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ETICA Y DESARROLLO

Tarso Genro

“La ética supone y exige seres autónomos,


pero somos naturalmente heterónomos; la
ética supone y exige seres racionales, pero
somos naturalmente afectos y deseos”.
(Marilena Chauí)

El método más complejo y más rico para explorar la relación Etica y Desarrollo es
hacerlo de forma conectada con la relación Etica y Política, ya que la propia naturaleza del
desarrollo elegido sólo puede ser pensada a partir de los medios e instrumentos (políticos)
capaces de realizarla. Usa como referencia dos categorías que pueden hacer la “conexión”
entre las dos esferas, “insatisfacción” y “espontaneidad”, para discutir el tema “Etica y
Desarrollo”, y sus derivaciones en la esfera de la Política.

La salida más fácil seria presentar y fundamentar, con juicios políticos “puros”, un
recetario genérico sobre el cual no habria ninguna discordancia: la defensa de los derechos
del individuo y de las comunidades pobres como finalidades de desarrollo humanista y
democrático; la interdependencia necesaria entre fines y medios, como fundamento de la
moralidad política para un proceso de desarrollo justo (recuerdo, a propósito, que Stalin
llegó a alcanzar un crecimiento económico de 20% al año, y que los actuales modelos de
crecimiento del liberalismo radical sólo se realizan con un brutal proceso de encubrimiento
de los derechos y, en ambos casos, no se puede hablar de un “desarrollo” con ética); y,
finalmente, la necesidad de reglas consensuales y legítimas para que las personas, clases y
grupos sociales, disputen sus demandas económicas en la escena pública, con el fin de
repartir la riqueza socialmente producida.

Las dos categorías a las que me refiero tienen, tanto una dimensión material -
objetiva, como una dimensión ideal - subjetiva.
- Insatisfacción en el sentido de carencia oriunda de los deseos no respondidos y
también en el sentido de sensación física o psíquica, derivada de las condiciones materiales
de vida: insatisfacción provocada por un deseo “arbitrario”, oculto, e insatisfacción ante la
ausencia de lo básico para la comodidad de una vida buena.

- Espontaneidad que se exprime a través de los modelos aceptados de sociabilidad


de las personas, grupos y clases sociales, que resulta en acciones no pensadas o no
planeadas; o sea, las acciones no previamente queridas, que tanto llevan el ser humano al
mercado en busca de cosas superfluas para su supuesto placer, así como aquella
espontaneidad que viene de afuera del sujeto: la espontaneidad que se origina de la
imposición del mercado sin reglamentos de contención, que realimenta deseos siempre más
“espontáneos” o irracionales.

En cuanto a la primera categoría, insatisfacción, recuerdo la sugerencia de Agnes


Heller y Ferenc Fehér: “la forma moderna de creación, percepción, distribución de
necesidades refuerza la insatisfacción, independientemente de alguna necesidad concreta
ser o no satisfecha”1. En cuanto a la segunda categoría, espontaneidad, recuerdo Kant
cuando afirmaba que la fuente de la espontaneidad es la libertad: “aquel algo a priori en la
consciencia de nuestra existencia”2. En síntesis, la concepción kantiana de espontaneidad
parte del presupuesto de que existe un “apriorismo”, una especie de espacio anterior a la
voluntad consciente, de donde emerge un conjunto de necesidades espontáneas que,
satisfechas, realizan la libertad, pero en la modernidad contemporánea (Heller e Fehér) la
insatisfacción es reforzada independientemente del sujeto a ser saciado.

Es muy común hablar en “ética en la política” refiriéndose, en verdad, al deber


moral de defender la probidad y la honestidad en la función pública, o sea, reduciendo la
relación entre ética y política en la mera observación de la ley legítima. La cuestión, sin
__________________
1
HELLER, Agnes er HEHÉR, Ferenc. “La condición política posmoderna”. Rio de Janeiro: Civilização
Brasileira, 1998, p.29.
2
CAYGILL, Howard. “Diccionario Kant”. Rio de Janeiro: Jorge Zahar Editor, serie Diccionario Filósofos,
2000. p. 125
embargo, es mucho más compleja y, si no fuese, bastaría la mera apelación moralizante en
el sentido de que es necesario impregnar a la economía de una visión ética”3.

Enfrentemos ahora estas dos reflexiones a través de preguntas que serán respondidas
en el campo de la política democrática: cómo superar la “forma moderna” de
insatisfacción, que se reproduce siempre como una insatisfacción más grande,
precisamente en quien goza los frutos del desarrollo? Cómo democráticamente
racionalizar la espontaneidad, para que ésta pueda aproximarse a una libertad “general”
para todos los individuos, así combatiendo la pobreza y la exclusión?

Lo que se coloca - a partir de estas preguntas - como cuestión teórica de fondo para
avaluar la verdadera práctica de la democracia (cuestión no exenta de consecuencias
políticas) es, entonces, la siguiente: en el mundo de hoy, con la sociedad de mercado
plenamente realizada, con la reducción de la fuerza normativa del Estado, con la sumisión
de los Estados nacionales al imperio de la deuda pública, con el proceso galopante de
criminalización de la política (que deriva de este cuadro sociopático universal) - en este
mundo - es posible conciliar ética y desarrollo? O mejor: cuáles son las reformas que
apuntan para esta posibilidad?

(Los métodos democráticos tradicionales son suficientes, o es necesario pensar en


una otra dinámica en la relación “Estado X Sociedad”, capaz de proponer procesalmente
otras bases institucionales capaces de compatibilizar insatisfacción y espontaneidad?)

Norberto Bobbio dice que Kant “inspira su concepción de derecho, Estado y de


historia, no (en la) libertad democrática, pero (en la) libertad liberal”4. De hecho, la
“libertad liberal” es insuficiente para inducir relaciones jurídicas y sociales de carácter
democrático. Esta es la cuestión política que hoy es capaz de incitar a una nueva reflexión
sobre ética, democracia y desarrollo. Esta es, por lo tanto, la cuestión histórica
contemporánea, de cuya resolución resultan las mediaciones capaces de tornarse directrices
de un desarrollo propulsor, desde luego, de justicia social.
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3
ROHDEN. “Etica y Política”. Porto Alegre: Goehte Institut - Instituto Cultural Brasileño Alemán / Ed. de
la Universidad (UFRGS), p.10.
4
BOBBIO, Norberto. “Teoría General de la Política”. Rio de Janeiro: Editora Campus,2000, p. 113.
El problema, en consecuencia, pasa a remeter para el tipo de Estado capaz de
realizarlo, pues es en él que la ciudadanía se realiza. Pasamos entonces a la cuestión más
moderna del actual periodo de la era moderna: “Es necesario discutir, antes de nada, cual
es la función que se desea para el Estado en los países en desarrollo, en este final de siglo.
Los cambios y modernizaciones técnicas, absolutamente necesarias, no pueden ser elegidas
de forma abstracta o a partir de la oferta de tecnologías del mercado. Deben existir criterios
de elección dirigidos por la idea central de que, dada una función determinada para ser
cumplida por el Estado, cual seria el ‘tipo de tecnología’ más apropiada para posibilitar que
ella cumpla, con la mayor eficiencia posible, esa función. La discusión tecnocrática pura
simple sobre la reforma del Estado para el desarrollo social deberia ser superada por un
debate más amplio que, partiendo de las nuevas posiciones con respecto a los modelos de
desarrollo, extraiga conclusiones sobre cuales serian los papeles del ‘Estado deseable’(...)”5.

Pero, de hecho, la ‘libertad liberal’ de Kant es lo que fundamenta el concepto de


ciudadanía largamente vigente en las Constituciones Democráticas. Incluso en aquella de
inspiración social-demócrata. También, en el corto periodo histórico que correspondió al
Estado de Bienestar, las condiciones efectivas de vida de las clases trabajadoras o
subalternas sólo mejorarán con el fuerte aumento de la presión política sobre el Estado.
Todo ocurrió con la transgresión de la “libertad liberal”: la insatisfacción transformada en
acción pública dió una orden a la espontaneidad del mundo y de la economía, para dar
racionalidad y control a las insatisfacciones.

Esta presión es la que “curvó” los fundamentos normativos de la Constitución en


favor de los económicamente débiles. Y lo hace a través de políticas públicas que se
volvieron revolucionarias en relación al “laissez-faire” precedente y al absentismo estatal
de las situaciones anteriores.

Tenemos entonces formado el cuadro completo : las Constituciones


formales, originarias de un proceso constituyente democrático no garantizan por sí solos
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5
KLIKSBERG, Bernardo. “Repensando el Estado para el desarrollo social”. São Paulo: Cortez, 1998, p. 37.
mecanismos que posibiliten, de un lado, el ejercicio real de los derechos, ni tienen
mecanismos ágiles para su autoreforma tendiendo a una nueva orden. Pero nosotros
estamos comprometidos con ella porque ella es la mejor, obtenida históricamente, para
afirmar derechos y defender los oprimidos de la opresión.

Cuestión ético-política: es lícito subvertir las formalidades constitucionales


para proporcionar la vigencia de sus fundamentos?

Las Constituciones formales de la social-democracia, en regla, siguen vigentes.


Pero el desempleo, la feminilización (que tiende a baratear) y la infantilización (que
promueve la hiperexplotación) de la mano de obra en escala mundial6 obedecen a
determinaciones concretas de la economía. No obedecen solamente a las
determinaciones jurídicas idealizadas por el legislador constituyente. Un ejemplo de
esta transformación de la “fuerza normativa de los hechos” en derechos, que pueden ayudar
a transformar el contenido de la ciudadanía, es lo que está dispuesto en dos Constituciones
democráticas: la belga y la alemana. Principalmente en lo que se refiere al derecho a la
dignidad humana, que se constituye en una gran síntesis del contenido de la ciudadanía
moderna.

La Constitución belga, revisada en Enero de 94, tiene en su artículo 23 una orden


precisa: “Cada uno tiene el derecho de llevar una vida de acuerdo con la dignidad
humana”. Las presiones políticas y sociales que consagraron este artículo7, sin embargo, no
permitieron que el texto constitucional ofreciese las mediaciones técnicas y jurídicas-
políticas para su cumplimiento. Ya en la Constitución alemana, en el párrafo 2 de su
artículo 23 determina expresamente que “para esta finalidad” - desarrollo de una vida de
acuerdo con la dignidad humana - “la ley, el decreto (o el reglamento) garantizan,
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6
MELLO, Alex Fiuza de. “Globalización: Marx superado?”.In: “Negros de la diáspera: todo el poder para las
Yabas”- Cultura Vozes. Petrópolis: Ed. Vozes, n° 4, vol.93, 1999, p.16: El Bureau Internacional del Trabajo
(BIT), con sede en Ginebra, estimativa, en 1994, que nada menos que 12,8% de los niños entre 10 y 14 años
que viven en América del Sur trabajan, elevándose este porcentaje relativo para Asia (15%) y Africa (22%).
Sólo en Brasil, 2 millones de menores (14,2%) entre 10 y 13 años ya están en el mercado de trabajo, un
ejército de mano de obra equivalente a la población total de habitantes de los Emirados Arabes, poco menos
que la de Jamaica y casi tres veces la de Chipre”.
7
DELPÉREE, Francis. “El Derecho a la Dignidad Humana”. In: “Derecho Constitucional - estudios en
homenaje a Manoel Gonçalves Ferreira Filho”. São Paulo: Ed.Dialética, 1999, p. 151
llevando en cuenta las obligaciones correspondientes, los derechos económicos, sociales
y culturales y determinan las condiciones de su ejercicio”8.

Pero es extraño que los ciudadanos belgas, en relación a los ciudadanos alemanes
(aunque sometidos a protecciones constitucionales con cargas normativas distintas), no son
“menos” ciudadanos. O mejor, no son ciudadanos más puramente formales o más
distantes de una ciudadanía substantiva que los ciudadanos alemanes. El sistema social
como un todo, el Estado en cuanto totalidad, y la permeabilidad de sus instituciones a las
demandas plebeyas, es que posibilitan, en ambos casos, relaciones sociales e económicas
más ecuánimes. Proporcionaron grados de satisfacción aceptables, por parte de los
individuos y grupos sociales: porque sometieron la “espontaneidad” de sus agentes
económicos a regulaciones mucho más próximas del interés general.

Norberto Bobbio, recordando Max Weber, constata que “no hay teoria moral que no
considere la distinción entre acciones finales y acciones instrumentales, o sea, que la
misma acción puede ser “juzgada de modos diferentes, según el contexto en el cual se
desarrolla y la intención con que fué cumplida”9. El núcleo de la política moderna, sin
embargo, para el mismo Bobbio, seria la comprensión de que la distinción entre moral y
política es que ésta (la política) tiene finalidad instrumental, debiendo ser juzgada no en sí
misma, “pero con base en su mayor o menor idoneidad en la realización del objetivo”10.

Toda la problemática de la relación Etica, desarrollo y democracia llega, entonces, a


un punto nodal. La necesidad de una nueva teoría de la democracia, que sea capaz de
fundir, en la acción política, la máxima eticidad “pública” con la mínima falta de respeto de
los derechos fundamentales del individuo: comprender la democracia como un proceso de
legitimación de conflictos, comprender la democracia como un movimiento de reducción
de la fuerza de los poderes invisibles en la sociedad, comprender la democracia como
medio de socialización de la política y de la riqueza material socialmente producida,
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8
Idem, p. 152
9
BOBBIO, Norberto. “Teoría General de la Política” - La Filosofía Política y las Lecciones de los Clásicos”.
Rio de Janeiro: Ed. Campus, 2000, p. 193.
10
BOBBIO, Norberto. “Teoría General de la Política - La Filosofía Política y las Lecciones de los Clásicos”.
Rio de Janeiro: Ed. Campus, 2000, p. 193
comprender la democracia como un proceso de creación de un modo de vida democrático,
comprender la democracia como proceso de creación de un modo de vida conscientemente
orientado.

Propongo como síntesis la formulación de Fábio Comparato: “En lo que toca al


sistema institucional a ser creado para la concretización de esos valores, éste tendrá como
presupuesto lógico la superación de la dicotomía entre Estado y sociedad civil, sobre la cual
se fundó la alianza histórica del capitalismo con el Estado liberal. En esa concepción
dicotómica, el pueblo es reducido a una masa de individuos, cada cual dividido en sí mismo
en la doble posición del hombre, o sea, componente de la sociedad civil, y de ciudadano, o
sea, miembro de la sociedad política. Ambas funciones son puramente pasivas: el
individuo es tan impotente ante el poder económico en la sociedad civil, cuanto lo es el
ciudadano para ejercer la cuota individual de la soberanía popular que teóricamente le
cabe”11.

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11
COMPARATO, Fábio Konder. “La Humanidad en el siglo XXI: la gran opción”. Publicación de
Conferencias en la Facultad de Derecho de Coimbra - 1999/2000, Universidad de Coimbra, Coimbra Editora,
Stvdia Ivridica 48, Colloquia - 6