Martin Carnoy (1990) EL ESTADO Y LA TEORÍA POLÍTICA Capítulo 7

EL ESTADO DEPENDIENTE
El Estado en las sociedades capitalistas menos industrializadas generalmente no es caracterizado por una democracia parlamentaria. ¿Esto es resultado de rezagados elementos feudales en las economías de bajos ingresos? ¿Es una condición temporal asociada a fases particulares del desarrollo capitalista? La idea de unos “rezagos” fue ce ntral en la teoría pluralista de posguerra que argüía, a la manera de Schumpeter (1951), que cuando las sociedades de bajos ingresos se volvieran más capitalistas (modernas) y menos tradicionales, se volverían más democráticas. La creciente penetración del capitalismo y el sistema de libre empresa, decían los pluralistas, destruye las instituciones políticas autoritarias congruentes con una economía feudal. Al no materializarse esta predicción el modelo pluralista ha sido abandonado por los propios pluralistas a favor de ideas más “pragmáticas”. El debate marxista sobre el Estado en los países de bajos ingresos también es reciente y depende de cuestiones que tienen un largo historial, como el colonialismo, el imperialismo y la dependencia. En sus escritos, Marx adoptó dos visiones del colonialismo, una de ellas con respecto a la India, donde consideró que el capitalismo británico era una fuerza positiva para el cambio, y la segunda, con respecto a Irlanda, donde él y Engels consideraron destructivo al mismo capitalismo. Lenin y Mao desarrollaron teorías que reforzaron esta segunda opinión y desde entonces la teoría de la dependencia ha elevado esta idea a su preeminencia. En armonía con la teoría marxista ortodoxa del Estado, ninguna de las anteriores contribuciones teóricas considera la democracia burguesa como objetivo importante en sí mismo. Sin embargo, la propia teoría de la dependencia se encuentra hoy en flujo, y las propias teorías del Estado en las sociedades en vías de industrialización forman parte de la actual discusión marxista sobre el desarrollo capitalista en estas sociedades. El capítulo se concentra en el debate marxista acerca del Estado en dichas sociedades y sobre cómo tal Estado es inherentemente distinto o no es diferente de los Estados capitalistas avanzados. Antecedentes Los escritos de Marx sobre el colonialismo están en su mayoría limitados a la India y a Irlanda, y sus opiniones sobre ambas difieren considerablemente. Un factor común en todas las formas en que contempló la sociedad asiática fue su idea del estancamiento y la inmutabilidad que era incapaz de cambio desde dentro. Esta idea llevó a Marx a sus conclusiones sobre el papel del colonialismo en la India. Fue esta característica la que le movió a argüir que el colonialismo desempeñó un papel revolucionario en la sociedad asiática. Marx pensó que el régimen británico, al destruir esta sociedad estancada, había creado posibilidades de cambio y desarrollo. La temprana mala interpretación dada por Marx a la situación india y el impacto que el colonialismo británico tendría sobre ella se basaron en sus incorrectas suposiciones acerca de la inmutabilidad de la sociedad asiática y la trasposición del capitalismo británico a dicha sociedad. No entraron tales engaños en su análisis –y el de Engels– acerca del gobierno británico en Irlanda. Allí, claramente reconocieron el carácter colonial de la sociedad y la economía irlandesas. Vieron que el colonialismo mantenía en el subdesarrollo a la economía irlandesa y que esta relación servía a la burguesía británica al enfrentar a los irlandeses contra los trabajadores británicos. Lenin habla de imperialismo Lenin estuvo menos interesado en la situación de las colonias que en las condiciones económicas conducentes a una expansión del capitalismo a partir de las economías capitalistas industrializadas, en un sistema mundial. Afirmó que el imperialismo es un estadio necesario del capitalismo: de hecho, que es la extensión lógica del capitalismo. Lenin no limita su explicación de la expansión del capitalismo en los países atrasados a la tasa decreciente de ganancia en las economías avanzadas. El imperialismo se esfuerza por anexarse no sólo territorios agrarios, sino hasta regiones industrializadas. Un rasgo esencial del imperialismo es la rivalidad entre las potencias capitalistas en su afán de hegemonía, es decir, por la conquista de territorios, no tanto directamente para sí mismos cuanto para debilitar al adversario y así socavar su hegemonía. La crítica a la teoría leninista del imperialismo ha procedido de dos fuentes. Schumpeter introdujo el concepto de “impulsos atávicos”, arguyendo que la explicación del imperialismo en el período capitalista no se encuentra en la esfera económica, sino en las fuerzas psicológicas residuo de pasadas estructuras sociales y económicas. Neomarxistas como Warren resucitan la visión de la India de Marx, según la cual la intervención capitalista en el mundo menos desarrollado es una fuerza positiva: el capitalismo es el modo más eficiente de desarrollar las fuerzas de producción y la conciencia del trabajador, necesarias para la transición al socialismo. La obra de Lenin,

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según Warren, es históricamente imprecisa cuando afirma que el capitalismo monopolista estaba estancándose en los países industrializados y, por tanto, había de buscar ganancias en otras partes. Mao y la revolución china Mao fue miembro y luego dirigente de un Partido Comunista organizado para establecer su hegemonía sobre una economía colonizada. Es este contexto de la Revolución china el que le dio su carácter particular y que la ha hecho especialmente aplicable a las revoluciones en otras sociedades dependientes. La teoría revolucionaria de Mao fue fundamentalmente nacionalista y antiimperialista. El débil Estado chino de Chiang Kai-Shek, víctima de luchas internas y dominado por intereses económicos extranjeros, ciertamente era un enemigo de la Revolución, más para Mao el principal enemigo era el imperialismo. Una vez que los japoneses invadieron, ese enemigo cristalizó en forma de tropas extranjeras; la lucha revolucionaria nacionalista se volvió una guerra antiimperialista guiada en ciertas zonas geográficas por ejércitos revolucionarios. Las condiciones que había en la China colonizada, invadida por Japón, continuaban dictando que la liberación nacional y no la liberación social había de ser la principal meta revolucionaria. La desviación más importante de los lemas leninista-estalinistas fue originada por el propio Mao y otorgó a la Revolución china su carácter especial. Aunque Lenin había identificado al campesinado en los países subdesarrollados asiáticos como una fuerza principal de la Revolución, también había argüido que el proletariado se encargaría de guiar a las masas rurales. Pero a comienzos de 1927 Mao atribuyó a los campesinos la capacidad de encabezar la Revolución. El desarrollo de un ejército campesino revolucionario en el núcleo de las fuerzas antiimperialistas fue por necesidad aceptado por un débil Estado nacional amenazado de aniquilación por una potencia extranjera militarmente superior. Fue esta aceptación la que –después de la derrota japonesa– condujo al derrocamiento del Estado mismo por las fuerzas comunistas mejor organizadas, y con base en las masas. Los modelos del sistema mundial y el Estado dependiente La visión del sistema mundial, como fue expuesta por Frank, Amin y Wallerstein considera el desarrollo del capitalismo del Tercer Mundo en términos de las principales contradicciones internas que caracterizan sus modos de producción como parte del desarrollo de la producción mundial. ¿Por qué se desarrollaron de manera diferente distintas regiones? Según Frank, porque los recursos disponibles en las regiones eran distintos. El valor de las riquezas, ante todo, está determinado por la economía de la metrópoli, y la presencia de riquezas valuadas por las metrópolis determina cómo las sociedades colonizadas por ellas se desarrollan (subdesarrollan). Las riquezas determinan la estructura social y las relaciones de producción (modo de explotación). Las riquezas también determinaron la relación colonial con la metrópoli. El elemento que hizo posible desarrollar esta relación como lo hizo es el poder militar de la metrópoli: tal poder impuso a la colonia el modo de producción que convenía a la acumulación metropolitana de capitales. En años recientes, cuando las condiciones de la metrópoli lo exigen, se crea una nueva división internacional del trabajo que requiere el desarrollo industrial en el Tercer Mundo: la sustitución de ciertos tipos de importaciones por otros, de acuerdo con el reemplazo de exportaciones de bienes de consumo por exportaciones de bienes de producción y tecnología en las economías metropolitanas. El punto crucial de Frank (y de Amin) es que el desarrollo industrial de sustitución de importaciones en el Tercer Mundo no crea un mercado “interno” como se creó un siglo antes en Europa y en Estados Unidos, porque en lugar de conducir a un aumento de los salarios, este desarrollo capitalista dependiente, aún depende de la explotación de materias primas por mineros y agricultores superexplotados, y de manufacturas de consumo producidas por obreros industriales superexplotados. Según Frank, las metrópolis imperialistas son aquellas que desarrollan esta división internacional del trabajo y de ella acumulan capitales. Al ocurrir cambios tecnológicos y cambios en la organización de la expansión capitalista, se asignan tareas cambiantes a los países subdesarrollados en esa división internacional del trabajo y en el proceso de acumulación de capitales. Aunque la concepción que tiene Amin del subdesarrollo en el sistema mundial sea similar a la de Frank, también contiene diferencias importantes. Amin afirma que fueron los movimientos de liberación antiimperialista de la periferia los que causaron la transformación en el imperialismo, de la explotación del trabajo primario de producción a una diferente división mundial del trabajo donde la industrialización pudo empezar en el Tercer Mundo. ¿Cuál es la naturaleza del Estado periférico en esta visión de la dependencia? El Estado en las economías del Tercer Mundo es esencial para la administración del papel dependiente de estas economías en la división internacional del trabajo y el proceso capitalista mundial de acumulación de capitales. ¿Es éste un Estado “débil” o uno “fuerte”? Frank y Amin convienen con la afirmación de que la burguesía local en las economías del Tercer Mundo es relativamente débil y que el Estado dependiente es relativamente fuerte y autónomo con respecto a su burguesía local. La debilidad misma de la burguesía local con relación a la imperialista le mueve a tratar de fortalecer su Estado nacional como parte del proceso de negociación entre burguesías locales e imperiales. Para Frank, el papel del Estado periférico en este período consiste en aumentar el acceso a los recursos domésticos para el capital metropolitano, movilizando fondos públicos para inversiones en la infraestructura, y reformando la estructura social y económica de modo que haya cada vez mayor mano de obra disponible para producir artículos de exportación. Esta idea del Estado parece determinista, pero Frank no cae en la trampa de afirmar que el Estado periférico no es más que la administración del Estado imperialista dominante. Reconoce que existen

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diferencias entre el grado en que la burguesía de un país entrega sus recursos a la metrópoli. El Estado dependiente, según Frank y otros analistas del sistema mundial, es diferente de los Estados metropolitanos porque está organizado en parte considerable para satisfacer las necesidades de una poderosa burguesía internacional y porque las burguesías locales son relativamente débiles. Es inherentemente menos democrático porque es mucho más difícil para las burguesías del Tercer Mundo establecer su hegemonía y, por tanto, para los regímenes democráticos burgueses ser legítimos. La dependencia histórico-estructural La teoría de la dependencia de Cardoso y Faletto conduce a una visión del Estado dependiente que lo coloca más en el contexto de la lucha de clases local. Por ello, los movimientos populares desempeñan un papel más importante en la forma de tal Estado, ya que puede haber un rápido y sostenido desarrollo económico local aún con la importante influencia de capital extranjero; y la tendencia del Estado, en el largo plazo, es hacia la forma democrática. Cardoso y Faletto desarrollan un enfoque a la condición de sociedades periféricas que ellos llaman histórico-estructural: “Subraya no sólo el condicionamiento estructural de la vida social, sino también la transformación histórica de estructuras por medio de c onflicto, movimientos sociales y lucha de clases”. En contraste con Frank, quien señala los mecanismos estructurales autoperpetuadores de dependencia, o en contraste con Amin, quien introduce en estos mecanismos estructurales unas posibilidades generales de resistencia antiimperialista y la reconstrucción, Cardoso y Faletto arguyen que la expansión del capitalismo en diferentes países no tuvo la misma historia o las mismas consecuencias. Las diferencias están arraigadas no sólo en los recursos naturales disponibles y tampoco en el diferente período de expansión en que las economías fueron incorporadas al sistema internacional. Más bien, las diferentes historias son resultado de las diferentes instancias históricas “en que sectores de clases locales se aliaro n o chocaron con intereses extranjeros, organizaron diferentes formas de Estado, sostuvieron ideologías distintas o trataron de aplicar varias políticas o definieron diversas estrategias para hacer frente a los desafíos imperialistas”. Para ellos el sistema de dominación reaparece como fuerza interna, por medio de las prácticas sociales de grupos locales que imponen intereses extranjeros. Este enfoque en las relaciones sociales y no en los epifenómenos generales coloca la periferia en el mismo nivel materialista-histórico que las metrópolis. Reconoce que ocurrieron luchas sociales en la periferia y que estas luchas fueron importantes, a la vez, para el proceso de desarrollo capitalista allí, como para el desarrollo del capitalismo mundial. Esto coloca al Estado dependiente en el centro del escenario no sólo como el mecanismo burgués para apropiarse recursos locales con objeto de exportar capitales, sino también como mecanismo de consolidación y reproducción de la hegemonía burguesa. Con la crisis del capitalismo mundial en 1929, el Estado periférico intervino para fijar tarifas protectoras, para transferir ingresos del sector exportador al sector doméstico, y para crear la infraestructura necesaria para apoyar la industria de sustitución de importaciones. Cardoso y Faletto consideran este cambio como la formación de nuevas alianzas. En cada caso fue diferente la respuesta a la Gran Depresión. El Estado dependiente aparece en este contexto como lucha de clases condicionada: condicionada por crisis y desarrollos del sistema mundial y por el papel de los sectores de exportación en la economía nacional. Este Estado es el principal responsable de organizar el mercado interno y la acumulación local de capital basado, en gran parte, en ingresos de las industrias exportadoras. El movimiento de industrialización, a su vez, creó movimientos de población hacia las ciudades y sociedades urbanas en masas, compuestas por un proletariado asalariado y por un sector popular no asalariado. Las diferentes alianzas de grupos dominantes en el Estado hubieron de enfrentarse a esta creciente masa urbana para llevar adelante el proceso de industrialización. Los rasgos distintivos (en el período posterior a 1929) de las políticas de industrialización en cada caso dependieron de cómo se reconciliaran los papeles del Estado y la burguesía industrial. Según Cardoso y Faletto, el Estado como distribuidor e inversionista desempeñó un papel muy similar al de los países avanzados, pero todo esto dentro de los límites de una continuada dependencia de exportaciones y la dificultad de una sostenida incorporación económica y política del pueblo. El nuevo autoritarismo en América Latina La primera fase de industrialización sustitutiva en América Latina requirió participación y control del Estado, pero se baso en gran medida en la acumulación interna. Durante los años cincuenta esto empezó a cambiar con la búsqueda de nuevos mercados por el capital industrial extranjero. El capital metropolitano estaba intentando extender su producción, aumentando la extensión de su mercado, básicamente para bienes de producción en el propio Tercer Mundo. La nueva industrialización se concentró en la industria que producía para el consumo interno, particularmente artículos de producción y artículos de consumo duradero. La nueva industrialización generó una presión popular para aumentar el gasto social y dar una mayor participación política a las masas. Durante los años cincuenta y los sesenta, la nueva industrialización fue acompañada por la activación política de sectores antes marginados. Y sin embargo, en poco más de una década (1964-1976), cierto número de regímenes democráticos de América Latina cayeron ante golpes militares que fueron distintos del anterior tipo de caudillo (dictador militar) y que no correspondieron a las dictaduras “políticas” fascistas de los años veinte y treinta. Estos golpes más recientes representaron un terrorismo tec nocrático que intentaba despolitizar a la sociedad en nombre de la eficiencia económica, la nación y el orden social. Dos concepciones del

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Estado dependiente surgieron para explicar su naturaleza no democrática y su creciente intervención en la economía nacional. La primera es el modelo del Estado capitalista que subraya el creciente papel en la producción del Estado en el Tercer Mundo. Para los analistas del Estado capitalista, este papel del Estado es característico de una fase particular del proceso de acumulación, proceso que está en crisis por causa de la relación de las economías dependientes con los centros metropolitanos. El segundo modelo –el autoritarismo burocrático– tiene sus raíces en la visión que tienen Cardoso y Faletto de la lucha de clases. El autoritarismo burocrático es el “respaldo y organizador de la dominación ejercida a través de una estructura de clases subordin ada a las fracciones superiores de una burguesía altamente oligopolizada y transnacionalizada”. Excluye políticamente a los secto res populares antes activados, imponiendo un tipo particular de “orden” por medio de extrema coerción. Existe un consenso general sobre estas características, pero ¿está el autoritarismo burocrático arraigado en alguna condición económica inherente de las sociedades dependientes y por lo tanto, una forma estructuralmente necesaria del Estado dependiente; o es una respuesta “histórica” a condiciones políticas particulares en el Estado capitalista dependiente ? Frank afirma que estos regímenes fueron necesarios para aumentar la circulación de capital ante una crisis económica mundial. O’Donnell afirma que el proceso de sustitución de importaciones tropezó con dificultades durante los años cincuenta y comienzos de los sesenta y que sólo podía resolverse “profundizando” la industrialización por medio de una integración vertical y que esta profundización sólo se logró atrayendo capital extranjero. O’Donnell afirma que el autoritarismo burocrático es un “tipo de Estado autoritario” en el sentido de que este tipo de régimen corresponde a una “fase” particular de acumulación en las economías dependientes. Cardoso y Stepan están en desacuerdo con esta formulación. Stepan considera que, antes de la crisis de sustitución de importaciones, la exigencia política es el tema unificador de los regímenes corporativistas exclusivistas. Cardoso afirma que el Estado capitalista dependiente, aun ante una crisis del capitalismo mundial, y las dificultades de la industrialización de sustitución de importaciones, ha coexistido con muchos regímenes políticos diferentes. ¿Es el Estado dependiente inherentemente distinto del Estado metropolitano por causa del dominio de la economía de la periferia por capital extranjero? ¿Crea este dominio formas de Estado diferentes en la periferia que en la metrópoli? Las opiniones más instrumentalistas representadas por la teoría del sistema mundial implican que el Estado dependiente tiende a las formas autoritarias. Cardoso y Faletto y otros teóricos de la dependencia ponen mucho más énfasis en las luchas locales en su análisis del Estado dependiente. Tienden a ver el Estado dependiente como sometido a muchas de las mismas fuerzas que en la teoría del sistema mundial, pero también sometido a la lucha de clases nacional y a la crisis hegemónica. En este sentido, la forma burocrática autoritaria se ve sometida a presiones y a contradicciones internas similares a las de cualquier Estado capitalista. Pero aunque en el régimen democrático burgués el estado puede mediar en la dominación económica por medio del concepto de ciudadanía o de nación, en el régimen autoritario, las instituciones del Estado deben “estatizar” el significado de nación. E l interés general o la identificación con el Estado deben resumirse bajo el establecimiento del “orden” y la “racionalidad” y una mayor tasa de desarrollo económico. Aparecen tensiones en esta combinación de desarrollo económico y coerción, y el estado burocrático se ve sometido a ellas, como cualquier otro. Una de estas tensiones es entre el Estado militar y su base social burguesa. La segunda gran tensión es entre el Estado autoritario y el “vacío silencioso” de la sociedad civil. En términos de O’Donnell, el Estado es frágil por causa de sus limitadas opciones de extender su base social. A la postre, el Estado ha de enfrentarse a su propia ilegitimidad y a la “nostalgia por la democracia”. La importancia de la lucha por la democracia como “tendencia” subyacente aún en la periferia introduce una tercera tensión: la relación del conflicto de clase y la expansión de la democracia en las metrópolis y esa expansión en la periferia.

[Martin Carnoy, “Capítulo 7: El Estado dependiente”, en El Estado y la teoría política, Alianza, México, 1990, pp. 215.257.]

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