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Alejandro Hernández Ángel Valtierra Ada Carasusan Ethel Krauze David Arellano Gloria Cejka Rubén Pizano Magdalena

Espinoza Erika Martínez Leonardo de Ononvide Salvador García Afhit Hernández Rodrigo Díaz Juan Fco. García R.

AÑO 1 No. 3 25/03/08

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$15.00

Delirio Controlado es una revista cuatrimestral, publicada por el Consejo del Centauro, Priv. Caudillo del Sur No. 8 Col. Ampliación Chipitlán, Cuernavaca, Mor. C.P. 62070 deliriocontrolado@hotmail.com “El contenido de los textos es responsabilidad de los autores” Todos los derechos reservados. Queda prohibida la reproducción total o parcial de los contenidos de Delirio Cotrolado sin autorización expresa de los editores. Tiraje de 1000 ejemplares. Impreso en: Vidal impresos. Copalhuacán 20-A, Col. Amatitlán, Cuernavaca, Mor. C.P. 62410

Redacción: Héctor Cervantes Difusión y Prensa: Magdalena Espinoza y Alejandro Hernández Administración: Yazmín Carmona Fotografias: Ada Carasusan Diseño y Formación de este numero: Carlos Diaz

Director General: Juan Francisco García

Consejo Editorial: Frida Varinia, Salvador García, Leonardo Compañ, Soledad Jiménez y José Carlos Ruiz

A VECES TE IMAGINO
Afhit Hernández Villalba

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SIN CIUDAD COMUNIÓN

Juan Fco. García R. Erika Martínez Téllez

HERMANO JAGUAR
Magdalena Espinoza Rodrigo Díaz

NO ME HE SUBIDO A UNA MOTO DESPERTAR
Salvador García

CUANDO SE NUBLA EL CIELO
Ángel Valtierra Pillado

FRAGME

Leonardo de Ononvide

TESTIGOS DE LA HISTORIA
Rubén Pizano Díez

OBRA GRÁFICA
fotos: Ada Carasusan Ethel Krauze Gloria Cejka

LA HORA DE DECISIÓN MEXICO VISTO POR UN ESCRITOR CHECO CONTEMPORANEO ARRASTRANDO LA PLUMA
Alejando Hernández

GUITARRAZO

Alejandro Hernández

YOLOCUAUTLIS
David Arellano

EDITORIAL

Afhit Hernández Villalba

I

A veces te imagino,

como esa amante de Mussag-ag-Amastan, la divina, la intocable, y quisiera ser yo el que te dice: “No has querido lucir ninguna joya sobre tu piel blanca”. Otras veces te veo, como ven unos ojos cubiertos por el kohl: con las vestiduras riquísimas, los hilos de oro, pequeñísimas piezas de marfil pulido, cubriendo tus piernas de mármol, pero dejando el pecho descubierto. Y tu esclava, Sin duda, una de tus amantes, Embarka, guarda tus tesoros y tus secretos en un cofre. “Y su carne oscura perfumada de aceite, pone con sus adornos una sombra deslumbrante en la sombra de tus pasos, esa a la que llaman tu sombra”. Te veo tendida en el cojín targuí –justo como lo dice ese poema–– ofreciéndote desnuda a la diffa del amor. Y quisiera poseerte porque en ti hay más belleza que en la tumba iluminada de todos los reyes.
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II Hay otros momentos distantes en que el silencio te envuelve como a los muchachos de los frescos. Tan breve la cintura. El pelo ondulante –como olas petrificadas por algún pintor de Oriente–. Se van y cortan lirios. Portan cántaros con líquidos misteriosos. O eres la fuerza del toro que arremete contra los muchachos –los pugilistas, los príncipes, los que ofrecen sus cuerpos apenas cubiertos por el estuche fálico-. Las islas. Allí, la muerte. Esos hermosos adolescentes –los que nunca existieron– que se arrancan de la vida. El mar al fondo, el mismo que ahora permanece. Esa tierra donde sólo quedan ruinas aún tan rojas como la sangre, listas de ofrendas, un ánfora de miel consumida por la Señora del Laberinto.

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Sin ciudad García R. Juan Fco.
Bajo la frondosidad del árbol más antiguo, más viejo de la ciudad, de múltiples vivencias cortezas sueños y tristezas, reza en su parte frontal una singular frase… He aquí el hombre. Bajo el vestigio más antiguo, mejor situado, armado de piedras, silencio terror poderío, de inescrutable verdad, me encuentro buscando una respuesta a mi existencia.

Bajo esta casa de lámina, suelo firme, antiestética, de pocos muebles, aparatos risa llanto y pasiones, busco la verdad de la soledad. Bajo esta ciudad cuyos volcanes enmarcan este sueño lowryano, emergen las razas de vencedores y vencidos. Debajo de esta ciudad y volcanes se pierden en su esencia, personas pirámides y tú… eterna cúspide.

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Es cierto. Muy cierto… ¿Verdad? Nos encantas por tus sueños de profeta. Eterna ciudad de sueños y promesas. Adoradora del presente e indiferente de héroes olvidados Amante y desacralizadora, de magia filosofía leyendas misticismo héroes y realidad. Tu pasión e indiferencia son una misma cosa. Más allá de tus reconocimientos, bardados y calles de piedra, artistas y parajes, sólo nos ofreces sin remordimiento tu clima placentero, tu adormecimiento, tu eterno…: descanso. Eres la que aniquila, engrandece y sumerge nuestra estirpe en ese letargo propio de las ensoñaciones. Somos alebrijes. consecuencia de tus bostezos y cercanía con ese otro monstruo mal nombrado ciudad de los palacios.

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Comunión
Erika Martínez Téllez
Todo pasa lentamente el silencio I Rostro irascible –desfigurado– va cayendo por la escalera del no-juicio Melancolía decantada ingrávido portal aguardas II Rueda la duda La presa cae

Labios juntándose: ciruela La luz Ránulas hirvientes III Sólo las manos El amor no habla ¿dónde están las palabras?

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Hermano Jaguar
Magdalena Espinoza
Tú, ciertamente tú, místico primitivo, diente, garra, injustamente ahora se te extingue en esta algarabía de conjuro. Tú, símbolo borroso, ancestral huella, te deslizas del mundo como el viento que sobre la agrietada tierra ruge. Quédate con tu canto de crepúsculo en este oscuro bosque belicoso. Quédate aquí y ruge como trueno, como rayo felino que retorna de este lejano mar para que muerdan filosos tus colmillos a la bestia oscura, amenazante, que germina.

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Rodrigo Díaz

No me he subido a una moto.
Apenas las películas me cuentan que los conductores mueren rápido y que las manos de los familiares son tan frías cuando se enteran. No me he subido a una moto. Tendría que ser valiente para vestirme con pantalones de cuero y calaveras en el pecho. Tendría que deshacerme del cigarro porque en el viento ya no es confiable mirar el humo que sale de mi boca.

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Despertara Panero) (Homenaje
Salvador García
La palabra marchita que recuerda otras mañanas el último versículo que planteaba la venganza la tragedia de Esquilo que emana llanto El Quijote en la cocina y la Última cena junto al retrete. Los Simpson por la televisión dislocada la guitarra muda que ha olvidado cantar corridos: “No volveré, te lo juro por dios que me mira”. El tapete descolorido donde se tiran las cenizas de los poemas ya fumados. El teléfono mudo y el lápiz sin punta. El vacío demacrado que se extiende con el día. Los silencios prolongados. Las golondrinas.

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Ángel Valtierra Pillado

* Cuando se nubla el cielo y las nubes son rocas imposibles; el corazón se petrifica también. ¿Qué cosa son los doscientos cuernos que crecen hacia dentro del taciturno corazón? * Que llueva. ¡Que llueva por favor! No puedo más soportar tus nubes en mi pecho la caída del cielo. * Y mientras te anhelo el viento sufre su inmovilidad. El cielo su silencio y yo la lejanía. Que llueva. ¡Que llueva por favor!

04/05/04
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Fragme
(Aquí la vida muerde) Es un mecanismo rompiente que mastica con colmillos parlantes

Leonardo de Ononvide

Volver a saberme pieza infecta en la orilla de mi mente Rodillas al | El camino | suelo | Erosiona Regreso a leerte rectificando Un no-olvidar En la hora más oscura el rencor de un primate: tu sangre nos traiciona (y aquí la vida muerde).

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TESTIGOS DE LA HISTORIA
La capital de nuestro estado se engalanó del 12 al 14 marzo con la celebración de las Jornadas de la República Checa y de la República Eslovaca, con la presencia de sus respectivos embajadores: excelentísimo señor Jiri Havlík y el excelentísimo señor Jozef Adamec. El Teatro Ocampo vibró con el conjunto checo de jazz “Band… James Band” y se emocionó con el ensamble AEterna de Eslovaquia. La pintora checa Tania Janco suscitó elogiosos comentarios por su exposición en la Sala Siqueiros del Jardín Borda y diversas personalidades checas y eslovacas nos hablaron acerca de la historia de estos pueblos eslavos, de su cultura y economía. Soy de los privilegiados que hemos tenido oportunidad de conocer de cerca tanto Chequia (así se denomina ahora en español a la República Checa) como Eslovaquia. Guardo un grato recuerdo de amigos, unos que hoy viven en Bratislava y otros en Praga. Y me siento testigo de la historia, pues a estos amigos los conocí cuando se decían checoslovacos. De los ejemplos más cercanos, mi suegro, Eduard Cejka, nacido allá por el norte de Bohemia, y mucho más recientemente, el primer presidente y cofundador, junto con Jirina Libermanova, Anita Amrein y otros, de la Asociación T. G. Masaryk, el ingeniero Alejandro Schoor, (19201997), checoslovaco de corazón, quien decía con orgullo: “nací en Eslovaquia,
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Rubén Pizano Díez

crecí en Bohemia y estudié en Hungría”. Como muchos de su generación era políglota: hablaba eslovaco, checo, húngaro, alemán, francés, inglés y español; admirador de T.G. Masaryk, sin hacerse notar, constituyó esa asociación que me dio oportunidad de conocer, en la capital mexicana, a grandes amigos checos y eslovacos. El ingeniero Shoor confesaba tener un lugar en donde se sentía realmente a gusto. Era en la Sala de Vladislav (Vladislavsky Sal), en el Castillo de Praga, porque ahí, flanqueada por los escudos húngaro y checo se puede ver la letra inicial de Vladislav, rey tanto de Hungría como de Bohemia. En el escudo de Bohemia de entonces, aparece el León checo y al otro lado la Cruz de Eslovaquia. Tuve la curiosidad, en mi primer viaje a Praga, de conocer el lugar al que se refería este checoslovaco a quien estimé por su caballerosidad y gran cultura, y fotografié la enorme “W” descrita por mi amigo.

Poco antes de la separación en 1993 de checos y eslovacos, Schoor insistía en que estos dos pueblos tenían más similitudes que diferencias y relataba que el gran filósofo, humanista y estadista checo, Thomas Garrigue Masaryk tuvo al general Milán Stefanik, héroe nacional, poeta, astrónomo y gran diplomático eslovaco, como mano derecha para la obtención de la independencia del Imperio AustroHúngaro en 1918, cuando se unieron Bohemia, Moravia y Eslovaquia para formar el estado de Checoslovaquia. Viajero incansable (Asia Central, África del Norte, España) Stefaník llegó hasta Ecuador y en Tahití construyó, en los albores del siglo pasado, tres estaciones meteorológicas para observar el cometa Halley. Otra de sus hazañas fue haber logrado fotografiar a Venus y Júpiter desde el Mont Blanc, en Francia. En mi memorable primer viaje a Checoslovaquia, siempre rodeado de entrañables amigos, conocí la incomparable belleza mágica de Praga, pude deleitarme con sus conciertos en jardines encantados, fotografié sus paisajes de cuento medieval y de sorpresa en sorpresa, viajé al encuentro del “Paraíso Eslovaco” de los Altos Tatra, majestuosas montañas con grandes atractivos turísticos por su naturaleza virgen.

Con paradas inolvidables en la casa de nuestros amigos eslovacos, tuve el privilegio de conocer cavas domésticas, en donde catar el vino joven y admirar el arte de los trajes, regionales artísticamente bordados, dejaron en mí una huella imborrable. En las riberas del Danubio viví una de las sorpresas más gratas como dramaturgo, pues en Bratislava, capital de Eslovaquia, el doctor Brat, un excelente traductor, me invitó a oír la primera lectura de la traducción al eslovaco de mi obra teatral Oasis en la cloaca, posteriormente representada y también adaptada para radio. Así, sin entender una sola palabra, me emocioné al pensar que mis amigos eslovacos podrían conocer mi obra directamente en su melodioso idioma, tanto como me emociona ahora saber que el doctor Ulicny en Praga ya tiene lista la traducción al checo de otra de mis obras de teatro, La inteligencia de Dios. Por todo lo que he relatado, y porque conservo grandes amigos checos y eslovacos, hoy me adjudico el derecho, en nombre de los habitantes de Morelos, de expresar enorme satisfacción por haber tenido entre nosotros a los representantes diplomáticos y a los artistas de estos dos pueblos, ahora cobijados ambos bajo la bandera de la Unión Europea, que nos vinieron a deleitar con muestras de su arte y de su cultura para propiciar un mayor conocimiento entre eslovacos, checos y mexicanos.

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Obra gráfica
Ada Carasusan

14 trio claroscuro

Antropomorfo

Tienda de Opio

espíritu navideño
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La hora de decisión.*

Ethel Krauze.

¿Yo comiendo enchiladas verdes un sábado al mediodía en la plaza de Coyoacán junto al nuevo fotógrafo de La Republica? A cada bocado, Teo me cambiaba el rebozo y disparaba la lente de la cámara. Durante el trance del rebozo azul papagayo, me atraganté, y así me tomó la foto, entre carcajadas de cerveza y sonadas de nariz. Es la imagen de la portada que llevo en mi celular, la más loca que alguien me haya tomado alguna vez. Pero fue también el día más feliz que recordaba en los últimos diez años. Teo Brand apareció en mi vida sin que me diera cuenta. En el cóctel de aniversario del periódico, Tina y yo deshilachábamos a la concurrencia en el salón “Embajadores” del hotel Imperial, como cada año, delante de nuestros vodkas martinis. En una mesita de bancos altos, devorábamos las nueces de la India y las aceitunas preparadas con salsa picante, y susurrábamos hasta por los codos los nuevos secretos de los empresarios, los políticos, los publicistas y los colegas que se repartían abrazos y brindaban por la salud de La Republica. De tanto en tanto, alguno se descolgaba hasta nuestro sitio, nos salpicaba con una broma obscena o con un nuevo chisme sobre los jefes de sección, para desaparecer a los dos minutos rumbo a la mesa del bar. –Necesito ayuda, ¿se puede? –sonó una voz detrás de mí, tan cerca que pude oler la mezcla de tequila y sudor aromado con lavanda y cítricos que me erizó la piel como corriente eléctrica. Era el nuevo fotógrafo de la Sección Turismo. Lo había visto de lejos un par de veces en los pasillos del periódico. Ahora se sentaba, sin más, al lado mío y respiraba con sonriente agitación. –Soy Teo Brand. Soy nuevo. Por favor, dame el tour completo. –Soy Susana de la Rosa, análisis bursátil de la semana. Ella es Tina, hace las gráficas, es un genio– contesté tratando de reponerme, con un tono condescendiente, tan amigable como neutral. –Clementina Madrigal –dijo Tina con una risita infantil. –Tienes nombre de personaje de una canción de pueblo… –dijo Teo espontáneamente. Tina soltó una carcajada aún más infantil. Lo pusimos al corriente de cada uno de los personajes. Teo nos interrumpía sólo para reponer las copas.

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–Necesito tomarte la foto del domingo. ¿A las doce mañana en el kiosco de Coyoacán? –me dijo Teo en la despedida. Tina ya se había dormido sobre mi hombro. –¿Qué? ¡de qué hablas! –I need your help, Susana. No me falles. Me derritió su ruego en inglés. Luego supe que así era Teo Brand. También supe que su madre se había derretido por la misma causa cuando su padre le propuso matrimonio, treinta y tres años atrás, en el kiosco de Cuernavaca. Se habían conocido dos semanas antes, el padre era de Texas y tenía una casita en la bahía de Galveston; ya retirado, viudo y con hijos casados, se echó a viajar por México. La madre era una joven maestra de español para extranjeros. ¿Algo más necesita una historia de amor? Que ella tuviera una trenza oscura y ojos como Nocturnos de Chopin, y él un cuerpo rubio tostado, fuerte y ágil, y un habla candorosamente imperfecta, fue la aceituna del martini que trajo al mundo a Teodoro Brand para hacerlo más delicioso. Cuando llegué al kiosco de Coyoacán, a las doce en punto, en realidad no sabía para qué había ido. Sólo seguí a mi cuerpo, a la urgencia de mi corazón que latía con inusitada violencia cada vez que recordaba la mezcla de aromas de ese hombre. Lo primero fue comprarme varios rebozos. Luego me colocó en diferentes escenarios: la banca de hierro, los maceteros, la explanada, los puestos de collares. Tres cámaras diferentes y los rebozos en el cuello, anudados a la cintura, cubriendo virginalmente la cabeza o en forma de turbante. Finalmente, con las enchiladas verdes. Pero esta foto fue para mí. Ya tenía lista su serie de imágenes para la edición del domingo: “Rebozos típicos en el caleidoscopio de Coyoacán”. De ahí, al cine, con palomitas y refrescos. Nos despedimos de beso en la mejilla, las dos mejillas. Llegando a mi casa, me descubrí total e irremediablemente enamorada. Pensé que estaba loca de remate y solté la carcajada. No me había divertido así ni cuando era adolescente. Hacía dos meses había cumplido treinta y siete años.

*Fragmento de la novela La hora de la decisión, Editorial Jus, 2007. Cortesía de la autora.

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MÉXICO VISTO POR UN ESCRITOR CHECO CONTEMPORÁNEO
Contribuir al mejor conocimiento del hombre, atisbar en las costumbres y tradiciones de otros pueblos, difundir su idiosincrasia, es sin lugar a dudas lo que ha venido haciendo la literatura desde épocas remotas. Por esta razón, son bienvenidos todos los esfuerzos que nos dan la oportunidad de conocer a escritores de otras tierras que han usado su talento para acercar México a sus coterráneos. Es el caso de un escritor contemporáneo checo de muy amplia y reconocida trayectoria literaria, quien vivió varios años en México, amó profundamente esta tierra y dedicó cinco de sus más importantes obras a describir la riqueza cultural, la geografía, las costumbres y peculiaridades de un pueblo que lo cautivaron plenamente. La vida de Norbert Frýd (24.04.1919 +17.03.1976) tiene muchos puntos en común con la de los escritores de su generación, que se distinguió por enarbolar la defensa de los ideales patrióticos que caracterizaron a la vanguardia literaria checa que alcanzó su madurez en los años de la Segunda Guerra Mundial. Norbert Frýd nace en la ciudad de Ceské Budejovice, Bohemia del Norte, en la entonces Checoslovaquia. En Praga, la capital, se gradúa en Derecho y hace el doctorado en Historia de la Literatura Moderna. Para sostener sus estudios, trabaja como redactor en el periódico HALO, al mismo
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Gloria Cejka

tiempo que colabora con actores y actrices del famoso teatro D34. En esa misma época incursiona también en el campo de la cinematografía checa. Debido a sus orígenes judíos, durante la ocupación nazi es recluido en un campo de concentración y sobrevive casi milagrosamente. Al concluir la guerra, viaja a Estados Unidos de Norteamérica para trabajar en la industria fílmica. Gracias a su extensa cultura y amplios conocimientos de seis idiomas, le es ofrecido el cargo de Agregado Cultural de Checoslovaquia en la representación diplomática de su país en México. Llega a la Ciudad de México en 1947 y realiza una extraordinaria labor de acercamiento entre los dos países y se dedica a promover empeñosamente el conocimiento del alma de México en su pequeña pero culta patria. En los círculos intelectuales mexicanos de esa época, Norbert Frýd es rápidamente apreciado. Con la guitarra, su amiga de siempre, en las reuniones bohemias a las que asiste, hace alarde de su conocimiento del folclor mexicano y su jingle o tonada de presentación es siempre una estrofa de La Bamba que, con salero, acompañado de un buen rasguear de guitarra, canta con buena voz: A mí todos me dicen, a mí todos me dicen el yucateco, porque no pueden creer que soy un checo.

La verdad es que su cabeza grande y un pelo inusualmente negro en un checo, así como sus chispeantes ojos obscuros siempre inquietos y su particular forma extrovertida de actuar en sociedad, lo hacían muy parecido a cualquier mexicano y desde luego, diferente de sus colegas diplomáticos checos, normalmente reservados y renuentes a atraer las miradas sobre ellos. Es así como Leopoldo Méndez, Juan O’Gorman, Diego Rivera, Pita Amor, Columba Domínguez, Emilio Fernández, Alfredo Zalce, Julián Carrillo, Raúl Anguiano, el mismo Pablo Neruda en sus viajes a México y muchas otras figuras de relevancia en las artes plásticas, la cinematografía, la música, el periodismo, la literatura y la vida cultural en general, a través del mutuo conocimiento, enriquecieron dos realidades de vida completamente diferentes, pero con grandes puntos de contacto. Es por ello que hoy exponemos la vida y obra de Frýd con la intención de que se le conozca, pues además de su extensa obra sobre diversos tópicos, escribió sobre México en checo, idioma por demás inaccesible a los latinoamericanos, pero de gran riqueza idiomática y en una prosa fluida, disciplinada, alejada de lo pretencioso y con un gran sello de autenticidad que le permite manejar ciertas situaciones dramáticas que en otras manos caerían fácilmente en un sentimentalismo barato. Para analizar la obra y personalidad de Norbert Frýd hay que tomar en cuenta dos rasgos fundamentes que son característicos en él: primero, el respeto a la verdad, a la realidad tal cual es, el profundo conocimiento de todo cuanto escribe y los hechos vividos, su objetividad; segundo, una sensibilidad propia para aquilatar los valores morales, los derechos humanos, la justicia. Todo esto se hace patente al conocer y estudiar sus historias literarias que nos transmiten unas experiencias de vida interesantísimas, las cuales delinean claramente quién era como persona y como escritor. Dejan entrever qué clase de carácter y temperamento tenía y las influencias literarias e ideológicas de la época que le tocó vivir.

Primeramente su respeto frente a la realidad, a los hechos existenciales. No es coincidencia que entre las obras de Frýd que pertenecen claramente a la novela histórica encontremos ecos de las experiencias de su actuación diplomática en México y Estados Unidos. La Emperatriz Mexicana, La Selva y El pozo de los Zopilotes son claras muestras de ello. Otros dos de sus libros: México se encuentra en Norteamérica y Guatemala Sonriente resultan sumamente atractivos por todo lo que de exótico contienen para cualquier lector europeo. Su ensayo La gráfica mexicana documenta su profundo conocimiento del tema y revela a los lectores checos las íntimas conexiones existentes entre checos y mexicanos respecto a las técnicas y temas tratados por los artistas del grabado. Las tramas de varias obras suyas, entre otras su cuento sobre los norteamericanos La espada de los arcángeles o su muy conocida novela del medio cinematográfico praguense de la época de la ocupación nazi El verdugo no espera, están basadas en documentos sobre esos hechos que el autor estudió, pero que revistió con los ropajes de su imaginación. Quizá lo que mejor documente la inclinación vital de Frýd a estudiar todo, observar todo y conocer a fondo la realidad, lo constituyan su crónica familiar novelada que compone la trilogía Una muestra sin valor y el señor Obispo, Preocupaciones resbaladizas y Correo dentro de una botella, que registra la historia de sus ancestros judíos, de sus padres y de él mismo de una manera sencilla que convence, con un atinado sentido de observación que atrae y con un estilo muy propio que es característico de todo buen escritor. Es aquí en donde Norbert Frýd demuestra fehacientemente que la literatura de hechos en manos de un autor de talento que posea el don de expresarlos literariamente, es tanto o más atrayente para el lector que aquellos modernos escritores que hacen “literatura por la literatura misma” y echan mano de palabras raras, buscadas en diccionario, de frases rebuscadas que enaltecen una forma sin contenido.
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La sencillez y exactitud con que el autor describe la realidad llega tan lejos que no se detiene ni aún frente a su propia persona como lo demuestra su sincera autobiografía, un raro ejemplo de que es posible usar un lenguaje literario para describir los hechos tal como son, sin alterarlos en nada. Este rasgo en la obra de Frýd es característico de toda una generación. Una generación que creció en la que los checos denominan Primera República, la de antes de la guerra, que escogió la lucha contra el fascismo y tuvo que pagar por ello. Si buscamos la pasión en la obra de Frýd no la encontraremos en palabras grandilocuentes ni en ampulosas escenas dramáticas. La pasión de Frýd está en describir los pequeños detalles de la vida cotidiana, pequeños en apariencia pero decisivos para marcar el destino de toda una vida. Su pasión radica en resaltar la verdad, la crudeza de la realidad, lo que es la vida misma. Otro de los polos narrativos que marcan la obra de Frýd es su alto sentido humanista. Es este sentimiento el que inspira toda su obra y le imprime un sello característico. Es asi mismo esto lo que nos lo da a conocer desde sus tiempos de estudiante, acampando en los entonces tupidos bosques checos con su guitarra en mano, cantando su derecho a la vida, al amor, al trabajo, a crear sus propias obras literarias en donde ya desde entonces pone de manifiesto una inusitada madurez como hombre, como ciudadano y como artista. Es esa misma forma de ser y de actuar la que lo acerca tanto a los mexicanos con quien le gusta cantar y convivir para poder, en sus obras literarias, dar a conocer esos rasgos tan similares entre las culturas de ambos pueblos. En cuanto a su actuación como Agregado Cultural desarrolla múltiples actividades, con una hiperactividad que lo hace famoso a donde llega: redacciones de periódicos, centros culturales, librerías y museos que visita una y otra vez para empaparse de la realidad mexicana y poder aparecer en largas comparecencias ante los micrófonos de la estación radiodifusora de la UNAM, para dar a conocer el nombre de Checoslovaquia, su quehacer político y cultural en las páginas de los periódicos y revistas de mayor difusión y hacer atinadas comparaciones sobre
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la similitud y la cercanía con México en muchas cuestiones artísticas. Con esa misma finalidad inicia por aquel entonces la publicación de la revista Checoslovaquia de hoy que, en los años bajo su dirección, y de su propia cosecha, incluye interesantes y muy bien documentados reportajes sobre historia, arquitectura, música y literatura checa. Su peculiar forma de trabajar asustaba a los empleados mexicanos de la representación diplomática pues, paseándose a largos pasos por todo lo ancho y largo de la oficina, peinándose frecuentemente la cabellera con sus manos, dictaba a velocidad de rayo sin un sólo apunte, siempre de memoria y siempre consignando multitud de datos y hechos que él archivaba en la memoria y que trasladaba al papel con gracia y desenvoltura. Quería que las transcripciones de lo que había dictado estuvieran listas para ya. No perdonaba los errores, pero era magnánimo cuando las correcciones a su casi perfecto español mejoraban tal o cual nota o artículo periodístico. Fue también un eximio fotógrafo y los paisajes mexicanos en blanco y negro que llevó consigo a la vieja Europa son dignos de estar en algún museo en donde el público pudiera tener acceso a ellos, pues no solamente demuestran maestría profesional, sino ese ojo capaz de captar todo lo bello, dramático y contrastante de la realidad mexicana. Viajero incansable por el mundo, acapara el interés de un amplio número de lectores en diversos países, que tiene acceso a su obra a través de traducciones al alemán, húngaro, polaco, ruso, inglés, pero no al español. Norbert Frýd debería ser un autor conocido en México, puesto que escribió cinco libros sobre nuestro país. Destaca entre ellos una atrayente, muy bien documentada y novedosa novela sobre Carlota, que tituló La emperatriz mexicana, publicada en el año de 1972, varios años antes de Las Noticias del Imperio de Fernando del Paso con el mismo tema, que apareció en 1987, y que curiosamente tienen muchas coincidencias, tanto en el desarrollo de la trama como en el final, en donde aparece en ambas, en el último párrafo, el nombre de Lindbergh.
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En el prólogo de esta novela, Frýd nos da a conocer la enorme curiosidad que despertó en él saber realmente si Carlota fue víctima de los convencionalismos al ser entregada a los 17 años de edad a un marido impotente o realmente lo amó y lo escogió libremente como esposo, haciendo a un lado las urdimbres del poder. Frýd escribe, en el colofón de esta novela, que los autores generalmente no acostumbran poner en este género literario ninguna bibliografía, pero él se sintió obligado a hacerlo para hacer constar que su pluma evitó siempre caer en hipótesis aventureras, como lo es por ejemplo lo muchas veces citado de que la locura de Carlota fue causada por un veneno mexicano. Consigna que estudió más de cincuenta libros y documentos en alemán, francés, español y checo, y tomó el parecer de diversos psiquiatras checos, recibiendo también una invaluable ayuda por parte de la Biblioteca Nacional de Praga que le proporcionó para su estudio documentos de incalculable valor. La prensa checa hizo múltiples referencias a esta obra de Frýd con motivo del premio que la Sociedad de Escritores Checoslovacos le confirió al libro La emperatriz mexicana, una de las más destacadas novelas dentro de toda la importante obra de Norbert Frýd, pues elucubra, más allá del tiempo, sobre la importancia que tienen la gloria y el poder en el destino de una pareja que a su vez influye en el acontecer de un pueblo como México. Otro de los éxitos literarios más sonados de Norbert Frýd en su país de origen fue La selva, publicada por primera vez en 1965 por la Editorial El Escritor Checoslovaco, con una segunda edición en el mismo año de su aparición y luego, posteriormente, en 1967, 1970 y 1979; obra que nos traslada a Chiapas y en forma novelada nos da a conocer el descubrimiento de las famo22

sas pinturas de Bonampak, que Frýd fue de los primeros en visitar en una de las primeras caravanas a la que se integró por invitación de Juan Soriano, de quien se consideraba muy amigo. Con singular veracidad describe la difícil senda a lomo de mula que recorrieron quienes tomaron parte en esta histórica jornada. Uno de los subtemas que dan vida y vigor a la anécdota central de la novela es la relación de personas que se dicen civilizadas con los seres que habitan una jungla que todavía hoy, a pesar de la depredación del mal llamado progreso, sigue mostrándose misteriosa y atractiva . La novela La selva retrata además una época de brillante actividad cultural, que llamó poderosamente la atención del mundo por la proyección de personajes mexicanos notables en las artes y en otros campos, que podemos descubrir en esta novela, no obstante los nombres ficticios de los personajes; en otros casos, podemos recordar hechos y personas muy importantes en la historia reciente de México, como el del arqueólogo que realizó el notable hallazgo en la selva chiapaneca y las personas que con él cooperaron. Estos entretelones aportan sabor a la trama original, dueña de un ritmo y suspenso que resulta muy interesante al lector de cualquier nacionalidad. Se puede deducir pues que todas las peripecias e impresiones de ese inolvidable viaje fueron plasmadas por Frýd en esta novela, que describe magistralmente un viaje al interior de la selva lacandona que muchos hubiéramos querido realizar. Otro éxito editorial fue la novela El pozo de los zopilotes, con cinco reediciones. Por la importancia de su tema (una marcha a pie de mineros que vinieron desde el norte de la República a solicitar justicia al Presidente) merecería también ser conocida por el lector mexicano.

Arrastrando la pluma

Blibliotecarios a la carta

Alejandro Hernández

L

os discursos actuales suelen considerar a los bibliotecarios cualquier cosa menos bibliotecarios, por lo que no es raro escuchar frases como estas: ¿Hay que promover la lectura? Llamen al bibliotecario. ¿Debemos montar una obra de teatro infantil y actuar en ella? Para eso está el bibliotecario. ¿Necesitamos diseñar una base de datos? El bibliotecario debe saber cómo. Claro. Porque el bibliotecario, al ser un ente versátil, puede desempeñar medianamente estos menesteres, pero no con el conocimiento con que lo harían, respectivamente, un pedagogo, un actor de teatro o un ingeniero en computación. Aunque, ¡ojo!, contratar a tales expertos saldría carísimo y el bibliotecario, en cambio, resulta mucho más barato. Este concepto de bibliotecario es consecuencia del desconocimiento de la esencia de la Bibliotecología, lo cual ocasiona que algunos colegas sean, si se me permite el término, “bibliotecarios a la carta”. La Ley General de Bibliotecas, creada hace 20 años, jamás previene que los empleados de biblioteca deban ser necesariamente bibliotecarios de carrera, al menos en el ámbito público. Ni qué decir a nivel dirección. De allí que haya personal de otras disciplinas que piensa que su única función es acomodar libros y, si se le pide, “hacerle” al pedagogo y al actor para promover la lectura y las bibliotecas. Pero, ¿qué provecho puede tener esto si las bibliotecas no cuentan con los libros adecuados o suficientes? Digo, ¿qué van a leer los usuarios? Si se pretende que la gente asista a las bibliotecas, primero se debe dejar que el bibliotecario haga su trabajo.

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Como una divinidad que delira:
músicos vanguardistas del siglo XX Alejandro Hernández
propias para las ferias de entretenimiento pueblerinas. Lo anterior no debe sorprendernos: siempre habrá el debate entre los tradicionalistas, que pugnan por la continuidad del estado de las cosas, y los revolucionarios, que ven en estos cambios nuevas vías de acceso hacia horizontes no transitados. En este sentido, el siglo XX se caracterizó por la experimentación musical y una nueva concepción de la música y el sonido, en busca de alternativas novedosas. Actualmente, las nuevas tecnologías de grabación, manipulación y reproducción del sonido han alterado significativamente el mundo de la música y, de paso, los antiguos valores del arte musical. Nuestro viaje comienza en el pueblo de Ahualulco, San Luis Potosí. Allí nació Julián Carrillo (1875-1965), músico mexicano de ascendencia indígena que a la edad de veinte años desarrolló una escala microtonal, en la

El guitarrazo

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ola, amigos melómanos. En esta ocasión, haremos un recorrido musical por la vida y obra de algunos músicos vanguardistas del siglo XX; los cuales, cada uno a su manera, se propusieron ampliar el universo sonoro. Algunos, incorporando a sus composiciones musicales los sonidos de la naturaleza, e incluso los ruidos cotidianos o bien grandes silencios; otros, creando una notación sui generis para escribir e interpretar sus obras. En ocasiones, la tecnología no estaba a la altura de sus ideas visionarias y entonces, para interpretar sus peculiares creaciones, debían inventar sus propios instrumentos musicales o hacerles las adaptaciones necesarias a los ya existentes. Este tipo de músicos rara vez eran tomados en serio por la corriente conservadora, y sus interpretaciones eran consideradas meras extravagancias de personas chifladas, más
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que dividía las doce notas tradicionales en noventa y seis tonos, ampliando de esta manera el espectro sonoro. A este nuevo sistema musical lo llamó Sonido 13, e incluso compuso obras utilizando su método, para lo cual mandó construir quince pianos, metamorfoseados según sus patentes. De su biografía, podemos citar que Carrillo fue director del Conservatorio Nacional, escribió la música del Canto a la Bandera y compuso la banda sonora de la película Intolerancia, de Griffith. Fue Caballero de la Legión de Honor y Finlandia le otorgó el Premio Sibelius, apoyado por los principales institutos musicales de Francia, Brasil, Argentina y México. Además, en 1950 estuvo nominado al Premio Nóbel de Física por sus estudios sobre el nodo. Otro músico visionario, Arnold Schönberg (Austria, 1874-1951), experimentó en 1905 con los métodos tonales y las escalas armónicas, bajo la consigna de no basar los tonos en las armonías sino en una serie de tonos, creando así la llamada música atonal. Este concepto, que no hace uso de las premisas armónicas, melódicas ni formales de la tonalidad, está cimentado en el dodecafonismo serial. Derivado de esta corriente surgirá el Serialismo, con el objeto de organizar más coherentemente las relaciones empleadas en la música atonal. Su mayor representante es Karlheinz Stockhausen (Alemania, 1928),cuyas obras están marcadas por un fuerte ambiente meditativo. Pionero en la utilización simultánea de cinta magnética e instrumentos tradicionales, muy

pronto se orientará hacia la música creada por medios electrónicos. Un discípulo de Schönberg, John Cage (Estados Unidos, 1912-1992), compuso obras basadas en la espontaneidad y la improvisación, el azar y la presencia del silencio. Este músico, nacido en Los Ángeles, fue uno de los primeros en introducir las nociones de la indeterminación en la composición y de lo aleatorio en la ejecución. Creó la técnica del “piano preparado”, que consiste en alterar el sonido de un piano colocando objetos (“preparaciones”) en sus cuerdas. Dentro de la corriente artístico-literaria denominada Futurismo, hallamos a Luigi Russolo (Italia, 1885-1947), quien propuso el Arte de los Ruidos o Ruidismo. Russolo consi-deraba al ruido como un objeto sonoro, dedicándose a crear instrumentos capaces de generar diferentes ruidos, como el Crepitador. Por otro lado, Pierre Schaeffer (Francia, 19101995) utilizaba sonidos pregrabados –musicales o extramusicales– que después procesaba electrónicamente para crear sus obras, dando origen a la llamada música concreta. Ya desde los albores del siglo XX músicos como Ferruccio Busoni (Italia, 1866-1924) y Edgar Varese (Francia, 1883-1965), alumno del primero, habían discutido acerca de la música del futuro y vaticinado el empleo co-rriente de instrumentos electrónicos en la creación y ejecución de la misma. En su Esbozo de una nueva estética de la música (1907),
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Ya desde los albores del siglo XX músicos como Ferruccio Busoni (Italia, 1866-1924) y Edgar Varese (Francia, 1883-1965), alumno del primero, habían discutido acerca de la música del futuro y vaticinado el empleo corriente de instrumentos electrónicos en la creación y ejecución de la misma. En su Esbozo de una nueva estética de la música (1907), Busoni criticaba el sistema musical temperado, mientras Varese se dedicaba a la creación del tipo de música que ellos preconizaban, conocida ya por entonces como música electroacústica. Estas ideas revolucionarias eran consecuencia de los avances tecnológicos desarrollados en las postrimerías del siglo XIX e inicios del XX (sonido grabado, telegrafía, corriente alterna, amplificadores) gracias a personajes tan disímbolos como Edison, Marconi o Tesla, entre otros muchos. Fue entonces cuando empezaron a proliferar instrumentos electrónicos que producían sonidos cuyo timbre era inalcanzable para los instrumentos convencionales, facilitando de esta manera la composición microtonal.

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Tal vez el más famoso de todos ellos fue el Theremin, uno de los primeros instrumentos musicales electrónicos. Inventado en 1919 por León Theremin (Rusia, 1896-1993), utilizaba dos osciladores de radio frecuencia y se tocaba sin que el intérprete hiciera contacto físico con el instrumento. Theremin patentaría su invento en 1929, concediendo los derechos de comercialización a la RCA. Posteriormente, la aparición de instrumentos electrónicos como el órgano Hammond o los sintetizadores MOOG consolidarían a la música concreta y electrónica. De este modo, la electrónica se ponía al servicio de la música, como auguraran Busoni y Varese. Hoy en día, con la tecnología disponible, es posible ampliar el universo sonoro hasta límites inimaginables, potenciando el sueño de todos aquellos músicos visionarios. La música moderna (progresiva, alternativa, new age, dark), el cine de terror y de suspenso con su música estrambótica, mucho le deben a estos músicos experimentales que produjeron sonidos inauditos para provocar nuevas sensaciones en el escucha. Visionarios que, adaptando una cita de Borges, “todo lo afirman, lo niegan y lo confunden como una divinidad que delira”.

Yolocuautlis

El origen del amor.

David Arellano*

Nada es nunca. Nada, nada, todo está haciéndose. Nada es constante. Todas las cosas sensibles están en estado de flujo y por eso no podemos conocernos. Existe una ley también, la de obedecer a mi voluntad. El pensamiento es flujo inteligente y el flujo pensamiento sensible. El movimiento se prueba andando. El sol es nuevo cada día y el amor es el más antiguo de todos los dioses. Mucho antes de todas las cosas existió el caos, después la tierra espaciosa… Y el amor es el más hermoso de todos los inmortales. Todas las cosas estuvieron juntas y en reposo, durante un tiempo infinito. Y la inteligencia produjo en ella el movimiento. Y las palabras son la sombra de la acción.

* Pertenece al círculo de escritores “Yolocuautlis” (Corazones de Águila), del CERESO de Atlacholoaya, Morelos.
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Permaneces siempre, amiga cálida y generosa; madre y compañera eterna; noble maestra, hasta luego Olivia de la TorreU

Año nuevo, buenos deseos. Deseos de renovación que quisiéramos ver en cada proyecto ligado a la cultura en el estado y que mucha falta le hacen. No dejamos de ver los esfuerzos que en pro de esta cultura tan desairada se hacen, a los que nos unimos por convicción, esfuerzos que, como en el caso de aquellos que no tienen como sustento los fondos públicos, merecen reconocimiento pleno: revistas, centros culturales, editores, promotores, artistas y todos aquellos que hacen de la cultura su pasión y ocasionalmente, y con muchas penalidades, su modo de vida. En cuanto a los organismos culturales oficiales, estatales y municipales, también se ve un intento por hacer crecer sus actividades aunque, desgraciadamente, necesitan ser más incluyentes, abrir sus instalaciones, programas y presupuestos a otros artistas y, en consecuencia, a otro público. No es fácil, los parámetros para discernir la calidad cultural son ambiguos, y a veces se da la impresión de que no hay una selección clara, transparente. Se cumple el dicho, Ni son todos los que están, ni están todos los que son. Respecto a la promoción, está claro que hay preocupación por conectar a toda la entidad con la actividad cultural. Cuernavaca no es Morelos, los demás municipios necesitan acrecentar su oferta cultural, y entendemos, por supuesto, que Cuernavaca por su población acapare presentaciones, festivales, exposiciones, etcétera, sin embargo, falta mucho por hacer en el resto del estado, se requiere voluntad de parte de nuestras autoridades culturales. ¿Esperaremos mucho tiempo?

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