1 LOS CARDENALES

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engo para mí que los nuevos 44 cardenales que serán creados el próximo día 21 de febrero en el Consistorio romano, todos han venido encauzando sus vidas por el camino de la santidad. Es claro que no conozco la trayectoria de los elegidos por el Santo Padre, pero sí conozco el itinerario de Juan Pablo II. El hombre que sabe posponer la diplomacia y erudición para dar prioridad al que más se adentra en los preceptos de Jesús, porque la razón del hombre es tanto mayor cuanto más pasa el Evangelio por su alma. Algo he leído sobre el arzobispo vietnamita, monseñor Francisco Javier Nguyén Van Thuân, Presidente del Consejo Pontificio de Justicia y Paz. Este prelado escogido para cardenal, con las gotas de vino que podía conseguir en la celda de la prisión, celebraba la Eucaristía. La consagraba en la palma de la mano, convertida en altar. Hoy es un testigo especial de lo que es y significa el martirio en la Iglesia, que arranca del mismo Calvario y ha sembrado el mundo de sangre bendita a lo largo de la Historia. Monseñor Francisco Javier estuvo más de veinte años de cárcel en cárcel, y de campo de concentración en campo de concentración. El reguero de sangre con el que fue sembrada la Iglesia en los primeros siglos ha sido evocado muy
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significativamente por los testigos de la fe en el siglo xx, de quienes el Papa ha hecho memoria en uno de los actos nucleares del Año Jubilar, en el marco sugestivo del Coliseo de Roma, verdadero símbolo de las antiguas persecuciones. En su primera Carta al comenzar el nuevo milenio, Juan Pablo II da gloria a Dios por todo lo que ha obrado a lo largo de los siglos, y especialmente en el siglo que hemos dejado atrás, concediendo a su Iglesia una gran multitud de santos y mártires. Muchos se escandalizarán de que todo esto pueda considerarse un regalo de Dios, y no una locura absurda, algo tan tremendo como el derramamiento de la sangre. Sin embargo, tal aparente locura refleja una gran cordura: “Prefiero morir en Cristo Jesús que reinar en los confines de la tierra”, así escribía poco después del año 100 de nuestra era, a los cristianos de Roma, en tiempos del emperador Trajano, el segundo sucesor de Pedro en la sede de Antioquia, Ignacio, mientras era trasladado a la capital del Imperio, donde sería echado a las fieras a causa de su fe, y añadía: “Se acerca ya el momento de mi nacimiento a la vida nueva. Por favor, hermanos, no me privéis de esta vida, no queráis que muera; si lo que yo anhelo es pertenecer a Dios, no me entreguéis al mundo ni me seduzcáis con las cosas materiales; dejad que pueda contemplar la luz pura; entonces seré hombre de pleno sentido”. Sufrir con este temple el martirio es, sin duda, una muestra imponente de valor. La Sagrada Escritura nos aclara que se trata de la fuerza de Dios, la que se manifiesta en la debilidad, pero no lo es menos de racionalidad. No sólo no demuestra masoquismo,
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sino que pone de manifiesto la inteligencia de quien sabe ejercer la verdadera libertad. ¡No queráis que muera! ¿No recuerda el lector esta exclamación tan expresiva de Santa Teresa de Jesús, del muero porque no muero? Evidentemente. Como también recuerda esa inteligente libertad que mostró ya desde niña. “Tenía un hermano —escribe la santa en el Libro de la Vida— casi de mi edad (juntábamosnos entrambos a leer vidas de santos), que era el que yo más quería. Como veía los martirios que por Dios los santos pasaban, parecíame comprobar muy barato el ir a gozar de Dios, y deseaba yo mucho morir así; no por amor que yo entendiese tenerle, sino por gozar tan en breve de los grandes bienes que leía haber en el Cielo, y juntábame con este mi hermano a tratar qué medio habría para esto. Concertábamosnos irnos a tierra de moros, pidiendo por amor de Dios, para que allá nos descabezasen”. ¿No late aquí, con toda su fuerza, la gloriosa libertad de los hijos de Dios que Cristo ha traído a la tierra? Una libertad, llena de sabiduría, que ha traspasado los siglos hasta el día de hoy, en los campos nazis y en los gulags comunistas, durante la persecución religiosa en España en los años treinta, y hoy mismo en América, y en África y en Asia, como en los miles de lugares del mundo entero donde la fe no se oculta ni se reduce, sino que se despliega en todo su poder caritativo. Pues en esto consiste la santidad, en ser hombre en pleno sentido de lo transcendente —dicho con las palabras de San Ignacio de Antioquia—; la santidad que en este siglo xx, se ha manifestado más que nunca —escribe Juan Pablo II en su Carta apostó3

lica— como la dimensión que expresa mejor el misterio de la Iglesia. Mensaje elocuente que no necesita palabras, la santidad presenta al vivo el rostro de Cristo y, por ello, el auténtico rostro humano.
Publicado en La Voz de Avilés 4-febrero-2001

2 LOS INDIFERENTES
os indiferentes sólo son estupendos para convivir los unos con los otros, porque no les importa que las cosas se hagan de una forma u otra. Lo más lamentable es que, consciente o inconscientemente, se hacen cómplices de la maldad. Un ex senador socialista que me ha hecho un favor después de rehusármelo otros muchos, se interesó por tramitarme todos los papeles para que me pagaran la debida jubilación y los atrasos. Quince días después me llamó por teléfono para decirme que todo estaba solucionado, y no queriendo molestarme, me envió una carta expresándome el derecho jurídico por el cual me correspondían unas 40.000 pesetas por mes y un millón ochocientas mil por los atrasos de unos años. Me adjuntaba el cheque por el valor susodicho y me saludaba cordialmente diciéndome que todo lo tenía bien merecido. Después de hacer efectivo el cheque, me sentí en la obligación de gratificarle y regalarle un libro. Me presenté en su despacho, le entregué un sobre con cien mil pesetas y el libro. “El dinero —me dijo— no lo puedo aceptar. Dedíqueme su libro”. Insistí para
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que cogiera el dinero, advirtiéndole que estaba muy lejos de intentar sobornarle, cuando en verdad, todo lo que deseaba ya me lo había concedido y estaba en mis manos. “Lo sé —me dijo—, pero yo sólo he hecho lo que tenía obligación de hacer y no tengo por qué cobrar nada”. Le dediqué el libro y le dije: El contenido es profundamente religioso e ignoro si usted es creyente o ateo. “Nunca me planteé ese problema —me dijo—, pese a que todos los domingos llevo en nuestro coche a mi esposa e hijos para asistir a Misa”. Por aquí vemos que existe una multitud de gentes que les tienen sin cuidado las cosas de Dios. Son los indiferentes en el buen sentido de la palabra. Son los que no piensan en lo efímero de la vida. Cada día que amanece buscan soluciones racionales para resolver sus problemas, y creen que todo viene por azar o por suerte. Devoran libros y más libros de los grandes políticos e historiadores, leen centenares de novelas, y un hombre —para ellos— como Jesucristo que es y sigue siendo el centro de la Historia, les tiene sin cuidado. Estos son los indiferentes. También existen otros adultos y jóvenes que han recibido una formación religiosa normal en sus casas y en los colegios, pero que a partir de la adolescencia han ido dejando de practicarla. Y una vez distanciados de los sacramentos y de la oración, ya no se plantean el más allá. Entran en las zancadillas mundanas, les pagan a los adversarios con la misma moneda, terminan odiando a los que no piensan como ellos, se congela el amor entre extraños y familiares, y no pocos van a desahogarse con psicólogos y psiquiatras, les atiborran con medicación, y jamás llegan a
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comprender que la paz y la buena salud mental —salvando las excepciones— se encuentran en la Iglesia, en Jesús y en los confesonarios. Sólo allí se puede desahogar con confianza y salir con la respuesta en el alma.
Publicado en La Voz de Avilés 6-febrero-2001 y en La Voz de Asturias 10-marzo-2001

3 CELA Y LOS PROFETAS
on Camilo José Cela nos ha dicho en uno de sus artículos que los profetas nunca han existido. Niega la evidencia. En este pobre mundo cualquier persona que haya llegado al cenit de la fama, puede decir las mayores barbaridades sin faltarle el aplauso de los lagoteros e ignorantes. Setecientos cuarenta años antes de Cristo escribe el profeta Isaías: “Entonces se abrirán los ojos de los ciegos, se abrirán los oídos de los sordos. Entonces saltará el cojo como un ciervo, y la lengua de los mudos cantará gozosa” (Is. 35, 5-6). Y en otro pasaje de Isaías se dice expresamente que evangelizará a los pobres, a los indigentes: “Me ha enviado para dar la Buena Noticia a los que sufren” (Is. 61, 1). Jesús responde con unas alusiones muy claras al Antiguo Testamento: Cuando San Juan Bautista estaba encarcelado, oyendo los prodigios que Jesús hacía, y no dudando que el Mesías estaba actuando conforme habían anunciado los profetas unos 800 ó 1000 años antes, les pide a sus discípulos que le pre6

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gunten a Jesús si es el que había de venir o si tienen que esperar otro. Y Jesús les responde: “Id y referid a Juan lo que habéis oído y visto: Los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen, los muertos resucitan y los pobres son evangelizados; y bienaventurado aquel que no se escandalizare de mí” (Mt. 11, 1-6). Tras la figura de Isaías aparece otra figura bíblica que conmueve con sus palabras. Es Jeremías, nacido hacia el año 645 antes de Cristo, en el seno de una familia de sacerdotes. Era un muchacho tímido. Y de pronto le habla Dios: “Vete, te basta mi gracia”. El profeta trata de defenderse. Pero la gran Voz no le deja protestar; casi le forzará: “No digas soy un niño, porque a todos los que te envíe irás”. Podríamos continuar hablando de los doce profetas menores. Menores en extensión, no en calidad ni en la gran importancia de todos ellos. Basta con leer el Libro de Oseas para ver los más bellos poemas de la Biblia. Los profetas son mensajeros de Dios, verdaderos portavoces, en consecuencia han sufrido lo indecible por estar siempre aferrados a la verdad. Pues no hay nada más caro que ser llamado a decir la verdad. “Con la verdad —ha escrito Bernanos—, como con el fuego, no se juega. Y aunque se tomen todas las precauciones, el honor de quien la sirve es sentir, antes o después, la quemadura”. El sentido de los pasajes que quedan expuestos es claro. Es una realidad. Pero tiene una proyección mayor, porque la verdad es que, por encima de esos milagros del Señor, hay otros milagros que constantemente está haciendo en las almas. Son las transformaciones que no aparecen en el exterior, como apare7

cen estos testigos que ven, y estos inválidos que empiezan a andar. ¿Qué es lo que hace Jesús? En una humanidad que no tenía luz para ver los caminos del Señor, “los ciegos ven”. En una humanidad que no tiene fuerza para caminar por esos caminos, “los inválidos andan”. En una humanidad, toda ella llena de lepra del pecado, “los leprosos quedan limpios”. En una humanidad que no podía escuchar la palabra de Dios por sus propias negligencias y miserias, “los sordos oyen”. En una humanidad muerta por el pecado, “los muertos resucitan”. ¿No es esto lo que hace el Señor y está haciendo cada día en las almas que se abren a Él?
Publicado en La Voz de Avilés 8-febrero-2001 y en La Voz de Asturias 26-febrero-2001

4 RECIBÍ UNA CARTA
e recibido una carta escalofriante. Una joven de 27 años me escribe de incógnito sin firma y sin remite, rogándome que le conteste a través del periódico, y como se hace necesario transcribo algunos párrafos de su carta: “Son las tres de la mañana. No puedo dormir, cada día estoy peor. Yo aborté a mi hijo con cinco meses de embarazo. Todas mis preguntas eran: ¿Qué voy a hacer?, ¿engordaré?, ¿qué voy a hacer yo con un niño? Egoísta, fría como el hielo, estúpida, calculadora, quería librarme de lo que tanto me incordiaba. Ahora cada minuto pienso en mi niño. No puede dejar de pensar en ello. Como
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tantas madres solteras han salido adelante, yo también hubiese salido. Pero ahora mi niño ya no está. Yo estoy vacía completamente. Quiero que Dios me perdone, pero creo que lo que he hecho es tan cruel, tan bestial, que ni siquiera Dios puede perdonarme. Ni mi niño que no ha tenido la oportunidad de ver el sol, ni el mar, ni respirar. He sido su juez y lo he condenado a muerte, ¡pobrecito mío! Mi niño por el que ahora estoy llorando, y del que no tenía conciencia antes. Ahora le pido perdón, con todo el dolor de mi alma y me siento cada vez peor. Necesito ayuda por muchos años, y creo que no lo olvidaré jamás. ¿Por qué no me hice cargo? ¿Por qué no lo dejé vivir? Lo he matado sin el más mínimo remordimiento inicial, pero ahora deseo con vehemencia tenerlo dentro de mí creciendo, esperando que naciera para acariciarle esa piel tan fina que tienen los bebés. Espero, mi niño, que algún día me lo puedas perdonar, yo no me lo perdonaré mientras viva”. Etcétera. Querida amiga: Con ese dolor tan lacerante y la humillación a la que el mismo Dios te ha sometido, creo que debes resignarte no dudando que estás pasando el purgatorio merecido. Esa falta de remordimiento inicial que aludes en tu carta es la que te ha salvado. Lo peor que podría sucederte sería la conformidad con lo que has hecho, y ahora sin poder rescatar a tu hijo dela muerte, no puedes permitir que tus pensamientos “reales” consigan sepultarte en la sima. Nunca más vuelvas a decir que Dios no puede perdonarte. Hay más alegría en el cielo por un pecador arrepentido que por cien justos, recuerda al Buen Ladrón, recuerda al hijo pródigo, pero no dejes de confesarte. En Asturias tienes más de 500 sacerdotes
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autorizados por el señor Arzobispo que actualmente pueden darte la absolución, cuando hace unos meses sólo los prelados disfrutaban de tan gran poder en casos como éste. Si hubiesen arrojado la toalla David, Pedro, Agustín, Dimas (el buen ladrón) y tantos otros, tras sus pecados mortales, no hubiésemos tenido la herencia de tantos santos y tan grandes. Mucho ánimo, tú también puedes ser santa. Si Jesucristo te ha despertado la conciencia es porque te sigue amando. Acude también a la Madre de Jesús y Madre nuestra. Ella te acogerá bajo su mando como se acoge a una hija predilecta. Después de enviarte un cordial saludo, prometo encomendarte en 30 rosarios.
Publicado en La Voz de Asturias 10-febrero-2001 y en La Voz de Avilés 5-abril-2001

5 CREER BIEN
ay muchas maneras de creer. Creer bien es ajustarse al Evangelio. Por eso los que creen bien nunca pueden enmudecer. Es necesario manifestar nuestra fe; de aquí que todos los que creen como debe creerse manifiestan su fe de modo idéntico. El Espíritu Santo por boca de David nos dice: “Creí; por eso hablé; mas yo he sido sumamente abatido”. Es decir, mi creencia, mi fe no es vacilante, es firme inquebrantable, y por eso hablo. Se debe hablar para confesar a Cristo. Él nos asegura que quien lo
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confesare delante de los hombres lo confesará delante de su Padre Dios (Lc. 2, 18). Hacer profesión de fe cuando lo exige el bien de la Iglesia y el provecho del prójimo, seriamente, sin petulancias ni cobardías, es un deber cristiano, no faltando nunca a la reina de las virtudes, la caridad. Es decir, la que ampara a los pobres huyendo siempre de las adulaciones; con respeto, pero sin timidez; sin ira y con dignidad y absoluta firmeza. “Mas yo he sido sumamente abatido”. Humillaciones, abatimientos, contrariedades, persecuciones, sufrimientos, martirio; todo ello viene como consecuencia legítima. Así aconteció a Jesús. “No ha de ser el discípulo más que su Maestro, ni el siervo más que su Señor” (Jn. 13,16). La verdad y el bien chocan siempre con sus contrarios. El espíritu mundano siempre está en oposición abierta con el Cristo. Por eso dijo el Señor a sus discípulos para prevenirles: “No penséis que he venido a meter paz sobre la tierra: no he venido a meter paz sino espada” (Mt. 10, 34). Y no es que Cristo deje de ser pacificador universal. Es que la paz del Salvador es la paz verdadera y no esa otra que vanamente pretenden conseguir los mundanos. Desgraciadamente, la paz tiene un principio de “guerra”: “Se levantarán hijo contra padre, dos contra tres y tres contra dos” (Lc. 12, 52). Pero si el padre de familia cree bien, mostrándose mesurado, circunspecto y amante de la verdad, después de las alteraciones “guerreras” que pueden surgir bajo su techo, si se mantiene santamente firme, siendo fermento, sal y luz, es bien seguro que tras el

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torbellino viene la unión y la paz. Esa paz que Jesús nos ha dejado después de la “guerra”. ¿Cómo actuaban los primeros cristianos? Obedeciendo a la Iglesia, confesando a Jesucristo, preparándose para el martirio, orando por sus perseguidores, bendiciendo al Señor, alentando a sus hermanos. Demostrando con sus hechos que eran discípulos de Jesús. Orando por los enemigos y haciéndoles el mayor bien que podían, pidiéndole a Dios para convertirlos. ¿Cómo andamos nosotros de valor para defender a Cristo, para sacrificarnos por Él?
Publicado en La Voz de Avilés 12-febrero-2001 y en La Voz de Asturias 3-junio-2001

6 LA IGLESIA
na vez más he leído hoy las críticas desmandadas que le hacen a la Iglesia en un diario regional. De las que le hacen absurdamente en “El País” no tengo conocimiento directo porque jamás lo he comprado, pero algunos compañeros de quehaceres literarios me comentan las barbaridades que allí se imprimen acerca del Santo Padre y de los cardenales. No cabe duda que los detractores de la Iglesia son los enemigos del orden, del respeto, de la solidaridad, del perdón, de la paz, del bien común, de los pobres y de la caridad. Porque donde hay un terremoto, allí está la Iglesia aportando trabajo con seglares y misioneros, enviando donativos que salen de las colectas que
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desembolsan los católicos. Donde hay un siniestro, allí llega la condolencia del Papa y las oraciones por el buen fin de los finados. Donde hay una guerra, allí está el Santo Padre condenando los crímenes y elevando el espíritu a Dios para que reine la paz. Donde hay una dictadura, allí está Juan Pablo II expresándoles el derecho que tiene el hombre a la libertad que Dios le ha concedido para no ser esclavo de nadie. ¿Será posible que algunos columnistas que presumen de gran erudición ignoren que sólo en España contamos con más de un millón de personas que reciben asistencia médica en hospitales dependientes de religiosos, y que cerca de dos millones de alumnos estudian en sus colegios y centros universitarios? Qué bien les haría pasar por la Cocina Económica de Gijón y ver cómo las monjas de San Vicente de Paúl están dando miles de comidas todos los meses a los indigentes y drogadictos en sus dignos comedores al precio de cien pesetas por almuerzo, donde se come mejor que en mi propia casa. También parecen ignorar que la unión sacerdotal Lumen Dei distribuye gratuitamente nueve mil comidas todos los días para esos pobres del tercer mundo que la TV nos muestra con huesos barnizados de pellejo. ¿Ignoran que las Hermanas de los Ancianos Desamparados cuidan y alimentan —sólo en Avilés— a trescientos ancianos que han sido en su mayoría abandonados por sus hijos y familiares. Y que la mayor parte de todos estos pobres reciben todo gratuitamente a costa de las limosnas de los católicos, exceptuando los que tienen una mísera pensión. ¿Ignoran estos señores que tenemos en España 54.000 monjas y más de 23.000 frailes, es decir, un
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poderoso ejército de mujeres y hombres que llevan adelante cientos de colegios, hospitales, orfanatos, asilos, parroquias y todo tipo de obras sociales y religiosas, gracias al influjo que Nuestro Señor Jesucristo ejerce sobre las almas que se abren a su gracia? Y todo lo dicho no es más que un botón de muestra que prueba la necesidad que todos tenemos de la religión católica, incluyendo agnósticos y ateos. Y nada de lo dicho es importante si lo comparamos con lo trascendente. ¿Ven, ven lo que hace ese Cristo que quitan de las paredes y al que quieren borrar de la historia?
Publicado en La Voz de Avilés 13-febrero-2001

7 LA SAMARITANA
sta mañana estuve meditando el Evangelio de la Samaritana. Confieso haber encontrado un deseo dentro de mi cabeza: ¿cuál sería su nombre? Pero esto no es más que una modesta pasión, porque enseguida vuelvo a mí y pienso que están bien las cosas como están, y que la Samaritana es y seguirá siendo, por los siglos de los siglos, la Samaritana a secas, es decir, una mujer envuelta en ese anonimato que torna más poderoso el vuelo de la imaginación. Me inclino a creer que había nacido en una de las pequeñas aldeas de Samaria. Una joven bien plantada, sincera y elegante. Siempre bronceada por el radiante sol de Samaria. Bien codiciada por los
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mozuelos de su pueblo, sin miedo al qué dirán, le faltaba el pundonor suficiente para despreciar las caricias de sus pretendientes. No cabe duda que su corazón era tan admirable como su belleza. Y así, me imagino, se rinde enamorada al más gallito del pueblo. Y como el amor se va desvaneciendo con el exceso de lujuria, la pareja acaba abandonando el primer amor. Y como todo pasa, termina rehaciendo su vida amorosa con otro que ya no quiere tanto. Y así, poco a poco, entra en el hedonismo y asume las tristes consecuencias del pecado. El qué dirán le importa un bledo; cuando se siente defraudada con uno busca y encuentra otro, hasta llegar al sexto concubinato. Pero los buenos sentimientos con que ha nacido los lleva inherentes en su corazón. La Samaritana no cree ni deja de creer. No ha tenido oportunidad de instruirse en los preceptos del Antiguo Testamento. Sabe que algún día llegará el Mesías esperado. Pero su conciencia se encuentra embotada por el hedonismo y sigue su vida disoluta. Y pese a toda la miseria que lleva encima, un buen día se encuentra con un Señor desconocido. Es Jesús que descansa su fatiga sobre el brocal del pozo de Jacob, mientras sus discípulos habían ido en busca de alimentos. Es posible que Jesús se quedara solo para salvar un alma del pecado y de la muerte eterna. También me acomete la idea de pensar que la Samaritana pretendía conquistar uno más, pues no era la hora de buscar agua en aquel pozo. Y la figura majestuosa de aquel Hombre era la más atractiva de todos los nacidos.

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Llega el momento del encuentro y de la conversión de la Samaritana: — Dame de beber —le dice Jesús. — ¿Cómo tú, siendo judío me pides de beber a mí, mujer samaritana? — Si conocieras el don de Dios y quién es el que te pide agua, tú le pedirías a Él y te daría agua viva que salta hasta la vida eterna. Jesús, queriendo desvelar la conducta de la Samaritana, le dice que se vaya y llame a su marido. La Samaritana, sincera y plantada, le dice que no tiene marido. — Es verdad —le dice Jesús—, porque has tenido cinco y el que tienes ahora tampoco es tu marido. Ahora comprende la Samaritana que el hombre con quien habla es un profeta. No espera más. Se va corriendo a su pueblo para hacer apostolado. — Venid a ver un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho. ¿No será el Mesías?. Salieron todos corriendo y vinieron a Jesús. Así se convirtió la Samaritana y todos cuantos oyeron sus palabras, porque eran verdaderas y le salían del mismo corazón. ¡Ojalá que a todas las samaritanas que tenemos en España y en el mundo les ocurra lo mismo!
Publicado en La Voz de Avilés 15-febrero-2001

8 ¿POR QUÉ LO PERMITE?

lgunos creyentes me preguntan por qué Dios permite el hambre que hay en el mundo. Es una pregunta muy humana, pero le falta calado espiritual. El problema del hambre no viene del cielo. Pasa enteramente por nuestras manos. El hombre ha sido dotado de sabiduría, de fuerza y de conciencia para que todas las injusticias sean desterradas. A Dios sólo podemos impetrarle, es decir, solicitarle unas gracias con encarecimiento y ahínco para que ilumine a los que viven en las tinieblas y promueven las víctimas del hambre, pero no podemos pedirle que coarte la libertad del hombre, porque si recibiéramos el castigo merecido cada vez que hacemos una cosa mal, se disiparía el amor que le debemos a Dios y nos invadiría el odio contra el dictador. ¿Por qué lo permites, Dios mío? Creo que esto se le dice desde la angustia, todos los que creen que, efectivamente, Dios es el Señor de la historia y nada puede escapar a su Providencia amorosa. Esta pregunta obtiene una segunda respuesta. Sobre todo, desde hace unos años, después de leer la biografía de la Madre Teresa de Calcuta. Ella iba en aquel tren por la India, viajando hacia una casa de retiro para hacer ejercicios espirituales con la congregación a la que pertenecía. Iba en busca de la paz porque la paz no estaba en su corazón, la perseguía, yendo con ella a donde ella fuera. Las imágenes que veía cada día al salir de su elegante colegio, en las calles de Calcuta: los moribundos, los mendigos, los niños sin padres, las prostitutas, los leprosos, los harapientos... todos ellos, al extender sus manos hacia la religiosa católica, golpe17

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aban fuertemente su generoso corazón. ¿Por qué lo permites, Dios mío? Se preguntaría a todas horas la buena Madre Teresa, mientras se esforzaba por enseñar a las niñas indias algo de geografía, de historia, de catecismo. Hasta que un día se dio cuenta de que el problema no estaba en el cielo. Lo que en Calcuta permanecía debiera ser aceptado como se acepta el inevitable misterio que rodea a la grandeza divina. Por eso el problema no estaba, no está, en el cielo. El problema está en la propia tierra. Y así, la Madre Teresa dejó de preguntarle a Dios ¿por qué lo permites? para preguntarse a sí misma ¿por qué lo permito? Y después de eso se echó a la calle, a recoger moribundos y mendigos, a ser las manos amorosas de Dios, el corazón apasionado de Jesús, la ternura infinita de María. No nos preguntemos por qué Dios permite el hambre. Preguntémonos por qué lo permitimos nosotros. Porque nosotros somos las manos de Dios y el corazón de María. Cuando una santa —tentada por el demonio en aquel momento— le preguntó al Señor el porqué consentía tanto dolor en el mundo, Jesucristo le contestó: “Yo te he creado a ti para que lo arregles”.
Publicado en La Voz de Avilés 17-febrero-2001 y en La Voz de Asturias 9-junio-2001

9 LO QUE UN HOMBRE PUEDE HACER

o que un hombre puede hacer sólo es concebible para los que no dudan que Jesucristo está vivo y siempre dispuesto a realizar las mayores obras sirviéndose de cualquier ser humano. Retorna este pensamiento a mi cerebro después de releer la biografía de San Ignacio de Loyola y la historia de la Compañía de Jesús. Esta obra ingente, meritoria y piadosa, hace 480 años que salió del invernadero. Diecinueve años después, la Compañía era aprobada por una bula de Paulo III. Ignacio fue elegido primer general de la nueva orden y su confesor le impuso, por obediencia, que aceptase el cargo. Empezó a ejercerlo el día de Pascua de 1541 y, algunos días más tarde, todos los miembros hicieron los votos de obediencia, castidad y pobreza, en la basílica de San Pablo Extramuros. Como no hay mal que por bien no venga, la conversión de San Ignacio fue fruto de la tragedia. Cuando Iñigo luchaba contra los franceses en el norte de Castilla, una bala de cañón le rompió la pierna. La baja de San Ignacio motivó el triunfo de los franceses. Pero no abusaron de la victoria y enviaron al herido en una litera al castillo de Loyola. Allí soportó estoicamente las bárbaras operaciones sin la menor anestesia, y se quedó cojo el resto de su vida. Con el objeto de distraerse durante la convalecencia, Iñigo pidió algunos libros de caballería, a los que siempre había sido muy afecto. Pero lo único que se encontró en el castillo de Loyola fue una historia de Cristo y un volumen de vidas de santos. Iñigo los comenzó a leer para pasar el tiempo, pero luego comenzó a interesarse tanto que pasaba los días ente19

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ros dedicado a la santa lectura. Y decía: “Si esos hombres estaban hechos del mismo barro que yo, también puedo hacer lo que ellos hicieron y ser santo”. Tengo para mí que la gracia de Dios entra en el hombre de muchas maneras, pero la más frecuente es a través de las enfermedades y del dolor. No podemos olvidar que todos somos hermanos de un crucificado. Y “Yahvé corrige más a los que más ama” (Hebreos 12, 6). San Ignacio no le faltaba nada para ser altanero y presumido. Sabía muy bien que pertenecía a una familia aristócrata, y él tampoco se quedaba atrás. Su padre, don Bertrán, era señor de Oñaz y de Loyola, jefe de una de las familias más antiguas y nobles de la región. Y no era menos ilustre el linaje de su madre, doña María Sáenz de Licona y Balda. Madre de 8 hijos y 3 hijas, siendo el último San Ignacio, pero no le abortaron. La desgracia de Iñigo todavía nos presenta hoy a 21.354 jesuitas en el mundo; de ellos, 15.020 son sacerdotes, 2.311 hermanos coadjutores, y 4.023 estudiantes en periodo de formación y novicios. Y en 1999 ingresaron en la Compañía 522 nuevos jesuitas. En octubre de 2000, los jesuitas en España eran 1.884. Y donde más jesuitas hay es en Asia y en Estados Unidos. La Compañía ha dado a la Iglesia 21 santos y 41 beatos; por sus aulas han pasado 15 papas, un 38% de los actuales cardenales y un 16% de los obispos. ¿Merece la pena sufrir una desgracia para cosechar tantas gracias? Creo que sí. “Los caminos de Dios no son nuestros caminos” (Is. 55, 8). No hay mal que por bien no venga. Sólo nos falta fe para creer la verdad.
Publicado en La Voz de Avilés 21-febrero-2001 20

10 EL TRABAJO
l trabajo es un derecho natural del hombre y una sagrada obligación: Debajo de este reino todos ganaréis el pan con el sudor de vuestra frente (Génesis 3, 19).Claro es que los parados forzosos no pueden cumplir esa ley que Dios ha legislado para el hombre. Pero bien merece una reflexión: todos conocemos la historia de los obreros enviados a la viña. Estos también estaban en el paro. Se levantaban de madrugada y esperaban ser contratados por algún empresario, y desde el momento en que se sentaban en la plaza esperando ser contratados, es claro que sudaban por dentro pensando en la angustia que les esperaba si les faltaba el trabajo y el pan para cenar. Algunos fueron contratados bien de madrugada. Estos sudaban por la frente y el cuerpo, pero estaban contentos esperando el jornal seguro que les entregarían al anochecer. Lo cierto es que todos sudaban por ganar el pan. ¿Y los ricos y los que reciben buenas pensiones? También sudan por dentro. Los ricos les hacen sudar los insomnios que les propinan los negocios y los derechos que les exigen los empleados. ¿Y los jubilados con buenas pensiones? Los que yo conozco están sudando más que nunca. Unos andan kilómetros y kilómetros para bajar el coleste21

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rol, otros sudan haciendo gimnasia. Y los que no sudan por fuera, les hace sudar por dentro la congoja que les propinan los hijos o los nietos. También existe el sudor de la holganza. Este sudor sólo tiene un remedio: trabajar para Cáritas, ayudar a los ancianos desamparados, colaborar con las parroquias, pensar cada día en el bien que se puede hacer mañana. Porque el trabajo de no hacer nada, como el problema de no tener problemas, son problemas sin solución, y surgen las preguntas del más hondo pesimismo: ¿Qué hago? ¿Para qué vivo? ¿Qué me espera? ¿Nunca me di cuenta de lo feliz que ha sido cuando trabajaba? Y así, van anticipando la muerte con su propio cerebro, después de haberse ilusionado algunos años esperando la felicidad que les aportaría la jubilación. Y que nadie se moleste. Estos son los jubilados y ricos que yo conozco, los que no hacen nada. Volviendo a reanudar con los viñadores, nos encontramos con la actuación de la justicia divina. Pues los que pasaron el día entero sin ser contratados, sudando por dentro, con sólo una hora de trabajo al oscurecer, Dios les pagó con el mismo jornal que a los que el día entero estuvieron sudando en la viña. Y es que todos querían trabajar. Y es de notar que los que fueron contratados a la hora de nona, fueron los que más trabajaron psíquicamente. Pero, como siempre, aparece la envidia. Los que trabajaron el día entero, se quejan de la injusticia que les hace el Señor, y se preguntan: — ¿Cómo puede pagarnos igual a nosotros que hemos soportado el peso del día y del calor que a los otros con solo una hora de trabajo?
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— Amigo, no te hago agravio; ¿no has convenido conmigo en un denario? Toma lo tuyo y vete. ¿No puedo hacer con lo mío lo que me da la gana, o es que tienes envidia? ¿O has de ver con mal ojo que yo sea bueno? (Mt. 20 1-16). En este pobre mundo, ricos y pobres, con trabajo y sin trabajo, por dentro o por fuera, todos tenemos que sudar. ¡Bendito sea Dios que así lo dispone!
Publicado en La Voz de Avilés 28-febrero-2001

11 IGLESIA Y TERRORISMO
unca he oído tantas críticas al Episcopado español como las que se han vertido en la prensa estos días pasados, y no digamos en la televisión. Por un lado, lo concerniente a la ley de extranjería. Por otro, la negativa a firmar el pacto antiterrorista. Son varias las motivaciones que han dado lugar a lo predicho. En primer lugar, nos parece pésima la presentación —en rueda de prensa— de la opinión de la jerarquía sobre la discutida firma del pacto antiterrorista. Incluso suponiendo que los obispos de la Comisión Permanente hubiesen dicho lo que se expresó ante los periodistas, cosa que dudo mucho. Pues cuando uno quiere rechazar algo sin ofender demasiado al rechazado, lo primero que debe hacer es empezar por elogiar todos sus méritos, lamentando no poder aceptarlo. Ser portavoz de alguien tan
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importante como lo es el Episcopado español es muy difícil, y es necesario ejercitar la humildad de la despersonalización. Y no siendo capaz de lo dicho, lo mejor es dejarlo, pues el daño que puede hacer, como ha ocurrido en este caso, es extraordinario. Por eso creo que el portavoz tendría que salir a escena con un texto escrito y haberse limitado a leerlo, sin añadir ni una coma. Es lamentable que la gente sencilla —católicos practicantes que aman de verdad a la Iglesia— no entienda las motivaciones de sus pastores para actuar así. También es lastimoso leer los insultos contra los pastores. Y uno se pregunta, como tantos otros: ¿Qué está pasando? ¿Por qué sucede todo esto? Es injusto afirmar que la Conferencia Episcopal no ha condenado el terrorismo lo suficiente y, por lo tanto, no vemos la razón que tienen los que le piden un rechazo claro, cuando lo ha hecho repetidamente. Por poner un ejemplo, el cardenal Rouco, que ha ordenado a todos sus sacerdotes que incluyan una oración expresa en las misas, mediante la que piden a Dios el fin del terrorismo. O lo que hace monseñor Reig, el obispo de Segorbe-Castellón, que cada vez que hay un atentado se va ante el ayuntamiento de su ciudad a manifestarse contra la violencia como un ciudadano más. La Iglesia, y es monseñor Estepa quien lo dice, no debe firmar el mencionado pacto, aunque sí puede y debe apoyar sus contenidos. Y eso lo está haciendo y lo harán más aún. Pero, si esto es así, ¿por qué una buena parte de la sociedad no lo percibe de ese modo? ¿Están equivocados todos los periodistas que han criticado a la Iglesia por tibieza ante el terrorismo? ¿Han actuado
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todos ellos de mala fe y con una intención torticera? Pienso y creo que lo que está fallando en este país es la comunicación veraz. Modestamente me permito decir que lo que más falta nos hace es rezar, rezar mucho por los obispos, por las víctimas del terrorismo y pedirle mucho al Espíritu Santo que nos ilumine y nos dé a conocer su querer y cumplirlo adecuadamente.
Publicado en La Voz de Avilés 4-marzo-2001 y en La Voz de Asturias 7-marzo-2001

12 ESCLAVOS DE TENER
ntre los numerosos esclavos que tenemos en el mundo hay dos clases de esclavos completamente opuestos. Son los esclavos de la miseria y los esclavos del consumismo. Un amigo valenciano que comenzó su vida con grandes restricciones, me decía que el 90% de sus ganancias las consumían en alimentación, y después de amasar una gran fortuna me decía que el 90% de sus rentas se dilapidaban en superfluidades y lujos, y sólo el 10% era necesario para banquetear continuamente. Y me seguía diciendo don Simplicio Risueño Iranzo —que así se llamaba este amigo— que sus señoritas hijas y su esposa le habían sometido dos veces a la esclavitud: Primero la pobreza, y después la riqueza. Ahora leo una noticia que me hace recordar lo predicho: Un artista británico ha decidido desprenderse
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de todo lo que tenía, coche, teléfono, discos, televisor, muebles, ropa, sus dibujos, dinero, sus esculturas, sus libros,... 7.006 objetos, reunidos a lo largo de treinta y siete años de vida. Se quedó solamente con la ropa que llevaba puesta para volver a empezar de nuevo. Esta es su protesta contra la sociedad de consumo. Pero eso mismo que él hace, en público y con la máxima espectacularidad, vienen haciéndolo durante veinte siglos los millones de hombres que fieles a la palabra de Dios (“Si quieres ser perfecto, vende lo que tienes, dalo a los pobres y sígueme”) han hecho voto de pobreza en una de las formas de vida consagrada. Y en esa actitud deben apuntarse todos los demás cristianos, en la medida compatible con su estado, si no quieren incurrir en la dura condena que Juan Pablo II hace en su encíclica Centesimus Annus, de los que en las modernas sociedades de consumo cifran su vida en tener más y más bienes. Pero no podemos interpretar esto como rechazo a las cosas del mundo, porque nadie puede pervivir sin las cosas de este mundo nuestro, integrado por las cosas de las cuales hemos ido rodeándonos a lo largo de nuestra vida, que nos arropan un poco y nos refugiamos en ellas como imprescindibles para nuestra vida terrena. Pero esas cosas, como en el mundo en general, deberían ser los peldaños para conducirnos a Dios. Y cuantas veces —por el contrario— sirven únicamente para impedirnos mirar hacia arriba. ¡Cómo pueden conducirnos a la perdición!, porque nos aprisionan, nos dominan. En definitiva, el pecado es eso: hacer de Dios una cosa, y de las cosas dios. La tremenda decisión del británico que entregó todos
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sus bienes debe invitarnos a reflexionar. Al fin y al cabo, es sólo anticipar el momento en que nos presentamos a Dios y únicamente podemos ofrecerle el bien que hemos hecho, para contrarrestar nuestras faltas y pecados. Es decir, tener un punto de apoyo que nos haga amigos de nuestra conciencia, la que nos puede acusar en el juicio final cuando la hemos conculcado. Ese es el momento definitivo para la eterna felicidad o para... Todo lo demás pasa.
Publicado en La Voz de Asturias 6-marzo-2001

13 CRITICAR
riticar es el tema que más sobreabunda en los periódicos, en las tertulias de café, en las plazas, y con más maléfica eficacia en la televisión, donde la conducta de un hombre puede desmoronarse con una sola noticia. Y lo curioso es que nadie conseguirá juzgar con verdadero acierto. Hay que recordar que toda persona es un misterio. No sabemos nada de ella. Es única e irrepetible. Sólo nuestro Creador está capacitado para juzgar al hombre. Es cierto que no se pueden abrogar las leyes penales que, con sus errores, nos hacen posible la convivencia. Pero las críticas al vuelo siempre son erróneas, porque no sabemos nada del estado psicológico, histórico y familiar del criticado. Como dice un viejo proverbio indio: “Dios me libre de juzgar a mi her27

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mano sin haber calzado durante una estación sus mocasines”. O bien, como escribe Graham Greene: “Si supiéramos el último porqué de las cosas tendríamos compasión hasta de las estrellas”. Es de tener en cuenta que nada sabemos del otro, porque el otro es un mundo desconocido para el hombre. Y ante esa verdad, lo prudente es guardar un profundo silencio. Comprender que no comprendemos sus actitudes, y posiblemente no las compartimos, pero debiéramos de respetarlas. Esto es el comienzo de la paz. Lo contrario: la falta de respeto, la crítica y la murmuración es el inicio del antagonismo, rencores profundos y ausencia de confianza. Pongámonos en la piel del otro. Caminemos un buen trecho con su historia, sus dificultades, su ambiente familiar y su psicología, y descubriremos que a la hora de juzgar todos tenemos la misma posibilidad de errar en nuestro injusto juicio. Hay un cuento que tiene como protagonista a un sabio filósofo. Dice así: “El joven discípulo del filósofo llega a casa de éste y le dice: — Oye maestro, un amigo tuyo estuvo hablando de ti con malevolencia... — ¡Espera! —le interrumpe el filósofo— ¿Ya hiciste pasar por los tres filtros lo que me vas a contar? — ¿Los tres filtros? — Sí. El primero es la verdad. ¿Estás seguro de que lo que quieres decirme es absolutamente cierto? — No, lo he oído comentar a unos vecinos.

— Al menos lo habrás hecho pasar por el segundo filtro, que es la bondad. Eso que deseas decirme, ¿es bueno para alguien? — No, en realidad, no. Al contrario. — Ah, ¡vaya! El último filtro es la necesidad. ¿Es necesario hacerme saber eso que tanto te inquieta? — A decir verdad, no. — Entonces —dijo sonriendo el sabio—, si no es verdad, ni bueno, ni necesario, sepultémoslo en el olvido”. Finalmente nos encontramos con Aquel que nos creó, nos conoce con perfección, lo sabe todo y lo puede todo, y nos dice: “No juzguéis y no seréis juzgados”. Es decir, el que no critica ni murmura de nadie, tiene el Cielo ganado, sin pasar por el Purgatorio. ¡Qué fácil! Intentémoslo a ver si lo es tanto.
Publicado en La Voz de Avilés 6-marzo-2001 y en La Voz de Asturias 16-junio-2001

14 LOS PROVERBIOS
l hombre, con alguna frecuencia busca alguien en quien apoyarse para desechar sus confusiones. Se presenta al amigo que considera más sensato e idónea para desahogar sus problemas, ignorando que en la mayoría de los casos hay que buscarles la raíz, es decir, el motivo por el que ha surgido el conflicto o la desgracia. Y una vez conocida la causa ya tiene en su cerebro el mejor soporte para solucio29

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nar o mitigar la cuestión. Y para hallar la raíz de todo lo que nos sucede o puede sucedernos, todos tenemos en la mano la divina sabiduría en el Libro de los Proverbios y en el Libro de la Sabiduría. Allí es donde se encuentra con absoluta evidencia el Dios amigo que todo lo sabe y nos lo quiere enseñar. Casi todos los seres humanos buscamos el éxito. Cada uno en su profesión. Pero el éxito sin la paz es algo así como ver los manjares sin poder comerlos, es decir, agudizar el hambre y la tristeza. Así vemos cómo el mayor porcentaje de suicidios lo encontramos entre las gentes más exitosas. Busquemos el éxito siguiendo las enseñanzas que nos describen los libros referidos. Aunque la cita sea demasiado extensa, permítasenos la reproducción extractada del Libro de los Proverbios: “Quien atiende a la sabiduría, vive en paz y estará tranquilo, sin temer al mal. Mira bien las sendas de tus pasos y todos tus caminos sean rectos. Adquiere la verdad y no la vendas. Si te dejas abatir el día de la angustia, angosta es tu fuerza. Más vale buen hombre que muchas riquezas, y mejor es favor que oro y plata. El salario del justo procura la vida; la ganancia del malo, la ruina. La persona benéfica prosperará, y quien largamente da, largamente recibirá. El hombre avaro corre detrás de las riquezas, y no se da cuenta que la miseria va a caer sobre él. Ciudad abierta y sin murallas es el hombre que no domina su ánimo. Por falta de dirección cae un pueblo, su salvación está en su gran número de consejeros. El sabio de corazón acepta los preceptos, más el insensato de los labios corre al precipicio. No trames mal alguno
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contra tu prójimo, cuando vive en confianza contigo. No pleitees sin motivo alguno con un hombre si no te ha hecho mal alguno. Los golpes de un amigo son leales, los besos de un enemigo son engañosos. Martillo, espada, flecha aguda es el hombre que da testimonio falso contra su prójimo”. Es verdaderamente lamentable que los libros predichos, con perfecta ética y moral, no tengan cabida en los colegios. Comprendo que los agnósticos nieguen la palabra de Dios. Pero debieran aceptar que de la oración podemos pasar, con el Libro de los Proverbios, al de la sabiduría popular, pues todo cuanto del pueblo viene se mezcla aquí: las alegorías, los enigmas, los acertijos a veces, los poemas acrósticos, las parábolas, los refranes... Y todo tiene un aire rústico, y un humor socarrón como de los viejos sabios de pueblo. Pero aún interpretándolo en este sentido, la docencia de estos libros es tan magistral que todavía no ha nacido el hombre que pueda superarla ni llegar a su altura.
Publicado en La Voz de Avilés 7-marzo-2001 y en La Voz de Asturias 14-marzo-2001

15 ODISEA DE UN CURA
on Eugenio Laguarda es un sacerdote valenciano con 90 años cumplidos, y tiene una historia escalofriante. Recién ordenado le enviaron a un pueblo de la provincia de Castellón. Quince
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meses después vino la guerra. Enterado de las noticias, escondió todas las imágenes en los pajares de casas que le ofrecían su amistad. Iba todos los días a la iglesia sin tocar la campana, sabiendo que venían dando muerte a los curas. Un día vinieron a matarle. Entraron en un bar preguntando por él. El señor del bar se enfadó con ellos: “¿Por qué tenéis que matar al cura, si ese cura es una buena persona?”. Dijeron: “Basta que sea un cura para que lo matemos”. Y se fueron. Informado de lo que habían dicho, intentó refugiarse en una masía distante del pueblo. El dueño de la casa era un señor con buena voluntad y mucho miedo. “Ya sabe a lo que vengo, le dijo el sacerdote, a esconderme”. Y él le contestó: “Es un compromiso muy grande tenerle aquí, nos pueden matar a todos”. Entonces, la mujer, al escucharlos, llamó a su marido desde la cama: “Concédele refugio todo el tiempo que sea necesario”. Nadie sabía que estaba el sacerdote allí, pero al enterarse que pensaban alojar en la casa a unos soldados, el sacerdote se marchó por las montañas camino de Valencia. Y al pasar cerca de Segorbe, lo cogieron una pareja de soldados. Y le preguntaron: “¿Dónde vas y quién eres?”. “Soy sacerdote”. Le registraron y le encontraron el breviario. Uno de los soldados le pegó un culatazo en la cara, le rompió la nariz y le dejó el ojo izquierdo sin vista durante tres meses. El cura cayó al suelo. Le pegaban y le hacían levantarse, hasta que ya no pudo, entonces, uno de ellos, le disparó un tiro en la cabeza. La bala le penetró por debajo del ojo izquierdo, le atravesó el paladar, la lengua, el cuello y quedó alojada en el
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pulmón. El otro soldado le pidió a su compañero que le diera otro tiro, pero creyéndole muerto lo dejaron a la orilla de una carretera estrecha. Entretanto, el buen sacerdote rezaba silenciosamente a la Virgen para que le salvara la vida. La gente pasaba de largo viendo al sacerdote sobre un charco de sangre. Poco después pasó un autobús. Eran las doce de la noche. Y como la carretera era estrecha y el autobús ancho, pararon y bajaron. Les dijo que era sacerdote y que le habían martirizado. Lo cargaron en el autobús y lo llevaron hacia Castellón para ingresarle en un hospital. Pero al pasar por Náquera estaban los dos matones sentados en la carretera. Pararon el autobús y hablaron con el chófer. “Voy al hospital a llevar un a un herido muy grave que he recogido en la carretera. Un sacerdote”. Ellos gritaron: “¡Es el sacerdote que nosotros hemos matado! ¿Aún vive? Hay que acabar con él”. Pero el chófer se impuso, y los dos matones se quedaron allí. Cuando terminó la guerra juzgaron a los dos soldados y los condenaron a muerte. Y estando en Zucaina vinieron a ver al sacerdote el padre de uno y la madre de otro, y se arrodillaron con los brazos en cruz delante del cura, diciéndole: “Padrecito, tenga compasión de nuestros hijos, que están en la cárcel y los van a matar por lo que le hicieron a usted”. El buen sacerdote cogió un papel y le escribió al juez, diciéndole que estaba bien y quería que les quitara la pena de muerte. Y el juez, al ver el documento firmado, les conmutó la sentencia de muerte. — Merece la pena —dice el sacerdote— sufrir mucho, mucho, por Jesús. Él y su Madre Santísima
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me han salvado la vida. Ahora, con 90 años, sigo celebrando misa todos los días a las 7 de la mañana y no salgo del confesonario hasta la hora de comer. Y me han cambiado el nombre de Eugenio Laguarda por el de “muerto resucitado”.
Publicado en La Voz de Avilés 8-marzo-2001 y en La Voz de Asturias 13-marzo-2001

16 EL HIJO PRÓDIGO
ocos textos evangélicos nos serán tan familiares. Todos hemos oído de niños esta parábola, la hemos meditado de mayores. La expresión “hijo pródigo” designa entre los creyentes al tarambana que ha llenado de disgustos a sus padres, y el tener que ir a cuidar puercos suele marcar, en lenguaje coloquial, el desastrado fin de quien se deja llevar por las pasiones. El joven pródigo no quiere soportar el trabajo del campo y la monotonía en que viven pacientemente el hermano mayor y su padre. El más joven de los dos hermanos tiene un concepto equivocado de la vida. Soberbio y altanero, carece de escrúpulos, también desconoce el amor filial. En esa tesitura egocéntrica no le importa exigir la herencia. El padre le reconoce libremente su derecho, le entrega la herencia y el hijo se va “por tierras lejanas” en busca de placeres lascivos con meretrices y con buenos banquetes, pero el dinero se termina y le plantea dos opciones: morirse de hambre o traba34

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jar. Y entra en el ambiente “impuro de cuidad puercos” (así lo señalan las Escrituras). Pero la gracia de Dios sigue amparándole. Pues ya tiene encima la penitencia que conlleva el pecado, tanto mayor cuanto más grave sea la culpa. Felizmente se siente asolado por el hambre. Deseando “llenar el estómago de las algarrobas que comían los cerdos, y no le era dado”. Ahora, después de tanta penitencia, reflexiona: “¡Cuántos jornaleros de mi padre tienen pan abundante, y no me muero de hambre!”. Consigue llegar a las puertas de la casa de su padre, reconociendo que ha “pecado contra el cielo y contra Dios”. Bien contrito y humillado, reconoce que no es digno de pertenecer a tan buen padre, y le suplica que lo trate como a uno de sus jornaleros. Pero el amor del padre (Dios) sigue inmutable, y celebra la vuelta del hijo con besos, abrazos y un banquete, porque su hijo ha vuelto a la Vida, con mayúscula. Se ha librado de la condenación eterna que Dios no quiere para nadie, sólo quien no se arrepiente de sus pecados la puede encontrar. El hijo mayor está enojado con el padre. Siempre había estado sujeto a su autoridad sin que jamás traspasara sus mandatos, y “nunca le había dado un cabrito para hacer fiesta con sus amigos”. El joven ignoraba que todo lo bueno que Dios tiene guardado para quienes lo aman, comienza a gotear en esta vida para convertirse en grandes océanos de gloria y felicidad en el cielo. Allí se encuentran los justos después de sufrir dos purgatorios: el que la vida terrena nos depara, y el que nos purifica con verdadera perfección después de muertos.
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Publicado en La Voz de Avilés 9-marzo-2001 y en La Voz de Asturias 5-abril-2001

17 LO MÁS DIFÍCIL
o más difícil para un cristiano es amar a los enemigos. Pero es una de las señales de identidad más característica de nuestro ser y obrar como católicos. Algunos superiores de los primeros cristianos cifraban toda su vida —y su madurez espiritual— en dos principios: la humildad profunda y el amor a los enemigos. Y les recordaban frecuentemente a sus discípulos que, para avanzar y crecer, se necesitan dos actitudes: saber dar gracias y perdonar a los demás. A un grupo de fieles que vengo orientando desde hace algo más de veinte años —con las normales altas y bajas de los que se van y los que vienen—, suelo decirles que la fe no es otra cosa que ver la vida con los ojos de Cristo y hacer las cosas en la vida con las manos de Cristo. En otras palabras, ser otros Cristos vivientes, hasta poder exclamar como San Pablo: “Ya no soy yo quien vive; es Cristo que vive en mí”. Si nos dejáramos guiar por esta realidad, abiertos al Espíritu Santo, todos llegaríamos a conseguirlo. Pienso que de los gestos y actitudes de Cristo, el amor a los enemigos es el más difícil, y hasta escandaloso de entender, porque el amor en las circunstancias que quedan expuestas, es mucho más que el perdón. Y perdón
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significa mucho más que olvido; es verdad que las heridas que los enemigos nos hacen van quedando grabadas en nuestro corazón y en la memoria como experiencias que nos condicionan profundamente. Pero si perdonamos de corazón, el olvido viene después. Los expertos en la vida espiritual suelen afirmar que en el camino hacia Dios tanto estorban los grandes amores como los grandes odios, porque en ambos casos nuestro corazón está atrapado por otro que no es Dios. Hay una oración en forma de estribillo que nadie debiera dejar de recitarla: “Purifica mis deseos; silencia mi corazón; cura todas mis heridas; infunde en mi amor Tu Amor”. Volviendo al amor a los enemigos e intentando hacerlo posible, es muy bueno enlazarlo con las Bienaventuranzas, donde los bienaventurados son aquellos que padecen insultos y son perseguidos con mentiras y calumniados. “Alegraos y regocijaos, porque grande será en el cielo vuestra recompensa” (Mt. 5, 11-12). La medida de la misericordia, como la del perdón, y por supuesto la del amor, no es la nuestra, sino la del mismo Dios. Y tenemos obligación de perdonar y amar porque Él, el Señor, lo ha hecho antes con nosotros. Es de notar que los enemigos son los que más nos hacen avanzar en el camino espiritual. Y ellos son los que nos conducen al cielo si nosotros conseguimos transformar el odio en amor. Parece muy difícil, pero no lo sería tanto si comprendiéramos que Dios siempre ha permitido que los enemigos existan para purificarnos y tener acceso al campo de los bienaventurados. Si los enemigos no existieran, todos
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los santos se desplomarían de los altares, porque a Dios y a ellos les deben la santidad.
Publicado en La Voz de Avilés 12-marzo-2001, en El Comercio 14marzo-2001 y en La Voz de Asturias 15-abril-2001

18 FRANCISCO DE ASÍS
os milagros de San Francisco de Asís superan a los que Jesucristo ha hecho. Esta posibilidad se corresponde con las palabras de Jesús: “En verdad, en verdad os digo: El que crea en Mí, hará él también las obras que yo hago, y hará mayores aún, porque Yo voy al Padre” (Jn. 14, 12). Hay santos que han conseguido resucitar muertos, dar vista a los ciegos y validez a los inválidos. Pero ninguno ha sido tan prolijo como San Francisco de Asís. Como es de suponer, los biógrafos de santos no pueden faltar a la verdad inventando milagros que no han existido. Y si damos por ciertos los que aparecen en la vida de San Francisco, son más numerosos que los que nos muestra el Evangelio. San Francisco es uno de los personajes de la historia de la Iglesia más bonitos y fascinantes. Nació en Asís, Italia, en 1182. Era hijo de un acaudalado comerciante de telas de la ciudad, Pedro Bernardone. Su madre se llamaba Pica, a la que amaba con especial vehemencia. Cuando Francisco era joven, le gustaba mucho salir y pasárselo bien festejando. Pero un día, rezando ante el crucifijo de la Iglesia de San
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Damián, oyó una voz que le decía: “Francisco, repara mi Iglesia, que amenaza ruina”. Al principio entendió que Jesús se refería a la reparación material de los templos, y con esa intención reparó tres iglesias. Pero Jesús quería otra cosa de Francisco. Y cuando éste se dio cuenta de lo que quería Jesús de él, lo dejó todo y decidió seguir el Evangelio literalmente. Comenzó a enamorarse de la pobreza hasta el punto de que le llamaban “el pobrecillo”, y no por eso era infeliz. Al contrario. El amor a Jesús le daba tanta alegría que contagiaba a todo el que pasaba a su lado, amaba a todo y a todos: la luna, el sol, las plantas, los pajarillos, la liebre acosada, el halcón, el jilguero; su pasión por la naturaleza, sus hazañas y palabras románticas; todos esos rasgos no son, por decirlo así, más que chispazos de un alma que vivía sumergida en lo sobrenatural. En cierta ocasión, cuando andaba pidiendo limosnas por Asia, encontró a un leproso que lo dejó aterrorizado. Se acercó a él y le dio un beso, diciéndole: “Recibe el ósculo del amor y esta limosna de la caridad”. El leproso quedó limpio en el acto, y se arrodilló a sus pies: “Es Cristo quien cura —le dijo—, no soy yo. Adórale a Él”. No es posible enumerar los milagros que ha hecho ni los desprecios que recibía cuando solicitaba una limosna a las personas que conocían a su familia y la riqueza en que el mendigo había vivido hasta entregarse a Jesús en cuerpo y alma. Y cuando falleció en 1226, acostado en el suelo y vestido con un hábito que le habían prestado como limosna, había más de 5000 personas que le habían seguido y entrado a for39

mar parte de su Orden: La Orden Franciscana. Entre aquellos que se contagiaron de la vida de pobreza, oración y alegría que llevaba el santo, destacó Clara. Una joven de Asís con quien Francisco fundó las Hermanas Clarisas, que hoy tiene conventos por todo el mundo. El espíritu y el carisma de esta Orden: la humanidad, la alegría, la pobreza y la fraternidad, perduran hoy en día en las más de 250 ramas franciscanas que se han creado en la Iglesia a lo largo de los siglos. Y apenas dos años después de su muerte el Papa lo declaró santo.
Publicado en La Voz de Avilés 14-marzo-2001

19 DESPUÉS DE CONDENADO A MUERTE
stoy ensimismado viendo la fotografía de Francisco Castelló. Un joven de 22 años que trabajaba como ingeniero químico en la fábrica Cros, S.A., de Lérida. Su rostro majestuoso denota inteligencia y especial espiritualidad; con carácter afable y virginal semblante, nos muestra su pureza. Y nos ha dejado pruebas fehacientes del coraje y la alegría que Dios puede infundir en los cristianos que se disponen a seguirle sin mirar atrás. Cuando Francisco se enfrentó al tribunal que le condenó a muerte por no apostatar de su fe católica, con toda serenidad les respondió a los verdugos: “Si
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ser católico es delito, acepto gustosamente ser delincuente, ya que la mayor felicidad del hombre es dar la vida por Cristo, y si tuviera mil vidas, sin dudar, las daría por Él”. Seguidamente, aprovechando las horas que le quedaban para ser fusilado, escribe tres cartas que —sin futiles comentarios— reproducimos a continuación. Una va dirigida a su novia, María Pelegrí (Mariona), otra a sus dos hermanas y a su tía, y la última al padre jesuita Román Galán. — Querida Mariona: Nuestras vidas se han unido y Dios mismo ha querido separarlas. A Él le ofrezco con toda la sinceridad posible mi amor hacia ti, un amor intenso, puro y sincero. Siento tu desgracia, no la mía. Estés orgullosa de mí: dos hermanas y tu novio. Pobre Mariona. Me pasa una cosa extraña: no puedo sentir ninguna pena por mi muerte. Una alegría interna, intensa, fuerte... llena todo mi ser. Quisiera escribirte una carta triste, de despedida, pero no puedo. Estoy pleno de alegría como un presentimiento de la gloria. Última cosa: cásate, si es tu parecer. Yo desde el cielo bendeciré tu matrimonio y tus hijos. No quiero que llores. No quiero. Te quiero. No tengo tiempo para más. Francisco. — A mis hermanas Teresa y María, y a mi tía. Queridas: Acaban de anunciarme la pena de muerte y jamás he estado tan tranquilo como ahora. Tengo la seguridad de que esta misma noche estaré con mis padres en el cielo. Allí os esperaré a vosotras. La Providencia de Dios ha querido elegirme a mí como víctima por los errores y pecados que cometemos. Voy con gusto y tranquilidad a la muerte. Jamás tendría tanta probabilidad de salvación. De ninguna manera lloréis por mí. Estoy muy, muy contento. Os dejo con
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pena a vosotras que tanto amaba. Teresina: ¡Que seas valiente! No llores. Yo soy el que ha tenido tanta suerte que no sé como agradecerle a Dios. Perdona las penas que te haya causado. Siempre te he querido mucho. María: mi pobre hermana... Si Dios te da hijos dales un beso de mi parte, de su tío que les amará desde el cielo. Un fuerte abrazo a mi cuñado. De él espero que será vuestra ayuda en esta tierra y sabrá sustituirme. Tía: En este momento siento un profundo agradecimiento por usted y por todo cuanto ha hecho por nosotros. Dentro de unos años nos encontraremos en el cielo. Desde allí pediré por usted este que tanto la quiere. Recuerdos a todos los amigos de la Federación Religiosa; a todos los amigos decidles que muero muy contento y que me acordaré de todos ellos desde la otra vida. Francisco. — Al padre Román Galán, S.I.— Querido padre: Le escribo estas letras estando condenado a muerte y faltando unas horas para ser fusilado. Estoy tranquilo y contento, muy contento. Espero poder estar en la gloria dentro de poco rato. Renuncio a los lazos y placeres que pueda darme el mundo y el cariño de los míos. Doy gracias a Dios porque me da una muerte con muchas posibilidades de salvarme. Le estoy muy agradecido y rogaré por usted. Francisco. Entre los 233 mártires españoles de la Guerra Civil que fueron beatificados, hemos escogido — como botón de muestra— a este joven alicantino para demostrar la ferocidad de los hombres que reniegan de Dios, y la nobleza, conformidad y alegría de los que le aman con sincero corazón. Estas cartas que dejó escritas Francisco Castelló hicieron saltar las lágrimas al Papa Pío XI cuando se las dieron a leer.
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Las guerras, ¡ah, las guerras! Si el hombre reflexionara con sentido, jamás volverían a repetirse.
Publicado en La Voz de Avilés 16-marzo-2001

20 VALORAR CON ACIERTO
l propietario de una gran empresa estadounidense, buen católico y mejor empresario, cansado de bregar con sus empleados y ejecutivos, inventó una conferencia práctica a la que asistieron todos sus subordinados. Y queriendo demostrarles como se organiza bien el trabajo para poder conseguirlo “todo” en la vida, sacó de debajo del escritorio un gran frasco de cristal con boca ancha. Lo colocó sobre la mesa, junto a una bandeja repleta de piedras del tamaño de un puño, y preguntó a los ejecutivos: — ¿Cuántas piedras caben en este frasco? Mientras los asistentes pensaban sobre la respuesta que debían dar, el empresario comenzó a meter las piedras y les preguntó: — ¿Está lleno este frasco? Todos los ejecutivos presentes en la sala se miraron extrañados y refunfuñaban por dentro: “¡Con la cantidad de cosas que tenemos que hacer, y aquí estamos, perdiendo el tiempo con juegos de niños!”. El experto en gestiones empresariales sacó, entonces, un cubo con gravilla, y metió parte de esta en el frasco. Tras agitarlo, las piedrecillas de gravilla iban
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penetrando en los espacios que dejaban libres las piedras grandes. El propietario de la empresa sonrió con cierta sorna, y les preguntó: — ¿Está lleno el frasco? Los obreros se reían con buen humor, pero los ejecutivos musitaron una débil afirmación, como quien duda en la respuesta. El empresario comenzó entonces a volcar en el gran frasco de cristal un cubo de arena. La arena, poco a poco, se iba abriendo paso entre la gravilla y las grandes piedras del frasco. — ¿Está lleno el frasco?, preguntó de nuevo a los asistentes. — No, no, exclamaron los asistentes. El empresario cogió entonces una jarra llena de agua, y comenzó a verterla en el frasco, sin que este llegara a rebosar. — Aquí concluye el ejemplo práctico —dijo el empresario. Algunos ejecutivos respiraron aliviados: “¡Hemos concluido, ¿verdad?!” —decían la mayoría de los asistentes. — No, no, todavía no. ¿Qué hemos demostrado? —preguntó. — Que no importa lo llena que esté la agenda — respondió uno—, siempre puedes hacer que quepan más cosas. — Bien, pero ¡no! —respondió el empresario—. Lo que esta lección nos enseña es que si no colocas las piedras grandes primero, nunca podrás colocarlas después. — ¿Y cuáles son las grandes piedras de su vida, patrono? —le preguntaron inquietos.

— Dios en primer lugar, después viene mi esposa, mis hijos, mis padres, mis hermanos, y el trabajo. Estos son los proyectos que pueden hacer un mundo mejor civilizado y pacífico. Con mucho ánimo, querido lector, vamos a poner primero las grandes piedras de nuestra vida, para que luego, quepan las demás. La conferencia práctica del empresario puede ser un buen instrumento para recordarnos esta reflexión. Es necesario que todos los días nos reafirmemos en esa jerarquía de valores que tanto nos conviene cumplir.
Publicado en La Voz de Avilés 17-marzo y 17-mayo-2001, en La Nueva España 21-marzo-2001, y en El Comercio y El Comercio Digital 15-abril-2001

21 TÉCNICA DEL PERDÓN
e han congratulado conmigo algunos lectores por el escrito que me han publicado acerca del perdón, y el bien que les ha hecho. Me alegra el parabién que me han dado y el ánimo que me infunden para escribir una vez más sobre el mismo tema, si es que el director me lo permite. Son pensamientos que pido prestados a un experto psicólogo americano, llamado David W. Schell: 1.— Perdón significa doblar sin romper, ser suficientemente fuerte para soportar el peso de la ofensa pero bastante flexible como para levantarse. 2.— La vida nunca es perfecta. Perdona los inevitables fallos de la vida.
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3.— Perdónate a ti mismo: por lo que lamentas haber hecho y por lo que desearías llevar a cabo. 4.— Perdonarse a sí mismo es confiar en el perdón que Dios te ha concedido después de confesarte. Del perdón de sí mismo se extrae la fuerza para perdonar a los demás. 5.— Tienes derecho a sentirte triste, traicionado, irritado y resentido cuando te han ofendido. Si lo ocultas bajo la superficie, sólo conseguirás que brote en otro lado, en otro momento. 6.— La justicia puede enmendar los daños, pero el perdón cura las ofensas. Busca el perdón por encima de la justicia. 7.— Las víctimas son seres indefensos, están a merced del ofensor. Mostrando misericordia a un ofensor, vuelves a tomar el control. Reafírmate perdonando. 8.— Convéncete de que el perdón es posible aún en las más dolorosas circunstancias, incluso cuando alguien parece que no merece tu perdón. Es un testimonio de la bondad y ejemplo de Jesucristo vertido en ti desde el primer momento de tu ser como bautizado e hijo de Dios. 9.— El perdón es el único remedio eficaz para la pena que sientes por el comportamiento de otros. Sólo tu puedes tomar la decisión curativa. 10.— Piensa que el perdón es la habilidad más poderosa para la supervivencia. El perdón te ayuda a encontrar tu camino a través de la selva de la incomprensión, la ofensa, el resentimiento y el odio. 11.— Si te cuesta perdonar a tus padres por el modo imperfecto de ser padres contigo, recuerda: ellos fueron formados por el modo imperfecto de ser
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padres que ellos recibieron de padres que fueron formados por un modo imperfecto de ser padres, y así sucesivamente. 12.— Procuremos que el perdón actúe como catalizador de una saludable reacción en cadena. El perdón desinfecta la herida, lo cual permite la curación, que a su vez engendra energía para el acercamiento. 13.— Ninguna relación de amor está libre de choques. Venda las heridas del amor con el perdón. 14.— El perdón requiere práctica. Comienza perdonando las cosas pequeñas y ve acostumbrándote a perdonar las grandes. 15.— Si encuentras difícil perdonar, recuerda cuando deseabas ser perdonado por tu Creador, y ofrece al otro lo que tú quisieras recibir. Sin perdonar, nadie conseguirá paz ni amistades sinceras.
Publicado en La Voz de Avilés 23-marzo-2001

22 PABLO DE TARSO
odos los que ahora persiguen a los cristianos, debieran de reflexionar con el buen ejemplo que les ha dado Pablo de Tarso. Un hombre fuerte, sano, valiente y combatiente. Muy claro tenía San Pablo que todo lo de Jesús era una pantomima. Por eso decidió perseguir a todos los cristianos. No ha habido nadie con más aversión a la fe católica.
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Sólo Dios podía cambiarle su mentalidad, pues San Pablo actuaba de buena fe. Creía muy bueno lo que pensaba, y hacía lo que consideraba justo. Y cuando un hombre se encuentra en esta tesitura no tiene pecado (“Antes no me conocíais y no teníais pecado”). Solícito y fiel a la conciencia que había recibido, trabajaba intrépidamente para obtener la paz que a todos nos da el deber cumplido. En estos casos tan excepcionales, es necesaria una gracia tumbativa. Y Dios se la da. Lo necesita para la erección de una columna más en la Iglesia que comenzaba a nacer. Por eso Jesucristo —siempre vivo después de muerto y crucificado— le llama con voz clara y potente: “Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?”. Ahora cae por tierra desde su supuesto caballo y le pregunta: “Señor, ¿quién eres?”. Y Él: Yo soy Jesús, a quien tu persigues. Levántate y entra en la ciudad, y se te dirá lo que tienes que hacer. Saulo se levantó de tierra, y con los ojos abiertos nada veía. Lleváronle de la mano y lo introdujeron en Damasco, donde estuvo tres días sin ver y sin comer ni beber. Y allí, en Damasco, encontró con el hombre que Dios había designado para persuadir a San Pablo diciéndole todo lo que tenía que hacer. Era Ananías que buscaba en la casa de Judas a Saulo de Tarso, que ya estaba orando. Ananías le impuso las manos para que recobrara la vista. Pero Ananías desconfía de San Pablo y le advierte a Jesús los males que Saulo había hecho a tantos santos en Jerusalén. El milagro de Pablo es que su concepción religiosa, tan potente y valedera para todos los hombres de todas las épocas, está basada en una revelación personal de Jesucristo, que le enseña la sabiduría ple48

naria que arranca del don gratuito de la fe. Pablo es el primero de los apóstoles que cree sin haber visto al Redentor personalmente. “Bienaventurados los que creen sin haber visto”. Su concepción de la vida cristiana es un sistema completo de la existencia, anclada en el amor a Cristo y en la esperanza de la resurrección; los dos cimientos esenciales de sus manifestaciones doctrinales. También es de recordar que en su tiempo se esperaba, en las comunidades primitivas, la inminencia de la venida de Jesús para el Juicio Final, con lo que la vida del cristiano se desinteresaba de todo lo que ahora nos interesa. Y esa parusía final debiéramos de esperarla todos los días para vivir como Dios nos manda.
Publicado en La Voz de Avilés 25-marzo-2001

23 FRANCISCO UMBRAL
i alguien desea conocer uno de los personajes más denostadores yo le aseguro que es Francisco Umbral. Y no sólo por ser el detractor número uno de la religión, sino por la falsedad con la que escribe. Es verdad que cuando un hombre no tiene un concepto sensato de nada, la sinceridad no tiene cabida en su cabeza, y si a esta falta juiciosa le adicionamos las embriagueces con que aparece en la televisión algunas veces, ya nos imaginamos el fruto.

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Las últimas insensateces de Francisco Umbral las he leído en el diario El Mundo. Él sabe que la religión es algo que llena el alma de muchísimos españoles. Y escribe sobre los 233 beatos que, por ser mártires de la fe, fueron beatificados por Juan Pablo II. Y desde la inquina que siente por el catolicismo pregunta si de verdad Miguel Hernández no fue un mártir y García Lorca también otro. Pues mire usted, no. Serían víctimas a las que, por cierto, ya se encargan de beatificarlas él y otros, y que nosotros respetamos muchísimo y lamentamos la crueldad que han sufrido, pero mártires con derecho a ser beatificados es otra cosa. Es la persona que padece muerte por amor a Jesucristo y en defensa de la religión cristiana. Y esto lo sabe Francisco Umbral perfectamente. Y decir como dice que la santidad de los españoles está entre las piernas de Juan Pablo II es algo esperpéntico y soez. Y a los católicos nos molesta y duele, como le molestaría a él si alguien dijera que la dignidad de las víctimas republicanas de la guerra civil está entre las piernas de Umbral. Y sigue diciendo que las beatificaciones recrudecen la guerra. No es verdad. Las beatificaciones son ejemplarizantes para la paz, la reconciliación y el perdón de los mártires y de Cristo, en nombre del que ellos han sido vilmente asesinados. Lo que recrudece la guerra son las columnas de Umbral. Añade que tanta beatificación irrita a los que han sido víctimas en nombre de la Iglesia, pero ¿quién es la Iglesia? ¿No es la que ha sido perseguida y martirizada por los que piensan como él?

Lo que verdaderamente irrita es la irresponsabilidad de Umbral. Y, ya al final de la columna, como quien no quiere la cosa, no puede evitar quitarse la careta, y es donde mejor se le ve el plumero. Escribe: Saben que en el fondo perdieron la guerra... ¡Acabáramos! Ahí es donde de verdad le duele. O sea, que 70 años después, Umbral lo que pretende es ganar una guerra que perdieron, y lo digo con benevolencia y sin el menor grado de triunfalismo. Es una verdad que todos conocemos y sólo Umbral la niega y algún otro que piensa como él. Y quiero dejar claro que tanto respeto a los vencedores como a los vencidos, porque en las guerras todos salen perdiendo.
Publicado en La Voz de Avilés 29-marzo-2001

24 LAS VOCACIONES
as vocaciones sacerdotales se vienen desmoronando. De poco nos sirve mirar a nuestro alrededor y comprobar que otros países están mucho peor que nosotros, como puede ser Francia. La crisis de un pueblo o la ruina del mismo no se resuelve con el “consuelo” de ver otras naciones que la padecen con mayor infortunio. Es necesario buscar una solución. Hay que averiguar el porqué tenemos seminarios en España con numerosos seminaristas, como puede ser Toledo con un seminarista por 5.237 habitantes. También tenemos una de las Obras religiosas más jóvenes de España —la Unión Sacerdotal
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Lumen Dei— con sólo cincuenta sacerdotes y con 42 seminaristas en el Seminario de Santo Toribio Mogrovejo (Cáceres); rayando una vocación por cada sacerdote que tiene esa bendita Obra. Pero allí se aplica la terapia señalada por Juan Pablo II en la “Novo Millennio Ineunte”: oración, confesión, eucaristía; vida de santidad. Pienso y creo que urge mucho seleccionar profesores en los Seminarios que enseñen la doctrina de la Iglesia y no sus elucubraciones esperpénticas por oposición al Evangelio, porque todo lo que nos aparta del querer exigente de Dios sólo sirve para ahondar más la crisis vocacional. ¿Qué sucede en Lérida con 150.000 habitantes por seminarista? Estas cifras hablar por sí solas de situaciones de desierto espiritual, de rupturas generacionales en la transmisión de la fe que auguran un casi imposible retorno a tiempos pasados y mejores. Pero como, al fin, la situación es cada vez más grave, también los que están satisfechos con la pastoral vocacional secularizante que en tantas diócesis sin ningún futuro se están llevando a la práctica, no pueden dejar de preguntarse cómo será el día de mañana. Y las respuestas no pueden ser peores. En lugar de rezar más para poder ser testigos de Dios en medio del mundo, sugieren que el sacerdote sea uno más entre los hombres. En lugar de preocuparse más por la falta de clero para atender a las parroquias, reclaman la ordenación de hombres casados —como si esa fuera la panacea de todos los males y no el principio de mayores dificultades—, o la ordenación de mujeres. A pesar de lo dicho, confío plenamente en que el Espíritu Santo
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jamás abandonará a su Iglesia. Pero sí sé que las soluciones no vendrán de la mano de las rebajas. Y lo sé porque ese camino ya ha sido recorrido por otros que también fracasaron. Cuanto menos se pide menos se da, y pronto hay que volver a pedir aun menos. Por eso no creo que la causa de la crisis vocacional esté en la falta de jóvenes en España. Está en la falta de espiritualidad. Y lo que tendríamos que preguntarnos todos es si rezamos lo suficiente, si creemos lo suficiente y si obedecemos al Santo Padre. Si no lo hacemos, el resultado no puede ser más consecuente ni más clara la solución.
Publicado en La Voz de Avilés 30-marzo-2001 y en La Voz de Asturias 9-abril y 29-mayo-2001

25 CRÍTICAS AL PAPA
i alguien merece el respeto de todos los humanos es Juan Pablo II. Consternación, pena y a veces irritación nos produce la Prensa con sus críticas desmandadas. Sólo referencias negativas publican algunos rotativos acerca del Santo Padre por su estado de salud: que si tiene parkinson, que si no puede andar sin bastón, que pronto tendrán que leerle los discursos, que ya necesita una silla de ruedas, que debe dimitir, y un largo etcétera. Es lastimoso ver la falta de compasión que tienen con una persona que habiendo dedicado toda su vida al buen servicio de la Iglesia y de toda la Humanidad,
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reciba al final de sus años tantas críticas despiadadas. Se olvidan que su cabeza sigue funcionando con más acierto que todos los personajes y personajillos que lo juzgan de forma temeraria y grosera. Su capacidad de gobernar la Iglesia con rectitud y acierto sigue incólume, a pesar de las evidentes limitaciones físicas que presenta. Ha sufrido un intento de homicidio con secuelas importantes y cuenta más de 80 años y varias operaciones. Pero sigue amando a sus hermanos como antes y hasta con más vehemencia, congregando multitudes millonarias en cualquier país que visita, dándoles lecciones en cada uno de los temas que les expone. Estamos convencidos de que el Papa está completamente desprendido de su cargo como Pastor supremo de la Iglesia, y si llega el día en que no pueda llevar con verdadero acierto esta ingente tarea, la dejará inmediatamente, por el bien de la Iglesia y por la fidelidad que de sus entrañas siempre se eleva hasta el mismo Dios. Nos preguntamos si quienes atacan al Papa por motivos de salud lo hacen sólo por eso, o si existen otras razones más adversas que no quieren desvelar, porque este hombre ha llevado a la práctica todo lo establecido en el Concilio Vaticano II. Ha unido más a la Iglesia católica entre sí, ha fomentado la unión con los cristianos no católicos, ha potenciado el ecumenismo con otras religiones, ha defendido la paz y la dignidad de hombres y mujeres por todo el mundo y en todo momento, ha luchado estoicamente para que los pobres sean menos pobres y los ricos menos ricos. Ha llevado a la Iglesia al año

2000 del nacimiento de Cristo y la ha dejado dispuesta para recibir gracia sobre gracia de Dios. Y ahora, al final de su vida, cuando más cariño y comprensión necesita, no paran de criticarle. Si no fuese porque todo funciona en torno a la política, ¿quién con más mérito que Juan Pablo II merece el Nobel de la Paz? Por eso quiero —con toda mi familia íntima— felicitar al Papa y desearle todo lo mejor hasta que Dios le lleve al cielo, donde nos dejará una brecha para que allí puedan entrar todos los que han seguido sus consejos, han sabido obedecerle y han rezado pro él. Como bien nos ha dicho la vidente de Fátima (sor Lucía): “Quien no está con el Papa no está con Dios”.
Publicado en La Voz de Avilés 1-abril-2001 y en La Voz de Asturias 2-mayo-2001

26 BEATO JUAN XXIII
on alguna frecuencia hemos sido informados de algunos cadáveres que han conservado su cuerpo incorrupto durante años o siglos, como puede verse en las momias de las Catacumbas en Roma. Es verdad que la incorrupción en nada garantiza la santidad de la persona, pero este enigma es mucho más frecuente entre santos y beatos. El último que yo he visto en fotografía es el cuerpo de Jacinta, la pastorcita de Fátima, beatificada por Juan Pablo II hace un año. Su rostro intacto fue descubierto cuando
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la trasladaron del cementerio, donde llevaba más de 50 años sepultada, a la Basílica de Cova de Iría. Ahora nos sorprende Juan XXIII. Después de 38 años de su fallecimiento, su cuerpo y su rostro se encuentran intactos. Algo que nadie hubiera conocido si no fuese por el traslado que hicieron de su cuerpo a la capilla de San Jerónimo. Esto quiere decir que serán numerosos los cuerpos de santos —y no santos— que se encuentran en el mismo estado sin que lleguen a descubrirse jamás. Y es de notar que Juan XXIII no había sido embalsamado. A su muerte, el 3 de junio de 1963, los técnicos del Instituto de Medicina Legal de Roma inyectaron formol en su cuerpo con el objetivo de permitir una larga exposición a los fieles antes de su inhumación. Una práctica que se ha aplicado también a los papas fallecidos desde mediados del siglo XX: Pío XII, Pablo VI y Juan Pablo I. En el documento que han hecho público los cardenales y arzobispos, se puede leer: “El rostro del beato Juan XXIII, una vez liberado del paño que lo preservaba ha aparecido íntegro, con los ojos cerrados y la boca ligeramente abierta, con esos rasgos que recuerdan inmediatamente la fisonomía familiar del venerado Pontífice”. Las manos, según este informe, también mantenían el crucifijo, en la postura en que el Papa había sido enterrado con sus ornamentos pontificales. Por otra parte, en relación con el descubrimiento del estado incorrupto, Angelo Sodano, cardenal secretario del Estado del Vaticano, ha afirmado que este hecho podría encerrar algo milagroso. Lo que sí podemos afirmar es que algo muy especial existe en
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la carne de los cuerpos incorruptos para evitar que los gusanos no consigan obtener vida y devorarla, como sería lo normal. Después de los milagros que se le han atribuido al “Papa bueno”, ahora, un estudio realizado por un grupo de expertos italianos, certifican que un joven enfermo con cáncer en el páncreas con metástasis, ha quedado curado después de llevar sujeta a su cuerpo una reliquia de Juan XXIII. “La confirmación — dicen— de este milagro por su mediación es el último requisito para que Juan XXIII sea canonizado”. El Papa susodicho falleció a los 82 años, víctima de un cáncer de estómago. Tras un corto papado de cinco años consiguió convocar el Concilio Vaticano II, auténtica revolución que llegó a provocar hasta el cisma de Lefebvre, el que ahora parece estar dispuesto a someterse a la autoridad de Juan Pablo II.
Publicado en La Voz de Avilés 2-abril-2001

27 LO MÁS FUNDAMENTAL: LA PAZ
a paz vale más que la salud y el dinero. Hombres con dinero y salud han llegado al suicidio. Por eso decía San Agustín “que la paz es un bien tal que no se puede desear otro mejor ni poseer otro más útil”. Conviene saber y creer que nada sucede en este mundo por azar; todos los cabellos de nuestra cabeza están contados, y ninguno puede des57

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prenderse sin que Dios lo permita. Tampoco cae un pájaro en el lazo sin la disposición y voluntad de Dios (Mt. 10, 29). Conozco a un matrimonio desde hace muchos años. Esposos fieles, trabajadores y honrados. Después de casarse hicieron la planificación familiar, decidiendo tener un solo hijo para darle todos los bienes que sus padres no habían conseguido por descender de una familia pobre. Estos esposos no eran creyentes. Conceptuaban la vida en la defensa personal y en la suerte. Veinte meses después de casados tuvieron un hijo. Le concedían todo cuanto se le antojaba. Apenas dejó de ser un bebé cuando lo llevaron al colegio. Soñaban con darle carrera para mitigar las humillaciones que ellos habían padecido por no haber sido escolarizados. Y cuando el niño había cumplido siete años, le compraron una bicicleta de las más modernas que había en aquella época. Felizmente, por lo que luego veremos, lo atropelló un coche y falleció pocos días después. El desconsuelo y el dolor lo comprende perfectamente el lector. Pero el esposo tenía un pariente sacerdote. Buen sacerdote. Éste les visitaba todas las semanas con las manos llenas de caridad y el corazón impregnado de amor. Les persuadía diciéndoles que no existe buena suerte ni mala, y que Dios todo lo dispone muy bien. Los cónyuges escuchaban al buen sacerdote por el amor que les prodigaba e iban cayendo en la cuenta de los métodos pecaminosos que habían usado para quedarse con un solo hijo. Entretanto, buscaban la paz espiritual abiertos a la vida de los niños que pudieran venir, siempre siguiendo los consejos del
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buen sacerdote. Y así, entre los 38 y 43 años, tuvieron dos niños y una niña. El sacerdote les bautizó a los tres y les llenó la casa de felicidad y de paz. Bien convertidos al catolicismo no dejan de rezar el rosario todas las noches en compañía de sus tres hijos. También es el día de hoy que no pierden una misa los domingos y fiestas de guardar, acompañados de los tres hijos, y los tres están estudiando con becas. Los padres, orgullosos de la familia numerosa que Dios les ha dado, bendicen el día en que Dios les llevó al cielo el hijo queridísimo de siete años y bendicen al sacerdote que les llevó a su casa la fe, el consuelo, la alegría y la paz, porque la paz es conformarse con la voluntad de Dios y bendecirla, y si nos falta la paz porque alguien nos ha turbado el camino, saber que es un instrumento que Dios permite en nuestra vida para que le busquemos a Él y, con nuestro esfuerzo y su gracia, hacer que nuevamente retorne a nosotros la paz sin aborrecer a los enemigos que también los hay y nos hacen falta.
Publicado en La Voz de Avilés 3-abril-2001

28 PADRES E HIJOS
stamos viendo que existen muchas discordias entre hijos y padres, y no sería justo decir que los hijos son culpables de todo. Los padres también se equivocan actuando de forma rígida que
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en nada contribuye a la docilidad y obediencia de los hijos. Es verdad que no se les puede dar todo lo que piden, porque a veces piden para ver hasta cuánto pueden coger. Pero no se les puede gritar por eso, pues nos respetarán menos cuando lo hacemos, y les enseñaremos a gritar a ellos también. Tampoco se les pueden dar siempre órdenes. Si en vez de órdenes les pidiéramos las cosas lo harían más rápido y con más gusto. No dejemos nunca de cumplir las promesas que les hagamos. Si se les promete un premio hay que dárselo, y lo mismo si de un castigo se trata. No debemos de compararles con nadie, especialmente con otros hermanos. Si les hacemos sentirse mejores que los demás hermanos, éstos lo van a sufrir, y si les hacemos sentirse peor que los demás, serán ellos quienes lo sufran. Los padres no podemos cambiar de opinión sobre lo que deben de hacer. Hay que decidir y mantener firme nuestra decisión. También es bueno dejarles valerse por sí mismos. Si hacemos todo por ellos, nunca podrán aprender. Jamás digamos una mentira, ni les pidamos que ellos la digan porque sí o por favorecernos; esto les llevaría a ser embusteros y descreídos, perdiendo la fe en lo que les decimos y en casi todo. Cuando hagan algo malo, no conviene exigirles que digan el porqué lo han hecho, ya que puede suceder que ni ellos mismos lo sepan y les comprometamos a mentir. Y cuando nosotros estemos equivocados en algo, admitámoslo, y crecerá la buena opinión que tienen de nosotros, y les enseñaremos a que admitan sus equivocaciones también. Hay que tratar a los hijos con la misma amabilidad que lo hacemos
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con los buenos amigos. Porque seamos familia no quiere decir que no podamos ser amigos también. Nunca les digamos que hagan una cosa que nosotros no hacemos, pues los hijos siempre están aprendiendo de lo que hacen los padres aunque no se lo manifestemos. Pero nunca harán lo que nosotros digamos y no hacemos. Hay que enseñarles a amar y conocer a Dios. Es muy bueno infundirles el santo temor al que todo lo puede y nos está viendo y leyendo nuestros pensamientos en todo momento. Y aunque en el colegio los quieran enseñar, de nada vale si ven que nosotros no conocemos ni amamos a Dios. Y mucho menos si nuestra vida no es coherente con lo que predicamos. Después de educarles en la religión, es mejor no hablarles de Dios y darles el ejemplo vivificante que llevan consigo los hombres que viven continuamente en presencia de Dios. Y cuando nos cuenten un problema, no decir nunca: No tengo tiempo para cosas sin importancia. Hay que tratar de comprenderles y ayudarles. También es muy necesario decirles con frecuencia y sinceridad: ¡Te quiero mucho, hijo mío!
Publicado en La Voz de Avilés 7-abril-2001

29 ESPERANZA

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ntonio Colao se asoma con frecuencia a las páginas de opinión de La Voz de Avilés con sinceridad y verdad. Sus colaboraciones tie61

nen numerosos seguidores que las leen con fruición; no falta, sin embargo, algún detractor que intenta no oponer argumentos para manifestar su desacuerdo del señor Colao, sino el insulto, lo cual dice muy poco del que utiliza tal medio para descalificar a una persona con la que no se está de acuerdo. Sacar frases de su contexto puede llegar a ser un peligroso ejercicio de sectarismo. Esto es precisamente lo que ha acontecido: El niño felizmente muerto. Sacada de su contexto puede resultar patética. Antonio Colao sabe mucho de hijo muerto, por eso es profunda su Fe en los caminos misteriosos de la Divina Providencia que permite, no quiere nunca el mal físico, para obtener grandes bienes. Rechazadas la Fe y la Esperanza cristianas al ser humano sólo le queda ante la muerte de un inocente, la rebeldía y la desesperación en la noche de la nada, y del pesimismo. Esa es la diferencia ante la terrible realidad del niño muerto. Ese es el gran mensaje de Viernes Santo, la muerte y el sufrimiento tienen sentido a la luz del crucificado-resucitado. Teólogo Garmar
(Carta publicada sobre el autor en La Voz de Avilés 10-abril-2001)

30 NO PUEDEN COMPRENDERNOS

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ugenio D'Ors nos ha dejado escrito que “todo lo que no se comprende, envenena”. Y Turguene apuesta por la máxima que dice: “Un

hombre es capaz de entender cómo vibra el éter y qué es lo que sucede en el sol; pero es incapaz de comprender por qué cualquier prójimo suena la nariz de distinto modo que él”. Los católicos y los increyentes no pueden comprenderse. Y el desencuentro es tanto mayor cuanto más alto sea el grado de religiosidad y el de escepticismo. Desgraciadamente todo esto lo comprendemos mejor los que hemos vivido en pecado mortal hasta los 30 años, en compañía de los que pensaban y actuaban como nosotros. Hasta la edad predicha entendía que la religión era una obsesión egoísta creada por el interesado para complacerse a sí mismo; todo me parecía una locura por parte de los santos y del mismo Cristo, pero un día, asistiendo a unos Cursillos de Cristiandad, donde me llevaron a empujones, comprendí a los católicos y encontré la verdad. Cuarenta y un años llevo persiguiéndola y casi siempre se me escapa. Infelizmente no soy santo. Pero no me parece mal que me persigan y me calumnien. San Pablo ya nos decía que la cruz era una necedad para los ateos. ¿Qué sentido puede tener para los agnósticos lo que nos dice el santo Cura de Ars? Uno de los más grandes taumaturgos de todas las épocas. El hombre a quien Juan Pablo II ha puesto como ejemplo para todos los sacerdotes del mundo. En su biografía se leen párrafos como este: “Nos quejamos de sufrir y más bien tenemos motivos para quejarnos de no sufrir, toda vez que nada nos hace más semejantes a Jesús que llevar su Cruz”. Y continúa el santo diciendo: “Dígnese Nuestro Señor Jesucristo concedernos la alegría del sacrificio; jamás nos da pruebas más señaladas de su amor que con los sufri63

mientos, como si no pudiera llegar al cumplimiento de sus designios, sino por ese camino, único que conduce al cielo”. Cuando San Pedro le dijo a Jesús que no podía dejarse morir crucificado, el Mesías le contestó: “Apártate de mí vista Satanás, porque tú piensas como los hombres y no como Dios” (Mt. 16, 23; Mc. 8, 33). Es claro que si nos falta un grado considerable de religiosidad, todo esto nos parece una locura completa y no es para menos. Pero sabiendo Jesús que la mejor forma de devastar todas sus obras y poner en entredicho los milagros que hacía era acusarlo de visionario y de loco, nos ha dicho: “El que te llamare loco será reo de la gehena del fuego” (Mt. 5, 22). Sabiendo que todo esto sólo lo pueden comprender los que han recibido una luz especial del Espíritu Santo, siempre sin merecerla, es justo que tengamos el mayor respeto por los que aún viven en tinieblas, reconociendo que puede haber un transvase de gracias, quedándose en las tinieblas el que estaba en la luz, y pasando a la luz el que estaba en tinieblas.
Publicado en La Voz de Avilés 12-abril-2001

31 VIERNES SANTO
osé Luis Martín Descalzo decía que “lo que más tuvo que dolerle a Cristo el Viernes Santo no fueron los clavos ni los latigazos, sino la soledad en la que lo dejaron los suyos”. Tuvo que ser duro
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eso de haberse pasado tres años queriéndoles, robusteciéndoles la fe, preparándoles para la hora del dolor y ver luego cómo a la hora de la verdad todos huyeron y le dejaron solo. Y hasta Pedro —el predilecto— , el que había jurado fidelidad, le negaba por algo tan trivial como la acusación de una empleada de hogar. Aquella noche del jueves y a lo largo de todo el viernes, Jesús debió escuchar el canto de todos los gallos del mundo que se ponían de acuerdo para denunciar la cobardía del hombre que ignoraba lo dicho por Jesús: “Sin Mí nada podéis hacer”. Confesar a Cristo cuando uno se encuentra en peligro inminente de ser martirizado, es una gracia especial que tiene que bajar de lo alto, porque el instinto de salvar la vida es el más fuerte que Dios ha puesto en el hombre. Es verdad que Pedro sufrió más de lo que le hubiera costado el supuesto martirio. No dudamos de su sinceridad. El error de Pedro incide en confiar en sus fuerzas y en su valentía y valor, pese a que Jesús le había advertido que “antes que el gallo cante dos veces, tú me habrás negado tres” (Mt. 26, 34; Mc. 14, 30; Lc. 22, 34; Jn. 13, 38). Este desengaño de Pedro, sumado a la Resurrección de Jesús, le llevaron al heroísmo y a la santidad. Pero después de 2.000 años de este suceso, los gallos continúan cantando en España y en el mundo, están afónicos de tanto cantar las traiciones que sufre Jesús. La mayoría de los cristianos nos hemos convertido en los reyes del disimulo. Los católicos del siglo XXI hemos encontrado una coartada para seguir con nuestra flojedad: echar las culpas de la falta de vitalidad de la Iglesia a los otros, porque como todo
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está así... —nos decimos— es inútil hacer nada, y resulta que casi todo está en nuestras manos. Si dejáramos de criticar a la Iglesia y rezásemos por los sacerdotes y por los obispos, todo cambiaría. Es verdad que “las fuerzas del mal” actúan, y estas tienen sus claros instrumentos entre nosotros, pero estoy de acuerdo con Thomas Merton sobre su diagnóstico eclesial: “El gran problema que afronta hoy el cristianismo no es el de los enemigos de Jesucristo. Las persecuciones nunca han hecho gran daño a la vida interior de la Iglesia como tal. El problema religioso está en las almas de aquellos que creen sinceramente en Dios y que reconociendo la obligación de amarle y de servirle no lo hacen”. No nos engañemos. La vida de nuestra fe se mide por nuestro compromiso y por nuestras obras, por el testimonio que podemos ofrecer a los que nos rodean. Y todavía nos queda mucho camino por recorrer para que dejen de cantar los gallos. Los que hemos conocido a Cristo hemos experimentado cómo es el amigo que nunca nos abandona.
Publicado en La Voz de Avilés 13-abril-2001 — Viernes Santo

32 LA GRAN DUQUESA
n los tiempos modernos que nos ha tocado vivir, tengo para mí que las familias numerosas constituyen un testimonio de amor conyugal, hogareño, sublime y cristiano. Esto lo estamos
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viendo en una instantánea donde aparecen siete personas sonriendo espontáneamente llenas de amor y felicidad. Es la gran duquesa María Teresa de Luxemburgo con su esposo y cinco hijos. Veinte años de matrimonio feliz. Invitados por don Juan Carlos y doña Sofía para ser acogidos en España, con el cariño y respeto que se merecen, pronto tendremos el placer de verlos. Dar buen ejemplo a nivel nacional e internacional, como lo vienen haciendo los grandes duques de Luxemburgo, es punto menos que imposible si nos falta ese vínculo que nos une al que en todo ha sido camino, verdad y vida. Por eso la gran duquesa de Luxemburgo hace este diagnóstico sobre su verdadero ideal: “Mi religión es la que me permite saber adónde voy y cuál es mi camino”. Dotada de una belleza singular, Dios también le ha concedido una inteligencia privilegiada: domina perfectamente cinco idiomas y es licenciada en Derecho Internacional. Después de sus hijos, su mayor preocupación son los niños menos favorecidos. María Teresa de Luxemburgo es embajadora de la Unesco. Cargo que desempeña con gran ilusión por el bien que puede hacer a los pobres con los favores que le conceden. María Teresa nació en el seno de una familia cubana, y fue educada, junto con sus tres hermanos, con profundos valores religiosos y familiares. Y como no hay mal que por bien no venga, cuando sólo contaba cuatro años, sus buenos padres —descendientes de españoles— tuvieron que huir de la dictadura castrista para no volver más a su tierra natal, pero esto le dio muchas compensaciones, puesto que, mientras
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estudiaba Derecho Internacional en la Universidad de Ginebra conoció a su buen marido, el príncipe Enrique, estudiando la misma carrera, gran duque heredero de Luxemburgo, y actualmente el Jefe de Estado más joven del mundo. María Teresa pasó toda su juventud veraneando en Santander. Por eso nos recuerda España como la nación más entrañable de todas las que ha conocido, exceptuando su tierra natal y la que su esposo y ella presiden. La embajadora de buena voluntad de la Unesco, considera un problema muy grave la soledad en que viven los niños de los países ricos: “Una falta de presencia de padres, falta de diálogo y falta de amor”. La riqueza, como la pobreza, como la inteligencia, como la belleza; todo en suma son muy buenas, pero si el pobre se rebela contra la pobreza, si el rico ha hecho su fortuna explotando a los obreros y no comparte sus caudales con los pobres, si el intelectual hace con su inteligencia un arma de destrucción, si la belleza física de una mujer sirve para lo que viene haciendo la nieta de Franco; todos estos dones de Dios el hombre los transforma en verdaderas maldiciones. Y he dicho que la pobreza también es buena porque así nos lo afirma Jesús en las bienaventuranzas, pero la verdad es que nadie la queremos porque sólo nos favorece después de muertos.
Publicado en La Voz de Avilés 17-abril-2001

33 LOS JÓVENES Y EL PAPA
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a decepción de algunos jóvenes consiste en la práctica del desorden. El pecado envilece al hombre, le hace perder la autoestima y no se les puede vilipendiar por eso. La sociedad que nos lidera y orienta viene de continuo conculcando los grandes ideales. Nos quieren hacer ignorar a los hombres ingentes, los que han sido ejemplares en la sociedad, en el matrimonio, en las familias numerosas y en sus profesiones. No entraré con el buen ejemplo de algunos políticos —que también los hay— para evitar polémicas. Son muchos los jóvenes de hoy que viven sedientos de Dios y no lo saben. No lo pueden saber. Nadie se lo ha enseñado. Han crecido viendo en la televisión familias rotas, divorciados, aborto, parejas unidas por inmediatas pasiones que nada tienen que ver con el amor conyugal. La droga está en la calle; los crímenes en los hogares, en las discotecas y en la vía pública los vemos a diario; todo parece que la vida de un ser humano no tiene ningún valor. Actualmente no sólo se ha perdido el sentido del pecado, sino que se presume de ello. Se cambia de marido y mujer con más frecuencia que se relevan los trajes. Estos son los que aparecen en las revistas del corazón y en las pantallas de la televisión. Nadie nos dice que Juan Pablo II es un regalo de Dios dotado de dones sobrenaturales y humanos, cualidades excepcionales. Es lógico destacar su capacidad de convocatoria, su don de gentes, su poder comunicativo, que nos hacen llegar sus mensajes al fondo del corazón con su elevada preparación intelectual, teológica, cul69

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tural y política; su grandiosa visión del hombre, del mundo y de la historia; sus dotes excepcionales como hombre de gobierno; su tacto y prudencia; su audacia y constancia en las determinaciones; su gran amor a los pobres, a los enfermos, a los desvalidos; su fina sensibilidad artística, literaria; su capacidad de trabajo y su resistencia a la fatiga; todo en suma le convierten en un verdadero hombre de Dios, un hombre de fe muy profunda. Esta visión sobrenatural es la que le da ese contacto íntimo con Dios, permitiéndole vivir de modo abierto a la acción de la Providencia en su vida y, especialmente, en la de la Iglesia. Sin este espíritu de oración, le sería imposible soportar todo el peso que recae sobre su persona. Es lamentable que a unas juventudes sanas, culturalmente bien preparadas y dinámicas, se les venden los ojos mostrándoles placeres fugitivos que les incitan al pecado y al infortunio. Debemos de reconocer que los jóvenes de hoy tienen mucha imaginación, y no pueden saciarse con lo inmediato, con lo perecedero. Y nuestra sociedad materialista no les habla de valores espirituales. Posponen toda clase de moral para saltar a la fama y a la noticia. Recordemos siempre aquellas palabras de Juan Pablo II: “No tengáis miedo a Cristo. Abridle las puertas de par en par”. Ahí están el perdón, la paz, la ilusión de vivir y todos los bienes a los que el hombre aspira y casi nadie lo sabe.
Publicado en La Voz de Avilés 19-abril-2001, en La Nueva España 24-abril-2001 y en La Voz de Asturias 1-mayo-2001

ABSTINENCIA SEXUAL
na buena parte del mundo actual no comprende la castidad de los consagrados. Se piensa que no es sana y que no es posible vivirla, porque ejercitar la genitalidad es una necesidad fisiológica como cualquier otra. Y está muy difundida la convicción de que la abstinencia sexual conduce a la neurosis. En cambio, se ha demostrado científicamente que es totalmente inocua a nivel psicobiológico, siempre y cuando la sexualidad no sea simultáneamente estimulada y reprimida de forma obsesiva. Cito al respecto el pensamiento de Jung: “Si la abstinencia sexual no es una escapatoria a las necesidades y responsabilidades de la vida y del azar, entonces no es absolutamente nociva. No obstante, debe ser libremente deseada y basarse en convicciones religiosas, porque todas las restantes motivaciones son demasiado débiles y producen falta de unidad interior y, con ello, neurosis”. Es verdad que la castidad priva de muchas alegrías, pero los consagrados conocen otras que los casados desconocemos. Al consagrado lo han definido como “la persona de relaciones sobrenaturales”. Esto quiere decir que si vive plenamente su donación, se transforma en un maestro del amor recíproco entre Dios y él, y a ese nivel es imposible ser inmaduros afectivamente. Pero ni la virginidad ni el matrimonio son los que dan verdadero sentido a la vida, sino la fe y el amor que les llevan a trascenderse, es decir, una donación
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completa y recíproca entre Jesucristo y el hombre. Bien entendido psicológicamente, el celibato religioso, en su sentido más profundo, no difiere del camino que nos lleva al matrimonio, está en el mismo recorrido pero con un significado más amplio. Pascual Foresi dijo a un grupo de consagrados: “La virginidad es la más alta realización que podemos vivir en la Tierra, porque nos sumerge en Dios y en la humanidad como ninguna otra vocación puede hacerlo”. Pienso que el tesoro de la castidad viene de la abundancia del amor. Nadie ha sido más casto que Jesucristo, y nadie lo ha conseguido con más amor. En mis contactos con religiosas de clausura, he podido observar cómo en todas ellas reluce la castidad en sus rostros, coronando el semblante con una mirada límpida y sublime, donde se percibe la pureza de corazón y la gracia de Dios. La heterosexualidad es una potencia que aflora en el ser humano a partir de la pubertad, y que sólo puede saciarse de dos formas lícitas; transformándola en amor al prójimo y a Dios —como los santos— o satisfacerla después de desposarse canónicamente. Esto es lo que dice el Magisterio de la Iglesia y lo que Dios nos ordena, y cualquier otra forma es un pecado grave y lo seguirá siendo hasta el fin de los tiempos. Y que nadie se rasgue las vestiduras, Dios lo ha dispuesto así, pero nos ha dejado total libertad para que cada uno pueda hacer de su capa un sayo.
Publicado en La Voz de Avilés 20-abril-2001

CLARA CONTRADICCIÓN
o resulta fácil rebatir a Revel cuando dice que “la mentira es la fuerza que gobierna al mundo”. Muchos católicos han caído en la trampa de pensar que dada la falta de consenso sobre lo esencial que caracteriza a nuestra sociedad, los cristianos debemos renunciar a que la vida común se rija según los postulados evangélicos. Es decir, que la nueva tarea de los seguidores de Jesús ya no sea la de buscar la conversión al Reino de Dios sino la de encontrar un terreno común, de mínimos, y neutro, que permita la convivencia fuera de los preceptos de Jesús, o mejor, escindir hojas del Evangelio hasta adecuarlo a nuestro concepto de vida y de pecado. Con este planteamiento inconciliable con la universalidad de la Buena Noticia que Jesucristo vino a traer a todos los hombres, rápidamente se desmoronaría la Iglesia, porque los dogmas de fe sólo servirían para acusar a Jesús de las patrañas que ha venido predicando por el mundo. Y esto lo desposeería de todos los títulos que se ha ganado con sus obras y con el poder que Dios le ha concedido: Maestro, Redentor, Mesías, Salvador, Enviado, Hijo de Dios y Dios mismo. Una vez conseguido lo que queda expuesto, ya nadie podría oponerse a las contradicciones que estamos viviendo, pues habríamos llegado a contemplar activa o pasivamente la razón de la sinrazón, como pueden ser: Por ejemplo, los mandatarios políticos se lamentan de la falta de natalidad y de los problemas que se
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avecinan con la disminución de relevo generacional, y en contradicción es sabido que los métodos contraceptivos son abortivos. Los hay químicos (efectos colaterales de las píldoras) y también mecánicos (los dispositivos intrauterinos o “díus”). Y si prácticamente se ha ocultado a la opinión pública el número de los abortos provocados en clínicas, conforme a la legislación vigente (más de 50.000 durante el año 1999), ninguna fuente institucional se ha tomado la molestia de dar cuenta del número de seres humanos que han sido eliminados mediante los métodos contraceptivos. En un libro publicado en 1999, el sociólogo de la Universidad de Valencia José Pérez Adán ofrece unos datos escalofriantes referidos a 1998: la píldora, en un 10 a 20% de los casos produce efectos antiimplantatorios (el óvulo fecundado no se implanta y, por lo tanto, es expulsado), lo cual se traduce en 2.100.000 abortos anuales provocados por el “díu”. Si ahora sumamos todos estos datos, tendremos una cifra aproximada de 4.150.000 abortos provocados en España anualmente. Téngase en cuenta que estos datos no incluyen la “píldora del día después” que pronto circulará con profusión en nuestro país, y que estos datos son de hace dos años. Quien venía resolviendo todo esto era Jesucristo cuando se le reconocían todos sus títulos y se le adoraba. Ahora, una sociedad descreída y empecatada le ha dado la espalda y el resultado lo estamos viendo y nos aumenta la fe en el que ha sido y sigue siendo Camino, Verdad y Vida.
Publicado en La Voz de Avilés 22-abril-2001

36 HISTORIA Y SUEÑO
n este momento he despedido a un señor que ha venido para saber cómo tiene que hacer el testamento y dejar sus bienes a la unión sacerdotal Lumen Dei. Le entregué una copia testamentaria como modelo de otros muchos que hicieron testamento a favor de la Obra predicha. Este señor sincero y piadoso me contó una historia que le sucedió hace muchos años, y que le llevó a convertirse al catolicismo. Él abandonó a su familia y a sus amigos, y se largó a vagabundear. Cierto día de llovizna, amargado y cansado, llegó a la estación del ferrocarril, donde consiguió un permiso para pasar la noche. Comió un poco de estofado que le dio el sereno de la estación, y reconfortado preparó su cama: un trozo de plástico negro como colchón que le impidiese la humedad. Se tapó con unas bolsas, hizo la señal de la cruz y rezó el Padrenuestro, tal como se lo había enseñado su difunta madre. El recuerdo de su madre fue la motivación de pensar en Dios, y como no tenía a nadie que escuchase sus quejas, la tomó con el mismo Dios, reprochándole su mala suerte. Con estos pensamientos se quedó dormido. En el sueño Dios le dijo: “Vea amigo, estoy cansado de que los hombres se anden quejando siempre, así que desde ahora dejo que cada uno elija la cruz que quiere llevar, pero la que cojan la van a tener que sufrir sin protestar. Acabo de reco75

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rrer el mundo quitando todas las cruces, y ya que está usted aquí va a ser el primero en tener la oportunidad de elegir”. El hombre se quedó sorprendido al ver las numerosas cruces que había de todos los tamaños, pesos y formas. Miró primero donde estaban las más chiquitinas, pero le dio vergüenza pedir una tan pequeña. Buscó entonces entre las grandes, pero se desanimó enseguida porque se dio cuenta que no le daba el hombre para tanto. Pero resulta que entre estas había unas muy pesadas y otras livianas. Sintió reparo en agarrar una de juguete y tuvo miedo de no poder cargar una de las pesadas. Finalmente se quedó con una de peso medio. Se dirigió entonces a Dios diciéndole que elegía para su vida aquella cruz. Dios le miró a los ojos, y le preguntó si estaba seguro de su elección, y que lo pensara bien para luego no arrepentirse y venir otra vez con quejas. Pero el hombre se reafirmó en lo hecho y garantizó que lo había pensado muy bien, que aquella era la justa para él. Dios, casi riéndose le dijo: “Esa cruz que usted eligió es la que ha venido llevando hasta hoy. Así que de ahora en adelante cargue su cruz y sígame, y déjese de protestas que Yo sé muy bien lo que hago y lo que a cada uno le conviene para salvar su alma y entrar en Mi casa”. Después de contarme esta historia de su vida, me dijo que este sueño estaba relacionado con un cuento que su madre le contaba con alguna frecuencia. Lo cierto es que después del sueño se convirtió en un hombre —repetimos— sincero, piadoso y buen católico.
Publicado en La Voz de Avilés 26-abril-2001 y en La Voz de Asturias 9-mayo-2001 76

37 CADA DÍA TENEMOS MÁS Y MENOS
a vida es una lucha titánica, siempre en busca del único objetivo, la felicidad, y como nadie la encuentra en esta vida, el esfuerzo físico e intelectual comienza en la infancia y termina en la sepultura. Negar esta evidencia es falta de experiencia y rehusar el crédito debido a Jesucristo: “El que quiera venir en pos de Mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame” (Mt. 16, 24; Mc. 8, 34; Lc. 9, 23). Y como el amor de Cristo se extiende a todos los hombres, también la cruz se explaya en el mundo sin dejar a nadie sin ella. Es claro que las tribulaciones llevadas con la razón iluminada por la fe, pierden el peso específico que a tantos hombres les ha llevado a la angustia y, en algunos casos, al suicidio, porque son descreídos de que “Mi yugo es suave y mi carga ligera” (Mt. 11, 30). La paradoja de nuestro tiempo es buscar la felicidad por caminos que frontalmente se oponen a ella. Es verdad que tenemos autopistas más anchas, pero puntos de vista más estrechos y más muertos en las carreteras. Es verdad que tenemos edificios más altos, pero templos más pequeños; gastamos más dinero, y cada vez disfrutamos menos. Tenemos casas más grandes, pero familias más pequeñas; más cultura y menos sentido; más conoci77

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miento y menos juicio; más expertos y más problemas; más medicinas y menos bienestar; más ciencia y más enfermedades. Comemos con exceso, fumamos mucho... y reímos poco. Hemos multiplicado nuestras posesiones, pero reducimos nuestros valores. Hablamos demasiado, pero amamos muy poco. Hemos aprendido a ganarnos la vida, pero no a disfrutarla. También le hemos sumado años a la vida, y no vida a los años. Hemos conquistado una parte del espacio exterior, pero no el interior. Escribimos mucho, pero aprendemos muy poco. Ganancias más altas, pero moral más baja. Estamos a punto de alcanzar la paz mundial y, a la vez, la guerra doméstica. Ahora tenemos más tiempo libre y menos diversión. Casas muy bellas y sofisticadas, pero más hogares rotos que nunca. Y es que como bien dice Bosmans: “El drama de occidente es poseerlo todo y no disfrutar de nada”. El dinero nos está empobreciendo. Bien lo sabía Cristina Onassis, hija del hombre más rico del mundo. Poco antes de ingerir unas pastillas que la llevaron a la muerte dejó escrito: “Soy tan pobre, tan pobre, que sólo tengo dinero”. Esto nos induce a desechar esos mensajes que pueden calar en nuestro subconsciente y dicen que “con dinero se puede comprar todo”. Pero la felicidad sigue sin venderse, y la región más deprimida continúa siendo el corazón humano, que no se sacia con viajes exóticos, poder, dinero y popularidad; sólo pide querer y que le quieran. Por eso queremos disfrutar de los buenos momentos que Jesús nos concede, pidiéndole a Dios que reine siempre el amor mutuo en todos los hogares,
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acrecentando ese “menos” sin ser seducidos por ese “más”.
Publicado en La Voz de Avilés 27-abril-2001 y en La Voz de Asturias 9-mayo-2001

38 UN INTELECTUAL SANTO
uan Pablo II ha promulgado un decreto por el que se le reconoce un milagro atribuido al beato Alfonso de Orozco, lo que supone la próxima canonización, cuya fecha aún no ha sido señalada. En su biografía se dice que ningún hombre de la Iglesia en España —en el siglo XVI— puso mayor entusiasmo y realizó con mayor eficacia la tarea de mantener en alto nivel la devoción y el espíritu de mortificación entre los aristócratas, que este fraile agustino. Nació en la localidad de Oropesa, diócesis de Ávila, en el año 1500, y a la temprana edad de seis años se le puso en la cabeza la idea de ser sacerdote. Su profundo conocimiento del alma humana y su evidente bondad, le hicieron muy solícito como confesor de los más aristócratas y de cuantos se acercaban a su confesonario. En 1561, el rey Felipe II estableció su corte en Madrid y Fray Alfonso fue el predilecto del Monarca. Tuvo su celda en el convento de San Felipe el Real, donde dormía en el suelo y se alimentaba una vez al día, en agudo contraste con el lujo y esplendor

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de las funciones oficiales que estaba obligado a desempeñar. En años anteriores, cuando Fray Alfonso era superior de la casa de agustinos en Sevilla, tuvo una visión de Nuestra Señora, quien le recomendó que usara la pluma para la gloria de Dios y la salvación de las almas. De ahí en adelante, el fraile obedeció con mucha aplicación, de manera que cada año terminaba un libro sobre la propia Virgen Santísima, aparte de sus tratados espirituales tan numerosos que comprenden siete grandes volúmenes y le colocan entre los más reputados místicos del siglo XVI. Por mandato de sus superiores, escribió también un relato sobre sus propias experiencias religiosas y místicas, a riesgo de pecar por falta de humildad, como él mismo nos dice, sus “Confesiones”. Durante treinta años realizó el trabajo de conservar la vida cristiana en su más eminente valor entre la nobleza y la gentilidad, así como entre la servidumbre de la corte española; todos acudían a escuchar sus sermones o a postrarse de hinojos en su confesonario, leían sus obras con verdadera fruición, y cuando murió, a la edad de 91 años, todos siguieron el féretro hasta el cementerio con llanto sincero o lágrimas en los ojos. Fue pintor en los conventos de Soria, Medina del Campo, Sevilla, Granada y San Felipe (Madrid), y consejero del Rey Felipe II. Escribió numerosos libros y gozó del mayor prestigio como predicador y asceta. Entre las numerosas obras que ha dejado escritas, destacan “Vergel de oración y Monte de contemplación”. Fue beatificado por León XIII en 1882. Juan Pablo II le ha reconocido ahora otro mila-

gro, en la nicaragüense María Romero Meneses, sierva de Dios.
Publicado en La Voz de Avilés 29-abril-2001 y en La Nueva España 2mayo-2001

39 EL BIEN QUE SALE DE LOS MALES
ieves y José Luis son un matrimonio ejemplar. Nieves tiene 47 años y su esposo 51. Son padres de cinco hijos, entre 18 y 29 años; todos se mantienen con las ciento sesenta mil pesetas que gana el jefe de la familia. El pasado año le diagnosticaron un cáncer de pecho a la señora Nieves. Y viendo que su estado era muy grave, se encomendó a Dios, prometiéndole que si le salvaba la vida adoptaría un niño con síndrome de Down. Operaciones, quimioterapia, y muchas oraciones por parte de su esposo e hijos; todo en suma, un año después le dieron de alta los médicos. Pero Nieves confiaba plenamente en Dios, creía ciertamente que le salvaría la vida y que ella podría hacer feliz a un niño desvalido y subnormal. Tanto es así, que aún estaba convaleciendo en el hospital cuando diariamente observaba la televisión para obtener alguna información sobre los centros de acogida donde hay niños para todos los gustos. En efecto, un día vio un reportaje sobre acogimientos. Llamó por

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teléfono y le dijeron que volviera a llamar cuando terminara el tratamiento del cáncer y le dieran de alta. Nieves sabía por experiencia el cuidado y el cariño que necesitan los niños en general, y especialmente los enfermos, dada la circunstancia de que su hijo menor es muy débil y sufre ataques epilépticos desde los ocho meses hasta los 18 años que actualmente cuenta. Terminado el proceso de medicación, Nieves, con la cabeza pelada y las cejas, acompañada de su esposo, se fueron a solicitar un niño mongólico, y en la primera entrevista en el centro de acogida les presentaron uno con 16 meses que había sido abandonado por una joven madre soltera. Tan pronto como lo vieron Nieves dijo: “Este es el que Dios quiere para mí”. Su marido y sus hijos no le pusieron ningún inconveniente, y a su hija le encantó la idea. Le entregaron el niño el pasado mes de noviembre, como acogimiento preadoptivo, prometiéndoles que dentro de un año ya podrán adoptarlo. Pero la doctora sólo les explicó que tenía el síndrome de Down. Luego se enteraron de que también era ciego, con problemas de estómago y un soplo en el corazón, pero Nieves nos dice que no renunciará a ese niño por nada del mundo. Llevan con él cinco meses y recuerda con mucha alegría el día que se lo entregaron. “Me sonreía —nos dice— y me abrazaba, no tengo palabras para expresar lo que sentí. A veces pienso que a este niño lo estoy disfrutando más que a mis propios hijos. Él me da más cariño que yo a él, siempre busca protección y se agarra fuertemente a nosotros”.

El bien que puede salir de los males es inefable. ¿Salvaría Nieves su vida sin esta promesa que tan felizmente está cumpliendo y sin las numerosas oraciones que todos hicieron por ella? ¿Sería feliz ese niño si a Nieves le faltara el cáncer? No lo sé, pero creo lo que dice Jesucristo: “Tu fe te ha salvado” (Mt. 9, 22; Mc. 5, 34; 10, 52; Lc. 7, 50; 8, 48; 17, 19; 18, 42) “El que tenga ojos para ver que vea y el que tenga oídos para oír que oiga” (Mt. 11,15; 13, 9; 13, 43; Mc. 4, 9; 4, 23; 7, 16; Lc. 8, 8; 14, 35).
Publicado en La Voz de Avilés 30-abril-2001

40 ME LLAMARON POR TELÉFONO
on Manuel Paz Ocampo es un comerciante acaudalado que ha hecho su fortuna en Brasil. Allí nos conocimos hace algo más de cuarenta años. Él era creyente, pero no practicaba. Siempre afanado por hacer dinero, abrió varios establecimientos de muebles en Sao Paulo, y como yo tenía una agencia inmobiliaria contigua a la sede de sus negocios, diariamente nos veíamos y dialogábamos. Los dos coincidíamos en querer volver para España lo antes posible, él a su tierra lucense, y este servidor al paraíso asturiano donde nací. Yo le hablaba de Dios algunas veces e intentaba persuadirle de la obligación que teníamos de ayudar a los pobres para no morirnos con las manos vacías, pero él, con tono socarrón, siempre me respondía lo
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mismo: “¿Te envían recibo de lo que mandas para el cielo? ¿Te pagan algo por militar en los Cursillos de Cristiandad?”. Finalmente le convencí para asistir a los cursillos predichos. Allí recibió un toque de Dios casi milagroso, de tal suerte que les pidió perdón a todos sus empleados por su dudoso comportamiento y les aumentó el sueldo. Con este motivo, nuestra amistad se consolidó con la misteriosa pujanza que sale del Espíritu Santo. Unos años después, conseguí vender lo que tenía y regresar a España. Esto le agudizó más la idea de deshacerse de todo lo que tenía y regresar a Lugo. Continuamos contactando por teléfono, pero él, absorbido por los negocios en Galicia y asociado a una de sus hijas y esposo, dejó de practicar los sacramentos y, consecuentemente, tambalearse en la fe cristiana. Por esas fechas, Dios nos llevó a nuestro queridísimo hijo en un accidente de tráfico. Me llamó por teléfono para darme el pésame cuando recibió la noticia. Quince días después vuelve a llamarme por teléfono llorando. Su yerno y su hija habían fallecido en accidente de moto cuando fueron atropellados en Benavente, dejándole tres nietos pequeños. Don Manuel sólo me hacía preguntas como éstas: “¿Por qué este dolor, esta injusticia, esta crueldad, estas muertes? ¿Por qué lo permite Dios, si es bueno y todopoderoso? ¿Qué hicimos tú y yo para sufrir tanto?”. Comprendo que en el fondo todos intentamos evitar el sufrimiento, o al menos encontrarle algún sentido. La Sagrada Escritura es un gran libro sobre el sufrimiento. La Revelación nos enseña que la causa
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última de los males es el pecado, el rechazo de Dios, frente a todo bien. Muchos de los males que padecemos los provocamos los hombres. Pero hay otros que no tienen explicación: ¿Acaso el mundo y el hombre están mal hechos, son una equivocación de Dios? Job, el justo duramente probado, plantea el misterio del sufrimiento de los inocentes, y refuta la explicación simplista de que sea un castigo divino, pero aún en medio de sus padecimientos y perplejidades este justo no reniega de Dios, sino que confía plenamente en Él. Jesús, al acercarse a los desvalidos, manifiesta la compasión del Padre eterno hacia sus hijos atribulados. Él, siendo por completo inocente, abrazó libremente la Cruz en obediencia al Padre. Para mostrarnos la gravedad tremenda de nuestros pecados, que Él cargó como Cordero sacrificado. Y, sobre todo, para demostrarnos la profundidad sin límites del amor de Dios por nosotros, porque el Cristo crucificado —el enigma del sufrimiento— se convierte en cauce de salvación y de vida eterna y gloriosa. La pasión del Hijo de Dios está abierta a ser participada por todo el que padece. La Virgen fue la primera en compartir la Pasión redentora de su Hijo y en las bienaventuranzas Jesús anuncia la felicidad eterna de los que ahora están crucificados con Él. Por eso, se entiende que las penas en realidad son diminutas y pasajeras en comparación con el tesoro de gloria que nos espera.
Publicado en La Voz de Avilés 3-mayo-2001

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UN BESO
n beso puede ser una expresión sumisa y amorosa por parte de la persona que se acerca a nosotros para saludarnos con efusión, es decir, expansión e intensidad en los afectos generosos o alegres del ánimo. Pero este saludo entrañable que siempre se ha practicado sin detrimento del mayor recato e incluso inclinando la cabeza para besar la mano de la dama o señorita que nos presentan, se ha venido convirtiendo en libidinoso y antihigiénico, viendo como se refriegan los labios en la vía pública, lo suficiente como para poder contagiarse el sida. En aquellas películas de amor que nosotros veíamos en la infancia —en la mayoría de los casos— siempre nos entusiasmaban la cortesía y el decoro con que llegaban al altar, porque el amor ideal es el que sale del alma. Un deseo inefable de felicidad para el ser amado. Esto no quiere decir que falte la sexualidad cuando llega el momento lícito de practicarla. Algo que me parece como un encuentro de amor, como un diálogo, como la unión de dos personas sexuadas para expresarse y llegar a acoplarse enriqueciéndose mutuamente en la plena armonía de sus cuerpos, de su cultura, de sus valores humanos y religiosos, a través de los años de sus vidas en común. Durante la juventud nos besamos de forma libidinosa y creemos amar mucho, pero sólo cuando hemos envejecido en compañía de nuestro/a consorte, conocemos la fuerza del verdadero amor. Y no es precisamente el amor que uno siente, sino el que
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sienten por uno. Es de ahí de donde salen los besos exentos de erotismo e impregnados de amor. Hay un aforismo de Víctor Hugo que me parece muy bien para los matrimonios: “Cuando dos bocas, hechas sagradas por el amor, se aproximan, es imposible que por encima de este beso inefable no haya un estremecimiento en el inmenso misterio de las estrellas”. A menudo aprendemos mucho de nuestros hijos, primero, y después de nuestros nietos. Hace algún tiempo, un amigo castigó a su hija de tres años por desperdiciar un rollo completo de papel dorado para envolver. Estaban escasos de dinero y él se puso furioso cuando la niña trató de decorar una caja para ponerla bajo el árbol de Navidad. A pesar de todo, la pequeña le llevó el regalo a su papá la mañana siguiente y le dijo: “Esto es para ti, papi”. Él se sintió avergonzado de su reacción anterior, pero su enojo volvió cuando vio la caja vacía y gritó: “¿No sabes que cuando se da un regalo, se supone que hay algo dentro de él?”. La niña le miró con lágrimas en sus ojos y le dijo: “Papi, no está vacía, yo tiré besitos dentro de la caja, todos para ti”. El padre se sintió destrozado. Rodeó con sus brazos a su hija y le rogó que le perdonara. Mi amigo me dijo que conservó aquella caja dorada junto a su cama por años, y cuando él se sentía desanimado, sacaba uno de aquellos besos y recordaba el amor con que su niña los había depositado allí.
Publicado en La Voz de Avilés 4-mayo-2001 y en La Voz de Asturias 25-junio-2001

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42 EL MARTIRIO
l martirio es consecuencia de la fe. Es decir, muerte o tormento padecido por causa de la religión cristiana. Es fruto del amor sin límites a Jesucristo, y como recompensa les concede el Señor unos momentos terroríficos para evitar el Purgatorio y llegar a la casa del Padre sin pasar por el tribunal de la justicia divina. Para merecer el martirio hay que ser santo. Los verdugos para consumarlo son elegidos por Satanás después de haberlos preparado para ser sus discípulos. Esa legión innumerable que hace posible casi todos los males que sufrimos. Pero como la bondad de Dios no tiene límites, es verdad que los mochines o sayones también pueden salvarse cuando les llega una gracia tumbativa, como le sucedió a San Pablo, pero hemos de tener en cuenta que la deuda que este santo gigante había contraído con Jesús la fue saldando con numerosas tribulaciones para terminar con el martirio. Por eso nos dice que “mi sangre va a ser derramada como el vino de una copa. ¡Qué importa! He combatido la buena batalla; he consumado mi carrera. Sólo me resta recibir la corona que me dará en el último día, el Señor, justo juez”. (II Timoteo 4, 6-8). Distraído con el martirio he dejado poco espacio para relatar la historia que nos cuenta José María Torres Pérez. Hijo de uno de los 233 beatos que fueron beatificados como mártires de la persecución religiosa española en los años treinta. La última imagen
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que recuerda de su padre es verle entrando en un coche oscuro, a las puertas de su casa, con los sollozos de fondo de su madre, que gritaba a los verdugos: “Por favor, no se lo lleven”. José María tenía entonces ocho años de edad. Volvía de hacer un recado, comprar un sifón con el que aliviar a su padre que esa misma noche había sufrido un cólico nefrítico. No tardaron ni un solo día en enterarse de que habían martirizado a su padre, Pascual Torres Lloret, de Valencia. José María nos asegura que “el martirio es un don y una bendición del cielo, es algo que no pueden entender las personas que no disfrutan de una fe bien consolidada, por mucho que se les explique”. El actual beato era maestro de obras. Hombre de mucha oración y comunión diaria, muy querido y respetado en su parroquia, tanto es así que le autorizaron para impartir la comunión, y así lo hacía en la iglesia, y luego clandestinamente en las casas de los enfermos, cuando comulgar estaba perseguido. Le preguntan a José María si es posible perdonar, él responde sin dudar a la pregunta: “Me gustaría, cuando vaya al cielo, encontrarme allí con todos los asesinos de mi padre y repetirles el perdón. Todo lo que ha pasado, la tragedia que hemos vivido, nos ha servido para madurar”. Afirma José María, que es catequista para matrimonios de la parroquia de Santo Tomás, de Valencia. La madre de José María se quedó con media paraplejía cuando su hija le dio la noticia de que su padre había sido asesinado, pues al venir de vuelta con la comida que le llevaba a la cárcel, se desplomó su madre de tristeza y dolor, y no volvió a recuperarse.
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Su hijo Torres Pérez ha venido de Roma, junto a un hermano, esposa y tres hijos que asistieron a la beatificación de los 233 mártires, muy emocionados, sabiéndose hijos de un santo, y no dudando que está vivo y disfruta del cielo eternamente.
Publicado en La Voz de Avilés 7-mayo-2001

43 LA DEPRESIÓN
a depresión es un drama que puede superar cualquier enfermedad. Es un síndrome caracterizado por una tristeza profunda e inmotivada y por inhibición de todas las funciones psíquicas. Un psiquiatra amigo que pasa algunas tardes con nosotros nos ha dicho que el número de suicidios es más frecuente entre los que padecen depresión que entre los que sufren enfermedades terminales. Y nos cuenta el historial de una paciente. Lo gordo de todo le empezó hace cuatro años, ahora tiene 27. Fue en 1998 cuando decidió ir a este especialista. La situación era normal. Ella trabajaba en las tareas de la casa, contenta y sin problemas. Con sus padres se llevaba bien. Pero comenzó a angustiarse sin motivos justificados. Se levantaba de dormir cada día peor. Le invadía la desesperanza, la soledad. Deseaba quitarse la vida porque la encontraba sin ningún valor. Visitó a varios médicos. Cada uno le daba un tratamiento parecido al anterior y sesiones de terapia,
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pero el origen de su dolencia estaba arraigado en su personalidad. Algo que le hacía pensar que era bueno y se había elevado a patológico: hiperpreocupada, hipersensible, vulnerable y muy emotiva. La enfermedad se lo invadía todo, le quitaba las fuerzas y ya no era la de siempre. El doctor amigo le dijo que gran parte de su curación y de su estabilidad estaba en aceptarse así: enferma. Acude a una psicóloga muy cristiana. Esta, después de dos horas de consulta le sugiere que pase por unos ejercicios espirituales, donde puede encontrar el motivo del sufrimiento. Allí se da cuenta de que hay alguien muy importante en su vida: Dios. Ahora ya sabe por qué sufre. Eleva su mirada a Jesucristo y medita su pasión. Se siente cristiana, católica, y a través de la enfermedad Él encontró acogida en su vida. Con Dios aprendió a tratar lo suyo: la depresión. Diariamente acude al sagrario y disfruta de los sacramentos. Allí, en el tabernáculo, suelta todo lo que le pasa, a veces se enfada, llora, se alegra, encuentra fortaleza, lo que más falta le hace. Y le dice a la psicóloga: “Un día, al considerarle en mi vida como Padre, le dije te quiero. Sí, me atreví a decirle te quiero. Él me lo había enseñado antes. Lo aprendí en Semana Santa, viéndole sufriendo en la Cruz por mí. Sin Dios, mi vida no tiene sentido”. Es verdad que la enfermedad continúa siendo dura. Pero esta joven encontró el motivo del sufrimiento, porque la depresión no se ve. No lleva cabestrillo ni muletas, pero es un demonio introducido en el cerebro intentando, con todas sus fuerzas, sepultarnos en el abismo de la perdición, como puede ser el
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suicidio, del que pudo escapar esta joven gracias a los ejercicios espirituales, para terminar diciéndole a la psicóloga: “¿Sabes una cosa? Estoy triste, pero me considero la persona más feliz del mundo. ¡Qué sería de mi vida sin Jesús!”.
Publicado en La Voz de Avilés 10-mayo-2001

44 TV Y MADRES

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i esposa me muestra la noticia que ha salido hace unas semanas. Una joven detenida por arrojar a su bebé recién nacido en un contenedor de basura. La misma que había dado charlas en institutos sobre embarazos no deseados. Dejaré a un lado las consideraciones que podrían hacerse sobre la expresión “embarazos no deseados”, pues pocas veces se ajustan a la realidad, ya que nadie se queda embarazada por obra y gracia del Espíritu Santo, a no ser el caso misterioso de la Virgen María. Lo más grave es descubrir la doctrina antinatalista que se predica en los institutos. En lugar de educar a los jóvenes en su afectividad, su autodominio, el saber esperar y asumir cada uno su responsabilidad moral, hablándoles de los valores de la familia que en pocos años formarán, lo que se les inculca es cómo deshacerse de una nueva vida. La joven que dio muerte a su bebé estaba bien instruida, e instruía a otros jóvenes. Tan instruida estaba que debió pensar que para evitar complicaciones, lo

mejor era esperar unos meses, y dar al final un golpe de muerte a su bebé. Ojalá asuman responsabilidades las autoridades educativas, desde el director provincial, al profesor de los alumnos: los padres esperan que se les eduque a sus hijos, no que se les corrompa. Parece ser cierta esta sentencia que leí en una ocasión: No hay hijos no deseados, lo que hay son madres indeseables. Aunque no pierdo el tiempo viendo programas nocivos en la televisión, por una circunstancia especial que no tendría ningún interés para el lector, hace unos días me armé de paciencia y pude contemplar películas violentas a todas las horas, pornografía, series de bajísima calidad, todo tipo de programas del “corazón”, dando oportunidad a personajes que nos invaden a cambio de llenarse los bolsillos de dinero con su “trabajo”. Sería un bien inefable que llegase a alguien responsable el daño que está haciendo la televisión en los hogares. ¡Qué bueno sería disfrutar de programas educativos y aptos para grandes y pequeños! Menos mal que tenemos vídeos con películas tan entrañables y provechosas como: El beato Fray María Rafael, Santa Rosa de Lima, San Martín de Porres, Marcelino Pan y Vino, Molokai (Beato Padre Damián), Santa Bernardette de Lourdes, la Virgen de Fátima, etc. Estas son las películas que ven nuestros nietos. Bien persuadidos de que en la televisión reina Satanás y los lleva por el camino del sexo libre, del divorcio, del aborto, de la violencia, de la droga y de la perdición. Así, las personas que deseen vivir huyendo del desorden y del pecado, tienen que vivir
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disociadas de la sociedad que -en su mayoría- nos rodea. Qué razón tenía Concepción Arenal: “Cuando se ha cumplido con el deber de respetar la libertad todo lo posible, hay el derecho de privar de ella todo lo necesario”.
Publicado en La Voz de Avilés 11-mayo-2001

45 CARTA PARA LOS HIJOS
uando sea anciano comprenderme. Si veis que derramo comida sobre mi camisa y desatino al calzar mis zapatos, recordad las horas que pasé enseñándoos las mismas cosas. Si cuando habláis conmigo, repito y repito las mismas palabras y sabéis de sobra cómo terminan, no interrumpirme, escuchadme. Pues cuando erais pequeños tuve que contaros miles de veces el mismo cuento hasta que cerrabais los ojos. Cuando estemos juntos y sin querer haga mis necesidades, no os avergoncéis de mí, comprended que no tengo la culpa de ello, pues ya no puedo controlarlas. Pensad cuántas veces estuve a vuestro lado esperando pacientemente las necesidades que estabais haciendo. Cuando me veáis inútil e ignorante frente a todas las cosas tecnológicas que no podré entender, os suplico que me deis todo el tiempo necesario para no lastimarme con vuestra risa burlona. Acordaos que yo fui quien os enseñó tantas cosas modernas en aquella época.
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Cuando invitéis a personas distinguidas para comer todos juntos, no os avergoncéis de mí. Acordaos que yo os enseñé a comer con cortesía y urbanidad, producto de mi esfuerzo y perseverancia por vosotros. Cuando en algún tiempo, mientras conversamos, me llegue a olvidar de lo que estamos hablando, dadme todo el tiempo que sea necesario hasta que yo recuerde, y si no puedo hacerlo, no os avergoncéis de mí; tal vez no era importante lo que deseaba expresar, y me conforme con que me prestéis atención en ese momento. Cuando me fallen mis piernas por estar cansadas para andar, dadme vuestra mano tierna para apoyarme, como lo hice yo cuando comenzasteis a caminar con vuestras piernas débiles. Pensad que siempre quise lo mejor para vosotros y os he preparado los caminos que ahora recorréis con garbo y lozanía. Pensad también que cuando mi corazón deje de moverse, estaré construyendo para vosotros un final feliz que pervive eternamente. No sentiros tristes e impotentes por verme como me veis. Dadme vuestro corazón, comprendedme y apoyadme como yo lo hice cuando empezasteis a vivir. De la misma forma como os he apoyado en vuestro sendero, os ruego que me acompañéis a terminar el mío. Dadme amor y paciencia, pues a cambio os daré bendiciones, gratitud, sonrisas, con el inmenso amor que tengo por vosotros. Tened fe en el infinito amor de Dios y vivid amando. Nunca me privéis de dar limosnas a los pobres. No os canséis nunca de verme rezar y recibir los sacramentos. Tengo que pasar por un juicio que lo decide todo. Dejad que disponga de una parte importante de
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lo mío para “pagar la entrada”. Memorizarme más con misas y rosarios que con palabras que de nada sirven. La ayuda continua que de mí habéis recibido en la tierra, puede ser menos importante que el amparo que llegue a vosotros si muero santamente.
Publicado en La Voz de Avilés 12-mayo-2001 y en El Comercio y El Comercio Digital 14-mayo-2001

46 DON PEDRO DE SILVA
l pasado día 12 del actual mes, don Pedro de Silva viene a combatir a la Iglesia una vez más en un rotativo que lo hace invulnerable y casi lo venera. En su habitual columna aparece una reprobación explícita al dictamen de los obispos y de la Santa Sede, motivado por el reproche que han hecho los prelados sobre la píldora abortiva “del día después”. Y dice don Pedro: “¿A qué se debe la embestida de los obispos contra la píldora, tachándola de “abortiva”? Sabe muy bien don Pedro que se trata de un fármaco abortivo en el 80 por ciento de los casos, y de nada le sirve entrecomillar la palabra abortiva para simular el efecto mortífero que produce en vidas humanas incipientes. También sabe don Pedro que no les falta prudencia a los obispos para embestir contra la píldora tachándola de abortiva sin antes obtener una información veraz de los científicos.

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Y sigue don Pedro: “Nadie se engañe. Detrás de la cruzada en la materia está el control del sexo”. Es decir, el columnista opta por el descontrol del sexo, sumando al hedonismo en que vivimos un incentivo más, algo que hasta los indios del Amazonas que yo he conocido en Brasil lo tienen bien controlado, guiados por la conciencia desembotada que recibieron de Dios sin saber que existe. Y sigue don Pedro: “La Iglesia no tolera la libertad sexual y combate cuanto contribuye a facilitarla o a iluminar los miedos que la coartan. Se trata de un rasgo obsesivo, casi enfermizo, que perjudica la difusión de los mensajes centrales del cristianismo”. Parece desconocer los mandamientos de la Ley de Dios, le sugiero que tome la doctrina y memorice el sexto mandamiento. También debería abrir el Evangelio de Jesucristo y leer el versículo donde dice: “En verdad en verdad os digo que el que mire a una mujer deeándola ya adulteró en su corazón” (Mt. 5, 28). Estos son, don Pedro, los mensajes del cristianismo para vivir la castidad -cada uno en su estado- y exterminar el sida. Y sigue don Pedro: “Roma se ha encastillado frente a la liberación sexual, que es uno de los signos de nuestro tiempo”. Es decir, está corrigiendo a Juan Pablo II, con esto nos muestra que no comprende que no comprende, no sabe que no sabe, y carece de información eclesiástica. Pues la iglesia católica, de 1998 a 1999, los católicos en el mundo han aumentado en 16 millones, es decir, han pasado de 1.022 millones a 1.038. El Anuario Pontificio de 2001, que acaba de ver la luz en estos días nos lo demuestra. Esto es lo que ha hecho uno de los hombres más
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ingentes de nuestro planeta, Karol Vojtyla. El mismo al que un columnista de un diario regional lo quiere corregir y enseñar a gobernar la Iglesia. Y sigue don Pedro reprobando el celibato sacerdotal. Claro se ve que no ha reflexionado sobre el tema predicho: Tenemos en Asturias más de 500 sacerdotes. La diócesis se lamenta del déficit que arrastra para los gastos perentorios que tiene. Supongamos que cada presbítero tenga esposa y tres hijos. Y así, multipliquemos por cuatro los estipendios imprescindibles para que puedan vivir con un mínimo de dignidad los 500 sacerdotes y sus respectivas familias. ¿Quién puede costear ese dislate? ¿Qué sería de la Iglesia cuando todos sus sacerdotes anduvieran por las calles y discotecas mariposeando en busca de novia? ¿Qué sucedería cuando fuese necesario desplazarse a las misiones con esposa e hijos? ¿Qué aliento podrían recibir los fieles que llegan al confesonario angustiados con los problemas que les deparan -tantas veces- los hijos y esposas, encontrándose con un cura que tiene bastante con los suyos? Y sigue don Pedro: “Antes o después alguien sacará suavemente a la Iglesia de ese callejón sin salida en que se ha metido”. No ignorará don Pedro que Juan Pablo II ha nombrado 146 cardenales a dedo, bien seleccionados en el campo espiritual, y como los santos conocen bien a los santos, estos purpurados, en el próximo cónclave, han de encontrar un Juan Pablo III que no desdiga de la evidente santidad que le reconocemos al actual Papa más de mil millones de católicos, aunque no falten más de 30 millones

de seudocristianos que lo desdeñan y piensan como usted.
Publicado en La Voz de Avilés 14-mayo-2001

47 NUNCA ES TARDE...
oña Adelaida Bello Lasierra cuenta actualmente 92 años. Es madrileña y ha pasado su vida estudiando Física, Biología y la aparición del hombre sobre la tierra. Estaba convencida que Dios y la Iglesia eran una pantomima. Y en el supuesto que Dios existiera sólo se podría llegar a Él por la ciencia. Es decir, por los estudios de los fenómenos naturales. Parecía ignorar que Dios es espíritu puro y que sólo se puede llegar a Él por el camino sobrenatural del espíritu. Así ha vivido doña Adelaida hasta los 91 años, cuando olvidada de la ciencia y no muy distanciada de la muerte, comenzó a observar cómo las personas que diariamente comulgan nos muestran una cara de paz y satisfacción. Y como ella nunca había estado satisfecha ni conocía esa paz que Dios concede a los que le aman, se fue a dialogar con un teólogo jesuita, y después de exponerle el currículum vitae, el buen teólogo le dijo: “Es inútil que busques la fe razonando. Ve a la iglesia, oye Misa y lo más probable es que encuentres esa fe que te falta y que tu espíritu pide a gritos”. Y así fue.

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Estaba sentada en un banco de la iglesia admirando artísticamente la imagen de Jesús crucificado del Altar Mayor. Notó que alguien pasaba y le rozaba el hombro. “Fue como un milagro -nos dice-. Me levanté como sacudida por una corriente. Era un sacerdote. Padre -le dije-, tengo más de noventa años y nunca me he confesado. Ahora quisiera hacer una confesión general. Pero si puede ser no en un confesonario”. - Yo -contestó el buen sacerdote- te la hago ahora mismo. Sube a mi despacho. Soy el párroco. Subió doña Adelaida al despacho del párroco. Se sentó al lado de su mesa de trabajo frente a él. Allí, contrita y humillada hizo una confesión mayúscula, detallando todos sus pecados. Sólo Dios sabe los que habría cosechado desde su infancia hasta los 91 años. - Cuando acabé la confesión me dijo: Dios es infinitamente clemente con los arrepentidos. Pasaron unos segundos y continuó: Bien, reza un “Ave María” conmigo. Lo recé. Y después me dijo: Ya puedes ir. Aquella noche sintió una paz que no había conocido en su vida. Al día siguiente entraba en la iglesia, asistió a Misa y se adentró en la fila para comulgar. Su cuerpo y sus piernas temblaban. “Ya no puedes salirte de la fila -se dijo-. Adelante Adelaida Bello... ¡Valor!. Comulgué. Desde entonces comulgo todos los días. Soy mucho más feliz”. Nunca es tarde si la dicha es buena. Ahora ya sabe cómo apareció el hombre sobre la tierra. Con la luz del Espíritu Santo ha conseguido dilucidar ese enigma misterioso que la ciencia no

podrá desvelar jamás. Pues sólo la fe lo puede aceptar conforme nos lo revela la Sagrada Escritura.
Publicado en La Voz de Avilés 16-mayo-2001

48 SON COSAS DE TODOS
o hace falta ser católico para defender la ética y la moral. Es cosa de todos. Es una obligación de derecho humano y natural; todo lo que resulta nocivo para el hombre debe ser combatido por todos. “La falta de moral -decía Unamunoprocede de una falta de imaginación. Una ligera molestia nos duele más que el espectáculo de un terrible dolor ajeno y el propio apetito nos incita más que pensar en toda el hambre del prójimo”. Santiago Martín -buen sacerdote-, en su habitual colaboración en un diario nacional, censura la cobardía política del Gobierno, al no resolver el problema de clase de Religión, como está pidiendo la Iglesia católica. Se funda en las nefastas consecuencias (delincuencia, droga, sexo, agresividad) que se están produciendo en una juventud a la que le falta las indispensables referencias de carácter moral; y no sólo las que darían las clases de Religión, sino cualquier alternativa que asegura una formación moral aceptable, aunque no fuese la católica. Esto último es un deber del pluralismo de nuestra sociedad. Es de tener en cuenta que cuando la Iglesia enseña Religión invocando los principios morales, no
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está recurriendo necesariamente a los mensajes sobrenaturales que en los Evangelios se acumulan, sino a aquellas verdades que están grabadas indeleblemente en la naturaleza humana. Estas verdades deben de reconocerlas todos los que respeten esa naturaleza, aunque no sean creyentes. Cuando la Iglesia condena la eutanasia simplemente está defendiendo la vida de esas dieciséis personas que diariamente mueren en Holanda porque se les aplica sin su consentimiento; y eso no es sólo Religión. Cuando la Iglesia se opone al aborto, está intentando salvar la vida de millones de inocentes condenados a morir antes de nacer; y eso no es sólo Religión. Cuando la Iglesia defiende el matrimonio, está defendiendo el amor, y a esos niños que son las principales víctimas de la separación de sus padres; y eso tampoco es solamente Religión. En esos casos no se trata primordialmente de Dios en quien creemos los católicos, sino de la persona humana, que es la primera víctima de las sociedades modernas. Por eso, los que dicen que son “cosas de la Iglesia” faltan a la verdad, porque la vida y el amor son cosas de todos y, al defenderlas, lo que hace la Iglesia es defender la causa de todos. Esto es lo que quieren borrar de nuestros corazones los mandatarios políticos, para poner en su lugar la ley de la selva. Qué bien decía Gilbert Cesbron: “La dirección que yo quiero dar a mi vida está resumida en aquellas palabras de San Juan: Hemos encontrado el amor y hemos creído en él. Encontrar el amor: Esta es la gracia. Creer en él: Esta es la fe. No una fe tranquila y sin temblores y sacudidas”.
Publicado en La Voz de Avilés 17-mayo-2001

49 ¿CRISTO ES DIOS?
sta es la pregunta que se hace un sinnúmero de personas. Y surge otra pregunta: ¿Qué les falta para comprender la verdad? Inteligencia, no. Instrucción religiosa, tampoco. Me refiero a los teólogos intelectuales y a tantos otros exegetas que niegan la divinidad de Cristo. Entonces, ¿qué les falta? Pues les falta la luz del Espíritu Santo “que ilumina a todo hombre, y esa luz luce en las tinieblas, pero las tinieblas no la acogieron” (Jn. 1, 1-6). ¿Motivo?: La Soberbia. Pero, ¿qué pruebas aporta Cristo para justificar su divinidad? Y ¿qué se puede decir acerca del concepto que Él tenía de sí mismo? Dicho de otro modo, ¿Cristo es Dios porque lo dice Él o aporta pruebas que lo atestiguan? La vida de Jesús de Nazaret, desde su concepción hasta su Ascensión al Cielo, es toda ella una prueba de su divinidad. Su nacimiento, su estilo de vida, su mensaje, su amor por los que sufren, los milagros que salen de sus manos, su muerte en la Cruz, su resurrección y su marcha al lado del Padre, son pruebas tangibles, tocables, de su divinidad. Podemos fijarnos en dos de ellas, destacándolas de las demás: Los milagros y la resurrección. El propio Cristo habla de los milagros como prueba del apoyo que Dios le da a su causa, a sus pretensiones. Así lo entienden sus amigos y sus enemigos. Acerca de la
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resurrección podemos decir que es la prueba suprema de la divinidad del Señor así como el apoyo de Dios a su causa. La resurrección es el sello de autenticidad que Dios pone en la obra de Cristo para que nadie se atreva a dudar de Él. Cuando el apóstol Tomás toca con sus manos dubitativas la carne resucitada de Cristo, cae de rodillas y proclama la manifestación de fe más explícita en la divinidad del Maestro: “Señor mío y Dios mío”. Cristo, que en otras ocasiones ha utilizado respuestas como “tú lo has dicho”, no se anda ahora con rodeos, acepta el testimonio de fe y le contesta abiertamente: “Porque has visto has creído”, para añadir: “Dichosos los que creen sin haber visto”. Luego vemos que Cristo es Dios. Los apóstoles fueron comprendiéndole poco a poco, y llegaron a la plenitud de ese entendimiento cuando recibieron el Espíritu Santo. Si actualmente un literato escribiera una obra donde nos anunciara que en Avilés nacería un Rey y que le pondrían por nombre Jesús, que sería crucificado y muerto, que resucitaría al tercer día y que sería llamado hijo del Altísimo, y que nacería de una madre virgen, etcétera (Is. 7, 14), y todo esto se cumpliera 800 años después, es claro que no existiendo el “milagro de no creer en Dios”, nadie podría negar que esa supuesta obra literaria estaba escrita por un profeta que nos hablaba de parte de Dios, y que Dios había sido preanunciado. Pues esto mismo sucede con lo narrado en el Antiguo Testamento hace unos 800 años; todo estaba escrito y previsto. Por eso yo creo en el “milagro de no creer en Dios”.
Publicado en La Voz de Avilés 18-mayo-2001 y en La Voz de Asturias 26-mayo-2001

50 TODO SE RESOLVERÍA CON LA FE
a vida tiene momentos y periodos muy duros y crueles, y para salir adelante y encontrar la conformidad y la paz, es imprescindible confiar en Dios. No dudar nunca que nos ama infinitamente y que desea todo lo bueno para nosotros. Él nos deja claro que todo se resuelve con la fe: “Venid a Mí todos los que estáis cansados y afligidos que Yo os aliviaré, porque mi yugo es suave y mi carga ligera” (Mt. 11, 30). Pero no basta cualquier clase de fe si es que podemos llamarla así a la que no tiene las características que, según el Evangelio, Jesús pedía antes de hacer algún milagro, es decir, una fe humilde, total, confiada y perseverante. Convencidos de este esencial requisito, los Apóstoles dijeron en cierta ocasión al Divino Maestro: “Acrecienta nuestra fe” (Lc. 17, 5). Nosotros necesitamos la fe del centurión (Mt. 8, 8), de la mujer cananea (Mt. 15, 28), del ciego Bartimeo (Mc. 10, 46), del leproso (Mt. 8, 2), y de tantos otros enfermos que se acercaron a Jesús para suplicar su curación. Y lo consiguieron. La fe es una gracia, un don, una virtud sobrenatural infundida por Dios, pero también es un acto humano, libre y responsable, ya que la inteligencia y la libertad cooperan en la gracia divina. La fe es más cierta que todo el conocimiento científico, porque se funda en la palabra misma de
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Dios que no puede engañarse ni engañarnos. Con entera razón decía el Cardenal Newman: “Diez mil dificultades (contra la fe) no hacen una sola duda”. Aunque está por encima de la razón, no es en modo alguno irracional. San Agustín, después de su conversión, afirmaba: “Creo para comprender, y comprendo para creer mejor”. Creer es un acto eclesial. Porque la fe de la Iglesia precede, engendra, conduce y alimenta la nuestra. Un católico medianamente formado no puede jugar con la fe, ni disimularla cobardemente cuando es preciso confesarla, ni decir absurdamente: “Creo, pero no practico”. Esta insensata actitud le acusa ante Dios, ante su conciencia, ante la Iglesia y ante la sociedad. Bien está recordar, a este propósito, las graves palabras del Señor: “Aquel que me niegue delante de los hombres, yo también lo negaré delante de mi Padre celestial” (Mt. 10, 33). La fe necesita cultivarse, alimentarse, testimoniarse para que no se extinga por consunción. La fe activa y coherente es nuestro mayor tesoro y garantía. Necesitamos creer firmemente, y por eso hemos de pedir sin cansarnos. Como el padre del niño epiléptico repitamos a menudo: “¡Señor, yo creo, pero ayuda mi poca fe!” (Mc. 9, 23). Auxiliados por la gracia superamos cualquier tipo de crisis que pueda asaltarnos. Y tengamos presente el sublime testimonio de los 233 mártires españoles recién beatificados por Juan Pablo II. Ellos son epifanía, transparencia y reflejo vivo del amor de Dios. Tuvieron fe heroica, esperanza imbatible y amor desbordante a Dios y al prójimo. Derramaron su sangre perdonando de corazón a sus verdugos. Ahora
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piden, sin duda, por los católicos españoles de la generación presente para que sepamos mantener muy alta la bandera victoriosa de la fe. Terminamos con las palabras finales de la hermosa oración compuesta por Pablo VI, y leída en todas las iglesias católicas en el año 1968, centenario del martirio de los apóstoles San Pedro y San Pablo: “Señor, haz que mi fe sea humilde y que no tenga la presunción de fundarse sobre la experiencia de mi pensamiento y de mi sentimiento, sino que más bien se rinda al testimonio del Espíritu Santo, y que no tenga otra ni mejor garantía que la docilidad a la Tradición del Magisterio de la Iglesia”.
Publicado en La Voz de Avilés 20-mayo-2001

51 EL SILENCIO DE DIOS
aakon es un ermitaño que cuida una ermita en Noruega. Allí vive desde su adolescencia adorando un crucifijo vetusto de tamaño natural, donde acuden gentes de numerosos países para orar y conocer al ermitaño. La mayoría visitan al Cristo en busca de milagros. Un día el ermitaño Haakon quiso pedirle un favor a su Cristo amado. Le impulsaba un sentimiento generoso. Se arrodilló ante la cruz y dijo: “Señor, quiero padecer por ti. Déjame ocupar tu puesto. Quiero reemplazarte en la cruz”. El Señor abrió sus labios y le habló: “Siervo mío, accedo a tu deseo, pero ha de ser con una condición”.
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- ¿Cuál Señor?, preguntó Haakon con acento suplicante. - Es una condición difícil, le advirtió Jesús. - Estoy dispuesto a cumplirla con tu ayuda, Señor, respondió el viejo ermitaño. - Escucha -le dijo Jesús-, suceda lo que suceda y veas lo que veas, has de guardar silencio siempre. Haakon contestó: “Os lo prometo Señor”. Y el cambio se efectuó. Nadie advirtió el trueque. Nadie reconoció al ermitaño, colgado con los clavos de la cruz. Y el Señor ocupaba el puesto de Haakon. Y éste durante mucho tiempo cumplió su compromiso. A nadie dijo nada. Pero un día llegó un hombre rico que, después de haber orado, dejó allí olvidada su cartera. Haakon lo vio y se calló. Tampoco dijo nada cuando un pobre vino dos horas después y se apropió de la cartera del rico. Seguidamente llegó un joven pidiéndole arrodillado que le concediera ayuda para emprender un largo viaje. Pero en ese momento vio entrar al rico en busca de la cartera. Al no hallarla, pensó que el muchacho se la había apropiado. El rico se volvió al joven y le dijo: “Dame la bolsa que me has robado”. El joven sorprendido replicó: “¡No he robado ninguna bolsa!”. “¡No mientas, devuélvemela enseguida!”, dijo el rico. “Le repito que no he cogido ninguna bolsa”, volvió a decir el muchacho. El rico arremetió furioso contra él. Sonó entonces una voz fuerte: “¡Detente!”. El rico miró hacia arriba y vio que la imagen le hablaba. Haakon que no pudo permanecer en silencio, gritó defendiendo al joven. El rico quedó anonadado y salió de la ermita. El joven salió también para emprender el viaje. Cuando la
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ermita quedó a solas, Cristo se dirigió a su siervo y le dijo: “Baja de la cruz. No sirves para ocupar mi puesto. No has sabido guardar silencio”. “Señor, ¿cómo iba a permitir esa injusticia?”, repuso Haakon. Entonces se cambiaron los oficios. Jesús ocupó la cruz de nuevo y el ermitaño se quedó arrodillado ante ella. El Señor, siguió hablando: “Tu no sabías que al rico le convenía perder la cartera, pues llevaba en ella el precio de la libertad de una joven mujer; el pobre, por el contrario, tenía necesidad de ese dinero e hizo bien en llevárselo; en cuanto al joven que iba a ser golpeado, sus heridas le hubieran impedido realizar el viaje que ahora le resultará fatal. Tú no lo sabías, Yo sí, y por eso callo”. Con esta historia podemos comprender el silencio de Dios, que no es tal silencio. Hemos de ampliar nuestra confianza en Él, y pensar el porqué de muchas cosas, meditar más, para que al igual que Haakon, también Él nos pueda abrir los ojos. Hay una pequeña oración que dice: “En tu poder y en tu bondad fundo mi vida, en ellos espero confiado como un niño. Madre admirable, en ti y en tu Hijo, en cada circunstancia, creo y confío ciego y silencioso. Amén”.
Publicado en La Voz de Avilés 24-mayo-2001

52 NO EXISTE EL DESTINO

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lgunos católicos me dicen que el destino del hombre está predeterminado. No es verdad. Pablo VI nos ha dejado escrito que “el hombre es el principal artífice de su propio destino”. Y aunque parezca un exabrupto, me permito decir que el hombre puede cambiar determinados proyectos de Dios. La mejor prueba la tenemos en la boda de Caná de Galilea. Dios tenía planificado que no se realizara allí el primer milagro: “¿Qué nos va a ti y a mí con eso, mujer? Aún no ha llegado mi hora (Jn. 2, 4). Sin embargo, el milagro se hizo con antelación a lo dispuesto por Dios, gracias a la intercesión de María. Otro ejemplo extraordinario lo tenemos en el tercer secreto de Fátima, que sólo el tiempo lo dilucidará por completo. Tengo para mí que, efectivamente, el Papa al que alude -no me cabe duda que se trataba del actual Pontífice- debía caer muerto. Alí Agca no podía fallar. Y, sin embargo, falló. Falló porque la Virgen, tan querida y venerada por el Santo Padre, derramó sobre su persona la protección divina, y Juan Pablo II lo sabe muy bien. Reiteradamente lo ha manifestado: “Yo vi que la Virgen me salvó la vida”. Por eso los católicos no debemos de creer en el destino, pero sí en una predestinación para el bien. No podemos creer en una determinación de nuestras vidas que nos relega a la categoría de meros observadores. Incluso cuando Dios -en su infinita sabiduríaprevé que algo malo va a ocurrir, intenta evitarlo avisando a los hombres para que pongan los medios oración y penitencia- a fin de que no suceda. Ahí está la historia bíblica de Jonás, con la sentencia sobre

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Nínive que la conversión de esta ciudad dejó incumplida. Creemos que Dios advierte. La Virgen de Fátima les dijo a los niños que vendrían modas escandalosas y que llevarían muchas almas al infierno. Esto se ha podido evitar, pero no se ha hecho nada. Y las modas ahí las tenemos, y aún les queda tiempo a los nudistas para evitar la condenación preanunciada. Dios avisa, muchas veces a través de la Virgen, Reina de los profetas, para que los hombres pongan los medios para que no ocurra la desgracia. Exactamente eso es lo que nos enseñan las revelaciones de Fátima: Que el destino está en nuestras manos, que podemos modificar la historia con la oración y con la conversión. Algunos podrán decir que esto es un misterio, pero desde luego se trata de un misterio que no es mayor que el amor que Dios nos tiene. Porque Dios es amor, porque Dios es Padre, advierte a sus hijos de lo que les ocurrirá si no se convierten. En todo caso, ¿se imaginan lo que hubiera sucedido si aquel 13 de mayo de hace veinte años Juan Pablo II hubiera sido asesinado? ¿Qué habría sido de la reforma llevada a cabo por el Pontífice desde entonces? ¿Se habría aplicado el Concilio Vaticano II con el equilibrio con que se ha hecho? ¿Se habrían publicado ese tesoro de valor incalculable que es el Catecismo, y las 13 encíclicas? El demonio sabía lo que quería cuando armó, con dinero soviético, el brazo de Ali Agca. Pero, como siempre, la Virgen pisó la cabeza de la serpiente. Su mano de Madre desvió la bala y nos ha regalado una de las épocas más fructíferas de la Iglesia, pilotada no es casualidad- por un Papa que tiene como divisa
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la consagración a la Virgen: “Totus tuus”. Recemos pues. Y convirtámonos. En nuestras manos, en nuestro corazón, en nuestros labios está la posibilidad de cambiar el mundo. Empecemos por nuestras almas.
Publicado en La Voz de Avilés 25-mayo-2001 y en La Voz de Asturias 1-junio-2001

53 EL PAPA Y UN MENDIGO
a Madre Angélica es muy conocida en el mundo por los programas que viene emitiendo los días enteros en la televisión que ella dirige en EE.UU. y en una emisora de radio, y a través de Internet. Los informes que leo dicen que tiene más de 70 millones de telespectadores. Y hace unas semanas relataron un episodio inédito de la vida de Juan Pablo II. Un sacerdote norteamericano de la Archidiócesis de Nueva York se disponía a rezar en una de las parroquias de Roma cuando, al entrar, se encontró con un mendigo. Su cara le parecía conocida, se acercó a él, y pronto se dio cuenta que se trataba de un compañero de seminario que había sido ordenado sacerdote el mismo día que él. Pero ahora andaba mendigando por las puertas de las iglesias y por las calles. El sacerdote norteamericano, después de identificarse y saludarle, escuchó de labios del mendigo cómo había dejado la oración y perdido su fe y voca112

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ción. El sacerdote se quedó profundamente estremecido. Al día siguiente, el cura llegado de Nueva York tenía la oportunidad de asistir a la Misa privada del Santo Padre, a quien podría saludar al final de la celebración, como suele ser costumbre. Al llegar su turno, el sacerdote norteamericano sintió el impulso de arrodillarse ante el Papa y pedir que rezara por su antiguo compañero de seminario, y describió brevemente la situación al Santo Padre. Un día después recibió una invitación del Vaticano para cenar con el Pontífice, en la que solicitaba que llevara consigo al mendigo de la parroquia. El sacerdote volvió a la parroquia y le comentó a su amigo el deseo del Papa. Una vez convencido el mendigo, lo llevó a su lugar de hospedaje, le ofreció ropa y la oportunidad de asearse. El Pontífice, después de la cena, indicó al sacerdote que les dejara solos, y pidió al mendigo que le escuchara su confesión. El mendigo, impresionado, le respondió que ya no era sacerdote, a lo que el Papa contestó: “Una vez sacerdote, sacerdote siempre”. “Pero estoy fuera de mis facultades de presbítero, Santo Padre”, insistió el mendigo. La respuesta del Papa no se hizo esperar: “Yo soy el Obispo de Roma, me puedo encargar de eso”. El mendigo escuchó la confesión del Santo Padre y le pidió a su vez que escuchara su propia confesión. Después de confesarlo el Santo Padre, lloró sus pecados amargamente. Las cosas de Dios son así: Primero, el mendigo, puso al Santo Padre en gracia de Dios, y a continuación, el Papa, puso en gracia de Dios al mendigo.

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Al final, Juan Pablo II le preguntó en qué parroquia había estado mendigando, y le designó asistente del párroco de la misma, y encargado de la atención a los mendigos. Aunque los caminos de Dios no son nuestros caminos, me resulta casi imposible no conjeturar el porqué ha tenido la dicha de volver al sacerdocio un hombre que había salido del culto divino para siempre. Pienso que la pobreza y la humildad lo han salvado. No podemos exponer aquí la conmiseración que Jesús ha tenido en su vida pública con los mendigos, porque se ha terminado el folio.
Publicado en La Voz de Avilés 27-mayo-2001, en El Comercio 30mayo-2001 y en La Nueva España 31-mayo-2001

54 VIEJAS AMISTADES
n mis andanzas por São Paulo he conocido muchos conventos. Siempre he tenido buena amistad con las monjas, especialmente con sor Benedita da Silva y con Sor Leda da Silva, doblemente hermanas: hermanas por naturaleza y hermanas por la común vocación religiosa que las reunió en el mismo convento. Aún tengo con su comunidad relación desde hace muchos años. Primero era a través de las visitas que les hacía, después, distanciados por nueve mil kilómetros comenzaron las cartas. Sor Leda envejeció, enfermó, y fue su doble hermana la que tuvo que escribirme sus cartas. Ahora,
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Sor Leda falleció y Sor Benedita me lo comunica en una carta que estimo y admiro, y me permito comentarla aquí: “Murió santamente, como había vivido, como quien se duerme en brazos de Dios, dejando en el ambiente monacal la paz profunda que siempre transparentaba su rostro, siendo su sonrisa algo tan personal en ella que hasta en aquellos momentos transcendentales la pudimos contemplar como el mejor testimonio de lo que había sido su vida religiosa”. Una vida humilde, silenciosa e impregnada de caridad. Un tercio de su vida lo había pasado postrada de hinojos adorando al Santísimo en la capilla privada del convento. Allí, con la lámpara encendida quemando la materia encontraba la luz misteriosa para su espíritu. No malgastaba el tiempo: “La vida es una porción del tiempo -nos decía-, y el que malgasta el tiempo malgasta la vida”. Su hermana también nos habla de la alegría y el sentido del humor de Sor Leda: siempre pensando en los demás, nunca viviendo para sí. Fiel a los mensajes de Jesús y su Santa Madre, no cesaba de transmitir la paz que llevaba en su alma a los enfermos y de hacerles el bien: “Todo sale del sagrario -nos decía-. Yo soy mala como todos, bueno sólo es Dios, el bien que hago sale de la Vid, nosotros somos los sarmientos, si no permanecemos unidos a Cristo estamos destinados a la hoguera”. La paz y el bien es la sensación profunda que he experimentado después de leer su carta. Y creo que ese es el arte supremo de vivir: llegar a la muerte propia y a la de los seres queridos con esa serenidad. Contemplo la carta y la veo como luminosa. Habla de
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muerte, pero la muerte no está en ella, sino la vida. En un mundo que se vuelve de espaldas a la muerte, con la pretensión imposible de olvidarla. Esa carta me ha traído la lección más importante, la única importante. Hace veinte siglos, San Pablo increpaba a la muerte: “¿Dónde está tu victoria, dónde está tu aguijón?” (1 Cor. 15, 55). Dos mil años después, dos monjitas humildes han repetido el improperio del apóstol: una, con su muerte; la otra, desvelando el sentido de esa muerte. Doy gracias a Dios y venero sus nombres. El Papa acaba de pedir que se revaloricen las profundas razones teológicas de la consagración a la vida religiosa. Esos dos nombres le doy como respuesta.
Publicado en La Voz de Avilés 29-mayo-2001 y en La Voz de Asturias 19-junio-2001

55 EL ANTICRISTO
l anticristo no es precisamente aquel que no cree y le resulta indiferente que los demás crean o no. El anticristo es un hombre maligno que vive para seducir a los cristianos y apartarlos de Cristo. Unas veces tergiversando el Evangelio para infundirles dudas, otras reprimiendo la enseñanza religiosa para ganar adeptos e incrementar el ateismo en que vive. Dicho de otro modo: el anticristo es el que busca prosélitos para Satanás.
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Dejando de lado los numerosos ejemplos que aparecen diariamente en la prensa y en la televisión, el prototipo del anticristo lo tenemos en Cuba, donde Fidel Castro les impide a los niños llevar objetos religiosos al colegio. Las escuelas primarias de la capital cubana han prohibido la asistencia a clase de los alumnos que lleven insignias religiosas; crucifijos, estampas, medallas, etcétera, a pesar del rechazo de los padres de familia. La medida fue adoptada por el Ministerio de Educación con el fin de que la expresión religiosa “no obstruya” la labor político-ideológica desarrollada con los alumnos. También se prohíbe a los médicos expedir recetas para que sus pacientes adquieran medicamentos que la Iglesia católica reparte gratuitamente. El mal que ha hecho y sigue haciendo Fidel Castro es inefable, pero nadie lo ha de pagar más caro que el mismo dictador. El hambre y la pobreza a que ha sometido a un país rico por su naturaleza y católico por excelencia, pronto tendrá que dar cuentas a Dios. Esa violencia y tiranía con que siempre ha actuado no es otra cosa más que el miedo a las ideas de los demás, y falta de confianza en las propias. Pero como bien decía Séneca “ningún imperio conquistado y gobernado por la violencia es duradero”. El jurisconsulto romano Domicio Ulpiano decía que “rechazar la violencia con la violencia está permitido por todas las leyes y por todo derecho”. No sé si se le puede dar toda la razón a este personaje histórico, pero sí estamos viendo que la benevolencia de algunas leyes que tenemos en España ha dado lugar a que ETA siga matando con la ferocidad
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que todos conocemos. ¿Sabrá la gente nacionalista a ultranza y los que apoyan a ETA qué pasaría el día después que se le concediese al País Vasco una hipotética independencia? En primer lugar pasaría a ser un país trotskista-leninista gobernado por dictadores, luego, una casi inevitable guerra civil entre los vascos y el éxodo masivo de gran parte de la población, las depuraciones, el bloqueo internacional, el hundimiento económico, como en Cuba. ¿Eso es lo que quiere ese preocupante porcentaje del pueblo vasco? Es inexplicable que ante esas seguras perspectivas y en el siglo XXI, tengan los nacionalistas y terroristas el más mínimo apoyo. ¿O es que piensan que después de la independencia los etarras se convertirían en inocentes corderitos y se irán a sus casas para que las gentes de bien gobiernen democráticamente el país? ¿Están ciegos los vascos que apoyan a ETA? Siempre me ha parecido increíble que estos obvios planteamientos no estén a diario, y con grandes titulares en los medios de comunicación. Que Dios perdone a Fidel Castro, a todos los etarras, y que a todos nos dé oídos para oír y luz para que se abran nuestros ojos y podamos ver las imbecilidades y los crímenes que se cometen, y no pocos en nombre de Dios con las “santas guerras”.
Publicado en La Voz de Avilés 30-mayo-2001 y en La Voz de Asturias 5-junio-2001

56 LOS MILAGROS SE SUCEDEN

s bien conocido de todos que ningún santo puede ser beatificado ni canonizado sin que antes se haya constatado un milagro. Y tengo para mí que tampoco se pueden poner como excepción los mártires. Es de tener en cuenta que la fuerza que reciben de Dios para morir con alegría y perdonar a sus verdugos, es un milagro que sobrepasa las fuerzas humanas elevándose a lo sobrenatural, tal vez por eso la Iglesia prescinde de otros prodigios para beatificarlos. Arguye este preámbulo en mi mente después de saber que el arzobispo de Calcuta, monseñor Henry D'Souza, afirmó que la Madre Teresa de Calcuta podría ser beatificada en pocos meses y canonizada en un tiempo récord para la historia de la Iglesia. Mons. D'Souza, actualmente encargado de la investigación sobre la causa de la religiosa, ha terminado su trabajo, y en agosto enviará el informe final a la Santa Sede. En declaraciones a un periódico británico, monseñor D'Souza afirmó que el Santo Padre está muy interesado en la causa de la Madre Teresa y seguramente hará algo muy rápidamente; todo parece que las tramitaciones pueden ser resueltas en breve, gracias a las circunstancias excepcionales que se refieren a la monja. Entre las curaciones milagrosas atribuidas a la intercesión de la Madre Teresa, destaca el caso de una joven india que se curó de un enorme tumor tras ponerse una medalla que había sido tocada por la religiosa, y una palestina que también curó de cáncer después de que la religiosa se le apareciera en sueños.
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Si las previsiones del Arzobispo se concretan, la canonización de la Madre Teresa sería la más rápida de los últimos siglos. Es verdad que en vida ya nadie dudaba que la monja predicha era una verdadera santa. También la Madre Maravillas de Jesús puede ser canonizada en breve, después de ser beatificada hace unos años. Pues una comisión de científicos, creada por la Congregación Vaticana para la Causa de los Santos, en la que sigue a buen ritmo el proceso de canonización, ha declarado inexplicable la curación de Manuel Vilar, un niño que cuando tenía un año y medio, había muerto ahogado, según los médicos. Su madre le pidió la curación a la Madre Maravillas, y el corazón del niño comenzó a latir. Hoy tiene cuatro años y vive sin secuela alguna en Nogoya, Argentina. El niño, jugando, se cayó a una piscina y lo encontraron flotando en el agua, frío, sin pulso y sin respiración. Media hora después, lo ingresaron en el hospital para reanimarlo. Según el veredicto firmado por los científicos, no se encuentra explicación científica ni médica para la salvación del pequeño Manuel. Lo sucedido supera todas las leyes de la naturaleza. Ahora, una comisión de cardenales concluirá el proceso y lo presentará al Papa Juan Pablo II para la aprobación definitiva. Este milagro que lleva consigo la resurrección de un muerto, puede ser suficiente para que la Madre Maravillas sea canonizada. ¿Todo mentira? ¿todo calumnia? ¿todo patraña?... No exageres, hermano increyente, algo será verdad, y eso te basta para creer.
Publicado en La Voz de Avilés 4-junio-2001 y en La Voz de Asturias 16-junio-2001

57 EL ESPÍRITU SANTO
bservemos cómo en las buenas homilías se habla muchísimo de Jesucristo y mucho de Dios padre, pero con frecuencia inusitada se omite la tercera persona de la Santísima Trinidad. Es decir, el Espíritu Santo: “Yo rogaré al Padre y Él os dará otro Consolador, para que permanezca con vosotros para siempre...”, nos dice Cristo en su Evangelio (Jn. 14, 16). Y es que sin luz del Espíritu Santo no podemos avanzar en la fe, porque se trata, ante todo, del enviado para consolador de los fieles. Jesucristo, antes de darles poder a sus discípulos para perdonar los pecados, sopló y les dijo: “Recibid el Espíritu Santo; a quienes perdonareis los pecados, les serán perdonados; a quienes se los retuviereis, les serán retenidos” (Jn. 20, 22-23). Claro está que las absoluciones colectivas llevan consigo la contradicción a la palabra de Dios, porque nada se pregunta a los fieles y nada se retiene. Y es que a algunos presbíteros les falta la luz del Espíritu Santo Consolador, o Abogado, el que asiste a los creyentes, el que tiene que estar a nuestro lado en el gran debate con el mundo mundano. El Espíritu Santo, persona divina, viene enviado por el Padre, a instancias de Cristo. Su actividad consiste en “enseñar” y en “hacer recordar”, dos realidades íntimamente unidas entre sí. Gracias a la actividad del Espíritu, el discípulo pro121

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fundiza en la fe, en la inteligencia de la revelación. Es una especie de nueva comprensión e interpretación de los acontecimientos sobrenaturales, de un descubrimiento cada vez más sorprendente de la persona de Cristo. Profundización y comprensión no simplemente de tipo intelectual, sino existencial y vital. El Espíritu enseña porque estimula a recordar. ¿Cómo podrían memorizar los pastorcitos de Fátima las extensas oraciones que les recitó el ángel siendo analfabetos los tres? Por aquí vemos cómo el Espíritu Santo nos da facultades para comprender con profundidad la palabra escuchada y descubrir el sentido actual del misterio. Pensar en el Espíritu Santo es decir “¡Ven!”. Es menester que nos invada, ya que nuestra vida cristiana es una experiencia de vida, invadida por el Espíritu. Él no tiene rostro pero todos sus nombres dicen: Fuego, agua, espíritu, respiración, viento. Él es el huésped de honor. Él nos arranca de lo superficial, nos hace vivir donde se hunden las raíces y donde emanan las fuentes. Y nos impulsa hasta el fin: “Os guiará a la verdad completa”. A unos hombres aterrorizados les dice Jesús: “Yo os envío” ¿Unos pobres hombres enviados a conquistar el mundo? Sí, porque Jesús añade: “Recibid el Espíritu”. Imploremos siempre al Espíritu Santo para que nos dé a conocer su querer y nos ayude a cumplirlo adecuadamente. Si nos falta su luz, seremos asediados por las dudas de fe e iremos infundiéndolas en los demás. Es decir, haremos una labor demoníaca.
Publicado en La Voz de Avilés 4-junio-2001 y en La Voz de Asturias 17-junio-2001

58 EL SACRIFICIO
as leyes que Dios ha legislado para los hombres, después del pecado original, no son muy halagüeñas. Cierto es que nos ha dado a su Unigénito para que la carga nunca nos haga estremecer. Pero la confortación que Jesús nos ofrece sólo se encuentra en una vida de santidad. No sirve acercarnos a Él solamente cuando el peligro de muerte acecha a un ser querido. Hay que vivir unidos al Redentor cada día que amanece, hay que cumplir sus preceptos. El cumplimiento del Evangelio está reservado para todos los hombres, y es una llamada a la santidad. Salir del contexto sagrado que nos ha dejado escrito nos priva de los derechos que nos concede y cumple. Ese mínimo de infelicidad que todos buscamos es el que Jesús nos ofrece. La promesa que nos hace el Señor es infinita e inefable: el ciento por uno en la tierra, después la vida eterna. Conseguir todo esto lleva consigo un sinnúmero de renuncias, pero es necesario convencerse de que la felicidad que buscamos no la llegaremos a alcanzar nunca saciando todas las apetencias corporales ilícitas. El goteo de nuestra felicidad emana del sacrificio. Tengo un amigo octogenario que todas las semanas se va caminando a visitar una capilla que dista de su casa 15 kilómetros. Allí está la Virgen de la Providencia. Algunas veces le acompaño, y siempre me
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dice: “¿Ves el frío o calor que se pasa en este trayecto y la fatiga que nos propina la cuesta? Pues el día que vengo aquí para darle gracias a la Virgen por tanto bien como me ha hecho, es el día que mayor satisfacción encuentro en toda la semana. Es verdad que llego a casa muy agotado, pero después me doy una buena ducha, me cambio las ropas, me siento a descansar rezando el rosario, y ese reposo que disfruta el cuerpo y esa paz que siento en mi alma, es un consuelo sobrenatural que nadie puede experimentar en la holganza y en los placeres mundanos”. ¡Qué pena, qué pena que el mundo no comprenda lo bueno que es Jesús y la ternura de su Madre Santísima! También conozco a una señora muy cristiana y piadosa que llevaba unos kilos de más en su cuerpo, y con motivo de una enfermedad que sufría su padre, le ofreció a la Virgen no cenar más mientras su padre viviera. Las primeras semanas le han sido muy costosas distribuyendo esa comida con sus hijos y esposo y ver cómo todos comían mientras ella los veía disfrutando, pero luego perdió los once kilos que le sobraban, recuperó su padre la salud, y ahora me dice que “se siente feliz y le causaría una molestia volver a cenar”. Es una joven de 39 años llena de belleza y radiante de felicidad. La enfermedad de su padre le ha hecho comprender mejor que lo “malo” que Dios nos envía es lo “bueno” y lo que a nosotros nos parece bueno puede ser lo malo. ¿Qué sería de nosotros si Dios no hubiese crucificado a su Hijo? ¿Qué sería de nosotros si la Virgen no hubiese sido esclava del Señor? ¿Qué sería de nosotros sin las enfermedades y el dolor que

tantas almas han llevado a reconciliarse con Dios y a morir santamente? El beato Fray María Rafael, el mayor místico del siglo XX, así nos decía: “Benditas lágrimas, penas y enfermedades, que son nuestro tesoro. ¡Qué bueno es tener que sufrir!”.
Publicado en La Voz de Avilés 7-junio-2001

59 LA UNIDAD DE EUROPA
a Iglesia ha puesto la Unidad de Europa -pacífica, moral y religiosa- en el poder intercesor de los santos Cirilo y Metodio. Eran dos hermanos. Son los dos grandes apóstoles de los países eslavos que se encuentran en el centro de Europa: Yugoslavia, Checoslovaquia, Bulgaria, Servia, Croacia, etc. Nacieron en Tesalónica, una ciudad de Macedonia, en Grecia. Su padre era empleado importante del gobierno. En su ciudad se hablaban varios idiomas, entre ellos el eslavo. Fueron siete hermanos. Metodio era el mayor y Cirilo el menor de todos. Cirilo llegó a ser un gran profesor de Filosofía en Constantinopla, y Metodio fue nombrado gobernador. Pero ambos se desilusionaron del mundo mundano y se hicieron religiosos en un convento. El emperador de Constantinopla los envió de misioneros de los eslavos y ellos descubrieron allá que el mejor método para evangelizar a esas gentes era celebrarles
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las ceremonias religiosas en el propio idioma de esos pueblos, y no en latín o griego como se acostumbraba en aquellos tiempos. Cirilo inventó un alfabeto propio para aquellas gentes que no tenían escritura propia y tuvieron enorme aceptación sus predicaciones y sus ceremonias religiosas. Pero los alemanes se opusieron fuertemente a que emplearan el idioma eslavo y los acusaron en Roma. Los dos santos misioneros se dirigieron allá a dar explicaciones. Por una revelación divina se encontraron con los restos del Papa San Clemente I y los llevaron a Roma. Esto hizo que les hicieran allí un enorme recibimiento. El Sumo Pontífice les oyó explicar por qué empleaban el idioma eslavo en las ceremonias religiosas y aprobó todo lo que habían hecho y les concedió plenos poderes para seguir predicando. Cirilo enfermó de tanto trabajar y predicar en climas muy fuertes de calor y frío, y murió en Roma. El Santo Padre ordenó que le hicieran un entierro solemnísimo y que lo sepultaran junto a los restos del Papa del que habían encontrado sus restos morales milagrosamente, San Clemente I. Como en los países eslavos se necesitaban muchos sacerdotes y allá no había obispos que les ordenaran, el Papa consagró obispo a Metodio y le concedió jurisdicción para ir a evangelizar aquellas regiones. Pero al volver a su campo de apostolado, se encontró con muchas trampas que los envidiosos le pusieron, y al fin lo secuestraron y lo tuvieron dos años preso en una oscura prisión. Enterado el Sumo Pontífice, publicó un decreto diciendo que si no dejaban libre al obispo Metodio aquellos que le tenían preso y
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secuestrado quedaban excomulgados y fuera de la Iglesia Católica. Y así obtuvo de nuevo su libertad y siguió predicando y evangelizando incansablemente. A los santos Cirilo y Metodio se les debe en gran parte que los países de Checoslovaquia, Eslovenia y Croacia se hayan mantenido católicos y no se hayan pasado a otra religión como la ortodoxa griega. En esos países son muy estimados y admirados porque les dieron un alfabeto y un modo de escribir que aún conservan y que ha producido grandes escritores y literatos. Otro de los méritos de estos dos santos fue haber llevado al pueblo eslavo la Santa Biblia en el idioma de aquellos países. El bien que hacen los santos, después de perpetuarse en la Historia, se inmortaliza en la eternidad.
Publicado en La Voz de Avilés 10-junio-2001

60 LAÍN ENTRALGO
uando un personaje histórico deja de existir, son las mejores plumas de sus amigos y conocidos las que inmortalizan al fallecido, pero lo más importante para un católico creo que nadie lo ha dicho. Don Pedro Laín Entralgo no era solamente miembro de las Academias de la Lengua, de la Historia y de la Medicina; más que todo eso, más que Rector de la Universidad de Madrid, más que los numerosos premios, como el Príncipe de Asturias de las Humanidades, era un católico practicante y egregio.
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En uno de sus numerosos libros titulado Cuerpo y Alma, publicado en 1992, lo deja bien claro: “Debo terminar volviendo a lo más hondo de mi alma. Desde el centro de mi vida me sitúo mentalmente ante el hecho de mi muerte”, y en las líneas finales del libro declara: “Y si mi muerte, como hondamente deseo, me permite hacer de ella un acto personal, si no es la súbita consecuencia de un accidente fortuito, al sentirla llegar diré en mi intimidad: Señor, ésta es mi vida, mírala según tu misericordia”. En los últimos meses de vida, soportando una enfermedad que se acrecentaba lentamente, don Pedro Laín continuaba dando conferencias ilustres en el Colegio Libre de Eméritos, con lecciones insignes de lo que significaba la decrepitud y la muerte. Es decir, ese cambio que se va experimentando en la vida con el transcurso de los años. “Mi horizonte es la muerte”, decía. Y hacia ese horizonte fue caminando y preparándose como buen cristiano que fue siempre. Cuando el obispo auxiliar Eugenio Romero le propuso recibir, el 21 de marzo, la Unción de los Enfermos, lo aceptó con emoción y gozo. Semanas más tarde, y consciente de sus irreversibles dolencias, hizo llamar a un agustino recoleto de la parroquia de Santa Rica, conocido suyo, para que le confesase. Esto es lo admirable que todos debiéramos envidiar de don Pedro; todo lo demás es perecedero y sepultado termina para siempre. Jesucristo nos lo advierte reiteradamente en su Evangelio: “¿De qué le sirve al hombre ganar todo el mundo si pierde su alma?” (Lc. 9, 25). Benditos los pastores analfabetos de Fátima que han encontrado a
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Dios entre las ovejas y fueron privilegiados con la presencia de María Santísima. Bendita Bernardette que también fue pastora de ovejas- cuando las enfermedades, los desprecios y el dolor la llevaron al Cielo y nos ha dejado una secuela de santidad donde se convierten -y se convertirán- millones de peregrinos cada siglo que pase. No podemos pensar que todo lo ha hecho la Virgen María, los videntes tienen que inmolarse para comprobar la verdad de lo que han visto. Sin los sacrificios de Santa Bernardette, sin la renuncia a todo lo mundano, las apariciones de la Virgen en Lourdes, se hubieran quedado en agua de borrajas, como todos sabemos que se han quedado tantas otras apariciones que la Iglesia no ha reconocido ni lo hará nunca. Pues quien ve a la Virgen tiene que demostrarlo con la perfecta santidad de su vida.
Publicado en La Voz de Avilés 14-junio-2001 y en La Voz de Asturias 18-junio-2001 y en La Nueva España 26-junio-2001

61 EL CARDENAL ROUCO
ué bien selecciona Juan Pablo II a los cardenales y obispos que vienen a sustituir a los que se han jubilado o fallecido. Buen ejemplo lo tenemos en España con el cardenal Rouco. La conferencia que ha dictado en su ingreso en la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas es de tal clarividencia que bien podemos dar gracias a Dios por
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tener un prelado de esa categoría intelectual y espiritual al frente de la Iglesia católica en España. De su brillante conferencia, reservo para mí el final de la misma, como resumen de la plática que nadie debiera dejar de leerla: “Los derechos superiores de Dios representan el apoyo primero y último, a la vez que la garantía inquebrantable de los derechos del hombre”. El cardenal había apoyado esta afirmación, previamente, en una serie de incontestables datos extraídos de la historia reciente, como las barbaries nazis y soviéticas que tanto dolor han causado a la humanidad en el siglo recién clausurado. Esta macabra lección, no debiera de ser ignorada por el hombre desde hace muchos siglos. En la Biblia se cuenta la desdichada historia de Caín y Abel. Un hermano que mata a otro hermano. Pero no sólo dice eso la historia, dice también que, antes de matar a Abel, Caín se había separado de Dios, y cuando Dios deja de ocupar el primer lugar en el corazón del hombre, vienen los temblores de quienes tienen que soportarlo. ¿No está sucediendo esto en el País Vasco, en Cuba y en otras regiones del mundo? Dios ejerce, entre tantas cosas, la función de vigilante interior del ser humano. Su voz es la voz de la conciencia, cuando esta está bien formada. Y esa conciencia actúa diciéndonos con toda claridad dónde se manifiesta el bien y dónde se guarda el mal. Es verdad que los factores han cambiado con alteración del producto. Ahora se viene guardando el bien que hacen muchas personas y se viene haciendo apología del mal. Esto ya lo anunciaba Pío XII: “El peor de los pecados es no tener conciencia de que existen”.

Por supuesto que también los hombres creyentes, los hombres con conciencia, cometen pecados e incluso horribles pecados. Pero, al menos saben que lo que hacen está mal, y eso les da la oportunidad de arrepentirse, de convertirse, de enmendarse. Dostoiewsky, como si fuera un profeta para el terror soviético que no tardaría en caer sobre su patria, había dicho: “Si Dios no existe, todo está permitido”. Hobbes, en otro punto de Europa y con la perspectiva de la crueldad del mercantilismo ante sus ojos, lo había dicho de otro modo: “El hombre es lobo para el hombre”. Y Sartre, tan cínico, tan anticlerical, se había despachado a gusto: “El infierno es el otro”. Sin Dios, querido lector, sería necesario poner un agente por persona. Y en ese caso ¿quién vigila al que vigila? Ves, ves cómo se hace imprescindible ese Vigilante supremo para esperarnos con paciencia y dar a cada uno su merecido.
Publicado en La Voz de Avilés 16-junio-2001

62 LOS MILAGROS TAMBIÉN CURAN EL SIDA
l pasado día 10, Juan Pablo II ascendió a los altares a cinco santos más. En sólo 22 años de pontificado lleva canonizados 448 santos, y en estos años también ha beatificado a 1.232 siervos de Dios. El Líbano, que no es tierra de santos, ya tiene una monja canonizada, Rafqa Chobop, considerada
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como símbolo del sufrimiento y amor infinito hacia los que sufren. Víctima de trabajos caritativos, de calumnias y enfermedades, le han concedido la corona merecida. Ahora ya puede dar muchas gracias a los enemigos y a las cruces que Dios le enviaba para llevarla a su Gloria después. A Luiggi Scrossopi se le conoce como el “santo del sida”, porque el milagro que le elevó a la gloria de los altares se refiere a la curación de un joven africano que padecía esta enfermedad, Peter Changu Shitima, estudiante en la ciudad del Cabo. Este joven era en agosto de 1996 uno más entre los enfermos terminales de sida. Había perdido 22 kilos de peso, tenía fiebre alta y apenas podía moverse en la cama, pues también sufría una neuritis y otras complicaciones debidas a la inmunodeficiencia. Y en vista de que no podían hacer nada más, los médicos le enviaron, sin tratamiento, a pasar los últimos días de su vida con su familia en Zambia. Según relató en el proceso de canonización, el ex enfermo de sida, “cuando el médico me dijo lo que tenía me quedé destrozado, pero pensé que lo único que debía hacer era rezar y pedir fuerzas a Dios. Recé al beato Luigi Scrosoppi y le dije que me moría o me curaba a través de su intercesión, según la voluntad del Señor. Querían ponerme una máscara de oxígeno para prolongarme la vida, pero yo dije que no”. La noche del 9 de octubre de 1996, Peter Changu Shitima soñó con el beato Luis Scrosoppi, cuya biografía había leído reiteradamente y, según relata, “me desperté como antes de enfermar. Me levanté y me fui a trabajar a la parroquia inmediatamente. Tenía apetito, caminaba bien e incluso me fui hasta un pue132

blo que estaba bastante lejos”. De regreso al hospital, los médicos surafricanos que le habían atendido, Pete du Toit y Johannes Le Roux, comprobaron que había desaparecido la neuritis y todas las complicaciones. Pese a que los referidos doctores no son creyentes, concluyeron que se trataba de una curación milagrosa, como verificó luego la Congregación para la Causa de los Santos. El actual santo, Luis Scrosoppi, buen sacerdote italiano, fundador de las Hermanas de la Providencia y promotor de escuelas para muchachas pobres y abandonadas, se ha convertido ahora en un intercesor popular entre los enfermos de sida en Suráfrica y Zambia. Su ingente obra se ha extendido a numerosos países. Peter Changu, beneficiario del primer milagro reconocido por la Iglesia en una enfermedad de sida, también se encontraba en la Plaza de San Pedro de Roma, abarrotada por decenas de miles de fieles que llegaron de múltiples países. La ceremonia fue, como dijo el Papa, “una fiesta de la santidad”.
Publicado en La Voz de Avilés 19-junio-2001

63 50 AÑOS SIN COMER
inalmente ha fallecido Marthe Robin, la sexta hija de un matrimonio de humildes campesinos franceses. La encefalitis que se apoderaba de su cuerpo frágil paralizó todos sus músculos, incluso aquellos que inconscientemente nos permiten tragar
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los alimentos y las bebidas. Su estado se agravó aún más, fruto de un insomnio persistente y de la ceguera total. El diagnóstico, al final, era tajante: Marthe Robin moriría pronto, y lo único que se podía hacer era llamar a un sacerdote para que recibiera la Unción de los Enfermos. La joven, en extremo piadosa, preparó su alma para entregarla al Señor, y recibió el viático. Una semana después, Robin seguía viva y la familia volvió a llamar al sacerdote para que la confortara en los últimos días con la confesión y la comunión. A la semana siguiente, Marthe vivía sin comer ni beber. Sólo se alimentaba con la Sagrada Comunión. Y así semana tras semana, mes tras mes... hasta los 73 años vivió Marthe desafiando las ciencias precisas de la Biología y de la Medicina, que nos enseñan que ningún ser vivo puede vivir sin alimentos. Ella entendió que era el propio Jesucristo quien le daba las fuerzas para seguir viviendo: “No hay que asombrarse -decía- de que yo pueda vivir en total ayuno. El cuerpo y la sangre de Cristo son mi alimento sobreabundante”. Su relación mística con Dios llegó más allá, para desconcierto de los que dudan de la verdad de estos hechos. Y así, todos los viernes, sufría tal identificación con la Pasión de Nuestro Señor, que padecía las angustias visibles y similares a las que sintió Cristo en Getsemaní. Por añadidura, el cuerpo postrado de la joven manifestó visiblemente los estigmas en manos, pies y costado, incluso en la cabeza, que sangraba como si tuviera clavadas las espinas de la corona de la Pasión. Decenas de miles de testigos (entre ellos, cardenales, obispos, y muchos prohombres de la Iglesia)
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pudieron dar fe, a través de los 50 años que Marthe sobrevivió con el único alimento de la Sagrada Comunión. Uno de ellos, el gran filósofo, escritor y miembro de la Academia de la Lengua, Jean Guitton, escribió un libro, “El retrato de Marthe Robin”, donde subraya que “soy consciente de que esta obra es desconcertante e irritante para muchos que van a dudar de la verdad de lo que cuento. No obstante, quiero responder a sus objeciones con las pruebas evidentes de la verosimilitud de este relato”. Otro historiador francés, Jean-Jacques Antier, en su libro, “El viaje inmóvil”, concluye que el milagro de Robin va más allá. Desde su cama en una aldea remota, y con la fuerza de la oración, logró fundar más de 70 Hogares de Caridad en los cinco continentes. Los directores de estas casas de acogida están acelerando introducir en Roma el proceso de beatificación para la Causa de los Santos. ¿Sería mayor milagro vivir 50 años sin comer o lograr la fundación de 70 Hogares de Caridad en los cinco continentes siendo ciega y postrada en la cama?
Publicado en La Voz de Avilés 20-junio-2001

64 DOCTRINA Y VIOLENCIA
esde hace años se viene observando en nuestra sociedad una adulteración muy lamentable en el adoctrinamiento religioso. Cada año que pasa aumentan las rebajas en las catequesis y en
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el profesorado de Religión. Ya sabemos que el Gobierno anterior y el actual han sembrado más cizaña que trigo, pero los catequistas y algunos sacerdotes les vienen dando el beneplácito con pláticas heterodoxas que poco se distancian de las herejías. Y así, la ignorancia religiosa con el recorte de la doctrina se va extendiendo dentro de la misma Iglesia. Pensemos primero en las homilías. ¿De qué nos instruyen? Pues los dos temas más pecaminosos de la humanidad son aborto y sexo libre, y qué poco se dice sobre todo esto. Casi nadie versa acerca de la sexualidad humana vista tan claramente en el Evangelio, con toda la relación entre sexo, amor y matrimonio, conforme a los planes de Dios y toda su riqueza doctrinal. ¿Se habla con la frecuencia necesaria del imprescindible sacramento de la penitencia para recibir dignamente la Sagrada Comunión, incluso cuando el Evangelio o las Lecturas nos invitan a ello? Sobre la catequesis impartida en algunas parroquias, por experiencia ajena se desprende la sospecha -muy fundada- de que el panorama anda por los mismos derroteros. En cuanto a la educación religiosa impartida en los colegios, se puede detectar mayor calidad en los libros de texto, que parecen buenos, pero los profesores omiten con harta frecuencia lo más importante del contenido, o pasan de puntillas sobre determinados temas. Esta es la situación preocupante, máxime cuando ese “silencio” sospechoso se une tantas veces a la heterodoxia abierta y clara en las manifestaciones de algunos sacerdotes y teólogos, con el consiguiente despiste, confusión y escándalo, formándose así cre136

encias y actitudes erróneas en el campo moral y religioso. No queremos ser profetas de infortunios, sino tan sólo descubrir las heridas para que puedan ser curadas. Tampoco versan algunos sacerdotes sobre los malos tratos de mujeres y niños, sabiendo que el Evangelio proscribe cualquier acto de violencia. En España muere una mujer cada semana como consecuencia de la agresión de un hombre que convive o ha convivido con ella, muy especialmente en las parejas de hecho, y son bastantes las que sufren en silencio la crueldad psicológica y la agresión física. Durísima es la violencia contra los niños sometidos a la pederastia y a cualquier abuso. La violencia contra mujeres y niños no es nueva. Los relatos que nos permiten entrar en la intimidad de la familia israelita presentan a la mujer amada y escuchada por su marido, y tratada por él como igual (1 Sam 1, 4-23). Sin embargo, desde el aspecto social y jurídico, la situación de la mujer en el Israel más antiguo era, al parecer, inferior a la que disfrutaban en los países vecinos, como Egipto y Babilonia. Ante los padecimientos de las mujeres y niños por el simple hecho de serlo, no es extraño que los profetas levantaran la voz en su defensa: “... socorred a los huérfanos, defended a la viuda” (Is. 1-17). Y Jesús tuvo y tiene a los niños por privilegiados en su Reino (Mt. 18, 2-5) e hizo de las mujeres los primeros testigos de su Resurrección (Mt. 28, 1-10). La militancia de Jesucristo nos infunde siempre el comienzo de hacer que reine en nuestros hogares la oración, el respeto, la paz y el amor.
Publicado en La Voz de Avilés 25-junio-2001

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65 DÉFICIT DE LAS IGLESIAS
as limosnas de los fieles están bien relacionadas con la santidad de los sacerdotes. Las obras misionales que se han fundado prosperan al mismo ritmo que van creciendo en santidad, y cuanto más tiempo dedican a la oración y más se someten a la pobreza, mayor es la riqueza que obtienen para catequizar y alimentar a los hambrientos. Los feligreses quieren entregar sus donativos donde ven garantizado el destino de los mismos. En muchísimos casos me temo que las homilías se centran más en motivar a los fieles para que suelten dinero en las colectas que en poner en ellos el fuego del amor a Cristo. Grave error, si eso sucede. Una vez más nos encontramos con la torpe política de buscar los frutos sin cuidar las raíces, sin atender al árbol que los produce. La caridad hacia el prójimo -la limosna-, el servicio del voluntariado, son frutos hermosísimos y necesarios, obligatorios incluso, pero que sólo pueden darse en un árbol sano, bien cuidado, lleno de savia. Y esa savia tiene sólo un nombre: Espiritualidad. Se ha hecho ya demasiada caricatura de esos modelos de católicos de “cumplimiento”. La consecuencia es que hemos concluido que toda espiritualidad es espiritualismo y que la gente religiosa es poco caritativa. Nada más falso.

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La verdadera espiritualidad -y me atrevo a decir que actualmente la poseen la inmensa mayoría de los católicos practicantes, especialmente los que van a misa diariamente- es rica en frutos de amor al prójimo necesitado. Debiéramos terminar ya con las burlas y los escarnios hacia los creyentes que van a misa, que rezan el rosario y que tienen vida de oración. Por eso creo que, incluso para conseguir grandes colectas para los pobres, lo que hay que hacer es invitar a la gente a que descubran la presencia del Señor en la Eucaristía. Hay que fomentar la adoración al Santísimo, la misa diaria, la confesión que permite comulgar con las debidas condiciones. ¿Quieres ayudar a los pobres? Empieza por visitar a Cristo, pobre entre los pobres, en la soledad de la Eucaristía. Lo demás vendrá por añadidura. Ayuda a la Iglesia Necesitada recibe docenas de millones de dólares todos los años para las misiones. ¿Motivos?: Oración, penitencia, austeridad y estricto cumplimiento con el Magisterio de la Iglesia y con las directrices del Santo Padre. La Unión Sacerdotal Lumen Dei, con sólo 50 sacerdotes y 42 seminaristas, se gasta diariamente en torno al millón de pesetas para distribuir 9.000 comidas gratuitamente entre los más pobres de los pobres. Pongamos otro millón de pesetas mensuales para los seminaristas que hacen la carrera sacerdotal. Adicionemos los gastos de las Delegaciones que tiene en Sevilla, Cádiz, Murcia, Asturias, Galicia, Cataluña, Valencia, La Rioja, Navarra, Zaragoza, Madrid, Extremadura, Cuenca, Nueva York, Miami, Puerto Rico, Argentina, Chile, México, República Dominicana, Perú, Colombia y Venezuela; todo esto atendido por las religiosas que
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tiene Lumen Dei y los matrimonios y familias que se han consagrado para servir a Dios y al prójimo dentro de esa bendita Obra, siempre bajo la obediencia y dirección del fundador, P. Rodrigo Molina, y de los 50 sacerdotes. No por los gastos que todo eso supone han dejado de comprar la ex embajada rusa en Madrid por trescientos millones de pesetas para convertirla en casa de oración y ejercicios espirituales; el colegio Hispano Inglés en los alrededores de Madrid lo han comprado por cientos de millones para el más ejemplar ejemplo de lo que todos los colegios debieran de enseñar. Y es de notar que al lado de la Plaza de Cataluña, en Barcelona, les han donado un edificio valorado en mil millones de pesetas, igualmente dedicado a casa de oración y ejercicios espirituales. ¿De dónde sale todo esto? Ríete si quieres, querido lector, pero en esa Obra todos hacen cinco horas diarias de oración, usan los cilicios, se disciplinan, duermen en el suelo, visten la sotana cuando entran en el seminario y la llevan puesta hasta la sepultura, con un crucifijo grande encima de la misma; comen dos veces por día, y el fundador sólo una, tienen buena salud y son muy felices haciendo el bien a manos llenas. Es verdad que algunas veces les escupen por las calles, pero como también escupieron a Cristo, se sienten honrados con el desprecio. Ves, ¿ves ahora por qué tienen déficit grandes y suntuosas iglesias y cómo llueven millones en diminutas y modestas capillas? Sí, querido lector, los verdaderos católicos son espléndidos con los pobres, son inteligentes y saben muy bien dónde tienen que entregar sus ahorros. Por todo lo que queda expuesto me ha dicho el ilustre
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catedrático de Lengua y Literatura, doctor en Filología Románica y graduado en Teología, Fidel García Martínez, después de convivir un año con la unión sacerdotal Lumen Dei, en Argentina: “Te aseguro, Antonio, que el futuro de la Iglesia lo tenemos en Lumen Dei”.
Publicado en La Voz de Avilés 26-junio-2001

66 LA RESURRECCIÓN
a resurrección de Cristo es un hecho real, no es un invento de los apóstoles. Nadie inventa una mentira para salir perjudicado sino para hacer negocio. Tampoco es fruto de la sugestión, pues ellos insisten en que estaban bien serenos todas las veces que vieron al Resucitado y que tocaron su cuerpo y hablaron con Él. La resurrección es la clave de nuestra fe, porque demuestra que Dios está con Cristo, que su mensaje y su persona lo respaldan a Él. Por tanto, se puede afrontar la muerte con paz y alegría porque se sabe que hay otra vida mejor. Pienso que dos cosas nos producen el temor de la muerte: las faltas y pecados que se han ido acumulando en el subconsciente como testigos de nuestra vida disoluta y el amor que parece desgajarse de nuestros seres queridos. ¿Quién puede sentirse seguro de salir airoso en el juicio particular que nos espera? Sólo los santos que han consumido sus vidas en defensa del Reino de Dios y su justicia. Éstos son los
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que esperan la muerte con alegría sabiendo que en ella encuentran un cúmulo de gananciales. Esto lo proclamaba muy bien Santa Teresa de Ávila: “Oh muerte ven escondida / que no te sienta venir / porque el placer de morir / no me vuelva a dar la vida”. La resurrección de Cristo es un hecho histórico, pues lo que aconteció tiene un lugar en la Historia de los hombres que viven en esta tierra, sujetos a la medida del tiempo. Cristo muere y Cristo resucita. Los apóstoles y las mujeres pueden comprobarlo de una manera palpable, tanto como para verle ingerir alimentos o introducir sus dedos en los agujeros de sus clavos. Cristo resucitado no es una visión, ni el fruto de una sugestión o una alucinación colectiva. Mucho menos es la consecuencia de una invención elaborada para poner en marcha un mito, una leyenda que genera grandes beneficios a sus creadores. En primer lugar, los relatos evangélicos de las apariciones del Resucitado muestran unos resultados atípicos, que se desmarcan de lo que hubiese sido normal en el caso de que hubieran sido inventados. Por ejemplo, Cristo se aparece en primer lugar a las mujeres; eso es imposible de inventar en aquella época, pues el testimonio de la mujer no tenía valor, en cambio, el Señor pide a La Magdalena que se convierta en heraldo de la resurrección ante los mismos apóstoles y, por si fuese poco, tal como está presentado el relato, los apóstoles vuelven a quedar en mal lugar, lo cual hace imposible que este relato pueda haber sido inventado por ellos o por sus legítimos sucesores. Nunca se hubieran atrevido a decir -salvo que fuera verdad- que se había aparecido a una ex prosti142

tuta -María Magdalena- antes que a Pedro, el líder de la Iglesia. Por si fuese poco, no sólo se nos cuenta que La Magdalena no reconoce en un primer momento a Jesús, sino que los apóstoles no creen en lo que ella les dice, confirmando así la sospecha de que no creían en la posibilidad de que Cristo resucitara, a pesar de que Cristo lo había dicho una y otra vez. Cuando Jesús se manifiesta a los once en la tarde de Pascua, les echó en cara su incredulidad y su dureza de cabeza por no haber creído a quienes le habían visto resucitado. Tan imposible les parece la cosa que, incluso puestos ante la realidad de Jesús resucitado, los discípulos dudan todavía. Creen ver un espíritu. No acababan de creerlo a causa de la alegría. Estaban asombrados. Tomás -el más tozudoconocerá la mayor prueba de la duda y, en su última aparición en Galilea referida por Mateo, algunos aún dudaron. Por esto, la hipótesis según la cual la resurrección habría sido un producto de la fe no tiene consistencia. Muy al contrario, su fe en la resurrección nació de la experiencia directa de la realidad de Jesús resucitado, visto por más de quinientos testigos, tocado y palpado por Tomás. En cuanto a la posibilidad de que los relatos sobre las apariciones hubieran sido un invento para hacer negocio a costa de la fe de los ingenuos, basta con pensar en el “negocio” que hicieron los apóstoles: persecuciones, torturas y muerte fue lo que recibieron por obstinarse en decir que Cristo había resucitado. Con claridad se ve en los Evangelios y en los Hechos de los Apóstoles, que se les ofrecía la paz a
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cambio de que cambiaran el discurso, a lo que ellos contestaron sin dudar, que había que obedecer a Dios antes que a los hombres y que, por ello, debían seguir dando testimonio de lo que habían visto, oído y tocado; que Cristo estaba vivo, que había resucitado. Pero, ¿por qué es tan importante la resurrección? El Catecismo dice, citando a San Pablo: “Si no resucitó Cristo, vana es nuestra predicación y vana también vuestra fe”. Y añade: “La resurrección constituye ante todo la confirmación de todo lo que Cristo hizo y enseñó”. Todas las verdades, incluso las más inaccesibles al espíritu humano, encuentran su justificación en si Cristo, al resucitar, ha dado la prueba definitiva de su autoridad divina, según lo había prometido. La verdad de la divinidad de Jesús es confirmada por su resurrección. La resurrección de Cristo -y el propio Cristo resucitado- es principio y fuente de nuestra resurrección futura. La muerte de Cristo en la cruz, como un bandido, representó a los ojos de los apóstoles y de todo el pueblo -menos de la Virgen y de algunas mujeres- una prueba de que las enseñanzas del Señor eran falsas. La primera de esas enseñanzas, la clave de todas las demás, era la relación especialísima entre Cristo y Dios. Para nosotros y para los judíos, era imposible que Dios dejara morir de ese modo a su enviado, sobre todo si éste tenía las pretensiones de divinidad que, en el fondo, habían provocado su condena a muerte. Precisamente por eso, la resurrección de Cristo significa lo contrario: Cristo estaba de verdad apoyado por Dios; todo lo que Él había dicho era verdad. Era verdad también que el amor es la mejor manera
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de constituir un mundo justo. Y, además, aunque te quiten la vida, no tiene tanta importancia, pues estás seguro de que tras la muerte sigue existiendo vida, hay un premio eterno y maravilloso para todos aquellos que han sido fieles al Señor. Por eso precisamente a los apóstoles, tan cobardes antes, ya no les importó morir. La resurrección de Cristo demostraba que podían ir al encuentro de la muerte con la seguridad de que iban al encuentro de la vida.
Publicado en La Voz de Avilés 28-junio-2001

67 HIJOS DE DIVORCIADOS
l divorcio es la separación conyugal que permiten las leyes en contraposición a lo que Dios quiere, nos exige y nos lo ha dejado escrito. Siendo esto evidente, claro está que no puede ser bueno para nadie. Una niña estadounidense -A Karen- le tocó vivir la traumática experiencia del divorcio de sus padres cuando apenas era una niña. Y ahora en plena adolescencia y con buen sentido declara: “El día en que mis padres se divorciaron fue el día en que mi infancia acabó”. “La separación es una marca, es un estigma, que los niños cargan a lo largo de toda su vida”, asegura la terapeuta americana Judith Wallerstein. Durante más de 25 años, la especialista que es, además, profesora emérita de la Universidad Berkeley de California, ha analizado las experiencias de 131 hijos de
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padres separados, acompañando la mayoría de los casos desde la infancia hasta la edad adulta. Su conclusión: El divorcio de los padres conlleva daños psicológicos irreversibles a los hijos. En su último obra, Ley y divorcio, la psicóloga aporta conclusiones contundentes sobre el perfil psicológico de los hijos de divorciados. Según la investigación, 25% de ellos no han terminado el colegio (contra 10% de hijos “normales”); el 60% ha requerido tratamiento psicológico (contra el 30%); el 50% ha tenido problemas de alcohol y drogas antes de los 15 años; el 65% tiene una relación conflictiva con el padre (sólo el 5% ha recibido ayuda económica sustancial por parte del padre); pese a que la mayoría pasan los 30 años de edad, apenas el 30% se han casado, y del total de casados, el 50% ya se han divorciado. Según la experta, aunque las relaciones psicológicas al trauma son diferentes y tan variadas como el número de divorciados, existen algunas constantes. En efecto, los hijos de divorciados sufren sentimientos de culpa, autoinculpándose de la separación de sus padres, lo que les produce irritación y malhumor, y una gran desconfianza o incapacidad para expresar sus sentimientos auténticos en el momento adecuado. La adolescencia comienza antes para los hijos de familias separadas. En el caso de las niñas, “la iniciación sexual comienza antes de lo recomendable”, asegura Wallerstein. Estos niños sufren, además, “más de depresión y presentan más dificultades de aprendizaje que los que provienen de familias intactas”, apostilla.

Estas nefastas consecuencias y tantas otras que aparecen en el libro de Judith Wallerstein, son el fruto que brota como los hongos siempre que se conculcan las leyes que Dios ha establecido para el hombre. Es necesario ser muy tozudo para no comprender que no puede existir una sola ley que no perjudique al ser humano cuando ésta se contrapone a lo que Dios ha legislado con infinito amor e inefable sabiduría para que todos seamos más felices en la tierra y ganemos el Cielo. Y si no creemos en Dios, examinemos con imparcialidad e inteligencia todo lo narrado en los Sagrados Textos, y pronto veremos que ningún legislador los puede superar.
Publicado en La Voz de Avilés 1-julio-2001

68 EL PAPA Y ORTODOXOS
ara consuelo de muchos y desconsuelo de muchos más, Juan Pablo II se encuentra “increíblemente bien” de salud y está muy feliz y contento con su viaje a Ucrania, hasta el punto que fue visitando templos y lugares no previstos en el programa y quitándose horas de sueño para rezar. El portavoz del Vaticano, Joaquín Navarro-Valls, no se esconde para informar al mundo lo que sucede en la vida íntima del Santo Padre. Por eso sabemos que había cambiado su programa para estar más cerca de la gente.

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Así, en vez de dirigirse directamente desde el aeropuerto hasta su residencia, prefirió hacer el recorrido a paso lento en el “papamóvil”, para permitir a las decenas de miles de personas que se abarrotaban en las calles verle de cerca y dedicarles alguna sonrisa. Ello supuso que se acostara a las doce y cuarto de la noche, sin dejar de levantarse a las cinco de la mañana para rezar por los ortodoxos que lo llaman el “Anticristo”. Los que no tenemos la fe de Juan Pablo II nos parece imposible que los popes ortodoxos se convenzan de que Karol Vojtyla sea el Vicario de Dios en la tierra. Un santo gigante que mueve montañas a base de humildad y humillaciones. Un hombre que cumple literalmente el Evangelio y todo lo pone en manos de quien le ha salvado la vida: la Virgen de Fátima. Tampoco hay duda que el verdadero Anticristo ha estado presente en Ucrania. Pero no era el Santo Padre. El Anticristo, el Maligno, es el espíritu del odio, de la división, de la venganza, de la ira, del rencor. Quizá sin saberlo, esos popes ortodoxos lo paseaban en su rostro y lo proclamaban con sus airadas voces. Quizá también entre nosotros, muchos se dejan llevar de una reacción de violencia contenida ante la violencia recibida. Y así será cómo puede triunfar el demonio e impedir una vez más la unidad de los cristianos. Juan Pablo II que ha emprendido este viaje tan importante el día del Inmaculado Corazón de María, nos parece que vencerá. Está venciendo ya el Anticristo, del mismo modo que lo hizo también Nuestra Señora. Él está pisando su cabeza, aunque recibe del
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Maligno el mordisco de la rabia a través de los insultos que le arrojan a la cara. Y vence con el alma de la Virgen, con la humildad. Este anciano venerable no duda en pedir perdón. No duda en exponer su rostro a insultos y salivazos. Y todo con tal de conseguir aunque sólo sea un tímido avance en el camino ecuménico. Cuando al Papa le insultan, nos insultan a todos los católicos. Y cuando el Papa perdona, todos nosotros perdonamos con él. Si esto no lo comprenden los ortodoxos es un problema de ellos que la Historia juzgará. A nosotros nos queda la satisfacción de haber extendido la mano para que ellos la estrecharan. Allá ellos si prefieren el odio del Anticristo a la paz que va sembrando por el mundo el Vicario de Cristo.
Publicado en La Voz de Avilés 4-julio-2001

69 VIRGEN DEL CARMEN
e aproxima la festividad de Nuestra Señora del Carmen. Es un día muy jubiloso para los devotos de María. De la Virgen del Carmelo tengo un imborrable recuerdo. Hace veinte años estábamos en el monte Carmelo, cuya belleza es ensalzada en la Sagrada Escritura. Allí se refugió el Profeta Elías al defender la pureza de la fe en el Dios de Israel. En el siglo XII se inició una Orden religiosa, bajo el patrocinio de la Virgen. Y la devoción a María se unió a la del santo Profeta, interpretándose la nubecilla que vio
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subir del mar y se convirtió en lluvia abundante como un símbolo de la Santísima Virgen. La devoción a la Virgen del Carmen se halla actualmente extendida por todo el mundo. El hecho de llevar el santo Escapulario está enriquecido con muchas indulgencias, y con una especial promesa de la Virgen: promesa de salvación para quienes mueren con él. Pío XII dice en su Carta Apostólica del VII Centenario de la aparición a San Simón Stock: “No se trata aquí cosa de poca importancia, sino de conseguir la vida eterna por medio de la promesa que nos hace la Santísima Virgen, esto es, se trata del máximo negocio y del modo de llevarlo a efecto con seguridad...”. También está vinculado a esto el “privilegio sabatino”, revelado por la Virgen al Papa Juan XXII: “Quiero que anunciéis a los Carmelitas y a sus Cofrades: los que lleven puesto el Escapulario, guarden castidad conforme a su estado, y recen el oficio divino, y los que no sepan leer se abstengan de comer carne los miércoles y los sábados; si éstos van al purgatorio Yo haré que cuanto antes, especialmente el sábado siguiente a la muerte, sean trasladadas sus almas al cielo”. Es verdad que la salvación nos viene por gracia de Dios, pero esta la conseguimos por la mediación de Santa María, Madre de Dios. Esta promesa del santo Escapulario confirma magníficamente la misteriosa prerrogativa. El título de “Reina de Misericordia” celebra la bondad, la generosidad de la Santísima Virgen, la cual, elevada al cielo, cumple en su persona lo que prefiguraba la Reina Ester (Est 4, 17): “Ruego incesantemente a su Hijo por la salvación del
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pueblo, que acude a Ella confiadamente en sus tribulaciones y peligros”. La Santísima Virgen es la Reina clemente que, habiendo experimentado la misercordia de Dios de un modo único y privilegiado, acoge a todos los que en Ella se refugian. Por esto, es saludada con razón como “consuelo de los penitentes y esperanza de los pecadores”. María es Reina. Y para nuestro consuelo, es Reina dulce, Reina clemente, Reina siempre inclinada a favorecer a los miserables pecadores. Es poderosa y nunca falta a sus promesas. Con el título de “Madre de Misericordia”, que le atribuyó por primera vez a María San Osón, nada tienen que temer los devotos de la Virgen, porque dio a luz para nosotros a Jesucristo, misericordia visible del Dios misericordioso invisible. También la llamamos así porque es Madre espiritual de los fieles, llena de gracia y de misericordia. San Lorenzo de Brindis dice: “La Santísima Virgen es llamada Madre de Misericordia”, esto es, misericordiosísima. Si pusiéramos fin al pecado encontraríamos a María más amorosa que las buenas madres carnales, porque Ella es Madre de los inocentes y de todos los pecadores, con tal que propongamos enmendarnos. Felices los que viven bajo la protección de Madre tan amante y poderosa. Por eso los cristianos le llevamos rezados más rosarios que arenas tienen las playas del mar.
Publicado en La Voz de Avilés 7-julio-2001

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MARÍA DEL CARMEN
yer fui a visitar a María del Carmen y a sus padres. Una familia unida y responsable. María se casó hace algo más de veinte años con un obrero trabajador y honrado. Las familias de ambos cónyuges apenas contaban con recursos para celebrar la boda. El sueldo del esposo les venía demasiado corto para pagar la renta de un piso y sufragar los gastos del hogar. No por eso dejaban de asistir a misa todos los días y rezar las tres partes del rosario. Ese buen ejemplo que iban sembrando les granjeó buenas amistades con personas igualmente piadosas. Con el motivo que queda expuesto, María del Carmen fue solicitada para cuidar de una señora enferma y acaudalada, y como ésta encontró todo el amor y atención que necesitaba, se complacía con su “enfermera” adjudicándole un sueldo que superaba al que recibía su esposo. Pocos años después adquirieron un piso en la ciudad de Pravia, mientras los hijos del buen matrimonio llegaban sin límite. Ellos confiaban en Dios y no dudaban que a quien cumple sus leyes nunca le falta el pan. Por eso, cuando la señora acaudalada falleció, otros ancianos estaban esperando para ser atendidos por María del Carmen, siempre pagándole más de lo tratado y bendiciendo la piadosa labor que la santa “enfermera” realizaba en cada uno de los hogares donde sólo habitaba un anciano abandonado por su familia. Yo le pregunté cómo era tan querida por los enfermos. La respuesta fue lacónica y contundente:
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“Yo no cuido de personas enfermas y viejas, cuido del Cristo que cada uno para mí representa”. María del Carmen y su esposo han tenido cinco hijos. Algunos han cursado sus estudios y ya tienen empleo; todos rezan diariamente el rosario y adoran a sus padres. Y el más inteligente de los cinco hizo derramar muchas lágrimas a su madre cuando lo llevaba en el vientre. Los médicos le dijeron que era necesario abortarlo por las subnormalidades que presentaba y el peligro que suponía para su madre si esperaba al alumbramiento. Pero María del Carmen les contestó bien: “Si Dios me lo envía con dos cabezas y mongólico, yo lo cuidaré con más amor que a los otros. Y si me muero en el parto, los dos iremos juntos al cielo”. Este chico entra ahora en la Universidad con una beca por las notas brillantes que ha conseguido. Actualmente, María del Carmen, está cuidando de su madre que lentamente se recupera de una trombosis. Al mismo tiempo atiende a una señora muy anciana que desvaría. También tiene a su padre en casa. Pero, ¿cómo es posible que en un piso de 80 metros cuadrados puedan vivir tres ancianos, el matrimonio y cinco hijos? Dios le resolvió el problema una vez más: La señora que desvaría es la dueña del piso contiguo al de la “enfermera”. Y así, con los dos pisos hay espacio para todos. No mencionaremos las herencias que recibirá de los testamentos que han hecho en su favor porque se agota el folio, pero con el ejemplo de María del Carmen y su esposo vemos cómo Dios paga a quien le sirve con amor y fidelidad.
Publicado en La Voz de Avilés 7-julio-2001

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71 ROCAMBOLESCA
sta historia rocambolesca sucedió en Madrid hace ahora 34 años. Juan Romero nació muriéndose. El diagnóstico de los médicos nos lo dice todo: “El niño tiene una hemorragia cerebral, los pulmones están encharcados y la sangre ha dejado de circular en las piernas, no hay nada que hacer. Sea fuerte”. Este era el desalentador diagnóstico que le dieron a la madre de Juan Romero. El niño había nacido cuatro días antes. Los médicos le pedían fortaleza, y la mujer comenzó a rezar: “Llorando como una Magdalena, comencé a pedir a Juan XXIII que mi hijo viviera sano”, recuerda María Dolores García. Cinco horas después llegó un pediatra al que habían hecho llamar, y les dijo: “Su marido me ha contado que su hijo estaba muy mal, pero yo le encuentro como pez en el agua. Pueden estar tranquilos”. En junio de 2001, 34 años después, el matrimonio acude a la plaza de San Pedro a agradecerle al beato Juan XXIII esta curación milagrosa. Juan Romero estudió la carrera de ingeniero en Madrid. Al terminar ingeniería se trasladó a Roma para iniciar sus estudios de Teología. Terminada la carrera de sacerdote fue ordenado en Roma por Monseñor Javier Echevarría. Y después de la ordenación, les dice a los periodistas en la plaza de San Pedro: “Cuando me dijeron que iba a ser ordenado sacerdote
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el 2 de junio de este año, recordé que la fecha coincidía con la vigilia del aniversario del fallecimiento del Papa que me había hecho vivir cuando nací muriendo”. Lo que no esperaba este joven sacerdote es que el Papa Juan XXIII le concediera la gracia también de coincidir con la colocación de sus sagrados restos mortales e incorruptos en la basílica de San Pedro. Y ante los restos de Juan XXIII, Juan Romero agradeció de nuevo al Papa su curación milagrosa. También, de manera especial, quiso pedirle ayuda para emprender el camino que tiene por delante. Ahora tiene en el Papa Roncalli un gran ejemplo de sacerdote y un magnífico intercesor, como ya lo demostró hace 34 años. María Dolores, la madre del sacerdote, considera que su hijo Juan siempre ha estado bajo la protección de Juan XXIII. “A este Papa -dice- siempre lo he tenido presente en mis oraciones. Cuando le pedí este milagro, sólo se habían cumplido dos años desde su muerte y todo el mundo pensaba que iba a ser declarado santo en breve. Por eso me salió espontánea la súplica por mi hijo. Por lo tanto, después de la curación era obvio que lo bautizara con el nombre de Juan”. Viendo la instantánea de Juan Romero, con su rostro apacible, majestuoso y humilde. Su mirada piadosa y meditativa. Su juventud y dos carreras brillantes, es de suponer que pronto llegará a la jerarquía eclesiástica para bien de la Iglesia, máxime si tenemos en cuenta la protección que nunca le ha de faltar del Papa “bueno” que tanto han querido todos los fieles y tantos otros que, siendo incrédulos, lo ponderan y admiran”.
Publicado en La Voz de Avilés 10-julio-2001 155

72 PALABRAS DE LA VIRGEN

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ientras la Iglesia no se pronuncia sobre las supuestas apariciones de la Virgen, siempre me reservo la opinión porque desconozco la verdad. Pero en este caso, la Santa Sede ha reconocido como auténticos los mensajes de María a tres jóvenes en Ruanda, entre 1981 y 1989. Las tres ruandesas eran internas de un pensionado pobre regido por monjas. Otros cuatro supuestos videntes siguen en suspenso, porque el Vaticano no ha reconocido sus supuestas visiones. En sus mensajes, la Virgen, de tez oscura, presagió el genocidio ruandés que desató la violencia en el país africano trece años después. René Laurentín, uno de los más prestigiosos mariólogos, estuvo presente en una de las visiones. Este sacerdote francés, en su libro “Apariciones de la Virgen María”, relata cómo fue testigo presencial de las apariciones de la Virgen María en Kibeho (Ruanda), el 28 de noviembre de 1986: La primera tuvo lugar discretamente, poco antes del mediodía, en el dormitorio de las niñas, durante veinte minutos. La segunda al aire libre, al anochecer, sobre un podio rodeado de un gentío inmenso de africanos, durante más de una hora. Todos oían, gracias a una excelente megafonía, lo que Alfonsina (la vidente de 15 años)

decía a Nuestra Señora, pero no las palabras de la Virgen, audibles sólo para Alfonsina. Conforme relata Laurentín en el libro predicho, a la joven Alfonsina le resbalaban dos lágrimas por sus mejillas negras, cuando exclamó: “¡Tan poco, tan poco!”. Y tras la aparición, Laurentín habló con la vidente sobre lo que le había dicho la Virgen: “Me ha dicho: Ya no me apareceré a ti más que dos veces: el 28 de noviembre de 1988, y en otra ocasión, pero no ha precisado la fecha”. Efectivamente, la Señora se volvió a aparecer en la fecha que anunció. Laurentín también relata la visión de Jesucristo a un muchacho pagano, Segastasha, pero esta aparición no ha sido aún aprobada por el Vaticano, que siempre se muestra con mucha precaución y receloso en estos temas. Si tenemos en cuenta que “por los frutos los conoceréis” (Mt. 7, 16), es bien posible que el joven pagano, Segastasha, haya visto a Jesucristo, mostrándole el Señor quién era e instruyéndole sobre las exigencias de la fe. Pues los sacerdotes quedaron sorprendidos por la seguridad y el acierto de su doctrina, en contra de la extrema ignorancia que demostraba en todo lo demás. Pero hay más: Segastasha marchó a misionar a países vecinos. Fue expulsado de Burundi y se fue al Zaire, donde se encuentra evangelizando, siendo sus frutos excelentes. El apostolado de las tres videntes y la evangelización del ex pagano están dando miles de conversiones, una profunda renovación espiritual y un sorprendente rebrotar de vocaciones sacerdotales y religiosas, lo que ha dado pie para pensar en la autenticidad de dichas apariciones. Y la Santa Sede ha dado la puntilla al garantizar su veracidad.
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Pero la Virgen María también hizo su advertencia en su aparición reconocida por la Iglesia, similar a la que realizó en Fátima: “El mundo está desquiciado... Se cometen más pecados que gotas de agua hay en el mar... El mundo corre hacia la ruina”.
Publicado en La Voz de Avilés 11-julio-2001

73 UN PELUQUERO ATEO
omo tantos jubilados, se encontraba sentado en un banco del parque el que fue mi peluquero algunos años. Se levantó para saludarme muy atento. - Qué -me dijo-, ¿todavía sigues escuchando las mentiras que dicen los curas? - No sé cómo puedes saberlo si nunca has pisado una iglesia, donde todas las verdades evangélicas aparecen para la salvación y consuelo de los que sabemos que Dios no nos puede engañar. El barbero me dijo: - Yo no creo que Dios exista como usted asegura. - ¿Por qué dice usted eso? ¿Quién se lo ha dicho y cómo lo sabe? - Es muy fácil, al salir a la calle te das cuenta de que Dios no existe. Dígame: Si Dios existiera ¿habría tantos enfermos en los hospitales, tantos niños abandonados en el mundo? Si Dios existiera no habría tanto sufrimiento ni tanto dolor en la humanidad. No

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puedo pensar que exista un Dios “bueno” que permita todas esas cosas. Me quedé pensativo mirando el rostro bondadoso que tenía el peluquero y el dislate de su mentalidad. Estoy perdiendo el tiempo, me dije; lo mejor es pedir por él y no despertarle la ira. En estos casos sólo Dios puede poner el remedio. Pero en ese momento pasaba un mendigo por allí con el pelo y la barba muy largos y sucios. En ese instante se me ocurrió decirle: - Tampoco existen los peluqueros. - ¿Cómo? Si aquí estoy yo... - ¡No! -le dije- no existen, porque si existieran no habría personas con el pelo y la barba tan largos y sucios como los que lleva ese hombre. - Los barberos sí existen, pero esas personas no vienen hacia nosotros -señaló con cierto desagrado el peluquero. - ¡Exacto! -respondí- ese es el asunto... ¡Dios existe!, lo que pasa es que las personas no van hacia Él, y no le buscan, por eso hay tanto dolor y miseria en el mundo. El peluquero se quedó pensativo y no me dio respuesta. Este diálogo que podría ser extensible a tantos seres humanos que piensan como el peluquero, me ha hecho reflexionar sobre la existencia del mal y lo que nos cuesta a los cristianos entenderlo y explicarlo. Dice Juan Pablo II que “Cristo nos espera a todos nosotros; a Él podemos abrir el corazón y nuestros sufrimientos. Él es la solución de nuestras dudas”. Si confiásemos un poco más en Jesús, ese amigo que nunca nos abandona y que siempre está a nuestro lado, dándonos fuerzas cuando las nuestras fallan y
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ánimo en los momentos de tristeza y desesperación, el mundo cambiaría. Él está ahí, pendiente de ayudarnos. Pero respeta nuestra libertad. Sólo entra en el juego si se lo pedimos. Debiéramos acudir más a Él, mucho sufrimiento se evitaría, o por lo menos nos daría la fuerza para superarlo. Pero el mendigo seguirá con el pelo y la barba largos y sucios si no se baña y se acerca a la peluquería, y los ateos seguirán diciendo que Dios no existe si no se acercan a Él para confesarle los pecados que llevan cometidos, incrementando la incredulidad para justificar su actitud, intentando convencerse de lo que nunca se podrán convencer, porque ¿quién puede asegurar que Dios no existe siendo espíritu puro e invisible para nuestros ojos?
Publicado en La Voz de Avilés 12-julio-2001 y en La Voz de Asturias 16-julio-2001

74 HABLAR DE LA MUERTE
ablar de la muerte es el gran tabú de la humanidad. Entre personas educadas ya no es correcto hablar de la muerte, como tampoco lo es hablar del sexo, del dinero o de una experiencia espiritual. A la muerte la solemos esconder en nuestra vida diaria. La alejamos a los geriátricos, hospitales o tanatorios. La miramos con cierta distancia, como si no fuera con nosotros. No forma parte de

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nuestra vida; es algo que sucederá a otros, solemos pensar. A esta conclusión han llegado unos investigadores tras examinar cerca de cien mil libros de ensayo publicados en los últimos veinte años. Sólo doscientos (por tanto el 0,2 por ciento) afrontaron el problema de la muerte con realismo y naturalidad. Y lo han hecho así porque estaban preparados espiritualmente para partir en cualquier momento. “Hablar de la muerte -dice Ferrucio Antonelli, estudioso del tema- fastidia. Es una especie de nuevo tabú, que parece ocupar el lugar que ha dejado vacante el tabú sexual”. La muerte de los demás es a menudo fastidiosa, por lo que el luto, prácticamente, se ha suprimido, al igual que el culto a los difuntos; y los funerales se han visto reducidos a una rápida formalidad, casi clandestina, pasan los cadáveres al tanatorio para incinerarlos, acuden allí algunos familiares íntimos y un puñado de amigos, y todo se da por hecho y terminado. Sólo ese 0,2 por ciento sienten la gran preocupación de ofrecerles sufragios a las almas que sufren en el Purgatorio, donde viven sin otra defensión que no sean los sufragios de sus seres queridos y el dolor que les purifica. La propia muerte es un acontecimiento para todos sin excepción. Y lo curioso es que nadie piensa que tiene que morirse y pasar por un juicio en el que nos lo jugamos todo, como si así se pudiera exorcizarse; por lo cual nos encontramos con ella sin estar preparados, y la vivimos con terror. Y, sin embargo, nada hay más cierto en esta vida como que vamos a morir. Aunque nadie quiera verla -da la sensación de que
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preferimos ser sorprendidos por la muerte-, mirarla serenamente frente a frente abre nuevos horizontes. Pablo VI no se cansaba de repetir: “Aprendí a vivir pensando en la muerte”, y el propio cardenal Ratzinger afirma: “La muerte es el verdadero problema de la vida”. Para los cristianos que experimentamos que Dios nos quiere, y no sólo cuando vivimos en la tierra, sino también cuando la dejamos, podemos “vivir la muerte” como lo que es en realidad: el nacimiento de una nueva vida. Para los verdaderos cristianos, morir es llegar a la meta, porque morir con Cristo es resucitar con Él. Es llegar a la plenitud y a la mayor felicidad. Es volver como un niño a la casa del Padre, a un lugar donde todo está en paz y empieza una nueva vida, pero para siempre, eterna. Como bien decía el poeta José Luis Martín Descalzo, en su Testamento del Pájaro solitario: “Morir sólo es morir. Morir se acaba. Morir es una hoguera fugitiva. Es cruzar una puerta a la deriva y encontrar lo que tanto se buscaba”.
Publicado en La Voz de Avilés 14-julio-2001

75 FELICIDAD Y ABORTO
on el relato de la Ascensión nos dice San Lucas de forma gráfica que Jesús ha llegado a lo más alto, a esa plenitud que nadie puede no desear: ha llegado hasta Dios. Si Él es la punta de
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lanza, las primicias, el primer nacido de entre los muertos, esto significa que nosotros también llegaremos a esa meta. Con la victoria de Jesús todos salimos ganando y nadie pierde. En las victorias humanas no es así. Ya se trate de unas oposiciones o de una competición deportiva, algunos participantes pierden. Jesús sube a favor nuestro, no a nuestra costa. En estos tiempos no es raro el trepar inmisericorde y ciego de los que con tal de ocupar un puesto importante son capaces de traicionar a sus amigos y dinamitar al mundo. Deseo que todos suban, pero sin ofender a Dios. En la mitología griega se cuenta que un tal Sísifo, rey de Corinto, fue condenado por el dios Zeus a no ser feliz hasta que fijase una gran piedra en lo alto de una colina. La piedra era perfectamente redonda y la cumbre fina como la punta de una aguja. Con gran esfuerzo Sísifo empujó la piedra hasta arriba, la colocó en la cima y... cuando soltó las manos la piedra rodó pendiente abajo. Miles de veces repitió la prueba con el mismo resultado. Todavía está intentándolo. No se ría ni le diga que desista. Le contestará que no puede dejar de querer ser feliz. Y, por si no se ha dado cuenta, le diré que Sísifo es usted (y yo, naturalmente). Hasta ahora no hemos conseguido ser plenamente felices, pero ¿existe la felicidad?. No se enrede con las palabras. Dios es la Felicidad. Como un potente imán nos atrae hacia Él. Por eso la Felicidad la escribo con mayúscula y con la “F” de Fe. Creo que la felicidad existe para los verdaderos santos, y para nadie más. Actualmente no sé si por inconsciencia o por maledicencia, se busca la felicidad -incluso- en dispa163

rar tiros en la nuca a los hombres de bien, y en extirpar los niños incipientes que exultan en el seno materno. Por eso nos dice Juan Pablo II: “El aborto y la eutanasia son crímenes que ninguna ley humana puede pretender legitimar. Leyes de este tipo no sólo no crean ninguna obligación de conciencia, sino que, por el contrario imponen una grave y precisa obligación de oponerse a ellas mediante la objeción de conciencia”. El Papa recuerda que desde los orígenes de la Iglesia, la predicación apostólica inculcó en los cristianos el deber de obedecer a las autoridades públicas legítimamente constituidas. Pero al mismo tiempo enseñó firmemente que “hay que obedecer a Dios antes que a los hombres” (Hechos 5, 29). Esto tiene ahora especial explicación en el caso de las normas legales sobre el aborto voluntario y sobre la eutanasia, sabiendo que aquellos que obedecen a las leyes de los legisladores se enfrentan con el mismo Dios, ponen en juego su eterna salvación y contraponen la felicidad que buscan a la desdicha que les espera.
Publicado en La Voz de Avilés 15-julio-2001

76 EL ESPÍRITU SANTO
abido es de todos que el Espíritu Santo es la tercera persona de la Santísima Trinidad, igual en naturaleza al Padre y al Hijo, con los cuales forma una unidad indivisible. Y aunque la revelación
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acerca de la existencia del Espíritu Santo se puede rastrear en el Antiguo Testamento, sólo ha sido comprendida en su plenitud a partir de Pentecostés. Su acción se pone de manifiesto muy especialmente en la Virgen María, pues en Ella tuvo lugar la Encarnación por obra del Espíritu Santo. Muchos católicos practicantes ignoran que su devoción está implícita en la luz que reciben del Espíritu Santo, sin la acción del Espíritu nadie conseguirá aceptar un sinnúmero de misterios que nos presenta la Religión. La fe en el Espíritu Santo está ligada a la aceptación de su misión. Y la más importante misión del Espíritu Santo es la de transmitirse a sí mismo y, como Él es Dios, el primero de sus dones es el del amor. Por eso debemos pedirle al Espíritu que nos enseñe a amar, porque en el amor están la santidad y el perdón. Tradicionalmente se ha dicho que, además, los dones del Espíritu Santo son siete: sabiduría, entendimiento, fortaleza, ciencia, consejo, piedad, temor de Dios. La teología católica, al referirse al Espíritu Santo, destaca siempre los llamados dones que Él aporta y regala a los fieles. Pero estos dones y regalos exigen unas condiciones especiales para recibirlos. En primer lugar hay que hacer un examen de conciencia y raer el pecado a través de la confesión. Donde existe pecado grave no puede entrar el don de entendimiento; he ahí dónde el hombre pasa al grupo de los amorfos, es decir, deja de ser el que es, se despersonaliza. El primero de los dones predichos es el mismo Espíritu Santo. Dado que Él es Dios y que Dios es amor. Por eso, recibir el Espíritu Santo es recibir el
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amor, es dejar que el amor entre en ti, haga morada en ti y te vivifique y transforme. El Catecismo lo entiende así cuando afirma: “El Amor -refiriéndose a Dios, por lo cual lo escribe con mayúsculas- que es el primer don, contiene todos los demás. Y este amor ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos ha sido dado (Rm 5, 5) (nº 733). En Teología se le llama también “Espíritu Santificador”, en el sentido de que Él no es sólo santo, sino que su santidad es capaz de comunicarse, de transmitirse, de contagiarse. Si nosotros anheláramos tanto la santidad como la salud, como el dinero, o como el afecto de las personas, o como los honores, o como el éxito profesional, entonces veríamos agolparse las gentes en las iglesias para pedirle al Espíritu Santo el don del amor, es decir, la santidad. ¿Qué has venido a pedir, hijo?, oiríamos decir al Señor en lo íntimo de nuestra conciencia. Y nosotros le responderíamos: “Quiero ser santo. Por encima de todo, Señor, purifícame de mis miserias, que tu gracia me sostenga y acompañe. Lléname de amor y de la capacidad de amar. Hazme santo porque Tú, Señor, eres santo”.
Publicado en La Voz de Avilés 18-julio-2001

77 EL VERDADERO AMOR

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n famoso maestro se encontró con un grupo de jóvenes que estaban en contra del matrimonio. Los muchachos argumentaban que el

romanticismo constituye el verdadero sustento de las parejas y que es preferible acabar con la relación cuando ésta se apaga en lugar de entrar en la hueca monotonía del matrimonio. El maestro les dijo que respetaba su opinión, pero les relató lo siguiente: Mis padres vivieron 55 años casados. Una mañana cuando mi madre bajaba las escaleras para preparar a mi padre el desayuno sufrió un infarto. Cayó. Mi padre la alcanzó, la levantó como pudo y casi a rastras la subió a la camioneta. A toda velocidad la condujo hasta el hospital. Cuando llegó, por desgracia, ya había fallecido. Durante el sepelio, mi padre no habló, su mirada estaba perdida. Casi no lloró. Esa noche sus hijos nos reunimos con él. En un ambiente de dolor y nostalgia recordamos hermosas anécdotas. Él pidió a mi hermano teólogo que le dijera dónde estaría mamá en ese momento. Mi hermano comenzó a hablar de la vida después de la muerte, conjeturó cómo y dónde estaría ella. Mi padre escuchaba con gran atención. De pronto pidió: “Llevadme al cementerio”. “¡Papá -respondimos- son las once de la noche! ¡No podemos ir al cementerio ahora! Alzó la voz y con una mirada vidriosa dijo: “No discutan con el hombre que acaba de perder a la que fue su esposa durante 55 años”. Se produjo un momento de respetuoso silencio. No discutimos más. Fuimos al cementerio, pedimos permiso al velador, con una linterna llegamos a la lápida. Mi padre la acarició, oró y nos dijo a sus hijos que veíamos la escena conmovidos:

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“Fueron 55 buenos años... ¿sabéis? Nadie puede hablar del amor verdadero si no tiene idea de lo que es compartir la vida con una mujer así”. Hizo una pausa y se limpió las lágrimas. “Ella y yo estuvimos juntos en aquella crisis. Cambié de empleo -continuó-. Hicimos el equipaje cuando vendimos la casa y nos mudamos a la ciudad. Compartimos la alegría de ver a nuestros hijos terminar sus carreras, lloramos uno al lado del otro la partida de seres queridos, rezamos juntos en la sala de espera de los hospitales, nos apoyamos en el dolor, nos abrazamos en cada Navidad, y perdonamos nuestros errores... Hijos, ahora se ha ido y yo estoy contento, ¿sabéis por qué?, porque se fue antes que yo, no tuvo que vivir la agonía y el dolor de enterrarme, de quedarse sola después de mi partida. Seré yo quien pase por eso, y le doy gracias a Dios. La amo tanto que no me hubiera gustado que sufriera...”. Cuando mi padre terminó de hablar, mis hermanos y yo teníamos los rostros empañados en lágrimas. Le abrazamos y él nos consoló. “Todo está bien, hijos, podemos irnos a casa; ha sido un buen día”. En esa noche entendí lo que es el verdadero amor. Dista mucho del romanticismo, no tiene casi nada que ver con el erotismo, más bien se vincula al trabajo y el cuidado que se profesan dos personas realmente comprometidas. Cuando el maestro terminó de hablar, los jóvenes universitarios no pudieron rebatirle. Este tipo de amor era algo que no conocían. Esta historia rocambolesca me la contó un señor de Madrid rogándome que la escribiera sin mencionar su nombre.
Publicado en La Voz de Avilés 19-julio-2001 168

78 DOS LEYENDAS
na vez un padre de una familia acaudalada llevó a su hijo único a un viaje por el campo con el firme propósito de que su hijo viera cuán pobres eran las gentes del campo. Estuvieron por espacio de un día y una noche completos en una granja con una familia campesina muy humilde. Al concluir el viaje y de regreso a casa, el padre le preguntó al hijo: - ¿Qué te ha parecido el viaje? - ¡Muy bonito, papá! - ¿Viste qué pobre puede llegar a ser la gente? - Sí. - ¿Y qué aprendiste? - Vi que nosotros tenemos un perro en casa, ellos en cambio tienen cuatro. Nosotros tenemos una piscina que va desde una tapia a la mitad del jardín, ellos tienen un arroyo que no tiene fin. Nosotros tenemos unas lámparas importadas en el patio, ellos tienen las estrellas. Nuestro patio llega hasta la tapia de la casa, el de ellos tiene todo un horizonte. Ellos tienen tiempo para hablar y convivir en familia; tú y mamá tenéis que trabajar todo el tiempo y casi nunca os veo. Al terminar el relato, el padre se quedó mudo... y su hijo agregó:

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- ¡Gracias papá por enseñarme lo ricos que podemos llegar a ser! El padre, avergonzado, le pidió perdón a su hijo. Un año después, éste ya tenía un hermanito, y antes de cumplir los veinte años ya eran diez los hermanos en la casa. En lo que no tuvo suerte fue en el número de perros. Segunda leyenda: Un niño, próximo a nacer, le dijo a Dios: - Me vas a enviar mañana a la Tierra pero ¿cómo viviré allí siendo tan pequeño y tan débil? - Entre los muchos ángeles escogí a dos que te esperan, contestó Dios. - Pero aquí en el cielo no hago más que cantar y sonreír y eso basta para mi felicidad. ¿Podré hacerlo allá? - Esos ángeles te cantarán y sonreirán todos los días y te sentirás muy feliz con sus canciones y sonrisas. - ¿Cómo entenderé cuándo me hablen si no conozco el extraño idioma de los hombres? - Esos ángeles te hablarán y te enseñarán las palabras más dulces y tiernas que escuchan los humanos. - ¿Qué haré cuando quiera hablar contigo? - Esos ángeles juntarán tus pequeñas manos y te enseñarán a orar. - He oído que en la tierra hay hombres muy malos. ¿Quién me defenderá? - Esos ángeles te defenderán, aunque les cueste la vida. - Pero estaré siempre triste porque no te veré más, Señor, sin verte me sentiré muy solo.

- Esos ángeles te hablarán de Mí y te mostrarán el camino para volver a mi presencia, le dijo Dios. En ese instante una paz inmensa reinaba en el cielo, no se oían voces terrestres y el niño decía suavemente: - Dime sus nombres, Señor. Dios le contestó: - Esos ángeles se llaman papá y mamá. Pero esto fue antes del divorcio y del aborto.
Publicado en La Voz de Avilés 23-julio-2001

79 DIEZ DÍAS EN FÁTIMA
as vacaciones constituyen más ilusión y más descanso cuanto más ha trabajado el que las disfruta. Hay un adagio inglés que traducido a nuestro idioma así dice: “El que quiera vacaciones tiene que trabajar”, y como los 27 que nos desplazamos a Fátima desde Asturias, Valencia, Madrid y Toledo, todos hemos trabajado incansablemente durante el año entero -exceptuando a los niños-, el descanso ha sido placentero y muy espiritual para 27 familiares que nos reunimos unidos por el amor filial y cristiano. Muchos pasaron dos y tres veces de rodillas los 400 metros de largo que tiene la plaza del santuario, sin faltar a misa todos los días y asistir a las procesiones con las velas encendidas siguiendo el desfile a las 10 de la noche unas cuatro mil personas que entona171

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ban canciones a la Virgen mientras ésta era llevada a hombros por peregrinos vestidos de blanco, acompañados de una multitud de sacerdotes de diversos países. Por eso se dice que Fátima es el altar del mundo. Siete millones de peregrinos recibe anualmente, y es uno de los santuarios más universales que hay en este mundo. Como lo venimos haciendo desde hace más de 20 años, al regreso de Fátima convinimos con la hermana Sor Lucía el encuentro habitual para dialogar con ella sobre temas de espiritualidad. Silenciosamente y despacito con sus 94 años, salió sonriendo para darnos la bienvenida y contarnos algunas anécdotas. Entramos en el locutorio el matrimonio de nuestra hija, el nuestro y los dos nietos que tenemos. Le pedimos permiso para que recibiera a Sara María. Una hija de mi sobrina que ha nacido con espina bífida, y después de varias operaciones continua minusválida con gran dificultad para caminar, después de cumplir los seis años. Conseguimos que la recibiera en compañía del hijo -de tres años- de Fidel García y Juana Marí. A los dos les cogió las manitas acariciándolos. Pero como la madre de Sara María -Pilar Colao- y yo, pensamos que Dios puede hacer un milagro con esa niña, mientras Sor Lucía habría una puertecita en las rejas del locutorio para obsequiarme con un libro que termina de publicar con permiso de la Santa Sede titulado Apelos da mensagen de Fátima, aproveché el momento para introducir las piernas de Sara María, y la santa Hermana Lucía, se las acarició con sus manos diciéndonos: “Esta niña sanará”.

Confieso que he vivido un momento de gran emoción sin poder contener las lágrimas, pues más de una vez -y de dos- nos ha presagiado la curación de familiares que los médicos rehusaban en sus diagnósticos, y el resultado ha sido exactamente el que Sor Lucía nos había preanunciado. Por eso creemos que Sara María, tan inteligente, y muy capaz de superar todos los complejos que intenten acometerla, terminará tan sana como nos ha dicho la que tantas veces dialogó con la Virgen y es hoy una figura universal, y quién sabe si el supuesto milagro se realice cuando Sor Lucía llegue al cielo y esto le sirva para el proceso de beatificación. De la donación que ha hecho Sor Lucía hablaremos después. Terminado el encuentro con Sor Lucía después de dos horas, nos despedimos con un ¡adiós! nostálgico y con sumo agradecimiento, mientras nos esperaban en el claustro del convento todos los familiares que nos acompañaban. Sólo Pilar Colao -la madre de Sara María- permanecía postrada de rodillas a los pies del sagrario, pidiendo para que su hija fuese recibida por Sor Lucía. Cuando le dijimos que la vidente le había acariciado las piernas prometiéndonos que sanaría, nos abrazamos llorando como niños los dos. Esto sólo lo pueden comprender los que creen firmemente que Sor Lucía es amiga de la Virgen. Recuérdese que en Pontevedra y dentro de la habitación de Sor Lucía, la Virgen se le apareció con un corazón en la mano izquierda rodeado de espinas diciéndole el daño que le hacían los pecados de los hombres ingratos, mientras el brazo derecho lo apoyaba sobre el hombro de la vidente.

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El libro que me ha obsequiado Sor Lucía con prólogo del obispo de Leiría, monseñor Serafim de Sousa Ferreira e Silva es una respuesta a las incesantes preguntas que los peregrinos y personajes de distintos países le vienen haciendo, y al no poder contestar individualmente -por el exceso de cartas que recibe todos los días- lo ha hecho con 302 páginas que componen el volumen. Ahora será traducido a múltiples idiomas, pues años ha que sus Memorias habían sido traducidas a 17 idiomas. Hablando con la vidente sobre el bien y el mal que se hace en esta vida efímera y en todo el mundo nos ha dicho que “el bien que se hace es imperecedero y favorece mucho más al que lo hace que al que ha sido beneficiado”. Después nos habló mucho de su infancia y de cómo vivían en aquella sierra de Fátima el Evangelio sin haberlo leído nunca. Cuando sus familiares y vecinos salían de sus casas para trabajar en el campo, todos tenían un agujero recóndito para guardar la llave de su casa, y todos sabían dónde la escondían cada uno, con la finalidad de servirse los unos de los otros, pudiendo entrar en cualquier momento en el hogar ajeno para coger lo que necesitaran, como era el pan, aceite, chorizos o lo que en un momento de apuro necesitaran, restituyéndolo cuando les era posible y volviendo a dejar la llave en el mismo lugar. Es decir, vivían como los primeros cristianos, todo era de todos. También nos habló de la herencia que había recibido de sus padres. A Sor Lucía le tocaron las tierras de Cova de Iría, y en vez de donarlas a la Iglesia como sería lo normal en una religiosa, pasó la escritura de las mismas a la Virgen, pues el párroco que
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regentaba la parroquia en aquella época no le ofrecía la confianza suficiente y podría venderlas para otros menesteres piadosos que no fueran los que Sor Lucía deseaba. Esto ha dado lugar a que la basílica de Fátima, la capilla y toda la plaza donde caben un millón de personas sea propiedad de la Virgen y nadie pueda disponer de nada. Siguiendo las exhortaciones de San Pío X, nuestra hija y su esposo han querido que sus hijos hicieran la Primera Comunión en la más tierna edad, Antonio María con 8 años y María de Fátima con 6, y coincidiendo con que la Unión Sacerdotal Lumen Dei enviaría al Santuario de Fátima a cuatro sacerdotes y treinta y nueve seminaristas, todos caminando con el calor sofocante de agosto y las sotanas puestas. Llegaron a Fátima extenuados, después de caminar 100 kilómetros, para celebrar misa tres días seguidos en la capilla de las apariciones, y una más en el convento de Coimbra donde vive Sor Lucía desde hace más de 50 años. Nuestro queridísimo sobrino P. Javier Mahía Colao que viene regentando el Seminario de Trujillo en Cáceres, ha sido quien nos orientó para catequizar a los niños y darles él la Primera Comunión en Fátima, consagrándolos a la Virgen. Cuando María de Fátima iba leyendo a través del micrófono el guión que les había preparado nuestro sobrino, el acto fue tan emotivo que no todos pudieron contener las lágrimas. Los dueños del hotel Santo Amaro donde nos hospedamos, don José y doña Odette, santo matrimonio, cuando vieron a los sacerdotes de Lumen Dei cenando en el garaje del hotel, de pies y sin luz,
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inmediatamente les metieron en el hotel para que cenaran en el comedor y durmieran a gusto, sin cobrarles un céntimo, no sabían como agradecerles a los dueños porque jamás se habían visto envueltos en tanta comodidad y lujo. Es verdad que nuestra amistad con don José y doña Odette viene consolidándose desde hace 30 años, cuando sólo tenían una habitación disponible, pero el progreso en Fátima con los peregrinos es tan grande que actualmente tienen 500 habitaciones, con capacidad para alojar a mil peregrinos. Donde Dios entra, Dios aumenta. Haciendo de cicerone me fui con los cuatro sacerdotes y los treinta y nueve seminaristas a ver el museo del infierno. Desde allí les acompañé hasta Valinhos, donde se encuentran una estatuas representando a un ángel con el Cáliz en una mano y la sagrada Forma en la otra, y frente a él los tres pastorcitos de rodillas y con las manos juntas esperando para recibir el Cuerpo y la Sangre de Jesús que les fue dado por el ángel. Le pedí a mi sobrino que escogiera entre todos un buen lector para leer las apariciones del ángel y de la Virgen, escritas por Sor Lucía, y todos rodeando a las cuatro estatuas talladas en granito y de tamaño natural, escuchando muy silenciosamente la lectura y casi todos sobrecogidos, les dije: si alguno tiene dudas, que preste atención a las oraciones que el ángel enseñó a los tres pastorcitos, y les reto a que las memoricen -si son capaces- como lo hicieron los tres niños de 7, 8 y 9 años. A continuación, el sacerdote dio lectura a la oración que copio literalmente: - “Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, os adoro profundamente y os ofrezco el pre176

ciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, presente en todos los sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con que el mismo es ofendido. Y por los méritos infinitos de su Sagrado Corazón y del Corazón Inmaculado de María os pido la conversión de los pobres pecadores”.
Publicado en La Voz de Avilés 14, 15 y 16-agosto-2001

80 UN BUEN SACERDOTE
s verdad que un mal sacerdote casi siempre equivale a un hombre bueno. Pero no es suficiente. El sacerdote tiene que ser un hombre de Dios, pues ha sido escogido por Él entre todos los hombres. No para ser un funcionario, ni un asistente social, sino para ser otro Cristo. Por tanto, si un sacerdote ha sido escogido por Dios de entre los hombres, se ha de distinguir de los demás. Porque es un ser con una dignidad única en el mundo, al cual se le ha dispensado el poder de personar los pecados y de consagrar el pan y el vino, que se convierten en el Cuerpo y la Sangre de Cristo. Por eso el aspecto externo tiene mucha importancia, pues es un signo que se percibe por los sentidos, es un recuerdo de Dios en medio del mundo, y esa luz espiritual no se enciende para ponerla debajo del celemín. Los fieles necesitamos que los sacerdotes sean buenos presbíteros, espirituales y fervorosos.
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Los queremos ver orando en los templos y sentados en los confesonarios, que celebren con reverencia y mucha sumisión el Santo Sacrificio de la Misa. Necesitamos que nos den espiritualidad para que los seglares llevemos los valores espirituales evangélicos- a nuestros ambientes. Queremos que nos prediquen la moral católica sin componendas ni ambigüedades. Que nos hablen de la conversión, de la oración, de la mortificación cristiana, de la gracia divina, del amor de Dios, de su justicia, de la santidad, del cielo, del purgatorio, del infierno. Que nos confirmen en la fe, que nos hablen de la eterna felicidad que nos espera si cumplimos con los preceptos de Jesús. Queremos que a nuestros niños y a nuestros jóvenes se les instruya en la doctrina católica y con firmeza en la fe, para que cuando sean adolescentes no se aparten de la Iglesia, diciendo que no creen en los curas. Que los fieles sepamos distinguir entre lo que es moral y la inmoralidad de las leyes que vienen legislando los políticos, para no incurrir por ignorancia en el mantenimiento de medios o actitudes anticristianas, pues, si nos acostumbramos a convivir pacíficamente con el mal, acabaremos influenciados por él. El abandono por parte de muchos católicos de la práctica religiosa ha llevado a gran parte de la sociedad a ignorar las leyes de Dios y a no distinguir entre el bien y el mal, lo que es lícito y lo que no lo es. Un buen sacerdote tiene que ser la voz de Dios que nos llame a la conversión. Hay que hacer que lo espiritual prevalezca sobre todo lo material. En la vida terrena todo pasa. Mueren seres queridísimos,
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surgen enfermedades irreversibles, estados de invalidez total, indigencia y todo lo que el lector pueda imaginarse y comprobarlo, pero pasa, pasa todo y llega la muerte. He ahí el verdadero problema del hombre que vive y muere en pecado mortal. Por eso Jesús no se cansa de repetir: “No tengáis miedo. No temáis a los que matan el cuerpo... temed más bien a Aquel que puede llevar alma y cuerpo al infierno” (Mt. 10, 28).
Publicado en La Voz de Avilés 17-agosto-2001

81 SANTO TOMÁS MORO
eyendo la vida de Santo Tomás Moro, hombre de una fe gigante, padre de familia, gran humanista, jurista, gran canciller y amigo de toda confianza y consejero de Enrique VIII de Inglaterra, que fue encarcelado y ajusticiado con el precio de su cabeza por negarse a prestar juramento a una ley injusta e inmoral promulgada por el Rey, porque además suponía un atentado contra la autoridad del Papa, jefe supremo de la Iglesia católica, y sobre todo por salvar su alma, encuentro una de sus cartas dirigida a su hija desde la prisión, que por su sencillez y originalidad me parece oportuno reproducir: “Aunque estoy bien convencido, mi querida Margarita, de que la maldad de mi vida pasada es tal que merecería que Dios me abandonase del todo, ni por un momento dejaré de confiar en su inmensa bondad.
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Hasta ahora, su gracia santísima me ha dado fuerzas para postergarlo todo: las riquezas, las ganancias y la misma vida, antes que prestar juramento en contra de mi conciencia; hasta ahora, ha inspirado al mismo rey la suficiente benignidad para que no pasara de privarme de la libertad (y, por cierto, que con esto sólo Su Majestad me ha hecho un favor más grande, por el provecho espiritual que de ello espero sacar para mi alma, que con todos aquellos honores y bienes de que antes me había colmado). Por esto, espero confiadamente que la misma gracia divina continuará favoreciéndome, no permitiendo que el rey vaya más allá, o bien dándome la fuerza necesaria para sufrir lo que sea con paciencia, con fortaleza y de buen grado. No quiero, mi querida Margarita, desconfiar de la bondad de Dios, por más débil y frágil que me sienta. Más aún, si a causa del terror y el espanto viera que estoy ya a punto de ceder, me acordaré de San Pedro, cuando, por su poca fe, empezaba a hundirse por un solo golpe de viento, y haré lo que él hizo, gritaré a Cristo: Señor, sálvame. Espero que entonces Él, tendiéndome la mano, me sujetará y no dejará que me hunda. Y si permitiera que mi semejanza con Pedro fuera aun más allá, de tal modo que llegara a la caída total y a jurar y perjurar, aun en este caso espero que el Señor me dirija -como a Pedro- una mirada llena de misericordia y me levante de nuevo, para que vuelva a salir en defensa de la verdad y descargue así mi conciencia, y soporte con fortaleza el castigo y la vergüenza de mi anterior negación. Me pongo totalmente en manos de Dios con absoluta esperanza y
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confianza. Ten, pues, buen ánimo, hija mía, y no te preocupes por mí, sea lo que sea que me pase en este mundo. Nada puede pasarme que Dios no quiera. Y todo lo que Él quiere, por muy malo que nos parezca, es en realidad lo mejor”. Pienso que los cristianos, los humanistas, juristas y los gobernantes del siglo XXI tendríamos que tomar buen ejemplo de este gran hombre del siglo XVI.
Publicado en La Voz de Avilés 18-agosto-2001

82 LIBRO DE LOS SALMOS
l Salterio o Libro de los Salmos es por antonomasia el que nos lleva a las mayores alabanzas de Dios, con los salmos de inspiración divina. Es Dios el autor, quien inspiró y movió la pluma del compositor material, es decir, del poeta. Merced a esa inspiración divina el Salterio se convirtió en el libro de la fe y de la vida. En él la fe encuentra luz, y la vida, perfecta orientación. El libro de los Salmos es también uno de los más bellos de toda la Biblia. Bello por su profundidad poética, y difícil como lo es toda poesía verdadera, que no permite entrar en su interior a los lectores precipitados. Se trata de una colección de 150 poemas con la más alta espiritualidad. San Basilio decía que los salmos eran “un depósito general de las más excelentes enseñanzas”. Y San Atanasio afirmaba que este libro es un “huerto donde se dan todos los frutos
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de los otros libros bíblicos y al que el canto de poesía añade algunos frutos propios”. Sí, es un huerto fecundo y florido donde se recoge la experiencia religiosa de almas hondas y santas. Huerto donde todo se centra en una fe que se convierte en oración. Huerto que tiene el misterio de seguir produciendo frutos de piedad aun hoy para quienes se acercan a estos poemas por caminos de amor y religiosidad. Leyendo los Salmos se siente la inspiración divina que nos transmite el valor formal y substancial del Salterio, porque nos muestran la palabra santa y verdadera, puesto que es dictada por el mismo Dios. Algunos Santos Padres y escritores los atribuyeron todos a David, inducidos quizá por los títulos que encabezan el libro que los contiene: “Salmos de David”. Pero la mayoría de los autores eclesiásticos sostuvo siempre que David es el autor principal -pero no el único- de los Salmos. Se sabe que el Rey David compuso la mayoría de los salmos, y en la Sagrada Escritura es alabado por su insigne pericia en esta labor. En realidad, se conoce muy poco sobre estos autores. Frecuentemente llevan la indicación “Del maestro de Canto”. Nos parece oportuno extractar algunas poesías del salmo 77 y reproducirlas: “El día de mi tribulación yo busqué al Señor, / y se alzaban a Él mis manos sin descanso por la noche. Me acuerdo de Dios y gimo; / medito, y languidece mi espíritu. Tú mantienes abiertos los párpados de mis ojos, / y me siento turbado y sin palabras. Pienso en los días antiguos, / recuerdo los años lejanos. Medito por la noche en mi corazón / reflexiono e inquiero en mi espíritu: “¿Acaso el
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Señor nos rechazará por los siglos / y no volverá a sernos de nuevo favorable?” (Sal. 77, 3-8). Estas noches oscuras del alma que venía sufriendo el salmista, son las pruebas que Dios nos envía para medir el alcance de nuestra fe. Es bueno recordar que cuando Jesucristo clavado en la cruz se siente abandonado del Padre, sólo le faltan unos minutos para sentarse glorioso a su diestra, porque la cercanía de Dios hacia el hombre es tanto mayor cuanto más dolorosa es la tribulación que padecemos.
Publicado en La Voz de Avilés 21-agosto-2001

83 LAS PROSTITUTAS
a Iglesia católica intenta predicar más con el ejemplo que con las palabras. Buena prueba de ello es la labor que está haciendo desde hace muchos años la institución eclesial Villa Teresita, un carisma fundado por la navarra Isabel Garbayo, y que está dedicado en su totalidad a la ayuda, asistencia y rehabilitación de las mujeres que se dedican a la prostitución. Con esta organización cristiana, la Iglesia católica ha conseguido rescatar a 4.500 mujeres en España de las mafias de la prostitución. Son veinte las mujeres consagradas en esta labor tan humanizante y cristiana. Ya lo dijo Jesús en el Evangelio: “Las prostitutas os precederán en el Reino de los Cielos”. Es verdad que las consagradas no se encuentran solas. Hay más de un centenar de volunta183

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rias que las ayudan, considerando que las prostitutas son muy dignas de ser ayudadas y de ofrecerles amor. Hasta ahora repetimos- son más de 4.500 las que han rescatado de las garras y del ambiente esclavizante de las mafias de la prostitución. Estas 4.500 mujeres han cambiado de vida tras su paso por la Villa Teresita. Del vértigo de una vida sin sentido, sujetas a los chulos, sufriendo violencia física y psíquica, y en ocasiones enganchadas a la droga, han pasado a reinsertarse a la vida normal, edificando de nuevo una familia y abandonando el depravado “comercio de la carne”, porque en Villa Teresita ven estas mujeres cómo son víctimas del pecado, de la injusticia social, del egoísmo y del afán del poder y del placer de los chulos. Por eso ahora las ex prostitutas se inclinan a las consagradas de Villa Teresita, descubriendo que los hombres las han dejado medio muertas; todo ello lo hacen las consagradas no por mero humanismo, sino desde la fe católica, pues se sienten intermediarias entre las prostitutas y Jesucristo. Prestemos atención a las declaraciones de un travesti: “La institución Villa Teresita es para mí, mi casa y mi familia. Cuando he necesitado que alguien me escuche o me preste atención, siempre me han recibido con una sonrisa y mucho amor -señala Mari Carmen, un ex travesti ya rehabilitado-. He podido comprobar la labor y el trabajo que estas personas desarrollan, pues no tiene límite el valor que demuestran. Es muy ingrato vivir en un barrio chino; ellas han elegido esta zona para ayudar a toda la marginación que aquí habita, desde personas mayores, que no tienen a nadie, a madres solteras, drogadictos, prosti184

tutas... Esta institución debe ser un ejemplo social, pues nos demuestra que con amor al prójimo y con fe en el Señor Jesús se puede cambiar el mundo. Conmigo lo han logrado”. Como hemos visto, Villa Teresita es un hogar abierto a todas las prostitutas que quieren cambiar de vida. Estos trabajos tan meritorios y humanizantes, tienen sus profundas raíces en el Evangelio de Jesús, es decir, en la doctrina que no se admite estudiar en los colegios, ¿se puede cometer mayor dislate?
Publicado en La Voz de Avilés 22-agosto-2001

84 PECADO Y SIDA
s triste saber que todos somos pecadores, y ver cómo los pecados llevan consigo -cuando menos y leves- las penitencias que voluntariamente hacen los creyentes para desagraviar y satisfacer al Ofendido antes que pudieran sernos enviadas en grado sumo por el mismo Dios como fraterna corrección. Nadie puede ignorar que la terrible enfermedad del SIDA se acrecienta tanto más cuanto más frecuentes son los pecados de la carne, los que las autoridades quieren evitar sus efectos con los preservativos. En uno de esos países africanos que son un espejo vivo de lo que el SIDA está haciendo en el continente negro: Malawi, la promiscuidad típica de aquella zona, donde no se encuentra una mujer que diga
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“no”, ha hecho que la enfermedad maldita corriera como un reguero de pólvora que puede hacer estallar al país. Por eso el presidente de Kenia ha pedido a la población que se abstenga lo más posible de tener relaciones sexuales al menos durante dos años. Considera -con razón irrefutable- que la continencia es la mejor manera de frenar la brutal expansión del SIDA. Además, ha advertido que el país no tiene dinero para importar todos los preservativos que hacen falta para contener la difusión del virus mortal. De hecho, en un esfuerzo económico enorme, va a comprar para este año 300 millones de preservativos, que no serán suficientes. Con meridiana claridad estamos viendo que la solución es la que dice la Iglesia y por la cual la critican tanto: “Continencia prematrimonial y fidelidad matrimonial”. Pero eso no hace ricas a las multinacionales que negocian con el dolor ajeno. Afortunadamente lo ha dicho el presidente keniata. ¿Tardarán mucho en derrocarle? Observemos con imparcialidad las tristes consecuencias que lleva consigo el vulnerar el sexto mandamiento de la Ley de Dios. No podemos ignorar que también son víctimas del SIDA muchos millones de seres humanos e inocentes que lo han adquirido por transfusiones de sangre y por los pecados de sus progenitores. Pero el nacimiento del virus mortal es hijo del pecado, como la mayoría de todos los males. Para tener una idea clara de la gravedad del pecado es necesario meditarlo en el Génesis. El hombre había sido creado para ser sumamente feliz en el Paraíso donde Dios colocó a Adán y Eva. Nada les faltaba y la muerte y las enfermedades no existían,
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tampoco el trabajo, pero esta pareja cayó en la primera tentación que les tendió el demonio, desobedecieron a Dios para ser tan admirables como Él lo es. Y como nosotros heredamos las propiedades que nuestros padres nos dejan después de sus muertes, así también heredamos el pecado de nuestros primeros padres que nos inclina al mal, pero sí recibimos la gracia suficiente para evitarlo y el perdón que Cristo nos promete a los arrepentidos. Es claro que muchos no lo creen y siguen pecando, ¿y después?
Publicado en La Voz de Avilés 23-agosto-2001 y en La Nueva España 26-agosto-2001

85 CARTA A UN INSULTANTE
espués de unos días en Fátima respirando un ambiente espiritual que nos llena de consuelo, de amor y de paz, me hacen ver los amigos que doña Julia García, don Francisco Sánchez de Muniaín y Gil y el que esto suscribe, hemos llegado más allá del ridículo, mostrándome una carta que ha sido publicada en este periódico el pasado día 10. Lo curioso es que el “insultante” viene coleccionando nuestros escritos desde hace años. Esto parece que el ridículo se puede transferir al que asiduamente nos lee y conserva nuestros escritos. Aunque no me honro en pertenecer a Acción Familiar, conozco y admiro al señor Muniaín. Un
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caballero siempre disponible para servir al prójimo de forma ejemplarizante, y gran defensor de las familias. Me consta que sus escritos son leídos por la mayoría de los gijoneses con verdadera fruición, porque la familia que rehúsa formar nuestro replicón absteniéndose de tener hijos, es la base fundamental de una sociedad; estimulándonos al trabajo, al amor y a la paz. Un servidor es el cuarto hijo de trece hermanos, todos nacidos en el seno de una familia pobre y cristiana, y sin haber recibido la menor herencia, los trece tenemos nuestras propiedades y nuestro cochecito, nada nos falta. Amamos la vida apasionadamente, y podemos disfrutarla porque nuestros padres creían en Dios y condenarían los anticonceptivos que conducen a deteriorar la buena salud de las señoras e incentivan la prostitución. Es verdad que la legislación vigente -inmoral en algunos puntos- le concede a nuestro replicante todo el derecho de pronunciarse a favor del divorcio que tantos niños ha dejado traumatizados para toda la vida, de manifestarse a favor de la práctica homosexual, de hacer apología del aborto libre y costeado por la Seguridad Social que pagamos los católicos y los que no lo son, y de apoyar todos los desmadres que nos pueden llevar al más atroz dislate de la humanidad, ¿y después?... Todo lo sobredicho procede de una libertad mal entendida y mal interpretada. Por eso Concepción Arenal nos ha dejado escrito: “Cuando se ha cumplido con el deber de respetar la libertad todo lo POSIBLE, hay el DERECHO de privar de ella todo

lo NECESARIO”. Disfrutemos de la libertad y condenemos el libertinaje. Reciba un cordial saludo -el protagonista de esta carta- del más humilde servidor.
Publicado en El Comercio y en El Comercio Digital 23-agosto-2001

86 ABORTO Y CÁNCER
l maleficio que causa la Ciencia en algunos descubrimientos se irá convirtiendo poco a poco en el bien de la Humanidad, porque todos los errores terminan pagando su tributo. Alguien ha dicho que los fracasos son triunfos retardados. Por eso se dice que la experiencia es la madre de la ciencia. Ahora se ha comprobado que el aborto provocado causa cáncer de seno. Tres mujeres de California están demandando al principal proveedor de abortos en Estados Unidos porque viene ocultando las evidencias de una relación entre el aborto y la mayor incidencia de cáncer de mama. La intención de las demandantes, identificadas como Agnes Bernardo, Palmela Colip, y Sandra Duffy, es lograr que los doctores bien informados revelen evidencias científicas de una relación sustancial entre los abortos provocados y el mayor riesgo de cáncer de seno. Según el Centro Legal Thomas Moro, las mujeres presentaron la demanda en la filial de la Corte Superior Estatal en San Diego, y la denuncia apunta espe189

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cialmente contra Planed Parenthood por ocultar la relación entre aborto y cáncer de mama. Patrik Gillen, abogado responsable del caso, explicó que la denuncia alega que tanto los doctores que ocultan el riesgo predicho como sus afiliados de San Diego confunden a las mujeres sobre el peligro del aborto porque ocultan la evidencia que confirma que el aborto inducido causa cáncer de seno. Parece que las demandantes no buscan el pago de indemnizaciones económicas, sino que pretenden que la corte obligue a la Planed Parenthood a informar a las mujeres que el aborto implica un riesgo significativo para las mujeres al hacerles vulnerables ante esta enfermedad que se ha convertido en la principal causa de muerte entre las mujeres adultas del país. La demanda cuenta con el respaldo de investigadores como Joel Brind, un endocrinólogo del Baruch de la City University de Nueva Cork, que ha investigado la relación aborto-cáncer de seno y ha sostenido que ésta existe y fue observada desde 1957 por un estudio realizado en Japón. Según Brind, hay evidencias de esta relación en todo el mundo. “De 37 estudios independientes publicados, 28 muestran una relación evidente”, sostuvo Brind. “De éstos, 17 ofrecen asociaciones confiables que nos llevan a considerar que el 95 por ciento de la certeza de esta relación no se debe a la casualidad. Se trata de evidencia científica que simplemente no puede ignorarse”. Esperemos que las señoras y señoritas dejen de victimar a sus hijos para no ser ellas víctimas del cáncer. Como no hay mal que por bien no venga, quién sabe si el SIDA les lleve a la abstinencia y la huída
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del cáncer les lleve a parir un poco más para el relevo generacional que tanta falta nos hace.
Publicado en La Voz de Avilés 24-agosto-2001 y en La Nueva España 1-septiembre-2001

87 LA FRASE DEL SR. ZAPATERO
a frase pronunciada por el líder del Partido Socialista, en el curso de un debate parlamentario, en que se afirma que vivimos en una sociedad laica creo que refleja más la voluntariedad del opinante hacia el laicismo, que la independencia del hombre o de la sociedad desvinculados de Dios, y más particularmente del Estado y de toda influencia eclesiástica o religiosa, que es lo que realmente acontece en nuestra nación. Porque, ¿cómo puede hablarse de que España es laica, cuando en las Comunidades gobernadas por el PSOE se producen acontecimientos de tan marcada simbología religiosa como las celebraciones andaluzas de Semana Santa, y más concretamente en Sevilla, con Presidente y Alcalde socialistas, o la peregrinación a la Virgen del Rocío? Y los ejemplos en tal sentido surgen torrencialmente: el Presidente de Castilla-La Mancha, socialista, bautiza a su hija adoptiva en la catedral de Toledo, oficiando nada menos que el Nuncio Apostólico. Y el Real Zaragoza ofrece a la Virgen del Pilar la Copa del Rey cuando también es socialista el Presi191

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dente de la Comunidad aragonesa, y con ocasión de la Ofrenda del Antiguo Reino de Galicia al Santísimo Sacramento, permanentemente expuesto en la catedral de Lugo, resulta que el oferente, que este año fue el Alcalde de Santiago de Compostela, también es del PSOE. Al señor Rodríguez Zapatero, vinculador del Quijote, habría que proponerle la lectura de su última página de la segunda parte, editado por cierto en 1615, en la que se refiere a lo trascendente de la vida haciendo un proselitismo -indirecto- religioso al hablar de algunos personajes que aparecen en el Quijote de la Mancha: “Yace aquí el Hidalgo fuerte / que a tanto extremo llegó / de valiente, que se advierte / que la muerte no triunfó / de la vida con su muerte”. Y continua diciendo: “Con esto cumplirás con tu cristiana profesión, aconsejando bien a quien mal te quiere. Si con todo eso mi sobrina quisiera casarse con él, y se casare, pierda todo lo que le he mandado, lo cual pueden mis albaceas distribuir en obras pías”. Lo que sucede en el mundo socialista -y en la mayoría de los que no lo somos- es una inconsecuencia torrencial, ignorando -o queriendo ignorar- el Evangelio, un Evangelio donde nada se omite en ética, moral, caridad, amor al prójimo y todos los bienes que el hombre recibe de Dios cuando le presta su fidelidad sin ambigüedades y cumple con los preceptos del que todo lo sabe, todo lo puede y todo lo perdona a quienes se arrepienten de sus fechorías pecaminosas y viven en gracia de Dios. Este cúmulo de incoherencias que reina en el mundo, es la causa fundamental de las noticias
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espantosas que diariamente aparecen en la TV y en todos los medios de difusión. Y mientras no se respeten las leyes que Dios ha establecido para el hombre, cada día que pase estaremos peor.
Publicado en La Voz de Avilés 26-agosto-2001

88 LA CONCIENCIA
inguna persona normal puede decir que no sabe distinguir entre lo bueno y lo malo. Si esta posibilidad existiera se podría llegar al cielo robando y matando. Dios no puede pedirle al hombre lo que no le ha dado. Hagamos una encuesta a cien personas de las más vulgares, compeliéndolas a responder con sinceridad al cuestionario que sigue, y veremos que todas saben responder con acierto en lo que al bien y al mal se refiere: Vamos con las preguntas: ¿Es mejor salir del trabajo y dirigirse al hogar para confortar a la familia o quedarse en el bar gastando el dinero? ¿Es mejor ocultar el dinero que se ganó o compartirlo sinceramente con el esposo/a y los hijos? ¿Es mejor aguantar algunas impertinencias del esposo/a y los hijos o dejarlos en abandono por otro hombre o mujer? ¿Es mejor entrar en la Iglesia para hacer un rato de oración o dedicarlo a jugar al bingo? ¿Es mejor la fidelidad conyugal o el adultero? ¿Es mejor educar a los hijos en la religión católica o en el materialismo dialéctico? ¿Es mejor gastarse el dinero
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en tabaco, vino y demás bebidas alcohólicas o en dar limosnas a los pobres? ¿Es mejor ponderar las virtudes de las personas o conversar en perjuicio del ausente? ¿Es mejor pagar puntualmente todo lo debido o dejar deudas por todas partes? Si encuentras una cartera con dinero, ¿es mejor entregarla a su dueño o quedarte con ella? ¿Es mejor trabajar con ahínco y fidelidad en la empresa donde ganas el pan o hacer que haces sin hacer nada? Si necesitas hablar por teléfono en la empresa donde trabajas, ¿es mejor hacerlo con permiso del dueño o usurpar la llamada clandestinamente? ¿Es mejor visitar a un enfermo para consolarle si tienes tiempo libre o exhibir tu cuerpo con bikini en la playa? ¿Es mejor ser amable, sincero y dilecto con tus íntimos familiares y con los amigos o tratarlos a todos déspotamente? ¿Es mejor divorciarse y dividir a los hijos o soportar algunas desavenencias con tu esposo/a? ¿Es mejor darle muerte al hijo que vas a tener minusválido o dejarle que nazca y cuidarle con el amor de madre que le debes y sacarlo adelante? Así podríamos hacer miles de preguntas sin que nos faltara una respuesta positiva, porque en lo más profundo de nuestras conciencias descubren el hombre y la mujer la existencia de una ley que ellos no se dictan a sí mismos, pero a la cual deben obedecer, y cuya voz resuena, cuando es necesario, en los oídos de su corazón, advirtiéndoles que deben amar y practicar el bien y que deben evitar el mal: haz esto y evita aquello. Porque la persona humana tiene una ley escrita por Dios en su corazón, en cuya obediencia consiste la dignidad y por la cual será juzgada personalmente.
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La conciencia es el núcleo más secreto y el sagrario del hombre, en el que éste se siente a solas con Dios, cuya voz resuena en el recinto más íntimo de aquella. Es la conciencia la que de modo admirable da a conocer esta ley, cuyo cumplimiento consiste en el amor de Dios y del prójimo. La fidelidad a esta conciencia une a los cristianos con los demás hombres para buscar la verdad y resolver con acierto los numerosos problemas morales que se presentan al individuo y a la sociedad. Y cuanto mayor es el predominio de la recta conciencia, tanta mayor seguridad tiene las personas y las sociedades para apartarse del ciego capricho y para someterse a las normas objetivas de la moralidad. Si consideramos lo expuesto, nadie puede decir que no sabe.
Publicado en La Voz de Avilés 28-agosto-2001

89 CUENTO LO QUE ME HAN DICHO

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odos conocemos la cantinela del interventor que recorre los departamentos del tren: - Buenos días, billetes, por favor. En el pasillo, un hombre solitario, plantado en el cristal de la ventana, atisba el horizonte de donde emergen las piedras de Pancorbo, en Burgos. - Buenos días, ¿me hace el favor del billete? - No tengo billete. El pobre hombre espera entonces que el representante de la autoridad le mande bajar en la próxima
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estación, le chille, o le amenace con la policía... Pero no es así. El interventor le ofrece un amistoso diálogo: - ¿Por qué no tiene usted billete? - Porque acabo de salir de la cárcel. - Vaya por Dios, hombre... ¿y adónde quiere ir? - A Valladolid. - Pues no se preocupe usted. En Burgos bajaremos, le compro el billete en taquilla y así puede continuar el viaje con tranquilidad. Seguramente estará usted sin comer... -precisa el interventor- (eran casi las 4 de la tarde). - Sí, estoy sin comer. - Pues espere un poco. Al pasar he visto a una familia que empezaba a comer. Me ha parecido gente bondadosa, voy a pedirles algo para usted... Se asoma al departamento: - ¡Que aproveche! Aquí viene un viejo que acaba de salir de la cárcel y está sin comer, ¿pueden darme alguna cosilla para que se la lleve? - Nada de darle -responde bondadosa la señora-, que venga aquí y que coma lo que quiera. El hombre pasó y comió. Ninguno le preguntó por qué había estado en la cárcel. Quizá, con todo eso, este hombre, víctima, probablemente, de las injusticias de la vida que le habían torcido y amargado, comenzó a pensar que no todos los hombres son malos. ¡Burgos! El interventor ya está en la puerta del apartamento buscando al extraño viajero para comprarle el billete. Y no sólo eso. Saca unas monedas y se las da. La emoción del excarcelado llega a las

lágrimas. Con sus dos manos estrecha la que le tendía el interventor y apenas logra decir “gracias”. Asido a la barra de la portezuela, porque el tren arrancará pronto, le dice en un desahogo: - ¡Ahora ya no me mato! - ¿Qué dice? - Lo que oye. Yo me sentía expulsado de los hombres, sin amigos. Estaba decidido a tirarme del tren en marcha a un precipicio, pero usted ha sido muy bueno conmigo. ¿Es usted católico? - Comulgo todos los días y no podría hacerlo sin practicar la caridad. - Ahora comprendo que Dios -sirviéndose de usted- me ha salvado la vida. Esto no lo olvidaré nunca. El excarcelado, con los ojos mojados en lágrimas, se quedó en la estación de Valladolid extendiendo su mano y saludando al interventor hasta perderlo de vista.
Publicado en La Voz de Avilés 30-agosto-2001

90 EL SECRETO DE CONFESIÓN Y JUAN NEPOMUCENO
ólo el Santo Padre puede perdonar al sacerdote que haya revelado el secreto de confesión. Tal vez por eso Dios les concede una gracia especial a los presbíteros para guardar el secreto de confesión. Y es de notar que el velo sagrado del sigilo
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sacramental jamás se ha descorrido. Ya lo afirmaba así San Juan Clímaco en el siglo IV. San Juan Nepomuceno nació en Nepomuk (Bohemia) en 1345. Desde niño fue objeto de las divinas predilecciones: Hijo de padres santos, dotado de una inteligencia superior, vocación sacerdotal, dones de profecía y milagros. Fue predicador y canónigo, y la emperatriz de Bohemia, Juana de Holanda, lo escogió como confesor. Pero su esposo Wenceslao, rey de Bohemia, era un verdadero monstruo. Cuando le acusaron de ser otro Nerón, decía que si no lo había sido, lo sería en adelante. Le presentaron un ave mal asada, y sin dar más explicaciones mandó asar al pobre cocinero. Se complacía en afirmar que los verdugos eran sus mejores camaradas. Vivían en el palacio dos personas: su esposa, la emperatriz, y Juan Nepomuceno, su confesor y director espiritual. Algún envidioso susurró al oído del rey una infame sospecha sobre la infidelidad de la emperatriz. Y Wenceslao quedó presa de terribles celos que ni la dulce presencia de su esposa ni la santidad del confesor podían disipar. Un día vio el rey que la emperatriz se confesaba con el padre Juan, y que luego iba a comulgar. Entonces Wenceslao concibió el diabólico plan de asegurarse de la fidelidad de su esposa. Mandó llamar al confesor. - Padre Juan, vos conocéis la duda terrible que me atormenta, vos podéis disiparla. La emperatriz se confiesa con vos. Me bastaría una palabra...

- Majestad -contestó el confesor-, ¿cómo es posible que me propongáis tal infamia? Sabéis que nada puedo revelar. El secreto de confesión es inviolable. Juan sabe que le va en ello la vida, pues nadie ha contradicho nunca al tirano. Entonces el rey mandó que al padre Juan lo ataran doblado, con la cabeza pegada sobre lo pies, y que lo lanzaran al río Moldava. Fue en el año 1393. Los vecinos recogieron el cadáver y le dieron cristiana sepultura. Trescientos años después de su muerte, una comisión de sacerdotes, médicos y especialistas examinó la lengua del mártir que estaba incorrupta, pero seca y gris. Y de pronto, en presencia de todos empezó a esponjarse y apareció de color de carne fresca, como si se tratara de una lengua de persona viva. Todos se pusieron de rodillas, y este milagro, presenciado por tantas personas y tan importantes, fue el cuarto milagro para declararlo santo. Después de su muerte siempre San Juan Nepomuceno fue considerado patrono de los confesores, porque prefirió morir antes que revelar los secretos de la confesión. También ha sido considerado patrono de la buena fama, porque prefirió el martirio, pero no permitió que la buena fama de una penitente fuera destrozada. En Praga, en el puente desde el cual fue echado al río, se conserva una imagen de este gran santo, y muchas personas al pasar por allí le rezan devotamente.
Publicado en La Voz de Avilés 31-agosto-2001

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VA DE CUENTO
ucedió que en un seno fueron concebidos dos mellizos. Pasaron las semanas y los mellizos crecieron. A medida que fueron tomando conciencia, su alegría rebosaba. Los mellizos empezaron a descubrir su mundo. Cuando encontraron el cordón que les unía a su madre y a través del cual les llegaba el alimento, exclamaron llenos de gozo: “¡Tanto nos ama nuestra madre que comparte su vida con nosotros!”. Pasaron las semanas, luego los meses. De repente se dieron cuenta de cuánto habían cambiado. — ¿Qué significa esto? —preguntó uno. — Esto significa —respondió el otro— que pronto no cabremos aquí dentro. No podremos quedarnos aquí: naceremos. — En ningún caso quiero verme fuera de aquí — objetó el primero—; yo quiero quedarme siempre aquí. — Reflexiona. No tenemos otra salida —dijo su hermano—. Acaso haya otra vida después del nacimiento. — ¿Cómo puede ser esto? —repuso el primero con energía—. Sin el cordón de la vida no es posible vivir. Además, otros antes de nosotros han abandonado el seno materno y ninguno de ellos ha vuelto a decir que hay una vida tras el nacimiento. No, con el nacimiento se acaba todo. Es el final. El otro guardó las palabras de su hermano en su corazón y quedó hondamente preocupado. Dijo:

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— Si la concepción acaba con el nacimiento, ¿qué sentido tiene la vida aquí? No tiene ningún sentido. A lo mejor resulta que ni existe una madre como siempre hemos creído. — Sí que debe existir —protestaba el primero—. De lo contrario ya no nos queda nada. — ¿Has visto alguna vez a nuestra madre? —preguntó el otro—. A lo mejor sólo nos ha hemos imaginado. Nos la hemos forjado para podernos explicar mejor nuestra vida aquí. De repente sintieron cómo el bisturí del doctor seccionaba el vientre de su madre. — Ahora tenemos que salir —repuso el primero— . Nuestra madre está espalditendida en el quirófano sin moverse. Si no nos defiende moriremos los dos. — No nos quiere —replicó el otro—. Si nos quisiera no hubiese llegado hasta aquí. Ves, ves cómo hay otra vida para los que tienen madres amorosas. — No te precipites. Nuestra abuela ha sido amorosa con nuestra madre, y nuestra madre lo será con nosotros. Viviremos los dos con el amparo y la defensa de nuestra madre. De pronto, dos inyecciones letales silenciaron el diálogo de los mellizos para siempre. Los dos mellizos se fueron para el limbo sin ver a Dios jamás. La legislación vigente se había cumplido. La madre, el doctor y los legisladores se quedaron tan frescos, ¿y después?...
Publicado en La Voz de Avilés 3-septiembre-2001

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¿POR QUÉ LO BEATIFICARON?
l beato José María Rubio Peralta, S. I., vino al mundo en la villa andaluza de Dalias, Almería, el 22 de julio de 1864 (†1929). Fue el mayor de doce hermanos. Sus padres, agricultores, son muy buenos cristianos y, cada noche, rezan los quince misterios del rosario en familia. “Los cristianos dice Juan Pablo II- aprenden a rezar esa oración en familia desde su más tierna infancia, recibiéndo-la como un precioso don que hay que conservar durante toda la vida. Esa misma plegaria, repetida una y otra vez en el rosario, ayuda a que muchos fieles puedan entrar en la contemplación orante de los misterios evangélicos y a permanecer en ocasiones largos momentos en contacto íntimo con la Madre de Jesús. En los misterios del rosario pedimos a María que nos acompañe y nos proteja por el camino de la existencia cotidiana” (15-11-1995). El beato José María frecuentaba la iglesia desde muy pequeño y, cuando la encontraba cerrada, pedía las llaves al sacristán para rezar ante el Santísimo Sacramento. Lo que revelaba en él un espíritu sobrenatural. Después de sus estudios de filosofía y teología en el seminario de Granada, José María es ordenado sacerdote en 1887. En su apostolado sacerdotal, cuida de los enfermos y de los pobres, a los que siempre instruye en las verdades de la fe. “Da gusto oírle”, declaran algunos testigos. En cierta ocasión, una mujer mayor le dice: “Venga esta tarde a confesar a un moribundo”, y le da la dirección. Cuando el padre Rubio llama a la
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puerta, le abre un joven que estaba tocando el piano. El religioso pronuncia el nombre del “enfermo”, y el hombre dice: -Soy yo. -Perdone, me habían dicho que había un moribundo. El hombre se echa a reír, invitando luego al visitante, que ha subido tres pisos, a descansar un poco. Así que el padre entra, al mirar una fotografía, reconoce a la mujer mayor que, esa mañana, le había dicho que se dirigiera allí: -Es mi madre; hace mucho que falleció. -Sí, pero esa es la mujer que me ha dado su nombre y dirección, y que me ha dicho que fuera a confesar a un moribundo. Espere un poco, dice el hombre, y confiéseme. Al día siguiente por la mañana, el músico fue encontrado muerto en la cama. A través de su lenguaje sencillo, sin afectación, es Dios mismo quien pasa por su alma. En el con-fesonario, ofrece una dirección espiritual exigente, pero quienes recurren a su ayuda le son muy fieles más tarde. Consigue que sus penitentes se comprometan a realizar los Ejercicios Espirituales de san Ignacio, los sumerge en lo sobrenatural enseñándoles a conversar con Dios en la meditación y en la oración, a realizar el examen de conciencia, a soportar por amor a Dios las dificultades de la vida. El éxito de los sermones del padre Rubio es tal que incluso logra asombrar a sacerdotes y jesui-tas. Las multitudes se acercan para oírle. “Conseguía penetrar en los corazones con el filo de un cu-chillo”, se dirá de él más tarde. Y es que se expresaba con una sencillez algo ingenua, compartiendo con las almas su vida interior. Esa que promueve la oración y el sacrificio. Hablando del deber de reparar las faltas cometidas, decía lo que sigue: “Queridos hermanos,
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¿acaso hay una forma mejor de repararlas? Cumplid con vuestro deber. Vosotros, padres de familia, cumplid con vuestra her-mosa misión. Vosotras, esposas que me estáis escuchando, cumplid cada una a la perfección con vuestro deber en la vocación en que os sitúa el Divino Corazón. El cumplimiento del deber exige sacrificio”. Y en su lenguaje sencillo y accesible a todos, no dudaba en afirmar que faltar gravemente al de-ber de estado y rehusar el sacrificio es seguir el camino del infierno, si no se retorna a una conver-sión sincera para volver a tomar la senda del cielo. “En nuestros días se habla poco de postrimerías decía el Papa Pablo VI-. Pero el Concilio Vaticano II nos recuerda las solemnes verdades escatológicas que nos conciernen, incluso la terrible verdad de un posible castigo eterno al que llamamos infierno, del que Jesucristo habla sin reticen-cias”. El mismo Papa decía además: “Uno de los principios fundamentales de la vida cristiana es que debe vivirse en función de su destino escatológico futuro y eterno. Sí, hay realmente de qué temblar. Escuchemos otra vez la profética voz de San Pablo: Trabajad con temor y temblor por vues-tra salvación (Fp 2, 12)”. Las Horas Santas organizadas por el padre José María Rubio Peralta conocen un gran éxito y suscitan profundas transformaciones espirituales. La adoración al Santísimo Sacramento es, en efecto, un ejercicio sumamente útil para las almas. Cristo Jesús que murió, resucitó, que está a la derecha de Dios e intercede por nosotros, está presente de múltiples maneras en su Iglesia, pero sobre todo bajo las especies eucarísticas. En el Santísimo Sacramento de la Euca204

ristía están “contenidos verdadera, real y substancialmente el Cuerpo y la Sangre junto con el alma y la divinidad de nuestro Señor Jesucristo y, por consiguiente, Cristo entero” (Catecismo de la Iglesia Católica, 1.374). La Iglesia Católica siempre ha rendido y sigue rindiendo culto de adoración al Sacramento de la Eucaristía, incluso fuera de la celebración de la Misa. Y lo hace conservando con el mayor de los cuidados las hostias consagradas, presentándolas con solemnidad a los fieles para que las veneren, y llevándolas en procesión. “La Iglesia y el mundo tienen una gran necesidad del culto eucarístico. Jesús nos espera en este sacramento del amor. No escatimemos tiempo para ir a encontrarlo en la adoración, en la contemplación llena de fe y abierta a reparar las faltas graves y delitos del mundo. No cese nunca nuestra adoración” (Juan Pablo II, cf. CIC, 1.380). Tres de marzo de 1953. El médico Luis García Andrade, de Madrid, atiende en su consulta a la niña de dos años y medio María Victoria Guzmán Gascó, que padece una infección agravada con trastornos de meninge. A veces sufre convulsiones que duran entre cinco y diez minutos, con rigidez de las manos y en las piernas. El diagnóstico no deja ninguna esperanza: se trata de una meningitis tuberculosa. A pesar de llevar un tratamiento riguroso, el estado de María Victoria empeora, hasta tal punto que el 8 de marzo parece muerta: ojos hundidos, ventanas de la nariz pinzadas, respiración imperceptible, cuerpo frío como el mármol y carente de reacciones. Entonces una persona declara que se habría podido salvar a la niña si se la hubiera enco-mendado
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al P. Rubio. La madre, pensando que nada es imposible para Dios, pide que busquen una reliquia del sacerdote. Tomando a su hija entre sus brazos, se la aplica por todo el cuerpo implorando: “Padre Rubio, haga todo lo que pueda”, queriendo decir con ello que si vuelve a la vida que sea con buena salud, pues según los médicos, en el caso improbable de que sobrevivie-ra, María Victoria se quedaría ciega y disminuida mentalmente. Al cabo de un rato, ante el general asombro, María Victoria abre los ojos, se sienta en brazos de su madre y dice: “Mamá, ponme los zapatos nuevos y vamos de paseo”. El 10 de marzo, lle-van a María Victoria a la consulta del doctor Andrade. Un análisis de sangre revela que los sín-tomas, que cuatro días antes, habían producido un diagnóstico tan alarmante, han desapareci-do. “Es un verdadero milagro del P. Rubio, declara el médico. No se vaya de Madrid sin pasar por la casa de los jesuitas y contárselo todo al padre Cuadrado (vicepostulador para la beatifica-ción del P. Rubio). Tal prodigio es estudiado por los doctores Bosch Marín, miembro de la Academia de Medi-cina, y Torres Gost, director del Hospital de enfermedades infecciosas. A sus dos años y medio, esa niña curada milagrosamente no puede ser una neurótica, ni una impostora. Además, los análisis revelan que ha padecido una infección orgánica aguda, de la que se ha curado súbita-mente y sin la más mínima secuela psíquica. Los médicos de la comisión médica de la Congre-gación para las causas de los santos reconocerán, el 27 de junio de 1984, que la curación fue “instantánea, completa y permanente, sin ninguna explicación
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natural”. Aquel milagro sirvió para la beatificación del Padre Rubio (el 6 de octubre de 1985). Su fiesta se celebra el 4 de mayo.
Publicado en La Voz de Avilés 8 y 9-septiembre-2001

93 PROFESORES DE RELIGIÓN
o mínimo que se le puede pedir a un profesor de Religión es que no se desvincule del Magisterio de la Iglesia y que sea coherente con las clases que imparte. Nadie puede dar lo que no tiene. Si la profesora de Religión Resurrección Galera- se ha casado por lo civil y con un divorciado, no le podemos negar el derecho a su intimidad y todo el respeto que se merezca, pero hemos de reconocer que ha contrapuesto su vida al Evangelio. Esto lleva consigo la pérdida de moral católica y de una fe viva, porque “la fe sin obras es inútil, es un cadáver” (Santiago 2, 26). También es de notar que todo ser humano -en mayor o menor medida- lleva en sus genes un poder incontenible de ganar prosélitos a favor de lo que piensa y hace, y si a esta señora -para los católicos señorita- le parece lícito el concubinato, es claro que terminará exhortando a sus alumnas para que sigan el mismo derrotero que ella ha elegido para sí misma. Es decir, una actitud antirreligiosa es lo que puede enseñar, so pena de condenar el estado en que se encuentra sin poder comulgar.
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No tengo nada en contra de los agnósticos y los ateos cuando éstos no tienen nada en contra de nosotros, pero mientras ellos se van de copas o de amores eróticos que nos dejen en paz adorando a Jesús en el Sagrario. Pues dentro de poco -cuando muramostodo quedará resuelto con verdadera perfección, porque “de Dios no se ríe nadie” (Gálatas 6, 7). La Comisión Episcopal de Enseñanza lo ha dejado todo muy claro en la nota oficial que todos hemos podido leer, defendiendo la plena legalidad de que no se haya renovado el contrato a las personas de Almería y Canarias, en virtud de los acuerdos IglesiaEstado y del criterio del Tribunal Supremo. Para los obispos y para todos los católicos que se precien de serlo “quienes enseñan Religión y Moral Católica han de tener una vinculación confesante con la Iglesia cuya fe enseñan y han de impartirla desde una actitud de fe en comunión con la misma Iglesia”. Pues mejor es que no existan clases de Religión en los colegios que tergiversar el Evangelio e inculcarles lo que no permite la Moral Religiosa, al menos, así, los padres de los niños podrán transmitirles la verdadera religión sin la influencia nociva que algunos profesores les inculcan. Esta campaña pública contra la Iglesia católica es una forma de descristianizar el pueblo de Dios. El Evangelio es un conjunto de verdades que forman una sola cadena, y no se pueden escoger sólo las hojas que nos favorecen omitiendo las que nos exigen la santidad a la que todos somos llamados. Que se cumpla la doctrina de Cristo o no, es otra cosa, pero concienciar a los alumnos de las verdades expuestas por Jesús, les llevará -cuando menos- a reconocerse
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pecadores y a perfeccionarse un poco más cada día. Esta actitud es la que nos lleva al confesonario y a la adquisición de una virtud sobresaliente: la humildad.
Publicado en La Voz de Avilés 10-septiembre-2001 y en La Nueva España 14-septiembre-2001 y en La Voz de Asturias 27-septiembre2001

94 ACONTECIMIENTO ÚNICO
l próximo 21 de octubre tendrá lugar un acontecimiento en Roma que resulta ser el único en toda la historia de los santos. Luigi Beltrame Quattrocchi y su esposa María Corsini serán beatificados, y tres hermanos asistirán a la beatificación conjunta de sus padres. Este perfecto matrimonio hicieron de su familia una auténtica Iglesia doméstica, abierta a la vida, a la oración, al testimonio del Evangelio con las penitencias que nos exige, al apostolado social, a la solidaridad hacia los pobres y a la amistad. Durante la segunda guerra mundial -sirva como un ejemplo más- su piso en Roma se convirtió en centro de acogida y de alojamiento para refugiados, sin distinción de clases ni razas. Pese a que Luigi Beltrame fue brillante abogado, con una carrera que culminó cuando fue nombrado Vice-abogado General del Estado italiano. La candidata a los altares María Corsini era profesora y escritora de temas de educación, comprometida en varias asociaciones, como Acción Católica Femenina.
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El matrimonio tuvo cuatro hijos: Filippo (hoy padre Tarsicio), nacido en 1906; Stefania (Sor María Cecilia), nacida en 1908 y fallecida en 1993; Cesare (hoy padre Paulino), nacido en 1909; y Enrichetta, la menor, que cuenta actualmente 87 años. “El aspecto que caracteriza nuestra vida familiar -recuerda el hijo mayor, padre Tarsicio, a sus 95 años- era el clima de normalidad que nuestros padres habían suscitado en la búsqueda habitual de valores trascendentes”. La misma Enrichetta es la protagonista involuntaria de uno de los episodios más emocionantes de la vida de sus padres, Luigi y María. El embarazo que llevó a su nacimiento se caracterizó por síntomas tan preocupantes que un famoso ginecólogo de Roma aconsejó sin tapujos el aborto para salvar la vida de su madre. Pero Luigi y María, sin pensarlo dos veces, rechazaron la propuesta del famoso doctor. En aquella época las posibilidades de supervivencia no pasaban del 5 por ciento, pero la madre embarazada estaba dispuesta a morirse antes de darle muerte a la hija que esperaba. Sor María Cecilia, antes de morir, evocó en su diario aquellos momentos, en los que tenía algo más de cinco años, con estas palabras: “Recuerdo una mañana en la que, en la iglesia romana del Nombre de María, papá con nosotros tres (Cecilia, Tarsicio y Paulino), se quedó a hablar mucho tiempo con el sacerdote, explicándole cuáles eran las condiciones de nuestra madre. En ese momento se echó una mano en la frente... lloraba. Nosotros estábamos callados, tristes, asustados. Rezábamos como niños”. El decreto del reconocimiento del milagro atribuido a la intercesión del matrimonio susodicho, que
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les abre las puertas de la beatificación, fue promulgado en presencia de Juan Pablo II el pasado 7 de julio. Se cumple así un deseo anunciado desde hace tiempo por este Papa quien, de este modo, busca proponer al mundo el ejemplo de santidad de un matrimonio. Ahora se está analizando la causa de los padres de Santa Teresa de Lisieux, pero se les adelantó la pareja romana.
Publicado en La Voz de Avilés 12-septiembre-2001

95 LAS TABLAS DE LA LEY
e de pedir disculpas a los letrados por entrar en un tema que sólo por intuición podré decir algo. El niño que más tarde habría de ser el libertador y legislador de Israel -Moisés-, ha sido el que recibió de Dios las Tablas de la Ley con los Diez Mandamientos. Y como la historia biográfica de Moisés es tan bonita y original, nos parece oportuna describirla en pocos renglones. Nació Moisés en tiempos de la opresión de los israelitas y después de aquella orden cruel y tiránica en que el Faraón mandó a su pueblo arrojar al río a todos los hijos varones de los israelitas. Su madre Jocabet, burlando las crueles órdenes del Faraón, movida e inspirada de su fe en el Señor, ocultó a su hijo por espacio de tres meses y después, no pudiendo ya ocultarlo por más tiempo, tomó una cestilla de papiro, revestida de betún y de pez, puso en
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ella al niño y lo expuso en los cañaverales de la orilla del río, en tanto que la hermana del niño quedaba lejos para ver lo que sucedía. Y sucedió que la hija del Faraón bajó al río para bañarse, y mientras que las que le acompañaban iban por la orilla del río, vio ella la cestilla entre los juntos y mandó a una de sus esclavas que la trajese. Abrió la cestilla y vio a un niño llorando y se movió a compasión y se apiadó de él, y dijo: “De los niños de los hebreos es éste”. Intervino entonces la hermana del niño, quien se presentó a la hija del Faraón y le dijo: “¿Quieres que vaya y llame a una nodriza hebrea para que te críe al niño?”. Respondió que fuese, y ella fue y llamó a su madre, a quien la hija del Faraón entregó el niño diciéndole: “Toma este niño y críamelo, que yo te daré recompensa”. Así lo hizo su verdadera madre; creció el hijo y luego se lo entregó a la hija del Faraón, quien lo adoptó por hijo y le puso por nombre Moisés, siendo este el nombre que correspondía a la cestilla que flotaba en las aguas. Moisés educado en la corte del Faraón y en la sabiduría de los egipcios, no quiso ser hijo de la hija del Faraón, antes prefirió ser afligido con el pueblo de Dios. Esta renuncia a la grandeza y pomposidad, le llevaron a ser un elegido de Dios y el primero en conocer las leyes que de la mano de Dios nos han llegado, pero éstas fueron degenerando por la autosuficiencia y prepotencia de los legisladores, llegando a culminar en el nazismo de Hitler y en la eliminación de los nonatos. Es verdad que todavía quedan magistrados valientes que nos dan testimonio de las leyes de Dios.

El Presidente de la Corte Suprema de Alabama, Roy Moore, mandó instalar en la rotonda del juzgado unas Tablas de la Ley de Dios gigantes, de dos toneladas y media, que recuerdan que existe una autoridad mucho más alta que las autoridades del estado. Y la mayoría de las personas que ven el monumento reconocen que es una hermosa adición al edificio que nos habla del poder de Dios y de sus leyes insuperables. Es este un ejemplo para que todos los abogados puedan ver que no se puede defender la “justicia” que apoya a la injusticia.
Publicado en La Voz de Avilés 15-septiembre-2001

96 ACONSEJÓ A LA IGLESIA
l pasado día 10, don José Luis Rodríguez Zapatero aconsejó a la Iglesia que se una a la modernidad que vive España. Y a continuación hizo las críticas que le parecieron oportunas. No sabría decir si el líder de la oposición es una criatura ingenua o se trata de una acción baja cargada de vileza y engaño. Lo que parece claro es que no tiene la menor idea de lo que representa la Iglesia ni de su Magisterio. “A estas alturas -dice- de la vida y de la evolución de la sociedad, el que se impida dar clases de Religión porque alguien tenga una vida privada de convivencia con quien crea oportuno, y con independencia de sus circunstancias, choca con la modernidad y con
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la interpretación adecuada de los valores constitucionales”. Sería bueno recomendarle que lea los Evangelios (“La Constitución” de la Iglesia) y después las trece encíclicas de Juan Pablo II. Pienso que un hombre llamado a ser presidente del gobierno, debiera de tener una idea más clara de lo que significa una “constitución” redactada por el mismo Dios a quien adoramos 1.300 millones de católicos, y lo poco que representa una constitución redactada por la mentalidad de paganos y creyentes de baja calidad. ¿Cómo se puede pensar que Jesucristo y sus seguidores le concedan el visto bueno al divorcio, al aborto, a los anticonceptivos, a las parejas de hecho, a la práctica homosexual y a las catequesis impartidas por los que vulneran los preceptos del mismo Dios? Es claro que en su desafortunada disertación recibirá el aplauso de los que piensan como él y desean terminar con la Iglesia. Pero su discurso no deja de ser un dislate ofensivo para los millones de católicos que tenemos en España, si bien que por mi parte justifico su actitud por la ignorancia religiosa tan evidente que padece. Pues pedirle a un santo gigante como lo es Karol Vojtyla que acepte los desmanes que quedan expuestos es mucho más que pedirle la vida. Pues el señor Zapatero no ignorará que Juan Pablo II aceptaría ser mil veces martirizado antes que aceptar el consejo que recibe de un personajillo ateo. Es increíble que se pueda tener tanta aversión u odio a la Iglesia sabiendo que es la Congregación que goza de mayor libertad, siendo que las penas más duras que les impone a sus traidores es impedirles sólo de palabra- que reciban el Cuerpo y la Sangre de
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Cristo. Pues siglos ha que con nadie ha sido coactiva la Iglesia. ¿Ignora el señor Zapatero que sólo en España tenemos 54.000 monjas y más de 23.000 frailes, es decir, un ejército pacífico y noble de mujeres y hombres que llevan adelante cientos de colegios y hospitales, orfanatos, asilos, parroquias y todo tipo de obras sociales y caritativas, gracias a la creencia en ese Dios que el líder socialista desconoce? ¿Ignora usted que sólo en Avilés, las Hermanitas de los Ancianos Desamparados cuidan y alimentan a más de 300 ancianos abandonados por sus hijos y familiares, y que estos pobres -en su mayoría- reciben todo gratuitamente a costa de las limosnas de los católicos, exceptuando los que tienen una mísera pensión? Todo lo dicho sólo es un botón de muestra que prueba la necesidad que tenemos de la Religión católica, la que usted quiere exterminar.
Publicado en La Voz de Avilés 19-septiembre-2001

97 EL MAL ABSOLUTO NO EXISTE
cerca de las víctimas que diariamente van sepultando en EE.UU. se han hecho muchos comentarios, y sólo las personas malvadas no se mueven a compasión, pero dos frases nos ha dejado en la televisión José María Carrascal que me parecen célebres y bien conocidas de todos: “El mal absoluto no existe. Nosotros lo tenemos todo y los otros no tienen nada”. Y yo he de añadir lo que dice
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Dios: “La justicia y la paz se besan”. Se habla mucho de solidaridad y tal vez nunca ha existido menos que ahora. Recibí una carta de un santo misionero que dirige varias misiones en América, y acerca de Argentina me dice: “Por aquí las cosas van despacio, pero van; las obras avanzan lentamente debido a que todo son inconvenientes: la corrupción de los dirigentes, que es impresionante. Imagínese la caradura que supone el hecho de que a la hora de ajustar el presupuesto nacional para obtener fondos, se les ocurre rebajar el sueldo a los empleados, maestros, jubilados e incluso minusválidos, dejando sueldos de hambre verdadera: v.gr.: 180 dólares, mientras que hay empleados del poder judicial que están cobrando 8.000 dólares mensuales. Dicen que se teme al levantamiento de una guerra civil. A mi no sólo no me extraña, sino que lo que se hace raro es cómo no se ha levantado ya la gente. Realmente es vergonzoso e indignante”. Consternado en la medida que lo puede estar una persona sensible, como creo que yo lo soy, ante la catástrofe estadounidense y tantas otras, me permito decir que no existiendo el mal absoluto, Dios ha permitido todo esto como un llamamiento a la humildad y a la justicia, porque nosotros “lo tenemos todo y los otros no tienen nada”. Por otra parte, esto me hacer recordar dos tragedias mucho mayores: La bomba de Hiroshima, que accionaron los EE.UU., dejó un saldo de 78.150 muertos, 13.983 desaparecidos, 9.248 heridos graves, 27.987 con lesiones y 176.987 quedaron afectados para toda la vida, hasta alcanzar el número de 140.000 defunciones. Esto es una realidad que no se ha visto en la TV.
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Tampoco aparecen en la TV los diez millones de abortos que se practican en los EE.UU. cada doce meses, es decir, 27.392 niños incipientes pierden la vida cada día que amanece. Pero esta catástrofe diaria que supera lo sucedido con las Torres Gemelas, no le ha de impedir al mundo mundano la aceptación del aborto. ¿Cuándo se convencerán los mandatarios políticos que no puede existir la paz si falta la justicia? ¿Cuándo mirarán al cielo para saber que todos los desmanes que suceden en el mundo vienen como consecuencia de la trasgresión de las Leyes de Dios? ¡Oh grandeza divina! ¡Qué bien lo haces todo para los que con falsa moneda te pagamos! Y qué claro nos dejas que sólo en Ti existe la seguridad.
Publicado en La Voz de Avilés 19-septiembre-2001 y en La Voz de Asturias 10-octubre-2001

98 GESCARTERA
sta vez parece que la justicia viene actuando con todo el rigor que exige la corrupción, “caiga quien caiga”, como nos ha dicho el señor Aznar. Pero si la oposición consigue la dimisión de Rodrigo Rato, bien seguro tenemos que nos ha perjudicado a todos. Es de notar que la deuda pública que nos había dejado el anterior Gobierno ascendía a 50 billones de pesetas, y las pensiones que se han ido acrecentando estaban a punto de entrar en quiebra.
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El esfuerzo que Rodrigo Rato ha hecho para resarcir ese daño nadie lo puede ignorar, y el hecho de que se haya equivocado promoviendo los nombramientos de Giménez-Reyna y Pilar Valiente no significa nada grave. ¿Quién es el empresario que no ha sido defraudado por alguno de sus subordinados?, máxime cuando se trata de una empresa de ámbito nacional, como lo es el Ministerio de Economía. La intuición nos dice que Rodrigo Rato es un hombre serio, honrado y muy capaz de levantar España del caos en que se encontraba con la corrupción y el déficit público; algo que lo venimos experimentando desde hace años. Pienso y creo que la oposición debería de colaborar con el Gobierno en todo lo que nos beneficia a los españoles, y dejarse de polémicas estériles que sólo sirven para el desánimo de nuestro pueblo. Recordamos, una vez más, que tres obispos han juzgado que no debían renovar el contrato de tres profesores de Religión. ¡Oh, que nefando delito! Toda la prensa de derechas y de izquierdas se ha escandalizado. Páginas enteras, editoriales, tertulias radiofónicas, 1200 teólogos y teólogas lo han denunciado: “Se exige una rectificación inmediata, porque la Iglesia no cesa en sus graves equivocaciones”. Y no digamos: Que un obispo pusiera el dinero de su diócesis en Gescartera, ¿dónde vamos a parar?, es decir, que si la Iglesia ahorra unos millones para reconstruir un templo y antes de tener lo suficiente hace una inversión para obtener unas pesetas más que necesita, está usurpando el dinero que recibe de las limosnas. Se olvidan del siervo malo y haragán que en vez de obtener intereses en el banco enterró el talento que había recibido
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de Jesús (Mt. 25, 14-30). No creéis que hay mucho farisaísmo? Caifás rasgó su túnica de hipócrita cuando oyó a Cristo afirmar que era el Mesías. Fariseos: Ya que sois los paladines de la justicia ¿cómo calláis cuando el Estado legaliza la píldora RU-486, la del día siguiente, con las que miles de madres asesinan a sus hijos? Os lanzáis contra la Iglesia con el mínimo pretexto porque os duele que siga siendo luz de las gentes. Querríais que aprobara el adulterio, la poligamia. Os inquieta que anuncie y denuncie que eso es inmoral por la ley natural, es decir, para toda persona que quiere vivir como persona. Os molesta que haya un Papa que no se doblega ante los poderes del mundo. Os duele en el alma que él y muchos católicos estemos convencidos de que la Iglesia católica conserva y transmita íntegro el mensaje de Cristo. ¡Con lo posmoderno que sería que, en estos tiempos, ella relativizara sus verdades!
Publicado en La Voz de Avilés 23-septiembre-2001 y en La Voz de Asturias 29-septiembre-2001

99 FRANCISCO Y ANA

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ientras pasaba unos días en Fátima tuve ocasión de visitar algunos monasterios de vida contemplativa, puesto al habla con una de las superioras me informó de la historia que sigue: Francisco y Ana se conocieron en el mismo colegio jugando y estudiando juntos. Los dos se admiraban
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mutuamente. Al verlos tan compenetrados pensaban sus papás: - ¡Qué pareja tan ideal. Formarán una familia feliz! Pero cuál no sería la decepción de los padres de Ana cuando ella, cumplidos los 16 años, les dijo con la sencillez de quien no teme encontrar una rotunda negativa: - Yo quiero irme a un convento de clausura. Creo que Dios me llama. - ¡De ninguna manera! Tú no serás monja y mucho menos de clausura. No es para ti esa vida. - Pero, papá, si yo allí puedo ser más feliz. - No insistas y no hablemos más de este asunto. Francisco es un muchacho excelente, te hará felicísima. No necesitarás encerrarte tras unas rejas. Ana comprendió que era inútil insistir. Calló ante su padre llorando a solas. Tras esta escena, la primera vez que Ana se encontró con Francisco, éste se mostró más cariñoso que nunca. Le pidió entablar relaciones formales. Le prometió un mundo de felicidad. - Gracias, Francisco, ya sabes que yo también te he querido siempre. Pero no puedo aceptar tu ofrenda, porque yo quiero ofrecerme a Dios. Y no quiero serle infiel. Lo malo es que papá se opone rotundamente y nunca me dará el permiso para irme. Francisco admiró aún más a Ana. Concibió una idea sobrenatural. La meditó. Se estremeció. Consultó con un abogado, y en su siguiente entrevista con Ana, le propuso: - Vamos a casarnos, Ana. Cuando tu seas mi esposa, ya no manda en ti tu papá, sino que mando yo
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en ti. Y entonces, desde el altar de nuestra boda, yo te llevo al altar de tu convento y te dejo allí. Ofreceré a Dios el holocausto que más me costará en toda mi vida. La que en el pensamiento de Francisco iba a ser su prometida, aceptó ponerse en sus manos para que él se la diera como prometida a Jesús. La que hubiera sido su novia y su esposa, estaba agradecidísima, emocionada. Y aquella misma noche dijo a su papá: - Me casaré con Francisco. - Estupendamente pensado, Ana. Es magnífico. Esto es lo mejor de todo para ti. Y se preparó la boda. Y Ana, blanquísima, como un sueño, se acercó al altar. Francisco cumplió como un caballero. Terminada la ceremonia litúrgica, condujo en su propio coche a su adorada esposa y a los testigos de la boda hasta el convento de clausura. Y dijo ante los testigos y la Madre Superiora: - Como legítimo esposo de Ana, le doy mi permiso para que ingrese en este convento y haga su profesión perpetua, con la cual nuestro matrimonio quedará disuelto según las leyes de la Iglesia. Francisco vio cómo Ana avanzaba con paso firme por la puerta claustral, abierta sólo para ella. Vio cómo las religiosas la recibían con gran amor. Y cómo aquella misma puerta se cerraba para siempre para él. Su pensamiento, su mente, su corazón estaban fijos, absortos en Ana, que por seguir a Jesucristo acababa de sacrificar sus hermosos encantos juveniles y un felicísimo brillante porvenir que ¡mil jóvenes hubieran envidiado! Ana cuenta actualmente 76 años, pero no hemos podido verla.
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Publicado en La Voz de Avilés 23-septiembre-2001, en La Nueva España 9-octubre-2001 y en La Voz de Asturias 10-octubre-2001

100 LA FELICIDAD
a felicidad completa es una contraposición al Evangelio. Luchar por encontrarla es una tarea que todos llevamos en nuestro corazón, porque la sed de felicidad es, por definición, el estado habitual de cada ser humano. No hay nada más eterno y contemporáneo que la búsqueda de la felicidad, independientemente del oficio, profesión, sexo, raza, edad, creencia o condición social. Un servidor, después de 72 años buscándola sin haber llegado nunca a su plenitud, cuando más he conseguido acercarme a la dicha ha sido a base de trabajo y práctica religiosa, es decir, “los dos mandamientos” que aparecen en el Antiguo y Nuevo Testamento: Debajo de mi reino todos “ganaréis el pan con el sudor de vuestra frente” (Génesis 3, 19). “Orad, orad, para no caer en tentación” (Mt. 26, 41; Mc. 14, 38; Lc. 22, 46). El primer ingrediente, que hace posible el acercamiento a la felicidad, es aceptar los males que recibimos y que hacen parte de nuestra vida, es decir, no ser nunca el causante de los mismos y, en consecuencia, conformarse siempre con la voluntad de Dios. Pero en este contexto es imprescindible que la razón se encuentre iluminada por la fe. Esta creencia nos dejará muy claro que nuestro deseo no es lo mejor, y
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que lo bueno es siempre lo que Dios quiere y nos envía. El filósofo español Julián Marías, que publicó La felicidad humana, al cabo de seis meses tuvo que redactar un nuevo prólogo para una segunda edición: el tema de la felicidad se reveló tan popular que la primera edición se había agotado en poco tiempo. El método adoptado por Julián Marías para enfocar la cuestión es muy interesante. Él insiste en el aspecto dramático de la experiencia humana de la felicidad, es decir, una experiencia que pocos dejan de adquirir con los años, porque la lucha en ese sentido es siempre continua. También pone de manifiesto que los dos grandes enemigos de la felicidad son el miedo y la falta de imaginación. Y para Aristóteles los seres humanos están destinados a alcanzar grados más altos de felicidad, superando el simple nivel del placer de los sentidos. Pero yo sigo diciendo que la forma más plena de felicidad se deriva de la actividad y contemplación espiritual, bástenos meditar las bienaventuranzas para saber dónde se encuentra la felicidad sin término. Pues el que cree ser feliz eternamente en la otra vida, ya tiene capacidad suficiente para no ser infeliz en ésta, mientras el increyente le ha de llegar el día en que la decrepitud, la enfermedad y la desesperanza de todo no le dejen un solo atisbo de luz para seguir viviendo, y como consecuencia, la eutanasia. He ahí la infelicidad completa a la que nunca llega un cristiano. Santo Tomás de Aquino creía que la felicidad del hombre es una participación en la felicidad de Dios. Pienso que los hombres que más han soportado el dolor y las injusticias han sido los santos, y siem223

pre han sido los más felices pensando en la dicha que les esperaba y amando al prójimo más que a ellos mismos.
Publicado en La Voz de Avilés 29-septiembre-2001

101 LOS ÁRBOLES ORAN
abía una vez tres árboles en la colina de un bosque. Hablaban acerca de sus sueños y esperanzas, y el primero dijo: “Algún día seré un cofre de tesoros. Estaré lleno de oro, plata y piedras preciosas; todos verán mi belleza”. El segundo árbol dijo: “Algún día seré una poderosa embarcación. Llevaré a los más grandes reyes y reinas a través de los océanos, e iré a todos los rincones del mundo; todos se sentirán seguros por mi fortaleza y poderoso casco”. Finalmente, el tercer árbol dijo: “Yo quiero crecer para ser el más recto y grande de todos los árboles del bosque. La gente me verá en la cima, mirarán mis poderosas ramas, y pensarán en el Dios de los cielos, y cuán cerca estoy de alcanzarle. Seré el más grande de todos los tiempos y la gente siempre me recordará”. Después de unos años en que los árboles oraban para que sus sueños se convirtieran en realidad, un grupo de leñadores llegó donde estaban los árboles. Cuando uno vio el primer árbol dijo: “Este me parece un árbol fuerte, creo que podría vender su madera a
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un carpintero”. Y comenzó a talarlo. El árbol estaba muy feliz sabiendo que el carpintero podría convertirlo en un cofre para tesoros. El otro leñador dijo mientras observaba el segundo árbol: “Parece un árbol fuerte, creo que podré venderlo al carpintero del puerto”. El árbol se puso muy contento porque sabía que estaba en camino de convertirse en una poderosa embarcación. El último leñador se acercó al tercer árbol; éste estaba asustado, pues sabía que si lo cortaban su sueño nunca se volvería realidad. El leñador dijo entonces: “No necesito nada especial del árbol que corte, así que tomaré éste”. Y lo cortó. El primer árbol fue convertido en un cajón de comida para animales, puesto en un pesebre y lleno de paja. Se sintió muy mal, pues eso no era por lo que había orado. El segundo árbol fue convertido en una pequeña balsa de pesca, ni siquiera lo suficientemente grande para navegar en el mar, y fue puesto en un lago. Y vio cómo sus sueños de ser una gran embarcación habían llegado a su fin. El tercer árbol fue cortado en largas y pesadas tablas y dejado en la oscuridad de una bodega. Años más tarde, un hombre y una mujer llegaron al pesebre. Ella dio a luz un niño, y lo colocó en las pajas que había dentro del cajón en que fue transformado el primer árbol. El árbol sintió la importancia de este acontecimiento y supo que había contenido el más grande tesoro de la historia. Años después, un grupo de hombres entraron en la balsa en la cual se había convertido el segundo árbol. Uno de ellos estaba cansado y se durmió en la barca.

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Mientras ellos estaban en el agua, una gran tormenta se desató y el árbol pensó que no sería lo suficientemente fuerte para salvar a los hombres. Los hombres despertaron al que dormía, este se levantó y dijo: “¡Calma! ¡Quédate quieta!”. Y la tormenta y las olas se detuvieron. En ese momento el segundo árbol se dio cuenta de que había llevado al Rey de Reyes. Finalmente, un tiempo después, alguien vino y tomó el tercer árbol convertido en tablas. Fue cargado por las calles al mismo tiempo que la gente escupía, insultaba y golpeaba al Hombre que cargaba la cruz. Se detuvieron en una pequeña colina y el Hombre fue clavado al árbol y levantado para morir en la cima. Cuando llegó el domingo, el tercer árbol se dio cuenta de que estuvo más cerca de Dios que nadie, porque Jesús había sido crucificado en él. Cuando te parezca que las cosas no van de acuerdo con tus planes, debes saber que Dios tiene un plan para ti. Si pones tu confianza en Él, te dará grandes regalos y satisfacciones a su tiempo. Recuerda que cada árbol obtuvo lo que pidió, sólo que no en la forma en que pensaba. No siempre sabemos lo que Dios planea para nosotros; sólo sabemos que sus caminos no son nuestros caminos, pero... Sus caminos siempre son los mejores.
Publicado en La Voz de Avilés 1-octubre-2001

102 LA IGLESIA

a misión de la Iglesia no puede decidirse en cada época de su historia por los miembros vivos de la misma. En primer lugar, porque habiendo sido fundada por el mismo Dios, tiene un origen divino y es imprescindible que sea fiel a su fundador. La actuación y destino de la Iglesia está determinada por la voluntad de Cristo. La base de la Iglesia es el Evangelio con todas sus páginas. Por eso no puede cambiar sus objetivos por decisión de sus miembros vivos, incluyendo la jerarquía que la gobierna. Si se vulnera la narración de una sola hoja evangélica, la Iglesia queda mutilada y pierde la fuerza sobrenatural que la sostiene. Es claro que siempre han existido cambios en la Iglesia y continuarán existiendo. Pero son mutaciones que lejos de afectar al Evangelio lo enriquecen profundizando más cada día en el sentido que Jesucristo le ha dado para que nos sirva como lazarillo hasta el fin de los tiempos. Desde hace años son frecuentes las críticas que llegan a los obispados de padres de alumnos que se quejan de algunas afirmaciones y comportamientos sustentados por algunos profesores de Religión que, en algunos casos, contradicen el depósito de la fe, es decir, los pilares de nuestra creencia. Estos padres de alumnos exigen a la Iglesia que cumpla con la promesa de ofrecer a sus hijos una educación católica, conforme a las enseñanzas del Magisterio eclesial, y no teorías propias del enseñante. Si la Iglesia católica no fuese exquisita en seleccionar a sus profesores, sería incoherente con su misión. Y es difícil de entender a qué viene tanto jaleo mediático. ¿Acaso la Izquierda Unida no se des227

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prendería de una monitora que no transmitiera fielmente a sus bases los principios del marxismo? ¿O Comisiones Obreras no apartaría de su trabajo al enlace sindical que no siguiera a rajatabla sus estalinistas instrucciones? Con mucho mayor motivo tiene que cuidar la Iglesia el que el mensaje a transmitir en las escuelas sea el que Jesucristo nos ha dejado con ese cúmulo de amor y de sabiduría infinita, sellado, además, con su vida y su sangre. La Iglesia, incluso aunque se la entienda como pueblo de Dios en camino, no es una institución regida por las leyes de la democracia parlamentaria o por las que rigen a las empresas controladas por un consejo de administración. La Iglesia no puede cambiar lo que Cristo no quiere que se cambie, y el Santo Padre es el guardián de los preceptos de Jesús; está obligado -y lo hace con gusto y convicción- a defender siempre los valores transcendentales que el Espíritu Santo le ha confiado cuando el mayor número de cardenales en el cónclave, sumidos en la oración, implorando ser inspirados, decidió que Karol Vojtyla fuese el jefe supremo de la Iglesia católica y el Vicario de Cristo en la Tierra. Uno de los teólogos más universales en el verdadero catolicismo, George Weigel, nos dice en la biografía de Juan Pablo II que “desde San Pedro no ha habido otro Papa tan ingente y tan santo como él”.
Publicado en La Voz de Avilés 5-octubre-2001

103 JOSÉ COLAO
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osé Colao es mi hermano querido. Hace diez años que él y su esposa se jubilaron. Los dos vivían felices en San Román de Candamo, donde adquirieron -en 1971- una suntuosa residencia ubicada en la cumbre moderada de una huerta que produce las frutas más exquisitas de Candamo y todas las hortalizas que plantaban. La amplitud del bien conservado caserón les permitía recibir y alojar con bastante frecuencia a sus seis hijos y veintitrés nietos; todos unidos a sus padres y abuelos con entrañable amor. Pero ha llegado el momento de las cruces que Dios nos envía para consumir el purgatorio en la tierra. Primero el corazón cansado de mi hermano le ha puesto en alerta para intensificar las obras de caridad que siempre hacía y continúa haciendo, después, su esposa, Argelia, sufrió una trombosis que le dejó paralizado medio cuerpo, y pese al buen hacer de dos hijos psicólogos que tienen y la dilección de todos sus hermanos, la cruz sigue actuando para adicionarla al que ha sido crucificado por nuestros pecados. A pesar de todo, esta familia, con esa fe que mueve montañas, están consiguiendo que el “yugo sea suave y la carga ligera”. Pues todos sus hijos se inquietan por llevar a sus padres a convivir con ellos en las residencias que tienen en Oviedo y Pravia. Allí no faltan las oraciones y los rosarios todos los días que amanece, y mi hermano no pierde la Misa un solo día, llevando a su esposa en una silla de ruedas para asistir a la ceremonia religiosa y recibir la Eucaristía.
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Argelia, con resignada conformidad, recibiendo el cariño de su esposo con besos y abrazos de todos sus hijos y nietos, sabe reconocer los bienes y “males” que nos vienen de Dios. Bienes: la inconmensurable riqueza que lleva consigo el don de la Fe, el amor que recibe de toda la familia numerosa, la pulcritud con que la visten y perfuman, la esmerada higiene que le deparan diariamente, la lucidez que aún conserva para agradecer el bien que le hacen y la adecuada alimentación que le sirven cuatro veces por día. “Males”: el sufrimiento que Dios le envía como prueba del amor infinito que le tiene, la edad avanzada que le hace ver cómo se acerca el cielo para recibirla, la humillación que puede causarle el depender de todos para todo, sabiendo -como sabe- que “el que se humilla será ensalzado, y el que se ensalza será humillado”. Y como todos nos ensalzamos, es claro que Dios nos premia con las humillaciones para ensalzarnos en la eternidad. Pienso y creo que si todos fuéramos cristianos coherentes con nuestra fe, las residencias de ancianos se quedarían vacías, porque el amor que todos los hijos le deben a sus progenitores jamás permitiría que los padres ancianos estuvieran en poder de personas extrañas, pero como el amor de ha congelado habrá que construir más residencias cada día, sin pensar que la cama y la soledad que dejen nuestros padres al salir de este mundo, se quedará esperando por los que allí los llevaron. “Con la medida que midas te medirán” (Mt. 7, 2; Mc. 4, 24; Lc. 6, 38).
Publicado en La Voz de Avilés 6-octubre-2001

NUESTRA SEÑORA DEL PILAR
l Santuario del Pilar es una gran basílica mariana con once cúpulas y cuatro campanarios; no sólo muy famosa en España, sino también en el mundo entero, sabiendo que allí se apareció la Virgen cuando aún vivía en carne mortal. Desde entonces, a través de los siglos, ha mostrado su protección especial con repetidas gracias, milagros y portentos, hasta ganarse la indefectible piedad de los españoles, que le tributan culto con ferviente devoción, constancia y magnificencia. La construcción de la primera iglesia en honor de la Virgen en todo el mundo tuvo lugar inmediatamente después de la Ascensión de Jesucristo a los cielos, cuando los apóstoles -fortalecidos con el Espíritu Santo- se disponían a emprender la predicación del Evangelio. El apóstol Santiago el Mayor, hermano de Juan e hijo de Zebedeo, tuvo la inspiración de venir a predicar a España. Y al salir de Jerusalén obtuvo la licencia y la bendición de la Santísima Virgen y se trasladó a estas tierras sumergidas en la idolatría. Santiago, pasando por Asturias, llegó a la ciudad de Oviedo, en donde convirtió a varios a la fe católica. Continuó el viaje con sus nuevos discípulos a través de Galicia y Castilla, hasta llegar a Aragón, el territorio que se llamaba Celtiberia, donde estaba situada la ciudad de Zaragoza, en las riberas del Ebro. Allí predicó Santiago muchos días, y entre muchos convertidos eligió como acompañante a ocho
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hombres, con los cuales trataba de día del Reino de Dios, y por la noche recorría las riberas para tomar algún descanso. Junto al Ebro se encontraba Santiago cierta noche con sus discípulos, cuando oyó voces de ángeles que cantaban Ave María, gratia plena, y vio aparecer a la Virgen Madre de Cristo, de pie sobre un pilar de mármol. La Santísima Virgen habló con el Apóstol para pedirle que se le construyera allí una iglesia, y le dijo que permanecería en ese lugar hasta el fin de los tiempos, para que la virtud de Dios obrara portentos y maravillas por su intercesión con aquellos que en sus necesidades implorasen su protección. Desapareció la Virgen y quedó allí el pilar misterioso. El Apóstol Santiago y los ocho testigos del prodigio comenzaron inmediatamente a edificar una iglesia en aquel sitio y, con el concurso de los conversos, la obra se puso en marcha con toda rapidez. Sin estar totalmente terminada la iglesia, Santiago la consagró y le dio el título de Santa María del Pilar, y antes de regresar a Judea ordenó presbítero a uno de sus discípulos para el servicio de la misma. Esa fue la primera iglesia del mundo dedicada en honor de la Virgen. El Papa Clemente XII señaló la fecha 12 de octubre para la festividad particular de la Virgen del Pilar. Es de notar que el día 12 de octubre de 1492, precisamente cuando las tres carabelas de Cristóbal Colón avistaban las desconocidas tierras de América, al otro lado del Atlántico, los monjes de San Jerónimo cantaban alabanzas a la Madre de Dios en su santuario de Zaragoza, por lo cual el 12 de octubre, día de la Virgen del Pilar, es también el Día de la Raza.
Publicado en La Voz de Avilés 10-octubre-2001 232

105 INICIO DEL CRISTIANO
l inicio del cristiano es el camino que discurre entre una primera simpatía hacia la fe cristiana y la plena integración en la comunidad eclesial, y engloba un complejo mundo de actitudes, acciones catequéticas, celebraciones litúrgicas y, sobre todo, los sacramentos del Bautismo, Confirmación y primera Eucaristía. Conforme al Magisterio de la Iglesia una persona queda iniciada radicalmente desde el momento en que es incorporada por el Bautismo a Cristo y a la Iglesia, su Cuerpo místico. Pero a la luz de la experiencia, la iniciación es un proceso, más o menos largo y laborioso. Es pasar de una situación de increencia, a una situación de fe en Dios y en Jesucristo; de unos criterios erróneos que nos llevan a una vida mundana, a otros modos de pensar y obrar según el Evangelio; de estar en contra de Cristo y de la Iglesia, a estar a favor. Esta actitud es obra de Dios, pero se hace imprescindible nuestra colaboración. Que Dios no existe ningún hombre mesurado lo puede decir porque le faltan pruebas para demostrarlo. Que Dios existe lo podemos decir los cristianos porque nos sobran pruebas para comprobarlo. El sinnúmero de milagros que Dios ha hecho por intercesión de los santos y los que aparecen en el Evangelio testificados por los cuatro santos evange233

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listas, nos dan pruebas inequívocas de un poder sobrenatural que sólo de Dios puede venir, culminando en la resurrección de Cristo, y en el diálogo que mantiene con sus discípulos después de crucificado y muerto. Sabemos que todo esto no es bastante para creer. Recuérdese la parábola que Jesús nos narra acerca del rico Epulón y el pobre Lázaro. Atormentado en el infierno el hombre que en nada sobrenatural había creído y queriendo salvar a sus hermanos del suplicio que padecía, le pide a Dios que envíe a la tierra uno de los muertos para que crean y se salven, pero Dios le dice: “Si no creen en Moisés y los profetas, aunque un muerto resucite, no creerán” (Lc. 16, 31). No vamos a intentar dilucidar este misterio, sólo nos parece que la luz del Espíritu Santo no suele actuar en el hombre que vive empecatado sin la menor nobleza e impregnado de soberbia. El catecumenado empieza en el momento en que el hombre expresa su deseo de ser cristiano y la Iglesia le acoge como candidato al Bautismo, hasta la recepción del mismo. Pero después, la vida de gracia está llamada a crecer siempre y a una mayor conversión, a un mayor crecimiento en la caridad, hasta conseguir la santidad que Cristo nos exige. Pero como los tropiezos en este camino son grandes y previsibles, el hombre suele escoger los derroteros que aparentemente le ofrecen más comodidad y placer, ignorando que por ese reguero de pecados se multiplican las tribulaciones y fracasos, sin contar lo que puede venir y viene después.
Publicado en La Voz de Avilés 14-octubre-2001

NAPOLEÓN I
ctualmente pocos ignoran la biografía histórica de Napoleón I Bonaparte, el hombre que fue emperador de Francia de 1804 a 1815. Había nacido el 15 de agosto de 1769 en Ajaccio (Córcega) y recibió el nombre de Napoleone. Era el segundo de los ocho hijos de Carlos Bonaparte y Letizia Ramolino, miembros ambos de la pequeña burguesía corso-italiana. Su padre trabajaba como abogado y luchó por la independencia de Córcega. En 1796 contrajo matrimonio con Josefina de Beauharnais, viuda de un aristócrata guillotinado durante la Revolución. Durante algunos años había conseguido convertir en realidad todos los sueños de grandeza que puede imaginarse la más ostentación soberbia. Llegó a parecer dueño de los destinos del mundo. Pero Dios tenía preparado para él algo mejor de lo que pretendía, y después de continuas vicisitudes, en la batalla de Waterloo (18 de junio de 1815) las tropas de Napoleón fueron definitivamente derrotadas por los ejércitos aliados de Gran Bretaña, los Países Bajos, Hannover y Bélgica. Sólo la valiente actuación de la Vieja Guardia permitió escapar a Napoleón. Las autoridades británicas aceptaron la rendición de Bonaparte el 15 de julio, y éste fue enviado posteriormente al exilio en la remota isla de Santa Elena, una isla en el sur del océano Atlántico. Permaneció allí hasta que falleció el 5 de mayo de 1821. Pero antes de su muerte recuerda: “El día más hermoso de mi vida fue el de
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mi Primera Comunión”. En ese recuerdo de una hora desaparecida en el amanecer de la vida que hace vibrar el corazón con una emoción más dulce que todas las alegrías de la tierra. Sin darnos cuenta del divino poder de la Primera Comunión, esa fecha que no se olvida jamás porque nos hemos unido a Dios una primera vez, hay, sí, la inenarrable seducción de esa palabra del Divino Maestro llamando incesantemente a todos los hombres: “Venid a Mí y encontraréis reposo para vuestras almas”. Sabido es que en los últimos días de su vida Napoleón respondió a esa llamada que susurraba en su alma el recuerdo de su primera comunión. Después de haberse confesado humildemente, ese emperador, otrora tan soberbio, recibió el viático, la extremaunción, y pasó toda la noche en oración, en actos de piedad tan conmovedores como sinceros. A la mañana siguiente, cuando apareció el general Monthelon, le dijo con un tono de voz afectuosa y lleno de satisfacción: “General, soy feliz, he cumplido con todos mis deberes; os deseo a la hora de vuestra muerte la misma dicha. Tenía necesidad de ello, creedme; soy italiano, de familia noble de Córcega. El son de las campanas me conmueve; la vista de un sacerdote me causa placer. Debo, quiero, dar gloria a Dios”. Napoleón hizo su Primera Comunión en la capilla de la escuela de Brienne, y conservó siempre para con el humilde religioso lego que lo preparó a ese gran acto de la vida cristiana una tierna y respetuosa amistad. Cuando llegó a primer cónsul le escribió al enviarle como recuerdo una pensión de 1.000 francos: “No he olvidado que es a vuestros virtuosos
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ejemplos y sabias lecciones que debo la fortuna que he alcanzado. Sin religión no hay felicidad, no hay porvenir posible. Me encomiendo a vuestras oraciones”. Las lecciones que nos enseñan los fracasos y tribulaciones siempre debieran ser estudiadas en el bachillerato, porque son las que ascienden al hombre para la cátedra vital de la vida trascendente.
Publicado en La Voz de Avilés 20-octubre-2001

107 TODOS LOS SANTOS
n año más nos viene al encuentro la festividad de Todos los Santos. Pero esta conmemoración festiva no se refiere únicamente a los canonizados, sino también a todos aquellos conocidos por los hombres o sólo por Dios que, en sus circunstancias y estados de vida propios, lucharon por conquistar la perfección y gozan actualmente en el cielo de la vista de Dios. Así pues, la Iglesia venera en ese día a todos los santos que reinan juntos en la gloria. Y debe ser objeto de esa fiesta agradecer a Dios por la gracia y la gloria que les ha concedido a sus elegidos, es decir, a los que entregaron sus vidas en holocausto para que todos sigamos la “senda estrecha que nos lleva a la salvación, porque ancha y espaciosa es la senda que lleva a la perdición, y son muchos los que por ella se pierden” (Mt. 7, 13-14).

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Esta fiesta intenta ponernos alas en nuestras almas para volar hasta el cielo, nos coloca, con la fe, en la mansión dichosa de los escogidos: “Alegrémonos todos en el Señor, al celebrar ese día de fiesta en honor de todos los santos: de esta solemnidad se alegran los ángeles y alaban al Hijo de Dios”. Así canta la Iglesia al ofrecer el 1º de noviembre la Misa en honor de todos sus hijos trasladados de la muerte a la vida gloriosa, del combate al descanso y al gozo. Como madre amorosa y fecunda -la Iglesia- no puede olvidar a aquellos de sus hijos cuyos nombres desconocemos los hombres, pero sí están escritos en el libro de la vida. A todos aquellos que, en la riqueza y en la pobreza, en la obediencia o en el poder, en el dolor y en la salud, supieron hacerse santos, imitando las virtudes del modelo de toda santidad, Jesucristo. La Iglesia nos invita a festejar y a pedir ayuda a esta innumerable multitud de tantos y tantos fieles, hombres y mujeres que, precisamente en el quehacer de cada jornada, son los obreros incansables que trabajan en las viñas del Seño: son los humildes y los grandes artífices del crecimiento del Reino de Dios en la Historia. Ellos nos estimulan con su ejemplo y nos ayudan con su intercesión. Todos estamos llamados a la santidad. Es un llamamiento universal: “Sed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto” (Mt. 5, 48). Sí, Dios nos manda ser santos con verbo imperativo, sin distinción de edad, raza, profesión o condición social. La santidad es el verdadero cometido de nuestra vida cristiana. La Iglesia nos recuerda a todos, desde el humilde labrador o la solícita madre de familia, hasta el hom238

bre de negocios, cada uno en el sitio que Dios nos ha señalado, que debemos santificarnos. Para la mayoría de los hombres, ser santo supone santificar el propio trabajo, y con él, santificar a los demás. En el cumplimiento fiel de nuestros deberes y viviendo la caridad con las personas que tratan con nosotros, respondemos al llamamiento universal y a la santidad. El hecho de que seamos pecadores y miserables, no nos impide reconocer nuestras obligaciones ante las verdades de Dios en sus evangelios.
Publicado en La Nueva España 22-octubre-2001 y en La Voz de Avilés 23-octubre-2001

108 DÍA DE DIFUNTOS
l hombre necesita creer para obtener las fuerzas que no tiene. La vida nos presenta disyuntivas que a veces nos hacen impotentes para decidir, y cuando la persona no cree en la omnipotencia de Dios y en su protección suele servirse de amuletos o supersticiones creyendo encontrar solución al problema. Conozco personas -incluso católicas- que han perdido un ser muy querido y diariamente van al cementerio para expresarle la pena que sienten por él y los problemas que la vida les depara. Es verdad que el alma del difunto -cuando ha llegado al cielo- puede interceder por nosotros para que Dios nos conceda su ayuda con más intensidad, pero el cadáver que yace en el sepulcro en nada nos puede
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servir. Contrariamente sólo puede llevarnos a profundizar en el recuerdo y la pena. Bien parece que el día de los fieles difuntos nos acerquemos a la sepultura para asearla y rezar por el alma que ha salido de la persona amada. En la celebración de esta fecha, la Iglesia Militante subraya la comunión de la Iglesia Purgante, cuando implora la divina misericordia a favor de las almas del Purgatorio. Tradicionalmente se dice que las almas del purgatorio ruegan por nosotros, pero la Iglesia no acude jamás a su intercesión en las oraciones de la liturgia. “Es cosa buena y santa orar por los difuntos” (II Mac., XII, 46). Esto es lo que tenemos que hacer los católicos desde que nos falta un ser querido hasta que nosotros nos juntemos a él, sin olvidarnos nunca de las benditas almas del purgatorio. Pues el dogma de la comunión de los santos supone la comunicación de ciertas buenas obras y la existencia de una relación entre todos los miembros de Cristo. Arguye este preámbulo en mi mente después de leer una noticia que nos viene de la Habana, a través de una revista. Eran dos familias españolas de muy distinta clase social. Amelia Goire, una mujer guapa y de origen humilde. Eduardo Adot y López de una familia aristocrática. Los dos decidieron casarse. Vivieron muy unidos y con un gran amor entre ellos. Amelia murió dando a luz al primer hijo. La enterraron con el bebé a los pies. Eduardo, durante los siguientes años no dejó de ir un día a verla en el cementerio de Cristóbal Colón. Le escribía todos los días una carta, al llegar a la tumba, la “despertaba” golpeando el asa inferior
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izquierda de la lápida, y dejaba caer la carta entre las ranuras de los mármoles. Hablaba con ella sin separar sus ojos de Amelia. Cuando abrieron la tumba, el bebé estaba en los brazos de su madre. Eduardo la siguió visitando todos los días hasta que murió. Hoy, la tumba de la “milagrosa” es visitada por miles de personas, recordando el ritual que hacía todos los días su marido. La lápida, siempre está cubierta por multitud de recuerdos y amuletos agradeciendo su ayuda. Existe la costumbre de visitarla con los bebés y cambiarle de ropa, depositándola en la tumba. Las madres quieren que a sus hijos los bendiga la “milagrosa”. Esta hechicería o superstición es la que el hombre puede buscar cuando se siente impotente para resolver sus problemas y desconoce la existencia de un solo y verdadero Dios. Ése que nos predica la Iglesia y nos muestra el camino a seguir en sus Evangelios. “Hay que creer en algo”, suelen decir los que realmente no creen en Dios.
Publicado en La Voz de Avilés 24-octubre-2001

109 EL FIN DE LOS TIEMPOS
on alguna frecuencia vienen los agoreros a decirme que está muy próximo el fin de los tiempos, e intentan identificar todo lo malo que sucede con el fin del mundo, ignorando o queriendo ignorar lo que nos dice el Evangelio: “De
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aquel día y de aquella hora nadie sabe, ni los ángeles del cielo, ni el Hijo, sino sólo el Padre” (Mt. 2436,37). Pienso que faltan muchos siglos o milenios para que vuelva Jesús a juzgar a vivos y muertos, antes tendrá que ser predicado y conocido el Evangelio en toda la Tierra. También habrá un solo rebaño y un solo Pastor. Y esto de la unidad de la Iglesia católica con todas las religiones, es una disyuntiva que requiere la conversión de miles de millones. Nadie ha luchado tanto por el acercamiento de otras religiones a la nuestra como Juan Pablo II, y lo que ha conseguido hasta la fecha es poco significativo si lo comparamos con lo que falta. Es claro que en esta tarea continuarán todos los papas que se vengan sucediendo, pero hasta conseguir evangelizar a todo el orbe con las verdades y disposiciones del Evangelio, milenios tendrán que pasar. De poco nos sirve decirles a los musulmanes que el amor de Dios para con nosotros se manifestó en que el Padre envió al mundo a su Hijo unigénito para que, hecho Hombre, regenerara a toda la humanidad con la Redención y la congregara en la unidad, para establecer su Santa Iglesia en todo el mundo hasta el fin de los siglos. Sí, Cristo confió al Colegio de los Doce el oficio de enseñar, gobernar y santificar a todos los humanos, y de entre los Doce eligió a Pedro, sobre el cual, después de la confesión de su fe, decretó edificar Su Iglesia; a él le prometió las llaves del reino de los cielos y les encomendó, después de la promesa de su amor, el confirmar a todas las ovejas en la fe y el apacentarlas en la perfecta unidad, per-

maneciendo eternamente Jesucristo mismo como piedra angular definitiva y pastor de nuestras almas. Jesucristo quiere que, por medio de los Apóstoles y de sus sucesores, los obispos, con el sucesor de Pedro como cabeza, por la fiel predicación del Evangelio y por la administración de los sacramentos, así como por el gobierno en el amor, iluminados por el Espíritu Santo, crezca imparablemente su pueblo, y perfeccione así la comunión de éste en la unidad: en la confesión de una sola fe, en la celebración común del culto divino y en la concordia fraterna de la familia de Dios. Así, la Iglesia católica, único y verdadero rebaño de Dios, como si fuese una sola bandera levantada en todas las naciones, comunicando el Evangelio de la paz a todo el género humano. Este es el misterio sagrado de la unidad de la Iglesia en Cristo y por Cristo, obrando el Espíritu Santo la variedad de las funciones, sin el más mínimo detrimento del Evangelio, para que nunca se adultere la unidad de Dios Padre e Hijo con el Espíritu Santo. Cuando todo esto lo acepten los que están fuera de la Iglesia católica y verdadera, entonces habrá un solo Rebaño y un solo Pastor.
Publicado en La Voz de Avilés 25-octubre-2001

110 JUANA DE ARCO

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odo parece que Dios tiene predilección por los pastores que guardan los rebaños en el campo. Desde el rey David hasta Santa Juana de Arco, pasando por Santa Bernardette, Jacinta, Francisco, Lucía y un sinnúmero de zagales que han pasado a la historia después de obtener la santidad o los méritos suficientes. Si es verdad -como dice Teresa de Calcuta- que el fruto del silencio es la oración, nadie más silencioso y solitario que los pastores en los campos y sierras para contemplar el cielo y contagiarse de la nobleza de los animales. Una de las mujeres más heroínas que registra la historia ha sido Juana de Arco, la bella jovencita que pastoreaba ovejas en Francia, hasta que un día le hablan. Mira a su alrededor y no hay nadie. Es un ser invisible. Es Dios que le ruega que vaya a la guerra y que salve a la nación. La graciosa pastora, de porte tranquilo, se echa a llorar. Se desvanecen todas sus ilusiones. Ahora tiene que abandonar a sus padres, sus hermanos, su campiña y su bastón. Pero cuando Dios pide hay que dar. Tras incontables intentos y dificultades, desprecios, desaires y burlas, consigue la pobre aldeana que el rey Carlos VII la reciba en audiencia. En medio de la expectación general, avanzó Juana de Arco con su sencillo traje dominguero, por la enorme sala hacia el suntuoso trono. Uno de los cortesanos, burlándola, se le presenta como el rey, pero Juana no se inclina para reverenciarlo: “¡Vos no sois el rey!” -dijo con voz tan enérgica que resonó en toda la sala. Sin una sola vacilación, la aldeana se dirigió hacia el grupo de cortesanos, abriéndose paso descubrió al verdadero rey, a quien jamás había visto. “¡Dios os
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guarde, Majestad!” -le dijo-. “Tengo que ir a la guerra. Me lo ha dicho Dios. Necesito un ejército completamente equipado para que yo conduzca la victoria definitiva contra los ingleses, Majestad”. El monarca nombró a la aldeana General de todos sus ejércitos. La terca Juana, se empeña en agradar a Dios tal como Él lo quiere. Y ha sido tan grande su ideal de voluntad de Dios, tan grande como para vivir por Él, como para morir por Él. Y escribe sus famosísimas cartas al monarca inglés, que han pasado al episodio de los más célebres. “22 marzo 1429. JESÚS MARÍA. A vos rey de Inglaterra, a vos duque de Bedford, que os tenéis por regente de Francia, a vos Guillermo de Paule… os requiero para que rindáis cuentas al Rey del Cielo, quien os ordena entregar a la “doncella” que ha elegido, las llaves de las ciudades que nos habéis arrebatado. Yo he venido por encargo de Dios para restituir el trono al verdadero rey. No me opongo a vuestros deseos de paz, con la condición de que nos devolváis el reino y paguéis los daños que vuestra ocupación ha causado. Y vosotros que sitiáis a Orleáns, regresad a vuestro país, pues así lo quiere Dios”. Parece increíble ver a esta joven niña vestida de militar y armada de espada -que nunca llegó a mancharse de sangre- y dispuesta a batir al poderoso ejército inglés. Pero interiormente lloraba. No podía imaginar lo que Dios tenía predestinado para ella. “Rezad, rezad conmigo”, les decía al ejército en pleno. Los soldados se arrodillaban anonadados, sintiéndose niños ante las palabras de aquella criatura que les hablaba con angelical candor. Pero cuando ella quedó extasiada y transfigurada, sonriendo con la
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mirada clavada en el cielo, todos tuvieron por seguro que Dios le estaba hablando. “Perdonadme -les dice . Es que acabo de ver… Me herirán en los combates… Me harán prisionera…”. El nombre de “prisionera” le horrorizaba. Conocía muy bien los crímenes que habían cometido sus enemigos. A veces el ejército la veía desmontar de su caballo, e inmóvil levantar el rostro al cielo y mover los labios. Y abarcando su estremecimiento y su miedo, decía: “¡Lo que Tú quieras, Señor!”. Al mando de los suyos y cuando las tomas se hacían dificilísimas, los alentaba al combate por la única razón de “hacer lo que Dios quiere que hagamos”. “¡Confiad en el Señor -decía-. Él es más poderoso que todos los ejércitos! La victoria es nuestra. Cumplamos las órdenes del Señor”. Así gritaba con indomable vigor. Hubo una toma en que sus tropas estaban exhaustas, y en súbito arranque, teniendo sin cuidado las nubes de flechas que llovían sobre su persona, tomó una escalera de mano, la apoyó en el muro y ante el asombro de todos, intentó realizar ella sola el asalto. Una de las flechas se clavó en su pecho y quedó semiinconsciente. Un murmullo de terror recorrió de un lado a otro sus filas de arqueros. Se apresuraron a cogerla cuando la sangre teñía su indumentaria guerrera. Al escuchar la joven el toque de retirada de las tropas, se arranca ella misma las flechas. Se levanta como puede y grita: “¡Hemos de esforzarnos! ¡Dios lo quiere! ¡Es Dios!”. Nada le importaba rendirse a la muerte por cumplir el mandato de Dios. Envuelta en sangre y desvaída, Juana va al ataque montada en su caballo, toma en una mano la brida y en la otra el
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estandarte de Jesús, y seguida de su ayudante de campo, se dirige hacia las murallas enemigas desde las que eran arrojadas un diluvio de piedras. La victoria fue apoteósica. Los sacerdotes de todas las iglesias entonaban el “Te Deum”. Y el recibimiento que se le dio a la pastora de ovejas por sus tropas fue delirante. Los jefes militares se inclinaron respetuosamente ante la aldeana de dieciocho años. Y todos los batallones desfilaron victoreándola. Sus subordinados sabían muy bien que en las más difíciles operaciones, en los más angustiosos momentos, se ponía a cabalgar de un lado para otro, siempre en primera fila; algo que sólo se puede hacer cuando se confía plenamente en Dios y sabemos que la fuerza nos viene del Altísimo para emplearla en defensa de su justicia. Todo lo que venimos escribiendo puede parecer una novela fantástica. Pero no se trata de contar las hazañas de esta muchacha canonizada por la Iglesia, sino de traer un muy extraño modelo de decir “sí” a Dios, de cumplir su santa voluntad. De comprender que en los más raros y desconcertantes caminos, como en éste, la altísima santidad sólo consiste en hacer lo que Él nos manda. En una ocasión, al ver que uno de sus soldados hería alevosamente a un prisionero indefenso, desmontó de su caballo y le propinó una bofetada a su subordinado, mientras miraba con dulzura al enemigo herido, cayéndole las lágrimas a Santa Juana sobre la cara del pobre moribundo, que sorprendido y atónito le dijo: “¿Estáis llorando por mí?”. Un día, tal y como Dios se lo había anunciado la hacen prisionera. “¡Al fin te hemos apresado, Juana
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de Arco! ¡En adelante nos servirás a nosotros!”. “Mi alma continúa libre -les dijo- y sólo a Dios servirá”, respondió la joven general dignamente. Interrogatorios y opresiones; abandonos y desprecios; calumnias y malos tratos; cadenas y calabozos. Pero lo que más le dolió fue esa “persecución de buenos” que no son santos, porque junto a sus acérrimos enemigos los ingleses, un obispo católico la condenó como hereje. Y la toda consumada en fuego divino es sentenciada a morir quemada en una hoguera. Al recibir la carta comunicándole que va a ser quemada, su rostro palidece. Porque ser santo no es no sentir lo que Dios nos pide, sino consentir lo que Dios quiere de nosotros y conformarse con su voluntad. En los lóbregos pasillos de la cárcel, se formó una gran procesión con hachas encendidas. La doncella comulgó con profundo recogimiento. Era su despedida. “Hasta dentro de un rato, Señor”, les dijo en voz alta. Sus ojos se llenaron de lágrimas ante la blanquísima Hostia. Y como la puerta de la celda había quedado abierta, todos pudieron contemplar el hermoso cuadro donde se dibujaba aquella criatura mártir arrodillada, con los ojos vueltos al cielo. Una honda emoción embargó a los presentes, con los ojos bañados en lágrimas. Aquella muchachita, la mayor clarividencia militar de su siglo, llegada la hora del sacrificio vistió una larga túnica de mujer y adornó su cabeza con una cofia para salir de la cárcel. Al paso de la carreta, miles de personas arrodilladas con velas encendidas, pedían a gritos la salvación de su salvadora. De aquella valerosa niña que iba a dar su vida por su patria. Llena de paz infinita, subió por fin las terribles gra248

das de la hoguera. Tomó el crucifijo abrazando y besando a Aquél que también expiró por hacer el bien. Como hemos podido ver, las guerras santas queridas por Dios no han faltado, pero no son las de Bin Laden ni las del régimen Talibán.
Publicado en La Voz de Avilés 28, 29 y 30-octubre-2001

111 AL SR. PENDÁS BENITO
ace algo más de 20 años tuviste la cortesía de venir a conocerme a la residencia donde sigo habitando. En aquella época ibas más allá del agnosticismo. Pasabas del aborto diciéndome que nada te importaba. Infravalorabas el contenido espiritual de los escritos que La Nueva España me publicaba de continuo. Te parecía normal todo lo libidinoso, y viendo yo que no existía entre nosotros la más mínima afinidad, te propuse asistir a unos Cursillos de Cristiandad, y a continuación hacer unos ejercicios espirituales de ocho días con el fundador de Lumen Dei, prometiéndote que todos los gastos serían de mi cuenta. Y te dije más: si después de hacer lo que precede me dices que sigues sin creer en Dios, me comprometo a gratificarte con cincuenta mil pesetas, pero no quisiste aceptar nada. Desde aquella fecha vengo leyendo tus artículos en los cuatro periódicos regionales y nada tengo que objetar a las críticas literarias que sueles hacer. Sólo
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lamentar las alteraciones psíquicas que has venido sufriendo a pesar de los buenos psiquiatras que te han tratado, y digo esto porque tú lo has hecho público en los periódicos con respetable sinceridad. No tendría sentido este preámbulo si no fuera por la carta que has publicado en La Voz de Avilés el pasado día 24, titulada La existencia temporal del mal. ¡Qué bonita! ¡Qué bien! ¡Qué alegría me ha dado! Pues en ella rezuma una profunda espiritualidad. Dios te ha dado la gracia de saborear el dolor y las enfermedades que otrora te habían atormentado. Permíteme que reproduzca algunos párrafos: “El sufrimiento y la muerte son elementos indispensables para alcanzar la bienaventuranza eterna. No se entra gratuitamente, el cielo, la felicidad completa, hay que merecerlos. El precio estipulado nos parece caro. Pero es que la recompensa, el galardón definitivo, es de una magnitud tan grandiosa y de una grandeza tan considerable y enorme, que merece la pena sufrir. Hay que tener valor, sí, y afrontar una tragedia para convertirse en exaltación divina y eterna”. Parafraseando al santo jesuita y escritor Narciso Irala, te diré que las abejas sacan miel de las flores, mientras los cristianos la sacamos de las espinas. Pero esta ciencia está patentada en el cristianismo. Claro me parece que Dios te ama con predilección. Y a ti, como a tantos otros, se ha manifestado con esa enfermedad psíquica que ya está superada al reconocer el bien que te ha hecho. Ahora has conseguido dominarla, y estás capacitado para enseñarles a los psiquiatras agnósticos que no todo se cura con la medicación. Como bien me decía un superior provin250

cial de los jesuitas, Gregorio Sánchez Céspedes: “Si todos fueran católicos y pasaran semanalmente por el confesonario, las clínicas psiquiátricas tendrían que cerrar”. Te dejo mi teléfono por si en algo puedo servirte, 344033. Enhorabuena y un cordial saludo.
Publicado en La Voz de Avilés 30-octubre-2001

112 DIOS BENDIGA A EE.UU.
sto dijo el Presidente después de la hecatombe de las torres gemelas y la destrucción de parte del Pentágono; bien nos parece que lo haya dicho, pero Dios sólo bendice el bien que se hace y maldice la iniquidad. Y como las grandes injusticias se cometen continuamente después de legisladas por los gobiernos, nos parece justo que las maldiciones de Dios sean más frecuentes que las bendiciones. Hace unos meses, el Senado estadounidense aprobó una ley que garantiza la asistencia médica a los niños que no mueran en el aborto. Es decir, que si el bebé sobrevive a la solución salina, a las cuchillas, al aplastamiento de su cabeza o a la punción en la nuca, tiene derecho a la vida y debe recibir tratamiento médico. Las posibilidades de que el feto culmine esta carrera de obstáculos son mínimas, pero algunos sí lo han conseguido y ahora, años después de su macabra competición contra la muerte, han llevado su caso hasta el Senado estadounidense, y la Cámara norteamericana determinó que
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todo el feto que sobreviva a un aborto deberá ser hospitalizado. Esta es la ley: Soy plenamente consciente de tu inocencia, pero te voy a torturar intentando que mueras de sufrimiento. Si resistes a la tortura tienes derecho a ser asistido por el médico de turno. ¡Ah! ¿y las secuelas de la tortura? Ese es un problema del torturado. Yo, como legislador, ordeno, mando, me burlo de Dios y de las criaturas inocentes. Después vienen el ántrax, el sida y las guerras. Y los que no creen en Dios preguntan el porqué siendo tan bueno consiente tanto desmadre. Ignorando que Dios es el campeón de la libertad, pues si de inmediato castigara el mal que practican los hombres nos privaría de la independencia y se convertiría en un odioso dictador, obligándonos a practicar el bien por miedo al castigo, y esta actitud terminaría con el mandamiento del amor, y todo el bien que se hiciera carecería de cualquier mérito por ser forzoso. Si Dios permitió que su Hijo fuese crucificado, ¿cómo no va a permitir que nos crucifiquemos unos a otros? Por algo existe el juicio en el que todos seremos juzgados conforme a lo que hayamos hecho en la vida terrena, y como Dios nunca es viejo, allí nos espera pacientemente. El pasado año, un grupo de parlamentarios norteamericanos -el mismo que hizo la proposición para que el feto que sobreviva sea considerado personareunió a un grupo de expertos relacionados con el tema del aborto, para debatir sobre la propuesta parlamentaria. Uno de los invitados a participar era Jill Stanek, una enfermera que durante numerosos años practicó abortos en el hospital de Oak Lawn, y en la
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clínica en que trabajaba, el método abortivo más empleado era la dilatación del útero, una vez dilatado, el prematuro bebé sale fuera del útero vivo en muchas ocasiones. Y uno de los congresistas le preguntó a la enfermera por el tratamiento que recibían los fetos que lograban sobrevivir a un aborto: “No reciben -le dijo- ningún tipo de asistencia o cuidado médico: sólo reciben lo que se llama cuidado de consuelo, es decir, mantener al bebé caliente en una cama hasta que muera”. ¡Dios bendiga a EE.UU. e impida que lleguen a España esas cartas que matan!
Publicado en La Voz de Avilés 1-noviembre-2001, en El Comercio 19noviembre-2001 y en El Comercio Digital 19-noviembre-2001

113 ASÍ ME LO HA CONTADO
osé Manuel es hijo de un emigrante español que se fue a Bélgica hace 30 años, y actualmente tiene un comercio en Oviedo. Habla correctamente el español y me cuenta la historia que sigue: La frontera de Bélgica era asolada desde hacía largos años por un audaz contrabandista. Perseguido y acosado como un salvaje conseguía siempre ganar la frontera, hasta que un día, habiendo extraviado el camino, se encuentra con un niño de unos doce años que guardaba su rebaño de ovejas; sentado bajo un árbol, leía con avidez un pequeño libro. Aproximándose a él el contrabandista le dice: “¿Qué haces aquí amigo?”. Turbado por la súbita llegada de este hom253

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bre, el pobre pastorcito levanta la cabeza y presa del temor quiere escapar, pero él lo retiene. - No tengas miedo, no quiero hacerte daño. ¿Qué cosa tan interesante leías cuando llegué a tu lado? - Señor, es un libro que nuestro buen cura me ha dado y que me ha servido para hacer la Primera Comunión. Lo leo muy a menudo; en él se encuentran los secretos para vivir feliz en este mundo y en el otro. - ¡No digas! ¿Podría yo conocerlos? - Sólo de usted depende. ¿Sabe leer? - Nunca supe leer ni escribir. - Bien, señor, si usted quiere yo le leeré las hermosas páginas de mi libro y se las explicaré como nuestro buen cura me las explicaba. - Con mucho gusto, amigo, esta existencia vagabunda y miserable me pesa y tu presencia es un bálsamo para mi corazón. Cuando tenga tiempo, vendré a encontrarme contigo y estudiaremos juntos. Después de este encuentro milagroso, el contrabandista iba todos los días a instruirse junto al niño, que le explicaba con candor y admirable fe las bellezas del Catecismo. Encontraba en él un encanto inexplicable, y de allí sacaba su piedad angélica, su obediencia para con sus padres y una conformidad plena e íntegra para cumplir las leyes del Señor, instruyendo con elocuencia a aquella pobre alma extraviada. El contrabandista encuentra cada vez mayor placer en sus encuentros con el pastorcito. Tres meses han transcurrido desde el primer encuentro. El neófito se convierte y le solicita un encuentro con el buen sacerdote. Así pues, una mañana los dos compañeros se encaminan al presbi254

terio. El contrabandista contó toda su historia y cómo la luz de la verdad había iluminado su corazón y su conciencia, manifestando vivo deseo de hacer su Primera Comunión. - He concebido -agregó- una idea que os daré a conocer más tarde, pero mientras tanto y como preparación a este gran acto, desearía deshacerme de una fortuna que me quema las manos. - Amigo mío -le dijo el sacerdote-, es preciso por cierto restituir al Estado lo que le corresponde. Yo me encargaré de eso, si usted lo permite. En cuanto a lo que ha ganado legítimamente, puede disponer de ello a su gusto. Desde la mañana siguiente, el buen cura y el ex contrabandista se pusieron a resolver el problema que conlleva el dinero usurpado; luego, cumplido ese primer deber, fue preciso poner en regla la conciencia del ex contrabandista con una confesión general. La hizo con todos los sentimientos del más profundo arrepentimiento. Dos meses después de la visita al presbiterio se vio un domingo por la mañana a un hombre corpulento encaminarse a la iglesia de la aldea y ocupar en el coro un lugar junto al niño de trece años. Era el ex contrabandista convertido que iba a recibir por primera vez el Cuerpo y la Sangre de Cristo. Su piadoso catequista lo siguió a la santa Mesa del altar. ¡Ah! ¡qué hermoso día para un pobre pecador! Ya se habían suavizado sus rasgos duros y crueles con la paz que llevaba en el alma. Él había encontrado la perla preciosa y entregado toda su riqueza para santificarse. El joven pastor lo había iluminado. Después de haber comulgado el ex contrabandista, el buen
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sacerdote reunió en su mesa a los dos héroes de este relato. Terminados los postres el ex malhechor participó al cura su intención bien decidida de dejar el mundo. Eso fue lo que hizo: Después de haber vendido todos sus bienes y haber distribuido su fortuna con los más pobres entró en la Cartuja huyendo del infierno y en busca del cielo. ¡Ah, si todos los cristianos quisiéramos ser apóstoles como este niño de doce años!
Publicado en La Voz de Asturias 4-noviembre-2001 y en La Voz de Avilés 5-noviembre-2001

114 ANÉCDOTA DE LA MADRE TERESA
yer me entregaron la revista titulada En tierra extraña. La señora María Luisa me sugiere que escriba un artículo sobre la Madre Teresa de Calcuta sirviéndome de los datos que aporta la revista mencionada. Cuando esta santa -pronto lo será- fue por primera vez a Nueva York, con ocasión del Congreso Eucarístico Internacional de Filadelfia, llevaba como equipaje una bolsa de tela oscura, como las que usan los mendigos en la India, pero limpia, y en ella llevaba los documentos, algo de ropa personal, un bolígrafo sencillo y unos papelitos que había cortado cuidadosamente después de doblar unas cuartillas de papel en ocho cuadraditos. Durante el viaje tuvo
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tiempo de rezar, pensar y escribir en aquellos billetitos. Al llegar a Nueva York, algunos periodistas diligentes que tenían la imaginación y la paciencia de ir a leer las listas de los pasajeros de los aviones que llegaban ese día, viendo que llegaba la Madre Teresa, fueron a esperarla al salir del aeropuerto, se le acercaron con las grabadoras y la acosaron a preguntas sobre su trabajo, los detalles del viaje y sus impresiones al llegar a Nueva York. La monjita, sonriente a pesar del cansancio, puso la mano en su bolsita y les dio a cada uno una copia de las que había escrito durante el viaje. Los periodistas recibieron su billetito y se apartaron para leerlo, con la intención de volver y seguir preguntando a la Madre Teresa. Ninguno la siguió; todos quedaron como encantados o aturdidos por el contenido del papelito, que así decía: “El fruto del silencio es la ORACIÓN; el fruto de la oración es la FE; el fruto de la fe es el AMOR; el fruto del amor es el SERVICIO; el fruto del servicio es la PAZ”. Ideas sugestivas que se presentaban para escribir un artículo sensacional en los periódicos y revistas. Y algunos de ellos trataron de hacerlo ese mismo día, pero al escribir algunas líneas se desanimaron porque esas ideas leídas en la oficina sonaban extrañas y ridículas, capaces de “rebajar el prestigio” y la calidad de la publicación ante el gran número de lectores agnósticos y ateos, poniendo en peligro no sólo el empleo sino toda la carrera del periodista que firmara semejante artículo.
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Siendo así, nadie publicó ni una sola palabra de la monjita. Sin embargo, uno de los periodistas confesó después que, tanto él como sus compañeros, conservaron ese papelito como una reliquia, y cuando querían hacer un regalo a alguna persona a quien querían de veras y le deseaban de corazón la felicidad, hacían una copia de esas cinco líneas y se la daban en un sobre como si fuese una alhaja. En este caso, los hijos de la luz han sido más avispados que los hijos de las tinieblas.
Publicado en La Voz de Asturias 5-noviembre-2001 y en La Voz de Avilés 6-noviembre-2001

115 EL ODIO Y LA ENVIDIA
i la justicia y la paz se besan, el odio y la envidia se abrazan. Por eso decía Antonio García Gutiérrez: “El odio y la envidia: Ved qué terrible alianza”. Kim Phuc ha dado una lección al mundo de lo que significa el perdón. Es Kim una vietnamita que todo el mundo ha tenido oportunidad de conocerla. La fotografía de esta niña cuando sólo contaba once años, ha sido reproducida miles o millones de veces. Nick Ut, fotógrafo de profesión, inmortalizó la secuencia, lo que le dio posteriormente el premio Pulitzer. Kim Phuc vivía en una pequeña aldea cerca de la frontera de Camboya. La guerra entre Vietnam del norte y Vietnam del sur entraba en 1972 en su duodé258

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cimo aniversario de enfrentamiento armado. Estados Unidos apoyaba a Vietnam del sur con su potencial bélico. El 8 de julio de ese año, un avión norteamericano lanzó cuatro bombas sobre Trang Bang, el pueblecito de Kim. Los pocos sobrevivientes corren despavoridos por la carretera. Kim Phuc, completamente desnuda y con el cuerpo alcanzado por los efectos de las bombas, llora desesperada, sin saber adonde ir. Su cuerpo en una llaga es la imagen del horror. La pequeña Kim es trasladada de inmediato por el mismo fotógrafo a un hospital de Saigón. Permanece allí 14 meses, sufre 17 operaciones quirúrgicas. Todos los días tiene que untarse el cuerpo con una crema que permite levantar la piel quemada. Ya se podrán imaginar los dolores de las curas. Pasan los años y tras diversas peripecias, Kim se casa y junto con su marido consigue exiliarse a Canadá. Se convierte al cristianismo y decide dedicar su vida “a ayudar a la gente con odio y envidia para que cambien y sean felices”. Hace pocos meses asistió a un acto en Washington adonde acudieron 2.000 veteranos del Vietnam. “Si pudiera encontrarme cara a cara con el piloto del avión que lanzó las bombas -comenta a los militares americanos que la escuchaban- les diría: no podemos cambiar la historia, pero sí podemos intentar, juntos, construir la paz”. El capitán John Plummer, el oficial que ordenó lanzar las bombas sobre Trang Bang, hecho un mar de lágrimas, se le acerca a Kim y se funden en un abrazo. Plummer semanas después declaraba que el ofrecimiento del perdón de Kim le había cambiado su vida. Desde la guerra, cada vez que veía la famosa foto259

grafía tenía pesadillas y oía los sollozos de Kim. Se convirtió al catolicismo inmediatamente. Ahora había recobrado la paz de su corazón. Las heridas de su alma habían cicatrizado. Kim Phuc, por su parte, continúa por el mundo enseñando que “para ser feliz hay que liberarse del odio y de la envidia”, y que ofrecer y aceptar el perdón a las personas que nos provocan heridas en nuestra vida, es la mejor medicina para vivir en paz. Toda una lección de humanismo y encarnación del Evangelio. Como vemos, aunque sea por puro interés personal, vale la pena perdonar y exterminar la envidia, sabiendo que es la polilla del talento, y que nadie es más que otro si todos conseguimos acercarnos a Aquél que todo lo puede, Dios.
Publicado en La Voz de Avilés 8-noviembre-2001

116 LOS REGALOS
os regalos son halagos que expresan el agradecimiento o simpatía que uno siente por otra persona. Pero suelen ser poco útiles para quien los recibe y costosos para el obsequiante. Un sacerdote que ostentaba el cargo de párroco y era fumador, me dijo que el día de su santo le fueron obsequiando uno a uno con 60 ceniceros. Y una familia amiga nuestra me comentaba el bien que les había hecho un regalo que nosotros tuvimos a bien el llevárselo a casa. Era un cuadro de la Virgen de Fátima de excelente belleza. Ellos eran creyentes y practicantes,
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pero en relación con su nivel de compromiso con el Señor podían ser calificados de algo mediocres. El cuadro lo habíamos comprado en Fátima, y era tan hermoso que lo pusieron en un lugar destacado y bien visible. Poco a poco -me decían- el ambiente de aquel hogar fue cambiando. Delante de la Virgen no se podían decir determinadas cosas, suavemente se fue purificando de un puñado de adherencias que no sólo les impedían quererse más sino que incluso les hacía muy difícil encontrar la felicidad. Además, me decían, aquello no sólo les pasaba a ellos, sino que también afectaba a las visitas, sobre todo a los que acudían con frecuencia a su hogar. La gente, sin saber por qué, salía de aquella casa con más paz, con ilusión, con ganas de ser mejores. Aquel salón no era una iglesia, desde luego, pero allí había algo que les tocaba el corazón sin darse cuenta. Bueno, al final sí comprendieron lo que pasaba. Y al darse cuenta, decidieron hacer regalos semejantes a sus mejores amigos y a sus familiares. Sin decirles por qué, aprovechando un cumpleaños o la llegada de Navidad, se presentaban con un cuadro de la Virgen, quizá no tan bueno como el que ellos tenían pero sí lo suficientemente hermoso como para que no fuese despreciado y arrinconado. Y -me decían- el efecto se repetía. Todos sabemos que Dios es bondad, pero quizás ignoramos que también es belleza. Y nuestra ignorancia es ciertamente culpable, pues pocos serán los que no han sentido la huella divina en un hermoso atardecer, en un paisaje apacible, ante un templo bellamente construido o ante esa obra de arte viva que es la mirada de un niño. La belleza de Dios es la emba261

jadora de su bondad: La Virgen. Quizá resulte difícil a veces llevar a los hombres directamente hasta el Señor, convencerles de que Dios los ama cuando están atravesando dificultades. Pero siempre se puede poner ante sus ojos una muestra de la belleza divina, una obra de arte que no tiene que ser necesariamente muy cara para convertirse en portadora de la huella del Señor. Recuerdo que en la Checoslovaquia comunista, un sacerdote de esos que vivían camuflados, se había dedicado a tallar ángeles de madera que luego vendía. No podía predicar, pero cada vez que uno de aquellos angelotes barrocos entraba en un hogar, penetraba también un soplo del Evangelio. ¿Por qué no evangelizar con el arte? ¿Por qué no regalar una chispa de la belleza divina, precisamente a aquellos que quizá no admiten otro tipo de evangelización?
Publicado en La Voz de Avilés 10-noviembre-2001 y en La Voz de Asturias 12-noviembre-2001

117 DESPUÉS DE UNOS EJERCICIOS ESPIRITUALES
os pasados días 2, 3 y 4 asistimos a unos Ejercicios Espirituales 23 personas. Cinco eran de Avilés, siete de Gijón, cinco de Oviedo, dos de Mieres, tres de Madrid y uno de una aldea de Campo de Caso. Distribuimos dos mil octavillas; se pusieron

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120 carteles en las puertas de las iglesias y continuos anuncios en El Comercio y La Voz de Avilés. Es de suponer que los anuncios predichos hayan llegado a muchos miles de familias. Pero, tristemente, España se viene descristianizando desde hace años. Recuerdo perfectamente cuando era necesario ser recomendado por alguien para encontrar plaza en los Cursillos de Cristiandad, lo mismo que ahora sucede en los países de lengua hispana del Tercer Mundo. A los misioneros de la unión sacerdotal Lumen Dei en América siempre les quedan 40 ó 50 personas esperando el momento que les acepten para hacer Ejercicios Espirituales. Y, ¿por qué sucede todo esto? Pienso que la TV y algunos rotativos son los responsables de la decadencia espiritual que nos invade: un obispo que desobedece al Papa y se casa, tiene acceso a la TV y a los periódicos ateos. Un sacerdote rebelde que se opone al Magisterio de la Iglesia es muy bien recibido en casi todos los medios de difusión. Un cura que defiende la Teología de la Liberación es famoso en el mundo. Un religioso que se marcha con una catequista o con una monja aparece en periódicos y revistas como ejemplo a seguir por tantos miles de colegas que sólo piensan en evangelizar y hacer el bien. Es decir, que el uno por mil de ovejas negras que siempre ha tenido y tiene la Iglesia, son los que a todos nos dan a conocer. Pero esos miles o millones de religiosos piadosos y santos que trabajan abnegadamente por el bien de los pobres, abandonando a sus seres queridos y dispuestos a dar sus vidas para llevarles un trozo de pan a los que nada tienen e instruirles con la Palabra de Dios, viven en el anoni263

mato, mientras corren ríos de tinta para ensalzar a los que se casan, se divorcian y se vuelven a casar en los ayuntamientos. Estamos viviendo una etapa en la que sólo lo depravado y corrupto es noticia y ejemplo a seguir. La gente que llevan consigo la moral y la religión no cuentan para nada. Y los gobiernos no quieren darse cuenta que ellos y los partidos políticos más numerosos son los causantes del dislate casi generalizado que vivimos, algo que no conseguirán arreglarlo con las Fuerzas de Seguridad ni con las cárceles; es imprescindible evangelizar a los malos con el ejemplo de los buenos, es necesario cambiar los programas de adulterio por los de moral y religión. Distraído con lo que pasa en España -y en el mundo-, bien conocido de todos los lectores, he dejado en olvido lo más importante de los referidos Ejercicios Espirituales. Un sacerdote de la unión sacerdotal Lumen Dei ha venido desde Madrid para explicarnos el camino de la santidad en el Convento de las Esclavas de Latores. Diez conferencias nos ha dado. Es un joven alto y delgado, con un equilibrio mental sobresaliente. Ha sido misionero en Perú y nos ha mostrado una película de lo bien que están los niños apadrinados y las imágenes que horrorizan al ver los que no tienen padrinos. Es increíble el bien que se puede hacer con cinco mil pesetas por mes para apadrinar a un niño; éstos tienen asistencia médica, buenos comedores, sana y abundante alimentación; son catequizados y todos salen con un oficio que les permite encontrar empleo inmediatamente. Las conferencias sólo duraban 45 minutos. Boquiabiertos nos quedábamos oyendo las palabras
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del santo misionero. Es claro que no podían faltar las citas evangélicas en medio de un silencio sepulcral, tanto el aliento y esperanza que nos dan las bienaventuranzas y la parábola del hijo pródigo, como el “apartaos de Mí, malditos, al fuego eterno, porque tuve hambre y no me disteis de comer”. Es decir, la predicación del Evangelio entero sin mutilar una soja hoja, tal y como Cristo nos lo ha dicho y nos exige que sea predicado. Pero el don de gentes y el carisma del padre Alcaíno, penetraba en los corazones de los ejercitantes como las flechas de los indios, y los descansos eran para hacer oración, meditar el contenido de las conferencias, leer biografías de santos y dar paseos por la huerta con el rosario pendiente de los dedos; tres días de verdadero provecho espiritual. Cuando nos levantábamos a las siete de la mañana para reunirnos en la capilla, allí estaba el misionero de rodillas una hora antes. No desayunaba ni cenaba. Nos bendecía la comida y se retiraba para hacer oración, porque el ayuno y la penitencia son los que hacen posible que los ejercicios sean fecundos y nos sirva de ejemplo la vida que lleva el santo sacerdote. Terminaré con una anécdota: mi esposa me dio el número de teléfono que le había dado un señor que vive en una aldea de Campo de Caso. Le llamé de inmediato y al ponerme al habla con él me pareció la voz de un profesor que yo conozco. ¿Eres el profesor? -le pregunté. - No, soy pastor y no tengo preparación ninguna, pero quería ir a esos ejercicios. Dígame dónde son y cuánto cuestan.

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Cuestan 8.400 pesetas, pero si tienes dificultades económicas te concedemos una beca. - No, no, yo puedo pagarlos. - ¿Cómo te has informado? - Unos turistas de montaña han dejado olvidado El Comercio, y al ver el anuncio vi muy claro que Dios me llamaba. Eres bueno y humilde, me dije, tú vendrás y te harán mucho provecho. Y así fue. El humilde y sincero pastor, sirviéndose de coches de alquiler y autobuses recorrió los 60 kilómetros que distan de Campo de Caso hasta Latores y allí se presentó con una mochila y bien aseado, después de dejar a un pariente suyo al cuidado de las vacas y ovejas. No desperdició un minuto en los tres días de ejercicios. Siempre de rodillas al lado del sagrario con el rosario en las manos. Terminados los ejercicios y el silencio, me interesé por conocer mejor al pastor Ángel Calvo. Cuéntame cómo es tu vida espiritual, le dije. - Cuando apenas había cumplido los tres años, mi madre se puso muy enferma y la internaron en el hospital. Yo preguntaba si sanaría pronto para volver a casa conmigo. Mi padre me dijo que si yo le pedía a Dios que sanara Él me lo concedería, y yo pedía y pedía. Allí estuvo cuatro años y yo siempre pidiendo a dios que sanara y que volviera con nosotros. Mi madre sanó y tiene ahora 78 años. Desde aquellas fechas nunca más dejé de rezar y agradecerle a Dios. Al día siguiente a los ejercicios le llamé por teléfono para saber si había tenido buen viaje. - Sí, sí; en Oviedo me encontré con un sacerdote de Campo de Caso que lo conoce a usted de leerle en los periódicos y me trajo hasta casa. Ahora estamos
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mi madre y yo rezando el rosario al fueu (al lado del fuego), y estamos muy contentos porque el cura nos predicará una novena por las almas del Purgatorio y tenemos misa todos los días en esta aldea. Yo tengo las llaves de la Iglesia y entro a rezar a la Virgen cuando quiero. Tengo que limpiar la iglesia todas las semanas para la misa de los domingos, pero soy muy feliz, porque usted sabe, lo que vale es Dios y la Virgen, lo otro todo pasa. Estos son los niños humildes del Evangelio que tienen bien seguro el reino de los cielos.
Publicado en La Voz de Avilés 13 y 15-noviembre-2001

118 UN MÉDICO SANTO
a sido canonizado por Juan Pablo II el doctor José Moscati. Lástima es que todo el bien que hacía se haya apagado a sus cuarenta y siete años. Don José había nacido en Benevento (Italia) el día 25 de julio de 1880. Su padre era Presidente del Tribunal de Justicia. Pero a su hijo le pareció más caritativo hacer justicia a los enfermos y desvalidos. Él ha sido el médico que curaba con amor a los enfermos de cuerpo y de alma. Y a pesar de la influencia de los masones nunca ocultó la fe católica que diariamente cultivaba con la misa y la comunión todos los días. José Moscati siempre destacaba en el colegio por sus excelentes calificaciones. Así concluye sus estu267

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dios de segunda enseñanza, especialmente en Biología, Física y Química, y se decide sin dudarlo por la carrera de Medicina. Aunque es marcada su inclinación por los estudios, lo que más le mueve es la miseria de los más pobres. Quiere mitigar los dolores del cuerpo y del alma, de incontables hermanos que sufren, pero de manera especial se ocupa de los desahuciados, a los que va persuadiendo para hacerles recordar que existe un médico que todo lo puede: Jesucristo. Con su fe católica y sus oraciones, casi siempre consigue llevarles a un sacerdote para confesarles y abrirles camino hacia las alturas de la eternidad. En 1903 obtiene el Doctorado en Medicina y enseguida empieza a trabajar en el hospital con los pacientes incurables. Muy pronto, pacientes y médicos colegas, advierten que Moscati no es un médico más: antepone día y noche el servicio a los enfermos, no solamente con la medicación adecuada, sino también convenciéndoles de que existe una vida gloriosa a la que todos los fieles arrepentidos de sus pecados están destinados por el amor que Dios les tiene. José Moscati es un ejemplo a seguir en esa profesión tan caritativa como noble. Es difícil llegar a la ancianidad sin que nuestra vida haya estado en manos de algún médico. Hay que ver en los hospitales cómo los pacientes graves abren los ojos con sumisa docilidad cuando el doctor les hace la visita y los alienta con sus palabras. Ah, sí, ya conocemos a los que sólo se preocupan del dinero y suelen ser los que menos consiguen ganar, porque el enfermo necesita de amor, y cuando éste se despliega, el efecto de la medicina encuentra la plenitud de su eficacia, porque
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al poder psicológico del hombre aún le falta mucho para ser descubierto en su plenitud. Retornando a San José Moscati, es de notar los descubrimientos que ha conseguido hacer en el campo de la bioquímica y sus investigaciones sobre los efectos del glucógeno. Alrededor de treinta de sus trabajos científicos fueron publicados en Italia y en el extranjero. Para el doctor Moscati cada persona enferma es el mismo Cristo que se le acerca para pedirle ayuda. Por eso en una carta escribe: “¿Por qué rechazar el sufrimiento? El Señor sufrió sin medida por mí. Me duele el pensamiento de que tantos hombres desprecien el sufrimiento que procede del amor divino. Con gusto ofrezco algo para conducir a mis hermanos a los pies del Salvador”.
Publicado en La Voz de Avilés 17-noviembre-2001 y en La Nueva España 19-noviembre-2001

119 MÁS BEATIFICACIONES
uan Pablo II ha celebrado su santo (San Carlos Borromeo) con ocho beatificaciones. Es un buen testimonio, para un mundo sumido en el miedo a la violencia, el ejemplo de vida de dos mujeres. Una de ellas, española, la fundadora de la Obra Misionera de Jesús y María, María Pilar Izquierdo. La otra es Gaetana Sterni, fundadora de las Hermanas de la Divina Voluntad, y entre los seis beatos, tres fueron obispos. Estos ocho beatos son “en la Iglesia para el
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mundo signo elocuente del amor de Dios, manantial primario y fin último de todos los vivientes”, aseguró el Santo Padre al dirigirse a los 50 mil peregrinos en la Plaza de San Pedro, procedentes en su mayoría de los países de origen de los nuevos beatos (Italia, España, Eslovaquia). En sus 23 años de pontificado, Karol Vojtyla ha beatificado a 1.286 personas, sin incluir a los que ha canonizado. Los que tenemos fe nos preguntamos en nuestras meditaciones: ¿Qué sería de un mundo hedonista, corrupto, violento, guerrero, divorcista, insolidario con los pobres, y abortista, si no fuera por los santos que interceden por nosotros y los millones de misas que diariamente se celebran en el mundo, sin incluir las oraciones de cientos de millones de fieles que piden por todo lo malo que sucede en el mundo? El aluvión de preguntas, con motivo de los 23 años cumplidos por Juan Pablo II en su pontificado, tiene una respuesta: ¿Cómo habrían sido estos 23 años de historia de la Iglesia sin él? ¿Cómo se habrían afrontado los problemas de la teología de la liberación o del ecumenismo? ¿Y qué habría sido del mundo sin el Papa? ¿Habría caído el comunismo? La legalización del aborto y de la eutanasia ¿habrían encontrado la debida resistencia? Sólo cabe dar gracias a Dios por el Pontífice que ha puesto al frente de su Iglesia. Ahora me permito invitar a los lectores a hacer una experiencia: continuar las preguntas, pero ampliándolas a los Papas que han precedido al actual a lo largo de un siglo. Pasemos por alto el breve pontificado de Juan Pablo I; pero, ¿qué habría sido de la
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Iglesia sin el mayor acontecimiento de su historia moderna, el Concilio Vaticano II, obra de Juan XXIII, el hombre que se hizo querer de creyentes y agnósticos, y que llegó como pocos al corazón de la humanidad? Pero, ¿quién llegó a esa humanidad como Pío XII, con su fabuloso magisterio? ¿Y dónde encontraron los duros totalitarismos del siglo, cuando estaban en la plenitud de su fuerza y prestigio, la firmeza de Pío XI? Y aún nos quedan figuras como San Pío X y su sucesor, Benedicto XV, víctima de su oposición a la Primera Guerra Mundial. Y el Papa de la cuestión social, que metió a los católicos en el mundo moderno, el genial León XIII. El fenómeno de los Papas del siglo xx, cada uno diferente de los demás, pero todos ellos equiparables en su grandeza, carecen de comparación posible, no ya en la historia de la Iglesia, sino en la historia universal. Dios sabe adónde habría llegado el mundo sin esos personajes colosales que tan sabiamente han sabido liderar la ética, la moral, la religión y la paz.
Publicado en La Voz de Avilés 20-noviembre-2001

120 EL MATRIMONIO
l matrimonio es un sacramento propio de legos, por el cual un hombre y una mujer se ligan perpetuamente hasta que la muerte los separe. Así es cómo la familia está fundada sobre el
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matrimonio. Unión íntima de vida, complementada entre un hombre y una mujer, constituida por un vínculo formal -sagrado- y estable libremente contraído, públicamente firmado, y al que se le ha confiado la transmisión de la vida, con derechos y obligaciones que no sólo protegen a los cónyuges sino que aportan la felicidad de los hijos, tanto en su infancia como en su adolescencia y juventud. El matrimonio responde -debe responder- a la ley y al deseo de nuestro Creador, quien sabiamente sabía que en ese sacramento se expresa la diferencia y complementariedad sexual entre varón y mujer, de tal suerte que, mediante la unión de los esposos, se pueden generar nuevas vidas. Para contraer matrimonio se puede prescindir de la cultura, de la historia o de los dictados de gobiernos, porque pertenece a la propia naturaleza humana y permite que los cónyuges se desarrollen en el verdadero amor, que no es concupiscencia ni concubinato. Ya sabemos que ante la convivencia diaria no hay pasión que resista. Por eso fracasan los que sólo buscan el placer lascivo, es decir, el gozo inmediato y fugitivo que les lleva a la decadencia y desilusión. He ahí el divorcio y las parejas de hecho. El amor tiene que centrarse en las buenas cualidades de la persona, las que bien pueden ser analizadas día a día a través del noviazgo. Si prescindimos de todo esto y nos dejamos llevar por la atracción libidinosa, la decepción viene galopando. Es verdad que los matrimonios canónicos también encuentran grandes dificultades para proseguir hasta el fin, pero la religión y el buen sentido les concede fuerza suficiente para salir de las crisis, sabiendo el
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daño propio que se pueden hacer si las dan por insuperables, máxime teniendo en cuenta la desolación en que quedan los hijos y el desorientado futuro que les espera. Quien tome conciencia de todo esto y sienta el amor normal que se merecen sus retoños, aceptará connatural cualquier desavenencia que surja en el matrimonio. El principio de todo esto comienza con el respeto mutuo en el noviazgo, pues si existen las relaciones sexuales prematrimoniales todo pierde el sentido de lo predicho. Ya no puede existir la llamada “luna de miel” ni la ilusión del sacramento por faltar a la castidad. Es verdad que Dios perdona a los arrepentidos, pero qué difícil resulta atajar ese pecado grave después de practicarlo con toda frecuencia si no se le ha puesto freno antes de cometerlo. Bien sé que lo que queda expuesto sólo se puede comprender con la experiencia y a la luz de la fe. Pero los que ahora se mofen de todo esto, seguro estoy que me darán la razón cuando lleguen a mis años. Entretanto, recuerden el proverbio: “La experiencia es la madre de la ciencia”.
Publicado en La Voz de Avilés 23-noviembre-2001

121 ¿QUÉ SERÁ EL CIELO?

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ué osadía más grande lo que me propongo: ¡Hablar del cielo! Pero ¿cuál es el talento humano que puede con su santa pluma decir273

nos algo con similitud a lo que allí se vive? Amor beatífico -nos dicen- “Éxtasis perfecto”. “Beatitud total”. “Contemplación sin fin”... ¡Ni idea de lo que allí se vive! Los teólogos se hartan de pensar a ver cómo nos pueden decir algo. Y los santos que han visto algo tienen que callar por falta de palabras para explicarlo. San Francisco Javier, ante una gracia especial caída en su alma, se vio precisado a exclamar con urgencia: “¡Basta, Señor, basta!”, y tuvo que pedir un tope porque no podía resistir aquel gozo. Santa Teresa de Jesús estuvo a punto de expirar de alegría al ver un coro de ángeles. Santa Catalina de Sena al ver un alma en gracia creyó morirse de gozo. Santo Tomás de Aquino, ante una visión donde contempló un atisbo del más allá, se le cayó la pluma de sus manos con aquél célebre: “¡Todo es nada cuanto he escrito hasta ahora comparado con la celeste visión!”. Y no se pudo lograr ni un párrafo más del príncipe de los teólogos, pareciéndole basura cuantas maravillas habían brotado de su admirable inteligencia. Y la santa de Ávila aseguraba que un solo momento de las dulzuras de Dios, le dejaban compensados todos los sacrificios pasados durante su vida entera. Santa Bernardette se vio obligada a exclamar tras sus éxtasis en la gruta de Massabielle: “Después de haber visto a la Virgen, sólo quedan ganas de morir”. San Juan de la Cruz, al salir de los horrores de su cárcel toledana, y caer arrobado en el locutorio de las Carmelitas Descalzas de Beas, tras aquella sombra del más allá que vio en sus éxtasis, se afligía al ver qué pocas penas le daba Dios. San Pedro, al contem274

plar un resquicio de la gloria del Hijo, suplicaba a su Maestro como un niño insistente: “¡Bueno es quedarnos aquí! Y para asegurar su petición, le rogaba con aquella espontaneidad tan característica suya: “Hagamos aquí tres tiendas”. Se nos dice que el cielo es el conjunto de todos los bienes sin posible mal alguno. Esta definición, que en lenguaje humano ya no puede expresar más, es fría y pálida ante el peso de lo infinito. Ver a Dios... Poseer a Dios... Amar a Dios... Vivir a Dios. ¡Ni idea de lo que esto es! Aseguraba San Agustín que si por un instante Dios dejara ver su rostro a los condenados, el infierno se trocaría momentáneamente en un paraíso de felicidad. ¡Qué será la entrada en el cielo! Ese encuentro con la Virgen María que tanto hace para que todas las almas lleguen allí. ¿Para qué seguir si no es posible comprender lo incomprensible? Si por un solo segundo probáramos las delicias celestiales, nos abalanzaríamos al sacrificio, como el drogadicto a la droga, y no quedaría una sola criatura en el mundo que no fuera santa.
Publicado en La Voz de Avilés 25-noviembre-2001

122 RELIGIÓN Y DROGA
o que los católicos sabemos desde tiempos inmemoriales parece que lo están descubriendo ahora en la Universidad de Columbia. Es decir, que las personas que practican la Religión
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tienen menos probabilidades de abusar del alcohol y las drogas. El informe del Centro Nacional de Adicción y Abuso de Sustancias de la referida Universidad, ha puesto al descubierto una gran tendencia a evitar las drogas y el alcohol, tanto entre las personas que van a las celebraciones litúrgicas regularmente, como entre quienes consideran personalmente que la creencia religiosa es importante aunque les falte lo esencial: la práctica religiosa. Estudios previos -ahora nos lo vienen a decir- afirman que la Religión tiene efectos benéficos en la salud mental, salud física y esperanza de vida. Según el informe, los adultos que nunca asistieron a los oficios religiosos tienen cinco veces más de probabilidades de recurrir a la droga ilícita, incluida la marihuana, y hasta siete veces de engancharse al alcohol, que quienes van a la iglesia todas las semanas. Y los adultos que consideran la religión sin importancia -conforme al estudio- tienen cinco veces más de probabilidades de convertirse en dependientes del alcohol, y cuatro veces más de usar droga y marihuana, que quienes consideran la religión como importante para su vida. Y los adolescentes, los que nunca van a la iglesia, tienen cuatro veces más de probabilidades de beber y fumar que los que asisten al culto regularmente. ¿Cuándo nos convenceremos de que la religión es fuente de todos los bienes para la salud de cuerpo y de alma, el único antídoto que puede librarnos de todos los vicios y depravaciones? Es la suma de todos los bienes: orden, respeto, unión familiar, amor, caridad, perdón, solidaridad, justicia, fidelidad,
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altruismo, abnegación en todos sus ámbitos y paz. Esto es lo que Jesucristo nos enseña en sus Evangelios y, en consecuencia, lo que en su amor infinito para con el hombre nos desea a todos. Miren, miren ustedes lo que sucedía en España cuando se decía que era la reserva espiritual de Occidente. Vean, vean lo que sucede ahora, con las iglesias casi vacías después de propagar continuamente el ateísmo con los testimonios diabólicos que nos meten en casa a través de las pantallas de TV. ¿Existía la corrupción que venimos sufriendo desde hace años? ¿Existía la droga en España? ¿Existía el divorcio? ¿Existía el aborto? ¿Existían las parejas de hecho? ¿Existía la publicidad perniciosa y pornográfica? ¿Existían los crímenes imparables que existen ahora? ¿Había sesenta mil presos en las cárceles o sólo tres mil? ¿Había libertad para andar por las calles a las horas intempestivas? ¿Existe esa libertad ahora? ¿Había 2.500.000 parados o sólo trescientos mil? Conste que no estoy defendiendo la dictadura. Estoy defendiendo la religión, que no tiene por qué ser incompatible con la democracia, y es, sí, el conjunto de todos los bienes, incluida la salvación de las almas, lo más importante.
Publicado en La Voz de Avilés 26-noviembre-2001, en La Voz de Asturias 28-noviembre-2001, en El Comercio 3-diciembre-2001 y en El Comercio Digital 3-diciembre-2001

123 FARISAÍSMO

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emos estudiado la palabra farisaísmo. Proviene por aplicación de una secta formada por un grupo de fariseos que proclamaban una serie de verdades pero, luego, no las practicaban. Jesucristo les llamaba sepulcros blanqueados. Aparentemente eran muy leales y limpios por fuera, pero por dentro estaban llenos de contradicciones y de podredumbre. Y esto viene al caso de lo que nos sucede en la sociedad contemporánea. Proclamamos una serie de libertades en nombre de la democracia, y éstas con la verdad. La verdad y el derecho a la vida nunca puede ser cuestión de votos por muy democrática que sea la sociedad. La verdad y el derecho a la vida es de ley divina y natural. ¿Quién no se aterroriza con indignación cuando nos ponen un coche bomba?, pero no se condena con la misma fuerza a los que promueven la muerte de miles y miles de niños por el aborto deseado y ejecutado. Es más, se llega al colmo de legalizar el aborto o la eutanasia. Van contra la misma razón, contra el sentido común y contra la Ley de Dios. Si se aprueba en el Parlamento la ley del aborto libre que reclaman a voces algunos parlamentarios, ¿con qué autoridad moral se puede condenar el terrorismo? Si se aprueba una, también se podría aprobar la otra. Son contradicciones irracionales. La razón nos dice que tanto uno como la otra son asesinatos, y el Evangelio nos lo confirma. Creo que necesitamos reflexionar en profundidad todos los ciudadanos para salir del farisaísmo. Quede muy claro que la Iglesia y su jerarquía siempre han condenado, con la misma fuerza, el pecado del aborto, el pecado de la eutanasia y el pecado del
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terrorismo. No se puede confundir al pueblo diciendo que la Iglesia no es clara respecto al terrorismo, cuando todos los obispos, en comunión con el Papa, han condenado como pecado grave y denigrante a los que usan la violencia como arma de reivindicación ideológica o política. ¿Por qué no se dice también que condenan el aborto y la eutanasia con la misma fuerza? Ya desde el seno de la madre somos personas tan dignas como cualquier adulto o anciano. La Iglesia, con voz profética, está anunciando estas verdades condenando todo lo que vaya en nombre de la vida del ser humano. El asesino rompe con la ética, rompe con la moral, rompe con la dignidad humana y, bien claro está, rompe con Dios. Nos echamos las manos a la cabeza porque se habla de terrorismos diferenciados, y justo es que así lo hagamos. Pero, contrariamente, se viene afirmando la diferencia que hay entre un niño en el seno materno, un anciano indefenso y un viandante que ha perdido la vida por la calle donde se coloca un coche bomba. Y la diferencia no existe. Son vidas igualmente asesinadas a los ojos de Dios y a la vista de los cristianos que merezcan llevar ese nombre.
Publicado en La Voz de Avilés 29-noviembre-2001, en El Comercio 24-enero-2002 y en El Comercio Digital 24-enero-2002

124 ¿MILAGRO?

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n matrimonio amantísimo de la Virgen -en Roma- quiso dejar por herencia sus bienes a Santa María, y Ella, aceptando esa piadosa manda, les invitó en sueños a edificar una iglesia en el lugar donde al día siguiente vieran una copiosa nevada, en la cumbre del monte Esquilino. Verificado el milagro a pesar de los calores tan intensos en Roma durante el mes de agosto, se edificó la magnífica Basílica en honor de la Santísima Virgen, que actualmente se llama Santa María la Mayor. Y esto es lo que conmemora la Iglesia en la fiesta de la Virgen de las Nieves o la Virgen de la Blanca, como se denomina en otras partes. Pienso que esto es el poder de la generosidad que tienen las limosnas. Víctor Hugo decía que la limosna era hermana de la oración. Y Teodosio nos ha dejado escrito que para la vida eterna sólo se comercian las buenas obras, y nos advierte que ningún cadáver va pobre si el alma va rica. Esto parece resaltado en este caso prodigioso y en lo que particularmente hemos de fijar nuestra atención. La generosidad del matrimonio susodicho para con la Santísima Virgen al hacer la entrega de todos sus bienes fue, en verdad, una ocurrencia peregrina, pero suponía un amor grande a María en aquellos dos corazones. Mucho debían ciertamente amarla cuando de común acuerdo decidieron entregar su fortuna a la Madre de Dios. ¡Qué feliz decisión la actitud de estos dos esposos, que sin duda alguna recibieron esta inspiración de la misma Virgen, como premio al amor que le venían profesando! No lo dudes, querido lector, cuanto más ames a la Virgen, más gracias e inspi280

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raciones recibirás de Ella, con las que conseguirás aumentar más tu amor. Así se ve claramente lo que sucedió. No sólo se digna aceptar sus bienes y el título de “heredera” de los cónyuges, sino que les inspira en qué han de invertir el capital... y hasta para indicar el gusto con que lo recibía, haciendo un milagro tan extraordinario, como el de una nevada en pleno agosto. ¡Cómo corresponde a la generosidad de aquellos esposos con una generosidad aun mayor! ¿Cuándo nos convenceremos de que es imposible ganar en esto a nuestra Madre? ¡Cómo no animarse uno, a la vista de este ejemplo, a ser muy generoso con María! Si la entrega de estos bienes de fortuna, en este caso, fue tan del agrado de la Virgen, ¿qué sería si nos decidiéramos a entregarle nuestro corazón y nuestra alma? Es verdad que a una madre como ésta no corresponde sino una entrega así de absoluta. Si es verdad que a Dios no le gana nadie en generosidad, ¿quién puede ganar a la Madre de Dios, la más amorosa entre todas las mujeres? ¡Qué pena que tengamos miedo de confiarlo todo a la Virgen! No me refiero a los bienes que se necesitan para vivir. Me refiero a las enfermedades, tribulaciones, desavenencias conyugales y todo tipo de problemas que la vida nos depara; todo, todo en suma, pongámoslo en las manos de María y jamás nos defraudará.
Publicado en La Voz de Avilés 1-diciembre-2001

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MEDITACIÓN
ios desde el cielo está mirando cómo actúan los hombres en la tierra, y ve que reina la desolación. Más de cinco mil millones de seres humanos somos pocos para alcanzar la magnificencia de Tu amor, y ves tantos hermanos en guerra, esposos y esposas que no se aman, ricos y pobres apartados, sanos y enfermos distantes. Y un buen día le dijo Dios a la Virgen de Fátima: ¿Ves a los seres humanos? ¡Necesitan ayuda! Tú tendrás que bajar a la Tierra. - ¿Yo?, le dijo la Virgen ilusionada, asustada y emocionada, pero llena de fe. - Sí, Tú eres la más indicada. Nadie más podrá cumplir esta tarea. ¡Escucha! Cuando creé al hombre, lo hice a imagen y semejanza mía, pero con talentos especiales para cada uno. Permití diferencias entre ellos para que juntos formasen el reino. Así lo planeé. Unos alcanzarían riquezas para compartir con los pobres. Otros gozarían de buena salud para cuidar a los enfermos. Unos serían sabios y otros muy simples para procurar entre ellos sentimientos de amor, admiración y respeto. Los buenos tendrían que rezar por los malos. El paciente toleraría al neurótico. En fin, mis planes deben cumplirse para que el hombre goce, desde la Tierra, la felicidad eterna. Y para hacerlo Tú bajarás allí. - ¿De qué se trata?, la Virgen preguntó inquieta. Entonces el Señor le explicó su deber. - Como los hombres se han olvidado de que los hice distintos para que se complementasen unos a
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otros, como parece que no se dan cuenta de que los quiero diferentes para lograr la perfección, bajarás Tú para iluminarles y hacerles comprender el porqué de sus distinciones. Ahora atiende a mis designios: Los ciegos tendrán memoria y concentración excelente. Los que padecen el síndrome de Down recibirán el don del amor y su simpatía llegará hasta el cielo. Los discapacitados mentales disfrutarán mirando una hormiga, una flor; serán muy felices porque amarán a todos y no juzgarán a nadie. Los minusválidos encontrarán el paraíso por haber hecho penitencia una vida entera. Los sordomudos recibirán el premio merecido por soportar la cruz sin murmurar de nadie. No podemos olvidar las bienaventuranzas, porque los sedientos de justicia son mis predilectos. Y los pastores analfabetos serán tus receptores en la Tierra para darte a conocer y amar como no lo podría hacer el intelectual y el sabio. Tú sabes que he puesto a los ignorantes en la tierra para confundirlos con los intelectuales y los sabios. - Y, ¿qué tengo que hacer en la tierra?, le preguntó la Virgen. - Persuadirles a todos para que recen el rosario. Enseñarles a hacer penitencia, mostrarles el infierno, profetizar lo que ha de suceder con la brevedad de la vida que les queda a Jacinta y a Francisco en la tierra, decirles lo que ha de suceder con el Papa y preanunciarles la caída del comunismo en Rusia. - ¿Y después? - Después dejarás un lugar sagrado adonde acudirán muchos millones de peregrinos todos los años y hasta el fin de los tiempos, y donde se convertirán un sinnúmero de almas de todas las generaciones, de
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todas las razas y de todas las naciones hasta que Yo vuelva a la tierra a juzgar a vivos y muertos. Esta es la importancia de tu visita a Fátima.
Publicado en La Voz de Avilés 3-diciembre-2001, en La Voz de Asturias 4-diciembre-2001 y en El Comercio 17-diciembre-2001

126 EL DALAI-LAMA EN FÁTIMA
l líder espiritual tibetano y Premio Nobel de la Paz 1989, El Dalai-Lama, visitó el santuario de Fátima el pasado día 27 de noviembre, en Portugal, donde tuvo lugar una meditación ecuménica por la paz con la presencia de representantes de varias religiones. El XIV Dalai-Lama se definió a sí mismo como un peregrino más, en busca de la unión de las manifestaciones religiosas que tienen como fundamento la proyección de los valores humanos y que necesitan trabajar en común para llegar a una sociedad más justa y feliz. Tenzi Gyatso (primero de sus doce nombres propios) fue recibido por el obispo de Leiría y Fátima, y juntos realizaron una peregrinación por el santuario y por la Basílica, visitando las tumbas de los beatos, Jacinta y Francisco, dos de los videntes de la Virgen de Fátima. Y en la capilla de las apariciones, El Dalai-Lama depositó una flor a los pies de la Virgen María. Dalai-Lama es el título de los jefes religiosos y temporales del Tibet. Les sucede en el cargo un niño
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nacido en el mismo momento de su muerte, y dicen que presenta ciertas características, determinadas por los sacerdotes, por lo cual consideran que el alma del difunto se ha reencarnado en ese niño. Por eso, el motivo primordial de los sacrificios que hacen es para reencarnar sus almas en recién nacidos que poseen las mejores cualidades. Y, según parece, corren el riesgo de reencarnarse en un ser depravado o un bicho cualquiera, como puede ser un sapo. Todo depende del exacto cumplimiento de sus doctrinas. Es decir, necesitan ser buenos para que sus almas encuentren cobijo -al morirse el cuerpo- en otro ser humano privilegiado, y el que haya vivido con más abnegación los preceptos de Buda, a ése le corresponde sustituir al Dalai-Lama. No me parece mal que los adeptos a esa secta sientan el temor de no ser bueno por miedo a lo predicho. Lo extraño es que crean en las apariciones de Fátima y que veneren a los videntes beatos, viendo la diferencia insalvable que existe entre católicos y budistas. Pienso que lo sucedido en Fátima es tan evidente, tan santo y tan universal que puede cambiar muchas religiones y convertir una parcela importante en todo el mundo. Y es que a todos los santos, cuando llega el momento de sus beatificaciones, el llamado “abogado del diablo” siempre encuentra algún “pero” para impedir la causa de beatificación, pero en Jacinta y Francisco ese “pero” no existía. Vivían como dos pajaritos en la sierra haciendo la penitencia que la Virgen les sugirió hasta practicarlas con exceso y las virtudes heroicas fueron comprobadas, teniendo en cuenta que preferían morir fritos en una caldera de aceite hirviendo antes que descubrir el secreto que la
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Virgen les había confiado. Y esa amenaza que ellos tomaron tan en serio cuando los encarcelaron, nadie con 7y 8 años la puede resistir si la fuerza, el coraje y el valor no bajan del cielo. Por eso está clarísimo que la Madre de Dios estaba sobre los niños como Dios estaba sobre los siete hermanos Macabeos cuando fueron muertos y torturados de la forma más cruel que alguien pueda imaginarse (II Macabeos, 7).
Publicado en La Voz de Avilés 5-diciembre-2001 y en La Voz de Asturias 27-diciembre-2001

127 EL VALOR DE LA ORACIÓN
l Papa Juan Pablo II en el comienzo de su Pontificado declaraba: “La oración es para mí la primera tarea, la primera condición de mi servicio a la Iglesia y al mundo”; y añadía: “Todo creyente debe considerar también la oración como la obra esencial e insustituible de la propia vocación. La oración para todo creyente es tan indispensable como el respirar, sin respirar muere el cuerpo y sin oración va pereciendo el espíritu”. Entre los mismos creyentes resulta difícil encontrar almas de oración perseverante. El trabajo más fecundo que realiza Satanás es desviarnos de la oración, con eso, sus pretensiones las puede conseguir por añadidura. Su presencia se nota perfectamente cuando nos impide concentrarnos en la oración y
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consigue el vuelo de nuestros pensamientos hacia la solución de los problemas que nos acechan, él sabe que las cuestiones más difíciles pueden ser amenizadas con la mente centrada en la oración y acrecentadas con la libertad de los pensamientos diabólicos que nos inculca el diablo. En el mundo de hoy, en demasiadas ocasiones, el ser humano pone la mirada de sus proyectos en cosas materiales que, en definitiva, son perecederas, que nos llevan a la oscuridad dejando un vacío que sólo se puede llenar volviendo los ojos al Padre y meditando su poder y bondad, para lo cual sólo existe un arma poderosa: la oración. La oración vivifica el trabajo, da vida e ilusión a toda tarea cotidiana, su alcance y su valor es infinito. Tener ese trato diario con Dios Padre es el descanso de todas nuestras miserias y tribulaciones, elevándonos a la condición de hijos de Dios. Por la oración se llega a la verdad, a la humildad, a la fe, a la caridad y a la esperanza. Los santos nos dicen: “Quien ora se salva, y quien ora mucho se hace santo”. Phillips Brooks nos ha dejado escrito: “No pidáis en vuestras oraciones una vida fácil. Pedid ser fuertes. No supliquéis a Dios que os de una carga apta a vuestros hombros, pedid unos hombros aptos para soportar vuestras cargas”. Unas sencillas y breves líneas de un libro sustancioso pueden ser el motor de unas horas de oración. Orar es mirar a Jesús. Amar a Jesús. Copiar de Jesús, quien nos ha dicho: “Orad, orad para no caer en tentación”. Y Él oraba en el monte de los Olivos, y cuarenta días y cuarenta noches sin comer ni beber en el desierto. Allí donde estaba Satanás para impedirle la
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penitencia y la oración con artimañas que todos conocemos. Bien sabía el diablo que si conseguía sus propósitos perecería el espíritu del Salvador. San Luis, rey de Francia, atribuía a sus largas horas de contacto con Dios, la victoria de todos sus asuntos de Estado y el maravilloso gobierno de su nación. Si en vez de esas siete horas que todos los días dedicaba el santo rey a la oración, las hubiera entregado a sus negocios, Francia no hubiera gozado de la paz y prosperidad que tuvo en los tiempos de su jefe santo, que en expresión de un socialista contemporáneo, “nunca el obrero se sintió tan feliz como entonces”.
Publicado en La Voz de Avilés 7-diciembre-2001 y en El Comercio 9febrero-2002

128 EL DON DEL HUMOR
l buen humor rezuma jovialidad y agudeza para hacer las cosas y aceptarlas con buena disposición, sabiendo que todo lo que sucede en nuestras vidas -que no es poco- siempre viene con el beneplácito de Dios. Mi esposa siempre ha sido una enamorada de su madre, y cuarenta y dos años después de su muerte me sigue contando las pruebas a las que fue sometida su madre. Entre otras muchas tuvo que asistir al entierro de ocho hijos, apenas se recuperaba del que falleció debajo de un tranvía cuando le llegó la noticia de otros dos que perecieron
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en la guerra, y las enfermedades se encargaron de llevarle a los cinco restantes. Pero nunca llegó a perder el vigor de la fibra humorística y la simpatía que desparramaba con todos los vecinos y amigos, y cuando las desgracias se iban sucediendo, decía: “Bien me conviene. Dios me quiere demasiado. Pues cuando me distancia de una pena, me vienen dos”. Su médico predilecto era don Pedro Solís, quien le dijo a mi esposa y a su padre que sólo le quedaban días de vida. No por eso dejaba de recetarle medicación y darle ánimo, pero ella era consciente de su enfermedad, y decía a su hija y esposo: “Como don Pedro y yo sabemos que todo está terminado, os ruego que llaméis a don José -párroco de Llaranes- para confesarme y recibir la santa extremaunción. Así terminó su vida a los 72 años, dejando a su esposo y a los tres hijos que le quedaban. Retornando al buen humor, el mejor ejemplo nos lo han dado los santos, hasta tal grado de heroísmo que lo han hecho relucir en momentos de gran sufrimiento y en la muerte. Santo Tomás Moro murió decapitado, y antes de subir al cadalso, se le acercó su hijo llorando para pedirle la bendición. El momento era muy dramático. Pero Tomás Moro le dijo con buen humor al oficial que dirigía la ejecución: “¿Puede ayudarme a subir?, porque para bajar ya sabré valérmelas por mi mismo”. Era una actitud llena de humor ante su muerte. El rey Enrique VIII le prohibió hablar, porque sabía lo que era capaz de provocar Santo Tomás Moro en la gente. Sabía lo poderoso que era. Por eso el condenado sólo pudo decirle al verdugo: “Fíjese que mi barba ha crecido
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en la cárcel. Es decir, ella no ha sido desobediente al rey, por tanto no hay por qué cortarla. Permítame que la aparte”. Estas fueron sus últimas palabras. Supo burlarse de sí mismo y de su muerte. Y es que ante Dios, única realidad para la que merece la pena vivir, nuestra muerte tampoco es importante. Pero hay que tener el alma de un niño y tomar con fuerza la mano del Padre, para poder hacer bromas ante la muerte. Esto lo hizo un hombre que, con frecuencia, para tener un sentido cristiano del humor, rezaba: “Señor, ten a bien darme un alma que desconozca el aburrimiento, que desconozca las murmuraciones, los suspiros y las lamentaciones; y no permitas que me preocupe demasiado en torno a ese algo que impera, y que se llama yo... Obséquiame con el sentido del humor. Concédeme la gracia de entender las bromas, para que pueda conocer algo de felicidad, y sea capaz de donársela a otros. Amén”.
Publicado en La Voz de Avilés 9-diciembre-2001 y en El Comercio 17-diciembre-2001

129 LA RELIGIÓN DE BUSH
n una revelación divina le dijo Nuestro Señor a la Beata Ana María Taigi: “Quien confía en Mí es más rico que todos los reyes de la tierra”. George Bush ha demostrado confiar plenamente en Dios. “Dios bendiga América”. Nunca estas tres
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palabras habían tenido un significado tan relevante para los estadounidenses. Tras los horrendos hechos del 11 de septiembre en Nueva York y Washington la frase se ha convertido en la esperanza que Bush les ha infundido a todos sus electores y contrarios. El hombre más poderoso del mundo se ha puesto de rodillas alzando los ojos al cielo, no con el miedo de ver nuevos aviones estrellándose sino con la mirada puesta en Dios que ha vuelto a conquistar los corazones de los americanos como un presidente sencillo. La noche de la tragedia habló a los americanos utilizando palabras del salmo 23: “Aunque camine por el valle de las sombras de la muerte, no temeré el mal, porque Tú estás conmigo”. La víspera de la hecatombe, lunes 10 de septiembre, en el Congreso de los Estados Unidos se discutía una ley con la que se pretendía que no se pronunciara el nombre de Dios en los colegios. Y el imborrable martes negro por la noche, el presidente George W. Bush, inició su discurso a la nación diciendo: “El Señor es mi pastor, nada me falta”. Es decir, el lunes se habló de no rezar, y al día siguiente toda la nación rezaba, cada uno con su religión. El presidente pidió también que el 14 de septiembre se dedicara un tiempo a la oración. Él mismo acudió ese día a la catedral cristiana de Washington acompañado de todos los ministros, algunos ex presidentes como Carter o su propio padre Bush, la senadora Hillary Clinton y los dirigentes de muchas confesiones religiosas. Durante su alocución en el templo, el presidente afirmó que “Dios ha permitido todo esto para sacudir al pueblo americano para que vuelva otra vez a sus raíces espirituales y para que
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vuelva a ser espiritual. Es hora de que Dios esté en el centro de la sociedad”. Ese mismo día, se dirigió a la nación para decirles: “El mundo que Él ha creado tiene un designio moral. La divinidad, el recuerdo y el amor no tienen límites”. Pero estos mensajes, con toda la importancia que tienen, fueron omitidos por casi todos los medios de comunicación. Tras recordar al capellán de los bomberos que murió dándoles la absolución a sus compañeros y elevándolo a la categoría de héroe nacional, Bush, el presidente, dijo: “Como hemos comprobado, ni la vida ni la muerte, ni el presente ni el futuro, ni la altura ni la profundidad, pueden separarnos del amor de Dios. Él bendecirá el alma de los que se han ido. Él nos confortará. Y Él siempre guiará nuestro país”. Desde el terrible 11 de septiembre, Bush se ha visto en la obligación de acabar con el terrorismo y de levantar el ánimo de un pueblo atemorizado por el miedo, por la rabia y la desconfianza. Esta vez, el presidente no sólo ha ensalzado los valores típicamente americanos que algunas veces hemos visto en las películas de Hollywood, sino que ha vuelto el rostro de su nación hacia Dios y hacia los valores tradicionales de las familias y de la unidad. Prueba de esta vuelta a lo espiritual es que la gran cruz de hierro surgida de los escombros de una de las Torres Gemelas se ha convertido en un símbolo y en un lugar de peregrinación de las personas que trabajan en la zona del desastre. Esta cruz fue descubierta al quitar miles de toneladas de escombros. Bush no sólo ensalzó los valores tradicionales sino que quiso lanzar un mensaje por la tolerancia, y un mensaje a
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los musulmanes: “Respetamos vuestra fe. Sus enseñanzas son buenas y pacíficas, y aquellos que cometen el mal en nombre de Alá están blasfemando. Los terroristas son traidores de su propia fe”. Nueve días después de la tragedia se dirigió de nuevo a la nación, y otra vez hizo referencia a Dios: “Libertad y miedo, justicia y crueldad, siempre se han encontrado en la guerra, y sabemos que Dios no es neutro en estos casos. Él concederá nuestros deseos, y cuidará de los Estados Unidos”. A mediados de octubre, George Bush cenó con un grupo de predicadores y sacerdotes en la Casa Blanca. Todos esperaban ver a un hombre cansado, serio y deprimido. Cuando entró en la sala, su aspecto era enérgico, encantador y muy centrado. Sorprendidos ante el contraste le preguntaron cómo podía estar tan calmado y lleno de paz en esos momentos tan duros. Su respuesta fue clara: “Ahora me siento más fuerte que nunca. La razón es que todo el mundo de América está rezando por mí. Cuando me pongo de rodillas es cuando tengo más fuerza”. El hombre más poderoso del mundo ha demostrado que no sólo de pan vive el hombre. La oración del 14 de septiembre ha dejado claro que Estados Unidos ha vuelto sus pasos hacia sus raíces más espirituales en un momento más próspero para el odio que para los buenos sentimientos que infunde la oración. Bush ha sabido elevar de nuevo la moral de su pueblo, ha mirado al cielo y le ha dado esperanza a aquellos que la habían perdido entre los muertos y escombros de las Torres Gemelas y del Pentágono. Qué bien coincide Bush con los santos. Sus mensajes me recuerdan lo que dice San Luis María
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Griñón de Montfort: “El verdadero paraíso terrenal consiste en sufrir por Jesucristo. Preguntadlo a todos los santos y ellos os dirán que nunca gustaron en su alma un banquete más delicioso como cuando sufrieron los mayores tormentos”. También San Agustín nos ha dejado escrito: “Las tribulaciones y el dolor no son castigos para condenarnos, sino medicina para salvarnos”.
Publicado en La Voz de Avilés 14 y 15-diciembre-2001, en La Voz de Asturias 16 y 17-diciembre-2001, en El Comercio 22 y 28-diciembre2001 y en El Comercio Digital 22 y 28-diciembre-2001

130 PERDONANDO SE SUFRE MENOS
ay tantas clases de sufrimiento como arena tiene la playa, y el 90 por ciento de las causas no tiene justificación real. Son pocos los que se dan cuenta de que buena parte del sufrimiento es subjetivo porque proviene de la mente. Ser dueños de nuestro cerebro es la clave para evitar el sufrimiento y vivir en paz. Perdonar es el mejor método de liberación. El mundo es el enemigo número uno de nuestros sufrimientos. Los desengaños e injusticias que nos deparan muchos de nuestros semejantes no tienen por qué hacernos sufrir si mirando a Jesucristo les perdonamos. Dios manda su ira con medida, y su perdón sin límites. El rencor o resentimiento centrado en nuestra mente convierte nuestra vida en un infierno. “El que esté limpio que tire la primera piedra”. Hay
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que pensar en las injusticias que alguna vez hemos cometido para comprender las que nos tocan a nosotros. Quien todo lo comprende, todo lo perdona. Creo que si todos los hombres se persuadieran de que existe un perdón para todos los que se arrepienten de sus pecados y de que existe otra vida perdurable en una u otra forma, todos nos haríamos mejores y todos seríamos más felices. El hombre vengativo se pone debajo de aquél que le incita a la venganza. Una monja católica -Mary Usher- trabaja desde hace años para que la gente sufra menos, y ha logrado cristificar el método psicológico de transigir, posibilitando que la gente que adopte en su vida este instrumento consiga liberarse de muchos sufrimientos. Considera la religiosa que para tener un equilibrio y paz interior hay que lavar nuestras heridas mediante el perdón hacia los causantes del desgarro, realizándolo delante de Jesús. “El efecto liberador es inmediato”, dice la monja. Y ha venido a Madrid para expandir su técnica en España. Mary Usher, desde hace 26 años recorre el mundo enseñando a la gente a tener más felicidad, mediante el ejercicio del perdón mental y espiritual que sana por completo las heridas producidas por el rencor, la ira y la decepción, todo ello fruto del desamor. “La intención de mis enseñanzas es que la gente aprenda a perdonar -dice la religiosa india-, pero también que sientan una liberación tan profunda a la que lleva el perdón. El mayor problema de la Humanidad es que no sabe perdonar y ello les provoca un sufrimiento enorme”. Esta religiosa india está haciendo una labor ingente en el mundo. Algo que todos podemos hacer en mayor o menor medida si aceptamos
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las “clases” que nos ha dejado escritas el Maestro de todos los maestros en sus Evangelios. Meditar cada lección que nos ha dado y no omitir nunca la Pasión, especialmente en el momento más cruel de su vida, cuando dijo: “Perdónalos, Padre mío, porque no saben lo que hacen”. ¿Cree el lector amable que saben lo que hacen los que practican el aborto o hacen apología del mismo? Si lo supieran bien, ese crimen abominable se convertiría en lágrimas de arrepentimiento.
Publicado en La Voz de Avilés 17-diciembre-2001, en La Voz de Asturias 18-diciembre-2001, en La Nueva España 18-diciembre-2001 y en El Comercio 7-enero-2002

131 ERA SU FORMA DE ORAR
rnestina Blanco le pidió al padre Manuel que fuera a su casa para hacer oración por su padre, que estaba muy enfermo y no se preocupaba de Dios. Cuando el sacerdote llegó a la habitación del enfermo, encontró a este hombre en su cama con la cabeza calzada por un par de almohadas. Había una silla al lado de su cama, por lo que el sacerdote pensó que el hombre sabía que vendría a verle. - Supongo que me estaba esperando, le dijo. - No, ¿quién es usted? -le dijo el enfermo. - Soy el sacerdote que su hija llamó para que orase por usted, y cuando vi la silla vacía al lado de su
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cama supuse que usted sabía que yo vendría a visitarle. - ¡Ah, sí!, la silla -dijo el hombre enfermo-, ¿le importa cerrar la puerta? El sacerdote, sorprendido, la cerró. - Nunca le he dicho esto a nadie, pero toda mi vida la he pasado sin saber cómo orar. Cuando he estado en la iglesia he escuchado siempre, al respecto de la oración, que se debe orar y los beneficios que trae, pero siempre esto de las oraciones me entró por un oído y me salió por el otro, pues no tenía idea de cómo hacerlo. Por eso desistí por completo de hacer oración. Esto ha sido así en mi vida, hasta hace cuatro años, cuando conversando con mi mejor amigo y buen cristiano, me dijo: “José, esto de la oración es simplemente tener una conversación con Jesús. Así es cómo te sugiero que lo hagas: te sientas en una silla y colocas otra silla vacía enfrente tuyo; luego con fe miras a Jesús sentado delante de ti. No es algo alocado, pues Él nos dijo: Yo estaré siempre con vosotros. Por lo tanto, le hablas y le escuchas, de la misma manera como lo estás haciendo ahora conmigo”. - Es así que lo hice una vez y me gustó ¡tanto! que lo he seguido haciendo unas dos horas diarias desde entonces. Siempre tengo mucho cuidado de que no me vaya a ver mi hija, pues me internaría de inmediato en un manicomio. El sacerdote sintió una gran emoción al escuchar esto y le dijo a José que era muy bueno lo que estaba haciendo, y que no cesara de hacerlo. Luego hizo una oración con él, le ayudó a confesarse, le extendió su bendición y se fue a su parroquia.
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Dos días después, la hija de José -Ernestina- llamó al sacerdote para decirle que su padre había fallecido. El sacerdote le preguntó: “¿Falleció en paz?”. - Sí, cuando salí de la casa, a eso de las dos de la tarde, me llamó y fui a verle en su cama. Me dijo lo mucho que me quería y me dio un beso. Cuando regresé de hacer compras, una hora más tarde, ya le encontré muerto. Pero hay algo muy extraño a este respecto, pues antes de morir se acercó a la silla que estaba al lado de su cama y recostó su cabeza en ella como si alguien estuviera en la silla para ampararle, pues así le encontré. ¿Qué cree usted que puede significar esto? El sacerdote se secó las lágrimas de emoción y le respondió: “¡Ojalá que todos nos pudiéramos ir de esa manera!
Publicado en La Voz de Avilés 18-diciembre-2001, en El Comercio 18-febrero-2002 y en El Comercio Digital 18-febrero-2002

132 ¡FELIZ NAVIDAD PARA TODOS!
a Navidad es motivo de fiesta y meditación. No puede haber otra festividad más relevante que la Natividad del Señor. ¿Qué sería de nuestra vida sin Jesús? Son muchos los millones de seres humanos que han llegado a la ancianidad o decrepitud, y son muchos los que viven en la soledad de su vivienda sin más esperanza que la prometida y comprobada por Jesús con su muerte y su resurrec298

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ción. Esta circunstancia penosa y alegre -depende de la fe- es la más conveniente para ser Personas con mayúscula. Dichosos me parecen los ancianos que viviendo de sus pensiones dedican buena parte del día a los cultos religiosos, a la lectura sagrada y a la oración. Cuando aún están las luces de la calle encendidas y asisto a misa de ocho, allí me encuentro con un puñado de viejos que, soportando el frío del amanecer, llegan buscando el consuelo de la Eucaristía. Ese alimento que el espíritu necesita para perseverar hasta el fin, sabiendo que el que así lo hace será salvo. Y en el rostro de cada vejete se puede ver la placidez de su cara y la conformidad con la voluntad de Dios. Es verdad que todos van cargando con esa fiel compañera -la cruz que Dios nos promete para poder seguirle-, pero todos la llevan con paciencia y con paz, y si a todos preguntas si desean morirse, la respuesta es siempre la misma: “No deseo morir ni vivir: lo que Dios quiera y cuando Él quiera”. ¿No está bien enraizado esto en el Nacimiento de Jesús? ¿No es motivo de festejarlo con alegría? ¿No es motivo de meditación el que haya nacido en un pesebre por no encontrar posada para el alumbramiento de la estrella más luminosa de todas las creadas por Dios, incluida la DA-240 que tiene el fabuloso diámetro de 6 millones de años-luz? A pesar de todo lo malo que sucede en el mundo, el Nacimiento del Señor aún nos trae un remanso de paz y bienestar social: gratificaciones, loterías, distribución de alimentos para los más necesitados, pausa en las guerras, unión en las familias, alegría en los corazones. Y hasta en la televisión basura se pueden
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ver algunos programas y escuchar cánticos angelicales, como pueden ser los villancicos. También se disfruta de las vacaciones que tan merecidas las tienen los que trabajan afanosamente días y noches. Esta alegría que nos trae el Nacimiento de Jesús ha sido anunciada por el ángel a los pastores que cuidaban sus rebaños: “No temáis, os traigo una buena nueva, una gran alegría, que es para todo el pueblo, pues ha nacido hoy el Salvador, que es el Mesías, el Señor” (Lc. 2, 1-14). Pero esta alegría también les pertenece a los que nada tienen, y todos tenemos el deber de compartir nuestros mazapanes y turrones con los que están muriéndose de hambre el año antero. Y no se les puede hablar de Dios si tienen el estómago vacío, porque sólo lo aceptarán si encuentran en nosotros la caridad que tanto se merecen. ¡Feliz Navidad les deseo a todos!
Publicado en La Voz de Avilés 22-diciembre-2001 y en La Voz de Asturias 24-diciembre-2001 y en El Comercio 29-diciembre-2001

133 ENTREVISTÓ A DIOS
ntre algunas felicitaciones que me enviaron, he recibido una que me permito reproducir por el interés que me sugiere: - Soñé que era periodista y que le hacía una entrevista a Dios. - Pasa -me dijo Dios-. ¿Así que quieres hacerme una entrevista?
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- Bueno -le contesté-, ¿si tienes tiempo? Se sonríe y me dice: - Mi tiempo se llama Eternidad y alcanza para todo. ¿Qué preguntas quieres hacerme? - Ninguna nueva ni difícil para ti. ¿Qué es lo que más te sorprende de los hombres? Y me dijo: - Que se aburren de ser niños, apurados por crecer, y luego suspiran por regresar a ser niños. Que primero pierden la salud para tener dinero, y enseguida pierden el dinero para tener salud. Que por pensar ansiosamente en el futuro, descuidan el juicio que les espera sin vivir el presente y prepararse para la eternidad. Que viven como si no fueran a morirse, y se mueren como si no hubieran vivido. Y pensar que Yo he sido crucificado por ellos... - Con los ojos llenos de lágrimas y la voz entrecortada, dejó de hablar. Después de un largo tiempo y para romper aquel horrible silencio, le dije: “¿Me dejas hacerte otra pregunta?” No me respondió con palabras, sino sólo con su tierna mirada. “Como Padre, ¿qué es lo que les pedirías a tus hijos para la Navidad y el Nuevo Año?”. - No sólo para esta Navidad y para Año Nuevo, sino para siempre: “Que aprendan que no pueden hacer que alguien los ame, lo que sí pueden hacer es dejarse amar. Que aprendan que lleva años construir una confianza, sólo segundos el destruirla. Que no es bueno compararse con los demás, pues todos serán juzgados con las diferencias que existen. Que deben controlar sus actitudes, o sus actitudes los controlarán. Que aprendan que bastan unos segundos para producir heridas profundas en las per301

sonas que amamos, y pueden tardar años en ser sanadas. Que aprendan que a perdonar se aprende perdonando. Que hay gente que los quiere mucho, pero que no siempre sabe cómo demostrarlo. Que a veces cuando están molestos tienen derecho a estarlo, pero eso no les da derecho a molestar a los que les rodean. Que los grandes sueños no requieren grandes alas, sino un tren de aterrizaje para lograrlos. Que no siempre es suficiente ser perdonado por otros, algunas veces deben personarse a sí mismos. Que aprendan que son dueños de lo que callan, y esclavos de lo que dicen. Que de lo que siembran, cosechan. Si siembran chismes, cosecharán intrigas; si siembran amor, cosecharán felicidad. Que aprendan que la verdadera felicidad no es lograr sus metas, sino a ser felices con lo que tienen. Que la felicidad no es cuestión de suerte, sino producto de sus decisiones. Pueden decir ser felices con lo que son y tienen, o morir de envidia y de celos por lo que les falta. Que dos personas pueden mirar una misma cosa, y ver algo totalmente diferente. Que sin importar las consecuencias, aquellos que son honestos consigo mismos llegan muy lejos en la vida. Que aprendan que jamás están solos en la vida aunque así lo crean, que Yo estoy siempre con ellos. Que nunca harán nada tan grande para que Yo los ame más, ni nada tan malo que sea suficiente para que los ame menos. Y la definitiva prueba de mi Amor es que he enviado a mi Hijo al mundo para salvarlo”.
Publicado en La Voz de Avilés 23-diciembre-2001

134 EL LIBRO DE LUCÍA
l pasado mes de agosto apenas comentaba el libro que nos obsequió la vidente de Fátima (sor Lucía) después de dialogar con ella algo menos de dos horas. En aquellos días había salido la primera edición en lengua portuguesa, con el título Apelos da mensagem de Fátima, firmado con su nombre de religión, Irmã María Lúcia de Jesús e do Coração Imaculado. El libro es iniciativa única y exclusiva de Lucía, y comenzó su trabajo después de cumplir los 93 años y después de recibir el permiso de Juan Pablo II. Ahora ha sido editado en español por Planeta Testimonio con el título Llamadas del mensaje de Fátima, y en pocos días lo encontraremos en todas las librerías, especialmente en las diocesanas. Nosotros lo hemos leído con verdadera fruición. El original tiene 303 páginas y va respondiendo al común de preguntas que le han sido hechas en los cientos de miles de cartas que fue recibiendo en los 53 años que lleva en el convento de clausura, en Coimbra. Allí vive dedicada a la oración y a la contemplación, con un mínimo de cinco horas diarias. La correspondencia que recibe de todas partes del mundo oscila entre las 50 y 70 cartas por día. Es claro que ella y las religiosas que colaboran con la vidente, sólo responden con una tarjeta impresa agradeciendo los donativos que les envían y prometiéndo-

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les oraciones por los terribles problemas que le exponen la mayoría de los comunicantes. El libro referido no tiene la intención principal de satisfacer únicamente la curiosidad de los fieles que la interrogaron, sino la de ayudar a profundizar a la luz de la fe la importancia espiritual de las palabras de la Virgen María. Estas llamadas se estructuran en torno a la idea que transmitió la Virgen a los pastorcitos el 13 de octubre de 1917: “No ofendáis más a Dios Nuestro Señor, que ya está muy ofendido”. En la primera parte, explica en qué circunstancias se producen las apariciones: el ambiente familiar de los pastorcillos, su vida muy sencilla y cristiana, son recordados por Lucía con gran cariño, especialmente, por el ideal de la familia cristiana a la que pertenecían, y el papel providencial de los ángeles que se les aparecieron. En segundo lugar, habla de la búsqueda de la santidad, llamada dirigida a todo cristiano. La tercera parte de las llamadas se dedica al mensaje moral de Fátima. Lucía ilumina los Diez Mandamientos con su experiencia personal y las revelaciones de la Virgen. El día 13 de mayo de 1982, un año después del atentado que sufrió Juan Pablo II, peregrino de Fátima, hablando del mensaje confiado por la Virgen a Jacinta, Francisco y Lucía, decía: “Si la Iglesia aceptó el mensaje de Fátima, es sobretodo porque contiene unas verdades y un llamamiento, que en su contenido fundamental son verdad y llamamiento del propio Evangelio”. Sí, es verdad que el libro susodicho es de entera responsabilidad de Lucía, pero con gran cuidado ella procura evitar juicios de valor e interpretaciones,
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dejando la última palabra y sometiéndose incondicionalmente a la decisión del Magisterio eclesial.
Publicado en La Voz de Avilés 26-diciembre-2001, en La Voz de Asturias 27-diciembre-2001 y en La Nueva España 30-diciembre-2001

135 TENÍA UN NOVIO ATEO
n compañía de don Francisco Sánchez de Muniaín y Gil, fui a Pravia para visitar a la esposa de mi hermano -Argelia- después de haber sufrido una trombosis. Allí encontré un hogar pacífico que disfruta de la alegría que les depara la oración y la penitencia. Es Domitila Colao -mi sobrina- la que ha hecho posible que sus cinco hijos y su esposo vivan abnegados en el servicio de Dios. Domitila nos ha relatado cómo fue el comienzo del apostolado con su novio: - Silverio -mi esposo- no practicaba ninguna religión. Yo contaba entonces 18 años y él había cumplido 19. Los dos estábamos enamorados y nos veíamos los fines de semana en Grado. Yo asistía a misa matutina todos los domingos y fiestas de guardar. Mi gran preocupación era saber que él no había pisado una iglesia en toda su vida después de hacer la primera comunión. Esto me horrorizaba pensando en que nuestro futuro matrimonio sería asediado por las desavenencias. Dejarle me resultaba imposible por el amor que le tenía. Casarme con un ateo no era posible.
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Todo lo sobredicho me llevaba a hacer más oración pidiéndole a Dios que me solucionara el dilema en que me encontraba. Haciendo cábalas diariamente pensé en dejar la misa matutina para asistir a las cinco de la tarde; hora en que marcábamos nuestros encuentros en Grado los días festivos, con la esperanza de ser acompañada por él en el templo, pero ¡ay, pobre de mí! Pues en vez de acompañarme se metía en la cafetería hasta que yo salía de la iglesia. Dos o tres domingos después de hacerme la faena, salí de la iglesia y no le puse cara ni le hablé una palabra. ¿Qué te pasa? -me dijo. -Tú sabes que no me gusta el fútbol y siempre te acompaño, ¿no debieras de hacerlo tú conmigo en la iglesia? No encontró salida para responderme, pero al domingo siguiente asistió a misa conmigo, claro es que de forma completamente pasiva. Así pasaron varios meses viéndole aburrido en la iglesia. Entonces empecé a persuadirle para confesarse, diciéndole el bien que le haría una confesión y el placer que sentiría en la misa. Pero esto de confesarse le parecía una ingenuidad. Yo continuaba suplicándole a Dios que le dejara limpio de sus pecados, hasta que un día prometió confesarse. Entramos una vez más en la iglesia y me confesé con el sacerdote que me dirigía espiritualmente, le expuse todo lo que me sucedía con el novio y le dije que le ayudara mucho en la confesión que le haría después de terminar conmigo. Se confesó durante un buen rato y me dijo que había quedado satisfecho. Mi alegría era incontenible. Ahora había que llevarle a Cursillos de Cristiandad, y fue. Desde aquella fecha nuestros 25 años de matrimonio han sido felices, Dios siempre nos ha
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dado fuerzas para superar las grandes dificultades que la vida nos fue propinando, y nuestros cinco hijos todos son fervientes católicos, bien distanciados de todo lo malo que sucede en una parcela de la juventud. ¡Qué verdad más grande cuando se dice: la familia que reza unida, permanece unida!
Publicado en La Voz de Avilés 27-diciembre-2001, en La Voz de Asturias 28-diciembre-2001 y en El Comercio 11-enero-2002

136 ¿ESTAREMOS LOCOS?
n psiquiatría se dice que todo lo que carece de sentido es patológico, y al ver tantos dislates como se cometen en el mundo, proyectados por científicos y los más altos cargos políticos, reflexionando con un poco de sensatez y humanidad, se llega a la conclusión de que existe una locura casi generalizada en el mundo que han dado en llamar “progresista” y “moderno”. Se habla mucho con buen razonamiento de las mujeres afganas. Con sus burkas cubriéndoles el cuerpo entero, de forma que hasta los ojos les quedan tamizados por una especie de enrejado de tela. Pero no se dice nada sobre otros países que, también con una ley inicua en la mano, llegan al cúmulo de horrores. En esos países -y en el nuestro-, son asesinados los que pudieran nacer con algún defecto, de forma que se practica aquel proyecto eugenésico típico de los nazis, que buscaban eliminar de la socie307

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dad a los que no eran físicamente modélicos. En esos países se está practicando una especie de canibalismo atroz, pues si bien la gente no se come entre sí, sí se permite utilizar a niños para extraerles órganos vitales, provocándoles la muerte, con el fin de conseguir que otros vivan un poco más de tiempo. Además, y siempre en la misma línea de búsqueda de soluciones médicas que beneficiarán a unos pocos afortunados, se experimenta también con niños, sometiéndolos a todo tipo de barbaridades, para ver cómo reacciona el organismo humano. Creo que Hitler y el tristemente famoso Mengele se quedaron cortos comparados con lo ahora sucede en el mundo. Podría pensarse que en esos países que todos conocemos están siendo aislados por la comunidad internacional y que incluso se está preparando una batalla para salvar a miles de niños del más espantoso exterminio. Pues no, esos países no sólo no son objeto del rechazo colectivo, sino que cada día que pasa son más admirados e imitados y sus leyes son copiadas por otros y, aunque parezca imposible, buena parte de los intelectuales del mundo consideran esas prácticas “progresistas” y modélicas. No faltan incluso gentes que se las dan de científicos y que justifican todo esto en nombre de una ciencia avanzada. El último paso, dado por un laboratorio de Estados Unidos, es el de clonarlos para conseguir órganos para trasplantes. Tal vez el amable lector piense que eso no sucede con niños, sino con embriones, pero se ha comprobado que no existe diferencia entre ambos. Y eso la ciencia lo sabe muy bien, lo mismo que sabían hace siglos que los negros eran seres humanos
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y justificaban la esclavitud diciendo que no tenían alma. Clonar es matar a niños inocentes, como lo es abortar o experimentar con embriones. Y no lo olvidemos, la sangre de los inocentes clama al cielo y exige justicia. De Dios no se ríe nadie. Sus leyes se cumplirán hasta la última tilde (Mt. 5, 18). ¿Estaremos locos?
Publicado en La Voz de Avilés 28-diciembre-2001

137 JUAN DIEGO
espués de 470 años será canonizado Juan Diego. El indio que tuvo la gracia de ver y dialogar con la Virgen de Guadalupe en el año 1531. Los ojos de la Virgen han quedado impresos en la tela que la Virgen le facilitó a Juan Diego para llevar envueltas en la misma unas rosas que no existían en Méjico en aquella estación del año. Estas rosas llamadas de “castilla” le sirvieron de prueba milagrosa al obispo fray Juan de Zumárraga y a los presentes que no creían en los mensajes que el indio traía de labios de la Virgen. Después de varios encuentros entre el obispo y Juan Diego, dialogando sobre las apariciones de la Virgen, el prelado, incrédulo en este sentido, le dijo al indio que le pidiera a la Virgen una prueba para creer y construir la capilla que la Virgen exigía, y de no traerle esa prueba no le recibiría más. Expuesto a
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la Virgen el dilema en que se encontraba Juan Diego con el obispo, la Virgen le entregó las rosas y la tela para envolverlas. Feliz Juan Diego con el milagro que traía en sus manos, extendió la tela en el suelo con las rosas, en presencia de trece personas que acompañaban al obispo, entonces vieron el milagro y la faz de la Virgen impresa en la tela. Esa tela o tilma que no podría conservarse más de 20 años pendiente de una pared, se encuentra perfectamente 470 años después. Ahora -hace unos años- con un moderno microscopio consiguieron ver en el iris y las pupilas de los ojos de la Virgen la imagen detallada de las catorce personas que estaban presentes cuando Juan Diego les mostró el milagro referido. La técnica que ha utilizado Aste Tönsmann es la del proceso digital de imágenes usado por los satélites y por las sondas espaciales para transmitir informaciones visivas. Según las conclusiones del estudio, nos encontramos ante una imagen “que no ha sido pintada con mano de hombre”. Ya en el siglo XVIII varios científicos realizaron pruebas que mostraban cómo era imposible pintar una imagen así en un tejido de esta textura. De hecho, con el paso del tiempo, las fibras del tejido que utilizaban los indios se degradan. Normalmente no deberían durar más de 20 años, sin embargo -como ya hemos dicho- la imagen está impresa desde hace 470 años. Richark Kuhn, premio Nóbel de Química, hizo un análisis de química en el que se puede constatar que la imagen no tiene colorantes naturales, ni animales, ni mucho menos minerales. Dado que en aquella época no existían los colorantes sintéticos, la imagen
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desde este punto de vista es milagrosa. Aste Tönsmann explica que “Cahallan y Smith han mostrado cómo la imagen cambia ligeramente de color según el ángulo de visión, un fenómeno que se conoce con el término de iridiscencia, una técnica que no se puede reproducir con manos humanas”. La beatificación de un creyente no compromete la infalibilidad pontificia. La canonización sí. Por lo tanto, cuando un Papa decide canonizar a alguien, afirmando con ello que hay constancia suficiente de que está en el cielo, se acaban las cuestiones sobre la materia. Seguir dando vueltas a si una canonización se ha logrado mediante favores o incluso insinuar que se ha acelerado gracias al “poder” del grupo que la patrocina, no sólo es estéril sino que supone un acto contra la fe en uno de los dogmas de la Iglesia. La canonización del beato Juan Diego es verdad que está ligada a la Virgen de Guadalupe. Pero sin el milagro que describiremos a continuación, jamás sería canonizado. Juan José consumía marihuana desde hacía cinco años. Un día, exasperado y bajo los efectos de la droga, cogió un cuchillo y se hirió ante su madre. Luego, sangrando, fue al balcón para tirarse. La madre intentó sujetarle por las piernas, pero él se soltó y se tiró de cabeza. Sin esperanzas, fue llevado al hospital, donde fue acogido por el departamento de terapia intensiva. El profesor Hernández Illescas, considerado uno de los mejores especialistas a escala internacional, ha definido este caso como “insólito, sorprendente e inconcebible, milagroso”, y así también todos los peritos médicos a quienes se les pidió el parecer. Conside311

rando la altura desde la que se precipitó el joven (10 metros), su peso (70 kilos), el ángulo de impacto (70 grados), se ha calculado que la caída ocasionó una presión equivalente a dos mil kilos. Después de tres días, de manera espontánea e inexplicable, Juan José se curó completamente. Los exámenes sucesivos confirmaron que no tenía secuelas, ni neurológicas ni psíquicas, por lo que los médicos lo definieron como científicamente inexplicable. La madre del muchacho ha contado que justo cuando su hijo estaba cayendo lo encomendó a Dios y a la Virgen de Guadalupe, invocando a Juan Diego dijo: “Dame una prueba... ¡Sálvame a este hijo!, y tú, Madre mía, escucha a Juan Diego”. Es verdad que la madre de Juan José oraba y se mortificaba diariamente para ver a su hijo libre de la droga, y esto es lo que ha hecho que su hijo salvara la vida y no le quedaran secuelas de los estupefacientes que venía consumiendo desde hacía 5 años. Como bien dice San Vicente de Paúl: “El que tiene en poca estima las mortificaciones corporales, con el pretexto de que las interiores son más perfectas, muestra bien a las claras no ser mortificado ni interior ni exteriormente”.
Publicado en La Voz de Avilés 31-diciembre-2001 y 2-enero-2002; en La Voz de Asturias 4 y 5-enero-2002 y en El Comercio 4-febrero-2002

138 EL MILAGRO DEL PADRE PÍO

l beato padre Pío de Pietrelcina que falleció en 1968 a los 81 años, hijo espiritual de San Francisco de Asís. Humilde fraile capuchino que ha sorprendido al mundo con su vida dedicada a la oración y a la escucha de los hermanos fuera y dentro del confesonario, vivió más de 50 años con los pies y las manos taladrados emanando sangre. Bien marcado por los estigmas, mostraba la última conexión entre la muerte y la resurrección de Cristo. A través de la televisión lo hemos visto cómo intentaba ocultar los estigmas de sus manos con las mangas del alba que le cubrían los nudillos de los dedos, y que sólo le podíamos ver los estigmas cuando levantaba el cáliz para la consagración. Pero no faltaron lenguas viperinas diciendo que todo eso desaparecía con un tratamiento médico. La envidia no siempre viene de las personas ajenas a nuestro linaje sino que también existe entre algunos familiares, y con frecuencia en los propios conventos. Es la tristeza o pesar que les causa el bien ajeno, tristemente eso es la envidia. También es la polilla que nunca deja ser feliz al envidioso. Los milagros atribuidos al padre Pío cuando vivía y después de muerto son muy numerosos, y aunque nadie lo crea, también ha resucitado al hermano fray Danielote cuando lo estaban velando dentro del ataúd. Esto sucedió cuando aún vivía el padre Pío. Ahora ha sido firmado el decreto de canonización por Juan Pablo II. Sólo falta fijar la fecha cuando esto escribo. Vamos con el último milagro: Se trata de la curación de un niño de 7 años, Matteo Pío Colella, hijo de un médico que trabajaba en el hospital que fundó el mismo fraile capuchino, la Casa
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de Alivio, en la localidad italiana de San Giovanni Rotondo. En la noche del 20 de junio de 2000, Matteo fue internado urgentemente en la unidad de cuidados intensivos del hospital Casa de Alivio a causa de una meningitis fulminante. Al día siguiente, en la mañana, los médicos habían perdido toda esperanza de vida para el pequeño. Ulteriores investigaciones sobre su cuerpecito fueron consideradas por el equipo médico como un ensañamiento, pues nueve órganos vitales habían dejado de dar señales de vida. Pero en la noche de ese día, durante una vigilia de oración en la que participaron la madre de Matteo y algunos frailes capuchinos del convento en el que vivió el padre Pío, las condiciones del niño mejoraron repentinamente, provocando una inusitada sorpresa en los médicos que habían perdido toda esperanza. Al despertar del coma, Matteo reveló que había visto a un anciano con la barba blanca y el vestido largo y marrón. También sangrando por los pies y las manos, mientras le decía: “No te preocupes, te curarás pronto”. Es claro que los médicos que atendían al niño no dudaron del milagro evidente que el padre Pío había hecho con el poder de Dios.
Publicado en La Voz de Avilés 3-enero-2002 y en El Comercio 10enero-2002

139 LA FAMA

on motivo de las fiestas navideñas hemos tenido la honra de recibir en casa a una señora de comunión diaria y muy ilustre, ¡tanto! que ha conseguido cuatro títulos universitarios, y mientras cenábamos nos hablaba de lo bueno que es Dios, parangonando el amor que nos tiene con el que nosotros sentimos por nuestros hijos. Yo le dije que el amor humano no cuadra bien con el amor espiritual, por ser éste de una calidad infinitamente superior. Esto le gustó mucho, pero seguí diciéndole: Si tuviera un hijo enganchado en la ETA le perdonaría y le destinaría al cielo cuando llegara su hora, algo que Dios no puede hacer porque siendo también justicia no puede faltar al castigo que cada uno se merece. Bien me parece que se hable muchísimo de la misericordia de Dios, pero también nos dice que sus leyes se cumplirán hasta la última tilde (Mt. 5, 18), y sobre este tema poco o nada se dice. ¡Cuánto se hace por el éxito y qué poco se hace por la vida eterna! ¿Cuándo nos daremos cuenta de que el mejor negocio de todos los negocios es adaptar nuestra efímera vida al querer de Dios?, sin embargo, el mal más común entre los cristianos es crear un dios que se adapte a nuestra vida. Buscar lo que Dios quiere de nosotros fuera del Evangelio es una contraposición a la voluntad expresada por el mismo Jesús. Distraído con lo que queda expuesto, he dejado el título sin respuesta: Sir Ernest Shackleton publicó en un periódico de Londres, el anuncio siguiente sobre su expedición al Atlántico en 1914: “Se necesitan hombres para un viaje arriesgado, muy escaso salario, mucho frío, largos meses de total oscuridad, peli-

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gro constante, regreso dudoso. Honra y fama en caso de éxito”. A esta invitación, y contrarrestando todas las funestas razones, sólo por motivos de “y fama en caso de éxito” respondieron más de cinco mil hombres, no dudando en exponer sus propias vidas. Ivonne de Daulle, la que en un tiempo fuera primera dama de Francia, confesó un día tímidamente: “Mi marido no ha suportado nunca que se le contradiga. El que nosotros nos llevemos bien, tiene se precio”. Tras estas breves palabras, iba bordando todo un tapiz de renuncias. Ella aceptó así de una vez por todas, continuar siendo la esposa del General de Gaulle y la primera dama francesa. El amor propio, la notoriedad y la fama que le deparaba el genial militar y político compensaba cuantos sacrificios fuera necesario hacer, es decir, la fama. En julio de 1971, tres cosmonautas soviéticos quedaron carbonizados en el Soyuz II que les llevó al espacio; todo esto se hace por la fama. No comprendemos que nada es toda fama. A los 51 años expira aquel hombre que se había propuesto ser emperador de Europa. Y así vino a comprobar que el inmortal Napoleón, era tan mortal como el mezquino más humilde. Cuántos sacrificios y cuantas aventuras se hacen por el realce y la estimación de los hombres, y qué pocos sacrificios y mortificaciones se hacen por ser solícitos con un Dios que nos concede el ciento por uno en la tierra y después el cielo eterno. La incoherencia del hombre es realmente espantosa.
Publicado en La Voz de Avilés 7-enero-2002

BEATA LAURA
res palabras resumen la breve vida de Laura Vicuña: pureza, sacrificio y amor filial. En Santiago de Chile, en plena guerra civil, nace esta niña ejemplar el 5 de abril de 1891. José Domingo Vicuña, su padre, es un alto militar que se ve obligado a huir. Pocos meses después muere, y deja a Mercedes, la madre, completamente abandonada con sus dos hijas pequeñas. Sin recursos y perseguida, cruza los Andes y se establece en Quilquihué (Argentina). Aquí comienza el drama. Está totalmente arruinada y sola. Manuel Mora, hombre rico, dominado por sus pasiones, se aprovecha de su triste situación y le ofrece confort: una vivienda envidiable, colegio para las niñas... Mercedes se rinde y, alejándose de Dios, opta por entregarse al señor Mora, vivir en unión libre, convivir sin contraer matrimonio, con tal de sacar a sus hijas adelante. Sin tardar, Laura es enviada al colegio de las Hijas de María Auxiliadora en Junín de los Andes, pueblecito situado a 20 kilómetros de Quilquihué, en enero de 1900. En el colegio, Laura Vicuña conoce a Dios. Allí la pequeña Laura madura deprisa. Recibe mucho bien de las hermanas. Acaricia un sueño: ser como ellas, consagrarse a Dios, amar a la Virgen y ayudar al prójimo. Destacará entre sus compañeras por el amor filial y afectivo que profesa a la Virgen. Deja el infantil egoísmo y se vuelve servicial, abnegada, humilde,
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olvidada de sí, estudiosa... Dedica, además, largos ratos a la oración. Pero se da cuenta de la terrible tragedia espiritual en que su madre vive. Aprende bien lo que son las tristes consecuencias del pecado y se decide a luchar con un valor sin igual. Ya no le agrada volver de vacaciones a casa del amante de su madre. En sus ojos está viendo su madre la sombra de tristeza, y leemos en los propósitos de Laura: “Quiero morir antes que ofender a Dios con el pecado”. Estos deseos ardientes de reparación los supo llevar a la práctica. En medio de sus renuncias exclamaba: “¡Me esforzaré! El amor se demuestra con hechos... Mucho más hizo Jesús por nosotros”. En su segundo año en Junín, Laura hizo su Primera Comunión y recibe la medalla de Hija de María. Sigue con igual fervor. Al final del curso vuelve a la temida casa del Sr. Mora. Ha crecido. Su hermosura atrae la mirada del amo, y esto no le ahorra cumplidos. Laura intuye que la lucha se acerca. Pero sabe que Dios y la Virgen no la abandonan. El señor Mora la cree débil, la tienta primero solapadamente, luego abiertamente. Pero todas las veces es vencido. Él se desahoga maltratando a la madre de Laura y retirándoles el dinero para el colegio. Las hermanas la aceptan gratuitamente en el colegio. Ese año recibe la Confirmación. Alma grande y generosa, decide darlo todo por su madre: dar su vida para que vuelva a Dios. Consulta esta decisión a su confesor. No teme ni duda que Dios le tome la palabra. En la humilde capilla del colegio Laura Vicuña ofrece a Dios su vida. Ese año poco a poco se debilita, enferma. Es la respuesta de Dios y se siente feliz. Piensa que vale la
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pena vivir en plenitud de amor el poco tiempo que le queda. Se la ve más tiempo en la capilla, en diálogo con Dios. Intentan curarla con baños de agua helada. Laura tiembla, no se queja, pero empeora. Tan solo tiene 13 años pero ha entendido las exigencias del amor. Otro remedio fallido: su madre la lleva a Quilquihué, después a Junín, pero es en vano. El señor Mora, furioso, la sigue hasta la humilde habitación donde se hospeda. Laura rechaza al amo. Entonces él descarga toda su ira sobre la enferma: golpes, puntapiés... Laura no se defiende, pero no tiene miedo. Para ella el golpe ha sido terrible, pero ha vencido. Va a morir. Revela el secreto a su madre: “No me curaré. La muerte está cerca. Yo mismo se la he pedido a Jesús. Le he ofrecido mi vida por ti, para obtener la gracia de tu vuelta a Él. ¡Siempre te he querido mucho, mamá! Me voy, mamá. ¡Si pudiese tener la alegría de tu vuelta a Dios!”. El 22 de enero de 1905, a la edad de 14 años, la pequeña mártir voló a su encuentro con Dios. Al día siguiente de su muerte la madre comenzó una nueva vida. Abandonó a Manuel Mora y huyó de Quilquihué, cruzando los Andes. Sabía lo que le esperaba: soledad, incertidumbre, pobreza y persecución, pero no estaba sola. Ahora se sentía fuerte y decidida: está en paz con Dios y esto vale más que todas las riquezas de la tierra.
Publicado en La Voz de Avilés 8-enero-2002

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MONSEÑOR OSORO PARECE DE LOS NUESTROS
o podía faltar un arzobispo en nuestra diócesis que no fuera de los nuestros, conociendo la santidad de Juan Pablo II. Esa espiritualidad recia del Santo Padre, que siempre le ilumina para la elección de obispos y cardenales. Bien es verdad que el Obispo de Roma no puede conocer a los sacerdotes que son aptos para hacerles obispos y seguir por la senda estrecha que nos lleva a la salvación, pero sí que conoce muy bien a los nuncios que elige para que le presenten a los sacerdotes más idóneos en el sentido estrictamente espiritual. Este panegírico que osadamente le hacemos a monseñor Carlos Osoro Sierra, tiene como fundamento lo que ha dicho en una de sus cartas pastorales sobre el concepto que tiene de la Iglesia: “La Iglesia, siguiendo a Jesucristo, puede ser una gran servidora de la dignidad de todos los hombres, una defensora imperturbable de sus derechos y de los derechos de todos los pueblos y con todas sus fuerzas 'buena samaritana' de los pobres. Nunca encontraremos en la Iglesia, ni una agencia de solidaridad, ni una ONG internacional de voluntarios, ni una organización moralizadora. La misión de la Iglesia es que infunda en las venas de la humanidad actual la fuerza perenne, vital y divina del Evangelio”. Estas breves palabras de monseñor Osoro nos transmiten el conocimiento espiritual que tiene de la fecundidad del Evangelio, dejando a las agencias de solidaridad que actúen sin intromisión en la Iglesia.
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Así mismo las organizaciones no gubernamentales que ejercen con el voluntariado fines moralizadores y el bien común; todo esto puede ser bueno, pero también puede estar vinculado a la Teología de la Liberación y desvinculado del Evangelio, algo que monseñor Osoro no acepta porque la Iglesia de Roma también lo rehúsa. Como bien dice San Juan de la Cruz: “Sólo obras y fundaciones basadas en el sufrimiento y en la cruz perduran. Si en algún tiempo, hermano mío, le persuadiere alguno, sea o no Prelado, doctrina de anchura y más alivio, no la crea ni la abrace, aunque se la confirmen con milagros, sino penitencia y más penitencia y desasimiento de todas las cosas y jamás, si quiere llegar a poseer a Cristo, lo busque sin la cruz”. Es de notar que los santos son los verdaderos intérpretes del Evangelio, y lo que queda expuesto de San Juan de la Cruz viene al unísono con la Buena Nueva: “El que quiera seguir en pos de Mí, tome la cruz de cada día, niéguese a sí mismo y sígame” (Mt. 16, 24; Mc. 8, 34; Lc. 9, 23). Espero que algún lector haya meditado alguna vez lo que es negarse a sí mismo, es decir, un total anonadamiento que nos reduce a la nada; lo que todos somos comparados con Dios. Y es precisamente en esta actitud de nuestra parte cuando Jesucristo puede hacer maravillas de la persona que así se comporta. Bien decía la beata Madre Maravillas: “Si tú le dejas...”. Es decir, si nosotros le dejamos al Señor el poder que tiene el alfarero con el barro, garantizada tenemos la moldura de la santidad.

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Publicado en La Voz de Avilés 9-enero-2002, en La Voz de Asturias 19-enero-2002, en El Comercio 20-enero-2002 y en El Comercio Digital 20-enero-2002

142 SÁNCHEZ DRAGÓ
l pobre escritor Fernando Sánchez Dragó ha publicado un libro titulado Carta de Jesús al Papa. Después de ojear el libro, no me cabe duda que Sánchez Dragó es un pobre paranoico. Pues el autor se desliza con repetidos insultos a la excelsa figura del Santo Padre. Entre otros, Sánchez Dragó acusa en el libro a Juan Pablo II de “fingimiento y de promover y mantener un gigantesco fraude”, también de “fomentar la credulidad y propagar la mentira, engañar a las gentes”; así como de “clientelismo, soberbia, hipocresía, cinismo”. El pobre escritor tacha con dureza al obispo de Roma considerándole “represivo, idiota, integrista, supersticioso y tramposo”. Para Sánchez Dragó el Papa “descarría y confunde a sus ovejas por falta de honradez y por ser esquizofrénico”. Así mismo le enjuicia por ser “un servidor de los intereses del César y promotor del milagro con industria, y de hacer el ridículo”. A Sánchez Dragó le hemos visto repetidas veces en la televisión dando testimonios de su conversión al catolicismo. Tal vez estaba preparando el camino para revestirse de catolicidad y encontrar más profusión en la venta del libro que estaba incubando con la
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paranoia que lógicamente tiene que padecer. Es decir, esa perturbación mental fijada en una idea obsesiva. Alguien me podrá decir que es un buen literato dotado de considerable inteligencia, pueden tener razón, pero no nos olvidemos nunca que Satanás también supera a la mayoría de los humanos en inteligencia y artimañas, con los cuales se ha ganado la condenación eterna y el desprecio de los que conocemos su astucia. Sánchez Dragó puede ser un buen escritor, pero no es un profesional de la filosofía, ni de la teología, ni de la historia, y son precisamente estos campos de conocimientos los que se necesita conocer bien para averiguar, calibrar y analizar temas de religión. Y más que toda esa ciencia es la que se aprende postrado de rodillas a los pies del sagrario. Allí, meditando la vida de Cristo es donde se enciende esa luz que ilumina a todo hombre. Es donde se puede apreciar la fidelidad del Santo Padre a Dios y a los hombres. Allí -en el sagrario- es donde afluyen nuestras miserias para dejar espacio a la humildad, a la nobleza, a la comprensión con nuestros semejantes, al amor a la verdad. Allí es donde se coge repugnancia a la hipocresía, a la altanería, a la soberbia. Allí es donde se machaca al egoísmo y se comprende el bien que nos hace practicar la caridad. Allí es donde está el Señor y el único Maestro. Esa fuente divina que nos apaga la sed para siempre. Esa sed que tiene Sánchez Dragó de aplastar al Papa y a la Iglesia. Esa sed que tiene Sánchez Dragó de ganar dinero y fama, porque nunca se ha puesto de rodillas a los pies del que ha sido crucificado para salvarnos a todos los que
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sabemos adorarle y amarle con infinita gratitud. “El que no cree en Él ya está juzgado” (Jn. 3, 18).
Publicado en La Voz de Avilés 10-enero-2002

143 LAS VÍCTIMAS
esde tiempos inmemoriales hemos tenido obras religiosas donde algunas monjas y sacerdotes se han ofrecido a Dios como víctimas, viendo las almas que se pierden por falta de sacrificios, y copiando literalmente la vida de Jesucristo. Esto ha sucedido y viene sucediendo en la unión sacerdotal Lumen Dei. Lo curioso es que los que han ofrecido su vida a Dios como víctimas propiciatorias, no suelen durar más de unos meses o años, pues con premura les vienen las tribulaciones, el dolor, las enfermedades y la muerte. La última víctima en esta santa obra ha sido Josefina Serrano; dos años soportando un cáncer con las correspondientes quimioterapias, llena de gracia de Dios y muy serenamente, y con mucha alegría, entregó su vida a Dios hace unos meses. Ahora ya goza del cielo y viene concediendo muchos favores o milagros a los que creen que ella puede hacerlos como intercesora. Casi se puede dar por seguro que pasados los cinco años reglamentarios para que pueda abrirse el proceso de beatificación, luego tendremos una beata más. Me sorprenden las peticiones que hacen los sacerdotes de Lumen Dei después de exponer el Santísimo: "Señor, danos muchos sacerdotes. Danos
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muchos y santos sacerdotes. Danos sacerdotes víctimas". Esto puede parecer algo exagerado, pero viene al unísono con lo que la Virgen de Fátima les preguntó a los tres pastorcitos: "¿Queréis ofreceros a Dios para soportar todos los sufrimientos que Él quisiera enviaros como reparación de los pecados con que Él es ofendido y de súplicas por la conversión de los pecadores? - Sí, queremos. - Tendréis, pues, mucho que sufrir, pero la gracia de Dios os fortalecerá". Es claro que Jacinta y Francisco han sido víctimas propiciatorias por su espontánea voluntad, no sólo por haber sido perseguidos y encarcelados, sino por las enfermedades que sufrieron en la más tierna infancia y la soledad en que murió Jacinta en un hospital de Lisboa. Y lo que lleva sufriendo Lucía nunca lo sabremos. Pero sí podemos dar un indicio reproduciendo unos párrafos de la Cuarta Memoria: - "... A un lugar retirado del desván, a una luz de una pobre teja de cristal, a donde me retiro, para escapar cuanto me sea posible, a las miradas humanas. De mesa, sírveme el regazo; de silla, una vieja maleta. ¿Por qué -me dirán algunos- no escribes en la celda, a pesar de que aquí en casa las hay bastantes y desocupadas? Pero está bien así. No necesito más; obediencia y abandono en las manos de Dios que es quien obra en mí. En verdad no soy más que el pobre y miserable instrumento de que Él se quiere servir; y que, dentro de poco, como el pintor que lanza al fuego el pincel ya inútil para que se reduzca a cenizas, así el divino
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Pintor reducirá a las cenizas del túmulo su inútil instrumento, hasta el día de las alegrías eternas. Yo deseo ardientemente ese día, porque el túmulo no aniquila todo, y la felicidad del Amor eterno e infinito comienza entonces".
Publicado en La Voz de Avilés 12-enero-2002 y en La Voz de Asturias 18-enero-2002

144 BUENOS CONSEJOS
n sacerdote de Madrid me envía una sarta de consejos que me parecen muy útiles para ponerlos en práctica el año que comienza. Es claro que el año 2001 ha dejado huellas imborrables en el mundo. Penas que nunca pasarán por los crímenes guerreros, hogares destrozados por el vacío que dejan los seres queridos cuando de súbito se van sin saber la morada que les ha tocado en la otra vida. Desavenencias entre hijos y padres, mujeres honradas y solícitas que han sido abandonadas a cambio de otras casquivanas. Hombres que se han quedado fuera de su vivienda para dejar paso al concubino de su esposa y tienen que conformarse con ver a sus hijos una vez cada semana. ¡Cuántos males sufrimos por los pecados que cometemos! ¡Cuánto sufrimiento trae el desorden! ¡Cuántas satisfacciones y alegrías en los hogares en los que todos viven en presencia de Dios y saben adorarle de noche y de día! Es verdad que la dichosa cruz todos la tenemos, y que nunca nos dejará ni a sol
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ni a sombra. Y aparece el año 2002. Un nuevo año en el que debemos de iniciar los nuevos propósitos. Hay que olvidar el pasado y volver a empezar. Pedir perdón a todos los que les hemos infligido algún daño y, también, perdonar de todo corazón a los que nos han causado perjuicio. Hay que comenzar esta nueva etapa sin esos rencores que nos trasquilan el alma. Debemos cerrar heridas. Es el primer secreto para atrapar un poco de felicidad y paz interior. Y como estamos con el deseo de cambiar algo de nuestras vidas para ser más felices, le sugiero, amigo lector, las bienaventuranzas que el gran amigo sacerdote me envía de Madrid: Bienaventurados los que saben distinguir una montaña de un montículo, se ahorrarán muchas preocupaciones. Bienaventurados los que son capaces de dormir y descansar sin buscar excusas para ello, se volverán sensatos. Bienaventurados los que saben callarse y escuchar, ¡cuántas cosas aprenden! Bienaventurados los que son suficientemente inteligentes para no tomarse en serio las contrariedades, serán apreciados en su entorno. Felices son los que saben dar importancia a las cosas pequeñas y tomar con tranquilidad los problemas graves, irán lejos por la vida. Felices son los que saben admirar una sonrisa y olvidar una mala cara, sus caminos están llenos de luz. Felices son los que saben interpretar siempre con benevolencia las actitudes acres de los demás, aunque las apariencias parezcan lo contrario, os tacharán de simples pero la caridad tiene ese precio.

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Bienaventurados los que piensan antes de actuar, y que rezan antes de pensar, evitarán grandes imprudencias. Felices son los que saben callar y sonreír incluso cuando les cortan la palabra, les contradicen o les pegan un pisotón, el Evangelio empieza a penetrar en sus corazones. Bienaventurados, sobre todo, los que saben reconocer a Jesucristo en todo lo que ven, han encontrado la verdadera luz, han encontrado la verdadera sabiduría y la eterna felicidad en el cielo.
Publicado en La Voz de Avilés 15-enero-2002, en La Voz de Asturias 22-enero-2002, en El Comercio 24-enero-2002 y en El Comercio Digital 24-enero-2002

145 EL VOLUNTARIADO
uando alguien decide sacrificarse por los demás sin el más mínimo egoísmo y a fondo perdido en esta vida, tarde o temprano encuentra numerosas personas que lo siguen. Esto les ha sucedido a los santos, especialmente a la Madre Teresa de Calcuta. Pues su ejemplo sigue viviendo y fructificando más que nunca. El mundo mundano es el más exigente con los católicos, y como el buen ejemplo sólo resplandece en los santos, no son pocos los que se decepcionan por nuestra culpa, nos maldicen y reniegan de curas, de frailes, de seglares y de la misma Iglesia. Es decir, apoyan su incredulidad en los creyentes tibios que no hacen nada.
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Desconocen -o quieren desconocer- que la Iglesia santa, católica y apostólica hay que buscarla, primero en Jesucristo y después en los santos. Y no me refiero únicamente a los beatos y canonizados, sino también a tantos otros que han vivido -o viven todavía- explotando sus vidas abnegadamente por el bien de todos sus hermanos sin distinción de clases o razas. El mal está en que estos ejemplos ya no aparecen en los medios de comunicación, sólo en algunas revistas religiosas los encontramos. Durante el año 2001, más de quinientos voluntarios españoles han pasado por las casas que la Madre Teresa fundó en Calcuta. Estos voluntarios, movidos por todo tipo de inquietudes, llegan a la India con ganas de ayudar, de aportar su granito de arena. Los motivos religiosos -casi el 50 por ciento de los voluntarios españoles son católicos-, son el principal argumento que les lleva a estas personas a emprender el viaje, pero también los hay que llegan movidos por motivos humanitarios sin vinculación espiritual, aunque la mayoría reconoce que terminan cuestionándose preguntas de tipo existencial. Javier, de Valencia, afirmaba haber llegado a Calcuta simplemente a ayudar, pero al ver morirse a tanta gente, sentía gran impotencia y admiraba cómo las monjitas se quedaban junto al moribundo en sus últimos momentos. Un día le preguntó a una religiosa cómo podía ser tan buena y esclava: "Los enfermos y moribundos son el mismo Cristo que se entrega a nosotras", le dijo. Otros llegan a Calcuta como turistas, pero al ver el gran ambiente de voluntarios, deciden ir a ver y se quedan semanas y meses. Es claro que les arguye la
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conciencia, y necesitan darle una respuesta para encontrar la paz que Dios nos concede a todos cuando de uno u otro modo le servimos. El mayor número de voluntarios procede de Navarra, siguiendo a San Francisco Javier, porque la labor que han dejado los santos en la tierra es imperecedera y sigue actuando hasta que todo termine en el planeta azul. Y lo curioso es que todo lo que se hace por Dios son cosas sencillas y muy asequibles a cualquier persona. La esencia de todo esto la sabía resumir muy bien la Madre Teresa: "Las cosas sencillas son las que pueden cambiar el mundo. Quizá sólo seamos una gota de agua en el océano, pero sin esa gota el océano sería diferente".
Publicado en La Voz de Avilés 16-enero-2002

146 ES DIOS QUIEN NOS MOLDEA
e cuenta que en Inglaterra había una pareja que le gustaba visitar las pequeñas tiendas de Londres. Al entrar en una de ellas se quedaron prendados de una hermosa tacita. "¿Me permite ver esa taza? -preguntó la señora-, ¡nunca he visto nada tan fino!". En las manos de la señora la taza comenzó a contar su historia: "Usted debe saber que yo no siempre he sido esa taza que ahora sostiene. Hace mucho tiempo yo sólo era un poco de barro. Pero un artesano me tomó entre sus manos y me fue moldeando. Llegó el momento en que me desesperé y le grité:
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"¡Por favor, déjeme ya en paz...! Pero mi amo sólo me sonrió y me dijo: "Aguanta un poco más, todavía no es tiempo". Después me puso en un horno. ¡Nunca había sentido tanto calor! Toqué a la puerta del horno y a través de la ventanilla pude leer en los labios de mi amo que me decía... "Aguanta un poco más, todavía no es tiempo". Cuando al fin abrió la puerta, mi artesano me puso en un estante. Pero, apenas me había refrescado, me comenzó a raspar, a lijar. No sé cómo no acabó conmigo. Me daba vueltas, me miraba de arriba abajo. Por último me aplicó meticulosamente varias pinturas. Sentía que me ahogaba. "Por favor, déjeme en paz", le gritaba a mi artesano; pero él sólo me decía: "Aguanta un poco más, todavía no es tiempo". Al fin, cuando pensé que había terminado aquello, me metió en otro horno, mucho más caliente que el primero. Ahora sí pensé que terminaba con mi vida. Le rogué y le imploré a mi artesano que me respetara, que me sacara, que si se había puesto loco. Grité, lloré, pero mi artesano sólo me decía: "Aguanta un poco más, todavía no es tiempo". Me pregunté entonces si había esperanza, si lograría sobrevivir aquellos tratos y abandonos. Pero por alguna razón aguanté todo aquello, pues yo sabía que el artesano me quería perfecta. Entonces se abrió la puerta y mi artesano me tomó cariñosamente y me llevó a un lugar muy diferente. Era precioso. Allí todas las tazas eran maravillosas, verdaderas obras de arte, resplandecían como sólo ocurren en los sueños. No pasó mucho tiempo cuando descubrí que estaba en una fina tienda y ante mí había un espejo. Una de

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esas maravillas era yo. ¡No podía creerlo! ¡Esa no podía ser yo! Mi artesano entonces me dijo: "Sé que sufriste al ser moldeada por mis manos, mira tu hermosa figura. Sé que pasaste terribles calores, pero ahora observa tu hermosura y sólida consistencia. Sé que sufriste con los raspados y pulidos, pero mira ahora la finura de tu tacto. Y la pintura te provocaba náuseas, pero contempla ahora y verás cómo has quedado perfecta... ¿Y si te hubiera dejado como estabas? ¡Ahora eres esa obra bien terminada que Dios quiere. ¡La que yo quería cuando del barro te comencé a formar!". Querido hermano que lees: Usted y yo somos una tacita en las manos del mejor alfarero: Dios. Confiemos en sus amorosas manos aunque muchas veces no comprendamos por qué permite nuestros sufrimientos. Aguantemos un poco más y nuestra alma será apta para entrar en el reino de los cielos y convivir eternamente rodeada de amor y divinidades.
Publicado en La Voz de Avilés 19-enero-2002

147 SÁNCHEZ-SILVA
on José María Sánchez-Silva ha llegado a su fin el pasado día 11 del actual mes, con más de 40 novelas a cuestas, siempre con Dios al fondo en sus argumentos. Nació un 11 del 11 de 1911. Tenía, por lo tanto, 90 años. Ha sido el autor de Marcelino, pan y vino, traducida a 31 idiomas y lle332

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vada al cine con éxito arrollador. Esta película ha hecho que los espectadores derramaran lágrimas de consolación en España y en múltiples países, y ha convertido más almas que letras tiene la novela. El bien que ha hecho don José María supera la labor de todos los Nobel de Literatura; sin embargo, su muerte apenas ha sido noticia. Si hubiese insultado a la Virgen de Covadonga y se pasara la vida pronunciando tacos en la televisión y diciendo sandeces como don Camilo, le hubieran rendido homenajes en toda España y en el extranjero, incluyendo reyes y reinas, máxime si hubiese abandonado a su legítima esposa. Después nos lamentamos de los desmanes y tropelías que vemos continuamente en los telediarios. ¿Cuándo comprenderemos que no puede haber paz espiritual por muchas proclamas que hagamos a favor de la paz, si en nuestro interior arde el fuego del odio y la enemistad? Y es que el enemigo de la paz interior es el exceso de amor propio. Tener los sentimientos siempre a flor de piel en ocasión para que una palabra o un hecho nos derrumbe. Cuanto más egoísmo hay en la persona, más difíciles son las relaciones humanas, porque el egoísmo imposibilita la convivencia, la paz; una vida más noble y mejor. Emma Suárez, actriz de teatro y de cine, dice: "Creo que, más que ser feliz, uno debe estar en paz consigo mismo, tener una conciencia tranquila... Me duele ver a la gente con ambición de poder... La ambición quita la paz interior". Nadie gozará de la paz espiritual cuando se aleja de Dios, si nos dejamos atormentar por un sinnúmero de preocupaciones, la mayoría superfluas y, a veces,
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producto de la mente. Pues sólo Él -dador de toda paz- nos puede conceder lo que en el fondo todos deseamos. San Juan de la Cruz nos ha dejado escrito: "No, no es voluntad de Dios que el alma se agite o se aflija no tenga paz espiritual-, por cosa de aquí abajo". Y el santo añade: "Pero cuando, de hecho, el alma se aflige -no tiene paz- en medio de las tribulaciones de este mundo, la causa está únicamente en la debilidad de su virtud, porque el alma perfecta se alegra -tiene paz- de lo que el alma imperfecta se entristece". En las novelas de don José María Sánchez-Silva, los personajes tienen una gran necesidad de Dios, de comunicarse con Él, de sentirse cerca. Y esto es un poco de lo que nos pasa a todos, a los que creemos en Él y a los que no creen. Existen muchas pruebas de Dios en nuestra vida si bien la analizamos. Ya se ha dicho que si Dios no existiera lo tendríamos que inventar. El hombre necesita de continuo un vigilante que le señale el camino a seguir, consolándole por el bien que practica y desazonando su conciencia por el mal que hace. Es decir, injertar en su cerebro aquellas palabras del Antiguo Testamento: "Dichoso el hombre que teme a Dios y sigue sus caminos..." (Salmos 112, 1).
Publicado en La Voz de Avilés 21-enero-2002

148 LA NIETA DE FRANCO

armen Martínez Bordíu está tomando conciencia de todos los contubernios que ha venido practicando después que abandonó a su primer esposo. Es verdad que aún la vemos abrazada con el arquitecto Roberto Federici en la Patagonia chilena. Pero Dios ha despertado en ella todos los males que ha hecho para satisfacer sus pasiones. Ahora recuerda las Navidades que pasaba al lado de su abuelo y demás familia. También nos dice que sólo las celebraban con pavo y turrón. Pues debido a la austeridad del Caudillo nunca pudieron comer una mariscada. Carmen no acepta sus viajes navideños al extranjero como fugaces huidas para olvidar los recuerdos de los años dichosos que pasó con su primer esposo y con sus queridos familiares. "Más que huir -dice-, es que lo que no me gusta de la Navidad es el lado comercial con que hemos sustituido estas celebraciones. La Navidad es esencialmente el recuerdo del Nacimiento de Jesucristo. Yo recuerdo los tiempos en que íbamos a Misa de Gallo y en el que había un ambiente de amor familiar". Carmen considera que su mayor acierto en la vida ha sido volver a encontrar la parte espiritual que hay en ella: "Y debo decir -añade- que la he encontrado hace muy poco. Exactamente va a hacer un año, cuando pasé la barrera psicológica de los cincuenta". A la pregunta de lo que podría hacer hoy con esa mentalidad que tiene, responde: "Pues... si no tuviera una familia, me gustaría ir de misionera a algún sitio. Sinceramente, si estuviera un poco más despegada de todo lo que me rodea, me iría mañana mismo de misionera. Ahora he tomado conciencia del daño que
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le hice a mi primer esposo y a mis hijos. Ese ha sido el mayor desacierto de mi vida". Tres cosas hay en la vida -dicen algunos filósofosque nunca podremos olvidar: patria, religión y familia. Y Carmen Martínez Bordíu ha sido bien educada en torno a la práctica religiosa, y como las pasiones lujuriosas se van difuminando un poco después de los cincuenta, máxime cuando han sido saciadas con tres hombres distintos desde la adolescencia hasta pasar por la barrera de los cincuenta, ahora se ha convencido de que los caminos de Satanás sólo nos ofrecen placeres fugaces que carecen de consistencia y van formando una sarta de tribulaciones y amargura. Es verdad que Carmen Martínez nunca ha perdido la fe. Todos recordamos muy bien cuando el cardenal Arzobispo de Toledo le negó la comunión a doña Carmen públicamente. Bien sabía el purpurado que "el que come mi Cuerpo y bebe mi Sangre indignamente, come y bebe su propia condenación" (1 Cor. 11, 29). Es verdad que la fe en Dios es totalmente compatible con el pecado mortal. Por eso nos dice la palabra de Dios: "La fe sin obras es inútil" (Santiago 2, 20). Y añade: "La fe sin obras es un cadáver" (Santiago 2, 26). Tengo para mí que Carmen Martínez terminará en un convento llorando sus pecados hasta que Dios la perdone como a la Magdalena. Que así sea.
Publicado en La Voz de Asturias 24-enero-2002 y en La Voz de Avilés 1-febrero-2002

149 ACCIÓN DE GRACIAS
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eñor, Dios, dueño del tiempo y de la eternidad, tuyo es el hoy y el mañana, el pasado y el futuro. Gracias te quiero dar por todo lo que me ha sucedido en el pasado año. Por todo aquello que de Ti recibí. Gracias por la vida y por el amor que todos los míos me han dispensado. Gracias por la lluvia y el sol, por la alegría y el dolor, por cuanto fue posible y por lo que no pudo ser. Te ofrezco cuanto hice el año que se ha ido, el trabajo que pude realizar, las cosas que pasaron por mis manos y las cosas que con ellas pude construir. Te ruego por las personas que a lo largo de esos doce meses amé, las amistades nuevas y los antiguos amores, las más cercanas a mí y los que están más lejos, los que me dieron su mano y aquellos a los que pude ayudar, con los que compartí en la vida el trabajo, el dolor y la alegría. Pero también, Señor, hoy quiero pedirte perdón por el tiempo perdido, por el dinero malgastado, por la palabra inútil y el amor desperdiciado. Perdón por las obras vacías y el trabajo mal hecho, y perdón por vivir sin entusiasmo. También por las muchas oraciones que hice distraído. Por todos mis descuidos y olvidos, nuevamente te pido perdón. Hemos iniciado un nuevo año. Quiero rectificar y ser más caritativo, más justo y abnegado en el trabajo, si es que Tú me dejas vivir. Hoy te pido para mí y los míos la paz y la alegría, y si es tu Voluntad hazla extensible a todo el universo. Dame el don de la sabiduría para hacer el bien, con fuerza y prudencia para ser luz, sal y fermento, lo que Tú nos pides a todos. Pues quiero vivir cada día con optimismo y
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bondad, llevando a todas partes un corazón lleno de comprensión y amor. Cierra mis oídos, Tú, Señor, a toda falsedad y mentira, y mis labios y palabras mordaces e hirientes. Abre mi ser a todo lo que es bueno, que mi espíritu se llene de bendiciones y las derrame a mi paso si es que aún me dejas vivir. Cólmame de bondad y alegría para que cuantos conviven conmigo y cuantos conozco se acerquen a mí y encuentren en mi vida un poquito de Ti. Que no soy bueno, Tú lo sabes; que quiero hacer el bien, no lo dudas. Que vivo de la fe, me lo parece. Que quiero amar a todos, lo deseo. Que no lo voy a conseguir, es evidente. Que espero tu Perdón, no estoy seguro. Pecados de omisión cometo a diario. Pues sin duda puedo hacer más bien del que hago. Que arrastro el egoísmo y la pereza, bien lo sabes. Que diariamente propongo firmemente nunca más pecar es cierto. Que peco diariamente es axiomático. Que puedes condenarme con razón, lo reconozco. Que tu misericordia es infinita bien lo sé, por eso en Ti confío y por tu amor me salvaré.
Publicado en La Voz de Avilés 28-enero-2002

150 JUAN PABLO II REZA POR LA PAZ

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l pasado día 25, Juan Pablo II convirtió la Sala Ducal del Palacio Vaticano en un comedor donde ofreció un almuerzo fraterno a los líde-

res de todas las religiones mundiales que acudieron el jueves -día 24- a Asís para rezar por la paz. El Papa les dijo: "Gracias por vuestra generosidad, pues me consta que venir ha sido un gran esfuerzo". Ya nos decía San Agustín que "la paz es un bien tal, que no se puede desear otro mejor, ni poseer otro más útil". Por eso el Papa, antes de bendecir la mesa para los doscientos líderes religiosos, representando al 90 por ciento de los creyentes de todo el mundo, les agradeció las oraciones que todos juntos habían hecho en Asís pidiendo por la paz, olvidando y perdonando odios y venganzas. El mensaje de paz que el Santo Padre pronunció el 1 de enero nos recordó que los dos pilares de la paz son la justicia y el perdón, y sobre esto hay que edificar el don de la paz, que exige compromisos, escucha, diálogo y, lo más importante, unión con Dios a través de la oración, fuente de toda paz. Lo curioso y lamentable es que en un día tan trascendente como ha sido el de las plegarias de los doscientos líderes religiosos en Asís, TVE no estuviera allí retransmitiendo el acto como casi la totalidad de las televisiones del mundo. Es incomprensible que sólo unos segundos de telediario se dedicaran a un acontecimiento tan importante, mientras que en el resto del mismo sólo se habló de conflictos, guerras y matanzas. ¿Es así como se puede conseguir la paz? En breves palabras, antes de bendecir la mesa para comer todos juntos, Juan Pablo II les saludó como "queridos amigos" y aseguró que "lo que sucedió en Asís permanecerá por mucho tiempo en nuestros corazones y tendrá un eco profundo entre los pueblos del mundo". El Papa confesó su alegría "por recibir339

los en mi propia casa, cuyas puertas están abiertas a todo el mundo. En Asís nos reunimos a la sombra de San Francisco; en Roma, a la sombra del pescador, Pedro. Los dos lugares y las dos personas son diferentes, pero ambos llevan el mensaje de paz que cantaron los ángeles en Belén: "Gloria a Dios en el cielo y paz a su pueblo en la tierra". Recuerdo al Presidente católico John Kennedy cuando repetía: "Quienes hacen imposible la revolución pacífica, hacen inevitable la revolución violenta". Pienso que no es necesario tener un conocimiento globalizado de la paz para darnos cuenta de lo que significa. Las discordias con los vecinos, las desavenencias familiares, los conflictos en los juzgados por falta de justicia en los deberes que cada uno tiene con el otro; todo en suma, nos deja muy claro lo que decía Amado Nervo: "Algo hay tan necesario como el pan de cada día, y es la paz de cada día; la paz, sin la cual el mismo pan es amargo". Y añade: "Danos, Señor, la paz de cada día, deberíamos añadir al Padrenuestro".
Publicado en La Voz de Avilés 31-enero-2002

151 NADA QUERÍA SER
a Virgen María nada quería ser. Cuando resultaba oprobioso a los matrimonios no tener descendencia y todas las jóvenes se hacían la ilusión de ser madres del Mesías esperado, María se
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desposa con José después de hacer voto de castidad. Por eso le sorprenden tanto las palabras del ángel: "María, has hallado gracia delante de Dios, concebirás y darás a luz un hijo y le pondrás por nombre Jesús" (Lc. 1, 30-31). Toda la vida de María está penetrada de una profunda sencillez. Su excelso privilegio como Madre del Redentor se realizó con la mayor naturalidad. En ningún momento de su vida buscó monopolizar la grandeza que Dios le había concedido. María Santísima, Madre de Dios, pasa inadvertida, como una más entre las mujeres de su pueblo. Aprendamos de ella a vivir con naturalidad. La sencillez y naturalidad hicieron de la Virgen, en lo humano, una mujer especialmente atrayente y acogedora. Su Hijo, Jesús, es el modelo de la sencillez perfecta, durante treinta años de vida oculta, y en todo momento. El Salvador huye del espectáculo y de la vanagloria, de los gestos falsos y teatrales; se hace asequible a todos: a los enfermos y desamparados, a los pescadores y a los analfabetos, a los Apóstoles y a los niños. La humildad es una virtud muy necesaria para el trato con Dios, para la dirección espiritual, para el apostolado y la convivencia. La sencillez exige claridad, transparencia y rectitud de intención, que nos preserva de tener una doble vida, de servir a dos señores: a Dios y al dinero. Por eso requiere una voluntad fuerte, que nos lleve siempre a escoger el bien. El alma sencilla juzga de las cosas, de las personas y de los acontecimientos según un juicio recto iluminado por la fe, y no por las impresiones del momento. En la lucha ascética hemos de reconocernos como en realidad somos y
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aceptar las propias limitaciones, comprender que Dios las abarca con su mirada y cuenta con ellas. En la convivencia diaria, toda complicación pone obstáculos entre nosotros y los demás, y nos aleja de Dios. La sencillez es consecuencia de la infancia espiritual, a la que nos invita el Señor: "En verdad os digo que si no os volvéis y hacéis semejantes a los niños, no entraréis en el Reino de los Cielos" (Mt. 18, 2-3). La sencillez y la naturalidad son virtudes extraordinariamente atrayentes, pero difíciles a causa de la soberbia, que nos lleva a tener una idea desmesurada de nosotros mismos, y a querer aparentar ante los demás por encima de lo que somos y tenemos. La pedantería, la afectación, la jactancia, la hipocresía y la mentira, se oponen a la sencillez y, por tanto, a la amistad; son un verdadero obstáculo para la vida de familia. Para ser sencillos es preciso cuidar la rectitud de intención en nuestras acciones, que deben estar dirigidas por Dios. Esto se puede aprender contemplando la Sagrada Familia.
Publicado en La Voz de Avilés 2-febrero-2002 y en La Voz de Asturias 4-febrero-2002

152 EL NOBEL DE LITERATURA SE CONVIERTE

abriel García Márquez se ha retirado de la vida pública por razones de salud: cáncer linfático. Es claro que el cáncer de linfa es irreversible. La linfa es la parte del plasma sanguíneo, que atraviesa las paredes de los vasos capilares, se difunde por los intersticios de los tejidos y, después de cargarse de sustancias producidas por la actividad de las células, entra en los vasos linfáticos, por los cuales circula hasta incorporarse a la sangre venosa. Esta es la definición de los académicos. Pero como nada en la vida es tan malo como parece, también el cáncer, en muchas ocasiones, ha demostrado sus ventajas: cuando nos dicen que nos quedan meses o semanas de vida, creo que todos tenemos mucho que arreglar para hacer las paces con Dios y expresar las últimas voluntades en beneficio de los que más queremos y mejor nos atienden. Gabriel García Márquez siempre ha sido un comunista ateo, buen amigo de Fidel Castro y un genio de la literatura. Sin embargo, en la carta que tengo delante de mí, donde se despide de sus amigos de forma conmovedora, muestra bien a las claras su conversión radical: "Si por un instante Dios se olvidara de que soy una marioneta de trapo y me regalara un trozo de vida, posiblemente no diría todo lo que pienso, pero en definitiva pensaría todo lo que digo. Si Dios me obsequiara un trozo de vida, vestiría sencillo, me tiraría de bruces al sol, dejando al descubierto, no solamente mi cuerpo, sino mi alma. Dios mío, si yo tuviera un corazón, escribiría mi odio sobre el hielo, y esperaría que saliera el sol. Regaría con mis lágrimas las rosas, para sentir el dolor de sus espinas, y el
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encarnado beso de sus pétalos. Dios mío, si yo tuviera un trozo más de vida... No dejaría pasar un solo día sin decirle a la gente que quiero, que la quiero. Convencería a cada mujer u hombre que son mis favoritos y viviría enamorado del amor. Con el dolor he aprendido que un hombre sólo tiene derecho a mirar a otro hacia abajo cuando ha de ayudarle a levantarse. Si supiera que esta fuera la última vez que te iba a ver salir por la puerta, te daría un abrazo, un beso y rezaría al Señor para poder ser el guardián de tu alma". Creo que me he pasado reproduciendo algunas citas de los cuatro folios que nos ha dejado escritos uno de los latinoamericanos más brillantes de los últimos tiempos, pero les recomiendo la lectura completa del texto por ser verdaderamente conmovedor. Todo el contenido de la carta tiene sus raíces más profundas en el Evangelio de Jesús. Algo bueno existe en el corazón del genial escritor cuando la misericordia de Dios ha llegado a su alma. De García Márquez sólo he leído Cien años de soledad. Una novela admirable, aunque disienta de su contenido, pero el arte literario con que identifica los objetos nunca lo he visto con más claridad en ningún novelista. Esto es una digresión sin importancia, lo que resulta inconmensurable es su conversión y el bien que puede hacerse a sí mismo y a otros lectores ateos que le seguirán por ser un personaje histórico.
Publicado en La Voz de Avilés 4-febrero-2002

153 UN CURA HOMOSEXUAL
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uando lo que ahora pretendo escribir encuentre espacio en el periódico, es bien posible que la Iglesia haya dado su sentencia acerca del sacerdote homosexual que públicamente se ha manifestado, con la agravante de no vivir la continencia. Tengo para mí que al sacerdote José Montero se le ha hecho insoportable el pecado redoblado que viene cometiendo desde hace algunos años. El clérigo necesitaba ayuda para sobrellevar el aguijón que continuamente le hiere su conciencia, y está pidiendo auxilio a los seudocristianos y a los que se alinean en la fila de los decadentes. El auxilio ya se lo han concedido bastantes en la televisión y en los periódicos, pero no le sirve de nada. El único que puede auxiliarle es Jesucristo cuando reconozca que lo ha traicionado y se arrodille a sus pies implorándole el perdón y rectificando el escándalo que sufre la Iglesia con sus desafortunadas declaraciones. Es claro que tiene derecho a la reinserción en el pueblo de Dios. Un ejemplo ejemplarizante lo tenemos en la Magdalena cuando después de vivir en contubernio encontró su salvación a los pies de Jesús. Este es el único derecho que tiene y le sería concedido por la Iglesia si se arrepintiera del desorden moral cometido. A pesar de lo dicho, no podemos hacer leña del árbol caído. Si nosotros somos heterosexuales es por una gracia de Dios. Esa inclinación homosexual con que vienen al mundo los gays no es ninguna deshonra, ni deben ser discriminados. Pero el documento
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vaticano es claro al señalar que "el uso de la facultad sexual es moralmente recto sólo en relaciones conyugales". Por consiguiente, una persona que se comporta de manera homosexual obra inmoralmente. Eso no significa que las personas homosexuales no sean a menudo generosas y no se donen a sí mismas. Pero cuando se empeñan en una actividad homosexual refuerzan dentro de ellas una inclinación sexual desordenada, caracterizada en sí misma por la autocomplacencia. Sobre el paso que debe darse a partir de ahora, diversos expertos en Derecho Canónico coinciden en afirmar que la investigación del obispado de Huelva tiene que aclarar las afirmaciones de su sacerdote diocesano. Según estos expertos, José Montero podría haber incurrido en "al menos dos delitos canónicos". El primero de ellos aparece en el párrafo 1 del canon 1395, estableciendo que "el clérigo concubinario, y el clérigo que con escándalo permanece en otro pecado externo contra el sexto mandamiento del Decálogo, debe ser castigado con suspensión; si persiste el delito después de la amonestación, se pueden agravar otras penas, hasta la expulsión del estado clerical". Cuando José Montero reflexione, después de las amonestaciones que le haga la Iglesia, esperamos que rectifique sus errores y todo se quede en agua de borrajas. De no ser así, y continuar viviendo en pareja homosexual, continuará arrojándole fuego a la Iglesia, hasta que esas mismas llamas lo devoren a él, dando patadas contra el aguijón.
Publicado en La Nueva España 6-febrero-2002, en La Voz de Avilés 7-febrero-2002 y en La Voz de Asturias 10-febrero-2002 346

154 EL NIÑO JOSÉ
l niño José sólo cuenta actualmente ocho años. Reside en Madrid. Asiste a misa diariamente y sólo le pedía a la Virgen que sus padres le concedieran permiso para comprar un perro. Finalmente le prometieron que le permitirían adquirirlo cuando ahorrara para pagarlo él. Cuando ya tenía algunos centavos ahorrados pasó por una tienda donde había un anuncio que decía: "Cachorritos en venta". José le preguntó al comerciante cuál era el precio de los perritos. El dueño contestó que oscilaba entre los 30 y 35 euros. José metió la mano en el bolsillo, sacó unas monedas y dijo: "Sólo tengo 2,37 euros, ¿puedo verlos?". El hombre sonrió y silbó. De la trastienda salió su perra corriendo seguida por cinco perritos. Uno de los perritos estaba quedándose considerablemente atrás. El niño inmediatamente señaló al perrito rezagado que cojeaba y le preguntó qué le pasaba. El hombre le explicó que cuando el perrito nació, el veterinario le dijo que tenía una cadera defectuosa y que cojearía por el resto de su vida. José se emocionó mucho y exclamó: "¡Ese es el perrito que yo quiero comprar!". Pero el hombre replicó: "No, tú no vas a comprar ese perrito, si tú realmente lo quieres te lo regalo". El niño entonces se disgustó, y mirando directo a los ojos del hombre le dijo: "Yo no quiero que usted me lo regale. Él vale tanto como los otros perritos y
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yo le pagaré el precio completo. Le voy a dar mis 2,37 euros ahora y uno cada mes hasta que lo haya pagado del todo". El hombre insistió contestando: "Tú en verdad no querrás comprar ese perrito, hijo. Él nunca será capaz de correr, saltar y jugar contigo". El niño se agachó y levantó la pernera de su pantalón para mostrarle su pierna izquierda, cruelmente retorcida e inutilizada, soportada por un aparato de metal. Miró de nuevo al hombre y le dijo: "Bueno, yo no puedo correr muy bien tampoco, y el perrito necesitará a alguien que lo atienda". El hombre estaba ahora mordiéndose los labios, y sus ojos se llenaron de lágrimas. Después sonrió, sonrió y dijo: "Hijo, sólo espero y rezo para que cada uno de estos cachorritos tenga un dueño como tu". Y es que en la vida no importa quién eres, sino que alguien te aprecie por lo que eres, y te acepte y te ame incondicionalmente. Un verdadero amigo -¡qué pocos hay!- es aquel que llega a nosotros cuando el resto del mundo se ha ido. Para mí tengo que estos amigos sí los hay. Especialmente esos que diariamente se pasan horas a los pies del sagrario. José es muy devoto de la Virgen y su mejor amigo es el inútil perro.
Publicado en La Voz de Avilés 9-febrero-2002

155 MAESTROS PARA DROGADICTOS

uando la conocí tenía 16 años. Fuimos presentados en una fiesta por un pibe, que se decía mi amigo. Fue un amor a primera vista. Ella me enloquecía. Nuestro amor llegó a un punto que ya no conseguía vivir sin ella. Pero era un amor prohibido. Mis padres no la aceptaron. Fui reprimido en la escuela y pasamos a encontrarnos a escondidas. Pero ahí no aguanté más: quedé loco. Yo la quería, pero no la tenía. Ya no podía permitir que me apartaran de ella. Yo la amaba. Choqué con el coche; rompí todos los muebles de casa y casi maté a mi hermana. Estaba loco; precisaba de ella. Hoy tengo 39 años, estoy internado en un hospital, soy inútil y voy a morir abandonado por mis padres, por mis amigos y por ella. ¿Su nombre?: Cocaína. A ella le debo mi amor, mi vida, mi destrucción y mi muerte". Este estremecedor relato es el del cantante de rock Freddy Mercury, que usted lo recordará porque iba a cantar junto a nuestra internacional Montserrat Caballé el "Barcelooonaaa" que inauguraría los Juegos Olímpicos del 92. Pero no logró superar la enfermedad del sida que padecía por culpa de una jeringuilla sucia y, desgraciadamente, murió. Pero dejó como testamento para sus seguidores y fans este texto dramático y pedagógico. Toda una llamada de atención sobre los peligros del consumo de drogas advertida con la autoridad que le da quien la ha sufrido. Y es que el desdichado consumo de las drogas continúa con más actualidad que nunca. Recientemente se ha desvelado que el consumo de la cocaína se ha duplicado entre los adolescentes españoles, y uno de cada tres fuman porros habitual349

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mente. ¿Qué se puede hacer para suprimir esta lacra? Pienso que podría ser bueno para los drogadictos ponerles como maestros a aquellos que han conseguido liberarse de la droga después de salir del infierno en que estaban metidos. Nadie puede convencer mejor que el que está convencido. La experiencia que tiene de la droga el ex drogadicto nadie la puede transmitir con más arraigo que el que ha sido enganchado por la misma. Y, ¿cómo educar a los niños para que desprecien los porros y drogas que les ofrecen algunos colegas en los colegios? Esto sólo se puede conseguir de dos formas: expresándoles escenas como la que dejamos expuestas y, mejor aún, catequizándoles desde la más tierna infancia. Yo tengo dos nietos de seis y ocho años, los dos han hecho la Primera Comunión y se confiesan cuando les advertimos que han faltado a la verdad o no han sido correctos el uno con el otro. Los dos llevan dentro de su corazón el santo temor del Dios que les dio la vida, y saben muy bien que "el temor de Dios es el principio de la sabiduría" (Prov. 9, 10). Es claro que cuando crezcan serán marginados por muchos, pero no les faltarán verdaderos amigos que piensen como ellos. Tampoco dudamos que se pueden perder como tantos otros, pero las posibilidades que tienen de escabullirse de lo reprobable son muchísimas. Algunos padres se lamentan de las aberraciones que cometen sus hijos, pero ¿qué han hecho ellos para que no las cometan?
Publicado en La Voz de Avilés 10-febrero-2002 y en La Voz de Asturias 12-febrero-2002

156 FUROR DESATADO
n un diario nacional he leído -entre otras- las siguientes noticias: Los porteros de una discoteca de Getafe apuñalan a dos jóvenes; una discusión por el turno del lavabo acaba con un muerto a cuchilladas en un pub de Centro; una madre arroja su bebé a un contenedor en Alcobendas; un padre divorciado mata en Benidorm a sus dos hijos y se suicida; una joven decapita a su madre e intenta ahorcar a su abuela en Gandía. ¿Qué está pasando? ¿qué estamos viendo? Ante este caos de furor desatado me viene a la imaginación la famosa frase que nos ha dejado escrita Dostoiewski: "Si Dios no existe, todo está permitido". El autor ruso ya intuyó que el desmoronamiento de la religión se traduciría en vacío ético, en aumento de la criminalidad y la corrupción, en hedonismo. Y es que Dios actúa en el interior de cada persona como un padre, como el más fiel amigo, y también como un policía autorizado que nos dice dónde está el mal y el bien. Por supuesto que los creyentes pecan y pecan gravemente; pero al menos lo saben, tienen dolor de corazón, se confiesan y luchan para no volver a cometer la falta, aunque no siempre lo consiguen. Precisamente por eso considero suicida todo ataque a la Iglesia. Incluso aquellos que no creen, deberían ser conscientes del enorme servicio social que nos presta la religión, como maestra y educadora de las conciencias. Y deberían darse cuenta de que los ataques con351

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tra ella y contra los que la representan, terminan pagándolos la sociedad entera, en forma de delincuencia, de corrupción, de violencia. ¿Por qué entonces los virulentos ataques y las agresivas campañas, como las suscitadas tras las palabras del Papa sobre el divorcio o tras las confesiones del cura que públicamente se manifiesta homosexual? ¿A quién beneficia erosionar la imagen de la Iglesia? A las víctimas de la violencia, a los criminales encarcelados no, desde luego. Y si estos ataques no benefician a nadie y nos perjudican a todos ¿por qué nos obligan a sufragar todo lo costoso que resultan los programas perniciosos con pérdidas multimillonarias? ¿Qué está pasando? Creo que lo comprende muy bien el alcalde de Madrid, Álvarez del Manzano, que ha tenido que emplear a fondo a la policía municipal para poder desalojar dos plazas céntricas de la ciudad de muchos adictos a la litrona que tenían desesperados a los vecinos. Como él ha reconocido, habrá que contratar a miles de policías más si se quiere que la normalidad se instaure en Madrid. Lo que está pasando es un claro y abierto descontrol moral, que tiene en los jóvenes su sector más vistoso -y a veces el más peligroso- y que se traduce en violencia doméstica con consecuencias mortales en cada vez más casos. Todo en suma, falta de formación religiosa. ¿Culpables? Los mandatarios políticos.
Publicado en La Voz de Avilés 13-febrero-2002

157 TINAJA Y FLORES
n cargador de agua tenía dos grandes tinajas que colgaban a los extremos de un palo que él llevaba encima de los hombros. Una de ellas tenía varias grietas, mientras que la otra era perfecta y conservaba toda el agua al final del largo camino a pie desde el arroyo hasta la casa del patrón. Cuando llegaba, la tinaja rota sólo contenía la mitad del agua. Durante dos años completos esto fue así diariamente. Desde luego, la tinaja perfecta estaba muy orgullosa de sus logros, pues se sabía perfecta para los fines a los cuales fuera creada. Pero la pobre tinaja agrietada estaba muy avergonzada de su propia imperfección y se sentía miserable, porque sólo podía hacer la mitad de lo que se suponía que era su obligación. Y después de dos años, la tinaja quebrada le habló al aguador diciéndole: "Estoy avergonzada y me quiero disculpar contigo, porque debido a mis grietas, sólo puedo entregar la mitad de mi carga y sólo obtienes la mitad del valor que deberías recibir". El aguador, apesadumbrado, le dijo compasivamente: "Cuando regresemos a la casa quiero que notes las bellísimas flores que crecen a lo largo del camino". Así lo hizo la tinaja. Y, en efecto, vio muchísimas flores hermosas a todo lo largo del camino. Pero, de todos modos, se sintió apenada porque, al final, sólo quedaba dentro de ella la mitad del agua que debía llevar. El aguador le dijo entonces:

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- ¿Te diste cuenta de que las flores sólo han crecido de tu lado del camino? Siempre he sabido de tus grietas y quise sacar el lado positivo de las mismas. Pues careciendo de recursos para adquirir otra tinaja nueva, como buen católico que soy, dialogué con la Virgen y me dijo que el desperdicio del agua era la voluntad de su Hijo, y añadió la Madre de Dios: "Siembra semillas de flores a todo lo largo del camino por donde el agua se derrama y podrás obsequiarnos con bellísimas flores a mi Hijo y a Mí". Por dos años he podido recoger estas flores para decorar el altar de Jesús y ornamentar la peana donde la Virgen reposa apoyando sus pies sobre la misma. También he obtenido ganancias muy superiores a la pérdida del agua vendiendo flores en la floristería. Si tu -tinaja quebrada- no fueras como eres, con todos tus defectos, no hubiera sido posible crear esta belleza y sacarle tan buen partido. La tinaja perfecta se sintió muy humillada y maldecía su perfección porque esta había sido la causante de la vanidad y la soberbia que llevaba encima, impidiéndole contactar con Dios y su Madre. Terminaré con una de mis estrofas: Con la gracia de Dios todo da fruto y hasta el mismo pecado que condena y nos hace pasar horas de luto nos lleva a la humildad tan digna y buena.
Publicado en La Voz de Avilés 14-febrero-2002

158 LA CUARESMA
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uan Pablo II nos invita en esta Cuaresma a hacer de nuestras vidas una caricia de Dios a toda persona. Es la propuesta central de todo el Mensaje pontificio que, con el lema "Gratis lo recibisteis, dadlo gratis" nos alienta a reflexionar los cuarenta días, en los cuales la Iglesia nos llama a la oración y a la penitencia. Gratuitamente también hemos recibido la vida, y no sería demasiado pedirnos que donáramos nuestro esfuerzo a paliar un poco el sufrimiento que tantos y tantos padecen. Precisamente, porque la vida es un don de Dios, "la existencia no puede ser considerada una posesión o una propiedad privada, por más que las posibilidades que hoy tenemos de mejorar la calidad de vida podrían hacernos pensar que el hombre es su "dueño". Y añade el Santo Padre: "No todo lo que es técnicamente posible es moralmente lícito". "Toda persona -nos dice-, incluso las menos dotadas, han de ser acogidas y amadas por sí mismas, más allá de sus cualidades y defectos". Hemos vivido un año más y uno menos nos queda para seguir viviendo. Si reflexionáramos un poco y creyéramos de verdad que Dios nos ha dado libremente a su Hijo para que tengamos vida eterna y gloriosa, veríamos que ¿quién ha podido y puede merecer un privilegio semejante? Nada nos puede demostrar con más evidencia el infinito amor que Dios nos tiene, sin detenerse ante la condición de la gravísima ruptura ocasionada por el pecado del hombre.

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"Nos preparamos -añade el Pontífice- para vivir el tiempo apropiado que la Iglesia ofrece a los creyentes para meditar sobre la obra de la salvación realizada por el Señor en la Cruz". Han pasado los carnavales que los hombres han hecho nefastos para la salud espiritual de las gentes. También ha pasado el Miércoles de Ceniza, el día en que la Iglesia nos recuerda el verdadero porvenir de nuestro cuerpo: "Recuerda que del polvo has venido y al polvo volverás". Es precisamente ese día cuando comienza el periodo de la Cuaresma. Cuarenta días de penitencia para preparar la Semana Santa. En este tiempo, la Iglesia recomienda los ejercicios espirituales, las liturgias penitenciales, las peregrinaciones, ayunos y limosnas, según recoge el Catecismo en su número 1439. Cuán inusitados serían el silencio y la paz en la tierra si todos nos pusiéramos como norma la doctrina eclesial. Dos millones seiscientos mil niños faltan en los colegios. ¡Qué tristeza pensar que todos han sido despojados de sus vidas por falta de religión! ¿Cuándo se les ocurrirá a los directores de cine hacer una película donde aparecieran todas las parejas de hecho, todos los matrimonios divorciados y rotos, todos los niños que fueron abortados, todas las víctimas producidas por el libertinaje, todos los que han muerto por la droga y el sida, todos los secuestros y violaciones? todo en suma, por haber descristianizado España. Ves, ves ahora querido lector, los desmadres que surgen en un pueblo sin Dios.
Publicado en La Voz de Avilés 17-febrero-2002 y en La Nueva España 21-febrero-2002

159 ASÍ ORABA LA MADRE TERESA
edirle ventajas a Dios y bienestar es un atrevimiento arriesgado que bien puede no encontrar receptor. Pedirle que se haga Su Voluntad es someterse al querer del que más nos quiere y mejor nos conduce. Pedirle sacrificios y tribulaciones está implícito en el heroísmo de los santos, cuyas proezas son las que los elevan a los altares. Permítanme que reproduzca una de las oraciones que recitaba diariamente la Madre Teresa de Calcuta, con el esfuerzo eminente y abnegado que la caracterizaba.
Señor: Cuando tenga hambre, dame alguno que necesite comida. Cuando tenga sed, mándame alguien que necesite bebida. Cuando tenga frío, mándame alguien que necesite calor. Cuando tenga un disgusto, preséntame alguien que necesite consuelo. Cuando mi cruz se haga pesada, haz que comparta la cruz con otro. Cuando esté pobre, ponme cerca de alguien necesitado. Cuando me falte tiempo, dame alguien que necesite unos minutos míos. Cuando sufra una humillación, dame la ocasión de alabar a alguien. Cuando esté desanimada, mándame alguien a quien tenga que dar ánimo. Cuando sienta necesidad de la comprensión de los demás, mándame alguien que necesite de la mía. Cuando sienta necesidad de que me cuiden, mándame alguien a quien tenga que cuidar. Cuando piense en mí misma, atrae mi atención hacia otra persona. Hazme digna, Señor, de servir a mis hermanos, que viven y mueren pobres y hambrientos en este mundo de hoy. Dales a través de mis
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manos el pan de cada día; y dales paz y alegría, gracias a mi amor comprensivo. Señor crucificado y resucitado, enséñanos a afrontar los hechos de la vida cotidiana, a fin de que podamos vivir dentro de una mayor plenitud. Tú acogiste humilde y pacientemente los fracasos de tu vida que te llevaron hasta los sufrimientos de tu crucifixión; ayúdanos a vivir las penas y las luchas que nos trae cada día como ocasión para crecer y para asemejarnos más a ti. Haznos capaces de mirar esas pruebas con valentía y mansedumbre, llenos de confianza, porque tú nos sostienes; permítenos comprender que no llegaremos a la plenitud de la vida si no morimos sin cesar a nosotros mismos y a nuestros deseos egoístas; porque solamente si morimos contigo podremos resucitar contigo. ¡Que nada, de ahora en adelante, nos haga sufrir o llorar hasta el punto de olvidar la alegría de Tu Resurrección! Tú eres el sol que resplandece del Padre; tú eres la esperanza de la eterna felicidad; tú eres el fuego del amor que incendia nuestros corazones. Que la alegría de Jesús sea nuestra fuerza, que sea entre nosotros lazos de paz, de unidad y de amor. Amén.

Terminaré con una pregunta: ¿Existirá alguien en el mundo que no desee encontrar en la ultratumba lo que haya podido hallar la Madre Teresa? Pues eso es fe, puede estar anestesiada, sí, pero es Fe.
Publicado en La Voz de Avilés 19-febrero-2002

160 EL PROBLEMA DE LA ENVIDIA

l problema de la envidia sólo lo puede solucionar Dios cuando entra con plenitud en el corazón de la persona. El único consuelo que tiene el envidioso es el fracaso y la ruina de sus semejantes. La disconformidad con todo lo que de Dios ha recibido no le dejan disfrutar de nada. Sólo vive al acecho de los males que sufren los demás. Jamás tiene una palabra de alabanza para nadie. Y a pesar de los males que han sufrido los hombres envidiosos, nadie puede ser feliz si no lo envidian. Pues para no ser envidiado por nadie hay que carecer de todo. Fray Luis de León, religioso agustino, catedrático de la Universidad de Salamanca, fue víctima de la envidia y de la mentira. Encarcelado a la edad de cuarenta y cinco años, permaneció en la prisión hasta los cincuenta, hasta que, finalmente, los jueces admitieron su inocencia. En la pared de la cárcel vallisoletana dejó la denuncia y a renglón seguido su experiencia positiva de la cárcel: "Aquí la envidia y la mentira me tuvieron encerrado. Dichoso el humilde estado del sabio que se retira de aqueste mundo malvado, y con pobre mesa y casa en el campo deleitoso, con solo Dios se compasa y a solas su vida pasa, ni envidiado ni envidioso". El envidioso es capaz de mentir y esparcir infamias, sin pensar en el daño que inflige al otro. Ya lo había dicho Jesús: "Pilato sabía que le habían entregado a Jesús por envidia" (Mt. 27, 18). Al P. Baltasar Gracián (1601-1658), ilustre jesuita aragonés, algunos de sus compañeros le acusaron ante el Padre General de escribir "libros poco graves y que desdicen mucho de nuestra profesión". Y el propio Gra359

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cián escribía: "Me impiden que imprima y no me faltan envidiosos, pero yo todo lo llevo con paciencia". Pero las consecuencias de la envidia no terminan aquí. Ya Fray Luis de Granada (1504-1588), religioso dominico, había escrito y con toda razón: "Como el gusano -que roe el árbol, la madera, el fruto en donde acaba de nacer-, la envidia atormenta y entristece en primer lugar al corazón que la ha concebido, al corazón que la siente". Infelizmente, en el mundo hay gentes que siendo incapaces de elevarse un centímetro en busca del señorío que tanto envidian, sólo miran ensalzarse sobre las ruinas de los demás. La envidia es fruto de un complejo de inferioridad que rehúsa el que lo padece, sin el menor esfuerzo por superarlo, pero siempre batallando para bajar de la peana a cuantos le superen, que son casi todos. Veamos lo que decía Cervantes de la envidia: "Donde reina la envidia, no puede vivir la virtud. ¡Oh envidia, raíz de infinitos males y carcoma de las virtudes! Todos los vicios, Sancho, traen un no sé qué de deleite consigo; pero el de la envidia no tal sino disgusto, rencores y rabias. No hay amistades, parentescos, calidades, ni grandezas que no se opongan al rigor de la envidia".
Publicado en La Voz de Avilés 22-febrero-2002

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