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ISSN: 1992-2620 Historias 2-3(3-4):143-179

A PROPÓSITO DE LA ASONADA EN ANDAHUAYLAS EN


ENERO DE 2005

Manuel Valladares Quijano∗

Resumen

Al ocurrir la asonada de Andahuaylas en enero de 2005, protagonizada por


jóvenes licenciados y reservistas del ejército bajo el comando del ex-militar
Antauro Humala, dirigentes de las más diversas tendencias políticas se lanzaron
a opinar a diestra y siniestra con marcado oportunismo electorero, más que con
una mirada pedagógica que pudiera ayudar a entender el sentido de aquellos
sucesos, la naturaleza de sus demandas y la dimensión de su impacto en la
sociedad peruana. Unánime y airadamente sólo condenaron el hecho y luego
se callaron en todos los idiomas. De parte nuestra, entregamos al lector el
presente texto que trata con mayor detenimiento acerca de esa asonada y de
su impacto político. En las siguientes páginas presentamos, en primer lugar,
una breve crónica de los acontecimientos que sorprendieron y desconcertaron
a medio mundo, a los tan avispados periodistas y al propio gobierno; en
segundo lugar, pasamos revista a una delirante ofensiva que poco después de
aquellos hechos, pero aprovechando astutamente la coyuntura, fuera lanzada
por elementos fujimoristas y sus amigos de la ultraderecha contra el gobierno
de entonces con la finalidad de anularlo y eliminarlo de la contienda electoral
que se avecinaba; finalmente, damos cuenta que, más allá de todo discurso,
la asonada de Andahuaylas inauguró tempranamente la coyuntura nacional
preelectoral (aún no calendarizada oficialmente en esos momentos) y, desde
entonces, comenzaron a configurarse los nuevos escenarios de la confrontación
política con vistas a las elecciones generales del año siguiente; las disputas
fueron adquiriendo fuertes tonalidades, las alianzas se hacían y se deshacían

*Profesor Principal de la E.A.P. de Historia de la Facultad de Ciencias Sociales, Universidad Nacional


Mayor de San Marcos. Magíster en Literatura Peruana y Latinoamericana por la misma Universidad.
E-mail: mvalladares2006@yahoo.com

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Manuel Valladares

en los campos de la derecha, del centro y de la izquierda; mientras se iban


definiendo difícilmente las fuerzas contendientes, era la precandidatura de
Ollanta Humala —el gran beneficiado por la asonada que acaudillara su hermano
Antauro— la que ganaba terreno en pueblos enteros, especialmente en provincias,
y la que al mismo tiempo crecía en las encuestas.

I. La asonada etnocacerista de Andahuaylas*

Al amanecer el 1ro. de enero del 2005, Antauro Humala, Mayor del Ejército en situación
de retiro, al mando de por lo menos unas 150 personas presumiblemente en armas
(jóvenes ex soldados, reservistas o licenciados del ejército), apareció tomando por
asalto la Comandancia General de la Policía de Andahuaylas, en el departamento
o región serrana de Apurímac1. Apenas culminado el asalto, sus protagonistas se
apoderaron del arsenal existente en dicha Comandancia (150 fusiles AKM, 50 mil
balas, lanzagranadas y granadas de mano, según declaraciones a los medios de prensa
del entonces Ministro de Defensa) y con todo ello se fortificaron para los efectos de
resistir, negociar y lanzar sus arengas etnocaceristas y ultranacionalistas. Al siguiente
día, al referirse a este hecho, titulares de algunos periódicos limeños decían que lo
que acababa de producirse en el país era una asonada (alboroto violento dirigido a la
consecución de un fin generalmente político. Sinón, motín). Otros periódicos y medios
de comunicación, esgrimían adjetivos y frases un poco más ruidosas y efectistas pero
en lo esencial hablaban de lo mismo. Por los antecedentes de las andanzas de los
hermanos Humala y por el contenido de las declaraciones andahuaylinas de Antauro,
era por demás evidente que se trataba de una acción política y, en este caso, con una
doble finalidad: por un lado, explícitamente, de una abierta rebelión contra la autoridad
del presidente Alejandro Toledo y su gobierno y, por otro, implícitamente, se hacía
propaganda armada al movimiento nacionalista etnocacerista. No había dudas, pues,
acerca de la naturaleza política de aquel movimiento. Tanto era así que el principal
reclamo esgrimido por el jefe rebelde era la renuncia o vacancia del presidente Toledo
a quien se lo calificaba con los más duros epítetos.

*
Esta es la primera parte del presente trabajo y se trata de una versión revisada de un folleto del autor
publicado en marzo de 2005 bajo el título «Asonada de Andahuaylas, prólogo de una agria coyuntura
preelectoral». Edic. Universidad y Sociedad.UNMSM. Lima.
1
Según información periodística cuando ocurrieron los acontecimientos, eran aproximadamente 150 los
licenciados o reservistas que protagonizaron la asonada. Luego, se decía que habían sido 162. Actualmente,
después de transcurrido 40 meses, se confirma esta última cifra cuando precisamente todos ellos vienen
siendo sometidos a juicio, acusados de «delitos comunes», corriendo muchos de ellos el riesgo de ser
sentenciados y condenados por el Poder Judicial a sufrir larga carcelería. Ver: periódico etnocacerista
Antauro Nos. 86 y 87, abril-mayo-junio de 2008.

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Por otra parte, los mismos periódicos informaban que la toma por asalto de
la mencionada Comandancia Policial había sido facilitada por una serie de factores
ajenos o externos a sus protagonistas rebeldes. Antauro Humala y sus contingentes
no tuvieron que enfrentar resistencia alguna por parte de las fuerzas del orden
público. Estas se encontraban dispersas: de un total de 80 miembros policiales
que tenía la Comandancia, incluidos sus oficiales, 70 se encontraban «de franco»
(con permiso) y probablemente en lugares lejanos de Andahuaylas visitando sus
pueblos y familiares con motivo de las fiestas de Año Nuevo y los 10 restantes que
se mantenían en el local no tenían, al parecer, la menor sospecha de lo que iba a
ocurrir aquella madrugada. Tampoco los servicios de inteligencia de las Fuerzas
Armadas habrían podido percibir o detectar el traslado por vía terrestre, durante
varios días, de 150 o más personas desde diferentes puntos del país con destino a
Andahuaylas. Sucede que más de medio mundo viaja en esos días, especialmente
procedente desde Lima, a sus provincias y distritos de la Sierra. Y en el caso de haber
captado alguna información al respecto, sobre viajeros sospechosos de conspiración
política, la subestimaron. Pues todo parecía más que tranquilo, tanto en Lima como
en provincias, en consonancia con el tan publicitado espíritu de paz y armonía que
supuestamente debe reinar en las fiestas navideñas y por el advenimiento de un
nuevo año y, por alguna razón celestial, sin distinción de clases sociales, de pobres
y ricos, de poderosos y desposeídos.

También, según profusa información de esos mismos medios de prensa y


de la TV y, como fue público y notorio a nivel nacional e internacional, la asonada
de Andahuaylas despertó desde un primer momento manifestaciones de simpatía
popular, como fueron las movilizaciones callejeras de segmentos básicamente
juveniles en la propia ciudad de Andahuaylas y luego en Ilave, Puno, Huamanga,
Arequipa, etc. Esto es, en casi todo el Sur peruano, en el transcurso de apenas unas
horas y unos días. Uno de los rasgos característicos de esas movilizaciones fue la
espontaneidad. Es decir, ocurrieron sin contar con dirección política y tan sólo bajo
el impacto de las noticias difundidas por los propios medios que condenaban los
sucesos. En todos estos lugares, la policía tuvo que dispersar a los manifestantes
haciendo uso de la fuerza. En la propia ciudad de Andahuaylas, en más de una
oportunidad, especialmente los días 2 y 3 de enero, cuando se desarrollaban las
negociaciones para lo que sería la rendición de los rebeldes, se vio obligada a hacer
disparos al aire y a tener que lanzar bombas lacrimógenas para dispersar y disolver
a unos 2 ó 3 mil manifestantes concentrados en la plaza principal. Casi todos esos
contingentes movilizados, expresaron su identificación y simpatía con los actores
de la asonada, eran básicamente provenientes del campesinado indígena y cuyos
segmentos juveniles residen en las ciudades provincianas atraídos básicamente por
institutos y universidades.

A diferencia de aquellas manifestaciones populares en los departamentos o


regiones del Sur peruano, el resto del país se mantuvo en aparente calma. Ni en las
ciudades ni en el campo aparecieron movilizaciones en apoyo de la asonada. Por otra

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parte, tampoco tuvieron lugar manifestaciones callejeras en contra de la rebelión


Antaurohumalista o para condenar la asonada andahuaylina; no ocurrieron
manifestaciones antihumalistas de ningún sector social, en ninguna otra provincia,
departamento o región del país. Puede decirse que, a diferencia del Sur andino,
lo dominante en el centro, oriente y norte del país durante esos breves días fue
un clima político de aparente sordera o silencio. Lima metropolitana, con sus 8
millones de habitantes, incluidos sus Conos y Asentamientos Humanos densamente
poblados, fue el más elocuente ejemplo de esta sordera y de este silencio. Y todo
esto a pesar de que la casi totalidad de noticieros y programas políticos de TV,
periódicos y radioemisoras invirtieron horas enteras y largos kilómetros de
palabras para condenar dicho asalto y desacreditar en los términos más virulentos
a su jefe Antauro Humala (Parecía dirección política ejercida desde y a través de
los medios ¡Qué cómodo y placentero! Pero no funcionó para movilizar en contra
por lo menos a sectores sociales medios). Los invitados a estos programas, como
los casos de algunos arrogantes sociólogos, politólogos, congresistas e inclusive
ex ministros del gobierno de Toledo, hicieron uso del más crudo y vociferante
estilo en la ruta de condena de aquella asonada y de su jefe Antauro Humala (Se
le dijo «cobarde», «miserable», «traidor», «antipatriota», «criminal», «asesino» y
muchos otros sonoros adjetivos, especialmente desde la TV y las radioemisoras). A
esta forma de la lucha política contra los adversarios, hasta hace no mucho tiempo
se denominaba «liquidacionismo» y sus más expertos practicantes y ejecutores,
no los únicos, fueron los jerarcas y funcionarios stalinistas de la URSS y de otros
países de su área de influencia. También durante décadas fue practicada en el
Perú por la derecha oligárquica y sus agentes, contra el APRA primigenia y sus
dirigentes. En las recientes circunstancias peruanas que estamos comentando,
ninguno de estos dirigentes políticos mediáticos se atrevió convocar a un mitin
o a una marcha, a pesar de que seguramente le ardía en las tripas la aparición de
un probable competidor que podría aguarle la fiesta en las elecciones del 2006, en
busca de la presidencia de la República o por lo menos de unos cuantos escaños
en el Congreso. Pero, por otro lado, estos bravos dirigentes no se lanzaron a las
calles porque seguramente tenían el temor de ser tomados como gobiernistas
o, peor aún, como toledistas. O, simplemente, no se atrevieron para no hacer el
ridículo al no poder reunir por lo menos a sus amigos en alguna plazuela. Se trata
pues de los famosos políticos mediáticos, incapaces de ejercer liderazgo a través
de la organización y movilización concretas de trabajadores y sectores populares.
Los partidos y agrupaciones políticas de la oposición, como el APRA, PPC, MNI,
congresistas apristas e izquierdistas, etc., tampoco hicieron el menor intento
por movilizar a sus bases, digamos, por lo menos con fines de esclarecimiento
ideológico. Ciertamente, todo esto significaba, por un lado, un implícito apoyo
al gobierno de Toledo y a la estabilidad de la democracia recuperada a medias y,
por otro, un intenso activismo y prédica mediáticos para contener y neutralizar
movilizaciones espontáneas de simpatía con la asonada de Andahuaylas. En una
palabra, se buscaba aislar políticamente la rebelión o asonada. En cierto modo,

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fueron logrados estos propósitos. De ese modo, facilitaron las negociaciones y


fundamentalmente una pronta rendición de Antauro y sus soldados2.

Para sofocar la rebelión, el gobierno tuvo que enviar a la provincia de


Andahuaylas un bien pertrechado contingente de aproximadamente mil hombres
(en un comienzo 500 policías y más de 200 soldados del Ejército; luego, docenas de
destacamentos procedentes de cuarteles de Cusco, Puno, Arequipa, etc.). Recién
transcurridos 36 horas del asalto y toma de la Comandancia, el gobierno hizo
público un ultimatum para que los insurgentes depusieran las armas, se rindieran
y se entregaran ante la autoridad constituida en el lugar de los acontecimientos.
Ante la ausencia de representantes civiles del presidente Toledo, Antauro Humala
aceptó y entró en negociaciones con el Comandante General de la Policía Nacional
pero, 24 horas más tarde, en la noche del 3 de enero, fue tomado preso por su propio
interlocutor para luego ser trasladado a Lima y encarcelado en esta ciudad. Falta
saber con precisión si este apresamiento fue decisión personal y arbitraria de aquel
jefe policial, General Félix Murazzo, o si fue en acatamiento de directivas políticas
procedentes de Lima; tampoco se sabía con precisión si fue el desenlace de una
negociación y, por tanto, de mutuas concesiones. Finalmente, pasado el medio día del
martes 4 de enero, los 150 ó 162 soldados de Antauro Humala terminaron por rendirse
de la manera más pacífica y sin condiciones y, como acto seguido, hicieron entrega
pública de sus armas. Por supuesto, de inmediato fueron hechos prisioneros. Luego,
a su paso por las calles de Andahuaylas, con destino a la cárcel, estos licenciados o
reservistas fueron vitoriados y aplaudidos por sus simpatizantes enfervorizados, los
mismos que no eran pocos en medio de una muy difícil situación repleta de tensiones
y de inminentes peligros para sus vidas3.

La asonada de Andahuaylas sorprendió y desconcertó a muchos

Quienes pueblan las alturas del burocratizado mundo del poder político, aquellos
que sueñan con ascender e incorporarse de alguna manera a sus territorios o los que
ruidosamente se ocupan de las glorias y miserias de ese mundo, todos ellos y casi sin
excepción, tuvieron que admitir o dieron a entender haber sido cogidos por sorpresa

2
Salvo raras excepciones de aguda crisis, decrepitud y decadencia política, el Estado y sus diversos órganos
de poder, sus agentes, ideólogos y funcionarios, son profesionales expertos en contener, amortiguar
o neutralizar el impacto de rebeliones y diversos movimientos de masas. En el caso de la asonada de
Andahuaylas, esas funciones y objetivos fueron logrados especialmente en Lima y Callao y, también, en
otras ciudades populosas de la Costa. Era quizás lo prioritario o lo que más les interesaba en esas precisas
circunstancias.
3
Para conocer mayores detalles acerca de las negociaciones y sus principales protagonistas, incluidos
representantes locales de la Iglesia católica, se puede consultar el interesante folleto testimonial de la
periodista andahuaylina Carmen Julia Olarte Ambía: El año nuevo de Antauro, p. 68-108. Lima, diciembre
de 2005.

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por esta movida política desde una remota provincia andina en el departamento de
Apurímac. En todos los tonos posibles expresaron su sorpresa el propio presidente
de la república y miembros de su gobierno, congresistas de las diversas tendencias,
dirigentes políticos de la oposición, jefes de partidos, periodistas, etc.

En primer lugar, llamaba la atención que quienes ejercían el poder político


y sus socios inmediatos, hubieran sido sorprendidos por un hecho como la asonada
de Andahuaylas. El presidente de la república contaba, como todos los presidentes,
con asesores y hombres de confianza los que, supuestamente, lo mantenían con
información actualizada y de último minuto; el presidente de la república era
también jefe de su partido Perú Posible y se supone que por diversos medios
mantenía comunicación con el respectivo liderazgo nacional, regional y provincial;
los ministros de las carteras del Interior y de Defensa y el propio Primer Ministro
estaban a la cabeza de órganos de gobierno que tenían que ver con la tranquilidad
y seguridad públicas y, en fin, el presidente de la república era el Comandante
General de las Fuerzas Armadas y esto era no sólo un asunto constitucional y
teórico sino, más bien, algo real y cotidiano, terrenal y pragmático. Esto era así
tratándose inclusive del Dr. Alejandro Toledo. Basta recordar que, pocas semanas
antes, durante noviembre y diciembre del 2004, como presidente de la república en
ejercicio, intervino de manera personal y directa en la selección de oficiales de las
tres armas que deberían pasar al retiro y de aquellos que debían sucederlos para
asumir los respectivos mandos dentro de la jerarquía de las Fuerzas Armadas. Hubo
forcejeos entre el ejecutivo y los altos mandos castrenses y terminó imponiéndose
el presidente Toledo.

En segundo lugar, llamaba mucho más la atención que este hecho de rebelión
también hubiera sorprendido a los dirigentes políticos de la oposición (oposición
democrática y oposición fujimorista mafiosa), a los periodistas de todas las tendencias
y matices y, en general, a los críticos del gobierno y del Estado. Se supone que todas
estas gentes, unas con mayor solvencia que otras, manejaban nutrida información
sobre los diversos problemas nacionales y andaban todo el tiempo tratando de tomarle
el pulso a la situación política. Además, los unos manejaban aparatos partidarios
enteros o contaban con buenos ingresos para financiar oficinas modernas y equipos
de trabajo; los otros, los periodistas «independientes» y los antitoledistas trabajaban
en modernas empresas de comunicación y manejaban sofisticadas tecnologías de la
información. En este quehacer cotidiano, especialmente por parte de los periodistas,
entre sus entretenimientos favoritos relucen las tan temidas encuestas y el llamado
periodismo de investigación. Precisamente por eso, deberían haber estado muy
interesados para proporcionar las primicias que pusieran en apuros al presidente
Toledo. Pero esto no ocurrió. Entonces, ¿qué es lo que investigaban habitualmente?
Probablemente se investigaban muchas cosas pero no necesariamente cuestiones que
tuvieran que ver con los movimientos y tendencias más profundos de la sociedad,
con sus manifestaciones en diferentes regiones, etc. Problemas de esta naturaleza

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eran subestimados con frecuencia. Tampoco se investigaba o se informaba acerca de


la realidad de la Deuda Externa y de la subordinación de los gobiernos peruanos a
los dictados del Fondo Monetario Internacional y, mucho menos, acerca de sus graves
consecuencias en las condiciones materiales de existencia de la enorme mayoría de
peruanos. Por eso seguramente, porque no estaban habituados a tomar el pulso
de los fenómenos palpitantes pero invisibles de la sociedad, estos creadores de lo
que se llama «opinión pública» no esperaban que alguien como Antauro Humala
los agarrara desprevenidos y les robara el show en el momento menos imaginado.
Se puede decir que no sólo el presidente Toledo y sus amigos andaban de juerga
celebrando el advenimiento del Año Nuevo sino también quienes habían invertido
tiempo y energías en desprestigiarlo, desacreditarlo, arrinconarlo y aislarlo para
después reclamar, como lo hicieron de manera recurrente, su vacancia o su renuncia
a la presidencia. Hacía apenas medio año, en junio-julio de 2004, periodistas
autotitulados de «independientes» exigían a voz en cuello que cualquier congresista
de la oposición fuera llevado a la presidencia del Congreso y que, de inmediato,
fuera renunciado o vacado en su cargo el presidente Alejandro Toledo. Finalmente,
lo que sí parece cierto es que en las primeras horas de aquel del Año Nuevo del 2005
los unos y los otros estaban de juerga, mientras Antauro Humala y sus soldados se
enseñoreaban en la provincia andina de Andahuaylas4 .

Pero, a los periodistas «independientes», a los fujimoristas y a los demás


políticos y politólogos mediáticos, les sorprendía y les incomodaba que la persona
que en esas circunstancias reclamaba la renuncia del presidente Toledo, vía el asalto a
una Comandancia Policial, fuera un político todavía marginal como Antauro Humala
y cuya acción había tenido inmediato impacto político nacional e internacional. El
problema, era más grave aún. Como ya ha sido señalado, este personaje se había ganado
la simpatía y solidaridad de determinados segmentos juveniles y de trabajadores de
buena parte del país y particularmente de las provincias. Curiosamente, Antauro
Humala esgrimía contra el presidente Toledo, ciertamente con mayor convicción y
energía, muchas de las mismas críticas, denuncias y ataques que le hacían precisamente
aquellos políticos y periodistas antigubernamentales y antitoledistas.

En fin, lo cierto es que el gobierno y sus alrededores, los congresistas y los


dirigentes políticos de la oposición, los periodistas «independientes» y los fujimoristas,

4
Gran parte de la prensa y de los medios de comunicación en general, permanentemente caricaturizaban
y ridiculizaban a la persona del presidente Toledo. Lo ninguneaban (Algo que nunca se atrevieron hacer
con el «chinito» Fujimori, quien más bien los chantajeaba a su antojo y terminó sobornándolos a través
de su leal amigo Montesinos). Buscaban empequeñecer y liquidar a Toledo como figura política y no
tanto porque estuvieran en desacuerdo con su política económica y la política general de Estado. Lo
hacían aparecer, por ejemplo, como bebedor compulsivo y visitador clandestino de locales exclusivos.
Para mayores detalles, se puede consultar especialmente los diarios de derecha limeños Correo y La Razón
de aquellos tiempos.

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fueron realmente sorprendidos por la asonada comandada por Antauro Humala.


Innegablemente, fueron sorprendidos y desconcertados, pero también debían
haber agradecido a Dios y a todos los santos —aunque seguramente lo hicieron en
la intimidad de sus conciencias— por el hecho de que Antauro Humala no era el
equivalente del Subcomandante Marcos de los primeros tiempos del levantamiento
de Chiapas quien con sólo sus críticas y denuncias ante el mundo entero hizo
temblar y crujir toda la cúpula del poder político mexicano manejado por más de
seis décadas continuadas por el Partido Revolucionario Institucional (PRI) y, también,
por el otro hecho de que, dentro del propio mundo andino, Antauro tampoco era el
equivalente del líder popular, nacionalista e indigenista Evo Morales que a la cabeza
de combativas multitudes indígenas había contribuido al derrocamiento del presidente
boliviano Gonzalo Sánchez de Losada y de su círculo de poder y que, además, en
marzo del 2005, siempre a la cabeza de sectores de masas populares indígenas, casi
lograba el derrocamiento del presidente Carlos Mesa. Luego, Evo Morales ganó las
elecciones y llegó a la presidencia de Bolivia. En aquellas circunstancias y hoy en
día, las poblaciones bolivianas están divididas en dos grandes bloques enfrentados y
movilizados. Ciertamente, las poblaciones indígenas constituyen el bloque mayoritario
y más compacto y son las principales protagonistas de la política boliviana. Evo
Morales, dirigente de masas y presidente, enfrenta graves problemas. A diferencia
de todo ello, la prédica y las acciones de Antauro aún eran incipientes5.

En verdad, quienes alternativamente dirigían y dirigen el gobierno y


también buena parte de la oposición en el Perú de estos tiempos, deben estar muy
agradecidos a todos los dioses porque estos gigantescos movimientos sociales y
políticos sólo ocurran en otros países de América Latina. Pues, no se debe ignorar
u olvidar que casi la totalidad de la llamada «clase política» y los grupos de poder
económico y financiero que dominan en el país, a pesar de sus discrepancias y
diferencias, tienen un denominador común: ser los garantes de la vigencia en el
Perú de un sistema de dominación política arcaico y todavía patrimonial y, peor
aún, subordinado al imperio del capital privado. A ninguno de sus fragmentos
les conviene el desmoronamiento del cascarón burocrático que es este Estado y,

5
El Sub Comandante Marcos, integrante del liderazgo que movilizó al campesinado indígena de Chiapas,
cuyo levantamiento ocurrió al comenzar enero de 1994, cumplió un papel espectacular y singularmente
eficiente con sus denuncias ante el mundo acerca de la dramática realidad del campesinado indígena
mexicano y particularmente el de Chiapas. La prensa mundial, convocada al lugar de los acontecimientos,
transmitió abundante información sobre la verdad del mundo del subdesarrollo. El PRI, entonces aún
en el poder, bajo el impacto del movimiento de Chiapas se fue quedando ideológica y políticamente
desarmado y finalmente perdió el poder. Por otra parte, Evo Morales, presidente democráticamente elegido
en Bolivia, es ferozmente combatido por una oposición neoliberal y reaccionaria, racista y fascistoide
de ese país. Buscan derrocarlo y en ese camino promueven el autonomismo y el separatismo de varias
regiones, comenzando por Santa Cruz. Hace poco, en medio de la confrontación, el presidente Morales
ha promulgado una Ley convocando a un Referéndum revocatorio para el 10 de agosto. El presidente
Evo Morales salió victorioso con el 68% de votos a su favor.

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menos aún, la emergencia múltiple y extensiva de nuevos movimientos indígenas y


populares como los que ocurren en Bolivia, Ecuador y otros países latinoamericanos6.
El Perú oficial siempre los ha temido y por lo mismo siempre ha buscado ignorarlos
y marginarlos. Nos parece que da cuenta de esta realidad la propia historia política
del Perú de los siglos XIX y XX. Entre los pensadores más representativos que han
criticado y denunciado este problema histórico, enfrentando a los dominadores,
siempre habrán de ser mencionados Manuel González Prada, José Carlos Mariátegui
y Víctor Raúl Haya de la Torre.

Asonada humalista no buscaba provocar Golpe de Estado

Después de todo, sorprendentes hechos políticos como el que comentamos


no ocurren con frecuencia, a pesar de que las condiciones para ello están dadas
en cualquier provincia o región del Perú y en toda la extensión de la sociedad.
Las condiciones objetivas para asonadas, rebeliones, levantamientos y laberintos
de carácter político en cualquier lugar del país, en contra del poder establecido,
hace mucho rato están más que maduras. Sin embargo, en esta compleja y dura
realidad pudo ocurrir un sólo caso —precisamente el de la aventura humalista de
Andahuaylas— cuestionando y enfrentándose al muy opaco y casi inerme gobierno
del presidente Toledo. Pero, al mismo tiempo, esta aventura en ningún momento hizo
parte de la furiosa y sistemática campaña antitoledista desencadenada y sostenida
desde el 2001 por las mafias del fujimorismo y sus socios de la derecha. De otra
parte, era evidente que tampoco se proponía constituirse en detonante de un Golpe
de Estado de corte nacionalista o izquierdizante7. Las acciones comandadas por
Antauro Humala fueron, por esas razones, más aventura política que otra cosa y, por
el momento en que ocurrieron, sonaban más a campaña preelectoral. Pero, también,
como era notorio y visible para muchos observadores, las acciones de Andahuaylas
revelaron que el humalismo contaba con significativas bases sociales en las ciudades
y en el campo y éstas no pueden ni deben ser minimizadas o ninguneadas. Allí donde

6
Para conocer mejor los rasgos esenciales de los movimientos indígenas actuales en estos países, incluido
el Perú, ver de Ramón Pajuelo Teves: Reinventando comunidades indígenas. Movimientos indígenas, nación y
procesos sociopolíticos en los países centroandinos. Lima: IFEA-IEP; 2007.
7
Los Golpes de Estado en el Perú casi siempre han sido acaudillados por militares en actividad y sólo
en un caso, como el de 1968 bajo el liderazgo del general Velasco Alvarado, tuvo carácter nacionalista y
antioligárquico. El movimiento etnocacerista de los Humala, que desde un principio también se reclamaba
velasquista, no podría haberse propuesto inspirar un hecho de esa naturaleza, a través de la asonada
de Andahuaylas, porque en las filas de la oficialidad de las Fuerzas Armadas habían sido derrotadas y
eliminadas esas posiciones durante los 10 años de dictadura fujimorista, especialmente desde que en
noviembre de 1992 fueran descubiertos y desbaratados los planes del general Jaime Salinas Sedó por
recuperar el poder del Estado que había pasado a manos de poderosas mafias manejadas precisamente
por Fujimori y compañía. En el llamado «megajuicio» al que viene siendo sometido el prófugo y hoy
extraditado ex-presidente Fujimori, se confirma a través de los interrogatorios a innumerables testigos
el carácter mafioso y genocida de su gobierno.

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hay peruanos marginados y preteridos por el «Perú oficial» y sus agentes, prédicas
como las de Antauro Humala podían acrecentar dichas bases sociales y, ciertamente,
fue eso lo que ocurrió y se hizo mucho más visible en el transcurso de los meses
siguientes al acto de rebelión. Quien los aprovechó electoralmente fue su hermano
Ollanta al constituirse primero como precandidato y luego al lanzar a fines de 2005
su candidatura a la presidencia de la República.

A diferencia de la aventura antaurohumalista, reclamando la renuncia o


vacancia del presidente de la república, la duradera y sistemática campaña de la
derecha antitoledista, cuyo núcleo duro era el fujimorismo organizado en mafias,
siempre fue la manifestación de una red de poder muy amplia y llena de oscuridades y
entretelones. Y siempre toda esa campaña se hizo en función de los exclusivos intereses
del capital privado y de sus exorbitantes privilegios y, además, de los intereses de
una interminable madeja de negocios turbios que durante la década del 90 crecieron
monstruosamente y desangraron los recursos del Estado y la nación. Dicha campaña
logró éxitos mayores de los que probablemente esperaban sus autores intelectuales y
materiales. Fue capaz de convertir la imagen de poder del presidente Toledo y de su
gobierno en algo cada vez más débil y sin autoridad, muy frágil y varias veces a la
deriva y al borde del colapso. El presidente Toledo fue tratado por esta gente como si
fuera el más odiado y despreciable proletario o campesino indígena y, desde luego,
con toda una carga de racismo y discriminación. Sin embargo, ninguno de los artífices
de esta campaña y ni siquiera los segmentos mafiosos del fujimorismo, dentro o fuera
de las Fuerzas Armadas, fueron capaces de lanzarse a orquestar un Golpe de Estado.
Esto no estaba en sus planes. Les interesaba, según todas las evidencias y las más
diversas interpretaciones, organizar no tanto un Golpe de Estado sino simplemente
desprestigiar, debilitar y neutralizar al gobierno para impedir, obstaculizar e
imposibilitar de ese modo toda tarea de denuncia e investigación respecto de la
monumental corrupción reinante durante la infame década del gobierno de los 90 que
fuera comandada por la singular dupla Fujimori-Montesinos. Impulsar un Golpe de
Estado, les parecía una precipitación o una temeridad. Pero sí repartieron nutrido y
sistemático golpe bajo de todo calibre al presidente Toledo para demolerlo y tenerlo
arrinconado contra las cuerdas. Y fue eso precisamente lo que ocurrió delante de
nuestros ojos. Ese era el espectáculo político que se nos ofrecía a diario. Y, una vez
más, uno no podía dejar de sospechar que detrás de este antitoledismo primario
había oscuras e invisibles alianzas entre los representantes del capital privado y los
de las mafias del fujimorismo. Desde luego, eran visibles sus voceros dentro y fuera
del Congreso. Básicamente se trataba de oportunistas, charlatanes y mercenarios.
Muchos de ellos continúan activos dentro y fuera del Congreso, dentro y fuera del
aparato del Estado.

Por otra parte, hechos como la asonada de Andahuaylas, con armas en la


mano y con una dirección entre aventurera e incandescente, conllevaba graves
riesgos de que se desatara una violencia descontrolada entre ambas partes de la
contienda y cuyas principales víctimas habrían sido, como siempre, las gentes no

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comprometidas de manera activa ni con uno ni con otro bando. De todos modos
hubo víctimas, provocadas básicamente por el alarde con que actuaban los jefes
de las fuerzas policiales enviadas al lugar por el gobierno. Fueron absolutamente
innecesarias esas víctimas8. Sin embargo, las acciones dirigidas por Humala no
deberían ser confundidas con aquellas otras de rasgos matonezcos y delictivos como
habían sido los linchamientos morales y físicos de alcaldes y otras autoridades y
los asesinatos a mansalva de corte mafioso en uno y otro sitio del país. Este tipo de
brutalidades fueron los ocurridos, por ejemplo, en la provincia puneña de Ilave, en
pueblos de la Selva, etc. Estos hechos no revestían características políticas sino más
bien criminales y lamentablemente tendían y tienden a multiplicarse y generalizarse
en el país. En el 2005 no había condiciones pero en otros tiempos aventuras como
las de Humala o la generalización de acciones delictivas con participación popular,
hubieran sido usados como pretexto para un Golpe de Estado acaudillado por
militares, acusando al gobierno de turno de ineptitud e inoperancia para defender
el «orden» establecido.

En todo caso, como ya se ha recordado, un Golpe de Estado y el derrocamiento


de un gobierno, en la historia política peruana casi nunca ha sido posible hacerlo sin el
Ejército o el conjunto de las Fuerzas Armadas. En los meros comienzos del siglo XXI y
todavía por un buen tiempo de aquí en adelante, será bastante difícil que los militares
de cualquiera de las tres armas o de todas ellas se atrevan a protagonizar o a respaldar
un Golpe de Estado. Están muy desprestigiados para eso y no tendrían la menor
legitimidad ni credibilidad dentro y fuera del país. El grueso de la alta oficialidad de
los años 80 y 90 está acusado de graves crímenes y corrupción. Las evidencias acerca
de estos hechos continúan acumulándose. Por ejemplo, siguen descubriéndose fosas
comunes con restos de decenas y cientos de campesinos indígenas y cuyos victimarios
fueron destacamentos del ejército. Al mismo tiempo, está todavía muy fresca en la
memoria colectiva el recuerdo de la obsecuencia y servilismo en la actuación de la
oficialidad de las Fuerzas Armadas bajo el gobierno de la dupla Fujimori-Montesinos.
Recuérdese solamente el vergonzoso papel de cientos y cientos de oficiales de alta
graduación, de las tres armas, desfilando obedientes y firmando por orden de aquella
dupla el tristemente famoso «Acta de sujeción». Ese denigrante hecho ocurrió a fines
de 1999, cuando el fujimorismo en el poder se encontraba en plena decadencia política
y en estado de putrefacción. Fue de ese modo cobarde y humillante que los oficiales
de las Fuerzas Armadas del Perú terminaron cerrando un ciclo trágico y brutal de 2
décadas en el que fueron prominentes actores, cómplices y responsables de la peor
corrupción y de los más graves crímenes y genocidios9.

8
Esas víctimas fueron 3 policías de las fuerzas del orden y 2 soldados del lado de los rebeldes. Para
mayores detalles, consultar el folleto ya citado de la periodista Carmen Julia Olarte Ambía.
9
Mayor información sobre esas acciones, puede verse en: Informe Final de la Comisión de la Verdad y
Reconciliación, Lima 2003; en investigaciones y publicaciones de periodistas como Ricardo Uceda y
otros; también se recoge bastante material informativo en las declaraciones de los testigos durante los

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Manuel Valladares

Asonada humalista inauguró coyuntura preelectoral

No se le puede haber escapado a ningún observador atento que la toma por asalto de
la Comandancia Policial de Andahuaylas obedecía, aparte de reclamar la vacancia
del presidente de la república, a un elemental plan preconcebido por Antauro
Humala por alcanzar mayor notoriedad como dirigente político dentro de los
límites de la coyuntura nacional, al poder inaugurar tempranamente el 2005 como
un año preelectoral. Un factor detonante de la rebelión podría haber sido el hecho
de haberse decretado por parte del gobierno toledista el paso al retiro de Ollanta
Humala, hermano de Antauro, quien se había desempeñado por algún tiempo como
agregado militar en la embajada peruana en Francia y luego trasladado en igual
condición a la embajada peruana en Corea del Sur. A estas alturas, en la época de
la informática, París o Seúl son la misma cosa si se quiere mantener fuera del país a
un adversario o crítico incómodo. Pero, al presidente Toledo y su gobierno no les
bastó mantenerlo lejos del Perú; le dieron de baja y lo pasaron al retiro. Lo que
hizo su hermano en el Perú, en compañía de sus seguidores, fue protestar por
la arbitrariedad y el autoritarismo y aprovechar políticamente ese hecho. Pero,
para eso mismo había que tener gente organizada y con predisposición a las
acciones políticas riesgosas. Como es sabido, Antauro Humala y su hermano eran
destacados jefes del movimiento político etnocacerista, Movimiento Nacionalista
Peruano (MNP), cuyos antecedentes más próximos se remontan a la marcha de
soldados que los dos condujeron en Locumba, Tacna a fines del 2000 para acelerar
la caída de Fujimori cuyo poder se estaba derrumbando en esos momentos.
Luego, los dos fueron encarcelados. El gobierno de transición del presidente
Valentín Paniagua y el Congreso los rehabilitó. Sólo Ollanta fue reincorporado al
Ejército. Luego, el movimiento nacionalista y etnocacerista que comandaban fue
desarrollando actividad política todos los años del gobierno toledista y, desde
luego, nucleando jóvenes militantes y simpatizantes. Su periódico partidario
que contenía todo el rosario variopinto de su inflamada prédica se llamaba
Ollanta. Nada menos.

El 2005, como año preelectoral que debía ser, corría el riesgo de estar
repleto de declaraciones superficiales, calculadas e intrascendentes de los
políticos (candidatos y precandidatos presidenciales, congresistas que buscaban
su reelección, ministros, variedad de funcionarios, etc.); ese año preelectoral,
también corría el riesgo de ser aquel en el que las principales noticias periodísticas

interrogatorios en el «megajuicio» a Fujimori; además, sobre nuevos hallazgos de fosas comunes en Los
Cabitos y Putis (Ayacucho) con restos de varios cientos de campesinos indígenas asesinados en y desde
1983-1984 por elementos del Ejército, ver periódicos limeños de junio de 2008. Entre ellos, La República,
del 22 de junio, p. 10 y su suplemento Domingo, p. 11; el mismo diario del 23 de junio, p. 5; La Primera
del 23 de junio, p. 5. También en Caretas, «Las fosas que no cicatrizan», pp. 34-37, 10 de julio de 2008.

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A propósito de la asonada en Andahuaylas en enero de 2005

hablarían casi exclusivamente de maniobras, rupturas y alianzas concebidos


burocráticamente por jefes y agrupaciones políticas y que podrían haber resultado
francamente intrascendentes, ante la magnitud de la frustración, la despolitización,
el descreimiento y la aparente indiferencia política del grueso de la población
peruana. La aventura de Antauro Humala amenazaba, sin duda, con remover
toda esta superficialidad y cháchara política, obligando a sus contradictores a
debatir sobre los grandes y graves problemas de la sociedad peruana y a esforzarse
por producir ideas y programas. Esto fue percibido velozmente tanto por los
políticos trajinados como por los advenedizos que abundan en estos tiempos
y, como era de esperar, reaccionaron mezclando el ninguneo con la condena
virulenta, minimizando y banalizando el carácter político de la asonada y las
audacias de su líder.

En cualquier caso, más allá de las ambiciones políticas personales de


los hermanos Antauro y Ollanta Humala y de los antiguos y frustrados sueños
sovietófilos del aplomado padre de ellos, interesaba conocer y discutir la
correspondencia o el contraste entre los amplios sectores sociales cada vez más
empobrecidos y deprimidos de la sociedad peruana y la asonada de Andahuaylas,
entre ésta y su impacto en sectores mayoritarios del Sur Andino y, en fin, entre
la vastedad de la marginalidad y el cascarón burocrático del Estado peruano.
Interesaba discutir ante el país, no sólo ante la «opinión pública», las diversas
visiones sobre la realidad histórica peruana y algunas cuestiones centrales sobre
el Proyecto histórico que permita imaginar o visualizar los rumbos del Perú del
siglo XXI10.

Salvo contadas excepciones, la interpretación y el debate de la asonada


andahuaylina y de su impacto fueron puestos a un lado. Los personajes públicos, en su
mayoría, optaron por minimizar y banalizar la asonada y su impacto. Para el entonces
congresista Javier Diez Canseco, quien hoy gusta presentarse ante el público diciendo
«fui marxista pero no comunista», aquella asonada sólo beneficiaría al fujimorismo y
dicho esto dejó de escribir en La República por casi todo el mes de enero; para el viejo
dirigente izquierdista y ex-parlamentario Rolando Breña Pantoja, el papel de Antauro
Humala en la asonada apenas tendría que ver con un asunto de carácter familiar.
¿Era todo lo que tenían que decir estos conocidos personajes provenientes del ancho
liderazgo del que fue Izquierda Unida? En verdad, como cuadros experimentados
en estas lides, seguramente percibieron que la aventura antaurohumalista enrarecía

10
Acerca de la tradición política familiar de los Humala y en especial del padre de ellos, se puede
consultar de Manuel Valladares Quijano: «Quién es Ollanta Humala? Trepando por las escalas de las
encuestas cargamontón busca derrumbarlo», en: Historias No. 1, noviembre de 2006; pp.103-125. Sobre
la difusión de ideas programáticas y debates acerca del presente y del futuro del país, en el curso de
la campaña electoral, basta recordar los apuros que pasaron políticos baqueanos como Lourdes Flores
y Alan García, en su afán de persuadir a las masas, al competir con un político todavía improvisado
como Ollanta.

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Manuel Valladares

la atmósfera política nacional para los partidos y movimientos tradicionales y, en


especial, agudizaba la precariedad de la izquierda cuyas agrupaciones sobrevivientes
corrían el riesgo de tener que enfrentar graves dificultades en camino a las elecciones
del 2006.

El gobierno, por su parte, a través del discurso-mensaje del presidente


Toledo, sólo se limitó a calificar de fascista a Antauro Humala y su movimiento,
sin aportar mayor argumentación para ello. De todos modos, se trataba de una
tremenda calificación que previamente lo había hecho el diario La Razón cuya
propiedad y dirección era y es abiertamente de una de las mafias del fujimorismo.
Hasta ese momento no se sabía que el presidente Toledo estuviera interesado
en manejar con alguna solvencia criterios teórico-ideológicos para caracterizar a
un dirigente político y a un movimiento. Tampoco le correspondía hacerlo, pero
lo hizo. Aparentemente, era una manera de presionar al Congreso para que sus
ministros no fueran censurados bajo el impacto de aquella asonada. Ciertamente,
había la presión de la oposición de todos los bloques y matices para que fueran
censurados los ministros del Interior y de Defensa y, también, el Primer Ministro
Carlos Ferrero Costa a quien le recordaban con frecuencia su antiguo y apasionado
fujimorismo. Si este último era censurado, caía el gabinete entero. Llegado el día
para la presentación de aquellos ministros ante el Congreso, se apresuró en hacer
pública su renuncia el del Interior, Sr. Javier Reátegui, consiguiendo con ese gesto
sembrar cierta confusión y desconcierto en parte de los congresistas. Luego, los de
la oposición ya no pudieron o no quisieron sumar el suficiente número de votos para
censurar al de Defensa, General Roberto Chiabra, y menos aún al Primer Ministro.
Al final de cuentas, por encima de todos estos hechos y movidas, ya había quedado
inaugurada la coyuntura preelectoral.

Ideología antaurohumalista: nacionalismo, indigenismo y contra-racismo

En el movimiento político de los Humala, o específicamente en la tendencia que


representa Antauro Humala y cuyos contingentes protagonizaron la asonada de
Andahuaylas, se puede decir que coexisten diversos componentes ideológicos. En
primer lugar, está el nacionalismo entendido como defensa de la patria frente a
la invasión extranjera y a la explotación y saqueo de nuestros recursos por parte
del capital internacional. En la prédica antaurohumalista, los antecedentes de este
nacionalismo se remontan por lo menos a los tiempos de la guerra con Chile y
la ocupación del territorio nacional por el ejército vencedor de ese país y, frente
a la cual, la resistencia nacional fue organizada por el general Cáceres, conocido
como el «héroe de la Breña», reclutando fundamentalmente a los campesinos
indígenas que fueron organizados como guerrilleros en la región central del Perú
(Apurímac, Huancavelica, Ayacucho, Junín, Cerro de Pasco y Huánuco). Es por
eso, en cierto modo, que se habla de «nacionalismo etnocacerista». También hay
elementos indigenistas en el discurso huamalista, que revive y recoge la herencia

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A propósito de la asonada en Andahuaylas en enero de 2005

dejada por los movimientos indígenas y las corrientes indigenistas de los siglos
XIX y XX que cuestionaron el gamonalismo y la dominación oligárquica; uno de
sus más altos paradigmas sería el venerable Luís Valcárcel autor de Tempestad en
los Andes. También hay elementos contra-racistas, cuando se dice que la raza cobriza
deberá actuar contra la dominación de los criollos que básicamente son blancos y
descendientes de extranjeros. También habría algo de fundamentalismo en el discurso
antaurohumalista, al estilo de los actuales talibanes de Oriente Medio. En realidad,
muchos de estos elementos ideológicos no son nuevos e inéditos en el Perú. Han
sido y son parte de la tradición política peruana, habiendo constituido en momentos
históricos concretos rasgos distintivos de determinadas corrientes de pensamiento
ideológico-político. Pero, además de todo eso, se advierten elementos fascistas en la
ideología y gestos de este movimiento y de su jefe Antauro: efectivamente existen
esos elementos si se presta atención al hecho de que sus propios seguidores hacían
exhibición de símbolos nazi-fascistas, sorprendentemente, en sus banderolas y
pancartas al ocurrir la asonada de Andahuaylas. Pero tampoco esto sería novedad
en el Perú. Hay antecedentes al respecto. Por ejemplo, personajes y segmentos de
la derecha peruana fueron activos fascistas en los años 30 aunque, en ese entonces,
sus principales referencias eran Mussolini y el movimiento fascista italiano que él
jefaturaba: el historiador José de la Riva Agüero, Luís Flores y su partido Unión
Revolucionaria, Carlos Miroquesada Laos y la dirección del diario El Comercio.
En suma, se puede decir que en la ideología de los Humala se presentaba y aún se
presenta una mezcolanza de todos estos elementos. Aunque, ciertamente, Ollanta en
su condición de candidato a la presidencia de la república en el 2006 se vio obligado
a ir depurando su discurso como respuesta a las críticas de sus enemigos antagónicos,
de sus adversarios y de la prensa11. Por otra parte, dentro de la actual coyuntura
latinoamericana, los Humala hacen pública su simpatía con los nacionalismos de
los presidentes Hugo Chávez y Evo Morales.

Finalmente, debe subrayarse que en la base de todos estos elementos está


el nacionalismo y es el que sostiene e incluye a todos los demás. Pero éste tiene una
marcada particularidad. Se trata de un nacionalismo chovinista (nacionalismo
patriotero) y el cual no es exclusivo de los sectores militares, soldados y licenciados.
Hay nacionalismo chovinista en diversos otros sectores de la sociedad peruana, por
ejemplo, en sectores sociales medios y en especial en sus segmentos juveniles. En
general, el nacionalismo patriotero es impartido, en función de programas oficiales,
por el grueso de docentes en los centros de educación pública, escuelas y colegios

11
Los rasgos del pensamiento ideológico-político de los hermanos Humala y en particular de Antauro,
pueden ser identificados en el libro de éste. Ver, de Antauro Humala Tasso: Ejército peruano, milenarismo,
nacionalismo y etnocacerismo; Instituto de Estudios Etnopolíticos, Lima, mayo de 2001. También, en sus
artículos del periódico partidario que antes se denominaba Ollanta y luego Antauro.

158
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Manuel Valladares

y esto suele prolongarse a los centros universitarios. Por eso, se puede encontrar
segmentos de profesores de la educación peruana, incluidos los de las universidades,
que construyen muros de resistencia mental y psicológica a las ideas y pensamiento
cosmopolitas y los hacen explícitos a través de sus discursos radicales y virulentos.
Una de las manifestaciones de este tipo de nacionalismo primario es simplemente la
postura anti-chilena y en general anti-extranjera. A estos radicales jamás se les ocurre
asumir posiciones antiimperialistas y menos aún anticapitalistas y antiburguesas. El
nacionalismo chovinista fue también uno de los componentes fuertes del movimiento
subversivo Sendero Luminoso y todavía lo es de sus epígonos y de muchos de sus
nostálgicos admiradores.

II. Virulenta ofensiva fujimorista y contraofensiva oficial

Habiendo transcurrido sólo una semana de la asonada de Andahuaylas y de la


rendición y prisión de sus protagonistas, estos hechos fueron silenciados y sepultados
como noticia periodística y como motivo de comentarios políticos. Curiosamente, se
callaron periodistas y comentaristas políticos de todas las tendencias y pasaron de
manera abrupta a ocuparse de otros temas y problemas. Por ejemplo, de una nueva
y delirante ofensiva de la ultraderecha condimentada con racismo y prepotencia en
contra del presidente Toledo.

El entonces congresista por la coalición derechista denominada Unidad


Nacional, señor Rafael Rey Rey, a su vez arrogante y conspicuo integrante del
Opus Dei (ala derechista, conservador y reaccionario de la Iglesia Católica y uno
de cuyos renombrados representantes en el Perú es el monseñor Cipriani), se puso
una vez más a la cabeza de oscuras fuerzas del submundo político, cuyo núcleo
era el fujimorismo, que reclamaban a grito pelado la vacancia del Dr. Alejandro
Toledo en el cargo de Presidente de la República. Con el entusiasta acatamiento
de buena parte de la prensa y TV limeñas, se interrumpió abruptamente toda
información y debate sobre el hecho político que fue aquella asonada y sobre su
impacto regional y nacional y, sin mediar una sola explicación, se pasó a otro
tema que fue creado o recreado para la ocasión: las firmas falsificadas para la
inscripción del partido Perú Posible (PP) y la supuesta responsabilidad en eso
del presidente Toledo. Es probable que fuera cierto lo de la falsificación de firmas
de PP, tanto como la falsificación masiva de firmas por parte de Fujimori y sus
amigos para inscribir su cuarto o quinto partido político «Cambio 2000» y tanto
como la similar falsificación de firmas por parte del propio Rafael Rey Rey y su
amigo José Barba Caballero para inscribir en los mismos registros electorales sus
minúsculas agrupaciones Renovación y Code. En este caso y en los otros, se trataba
por igual de hechos graves y delincuenciales. Pero en aquellas circunstancias del
2005 sólo eran denunciados e investigados ruidosa y escandalosamente PP y su
jefe el presidente de la república.

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A propósito de la asonada en Andahuaylas en enero de 2005

Ofensiva fujimorista a todo dar

Durante semanas, la palabra y la imagen del congresista Rey Rey campeaban en los
titulares y primeras planas de periódicos, en los programas políticos de la TV y en
las radioemisoras. Muchos deben recordar que este mismo personaje y su amigo
José Barba Caballero, abusando de su condición de congresistas, se lanzaron con
la mayor prepotencia, cinismo y deshonestidad intelectual contra el Informe Final
que la Comisión de la Verdad y Reconciliación (CVR) hizo entrega al gobierno y al
país el año 2003. A través de los medios de comunicación que se prestaron solícitos
a brindar sus espacios, descalificaron arbitraria y demagógicamente dicho Informe
Final, buscando impedir y anular su difusión y debate. Cuánto espacio y cuánto
tiempo fueron invertidos por esos medios para que los peruanos escucháramos las
reiteradas denuncias y acusaciones de Rey Rey y Barba Caballero, sobre falsificación
de firmas, sólo contra el presidente Toledo, amigos y parientes suyos, pero nunca
contra Fujimori y compañía. A los peruposibilistas los denunciaban y los acusaban
de mentirosos y corruptos. Al propio presidente Toledo, lo calificaron por enésima
vez de delincuente. Testigos para respaldar la campaña de estos congresistas fueron
apareciendo de acuerdo a sus gustos y necesidades para ser presentados en esos
mismos medios que a ellos los acogían con no disimulada simpatía. Para merecer esta
forma de cálido apoyo por parte de la prensa, quizás no era suficiente el hecho de que
fueran congresistas de la oposición; deben haber habido, aparte de la discriminación
étnica y racial contra Toledo, otras razones mucho más poderosas como, por ejemplo,
impedir la reactivación de las investigaciones acerca de las firmas que falsificaron los
fujimoristas. En este terreno sus planes tuvieron éxito. Muchos juicios y sentencias
fueron postergados sistemáticamente. Han tenido que transcurrir algo más de tres
años de aquellos hechos y recién comienza el juicio a los fujimoristas: al finalizar
el mes de abril ha sido traído de los Estados Unidos a Lima, como extraditado, el
señor Oscar Medelius quien como se sabe públicamente fue, además de poderoso
notario y negociante, congresista y capo mayor de la banda fujimorista-montesinista
falsificadora de firmas y de otras incontables tropelías12.

Al mismo tiempo, en el Congreso de la República se encontraba en marcha


una Comisión que también investigaba el caso de las firmas falsificadas de PP. Presidía
dicha Comisión el señor Edgar Villanueva, ex-militante de Partido Comunista del
Perú (Patria Roja) y ex-alcalde de Andahuaylas, el mismo que llegó al Congreso el año
2001 integrando precisamente la lista de candidatos de PP y que, luego del triunfo y

12
En la portada de Caretas, que cubrió la llegada a Lima del mencionado personaje, se observan dos
imágenes: una de ellas que pertenece a los buenos tiempos donde están juntos los entonces congresistas
y cómplices Medelius y Rey Rey (El indiscreto fantasma de las firmas falsas) y la otra, que corresponde
al regreso reciente, donde aparece sólo Medelius con resguardo policial, con chaleco antibalas y a la vez
desafiante. A modo de bienvenida se dice: Que Pase el Rey. Para mayor información, ver Caretas del 24
de abril de 2008, p. 14-16 y 88. Lima.

160
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Manuel Valladares

la solemne juramentación, lo abandonó para pasarse a una oposición cuya existencia


fue más que opaca e infecunda. Tanto o más intrascendente que la bancada que tenía
el propio PP. Entre otros miembros de aquella Comisión habían congresistas del
APRA y de Unidad Nacional (PPC-SN), del propio PP y de su incómodo y costoso
aliado el FIM. La mayoría de esta Comisión y en especial quien la presidía jugaban
en pared con el señor Rey Rey y compinches en la misma cancha que hacía un tiempo
había sido destinada y diseñada para desacreditar y destruir la imagen del presidente
Toledo y de su gobierno. Como lo señalaron atentos observadores y críticos de la
política peruana, eran innumerables y muy notorias las evidencias de que el núcleo
de esta campaña antitoledista estaba conformado por los elementos y segmentos más
poderosos del fujimorismo los que, al mismo tiempo, eran integrantes de las mafias
que crecieron y manejaron el Estado durante los diez años de gobierno (1990-2000) de
la feroz dupla Fujimori-Montesinos. Algunos de los objetivos que para esa coyuntura
parecen haberse planteado dichas mafias y que, desde luego, pudieron lograrlos en
buena parte, fueron los siguientes:

1. No permitir que el presidente Toledo y su gobierno pudieran presentar ante el


país su fácil victoria política ante la asonada de Andahuaylas. Su debelamiento
fue tan rápido e incruento que, luego de la detención de Antauro Humala, los
licenciados y reservistas se rindieron sin que de ningún lado se llegara a disparar
un solo tiro. Es más. Estos hicieron entrega de sus armas de manera pública, en
presencia de periodistas y reporteros de los medios de comunicación. No fue
necesario, pues, que los contingentes de la policía o del ejército enviados por el
gobierno para recuperar la comisaría, tuvieran que ejercer la fuerza o la violencia.
Por todo esto, la recuperación de dicha comisaría fue una redonda victoria
política para el presidente Toledo y su gobierno. En cambio, el ex-presidente
Fujimori, puesto en estas mismas circunstancias, seguramente hubiera preferido
la espectacularidad, la prepotencia y la violencia criminal, tal como lo hizo en 1997
contra los emerretistas ingenuos, confiados y sin rumbo, que habiendo tomado
por asalto la Embajada Japonesa, mantenían como rehenes en su interior a varias
docenas de personas. Fujimori les hizo creer a los del MRTA que negociaba con
ellos cuando en realidad estaba planificando eliminarlos del mapa. Pues así lo
hizo y para ello secretamente había hecho construir un túnel al que denominó
«Chavín de Huantar». Fujimori se burló olímpicamente no sólo de los del MRTA
sino, también, de diplomáticos, de representantes de la Iglesia, del representante
de la Cruz Roja y de todo el mundo. Además, al día siguiente de la masacre,
se paseó por la derruida embajada con descarado cinismo y arrogancia y casi
pisoteando los cadáveres de sus enemigos caídos.

2. Neutralizar y eliminar del debate político el caso de la asonada de Andahuaylas,


su diverso impacto ante el país y su debelamiento no violento. Luego de haber sido
impuesto un brusco silencio sobre ese hecho político, sepultándolo como noticia
y comentarios periodísticos, recrudeció brutalmente la ofensiva antitoledista. Rey
Rey se paseaba de canal en canal de la TV exigiendo la vacancia presidencial de

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A propósito de la asonada en Andahuaylas en enero de 2005

Toledo, acusándolo de «fabricante de firmas» y de «delincuente». A su vez, el


diario La Razón decía en uno de sus editoriales: «La vacancia no es suficiente...».
Desde la segunda semana de enero se impuso total silencio sobre la situación de
Antauro Humala y de los licenciados y reservistas detenidos que ya habían sido
trasladados a Lima y se encontraban en una prisión de alta seguridad. Desde
entonces, los medios de comunicación dejaron de informar sobre ellos, no se sabía
con precisión quiénes y cuántos eran, procedentes de qué lugares del país, qué
nombres y apellidos tenían, si contaban o no con abogados, si habría juicio o no
habría juicio contra ellos, si se les debía considerar como políticos o simplemente
como presos comunes. En verdad, ¿Antauro Humala y los 150 ó más reservistas
debían ser tratados como políticos? ¿La asonada de Andahuaylas debía ser tomada
en cuenta como un hecho político? Obviamente, quienes hicieron desaparecer
estos asuntos y preocupaciones de los noticieros y de los programas políticos,
no deseaban o no les convenía que los protagonistas de aquella asonada fueran
tratados como presos políticos. En cambio, a todos esos señores creadores de la
llamada «opinión pública» les parecía asunto político y no delincuencial el caso
de un Fujimori corrupto y criminal y que además había huido cobardemente
al Japón, habiendo dejando al garete el Estado que manejó con arbitrariedad y
abuso de poder extralimitados durante 10 largos años en compañía de su yunta
Montesinos. Les parecía que cualquier cosa que Fujimori declaraba desde su
cómodo refugio en Tokio era noticia política y, desde luego, los medios se disputan
por transmitirlo. Ahora mismo, a casi ocho años de su cobarde huída y habiendo
sido traído al Perú como extraditado, en el «megajuicio» donde el señor Fujimori
está presente como acusado de graves crímenes y corrupción, sus partidarios
y amigos hablan en los mismos términos que lo hace el Dr. Nakasaki abogado
del acusado. Para ellos el ingeniero Fujimori no sabía nada de los crímenes y la
corrupción que campeaban en su gobierno; para ellos, el ingeniero Fujimori era
y es inocente.

3. Presionar y facilitar la excarcelación y liberación de una serie de fujimoristas


mafiosos aún no sentenciados. Gracias a un poder judicial desprestigiado desde
hace mucho tiempo, numerosos y destacados miembros de esas mafias se han
ido y se están yendo a sus casas a gozar de «prisión domiciliaria». Durante años
han estado viviendo y viven en las famosas cárceles «doradas», por ejemplo, en
San Jorge. Una de sus más distinguidas figuras, el señor Calmell del Solar, quien
fuera accionista y director del diario Expreso, se fugó de una de esas cárceles
doradas, cuando era Ministro de Justicia del gobierno toledista el «moralizador»
señor Fernando Olivera Vega. El poder judicial siempre ha tenido tiempo más
que suficiente para juzgarlos y sentenciarlos. Pero no lo hizo, no lo ha hecho.
Se ha esperado que se cumplan los plazos sin juzgamiento y sin sentencia. En
cualquier momento también vendrá la prescripción para estos campeones de la
gran corrupción, de los más graves crímenes y de los genocidios en masa.

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4. Neutralizar y silenciar la recurrente circulación de noticias sobre los paraderos


de los empresarios de la televisión, amigos de Montesinos, que se corrieron del
Perú y se refugiaron en Argentina y otros países. Estamos hablando, por ejemplo,
del señor Schutz que fuera empresario de TV Canal 5 y de los señores Crousillat
que fueron empresarios de TV Canal 4. Precisamente en las primeras semanas de
enero de 2005 aparecieron noticias en la prensa internacional sobre las andanzas
ilegales de los señores Crousillat entre Argentina y Chile y también sobre un
posible paradero del señor Schutz y del otro capo de la TV señor González. ¿Se
puede dudar todavía de que los principales autores intelectuales y materiales de
aquellos silenciamientos fueron gentes del cogollo fujimorista? No pues. No hay
duda alguna al respecto.

Hoy como ayer, se ve que los fujimoristas y sus aliados no necesitaban con
urgencia, como poderosas mafias que eran, eliminar al presidente Toledo y mucho
menos derrocar al gobierno entero. En realidad estos no constituían mayor estorbo
para ellos. No lo habían sido a lo largo de tres años y medio de gobierno toledista.
Lo que en verdad necesitaban era mantener al Presidente Toledo contra las cuerdas
y continuar golpeándolo. Hacía buen rato que lo tenían contra las cuerdas y así les
resulta mejor negocio. Nunca les pareció urgente e imprescindible tener que noquearlo
y eliminarlo. Por todo esto, en boca de Rey Rey o en las páginas de La Razón, también
resultaba siendo pura demagogia calculada el llamado a la conformación de una
Asamblea Constituyente que «renueve las viejas estructuras del Estado caduco ...»
(¡Qué curioso! ¿Acaso la dupla Fujimori-Montesinos, al mando de una poderosa
burocracia civil y miltar, no había «modernizado» el Estado?).

Tal como ocurrían las cosas en todo ese tiempo, lo que realmente necesitaban
esas mafias era que el presidente Toledo y su gobierno continuaran haciéndoles todas
las concesiones posibles. Para eso y por eso, reiteraban sus conocidos métodos y estilos
de lanzarse a la ofensiva. Tenían que golpearlo y amedrentarlo. Habían aprendido
que necesitaban ser sistemáticos y tenaces en esa pelea y en el chantaje. Hicieron,
por ejemplo, que los índices de aprobación de la gestión del presidente Toledo
(popularidad) estuvieran cada vez más por los suelos según las encuestas. Es decir,
por debajo de los 10 puntos. Hacía buen rato que todas las encuestas insinuaban de
que tal índice promedio era apenas un dígito que fluctuaba entre 9 y 5 %.

Contraofensiva oficial: denuncia de un complot

Ante la fuerza y amplitud de la ofensiva fujimorista, secundada por los periodistas


«independientes» de los diversos medios de comunicación y por casi todos los
dirigentes políticos de la oposición, el gobierno del presidente Toledo o algunos
de sus integrantes o aliados lanzaron por los aires la denuncia de que estaba en
marcha un complot para el derrocamiento del gobierno y de la democracia recién
instaurados. Ciertamente la ferocidad de la ofensiva, con cómplices y aliados de

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A propósito de la asonada en Andahuaylas en enero de 2005

todos los matices, podía llevar a imaginar o sospechar un complot (movidas para
traerse abajo el gobierno: acuerdos secretos sobre todo de los enemigos, intrigas,
conspiración, confabulación, etc.).

La campaña por demostrar que el partido Perú Posible y su jefe Alejandro


Toledo serían los directos responsables de la falsificación de firmas, se convirtió
aparentemente en cuestión de vida o muerte para sus acusadores. Claro está que
no se trataba de apasionamientos políticos, sino de tácticas y estrategias fríamente
concebidos, es decir, con el mayor cinismo. No había un solo medio de comunicación
que no le hubiera dedicado grandes espacios y bastante tiempo para ocuparse de
este asunto. Durante semanas enteras, este fue el menú que nos sirvieron a los
peruanos. El gobierno quedó seriamente magullado y casi aislado en este contexto
y, en particular, ante el cargamontón de acusaciones, insultos y mil groserías. Era
insistente el reclamo estridente por la vacancia presidencial. Sumándose a esta
andanada, el abogado y afamado tribuno Javier Valle Riestra, parangonando un viejo
lema aprista, declaraba: «Sólo la vacancia salvará el Perú»13. En estas condiciones,
con todas esas manifestaciones de intolerancia de la oposición de derecha, no era
nada exagerado sospechar un complot en marcha contra el gobierno. Desde luego,
un complot orquestado por las invisibles mafias del fujimorismo, propalado por los
medios de su propiedad o de sus socios y con intenso eco en casi todos los otros medios.
Ante la contraofensiva oficial, los periodistas de uno u otro medio de comunicación
apenas pudieron decir, en tono de queja, que se trataba de amenazar la «libertad de
prensa».

Desde luego, no se trataba sólo de puras imaginaciones y sospechas respecto


de cuánto pueden hacer las mafias en este mundo, en particular en países del Tercer
Mundo. Como hemos señalado, hay evidencias y desde hace mucho tiempo de que
el objetivo final de las mafias fujimoristas no era el derrocamiento del presidente a
través de un tradicional golpe de Estado con intervención del Ejército y las Fuerzas

13
La biografía política de este hombre público, Dr. Javier Valle Riestra, es demasiado densa, larga y
complicada. Sólo anotaremos pocas cosas. Militante aprista desde su temprana juventud, habiendo
ingresado a dicho partido en los tiempos de la «primavera democrática» 1945-1948. Pronto saboreó el
retorno a la ilegalidad y la clandestinidad apristas (1948-1956) y al mismo tiempo era estudiante de la
UNMSM. En la crisis interna del APRA a fines de los años 50, acompañó a numerosos renunciantes del
partido y con ellos fue fundador del APRA Rebelde el cual se convirtió, poco después y bajo el impacto
de la revolución cubana, en el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR). Por discrepancias con la
orientación socialista de la revolución cubana y de sus compañeros de viaje peruanos, en los primeros años
60 retornó al APRA siendo recibido entusiastamente por Haya de la Torre. Desde allí sería apasionado
hayista. Fue miembro de la Asamblea Constituyente de 1978-1979. Diputado por el APRA entre 1980 y
1990. Senador aprista 1990-1992. Crítico acérrimo y despiadado de Alan García durante el fujimorismo,
ministro de Fujimori, por breve tiempo a fines de los años 90, hace una visita a Alan García en el exilio
parisiense y se reconcilian. Crítico violento de Toledo en las campañas electorales del 2000 y 2001 y
durante su gobierno. Presente en primera fila en el recibimiento de Alan García a su retorno del exilio.
Actualmente es congresista por el APRA.

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Manuel Valladares

Armadas. Tampoco se trataba de organizar un derrocamiento como en Ecuador o


como en Bolivia, impulsando a las masas indígenas y populares a salir a las calles
y exigir la renuncia del Jefe del Estado. En realidad, aquí en el Perú, los que se
consideran políticos «modernos» y en particular los asociados a las mafias, no
tienen el menor interés ni el coraje para sacar a las masas a las calles y menos
para dirigirlos. Por todo eso, lo que en el Perú se buscaba era un derrocamiento a
través de la demolición mediática y que, para cuando hubiera llegado la hora de
las elecciones del 2006, Toledo y su gobierno se encontraran agotados y apenas
gateando. Por tanto, continuaba el plan de demolición. Por lo mismo, habrían de
continuar hasta el 2006 un presidente y un gobierno maniatados, neutralizados y
anulados. Para entonces, el fujimorismo, con o sin Fujimori, habría estado buscando
la manera de volver al poder político o, por lo menos, de llevar una representación
significativa al Congreso. Y, como se sabe, no les fue mal precisamente en las
elecciones del 2006.

En medio de todo este desbarajuste, el congresista Rey Rey fue denunciado


por gentes del gobierno y coincidentemente por periodistas de La República, como
uno de los personajes más pícaros entre todos aquellos que por más de una década
habrían hecho falsificar firmas para inscribir sus respectivas agrupaciones políticas
ante las oficinas electorales. ¿De qué manera Rafael Rey Rey y su amigo José Barba
Caballero lograron recolectar más de un millón de firmas para hacer posible para
el 2000-2001la inscripción de sus fantasmales agrupaciones Renovación Nacional y
CODE? ¿Habrían sido suficientes las plegarias al Altísimo por parte del monseñor
Cipriani? En realidad, estos señores fueron desenmascarados y presentados como
unos granujas y fue el diario La República o algunos de sus periodistas los que se
compraron el pleito. Pero, a su vez, criticado por su afición al vedettismo político,
Rey Rey no se amilanó para presentar su moción ante el Congreso solicitando que
Toledo fuera vacado o que, en todo caso, presentara su renuncia a la presidencia. En
esa oportunidad, no lo acompañó casi nadie de la oposición14 .

Mientras tanto, aún en febrero de aquel año de 2005, a casi dos meses de la
asonada, una parte de la oposición, por momentos todas sus fracciones, reclamaban
de manera insistente para que se llevaran a cabo cambios en el gabinete ministerial.

14
Los señores Barba Caballero y Rey Rey, fueron llamados por el presidente Alan García desde los inicios
mismos de su actual segundo gobierno. El señor Barba Caballero, expulsado del APRA cuando era
diputado en el primer gobierno de ese partido (1985-1990), luego fue parlamentario vinculado a la
derecha en los años 90 y durante el gobierno de Toledo. De él se dice que, desde su expulsión del APRA,
siempre capitaneó la falsificación de firmas para lograr la inscripción de los minipartidos que fundaba.
Actualmente, es embajador del gobierno peruano en Panamá. El señor Rey Rey, miembro del Opus Dei
y diputado neoliberal por el FREDEMO en 1990-1992 y luego casi vitalicio congresista de derecha y
apasionado pro-fujimorista, ha sido entre julio de 2006 y octubre de 2008 Ministro de la Producción del
segundo gobierno de Alan García.

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A propósito de la asonada en Andahuaylas en enero de 2005

Exigían la renuncia del primer ministro Carlos Ferrero Costa y con él de todo el
gabinete. Aparentemente, todas las tiendas de la oposición sostenían o creían que
ese cambio podría oxigenar y refrescar al gobierno y que, de ese modo, pudieran
llevarse mejor las cosas del Estado hasta las elecciones del 2006 y la toma de mando
del nuevo gobierno. Lo cierto es que esa oposición, cualesquiera que fueran las
agrupaciones y partidos políticos que la conformaban, no habían tenido ni tenían
la menor convicción para presionar y lograr el cambio de gabinete precisamente
en ese sentido. En realidad, como lo mostraban innumerables ejemplos, toda esa
oposición tenía firmes convicciones sólo respecto de sus intereses personales y de
grupo. A decir verdad, también el oficialismo andaba en lo mismo y no con poca
frecuencia.

III. Nuevos escenarios de la lucha política

La ofensiva derechista-fujimorista-antitoledista, post asonada de Andahuaylas,


amainó en algo recién al finalizar el mes de febrero. Como ya se señaló, una
breve contraofensiva oficial la contuvo un poco y redujo de alguna manera su
desmesurada vastedad y ferocidad. Luego, la agenda política se fue modificando y
otras cuestiones pasaron a dominar en la escena política nacional: gestiones para el
TLC con los Estados Unidos, programa oficial ProPerú, propuesta alanista-aprista
para la conformación Frente Social, otras propuestas de frente político, paro de un
sector de productores y trabajadores cocaleros (Tocache, etc.), renovación de la
directiva nacional del SUTEP y elección de la profesora Caridad Montes Rebaza
como su nueva Secretaria General en reemplazo del profesor Nilver López, huelga
nacional indefinida de los médicos del sector del Ministerio de Salud (14 mil
médicos, aproximadamente), paro de enfermeras y técnicos de hospitales, marcha
de trabajadores en Lima comandada por la CGTP, paros y movilizaciones de
poblaciones de Huaraz, Ancash por regalías mineras, movilizaciones populares
que tendían a generalizarse en el país, etc.

Así llegamos a mediados de marzo. Comenzaban a configurarse nuevos


escenario políticos en el país en camino a las elecciones generales del 2006.

Reactivación de luchas reivindicativas de trabajadores y pobres

El gobierno del presidente Toledo tuvo que hacer frente a numerosas y diversas luchas
reivindicativas en el transcurso del 2005 y, en cierto modo, esto se prolongó hasta el fin
de su gestión en julio de 2006. Ya habíamos ingresado a un proceso de reactivación de
las luchas reivindicativas ante el capital y el Estado. Pues ya no podría continuar por
más tiempo la silenciosa tregua concedida por los diversos sectores mayoritarios del
país a los gobernantes de turno. Esta tregua le fue concedida ingenua e inútilmente

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167
Manuel Valladares

a Fujimori durante 10 largos años15. Y aún ocurría algo similar con el gobierno de
Toledo. Dicho gobierno, ya por más de tres años y medio en el poder, sin Proyecto
y sin Programa diferente o alternativo al de su predecesor, no había tenido que
enfrentar grandes y caudalosos movimientos de masas trabajadoras, subempleadas
y desocupadas reclamándole la atención urgente de sus necesidades básicas. Pues,
a diferencia de la sistemática hostilidad mostrada por las cúpulas del fujimorismo y
de sus socios de la derecha, esas grandes mayorías del país no se habían propuesto
combatir al presidente Toledo por el simple afán de neutralizarlo políticamente y
mucho menos buscando la vacancia en su cargo o su renuncia. Más bien, habían
observado un comportamiento entre resignado y esperanzado. Apenas de manera
fragmentada y dispersa estas mayorías reclamaban la atención de elementales
derechos: trabajo, vivienda, salud, educación, aumentos de sueldos y salarios, etc.
En pocas palabras, reclamaban la atención a su derecho a la vida y a la dignidad
humanas. Era lo menos que se podía pedir en un país como el Perú donde los sueldos
y salarios y las concesiones materiales que a duras penas hace el Estado, están hace
varias décadas entre los más deprimidos de América Latina. Acciones mayores de
carácter reivindicativo o político sólo tuvieron lugar de manera esporádica. Los casos
más sonados se reducen a uno que otro paro regional y nacional, como el de Arequipa
en junio del 2002 para impedir la privatización de una empresa de energía eléctrica,
la huelga del SUTEP en el 2003, algunos paros de los cocaleros, el paro nacional de
trabajadores del 14 de julio de 2004 convocado por la CGTP16, marchas de mujeres
de los comedores populares y del vaso de leche, etc. Es decir, casi nada frente a un
gobierno que en sus más de tres años y medio jamás hizo concesiones significativas.
En efecto, a partir de entonces parecía que se ingresaba a un nuevo capítulo: el de la
reactivación de las organizaciones de los trabajadores del sector privado y del sector

15
Esa tregua concedida ingenua e inútilmente, no era otra cosa que ausencia de dirección política como
consecuencia directa de la aplastante derrota de las direcciones sindicales y políticas de los trabajadores
peruanos de todos los sectores al finalizar la década de los 80 y al iniciarse la de los 90. El capital privado
y el neoliberalismo triunfantes a nivel mundial, encontraron en el Perú un inmenso campo sindical
y políticamente arrasado y en el cual podían acrecentar la explotación y dominación e inaugurar un
nuevo ciclo del más bestial saqueo de nuestros recursos. Dicho ciclo continúa en marcha con el segundo
gobierno del presidente Alan García.
16
El del 14 de julio del 2004, convocado por la CGTP y otros gremios, fue el primer paro nacional del siglo
XXI. El último había sido el de julio de 1988 en una coyuntura en la que se agigantaba la feroz ofensiva
del conjunto de la derecha contra el gobierno acorralado y en repliegue de Alan García quien el año
anterior había intentado estatizar la banca. Dicho paro nacional no modificó en nada la coyuntura. También
Sendero Luminoso realizaba algunas veces su «paro armado» tanto en Lima como en algunas provincias.
El que la CGTP convocó en agosto de 1990 para protestar y condenar el shock económico, el más grande y
brutal del mundo, lanzado por el gobierno recién inaugurado de Fujimori, apenas fue un débil saludo a la
bandera, es decir, no fue acatado por nadie; sólo se quedó en el papel y en las buenas intenciones de sus
convocantes. Aquel shock económico fue ejecutado sin que el pueblo peruano pudiera ofrecer resistencia
alguna. Habíamos quedado derrotados y totalmente desguarnecidos sindical y políticamente.

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A propósito de la asonada en Andahuaylas en enero de 2005

estatal, el acrecentamiento de sus reclamos por aumentos de sueldos y salarios y


mejoras de las condiciones de trabajo. Los sectores de desocupados y pobres del
campo y la ciudad (¡8 millones de peruanos en extrema pobreza!), requerían con
urgencia renovar, desarrollar y poner en acción sus organizaciones para exigir el
cumplimiento obligado del programa oficial PROPERU y la disponibilidad efectiva
de los 250 millones de dólares calculados para ser entregados por espacio de un
año (subsidio directo de 100 soles mensuales a cada familia). Había que arrancar
al gobierno y al Estado todo ese monto de dinero y no permitir su recorte con
cualquier pretexto, su desvío con rumbo desconocido o su simple desaparición
como por arte de magia. Ya no se le podía dar más tregua al gobierno y al Estado.
En verdad, había sido ya muy larga, demasiado inocente y contraproducente
la tregua concedida al Estado peruano, especialmente desde aquel brutal shock
económico de agosto de 1990 con el cual realmente inauguró Fujimori su arbitrario,
corrupto y criminal gobierno. Se trató finalmente de una tregua que sólo llevó a
la ampliación de la desocupación y profundización de la pobreza de una enorme
mayoría de peruanos.

Las tradicionales organizaciones sindicales de trabajadores, sus federaciones


(por sector y a nivel departamental o regional) y la propia CGTP, resurgiendo de
su grave derrota de la década de los 90, debieron exigir el cumplimiento de aquel
subsidio en el tiempo que le quedaba a ese gobierno. Es decir, hasta julio de 2006.
Igualmente, tenían la obligación de cumplir ese papel las propias organizaciones
de los sectores populares del campo y la ciudad. El programa oficial PROPERU no
debía ser sólo un ofrecimiento más y tampoco podía terminar en una nueva burla al
ser entregado finalmente sólo una ridícula fracción de lo ofrecido. Por su parte, los
partidos y agrupaciones políticos tenían este desafío: comprometerse con el apoyo
a los necesitados o sólo limitarse a simulacros por puras mezquindades y cálculos
electoreros. Al final de cuentas, sucedió lo último.

El gobierno estaba obligado a cumplir con su propio programa PROPERU.


Era lo que se esperaba que ocurriera como mínimo. Por lo menos esas migajas
deberían ser reales y no ficticias para los necesitados. En el transcurso de casi cuatro
años de su gobierno, el presidente Toledo se había limitado a administrar lo existente,
es decir, el legado de Fujimori. Servía más que entusiastamente los intereses de
los ricos y poderosos. Era buen pagador del Fondo Monetario Internacional, del
gran capital y de la Banca Internacional. Los cada vez más elevados pagos que se
hacía por concepto de la Deuda Externa, no era sino el cumplimiento a rajatabla
de lo ya programado por el gobierno de Fujimori-Montesinos. Por eso, el año 2004
se pagó alrededor de 2,200 millones de dólares. En el año 2005 se estaba pagando
algo aproximado a los 2,800 millones de dólares. Al mismo tiempo, sólo la Deuda
Externa pública ascendía, en ese entonces, a unos 30 mil millones de dólares. Por
otra parte, el gobierno del presidente Toledo defendía y mantenía las muy altas
tarifas impuestas a los usuarios por diversas empresas extranjeras que sentaron
sus dominios en el país precisamente en la década de los 90 (Telefónica, Empresas

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Manuel Valladares

Eléctricas, etc.). Era pues un gobierno que continuaba con la política de no cobrar
impuestos y regalías a las empresas del capital privado que explotaban nuestros
recursos y pagaban bajos salarios a los trabajadores peruanos. Eran los casos de
las empresas extranjeras que explotaban nuestros yacimientos mineros y, a su vez,
destruían el equilibrio ecológico de la zona o la región respectiva. Aquel gobierno,
como el anterior, se hacía de la vista gorda ante el abuso y arbitrariedad de los bancos
por el cobro de comisiones elevadas por los servicios prestados a los usuarios de
teléfonos, fluido eléctrico, cable, agua, etc. Además, los bancos no pagaban intereses
a los pequeños y medianos ahorristas; más bien, los sangraban. En suma, el gobierno
del presidente Toledo era un eficaz administrador de los intereses de banqueros,
grandes empresarios y negociantes.

Frentes electorales excluyentes entre sí pero disputándose el centro

En el contexto nacional pre-electoral del 2005, prologado por la asonada de


Andahuaylas, iban configurándose, según no pocos indicios, por lo menos tres o
cuatro proyectos de frentes políticos, formalmente excluyentes entre sí, con miras
a las elecciones generales del 2006 y a la constitución de un nuevo gobierno para el
período 2006-2011. En realidad, los probables frentes, estarían disputándose entre
sí el centro de la escena política nacional y, al mismo tiempo, competirían por
reclutar y atraer a su lado a los innumerables grupos políticos (con representatividad
sectorial, local, regional o inclusive étnica) que andaban por la nebulosa preelectoral
peruana.

Esta vez sería difícil, por no decir imposible, la constitución de frentes políticos
electorales de la naturaleza y dimensiones de Izquierda Unida (IU) en los comienzos
de los 80 ó del FREDEMO al finalizar esa década. La situación nacional e internacional
había cambiado radicalmente. En el caso peruano, entre los partidos y movimientos
que se incorporaban al campo de la lucha electoral, ninguno buscaba representar o
expresar posiciones radicales de izquierda o de derecha. Ni ultraizquierdistas, ni
ultranacionalistas ni ultraneoliberales. Todos buscaban ubicarse en el centro y ser
percibido de ese modo por los electores.

Ex-presidente García proponía constitución de un frente social

Una de las primeras fuerzas políticas en anunciar su participación en las elecciones


del 2006, fue el APRA. Desde el 2001 había hegemonizado la oposición democrática
ante el gobierno de Toledo. El entonces ex-presidente Alan García, principal líder
del partido aprista y de la oposición, lanzó como propuesta la constitución de
un frente social. Lo hizo tempranamente en el concurrido mitin aprista del 18 de
febrero del 2005 con el que, a su vez, dio inicio a las celebraciones por el Día de

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A propósito de la asonada en Andahuaylas en enero de 2005

la Fraternidad (22 de febrero), el mismo que recuerda el cumpleaños de Víctor


Raúl Haya de la Torre. Lo reiteró en los también concurridos mítines que presidió
durante una semana entera en Trujillo, Arequipa, Juliaca, Villa El Salvador, etc. No
se trataba de un frente de partidos y agrupaciones políticas sino un frente social
que articulara las organizaciones gremiales de las clases medias profesionales, de
los empresarios medianos y pequeños y de los trabajadores; además, que incluyera
a segmentos de grandes empresarios y comerciantes y en el otro extremo a las
organizaciones de base de los desocupados y desempleados. También, se consideraba
a las fuerzas sociales de provincias y regiones, legítimamente quejosas del crónico
centralismo limeño; éstas precisamente habían dado la apabullante victoria al APRA
en las elecciones regionales del 2002. Estos planteamientos fueron algunos de los
componentes del discurso alanista-aprista que se fue desarrollando en camino a la
campaña electoral.

Salvando las distancias, era en los primeros tiempos del APRA que Haya de
la Torre planteaba un frente de clases de carácter antioligárquico y antiimperialista:
clases medias, trabajadores manuales e intelectuales y campesinado y, si fuera
posible, lo que pudiera haber de burguesía nacional. En cierto sentido, los
planteamientos del pasado y los del 2005 correspondían a dos proyectos apristas
radicalmente diferentes en el tiempo y en el espacio. En los primeros tiempos
del APRA —años 30 y 40 del siglo XX— el proyecto era por la transformación
radical de la sociedad, de construcción de un capitalismo nacional moderno y de
un Estado nacional-antimperialista fuerte y autónomo. Aún quedaban algunas
huellas en el discurso partidario de las décadas siguientes. En las circunstancias
pre-electorales del 2005, Alan García y el liderazgo aprista bajo su jefatura estaban
pensando básicamente en la coyuntura electoral y en la posibilidad de ser gobierno
nuevamente y, desde luego, en administrar sólo lo existente y hacerlo menos
mal que cuando les tocó gobernar en 1985-1990. El novísimo discurso oficial del
APRA aún parecía socialdemócrata aunque su práctica no lo fuera y no lo es
necesariamente. Y es lo que constatamos hoy en día cuando el liderazgo aprista
se encuentra nuevamente en el poder. No hay ninguna modificación sustantiva
en la economía y en las políticas de Estado. Las empresas estatales, fueron
corruptamente privatizadas durante el fujimorismo y entregadas a la voracidad
del capital privado. Básicamente se administra eso, es decir, sólo lo existente. En
general, lo existente en el Perú es una economía capitalista crónicamente rezagada,
subdesarrollada y dependiente; y el Estado, es tradicional, semicolonial, arcaico
y patrimonial, por encima de una sociedad caótica y cuyas víctimas son las
poblaciones mayoritarias y pobres del país. Para manejar este Estado y el actual
estado de cosas, implementando algunas reformas indispensables, el APRA y su
candidato Alan García, predicaban la necesidad de conformar un Frente Social y,
desde luego, requerían pasar a una segunda ronda electoral en las elecciones del
2006 y ganarla. Justamente para posibilitar esa ambición, necesitaban atraer a

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171
Manuel Valladares

los moderados de la derecha y de la izquierda 17.

Movidas para la formación de un frente político de derecha

Al finalizar el siglo XX, las dos últimas experiencias de coaliciones o frentes políticos
de la derecha peruana, habían sido, primero, la del cogobierno entre el Partido Acción
Popular y el Partido Popular Cristiano en el período 1980-1985 y, luego, el FREDEMO
constituido para las elecciones de 1990, en pleno apogeo del triunfo mundial del
neoliberalismo, contra el APRA y la izquierda, organizado en torno a la figura del
escritor Mario Vargas Llosa y que sorprendentemente se apoderó de calles y plazas
recorriendo todo el país durante la intensa y frenética campaña para luego terminar
derrotado en la segunda ronda electoral por un advenedizo Fujimori quien, sin haberlo
reclamado ni por asomo, pudo contar con el abierto apoyo del APRA y de la totalidad
de la izquierda peruana de entonces. Durante sus 10 años de gobierno (1990-2000),
Fujimori actuó de manera enconada y virulenta precisamente frente a todas esas
fuerzas políticas que le habían brindado apoyo electoral. Por un lado, marginó y
arrinconó al APRA y a la izquierda y casi destruyó y desapareció sus bases políticas
y sindicales y, por otro, contó con el entusiasta y creciente apoyo de la casi totalidad
de las gentes y agrupaciones que integraron y dirigieron el FREDEMO, salvo las
muy pocas excepciones como el propio escritor Vargas Llosa que pasaron a ejercer
una enérgica oposición, especialmente desde el Golpe de Estado de abril de 1992. En
otras palabras, Fujimori en el ejercicio de un poder absoluto, articuló detrás suyo al
grueso de la derecha peruana cuyo núcleo lo constituían los grandes empresarios y
sus teóricos neoliberales18.

El Perú de comienzos del siglo XXI todavía tiene que sufrir —como lo viene


17
El APRA era, sin duda, el movimiento político de mayor experiencia en la constitución de Frentespolíticos
electorales o en la inspiración de políticas de frente. Desde la clandestinidad, los había inspirado e
impulsado en 1936 y 1939. Siempre desde la clandestinidad, participó como fuerza predominante
en la constitución del Frente Democrático Nacional para las elecciones generales de 1945, ganó esas
elecciones y llevó a la presidencia al «independiente» Luís Bustamante y Rivero inaugurándose de ese
modo la llamada «Primavera Democrática» y cuya duración fue breve (1945-1948). En las elecciones
de 1956, el APRA brindó su apoyo a la candidatura plutocrática de Manuel Prado y quien al llegar al
poder inauguró el «gobierno de la convivencia»; al mismo tiempo, el APRA salió de la clandestinidad
y recuperó la legalidad que le había sido anulada por la dictadura del general Odría. Más tarde,
como partido de oposición al primer gobierno de Belaunde Terry (1963-1968), el APRA capitaneó la
conformación de una Coalición con la Unión Nacional Odriísta (UNO) constituyendo de ese modo
una mayoría parlamentaria. Luego, en la Asamblea Constituyente de 1978-1979, el APRA conformó
una mayoría con diversas fuerzas políticas que eligió a Haya de la Torre como presidente de dicha
Asamblea la cual llevó cabo los debates y la elaboración de la Constitución de 1979 que legalizó
las reformas realizadas en el Perú por el «Gobierno Revolucionario de las Fuerzas Armadas» en su
primera fase 1968-1975.
18
En el transcurso de los últimos 120 años (post Guerra del Pacífico), salvo pocos y breves momentos, la
derecha nunca ha soltado el control del Estado y el ejercicio del poder político. Los gobiernos fueron
no sólo representantes de determinada fracción de la clase dominante sino, sobre todo, ajenos a un

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A propósito de la asonada en Andahuaylas en enero de 2005

haciendo— las humillaciones y miserias de distinta índole sembradas y cultivadas


por el fujimorismo. La ingenua y esperanzada simpatía de los pobres hacia
Fujimori, estimulada o manipulada por las empresas encuestadoras y los medios de
comunicación, fue pues uno de los matices de aquellas miserias. La simpatía brindada
al peor de los granujas en el poder que se hizo pasar por el «chinito» buena gente,
dejó muchas huellas del engaño y la manipulación desplegados desde el poder contra
esa misma gente y todavía no pueden ser borradas por las políticas de los gobiernos
siguientes. El gobierno de Toledo ni siquiera los intentó. Es verdad que tampoco se
lo permitieron, como ya se ha dicho reiteradamente, los propios fujimoristas y la
derecha.

Fue con esos antecedentes que, con miras a las elecciones generales del 2006,
los partidos y agrupaciones políticas de la derecha pretendían formar un nuevo frente
político. Algunas de sus tendencias, como la representada por el PPC, soñaban con
incluir a ciertas tendencias de la dirigencia fujimorista. De no lograrlo, buscarían
ganarse a sus bases sociales. Quienes habrían de disputarse la hegemonía del posible
frente de derecha eran el ex-presidente transitorio don Valentín Paniagua dirigente
del avejentado y disminuido partido Acción Popular, Lourdes Flores Nano del Partido
Popular Cristiano y el alcalde de Lima Luís Castañeda Lossio, fundador y jefe de un
invisible partido llamado Solidaridad Nacional. Ninguno de estos personajes pudieron
alcanzar un lugar hegemónico en el proyecto del anciado frente el que finalmente
no llegó a constituirse. A duras penas se formó una alianza electoral entre el Partido
Popular Cristiano y el partido Solidaridad Nacional que lanzó como su candidata
presidencial a la Dra. Lourdes Flores. El otro candidato fue pues don Valentín Paniagua
quien, siendo el centrista más consistente y de mayor prestigio, no pudo atraer aliados
importantes de derecha ni de izquierda.

Indicios hacia la formación de un imposible frente de izquierda

En realidad, se trataba de los esfuerzos de unos pocos partidos o agrupaciones


sobrevivientes de lo que había sido Izquierda Unidad (IU), interesados en la
construcción de un frente político, en integrar una lista única con candidatos al
Congreso y lanzar una candidatura presidencial y, de ese modo, poder reaparecer

proyecto de nación que incluyera a todos los peruanos. Las agrupaciones de la derecha casi siempre
constituyeron frentes para gobernar o inspiraron y apoyaron a dictaduras militares conservadoras y
reaccionarias. Desde fines del siglo XIX hasta fines de la Segunda Guerra Mundial, compartían o se
alternaban en el ejercicio del poder las fracciones básicas —premoderna y modernizante— de la clase
dominante. En la segunda mitad del siglo XX, varias veces formaron coaliciones de derecha, explícita
o implícitamente. Luego del gobierno militar nacionalista y reformista del general Velasco Alvarado
(1968-1975), la derecha se recompuso y regresó al poder con furia y ánimo de revancha y reiterando,
una vez más, su carencia de proyecto nacional.

172
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Manuel Valladares

con alguna solvencia por lo menos durante la campaña electoral. No les faltaba
experiencia. Sin embargo, en los 15 años transcurridos, desde la desintegración final
de aquel frente y la práctica desaparición de casi todos los partidos y agrupaciones
que lo conformaron, también había desaparecido todo rastro de izquierda —como
discurso y como práctica— en la dirección política nacional de los trabajadores y
masas populares. Los intentos en el curso de aquella década y media por recuperar
el terreno perdido habían sido frustrantes y sólo confirmaron que había sido muy
profunda la derrota política de todas las tendencias de la izquierda peruana. Además,
como es sabido, los problemas se agravaron bajo el impacto disolvente de la caída
del Muro de Berlín, del colapso de la URSS y la desaparición del «campo socialista».
En consecuencia, la izquierda que pretendía intervenir en las elecciones generales
del año 2006, en lo posible a través de un frente político, era aquella que intentaba
resurgir desde el fondo de su más grave derrota. Pero, dicho frente no pudo
aparecer ni siquiera entre ellos. Más bien, cada cual por su cuenta —el PCP (Patria
Roja), el Partido Socialista y el Movimiento por la Democracia Social— buscaron
coaligarse con otras formaciones políticas. Los dos primeros, lo intentaron con el
Partido Nacionalista Peruano (PNP) de Ollanta Humala cuya precandidatura subía
incontenible en las encuestas pero sus negociaciones fracasaron y tuvieron que lanzarse
casi solos a la contienda electoral; el último lo hizo con el Movimiento Humanista
Peruano. Luego de su anticipada catastrófica derrota electoral, estas agrupaciones de
izquierda perdieron inclusive su inscripción en los registros electorales19. La suma
de la votación obtenida a nivel nacional por estas tres agrupaciones en la primera
ronda electoral, apenas pudo superar el 1% del total. Nunca antes, por lo menos en
su experiencia electoral a lo largo de los 45 años previos, la izquierda peruana había
caído a un abismo tan profundo. Ciertamente, tampoco era la izquierda de esos
tiempos; ya era otra.

19
A lo largo de su historia, la izquierda peruana también había tenido diversas experiencias en la
conformación de Frentes Políticos de carácter electoral. Para no ir muy lejos, podemos recordar la
constitución del Frente de Liberación Nacional (FLN) para participar en la contienda electoral de 1962. El
eje de dicho Frente fue el antiguo Partido Comunista Peruano (PCP). En esas elecciones, el primer lugar
fue disputado entre Haya de la Torre, Belaunde Terry y Manuel Odría. Sobrevino un Golpe de Estado
acaudillado por militares. En las elecciones de 1963, convocada y vigilada por los golpistas, fue Belaunde
Terry quien finalmente triunfó, gracias al apoyo del FLN. Quince años más tarde, se constituyeron varios
frentes de izquierda para intervenir en las elecciones a la Asamblea Constituyente de 1978. Luego, en
1980 fue constituido IU que incluía a todas las tendencias de la izquierda salvo a las trotskystas. IU tuvo
presencia significativa en la escena nacional pero terminó desintegrándose al finalizar aquella agitada
y conflictiva década de los 80. Para una información mayor sobre las últimas experiencias, ver Nicolás
Lynch, Una tragedia sin héroes, la derrota de los partidos y el origen de los independientes, Perú 1980-1992,
UNMSM, Lima 1999; Manuel Valladares Quijano, «Huelga policial y paro nacional de trabajadores en
mayo de 1987, detonantes de la más grave crisis política en el Perú de finales del siglo XX», en: Historias,
N.º 2, Lima 2007.

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A propósito de la asonada en Andahuaylas en enero de 2005

Del nacionalismo etnocacerista al simple nacionalismo

A partir de la ya conocida aventura política de los hermanos Humala, en el sur


del país a fines del 2000 (octubre-noviembre), se fue conformando el movimiento
nacionalista etnocacerista. Fundamentalmente bajo la dirección de Antauro, a
través del periódico Ollanta en especial, se hizo creciente prédica acerca de ese
singular nacionalismo, esgrimiendo virulenta crítica al «Estado de los criollos». El
discurso político «etnocacerista» o «etnonacionalista» y, a su vez, velasquista, fue
ganando terreno a nivel nacional irritando, al mismo tiempo, a casi toda la prensa
limeña, a sus columnistas y colaboradores. Ganaba terreno en sectores populares y,
fundamentalmente, en las provincias del centro, oriente y sur del país. Se hablaba
también de la «agonía de la republiqueta criolla y su funeral inminente», de «la
derecha criolla autodesahuciada y en extinción…», de la rivalidad obligada y necesaria
entre «la izquierda criolla y el etnonacionalismo». Además, todo ese discurso estaba
recorrido de punta a punta por el desafío a muerte de «la raza cobriza contra la
raza blanca extranjera y conquistadora». Sin duda, desde París o desde Seúl, dicho
discurso en su conjunto era compartido por Ollanta Humala y seguramente no por
casualidad, sino contando con su anuencia, el periódico oficial de su movimiento
llevaba su nombre propio.

La asonada de Andahuaylas tuvo lugar precisamente en un momento en que


el movimiento nacionalista «etnocacerista» contaba, luego de tres o cuatro años de
prédica, con significativas bases sociales básicamente en provincias. Entusiasmó y
movilizó a muchos de sus segmentos especialmente juveniles. Fueron ellos los que
expresaron y afirmaron, con su activa presencia en las calles y las plazas de provincias,
su solidaridad con los protagonistas de la asonada de Andahuaylas. En los últimos
tiempos, particularmente luego de iniciado el juicio público contra 162 reservistas y su
Comandante y refiriéndose a aquellos acontecimientos del 2005, el propio Antauro en
su periódico del mismo nombre y, también, periodistas de diversos medios de prensa
prefieren hablar del «Andahuaylazo». Por lo menos al propio Antauro seguramente
le parece más sonoro y desafiante. Por ejemplo, en una de las portadas del periódico
etnocacerista, al reproducir frases de páginas interiores, se afirma y se exclama: «…
por supuesto: ¡somos recontra culpables de insurgir contra la tiranía y la traición»!
«¡Viva el andahuaylazo carajo!»20.

Ollanta Humala había retornado al Perú, procedente de Corea del Sur, en


febrero del 2005, transcurridos apenas pocas semanas del Andahuaylazo. Impedido
de continuar prestando servicios como oficial del ejército, habiendo sido dado de baja

20
Informe Central: «Ad portas a un juicio histórico: breve reseña de 7 años de etnocacerismo tawantinsuyano».
Bajo este título, un extenso artículo de Antauro Humala. Quincenario Antauro, Año 6, N.º 86, p. 8-9, del
8 al 25 de abril de 2008. Perú.

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Manuel Valladares

poco antes por decisión del gobierno de Toledo, comenzó a desplegar intensa actividad
política de manera pública tanto en Lima como en provincias. En el transcurso de
los meses siguientes fue siendo reconocido, aunque con renuencia, en casi todos
los medios de comunicación —por periodistas y comentaristas, por innumerables
adversarios y enemigos suyos— como un naciente líder político.

Pero, al mismo tiempo, en aquellos momentos la atmósfera política todavía


estaba enrarecida y en medio de ella para muchos reinaba cierto desconcierto
y quizás desánimo por la ausencia total de una visión de futuro. Los discursos
de los potenciales candidatos presidenciales no ofrecían ninguna orientación al
respecto sino, más bien, se perdían en asuntos intrascendentes de coyuntura que
sólo podían revelar intereses y ambiciones personales y de grupo. En la revista
Quehacer se hacía alusión a estos hechos, al grosero pragmatismo de los políticos y a
la situación política peruana en los inicios del siglo XXI, con marcado pesimismo y
algo de frustración21.

En el transcurso del segundo semestre de dicho año, Ollanta ya era considerado


precandidato a la presidencia de la república. Las encuestas empezaron a ocuparse
de su presencia creciente en la escena política. Aparecía como persiguiendo y casi
pisándole los talones a conocidos precandidatos voceados desde meses previos como
los más seguros de ser nominados por sus respectivos movimientos para finalmente
candidatear a la presidencia. Entre ellos, Lourdes Flores Nano del PPC y Alan García
del APRA. A mediados de noviembre, la revista Caretas hacía referencia desde su
portada a las «Peligrosas Señales de Humala» y en sus páginas interiores decía:
«repunta con encuestas pero lo rezagan en producir propuestas … La subida de
Ollanta Humala en las últimas encuestas nacionales de Apoyo e IDICE le ubicó por
primera vez por encima de los 10 puntos porcentuales de preferencia …el sondeo de
la compañía venezolana North American Opinión Research, esta vez le asignaba un
segundo lugar con 14 % detrás de Alan García (16 %)» 22.

A Ollanta se le acusaba a través de los medios de prensa, con reiteración e


insistencia y, sobre todo, con no disimulada preocupación, de simpatías chavistas
y evo-moralistas que aludían a los presidentes Hugo Chávez de Venezuela y Evo
Morales de Bolivia. Sumada esta suerte de solidaridad internacional latinoamericana
a su telúrico discurso nacionalista etnocacerista, tawantinsuyano y velasquista,
hizo que se comenzara a identificarlo como nuevo y potencial estatista y enemigo
de la empresa privada, como autoritario y una amenaza para el régimen de vida

21
Ver editorial «Los políticos no tienen bandera» y una entrevista con el historiador Eduardo Toche bajo el
título «El turbio juego de la política en el escenario más oscuro que te puedas imaginar», Quehacer No.
154 de mayo-junio de 2005, p. 5-15. Lima.
22
Ver comentario de coyuntura política «La Colada de Humala» en Caretas del 17 de noviembre de 2005,
p. 28-31. Lima.

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A propósito de la asonada en Andahuaylas en enero de 2005

democrático. Al mismo tiempo, se daba a entender que un candidato o precandidato


a la presidencia de la república no podría estar hablando en serio al colocarse en la
escena política como vocero de todo ese mosaico ideológico-político. Sin duda, se
trataba de chantajes para descalificarlo. Desde luego, poco a poco Ollanta fue acusando
el golpe y haciendo concesiones. Entonces, fue depurando su discurso por lo menos
con la eliminación del fraseo referido al pasado incaico, al Cáceres de la resistencia
y a los indígenas con larga tradición de rebeldía. Y, entonces, comenzaron también
los conflictos y distanciamientos con Antauro quien desde la prisión despotricaba
contra su hermano acusándolo de traidor a las ideas y planteamientos primigenios
del movimiento nacionalista que ambos fundaron.

En esas mismas circunstancias, el periodista Raúl Vargas, ubicado entre los


comentaristas críticos de Ollanta, escribía:

«Ni Humala ni Fujimori podrán malograr el pastel … en el caso de Ollanta


Humala no hay duda que recolecta seguidores en el sur, pero sobre la base de
una prédica de reclutas: es decir, ejercicios, marchas, disciplina, reivindicación
milenarista, y un laberinto mental muy propio de quien ha dado un salto súbito
de la milicia a la inteligencia… Conseguirá congresistas pero serán golondrinos
o, en todo caso, hijos del oportunismo que canta y baila según le convenga»23.

Ollanta Humala crece en campaña electoral y vence en la primera ronda

Mientras tanto, conforme subían en las encuestas las preferencias por Ollanta Humala
y también crecía el susto de muchos frente a ese hecho, se acortaban los plazos para
la oficialización de alianzas de carácter electoral. Los partidos debían tener existencia
legal y las alianzas entre partidos debían ser inscritas en los registros electorales en
diciembre del 2005. Ollanta, cuyo partido recién tramitaba su inscripción y aún hacía
entrega de los respectivos planillones con firmas de adherentes y ante la sospecha
universal de que la respectiva solicitud y documentación podrían ser denegadas a
última hora, prefirió hacer una alianza de facto con Unión del Pueblo Peruano (UPP),
herencia disminuida y degenerada del movimiento político que había sido fundado
por el embajador Javier Pérez de Cuellar, para intervenir como candidato presidencial,
enfrentando a Fujimori, en las elecciones de 1995. La UPP, convertido en refugio de
oportunistas de toda laya y en tabla de salvación de náufragos, aún tenía inscripción
en la ONPE y en las oficinas del Jurado Nacional de Elecciones. A su vez, tampoco eran
pocos los oportunistas en el PNP. De todos modos se constituyó de hecho la alianza
política UPP-PNP aunque legal y formalmente sólo podía figurar como UPP. Como se

23
Ver, Raúl Vargas: «La hora de los Partidos Democráticos», en su sección «olla a presión», en la citada
revista Caretas de la fecha arriba indicada, p. 32.

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Manuel Valladares

suele decir en Lima ante situaciones de esa naturaleza, «se habían encontrado entre el
hambre y la necesidad». Las dos agrupaciones tenían la urgencia de caminar juntas
por lo menos dentro de la coyuntura electoral.

Al quedar constituida aquella alianza, casi simultáneamente se disolvieron y


desvanecieron los intentos y fugaces sueños de los pocos partidos y agrupaciones de
izquierda que buscaban forjar alianzas con el PNP de Ollanta. Estos y sus candidatos
podrían haber sido incluidos en el PNP pudiendo infundir a éste mayor experiencia,
consistencia y lucidez, inclusive sin ir más allá del nacionalismo cada vez más
domesticado y, al mismo tiempo, habrían desempeñado el papel de contrapeso en
el forcejeo con la UPP. Finalmente, ni los dirigentes izquierdistas ni Ollanta estaban
dispuestos a hacer mutuas concesiones entre ellos. Rompieron relaciones. Las razones
y los argumentos esgrimidos públicamente por los dirigentes de izquierda, para
dar cuenta de la ruptura producida en las negociaciones, eran tan gaseosos y medio
sofisticados que apenas podrían servir para deleitar tertulias de cenáculo24. Mientras
tanto, las encuestas de las últimas semanas de diciembre daban cuenta que Ollanta
Humala estaba a punto de subir del segundo al primer lugar en la intención de voto
y que, por lo mismo, desplazaría a Lourdes Flores. El tercer lugar le correspondía a
Valentín Paniagua y el cuarto a Alan García.

Durante los tres primeros meses del 2006, cambiaron las cosas con notable
velocidad. La candidatura de Ollanta Humala había pasado a ocupar de manera
sostenida la cabeza de las encuestas. Y todavía a considerable distancia aparecían
sus principales competidores ocupando sucesivamente el segundo, tercer y cuarto
lugar. Pero dicha realidad fue ocultada por la prensa y casi todos los medios de
comunicación y presumiblemente maquillada por las mismas empresas o instituciones
encuestadoras. En sus maniobras muy criollas, para favorecer la candidatura de
Lourdes Flores a quien siempre ponían en ventaja, hicieron uso de argumentos
forzados e inconsistentes como los altos porcentajes de «indecisos» o de aquellos
que ya habiendo tomado decisiones «podrían cambiar de opinión» y, también,
de los que «decidirán su voto el mismo día de las elecciones», etc. Recién en los
primeros días de abril, cuando tenían lugar los mítines finales de cierre de campaña,
se conoció la verdad. Los propios medios tuvieron que admitirla haciendo públicas
las informaciones reales.

Los resultados de las elecciones del 9 de abril, las de la primera ronda


electoral, dieron cuenta de las tendencias reales que habían estado en movimiento,
con avances, estancamientos y rezagamientos, por lo menos desde comienzos de año.

24
Para ciertos detalles y pormenores de la ruptura de negociaciones entre líder nacionalista y dirigentes
de izquierda y, también, acerca de los argumentos de aquel para negarse a asistir a las reuniones de
CADE 2005, puede ser consultado de Manuel Valladares Quijano, el artículo ya citado «Quién es Ollanta
Humala?», en: Historias N.º 1, p. 103-125.

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Esos resultados fueron: por encima del 30% de los votos válidos para Ollanta Humala,
por debajo del 25% tanto para Alan García como para Lourdes Flores, es decir, lo que
se llama un «empate técnico» entre los dos; luego, tuvieron que desempatar en las
mesas de las oficinas electorales, disputando voto a voto su paso al segundo lugar. La
ganó Alan García por un muy estrecho margen. Lourdes Flores se quedó en el tercer
lugar. El cuarto lugar, con algo más del 7%, fue para Martha Chávez candidata del
fujimorismo y, finalmente, el quinto lugar, con un poco más del 5%, para Valentín
Paniagua. Aún podemos mencionar al candidato de los evangélicos, señor Humberto
Lay Sun, quien ocupó el sexto lugar con algo más del 4%. Todos lo demás, es decir, 18
candidatos presidenciales de derecha, centro-derecha y centro-izquierda, quedaron
regados en el piso con las más ínfimas votaciones que uno puede imaginar.

La gran novedad que arrojó aquella primera ronda electoral fue la abrumadora
victoria alcanzada por el candidato del nacionalismo en la mayor parte del país,
dejando a sus principales adversarios en muy difícil y complicada situación. Lourdes
Flores sólo ganó en Lima y Callao (Sus únicas plazas fuertes), Alan García solamente
en los departamentos de Ica, Ancash, La Libertad, Lambayeque y Piura; mientras tanto,
Ollanta Humala la ganó por un muy amplio margen en todos los demás, es decir, en
18 departamentos. En la sierra peruana, particularmente en el Centro y Sur el país, y
también en la Selva, la votación obtenida por su candidatura fue excepcionalmente
elevada25.

La segunda ronda electoral, casi dos meses después de la primera (4 de junio),


fue una especie de cargamontón de tirios y troyanos contra Ollanta Humala. En especial,
todo el liderazgo político e intelectual de la derecha y centro-derecha, hizo público
su respaldo al del APRA, señor Alan García, a quien consideraba el «mal menor» en
contraposición al candidato del nacionalismo, señor Ollanta Humala, de quien se decía
que por su postura autoritaria representaba una amenaza y un grave peligro para la
«democracia», esto es, principalmente para los privilegios de las empresas privadas,
para las inversiones del capital privado y el «desarrollo», para la libertad de prensa,
etc. En todo caso, este fue el discurso cuya difusión contó con el entusiasta apoyo de
lo fundamental de los medios de comunicación, de sus periodistas «independientes»
y colaboradores de todos los matices. Dicha prédica atrajo y comprometió, también,
a los electores independientes de los sectores sociales medios. Sin embargo, llegada
la hora de las decisiones finales, Ollanta Humala alcanzó por encima del 47% de la
votación nacional. Fue derrotado realmente por escaso margen por Alan García, el
suertudo candidato del «mal menor», que trepó con serias dificultades hasta alcanzar
por encima del 52% de la votación, habiendo sabido, después de todo, canalizar a

25
Los departamentos en los que Ollanta Humala ganó en la primera ronda electoral, fueron: Tumbes;
Cajamarca, Amazonas, San Martín, Huánuco, Cerro de Pasco, Junín; Arequipa, Moquegua, Tacna;
Ayacucho, Huancavelica, Apurímac, Cusco, Puno; Loreto, Ucayali y Madre de Dios.

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favor suyo los impulsos de las más diversas fuerzas sociales y políticas; sin embargo,
las tendencias políticas y electorales básicas no se habían modificado de manera
sustantiva: Alan García sólo ganó en 10 departamentos y en el extranjero; mientras
tanto, Ollanta Humala volvió a ganar en 15 departamentos y, sobre todo, reiterando
su alta votación en los del Centro, Oriente y Sur del país26.

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26
En la segunda ronda electoral, Alan García, candidato del APRA, ganó en Ancash, Callao, Ica, La Libertad,
Lambayeque, Lima, Pasco, Piura, Tumbes, Ucayali y en el extranjero. Ollanta Humala, candidato de la
alianza UPP-PNP, ganó en Amazonas, Apurimac, Arequipa, Ayacucho, Cajamarca, Cusco, Huancavelica,
Huánuco, Junín, Loreto,San Martín, Madre de Dios, Moquegua, Puno y Tacna.

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A propósito de la asonada en Andahuaylas en enero de 2005

movimientos políticos indígenas en Bolivia, Ecuador, México y Perú. Lima: Fondo


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