de la valides de toda relación contractual. Otra
manera de ver el problema, si se quiere de índole más pragmática, es la dificultad de pensar el
momento de la renuncia de todos los hombres a su libertad natural.

Estado por adquisición: la obediencia como reemplazo del sometimiento forzado

En el capitulo 20 Hobbes define el Estado por adquisición como “aquel en que el poder soberano se
adquiere por la fuerza. Y por la fuerza se adquiere cuando los hombres, singularmente o unidos por
una pluralidad de votos, por temor a la muerte o a la servidumbre, autorizan todas las acciones de
aquel hombre o asamblea que tiene en su poder sus vidas y su libertad”.12
A continuación Hobbes dice que la única diferencia entre este tipo de Estado y el Estado por
institución, es que mientras que en este ultimo su origen responde al miedo mutuos de los hombres
libres e iguales, el Estado por adquisición se origina por el miedo que los hombres tienen hacia
aquella persona con un poder tal que es capaz de disponer de sus vidas y sus bienes y al que, por esa
razón, se someten voluntariamente y obedecen con el fin de garantizar su seguridad. Lo que me
interesa desarrollar a continuación es que esta única diferencia que Hobbes establece entre los tipos
de Estados es fundamental y permite salvar los problemas que marcamos en el apartado anterior.
6
Lo que caracteriza al tipo de Estado que estamos exponiendo es el hecho de que, la dominación
política, por la cual un hombre obedece a otro y acepta mantener una relación de desigualdad con
él, reemplaza una relación de desigualdad anterior, pero basada no en el consentimiento sino en la
mera fuerza. Como vemos, la relación prepolítica no es horizontal (de igualdad) como en el caso del
Estado por institución, sino vertical (de desigualdad). En este sentido, lo que da cuenta del acto de
sometimiento por el cual el súbdito voluntariamente obedece al soberano y se integra en una
relación de poder asimétrica con el, es la existencia de una relación asimétrica previa, pero de
índole distinta, no política, sino natural o de fuerza13.
Aquí esta expresada la diferencia entre, el dominio despótico y la relación de conquista. En este
último caso el vencedor somete por la fuerza a un hombre, el cual perdió su libertad al estar
encarcelado, pero que no mantiene ninguna obligación o responsabilidad frente al que lo domina.
En cambio, en la relación de mandato/obediencia (que ya es una relación política) que hay en el
dominio despótico, el vencido se somete voluntariamente con el fin de salvar su vida, dejando de
estar basada la dominación solamente en la fuerza, sino también en el consentimiento.
Vemos entonces que al introducir en la conceptualización del origen del poder político a la
fuerza y sostener la relación de soberano y súbdito en una relación previa de conquistador y
conquistado, dentro de la argumentación de Hobbes se vuelve posible salvar el problema que existe
en el Estado por institución de explicar el momento “mágico” en que los hombres renuncian a sus
derechos naturales para colocarse voluntariamente en una relación de desigualdad basada en el
mando y la obediencia. La cuestión es que en el Estado por adquisición, a diferencia del otro tipo de
Estado, no es necesario dar cuenta del acto de renuncia voluntaria de los derechos naturales, que
como vimos, es sumamente problemático de pensar a partir de las características del estado de
naturaleza. Y esto no es necesario porque el mismo nunca no se produce. En efecto, no es
problemático pensar el sometimiento voluntario del vencido a la voluntad de su vencedor porque
aquel no tiene ningún derecho al cual renunciar, y solo le queda su obediencia como recurso para
salvar lo único que conserva: la vida.
En efecto, aquí no se presenta el problema de explicar la renuncia a la libertad y la igualdad
naturales, porque el vencido no es libre, ni tampoco es un igual de aquel que lo somete. No le queda
nada por perder, salvo la vida y por el contrario mucho que ganar con su obediencia, como la
libertad de no ser prisionero de su conquistador.
De modo que a cambio de su libertad, el conquistado se vuelve súbdito y se pone bajo las
órdenes de su señor o soberano. Entonces, el pacto que en el estado por institución se hace entre
iguales, en el estado por adquisición se realiza entre personas de tal modo desiguales en fuerza que
el pacto de sujeción es el único medio que le queda al vencido para salvar su vida.
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Conclusión

Lo que quise desarrollar en este trabajo, es que dado como Hobbes plantea la constitución del orden
político y su fundamentación en lo no político, para que la teorización del pasaje de uno a otro sea
sostenible y cierre conceptualmente, hay que incluir al elemento de la fuerza y el dominio como
operando desde “antes” del origen de la politicidad y no como un producto de esta. Es decir que lo
que explicaría de un modo coherente el momento de ruptura de las relaciones naturales horizontales
basadas en la plena igualdad y libertad, para pasar a integrar nuevas relaciones de carácter político,
es el poder superior de aquel al que los hombres se someten por miedo.
Podemos decir entonces que sin referencia a un poder superior que por la fuerza logre que los
hombres pierdan su libertad natural y al miedo a ese poder superior, resulta difícil explicar la
construcción de relaciones de dominación política a partir de la renuncia “espontánea” de los
hombres de su libertad natural.
En resumen, me parece que para que el planteo hobbesiano en torno al origen del Estado sea
coherente con sus propias premisas, hay que incluir un elemento de coerción y hacerlo operar desde
el principio y como condición de posibilidad del establecimiento de las relaciones propiamente
políticas.

Ahora bien, la necesidad de este elemento disruptivo que actúe como fundamento del pasaje del
estado de naturaleza al estado político, no es exclusiva de la teoría hobbesiana del pacto social, sino
que es una necesidad que surge en toda teoría contractualista en tanto se presenta al momento del
pacto social como un punto de ruptura radical y abrupta de la dimensión política con la no política.
La idea es que si el acto contractual que funda la sociedad civil conlleva una ruptura tal que,
para Hobbes, es un pasaje del estado de guerra al estado de paz; o, desde la perspectiva de
Rousseau, hace del hombre solitario y cerrado en si mismo un ser que sin la fuerzas de la
comunidad no puede sobrevivir; entonces es necesario incluir en la conceptualización del pacto
social, un elemento de disrupción que explique el quiebre, algo que intervenga “desde afuera”
sobre el estado de naturaleza y que ponga en marcha el movimiento que da origen a la comunidad
política.
Tal como vimos en este trabajo, en el planteo de Hobbes ese elemento que permite dar cuenta
del viraje hacia un nuevo orden de cosas es la fuerza. No obstante, no necesariamente es el
sometimiento mediante la fuerza la puerta de entrada a las relaciones políticas. Para Rousseau, ese
elemento que permite el quiebre no es la fuerza sino la religión, siendo el Legislador su portavoz,
teniéndola este como medio por el cual este puede imponer la Ley y constituir la comunidad
política.14
8
Lo que es importante remarcar es que la necesidad de este elemento que intervenga en el paso
de lo natural a lo político, en el caso de Hobbes, o de una sociedad justa a una injusta en el caso de
Rousseau15, se hace necesario siempre y cuando se piense ese paso como una transformación
cualitativamente profunda, como un cambio en la naturaleza del hombre; en otras palabras, si se
entiende que la construcción del orden político implica la negación de una determinada condición
de la cual se busca salir.
Si se acepta esta lectura de autores como Hobbes o Rousseau, al leer en los respectivos textos el
momento de la institución del Estado, la pregunta que uno puede hacerse es: ¿Qué impulsa a los
hombres a renunciar a sus derechos naturales para someterse al poder soberano y supeditar así su
persona individual a la colectiva? Dicho de otro modo: ¿Cuál es el factor decisivo que produce el
quiebre en la condición natural y da lugar al movimiento de construcción de la dimensión política?
Tal como vimos en este trabajo, en la teorización del Leviatán, para poder pensar el quiebre que
implica la formación de relaciones políticas en reemplazo de las relaciones naturales, se hace
necesario poner a la fuerza y al miedo en la base de la obediencia al soberano. Y es este poder y el
miedo de lo que pueda hacer aquel que lo posee, lo que permite entender aquello qué lleva a un
hombre a someterse voluntariamente a la voluntad de otro y obedecerlo.
1
Sin temor a equivocarnos, podemos decir que a Locke no se le debe atribuir una visión rupturista del pacto social. Sin
entrar en detalles, podemos decir que en el desarrollo teórico de Locke, la constitución de la sociedad política, lejos de
significar una ruptura con el estado de naturaleza tal como lo es para Hobbes y para Rousseau, representa una continuación
del mismo. Para Locke la construcción de la sociedad política no implica una negación del estado de naturaleza sino más
bien es el ámbito donde es posible llevar a cabo relaciones humanas racionales, es decir, donde el respeto de la ley natural
que gobierna la comunidad humana este garantizado. La comunidad política seria una extensión o versión perfeccionada de
la comunidad natural que conforman los hombres en tanto seres racionales. En otras palabras, el pasaje del estado de
naturaleza al estado político para Locke no representa una transformación de la naturaleza humana, sino más bien su plena
realización.
2
En realidad el pacto social que Rousseau postula en el Contrato Social no establece el pasaje entre el estado natural y el
estado civil, sino entre una sociedad injusta -como aquella que describió en la segunda parte del Discurso sobre la
desigualdad-, fundada en un pacto injusto, impulsado por los que mas tenían para asegurar su condición, y una sociedad
justa, basada en la enajenación total de las fuerzas individuales y puestas al servicio de la comunidad.
Mas allá de esta diferencia, aludir aquí a Rousseau es pertinente, porque sin lugar a dudas es un pensador para el cual fundar
una sociedad de iguales, tal como lo postula en el Contrato social, implica una ruptura fuerte con la naturaleza humana. El
hombre que naturalmente es un ser solitario y autónomo, al integrar una sociedad política se vuelve un elemento inseparable
del todo social, sin el cual no es nada.
Por lo tanto, al traer a colación a Rousseau me interesa destacar al igual que en relación a Hobbes, el carácter radical que
atribuyen al acto por el cual los hombres conforman la sociedad política. Esto es importante para entender las consecuencias
-que se irán viendo a lo largo del texto- que una concepción semejante del pacto social involucra.
3
Cf. Hobbes, T, Leviatán o la materia, forma y poder de una República eclesiástica y civil, trad. Esp. M. Sánchez Sarto,
México, Fondo de Cultura Económica, 1994, p. 102
4
Ídem 100
5
Para el desarrollo que hace Hobbes de los tres motivos de disputas en el estado de naturaleza (competencia, desconfianza y
búsqueda de reconocimiento) cf. ídem 102
6
Ídem. p. 107. Para confrontar los conceptos de transferencia, contrato y pacto ídem p. 108 y 109
7
Ídem, p. 142
8
Hobbes define a una persona como aquel cuyas acciones se consideran como suyas propias o representando las de otro
hombre (Cf. ídem. p. 132). En el contexto de la definición de Estado, la persona puede ser un individuo o una asamblea
dado que se entiende por persona al hablar del Estado a una unidad moral y no meramente natural.
9
De aquí nace la distinción entre autor y actor. El autor es aquel que tiene derecho sobre una acción, es el dueño de la
misma. Aquel que en el plano de los bienes se llama propietario, en el plano de las acciones se llama autor. El actor es la
persona que adquiere derechos sobre una acción mediante la autorización o transferencia de derechos que el autor realiza a
esa persona. En otras palabras, el actor es aquel que en sus palabras o acciones representa las de otro hombre (el autor)
gracias a la autorización que recibió de él. Un actor también pude representar objetos inanimados, pero los derechos para
hacerlo los adquiere mediante la autorización del dueño o responsable de ese objeto (Cf. ídem.)
10
Aclaremos que la noción de naturaleza en el contexto de la antigüedad tenía una connotación distinta a la que tendrá en la
modernidad, que como vimos, conceptualmente tiene el lugar de lo contrapuesto a lo social, su negación, que a la vez es su
fundamento, la materia que constituye lo social. En cambio, lo natural, tal como lo concibe un pensador antiguo como
Aristóteles, es lo relativo al fin propio de una cosa, aquello que esta determinado en su esencia y que una vez alcanzado lo
plenifica. Entonces, pensar a la dominación política como natural, significa que tiene un fin especifico cuyo fundamento
reside en la esencia del hombre, la cual se plenifica en la consecución de ese fin, que es la vida buena y autosuficiente. Las
otras relaciones naturales que integra el hombre, como las que se dan en el plano domestico, son relaciones cuyo fin, si bien
necesarios para la supervivencia, se subordinan al fin supremo que es la vida buena, que como ya dijimos es propio del
ámbito político.
Es necesario aclarar que naturalidad, en el sentido que le da Aristóteles, no significa necesidad, tal como hoy en día
utilizamos calificación para referirnos a las leyes naturales que describe la ciencia. Esto implica que es posible que un
hombre, que por naturaleza esta constituido para obedecer como esclavo, mande como señor, pero al no ser el mando su
lugar natural, desarrollara mal esta función.
Cf. Aristóteles, Política, traducción, prologo y notas de Carlos García Gual y Aurelio Pérez Gimenes, Buenos Aires Madrid
– Madrid, editorial Alianza, Libro I, cap. 2, p. 43
11
Ídem p. 105
12
Ídem p. 162
13
Es preciso aclarar que la desigualdad basada solo en la fuerza es “natural” por ser no política, pero esta no niega la
libertad e igualdad natural que constituía el fundamento del Estado por institución. La desigualdad de fuerzas nunca es tal
que los débiles no puedan equiparase –a partir de diversos medios- con los mas fuertes.
Con esto quiero decir que tanto en el Estado por institución como en el Estado por adquisición se pone como fundamento de
la soberanía al consenso, a la voluntad de aquellos que se someten a ese poder; pero con la diferencia de que en el primer
caso la soberanía se constituye únicamente a partir del consenso, mientras que en el segundo caso el consenso viene a
reforzar lo adquirido por la fuerza.
14
Según Rousseau, el Legislador es aquella figura casi mítica que “crea la maquina”, es decir, el que funda la comunidad
política al imponer la Ley a los hombres, sembrando así el germen de la politicidad en aquellos seres egoístas que cerrados
en si mismos, viven para sus propios intereses. El Legislador es aquel que logra el milagro de cambiar la naturaleza humana,
en tanto hace de aquel individuo solitario un miembro inseparable de la comunidad política, totalmente dependiente de las
fuerzas de esta. Cf. Rousseau, J J. El Contrato Social o Principios de Derecho Políticos. Trad. María José Villaverde,
Barcelona, Ed. Altaya (1996), Libro II, cap. 7 pp. 184 - 187
15
Ver nota 1

Bibliografía
-Hobbes, T, Leviatán o la materia, forma y poder de una República eclesiástica y civil, trad. Esp. M.
Sánchez Sarto, México, Fondo de Cultura Económica, 1994
-Rousseau, J J. El Contrato Social o Principios de Derecho Políticos. Trad. Maria Jose Villaverde,
Barcelona, Ed. Altaya (1996)
-Locke, J, Ensayo sobre el gobierno civil, trad. Esp. De José Carner, México DF, Fondo de Cultura
Económica, 1941