LA COYUNTURA

POLÍTICA ACTUAL
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* COORDINACIÓN DE COMITÉS DE LUCHA *
[Documento provisional para ser discutido en la asamblea de la Coordinación de Comités de lucha, como base para construir en conjunto un balance grupal sobre la coyuntura.]

I. INTRODUCCIÓN

Entre 1968 y mediados de la década de los ochenta estalló una rebelión mundial de la juventud por varias razones que no viene a cuento mencionar aquí, sólo diremos que la forma de la vida cotidiana de la población de todo el mundo cambió profundamente desde entonces, es lo que se ha llamado “revolución sexual”, y cambió también, con la misma profundidad, el discurso ideológico de la burguesía. De ser un discurso conservador y de respeto a una moral victoriana, pasó a ser el discurso de la resignación y el valemadrismo, de la inmoralidad. Y conforme el movimiento fue retrocediendo, y fue siendo controlado por el orden imperante, este nuevo discurso ideológico de la burguesía se fue volviendo el discurso dominante, algo así como el sello de los tiempos, y así como la izquierda de la primera mitad del siglo XX tenía mucho del pensamiento burgués de entonces: moralismo, progresismo, positivismo; la izquierda de ahora tiene mucho también del pensamiento burgués contemporáneo: la protesta nihilista, la desesperanza, la actitud pseudocrítica que critica todo sin entenderlo y se queda sin nada qué hacer, etcétera. Entre 1988 y 1993 cayó el bloque político y económico que ha sido mal llamado “socialista”, y que fue una guía y un aliciente para muchos revolucionarios del mundo, y además un contrapeso político y hasta militar al imperio (Cuba entrenó guerrilleros y mandó apoyo militar a varias luchas de liberación nacional del mundo, por ejemplo). Esa caída reforzó al máximo, en la década de los noventa, esta actitud que se ha dado en llamar “posmodernidad”. De modo que venimos de un largo tiempo de derrota, de decepciones, de confusión y de revolucionarios arrepentidos de haberlo sido, pero también, por lo tanto, en el que se ha superado el viejo dogmatismo del periodo anterior. De modo que vivimos en un tiempo de confusiones y decepciones pero también de expectativa de nuevas propuestas y de apertura, en el que el marxismo no es tan bien visto como antes, pero en el que el marxismo heterodoxo crítico tiene más posibilidades que nunca antes de crecer y desarrollarse. Ahora, en estos últimos años, la izquierda mundial comienza a recuperarse de múltiples formas en todo el mundo. Por un lado, el capitalismo se enfrenta a una crisis que posiblemente sea definitiva, y los pueblos de muchos países del mundo comienzan a despertar y a rebelarse, pero por otro lado tenemos una izquierda heredera de la derrota, a la que no se le ha transmitido la experiencia revolucionaria de la generación anterior, del periodo 68-88, y que empieza de nuevo como construyendo de la nada, insegura de sí misma y excesivamente influida por el pensamiento irracionalista de nuestros tiempos, pero también, como ya hemos dicho, más abierta a nuevas propuestas y formas de lucha, creando en esa combinación formas de organizarse y luchas nuevas, confusas, flexibles, y una actitud de expectativa hacia lo nuevo que explica, por ejemplo, la aparición del EZLN y la enorme popularidad que tuvo en un principio; a las ONG’s, al movimiento globalifóbico, etcétera. De hecho, el EZLN, las ONG’s, justo después de la caída del bloque supuestamente comunista, poco tiempo después la resistencia “globalifóbica” en Seattle, abren una nueva etapa del movimiento; aportan la va adoptando la izquierda radical conforme se va recuperando. Frente a los viejos partidos políticos de izquierda, en ocasiones armados, y las grandes organizaciones de masas, a veces semiclandestinas, siempre buscando deliberadamente tener más poder, ahora lo que impera son, por un lado, una infinidad de grupos pequeños; de colectivos autónomos con una forma anarquista de trabajar, aunque puedan profesar formalmente el marxismo o alguna otra corriente socialista, y por el otro, los grandes partidos reformistas electorales y normalmente oportunistas, que son los que más se han beneficiado de este nuevo despertar de la izquierda. De lo que se trata ahora, en nuestra opinión, es: teóricamente, de explicar desde un marxismo renovado y no dogmático las diferentes formas de organización que están emergiendo, para poder, prácticamente, unificar estos miles de colectivos pequeños en un tipo nuevo de organización con una perspectiva verdaderamente comunista de la lucha social que pueda desplazar al oportunismo. Pasamos ahora a nuestro análisis de la coyuntura política nacional, o de la forma en que se manifestó aquí en México el debilitamiento de la hegemonía mundial de Estados Unidos y la crisis del orden mundial que este ha provocado.

II. LA COYUNTURA POLÍTICA ELECTORAL 1. La campaña presidencial La candidatura presidencial de López Obrador, con todas las críticas que debemos hacerle, entusiasmó a millones de mexicanos que nunca antes habían simpatizado con el PRD. Esto se debe en buena medida a las políti-

cas que adoptó su gobierno en el Distrito Federal, principalmente que haya dado apoyo a los viejitos; pero también se debe a los ataques que le hizo el gobierno a este candidato cuando era gobernador del DF. El desafuero y la lucha en su contra determinaron que la campaña presidencial de Obrador sería desde un principio un movimiento social: la gente que lo apoyaba entendió desde ese momento que lo que se vendría no era lo de cada seis años, que la campaña presidencial del PRD sería más que una mera campaña y que tendría al gobierno federal, a las televisoras y al IFE, y no sólo a los otros partidos políticos, como enemigos directos. Se formaron en todo el país miles de comités ciudadanos que hicieron campaña por iniciativa propia, sin pertenecer al PRD ni recibir presupuesto. La regla general de estos comités era que no sólo no pertenecían al PRD, sino que no querían pertenecer a él, y se mostraban siempre reticentes a trabajar de manera directa con él. López Obrador aprovechó esta circunstancia para crear una estructura de campaña paralela a la del PRD, que haría campaña por él pero no por los candidatos del partido a diputados y senadores. La mitad del presupuesto que el IFE asignó al PRD para su campaña fue a parar a esta estructura paralela: el Programa Nacional de Promoción del Voto, que no tuvo mucha eficacia en términos electorales, pero que López Obrador construyó en realidad también para otros fines. En primer lugar, para tener una fuerza directamente a su servicio con la cual pudiera ejercer cierto poder dentro de las grillitas del PRD, y, en segundo lugar, para integrar a un buen número de ciudadanos al movimiento, pues Obrador sabía que se preparaba un fraude y estaba pensando su estrategia no sólo en términos de marketing político, sino de preparar la lucha contra el resultado que de todas maneras se iba a imponer. 2. El papel del PRD en el fraude electoral El día de las elecciones, el PRD y el Programa Nacional de Promoción del Voto se negaron a colaborar entre ellos para la vigilancia de las casillas; muchas se quedaron sin ninguna vigilancia de parte de la Coalición por el bien de todos porque los grupos de interés se agandallaron todos los puestos a vigilante de casilla que pudieron y luego no tuvieron la capacidad de encargarse de ellos realmente. En cuanto a eso se “pecó por omisión”, pero no fue la única forma en que el PRD ayudó al fraude, también se colaboró con él positivamente en varios estados de la República. Por ejemplo, la mafia de los Padilla, que controla al PRD de Jalisco, se encargó de que la Coalición no vigilara el 80% de las casillas de dicho estado, y Zeferino Torreblanca, gobernador perredista de Guerrero, hizo lo que estuvo en sus manos para promover el abstencionismo en su estado —que tradicionalmente tiene un importante número de votantes para el PRD— y, junto con Cárdenas Batel (gobernador de Michoacán por el PRD) y Amalia García (gobernadora de Zacatecas por el mismo partido), reconoció el triunfo electoral de Felipe Calderón en pleno movimiento de resistencia civil por el reconteo “voto por voto”. Sea lo que haya sido y del tamaño que haya sido, el “compló” tenía el apoyo activo de buena parte de la cúpula del PRD. 3. El papel de Estados Unidos Como ya hemos dicho en un artículo anterior, consideramos que el principal instigador y organizador del fraude electoral del 2 de julio fue el gobierno de los Estados Unidos, y que su principal interés en evitar que López Obrador llegara a la presidencia era evitar que una de las economías más fuertes de América Latina se sumara al bloque antiestadounidense que se está formando en torno del presidente Hugo Chávez. Es decir que la lucha electoral del 2006 llegó a la historia mundial en un momento poco propicio, en el que se estaban gestando grandes luchas entre el gobierno de Estados Unidos y varios gobiernos de América Latina. López Obrador, a quien nadie temería en otras circunstancias, se había vuelto un peligro para los intereses del capital estadounidense, en tanto aliado potencial de Hugo Chávez. Aunque en su tibieza y su estrechez de miras él ni siquiera planteó nunca la necesidad de aliarse con Venezuela. 4. La resistencia civil No queremos abundar en la descripción de este movimiento, cuyos detalles son más o menos conocidos por todos. Las llamadas “asambleas informativas” —en las que obviamente nadie discutía ni mucho menos votaba nada, sino que no eran enormes mítines en los que los comités organizados iban a escuchar qué pasos seguían— tuvieron un fuerte efecto político: demostrar la fuerza del movimiento, el apoyo de la población a López Obrador y, sobretodo, que muy probablemente sí había habido fraude electoral. Pero, con todo, tenía que pasarse a otra cosa tarde o temprano. En nuestra opinión, era el momento para la toma masiva de calles y carreteras, para acordar una huelga nacional con el SME, la CNTE y algunos sindicatos de la UNT —Se dice que no hubieran aceptado, pero era el momento de que López Obrador negociara con ellos lo que fuera, incluso en términos de darle satisfacción a los intereses personales de estos líderes sindicales y sociales, o de llamar a sus bases a rebelarse, o incluso las dos cosas. Hay que recordar que de lo que se trataba era de evitar que el fascismo robara la presidencia—; para pa-

rar y cerrar calles; el momento, incluso, de llamar a la policía y al ejército —mayoritariamente obradoristas— a negarse a reprimir al pueblo, lo que hubiera permitido, incluso, que el SME bajara el switch sin temor. En fin, si al frente del movimiento democrático está un timorato y no un comunista, es esencialmente culpa nuestra, y no podíamos esperar esta actitud resuelta de parte de un hombre como López Obrador. Finalmente, jaloneado por un lado por quienes querían una auténtica resistencia civil pacífica y, por el otro, por quienes en el fondo querían detener el movimiento y temían sus consecuencias, López Obrador, temiendo quedar mal con alguna de las partes, decidió no dar satisfacción a ninguna de las dos, y hacer un plantón en el Paseo de la Reforma; que tuvo bastante importancia como factor de organización de las bases del movimiento, pero que dejó pasar las semanas decisivas de la lucha contra el fraude. Finalmente, el primero de diciembre se completó la imposición, y la llama comenzó a apagarse; la gente estaba cansada, y, sobretodo, los políticos del PRD que ya tenían cargos públicos en el nuevo gobierno que acababa de comenzar, decidieron abandonar la lucha y dedicarse a gobernar, como la parte perredista del gobierno impostor. 5. La persona de López Obrador Se han manejado las cosas como si López Obrador fuera un político caprichoso y mesiánico que, por un momento, se creyó demasiado importante y creó un movimiento de millones de personas, digamos, como por puntada. Esta estupidez debe ser aclarada para completar un correcto análisis de la coyuntura política del 2006, aunque esto requiera salirnos un poco del tema y hacer un análisis individual de la persona de López Obrador. Podemos decir que López Obrador es un político honesto. No ha robado y nunca ha procurado enriquecerse. Eso no quiere decir que sea consecuentemente de izquierda, en absoluto, porque de serlo habría combatido duramente a la cúpula mafiosa del PRD, por lo menos a los chuchos, y no se hubiera rodeado nunca de colaboradores de reconocida deshonestidad. Dice ser un “juarista”, y eso es precisamente lo que es. Un político que busca un cambio moderado porque no cree, sinceramente, que pueda haber otra clase de cambio, y que cree que, “siendo realistas” (no en los sueños, digamos, de una izquierda de secundaria), la izquierda mexicana no podría llegar a ningún lado sin pactar con gangsters como Jesús ortega o René Bejarano, y sin cierta “buena relación de vecindad” con Estados Unidos. Por otra parte, debemos decir en su favor que nunca ha fingido ser otra cosa, es decir que no es, como se piensa, ningún “demagogo”. Como candidato a gobernador de la ciudad de México prometió bastante poco, en comparación con la media de los políticos, y lo cumplió a cabalidad. Lo mismo hizo como candidato a la presidencia: sus “50 puntos” eran plenamente neoliberales, y él nunca dijo que no lo fueran. Son reformas necesarias para que el neoliberalismo pueda seguir funcionando sin matar de hambre a la población, y eso es lo que se proponen ser. “Por el bien de todos primero los pobres” significa que hay que ayudar al pobre para evitar que se levante y para que siga trabajando. Lo cierto es que nunca ha querido engañar a nadie, es decir que no es de ninguna manera un político “mesiánico”. De hecho pensamos, muy por el contrario, que al movimiento de la resistencia civil le ha faltado cierta dimensión “épica” que sí ha tomado en otros países de América Latina. Ha sufrido más bien de la tibieza y los titubeos de sus integrantes que de su supuesto exceso de confianza. El mejor ejemplo de esto es que, en pleno robo de la silla presidencial, y en el momento en que el movimiento tuvo su máxima fuerza, muchos consideraron demasiado “radical” haberse plantado en el paseo de la Reforma (¿?) y hacer en él uno que otro evento cultural. 6. Los resultados de la lucha y los comités ciudadanos Vuelta la calma, podemos ver claramente que lo más importante que nos dejó ese periodo de resistencia civil que va del 2 de julio al primero de diciembre del 2006 no es el Gobierno legítimo, ni siquiera la CND como tal, sino las decenas de miles de comités que se organizaron en cada colonia popular del país en contra del fraude y que son, en realidad, bastante independientes de las dos instancias anteriores y del PRD. Los pobres crearon por todas partes organización autónoma, duplicando con ello cuando menos la fuerza que tenía la izquierda en 2005, ese es el dato central, todo lo demás es un resultado accesorio; es una manifestación de ese aumento de nuestra fuerza. Esta formación de comités es un hecho de la mayor importancia: en cada colonia popular del país, incluso en el Bajío, hay comités de este tipo, que llevan información a la población, principalmente de la CND y del Gobierno legítimo, pero también, en ocasiones, de la APPO, de los aumentos de los precios de los productos básicos, del paro cívico nacional y de la crueldad con la que se ha reprimido la lucha social, sobre todo en Atenco y Oaxaca. Es decir que los comités, nacidos de la campaña electoral de López Obrador y principalmente de la lucha en contra del fraude, no se han limitado a esa lucha, también se han organizado para dar su apoyo a otros movimientos sociales, y para luchas de interés local.

Naturalmente, después del primero de diciembre los comités han perdido fuerza; reuniones que antes se hacían de 25 a 50 vecinos se hacen ahora de 5 o de 10 cuando mucho, en ocasiones las reuniones no salen y se quedan los organizadores solos, pero insistiendo, yendo a tocar puerta por puerta, volviendo a intentarlo una y otra vez. Desde que Felipe Calderón tomó protesta como presidente de México el movimiento comenzó a sentirse derrotado. Se había sentido el cansancio desde el plantón del paseo de la Reforma, pero no la derrota. Después del primero de diciembre, los miembros de los comités se volvieron ya solamente simpatizantes; los simpatizantes, simples “contactos”, y los organizadores se quedaron relativamente solos. La ola había bajado, sin embargo los comités se rehacen a cada nueva oportunidad: por problemas locales de cada colonia, para instrumentar esfuerzos de coordinación con otros comités más, etcétera. Es decir que el trabajo que se hizo en esos meses sigue rindiendo frutos, tanto que la vida política mexicana ya nunca volverá a ser la misma. En cada colonia hay pequeños grupos de organizadores con una pequeña red de simpatizantes y de contactos, que pueden rearticularse en el futuro, y que se rearticulan y se han rearticulado por problemáticas locales. La gigantesca red de comités que se formó en la campaña se reorganizará en las coyunturas futuras. Ese enorme mar de puñaditos de gente despierta son la diferencia entre el 2005 y el 2007, son la diferencia entre los problemas que tuvo Vicente Fox y los problemas que va a tener Felipe Calderón. Una última cosa que habría que decir sobre estos comités es que están compuestos mayoritariamente por amas de casa, que regularmente deben oponerse al autoritarismo de sus maridos para poder asistir a las reuniones y que ven en ellas tanto una lucha democrática como una lucha por su independencia personal. En este sentido, la formación de comités para la resistencia civil pudo ser la forma en la que se manifestó un cambio en el pueblo mexicano, que tal vez pudo manifestarse de otro modo en otro momento: La liberación de las amas de casa de las familias proletarias. Es muy significativo en este sentido el supuesto gusto sexual que tienen estas señoras por López Obrador; manifestación neurótica de las dificultades que sienten para independizarse psicológicamente de la autoridad masculina que ha pesado siempre sobre ellas, y a la vez apoyo simbólico para no ceder en este proceso doloroso de liberación.

III. LOS ACTORES 1. El PRD La vida política interna del PRD está profundamente corrompida. De entre los grupos que luchan por controlarlo hay de todo, desde los comunistas más consecuentes hasta los peores mafiosos priístas, gente que participó en la guerra sucia de los 70’s, etcétera, pero todos deben participar en el mismo terreno de lucha interna lleno de lodo. Dentro de este partido, como de todos los demás, se practica el fraude electoral. Los chuchos mandan en el PRD básicamente por el hábil uso que le han dado a esa herramienta, y por su disposición a aliarse con lo que sea con tal de ganar elecciones internas. Dentro del PRD hay también verdaderos revolucionarios (Camilo Valenzuela, el Movimiento de Izquierda Guerrerense), que han luchado contra las mafias que gobiernan el PRD, pero que no han conseguido sanearlo, y que no es muy probable que vayan a conseguirlo en el mediano plazo. Es muy significativo que estas minorías revolucionarias del PRD no hayan podido unirse en una sola corriente, por la diversidad de las políticas de alianzas que cada uno de estos grupos lleva con el oportunismo. López Obrador dentro del PRD. López Obrador tiene bastante pocos hilos de poder dentro del aparato del Partido; de modo que debe emplear su poder como dirigente del movimiento democrático y su simpatía entre las bases del Partido para obligar a las corrientes a acatar ciertas decisiones suyas, pero no puede abusar de dicho poder, lo que provocaría que el mismo partido se le rebelara. Tampoco puede tomar partido por unas corrientes en contra de otras, pues se convertiría inmediatamente en el dirigente de sólo una parte del movimiento; debe mantenerse firmemente en un papel de dirigente neutral sin favoritismos. Él sólo ha decidido tres cosas dentro del Partido, las más importantes: quién es el presidente del PRD, quién es el presidente del PRD del DF, y quién es el candidato a la gubernatura del DF. Lo más probable es que, con la enorme pérdida de fuerza que está sufriendo el movimiento democrático, López Obrador ya tampoco pueda decidir estas tres cosas en el futuro. Los chuchos. Son la corriente mayoritaria del PRD, probablemente la mitad del Partido, y son la peor de todas; la más corrupta y la más cercana al PRI, al PAN y a los caciques locales de los diferentes estados. Jesús Ortega, su dirigente, ha tenido el cuidado de mantenerse siempre cerca de López Obrador y supuestamente fiel al movimiento, pero otros de sus dirigentes son abiertamente de derecha, y de una derecha dura. Su discurso encubridor es el de una izquierda “moderna”, a lo Patricia Mercado, dispuesta a negociar con personas con otras

ideologías, etcétera. Lo que en su práctica política se traduce en negociaciones “desprejuiciadas” con narcotraficantes, caciques, tratantes de blancas, etcétera. Los bejaranos. Su base principal es el Distrito Federal, particularmente el centro. Dirigen las organizaciones de comerciantes, taxistas, colonos y solicitantes de vivienda de buena parte de la capital. René Bejarano y los suyos fueron en su juventud supuestamente muy radicales —tenemos información de que algunos de ellos lo fueron sinceramente— e hicieron un buen trabajo de base, pero el medio y el pragmatismo excesivo los fueron corrompiendo —o mostrando de lo que estuvieron hechos desde el principio, según el caso. Son mucho más seriamente perredistas que los chuchos; en el sentido de que negocian más difícilmente con el PRI o el PAN para ganar elecciones internas del PRD, pero son ya igualmente corruptos. Después de los videoescándalos, esta corriente entró en crisis, y la mitad se separó en lo que hoy se llama Izquierda social. Izquierda Social. Nace de la unión de, por un lado, la escisión de la parte aparentemente más limpia de los bejaranos y, por el otro, del movimiento nacional Aquí estamos, dirigido por Benito Mirón Lince; estos últimos nunca habían querido formar parte del PRD, y se habían mantenido siempre en una postura independiente, aunque de apoyo al movimiento democrático. Es en esta oportunidad que deciden sumarse, conformando la corriente supuestamente izquierda del PRD. Muchos de los comunistas revolucionarios que se mantienen luchando dentro del PRD, con la idea de sanearlo, están dentro de esta corriente. Los amalios. Manejan el mismo discurso de una izquierda “moderna”, y son también bastante negociadores con el PRI y el PAN, aunque bastante menos poderosos y menos peligrosos, en términos generales, que los chuchos. La Unyr. Corriente principalmente establecida en el DF y constituida por Cuahutémoc Cárdenas durante su gobierno en el DF; aquí están refugiados sobretodo los universitarios que se sumaron al PRD, entre otros: Rosario Robles, el Pino y Carlos Ímaz. También manejan un discurso de supuesta fidelidad al pensamiento de izquierda y hasta al marxismo, pero son, en términos generales, como todos los demás. Esta corriente es, a la sazón, la que más tuvo relaciones con el empresario Ahumada, y la que más se embarró en realidad con los videoescándalos. Sufrió en aquel momento un primer gran golpe, y otro tal vez más grande todavía con la actitud traicionera de Cárdenas durante la lucha contra el fraude. Su descomposición, sumada a la de los bejaranos, permitió que los chuchos crecieran bastante en el DF durante las elecciones del 2006, que de hecho han conseguido ya la mayoría en la Asamblea Legislativa del DF. Las corrientes pequeñas. También tienen de todo, pero aquí sólo mencionaremos a la Redir (Red de izquierda revolucionaria), dirigida por Camilo Valenzuela; un grupo esencialmente revolucionario en términos generales, y a otros grupos también comunistas, sobretodo circunscritos a diversos estados, que luchan contra las grandes corrientes y por la verdadera democratización del PRD y por un programa socialista, pero que no han sabido contrarrestar el poder de la cúpula. Actualmente se está formando una unificación de varios de estos grupos con el nombre de Movimiento de Izquierda. 2. La CND como tal y el gobierno legítimo Las dos asambleas de la CND fueron, la segunda menos que la primera, una pura formalidad. Una solución forzada a las dos necesidades contrapuestas que tenían en ese momento López Obrador y su equipo: juntar a los miembros del movimiento para dialogar, y, a la vez, evitar que dialogaran. Lo verdaderamente importante de la CND no son sus asambleas nacionales; estas nunca van a dejar de ser meros ritos sociales. Las decisiones se toman en dos instancias: Por un lado, en el llamado Gobierno legítimo y la dirección de la CND, que no son más que nombres nuevos del mismo equipo de colaboradores de López Obrador, y, por otro lado, en algunas expresiones locales de la propia CND, como la CND de Tlalpan o de Coyoacán, y las CND de algunos estados (La CND de Puebla, por ejemplo, participó activamente en el paro cívico nacional del 2 de mayo), donde se construyen verdaderas organizaciones sociales utilizando el símbolo de la CND como referente de unidad de la izquierda democrática. Estas organizaciones locales pueden volverse un contrapeso de la dirección nacional de la CND; otro centro de toma de decisiones. Eso es precisamente lo que necesitamos. Creemos que la clave está en la CND del DF, que es susceptible de ser encabezada por las organizaciones sociales unitarias que se han formado en torno a la resistencia civil; obligando a legisladores y funcionarios públicos a sumarse “como uno más” al movimiento. El periódico El Convencionista de Tlalpan, por ejemplo, va a volverse en estos meses el órgano central de toda la CND del DF, a pesar de que ha mantenido una postura bastante crítica hacia el PRD. Esa influencia de los grupos independientes es, en nuestra opinión, la esperanza de la CND a nivel nacional. No se trata de que estas expresiones independientes rompan con el PRD, ni mucho menos con el gobierno legítimo ni con la dirección nacional de la CND; sino únicamente de democratizar la vida interna de la CND a pesar de la resistencia de quienes la dirigen; sin dejar en ningún momento el tono de la crítica fraterna.

La unidad de la izquierda independiente Paralelamente y al calor de la lucha que dirigió López Obrador, se han gestado varios procesos de unidad de la izquierda mexicana, independientes del PRD, que de diversas formas están intentando llevar la lucha un poco más lejos. Estos procesos de unidad comienzan a consolidarse hasta ahora, en el reflujo de la lucha popular. Esa es la característica específica de este periodo: el retroceso momentáneo del ánimo de la lucha popular y el avance de los procesos organizativos de la parte políticamente organizada del pueblo. Antes había habido procesos de unidad locales, pero ahora se comienza a ser posible la unidad nacional de la izquierda. En esta coyuntura muchas organizaciones revolucionarias comenzaron a encontrarse, a tejer lazos de confianza y a buscar caminos para la unidad nacional de toda la izquierda. Ese es el principal resultado de la coyuntura, junto con el despertar de algunos cientos de millones de mexicanos que no habían terminado de entender todavía la naturaleza del PRI y del PAN. Es decir que, a pesar del reflujo momentáneo, la izquierda ha madurado, tiene buen ánimo, disposición a la unidad, y una base de masas bastante más amplia que la que tenía en el 2005. Eso es lo que el costó a la burguesía evitar que López Obrador llegara a la presidencia. 3. La Otra campaña El subcomandante Marcos ha sido el principal enemigo de este proceso de unidad de la izquierda mexicana, no sólo lanzándose contra López Obrador, lo que podría ser comprensible de alguna manera, sino también contra el Diálogo nacional, la Promotora, y ciertamente no contra la APPO, pero sí, por separado, contra la mayor parte de las organizaciones que la conforman. Ya nadie puede asegurar, honestamente, que lo haga con buenas intenciones. Actualmente la Otra campaña aglutina solamente a algunos grupúsculos, normalmente anarquistas, de cada estado de la República. Todas las organizaciones políticas más o menos serias que se sumaron en un principio a la Otra campaña (el PRT, el PC (m-l), la ONPP y la Promotora, principalmente) fueron relegadas poco a poco de ella por el subcomandante Marcos, dejando claro que no toleraría ninguna disidencia, y haciendo cada vez más fuertes las sospechas que muchos hemos tenido de él desde hace algunos años. La Otra campaña ya no es un referente importante para ser tomado en cuenta como fuerza nacional, pero dentro de ella sigue habiendo alguna gente valiosa que debe ser atraída a los procesos de unidad nacional de la izquierda con un discurso fraterno, pero crítico, de unidad. 4. La APPO y la Asamblea Popular de los Pueblos de México No vamos a describir aquí lo que ha ocurrido en Oaxaca en los últimos meses, basta para los fines de este documento decir que ninguna agrupación del país tiene el respeto de los mexicanos que se ganó la APPO desde sus primeros meses de existencia. El instinto popular, sin saber mucho de lo que realmente estaba pasando en Oaxaca, tomó partido inmediatamente por la APPO y en contra de Ulises Ruiz (es posible que la dispersión de migrantes oaxaqueños por todo el país contribuyera a esa visión, no lo sabemos), y la base de apoyo de la CND comenzó a presionar calladamente para que López Obrador se pronunciara a su favor. El desánimo que se ha apoderado en los últimos meses de la mayor parte de la población vino de la forma en que se interpretaron dos hechos: la toma de protesta de Felipe Calderón como presidente el primero de diciembre, y el encarcelamiento de Flavio Sosa, que los medios han manejado hábilmente como si fuera el fin de la APPO: Es decir que si el pueblo siente que ha sido derrotado no fue sólo por el éxito de la imposición de Felipe Calderón, sino también por el éxito de la imposición de Ulises Ruiz Ortiz, y porque supone que Oaxaca se ha rendido también. En esto último el instinto popular se ha equivocado, lo que se debe a que, mientras el pueblo se estaba rindiendo a nivel nacional, era susceptible de creer fácilmente que estuvieran haciendo lo mismo los oaxaqueños. La APPO convocó a la formación de asambleas populares en todos los estados de la República, y de una asamblea central, que sería la Asamblea Popular de los Pueblos de México (APPM). Este llamado no tuvo resultados. Actualmente la APPM aglutina a las secciones del valle de México de las organizaciones políticas nacionales con presencia en Oaxaca que formaron parte de la APPO. Es una segunda versión del Diálogo nacional, sólo que con menos integrantes. Sin embargo, creemos que es este el nombre más indicado y más legítimo para una unidad de todos los referentes de la izquierda: La Asamblea Popular de los Pueblos de México; que querría decir, desde el punto de vista de la psicología de masas: “lo mismo que en Oaxaca, pero ahora en todo el país”. 5. El Diàlogo nacional No tenemos la suficiente información sobre este referente. El Diálogo nacional gira, hasta donde entendemos, en torno del SME y de la CNTE, que son los que realmente toman las iniciativas, deciden qué hacer, y

ponen a las personas que van a actuar según lo acordado. Al rededor de estos dos referentes se ha aglutinado un buen número de organizaciones políticas y sociales de diversas tendencias. El Diálogo nacional se presenta a sí mismo como el espacio de convergencia y diálogo de toda la izquierda mexicana, pero, naturalmente, no tiene este tamaño, y ha carecido de iniciativa casi en la misma medida que el Gobierno legítimo y la Otra campaña. Baste con decir que el Diálogo nacional, de haberse lanzado con toda su fuerza el 3 de julio, hubiera podido frenar el fraude electoral, pero decidió no hacerlo, o, más simple, que el SME no participó en el paro cívico nacional, del que fue el principal convocante. El SME y la CNTE tienen esa fuerza, pero en realidad sus direcciones no están de ningún modo más a la izquierda que la dirección de la CND, aunque lo aparenten. El problema es precisamente ese, que ninguno de los referentes que representan en estos momentos de algún modo a la clase trabajadora mexicana están realmente de su lado. 6. El Consejo Nacional de Huelga El Consejo Nacional de Huelga es de muy reciente conformación, nace el 10 y el 12 de abril del 2007, con casi las mismas fuerzas que constituyen el Diálogo nacional. En ese sentido es otro membrete más, junto con el Diálogo y la APPM, de una misma unidad de organizaciones. La particularidad del CNH es que se conforma para organizar el paro cívico del 2 de mayo y otros paros posteriores. Casi podría decirse que es una reunión del Diálogo nacional para organizar paros, actividad que, por cierto, es también un resolutivo del propio Diálogo Nacional. Después de que el Charrustín boicoteara (con intención o sin ella) el segundo paro cívico nacional, del 17 de mayo, precisamente convocando a otro paro cuatro días después, se ha desdibujado la posibilidad de que esta unidad de organizaciones y sindicatos de izquierda consiga construir una auténtica huelga nacional en los próximos meses, lo que era la razón de su existencia. Creemos que ahora sólo podrá conseguirse algo así si viene una segunda crisis política (o económica) durante el sexenio del impostor. 6. La Organización Nacional Estudiantil Un esfuerzo de bastante menor tamaño, pero que podría adquirir una gran importancia, es la construcción de la Organización Nacional Estudiantil; el esfuerzo unitario nacional correspondiente al sector estudiantil. Decimos que puede adquirir una importancia desproporcionada a su tamaño porque es el esfuerzo unitario que tiene una mayor proporción de cuadros formados sobre simpatizantes, y que podría, de constituirse exitosamente, aportar un gran dinamismo al CNH, que avanza a una lentitud desesperante.

IV. CONCLUSIONES Frente a estas circunstancias nosotros ¿cómo podemos incidir? Siendo una, como sabemos, organización pequeña, no tenemos muchas opciones de incidencia en el proceso general de construcción de la izquierda mexicana, pero sí tenemos algunas opciones bien claras y bien delimitadas. 1. Tenemos en nuestras manos la redacción del periódico El convencionista, que pronto será el órgano de difusión de la CND del DF, hasta ahora lo hemos descuidado, y podríamos considerar que lo mejor es dejarlo en manos de quienes están organizando en estos momentos la CND de Tlalpan, esa es una de las cosas que deberemos discutir durante las vacaciones. 2. Tenemos un papel muy importante en la construcción de la ONE, sobretodo por la posición geográfica privilegiada que nos da estar establecidos en el DF, y por la estrecha relación que hemos construido con el PRT y la UJRM. Es decir que el hecho de que se construya o no un referente de unidad de todo el movimiento estudiantil nacional puede estar hasta cierto punto en nuestras manos. Esa es sin duda la forma en la que más fuertemente podemos incidir en la coyuntura nacional. Creemos que no está en discusión tanto si vamos a seguir empujándola o no, sino de qué forma vamos a empujarla, con qué plan, y que prioridad le vamos a dar frente al conjunto de nuestras actividades. Esa es otra de las cuestiones centrales que debemos discutir durante estas vacaciones. 3. Y por último, lo más importante, hay que discutir nuestros objetivos, nuestro plan de crecimiento, nuestra política de alianzas dentro de la Universidad, nuestra estrategia en defensa de la educación pública, etcétera, en vistas de ser un grupo que contribuya con el desarrollo del conjunto del movimiento, basados en un análisis sólido de la coyuntura política, de la teoría marxista y de la historia y la tradición de lucha de nuestro país. Puntos a discutir:

1. Objetivos generales de nuestra organización 2. Objetivos políticos: participación en el movimiento estudiantil, conquistas que se buscan para la UNAM, etcétera. 3. Un plan de crecimiento y cohesión interna de la organización. 3.1. Plan de trabajo semestral. 3.2. Objetivos a mediano plazo. (¿Cómo nos visualizamos en dos o tres años?)

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