MINUCIAS GRIEGAS Y LATINAS

Raúl Lavalle

Amico Adefredo Fraschini dono do

Buenos Aires, 2009

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ÍNDICE
Prefacio Fontenelle y la arrogancia de Apolo La fama de Mición Fortuna de un verso de Enio Correspondencia en latín La constelación Argo Un poema francés basado en Lucrecio Heraclitus Un neoevemerista Profecía etrusca Un error en el diccionario Otro Filoctetes Un carmen figuratum Relato de Procopio de Cesarea Un personaje de Horacio en Gabriela Mistral Fautores Latinitatis p. 3 p. 4 p. 7 p. 8 p. 9 p. 11 p. 12 p. 14 p. 15 p. 16 p. 18 p. 19 p. 22 p. 24 p. 26 p. 28

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PREFACIO

Siempre tuve gusto por la minucia: cierta característica que tiene un vaso de cerámica en un museo, cierto detalle en un cuadro, un raro dato sobre las costumbres de algún pueblo, y cosas semejantes. También las obras literarias traen gemmulas. En el caso de las literaturas griega y latina, además de grandes temas (tales el destino, el conocimiento humano, el concepto de héroe), encontramos a cada momento una referencia velada a otro texto, una pequeña cuestión, alguna rara audacia expresiva. Pero los estudios clásicos no solo están en los libros antiguos. Están en inscripciones de toda clase y de toda época, en la maravillosa vitalidad de las lenguas romances, en los dichos habituales, en la publicidad. En este libro incluyo algunas notas sobre estos temas. Algunas fueron publicadas antes, en lugares de poca difusión, y las reproduzco modificadas; otras son nuevas. Sin embargo –α)πολογου=µαι– muchos desprecian estas minucias. Solo puedo decir que me considero en esto un mal discípulo de Aulo Gelio. Quizás alguien, después de leerlas, quiera hacer otras mejores y estar más cerca del maestro de las Noches áticas. Tal vez algún profesor de latín o de griego pueda servirse de alguna de estas minucias, para condimentar alguna clase.

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FONTENELLE Y LA ARROGANCIA DE APOLO
En las Metamorfosis de Ovidio, Apolo trata de convencer a Dafne de que no huya y acepte su amor. Él –dice a la ninfa− no es un rudo pastor de los montes, sino el dios de los oráculos (el más importante de ellos era el de Delfos):
Júpiter es mi padre; por mediación mía se revela tanto lo que será como lo que ha sido y lo que es; gracias a mí suena el canto en armonía con las cuerdas. Infalible es mi flecha, desde luego, pero hay una que lo es aún más que la mía, y que ha causauna herida en mi corazón antes intacto. Invento mío es la medicina, en todo el mundo se me llama auxiliador, y el poder de las hierbas me está sometido. ¡Ay de mí, porque ninguna hierba es capaz de curar el amor, y no sirven de nada a su señor las artes que sirven a todos los demás!1

Bernard Le Bovier de Fontenelle (1657-1757) fue filósofo y poeta francés. No es en modo alguno ajeno al mundo clásico, pues escribió, por ejemplo, unos Dialogues des morts, donde hay personajes antiguos y modernos, y una Histoire des oracles.2 Este soneto recrea la declaración de amor de Apolo a Dafne: Je suis, criait jadis Apollon à Daphné, Lorsque tout hors d’haleine il courait après elle, Et racontait pourtant la longue kyrielle Des rares qualités dont il était orné; Je suis le Dieu des vers, je suis bel esprit-né. Mais les vers n’étaient point le charme de la belle, Je sais jouer du luth. Arrêtez. –Bagatelle! Le luth ne pouvait rien sur ce coeur obstiné. Je connais la vertu de la moindre racine, Je suis par mon savoir Dieu de la médecine. Daphné courait encor plus vite que jamais. Mais s’il eût dit: Voyez quelle est votre conquête: Je suis un jeune dieu, toujours beau, toujours frais,
Cf. I, vv. 504-24. Copiamos la trad. de Antonio Ruiz de Elvira: Barcelona, Bruguera, 1983, pp. 25-6. 2 Una idea sobre su obra puede verse en: Fontenelle. Oeuvres choisies. Paris, Larousse, s. f.
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Daphné, sur ma parole, aurait tourné la tête.1 Me animo a ofrecer un ejercicio de traducción:
“Yo soy –exclamó una vez Apolo a Dafne, mientras todo falto de aliento corría tras ella, y enumeraba no obstante la larga retahíla de las raras cualidades que lo adornaban. “Yo soy el dios del verso, el dios culto.” Pero los versos no eran del agrado de la bella. “Yo sé tocar el laúd. Detente.” −¡Tonterías! El laúd nada podía sobre ese corazón obstinado. Yo conozco la virtud de la más pequeña raíz. Yo soy por mi saber dios de la medicina.” Dafne corría todavía más rápido que antes. Mas si le hubiera dicho: “Mira cuál es tu conquista: soy un dios joven, siempre bello, siempre lozano”; Dafne, doy mi palabra, habría dado vuelta su cabeza.

Otro personaje de Ovidio, el cíclope Polifemo, trataba de persuadir a Galatea de que aceptara su amor. También él se elogiaba por sus raras cualidades.2 De cualquier forma, su monstruosidad no la tapaba el encomio. Análogamente, a Apolo no le sirve aquí ser el dios de las artes, de la medicina y de las flechas. Para seducir a Dafne, quien había obtenido de su padre el don de la virginidad, eso era presuntuosa palabrería. La música amansa a las fieras, pero el laúd (palabra árabe, en lugar de la griega lira) no puede vencer en la conquista amorosa. La sola mención de la medicina parece haberla hecho escapar más rápido. Fontenelle introduce una curiosa variación en el mito: la belleza y la eterna (toujours) juventud del dios sí habrían podido atraer a la esquiva joven. Y el poeta lo afirma con total certeza (sur ma parole). Otro de los poetas que casi nadie lee hoy, André Chénier (1762-1794), decía que le gustaría poseer todas las virtudes y suprema belleza, para atraer los ojos y pensamiento de su amada (Oh! que n’ai-je moi seul tout l’éclat et la gloire / Que donnent les talents, la beauté, la victoire, / Pour fixer sur moi seul ta pensée et tes yeux!3). Pero tal vez también esto sea falso, pues el amor es algo misterioso.

Tomo el texto de la antología La poésie de l’amour; La poésie du baiser; La poésie de la femme. Paris, Nilsson, s. f., p. 208. 2 Metamorfosis XIII, vv. 789-869. 3 En el poema “A Fanny”, de la citada antología, p. 230.

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Podemos terminar con una ironía del destino, traduciendo al español otro soneto de Fontenelle que no habla muy bien de la lengua de Cervantes.

Parce que l’espagnol est une langue fière, Je vous le dois apprendre? Eh bien, soit! commençons. Mais, ce que je demande à ma belle écolière, C’est de ne se servir jamais de mes leçons. Déjà si fièrement votre âme indifférent Oppose à mon amour qu’il ne faut point aimer, Que, même en espagnol, y fussiez-vous savante, Vous auriez de la peine à vous mieux exprimer. Croyez-moi, le français vaut bien qu’on le préfère A la rude fierté d’une langue étrangère. De ce qu’il a de libre empruntons le secours. Mais que, de son côté, l’espagnol se console: Car ne pourrons-nous pas mêler dans nos amours, Et liberté française, et constance espagnole?1
¿Puesto que el español es una lengua altiva yo os lo debo enseñar? ¡Bien! Comencemos. Pero lo que yo pido a mi bella discípula es que nunca saque provecho de mis lecciones. Con tanta altivez tu alma indiferente le dice a mi amor que no hay que amar, que, incluso en español, si lo supieras bien, tendrías dificultad para expresarte mejor. Créeme, el francés merece que se lo prefiera a la ruda altivez de una lengua extranjera. De lo que él tiene de libre sirvámonos. Pero, por su parte, que el español se consuele: ¿no podemos nosotros mezclar en nuestros amores tanto libertad francesa como constancia española?

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Este poema y otros datos de Fontenelle, en el largo artículo del Grand dictionnaire universel du XIXe. siècle (Paris, Pierre Larousse, desde 1866).

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LA FAMA DE MICIÓN
Los Colloquia familiaria de Erasmo tienen uno llamado Γεροντολογι/α, sive ο)/ξηµα (Conversación de viejos o El carro). En él cuatro viejos esperan un carro que los lleve a Amberes, y entretienen el tiempo con una amena conversación. Uno de ellos era hombre de dulce carácter, como lo indica su propio nombre Glycion. Este personaje explica a los otros tres, sus antiguos compañeros de juventud, el género de vida que ha llevado, que le ha permitido llegar a una agradable vejez: In ceteris Mitionem quendam ago: nulli laedo os, arrideo omnibus, saluto ac resaluto benigniter: nullius animo repugno, nullius institutum aut factum damno, nemini me praefero; patior suum cuique pulchrum esse.1 No herir, sonreír, saludar y responder al saludo, tener respeto por la forma de ser y sentir de los demás, cultivar cierta modestia. Tal vez el Mición de Los hermanos de Terencio no era en todo así; quizás tampoco tuvo el exitus de este buen anciano. Pero es innegable que el personaje se convirtió en modelo de conducta sana, que permitía vivir mejor, y más barato, pues se permitía no visitar a los médicos: Nihil mihi rei cum medicis [...] Si quid oboritur lassitudidinis, moderatione victus aut rusticatione propello malum.2 Pienso yo –corríjanme los entendidos– que Erasmo corporizó en Glición su propio ideal de vida. Y es interesante destacar el aporte de la literatura a la creación de este ideal. Como contrapartida, en las Familiarium colloquiorum formulae, Erasmo reprocha a algunas gentes su mal carácter; dice que quidam Demeae sunt ingenioque agresti, ut vix salutati resalutent.3 Y de nuevo Terencio, con el viejo hosco y rusticus.

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Cito por la ed. de Herbert Rädle: Stuttgart, Philipp Reclam, 1993, p. 26 P. 32 de la citada ed. 3 Cito por la ed. de Lore Poelchau: Stuttgart, Philipp Reclam, 1996, p. 8.

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FORTUNA DE UN VERSO DE ENIO
At tuba terribili sonitu taratantara dixit es un verso de Enio bien conocido por los estudiosos (fragm. 372 de los Anales, según ed. de Luigi Valmaggi: Torino, G. Chiantore, 1923). La voz que imita el ruido de la trompeta es indeclinable, pero Erasmo, en un pasaje de sus Adagios, dice que un joven e instruido príncipe cometió cierto exceso de piedad. En efecto, acompañó a su padre a la guerra y allí perdió la vida. Quid isti formae, quid isti aetati, quid naturae tam miti, quid ingenio tam candido, cum taratantaris, bombardis, et ferro? Pone ese ejemplo para comentar el adagio Spartam nactus es, hanc orna; esto es –interpreta el gran humanista: debemos tratar de desempeñarnos acertadamente en el lugar que la vida nos concedió, sin dejarnos llevar por vanas ambiciones. Pero volvamos a la lengua. Taratantara es en este texto erasmiano un sustantivo de primera declinación; lo mismo que bombarda, especie de cañón y palabra italiana proveniente de la latina bombus, ‘ruido’ (βο/µβοϕ). Como vemos, dos palabras que tienen su historia, pero la más difícil de traducir es la onomatopeya. Anton J. Gail, editor de los Adagios para la ed. Philipp Reclam (Stuttgart, 1994), nada dice sobre Enio y traduce la idea: ‘mit Kriegstrompeten, Kanonen und Schwert’. Nos habría gustado que quedara algo de la rareza del poeta de Calabria. No es la única vez que Erasmo alude a Enio. En el adagio Festina lente menciona a Fabio Máximo, qui cum sibi laudem peperit immortalem, tum Romano imperio, cunctanto restituit rem. Sin duda es el fragm. 154 de los Anales: unus homo nobis cunctando restituit rem.

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CORRESPONDENCIA EN LATÍN
Las librerías de Buenos Aires siempre depararon agradables sorpresas, como la que adquirí paucis nummulis. Se llama Scribisne litterulas Latinas?; Kleine moderne Korrespondenz in lateinischer Sprache, de Karl Thieme, editorial C. A. Kochs, Dresden – Leipzig, 1908. Son cartas bilingües en latín y alemán que reflejan distintas situaciones de la vida cotidiana de entonces; en especial, del mundo universitario. Transcribo la carta 94 (pp. 97-98), porque creo que puede ser de interés para quienes gustan de la composición latina –si bien en nuestro país hay una tradición contraria, de enseñar el latín solamente como lengua de lectura. Es nunc civis academicus, imprimis sis studiosissimus! Horae enim cedunt et dies et menses et anni; nec praeteritum tempus unquam revertitur. Imprimis ama verecundiam. Itaque in iis perniciosus est error, qui libidinum peccatorumque omnium patere in academia licentiam existimant. Impedit enim intellectum voluptas, rationi inimica est, mentis, ut ita dicam, praestringit oculos. Etiam epulis et frequentibus poculis abstineas, si vis insomniis carere. Sed si quid dandum est voluptati, quoniam eius blanditiis non facile obsistimus, quamquam immoderatis epulis caret academicus civis bonus, modicis tamen conviviis delectari potest. Ut bene valeas! Salutabis mihi sodalitatem diligenter. Patruus tuus N. N. En esta carta hay un carpe diem, pero entendido de forma distinta de la habitual. El tiempo pasado nunca vuelve. Por eso debes aplicarte con intensidad al estudio –dice el remitente. Se da aquí la paradoja de dos Carmina Burana. En efecto, uno puede imaginarse a unos estudiantes escuchando bajo los tilos: Omittamus studia, / dulce est desipere, / et carpamus dulcia / iuventutis tenere!1 Pero otro de esos cantores exhorta a deponer conductas goliardescas: Volo resipiscere, / linquere, corrigere / quod commisi temere.2

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Omittamus studia es el nº XV de la ed.: Carmina Burana, pról. Carlos Yarza, trad. Lluís Moles. Barcelona (y otros), Seix Barral, 1978, p. 138. 2 Nº VII, de la citada ed., 74.

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Por lo visto la licencia de costumbres era, para esta carta, moneda bastante corriente en la vida universitaria. Esto concuerda con lo que decía el primer poema citado. Pero hay aquí una explicación: impedit intellectum voluptas. También aconseja la carta abstenerse beber y banquetear, pues ambas cosas producen insomnio. Soy incapaz de juzgar científicamente tales afirmaciones (algunos famosos compositores sabemos que acudían a Baco, y a otros medios, en busca de inspiración), pero la afirmación es sentenciosa: rationi inimica est. Pero de carne sumus, para decirlo en un bajo latín. Si, de acuerdo con el personaje de Los hermanos de Terencio, debemos ser más tolerantes con los jóvenes, al menos aconsejamos moderación; porque un estudiante, un scholasticus, no es bueno que se entregue a comilonas sin medida: est modus in rebus. Tales admoniciones son benévolas; y un saludo final a la fraternidad estudiantil las hace aún más paternales. Al leer las cartas de este librito, pienso en el Gaudeamus igitur: aunque fue compuesto hacia 1750, evoca la universidad medieval.

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LA CONSTELACIÓN ARGO
Manilio, que vivió en la época augustal, es autor del poema Astronomica. Un pasaje del mismo se refiere a la nave Argo: tum nobilis Argo in caelum subducta mari, quod prima cucurrit, emeriti magnis mundi tenet alta periclis servando dea facta deos.

I 412-5

[‘Entonces la noble Argo llevada al cielo desde el mar, que recorrió primera, ahora tiene las profundidades del mundo, merecido por sus peligros: por salvar a dioses fue hecha diosa.’]

Según informa G. P. Goold, editor de Manilio para la colección Leob (1997, reimpr. con correcciones de la ed. 1992), Argo está dividida hoy en cuatro constelaciones: Carina, Puppis, Pyxis y Vela. Pero lo que me interesa es mostrar este pasaje como ejemplo de cómo cada época puede hacer su propia lectura de un texto. En efecto, hoy ya iniciamos la conquista de dos mundos. Uno es el de las profundidades oceánicas; otro, del que tal vez sepamos mucho menos, es el del espacio. La nave Argo hizo su milicia sobre el mar, y su premio fue el cielo. La imagen marinera, grata a los antiguos, aquí se aplica a la eterna navegación astral. Análogamente, Neptuno es el dios del signo de los peces (agnoscitque suos Neptunus in aethere Pisces, II 447).

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UN POEMA FRANCÉS BASADO EN LUCRECIO
Casimir Delavigne (1793-1843), poeta y autor dramático francés, nos muestra en esta composición cuánto gustaba del proemio del De rerum natura de Lucrecio. Hymne a Vénus Vénus, ô volupté des mortels et des dieux! Ame de tout ce qui respire, Tu gouvernes la terre, et les mers et les cieux: Tout l’univers reconnaît ton empire! Des êtres différents les germes précieux, Qui dorment dispersés sous la terre et dans l’onde, Rassemblés à ta voix féconde, Courent former les corps que tu veux enfanter. Les mondes lumineux roulent, dún cours paisible, L’un vers l’autre attirés, unis sans se heurter, Par ton influence invisible! Tu parais, ton aspect embellit l’univers: Je vois devant toi fuir les vents et les tempêtes; L’azur éclate sur nos têtes; Un jour pur et divin se répand dans les airs, L’onde avec volupté caresse le rivage; Les oiseaux palpitants sous leur toit de feuillage, Célèbrent leurs plaisirs par de tendres concerts. Des gouffres de Thétis tous les monstres informes Font bouilloner les flots amers Des élans amoureux de leurs masses énormes. Les papillons légers se cherchent sur les fleurs, Et par un doux hymen confondent leurs couleurs. L’aigle suit dans les cieux sa compagne superbe; Les serpents en sifflant s’entrelacent sous l’herbe; Le tigre dévoré d’une indomptable ardeur, Terrible, l’œil sanglant et la gueule écumante, Contemple, en rugissant d’amour et de fureur, La sauvage beauté de son horrible amante.

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Tout ressent de Vénus la puissante chaleur; 30 Tout produit: les vallons, les fleuves, les montagnes, La rose se parfume et le chêne verdit; Au fond de l’océan la perle s’arrondit, Et les palmiers en fleurs fécondent leurs compagnes, Cependant les sylvains, brûlés des mêmes feux, 35 Pressent la nymphe palpitante
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Qui tremble dans leurs bras nerveux Et de désirs et d’épouvante!... La déesse sourit aux mortels enchantés; Elle entend s’élever du milieu des cités, 40 De l’épaisseur des bois, du sein des mers profondes, Un murmure confus de cent bruits amoureux; Et ce concert voluptueux Est l’hommage éternel des terres et des mondes.1 El poema es desarrollo del proemio lucreciano, no traducción. Una diferencia es que el francés aumenta, si cabe, el poder de Venus, pues la diosa es causa de los constantes (paisible del v. 9 parece humanizar lo infalible y a la vez azaroso del sistema epicúreo) cursos de los astros. La ‘voz fecunda’ de la diosa (v. 7) es operante, pues verbo dominae se ordena el mundo. Destacan el poder de la Venus cósmica los términos gouvernes (v. 3), empire (v. 4) y ton influence invisible (v. 11). Los vv. 10-20 del libro primero de Lucrecio dicen que con la primavera los seres sienten la fuerza de Venus y se unen, cada uno en su especie. Delavigne también pone en primer lugar la epifanía de la diosa y luego enumera algunos de sus efectos, como la suavidad del clima, sin vientos ni tormentas, y el amoroso gorjeo de las aves. La personificación del agua, que acaricia la ribera (v. 16),2 y los leviatanes, que sacuden las aguas al buscarse amorosamente, contrastan con la belleza pequeña de las mariposas entre las flores. Águilas, serpientes y tigres, soberbios y temibles, también obedecen a la diosa, que une en ellos lo acre y lo dulce. Se ha elogiado al modelo latino por medio de la amplificación. Según los sabios, las perlas son excrecencias segregadas por algunas ostras cuando un cuerpo extraño se introduce en ellas. Hasta las cerradas ostras –dice Delavigne– engendran. Los árboles se abrazan y los silvanos, dioses de los bosques,3 persiguen a ninfas que los temen, pero también los desean: tanto puede Venus. Nosotros los mortales, inteligentes y libres, damos otro paso, pues nuestra respuesta es gozosa (enchantés, v. 39). Como final, la diosa es asociada a una extraña música. Una sinfonía, pues el cosmos todo entona laudes Veneris. No falta el homenaje a Lucrecio en voluptueux (v. 43), eco del voluptas del De rerum natura (I, v. 1).
Tomo el poema de la siguiente antología: La poésie de l’amour; La poésie du baiser; La poésie de la femme. Paris, Nilsson, s. f., pp. 248-248. 2 En un fragmento de Las Danaides Esquilo emplea una imagen semejante, cuando se refiere a la lluvia: ‘el puro cielo ama horadar la tierra’; ‘la lluvia, caída de su amado cielo, / fecunda la tierra’. Es el fragm. 25, ed. por Hugh Lloyd-Jones: AESCHYLUS, 2 vol. Cambridge, Mass. – London, Harvard Univ. Press – W. Heinemann, 1971. 3 Lo habitual es el dios Silvano; este plural parece una analogía con los sátiros.
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HERACLITUS
They told me, Heraclitus, they told me you were dead, They brought me bitter news to hear and bitter tears to shed. I wept as I remembered how often you and I Had tired the sun with talking and sent him down the sky. And now that thou art lying, my dear old Carian guest, A handful of grey ashes, long, long ago at rest, Still are thy pleasant voices, thy nightingales, awake; For Death, he taketh all away, but them he cannot take. WILLIAM COREY (1823-1892)

Nada sé de este autor; solo unos pocos poemas que trae la antología Six centuries of great poetry, hecha por Robert Penn Warren y Albert Erskine (New York, Dell, 1955, pp. 448-452). They told me... Es cierto: lo que se dice de los presocráticos es bastante dudoso. Pero no importa, pues el lector puede entrar en amistad con el autor, y considerarlo su querido huésped. Ese non omnis moriar es algo más que la fama; es una comunión de ideas, y hasta de afectos. El ruiseñor es ave de ayes lastimeros, pero aquí los ruiseñores parecen símbolos de la voz perenne del sabio.

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UN NEOEVEMERISTA
Tal vez sea más conocida la palabra evemerismo que el propio Evémero, su epónimo. Este filósofo de Mesene, como saben los estudiosos, floreció hacia el 300 a. C. Sostenía al parecer que los dioses habían sido en otro tiempo hombres, heroicos pero simples mortales. La apoteosis de la posteridad hizo, entonces, el resto. Enio tradujo al latín la Sacra historia de este griego. Lactancio y otros autores cristianos antiguos se valieron de esta doctrina racionalista, en su lucha contra la filosofía pagana. Pero no me atrevo a considerar muerto del todo al evemerismo. Oigamos lo que un abuelo dice a sus nietos cuando les relata historias mitológicas. −Difficile non est, quandam veri imàginem in his fabulis quasi adumbratam perspìcere. Quis enim dùbitet, quin ipsis antiquitatis temporibus viri maxima virtute praediti plurimos labores pertùlerint, sive ut patriam ab hostibus defènderent, sive ut agros regionesque suas a belluis infestis vel a scelestis hominibus liberarent, et recentes civitates ad civilem cultum perdùcerent? − Quorum fama ita crevit, ut apud pòsteros res gestae, quasi fictis fabulis circumfusae, memorarentur. Quos omnes divino genere natos vèteres credidèrunt, nonnullos autem, ut Hèrculem, in Olympum post mortem adscìtos. Di et Heröes (editio altera aucta imaginibusque exornata, curante Iulio Meregazzi). Mediolani in Aedibus Antonii Vallardi Bibliopolae, MCMXXVIII. Tales los datos bibliográficos. Por lo que se ve, el libro formaba parte de una colección: “Lingua Latina ex usu”, moderante Guidone Vitali. No conozco ni al autor ni al director de la colección, ni poseo un Who’s Who italiano. La cita está en la p. 87 del libro. Quiere decir que Iohannes y Marcus, los nietos, ya aprendieron de labios del abuelo las nociones fundamentales sobre los dioses. Pero decir que ciertos hechos fueron ‘rodeados de fábulas fingidas’, hablar del ‘culto civil’ de estos héroes apotropaicos; esto, en fin, es filosofar a la manera de Evémero. ¡Gran bondad de los libros antiguos!

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PROFECÍA ETRUSCA
La llamada Profecía de Vegoia es un texto que se conserva en dos manuscritos del s. IX. Un esquema de contenido podría ser: 1. Júpiter estableció en el mundo separaciones claras, ya sea cósmicas como la de la tierra y el cielo, o de orden terreno. 2. También quiso que los hombres tuvieran límites, conociendo su avaricia ingénita, y una consecuencia de ello es la medición de los campos, aspecto básico de la economía antigua. 3. La violación de los termini es por tanto un scelus, y hasta un sacrilegio que acarrea todo tipo de castigos sobre casas, hombres y frutos. 4. Una exhortación a guardar el orden establecido corona la profecía. Nuestro mínimo aporte se basa completamente en la obra de Alfredo Valvo: La “Profezia di Vegoia.” Proprietà fondiaria e aruspicina in Etruria nel I secolo A. C. Roma, Istituto Italiano per la Storia Antica, 1988. Solo damos una versión española del texto fijado por Lachmann, que Valvo transcribe (p. 3). Idem Vegoiae Arrunti Veltymno Scias mare ex aethera remotum, cum autem Iuppiter terram Aetruriae sibi vindicavit, constituit iussitque metiri campos signarique agros. sciens hominum avaritiam vel terrenum cupidinem, terminis omnia scita esse 5 voluit. quos quandoque quis ob avaritiam prope novissimi octavi saeculi data sibi homines malo dolo violabunt contingentque atque movebunt. sed qui contigerit moveritque, posesionem promovendo suam, alterius minuendo, ob hoc scelus damnabitur a diis. si servi fa10 ciant, dominio mutabuntur in deterius. sed si conscientia dominica fiet, caelerius domus extirpabitur, gensque eius omnis interiet. motores autem pessimis morbis et vulneribus efficientur membrisque suis debilitabuntur. tum etiam terra a tempestatibus vel turbinibus plerumque labe mo15 vebitur. fructus saepe ledentur decutienturque imbribus atque grandine, caniculis interient, robigine occidentur. multae dissensiones in populo. fieri haec scitote, cum talia scelera committuntur. propterea neque fallax neque bilinguis sis. disciplinam pone in corde tuo. 20
Vegoia a Arrunte Veltumno

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Debes saber que el mar está separado del éter. Pero cuando Júpiter se adjudicó para sí la tierra de Etruria, decretó y ordenó que se midieran los campos y se marcaran los terrenos. Como conocía la avaricia de los hombres y sus ambiciones terrenas, quiso que todas las cosas fueran establecidas por sus términos. A estos términos a veces algunos hombres, por la avaricia que existe casi al final de este siglo octavo, con perverso dolo los violarán, los tocarán y los moverán. Pero aquel hombre que los tocare y moviere, ampliando sus posesiones en desmedro de la ajena, por este delito será condenado por los dioses. Si esto fuere hecho por un esclavo, caerá en una dominación peor. Pero si fuere hecho con conocimiento de su amo, la casa será más rápidamente extirpada y toda su familia perecerá. Los que muevan los términos serán afectados por terribles enfermedades y heridas, y sus miembros se debilitarán. Entonces también la tierra se verá consumida con frecuencia por el azote de tempestades y tornados. A menudo también sufrirán daño los frutos, serán golpeados por lluvias y granizo y perecerán por las canículas y morirán por el tizón. Habrá muchas disensiones en el pueblo. Sabed que estas cosas se producen cuando se cometen tales crímenes. En consecuencia no seas falaz ni de doble lengua. Guarda esta doctrina en tu corazón.

La ortografía inconsecuente (Aetruriae, 1. 3, y ledentur, 1. 16) se puede subsanar fácilmente; otras dificultades del escrito, no sin alguna enmienda. El idem del título se refiere a otros similares, que anteceden a la profecía en el manuscrito: Ex libris Magonis et Vegoiae auctorum. Para las líneas 6-8 quos ... movebunt, empleamos la corrección datos por data (1. 7); prope novissimi octavi saeculi lo traducimos como equivalente a prope exeuntis (Valvo, p. 38). Efficientur (1. 14) lo tomamos como afficientur; occidentur como occident. Tages y Vegoia o Begoe eran para los romanos nombres de profetas etruscos, a quienes se adscribían obras sobre creencias y prácticas religiosas, particularmente adivinatorias. La Profecía es entonces muy importante para el conocimiento de Etruria. De todos modos una interpretación global de este texto, datable hacia el s. I a. C., debe realizarse con el conocimiento de otras fuentes escatológicas antiguas, incluso de otros pueblos. Para esta tarea el lector queda remitido a la obra de Valvo. Tiene también a su disposición un buen instrumento para la ilustración del hábito romano de “delimitar”, en lo intelectual y en lo práctico.

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UN ERROR EN EL DICCIONARIO
Muchas generaciones de estudiantes hispanoamericanos han empleado el Spes. Este diccionario ilustrado latino-español y español-latino considero que es un buen primer instrumento de trabajo. Llamaré ahora la atención sobre un error de imprenta, que las sucesivas reediciones y reimpresiones del Spes ha perpetuado por años. Este es: autumno 1 tr. Decir, afirmar // creer, pensar. Es indudable que quien compuso el texto fue víctima de un saltus, error frecuente por otra parte en los antiguos copistas amanuenses. Corrijamos entonces.

autumno 1 intr. caractériser l’automne, annoncer l’automne: Corus autumnat PLIN 2, 124, le vent du nord-ouest signale l’automne. autumo 1 tr. decir, afirmar // creer, pensar. Como puede ver el lector, he copiado para autumno lo que dice otro diccionario muy usado: Félix Gaffiot. Dictionnaire illustré latinfrançais. Paris, Hachette, var. ed. Pero Gaffiot, aun siendo francés, se olvidó de Ausonio, autor del s. IV nacido en Burdeos, muy afecto a curiosidades y a juegos poéticos, como el que dedica a las estaciones del año: De mensibus et quatuor anni temporibus Aeternos menses et tempora quatuor anni quatuor ista tibi subiecta monosticha dicent. Martius, Aprilis, Maius sunt tempora veris. Iulius, Augustus nec non et Iunius aestas. Septembri, Octobri autumnat totoque Novembri. Brumales Ianus, Februarius atque December. Además el Diccionario de la lengua española, editado por la Real Academia, trae el verbo otoñar, y lo define en primera acepción como “pasar el otoño.” Y en latín tenemos los verbos aestivare, hiemare, vernare, como para darle la razón a Ausonio (el cultista Marciano Capela usa autumnascit, 6, 605). Subrayamos entonces el autumnat del poemita mnemotécnico.

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OTRO FILOCTETES (Posthomerica IX, 353-425)1
La figura de Filoctetes es conocida sobre todo a través de la obra homónima de Sófocles. Hay variantes, como suele ocurrir en los mitos, más o menos significativas en otros textos antiguos.2 Ofrecemos una traducción del paso en que el autor Quinto de Esmirna relata cómo los griegos, a través de Odiseo y Diomedes (en Sófocles eran Odiseo y Neoptólemo), lo convencen para que abandone Lemnos y vaya a Troya. Una tarea de comparación con otras fuentes quedará para otra ocasión, pero pensamos que lo que aquí damos a conocer puede despertar algún interés por La caída de Troya,3 poema escrito unos 400 años d.C.
Posthomerica IX, 353-425
Cuando llegaron a la divina Lemnos y a la cueva de piedra donde yacía el hijo del ilustre Peante, les sobrevino entonces temor al ver al hombre, que gemía con penoso dolor, tirado en el duro suelo. A su alrededor, junto a su lecho, estaban esparcidas muchas plumas de aves; otras estaban pegadas a su cuerpo, como un remedio contra el penoso invierno. Pues, cada vez que triste hambre se apoderaba de él, lanzaba su dardo irresistible adonde su ánimo lo movía: algunas veces comía, las plumas lo vestían; junto a él yacían hojas, que él ponía sobre su funesta herida como un remedio contra su negro padecer. Sus secos cabellos se desparramaban sobre su cabeza, como le sucede a una bestia feroz que, por obra de una ingeniosa trampa, puso una noche su rápido pie en ella: se ve forzada a golpear con dañosos dientes su extremidad y llega luego a su cueva, y se llena de agobio su ánimo por el hambre y los duros cuidados, pues en la espaciosa caverna lo doblega su padecer. Así todo su cuerpo se consumía y sobre los huesos nada más había piel; lúgubre y sucia sequedad había en sus mejillas y el triste dolor lo doblegaba. Bajo las cejas rodeaban sus ojos profundas cavidades y sufría amargamente: nunca cesaba en sus lamentos, porque la negra y purulenta herida, que le llegaba hasta los huesos, le provocaba crueles sufrimientos. Como cuando, en un escollo del agitado mar, la inmensa fuerza del agua salada doblega y mina por debajo la rugosa piedra, por más dura que ésta sea: golpeada por el viento y la tempestad y comida por el mar, se forman en ella cavernas; así la herida de su pie crecía por obra del purulento veneno que la

Publicado en Excerpta scholastica, 5, 1999. Cf. el artículo sobre Filoctetes, en Pierre GRIMAL. Dictionnaire de la mythologie grecque et romaine. Paris, P.U.F., 1951. 3 Nos hemos ocupado algo de Quinto de Esmirna y su poema La caída de Troya, también llamado Posthomerica, en la ponencia “Dos ejemplos tardíos del tópico de la mudanza de la fortuna”, en Actas de las VII Jornadas de Estudios Clásicos (24-25 jun. 1993). Buenos Aires, Univ. Católica Argentina, Fac. de Filosofía y Letras, Inst. de Estudios Grecolatinos, 1995.
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serpiente de agua le había inoculado con sus dientes. Dicen que su mordedura es incurable cuando ella va a tierra y la seca la fuerza del sol. Incurables cuidados doblegaban entonces y afligían a este hombre tan fuerte, y el suelo de la espaciosa caverna estaba sucio de la pútrida sangre que manaba de la herida, algo digno de asombro incluso para los hombres que nacerían después. Junto a su lecho estaba la enorme aljaba, llena de flechas que le servían, unas para la caza y otras contra sus enemigos. Estaban cubiertas por el veneno de la funesta serpiente de agua. Delante tenía cerca su gran arco, adornado con curvos cuernos, preparado por las infatigables manos de Heracles. Pero cuando Filoctetes vio a Ulises y a Diomedes acercarse a la espaciosa cueva, se precipitó a tender las dolorosas flechas, pues su terrible cólera le traía a la memoria otra vez, cuando lo habían abandonado a su solitario dolor en las desiertas orillas del mar. Y en verdad habría cumplido lo que su ánimo le dictaba, si Atenea no hubiera disipado tan triste cólera al ver el héroe a sus compañeros. Ambos se acercaron llenos de aflicción, se sentaron junto a él, uno a cada lado, dentro de la ahuecada caverna y le preguntaron sobre su funesta herida y penosos dolores. Él les habló entonces de sus sufrimientos. Lo animaron ellos y le dijeron que le iban a curar su triste herida y funestos padecimientos y dolor, si iba con ellos al ejército aqueo, que estaba muy dolorido por él junto a las naves, lo mismo que los Atridas. También le dijeron que ninguno de los aqueos en el ejército era la causa de sus pesares, sino las penosas Moiras, sin cuyo consentimiento ningún hombre viene a la tierra; pues cada día ellas se mueven sin ser vistas alrededor de los fatigosos hombres; a veces dañan al linaje de los mortales en su amargo corazón, otras veces lo llenan de gloria. Disponen para los mortales lo que procura dolor y lo que da alegría, según a ellas les parece. Escuchó Filoctetes a Odiseo y al divino Diomedes, e inmediatamente puso fin a su triste cólera, aunque grande había sido su ira por todo lo que había padecido.

*** Luego el poema termina este parte de la historia narrando cómo Ulises y Diomedes lavaron y limpiaron en las naves la herida de Filoctetes, le prepararon un banquete, durmieron y llevaron al héroe y sus flechas a Troya. Decíamos arriba que no haríamos estudio comparativo, pero indudablemente para la mayoría de los lectores Sófocles es principal referente. Todos recordamos cómo el trágico preparaba la aparición en escena del héroe de su tragedia. Pero Quinto no dispone de tanto tiempo: la misión aquea a Lemnos ya está allí; ya están frente al mísero Filoctetes y a su espantosa caverna. El resultado de lo que ven es ϑα/µβοϕ (v. 355), un estupor ante el infortunio. Tal sentimiento calará luego hondo en Ulises, a quien Homero llama ‘paciente’, pro sus

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padecimientos. Al enumerar luego las desgracias de Filoctetes (vv. 35797), Quinto casi nada nos dice del dolor moral de la soledad y de la traición de sus compañeros, de la privación de la amada patria griega, de la frustración que supone para el héroe la falta de fama de sus talentos; cosas todas éstas que no habían sido desaprovechadas por el genio dramático sofocleo (cf. Filoctetes, vv. 220-31). El término que caracteriza este estado de Filoctetes es α)νι/η (vv. 363, 370 y 409). Es natural entonces que ‘cólera’ sea su sentimiento hacia los griegos, representados por Odiseo y Diomedes (vv. 398-402). La solución es poco dramática en Quinto de Esmirna (todo lo contrario de lo que ocurre en Sófocles), pues la diosa Atenea disolvió en el acto la cólera de Filoctetes. De cualquier forma, Odiseo y Diomedes lo consuelan y lo aleccionan acerca de lo variable de la fortuna. Esto último es preocupación constante en La caída de Troya. Para dar sólo un ejemplo, se dice en el canto IX del poema: Después del dolor, los hombres obtienen alegría y felicidad; luego de los crueles vientos y de la terrible tempestad, Zeus lleva a los mortales la belleza de un suave día; luego de la funesta enfermedad viene el vigor, y de la guerra la paz: todas las obras cambian con el tiempo (vv. 104-109). Filoctetes no es excepción a la regla, pero para llegar a la felicidad del fin es necesario superar el πο/νοϕ, como dice Néstor en el canto XII: Los dioses pusieron los dolores a los pies de los hombres, pero los bienes muy lejos. En el medio está la fatiga. (vv. 292-93)

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UN CARMEN FIGURATUM
Easter-wings Lord, who createdst man in wealth and store, Though foolishly he lost the same, Decaying more and more, Till he became Most poor: With thee O let me rise As larks, harmoniously, And sing this day thy victories: Then shall the fall further the flight in me. My tender age in sorrow did begin: And still with sicknesses and shame Thou didst so punish sin, That I became Most thin. With thee Let me combine And feel this day thy victory: For, if I imp my wing on thine, Affliction shall advance the flight in me. GEORGE HERBERT1 George Herbert (1593-1633) ha cultivado la poesía religiosa. Él, según dice Enright, “is undeniably a devotional poet, devoted to Christ and to the Church [...], yet his poetry has an energy, inventiveness and intellectual depth and edge usually missing from what we think of as devotional verse.”2 Desde el punto de vista de la comprensión, hay una imagen de cetrería en el penúltimo verso, que se encarga de aclarar en una nota el editor: “imp: strengthen a damaged wing by engrafting feathers (falconry).”3 Confieso mi completa ignorancia, pero nunca se me habría ocurrido la posibilidad de ‘injertar’ plumas, para fortificar un ala lastimada.

Tomo el poema de la ed. de D. J. Enright, en la serie Everyman’s Poetry. London, J. M. Dent, 1996, p. 7. 2 En la citada ed., p. xiv. 3 P. 91.

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En cuanto a la forma, el Huevo, el Altar, la Siringa y otros son poemas llamados figurados, porque sus versos están dispuestos de manera de conformar visualmente las figuras homónimas. Conocemos incluso nombres de autores, como Dosíadas y Simias de Rodas. Este último, contemporáneo de Teócrito, hizo uno llamado Alas.1 Me parece claro que Herbert quiso hacer una obra figurada, métricamente hablando, aunque no sé cuánto conocía de los antecedentes antiguos. El hombre perdió, por su propia decisión, la abundancia que tenía en el Edén. Desde entonces todo ha sido caer más y más, ser más y más pobre. Pero el poeta pide a Dios resurgir. No dice “como tú” (bien podría haber sido), sino ‘como las alondras’. El vuelo de la alondra es imagen tradicional del pensamiento humano, que se eleva en busca de belleza. No sé si es verdad que estas aves vuelan alto, pero sí puedo citar –con grave riesgo de revelar mi edad– a Gaspar Núñez de Arce: Sólo las bulliciosas golondrinas Turban de aquellas ruinas La paz solemne con sesgado vuelo, Y alguna alondra al ascender inquieta, Símbolo del poeta, Que cuando canta se remonta al cielo.2 Un poema figurado como alas es natural que hable de aves. Vimos cómo en la segunda estrofa el poeta quiere poner su pobre ala en las alas divinas. Por sí solo no puede casi volar, porque el pecado lo debilitó. No obstante, la victoria de Cristo lo levantará. La anterior cita de Enright ponderaba la sincera devoción y la dimensión intelectual de Herbert. También hablaba de su valor literario como “metaphysical poet” de la escuela de Donne.3 Queremos subrayar también lo clásico de su poesía, en el fondo y en la forma. Un agregado último a nuestra lectura: Herbert también hizo uso de lo figurado en el siguiente anagrama entre Mary y Army: How web her name an Army doth present, In whom the Lord of Hosts did pitch his tent!4

Más datos sobre esto pueden hallarse en: Bucoliques Grecs, tomo II PseudoThéocrite, Moschos, Bion, Divers (ed. Ph. E. Legrand). Paris, Les Belles Lettres, 1927, pp. 220-235. 2 Idilio”, estr. 35: Poesías completas, 4ª ed. Sevilla, Imprenta Nacional, s. f. 3 p. xv. 4 El poema dístico “Anagram Mary Army”, en la p. 24 de la citada ed.

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RELATO DE PROCOPIO DE CESAREA
Procopio de Cesarea (murió hacia el 565 d. C.) fue importante hombre de corte y funcionario en la época del emperador Justiniano (482-565). No es un autor conocido sino por los estudiosos, aunque su importancia como fuente histórica de ese período es inmensa. Entre sus obras está La guerra gótica, que relata la campaña de conquista de Italia que hizo, para el Emperador, el célebre general Belisario. Traducimos a continuación, del griego, un pasaje que narra algo puramente incidental, pero que creemos que puede ser de interés para los lectores. ***
Cuando el ejército llegó con Juan al Piceno, se produjo, como es natural, una gran perturbación entre los hombres de allí. Algunas de las mujeres huyeron en seguida donde cada una pudo; otras, capturadas, eran llevadas sin ningún miramiento por quienes las encontraban. En este lugar, una mujer que acababa de parir y había dejado al niño, envuelto en pañales, en tierra, ya sea porque había huido o por haber sido capturada por alguien, no pudo volver allí: sin duda le tocó partir de esta vida, o de Italia. El niño, dejado en soledad, lloraba. Una cabra, al ver esto, se apiadó, se acercó (por casualidad ella también acababa de parir), le dio sus ubres y protegía con gran cuidado al niño, para que ningún perro o animal lo dañara. Y como la perturbación duraba mucho, el niño bastante tiempo seguía valiéndose de sus ubres. Luego los habitantes del Piceno supieron que el ejército del Emperador llegaba, para daño de los godos, y que los romanos no iban a sufrir ningún daño de parte de él, y en seguida todos volvieron a sus casas. En Urbisaglia, las mujeres que eran romanas, vueltas junto con sus maridos, después de ver al niño sobreviviente entre sus pañales, y sin poder en modo alguno conjeturar lo ocurrido, estaban sorprendidas de que viviera. Y cada una de ellas, las que podían hacerlo, le dieron el seno. Pero ni el niño deseaba leche humana ni la cabra en modo alguno quería dejarlo, sino que balando sin parar alrededor del niño parecía dañar a los presentes, porque las mujeres iban muy cerca del niño y así lo molestaban; para decirlo de una vez, quería ocuparse de él como de un vástago propio. Desde entonces las mujeres no incomodaban más al niño y la cabra no nutría sin temor y cuidaba en todo lo demás. Por eso los del lugar llamaban Egisto a este niño. Y ocurrió que, cuando yo me encontraba allí, me hicieron una demostración del prodigio: me llevaron al lado de él y expresamente lo fastidiaron para que gritara. Molesto con los que lo fastidiaban, el niño gritó. La cabra, que se encontraba como a un tiro de piedra, al oírlo salió corriendo y balando mucho, y su puso arriba de él para que nadie lo fastidiara más.

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El contexto del relato dijimos que era la conquista bizantina de Italia, llevada a cabo por las tropas de Belisario. Recordemos que el llamado Imperio Romano de Occidente (o, si queremos, la parte occidental del Imperio) había caído ya en poder de los germanos. En Italia dominan los godos, pero los emperadores de la parte oriental se consideraban –y era verdad– herederos de los antiguos romanos. Por eso es que el texto habla de las tropas bizantinas como ‘los romanos’: los pueblos germanos que ocupaban Francia, España, Italia y el norte de África eran como usurpadores, pues tales territorios pertenecían, de derecho aunque no de hecho, al Emperador, que residía en Constantinopla. En cuanto al Piceno, es una región de centro y norte de Italia, que da sobre el Adriático. Según la mitología, Atreo, padre de Agamenón y Menelao, había encarcelado a su hermano Tiestes, para quedarse él solo con el trono de Micenas. Tiestes tramó una extraña venganza, pues tuvo un hijo con su propia hija. El fruto de este incesto se llamó Egisto, porque fue nutrido con leche de cabra por unos pastores: en griego ‘cabra’ está en la raíz del nombre Egisto. En cuanto a la forma, recordemos que los antiguos consideraban a la historia como un género literario. Como tal, dicho género más de una vez se permitía anécdotas y cosas que no iban al punto. Nosotros, lectores de hoy, podemos valorar esas digresiones con otra perspectiva: a lo mejor nos interesan más que los hechos históricos en sí. La historia de los antiguos no rechaza lo real maravilloso; en general, nosotros tampoco.

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UN PERSONAJE DE HORACIO EN GABRIELA MISTRAL
La gran poetisa Gabriela Mistral (1889-1957 forma, junto con Juana de Ibarbourou (1895-1979) y Alfonsina Storni (1892-1938), una tríada poética del cono sur americano. Leamos “Valle de Chile”: Al lindo Valle de Chile se le conjuga en dos tiempos: él es heroico y es dulce, tal y como el viejo Homero; él nunca muerde con soles rojos ni con largos hielos, él se apellida templanza, verdor y brazos abiertos. Para repasarlo, yo que lo dejé, siempre vuelvo a besarlo sobre el lago mayor y el oscuro pecho y me echa un vaho de vida el respiro de sus huertos. Él da mieles a la palma, funde su damasco denso y le inventa doce tribus al canon del duraznero y al manzanar aureola de un pudor de aroma lento. Y las pardas uvas vuelve lapislázuli, oros viejos, tú, larga Gea chilena, contra-Canidia, ojos buenos, consumada al tercer día, prefigurada en los Cielos.1 Además de las alusiones a Homero y a la Tierra, hay una menos obvia, pero clara para quien conoce a Horacio. En efecto, Canidia era una hechicera de los epodos 5 y 17. Otra vez se la nombra en Poemas de
Gabriela Mistral. Poemas de Chile. Santiago de Chile (y otros), Pomaire, 1967, 244 pp.
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Chile (en “Hallazgo”, p. 8). A pesar de que el tema escapa al lector común, no hay notas aclaratorias en la citada edición. En Gabriela hay alusiones clásicas, como las que vimos; pero también menciones americanas: los Cueros (extraños seres que devoran a los niños; “El mar”, p. 228) o Mama-Tierra (“Manzanillas”, p. 113). Porque su poesía es universal y también de su tierra; así debe ser.

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FAUTORES LATINITATIS
Martin Freundorfer es una gran poeta latino actual. Su nombre literario es Martinus Zythophilus; nació en Viena y es profesor en esa hermosísima ciudad, que conserva todavía restos romanos de la antigua Vindobona. A poco de comenzar con él un intercambio electrónico en latín, en correo del 2 de mayo me envió un inesperado obsequio: el siguiente poema, que traduzco. Es Philoromaeus, Romae sermonis amator, Quamquam aeterna tibi est Roma remota procul. Sed nouus Aurarum strepitat Thybris urbe Bonarum, Vt Latium priscum uso habitare putem. Vnum Caesaribus, mi docte, ignosce, Radulfe, Quod terram ignari non adiere tuam. Eres filorromano, amante de la lengua de Roma, aunque la Roma eterna está muy lejos de ti. Pero un nuevo Tíber resuena en Buenos Aires, de modo que pienso que habitáis el antiguo Lacio. Perdona una sola cosa a los Césares, amigo Raúl: que ellos, por no saberlo, no fueron a tu tierra. No conocía, hasta este poema, la palabra ‘filorromano’,1 pero ella es muy apropiada para quienes, desde la lejanía de la metrópoli espiritual, cultivamos su lengua. La humanidad de mi amigo sugiere que mi confuso estrépito al hablar latín es como el del Tíber, tan celebrado por los poetas de siempre. Pero más me sorprende el adynaton del final: los Césares deben ser perdonados por no haber venido aquí. Muchas veces nuestro gusto por las humanidades pasa por períodos de sequedad, por diversos motivos. Pero este epigrama de Martin es un gran aliciente. Nuestras tierras americanas están llenas de problemas, mas entre tantas tormentas mantenemos viva la llama del Humanismo. Es verdad que se trata de un humanismo del tercer mundo, pero incluso a través de él –a pesar de nuestra barbarie– brilla la gloria de la Roma perenne.

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Los diccionarios dicen que Cicerón la usa en las Familiares.

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