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L’OSSERVATORE ROMANO
EDICIÓN SEMANAL
Unicuique suum
Año XLV, número 43 (2.337)

EN LENGUA ESPAÑOLA
Non praevalebunt

Ciudad del Vaticano

25 de octubre de 2013

El Papa Francisco por los treinta años del Centro televisivo vaticano

Peregrinos de la comunicación
Al presentar los eventos, la óptica del Centro televisivo vaticano jamás puede ser «mundana», sino eclesial. En un mundo en el que la tecnología viaja a alta velocidad creando inesperadas redes interconectadas, los «peregrinos de la comunicación» no deben nunca olvidar que su servicio se desarrolla en el interior de la misión evangelizadora de la Iglesia. Lo subraya el Papa Francisco en su mensaje por los treinta años del Centro televisivo vaticano. El texto, enviado al director, monseñor Dario Edoardo Viganò, fue leído durante un congreso celebrado el 18 de octubre en Roma en la sede de la Prensa extranjera. Allí se dio lectura también al mensaje enviado al CTV por el presidente de la República de Italia, Giorgio Napolitano. «Como recordaba al día siguiente de mi elección como Obispo de Roma, “el papel de los mass-media ha ido siempre creciendo en estos últimos tiempos, hasta el punto de que se ha hecho indispensable para narrar al mundo los eventos de la historia contemporánea”. Todo esto se refleja también en la vida de la Iglesia», añade el documento del Papa, destacando finalmente que «si no es fácil relatar los eventos de la historia, más complejo aún es relatar los eventos ligados a la Iglesia» y esto «requiere una responsabilidad particular, una fuerte capacidad de leer la realidad en clave espiritual».
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El mensaje del Pontífice en la Jornada mundial de la alimentación

Más allá de la esclavitud de la ganancia a toda costa
No es tolerable el «escándalo» del hambre en un mundo en el que un tercio de la producción alimentaria «no está disponible a causa de pérdidas y derroches cada vez mayores». La denuncia llega del Papa Francisco, quien, en un mensaje enviado al director general de la FAO, José Graziano da Silva, con ocasión de la Jornada mundial de la alimentación, invoca un cambio de mentalidad frente a la tragedia «en la que viven todavía millones de personas la esclavitud de la ganancia a toda costa», para «repensar y renovar nuestros sistemas alimentarios». Hay que derrotar, en particular, «la lógica de la explotación salvaje de la creación» —dice el mensaje que leyó el observador permanente de la Santa Sede ante la FAO, el arzobispo Luigi Travaglino, en el curso de la ceremonia del 16 de octubre en la sede de la organización en Roma— a través del «compromiso de cultivar y cuidar el medio ambiente y sus recursos, para garantizar la seguridad alimentaria y avanzar hacia una alimentación suficiente y sana para todos». Recordando que «nuestros padres nos educaban en el valor de lo que recibimos y tenemos, considerado como un don precioso de Dios», el Papa Francisco exhorta a todos a un serio examen de conciencia «sobre la necesidad de cambiar realmente nuestro estilo de vida» alimentario, marcado con demasiada frecuencia «por el consumismo, el desperdicio y el despilfarro de alimentos». Y vuelve a poner en guardia contra las consecuencias de la «cultura del descarte», que sacrifica «hombres y mujeres a los ídolos de las ganancias y del consumo», y de la «globalización de la indiferencia», que «nos va “acostumbrando” lentamente al sufrimiento de los otros, como si fuera algo normal». El problema del hambre, en esencia, no es sólo económico o científico, sino también y sobre todo ético y antropológico. «Educar en la solidaridad —advierte por ello el Pontífice— significa entonces educarnos en la humanidad» y comprometerse para edificar una sociedad que tenga «siempre en el centro a la persona y su dignidad».
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Indisolubilidad del matrimonio y debate sobre los divorciados vueltos a casar y los sacramentos

La fuerza de la gracia
Tras el anuncio de un sínodo extraordinario que se celebrará en octubre de 2014 sobre la pastoral de la familia, se han sucedido intervenciones diversas, en particular acerca de la cuestión de los fieles divorciados vueltos a casar. Para profundizar con serenidad en el tema, que es cada vez más urgente, del acompañamiento pastoral de estos fieles en coherencia con la doctrina católica, publicamos una amplia contribución del arzobispo prefecto de la Congregación para la doctrina de la fe.
GERHARD LUDWIG MÜLLER EN PÁGINAS 8 A 10

hambrientas y malnutridas, entre ellas muchos niños». Una tragedia que para el Pontífice no hay que afrontarla según la lógica ocasional de la emergencia, sino como «un problema que interpela nuestra conciencia personal y social» y exige «una solución justa y duradera». Por esto el Obispo de Roma pide superar actitudes de indiferencia o acostumbramiento y «abatir con decisión las barreras del individualismo, del encerrarse en sí mismos, de

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viernes 25 de octubre de 2013, número 43

En el mensaje para la Jornada mundial de la alimentación el Papa pide modificar los estilos de vida caracterizados por consumismo y despilfarro

Más allá de la esclavitud de la ganancia a toda costa
Con ocasión de la Jornada mundial de la alimentación, que este año tiene por tema los «Sistemas alimentarios sostenibles para la seguridad alimentaria y la nutrición», el Papa Francisco envió un mensaje al director general de la Organización de las Naciones Unidas para la alimentación y la agricultura (FAO), José Graziano da Silva. El texto —redactado en español— fue leído por el observador permanente de la Santa Sede, el arzobispo Luigi Travaglino, el 16 de octubre, por la mañana, durante la ceremonia en la sede de la FAO en Roma. luctable. Pero el hambre y la desnutrición nunca pueden ser consideradas un hecho normal al que hay que acostumbrarse, como si formara parte del sistema. Algo tiene que cambiar en nosotros mismos, en nuestra mentalidad, en nuestras sociedades. ¿Qué podemos hacer? Creo que un paso importante es abatir con decisión las barreras del individualismo, del encerrarse en sí mismos, de la esclavitud de la ganancia a toda costa; y esto, no sólo en la dinámica de las relaciones humanas, sino también en la dinámica económica y financiera global. Pienso que es necesario, hoy más que nunca, educarnos en la solidaridad, redescubrir el valor y el significado de esta palabra tan incómoda, y muy frecuentemente dejada de 2. El tema elegido por la FAO para la celebración de este año habla de «sistemas alimentarios sostenibles para la seguridad alimentaria y la nutrición». Me parece leer en él una invitación a repensar y renovar nuestros sistemas alimentarios desde una perspectiva de la solidaridad, superando la lógica de la explotación salvaje de la creación y orientando mejor nuestro compromiso de cultivar y cuidar el medio ambiente y sus recursos, para garantizar la seguridad alimentaria y avanzar hacia una alimentación suficiente y sana para todos. Esto comporta un serio interrogante sobre la necesidad de cambiar realmente nuestro estilo de vida, incluido el alimentario, que en tantas áreas del planeta está marcado por el consumismo, el desperdicio y el despilfarro de alimentos. Los datos proporcionados en este sentido por la FAO indican que aproximadamente un tercio de la producción mundial de alimentos no está disponible a causa de pérdidas y derroches cada vez mayores. Bastaría eliminarlos para reducir drásticamente el número dad significa entonces educarnos en la humanidad: edificar una sociedad que sea verdaderamente humana significa poner siempre en el centro a la persona y su dignidad, y nunca malvenderla a la lógica de la ganancia. El ser humano y su dignidad son «pilares sobre los cuales construir reglas compartidas y estructuras que, superando el pragmatismo o el mero dato técnico, sean capaces de eliminar las divisiones y colmar las diferencias existentes» (Discurso a los participantes en la 38ª sesión de la FAO, 20 de junio de 2013). 3. Estamos ya a las puertas del Año internacional que, por iniciativa de la FAO, estará dedicado a la familia rural. Esto me ofrece la oportunidad de proponer un tercer elemento de reflexión: la educación en la solidaridad y en una forma de vida que supere la «cultura del descarte» y ponga realmente en el centro a toda persona y su dignidad, como es característico de la familia. De ella, que es la primera comunidad educativa, se aprende a cuidar del otro, del bien del otro, a amar la armonía de la creación y a disfrutar y compartir sus frutos, favoreciendo un consumo racional, equilibrado y sostenible. Apoyar y proteger a la familia para que eduque a la solidaridad y al respeto es un paso decisivo para caminar hacia una sociedad más equitativa y humana. La Iglesia católica recorre junto con ustedes esta senda, consciente de que la caridad, el amor, es el alma de su misión. Que la celebración de hoy no sea una simple recurrencia anual, sino una verdadera oportunidad para apremiarnos a nosotros mismos y a las instituciones a actuar según una cultura del encuentro y de la solidaridad, para dar respuestas adecuadas al problema del hambre y la malnutrición, así como a otras problemáticas que afectan a la dignidad de todo ser humano. Al formular cordialmente mis mejores votos, señor director general, para que la labor de la FAO sea cada vez más eficaz, invoco sobre usted y sobre todos los que colaboran en esta misión fundamental la bendición de Dios todopoderoso. Vaticano, 16 de octubre de 2013

Al señor JOSÉ GRAZIANO DA SILVA Director general de la FAO 1. La Jornada mundial de la alimentación nos pone ante uno de los desafíos más serios para la humanidad: el de la trágica condición en la que viven todavía millones de personas hambrientas y malnutridas, entre ellas muchos niños. Esto adquiere mayor gravedad aún en un tiempo como el nuestro, caracterizado por un progreso sin precedentes en diversos campos de la ciencia y una posibilidad cada vez mayor de comunicación. Es un escándalo que todavía haya hambre y malnutrición en el mundo. No se trata sólo de responder a las emergencias inmediatas, sino de afrontar juntos, en todos los ámbitos, un problema que interpela nuestra conciencia personal y social, para lograr una solución justa y duradera. Que nadie se vea obligado a abandonar su tierra y su propio entorno cultural por la falta de los medios esenciales de subsistencia. Paradójicamente, en un momento en que la globalización permite conocer las situaciones de necesidad en el mundo y multiplicar los intercambios y las relaciones humanas, parece crecer la tendencia al individualismo y al encerrarse en sí mismos, lo que lleva a una cierta actitud de indiferencia —a nivel personal, de las instituciones y de los Estados— respecto a quien muere de hambre o padece malnutrición, casi como si se tratara de un hecho ine-

lado, y hacer que se convierta en actitud de fondo en las decisiones en el plano político, económico y financiero, en las relaciones entre las personas, entre los pueblos y entre las naciones. Sólo cuando se es solidario de una manera concreta, superando visiones egoístas e intereses de parte, también se podrá lograr finalmente el objetivo de eliminar las formas de indigencia determinadas por la carencia de alimentos. Solidaridad que no se reduce a las diversas formas de asistencia, sino que se esfuerza por asegurar que un número cada vez mayor de personas puedan ser económicamente independientes. Se han dado muchos pasos en diferentes países, pero todavía estamos lejos de un mundo en el que todos puedan vivir con dignidad.

de hambrientos. Nuestros padres nos educaban en el valor de lo que recibimos y tenemos, considerado como un don precioso de Dios. Pero el desperdicio de alimentos no es sino uno de los frutos de la «cultura del descarte» que a menudo lleva a sacrificar hombres y mujeres a los ídolos de las ganancias y del consumo; un triste signo de la «globalización de la indiferencia», que nos va «acostumbrando» lentamente al sufrimiento de los otros, como si fuera algo normal. El reto del hambre y de la malnutrición no tiene sólo una dimensión económica o científica, que se refiere a los aspectos cuantitativos y cualitativos de la cadena alimentaria, sino también y sobre todo una dimensión ética y antropológica. Educar en la solidari-

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GIOVANNI MARIA VIAN
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número 43, viernes 25 de octubre de 2013

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En el Ángelus de la jornada misionera el recuerdo de la laica italiana Afra Martinelli asesinada en Nigeria

Mujeres que luchan y rezan
El Papa Francisco tuvo un recuerdo de reconocimiento hacia las «muchas mujeres que luchan por su familia, que rezan, que no se cansan nunca»: mujeres que, «con su actitud, nos dan un auténtico testimonio de fe, de valor, un modelo de oración». Lo hizo en el Ángelus del domingo 20 de octubre, en la plaza de San Pedro, partiendo de la parábola evangélica de la viuda «que, a fuerza de suplicar a un juez deshonesto, logra que se le haga justicia en su favor». Queridos hermanos y hermanas: En el Evangelio de hoy Jesús relata una parábola sobre la necesidad de orar siempre, sin cansarnos. La protagonista es una viuda que, a fuerza de suplicar a un juez deshonesto, logra que se le haga justicia en su favor. Y Jesús concluye: si la viuda logró convencer a ese juez, ¿pensáis que Dios no nos escucha a nosotros, si le pedimos con insistencia? La expresión de Jesús es muy fuerte: «Pues Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos que claman ante Él día y noche?» (Lc 18, 7). «Clamar día y noche» a Dios. Nos impresiona esta imagen de la oración. Pero preguntémonos: ¿por qué Dios quiere esto? ¿No conoce Él ya nuestras necesidades? ¿Qué sentido tiene «insistir» con Dios? Esta es una buena pregunta, que nos hace profundizar en un aspecto muy importante de la fe: Dios nos invita a orar con insistencia no porque no sabe lo que necesitamos, o porque no nos escucha. Al contrario, Él escucha siempre y conoce todo sobre nosotros, con amor. En nuestro camino cotidiano, especialmente en las dificultades, en la lucha contra el mal fuera y dentro de nosotros, el Señor no está lejos, está a nuestro lado; nosotros luchamos con Él a nuestro lado, y nuestra arma es precisamente la oración, que nos hace sentir su presencia junto a nosotros, su misericordia, también su ayuda. Pero la lucha contra el mal es dura y larga, requiere paciencia y resistencia —como Moisés, que debía tener los brazos levantados para que su pueblo pudiera vencer (cf. Ex 17, 8-13). Es así: hay una lucha que conducir cada día; pero Dios es nuestro aliado, la fe en Él es nuestra fuerza, y la oración es la expresión de esta fe. Por ello Jesús nos asegura la victoria, pero al final se pregunta: «Cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará esta fe en la tierra?» (Lc 18, 8). Si se apaga la fe, se apaga la oración, y nosotros caminamos en la oscuridad, nos extraviamos en el camino de la vida. Por lo tanto, aprendamos de la viuda del Evangelio a orar siempre, sin cansarnos. ¡Era valiente esta viuda! Sabía luchar por sus hijos. Pienso en muchas mujeres que luchan por su familia, que rezan, que no se cansan nunca. Un recuerdo hoy, de todos nosotros, para estas mujeres que, con su actitud, nos dan un auténtico testimonio de fe, de valor, un modelo de oración. ¡Un recuerdo para ellas! Rezar siempre, pero no para convencer al Señor a fuerza de palabras. Él conoce mejor que nosotros aquello que necesitamos. La oración perseverante es más bien expresión de la fe en un Dios que nos llama a combatir con Él, cada día, en cada momento, para vencer el mal con el bien. Al término de la oración mariana, recordando la celebración de la Jornada mundial de las misiones, el Pontífice propuso el testimonio de la laica italiana originaria de Brescia, Afra Martinelli, fallecida los días pasados como consecuencia de la agresión sufrida durante un asalto en su residencia en Nigeria, donde vivía y trabajaba desde hace más de treinta años. Además, expresó su solidaridad hacia las poblaciones filipinas golpeadas por un terremoto. Queridos hermanos y hermanas: Hoy se celebra la Jornada mundial de las misiones. ¿Cuál es la misión de la Iglesia? Difundir en el mundo la llama de la fe, que Jesús encendió en el mundo: la fe en Dios que es Padre, Amor, Misericordia. El método de la misión cristiana no es el proselitismo, sino el de la llama compartida que caldea el alma. Agradezco a todos aquellos que con la oración y la ayuda concreta sostienen la obra misionera, en especial la solicitud del Obispo de Roma para la difusión del Evangelio. En esta Jornada somos cercanos a todos los misioneros y las misioneras que trabajan mucho sin hacer ruido, y dan la vida. Como la italiana Afra Martinelli, que trabajó durante muchos años en Nigeria: hace algunos días fue asesinada en un asalto; todos lloraron, cristianos y musulmanes. La querían mucho. Ella anunció el Evangelio con la vida, con la obra que realizó, un centro de enseñanza; así difundió la llama de la fe, combatió la buena batalla. Pensemos en esta hermana nuestra, y la saludamos con un aplauso, todos. Pienso también en Steban Sándor, que ayer fue proclamado beato en Budapest. Era un salesiano laico, ejemplar en el servicio a los jóvenes, en el oratorio y en la enseñanza profesional. Cuando el régimen comunista cerró todas las obras católicas, afrontó las persecuciones con valor, y fue asesinado a los 39 años. Nos unimos a la acción de gracias de la Familia salesiana y de la Iglesia húngara. Deseo expresar mi cercanía a las poblaciones de Filipinas azotadas por un fuerte terremoto, y os invito a rezar por esa querida nación, que recientemente ha sufrido diversas calamidades. Saludo con afecto a todos los peregrinos presentes, comenzando por los jóvenes que animaron la iniciativa «100 metros de carrera y de fe», promovida por el Consejo pontificio para la cultura. Gracias, porque nos recordáis que el creyente es un atleta del espíritu. ¡Muchas gracias! Acojo con alegría a los fieles de las diócesis de Bolonia y de CesenaSarsina, encabezados por el cardenal Caffarra y por el obispo Regattieri; así como a los de Corrientes, Argentina, y de Maracaibo y Barinas, Venezuela. Y hoy en Argentina se celebra la fiesta de la madre, dirijo un afectuoso saludo a las mamás de mi tierra. Saludo al grupo de oración «Raio de Luz», de Brasil; y a las Fraternidades de la Orden Secular Trinitaria. Las parroquias y las asociaciones italianas son demasiadas, no puedo nombrarlas, pero saludo y doy las gracias a todos con afecto. ¡Feliz domingo! ¡Hasta la vista y buen almuerzo!

«El creyente es un atleta del espíritu». Con estas palabras el Papa Francisco, al término del Ángelus, saludó a los cinco mil chavales y personalidades del mundo del deporte que el domingo por la mañana, a lo largo de la vía de la Conciliación, dieron vida a la manifestación «Cien metros de carrera y de fe». La iniciativa fue el momento culminante de la jornada de fiesta para el deporte organizada por el Consejo pontificio para la cultura en el ámbito del Año de la fe.

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viernes 25 de octubre de 2013, número 43

El Obispo de Roma a los miembros de la comisión internacional para las traducciones del misal en inglés

En la diversidad de los idiomas la riqueza de la única oración
Traducir en los distintos idiomas los textos litúrgicos significa ofrecer una gran aportación a la comprensión de la fe, ayudar al fortalecimiento de la unidad de la Iglesia en la fe y en la comunión sacramental. Lo repitió el Papa Francisco el viernes 18, por la mañana, dirigiéndose a los miembros de la Comisión internacional para las traducciones del misal en inglés, a quienes recibió en la sala de los Papas. Queridos hermanos en el episcopado, queridos amigos: Doy la bienvenida a los miembros y a los oficiales de la International Commission on English in the Liturgy, en el contexto de vuestro encuentro en Roma para celebrar el 50° aniversario de la creación de la Comisión. Doy las gracias al arzobispo monseñor Arthur Roche, secretario de la Congregación para el culto divino y la disciplina de los sacramentos y expresidente del ICEL, por las palabras que me ha dirigido al presentaros a todos vosotros. A través de vosotros, deseo enviar mi saludo y la expresión de mi gratitud a las Conferencias episcopales que representáis y a los consultores y al personal que trabaja en la Comisión. Fundada para contribuir a la puesta en práctica de la gran renovación litúrgica deseada por la Constitución sobre la sagrada liturgia del Concilio Vaticano II, el ICEL fue también uno de los signos del espíritu de colegialidad episcopal que encuentra expresión en la Constitución dogmática sobre la Iglesia del Concilio (cf. Lumen gentium, nn. 22-25). El presente aniversario es una ocaQueridos amigos, ayer por la tarde habéis celebrado una solemne misa de acción de gracias junto a la tumba del Apóstol Pedro, bajo la gran inscripción que dice: «Hinc una fides mundo refulget; hinc unitas sacerdotii exoritur». Al hacer posible a un gran número de fieles diseminados por el mundo rezar con un lenguaje común, vuestra Comisión dio su aportación para el fortalecimiento de la unidad de la Iglesia en la fe y en la comunión sacramental. Esta unidad y comunión, que encuentra su propio origen en la Santísima Trinidad, constantemente reconcilia y aumenta la riqueza de la diversidad. Que vuestro continuo esfuerzo ayude a realizar aún más plenamente la esperanza expresada por el Papa Pablo VI al promulgar el misal romano: que «en la gran diversidad de las lenguas, una única oración se eleve como ofrenda agradable al Padre nuestro del cielo, mediante nuestro Sumo Sacerdote Jesucristo, en el Espíritu Santo». A vosotros y a todos los que colaboran en el trabajo de la Comisión imparto de corazón la bendición apostólica, como signo de abundante paz y alegría en el Señor.

sión para dar gracias por el inmenso trabajo que la Comisión ha realizado a lo largo de los cincuenta años transcurridos, no sólo para preparar las traducciones en lengua inglesa de los textos de la liturgia, sino también para progresar en el estudio, la comprensión y la apropiación de la rica tradición eucológica y sacramental de la Iglesia. El trabajo de la Comisión ha contribuido también de modo significativo a una consciente, activa y devota participación en la liturgia pedida por el Concilio, participación que, como Benedicto XVI nos ha justamente recordado, necesita ser comprendida de modo aún más profundo «partiendo de una mayor toma de conciencia del misterio que se celebra y de su relación con la vida cotidiana» (Exhort. ap. Sacramentum caritatis, 52). Los frutos de vuestro trabajo han servido para dar forma a la oración de un gran

número de católicos y han contribuido también a la comprensión de la fe, al ejercicio del sacerdocio común de los fieles y a la renovación del dinamismo evangelizador de la Iglesia, todos temas centrales en la enseñanza conciliar. En verdad, como destacó el beato Juan Pablo II, «para muchos el mensaje del Concilio Vaticano II ha sido percibido ante todo mediante la reforma litúrgica» (Carta ap. Vicesimus quintus annus, n. 12).

Las credenciales del embajador de Estados Unidos de América

Videomensaje a Manila en la conferencia sobre la nueva evangelización

Llevad la misericordia de Jesús a Asia
Se concluyó el viernes 18 de octubre, en la Universidad Santo Tomás de Manila, la primera Conferencia filipina sobre la nueva evangelización, con la participación de delegados de toda la nación y de diversas partes de Asia. Publicamos a continuación la traducción del videomensaje del Papa Francisco, difundido durante los trabajos. Queridos hermanos y en el Señor Jesucristo: hermanas vo la presencia amorosa de Jesús en vuestra vida, amar más a la Iglesia y compartir el Evangelio con todas las personas con humildad y alegría. No os canséis de llevar la misericordia del Señor a los pobres, a los enfermos, a los abandonados, a los jóvenes y a las familias. Dad a conocer a Jesús en el mundo de la política, de los negocios, de las artes, de la ciencia, de la tecnología y de los medios de comunicación social. Haced que el Espíritu Santo renueve la creación y lleve justicia y paz a Filipinas y al gran continente asiático, que está muy cerca de mi corazón. Por favor, rezad por mí; lo necesito. Prometo rezar por vosotros de manera especial a nuestra Madre, la Bienaventurada Virgen María, Estrella de la nueva evangelización. Mabúhay ang Pilipínas! Mabúhay ang Asia! Pagpaláian kayo ng Dios! [¡Viva Filipinas! ¡Viva Asia! ¡Que Dios os bendiga!] Que Dios os bendiga en el nombre del Padre, del Hijo, del Espíritu Santo.

El lunes 21 de octubre el Santo Padre Francisco recibió en audiencia al señor Kenneth Francis Hackett, nuevo embajador de Estados Unidos de América, para la presentación de las Cartas con las que es acreditado ante la Santa Sede

Os saludo a todos con la paz y el gozo de Nuestro Señor. La primera Conferencia filipina sobre la nueva evangelización es una digna aportación al Año de la fe. Por ello os doy las gracias a todos, hermanos en el episcopado, sacerdotes, religiosos y religiosas, seminaristas y fieles laicos que habéis organizado la conferencia y que estáis participando en ella. Me alegra saber que habéis llegado a Manila desde diversas partes de Filipinas y de Asia. El Espíritu Santo trabaja activamente en vosotros. ¡La Iglesia de Cristo está viva! A través de esta conferencia, espero que podáis experimentar de nue-

Prefectura de la Casa pontificia

Para la canonización de Juan XXIII y Juan Pablo

II

Para la canonización de los beatos Juan XXIII y Juan Pablo II, en programa el domingo 27 de abril de 2014, la participación estará abierta a cuantos encuentren sitio en la plaza de San Pedro, la plaza Pío XII y la vía de la Conciliación, sin necesidad de billete. Así lo informa la Prefectura de la Casa pontificia en un comunicado en el que, como ya se ha hecho en otras ocasiones, se alerta a los fieles de peticiones de dinero por parte de agencias u operadores turísticos para obtener billetes. El comunicado recuerda que los billetes para participar en audiencias o celebraciones presididas por el Santo Padre son totalmente gratuitos.

número 43, viernes 25 de octubre de 2013

L’OSSERVATORE ROMANO El Papa a una delegación de luteranos

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Nostalgia de unidad
Católicos y luteranos «pueden pedir perdón por el mal causado unos a otros y por las culpas cometidas ante Dios, y juntos gozar por la nostalgia de unidad que el Señor ha despertado en nuestro corazón». Lo dijo el Pontífice al recibir en audiencia, el lunes 21 de octubre, a una delegación de la Federación luterana mundial y a algunos representantes de la Comisión para la unidad luterano-católica. Al responder al saludo que le dirigió en inglés el presidente de la Federación, el obispo Munib Younan, el Papa Francisco pronunció el siguiente discurso. Queridos hermanos y hermanas luteranos, y queridos hermanos católicos: De buen grado os doy la bienvenida a todos vosotros, delegación de la Federación luterana mundial y representantes de la Comisión para la unidad luterano-católica. Este encuentro es una respuesta al encuentro, muy cordial y agradable, que mantuve con usted, estimado obispo Younan, y con el secretario de la Federación luterana mundial, reverendo Junge, con ocasión de la celebración de inicio de mi ministerio como Obispo de Roma. Contemplo con sentido de profunda gratitud al Señor Jesucristo los numerosos pasos que las relaciones entre luteranos y católicos han dado en las últimas décadas, y no sólo a través del diálogo teológico, sino también mediante la colaboración fraterna en múltiples ámbitos pastorales y, sobre todo, en el compromiso de avanzar en el ecumenismo espiritual. Este último constituye, en cierto sentido, el alma de nuestro camino hacia la plena comunión, y nos permite pregustar de él ya desde ahora algún fruto, si bien imperfecto: en la medida en que nos acercamos con humildad de espíritu a Nuestro Señor Jesucristo, estamos seguros de acercarnos también entre nosotros; y en la medida en que invocamos del Señor el don de la unidad, tenemos la certeza de que Él nos tomará de la mano y Él será nuestro guía. Es necesario dejarse tomar de la mano por el Señor Jesucristo. Este año, como resultado del diálogo teológico, que ya cumple cincuenta años, y en vista de la conmemoración del quinto centenario de la Reforma, se publicó el texto de la Comisión para la unidad luteranocatólica, con el significativo título: «Del conflicto a la comunión. La interpretación luterano-católica de la Reforma en 2017». Me parece realmente importante para todos el esfuerzo de confrontarse en diálogo sobre la realidad histórica de la Reforma, sobre sus consecuencias y las respuestas que a ella se dieron. Católicos y luteranos pueden pedir perdón por el mal causado unos a otros y por las culpas cometidas ante Dios, y juntos gozar por la nostalgia de unidad que el Señor ha despertado en nuestro corazón, y que nos hace mirar adelante con una mirada de esperanza. A la luz del camino de estos decenios, y de los numerosos ejemplos de comunión fraterna entre luteranos y católicos, de lo cual somos testigos, confortados por la confianza en la gracia que se nos da en el Señor Jesucristo, estoy seguro de que sabremos llevar adelante nuestro camino de diálogo y de comunión, afrontando incluso las cuestiones fundamentales, como también las divergencias que surgen en el ámbito antropológico y ético. Cierto, las dificultades no faltan y no faltarán, requerirán aún de paciencia, diálogo, comprensión recíproca, pero no nos asustemos. Sabemos bien —como muchas veces nos recordó Benedicto XVI— que la unidad no es primariamente fruto de nuestro esfuerzo, sino de la acción del Espíritu Santo a quien es necesario abrir nuestro corazón con confianza para que nos conduzca por las vías de la reconciliación y la comunión. El beato Juan Pablo II se preguntaba: «¿Cómo anunciar el Evangelio de la reconciliación sin comprome-

terse al mismo tiempo en la obra de la reconciliación de los cristianos?» (Carta encíclica Ut unum sint, 98). Que la oración fiel y constante en nuestras comunidades sostenga el diálogo teológico, la renovación de

la vida y la conversión del corazón, a fin de que, con la ayuda del Dios uno y trino, podamos caminar hacia la realización del deseo del Hijo, Jesucristo, que todos sean uno. Gracias.

A los «Patrons of the Arts» de los Museos vaticanos

La belleza de la fe
Los tesoros de arte custodiados en los Museos vaticanos son un testimonio elocuente «de la búsqueda de la belleza suprema que encuentra su origen y su realización en Dios». Lo destacó el Papa al recibir en audiencia el sábado 19 de octubre, en la sala Clementina, a los «Patrons of the Arts», la asociación de bienhechores católicos que desde hace treinta años contribuye con la restauración y la valorización del patrimonio artístico de la Queridos amigos, ¡buenos días! Doy la bienvenida a los Patrons of the Arts de los Museos vaticanos con ocasión de esta peregrinación a Roma, que marca el trigésimo aniversario de vuestra fundación. A lo largo de los últimos tres decenios, los Patrons han dado una considerable aportación para la restauración de numerosos tesoros de arte conservados en las colecciones vaticanas y, más en general, para la realización de la función religiosa, artística y cultural de los Museos. Os agradezco de corazón por esto. Santa Sede. Fueron presentados al Pontífice, al inicio del encuentro, por el director de los Museos vaticanos, Antonio Paolucci, quien recordó, entre otras cosas, el generoso compromiso de la asociación, que se traduce también en un servicio cada vez mayor a los más de cinco millones de visitantes que cada año llegan a los Museos vaticanos. Publicamos a continuación el discurso del Papa. creado a su imagen y semejanza, y del poder de la muerte y resurrección de Cristo que trajo redención y renacimiento a un mundo marcado por la tragedia del pecado y de la muerte. Los Museos vaticanos, con su única y rica historia, ofrecen a innumerables peregrinos y visitantes que llegan a Roma la posibilidad de encontrar este mensaje mediante obras de arte que dan testimonio de las aspiraciones espirituales de la humanidad, de los sublimes misterios de la fe cristiana y de la búsqueda de esa belleza suprema que encuentra su origen y su realización en Dios. Queridos amigos, que vuestro apoyo a las obras de arte de los Museos vaticanos sea siempre un signo de vuestra participación interior en la vida y misión de la Iglesia. Que sea también expresión de nuestra esperanza en la venida del Reino cuya belleza, armonía y paz son la expectativa de cada corazón humano y la inspiración de las más elevadas aspiraciones artísticas del género humano. Sobre vosotros, sobre vuestras familias y sobre todos vuestros afiliados, imparto de corazón la bendición apostólica como prenda de constante alegría y paz en el Señor.

El nacimiento de los Patrons of the Arts de los Museos vaticanos fue inspirado no sólo por un encomiable sentido de corresponsabilidad hacia la herencia de arte sacro que posee la Iglesia, sino también por el deseo de dar continuidad a los ideales espirituales y religiosos que condujeron a la creación de las colecciones pontificias. En cada época la Iglesia recurrió a las artes para expresar la belleza de la propia fe y proclamar el mensaje evangélico de la grandeza de la creación de Dios, de la dignidad del hombre

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L’OSSERVATORE ROMANO Los treinta años del Centro televisivo vaticano

viernes 25 de octubre de 2013, número 43

Una historia hecha de imágenes
DARIO ED OARD O VIGANÒ* a televisión narra una historia hecha de imágenes. «Eran los cincuenta años de Radio vaticana —recuerda el cardenal Stanisław Dziwisz— y Juan Pablo II, como hombre abierto a los mass media, al mundo, pensó que no bastaba sólo la radio. La gente quiere tener imágenes, y así decidió crear el Centro televisivo vaticano», que «funciona, funciona bien y hoy tiene su posición en el mundo». Los treinta años del CTV , el Centro televisivo vaticano instituido el 22 de octubre de 1983, son hoy ocasión para reflexionar sobre la dinámica compleja que caracteriza el uso del medio televisivo como instrumento narrativo al servicio de las palabras y de los gestos del Pontífice. Dos planos del discurso, distintos y, al mismo tiempo, relacionados: por un lado la comunicación del Papa, su modo de expresarse, dialogar y encontrar a las personas; por otro, la comunicación sobre su figura y su mensaje. El directo televisivo del 13 de marzo de 2013 marca un decisivo cambio relativo a la función estratégica que el medio televisivo reviste, no sólo en la documentación, sino también en la declinación en clave narrativa del pontificado. Para ejemplificar basta recordar el uso insistido del gran angular en formato cinematográfico o los encuadres de las telecámaras situadas a espaldas de los fieles; en lo específico, precisamente estas telecámaras daban la impresión de que la comunidad de fieles ocupara todo el espacio que separa la plaza del atrio, imitando así una aproximación entre los fieles y el nuevo Obispo de Roma. Desde aquel momento, por lo tanto, un aspecto saliente que caracteriza las elecciones de las realizaciones del CTV sobre la vertiente de la enunciación televisiva ha tenido que ver con la construcción de un efecto de máxima inclusión del espectador, precisamente para estar al servicio del deseo de proximidad del Papa. Algunas imágenes de Lampedusa, Río de Janeiro, Cágliari o Asís son en este sentido reveladoras de una gestión táctica de los puntos de vista atribuidos al medio televisivo, para ofrecer al público una toma cercana sobre la gran intensidad emotiva que caracteriza los encuentros del Papa Francisco. Otro aspecto fuerte de la construcción del relato televisivo del CTV para favorecer el contacto del espectador es la atención a la fuerza de lo no verbal. En esta dirección se sitúan los numerosos planos aproximados y los encuadres que se detienen en la figura del Pontífice y en su capacidad de establecer y alimentar un diálogo apasionado con los fieles.

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Por lo tanto repensar, después de treinta años, el papel y la responsabilidad del medio televisivo significa para el CTV aceptar un doble desafío. Éste se refiere tanto a la innovación en el plano de las tecnologías como a la renovación en el plano del lenguaje, en función de la que se podría definir como una estética renovada del directo. Por lo que respecta al primer punto, estos últimos meses se han caracterizado por un gran esfuerzo en el

Desde julio de 2013, en efecto, el CTV ha emprendido un proceso que permitirá la consulta del material ya desde 2014, de forma progresiva, tanto a los profesionales internos como a quien pretenda visionar los documentos disponibles en el archivo. La particularidad del archivo del CTV es que comprende no sólo la grabación de los acontecimientos llevados a cabo con el autobús de realización o los programas fruto del trabajo de montaje, los documenta-

lo más preciso y duradero posible, capaz de satisfacer una demanda difundida de documentación históricosocial a la que el lenguaje visual puede dar una contribución enorme. En lo referido finalmente a la renovación en el plano del lenguaje, el CTV está comprometido en repensar las formas del relato televisivo (especialmente la transmisión en directo), siguiendo las peculiaridades expresivas del medio cinematográfico. Multiplicación de los puntos de toma,

plano de la inversión tecnológica; se ha emprendido un recorrido de ulterior profesionalización, indispensable para dialogar con los mayores protagonistas del mercado de la información a nivel internacional y para ofrecer al público contenidos de altísimo perfil en la vertiente de la calidad de las imágenes y del audio.

les y las síntesis en las diversas ediciones lingüísticas, sino también los «rodajes» en bruto de los diversos acontecimientos, que constituyen documentos preciosos para los historiadores futuros. La elección de inversiones tecnológicas hay que leerla, por lo tanto, en función de una exigencia de construir un archivo visual

amplio uso del gran angular, movimientos a vuelo rasante de las telecámaras testimonian, en particular, un proyecto estratégico que mueve las elecciones de la realización en función de una renovada representación de lo real. *Director del Centro televisivo vaticano

La felicitación del presidente italiano Giorgio Napolitano

Innovación y evolución
«El congreso organizado por el trigésimo aniversario del inicio de la actividad del Centro televisivo vaticano, con la participación de ilustres y autorizados relatores, es una preciosa oportunidad de diálogo y de confrontación sobre temas ligalos 80 años de actividad»: también el presidente de la República italiana, Giorgio Napolitano, ha enviado al director del Centro televisivo vaticano, monseñor Dario Edoardo Viganò, un mensaje por los treinta años del CTV. Éste —además del mensaje del Papa, que publicamos en la página siguiente— se leyó en el encuentro celebrado en la sede romana de la Prensa extranjera, el 18 de octubre. «Poniendo las imágenes de fuente propia a disposición de las grandes televisiones mundiales y nacionales —escribe el presidente en la carta—, el Centro televisivo favorece un conocimiento oportuno de la actividad del Papa y de la Santa Sede como ha sucedido, año tras año, con el pontificado de Juan Pablo II, los cónclaves y las elecciones de Benedicto XVI y de Francisco. Las temáticas ligadas al respeto de la persona, el mensaje de paz y de esperanza del que la Iglesia se hace portadora en una fase histórica de notables cambios culturales, políticos y sociales, el sentido de responsabilidad hacia las generaciones presentes y futuras son las líneas maestras de la progra-

dos al mundo de la comunicación. La cita pone ulteriormente en evidencia cómo la presencia de la Santa Sede en el campo de la información tiene una historia larga y de relieve: basta pensar que L'Osservatore Romano ha celebrado sus 150 años y Radio Vaticana ha superado

mación del centro de producción de la Santa Sede». «Mientras los cambios tecnológicos acentúan el papel y la difusión de la comunicación —concluye—, en el año del trigésimo aniversario el Centro televisivo vaticano está procediendo en un importante itinerario de innovación y de evolución de su modelo comunicativo. Deseo por lo tanto hacerle llegar a usted, querido monseñor Viganò, y a todos los participantes en el congreso mis deseos de éxito».

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Al presentar los eventos, la óptica de los medios vaticanos no puede ser nunca «mundana», sino eclesial. En un mundo en el que la tecnología viaja a alta velocidad creando inesperadas redes interconectadas, los «peregrinos de la comunicación» jamás deben olvidar que su servicio se desarrolla en el interior de la misión evangelizadora de la Iglesia. Lo subraya el Papa Francisco en el mensaje por los treinta años del Centro televisivo vaticano enviado a su director, monseñor Dario Edoardo Viganò, que fue leído durante un congreso celebrado el 18 de octubre en la sede romana de la Prensa extranjera.

Mensaje del Papa por los treinta años del Centro televisivo vaticano

Peregrinos de la comunicación
Al Rev.mo Mons. DARIO ED OARD O VIGANÒ Director del Centro televisivo vaticano Deseo dirigir mi cordial saludo a todos los presentes en el Congreso que quiere no sólo recordar los treinta años del Centro televisivo vaticano, sino, sobre todo, reflexionar sobre sus perspectivas para un servicio cada vez más atento y cualificado. Saludo a los relatores y a los invitados, en particular a monseñor Claudio Maria Celli y a los miembros del Consejo de administración. 1. Desearía ante todo subrayar que vuestro trabajo es un servicio al Evangelio y a la Iglesia. El aniversario del CTV se sitúa en el marco de otra importante celebración: los cincuenta años de la aprobación del decreto conciliar Inter Mirifica, que cuenta entre los maravillosos dones de Dios los instrumentos de la comunicación social, incluido, precisamente, el medio televisivo. Las palabras de los padres conciliares nos parecen proféticas; subrayaban justamente lo importante que es el uso de estos medios, de modo que «como sal y como luz darán sabor a la tierra e iluminarán el mundo», llevando la luz de Jesucristo y contribuyendo al progreso de toda la humanidad. En estas décadas la tecnología ha viajado a gran velocidad, creando inesperadas redes interconectadas. Es necesario mantener la perspectiva evangélica en esta especie de «autopista global de la comunicación», tener siempre presente la finalidad que quiso establecer el beato Juan Pablo II dando vida al CTV: favorecer «una acción más eficaz de la Iglesia en lo relativo a las comunicaciones sociales (…) a fin de ofrecer nuevos instrumentos con los cuales desarrollar en el mundo la universal misión de la Iglesia» (Rescripto del 22 de octubre de 1983). Como os recordó también Benedicto XVI: «Al poner las imágenes a disposición de las mayores agencias televisivas mundiales y de las grandes televisiones nacionales o comerciales, favorecéis una información adecuada e inmediata sobre la vida y la enseñanza de la Iglesia en el mundo de hoy, al servicio de la dignidad de la persona humana, la justicia, el diálogo y la paz» (Discurso al CTV, 18 de diciembre de 2008). No olvidéis, por lo tanto, que el vuestro es un servicio eclesial, en el interior de la misión evangelizadora de la Iglesia. 2. Por esto —y es el segundo elemento que desearía subrayar— al presentar los eventos vuestra óptica no puede ser nunca «mundana», sino eclesial. Nosotros vivimos en un mundo en el que prácticamente no existe casi nada que no tenga relación con el universo de los media. Instrumentos cada vez más sofisticados refuerzan el papel cada vez más penetrante que juegan las tecnologías, los lenguajes y las formas de la comunicación en el desenvolvimiento de nuestra vida cotidiana, y esto no sólo en el mundo juvenil. Como recordaba después de mi elección como Obispo de Roma, precisamente encontrando a los representantes de los medios de comunicación social presentes en Roma con ocasión del Cónclave, «el papel de los medios de comunicación ha ido creciendo cada vez más en los últimos tiempos, tanto que se ha hecho imprescindible para relatar al mundo los acontecimientos de la historia contemporánea». Todo esto se refleja también en la vida de la Iglesia. Pero si no es algo sencillo contar los eventos de la historia, aún más complejo es relatar los acontecimientos ligados a la Iglesia, la cual es «signo e instrumento de la íntima unión con Dios», es Cuerpo de Cristo, Pueblo de Dios, Templo del Espíritu Santo. Ello requiere una responsabilidad particular, una fuerte capacidad de leer la realidad en clave espiritual. En efecto, los eventos de la Iglesia «tienen una característica de fondo peculiar: responden a una lógica que no es principalmente la de las categorías, por así decirlo, mun-

danas, y precisamente por esto no son fáciles de interpretar y comunicar a un público amplio y diversificado» (Discurso a los representantes de los medios, 18 de marzo de 2013). Hablar de responsabilidad, de una visión respetuosa de los acontecimientos que se quieren relatar, significa tener también la conciencia de que la selección, la organización, la emisión y la distribución de los contenidos requiere una atención particular porque usan instrumentos que no son ni neutros ni transparentes. Esta conciencia recorre hoy el CTV, empeñado en una reorganización según paradigmas tecnológicos capaces de servir mejor a todas las latitudes del mundo, contribuyendo a favorecer la respiración de la catolicidad de la Iglesia. Desearía dar las gracias de corazón a usted, monseñor Dario Edoardo Viganò, y a todo el personal del CTV, por la capacidad de tejer relaciones con realidades diferentes de todo el mundo, para construir puentes, superando muros y fosos, y llevar la luz del Evangelio. Todo ello según la indicación de Inter Mirifica que precisa cómo también en el mundo de los medios, la eficacia de la actividad apostólica requiere «unidad de propósitos y de esfuerzos» (n. 21). Converger en lugar de competir es la estrategia de las iniciativas mediáticas en el mundo católico. 3. Finalmente desearía recordar que vosotros no desarrolláis una función puramente documental, «neutral», de los acontecimientos, sino que contribuís a acercar la Iglesia al mundo, anulando las distancias, haciendo llegar la palabra del Papa a millones de católicos, también allí donde a menudo profesar la propia fe es una elección valiente. Gracias a las imágenes, el CTV está en camino con el Papa para llevar a Cristo a las muchas formas de soledad del hombre contemporáneo, alcanzando también las «sofisticadas periferias tecnológicas». En esta misión vuestra, es importante recordar que la Iglesia está presente en el mundo de la comunicación, en todas sus variadas expresiones, sobre todo para llevar a las personas al encuentro con el Señor Jesús. Es sólo el encuentro con Jesús, de hecho, lo que puede transformar el corazón y la historia del hombre. Os doy las gracias y os aliento a proceder con parresia en vuestro testimonio del Evangelio, dialogando con un mundo que necesita ser escuchado, ser comprendido, pero también recibir el mensaje de la vida verdadera. Roguemos al Señor para que nos haga capaces de llegar al corazón del hombre, más allá de las barreras de la desconfianza, y pidamos a la Virgen que vele nuestros pasos de «peregrinos de la comunicación». Os ruego que oréis por mí, ¡lo necesito! Invoco la intercesión de santa Clara, patrona de la televisión, y os acompaño con mi bendición. Vaticano, 18 de octubre de 2013

número 43, viernes 25 de octubre de 2013

L’OSSERVAT

Indisolubilidad del matrimonio y debate sobre los divorciados vueltos a
GERHARD L. MÜLLER a discusión sobre la problemática de los fieles que tras un divorcio han contraído una nueva unión civil no es nueva. Siempre ha sido tratada por la Iglesia con gran seriedad, con la intención de ayudar a las personas afectadas, puesto que el matrimonio es un sacramento que alcanza en modo particularmente profundo la realidad personal, social, e histórica del hombre. A causa del creciente número de afectados en países de antigua tradición cristiana, se trata de un problema pastoral de gran trascendencia. Hoy los creyentes se interrogan muy seriamente: ¿No puede la Iglesia autorizar a los cristianos divorciados y vueltos a casar, bajo determinadas condiciones, a recibir los sacramentos? ¿Les están definitivamente atadas las manos en estas cuestiones? Los teólogos, ¿realmente han considerado todas las implicaciones y consecuencias al respecto? Estas preguntas deben ser discutidas en conformidad con la enseñanza católica sobre el matrimonio. Una pastoral enteramente responsable presupone una teología que se abandone a Dios que se revela, prestándole el pleno obsequio del entendimiento y de la voluntad», y asintiendo «voluntariamente a la revelación hecha por Él» (Constitución apostólica Dei Verbum, n. 5). Para hacer comprensible la auténtica doctrina de la Iglesia, debemos comenzar por la Palabra de Dios, contenida en la Sagrada Escritura, explicada por la Tradición eclesial e interpretada de modo vinculante por el Magisterio.

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La fuerza de la g
se harán una sola carne. De manera que ya no son dos, sino una sola carne. Pues bien, lo que Dios unió, no lo separe el hombre» (Mc 10, 5-9, cfr. Mt 19; Lc 16, 18). La Iglesia católica siempre se ha remitido, en la enseñanza y en la praxis, a estas palabras del Señor sobre la indisolubilidad del matrimonio. El pacto que une íntima y recíprocamente a los cónyuges entre sí, ha sido establecido por Dios. Designa una realidad que proviene de Dios y que, por tanto, ya no está a disposición de los hombres. Algunos exégetas sostienen hoy que estas palabras de Jesús habrían sido aplicadas, ya en tiempos apostólicos, con una cierta flexibilidad, concretamente con respecto a la porneia/fornicación (cfr. Mt 5, 32; 19, 9) y a la separación entre un cristiano y su cónyuge no cristiano (cfr. 1 Cor 7, 12-15). En el campo exegético, las cláusulas sobre la fornicación fueron objeto de discusión controvertida, desde el comienzo. Muchos están convencidos de que no se trataría de excepciones a la indisolubilidad, sino de vínculos matrimoniales inválidos. De todos modos, la Iglesia no puede fundar su doctrina y praxis sobre hipótesis exegéticas debatidas. Ella debe atenerse a la clara enseñanza de Cristo. Pablo establece la prohibición del divorcio como un deseo expreso de Cristo: «A los casados, en cambio, les ordeno —y esto no es mandamiento mío, sino del Señor— que la esposa no se separe de su marido. Si se separa, que no vuelva a casarse, o que se reconcilie con su esposo. Y que tampoco el marido abandone a su mujer» (1 Cor 7, 10-11). Al mismo tiempo, Pablo permite en razón de su propia autoridad, que un no cristiano pueda separarse de su cónyuge, si se ha convertido al cristianismo. En este caso, el cristiano «no queda obligado» a permanecer soltero (1 Cor 7, 12-16). A partir de esta posición, la Iglesia reconoce que sólo el matrimonio entre un hombre y una mujer bautizados es un sacramento en sentido real, y que sólo a éstos se aplica la indisolubilidad en modo incondicional. El matrimonio de no bautizados, si bien está orientado a la indisolubilidad, bajo ciertas circunstancias —a causa de bienes más altos— puede ser disuelto (Privilegium Paulinum). No se trata aquí, por tanto, de una excepción a las palabras del Señor. La indisolubilidad del matrimonio sacramental, es decir de éste en el ámbito del misterio de Cristo, permanece intacta. La Carta a los Efesios es de grande significado para el fundamento bíblico de la comprensión sacramental del matrimonio. En ella se señala: «Maridos, amad a vuestras esposas, como Cristo amó a la Iglesia y se entregó por ella» (Ef 5, 25). Y más adelante, escribe el Apóstol: «Por eso, el hombre dejará a su padre y a su madre para unirse a su mujer, y los dos serán una sola carne. Este es un gran misterio: y yo digo que se refiere a Cristo y a la Iglesia» (Ef 5, 31-32). El matrimonio cristiano es un signo eficaz de la alianza entre Cristo y la Iglesia. El matrimonio entre bautizados es un sacramento porque significa y confiere la gracia de este pacto. El testimonio de la Tradición de la Iglesia Los Padres de la Iglesia y los Concilios constituyen un importante testimonio para el desarrollo de la posición eclesiástica. Según los Padres, las instrucciones bíblicas son vinculantes. Éstos rechazan las leyes civiles sobre el divorcio por ser incompatibles con las exigencias de Jesús. La Iglesia de los Padres, en obediencia al Evangelio, rechazó el divorcio y un segundo matrimonio. En este punto, el testimonio de los Padres es inequívoco. existe en las Iglesias ortodoxas una variedad de causas para el divorcio, que en su mayoría son justificados mediante la referencia a la Oikonomia, la indulgencia pastoral en casos particularmente difíciles, y abren el camino a un segundo o tercer matrimonio con carácter penitencial. Esta práctica no es coherente con la voluntad de Dios, tal como se expresa en las palabras de Jesús sobre la indisolubilidad del matrimonio, y representa una dificultad significativa para el ecumenismo. En Occidente, la Reforma Gregoriana se opuso a la tendencia liberalizadora y retornó a la interpretación originaria de la Escritura y de los Padres. La Iglesia Católica ha defendido la absoluta indisolubilidad del matrimonio también al precio de grandes sacrificios y sufrimientos. El cisma de la «Iglesia de Inglaterra» separada del sucesor de Pedro, tu-

El testimonio de la Sagrada Escritura No deja de ser problemático situar inmediatamente nuestra cuestión en el ámbito del Antiguo Testamento, puesto que entonces el matrimonio no era considerado como un sacramento. No obstante, la Palabra de Dios en la Antigua Alianza es significativa para nosotros, ya que Jesús se coloca en esta tradición y argumenta a partir de ella. En el decálogo se encuentra el mandamiento: «No cometerás adulterio» (Ex 20, 14), sin embargo, en otro lugar el divorcio es visto como algo posible. Según Dt 24, 1-4, Moisés estableció que el hombre pueda expedir un libelo de repudio y despedir a la mujer de su casa, si no lo complace. En consecuencia de esto, el hombre y la mujer pueden volverse a casar. Sin embargo, junto a la concesión del divorcio, en el Antiguo Testamento es posible identificar una cierta resistencia hacia esta práctica. Al igual que el ideal de la monogamia, también la indisolubilidad está contenida en la comparación profética entre la alianza de Yahvé con Israel y la alianza matrimonial. El profeta Malaquías lo expresa claramente: «No traicionarás a la esposa de tu juventud... siendo así que ella era tu compañera y la mujer de tu alianza» (cfr. Mal 2, 14-15). En particular, las controversias con los fariseos fueron para el Señor una ocasión para ocuparse del tema. Jesús se distancia expresamente de la práctica veterotestamentaria del divorcio, que Moisés había permitido a causa de la «dureza de corazón» de los hombres, y se remite a la voluntad originaria de Dios: «Desde el comienzo de la creación, Dios los hizo varón y mujer. Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y los dos

Marko Ivan Rupnik, «Santos Joaquín y Ana» (detalle)

En la época patrística, los creyentes separados que se habían vuelto a casar civilmente no eran readmitidos oficialmente a los sacramentos, aun cuando hubiesen pasado por un período de penitencia. Algunos textos patrísticos, es cierto, permiten reconocer abusos, que no siempre fueron rechazados con rigor y que, en ocasiones, se buscaron soluciones pastorales para rarísimos casoslímites. Más tarde, en algunas regiones, sobre todo a causa de la creciente interdependencia entre el Estado y la Iglesia, se llegó a compromisos mayores. En Oriente este desarrollo prosiguió su curso y condujo, especialmente después de la separación de la Cathedra Petri, a una praxis cada vez más liberal. Hoy

vo lugar no con motivo de diferencias doctrinales, sino porque el Papa, en obediencia a las palabras de Jesús, no podía ceder a la presión del rey Enrique VIII para disolver su matrimonio. El Concilio de Trento confirmó la doctrina de la indisolubilidad del matrimonio sacramental y explicó que ésta corresponde a la enseñanza del Evangelio (cfr. DH 1807). En ocasiones, se sostiene que la Iglesia toleró de hecho la praxis oriental. Esto no corresponde a la verdad. Los canonistas hablaron reiteradamente de una práctica abusiva, y existen testimonios de grupos de cristianos ortodoxos, que, convertidos al catolicismo, tuvieron que firmar una confesión de fe con una expresa refe-

TORE ROMANO
Camilian Demetrescu, «Matrimonio místico» (1994)

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a casar y los sacramentos

gracia
rencia a la imposibilidad de un segundo o un tercer matrimonio. El Concilio Vaticano II, en la Constitución Pastoral Gaudium et Spes, sobre «la Iglesia en el mundo de hoy», ha enseñado una doctrina teológica y espiritualmente profunda sobre el matrimonio. Ella sostiene de forma clara su indisolubilidad. El matrimonio se entiende como una comunidad integral, corpóreo-espiritual, de vida y amor entre un hombre y una mujer, que recíprocamente se entregan y reciben como personas. Mediante el acto personal y libre del consentimiento recíproco, se funda por derecho divino una institución estable ordenada al bien de los cónyuges y de la prole, e independiente del arbitrio del hombre: «Esta íntima unión, como mutua entrega de dos personas, lo mismo que el bien de los hijos, exigen plena fidelidad conyugal y urgen su indisoluble unidad» (n. 48). A través del sacramento, Dios concede a los cónyuges una gracia especial: «Porque así como Dios antiguamente se adelantó a unirse a su pueblo por una alianza de amor y de fidelidad, así ahora el Salvador de los hombres y Esposo de la Iglesia sale al encuentro de los esposos cristianos por medio del sacramento del matrimonio. Además, permanece con ellos para que los esposos, con su mutua entrega, se amen con perpetua fidelidad, como Él mismo amó a la Iglesia y se entregó por ella» (idem). Mediante el sacramento, la indisolubilidad del matrimonio contiene un significado nuevo y más profundo: llega a ser una imagen del amor de Dios hacia su pueblo y de la irrevocable fidelidad de Cristo a su Iglesia. El matrimonio como sacramento se puede entender y vivir sólo en el contexto del misterio de Cristo. Cuando el matrimonio se seculariza o se contempla como una realidad meramente natural, queda impedido el acceso a su sacramentalidad. El matrimonio sacramental pertenece al orden de la gracia y, en definitiva, está integrado en la comunidad de amor de Cristo con su Iglesia. Los cristianos están llamados a vivir su matrimonio en el horizonte escatológico de la llegada del Reino de Dios en Jesucristo, Verbo de Dios encarnado. El testimonio del Magisterio en épocas recientes Con el texto, aún hoy fundamental, de la Exhortación Apostólica Familiaris consortio, publicado por Juan Pablo II el 22 de noviembre de 1981, después del Sínodo de los obispos sobre la familia cristiana en el mundo de hoy, se confirma expresamente la enseñanza dogmática de la Iglesia sobre el matrimonio. Desde el punto de vista pastoral, la exhortación postsinodal se ocupa también de la atención de los fieles vueltos a casar con rito civil, pero que están aún vinculados entre sí por un matrimonio eclesiástico válido. El Papa manifiesta por tales fieles un alto grado de preocupación y de afecto. El n. 84 («Divorciados vueltos a casar») contiene las siguientes afirmaciones fundamentales: 1. Los pastores que tienen cura de ánimas, están obligados por amor a la verdad «a discernir bien las situaciones». No es posible evaluar todo y a todos de la misma manera. 2. Los pastores y las comunidades están obligados a ayudar con solícita caridad a los fieles interesados. También ellos pertenecen a la Iglesia, tienen derecho a la atención pastoral y deben tomar parte en la vida de la Iglesia. 3. Sin embargo, no se les puede conceder el acceso a la Eucaristía. Al respecto se adopta un doble motivo: a) «Su estado y situación de vida contradicen objetivamente la unión de amor entre Cristo y la Iglesia, significada y actualizada en la Eucaristía»; b) «Si se admitieran estas personas a la Eucaristía, los fieles serían inducidos a error y confusión acerca de la doctrina de la Iglesia sobre la indisolubilidad del matrimonio». Una reconciliación a través del sacramento de la penitencia, que abre el camino hacia la comunión eucarística, únicamente es posible mediante el arrepentimiento acerca de lo acontecido y «la disposición a una forma de vida que no contradiga la indisolubilidad del matrimonio». Esto significa, concretamente, que cuando por motivos serios la nueva unión no puede interrumpirse, por ejemplo a causa de la educación de los hijos, el hombre y la mujer deben «obligarse a vivir una continencia plena». 4. A los pastores se les prohíbe expresamente, por motivos teológico-sacramentales y no meramente legales, efectuar «ceremonias de cualquier tipo» para los divorciados vueltos a casar, mientras subsista la validez del primer matrimonio. La carta de la Congregación para la Doctrina de la Fe sobre la recepción de la comunión eucarística por parte de los fieles divorciados que se han vuelto a casar, del 14 de septiembre de 1994, ha confirmado que la praxis de la Iglesia, frente a esta pregunta, «no puede ser modificada basándose en las diferentes situaciones» (n. 5). Además, se aclara que los fieles afectados no deben acercarse a recibir la sagrada comunión basándose en sus propias convicciones de conciencia: «En el caso de que él lo juzgara posible, los pastores y los confesores (…), tienen el grave deber de advertirle que dicho juicio de conciencia está reñido abiertamente con la doctrina de la Iglesia» (n. 6). Si existen dudas acerca de la validez de un matrimonio fracasado, éstas deberán ser examinadas por el tribunal matrimonial competente (cfr. n. 9). Sigue siendo de fundamental importancia obrar «con solícita caridad [para] hacer todo aquello que pueda fortalecer en el amor de Cristo y de la Iglesia a los fieles que se encuentran en situación matrimonial irregular. Sólo así será posible para ellos acoger plenamente el mensaje del matrimonio cristiano y soportar en la fe

los sufrimientos de su situación. En la acción pastoral se deberá cumplir toda clase de esfuerzos para que se comprenda bien que no se trata de discriminación alguna, sino únicamente de fidelidad absoluta a la voluntad de Cristo que restableció y nos confió de nuevo la indisolubilidad del matrimonio como don del Creador» (n. 10). En la Exhortación apostólica postsinodal Sacramentum caritatis, del 22 de febrero de 2007, Benedicto XVI retoma y da nuevo impulso al trabajo del anterior Sínodo de los obispos sobre la Eucaristía. El n. 29 del documento trata acerca de la situación de los fieles divorciados y vueltos a casar. También para Benedicto XVI se trata aquí de «un problema pastoral difícil y complejo». Reitera «la praxis de la Iglesia, fundada en la Sagrada Escritura (cfr. Mc 10, 2-12), de no admitir a los sacramentos a los divorciados casados de nuevo», pero también exhorta a los pastores a dedicar «una especial atención» a los afectados, «con el deseo de que, dentro de lo posible, cultiven un estilo de vida cristiano mediante la participación en la santa Misa, aunque sin comulgar, la escucha de la Palabra de Dios, la Adoración eucarística, la oración, la participación en la vida comunitaria, el diálogo con un sacerdote de confianza o un director espiritual, la entrega a obras de caridad, de penitencia, y la tarea de educar a los hijos». Cuando existen dudas sobre la validez de un matrimonio anterior fracasado, éstas deberán ser examinadas por los tribunales matrimoniales competentes. La mentalidad actual contradice la comprensión cristiana del matrimonio especialmente en lo relativo a la indisolubilidad y la apertura a la vida. Puesto que muchos cristianos están influidos por este contexto cultural, en nuestros días, los matrimonios están más expuestos a la invalidez que en el pasado. En efecto, falta la voluntad de casarse según el sentido de la doctrina matrimonial católica y se ha reducido la pertenencia a un contexto vital de fe. Por esto, la comprobación de la validez del matrimonio es importante y puede conducir a una solución de estos problemas. Cuando la nulidad del matrimonio no puede demostrarse, la absolución y la comunión eucarística presupo-

nen, de acuerdo con la probada praxis eclesial, una vida en común «como amigos, como hermano y hermana». Las bendiciones de estas uniones irregulares, «para que no surjan confusiones entre los fieles sobre el valor del matrimonio, se deben evitar». La bendición (bene-dictio: aprobación por parte de Dios) de una relación que se opone a la voluntad del Señor es una contradicción en sí misma. En su homilía para el VII Encuentro Mundial de las Familias en Milán, el 3 de junio de 2012, Benedicto XVI habló una vez más de este doloroso problema: «Quisiera dirigir unas palabras también a los fieles que, aun compartiendo las enseñanzas de la Iglesia sobre la familia, están marcados por las experiencias dolorosas del fracaso y la separación. Sabed que el Papa y la Iglesia os sostienen en vuestra dificultad. Os animo a permanecer unidos a vuestras comunidades, al mismo tiempo que espero que las diócesis pongan en marcha adecuadas iniciativas de acogida y cercanía». El último Sínodo de los obispos sobre «La nueva evangelización para la transmisión de la fe cristiana» (7-28 de octubre de 2012), ha vuelto a ocuparse de la situación de los fieles que tras el fracaso de una comunidad de vida matrimonial (no el fracaso del matrimonio como tal, que permanece en cuanto sacramento), han establecido una nueva unión y conviven sin el vínculo sacramental del matrimonio. En el mensaje conclusivo, los Padres sinodales se dirigieron a ellos con las siguientes palabras: «A todos ellos les queremos decir que el amor de Dios no abandona a nadie, que también la Iglesia los ama y es una casa acogedora con todos, que siguen siendo miembros de la Iglesia, aunque no puedan recibir la absolución sacramental ni la Eucaristía. Que las comunidades católicas estén abiertas a acompañar a cuantos viven estas situaciones y favorezcan caminos de conversión y de reconciliación». Consideraciones antropológicas y teológico-sacramentales La doctrina sobre la indisolubilidad del matrimonio encuentra con frecuencia incomprensiones en un ambiente secularizado. Allí donde las ideas fundamentales de la fe cristiana se han perdido, la mera pertenencia convencional a la Iglesia no está en condiciones de sostener decisiones de vida relevantes ni de ofrecer un apoyo en las crisis tanto del estado matrimonial como del sacerdotal y la vida consagrada. Muchos se preguntan: ¿Cómo podré comprometerme para toda la vida con una única mujer o un único hombre? ¿Quién me puede decir cómo estará mi matrimonio en diez, veinte, treinta o cuarenta años? Por otra parte, ¿es posible una unión de carácter definitivo a una única persona? La gran cantidad de uniones matrimoniales que hoy se rompen refuerzan el escepticismo de los jóvenes sobre las decisiones que comprometan la propia vida para siempre. Por otra parte, el ideal de la fidelidad entre un hombre y una mujer, funSIGUE EN LA PÁGINA 10

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La fuerza de la gracia
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dado en el orden de la creación, no ha perdido nada de su atractivo, como lo revelan recientes encuestas dirigidas a gente joven. La mayoría de los jóvenes anhela una relación estable y duradera, tal como corresponde a la naturaleza espiritual y moral del hombre. Además, se debe recordar el valor antropológico del matrimonio indisoluble, que libera a los cónyuges de la arbitrariedad y de la tiranía de sentimientos y estados de ánimo, y les ayuda a sobrellevar las dificultades personales y a vencer las experiencias dolorosas. En particular, protege a los niños, que, por lo general, son los que más sufren con la ruptura del matrimonio. El amor es más que un sentimiento o instinto. En su esencia, el amor es entrega. En el amor matrimonial, dos personas se dicen consciente y voluntariamente: sólo tú, y para siempre. A las palabras del Señor: «Lo que Dios ha unido» corresponde la promesa de los esposos: «Yo te acepto como mi marido… Yo te acepto como mi mujer… Quiero amarte, cuidarte y honrarte toda mi vida, hasta que la muerte nos separe». El sacerdote bendice la alianza que los esposos han sellado entre sí ante la presencia de Dios. Quien se pregunte si el vínculo matrimonial tiene una naturaleza ontológica, déjese instruir por las palabras del Señor: «Al principio, el Creador los hizo varón y mujer, y dijo: Por esto dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y serán los dos una sola carne. Así, pues, ya no son dos, sino una sola carne» (Mt 19, 4-6). Para los cristianos rige el hecho de que el matrimonio entre bautizados —por tanto, incorporados al Cuerpo de Cristo—, tiene una dimensión sacramental y representa así una realidad sobrenatural. Uno de los más serios problemas pastorales está constituido por el hecho de que algunos juzgan el matrimonio exclusivamente con criterios mundanos y pragmáticos. Quien piensa según «el espíritu del mundo» (1 Cor 2, 12) no puede comprender la sacramentalidad del matrimonio. La Iglesia no puede responder a la creciente incomprensión sobre la santidad del matrimonio con una adaptación pragmática ante lo presuntamente inexorable, sino sólo mediante la confianza en «el Espíritu que viene de Dios, para que conozcamos los dones que Dios nos ha concedido» (1 Cor 2, 12). El matrimonio sacramental es un testimonio de la potencia de la gracia que transforma al hombre y prepara a toda la Iglesia para la ciudad santa, la nueva Jerusalén, la Iglesia misma, preparada «como una novia que se engalana para su esposo» (Ap 21, 2). El evangelio de la santidad del matrimonio se anuncia con audacia profética. Un profeta tibio busca su propia salvación en la adaptación al espíritu de los tiempos, pero no la salvación del mundo en Jesucristo. La fidelidad a las promesas del matrimonio es un signo profético de la salvación que Dios dona al mundo: «Quien sea capaz de entender, que entienda» (Mt 19, 12). Mediante la gracia sacramental, el amor conyugal es purificado, fortalecido e incre-

mentado. «Este amor, ratificado por siendo una realidad de la Iglesia, es Dios, según la cual Dios no podría la mutua fidelidad y, sobre todo, por un sacramento, respecto del cual no más que perdonar. Al misterio de el sacramento de Cristo, es indisolu- toca sólo al individuo decidir su vali- Dios pertenece el hecho de que junblemente fiel, en cuerpo y mente, en dez, sino a la Iglesia, en la que él se to a la misericordia están también la la prosperidad y en la adversidad, y, encuentra incorporado mediante la fe santidad y la justicia. Si se esconden por tanto, queda excluido de él todo y el Bautismo. «Si el matrimonio estos atributos de Dios y no se toma adulterio y divorcio» (Gaudium et precedente de unos fieles divorciados en serio la realidad del pecado, tamspes, n. 49). Los esposos, en virtud y vueltos a casar era válido, en nin- poco se puede hacer plausible a los del sacramento del matrimonio, par- guna circunstancia su nueva unión hombres su misericordia. Jesús reciticipan en el definitivo e irrevocable puede considerarse conforme al bió a la mujer adúltera con gran amor de Dios. Por esto, pueden ser derecho; por tanto, por motivos in- compasión, pero también le dijo: testigos del fiel amor de Dios, nu- trínsecos, es imposible que reciban «vete y desde ahora no peques más» triendo permanentemente su amor a los Sacramentos. La conciencia de (Jn 8, 11). La misericordia de Dios través de una vida de fe y de cari- cada uno está vinculada, sin excep- no es una dispensa de los mandación, a esta norma» (Card. Joseph mientos de Dios y de las disposiciodad. Los pastores saben que existen Ratzinger, «A propósito de algunas nes de la Iglesia. Mejor dicho, ella ciertamente situaciones en que la objeciones contra la doctrina de la concede la fuerza de la gracia para convivencia matrimonial, por moti- Iglesia sobre la recepción de la su cumplimiento, para levantarse vos graves, se torna prácticamente Comunión eucarística por parte de después de una caída y para llevar una vida de perfecimposible, por ejemplo, a causa de vioción de acuerdo a la lencia sicológica o fíimagen del Padre cesica. En estas situalestial. ciones dolorosas la Iglesia ha siempre La solicitud pastoral permitido que los cónyuges se separaran. Aunque por su Sin embargo, se debe propia naturaleza no precisar que el víncusea posible admitir a lo conyugal del malos sacramentos a las trimonio válidamente personas divorciadas celebrado se mantiene y vueltas a casar, tanintacto ante Dios, y to más son necesarios sus integrantes no los esfuerzos pastorason libres para conles hacia estos fieles. traer un nuevo matriPero se debe tener en monio mientras el cuenta que tales esotro cónyuge permafuerzos tienen que nece con vida. Los mantenerse dentro pastores y las comudel marco de la Revenidades cristianas se lación y de los presudeben por lo tanto Marc Chagall, «Cantar de los cantares» (1958, detalle) puestos de la doctrina comprometer en prode la Iglesia. El camimover caminos de reconciliación, también en estas situa- los fieles divorciados y vueltos a no señalado por la Iglesia para estas ciones, o bien, cuando no sea posi- casar», 30 de noviembre de 2011, personas no es simple. Sin embargo, ble, ayudar a las personas afectadas http:// www.vatican.va/roman_curia/ ellas deben saber y sentir que la a superar en la fe su difícil situa- congregations/cfaith/documents/rc_ Iglesia, como comunidad de salvacon_cfaith_doc_19980101_ratzingerción. ción, les acompaña en su camino. comm-divorced_sp.html). Cuando los cónyuges se esfuerzan Igualmente, la doctrina de la epi- por comprender la praxis de la IgleComentarios teológico morales keia, según la cual, una ley vale en sia y se abstienen de la comunión, términos generales, pero la acción Cada vez con más frecuencia se humana no siempre corresponde to- ellos ofrecen a su modo un testimosugiere que la decisión de acercarse talmente a ella, no puede ser aplica- nio a favor de la indisolubilidad del o no a la comunión eucarística por da aquí, puesto que en el caso de la matrimonio. La solicitud por los divorciados parte de los divorciados vueltos a ca- indisolubilidad del matrimonio sasar debería dejarse a la iniciativa de cramental se trata de una norma di- vueltos a casar no se debe reducir a la conciencia personal. Este argu- vina que la Iglesia no tiene autori- la cuestión sobre la posibilidad de mento, al que subyace un concepto dad para cambiar. Ésta tiene, sin recibir la comunión sacramental. Se problemático de «conciencia», ya embargo, en la línea del Privilegium trata de una pastoral global que profue rechazado en la carta de la Con- Paulinum, la potestad para esclarecer cura estar a la altura de las diversas gregación para la Doctrina de la Fe qué condiciones se deben cumplir situaciones. Es importante al respecde 1994. Desde luego, los fieles de- para que surja el matrimonio indiso- to señalar que además de la comuben examinar su conciencia en cada luble según las disposiciones de Je- nión sacramental existen otras forcelebración eucarística para ver si es sús. Reconociendo esto, la Iglesia ha mas de comunión con Dios. La posible recibir la sagrada comunión, establecido impedimentos matrimo- unión con Dios se alcanza cuando el a la que siempre se opone un peca- niales, reconocido causas para la nu- creyente se dirige a Él con fe, espedo grave no confesado. Los fieles lidad del matrimonio, y ha desarro- ranza y amor, en el arrepentimiento tienen el deber de formar su con- llado un detallado procedimiento. y la oración. Dios puede conceder ciencia y de orientarla a la verdad. Otra tendencia a favor de la admi- su cercanía y su salvación a las perPara esto, deben prestar obediencia sión de los divorciados vueltos a ca- sonas por diversos caminos, aun a la voz del Magisterio de la Iglesia sar a los sacramentos es la que invo- cuando se encuentran en una situaque ayuda «a no desviarse de la ver- ca el argumento de la misericordia. ción de vida contradictoria. Como dad sobre el bien del hombre, sino a Puesto que Jesús mismo se solidarizó ininterrumpidamente subrayan los alcanzar con seguridad, especialmen- con las personas que sufren, dándote en las cuestiones más difíciles, la les su amor misericordioso, la miseri- recientes documentos del Magisteverdad y a mantenerse en ella» cordia sería por lo tanto un signo es- rio, los pastores y las comunidades (Juan Pablo II, Encíclica Veritatis pecial del auténtico seguimiento de cristianas están llamados a acoger splendor, n. 64). Cristo. Esto es cierto, sin embargo, abierta y cordialmente a las personas Cuando los divorciados vueltos a no es suficiente como argumento que viven en situaciones irregulares, casar están en conciencia convenci- teológico-sacramental, puesto que to- a permanecer a su lado con empatía, dos de que su matrimonio anterior do el orden sacramental es obra de la procurando ayudarles, y dejándoles no era válido, tal hecho se deberá misericordia divina y no puede ser sentir el amor del Buen Pastor. Una comprobar objetivamente, a través de revocado invocando el mismo princi- pastoral fundada en la verdad y en la autoridad judicial competente en pio que lo sostiene. Además, median- el amor encontrará siempre y de materia matrimonial. El matrimonio te una invocación objetivamente falsa nuevo los caminos legítimos por reno es incumbencia exclusiva de los de la misericordia divina se corre el correr y formas más justas para accónyuges delante de Dios, sino que, peligro de banalizar la imagen de tuar.

número 43, viernes 25 de octubre de 2013

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La actividad de Cor Unum para afrontar la crisis humanitaria

El encuentro con los capellanes de las instituciones penitenciarias

En ayuda de los sirios
Setenta y dos millones de dólares destinados por las organizaciones humanitarias católicas para la crisis en Siria y en las regiones limítrofes; 55 entes activos en el terreno; 20 ciudades sirias socorridas gracias a las ayudas enviadas y 32 instituciones católicas involucradas hasta ahora; ayudas brindadas también a los refugiados presentes en Líbano, Jordania, Turquía, Irak, Chipre y Egipto. Son estos los datos recogidos a fecha del 9 de octubre gracias a la cartografía de las ayudas distribuidas en Siria, realizada después de la reunión de coordinación de los organismos caritativos católicos presentes en el escenario sirio, convocada por el Consejo pontificio «Cor Unum» el 4 y 5 de junio de 2013. Lo refiere el dicasterio en un comunicado, fechado el 21 de octubre, en el que se recuerda que la Iglesia católica, y las Iglesias locales presentes en el territorio, están comprometidas desde el inicio de la crisis, en 2011, en una obra constante de abastecimiento de ayudas humanitarias a la población golpeada por el drama de la guerra interna en Siria. El Papa Francisco ha seguido con particular cercanía y atención la evolución de la crisis y la obra de asistencia realizada por las agencias caritativas, que fueron recibidas en audiencia en el curso del encuentro organizado por el Consejo pontificio «Cor Unum». «Ayudar a la población siria, más allá de las pertenencias étnicas y religiosas —dijo en aquella ocasión el Papa—, es el modo más directo de ofrecer una contribución a la pacificación y a la edificación de una sociedad abierta a todos sus diversos componentes». Hasta ahora, la dificultad en la obtención de las informaciones relativas a las exigencias de la población afectada y también al desarrollo de la situación política y social, ha llevado a un cierto carácter esporádico de las ayudas enviadas y a la multiplicidad de las formas de apoyo a las instituciones presentes en el terreno. Por esto, el encuentro de junio fue ocasión para reunir a las agencias activas en el contexto de la crisis y decidir el nacimiento de una oficina de coordinación de las informaciones sobre las ayudas humanitarias destinadas por la Iglesia católica, con el objetivo de evitar la dispersión de los esfuerzos realizados y la falta de una aproximación homogénea. La actividad de gestión ha sido encomendada a Cáritas Oriente Medio – Norte de África, con sede en Beirut: ella tendrá la tarea de comprender y monitorizar la entidad de las ayudas recogidas, y de compartir las informaciones necesarias entre todas las instituciones involucradas, incluidas las no presentes en la reunión en «Cor Unum». Tal instrumento permitirá proporcionar a la Iglesia un marco completo de referencia relativo a la situación de la actividad humanitaria desarrollada y un análisis más puntual de las necesidades en el terreno; transferir a Cáritas Siria las informaciones necesarias sobre las obras caritativas en favor de la población siria; evidenciar la posición de relevancia de la Iglesia católica entre los agentes del sector humanitario en Siria; y compartir las informaciones en el interior del network de las organizaciones católicas involucradas, dentro y fuera del territorio de Siria.

Jesús en la cárcel
El Señor «no se queda fuera de las cárceles, sino que está dentro; también Él es un encarcelado, todavía hoy, prisionero de nuestros egoísmos, de nuestros sistemas, de muchas injusticias». Así se dirigió el Papa Francisco a los 150 capellanes de las cárceles italianas a quienes recibió en audiencia la mañana del miércoles 23 de octubre, en el Aula Pablo VI, antes del encuentro con los fieles en la plaza de San Pedro. El Pontífice, respondiendo al saludo del coordinador nacional de los capellanes, don Virgilio Balducchi, aseguró que aspirar a una justicia de reconciliación no es nutrir una utopía. Balducchi le había pedido, en efecto, que se hiciera intérprete de la petición que brota de cuantos acompañan a los detenidos en su itinerario de rehabilitación: esto es, poder contar con una «justicia reconciliadora». En el curso del encuentro los capellanes hicieron también entrega al Pontífice de una bolsa de viaje confeccionada a mano para él por las detenidas de la cárcel romana de Rebibbia. Queridos hermanos: Os doy las gracias, y desearía aprovechar este encuentro con vosotros, que trabajáis en las cárceles de toda Italia, para hacer llegar un saludo a todos los detenidos. Por favor, decidles que rezo por ellos, les tengo en el corazón, ruego al Señor y a la Virgen para que puedan superar positivamente este período difícil de sus vidas. Que no se desalienten, que no se cierren. Vosotros sabéis que un día todo va bien, pero otro día están abatidos, y esa oleada es difícil. El Señor está cercano, pero decid con los gestos, con las palabras, con el corazón que el Señor no se queda fuera, no se queda fuera de sus celdas, no se queda fuera de las cárceles, sino que está dentro, está allí. Podéis decir esto: el Señor está dentro con ellos; también Él es un encarcelado, todavía hoy, prisionero de nuestros egoísmos, de nuestros sistemas, de muchas injusticias, porque es fácil castigar a los más débiles, pero los peces grandes nadan libremente en las aguas. Ninguna celda está tan aislada como para excluir al Señor, ninguna; Él está allí,

Audiencia del Papa al presidente del Estado de Palestina

Decisiones valientes para la paz en Oriente Medio
El jueves 17 de octubre por la mañana el Santo Padre Francisco recibió en audiencia al señor Mahmoud Abbas, presidente del Estado de Palestina, quien sucesivamente mantuvo un encuentro con el arzobispo Dominique Mamberti, secretario para las Relaciones con los Estados. En el curso de los cordiales coloquios se habló de la situación en Oriente Medio y en particular de la reanudación de las negociaciones entre israelíes y palestinos, expresándose el deseo de que tal proceso produzca los frutos deseados para hallar una solución justa y duradera a un conflicto cuyo final se revela cada vez más necesario y urgente. Con tal objetivo se expresó el deseo de que las partes tomen con determinación decisiones valientes a favor de la paz con el apoyo de la Comunidad internacional. Grave preocupación, en cambio, suscita aún la situación en Siria, para la cual se desea que la lógica de la violencia sea sustituida lo antes posible por la del diálogo y la reconciliación. En lo relativo a las relaciones bilaterales, se manifestó satisfacción por los progresos realizados en la elaboración de un Acuerdo Global sobre algunos aspectos esenciales de la vida y la actividad de la Iglesia católica en Palestina. Se habló, finalmente, de la situación de las comunidades cristianas en los Territorios Palestinos y, más en general, en Oriente Medio, observando la contribución significativa que ellas ofrecen al bien común de la sociedad.

llora con ellos, trabaja con ellos, espera con ellos; su amor paterno y materno llega por todas partes. Ruego para que cada uno abra el corazón a este amor. Cuando yo recibía una carta de uno de ellos en Buenos Aires les visitaba, mientras que ahora cuando todavía me escriben los de Buenos Aires, alguna vez les llamo, especialmente el domingo, conversamos. Después, cuando acabo, pienso: ¿por qué él está allí y no yo que tengo tantos y más motivos para estar allí? Pensar en esto me hace bien: puesto que las debilidades que tenemos son las mismas, ¿por qué él ha caído y no he caído yo? Para mí esto es un misterio que me hace orar y me hace acercarme a los encarcelados. Y ruego también por vosotros, capellanes, por vuestro ministerio, que no es fácil, es muy arduo y muy importante, pues expresa una de las obras de misericordia; hace visible la presencia del Señor en la cárcel, en la celda. Vosotros sois signo de la cercanía de Cristo a estos hermanos que tienen necesidad de esperanza. Recientemente habéis hablado de una justicia de reconciliación, pero también de una justicia de esperanza, de puertas abiertas, de horizontes. Esta no es una utopía, se puede hacer. No es fácil, porque nuestras debilidades están por todas partes, también el diablo está por todas partes, las tentaciones están por todas partes, pero es necesario siempre intentarlo. Os deseo que el Señor esté siempre con vosotros, que os bendiga y que la Virgen os proteja; siempre en las manos de la Virgen, porque ella es la madre de todos vosotros y de todos ellos en la cárcel. Os deseo esto, ¡gracias! Y pidamos al Señor que os bendiga a vosotros y a vuestros amigos y amigas de las cárceles; pero antes roguemos a la Virgen que nos lleve siempre hacia Jesús: Ave María...

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COMUNICACIONES
Colegio episcopal
RENUNCIAS: El Papa ha aceptado la renuncia al gobierno pastoral del Ordinariato militar para Portugal que monseñor JANUÁRIO TORGAL MENDES FERREIRA, le había presentado en conformidad con el canon 401 § 1 del Código de derecho canónico. Januário Torgal Mendes Ferreira nació en Oporto (Portugal) el 26 de febrero de 1938. Recibió la ordenación sacerdotal el 15 de octubre de 1960. Juan Pablo II le nombró obispo titular de Gaudiaba y auxiliar del Ordinariato militar para Portugal el 22 de abril de 1989; recibió la ordenación episcopal el 15 de julio del mismo año. El Papa al separar la función del Ordinario militar de la del Patriarca de Lisboa, le nombró Ordinario militar para Portugal el 3 de mayo de 2001. El Papa ha aceptado la renuncia al gobierno pastoral de la diócesis de Houma-Thibodaux (Estados Unidos) que monseñor SAM GALIP JACOBS le había presentado en conformidad con el canon 401 § 1 del Código de derecho canónico. Sam Galip Jacobs nació en Greenwood, diócesis de Jackson, el 4 de marzo de 1938. Recibió la ordenación sacerdotal el 6 de junio de 1964. Juan Pablo II le nombró obispo de Alexandria el 1 de julio de 1989; recibió la ordenación episcopal el 24 de agosto sucesivo. El mismo Papa le trasladó a la diócesis de Houma-Thibodaux el 1 de agosto de 2003. El Papa ha aceptado la renuncia al gobierno pastoral de la diócesis de Lorena (Brasil) que monseñor BENEDITO BENI D OS SANTOS le había presentado en conformidad con el canon 401 § 1 del Código de derecho canónico. Benedito Beni dos Santos nació en Lagoinha, archidiócesis de Aparecida, el 15 de enero de 1937. Recibió la ordenación sacerdotal el 22 de diciembre de 1962. Juan Pablo II le nombró obispo titular de Nasai y auxiliar de São Paulo el 28 de noviembre de 2001; recibió la ordenación episcopal el 9 de febrero de 2002. Benedicto XVI le nombró obispo de Lorena el 26 de abril de 2006. El Papa ha aceptado la renuncia al gobierno pastoral de la diócesis de Metz (Francia) que monseñor PIERRE RAFFIN, O.P., le había presentado en conformidad con el canon 401 § 1 del Código de derecho canónico. Pierre Raffin, O.P., nació en Nancy el 13 de febrero de 1938. Recibió la ordenación sacerdotal el 5 de julio de 1964. Juan Pablo II le nombró obispo de Metz el 4 de agosto de 1987; recibió la ordenación episcopal el 11 de octubre del mismo año. El Papa ha aceptado la renuncia al gobierno pastoral de la diócesis de Altamura-Gravina-Acquaviva delle Fonti (Italia) que monseñor MARIO PACIELLO le había presentado en conformidad con el canon 401 § 1 del Código de derecho canónico. Mario Paciello nació en Barcellona Pozzo di Gotto, archidiócesis de Messina-Lípari-Santa Lucía del Mela, el 26 de octubre de 1937. Recibió la ordenación sacerdotal el 30 de junio de 1963. Juan Pablo II le nomSIGUE EN LA PÁGINA 13

Audiencias pontificias
EL SANTO PADRE
HA RECIBID O:

Jueves 17 de octubre —Al presidente del Estado de Palestina, Mahmoud Abbas (Abu Mazen), con el séquito. —Al cardenal Leonardo Sandri, prefecto de la Congregación para las Iglesias orientales. —Al cardenal Francisco Robles Ortega, arzobispo de Guadalajara (México).

—A monseñor Robert Zollitsch, arzobispo emérito de Friburgo en Brisgovia (República federal de Alemania). Viernes, día 18 —A presidente de la República de Camerún, Paul Biya, con su esposa y el séquito. —A monseñor Ramiro Moliner Inglés, arzobispo titular de Sarda, nuncio apostólico en Albania. —A monseñor Ernesto Vecchi, obispo titular de Lamellefa, administrador apostólico de Terni-NarniAmelia (Italia). —A monseñor Javier Echevarría Rodríguez, obispo titular de Cilibia, prelado del Opus Dei. Sábado, día 19 —Al cardenal Marc Ouellet, P.S.S., prefecto de la Congregación para los obispos. —Al cardenal Fernando Filoni, prefecto de la Congregación para la evangelización de los pueblos. —Al presidente del Banco central europeo, doctor Mario Draghi, con su familia. Lunes, día 21 —Al nuevo embajador de Estados Unidos ante la Santa Sede, Kenneth F. Hackett, con ocasión de la presentación de las cartas credenciales. —Al cardenal Joachim Meisner, arzobispo de Colonia (República federal de Alemania). —A monseñor Franz-Peter Tebartz-van Elst, obispo de Limburg (República federal de Alemania). —A monseñor Juan Ignacio González Errázuriz, obispo de San Bernardo (Chile). Jueves, día 24 —A su alteza real el príncipe Guillermo, gran duque heredero del Gran Ducado de Luxemburgo, con la princesa Stéphanie y el séquito. —Monseñor Paul R. Gallagher, arzobispo titular de Hodelm, nuncio apostólico en Australia. —Monseñor Giuseppe Pinto, arzobispo titular de Anglona, nuncio apostólico en Filipinas. —Monseñor José Horacio Gómez, arzobispo de Los Ángeles (Estados Unidos). —Monseñor Camillo Ballin, obispo titular de Arna, vicario apostólico de Arabia del Norte; monseñor Paul Hinder, O.F .M.CAP., obispo titular de Macon, vicario apostólico de Arabia del Sur; y el padre Aldo Berardi, O.SS.T., vicario episcopal para Arabia Saudí.
M.C.C.J.,

Estado de la Ciudad del Vaticano
El Santo Padre ha nombrado promotor de justicia del Tribunal del Estado de la Ciudad del Vaticano al abogado GIAN PIERO MILANO, hasta ahora promotor de justicia adjunto en dicho tribunal.

Santa Sede
El Papa ha nombrado jefe de oficina en la Limosnería apostólica a monseñor DIEGO GIOVANNI RAVELLI, del clero de la diócesis de Velletri-Segni, oficial de dicha Limosnería apostólica.

Erección de diócesis
El Santo Padre ha elevado a la categoría de diócesis la prelatura territorial de COARI (Brasil).

Nombramientos pontificios
El Santo Padre ha nombrado miembro ordinario de la Academia pontificia de ciencias sociales al profesor VITTORIO HÖSLE, director del Notre Dame Institute for Advanced Study de la Universidad de Notre Dame (Estados Unidos). Vittorio Hösle, de nacionalidad alemana, nació el 25 de junio de 1960 en Milán (Italia). Se doctoró en filosofía en la Universidad de Tubinga en 1982 y, tras recibir la habilitación para la libre docencia en 1986, ha enseñado en la New School for Social Research de Nueva York, en la Universidad de Essen y en el Forschungsinstitut fur Philosophie Hannover. Desde 1999 es el Paul Kimball Professor of Arts and Letters en la Universidad de Notre Dame donde enseña literatura alemana, filosofía y ciencias políticas. Es el fundador del Notre Dame Institute for Advanced Study El Papa ha nombrado miembro ordinario de la Academia pontificia de ciencias a la profesora ERNA MÖLLER, docente de inmunología en el Karolinska Institutet de Estocolmo (Suecia). Erna Möller nació en Estocolmo en 1940. Se doctoró en medicina en el Karolinska Institutet en 1966. Es docente ordinaria desde 1987. Fue elegida miembro de la Asamblea de los premios Nobel, y presidenta en 2007. Sus estudios tratan sobre los problemas inmunológicos que surgen durante un trasplante de órganos entre seres humanos, tema que ha estudiado desde varios puntos de vista, como el fenómeno del rechazo y las muchas cuestiones éticas. Sus trabajos, junto a los de sus numerosos colegas más jóvenes, han contribuido a una mayor seguridad en los trasplantes clínicos de órganos como los riñones, pero también los trasplantes de células madre empleadas en el tratamiento de la leucemia. Sus estudios científicos han llevado además a la comprensión de una serie de genes que controlan las reacciones inmunológicas, no sólo en los trasplantes, sino también en la regulación de las reacciones inmunitarias. Además es miembro de la Real academia de ciencias en Suecia y de la Real academia de ciencias de ingeniería. Su interés por las cuestiones éticas en el campo médico está en la base de su compromiso con la fundación Saint Katharina, que preside desde 2008. Ha sido también miembro del Consejo de administración de empresas farmacéuticas y administradora delegada y miembro del Consejo de administración de la fundación Knut e Alice Wallenberg.

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bró obispo de la diócesis de Cerreto Sannita-Telese-Sant’Agata de’ Goti el 20 de julio de 1991; recibió la ordenación episcopal el 29 de septiembre del mismo año. El Papa le trasladó a la sede de Altamura-GravinaAcquaviva delle Fonti el 6 de agosto de 1997. El Papa ha aceptado la renuncia al gobierno pastoral de la diócesis de Wewak (Papúa Nueva Guinea) que monseñor ANTHONY JOSEPH BURGESS le había presentado en conformidad con el canon 401 § 1 del Código de derecho canónico. Anthony Joseph Burgess nació en Singleton, diócesis de MaitlandNewcastle (Australia), el 29 de julio de 1938. Recibió la ordenación sacerdotal el 23 de julio de 1967. Juan Pablo II le nombró obispo coadjutor de Wewak el 10 de mayo de 2000; recibió la ordenación episcopal el 27 de septiembre del mismo año. Pasó a ser obispo de dicha diócesis el 14 de agosto de 2002. El Papa ha aceptado la renuncia al gobierno pastoral de la diócesis de Waterford and Lismore (Irlanda) que monseñor WILLIAM LEE le había presentado en conformidad con el canon 401 § 2 del Código de derecho canónico.

William Lee nació en Newport, archidiócesis de Cashel, el 2 de diciembre de 1941. Recibió la ordenación sacerdotal el 19 de junio de 1966. Juan Pablo II le nombró obispo de Waterford and Lismore el 27 de mayo de 1993; recibió la ordenación episcopal el 25 de julio del mismo año. El Papa ha aceptado la renuncia a la función de auxiliar de la diócesis de Green Bay (Estados Unidos) que monseñor ROBERT FEALEY MORNEAU, obispo titular de Massa Lubrense, le había presentado en conformidad con los cánones 411 y 401 § 1 del Código de derecho canónico. Robert Fealey Morneau nació en New London, diócesis de Green Bay, el 10 de septiembre de 1938. Recibió la ordenación sacerdotal el 28 de mayo de 1966. Juan Pablo II le nombró obispo titular de Massa Lubrense y auxiliar de Green Bay el 11 de diciembre de 1978; recibió la ordenación episcopal el 22 de febrero de 1979. El Papa ha aceptado la renuncia al gobierno pastoral de la abadía territorial de Maria Einsiedeln (Suiza) que el abad dom MARTIN WERLEN, O.S.B., le había presentado en conformidad con el plazo preestablecido de su mandato.

Martin Werlen, O.S.B., nació en Brig, diócesis de Sion, el 28 de marzo de 1962. Recibió la ordenación sacerdotal el 25 de junio de 1988. Juan Pablo II le nombró abad ordinario de la abadía territorial de Maria Einsiedeln el 21 de noviembre de 2001. EL PAPA
HA NOMBRAD O:

—Arzobispo de Besançon (Francia) a monseñor JEAN-LUC BOUILLERET, hasta ahora obispo de Amiens. Jean-Luc Bouilleret nació en Arbois, diócesis de Saint-Claude, el 28 de octubre de 1953. Recibió la ordenación sacerdotal el 28 de junio de 1981. Juan Pablo II le nombró obispo de Amiens el 10 de marzo de 2003; recibió la ordenación episcopal el 11 de mayo sucesivo. —Arzobispo coadjutor de Ho Chi Minh Ville (Vietnam) a monseñor PAUL BÙI VĂN ĐO C, hasta ahora obispo de My Tho; y le nombró administrador apostólico «sede vacante et ad nutum Sanctae Sedis» de la diócesis de My Tho. Paul Bùi Văn Đoc nació en Ðà Lat el 11 de noviembre de 1944. Recibió la ordenación sacerdotal el 17 de diciembre de 1970. Juan Pablo II le nombró obispo de la diócesis de My Tho el 26 de marzo de 1999; recibió la ordenación episcopal el 20 de mayo del mismo año. —Arzobispo Ordinario militar para Italia a monseñor SANTO MARCIANÒ, hasta ahora arzobispo de Rossano-Cariati. Santo Marcianò nació en Reggio Calabria el 10 de abril de 1960. Recibió la ordenación sacerdotal el 9 de abril de 1988. Benedicto XVI le nombró arzobispo de Rossano-Cariati el 6 de mayo de 2006; recibió la ordenación episcopal el 21 de junio del mismo año. —Obispo Ordinario militar para Portugal a monseñor MANUEL DA SILVA RODRIGUES LINDA, hasta ahora obispo titular de Case mediane y auxiliar de Braga. Manuel da Silva Rodrigues Linda nació en Paus, diócesis de Lamego, el 15 de abril de 1956. Recibió la ordenación sacerdotal el 10 de junio de 1981. Benedicto XVI le nombró obispo titular de Case mediane y auxiliar de Braga el 27 de junio de 2009; recibió la ordenación episcopal el 20 de septiembre sucesivo. —Obispo de Houma-Thibodaux (Estados Unidos) a monseñor SHELTON JOSEPH FABRE, hasta ahora obispo titular de Pudenziana y auxiliar de Nueva Orleans. Shelton Joseph Fabre nació en New Roads, diócesis de Baton Rouge, el 25 de octubre de 1963. Recibió la ordenación sacerdotal el 5 de agosto de 1989. Benedicto XVI le nombró obispo titular de Pudenziana y auxiliar de la archidiócesis de Nueva Orleans el 13 de diciembre de 2006; recibió la ordenación episcopal el 28 de febrero de 2007. —Obispo de Lorena (Brasil) al padre JOÃO INÁCIO MÜLLER, O.F.M. João Inácio Müller, O.F.M., nació en Santa Clara do Sul, diócesis de Santa Cruz do Sul, el 15 de junio de

1960. Ingresó en la Orden de Frailes Menores, donde recibió la ordenación sacerdotal el 3 de diciembre de 1988. Se licenció en teología espiritual en la Pontificia Universidad «Antonianum» de Roma. Ha desempeñado, entre otros, los siguientes cargos: promotor vocacional, secretario de pastoral, miembro de la secretaría vocacional y del consejo de formación; guardián y maestro de novicios; vicario de la fraternidad y vicario parroquial. En el último período era ministro provincial en Porto Alegre. —Obispo de Metz (Francia) a monseñor JEAN-CHRISTOPHE LAGLEIZE, hasta ahora obispo de Valence. Jean-Christophe Lagleize nació en Soisy-sous-Montmorency, diócesis de Pontoise, el 7 de noviembre de 1954. Recibió la ordenación sacerdotal el 28 de junio de 1981. Juan Pablo II le nombró obispo de la diócesis de Valence el 11 de diciembre de 2001; recibió la ordenación episcopal el 23 de febrero de 2002. —Obispo de Altamura-Gravina-Acquaviva delle Fonti (Italia) a monseñor GIOVANNI RICCHIUTI, hasta ahora arzobispo de Acerenza. Giovanni Ricchiuti nació en Bisceglie el 1 de agosto de 1948. Recibió la ordenación sacerdotal el 9 de septiembre de 1972. Benedicto XVI le nombró arzobispo de Acerenza el 27 de julio de 2005; recibió la ordenación episcopal el 8 de octubre del mismo año. —Obispo de la nueva diócesis de Coari (Brasil) a monseñor MAREK MARIAN PIĄTEK, C.SS.R., hasta ahora obispo prelado de la misma sede. Marek Marian Piątek, C.SS.R., nació en Tuchów, diócesis de Tarnów (Polonia), el 10 de octubre de 1954. Recibió la ordenación sacerdotal el 5 de junio de 1980. Benedicto XVI le nombró obispo de la prelatura de Coari el 15 de junio de 2011; recibió la ordenación episcopal el 12 de agosto del mismo año. —Administrador apostólico «sede vacante et ad nutum Sanctae Sedis» de la diócesis de Wewak (Papúa Nueva Guinea) a monseñor STEPHEN JOSEPH REICHERT, O.F .M.CAP., arzobispo de Madang. Stephen Joseph Reichert, O.F.M. nació en Leoville, diócesis de Salina (Estados Unidos), el 14 de mayo de 1943. Recibió la ordenación sacerdotal el 27 de septiembre de 1969. Juan Pablo II le nombró obispo de la diócesis de Mendi el 3 de febrero de 1995; recibió la ordenación episcopal el 7 de mayo del mismo año. Benedicto XVI le promovió a arzobispo de Madang el 30 de noviembre de 2010.
CAP .,

Lutos en el episcopado
—Monseñor SILVANO MONTEVECCHI, obispo de Ascoli Piceno (Italia), falleció el 27 de septiembre. Había nacido en Villa San Giorgio in Vezzano di Brisighella, diócesis de Faenza-Modigliana, el 31 de marzo de 1938. Era sacerdote desde el 16 de junio de 1962. Juan Pablo II le nombró obispo de Ascoli Piceno el 30 de agosto de 1997; recibió la ordenación episcopal el 4 de octubre del mismo año. —Monseñor ERNST GUTTING, obispo titular de Sufar, auxiliar emérito de Espira (Alemania), falleció el 27 de septiembre. Había nacido en Ludwigshafen, diócesis de Espira, el 30 de enero de 1919. Era sacerdote desde el 3 de julio de 1949. Pablo VI le nombró obispo titular de Sufar y auxiliar de Espira el 31 de mayo de 1971; recibió la ordenación episcopal el 12 de septiembre del mismo año. Juan Pablo II aceptó su renuncia a la función de auxiliar de Espira el 25 de febrero de 1994. —Monseñor MAXIMIANO T. CRUZ, obispo emérito de Calbayog (Filipinas), falleció el 9 de octubre. Había nacido en Catbalogan, diócesis de Calbayog, el 4 de abril de 1923. Era sacerdote desde el 30 de noviembre de 1947. Juan Pablo II le nombró obispo titular de Tanudaia y auxiliar de Calbayog el 10 de noviembre de 1987. Recibió la ordenación episcopal el 1 de diciembre sucesivo. El Santo Padre lo nombró obispo de Calbayog el 20 de diciembre de 1994 y aceptó su renucnia al gobierno pastoral de dicha sede el 13 de enero de 1999. —Monseñor GEORG WEINHOLD, obispo titular de Idicra, auxiliar emérito de Dresden-Meissen (Alemania), falleció el 10 de octubre. Había nacido en Zittau, diócesis de Dresden-Meissen, el 28 de noviembre de 1934. Era sacerdote desde el 19 de diciembre de 1959. Pablo VI le nombró obispo titular de Idicra y auxiliar de Dresden-Meissen el 4 de julio de 1973; recibió la ordenación episcopal el 8 de septiembre sucesivo. Benedicto XVI aceptó su renuncia a la función de auxiliar de dicha diócesis el 22 de agosto de 2008. —Monseñor EUGÈNE LECROSNIER, obispo emérito de Belfort-Montbéliard (Francia), falleció el 15 de octubre. Había nacido en Maupertuis, diócesis de Coutances, el 20 de abril de 1923. Era sacerdote desde el 20 de diciembre de 1947. Pablo VI le nombró obispo titular de San Leone y auxiliar de Chambéry el 21 de abril de 1969; recibió la ordenación episcopal el 21 de junio sucesivo. Juan Pablo II le nombró obispo de Belfort-Montbéliard el 3 de noviembre de 1979. El mismo Papa aceptó su renuncia al gobierno pastoral de Belfort-Montbéliard el 1 de marzo de 2000. —Monseñor BERNARD O FILIPE GOVERNO, O.F .M.CAP., obispo emérito de Quelimane (Mozambique), falleció el 20 de octubre. Había nacido en Macuse, diócesis de Quelimane, el 21 de enero de 1939. Era sacerdote desde el 4 de octubre de 1969. Pablo VI le nombró obispo de Quelimane el 31 de mayo de 1976; recibió la ordenación episcopal el 10 de octubre sucesivo. Benedicto XVI aceptó su renuncia al gobierno pastoral de dicha sede el 10 de marzo de 2007.

El Santo Padre ha trasladado a la función de obispo auxiliar de San Salvador de Bahía (Brasil), asignándole la sede titular de Albule, a monseñor MARCO EUGÊNIO GALRÃO LEITE DE ALMEIDA, hasta ahora obispo de Estância. Marco Eugênio Galrão Leite de Almeida nació en Aracaju el 30 de enero de 1959. Recibió la ordenación sacerdotal el 10 de diciembre de 1989. Juan Pablo II le nombró obispo Estância el 30 de abril de 2003; recibió la ordenación episcopal el 16 de julio del mismo año.

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L’OSSERVATORE ROMANO

viernes 25 de octubre de 2013, número 43

Misa con el Pontífice en Santa Marta
El ocaso del apóstol
Una peregrinación singular es la que indicó el Papa Francisco durante la misa celebrada el viernes 18 de octubre por la mañana en Santa Marta. Es la visita a las residencias donde se hospedan sacerdotes y religiosas ya ancianos. Se trata de auténticos «santuarios de apostolicidad y de santidad —dijo el Obispo de Roma— que tenemos en la Iglesia», por lo tanto adonde vale la pena ir como «en peregrinación». Esta indicación fue el punto de llegada de una reflexión que partió de la comparación entre las lecturas de la liturgia del día: el pasaje del Evangelio de Lucas (10, 1-9) —en el que se relata «el inicio de la vida apostólica», cuando los discípulos fueron llamados y eran «jóvenes, fuertes y alegres»— y el pasaje de la segunda carta de san Pablo a Timoteo (4, 10-17) en el que el apóstol, ya cercano al «ocaso de su existencia», profundiza sobre el «final de la vida apostólica». De esta comparación se entiende —explicó el Papa— que todo «apóstol tiene un inicio alegre, entusiasta, con Dios dentro; pero no se le ahorra el ocaso». Y —confió— «a mí me hace bien pensar en el ocaso del apóstol». Por lo tanto dirigió el pensamiento a «tres imágenes»: Moisés, Juan el Bautista y Pablo. Moisés es «ese jefe del pueblo de Dios, valiente, que luchaba contra los enemigos y luchaba también con Dios para salvar al pueblo. Es fuerte, pero al final se encuentra solo en el monte Nebo mirando la tierra prometida», en la que en cambio no puede entrar. En cuanto a Juan Bautista, tampoco a él «en los últimos tiempos se le ahorran angustias». Se pregunta si se ha equivocado, si ha tomado el verdadero camino, y a sus amigos les pide que vayan a preguntar a Jesús: «¿Eres tú o debemos esperar todavía?». Está atormentado por la angustia; hasta el punto de que «el hombre más grande nacido de mujer», como le definió Cristo mismo, acaba «bajo el poder de un gobernante débil, ebrio y corrupto, sometido al poder de la envidia de una adúltera y del capricho de una bailarina». Finalmente está Pablo, quien confía a Timoteo toda su amargura. Para describir su sufrimiento, el Obispo de Roma usó la expresión: «no está en el séptimo cielo». Y propuso las palabras del apóstol: «Hijo mío, Demas me ha abandonado, enamorado de este mundo presente; Crescente se marchó a Galacia; Tito a Dalmacia; Lucas es el único que está conmigo. Toma a Marcos y tráelo contigo, pues me es útil para el ministerio. El manto que dejé, tráelo cuando vengas, y también los libros y los pergaminos. Alejandro, el herrero, se ha portado muy mal conmigo. Guárdate de él también tú, porque se opuso vehementemente a nuestras palabras». El Papa prosiguió recordando el relato que Pablo hace del proceso: «En mi primera defensa, nadie estuvo a mi lado, sino que todos me abandonaron. Mas el Señor estuvo a mi lado y me dio fuerzas para que, a través de mí, se proclamara plenamente el mensaje». Una imagen que, según el Pontífice, contiene en sí el «ocaso» de todo apóstol: «solo, abandonado, traicionado»; asistido sólo por el Señor que «no abandona, no traiciona», porque «Él es fiel, no puede renegar de sí mismo». La grandeza del apóstol —subrayó el Papa— está por lo tanto en hacer con la vida lo que Juan el Bautista decía: «es necesario que Él crezca y yo disminuya». En efecto, el apóstol es aquél «que da la vida para que el Señor crezca. Y al final está el ocaso». Fue así también para Pedro —observó el Papa Francisco—, a quien Jesús predijo: «Cuando seas viejo, te llevarán adonde tú no quieres ir». La meditación sobre las fases finales de la vida de estos personajes sugirió así al Santo Padre «el recuerdo de esos santuarios de apostolicidad y de santidad que son las residencias de los sacerdotes y de las religiosas». Estructuras que acogen —añadió— «a buenos sacerdotes y buenas religiosas, envejecidos, con el peso de la soledad, que esperan que venga el Señor a llamar a la puerta de sus corazones». Lamentablemente —comentó el Papa— tendemos a olvidar estos santuarios: «no son sitios bebién con una cierta paz, con el rostro alegre». Precisamente por esto hace «bien a todos pensar en esta etapa de la vida que es el ocaso del apóstol» Y, concluyendo, pidió rogar al Señor que custodie a los sacerdotes y a las religiosas que se hallan en la fase final de su existencia, a fin de que puedan repetir al menos otra vez: «sí, Señor, quiero seguirte». ner cada vez más que «lleva a la idolatría» del dinero y acaba con destruir «la relación con los demás». Porque la codicia hace enfermar al hombre, conduciéndole al interior de un círculo vicioso en el que cada pensamiento está «en función del dinero». Por lo demás, la característica más peligrosa de la codicia es precisamente la de ser «un instrumento de idolatría; porque va por el camino contrario» del trazado por Dios para los hombres. Y al respecto el Santo Padre citó a san Pablo, quien recuerda «que Jesucristo, que era rico, se hizo pobre para enriquecernos a nosotros». Así que hay un «camino de Dios», el «de la humildad, abajarse para servir», y un recorrido que va en la dirección opuesta, adonde conduce la codicia y la idolatría: «Tú que eres un pobre hombre, te haces dios por la vanidad». Por este motivo —añadió el Pontífice— «Jesús dice cosas tan duras y fuertes contra el apego al dinero»: por ejemplo, cuando recuerda «que no se puede servir a dos señores: o a Dios o al dinero»; o cuando exhorta «a no preocuparnos, porque el Señor sabe de qué tenemos necesidad»; o también cuando «nos lleva al abandono confiado hacia el Padre, que hace florecer los lirios del campo y da de comer a los pájaros del cielo». La actitud en clara antítesis a esta confianza en la misericordia divina es precisamente la del protagonista de la parábola evangélica, quien no conseguía pensar en otra cosa más que en la abundancia del trigo recogido en los campos y en los bienes acumulados. Interrogándose sobre qué hacer con ello —explicó el Papa Francisco—, «podía decir: daré esto a otro para ayudarle». En cambio «la codicia le llevó a decir: construiré otros graneros y los llenaré. Cada vez más». Un comportamiento que, según el Papa, cela la ambición de alcanzar una especie de divinidad, «casi una divinidad idolátrica», como testimonian los pensamientos mismos del hombre: «Alma mía, tienes bienes almacenados para muchos años; descansa, come, bebe, banquetea alegremente». Pero es precisamente entonces cuando Dios le reconduce a su realidad de criatura, poniéndole en guardia con la frase: «Necio, esta noche te van a reclamar el alma». Porque —observó el Obispo de Roma— «este camino contrario al camino de Dios es una necedad, lleva lejos de la vida. Destruye toda fraternidad humana». Mientras que el Señor nos muestra el verdadero camino. Que «no es el camino de la pobreza por la pobreza»; al contrario, «es el camino de la pobreza como instrumento, para que Dios sea Dios, para que Él sea el único Señor, no el ídolo de oro». En efecto, «todos los bienes que tenemos, el Señor nos los da para hacer marchar adelante el mundo, para que vaya adelante la humanidad, para ayudar a los demás». De ahí el deseo de que «permanezca hoy en nuestro corazón la palabra del Señor», con su invitación a mantenerse lejos de la codicia, porque, «aunque uno esté en la abundancia, su vida no depende de lo que posee».

El dinero sirve pero la codicia mata
El dinero sirve para realizar muchas obras buenas, para hacer progresar a la humanidad, pero cuando se transforma en la única razón de vida, destruye al hombre y sus vínculos con el mundo exterior. Es ésta la enseñanza que el Papa Francisco sacó del pasaje litúrgico del Evangelio de Lucas (12, 13-21) durante la misa celebrada el lunes 21 de octubre. Al inicio de su homilía el Santo Padre recordó la figura del hombre que pide a Jesús que intime a su propio hermano para que reparta con él la herencia. Para el Pontífice,

llos, porque uno ve qué nos espera». Pero al contrario, «si miramos más en lo profundo, son bellísimos», por la riqueza de humanidad que hay dentro. Visitarles, por lo tanto, significa hacer «verdaderas peregrinaciones hacia estos santuarios de santidad y de apostolicidad», en la misma medida de las peregrinaciones que se hacen a los santuarios marianos o a aquellos dedicados a los santos. «Pero me pregunto —añadió el Papa—, ¿nosotros, cristianos, tenemos deseo de hacer una visita —¡que será una verdadera peregrinación!— a estos santuarios de santidad y de apostolicidad que son las residencias de los sacerdotes y de las religiosas? Uno de vosotros me decía, hace días, que cuando iba a un país de misión, acudía al cementerio y veía todas las tumbas de los ancianos misioneros, sacerdotes y religiosas, allí desde hace 50, 100, 200 años, desconocidos. Y me decía: “Pero todos estos pueden ser canonizados, porque al final cuenta sólo esta santidad cotidiana, esta santidad de todos los días”». En las residencias «estas religiosas y estos sacerdotes —dijo el Papa— esperan al Señor un poco como Pablo: un poco tristes, realmente, pero tam-

de hecho, el Señor nos habla a través de este personaje «de nuestra relación con las riquezas y con el dinero». Un tema que no es sólo de hace dos mil años, sino que se representa todavía hoy, todos los días. «Cuántas familias destruidas —comentó— hemos visto por problemas de dinero: ¡hermano contra hermano; padre contra hijos!». Porque la primera consecuencia del apego al dinero es la destrucción del individuo y de quien le está cerca. «Cuando una persona está apegada al dinero —explicó el Obispo de Roma— se destruye a sí misma, destruye a la familia». Cierto, el dinero no hay que demonizarlo en sentido absoluto. «El dinero —precisó el Papa Francisco— sirve para llevar adelante muchas cosas buenas, muchos trabajos, para desarrollar la humanidad». Lo que hay que condenar, en cambio, es su uso distorsionado. Al respecto el Pontífice repitió las mismas palabras pronunciadas por Jesús en la parábola del «hombre rico» contenida en el Evangelio: «El que atesora para sí, no es rico ante Dios». De aquí la advertencia: «Guardaos de toda clase de codicia». Es ésta en efecto «la que hace daño en relación con el dinero»; es la tensión constante a te-

número 43, viernes 25 de octubre de 2013

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Inteligencia, corazón, contemplación
Dios no nos ha salvado por decreto o por ley; nos ha salvado con su vida. Este es un misterio para cuya comprensión la inteligencia sola no basta; es más, intentar explicarlo sólo con el uso de la inteligencia significa arriesgarse a la locura. Para entenderlo —explicó el Papa Francisco en la homilía de la misa celebrada el 22 de octubre— se necesita otra cosa. Naturalmente se trata de algo que no es fácil aferrar ni explicar. «El pasaje de la carta a los Romanos que hemos escuchado en la primera lectura —dijo el Pontífice citando algunos versículos del capítulo 5 de la epístola (12.15.17-19.20-21)— no sé si es uno de los más difíciles. Se ve que al pobre Pablo le cuesta proclamar esto, hacerlo entender». Con todo, él nos ayuda a acercarnos a la verdad. Y al respecto, el Santo Padre indicó tres palabras que pueden facilitar nuestra comprensión: contemplación, cercanía y abundancia. Ante todo la contemplación. Indudablemente —observó el Papa— se trata de un misterio extraordinario, tanto que «la Iglesia, cuando quiere decirnos algo sobre este misterio, usa sólo una palabra: admirablemente. Dice: Oh Dios, tú que admirablemente has creado el mundo y más admirablemente lo has recreado...». Pablo quiere hacernos entender precisamente esto: para comprender es necesario ponerse de rodillas, orar y contemplar. «La contemplación es inteligencia, corazón, rodilla, oración»; y poner todo esto junto —precisó el Obispo de Roma— significa entrar en el misterio. Por lo tanto, lo que san Pablo dice a propósito de la salvación y de la redención obrada por Jesús «se entiende sólo de rodillas, en la contemplación; no únicamente con la inteligencia», porque «cuando la inteligencia quiere explicar un misterio enloquece siempre. Así ha sucedido en la historia de la Iglesia». La segunda palabra a la que aludió el Papa es «cercanía». Un concepto —notó— que en el pasaje se repite a menudo: «Un hombre ha cometido el pecado, otro hombre nos ha salvado. Es el Dios cercano. Este misterio nos muestra a Dios cercano a nosotros, a nuestra historia; desde el primer momento, cuando eligió a nuestro padre Abrahán, ha caminado con su pueblo, y ha enviado a su hijo a realizar esta obra». Una obra que Jesús realiza como un artesano, como un obrero. «A mí —confió el Pontífice— la imagen que me viene a la mente es la del enfermero o la enfermera, que en un hospital cura las heridas una a una, pero con sus manos. Dios se mezcla en nuestras miserias, se acerca a nuestras heridas y las cura con sus manos; y para tener manos se hizo hombre. Es un trabajo de Jesús, per-

sonal: un hombre cometió el pecado, un hombre viene a curarle». Porque «Dios no nos salva sólo mediante un decreto, con una ley; nos salva con ternura, nos salva con caricias, nos salva con su vida por nosotros». La tercera palabra es «abundancia». En la carta de Pablo se repite varias veces: «Pero donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia». Que el pecado abunde en el mundo y dentro del corazón de cada uno, es evidente: «Cada uno de nosotros sabe sus miserias, las conoce bien. Y abundan. Pero el desafío de Dios es vencer el pecado, curar las heridas como hizo con Jesús». Más aún: «Hacer el regalo sobreabundante de su amor y de su gracia». Así se entiende también la «preferencia de Jesús por los pecadores. Le acusaban de ir siempre con los publicanos, con los pecadores. Ir a comer con los publicanos era un escándalo, porque en el corazón de esta gente abundaba el pecado. Pero Él iba donde ellos con aquella sobreabundancia de gracia y de amor». Y la gracia de Dios —explicó el Papa— «vence siempre porque es Él mismo quien se dona, quien se acerca, quien nos acaricia, quien nos cura». Cierto —subrayó el Pontífice—, hay alguno a quien no le gusta oír decir que los pecadores son más cercanos al corazón de Jesús, que «Él va a buscarles, llama a todos: venid, venid... Y cuando le piden una explicación, Él dice: pero los que tienen buena salud no necesitan del médico; yo he venido para curar, para salvar en abundancia». Algunos santos —recordó el Santo Padre en conclusión— «dicen que uno de los pecados más feos es la desconfianza, desconfiar de Dios. ¿Pero cómo podemos desconfiar de un Dios tan cercano, tan bueno, que prefiere nuestro corazón pecador? Y así es este misterio: no es fácil entenderlo, no se comprende bien, no se puede entender sólo con la inteligencia. Tal vez nos ayudarán estas tres palabras: contemplación, contemplar este misterio; cercanía, este misterio escondido en los siglos del Dios cercano, que se acerca a nosotros; y abundancia, un Dios que siempre vence con la sobreabundancia de su gracia, con su ternura, o —como hemos leído en la oración colecta— con su riqueza de misericordia».

La lógica del antes y del después
Hay que entrar en la «lógica del antes y del después» para no convertirse en «cristianos tibios» o «al agua de rosas», si no incluso hipócritas. Con esta eficaz expresión el Papa Francisco, durante la misa celebrada el jueves 24 de octubre por la mañana en la capilla de Santa Marta, relanzó la actitud con la que los cris-

tianos deben acercarse al misterio de la salvación obrada por Jesús. La referencia inicial fue a la carta a los Romanos (6, 19-23), en la que san Pablo «busca hacernos entender ese misterio tan grande de nuestra redención, de nuestro perdón, del perdón de nuestros pecados en Cristo Jesús». El apóstol advierte que no es fácil entender y sentir este misterio. Para ayudarnos a comprenderlo usa la que el Pontífice definió como «la lógica del antes y del después: antes de Jesús y después de Jesús», así como se resume en el canto al Evangelio de la liturgia del día (Filipenses 3, 8): «Lo perdí todo, y todo lo considero basura con tal de ganar a Cristo y ser hallado en Él». Para san Pablo, por lo tanto, cuenta sólo Cristo. Él —afirmó el Papa— «sentía muy fuerte esto: la fe que nos hace justos, nos justifica ante el Padre». Pablo abandonó al hombre «de antes». Y se ha convertido en el hombre «de después» cuyo objetivo es «ganar a Cristo». Prosiguiendo en el comentario de la carta, el Santo Padre observó cómo el apóstol indica «un camino para vivir según esta lógica del antes y del después». Un camino descrito en las palabras: «Lo mismo que antes ofrecisteis vuestros miembros a la impureza y a la maldad, para que obrasen la maldad, ofreced ahora vuestros miembros a la justicia, para vuestra santificación». «Lo que ha hecho Cristo en nosotros —prosiguió el Papa— es una recreación; la sangre de Cristo nos ha re-creado; es una segunda creación. Y si antes toda nuestra vida, nuestro cuerpo, nuestra alma, nuestras costumbres estaban en el camino del pecado, de la iniquidad, después de esta re-creación debemos hacer el esfuerzo de caminar por el camino de la justicia, de la santificación. Pablo utiliza esta palabra: la santidad. Todos nosotros hemos sido bautizados. En aquel momento —éramos niños— nuestros padres, en nuestro nombre, pronunciaron el acto de fe: creo en Jesucristo que nos ha perdonado los pecados». Esta fe «debemos re-asumirla nosotros —exhortó el Pontífice— y llevarla adelante con nuestro modo de vivir. Y vivir como cristiano es llevar adelante esta fe en Cristo, esta recreación. Llevar adelante las obras que nacen de esta fe. Lo importante es la fe, pero las obras son el fruto de esta fe: llevad adelante estas obras para la santificación. Esto es: la primera santificación que ha hecho Cristo, la primera santificación que hemos recibido en el bautismo, debe crecer, debe ir adelante». En realidad —admitió el Santo Padre— «nosotros somos débiles y muchas veces cometemos pecados». ¿Esto significa que no estamos en el camino de la santificación? «Sí y no», respondió el Papa Francisco. Y explicó: «Si tú te acostumbras a una

vida un poco así y dices: “Creo en Jesucristo, pero vivo como quiero”», entonces «esto no te santifica, no funciona, es un contrasentido». Pero «si tú dices: “Yo sí, soy pecador; yo soy débil”», y «vas siempre al Señor y dices: “Señor, tú tienes la fuerza, dame la fe; tú puedes curarme”» a través del sacramento de la reconciliación, entonces «también nuestras imperfecciones se introducen en este camino de santificación». Por lo tanto está siempre este antes y después: «Antes, el acto de fe. Antes de la aceptación de Jesucristo que nos ha re-creado con su sangre estábamos en el camino de la injusticia; después, estamos en el camino de la santificación, pero debemos tomarla en serio». Ello significa, especificó el Pontífice, hacer «obras de justicia». Ante todo adorar a Dios; y después «hacer lo que Jesús nos aconseja: ayudar a los demás, dar de comer a los hambrientos, dar agua a los sedientos, visitar a los enfermos, visitar a los presos. Estas obras son las obras que Jesús hizo en su vida, obras de justicia, obras de re-creación. Cuando nosotros damos de comer a un hambriento, re-creamos en él la esperanza y así con los demás. Pero si nosotros aceptamos la fe y después no la vivimos, somos cristianos sólo, pero de memoria: sí, sí, he sido bautizado, ésta es la fe del bautismo; pero vivo como puedo». Sin esta conciencia del antes y del después, «nuestro cristianismo no sirve a nadie». Es más, se vuelve «hipocresía: me digo cristiano, pero vivo como pagano. Algunas veces decimos: cristianos a mitad de camino», que no consideran seriamente el hecho de ser «santificados por la sangre de Cristo». Y si no se toma en serio esta santificación, se pasa a ser como los que el Papa definió «cristianos tibios: sí, sí, no, no, no... Es un poco como decían nuestras mamás, cristianos al agua de rosas: un poco así, un poco de barniz cristiano, un poco de barniz de catequesis, pero dentro no existe una verdadera conversión, no existe esta convicción de Pablo: Lo perdí todo, y todo lo considero basura con tal de ganar a Cristo y ser hallado en Él». Esta era la «pasión de Pablo», añadió el Obispo de Roma. Y ésta debe ser «la pasión de un cristiano: dejar todo lo que nos aleja de Cristo, el Señor; dejar todo lo que nos aleja del acto de fe en Él, del acto de fe en la re-creación por medio de su sangre. Y hacer todo nuevo. Todo es novedad en Cristo. Todo es nuevo». ¿Es un objetivo posible? «Sí», respondió el Pontífice, aclarando: «Pablo lo hizo. Muchos cristianos lo hicieron y lo hacen. No sólo los santos, los que conocemos; también los santos anónimos, los que viven su cristianismo en serio. Tal vez la pregunta que hoy podemos hacernos es: “¿yo quiero vivir mi cristianismo en serio? ¿Creo que he sido re-creado por la sangre de Cristo y quiero llevar adelante esta re-creación hasta el día en que se vea la ciudad nueva, la creación nueva? ¿O estoy un poco a mitad de camino?”». «Pidamos a san Pablo, que nos habla hoy con esta lógica del antes y del después —concluyó el Papa—, que nos dé la gracia de vivir como cristianos en serio, de creer verdaderamente que hemos sido santificados por la sangre de Jesucristo».

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L’OSSERVATORE ROMANO En la audiencia general del 23 el Santo Padre habla de María

viernes 25 de octubre de 2013, número 43

El secreto de la muchacha judía
En el «sí» de la Virgen el modelo de la fe de la Iglesia
Queridos hermanos ¡buenos días! y hermanas, ¿Cómo vivió María esta fe? La vivió en la sencillez de las mil ocupaciones y preocupaciones cotidianas de cada mamá, como proveer al alimento, al vestido, la atención de la casa... Precisamente esta existencia normal de la Virgen fue el terreno donde se desarrolló una relación singular y un diálogo profundo entre ella y Dios, entre ella y su Hijo. El «sí» de María, ya perfecto al inicio, creció hasta la hora de la Cruz. Allí su maternidad se dilató abrazando a cada uno de nosotros, nuestra vida, para guiarnos a su Hijo. María vivió siempre inmersa en el misterio del Dios hecho hombre, como su primera y perfecta discípula, meditando cada cosa en su corazón a la luz del Espíritu Santo, para comprender y poner en práctica toda la voluntad de Dios. Podemos hacernos una pregunta: ¿nos dejamos iluminar por la fe de María, que es nuestra Madre? ¿O bien la pensamos lejana, demasiado ya vivía en su vientre. Llevar a Jesús a aquella casa quería decir llevar la alegría, la alegría plena. Isabel y Zacarías estaban felices por el embarazo que parecía imposible a su edad, pero es la joven María quien les lleva la alegría plena, la que viene de Jesús y del Espíritu Santo y se expresa en la caridad gratuita, en compartir, en ayudarse, en comprenderse. La Virgen quiere traernos también a nosotros, a todos nosotros, el gran don que es Jesús; y con Él nos trae su amor, su paz, su alegría. Así la Iglesia es como María: la Iglesia no es un negocio, no es una agencia humanitaria, la Iglesia no es una ONG, la Iglesia está enviada a llevar a todos a Cristo y su Evangelio; no se lleva a sí misma —sea pequeña, grande, fuerte, débil—, la Iglesia lleva a Jesús y debe ser como María cuando fue a visitar a Isabel. ¿Qué le llevaba María? Jesús. La Iglesia lleva a Jesús: esto es el centro de la Iglesia, ¡llevar a Jesús! Si por hipótesis una vez sucediera que la Iglesia no lleva a Jesús, esa sería una Iglesia muerta. La Iglesia debe llevar la caridad de Jesús, el amor de Jesús, la caridad de Jesús. Hemos hablado de María, de Jesús. ¿Y nosotros? Nosotros, que somos la Iglesia, ¿cuál es el amor que llevamos a los demás? ¿Es el amor de Jesús, que comparte, que perdona, que acompaña, o bien es un amor aguado, como se hace cundir el vino que parece agua? ¿Es un amor fuerte o débil, tanto que sigue las simpatías, que busca la correspondencia, un amor interesado? Otra pregunta: ¿a Jesús le gusta el amor interesado? No, no le gusta, porque el amor debe ser gratuito, como el suyo. ¿Cómo son las relaciones en nuestras parroquias, en nuestras comunidades? ¿Nos tratamos como hermanos y hermanas? ¿O nos juzgamos, hablamos mal los unos de los otros, nos ocupamos cada uno de la propia «huertecita», o nos cuidamos el uno al otro? ¡Son preguntas de caridad! 3. Y brevemente un último aspecto: María modelo de unión con Cristo. La vida de la Virgen Santa fue la vida de una mujer de su pueblo: María oraba, trabajaba, iba a la sinagoga... Pero cada acción se cumplía siempre en unión perfecta con Jesús. Esta unión alcanza su culmen en el Calvario: aquí María se une al Hijo en el martirio del corazón y en el ofrecimiento de la vida al Padre para la salvación de la humanidad. La Virgen hizo propio el dolor del Hijo y aceptó con Él la voluntad del Padre, en aquella obediencia que da fruto, que da la verdadera victoria sobre el mal y sobre la muerte. Es muy bella esta realidad que María nos enseña: estar siempre unidos a Jesús. Podemos preguntarnos: ¿nos acordamos de Jesús sólo cuando algo no marcha y tenemos necesidad, o la nuestra es una relación constante, una amistad profunda, también cuando se trata de seguirle por el camino de la cruz? Pidamos al Señor que nos dé su gracia, su fuerza, para que en nuestra vida y en la vida de cada comunidad eclesial se refleje el modelo de María, Madre de la Iglesia. ¡Que así sea! Continuando con las catequesis sobre la Iglesia, hoy desearía mirar a María como imagen y modelo de la Iglesia. Lo hago retomando una expresión del Concilio Vaticano II. Dice la constitución Lumen gentium: «La madre de Dios es figura de la Iglesia, como ya enseñaba san Ambrosio: en el orden de la fe, del amor y de la unión perfecta con Cristo» (n. 63). 1. Partamos del primer aspecto, María como modelo de fe. ¿En qué sentido María representa un modelo para la fe de la Iglesia? Pensemos en quién era la Virgen María: una muchacha judía, que esperaba con todo el corazón la redención de su pueblo. Pero en aquel corazón de joven hija de Israel había un secreto que ella misma todavía no conocía: en el proyecto de amor de Dios estaba destinada a convertirse en la Madre del Redentor. En la Anunciación, el

Una kipá con dos leones para el Papa
«El Papa ha dicho que en cada cristiano está la raíz judía y yo añado que en cada hombre religioso está Francisco». Habla con entusiasmo el rabino argentino Mario Rojzman, que desarrolla su servicio en Miami desde hace once años, después de otros tantos en Buenos Aires en estrecho contacto con el arzobispo Bergoglio. «El Papa Francisco —dice el rabino— está cambiando radicalmente la visión de las relaciones entre religiones, abatiendo muros y construyendo puentes entre las personas». De regalo le ha traído una kipá blanca, tejida a mano, con el nombre Francisco escrito en español y en hebreo. «He querido que sobre la kipá se bordaran las tablas del Decálogo y dos leones, con el deseo bíblico de que le den aún más fuerza para su misión». Particularmente significativo, entre las numerosas peregrinaciones diocesanas por el Año de la fe, el grupo, de cincuenta laicos y diez sacerdotes, llegado de Moscú con el arzobispo Paolo Pezzi. «En Roma queremos vivir juntos —nos dice— una experiencia de comunión y de conversión. Hemos venido a abrazar al Papa Francisco y a decirle que su testimonio está creando nuevos espacios de colaboración con los ortodoxos. Para el diálogo ecuménico es un momento muy bueno, también por la atención que el Pontífice está suscitando sobre todo lo que se refiere a la vida y a la misión de la Iglesia católica». Entre los más de cien mil presentes en la cita del miércoles, también cuarenta mujeres croatas que perdieron a sus maridos en la guerra entre 1991 y 1995. Finalmente, es con emoción que el Papa Francisco estrechó en un abrazo a Stefan van Aken, holandés de treinta y nueve años, padre de seis hijos, protagonista de muchas iniciativas a favor de la vida en la diócesis de Haarlem-Amsterdam; y ahora él mismo debe afrontar una grave enfermedad. Ha querido encontrar al Pontífice, con su familia, «para ofrecer —dice— todos mis sufrimientos en apoyo de su misión» .

Mensajero de Dios la llama «llena de gracia» y le revela este proyecto. María responde «sí» y desde aquel momento la fe de María recibe una luz nueva: se concentra en Jesús, el Hijo de Dios que de ella ha tomado carne y en quien se cumplen las promesas de toda la historia de la salvación. La fe de María es el cumplimiento de la fe de Israel, en ella está precisamente concentrado todo el camino, toda la vía de aquel pueblo que esperaba la redención, y en este sentido es el modelo de la fe de la Iglesia, que tiene como centro a Cristo, encarnación del amor infinito de Dios.

distinta de nosotros? En los momentos de dificultad, de prueba, de oscuridad, ¿la miramos a ella como modelo de confianza en Dios, que quiere siempre y sólo nuestro bien? Pensemos en esto, tal vez nos hará bien volver a encontrar a María como modelo y figura de la Iglesia en esta fe que ella tenía. 2. Vamos al segundo aspecto: María modelo de caridad. ¿En qué modo María es para la Iglesia ejemplo viviente de amor? Pensemos en su disponibilidad respecto a su pariente Isabel. Visitándola, la Virgen María no le llevó sólo una ayuda material; también esto, pero llevó a Jesús, que

Los tuits del Papa en @Pontifex_es
18 O CT [3.18 PM] No nos resignemos ante el mal. Dios es Amor que ha vencido al mal con la muerte y resurrección de Cristo 19 O CT [3.19 PM] Seguir a Jesús significa ponerlo en primer lugar, despojándonos de tantas cosas que ahogan nuestro corazón 21 O CT [3.21 PM] Para conocer al Señor es necesario cultivar el trato con Él: escucharlo en silencio ante el Sagrario, acercarse a los Sacramentos 22 O CT [3.22 PM] El Crucifijo no nos habla de derrota, de fracaso; nos habla de un Amor que vence al mal y al pecado 24 O CT [3.24 PM] Ser cristiano implica renunciar a nosotros mismos, tomar la cruz y llevarla con Jesús. No hay otro camino

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