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SANTIAGO (96) 2002

CULTURA Y COMUNICACIÓN Rafael Guzmán Tirado Manuela Herrador del Pino

El aspecto verbal en español: historia de la cuestión y nuevas aportaciones a su estudio
Resulta ya casi un tópico afirmar que el aspecto verbal es una de las categorías más polémicas y debatidas no sólo en la lingüística española 1 sino también en la teoría gramatical general. 2 Las innumerables definiciones de aspecto existentes, a veces contradictorias entre sí, o las caracterizaciones de algunas formas verbales como perfectivas por unos e imperfectivas por otros, son una prueba clara de que nos encontramos ante una categoría especialmente compleja.
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Entre los trabajos dedicados al estudio de esta cuestión en español se encuentran los de: José Roca Pons, en Estudios sobre perífrasis verbales del español, Madrid, 1958, E. De Miguel Aparicio, El aspecto en la sintaxis del español: Perfectividad e imperfectividad , Universidad Autónoma de Madrid, 1992, E. Alarcos, "Perfecto simple v compuesto", Estudios de gramática funcional del español, Madrid, 1972, págs. 13-50. Sobre este tema véase: [Holt 1943, Maclennan 1962, Comrie 1976, Coseriu 1980, págs. 13-27, Tedeschi and A. Zaenen (eds.) 1981].
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El aspecto verbal en español ha sido objeto de un estudio contradictorio, siendo con frecuencia ignorado y quedando en muchos casos fuera de las gramáticas del español. 3 En los casos en que se ha estudiado, se ha denominado ‘aspecto’ a los fenómenos más variados:4 se ha hablado bien de matices aspectuales de las formas temporales, bien de la categoría léxico-gramatical de la terminatividad o aterminatividad del verbo, etcétera.5 La atención de la mayoría de los investigadores se ha venido centrando principalmente en el establecimiento de los diferentes matices de la acción, expresados por algunas formas verbales y por las perífrasis verbales, sin intentar descubrir las reglas de su desarrollo o los criterios para el establecimiento de su grado de gramaticalización, ni determinar su lugar en el sistema gramatical de la lengua.6 Las principales tendencias en el estudio del aspecto en español pueden resumirse en las siguientes:7 1. La Gramática de la lengua española sigue la tradición de analizar la oposición aspectual del verbo español, defendiendo la existencia de un sistema de oposiciones de tiempos simples y compuestos totalmente simétrico. 8 La evolución del sistema
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Los gramáticos anteriores a la última edición de la GRAE no estudian el aspecto, ni autores posteriores como, por ejemplo, Bassols de Climent [1951: II , págs. 135-147]. En la romanística se ha llamado aspecto a fenómenos muy diversos. Así ocurre, por ejemplo, con el artículo "El aspecto" de Fernando Lázaro Carreter en su Diccionario de términos filológicos,1968, págs. 117,64 donde utiliza el término Aktionsart como sinónimo de aspecto, lo que tampoco es extraño en la hispanística. En general, si bien no se pone en duda la existencia de los significados aspectuales, sí existen divergencias en los medios de su expresión, su estatus y la estructura. [Vasilieva-Shvede, 1990,177]. Son bastantes los trabajos sobre las perífrasis verbales con valor aspectual en español, además de los ya citados: Dietrich, 1963; Coseriu, 1977 a; Yllera, 1980; Gómez Torrego 1988; Veyrat 1993. Górbova, 1996, págs. 16-20. “El español distingue la acción terminada o perfecta de la no terminada y tiene dos series paralelas y completas de tiempos para expresarlas; los imperfectos y los perfectos, Gramática de la lengua española, 1931, pág. 288 a. “(...) la correspondencia no puede ser más exacta; a cada tiempo simple o de acción imperfecta corresponde uno compuesto o de acción perfecta” , [1931, pág. 288 b.]

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verbal del latín ha ido convirtiendo las distinciones aspectuales de INFECTUM y PERFECTUM en distinciones temporales. Esta línea en la actualidad está siendo continuada, entre otros, por G. Rojo, quien llega a la conclusión de que los significados aspectuales del verbo español son derivados de los temporales: “Hay que pensar, como mínimo, que nos enfrentamos a un caso de oposición redundante: la relación temporal primaria de la anterioridad y la perfectividad están asociadas, de modo que es suficiente con considerar como distintivo uno de estos rasgos (...). Los valores aspectuales perfectivos que encontramos en he llegado, había llegado, hube llegado, habría llegado y llegué son sólo los que tenemos que esperar como asociados a la relación temporal primaria de anterioridad”, Rojo, 1988, pág. 208. G. Rojo, estableció hace algunos años una serie de criterios básicos para abordar este problema con claridad: “”. Por todo ello, G. Rojo, prefiere partir de una serie de puntos fundamentales indiscutibles [Rojo, 1988, págs. 195-216]. . La oposición aspectual básica es la existente entre AP (situación terminada) y AI (situación no terminada). . Las distinciones aspectuales que se establezcan dependen del inventario de formas que se considere: no es lo mismo oponer tan sólo las formas simples a las compuestas, que considerar además las perífrasis como ir a + infinitivo, acabar de + infinitivo, etcétera, o, incluso, atender al aspecto léxico. Por lo que respecta a este último, las oposiciones aspectuales básicas son: ‘télico / atélico (‘desinente / permanente’, de Bello)’, puntual / durativo, estativo / dinámico.

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El aspecto léxico también se relaciona con la estructura del predicado: cantar es atélico, pero cantar una canción es télico. A. López García a este respecto afirma que “En un campo tan extenso y difícil de limitar como es el del aspecto, lo más prudente será ceñirse tan sólo a aquellos valores aspectuales que en el verbo se manifiestan de manera formal (...), reservando el análisis de estos matices para la Lexicología.9
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Para esta cuestión, consúltese el mencionado estudio de E. De Miguel y el de M. Rodríguez Espiñeira (Rodríguez Espiñeira 1990, págs. 171-210) que permite completar el trabajo anterior desde una perspectiva funcionalista. En cualquier caso, como afirma M. Rodríguez Espiñeira,
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2. La segunda tendencia está representada por Andrés Bello, quien fue el primero en hablar de ‘aspecto léxico’. Distinguía dos grupos de verbos aspectualmente significativos: desinentes y permanentes (equivalentes a los términos rusos ‘ predelnye’ y ‘nepredelnye’). El desinente marca un enunciado cuya realización ha de terminar para ser completa y cumplirse (disparar...), es decir, que mientras no llega a su término el proceso verbal, no se ha dado enteramente la acción, mientras que el permanente expresa una noción en curso que no precisa concluir para hacerse realidad (vivir, ser). No hay que confundirlo, no obstante, con la extensión de la acción. Naturalmente una acción momentánea será preferentemente perfectiva, y una permanente, imperfectiva; pero no siempre coinciden. 3. W. Dietrich, 1973, y O. K. Vasilieva-Shvede y G. V. Stepánov, 1963, son los principales representantes de otra línea de investigación de las significaciones aspectuales en español que parte de la base de considerar como componente central del CSF (campo semántico funcional) de la aspectualidad [Bondarko, 1991, pág.149] en nuestra lengua las llamadas perífrasis verbales, y la construcción gramatical estar + gerundio , como su máxima expresión de la categoría gramatical del aspecto.
muchas distinciones aspectuales son reconocibles por el entorno sintáctico: ‘estativo / no estativo’ (sólo los verbos no estativos admiten la expresión de la intencionalidad del sujeto por medio del imperativo o de adverbios como deliberadamente, ¡corre! / *¡sabe latín!’, ‘durativo / puntual’ (los verbos durativos admiten secuencias temporales diferentes de las aceptadas por los puntuales: durmió / *llegó durante tres horas, *durmió / llegó en tres horas, ‘habitual / no habitual’ (el valor habitual de un verbo resulta incompatible con las formas progresivas: Juan bebe cerveza, pero Juan está bebiendo cerveza; en cambio, es obligatorio con verbos como soler ). Por otro lado, la Aktionsart cambia fácilmente cuando se altera dicho entorno sintáctico: así el número del objeto directo influye en el grado de telicidad (hacer una silla es télico, hacer sillas es atélico), la naturaleza del sujeto afecta en ocasiones a la duratividad ( la lluvia cayó toda la tarde, pero *la piedra cayó toda la tarde), los predicativos influyen en que un verbo se tome como habitual o no (Pablo prepara el café –actual– / Pablo prepara el café muy cargado-habitual -). Todos estos factores léxicos y sintácticos conforman un panorama muy complejo que es imposible analizar con detalle aquí.
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Las tres tendencias en la investigación expuestas no se excluyen entre sí. Así, por ejemplo, en el Esbozo de la Real Academia , sin negarse a la división de los tiempos en imperfectos y perfectos, en el apartado ‘Aspecto de la acción verbal’ entre los medios para su expresión se cita la unión del pronombre personal se a un verbo en infinitivo y la perífrasis ir + gerundio [1978, págs. 461-462]. S. Gili Gaya, al hablar del aspecto, lo define como las ‘diferentes formas de mirar la acción expresada por un verbo, según predominen en ellas la momentaneidad (saltar, chocar), la reiteración (golpear, picotear), la duración ( vivir, saber), el comienzo ( alborear, enrojecer) o la perfectividad ( nacer, morir, afirmar)’. Dependen de la significación del verbo en sí mismo, así como del interés del hablante en fijar su atención en un aspecto determinado de la acción. Es preciso distinguir si el aspecto de la acción verbal tiene su origen en el propio significado del verbo o se logra por medios gramaticales. El verbo florecer es incoativo por su propio significado (‘comenzar a echar flores’), mientras que dormirse toma un aspecto incoativo, que no tiene dormir, al añadírsele el pronombre se [Gili Gaya, 1943, pág.148]. Pero más adelante distingue, por un lado, ‘modos de acción’ cuando el aspecto se expresa léxicamente y depende de la semántica del verbo, y, por otro lado, ‘aspecto’ cuando se expresa mediante medios gramaticales [Gili Gaya, 1968, págs. 147-148]. Le presta también especial atención a las frases verbales pero sin analizarlas desde el punto de vista de la presencia de la categoría gramatical del aspecto [Gili Gaya, 1968, págs. 103-119]. A. Quilis distingue ‘aspecto verbal’ y ‘modo significativo’, que es lo que se ha llamado también ‘tiempo interno’, y los define como “el desarrollo del proceso verbal sometido al tiempo, con vistas a su término y teniendo presente el modo de tal desarrollo”. Si estas categorías van marcadas por un morfema en el mismo verbo, reciben el nombre de aspecto, y si se deducen del significado verbal o del contexto, se trata de modo significativo de la acción [Quilis 1972]. F. Marcos Marín defiende la teoría de que el español no tiene formas diferentes para expresar el aspecto. Su función es lo que él denomina una modificación primaria, secundaria o terciaria de la función verbal [1975, pág. 189]. Tradicionalmente se ha venido diferenciando el aspecto de los modos de acción, dejando para aquél la expresión de los caracteres
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objetivos del proceso y asignándole un carácter fundamentalmente semántico. Ya R. Jakobson habló del aspecto como oposición morfológica absoluta, como una categoría subjetiva, frente al modo de acción, como categoría objetiva de la acción verbal. Es decir, los hechos puramente aspectuales serían gramaticales, no semánticos, frente a los modos de acción, que sí corresponderían al nivel semántico. A. Alonso y P. Henríquez Ureña en su Gramática castellana, mantienen también esa distinción denominando, modo de acción al significado que procede del contenido semántico y reservando el término aspecto para el que proviene del empleo de un medio gramatical: en el primer caso es el verbo el que tiene un valor incoativo, perfectivo, iterativo, etcétera, en el segundo, determinados elementos gramaticales le dan un aspecto incoativo, perfectivo, iterativo, etcétera. [Alonso y Henríquez Ureña, 1964, pág.148]. M. Criado de Vals, al poner ejemplos de aspecto, más bien lo hace de modos de acción y escribe: “Históricamente, y ateniéndonos al campo de las lenguas indoeuropeas, parece demostrado que el aspecto pierde importancia a medida que las lenguas ‘progresan’ por el camino analítico y se preocupan más por precisar el dato temporal”, [Criado de Val, 1969; pág. 14]. Más atención al aspecto le presta J. Roca Pons, que, aunque no pone en duda su existencia, sí habla de que la representación de la categoría del aspecto, desde el punto morfológico, aún no está clara ni sistematizada. Afirma que no se puede hablar de una oposición simétrica de tiempos simples y compuestos, diferenciados por el aspecto, y habla de la existencia de rasgos de su existencia, por un lado, en la conjugación del verbo (es decir, en las formas verbales temporales) y por otro, en las perífrasis verbales. Al analizar las tres formas temporales del pasado (el imperfecto, el perfecto simple y el compuesto), escribe que la diferencia entre ellos es la descripción aspectual de la acción: el imperfecto indica un proceso en su desarrollo; el perfecto simple, una acción o proceso como si ocurriera en un punto único, se trata de una acción implícitamente terminada; y el perfecto compuesto expresa ante todo la propia acción, y sólo de forma secundaria, su consecuencia o su resultado. De acuerdo con esta triple división, distingue tres aspectos: el imperfectivo, el puntual y perfectivo. En lo que se refiere a las formas restantes, considera que las
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simples (salvo el perfecto simple) nunca son perfectivas, y al revés, las compuestas nunca son imperfectivas. Afirma J. Roca Pons que, cuando se pretende buscar la presencia del aspecto en español, hay que prestar especial atención a las perífrasis verbales: las de gerundio son el medio de expresión fundamental del AI (aspecto imperfectivo), opuesto a las construcciones de participio, que son perfectivas en la mayoría de los casos. Escribe también que el significado aspectual de las construcciones con gerundio no corresponden completamente al significado del imperfecto. Además, todas las formas temporales no imperfectivas, en las construcciones con gerundio adquieren matices aspectuales, de los que carecen sin ellas. Por ejemplo: Cuando llegues te esperaré, en lugar deCuando llegues te estaré esperando, no deja clara la simultaneidad que pretende expresarse en el enunciado [Roca Pons, 1985, págs. 223-231]. De esto se deduce, como afirman Vasilieva-Shvede y Stepánov [1990, 179], que “existe una diferencia gramatical entre esperaré y estaré esperando, y que la utilización de la forma estar esperando es obligatoria, y no sólo estilística, como opinan los lingüistas que se oponen a reconocer la estructura estar + gerundio como una muestra de la existencia de la categoría gramatical del aspecto” [Marchand, 1955, págs. 45-52; Arutionova, 1965, pág. 89]. Sin embargo, J. Roca Pons no llega a reflejar esta idea de forma clara en sus conclusiones, al afirmar que la solución del problema del aspecto en la conjugación española no reside ni en la distinción entre formas simples y compuestas del verbo, ni en una distinción del imperfecto o del perfecto simple. En la conjugación existen diferentes modalidades de aspecto, que pueden reducirse, en opinión de J. Roca Pons, a tres principales: la imperfectiva, la puntual y la perfectiva. Entre los dos aspectos extremos (imperfectivos y perfectivos) y las perífrasis con gerundio y participio hay una relación muy estrecha, por cuanto éstas sirven para el reforzamiento de estos aspectos. Entiende J. Roca Pons que en el verbo castellano existen los siguientes aspectos: el imperfecto, el perfectivo y uno intermedio puntual o complexivo [Roca Pons, 1968, pág. 232]. Los dos primeros son admitidos por todos los gramáticos, pero no así el tercero. El aspecto, que J. Roca Pons llama puntual, alude a la acción momentánea en un punto, mientras que el complexivo se refiere al proceso verbal entendido globalmente, al ser ésta duradera. Sin embargo, estos aspectos se basan en diferentes criterios o puntos de vista, por lo que es
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preferible no conceptuarlos como aspectos verbales puros. Habla también de aspectos: iterativo, cuando la significación verbal consiste en un proceso intermitente, como repiquetear, besuquea r...; aspecto reiterativo, cuando el significado verbal es el resultado de una acción o proceso repetido (vuelve a cantar...); ingresivo e incoativo, que responde a la fase previa e inicial del desarrollo de la acción ( me voy ya; el muchacho echó a correr); progresivo durativo (caminando...); terminativo, cuando lo señalado es la fase terminal (quedó deshecho ...); y algunos otros matices aspectuales, marcados preferentemente por medio de perífrasis, de los que trataremos en seguida al hablar de éstas. C. Hernández Alonso, al estudiar el problema del aspecto verbal y del modo de la acción que afecta a la morfología y a la semántica conjuntamente, defiende la distinción de aspecto (‘aspekt’) y modo de acción (‘aktionsart’). El modo de acción obedece, ante todo, a la semántica interna y a la configuración del significado a lo largo de su desarrollo mientras que el aspecto es como la medición temporal interna de la significación verbal in fieri o in factum, marcada por medios gramaticales. El modo de acción lo está fundamentalmente por elementos semánticos. En el significado verbal se fundirán el tiempo externo, el interno o aspecto y modo de acción; y como ésta depende de elementos semánticos propios y de otros concomitantes en la enunciación, será muy amplia la gama de valores que podrá adquirir el verbo. Lo importante, en opinión de C. Hernández Alonso, es señalar que todos estos matices aspectuales o modales significativos pueden ir señalados por un factor gramatical o por uno semántico. Y en la oración no siempre coinciden aspecto y modo de acción. Hay una resultante, que puede nacer de la fusión de ambos o del predominio de uno de ellos. Es frecuente encontrar un verbo significativamente perfectivo, al que se superpone un AI; la resultante, a veces, es reiterativa: se levantaba a las ocho; o un verbo de modo imperfectivo en un tiempo perfectivo, con lo que la significación total es distinta; en viví en Madrid hasta el año 50, vemos que domina el carácter aspectual sobre el significativo.

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C. Hernández Alonso destaca como factores gramaticales y semánticos que pueden modificar el ‘aspekt’ y la ‘aktionsart’, respectivamente: el ‘tiempo verbal’, los ‘sufijos aspectivos’ y las ‘perífrasis’ para el primero; la ‘significación’, el ‘contexto’ y la ‘situación’ para el segundo. En una oración conviene ver siempre
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independientemente uno y otro, así como el resultado y matiz dominante. A la cuestión de si un aspecto verbal es inherente unívocamente a un tiempo, es decir, si cada tiempo del verbo tiene un aspecto fijo y permanente, C. Hernández Alonso intenta responder partiendo de dos sistemas verbales: el atemporal, no flexivo (infinitivo, gerundio y participio), y el temporal, flexivo, de los restantes tiempos gramaticales. En el primero no está configurado el tiempo externo, y está sometido al tiempo interno, al aspecto y modo de acción; es decir, liberado del tiempo externo, que se mide desde el momento del hablante, obedece sólo al tiempo interno. El infinitivo, con una perspectiva semiabierta en continuo juego de tensión-distensión; éste y el gerundio son imperfectivos en su forma simple y perfectivos, en las compuestas. El participio, con perspectiva cerrada, como marca terminal del significado ‘in esse’, o mejor, ‘in factu’, es neutro aspectualmente, es decir, que son los factores semánticos los que deciden [Hernández Alonso, 1975, pág. 23]. C. Hernández Alonso defiende la idea de que en el sistema flexivo verbal español todo tiempo relativo compuesto es perfectivo y de que los tiempos del pasado, excepto el imperfecto y, a veces el indefinido, son perfectivos. Describe el carácter aspectual de cada tiempo de la siguiente forma: el presente es preferentemente imperfectivo; entre los futuros, los compuestos son perfectivos, mientras que los simples se inclinan a lo imperfectivo, aunque no de manera absoluta. El aspecto y el modo de acción quedan muy debilitados en el subjuntivo por ser un modo fundamentalmente subjetivo, en el que la significación está eminentemente matizada por el hablante. Al tratar las frases verbales o perífrasis, C. Hernández Alonso afirma que constituyen un factor modificador del aspecto importantísimo. Son sintagmas verbales compuestos, muy expresivos, que contienen un significado principal y un matiz nacido de la conjunción de dos verbos en uno [Hernández Alonso, 1975, pág. 231]. E. Alarcos Llorach al estudiar el problema del aspecto en español afirma que:
Se mezclan corrientemente nociones distintas: por una parte, se habla de verbos imperfectivos (saber , escribir...), perfectivos (nacer, afirmar...), reiterativos (picotear, hojear...), momentáneos (saltar, disparar ...), etcétera., y, por otra, se habla de tiempos
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imperfectivos (canto, cantaré...) y perfectivos ( he cantado...). Pero, en el primer caso no se trata de valores gramaticales, lingüísticos, sino semánticos, léxicos: no existen en español dos tipos de verbos perfectivos y no perfectivos, opuestos entre sí, como en las lenguas eslavas, sino que todos los verbos - según el contexto- pueden tomar uno u otro aspecto; (...), todos los verbos (...) poseen formas verbales perfectivas y formas imperfectivas. De aquí la necesidad de distinguir ambas nociones: la del modo de la acción –que en español pertenece al plano léxico y no al gramatical– y la del "aspecto" propiamente dicho.

No hay que confundir los aspectos verbales que se dan como correlación a través de toda la conjugación de todos los verbos, con el modo o variedad de la acción (‘Aktionsart’, ‘ordre de procés'), categoría semántica que pertenece a la significación particular de cada verbo, Alarcos Llorach, 1978, pág. 77. 10 Distingue en esta categoría dos subcategorías: el ‘aspecto flexional’ y el ‘aspecto sintagmático’, que presentan cierta afinidad, pero que son independientes uno de otro. Fuera del aspecto propiamente dicho hay que colocar los llamados aspectos derivativos (por ejemplo, picotear, de picar; dormitar, de dormir, etcétera), y los radicales, que no son, en realidad, "aspectos", sino variétés du procés (esto es, modo de la acción).
El aspecto flexional opone en español dos formas de cada verbo: imperfecto y perfecto simple, cantaba / canté, que indican, (...) respectivamente, proceso sin su término y el proceso con su término respectivamente, mientras que el aspecto sintagmático opone en español todas las formas simples a las compuestas: canto / he cantado, etc. que indican respectivamente, el proceso sin su término y el proceso con su término; esto es, el aspecto no delimitativo y el aspecto delimitativo (...) [Alarcos Llorach, 1979, págs. 78-79].
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La separación de estas dos nociones ha sido apuntada hace ya tiempo, y se les han aplicado denominaciones diferentes: [Porzig, 1927, pág. 152] separa la Aktionsart del ‘aspecto’; [Hermann, 1927, pág. 207] distingue entre ‘aspecto objetivo’ (durativo-no durativo) y ‘aspecto subjetivo’ (cursivo-complexivo). Sólo más tarde, y partiendo de premisas puramente lingüísticas y no lógicas o psicológicas, se ha llegado a la distinción de varias especies de lo que se ha llamado ‘aspecto’. Según Holt, 1943, pág. 46, el ‘aspecto’ expresa el término o el no-término del proceso, y puede ser definido como una categoría de morfemas verbales fundamentales que presentan dirección homonexual [Alarcos Llorach, 1978, págs. 77-78].

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Según E. Alarcos Llorach el español no ofrece ejemplos de ‘aspecto radical’, no hay verbos que por su forma misma posean sólo unos de los aspectos; tampoco tiene gran importancia en la estructura el ‘aspecto derivativo’. Sin embargo, hay parejas como ser y estar que representan el aspecto radical: ser es el término negativo, ‘imperfectivo’, y estar el positivo, ‘perfectivo’, como indica S. Gili Gaya [1943, págs. 44-48]. E. Alarcos Llorach considera que la presencia en español de dos correlaciones distintas de aspecto, el ‘aspecto flexional’ y el ‘aspecto sintagmático’, es un rasgo importante de la estructura de su conjugación. El no haber distinguido bien estos dos tipos de aspecto ha llevado algunas veces a llamar formas ‘imperfectivas’ a todas las simples, y ‘perfectivas’ a todas las compuestas (como hace la Gramática de la Real Academia ) o a unir con las compuestas el perfecto simple canté (como hace S. Gili Gaya) lo cual es más razonable. Pero la diferenciación de los dos tipos de aspecto nos hace ver mejor la armonía del sistema. Las formas simples (y con ellas canté ) no delimitan el proceso, no señalan la ‘sucesión de las cosas’; las compuestas lo delimitan y señalan la sucesión de las cosas. El aspecto sintagmático es una creación románica, y, en general, de las lenguas modernas; por el contrario, el aspecto flexional es un resto de lenguas más antiguas y no es raro que desaparezca o tienda a desaparecer; así ocurre, por ejemplo, en francés (donde el ‘passé défini’ il chanta ha cedido totalmente en la lengua hablada). El aspecto flexional en latín era el único existente. De los dos miembros de la correlación aspectual latina Infectum / Perfectum, sólo las formas del infectum se han conservado casi íntegras, mientras del perfectum sólo se han salvado algunas formas aisladas. En español, el perfecto simple es el único resto verdadero del perfectum latino [Alarcos Llorach, 1978, págs. 83-84]. En opinión de A. López García las formas verbales españolas en las que el aspecto aparece encarnado morfológicamente son las siguientes: a. El conjunto de los tiempos compuestos por oposición a los tiempos simples. Es evidente que a cada forma simple le corresponde una compuesta y que esta última tiene valor resultativo manifestado por el auxiliar: había cantado expresa anterioridad y perfección respecto a cantaba , habré cantado desempeña la misma función respecto a cantaré ,he cantado respecto a canto , etcétera (...).
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b. Las perífrasis verbales del tipo, se puso a gritar,lleva reunido, vino a decir, tengo que trabajar, está lloviendo, iba a salir, etcétera, constituyen un grado menos elaborado de la gramaticalización del auxiliar en contraste con los auxiliares puros ser y haber. M. Veyrat, en su monografía sobre el tema, ha puesto en tela de juicio los criterios utilizados habitualmente para reconocer el carácter auxiliar de un verbo conjugado que se combina con un verboide [Veyrat Rigat, II, 1993, pág. 5]. Por ello, parece prudente señalar lo que haber y ser no pueden hacer y los demás auxiliares sí, a saber, funcionar de manera independiente: fuera de arcaísmos como los sabios que en el mundo han sido y Tiempo ha que no lo veía , lo cierto es quehaber y ser siempre son auxiliares, ora de tiempo compuesto, ora de copulativa o pasiva, mientras que ir, estar, tener, etcétera, funcionan indistintamente como verbos plenos (Voy a Vigo, Estoy aquí, Tengo un perro de caza) o como auxiliares de una perífrasis. De ahí que podamos separar perceptivamente el aspecto expresado por los tiempos compuestos del expresado por las perífrasis verbales. c. El hecho de que la forma canté sea especialmente resultativa, a pesar de pertenecer al paradigma de los tiempos simples, siempre ha planteado problemas a los gramáticos españoles, como afirma S. Gili Gaya [1969, pág. 119]: “Son imperfectos todos los tiempos simples de la conjugación española, con excepción del pretérito absoluto (...) Son perfectos el pretérito absoluto (canté ) y todos los tiempos compuestos (...) La Gramática de la Academia se confunde al incluir entre los tiempos imperfectos el pretérito absoluto canté ( ...)”-. Se trata de una herencia del latín: canté procede de CANTA-VI, es decir, del tema de PERFECTUM, mientras que todas las demás formas simples, salvo cantara/se, están construidas sobre el INFECTUM (CANTO, CANTABAM, CANTARE HABEO, CANTARE HABEBAM, CANTEM). Pero lo interesante es que, frente a cantara-cantase (del indicativo CANTAVERAM y del subjuntivo CANTAVISSEM), canté , temí tienen en español, como tenían en latín, un sistema propio de desinencias: -é/-í, ste, -ó, -mos, -steis, -ron. Ello singulariza a canté entre todos los demás tiempos y confiere a su valor aspectual la legitimidad morfológica que estamos buscando [López García, 1998, págs. 422-424].
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Según A. López el aspecto en español se presenta morfológicamente de tres formas: habías cantado, vas a cantar, cantaste,que a veces se presentan combinadas (hub-iste comido, fui-ste a contestar), lo que le permite formular una hipótesis según la cual cada tipo de aspecto puede asociarse a la relevancia perceptiva de uno de los tres componentes del habla. A. López García escribe más adelante: (...) “En el dominio de las flexiones verbales existe un solo procedimiento para marcar el tiempo y un solo procedimiento para marcar el modo, pero nos enfrentamos a tres maneras diferentes de marcar el aspecto”. Por ejemplo, en la forma cant-aba-s de la expresión por aquel entonces, cantabas al afeitarte, el morfo /-aba-/ es un índice de tiempo que lleva asociado un valor de coherencia temporal, un valor de temporalidad y un valor de actitud temporal; además, este mismo morfo es un índice de modo que tiene una interpretación en términos de actitud modal, otra en términos de modalidad y una tercera en términos de coherencia modal. Por el contrario, la forma voy a cantar de voy a cantar ahora mismo es incoativa por su aspecto, pero sólo como actitud aspectual: no puede decirse que tenga aspectualidad ni coherencia aspectual formalizadas. Esta peculiaridad se ha traducido históricamente en el carácter periférico del aspecto dentro del sistema verbal español. Como la aspectualidad no viene apoyada por la coherencia ni por la actitud aspectual, se ha tendido a interpretar las formas compuestas como tiempos sin más,11 en tanto que la coherencia aspectual débil de canté queda como un resto periférico del tema de PERFECTUM latino y las actitudes aspectuales de las distintas perífrasis no llegan a integrarse en el paradigma de la conjugación, si bien en este punto existen notables diferencias entre los gramáticos. Se podría decir que el del aspecto es todavía un paradigma en formación. Hoy por hoy, lo que sucede es que el único inventario sin huecos es el de los tiempos compuestos, a pesar de que todas las visiones del aspecto aparecen fundamentadas morfológicamente [López García, 1998, págs. 426-427]. En opinión de A. López García el carácter defectivo del aspecto
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Así lo hace toda la tradición de la gramática clásica española y también numerosos autores contemporáneos. Por ejemplo: Slawomirski [1983, 90-119], no reconoce más oposición aspectual que la conformada por cantaba / canté y, tal vez, la que enfrenta cantaba a he cantado.
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en español es el responsable de que sólo las formas compuestas expresen contenidos terminados, mientras que las simples –salvo cantaste , que es un perfecto absoluto, es decir, terminado y de efectos que no continúan– no pueden caracterizarse en rigor como no terminadas, pues pueden expresar este valor ( me gusta el cine, donde es obvio queme seguirá gustando; Isabel vivía aquí, donde es posible que lo siga haciendo) y el contrario (¿qué dices? por ¿qué acabas de decir, qué has dicho? ; hacía tiempo que no le veía , donde por fin le estoy viendo y ya no hace tiempo). Tampoco todas las formas tienen valor temporal estricto: carece completamente de él el imperativo y las del subjuntivo son más bien performativas. En cambio, todas ellas tienen un valor modal y algunas, como cantarás, cantarías, habrás cantado y habrías cantado, más de uno. Para entender la presencia del aspecto en nuestra lengua es necesario también analizar los usos de las formas flexivas del verbo español, pues en algunos de sus valores predomina la expresión de tiempo, mientras que en otros es prioritaria la de modo y en otros, en fin, se expresan sobre todo contenidos aspectuales [López García, 1998, págs. 432-433]. E. de Miguel ha estudiado también el aspecto en español. Al tratar este tema recuerda el desorden terminológico existente en este campo en nuestra lengua. A los significados aspectuales, expresados en los morfemas flexivos, se les suele denominar ‘aspecto flexivo’, ‘morfológico’, ‘verbal’, ‘gramatical’, o ‘aspecto stricto sensu’. Por lo general, los verbos, independientemente de su aspecto léxico, se flexionan en formas perfectas e imperfectas. Las formas verbales del español, como tales, no tienen una forma aspectual determinada, fija permanentemente, aunque podemos subrayar la existencia de varias oposiciones. Los estados, los procesos y las acciones (tengan o no límite, tengan o no duración, sean únicos o repetidos) se construyen combinando la información aspectual expresada por el verbo como unidad léxica con la información semántica y estructural contenida en los sintagmas nominales que designan a los participantes en el evento12 y en otros elementos que compone el predicado, y también con

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De Miguel prefiere hablar de evento, más que de situación o acontecimiento [De Miguel, 1999, pág. 2979].

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el aspecto flexivo de la forma en que el verbo aparece conjugado [De Miguel, 1999, pág. 3006]. A nuestro juicio en los trabajos dedicados al estudio de la categoría gramatical del aspecto en español no se le ha prestado suficiente atención a un elemento: la construcción de estar + gerundio, es decir, a la oposición ‘progresivo (forma continua) / no progresivo’,13 que es la única que afecta a todo el léxico verbal, en todos los modos y tiempos. En este sentido se suele comparar esta construcción con el progresivo inglés por su semántica común, que puede describirse como: procesualidad, unida a una concreción específica de la acción. Sin embargo, a diferencia del inglés en que hay una serie de verbos que por su semántica estativa no son capaces de ser utilizados en progresivo, las limitaciones en español son mucho menores y algunos casos totalmente opuestas. Además, la forma española de gerundio con estar responde plenamente a las exigencias que ha de cumplir un miembro de una oposición gramatical aspectual, incluso en mayor medida que la forma inglesa correspondiente, ya que el progresivo español se caracteriza por afectar prácticamente a todo el léxico verbal. 14 Es preciso reconocer también al progresivo español el estatus de gramema aspectual, ya que se corresponde con todas las exigencias planteadas a la categoría gramatical del aspecto por el lingüista I. S. Máslov, fundador de la escuela aspectológica rusa: “(...) se puede hablar de aspecto en los casos en que algunos significados aspectuales en la mayoría del léxico verbal (y a veces en todo) reciben una expresión regular por medio de formas gramaticales de un verbo opuestas paradigmáticamente entre sí”. Apliquemos al progresivo español esta definición:15 (...) algunos significados aspectuales(...)”, el significado de progresivo se define como procesualidad, unida a una concreción específica de

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O. K. Vasilieva-shvede y G. V. Stepánov [1957], [1990], Marchand [1962], [1971], Comrie [1976], Gili Gaya [1955], y otros. Sin embargo, hay otros muchos que no defienden este total cubrimiento del léxico verbal . Por ejemplo: [De Miguel, 1999, pág. 3013]. [Górbova, 1996, págs. 54-55].
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la acción” ; “(...)en la mayoría del léxico (y a veces en todo)(...)” como ya hemos comentado, esta construcción cubre el léxico verbal español, prácticamente en su totalidad; “( ...)reciben una expresión regular”, es, quizás, la parte de la definición que menos coincide con el progresivo español, si entendemos la regularidad como ‘la frecuencia de utilización de los gramemas en los textos’, o, en particular, como ‘la obligatoriedad de la expresión de determinado significado en todas partes, donde es expresado por el propio carácter de la situación’ [Máslov, 1978, págs. 24-25]. En este caso, es preciso reconocer que existe una falta de regularidad de la expresión del progresivo, ya que en la mayoría de los casos su uso es facultativo, por tanto, habría que llegar a la conclusión de que no se puede otorgar al progresivo el estatus del gramema aspectual. Sin embargo, el propio I. Máslov, autor de esta definición del aspecto, defiende que la regularidad puede entenderse, además, como ‘la presencia de indicadores formales especiales de gramemas de dicha categoría’ (a lo que totalmente se corresponde el progresivo español); “(...) por medio de formas gramaticales de un verbo opuestas paradigmáticamente entre si”. Si aplicamos esta parte de la definición a la oposición ‘progresivo / no progresivo’ también muestra una correspondencia total ya que estar escribiendo (forma progresiva del infinitivo) es, sin lugar a duda, una forma del verbo escribir (infinitivo no progresivo). El carácter especial de esta oposición en español es el resultado de su coexistencia con otras oposiciones aspectuales: ‘imperfecto / aoristo’ y ‘perfecto / no perfecto’. Si la oposición ‘progresivo / no progresivo’ divide en dos todo el sistema verbal, las otras dos actúan sólo el campo del pasado. Por tanto, debido a sus particularidades semánticas, sólo la oposición ‘progresivo / no progresivo’ es compatible con los cuatro miembros de las otras oposiciones aspectuales del español, y por este motivo, y porque atraviesa todo el sistema aspecto-temporal del verbo, es por lo que ocupa un lugar superior en la jerarquía de las oposiciones aspectuales del español y constituye la principal oposición aspectual de su sistema verbal. Su expresión en nuestra lengua es la construcción analítica esta r + gerundio, ya que esta oposición aspectual cubre prácticamente todo el sistema verbal español y se caracteriza por su mínimo carácter selectivo léxico. Pese a la importancia de la oposición ‘progresivo / no progresivo’, es preciso prestar atención también a la interacción de las restantes oposiciones aspectuales gramaticales del español, así como a la
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relación de éstas con otros elementos, en particular con la semántica de la oposición ‘terminatividad / aterminatividad’ y otros factores que expresan significados aspectuales, así como a las clases aspecto-semánticas de los verbos. Es esencial pues el estudio de la interacción de la oposición ‘progresivo / no progresivo’ con la oposición ‘imperfecto / aoristo’ y ‘perfecto / no perfecto’. La existencia de esta oposición, pues, puede demostrar, en nuestra opinión, la de la categoría gramatical del aspecto en español. Bibliografía
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