You are on page 1of 24

ANALES DE LITERATURA CHILENA Año 11, Diciembre 2010, Número 14, 93-116 ISSN 0717-6058

HUÉRFANOS y MINEROS: NOTAS PARA UNA EVALUACIÓN DE LA ESTRATEGIA REPRESENTATIVA DEL OBRERO EN LOS CUENTOS DE BALDOMERO LILLO1 ORPHANS AND MINERS: TOWARD AN EVALUATION OF THE REPRESENTATIONAL STRATEGY OF WORKERS IN BALDOMERO LILLO’S SHORT STORIES Ignacio Álvarez Universidad Alberto Hurtado ialvarez@uahurtado.cl
RESUMEN Este artículo evalúa la estrategia utilizada por Baldomero Lillo para representar a los obreros del carbón a partir de tres fuentes de extrañamiento: la pintura de los mineros como niños, la represión de los contenidos políticos en la segunda edición de Sub terra y el reconocimiento de los huérfanos de las clases populares como parte de una infancia desvalida. Esta última táctica será la condición de posibilidad de la primera. En una compleja operación cultural, sus cuentos logran dar visibilidad a una clase ignorada y denunciar su explotación, pero al soslayar las potenciales fuentes de conflicto la infantiliza y desactiva su resistencia. PALABRAS CLAVE: Baldomero Lillo, Sub terra, representación.

ABSTRACT This article evaluates Baldomero Lillo’s strategy in representing coal miners through three sources of defamiliarization: the portray of miners as children, the repression of political contents in the second edition

Este trabajo es resultado del proyecto “Biblioteca chilena: Cuentos completos de Baldomero Lillo” (Fondo del Libro Nº 200859343, 2008), ejecutado en colaboración con Hugo Bello Maldonado. Su objetivo principal fue la elaboración de una edición crítica de la Obra completa de Baldomero Lillo, finalmente publicada por Ediciones Universidad Alberto Hurtado en diciembre de 2008. Todas las citas de Baldomero Lillo corresponden a esa edición (vid. bibliografía).
1

94

IGNACIO ÁLVAREZ

of Sub terra and the recognition of orphans from popular classes as a part of a helpless childhood. This latter tactic is presented as the condition of possibility of the first. In a complex cultural transaction, these short stories will offer visibility to an unknown class and denounce their exploitation; however, avoiding potential sources of conflict they infantilize it and deactivate its resistance. KEY WORDS: Baldomero Lillo, Sub terra, Representation.

Recibido: 10/06/2010

Aceptado: 30/09/2010 el primero, el más fuerte, el más honrado, el menos comprometido de nuestros escritores. CARLOS DROGUETT

En 1954 Nicomedes Guzmán resumía perfectamente el juicio con que se suele valorar la obra de Baldomero Lillo: “hay que apreciar en el contenido de sus cuentos mineros la tragedia nacional, la realidad de una existencia espantosa que él describió a plena conciencia” (24). Actualizando ligeramente los términos, se trataría de la representación deliberada de unos sujetos particulares que, puestos en situación de explotación, apelan también a la totalidad de la comunidad nacional. En ambas formulaciones, la de Guzmán y su reescritura, es fácil reconocer tres tópicos que las humanidades y las ciencias sociales han estado pensando extensamente en los últimos años: el problema de la representación, la literaria de los mineros y la política de Lillo como su portavoz; la cuestión de la subalternidad y sus posibilidades de simbolización, y la discusión sobre la identidad nacional, el modo en que una figura particular apela a todos los miembros de una comunidad imaginada. En contraste con ese juicio –heredado, unánime y por lo mismo abierto a la discusión y la revisión–, las circunstancias concretas en las que Lillo debió desarrollar su escritura han sido relativamente poco investigadas, así como las complejas vetas culturales e ideológicas que articulan sus textos. En el plano de la información biográfica o histórica subsisten vacíos fundamentales: ¿cómo surge Sub terra, su exitoso primer libro de cuentos publicado en 1904?, ¿en qué condiciones corrige Lillo esos cuadros mineros para la reedición de 1917?, ¿con qué irresolubles trabas se encontró al emprender La huelga, el texto que abordaría la condición de los trabajadores del salitre, mencionado en 1909 e inacabado a su muerte en 1923? 2 Del

No ignoramos los datos exteriores sino la trama íntima de estas cuestiones. Con respecto a la primera edición de Sub terra, por ejemplo, es probable que la llegada de Lillo a Santiago, en 1898, haya sido un primer estímulo a la escritura, y ello por el círculo intelectual que rodea a Samuel Antonio, su hermano, y por el interés algo exótico que despierta en la capital el tema sureño de sus relatos; serían, por su factura, cuentos eminentemente santiaguinos y no
2

HUÉRFANOS y MINEROS: NOTAS PARA UNA EVALUACIÓN 95 lado de la discusión y la interpretación: ¿es posible establecer conexiones entre los textos del carbón y el resto de su obra. el rasgo característico de la sociedad obrera en los asentamientos carboníferos durante la segunda mitad del siglo XIX. el comercio o el mundo rural? Son. la de los niños huérfanos y abandonados. . alteraciones que atenúan visiblemente las declaraciones políticas explícitas de su prosa. de un dispositivo que debe ser evaluado en toda su ambigüedad significativa: el texto literario es en una superficie en donde se encuentran dimensiones políticas y psicológicas. el conventillo urbano. o sea. El tercero es intertextual. Esta operación no puede considerarse un mero despojo verbal. pero en ello cabe también la maduración del movimiento obrero. con la imagen suavizada. infantilizada que Lillo entrega de los mineros en tanto sujeto colectivo. todas. e identidades de clase. Implica desplazamientos complejos entre varios estratos discursivos. Se trata. Su objetivo es comprender las luces y las sombras de la representación literaria como mediación cultural. y busca explicitar la concomitancia que existe entre los relatos del carbón y una serie menos estudiada pero igualmente significativa de cuentos. disminuida o. genérico-sexuales y nacionales. por último. en la construcción más general del imaginario nacional del siglo XX? A cien años de distancia. es una transacción en la que se debe prescindir de los atributos que parecen más amenazantes para el grupo hegemónico. lotinos. cuestión nada evidente durante la primera década del siglo XX chileno. su gestor y prologuista. ¿qué evaluación puede hacerse de la estrategia que Lillo utiliza para representar a los mineros del carbón? En este trabajo intentaré abordar esas preguntas por medio de tres problemas disjuntos en apariencia pero estrechamente relacionados desde una perspectiva global. El segundo es de orden filológico. la codificación de sus demandas en un sistema ideológico que no parece estar disponible para Lillo cuando escribía Sub terra. De sus dificultades con La huelga. De la edición de 1917 desconocemos el alcance que tuvo la intervención de Armando Donoso. solo conocemos información indirecta. habría dicho (155)–. como propondré. El primero indaga en la representación literaria y contrapone la violencia. sin embargo. y se refiere a las numerosas variantes que Lillo introduce en la segunda edición de Sub terra. su existencia de cara a las elites en Sub terra. pues la representación de los obreros como niños requiere la existencia de un discurso sobre la infancia. Según José Santos González Vera el propio Lillo habría confesado su ignorancia sobre el ambiente del salitre –“no lo he asimilado como el de las minas del carbón”. además. situada en contextos diversos como el mar. preguntas que apuntan indirectamente a la cuestión más relevante de todas: ¿qué papel le cabe a Sub terra en la construcción de una cierta identidad del sujeto proletario chileno. la prisión. y propondrá que la visibilidad social de los obreros del carbón al interior del estatuto letrado.

Davis. Anidada en la gran denuncia de la explotación laboral. MISERIA DE LA LITERATURA: LA HUERFANÍA COMO ESTRATEGIA EN LOS CUENTOS DEL CARBÓN Vistas con los ojos del siglo XXI. bien puede convertirse en un homenaje. No pretendo juzgar a un autor de las primeras décadas del siglo XX con los valores que son corrientes en la actualidad. en Sub terra hay varias descripciones o apelaciones a los mineros que podrían servir como ejemplos de violencia simbólica. el trabajo en la mina instaura un desarrollo de largo aliento que dignifica a los hombres en tanto los victimiza. lejos del ajuste de cuentas. el cuento que abre Sub terra y que . mostrar las dificultades y negociaciones que. parecen ser humillados nuevamente cuando se los describe. desde el limitado parapeto del presente. Comenta el narrador: Una expresión estúpida. es posible advertir en estos textos fundamentales del pasado. una perspectiva que hoy sería francamente ofensiva para los sujetos que se pretende defender. Es el motivo central de “Los inválidos”. Buena muestra de esta actitud ambigua es el siguiente fragmento de “El grisú” en el que Mr. impotente. es relativamente fácil intentar una desacralización en regla de la figura heroica que hemos construido de Lillo. advierto. un estupor cercano a la idiotez se pintó en sus dilatadas pupilas y sus rodillas flaquearon como si súbitamente se hubiese hundido sobre ellos la sombría bóveda. 1. era tal el temor que les inspiraba la figura irritada e imponente del amo y tal el dominio que su autoridad todopoderosa ejercía en sus pobres espíritus envilecidos por tantos años de servidumbre. Proceso paradójico. no deja de ver en esta curiosa defensa del minero su pintura como un sujeto incapaz. bien entrenado en los meandros de la corrección política. de hecho. El fragmento tiene un marco moral que pone en primer plano la salvaje injusticia que se está cometiendo y. Mas. Pero el ojo contemporáneo. busco. un anacronismo evidente y una arbitrariedad. Reconstruir esa resistencia. no obstante. existe una mirada derogatoria y empequeñecedora de los mineros. el texto está programado para que el lector solidarice sin reservas con el minero y suscriba la moraleja. Este menoscabo es un fenómeno que se advierte a lo largo de toda la serie del carbón. perplejo y sobre todo –pienso en la insistencia de la adjetivación– estúpido o envilecido. Sería. en efecto. Davis con “una montaña en la cual la humanidad y los siglos habían amontonado soberbia. desechos de la producción industrial. el cruel capataz de la mina. niega violentamente un justo aumento a los trabajadores de la Media Hoja. pero que también los degrada al punto de que.96 IGNACIO ÁLVAREZ En lo que sigue. más bien. que compara el cuerpo de Mr. egoísmo y ferocidad” (124). que nadie hizo un ademán ni dejó escapar la menor protesta (113-4). tan bien ilustrada por el juicio de Nicomedes Guzmán. tantas veces citada.

se nos presentan como almas muertas o espíritus serviles y envilecidos. Otra vez la excepción de Juan Fariña confirma la regla. Así. en “El pago”. o por otra causa desconocida. pero la propia singularidad de estos caracteres. el violento nombre que toma la peculiar configuración psicológica que Lillo quiere describir (la frase es de “Caza mayor” 185). responde una vieja que ha sido perdonada por comprar una bolsa de mate en el pueblo y no en el despacho de la Compañía: “Su pecho desbordaba henchido de gratitud por la bondad del patrón y hubiera caído de rodillas a sus plantas si la sorpresa y el temor no la hubiesen paralizado” (192). como “El registro”. enuncia el proceso y adicionalmente instituye los términos del sistema en el cual debe apreciarse esta figuración: Sea por aquel exceso de trabajo cuya abrumadora fatiga hubiera quebrantado la más robusta constitución. en la resignación con que Cabeza de Cobre acepta trabajar en la más peligrosa de las minas –“Fatalista.HUÉRFANOS y MINEROS: NOTAS PARA UNA EVALUACIÓN 97 compara a los mineros con el viejo caballo que abandona el mineral. También lo hace la joven madre del portero José Ramos. Recortados contra el fondo mudo y aterrado de sus compañeros. víctimas de una transformación interminable que los vuelve dignos de piedad al tiempo que objetos de desprecio. su excepcionalidad. pues Pedro María no logra reaccionar ante las exacciones flagrantes de la Compañía. ambos responsables de una destrucción liberadora de la mina en sus respectivos cuentos. que se atreve a apostrofar a la Compañía y al propio dios. “creía que era inútil tratar de sustraerse al destino que cada cual tenía de antemano designado” (142) –. su taciturnidad aumentó de día en día y su musculoso cuerpo fue perdiendo poco a poco aquel aspecto de fuerza y de vigor que contrastaba tan notablemente con la débil contextura de los mineros. esos proscritos del aire y de la luz que llevaban impresa en sus rostros de cera la nostalgia de los campos alumbrados por el sol (“Juan Fariña” 172). deberemos considerar a estos hombres algo menos que hombres –niños crecidos. en la edición de 1917. A esta psicología le corresponde una particular constitución física. entonces. las figuras singulares de Viento Negro y Juan Fariña destacan con brillo propio. el interminable crepúsculo de unos organismos obligados a trabajar más allá de su capacidad en un entorno insalubre. como todos sus camaradas”. parece decir (en la de 1904 lo hacía de verdad) un discurso que denuncia el mecanismo de la explotación al resto de los compañeros. miembros inferiores de un paradigma de fisiologías que contiene . aparece también en “El Chiflón del Diablo”. Incluso en cuentos aparentemente alejados del pique. e incluso –aunque problemáticamente– el viejo de “Los inválidos” que. por ejemplo. además. es un buen argumento para defender que los mineros del carbón. se nos presentan expresiones claras de esta “alma de siervo”. dice el narrador. En términos estrictamente físicos. Es cierto. Es cierto que no todos los personajes corresponden a este prototipo. en cuanto sujeto colectivo. y también en “El pago”. ancianos prematuros–.

el hombre por antonomasia. hay solo el paso hacia atrás de la servidumbre campesina a otra forma de esclavitud laboral” (49. debe leerse teniendo en cuenta el modo en que Fredric Jameson ha interpretado la dialéctica hegeliana del amo y el esclavo: “Dos iguales luchan por el reconocimiento del otro: uno está dispuesto a sacrificar la vida por ese valor supremo. . 4 Un ejemplo prototípico es la recensión que Augusto D’Halmar publica en La lira chilena el 2 de octubre de 1904: “¡Señores políticos que negáis que exista entre nosotros lo social. que sostiene el mundo a costa de su propio dolor7. incluso ‘popular’” (704. invirtiendo sus relaciones jerárquicas tradicionales. Esta ambigua presentación de la miseria ha sido. 5 En las afirmaciones que siguen sería interesante preguntar si su referente es el personaje colectivo de Sub terra o los propios mineros del carbón: “El cauce natural de la existencia conduce fatalmente a la destrucción. arrebañada y dominada. el otro. nota 39). “no podían comprender que aquel ciego prefiriese los trabajos y miserias del minero a la vida libre y sin afanes del mendigo” (“Juan Fariña” 169).98 IGNACIO ÁLVAREZ en primer lugar al campesino. jóvenes artistas. que parece no tener escapatoria posible” (Durán Cerda 110). demoníaco de darse la existencia. en efecto. en donde la víctima ocupa un lugar y una visión privilegiadas6. para estructurar en sus cuentos un mundo que ponga de manifiesto en la realidad social chilena un modo anormal. en los antípodas de toda épica. Jaime Concha y Leonidas Morales. abrevaos en la fuente en que lo hizo su autor. “El término genérico los obreros indica una masa informe. leed los Cuadros mineros. o bien –si es que logro leer correctamente la afirmación de Concha– al heroico materialismo del esclavo. Jaime Concha anota escuetamente: “En Lillo la tierra es vivida como cosa del pasado. cuyos afanes parecen preferibles a los del obrero3. un objeto de difícil manejo para la tradición crítica. y realizaréis obra de poetas y de hombres!” (Thomson 44). en todo caso. la especie original de la cual el minero es versión maltrecha. creo yo. O se paga como ‘viejo inútil’ o se sucumbe como Viento Negro en ‘El Grisú’” (Foresti “Epílogo y prólogo” 88). En su hondo victimismo. me parece. y adhirieron a la indignante denuncia sin cuestionar el reverso ingrato que suponía para los propios obreros4. 6 En 1966 Morales advertía que “Las formas y contenidos cristiano-bíblicos que [Lillo] elabora. La hondura de su gesto. Una 3 Los obreros. Las primeras reseñas suscribieron casi sin reservas el contrato de verosimilitud que el texto les ofrecía. han sugerido integrar la humillación de los mineros de Lillo a una formulación global: a la tradición cristiana en el caso de Morales. sino como cálidos ingredientes de un saber más vivencial y espontáneo. como pérdida y despojo. Ninguna de estas observaciones es categórica ni se refiere en específico a la cuestión del envilecimiento. 7 En su espléndida introducción a la reciente edición de la Obra completa de Lillo. y vosotros. el énfasis es suyo). En otras lecturas es posible adivinar cierto titubeo que avala la validez de la descripción para los textos ficticios sin que necesariamente se nos autorice a extenderla hacia los sujetos reales5. y que incluye también al vagabundo. no le vienen por caminos cultos y eruditos. desde perspectivas muy distintas y en momentos históricos muy diferentes también.

alguien que siente una particular “inclinación a la bebida y a las mujeres” y es. lo cierto es que la versión menoscabada que nos presenta Lillo es solo una de las figuraciones que han representado a los obreros a lo largo del siglo XX. pinta al minero como un sujeto siempre “dispuesto a la diversión en el pueblo después de una agotadora jornada de trabajo”. por su parte: “Es extraño que la figura del trabajador no manifieste resentimiento. atrajo al campesinado circundante y también a un grueso número de marginados. Espinosa. proviene de la historia de la industria del carbón durante el período que nos interesa. traducción mía). desaparece” (281). y Lillo los muestra como “helpless victims of capitalistic exploitation” (“Germinal’s Progeny” 424). los breves conflictos de los ochenta. desde la fundación de la primera Compañía (con Matías Cousiño a la cabeza) hasta la primera gran huelga del siglo XX. de modo que la sociabilidad del carbón estuvo siempre anudada al vagabundaje y la bebida. El más decidor. por lo general. schweykiano–. en donde se discuten los salarios y la jornada laboral. por las arbitrariedades del sistema de fichas y el retraso en el pago (las demoras duran hasta once meses)9. y para evaluarla en su complejidad convendría contrastarla con otros retratos. se entrega para asegurar la continuidad de la vida” (85. por los allanamientos. como escribe Luis Ortega. a mi juicio. el que va aproximadamente de 1852 a 1902. se deja someter y cuando se rebela. en todo caso. 8 “[T]he Chilean miners apparently had never heard of unions and strikes”. Luis Ortega ha mostrado que la ubicación fronteriza de la zona del carbón. las huelgas sucesivas de la segunda mitad de 1870. es decir. con ocho muertos y gran destrucción en Lota. A despecho de su progresiva naturalización. un heroico cobarde en su amor desmedido al cuerpo y al mundo material –un amor brechtiano. “desarraigado y errante. Los conflictos. La imagen que surge de esas lecturas es sorprendente para el que conoce las minas únicamente a través de Sub terra. De allí en adelante asistiremos a una serie ininterrumpida de escaramuzas: el “complot de peones” de 1857. El primer conflicto del que existe registro se remonta ya a 1854. 9 Estos datos provienen de los trabajos de Luis Ortega y Gregorio Corvalán Basterrechea (vid. . El cuadro general. En los numerosos billares. es seguir a Patricia Espinosa y Donald Brown en la constatación del hecho y en la extrañeza8. dice Brown. aunque sean su causa más frecuente. entre el territorio de la república y el mapuche. el alzamiento de 1872. bibliografía). y es la sublevación de los mineros en solidaridad con dos barreteros acusados por desorden público (Ortega 116-17). los descuentos del jornal y el precio del aceite de las lámparas (los barreteros deben comprarlo a la Compañía). doce días de mayo y junio que probablemente impactaron con fuerza en Lillo (Concha 39). los de los años noventa. no solo provienen de las relaciones laborales. si queremos pensarlo con cierta detención. chinganas y galleras de la zona con facilidad se originaban conflictos que luego inflamaban ciudades completas.HUÉRFANOS y MINEROS: NOTAS PARA UNA EVALUACIÓN 99 estrategia razonable.

También es ilustrativo asomarse a otros textos literarios que abordan el mundo del carbón. un “León del Carbón” que apenas esconde al de Tarapacá. en una arruga profunda” (27). hablaban de fiesta. entonces. la turba de sus electores lo aclama. El terno de tela gruesa se le hundía en los hombros. es quizá la primera en dar cuenta de la violencia que. seguramente. por cierto. por último. en lugar de ir con ellos hacia la población obrera. 11 Al llegar a Coronel. de modo que el trabajo en la mina es un acuerdo asimétrico e injusto que. siempre dispuesto a sumarse a una riña” (113). Piensa que Aniceto Sanhueza es uno de los directores del Sindicato y goza de gran estimación en todo el puerto. El protagonista. de Juan Marín. país de rincones en 1947. Un buen ejemplo de negociación ocurre cuando dos amigos de un trabajador recientemente muerto consiguen con el gerente inglés de la mina un empleo para el hijo huérfano: “El inglés tarda muchos segundos en contestar. y se preocupa por tanto de halagarla al tiempo que pacta con la “dorada canalla” de la Compañía11. de manjares que ellos nunca probarían” (40). solidario con sus similares al extremo de arriesgarlo todo. En “El finado Valdés”. iluminadas como las de un transatlántico. Por su parte. burócrata menor inmiscuido en una comisión parlamentaria que debe viajar a Lota. Por eso debieron llamarlo Finado Valdés” (27). impera en la sociedad minera. por extensión. el aborrecido ‘Lagarto’. Tras repartir algunas sonrisas. de los intereses de la compañía10. cuento publicado por Mariano Latorre en Chilenos del mar en 1929 y luego incluido en Chile. de Diego 10 Valdés. la novela Viento Negro (1944). al ver que su ídolo. muestra su verdadero interés: “[Los obreros] sentíanse defraudados. de los diputados y también. Los primeros párrafos del cuento desperdigan algunos rasgos físicos que coinciden con la imagen que nos hemos hecho de nuestro autor: “Los ojos opacos tenían algo de muerto. Persiste la pobreza y cierta ingenuidad de los trabajadores. el minero cruel y ‘bochinchero’. y repara además con mayor claridad que Latorre en el inestable equilibrio que sostiene las relaciones laborales entre obreros y gerentes. un abusivo barretero: “Es el ‘Lagarto’. sin embargo. que siempre va por las calles dando de puntapiés a los chicos e insultando a los hombres del muelle” (36). parece un Baldomero Lillo ironizado. se convierte en el extravagante mediador entre las aspiraciones de los obreros. cuyas ventanas. subía en el barnizado automóvil y se marchaba a las casas de la Administración. figura sufriente pero cómica. de espaldas curvas y muy flaco. “Era alto. No conviene a la gerencia malquistarse . puertas adentro. la perspectiva del narrador ha cambiado sutil pero decidoramente. En 1953.100 IGNACIO ÁLVAREZ resuelto. Lejos de la tranquila sumisión de los protagonistas de Sub terra. está lejos de la condena bíblica que había pintado Lillo12. se publica Carbón. sin embargo. pero el conflicto se articula por completo en los términos que Arturo Alessandri había planteado para la relación entre las clases sociales: Maldonado Silva. 12 En Viento Negro la figura paradigmática de la violencia es el “Lagarto”. reconoce con algo de cinismo las armas que esta “querida chusma” de proletarios puede blandir. durante la segunda mitad del siglo XIX la zona de Arauco vivió un estado de violencia permanente.

primero en su vertiente anarquista y luego socialista. leemos en su introducción. parece claro que el desarrollo progresivo de la organización obrera termina por volver anacrónica la figuración que se propone en Sub terra: el discurso alessandrista y el de la “cuestión social” en principio.HUÉRFANOS y MINEROS: NOTAS PARA UNA EVALUACIÓN 101 Muñoz. ¿de qué con él. el siglo XX verá el florecimiento de sindicatos. Ortega 118. se apretó en una forma orgánica y se levantó. ese largo medio siglo de historia durante el cual hombres. y que puede enunciarse del siguiente modo: en ausencia de un código ideológico compartido por los miembros de la comunidad nacional. de parecida estructura. 14 Vid. Además es amigo del diputado del departamento y tiene mucho partido entre los mineros” (30). el siglo XX será el de su organización sindical (480-3 y 499-506). desorganizada y espontánea. En la historia del movimiento obrero chileno es de sobra conocido que el cambio de siglo constituye una bisagra estratégica: hacia el XIX la resistencia suele ser de tipo preindustrial. Sobre la primera de estas renuncias. y la elaboración conceptual de los movimientos de izquierda después lograrán contener de mejor modo a esos difíciles sujetos que son los hombres del carbón. vid. la de Lillo. la de los sucesores de Lillo. la capa subterránea más profunda” (Droguett 661) de la literatura chilena y que sin embargo decide no heredar el talante dolorido y humillado de sus mineros. mancomunales. una novela que ya ha logrado codificar al mundo minero y a sus protagonistas utilizando las categorías clásicas de los movimientos populares que dominaron el siglo: “Hace muchos años”. Ortiz Letelier 1578). 13 El fenómeno. “la fuerza de aquellas masas. Ambos descalces. contra la crueldad. es cierto. coincide con la politización del movimiento obrero. que se mantenía oculta y desparramada bajo la apariencia del temor y de la sumisión. despejan la naturaleza del dilema cuya solución es esta problemática representación colectiva. que se hizo predominante (vid. Ramírez Necochea juzga la década de 1890 como el momento en que el movimiento obrero alcanza conciencia de clase y tradición de luchas. Nada en este recorrido parece coincidir con Baldomero Lillo y con Sub terra. contra la miseria y el hambre” (18). Tampoco el futuro. piedras y máquinas dieron forma a un modo de vida que sus cuentos escogen representar de modo parcial y selectivo. hay algunas pistas adicionales que vale la pena considerar. Concha 65 y Fraysse “Sub terra et le socialisme” 142. por cierto. por primera vez. Para el caso específico del carbón. pero no explican la clase de intervención ideológica que implica la reducción de la capacidad de acción de los obreros como sujeto colectivo. sin embargo. Lecturas atentas como las de Jaime Concha y Maurice Fraysse identifican la singularidad de Juan Fariña o Viento Negro con este tipo de reacciones instintivas y desesperadas14. ese medio siglo de relatos del carbón que lo consideró “el cimiento. No el pasado. federaciones obreras y finalmente los grandes movimientos de masas13. . En cuanto a la segunda de las renuncias. huelgas y estallidos insurreccionales. las violencias y los abusos.

como veremos. en principio. de la segunda en el tercer apartado de este trabajo. resoplando fatigosamente (91). más parecidos a los tanteos de un recién nacido que a los del anciano. Se ha destacado que en Sub terra quedan retratadas tres edades del hombre: la infancia en el niño Pablo de “La compuerta número 12”. Suspendido en una red de gruesas cuerdas. primordialmente infantil. que expone el carácter hereditario del empleo en el carbón. la juventud en Viento Negro y Cabeza de Cobre de “El grisú” y “El Chiflón del Diablo”. sin embargo. una coyuntura compleja que Lillo resuelve de modo admirable pero pagando. los líquidos y apéndices amnióticos. y luego explicar qué discurso sobre la huerfanía es el que los sostiene y de qué modo está disponible para la transferencia. Lillo derrumba toda oposición a favor de esta infancia monstruosa como única edad del subsuelo. surgió rápida del negro pozo y se detuvo a algunos metros por encima del brocal. algunos costos de importancia no menor. de pronto. con las patas abiertas y tiesas. sus primeros movimientos. Algo parecido ocurre en “La compuerta número 12”. Allí donde el despliegue genealógico establecía. sujeta debajo de la jaula. la simbolización que se nos propone dice que los mineros son como huachitos. el envilecimiento y la miseria del minero del carbón en los cuentos de Lillo pueden decodificarse utilizando como clave la infancia abandonada: los hombres que allí se nos muestran aparecen como si fueran niños huérfanos. un árbol frondoso de diferencias entre adultos y niños15. Además. la vejez en “Los Inválidos” (Foresti “Sub terra” 4571. el cuento que metaforiza la decadencia física de los mineros a través del viejo caballo Diamante. a fin de cuentas– puede representar a un colectivo que ha sido explotado sistemáticamente pero que al mismo tiempo puede ser considerado peligroso? Es un dilema propio de los primeros años del siglo XX. la vejez y la juventud parecen más bien modulaciones de un patrón único. un caballo negro… Los obreros se precipitaron sobre aquella especie de saco. retirado de la mina tras diez años de trabajo: Pasaron algunos instantes y.102 IGNACIO ÁLVAREZ forma la literatura –un objeto de consumo letrado y burgués. Pensemos en este fragmento de “Los inválidos”. al interior de la cultura minera. Quiero proponer que la humillación. Pensarlos de este modo requiere. Releyendo esas encarnaciones a la luz de la discusión anterior. desviándolo de la abertura del pique y. libre en un momento de sus ligaduras se alzó tembloroso sobre sus patas y se quedó inmóvil. balanceábase sobre el abismo. mostrar esa configuración particular en el texto. En 15 Como describe Jorge Rojas Flores: “la familia minera consideraba que el trabajo era parte del mecanismo de preparación para la vida. De la primera de estas cuestiones me ocuparé enseguida. Concha 60). Diamante. una masa obscura chorreando agua. La emergencia de la bestia nos es descrita a través de una mecánica muy cercana a la del parto: el estrecho conducto. su dureza daba certeza de que por .

respirando el aire emponzoñado de la mina crecían raquíticos. Pero aquella lucha tenaz y sin tregua convertía muy pronto en viejos decrépitos a los más jóvenes y vigorosos (99). que lloran por nada y están siempre cogidos de las faldas de las mujeres. logra describir16. sino que en cierta medida se estimulaba la participación laboral de los niños” (“Trabajo infantil” 405). en donde el adulto Pedro María es homologado al niño José Ramos. se comportarán siempre como si fueran sus madres. sin importar su edad o la relación civil que mantengan con ellos. paliduchos. sin embargo. pero había que resignarse. nada menos que un obrero. La misma metamorfosis sucede en “El pago”. más adelante. figura juvenil que eventualmente podría desplegar una cierta hombría asociada al trabajo. Se esa vía los niños se ‘hacían hombres’. se trata de una estrategia retórica que. a mi juicio. en oposición incluso a la propia cultura minera.HUÉRFANOS y MINEROS: NOTAS PARA UNA EVALUACIÓN 103 el pique. débiles. Solo en contadas ocasiones aparecerán las mujeres y. puede incluso adscribirse al género gótico: “The gothic elements of “The Devil’s Pit” are revealed through . un camarada a quien había que tratar como tal” (102)– parece ahora una expresión más bien irónica: ambos. Menos que hombres. huachitos sin padre que los defienda y les enseñe a ser hombres. sino un hombre. a veces niños envejecidos. un valiente. Baldomero Lillo representa a los obreros de un modo desmedrado. Su propio repliegue a la infancia los expone y los vuelve huérfanos. y de haberlo su horizonte es un estado de vulnerabilidad similar al que veremos. vírgenes sufrientes. No solo no había resistencia. los dos conducidos por una mujer (la esposa en un caso. no parece posible el crecimiento –“Los pequeñuelos. en la serie de los niños huérfanos: sus ojos húmedos [del padre] imploraban con tal insistencia… (98). El discurso sobre el hacerse hombre que usa el padre para animar al aterrado niño Pablo –“él no era ya un chicuelo. al centro del problema: a despecho de las violentas formas de convivencia que caracterizan al Golfo de Arauco durante la segunda mitad del siglo XIX. en efecto. los obreros del carbón son apenas niños. como si fueran niños abandonados por los adultos. los viejos mineros cada mañana sentían tiritar sus carnes al contacto de la vena (100). pues para eso habían nacido” (103)–. como los que quedaban allá arriba. se nos muestra inserto en un sistema familiar que lo ubica de modo inamovible como hijo de la virtuosa María de los Ángeles. entonces. el padre y el hijo. El propio Cabeza de Cobre. es decir. niños más o menos crecidos. a diferencia de las narraciones posteriores. la madre en el otro). Consciente o inconsciente. 16 Una estrategia tan retórica que. busca despertar conmiseración y logra esconder el potencial conflictivo que entraña la situación que. en el caso de “El Chiflón del Diablo”. son en verdad niños perdidos en el laberinto de las galerías. Vuelvo. los dos obreros expoliados por la Compañía.

“El pago”. es su hueste Lillo’s treatment of the omnipresent fear of death experienced by Chilean miners and their families. a raíz de la denuncia pública que Luis Sánchez Latorre y Andrés Sabella hicieron en contra de la editorial Andrés Bello. este bruto es la imagen de nuestra vida. “Literatura y trabajo”. “El Chiflón del Diablo”. Advierto. se muestra un sueño de Pedro María18: ¡Camaradas. ¡Son tan pocos. Que además de esas inclusiones existen variantes considerables al interior de los relatos ya publicados solo se hizo evidente en 1979. en el segundo. . nuestra fuerza i poder son tan inmensos que nada bajo el sol resistiría su empuje. Los aventaríamos. de 1917. the virtual impossibility of escape. 2009. En Lillo. algunas puntuales y otras muy significativas. and. the almost otherworldly horror of their living and working conditions. La reciente edición crítica de la Obra completa de Lillo trae las variantes a pie de página. considerando estos dos fragmentos eliminados. sufriendo resignado nuestro destino! I. Santiago: Ediciones Universidad Alberto Hurtado. a la que acusaron equivocadamente de censurar el texto original17. 19 de marzo de 1979: 3. 18 Copio los fragmentos eliminados en 1917 sin mostrar la forma final de los cuentos. “El grisú” y “Juan Fariña”. Baldomero. 2. Los argumentos de Sabella fueron publicados en Sabella. La verdad es que todos los cuentos sufren modificaciones en la segunda edición. de modo que el propio lector puede hacer el cotejo en forma independiente. Ignacio y Hugo Bello Maldonado. además. es algo conocido de antiguo: Leonidas Morales en 1966 y Raúl Silva Castro en 1968 advertían sobre la adición tardía de cuatro cuentos a los ocho originales. como la eliminación de extensos párrafos en “Los inválidos”. 17 Para una breve historia de la suerte editorial de Baldomero Lillo vid. the monstrous greed and resultant inhumanity of the mine owners and their managers” (Bolden). El primero es la alocución del viejo minero en “Los inválidos”. CORREGIR ES REPRIMIR: SUB TERRA EN 1904 y EN 1917 Que la primera edición de Sub terra (1904) difiere de la segunda. sin embargo. Álvarez. en la primer embestida. a mi juicio. pues los segmentos eliminados en cada caso son bastante más extensos. La naturaleza global de esos cambios puede advertirse bien. Si todos los oprimidos con las manos atadas a la espalda marchásemos contra nuestros opresores cuan presto quebrantaríamos el orgullo de los que hoi beben nuestra sangre i chupan hasta la médula de nuestros huesos. Como él callamos. Andrés. El Mercurio de Antofagasta. Obra completa. “Historia del texto y criterios editoriales”. de “El pago”. como un puñado de paja que dispersa el huracán.104 IGNACIO ÁLVAREZ trata de una estrategia compleja que probablemente se comprende mejor al alero de otras evoluciones retóricas utilizadas por Lillo: el trabajo de corrección de sus textos y la entrada en escena de los huachitos en su propia serie de relatos. que se trata de citas parciales.

HUÉRFANOS y MINEROS: NOTAS PARA UNA EVALUACIÓN 105 tan mezquina ante el ejército innumerable de nuestros hermanos que pueblan los talleres. una interpretación global de las circunstancias que enfrenta la fuerza de trabajo. que no tienen ninguna incidencia estilística pero que sí apoyan el impulso inhibitorio19. sintió que una vívida claridad penetraba en su cerebro: aquello era el sudor. I sin asombro vio que el sudor que brotaba de su cuerpo era de color de púrpura i que poco a poco tomaba el tinte i consistencia del estraordinario filón (“El pago” 134. un sueño también “político”. El estrecho espacio del laboreo de Pedro María. nota 54). las campiñas i las entrañas de la tierra! (“Los inválidos” 92. porque el texto está salpicado de numerosas variantes. Los pocos críticos que han comentado el trabajo de edición de Sub terra han llamado la atención sobre esta suerte de inhibición política a posteriori de Lillo. la sangre de los obreros se convierte en el oro de los ricos. en los corredores de la mina i por los que aún poblaban sus infernales pasadizos. ¿Qué es lo que Lillo rechaza. Entonces. en Juan Fariña. 19 . porque la simplicidad y la unidad de acción no son los criterios únicos que Lillo utiliza al corregir sus narraciones: “La mano pegada”. Más adelante. sin embargo. y que el hijo –supuestamente el protagonista de la leyenda– habría sobrevivido apenas: se trata de un “hijo de dieciséis años”. al explicar el origen presunto del ciego. incluido en la edición de Sub terra de Dos ejemplos. destruyen los palacios erigidos sobre su sacrificio. sus antepasados. muy puntuales. notas 104 y 105). nota 64). contado en un estilo cercano al modernismo. Son dos fragmentos que abordan el tema central del libro desde una perspectiva totalizante. sino una masa rojiza. aérea. En segundo lugar. eventuales explicaciones para la violencia de clase. No era carbón. aun en el estado exangüe en que se encuentran. sin embargo. blanda-jelatinosa. En primer término. la sangre i las lágrimas vertidas por las jeneraciones de mineros. en “El Pago”. Es difícil. y ello por dos razones. a fin de cuentas? Un discurso más o menos político que explica la desproporción cuantitativa del mecanismo de la explotación y que diseña una posible reacción de los mineros. nota 13). una “criatura” en 1904 (172-3. aunque siempre en relación con las consideraciones estilísticas que habrían presidido las supresiones. sueño sangriento y cruel que ofrece. simpleza narrativa y verosimilitud determinaría –por otra parte y de modo más o menos independiente– que las páginas de más ferviente denuncia directa quedaran excluidas (Fraysse “Sub terra: du texte a contexte” 97 y Foresti “Sub terra” 4570). es de setenta centímetros en 1904 y de noventa en 1917 (125. y los pobres. a continuación. un “muchacho” en 1917. El apego a los criterios de unidad de acción. se cuenta que su padre murió en una explosión de grisú. pensar esta edición solo en términos literarios. ni otro mineral cualquiera lo que hería la acerada punta de la herramienta. y de un “pequeñuelo”. en párrafos también eliminados.

El conflicto clasista. En ambos casos hay un contenido que se reprime y un trabajo tortuoso y sobredeterminado de representación. Lo más llamativo de las correcciones. La solución. es metonímica: Mr. la intestina y la que se dirige en contra de los explotadores. individuales–. quitar. para quien la complicidad del lector es más probable cuando los contenidos políticos son menos explícitos (104). Lillo parece querer retirar. no es su resultado estético sino su voluntad represiva. De haberlos incluido. podría justificar la reacción violenta de los explotados. El contenido reprimido es. de orden material: en el caso de los mineros. Más bien habría que pensar en una táctica relativamente deliberada. es cierto. no a su dueño) subrogan un poder que Lillo quiere invisible. En el mismo sentido funcionan otras dos exclusiones clamorosas de Sub terra: el Parque de Lota y la familia Cousiño. la dinámica de la explotación y los nombres de quienes la dirigen. incapaz ella de explicar “el por qué de aquellas odiosas desigualdades humanas” (140). egoísmo y ferocidad”). Aquello que queda a la vista son solo los materiales que apelan a una sensibilidad emotiva y sentimental. Luis Bocaz atribuye la mudez de Lillo ante el Parque de Lota a su rechazo estético al modernismo (676). Además de evidenciar la censura. por añadidura. es una amplificación de “El vagabundo” de Sub sole (1907). pero habría convertido al libro en un objeto conflictivo. Los pocos momentos explicativos que quedan en el libro son de orden emotivo o sentimental –subjetivos. tal como ha invisibilizado esas explicaciones globales al editar Sub terra. 20 . la violencia de la sociedad carbonífera. amplificación en términos cuantitativos y también adición de una línea argumental nueva.106 IGNACIO ÁLVAREZ 1917. de 1907 y 1908). la larga serie de anónimos ingenieros. Su explicación. en este caso. logra codificarse de un modo que parece aceptable para quienes ejercen la elemental injusticia que se denuncia. suprimir en los cuadros mineros no un contenido potencialmente conflictivo sino una entera perspectiva superior que explica racionalmente la injusticia y que. este trabajo de edición nos permite comprender mejor la representación de los obreros como huachitos. los dueños de la mina y su escandaloso jardín de oropeles. como especula Dieter Oelker. sobre todo. incluso el perro Napoleón de “Caza mayor” (que pertenece al capataz del fundo. raíz y aliento de toda la obra. a mi juicio. más complejo y en algún sentido más “verdadero”. como la moraleja de “El grisú” (“soberbia. Davis. no se contradice con lo que he tratado de explicar aquí. capataces y empleados de la mina. en todo caso. o las preguntas que una ingenua María de los Ángeles se hace en “El Chiflón del Diablo”. en oposición directa a los intereses de un conjunto muy particular de hombres y mujeres20. la relación entre el padre hacendado y su hijo rebelde (algo análogo ocurre con las dos versiones de “Sobre el abismo”. el mapa político del texto habría sido más amplio. en el de la edición textual.

Parece. la diferencia no es relevante para el análisis que sigue. 1907). arbitraria: los hermanos de “En el conventillo” (1917) podrían caber perfectamente en esta definición. criados por sus abuelos. por los padres. Más que una condición formal de entrada. parecen haber sido abandonados. de su boca sin sonrisas. de sus apagadas pupilas. Los ojos pardos. “Víspera de difuntos” (en Sub sole. y “El angelito” (en Zig Zag. entonces. agrandados por azuladas ojeras. o casi. tienen un mirar medroso. una combinación que casi siempre los llevará a la muerte21. el tormento físico y la abierta explotación que deben soportar los niños en las casas que los acogen. LOS HUACHITOS EN EL MUNDO MATERIAL Al menos cuatro de los casi cincuenta relatos escritos por Lillo pueden adscribirse a la serie de los niños huérfanos: “Era él solo…” (publicado por primera vez en la segunda edición de Sub terra). e incluso Cañuela y Petaca. tímida y dulce. inquieto. 1919). y de su faz infantil. por supuesto. algo especialmente notable en “Era él solo…”. Gabriel. Gabriel es encerrado todos los días con “doble vuelta” (208). incluso. La delimitación es. estos textos están unidos por el sufrimiento. y comparte con ellos una misma bondad primigenia: “Aunque su estatura –tiene doce años– es inferior a la que corresponde a un niño de desarrollo normal. azorado. 22 La semejanza con Sub terra puede llevarse hasta lo espacial. un llamamiento mudo y desesperado de socorro que nadie oye y que no llega nunca (205). parece exhalarse perennemente una callada protesta. incendiado por el mismo afán autodestructivo que consume a Juan Fariña y a Viento Negro. En “El angelito” el usufructo económico y el tormento físico son póstumos. posee la misma constitución psicológica del obrero. 3. la de los raquíticos y débiles que no pueden crecer adecuadamente en sus ambientes envenenados. como veremos a continuación. “Carlitos” (en la revista Pacífico Magazine de Alberto Edwards Vives. y lo despliega con un sorpresivo suicidio –inexplicable en un niño– al que llega por “un impulso ciego e inconsciente” (210)22. Es imposible ignorar el parecido entre estos niños y los mineros el carbón. Pertenece también a la misma familia física. esa debilidad fundamental que es a un tiempo su miseria y su posibilidad de existencia en el texto: … hay algo que choca en este semblante de expresión tan suave. gracias al desarrollo de un discurso burgués sobre la infancia en los primeros años del siglo.HUÉRFANOS y MINEROS: NOTAS PARA UNA EVALUACIÓN 107 El reemplazo de la lectura política del conflicto por una versión subjetiva o sentimental solo será posible. el conjunto de su cuerpo es armonioso y todo él predispone desde el primer instante en su favor” (205). la anónima niña de “Víspera de difuntos” muere por21 . 1920). su protagonista.

lo interpreta en términos más directamente contextuales de lo que propongo más adelante: “El vínculo de gratitud tiene un componente social e ideológico. en donde se respalda la tesis de Vicuña. diligente” son los adjetivos que describen los atributos positivos de la huérfana en “Víspera de difuntos” (283). pues hasta fines de la república parlamentaria circulan en un amplio mercado laboral que los engancha como servidores domésticos o aprendices de oficios. . Como ocurre con los cuentos del carbón. el niño muerto de “El angelito”. es que solo durante los primeros años del siglo XX aparece en Chile la voluntad por entender la infancia como un estadio individualizable del ciclo vital. 23 Jaime Concha es quien notó por primera vez este aspecto de la serie. aunque invertida. voluntad que se limita por cierto a las familias de la elite –a sus hijos– y que está centrada en su vulnerabilidad (Vicuña 163)24. En Lillo no hay tal. en estos cuatro cuentos la economía rigurosa que rige su existencia de recogidos es dispuesta en un primerísimo plano. que debían ser paralelos cuando no armónicos. El canal económico y el canal afectivo. los abandonados. Una primera y sorpresiva constatación. ya discutido por Jaime Concha (45). el beneficio que obtiene el padre por celebrar el velorio de su hijo en un despacho de licores. y en “El angelito”. Es casi una radiografía emocional de la sociedad chilena” (48. Sor Bernarda. Son otras tantas encarnaciones del espacio homeomórfico de la mina. en una intemperie tormentosa que se parece mucho al confinamiento de las minas. sufre un velorio infamante en el encierro de una tienda de licores. según he tratado de explicar en otra ocasión. se cruzan y hacen cortocircuito. su consideración social como niños solo terminará de cristalizar en la década del veinte. en suma. En los otros cuentos la vinculación económica es más intrincada pero sigue siendo elocuente: en “Carlitos”. superiora de las Hermanas de la que su madrastra la deja fuera de casa. De ahí la desgracia. y las quejas contra Gabriel por parte de su ama señora pertenecen nítidamente al orden laboral: “rompía la vajilla. En la serie de los huérfanos. salaba la sopa. el pago mensual que recibe Jacinta por servir de nodriza. presentada por Manuel Vicuña en La belle époque chilena. también Rojas Flores. “Los niños y su historia” 10. ahumaba la leche” (“Era él solo…” 204)23. 24 Vid. A diferencia de Sub terra.108 IGNACIO ÁLVAREZ Lo que distingue radicalmente a estos niños de sus hermanos mayores es el tratamiento que Lillo hace de su condición servil. “Hacendosa. Hay una lisa economía. un escandaloso contrato tácito que solo impone obligaciones al huérfano: el trabajo del hogar en condiciones esclavas y una denigrante gratitud obligada hacia quienes se dicen padres pero no son más que patrones. nota 38). por último. se despliega perspectiva que busca intencionadamente exponer los rasgos transaccionales de esta relación. Con respecto a los otros. también es revelador asomarse a los discursos sociales que enmarcan esta serie. El contrato consiste en que las madres que se encargan del huérfano o la huérfana lo hacen en términos de retribución por el afecto que dan o que deben dar. el sufrimiento del huérfano y el amor virtual que degenera en odio.

y describía la demanda del siguiente modo: “Gran número de personas afirmaban que el objeto de la Casa de la Providencia era formar sirvientes para la clase acomodada de la sociedad y no de cualquier manera. algo que en principio está disponible únicamente para los hijos de la elite y que Lillo logra ensanchar de modo que cubra también a los huachitos populares. Ser niño “huacho” en la historia de Chile. solo deviene explotación efectiva cuando se reconoce en su víctima a un niño. y pinta un mundo abierto en donde logran oponerse a sus patrones y escapar de su égida. es una práctica perfectamente corriente y aceptada en la lógica cultural de la sociedad chilena decimonónica (99): se da por descontada y no suscita comentarios (84). en el agente modernizador de una sociedad25. el célebre ensayo de Gabriel Salazar. Como en el caso de los obreros del carbón. La circulación de niños. but establishes him as the agent of a providential spirit working through history” (Auerbach 409). pues los textos cercenan el potencial violento de los huachos. debe subrayarse que esta figuración implica costos. No debiera sorprendernos que los niños abandonados deban trabajar. e incluso convertirse en el portador del espíritu de la historia. en efecto. His social rise no longer ‘makes’ him. El contrato que tan descarnadamente se detalla en estos relatos.HUÉRFANOS y MINEROS: NOTAS PARA UNA EVALUACIÓN 109 Providencia y directora de la Casa de Huérfanos. Nuevamente hay aquí descalces históricos y literarios que permiten evaluar con cierta complejidad la intervención de Lillo. 25 . es decir. una defensora de la infancia tal como lo entenderíamos hoy. in his turbulent passage through a household. Nina Auerbach enuncia la alternativa literaria: esos niños representan la posibilidad imaginaria de abrirse paso en el mismo tejido social que hunde a los héroes de Lillo. su camaradería impetuosa y su posibilidad subversiva para hacerlos caber en el molde de la inocencia robada que trata de describir. he carries with him history’s mysterious sources. sino robustos” (citado en Vargas Catalán 383). “… the strange cunning power of the orphan is yoked to forces of social evolution. Pero Sor Bernarda no es. pues reivindica la actividad resistente y los vínculos horizontales de esa turbulenta infancia como “el origen histórico de la conciencia proletaria en Chile” (47). señala Nara Milanich. es un aspecto después de todo normal para los lectores de estos cuentos. necesariamente. como seres desvalidos que conforman un grupo de edad reconocible. el de Dickens y Jane Eyre. brought with him from another world. señalaba en 1885 que ese mercado debía ser atendido obligadamente. presenta una alternativa histórica a los niños muertos. Lo extraordinario es su pintura como niños. Al describir el exitoso huérfano de las novelas europeas del siglo XIX. Estas reservas son especialmente interesantes porque se conectan con dos miradas sobre la huerfanía muy distintas pero al mismo tiempo muy relacionadas con la que presenta Lillo. as it did in the eighteenth century.

es perfectamente posible codificar un proceso que. a mi juicio. primordialmente. trasladar los atributos de la infancia burguesa a unos individuos antes vistos solo como los menores en un grupo por lo demás homogéneo. La negociación de Lillo es impecable: estas mujeres. debe ser reprimido. por cierto. debe instalarse la complejidad a la que aludo. las revistas ilustradas de comienzos del siglo XX (especialmente Zig Zag. el de una voluntad orientada decididamente a la promoción de las masas postergadas. si se trata de obreros. En estas revistas. La primera de sus operaciones. la suave demanda clasista de los cuentos de huachitos convive con tendencias culturales que tensionan al propio seno de la oligarquía. El conjunto dibuja una compleja operación en la que. un papel que Luis Bocaz ha caracterizado con dos rasgos cardinales: “ruptura con la función reproductora de las relaciones de poder y disponibilidad para una alianza con los sectores sociales que plantean cambios reformistas o revolucionarios en la sociedad” (688). un pérdida de perspectiva en cuanto al origen de la explotación. que publicó diecinueve cuentos suyos entre 1906 y 1920). madrastras o tías que exigen los beneficios del trabajo del menor. 4. y que la alianza con los sectores postergados puede llegar a ser muy costosa para los propios postergados. Mostrar a los huachitos como niños es. se revelan las audacias y también las renuncias de Lillo como mediador cultural en el comienzo del siglo XX chileno. que deben instruirse para ser mejores esposas y madres . el vigoroso trabajo represivo en el texto de la segunda edición en Sub terra y la representación de los huérfanos de las clases populares como si fueran niños de la elite. si pudiéramos llamarlo así. la menos estridente.110 IGNACIO ÁLVAREZ Sorprende también que la perspectiva infantil adoptada por Lillo en estos relatos no signifique. es un movimiento específico en el eje de las clase sociales. pero está hábilmente urdida al interior de la principal red de circulación de sus relatos. Lillo demuestra que la actividad contrahegemónica debe hacerse teniendo muy en cuenta a quienes detentan el poder. En ese marco fundamental. el de los trabajadores. OPERACIONES CULTURALES En los apartados anteriores he intentado mostrar tres fuentes de extrañamiento en la narrativa de Baldomero Lillo: la pintura de los mineros como huachitos. de modo que el mecanismo extractivo. Se trata de una operación audaz. La sensibilidad de este narrador conmovido no se convierte nunca en un obstáculo que impida distinguir el origen material de la injusticia: en todos los casos hay padres. cuyo público es básicamente el de las damas de nuestra belle époque. se muestra en toda su extensión. Hablando de niños. sin jardines o Cousiños eludidos. especialmente la demanda por instrucción femenina. en consecuencia. una cuestión que en los años que nos interesan no logra expresarse como aspiración emancipatoria sino anudada al molde mariano y conservador que había dado forma a las identidades sexuales hasta entonces (Vicuña 153). como sí ocurre en Sub terra.

En las ciudades y en los campos. a mi juicio. pues. como se promete a través de esas páginas. su soberanía” (264). una actividad esencialmente burguesa en el cambio de siglo que. El escasísimo ejercicio que de estos conocimientos hace esta parte del pueblo. no es sino un medio de comunicación. va abriéndose paso en los sectores medios. Su resultado es claramente exitoso.8% de los chilenos podía leer. Aceptan incluso que se muestre el proceso material de su explotación. Lillo logra trasladar una dignidad que pertenece a las elites hacia los hijos de las clases subalternas. en un plazo más largo.HUÉRFANOS y MINEROS: NOTAS PARA UNA EVALUACIÓN 111 (no para buscar su independencia). su inclusión permanente en los planes y programas de la educación escolar hasta 26 Según los datos del Instituto Nacional de Estadísticas. su voluntad. La última operación. un diálogo en el que faltan los principales interesados. . una costumbre bárbara pero privada. sin embargo. y la censura de la violencia potencial que engendra el conflicto de clases. es la representación de los obreros como niños huérfanos. en 1907 el 40% (3). No se ha enfatizado suficientemente. Luis Emilio Recabarren es muy crítico de esa alfabetización: “Para esta última clase de la sociedad el saber leer y escribir. obreros o niños. o simplemente firmar. el costo que deben pagar los sujetos para acceder. el escamoteo de los responsables últimos de las injusticias en el mundo del carbón y la amputación de la violencia y el ímpetu resistente en mineros y huachos. mesócrata uno y burgueses los otros. el saber escribir. Lillo optará por la representación. La segunda operación es un repliegue. y anuda la censura propiamente política de Sub terra en su segunda edición. sin embargo. el hecho esencial de que los sujetos representados en sus cuentos. ha sido para los hombres un nuevo medio de corrupción. por la esperanza. autor mediante. la condensación de la huerfanía y el estatuto obrero. Suma el largo desplazamiento discursivo desde los nuevos niños de la elite hacia los mineros de Arauco. por así decirlo. la clase gobernante les ha degradado cívicamente enseñándoles a vender su conciencia. subrogados por el escritor del modo imperfecto que he tratado de describir. de una justicia improbable. un constructo complejo que puede describirse en términos freudianos. débil y difusa. prohijarán sin problemas a las pequeñas víctimas de sus cuentos. su calurosa recepción crítica y. Entre el silencio y la mostración defectuosa. que no le ha producido ningún bienestar social. como lo demuestra el rápido agotamiento de la primera edición de Sub terra. a la superficie de la literatura. la más interesante y problemática. son casi siempre analfabetos y por tanto incapaces de impugnar el modo en que se los muestra26. le coloca en tal condición que casi es igual si nada supiese. Se trata esencialmente de una comunicación entre letrados. Materia de sutil contrabando. por el retrato. las tasas de alfabetización en el cambio de siglo son todavía muy bajas: en 1895 el 31. Es. ejemplo de un error que será erradicado cuando esas madrastras reciban una adecuada educación.

propone abordar la explotación obrera no como una cuestión de orden económico sino por medio de lo que. valiente y osado. .un personaje transclase. “El huaso. Bocaz 684-9. además. vale la pena detenerse en el siguiente pasaje de “Víspera de difuntos”. dilapidador. y el huaso mantiene la paz interclasista al interior del territorio nacional28. En tanto emblema de la identidad nacional. incide directamente en los modos en que se construye el imaginario nacional. creyente y derechista (22). anárquico. a la vez generoso. con ribetes de picardía y tristeza. ahorrativo. prudente.112 IGNACIO ÁLVAREZ nuestros días27. a mi juicio. en la realidad como en la ficción. aventurero. se incluye un dossier con nueve reseñas de 1904. sin una rebelión. que muestra a una madrastra malvada codificando el origen de su agresión hacia la huerfanía: Parecíame ver en su solicitud. es –a diferencia del roto. sin una protesta. en su humildad. así como las mesas pulcras y los pisos limpios son los parques de Lota que faltan en los cuentos del carbón. Como un sistema de vasos comunicantes que desborda los contenidos reprimidos de una serie hacia la otra. Mariano Latorre había resumido esa polaridad en la introducción a Chile. 28 Una interpretación no muy alejada de la siguiente descripción: “El roto … fue mitificado como estereotipo vinculado a la Guerra del Pacífico: sufrido e inconstante. y al huaso como enraizado. nos dan una clave precisa con respecto a la función política de los obreros como emblema nacional. representa también una solución pactada por medio del acuerdo y la reconciliación. un reproche mudo. de intercambio de visiones de mundo y de valores” (Subercaseaux 137). conservador. gran soldado. país de rincones. Vistas así las cosas. sus pasos callados. no puede sino significar los riesgos del conflicto clasista. antojábanseme otros tantos ultrajes que me encendían de ira hasta la locura (285). ateo e izquierdista. desprendido y pendenciero” (Subercaseaux 135-6). el de la Guerra del Pacífico. y su silencio. objeto de conmiseración y no de odio por parte de las elites. en las Obras completas editadas por Silva Castro. Bernardo Subercaseaux ha podido leer su valencia en tanto cristalización de la mirada hegemónica sobre lo popular: el roto dirige correctamente su violencia hacia el enemigo externo. pese al desarreglo evidente de los 27 Para una descripción y análisis de la recepción de Sub terra vid. describiendo al roto como desarraigado. Lillo. y ello en dos dimensiones: el obrero del carbón se convierte en emblema nacional y en paradigma de la masculinidad chilena. una perpetua censura. un canal no de confrontación sino de hibridaje social. Los patrones de esos niños son los Cousiño y su entera clase. ¿Qué función cumple nuestro obrero huachito del carbón? Objeto de una explotación elementalmente injusta. Lillo. el minero se opone simétricamente a los otros dos estereotipos de comienzos de siglo. los niños huérfanos. a la larga. sus ayes contenidos. el roto y el huaso. su resignación para recibir los golpes. además. en su sumisión.

puesto que no lo son en realidad.HUÉRFANOS y MINEROS: NOTAS PARA UNA EVALUACIÓN 113 términos. Solo de este modo es posible advertir la atroz paradoja que se da en las tierras del carbón. surgen como ademanes reiterados en el devenir del territorio” (Montecino 59-60). podemos llamar una racionalidad emotiva. 267). del niño huacho arrojado a una estructura que privilegia la filiación legítima de la descendencia. que es maternidad social a fin de cuentas (Vicuña 168. El modo en que infantiliza al obrero. Los costos de esta operación. deben devenir para Lillo madres y huachos: la oligarquía maternizándose y los explotados infantilizándose. José Santos González Vera. por último. y nos recuerda que el subalterno. no puede hablar. No sugiero siquiera que Lillo sea una fuente para Montecino. como siempre y como se sabe. para quienes la codificación proletaria sí estará disponible en una época mejor dispuesta al conflicto. en donde todo lo que Lillo recorta y ajusta coyunturalmente termina aquí convertido en naturaleza: el obligado devenir madre y huacho se vuelve en Montecino síntesis de una identidad estable y duradera para Chile29. Pienso en el influyente Madres y huachos. La lectura de Baldomero Lillo es una experiencia pedagógica. entonces. Nuevamente las damas de la elite y las revistas ilustradas son el origen remoto de esta simbolización. Amorosamente. del hijo procreado en la fugacidad de las relaciones entre indígenas o mestizas con hombres europeos. un camino seguro para el acuerdo. construirá su edificio: Manuel Rojas. posibilita la paternidad social de las elites hacia los obreros. de Octavio Paz. la estrategia política de los cuentos de Lillo. La visibilidad que otorga a los obreros del carbón es la viga maestra sobre la cual una entera literatura. de la madre como fuente del origen social. una solución brillante y tal vez la única culturalmente viable en el contexto letrado del cambio de siglo. Como la madrastra del fragmento. Rojo 136-40). como un intento de “metafísica o psicología social” (vid. será rápidamente desechada por sus sucesores. Oligarquía y clase obrera. sino que la infantilización y la maternización son siempre estratégicas o bien coyunturales. la oligarquía deberá hacer consciente su evidente irracionalidad emotiva y cambiar el odio de clase por un recto amor de madre. la chilena del siglo XX. Puestos a evaluar. pues la maternidad privada que propugnan tiene también un correlato público e indirecto en la beneficencia. perviven muy duraderamente en otros circuitos culturales. la ilegitimidad y la presencia de lo maternal femenino componen una trama de hondas huellas en el imaginario social. Nicomedes Guzmán y Carlos Droguett reconocen a cada instante su deuda con el autor de Sub terra. Los perfiles de la mujer sola. A su ensayo. sin embargo. de Sonia Montecino. en cambio. 29 . no a través de la violencia es que debe resolverse el dilema social. me parece. Tienen que serlo. Este acercamiento. o no completamente. el odio de los explotadores hacia unos seres que no hacen sino cumplir humildemente con su deber. El desafío de la En sus propias palabras: “Las circunstancias experimentadas por nuestros pueblos condujeron a una gama de situaciones que se sintetizan en la formación de una identidad en donde el abandono. además. se le ajusta muy bien la crítica que Grínor Rojo hace a El laberinto de la soledad. ninguna solución es sencilla.

17 de noviembre de 2009. 137-62. “Lillo y los condenados de la tierra”. “‘Los inválidos’ y ‘La compuerta Nº 12’. “Baldomero Lillo”. Bocaz. 3 (septiembre 1968): 424-32. Espinosa Hernández. Epílogo y prólogo de la vida minera”. 1992. 1995. Julio. Corvalán Basterrechea. Obra completa. identidad y cultura chilena (1900-1930). 663-96. Marcela y Juan G. Fidel. 125-50. Gregorio. Diccionario Enclopédico de las Letras de América Latina. . González Vera. http://tell. En Sepúlveda Llanos. “Modo de vida de los mineros del carbón. 42. Maurice. Obra completa. Foresti Serrano.11 (mayo-agosto de 1967): 87-94. 4568-72. Arte. Maurice. Donald F. 2008. En Lillo. Brown.. Eds. siglos XIX y XX. Golfo de Arauco”. Fraysse. “Germinal’s Progeny: Changing Views of the Strike among Latin American Literary Descendents of Zola” Hispania. Fraysse. “Sub-terra”. En Orellana Muermann. Luis. BIBLIOGRAFÍA Auerbach. 15-67.purdue. Chile.).fll. “Gothic Elements in Baldomero Lillo’s ‘El chiflón del diablo’”. 2006. Santiago: Pontificia Universidad Católica de Chile. En Romance Languages Annual 8 (1997).114 IGNACIO ÁLVAREZ academia y del estatuto letrado. Baldomero.). Baldomero. Bolden. Caracas: Biblioteca Ayacucho – Monte Ávila. 2008. “Sub terra: du texte au contexte”. 1967. Mundo minero. “La visualización del otro en Sub terra de Baldomero Lillo”. hoy como ayer. Ignacio Álvarez y Hugo Bello Maldonado (eds. “Sub terra de Baldomero Lillo y la gestación de una conciencia alternativa”.Millicent. English Literary History Vol. Ignacio Álvarez y Hugo Bello Maldonado (eds. En su Algunos. “Sub terra et le ‘socialisme’ de Baldomero Lillo”. 273-285. No. Concha. “Un comentario estilístico sobre ‘El chiflón del diablo’”. Durán Cerda. Ignacio Álvarez y Hugo Bello Maldonado (eds. Caravelle 45 (1985): 93-100. Nº3 (otoño de 1975): 395-419. 2008. Baldomero. Vol. 51. Santiago: Universidad de Santiago de Chile.). Patricia. Nelson Osorio et al. Nina. Foresti S. 643-61.htm. Carlos. Obra completa. no puede ser subrogarlo sino recordar con porfiada obstinación el tamaño de su ausencia. Carlos.edu/RLA-Archive/1996/ Spanish-html/Bolden. “Baldomero Lillo o el hombre devorado”. Muñoz Correa (eds. Jaime. Millicent. José Santos. “Incarnations of the Orphan”. Santiago: Ediciones Universidad Alberto Hurtado. Atenea 386 (1917): 108-36.). Aurora 8. Droguett. Santiago: Nascimento. Santiago: Ediciones Universidad Alberto Hurtado. En Lillo. Carlos. Caravelle 27 (1976): 135-45. En Lillo. Santiago: Ediciones Universidad Alberto Hurtado.

Rojas Flores. 261-85. Fredric. Latorre. “La alfabetización en Chile de censo en censo”. Viento Negro. 1985. Historia 32 (1999): 367-441. En Gazmuri. Baldomero. 2001. Jorge. Sub Terra: variantes”. Chile. “Ricos y pobres a través de un siglo de vida republicana”. Volumen 1. país de rincones. Oelker. Hernán. Historia del movimiento obrero en Chile. Madres y huachos. Mundo minero. Morales. Ortega. Nara. Carbón. 2001. 2001. “Seis cuentos de Baldomero Lillo”. 1986): 65-88. los ensayistas de la crisis. Alegorías del mestizaje chileno. Santiago: Editorial Universitaria. En sus Obras escogidas. Diego. Ed. Santiago: Lom. Baldomero. Lillo. Luis Emilio. 2008. 27-61. Obra completa. 101-24. En su Chile. Rojas Flores. Dieter.). Sonia. Latorre. Santiago: Lom. Santiago: Sudamericana. 2008.pensamientocritico.HUÉRFANOS y MINEROS: NOTAS PARA UNA EVALUACIÓN 115 Instituto Nacional de Estadísticas. 1944. Julio Pinto. Pensamiento crítico 1 (2001). 2007.). http://www. siglos XIX y XX. Muñoz Correa (eds. En su Las armas de las letras. Jorge. Revista de historia social y de las mentalidades 5 (invierno 2001): 79-100. Ramírez Necochea. “Trabajo infantil en la minería: apuntes históricos”. El movimiento obrero en Chile (1891-1919). Luis. 1992. 1953.). Grínor. Ortiz Letelier. Santiago: LOM. “Los niños y su historia: un acercamiento conceptual y teórico desde la historiografía”. 117-45. 1966. “Third-World Literature in the Era of Multinational Capitalism”. 20 de febrero de 2010. 2008. El Chile del Centenario. 21-4. 2001. Muñoz. Enfoque estadístico (8 de septiembre de 2006): 3. 2005. “El mundo del carbón en el siglo XIX”. Santiago: Instituto de Historia de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Leonidas. Santiago: Universidad de Santiago de Chile. Cristián (ed.cl/ attachments/073_j-rojas-num-1. Santiago: Ediciones Universidad Alberto Hurtado. “Los hijos de la Providencia: el abandono como circulación en el Chile decimonónico”. Ignacio Álvarez y Hugo Bello Maldonado (eds. país de rincones. Jameson. Recabarren. “El finado Valdés”. En Orellana Muermann. Antecedentes – Siglo XIX. país de rincones”. En su Chile. Santiago: Editorial Universitaria. 697-746. . Mariano. Social Text 15 (Autumn. Juan.). Mariano. Montecino. Marcela y Juan G. Acta Literaria 13 (1988): 93-108. Obra completa. Santiago: Zig-Zag.pdf. 1960. Fernando. Marín. Santiago: Ediciones Universidad Alberto Hurtado. “Baldomero Lillo. En Lillo. Rojo. “Chile. Santiago: Empresa Editora Austral. “Contra El laberinto de la soledad”. Ignacio Álvarez y Hugo Bello Maldonado (eds. Milanich.

“Sub terra”. 1904. Historia de las ideas y de la cultura en Chile. 1968. 2002.116 IGNACIO ÁLVAREZ Salazar. Santiago: Sudamericana. Santiago: Nascimento. Ser niño “huacho” en la historia de Chile (siglo XIX). Nelson A. Tomo IV. Vargas Catalán. . Raúl Silva Castro (ed. 1990. 2007. Baldomero. Santiago: Universitaria.). Santiago: Universitaria. 2001. 39-45. Obras completas. En Lillo. Historia de la pediatría chilena. Gabriel. Nacionalismo y cultura. Manuel. Vicuña. Subercaseaux. Santiago: Lom. 2006. Augusto. La belle époque chilena. Bernardo. Thomson. Crónica de una alegría.