Carlos H.

Acuña (1995) LA NUEVA MATRIZ POLÍTICA ARGENTINA Introducción
Ni la dictadura militar que se inicia en 1976 fue una vuelta a los viejos autoritarismos ni la apertura de 1983 es un retorno a la vieja política democrática de la Argentina. El proceso político-económico que se dispara durante la dictadura muestra políticas y estrategias muy distintas a las previas experiencias de gobiernos militares. Por su parte, 1983 rompe por primera vez la “le y de hierro” que establecía que el peronismo era mayoría y que en elecciones abiertas constituía el seguro ganador. En este contexto surgen los tres objetivos que motivan la obra. Primero, se buscó analizar el proceso político argentino a partir de un conjunto de trabajos que mantuviesen un eje común: el supuesto de que las propiedades de la matriz política argentina han cambiado radicalmente. ¿Es efectivamente así? ¿Cuáles fueron los cambios sufridos por los principales actores socio-políticos? ¿Cuáles los de las reglas que rigen la lógica política del sistema? ¿Qué implican estos cambios para la política argentina presente y futura? El segundo objetivo fue llevar adelante el análisis rescatando las tradicionales entradas temáticas de la ciencia política. En la articulación del análisis sobre instituciones, actores y procesos históricos es donde los trabajos que componen la obra buscaron las bases de la nueva matriz política argentina. El tercer objetivo fue evitar el armado de un volumen que sumase trabajos inarticulados entre sí y cuyo único punto común fuese “la nueva política Argentina”. Para ello fue necesario desarrollar los distintos estudios empíricos a partir de un cuerpo teórico común y capaz de admitir el abordaje de cada uno de los distintos objetos de análisis con la metodología que ofreciese mayor poder explicativo. De esta forma, mientras las premisas del análisis estratégico constituyen el marco teórico que sostiene a la serie de trabajos como conjunto, el análisis de distintos tipos de actores, instituciones y procesos se realizó con metodologías diversas. El análisis de la nueva matriz política argentina Una matriz es un lugar o medio donde se produce o desarrolla algo, una estructura o ambiente donde una actividad o proceso particular ocurre o se desarrolla. Una matriz política, especialmente, es un sistema de variables y constreñimientos que fijan límites y probabilidades diferenciales para la realización de intereses sociales y para el alcance de objetivos políticos. Podemos pensar a la matriz política como un sistema de variables estructurales, político-institucionales e ideológicas que, a) fijan los límites de factibilidad para la realización de intereses y alcance de objetivos; b) definen probabilidades diferenciales para la realización de intereses y el alcance de objetivos políticos factibles; c) brindan a los distintos actores un conocimiento o mapeo de cómo funcionan las relaciones socio-políticas. La matriz política argentina muestra significativas variaciones. Por si quedan dudas sobre el grado de variación entre la vieja y la nueva matriz política, esta serie de cambios se ha visto reforzada por cambios en las propiedades internas de los elementos que la componen: partidos, sindicatos, asociaciones, fuerzas armadas, y el propio Estado, no sólo han variado sus interrelaciones, sino sus características constitutivas. Las condiciones o variables estructurales son centrales en la definición de las propiedades de la matriz porque fijan los límites de aquello que es factible alcanzar o no en un momento dado en una sociedad. Sin embargo, las condiciones estructurales fijan el campo de posibilidades para las estrategias de los actores y no las estrategias o movimientos específicos. Ahora bien, si las condiciones estructurales fijan los límites de factibilidad de las estrategias específicas, éstas, a su vez, son la resultante de una intencionalidad que se materializa dentro de marcos donde la organización de grupos sociales, las instituciones estatales y el régimen político y legal fijan y son las reglas que determinan probabilidades diferenciales para el logro de los diversos objetivos. No resulta concebible la explicación del comportamiento político sin contemplar el conjunto de mecanismos que organizan el poder político en una sociedad. No es sólo que una misma matriz estructural permite distintos conjuntos político-institucionales y una misma articulación entre lo estructural y lo político institucional distintas dinámicas ideológicas. Una matriz política que articula las mismas propiedades estructurales, político-institucionales e ideológicas admite el desarrollo de distintos procesos políticos según las opciones y comportamiento de los actores. En lenguaje elsteriano a las explicaciones de procesos políticos sobre la base de la matriz en que emergen y se reproducen le faltan las tuercas y tornillos que sostienen las cambiantes relaciones y direccionalidades causales entre los distintos conjuntos de variables. Y este es el papel que cumple el análisis estratégico en el análisis político. Por análisis estratégico (o teoría de la elección racional) se entiende aquel que asume que los actores en pugna son racionales y que, dada cierta distribución de recursos políticos, institucionales, económicos e ideológicos, éstos se comportan en defensa de sus intereses estableciendo una relación medios/fines. Los presupuestos generales sobre el comportamiento de actores son que los guía una racionalidad estratégica y que sus decisiones son interdependientes. Y por racionalidad estratégica se entiende aquella que no asume como parámetro dado y constante el comportamiento de los otros sino que considera tanto el comportamiento propio como el de los otros como variables. La interdependencia implica tres propiedades: (a) los beneficios de cada actor dependen de las

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decisiones del conjunto de actores intervinientes; (b) los beneficios de cada actor dependen de los beneficios de todos los actores intervinientes y (c) dado que el éxito de los objetivos buscados por un actor dependerá de las acciones que adopte el resto de los actores, la elección de cada actor depende de la elección del conjunto de los actores. Lo afirmado no quiere decir que el resultado de los conflictos no influyan sobre la formación de preferencias, sino que, en una coyuntura estratégica puntual y específica, la explicación de las conductas (estrategias) de los actores se basa en presupuestos de racionalidad estratégica con preferencias dadas y en un contexto de constreñimientos también dado. Se tiende a argumentar que aunque el análisis estratégico reconoce la posibilidad de variaciones en las preferencias de los actores, dado que su estructura explicativa sólo se puede sostener si se asume estabilidad de preferencias dentro del período bajo análisis, no está en condiciones de explicar procesos de transición de una situación estratégica a otra. Si bien es cierto que los procesos de transición o cambio se caracterizan por incertidumbre o inestabilidad en lo referido a determinantes centrales de la lucha política y sus resultados, sería falso inferir que este nivel de incertidumbre se verifica en todo momento y para todos los temas y actores. Tomemos como ejemplo el caso de las transiciones democráticas. Que estos procesos de transformación y cambio sean un resultado contingente de la lucha política, no implica niveles de incertidumbre que neutralicen el comportamiento estratégico de los actores. ¿Qué cambia en los procesos de transición? La distribución de recursos con los que cuentan los actores, las reglas de resolución de conflictos, la estructura de opciones que enfrentan, los bienes en juego, los propios actores y hasta las preferencias de los mismos pueden variar. ¿Por qué se dan estas variaciones? En realidad, son el resultado de la lucha política en períodos o coyunturas previas. En consecuencia, los actores se comportan en forma estratégica dentro de coyunturas y períodos en los que la estabilidad es suficiente como para definir objetivos y decidir un curso de acción como para poder alcanzarlos. La explicación de los procesos de transición demanda desagregarlos en función de los espacios temporales que permiten comprender la lógica de la conducta política de los participantes en coyunturas dadas. Estos “espacios temporales” pueden ser considerados coyunturas estratégicas cuyas características son la relativa estabilidad de los actores participantes y sus preferencias, así como la relativa estabilidad de la estructura de opciones que enfrentan y de los recursos con los que cuentan. Si bien es legítimo calificar de “proceso de transición a la democracia” al periodo que va desde la coyuntura en que aparecen los primeros indicios de una liberalización hasta aquella donde se establece un régimen democrático, el proceso de transición no implica un pasaje continuo e incremental de un “estado de cosas” a otro, de un régim en autoritario a otro democrático. Este proceso está conformado por una serie de coyunturas estratégicas encadenadas que constituyen “pequeñas” transiciones con dinámica propia y que no necesariamente revisten un carácter unidireccional hacia la instauración de un régimen democrático. La consecuencia de esto es que el “macro” proceso de la transición sólo puede ser explicado sobre la base del eslabonamiento entre las “micro” transiciones, definidas en este marco por el pasaje de las condi ciones iniciales a las resultantes del conflicto político en cada coyuntura estratégica. Los procesos sociales gozan, además, de un alto dinamismo porque la conducta de los actores sociopolíticos contempla siempre una variedad de deseos y objetivos políticos simultáneos y distintos. Los actores pueden participar en conflictos de muy diversas características y estos conflictos pueden estar relacionados de tal forma que la resolución de uno condiciones la forma de resolución de los otros. En tanto los actores pueden participar en conflictos de diverso grado de agregación, esto significa que en cada coyuntura pueden enfrentar, simultáneamente o no, conflictos de diverso nivel. La lucha en cada uno de estos niveles implica enfrentar actores y reglas de resolución de conflictos diferentes, por lo que un conflicto que se “extiende” de un nivel a otro co nlleva el desarrollo de diferentes tipos de redes de alianzas y oposiciones, así como el uso de diferentes recursos, determinando por lo tanto variaciones en la estructura organizacional de las formas de acción colectiva empresariales. La racionalidad de la acción está dada por la consistencia entre el objetivo buscado por el actor y, tanto por su comprensión y percepción de las opciones que enfrenta y sus límites de factibilidad, la dinámica social que brinda costos, beneficios y probabilidades de éxito diferenciales a estas opciones, como por los recursos con los que cuenta para emprender los potenciales cursos de acción. El proceso político es en definitiva resultado de la articulación de las acciones racionales de los actores que enfrentan diversas opciones dentro de tres conjuntos de constreñimientos: los estructural-económicos, político-institucionales e ideológicos. Por ello, la lógica del proceso histórico no está en la intencionalidad de ningún actor individual ni colectivo, sino en la forma en que estas intencionalidades y acciones se combinan en un contexto dado. Si efectivamente las preferencias, deseos y principios que mueven a los actores son consecuencia de procesos estructurales así como de las acciones de otros actores o del mismo actor actuando sobre sí mismo, este proceso demanda una explicación causal. Constituido el actor y sus características, su comportamiento demanda una explicación intencional. Y, finalmente, por qué y cómo la articulación de las distintas estrategias de los actores resultan en un fenómeno macrosocial o político demanda nuevamente una explicación causal. La presente búsqueda del significado de las propiedades de la nueva matriz política argentina no persigue el objetivo de cerrar temas sino de abrirlos desde una posición teórica: el análisis estratégico. El conocimiento de las propiedades de una matriz política nos permite comprender lo que pasó y pasa, así como descartar futuros imposibles y hurgar los probables.

[Carlos H. Acuña, “Introducción”, en La nueva matriz política argentina, Nueva Visión, Buenos Aires, 1995, pp. 13-24.]

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