Los creyentes, la Iglesia y la Sociedad

Bautismo de prosélitos

«En cuanto al prosélito que se hace israelita en la vigilia de la Pascua, la escuela de Shamay dice: hace el baño de inmersión y come el cordero pascual por la tarde. La escuela de Hilel dice: el que se separa del prepucio es como el que se separa de una tumba».
Mishná, Pesahim VIII,8; cf. Eduyot V,2 «Cuando vemos a uno que actúa de modo ambiguo solemos decir: «No es un judío, sino que lo finge». Cuando tenga en sí el sentimiento del bautizado y del que ha hecho su elección, entonces verdaderamente será y se le llamará judío». Epicteto, Disertaciones II,9,20

«Fuimos, pues, con él sepultados por el bautismo en la muerte, a fin de que, al igual que Cristo fue resucitado de entre los muertos por medio de la gloria del Padre, así también nosotros vivamos una vida nueva [...] Así también vosotros, consideraos como muertos al pecado y vivos para Dios en Cristo Jesús» (Rom 6,4.11).

«Nuestro hombre viejo fue crucificado con él, a fin de que fuera destruido este cuerpo de pecado y cesáramos de ser esclavos del pecado. Pues el que está muerto, queda librado del pecado» (Rom 6,6-7).

Pablo debía seguir despejando las sospechas que su predicación despertaba y que se difundían por toda la diáspora, hasta decir que es un «hombre que va enseñando a todos por todas partes contra el pueblo y contra la Ley» (Hech 21,28).

«La Ley es santa, y santo el precepto, y justo y bueno... La Ley es espiritual, mas yo soy de carne, vendido al poder del pecado... Querer el bien lo tengo a mi alcance, pero no el realizarlo». (Rom 7,12.14.18)

«Yo no conocí el pecado sino por la Ley. De modo que yo hubiera ignorado la concupiscencia si la ley no dijera: ¡No te des a la concupiscencia!» (Rom 7,7).
«el pecado, para aparecer como tal, se sirvió de una cosa buena para procurarme la muerte, a fin de que el pecado ejerciera todo su poder de pecado por medio del precepto» (Rom 7,13).

«La Ley es santa, y santo el precepto, y justo y bueno... La Ley es espiritual, mas yo soy de carne, vendido al poder del pecado... Querer el bien lo tengo a mi alcance, pero no el realizarlo». (Rom 7,12.14.18) La eficacia de la Ley «El Santo, Bendito sea, dijo a Israel: Hijos míos, yo he creado la mala inclinación y yo he creado la Torah como medio contra ella; si ustedes se interesan por la Ley no serán entregados en sus manos [...] si ustedes no tienen interés por la Ley, serán entregados en sus manos. Si tú quieres puedes dominarla». Toseftá Quidushim 30b

Sólo entonces es posible que la Ley logre su finalidad. Dios obra en el hombre para que

«la justicia de la Ley se cumpliera en los que seguimos una conducta, no según la carne, sino según el Espíritu» (Rom 8,4).

Ese obrar divino es un nuevo nacimiento para el creyente, que es engendrado por el Espíritu como hijo de Dios:

«Recibisteis un espíritu de hijos adoptivos que nos hace exclamar: ¡Abbá, Padre! El Espíritu mismo se une a nuestro espíritu para dar testimonio de que somos hijos de Dios» (Rom 8,15-16).

«Sí, tú eres un Padre para todos [los hijos] de tu verdad y te gozas con ellos como una madre con sus hijos y como una nodriza alimentas sobre tu seno a todas tus creaturas». Himno de Qumrán, 1 QHod IX,35 «Si sus almas me siguen a mí y a todos mis mandatos y cumplen mis mandamientos, entonces yo seré su Padre y ellos mis hijos. Y todos se llamarán hijos del Dios vivo». Libro de los Jubileos 1,24s

Pero este optimismo de Pablo no considera la vivencia del creyente como una posesión pacífica, que ha superado todos sus problemas. Pablo sabe bien, junto con la tradición bíblica, que no hay nuevo nacimiento sin sufrimiento, porque no hay parto sin dolor (cf. Is 66,8). La vida sigue siendo una lucha para conservar la fidelidad, hasta la posesión plena de lo que Dios tiene prometido:

«Y si el Espíritu de Aquel que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotros, Aquel que resucitó a Cristo de entre los muertos dará también la vida a vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que habita en vosotros» (Rom 8,11).

«Nuestra salvación es en esperanza; y una esperanza que se ve, no es esperanza, pues ¿cómo es posible esperar una cosa que se ve? Pero esperar lo que no vemos, es aguardar con paciencia» (Rom 8,24-25).

Pero este optimismo de Pablo no considera la vivencia del creyente como una posesión pacífica, que ha superado todos sus problemas. Pablo sabe bien, junto con la tradición bíblica, que no hay nuevo nacimiento sin sufrimiento, porque no hay parto sin dolor (cf. Is 66,8). La vida sigue siendo una lucha para conservar la fidelidad, hasta la posesión plena de lo que Dios tiene prometido:

«Sabemos que la creación entera gime hasta el presente y sufre dolores de parto. Y no sólo ella; también nosotros, que poseemos las primicias del Espíritu, nosotros mismos gemimos en nuestro interior anhelando el rescate de nuestro cuerpo». Rom 8,22-23

En su argumentación recurre a la distinción entre los descendientes de Abraham y los herederos de la Promesa:

«No por ser descendientes de Abraham, son todos hijos. Sino que «por Isaac llevará tu nombre una descendencia»; es decir: no son hijos de Dios los hijos según la carne, sino que los hijos de la promesa se cuentan como descendencia» (Rom 9,7-8).
La lógica de la elección continúa con la descendencia de Isaac: «Antes de haber nacido, y cuando no habían hecho ni bien ni mal - para que se mantuviese la libertad de la elección divina, que depende no de las obras sino del que llama - le fue dicho a Rebeca: El mayor servirá al menor, como dice la Escritura: Amé a Jacob y odié a Esaú» (Rom 9,11-13). Y Pablo es consciente de que esa lógica lleva a preguntar si es justa una predestinación como la que está planteando. Se trata de la libertad implicada en toda elección. Con mucha más razón en la elección divina.

Los gentiles se injertan en Israel, no lo sustituyen
«Si algunas ramas fueron desgajadas, mientras tú -olivo silvestrefuiste injertado entre ellas, hecho participe con ellas de la raíz y de la savia del olivo, no te engrías contra las ramas. Y si te engríes, sábete que no eres tú quien sostiene la raíz, sino la raíz que te sostiene». (Rom 11,17-18) Método habitual: El buen olivo se injerta en el salvaje para hacerlo producir

Olea europaea silvestris «acebuche» (improductivo)

Olea europaea sativa «buen olivo» (productivo)

«Se recomienda que deben plantarse en primer lugar olivos silvestres e injertarlos con brotes o ramas posteriormente... Si alguien injertara un vástago silvestre en una cepa cultivada, habrá cierta diferencia, pero no tendrá buen fruto».

Teofrasto, Causas de la plantas I,6,10

A. Doctrinal
Como en las otras cartas de Pablo, Romanos tiene dos partes: En ella suele responder a consultas de las comunidades Otras veces quiere completar las enseñanzas impartidas cuando estaba con ellos.

B. Exhortativa
Allí expone las consecuencias prácticas de la fe. «No formamos más que un solo cuerpo en Cristo» (12,5) «Bendecid a los que os persiguen…vivid en paz con todos los hombres» (12,14.18) «Sométanse todos a las autoridades» (13,1) «Todos los preceptos se resumen en Amarás a tu prójimo como a ti mismo» (13,10) «Acoged bien al que es débil en la fe, sin discutir opiniones» (14,1)

12,1-13 Unidad interna Unidad externa 12,14-21 13,1-7 13,8-14 14,1 – 15,13

Amor

Paz

«Os exhorto, pues, hermanos, por la misericordia de Dios, que ofrezcáis vuestros cuerpos como una víctima viva, santa, agradable a Dios: tal será vuestro culto racional» (Rom 12,1).

«No te agrada el sacrificio, si ofrezco un holocausto no lo aceptas. El sacrificio a Dios es un espíritu contrito;un corazón contrito y humillado, oh Dios, no lo desprecias». Salmo 51,18-19 «Porque yo quiero amor, no sacrificio, conocimiento de Dios, más que holocaustos». Oseas 6,6 «Los ángeles de la presencia del Señor, sus servidores, interceden ante el Señor por todos los pecados de los justos cometidos inadvertidamente. Ofrecen al Señor un sacrificio de suave olor, una ofrenda razonable y sin sangre».

Testamento de Leví 3,6

«No os acomodéis al mundo presente, antes bien transformaos mediante la renovación de vuestra mente, de forma que podáis distinguir cuál es la voluntad de Dios: lo bueno, lo agradable, lo perfecto» (Rom 12,2).
Pide una nueva mentalidad, con criterios no ajustados a los valores vigentes en su cultura, sino conformes al sentir divino. Lo hace usando una expresión empleada en una de sus cartas anteriores: allí explicaba que el Espíritu Santo hace que los creyentes se vayan «transformando» en la misma imagen del Señor (2 Co 3,18). Se trata de la misma expresión que, en los Evangelios, describe la «transfiguración» («metamorfosis») de Jesús.

Finalmente propone la ya conocida imagen del Cuerpo, como ideal de una comunidad unida y organizada.

Pues, así como nuestro cuerpo, en su unidad, posee muchos miembros, y no desempeñan todos los miembros la misma función, así también nosotros, siendo muchos, no formamos más que un solo cuerpo en Cristo, siendo cada uno por su parte los unos miembros de los otros. Pero teniendo dones diferentes, según la gracia que nos ha sido dada, si es el don de profecía, ejerzámoslo en la medida de nuestra fe; si es el ministerio, en el ministerio; la enseñanza, enseñando; la exhortación, exhortando. El que da, con sencillez; el que preside, con solicitud; el que ejerce la misericordia, con jovialidad. Rom 12,4-8)

«Oh César, se propagará esta dulzura de tu ánimo y se difundirá poco a poco por EL CUERPO DEL IMPERIO y todas las cosas se formarán a tu semejanza. De la CABEZA desciende la buena salud; de ella viene que todo el organismo esté lozano y vigoroso o abatido por la languidez, según que el espíritu viva o desfallezca». Séneca, Sobre la clemencia II,2,1

Después de su exhortación general a la unidad, Pablo dirige la atención de los creyentes hacia el exterior de la comunidad. También hacia fuera hay que buscar la paz, aún con aquel entorno hostil que el Apóstol ya ha experimentado en su propia persona a lo largo de su misión en Oriente. Las palabras utilizadas son muy parecidas a las transmitidas por los Evangelios:
«Bendecid a los que os maldigan, rogad por los que os difamen» (Lc 6,28). Lo llamativo es que Pablo no invoque la autoridad de Jesús para estas palabras, como lo hace respecto a otras enseñanzas (1 Co 7,10; 11,23; 1 Tes 4,15). Por eso se puede suponer que Pablo ha asumido esta enseñanza a partir de una tradición más amplia, como se puede encontrar en la literatura judía postexílica: «Si alguno quiere haceros daño, rogad por él con afán de hacer el bien, y el Señor os librará de todo mal» (Testamento de José 18,2).

Como en dicha literatura, también Pablo pide que la venganza de los sufrimientos infligidos por los enemigos se deje en manos del Juez

Vivir en paz con todos

«¿Puede alguien dañar tu albedrío o impedir que uses como es natural las representaciones que se te presenten? No. Entonces, ¿por qué te turbas y te muestras atemorizado? ¿Por qué no sales a anunciar que estás en paz con todos los hombres hagan lo que hagan, y que te burlas sobre todo de cuantos creen dañarte? Esos esclavos no saben ni quién soy ni en dónde residen mi bien y mi mal. No tienen acceso a lo mío». Epicteto, Disertaciones IV,5,23-24

«Y aunque seáis capaces de devolver cien veces la afrenta, no se la devolváis al vecino ni al extraño, pues Dios es quien (la) devuelve por vosotros, y él hará de vengador el día grande del juicio, para que no seáis vengados aquí por los hombres, sino allí por el Señor». 2 Henoc 13,82-83 «Amaos, pues, de corazón unos a otros, y si alguno comete una falta contra ti, díselo con paz, apartando el veneno del odio sin mantener el engaño en tu alma. Y si tras confesar su culpa se arrepintiere, perdónale. Si la niega, no entres con él en disputa, no sea que se empecine entre juramentos y cometas tú una doble falta. [...] Pero si lo niega y se avergüenza de sentirse reprobado, quédate tranquilo y no continúes arguyéndole, pues el que niega, da muestras de arrepentimiento. No te ofenderá más, sino que te honrará, te temerá y mantendrá la paz contigo. Pero si es un desvergonzado y persiste en la maldad, perdónale de corazón y deja a Dios la venganza».

Testamento de Gad 6,3-7

«Juzgad si es justo delante de Dios obedeceros a vosotros más que a Dios» (Hech 4,19).

Sométanse todos a las autoridades constituidas, pues no hay autoridad que no provenga de Dios, y las que existen, por Dios han sido constituidas. 2 De modo que, quien se opone a la autoridad, se rebela contra el orden divino, y los rebeldes se atraerán sobre sí mismos la condenación. 3 En efecto, los magistrados no son de temer cuando se obra el bien, sino cuando se obra el mal. ¿Quieres no temer la autoridad? Obra el bien, y obtiendrás de ella elogios, 4 pues es para ti un servidor de Dios para el bien. Pero, si obras el mal, teme: pues no en vano lleva espada: pues es un servidor de Dios para hacer justicia y castigar al que obra el mal. 5 Por tanto, es preciso someterse, no sólo por temor al castigo, sino también en conciencia.

(Augusto desde 27 aEC), se presentó como restaurador de la República, pero en realidad se afirmó como primer emperador romano. Fusionó en su Imperio tanto a los romanos vencidos en las guerras civiles como a los pueblos vencidos en las guerras de conquista. Afianzó la idea que fuera de ese orden político, sólo habría caos, destrucción y barbarie. Bajo el asesoramiento del filósofo Séneca, su tutor, los cinco primeros años del reinado de Nerón estuvieron marcados por la moderación y la clemencia, aunque tuvo prisionero a su rival Británico, hijo de Claudio. Pronto la influencia de su intrigante madre, de su cruel asistente Tigelino y la adulación de una corte llena de obsecuentes fomentarán los excesos por los que se hizo célebre.

«Lo del César, devolvédselo al César, y lo de Dios, a Dios» (Mc 12,17).

[Judas el Galileo] «decía que era una vergüenza aceptar pagar tributo a Roma y soportar, después de Dios, a unos dueños mortales». Josefo, Guerra Judía II,118

«Devolved a cada cual lo que se debe: a quien impuestos, impuestos; a quien tributo, tributo; a quien temor, temor; a quien honor, honor» (Rom 13,7).

«Aquel mismo año [58 EC], ante las repetidas reclamaciones del pueblo, que protestaba de los excesos de los publicanos, dudó Nerón si ordenar la supresión de todos los impuestos, haciendo al género humano el más hermoso de todos los dones. Pero su primer impulso, no sin antes alabar profusamente su grandeza de ánimo, lo contuvieron sus consejeros de más edad advirtiéndole que el imperio se desharía si las rentas de que se sostenía la república se veían disminuidas […] Desde luego había que moderar la codicia de los publicanos, no fuera que algo tolerado sin quejas por tantos años se convirtiera en motivo de resentimiento a causa de nuevas intemperancias. En consecuencia el príncipe ordenó por un edicto que se fijaran en lugar visible todas las leyes fiscales, mantenidas ocultas hasta la fecha». Tácito, Anales 50-51

“los llamados de Jesucristo, los amados de Dios que están en Roma” (Rom 1,7)

Dios es IMPARCIAL

EL DÉBIL no come más que verduras. JUZGA al que come. Da preferencia a un día sobre todo

EL FUERTE cree poder comer de todo DESPRECIA al que no come considera todos los días iguales

JUDÍOS
«tú ¿por qué juzgas a tu hermano?

GENTILES
Y tú ¿por qué desprecias a tu hermano?

todos hemos de comparecer ante el tribunal de Dios» (14,10) «acogeos mutuamente como os acogió Cristo para gloria de Dios» (15,7) «pues si los gentiles han participado en sus bienes espirituales, ellos a su vez deben servirles con sus bienes temporales» (15,27)

CREYENTES

JUDÍOS

GENTILES

«Os recomiendo a Febe, nuestra hermana, diácono de la Iglesia de Cencreas. Recibidla en el Señor de una manera digna de los santos, y asistidla en cualquier cosa que necesite de vosotros, pues ella ha sido protectora de muchos, incluso de mí mismo». (Rom 16,1-2)

«Aquí yace . . . Marcela, Madre de la sinagoga de los Augustienses. Que sea recordada. Descanse en paz». (Corp. Inscr. Judaicarum 496). Igualmente los gentiles aceptaban ese patronazgo. A Eumaquia, el gremio de los bataneros dedicó una estatua en Pompeya (foto), como gratitud por la construcción de un edificio consagrado a la Piedad y la Concordia de Augusto.

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