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de los pequeños burgueses

BERTOLT BRECHT
ADAPTACIÓN: Migue Cabrera / Rodrigo N. Villalba Rojas

OBRA EN UN ACTO PERSONAJES: - El padre. - La novia, María. - Su hermana, Ina. - El novio. - Su amiga. - La señora Emmi. - Su tía. - El joven, Alejo Lozano. - El paisano.

(Es de noche. El farol rojo está encendido. Los invitados de la boda están sentados a la mesa, comiendo. Murmullo de aprobación). EL PADRE. – (Señalando a un plato). Este manjar me recuerda una anécdota. LA NOVIA. – ¡Come, papá! Se enfría el plato y siempre quedas comiendo último. EL PADRE. – ¡Primero la anécdota! Tu difunto tío, ¡que Dios lo tenga en la gloria a tu difunto tío…!, también recuerdo que el día de mi confirmación –pero ésa es otra anécdota–, bueno… pues resulta que un día estábamos comiendo pescado, y de repente se atraganta y empieza a mover brazos y piernas como si remara. Como si remara, y a ponerse azul como una carpa, a todo esto tira un vaso, nosotros nos asustamos muchísimo, le damos golpes en la espalda, lo sacudimos, y él…, como si nada te digo él vomita por toda la mesa. La comida no se podía ya comer, se echó a perder el menú, ¡y nosotros nos alegramos muchísimo, se imaginan, aquello siempre fue incomible! (Risas, el campesino sobresale riendo muy vulgarmente). EL NOVIO. – ¡Muy bueno! EL JOVEN. – ¡Es genial! ¡Tiene una impresionante forma de contar! LA HERMANA. – (Con malestar) Ya no quiero pescado.

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EL NOVIO.- No te esfuerces, las cotorras no comen pescado. Hay una ensalada de arvejas por allá. EL PAISANO. – ¡Saé, qué güena stá esa lámpara, taaaa güenísima! (A la Novia) ¿Saé qué? ¡Taaa güena esa lú! ¿Dónde é que comprate la lámpara eh m’hija?.... ¡Ahhhh! ¡Saé lo que é, si tengo en mi pieza lo que va sé, ah? (Ríe vulgarmente). LA SEÑORA. – (En voz baja) ¡Por Dios que hombre más ordinario! (Al paisano) ¿óigame, no se puede usted reír de otra forma? EL PAISANO. – ¡Siiiií puéeeee…! (Se ríe de un modo diferente y más ordinario. Todos reaccionan con asombro). LA AMIGA. – (Al novio). ¡Salud, amigo! EL NOVIO. – ¡Salud a todos! (Chocan los vasos). LA SEÑORA.– ¿Es verdad que ustedes hicieron todos los muebles, incluso el armario? LA NOVIA. – Todos, todos. Mi marido los diseñó, dibujó, compró la madera, todo, y luego los encoló, o sea todo, y, o sea, tienen muy buen aspecto ¿no? Mi marido los hizo a todos ¿no? Vean. LA AMIGA. – Se nota que los hizo él, tienen un aspecto estupendo. ¡No sé de dónde has sacado tiempo! Y te quedaron súper profesionales. EL NOVIO. – Todo es paciencia y esmero. Por la noche, al mediodía, a veces al mediodía, pero casi siempre por la mañana. Días enteros serruchando y martillando sin cesar, es la música del trabajo. LA NOVIA. – No se imaginan, o sea, él se estudió todos los libros, y si quiere ya puede ser arquitecto. Se levantaba todos los días a las cinco, o sea sin descanso. ¡Y cómo trabajaba! EL PADRE. – Es que es un montón de trabajo. Te imaginas si yo voy a andar haciendo eso, por favor. Yo les decía siempre espérenme un poco, paciencia, yo les voy a regalar los muebles, todo lo que necesiten. Pero no, él no quiso, el señor no quiso, me dice sabe qué suegro, estas manos fuertes se hicieron para levantar el nido de amor. Yo le dije sí, vas a ver, lo mismo pasó con Juan Antolínez. ¿Saben una cosa? Ése tenía… LA NOVIA.- (Interrumpe) Claro que sí, mi hombre lo hizo, él quiso hacerlo todo. Miren, luego van a ver lo que son los otros muebles, ¡un lujo, o sea no se imaginan…! LA SEÑORA. – ¡Con tal que aguanten! LA NOVIA.– ¡Claro que aguantarán, más que usted aguantarán, y que todos nosotros! ¡Se sabe de qué material están hechos! ¡Yo sé bien de qué material están hechos! ¡Hay amor en esta obra maestra! ¡Mi marido lo hizo!, ¿entienden? No es cualquier cosa, nada de eso, ¡hasta el pegamento lo hizo él mismo!

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EL NOVIO. – (Gallardo) No me quedaba otra opción, por supuesto… ¡De la porquería que se compra en el mercado no se puede uno fiar! LA TIA. – Es una idea estupenda. Fabrica todo uno mismo y así se encariña más con las cosas. Y las cuida más…

EL PAISANO. – (Al novio) ¡Mira pue, vites el mejor pegamento que pué habé en mundo si se quiere! ¡Yo te digo cómo! Mira agarra harina, yuyo seco, barro y el caballo ¿vites?, la bosta del caballo agarra, y le mezcla todo y sale un semejante pegamento que no te digo cómo! (Ríe del mismo modo que antes). LA SEÑORA. – (Con fastidio) Sí, claro, (Al padre) ¿Y vas a contar lo del Juan Antolínez? EL PADRE.- Pero sí, la anécdota es muy divertida, escuchen… LA NOVIA.- ¡La verdad es que nunca encuentro divertidas tus anécdotas! LA HERMANA.- ¡No seas maleducada, María! EL NOVIO.- ¡A mí me parece que papi cuenta las cosas muy bien! LA AMIGA.- ¡Magníficamente! ¡Sobre todo, si entendiste el chiste! LA NOVIA.- ¡Es que nunca termina de contar! Podemos estar toda la noche… EL PADRE. – Podría resumir un poco pero se pierde la gracia. EL NOVIO.- Papi, ¿te sirvo el postre? EL PADRE. – Todavía ¡Poco a poco! Juan Antolínez solía decir, por ejemplo; que… LA NOVIA.- (Saboreando) La crema está buenísima. ¡Lleva también tres huevos! LA SEÑORA.- ¡Riquísimo, sobre todo los huevos! EL PAISANO. – (Soltando una risita de las suyas y atragantándose) . ¡Güevo, jejejé, eso es, jejejé, muy bueno tán!… ¡Lo güevo son muuuuy bueno, eselente son; si no, jejejé, no sale bien, jejejé, hay que hacé dieta también eh, pero eselente eh… jejejé! (Como nadie se ríe, se detiene un poco abruptamente y come deprisa). LA HERMANA.- Bueno, ¡los huevos son buenos porque son saludables! EL PAISANO. – (Empezando otra vez). ¡Eeeeso é, muy bueno, la salú é lo que é esencial, eso lo importante! ¡Y eselente lo güevo entonce! ¡No puedo hablá mal de lo güevo pué…! EL PADRE. – Sí, huevos. Tu madre, que en paz descanse, me dio una vez un huevo para un viaje. Le pregunto: «¿Está duro?» «¡Como una piedra!», me dice ella. Bueno, yo le creo y meto en la bolsa. Todavía no había llegado a… LA NOVIA.- ¡Por favor, papá! Te sirvo el postre… EL PADRE.- ¡No hay apuro, tranquilo nomá! Porque resulta que no había llegado a… LA SEÑORA.- (Maliciosa). ¿Así que las camas son también de fabricación propia? EL NOVIO.- Sí, de la más fina madera de nogal. LA NOVIA.- Han quedado muy bien, no se imaginan, lo hizo todo mi marido. 3

LA HERMANA.- Yo creo que han quedado un poco demasiado anchas, digo, para mi gusto. LA SEÑORA.- Eso es porque cuando uno mismo fabrica las cosas… LA TIA.Pero ¿cómo sabes tanto si no las has visto…?

EL PADRE.- Yo tenía unas camas muy buenas para regalarles. Muebles de familia son, verdaderas antigüedades. Y además macizas. Más de cien años de resistencia, eh… LA AMIGA.- Sí, antes se sabían hacer las cosas, ahora lo hacen todo de caño o de aserrín, lamentable… (El novio sirve vino). LA AMIGA.- ¡Sólo el color es ya fabuloso! EL PAISANO.- (Dándole un codazo a la amiga). ¡Mira tu conoce el vino que yo mismo hice con esta mano! (Pausa). Bueno y con mi piese, ¡porque tengo que pisá la uva, eh! (Ríe del mismo modo). LA SEÑORA.- (En voz baja). ¡No pruebo ese vino ni loca! ¡Qué asco de pies debe tener este mugroso! (Silencio). LA AMIGA.- ¡Usted quería hablar de los muebles de su familia y le hemos interrumpido! EL PADRE.- ¡Sí, María, de las camas! ¡Gracias, muchas gracias! ¡En ellas ha muerto más de un miembro de nuestra familia! EL NOVIO.- ¡Bueno, brindemos por los que estamos vivos, tata! ¡Salud! TODOS.LA TIA.¡Salud! (Levantándose para brindar). ¡Queridos amigos!

LA SEÑORA.- ¡Mejor que echar un discurso sería que te echaras un candado en la boca! (La tía se sienta confundida). LA AMIGA.- ¿Pero por qué no habla? LA SEÑORA.- ¡No sabe aguantar una broma! LA TIA.Me olvidé lo que iba a decir. (Bebe).

EL PAISANO.- ¡Tonce vía hablá yo! ¡Yo sssé un chiste, un chiste que…! (El joven se pone en pie). LA SEÑORA.- (Al paisano) ¡Chst! (En ese momento empiezan a repicar fuera las campanas). LA HERMANA.- ¡Las campanas, señor Lozano! ¡Ahora tiene que hablar! (Al novio, que está comiendo). ¡Ey, oye! LA NOVIA.- ¡Déjalo que coma a gusto!
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EL JOVEN.- (Estirándose mucho). Dicen que cuando dos jóvenes se unen en matrimonio, la intacta y pura novia, y el hombre curtido por las tormentas de la vida ¡los ángeles cantan en el cielo! Hoy por primera vez, se pertenecerán el uno al otro (La señora se ríe) ¡por toda la eternidad! (Silencio). LA AMIGA.- Qué lindo discurso. LA HERMANA.- ¡Incomparable! ¡Cómo habla! ¡Parece que estudió y todo! LA TIA.¡Se la ha aprendido bien lo que dicen las tarjetitas del súper!

(Las campanas dejan de tocar. Todo el mundo descansa). EL PADRE.- Bueno, lo que decía de la cama... LA NOVIA.- ¡Pero si ya sabemos lo de la cama! EL PADRE.- ¿Saben ya cómo murió el tío abuelo Augusto? LA NOVIA.- Sí, sí, sí. EL NOVIO.- Yo no, ¿cómo murió realmente el tío abuelo Augusto? EL PADRE.- ¡El tío Augusto murió de hidropesía! ¡Semejante gangrena! Primero fue sólo un pie, en realidad sólo los dedos, pero luego le llegó hasta la rodilla y luego se le puso todo negro. Tenía también la barriga hinchada, y aunque se la vaciaban de líquido, le ponían un tubo, ¿viste? Cantidad de líquido que salía… Y cada día lo vaciaban, pero fue ya demasiado tarde. Y entonces su hermana, le dijo en sus últimos momentos, «Augusto, por tu alma inmortal, ¿quieres un cura?». Y le dijo el tío Augusto, «Un cura tu abuela…» (el paisano se ríe muchísimo y cada vez menos al ver que no está haciendo gracia). Bueno, y como dije. Después de eso, no pudo hacer más fuerza y estiró la pata… Sigue ahí la cama, y la tengo lista para ustedes, cuando la quieran la traemos. (Bebe. Se produce un silencio). LA HERMANA.- Se me revolvió el estómago. LA NOVIA.- (Al novio, en voz baja). ¡Qué desubicado, venir a tirarnos en plena fiesta todos esos disparates de mal gusto! EL NOVIO.- ¡Déjalo que se divierta! EL PADRE.- ¿No podríamos echar una ojeada a los muebles? LA NOVIA.- Claro que sí, no se imaginan, ¡mi marido es un arquitecto de muebles! LA AMIGA.- Lo importante es que las sillas son muy anchas. ¿Caben dos? LA SEÑORA.- ¡Las patas son un poco delgadas! LA NOVIA.- (Poniéndose de pie). El armario es bonito, ¿no? ¡Sobre todo las incrustaciones! No sé, hay gente que no tiene gusto para esas cosas. O sea, pagan un dinero y se llevan un mueble, como si fuera… o sea, como un mueble, sin alma ni nada, sólo para tener un mueble. Nosotros, en cambio, ¡tenemos nuestras propias cosas, y el sudor y el amor se pegan a ellas, o sea, porque son cosas hechas por uno mismo!
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LA SEÑORA.- ¡Me gustaría verlo por dentro! LA TIA.¡No se mira lo que hay dentro de los armarios de la gente!

LA SEÑORA.- Sólo quería echar una ojeada. Pero tú siempre lo sabes todo. LA TIA.¡Muy bien, ahora siéntate!

EL NOVIO.- Si quiere verlo por dentro, véalo por favor, su interés me halaga. Aquí está la llave. ¡Abre, María! LA NOVIA.- Bueno, no sé… (Trata de abrir sin éxito) ¿Seguro que ésta es la llave? No gira. EL NOVIO.- Dame, a ver, todavía tienes que aprender a usarla. Pasa que yo mismo le puse la cerradura. (Lo intenta). ¡Maldita sea! (Furioso) ¡Que mil demonios te condenen artilugio de satanás! ¡Que me parta un rayo intergaláctico! EL PAISANO.- ¡Déjeme un poco! Yo segurito que lo abro pué. (Lo intenta pero no puede). LA NOVIA.- ¿Viste? ¡Ni tú pudiste abrirlo! LA SEÑORA.- Quizá no haya gran cosa que ver dentro. LA TIA.(Amenazante). ¡Siéntate! ¡No quiero oírte más!

LA HERMANA.- Ay no, ya que estamos de pie, ¿por qué no bailamos un poco? EL JOVEN.- ¡Eso! ¡Vamos a apartar la mesa! EL NOVIO.- ¡Eso de bailar es una buena idea! ¿Pero quién se encarga de la música? LA AMIGA.- Yo puedo tocar la guitarra. La tengo ahí, en el vestíbulo. (La trae. Todos se ponen de pie. El padre y la tía van hacia la izquierda y se sientan. El novio y el joven levantan la mesa y la desplazan hacia la derecha). EL JOVEN.- ¡Déjela con cuidado! EL NOVIO.- No es preciso. La hice yo mismo así que aguanta los más duros tratos (La deja con fuerza. Se disloca una pata). ¡Bueno, ahora a bailar! EL JOVEN.- ¡Mira, se ha roto una pata! ¡Si la hubieses dejado más suavemente! LA NOVIA.- ¿Qué se ha roto? EL NOVIO.- ¡No es nada, una tontería! ¡A bailar! LA SEÑORA.- ¡Hay que pensar siempre en los sudores que ha costado! ¡Pero quizá hubiera sido mejor comprar un buen pegamento! EL PAISANO.- (Al novio) ¡La prósima vasa vé, el pegamento de bosta e’ caballo é lo mejó, esa lo que tené que hacé! Yo te vía traé eclusivamente la cacona eh… (ríe vulgarmente). EL NOVIO.- (Al paisano) ¡Sí claro, voy a probarla poniéndote pegamento en la boca a ver si cierras un poco el hocico…! (A la señora). ¿Me concede este baile? LA SEÑORA.- ¿No quiere bailar con su esposa el primer baile? EL NOVIO.- ¡Ah, cierto! ¡Ven, María!
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LA NOVIA.- No. ¡Me gustaría bailar con el señor Alejo! LA HERMANA.- ¿Y con quién bailo yo? EL PAISANO.- (A la hermana). ¡Acá pué, conmigo, corazón mío! (Ríe igual). LA HERMANA.- No. Mejor me quedo aquí sentadita. EL PAISANO- ¡No qué! ¡A bailá si qué! (La toma por el brazo violentamente y bailan) (La amiga, con la guitarra, toca un vals. Bailan: El novio con la señora, la novia con el joven y la hermana con el paisano. Bailan bastante deprisa y luego acaban). EL NOVIO.- ¿Y si nos sentamos otra vez? EL JOVEN.- Muy bien, pero ¿no vamos a bailar más? EL NOVIO.- No. EL PADRE.- ¿Puedes servir un poco más de vino? Así charlaremos mejor. EL NOVIO.- Vamos a poner otra vez la mesa en el centro. (Lo hace, ayudado por el joven). ¡Pero esta vez tenga cuidado! (Se sientan y vuelven a correr las sillas). EL NOVIO.- (Descorchando una botella). ¡Y ahora a beber! ¡Por la buena vida! EL JOVEN.- ¡En el propio hogar! LA AMIGA.- ¡Amueblado con las propias manos! EL PADRE.- ¡Salud! (El joven le hace una señal a la hermana y salen) Cuando todavía llevabas la falda por la rodilla, María, te dieron una vez vino. A tu tío le divertía. Quería que bailases, pero tú te quedaste dormida. LA SEÑORA.- Entonces será mejor que no beba hoy, ¿no? LA AMIGA.- (Se pone de pie) ¿Qué es esto? (Mira la silla). Me he enganchado en algo. LA NOVIA.- ¿Se ha hecho daño? LA AMIGA.- Es una astilla. EL NOVIO.- No importa. LA AMIGA.- A la silla no le importa. Pero eran mis mejores pantalones. EL NOVIO.- ¿Te los habías puesto expresamente en mi honor? LA AMIGA.- Sí, pero ahora voy a dedicarles un poema. EL NOVIO.- No tienes por qué hacerlo. LA AMIGA.- ¡Qué mayor orgullo para esta mujer: un blanco matrimonio y un marido fiel, que hace muebles y un vigoroso nido que inunda la gran fiesta de noble vino! Así quisiera yo también un marido Pero me basta un dedicado y dulce amigo. Yo quiero para esta novia un amor puro porque ella destella de ansia y furor;
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no importa cuándo, no hay apuro: hoy tiene un compañero, un protector, un hombre fornido y trabajador. Ella busca otros brazos que sean su abrigo, y no los que yo quiero, los de mi amigo. (La señora se ríe). EL NOVIO.- Lo conocía. Es uno de tus mejores poemas. (A la señora). ¿Le ha gustado? ¡Voy a traer más vino! LA AMIGA.- Sí, es muy bueno. ¡Sobre todo el final! (A la novia). ¿Le ha gustado? LA NOVIA.- Quizá no la haya entendido. EL PAISANO.-¡Digo, a mí no é que me guste! ¡Me encanta! (Ríe igual). EL PADRE.- (Inquieto) ¿Dónde se ha metido Ina? LA NOVIA.- No sé… EL NOVIO.- El señor Lozano tampoco está. LA NOVIA.- (A él, a media voz). Me siento incómoda, esta gente es muy indecente. Estoy avergonzada. EL NOVIO.- ¿De haber bailado? LA NOVIA.- ¡No, de tus amistades! (Sale). (Entran la hermana, la novia y el joven). LA HERMANA.- Estábamos haciendo la crema. EL JOVEN.- La crema va a ser estupenda. LA SEÑORA.- ¿La hacen sobre el fuego? LA HERMANA.- No. No hacemos la crema sobre el fuego. LA SEÑORA.- ¡Creía que iba a decir que sí, porque están muy colorados! (Se ríe y se deja caer en la silla. La silla cruje). ¡Ay! (Se levanta). LA AMIGA.- ¿Se ha roto algo? LA SEÑORA.- Me temo que la silla… EL NOVIO.- Nada que ver. Puede moverse como quiera. Los muebles están hechos con los mejores materiales. LA SEÑORA.- (Suspira) No me atrevo a sentarme. LA AMIGA.- (Metiendo la mano bajo la silla). Realmente, hay algo mal. No es una astilla. ¡Pero tengan cuidado con la ropa! (Silencio). EL PAISANO.- ¿Y qué se le va hacé, eh? ¿Si jugamo a la loba?. EL NOVIO.- La baraja está en el armario. LA SEÑORA.- Que no se puede abrir. EL PAISANO.- ¡Reventamo la cerradura, eh!
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LA NOVIA.- ¿No estará hablando en serio? EL PAISANO.- Sí pué, alguna vé hay que abrí… LA NOVIA.- Pero ahora no. LA AMIGA.- (Brutalmente). ¡Y entonces qué diablos se puede hacer aquí! ¡Aburrimiento infartante! LA SEÑORA.- ¡Podríamos ver los otros muebles! EL NOVIO.- ¡Eso es una buena idea! Síganme. (Todos se levantan) LA HERMANA.- ¡Yo prefiero quedarme! LA NOVIA.- ¿Sola? Eso no. LA HERMANA.- ¿Y por qué no? LA NOVIA- Es mi casa, ¡y yo digo que no!. LA HERMANA.- Entonces te aviso: no me levanto porque la silla está rota. LA NOVIA.- ¡Qué bruta! ¿Cómo la rompiste? LA HERMANA.- Se ha roto sola. LA AMIGA.- (Tanteando la silla). Si se sienta uno sin moverse, no pasará nada. EL PADRE.- Será mejor que vayamos a ver los otros muebles. LA AMIGA.- (En voz baja a la señora). De milagro la mesa está aún entera. LA SEÑORA.- ¡Con tal que aguanten! EL NOVIO.- ¡Ven, María! LA NOVIA.- (Quedándose sentada). ¡Ya voy! ¡Vayan ustedes primero! (Todos salen por la puerta. La novia, sentada a la mesa, solloza) EL NOVIO.- (Volviendo). ¡Tengo que llevar la linterna, no funciona la instalación eléctrica! ¿Te imaginas? Y eso que la probé mil veces. LA NOVIA.- ¡Por qué no habrás dejado que la hiciera un electricista! EL NOVIO.- ¿Qué te pasa? ¡Yo no me quejo de nada, y tu hermana ha hecho un show! LA NOVIA.- ¿Y tu amiga, qué? EL NOVIO.- Quizá no bailaste como una novia conforme. LA NOVIA.- ¡Y ese tal Lozano! ¡Eso de la novia intacta y pura lo ha dicho con intención! Me ruboricé y todos se dieron cuenta. Y de qué manera me miraba. ¡Y luego ese poemita! EL NOVIO.- ¡Qué obscenidad! ¡Pero si te vieras cómo bailabas! Pero sí, deberíamos hacer que se fueran ¡Se atiborran, se emborrachan, fuman, parlotean, y jamás piensan en irse! ¡Al fin y al cabo ésta es nuestra fiesta! LA NOVIA.- ¡Vaya fiesta!
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EL NOVIO.- No seas así. Cuando se hayan ido… LA NOVIA.- Lo has estropeado todo. EL NOVIO.- Es que yo quiero estar solo. Ahí vienen. LA NOVIA.- ¡No quiero que se vayan! ¡Luego será peor! (Los otros aparecen en la puerta). EL PADRE.- Tuvimos que esperar en la cocina porque en el dormitorio no había luz. (La señora tiene un ataque de risa). LA TIA.¿Qué te pasa ahora?

LA SEÑORA.- ¡Es que todo es tan chistoso! LA TIA.¿Qué es chistoso?

LA SEÑORA.- ¡Todo! ¡Todo! ¡Las sillas rotas, los muebles fabricados en casa! ¡La conversación! (Se ríe a carcajadas). LA NOVIA.- ¡Pero, Emmi! LA SEÑORA.- Todo está roto. (Se deja caer en una silla, riéndose. La silla se viene abajo). ¡Ésta también! Ésta también. ¡Me tendré que sentar en el suelo! EL PAISANO.-¡Mira la señora! ¡Ta loca ya, toa patarrá! (Ríe vulgarmente y contagia a la señora). LA AMIGA.- (Riéndose con ella). ¡En serio, eh! ¡Teníamos que traer sillas plegables! LA TIA.(Toma a la señora del brazo). Tú estás mal de la cabeza. Si te comportas así, se romperán todos los muebles y no será culpa de los muebles. (Al novio). ¡Usted perdone!

(Se sientan). LA SEÑORA.- ¡Aquí huele tan raro! LA AMIGA.- Antes no lo habíamos notado. LA HERMANA.- Yo no huelo nada. LA SEÑORA.- Ya sé. ¡Ese pegamento casero! LA AMIGA.- ¡Por eso les regalé un litro de colonia! LA SEÑORA.- Pero ahora no se puede disimular, este olor está cada vez más fuerte. EL PADRE.- (A la novia) Cuando te veo así, me encanta. Ya de pequeña daba gusto mirarte. Pero ahora estás en tu mejor momento. LA SEÑORA.- Verdad, eh. El vestido está muy bien cortado. LA NOVIA.- Sí, gracias a Dios, no necesito rellenos. LA SEÑORA.- ¿Me estás tirando una indirecta? LA NOVIA.- No, claro que no ¿Te sentiste aludida? LA SEÑORA.- No se tiran piedras al tejado del vecino cuando se tiene el techo de cristal.
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LA NOVIA.- ¿Quién tiene el techo de cristal? LA SEÑORA.- Ese vestido está muy bien hecho, porque disimula que estás… LA AMIGA.- (Interrumpiendo a propósito) ¡Salud, este vino es buenísimo! LA NOVIA.- (Llorando). Eso es una, eso es una… EL PAISANO.- ¡No llore m’hija! ¡Yo no vía dejá que te tiren piedra al techo! LA TIA.Has sido muy mal educada.

LA SEÑORA.- (Irritada). ¡Sólo he dicho la verdad! ¡No te hagas la tonta…! Cuando una está embarazada, está embarazada, no se puede tapar. (El paisano arranca una pata de la mesa y se la tira a la cabeza a la Señora, que la esquiva). EL PAISANO.- ¡Santa bruja! ¡Por un pelito! ¡Y eso que la tiene el tamaño de una sandía! (Pausa. Sale la novia). EL NOVIO.- (Disimulando la situación). ¿Quieren beber algo más? ¡Recién son las nueve! LA TIA.(Que ha salido, vuelve ahora con las cosas de su sobrina) Otra vez tengo que disculparme por tener una sobrina así. (Sale)

EL PAISANO.-¡Que le dé gracia a Dio, que si le atinaba con la pata le arrancaba la sandía! ¡Bruja! ¡Ya m’hija no me llore má! (Sale detrás de la novia). LA AMIGA.- ¡Ya no se puede aguantar el olor! EL NOVIO.- ¿Qué olor? LA AMIGA.- Ese olor a pegamento podrido. Qué sinvergüenza invitarnos a ver semejante montón de basura. EL NOVIO.- ¡Ah, perdón! porque tampoco me gustó nada tu obscenidad de poema, y para colmo me viniste a romper una silla. LA AMIGA.- ¡Entonces que pases excelente noche! (Sale). EL NOVIO.- ¡Vete a la cuna del diablo! EL PADRE.- ¡Será mejor que nos marchemos también! Siempre he pensado que es mejor contar anécdotas que no le importan a nadie. ¡Vamos, Ina! LA HERMANA.-¡Es una pena que una velada tan bonita haya acabado así! Al fin y al cabo, esto es lo único que tenemos. Ale dice que luego tiene que enfrentarse uno con la vida. LA NOVIA.- ¡Habló la que se portó muy educadamente! ¿Y desde cuándo llamas Ale al señor Lozano? EL JOVEN.- (Disimulando el problema) Gracias otra vez. Para mí ha sido una velada muy bonita. (Salen los tres). EL NOVIO.- ¡Gracias a Dios y al diablo que se han ido por fin!

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LA NOVIA.- Y ahora esparcirán el chisme de nuestra humillación por toda la ciudad. ¡Qué vergüenza! Mañana sabrán todos lo que ha pasado en nuestra casa y, lo peor, que la novia estaba embarazada. Y yo que pensaba decir que había sido un parto prematuro. EL NOVIO.- ¡Ahora resulta que tú eres lo más importante! ¿Y los muebles y todo mi trabajo de cinco meses? ¿No piensas en eso? LA NOVIA.- ¿Y el poema de tu amiga? Que el diablo se lleve esos muebles, que ni siquiera están barnizados (Imitándolo) “El aspecto da igual, lo que importa es que aguanten y sean cómodos” Cinco meses perdidos para terminarlos, ¡si hubieses terminado antes, nos habríamos casado sin que nadie notara mi estado! EL NOVIO.- ¡Bueno, basta! Ahora se han ido y empieza nuestra noche. ¡Es ésta! ¡Es nuestra noche de bodas! (Pausa. Luego el novio va hacia la mesa). ¡Se lo han bebido o derramado todo! ¡Hasta el mantel probó más vino que yo! ¡Las botellas están vacías, pero hay restos en los vasos! ¡Tendremos que economizar! LA NOVIA.- ¿Pero, qué haces? EL NOVIO.- ¡Acabarme los vasos! ¡Aquí tienes uno todavía lleno! LA NOVIA.- ¡No tengo ganas! EL NOVIO.- ¡Al fin y al cabo, es nuestra noche de bodas! (La novia toma el vaso, aparta la vista y bebe). Ya sé que no puedo brindar por tu pureza, pero tampoco derrocharemos… LA NOVIA.- (Gimotea) ¡Ése es el mayor insulto que he recibido hoy! ¡Te has superado! (Beben. Pausa). LA NOVIA.- Eres muy grosero, pero tienes razón, ¡hoy es día de fiesta, qué más queremos! EL NOVIO.- Las cosas hubieran podido salir peor… Ahora estamos solos. (Lleva hacia la puerta a la novia y salen. Aparece él con un pomo en la mano). El pomo. ¡Jajajá! Esto también lo hice yo. (Lo tira al farol, que se apaga y cae). LA NOVIA.- (Desde afuera). ¡Y la cama! ¡Jajajá! EL NOVIO.- ¿Qué pasa? ¿Qué pasa con la cama? LA NOVIA.- (Desde afuera). ¡Se hará pedazos! EL NOVIO.- ¡Qué importa! (Sale. Oscuridad. Se oye derrumbarse la cama).

FIN

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