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HISTORIA, MEMORIA, ESTATUAS y PALOMAS
Documentos y diálogos
A propósito de las celebraciones de los

473 años de Santiago de Cali
y de su fundación por Sebastián de Belalcázar el 25 de Julio de 1536, a los cuatro años de los sucesos de Cajamarca, Perú, el 16 de Noviembre de 1932.

COMPILADOR NTC … Nos Topamos Con … http://ntcblog.blogspot.com/ ntcgra@gmail.com . Cali, Colombia.
Primera edición virtual: Agosto 7, 2009 . Publica: "NTC ... Ediciones virtuales" , http://ntc-edicionesvirtuales.blogspot.com/
NTC … y NTC ... Ediciones virtuales agradece a los autores y a los participantes en el diálogo. Historia, Memoria, Estatuas y Palomas. Compilación

2 http://www.scribd.com/doc/18236483/Historia-Memoria-Estatuas-y-PalomasCompilacion

“CAPÍTULO” PRIMERO.
Tomado de: Sebastián de Belalcázar y Cali (Julio 25, 1532-2009) http://ntc-documentos.blogspot.com/2009_07_25_archive.html 25 de julio de 2009 Sebastián de Belalcázar y Cali (Julio 25, 1532-2009) .
Portal-blog complementario a NTC ... Nos Topamos Con ... . http://ntcblog.blogspot.com/ , ntcgra@gmail.com Cali, Colombia. Y a los relacionados en: Ver todo mi perfil.

Agradecemos al poeta y ensayista Rodrigo Escobar Holguín por su ensayo que nos motivó a estas búsquedas y por habernos suministrado una buena parte de las fuentes y enlaces que aquí publicamos. Pronto publicaremos su texto completo y otras informaciones. Mientras tanto, esta cita: "... . Ese mismo hombre había sido uno de los españoles que masacraron a cerca de siete mil indígenas en la plaza de Cajamarca, Perú. ¿Es imaginable un monumento a Belalcázar en Cajamarca? Para quien conozca esa historia completa, ¿es posible contemplar el monumento caleño sin sentir el aleteo de la injusticia?... " Rodrigo Escobar Holguín (Ensayo, Junio 4, 2009) Texto completo en HISTORIA, MEMORIA, ESTATUAS y PALOMAS. Capítulo 5. , http://ntcdocumentos.blogspot.com/2009_08_09_archive.html +++++ Sebastián de Belalcázar y Cali (Julio 25, 1532-2009)

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. 25 Julio, Cali, 473 años!. CALI, 473 años! 25 de Julio, 1536-2009. Celebraciones y programación. A las 4:00 p.m. de hoy, 25 de julio, 2009, se realizará un homenaje a Sebastián de Belalcázar*, fundador de la ciudad, en el monumento levantado en su honor. Con ofrendas florales, las autoridades de la ciudad rendirán un tributo al hombre que un 25 de julio de 1536 fundó Santiago de Cali. … El Teatro Municipal Enrique Buenaventura será la sede de ‘Caleñidad, cuestión de corazón’, un acto que iniciará a las 7:30 p.m. y en el que se reconocerá a aquellas personas y entidades que día a día aportan su grano de arena al desarrollo de la región. El evento culminará con una muestra artística. Toda la programación de Cali, 473 años en http://www.cali.gov.co/corporativo.php?id=3576 à Archivo y en: http://www.elpais.com.co/paisonline/calionline/notas/Julio252009/cali4.ht ml . (* “Curiosidades históricas”: Don Sebastían venía de Cajamarca (Perú) donde participó activamente en el célebre acontecimiento del 16 de noviembre de 1532! ¿Con la sangre y el oro de los Incas se financió la fundación de Cali? VER: Sebastián de Belalcázar y Cali (Julio 25, 15322009) http://ntc-documentos.blogspot.com/2009_07_25_archive.html ) ++++

Unas muy pertinentes introducciones.
1.- Memorias de un burro II- Vida y muerte de los Conquistadores (Donde se mencionan las altas virtudes, apacible carácter, mansedumbre cristiana y amor al prójimo que los señores Conquistadores dejaron olvidados en alguna parte, porque a América llegaron más o menos desnudos de tales atributos) http://hem.bredband.net/rivvid/pantxo/PANTXO2.HTM y III- Luces y sombras de los señores indígenas (Donde se describen las características específicamente humanas de los señores indígenas, sus amadas esposas y sus encantadores hijitos, para mayor satisfacción y autocomplacencia de los señores burros) http://hem.bredband.net/rivvid/pantxo/PANTXO3.HTM .......

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SOBRE Sebastián de Belalcázar y Cali (Julio 25, 1532-2009) y “Monumentos, reconocimientos e Historia.” Por Carlos Vidales, carlos@bredband.net Estocolmo, 27 de julio de 2009. Publicado en : http://ntc-documentos.blogspot.com/2009_07_28_archive.html . 2.- DE CÓMO FUE SECUESTRADO EL INCA ATAHUALPA POR LA BANDA DE FRANCISCO PIZARRO, CON LA RELACIÓN DE ALGUNAS CIRCUNSTANCIAS DE SU CAUTIVERIO, EL PAGO DEL INMENSO RESCATE Y LA EJECUCIÓN FINAL DE LA VÍCTIMA. Por William Ospina . Revista Número # 20, 1998. Publicado también en: William Ospina, La herida en la piel de la diosa , Aguilar, Bogotá, 2003. Pags 27 a 45. De allí lo escaneó NTC … (Julio 27, 2009) VER: "DE CÓMO FUE SECUESTRADO EL INCA ATAHUALPA ...". Por William Ospina (1998) http://ntc-documentos.blogspot.com/2009_07_28_archive.html ..... OPINIONES: Al respecto, la autora, nos envió (julio 30, 2009) el siguiente texto, que agradecemos. El Rencor histórico Por Leonor Fernández Riva (6 de Julio de 2009). El texto lo publicamos en el mismo blog anterior: http://ntcdocumentos.blogspot.com/2009_07_28_archive.html ++++ Estatuas de valientes asesinos : ¿Rencor histórico? Por Yves Moñino ( 1 ) Paris, 2 de agosto de 2009 . Especial para NTC … Nos Topamos Con … http://ntcblog.blogspot.com/, por lo publicado en (2 y 3). Este texto del Profesor Moñino, que agradecemos, se publica en 2 , http://ntcdocumentos.blogspot.com/2009_07_28_archive.html. ++++ . SOBRE SEBASTIÁN DE BELALCÁZAR: http://es.wikipedia.org/wiki/Sebasti%C3%A1n_de_Belalc%C3%A1zar Sebastián de Belalcázar o Benalcázar (Belalcázar, 1480 Cartagena de Indias, 1551), conquistador español. Su nombre original era Sebastián Moyano, y cambió su apellido debido a que era oriundo de la población de Belalcázar (o Benalcázar), situada en Córdoba. De acuerdo con varias fuentes, pudo haber viajado al Nuevo Mundo con Cristóbal Colón en una fecha tan reciente como 1498, en el

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tercer viaje colombino a América, si bien José de Castellanos escribió que, habiendo matado un mulo en el año 1507, huyó de España hacia las Indias Occidentales por miedo al consiguiente castigo, y para poder escapar además de la pobreza en que vivía. Viajó con Pedrarias Dávila a Darién en 1514, siendo nombrado capitán. Su ruta en América ( http://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/8/87/Ruta_Belalcazar_20 0.png La "batalla" de Cajamarca. http://es.wikipedia.org/wiki/Captura_de_Atahualpa Este documento no menciona a Sebastián de Belalcázar pero describe la "batalla". ++++ DE: http://www.canalsocial.net/GER/ficha_GER.asp?id=262&cat=biografiasue lta …. Las noticias proporcionadas por el vasco Pascual de Andagoya sobre el Perú y confirmadas por Francisco Pizarro después del hallazgo de la ciudad incaica de Túmbez (1528), mueven a Belalcázar a fletar un navío con sus propios medios y hacerse a la mar, uniéndose en Puerto Viejo a la expedición de Francisco Pizarro, con quien funda San Miguel de Piura (1532), la primera ciudad española del Pacífico Sur, de la que es nombrado B. teniente de gobernador. Por su participación en la lucha contra los indios de Puná y Cajamarca (1533), es recompensado con parte del oro obtenido de Atahualpa en Cajamarca, lo cual le permite comenzar por su cuenta la conquista del valle de Quito (1534). En la llanura de Riobamba, funda con Diego de Almagro Santiago de Quito, llamado luego San Francisco de Quito en honor de Francisco Pizarro. Se une a O. de Almagro contra Pedro de Alvarado, gobernador de Guatemala, que pretendía conquistar las tierras del actual Ecuador. Cuando al fin llegan a un acuerdo, B. continúa su conquista y funda Popayán y Cali (1536) en la actual Colombia. +++ DE: http://www.andalucia.cc/abenhumeya/modules.php?op=modload&name =News&file=article&sid=78

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La conquista del Perú se encontraba en su primera fase, y son las noticias que llegan a cerca de las enormes riquezas de estas nuevas tierras las que atraen de nuevo a Sebastián de Belalcázar junto a otros aventureros. El mismo Belalcázar nos refiere cómo durante su estancia en León, Hernando de Soto y Ponce de León le incita a que vaya hacia el sur. Pizarro, su antiguo amigo, también le convoca por la necesidad de refuerzos que tiene. Sus campañas en Nicaragua debieron proporcionar a Sebastián de Belalcázar algunos bienes, y propiedades, que tras venderlas las aporta a la empresa incaica, acudiendo con dos navíos totalmente abastecidos con caballos y una importante tripulación. Es en Puerto Viejo donde se incorpora a la hueste de Pizarro, marchando hacia el sur. En Cajamarca, la intervención de Sebastián de Belalcázar es ya muy destacada. El marqués le encomienda el mando de uno de los tres escuadrones en que se organizó la caballería, y los otros fueron mandados por Hernando Pizarro y Hernando de Soto. A la hora del famoso rescate, obtuvo la recompensa de cuatrocientos siete marcos, dos castellanos de plata y nueve mil novecientos nueve pesos de oro. ++++ DE: http://www.cervantesvirtual.com/servlet/SirveObras/0036739864466129 5510046/029728.pdf Parece por las corónicas, que por mandado de su Magestad imprimió Antonio Herrera el año de 1615 (i), principales del ejército que tuvo D. Francisco Pizarro quando entró en la conquista del Pirú, y en la orden que dio para la vatalla del Inga en Caxamorca le nombró Capitán de Cavallos, y mandó acometiese al ejército contrario, en que se mostró aventajado, y resultó desta batalla la prisión del Inga: y assí en la repartición de los despojos entró con su gente detrás de los hermanos del Capitán general. ++++ DE: William Ospina, “De cómo fue secuestrado el inca Atahualpa por la banda de Francisco Pizarro, con la relación de algunas circunstancias de su cautiverio, el pago del inmenso rescate y la ejecución final de la víctima”, en La Herida en la Piel de la Diosa, Aguilar, Bogotá, 2003. Páginas 32 y 33 ".... . Pero aún no estaba claro para ellos que lo que se proponían era un

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secuestro; éste se les fue apareciendo como el camino más eficaz para cumplir su cometido, y sólo cuando Pizarro ya tenía a Atahualpa cautivo en su edificio de Cajamarca, concibió con claridad el monto del rescate que pediría por él. La prisión del inca era una habitación de siete metros de largo por cinco de ancho. Pizarra exigió a Atahualpa que ordenara a sus súbditos llenar de oro esa habitación hasta una altura de dos metros, y trazó una raya en la pared para indicar con claridad el nivel al que debían llegar los tributos. Ello equivalía a setenta metros cúbicos de oro, que en última instancia y en los niveles extremos podría completarse con plata en caso de que el oro aportado para la liberación del secuestrado no fuera suficiente. Empezaron entonces los súbditos de Atahualpa a acarrear por la red de caminos del imperio inca, que eran mejores que los caminos europeos de aquel tiempo, literas cargadas con objetos de oro, intentando llenar la habitación en los dos meses que los secuestradores habían concedido como plazo. En realidad tardaron más de siete en llenarla, y mientras tanto los captores establecieron cierta relación de familiaridad con el prisionero, hasta el punto de que uno de ellos, acaso Hernando de Soto, distraía los meses de su cautiverio enseñándole a jugar ajedrez.

En julio de 1533 se terminó de pagar el inmenso rescate, que ascendió entonc es a la cifra de 1.326.539 pesos de oro más 51.610 marcos de plata. Al precio de 1995, el oro recogido ascendía a 88, 5 millones de dólares y la plata a 2,5 millones de dólares, de modo que el precio total del rescate pagado sería al precio de 2003 de 254.800 millones de pesos colombianos. Dejo en manos de los juristas, de los investigadores y de la fiscalía, la indagación de cómo fue distribuido ese caudal entre los partícipes del secuestro, que eran un jefe mayor, Francisco Pizarro, dos socios por contrato, Diego de Almagro y Hernando de Luque, tres colaboradores especiales, los hermanos de Pizarro, Hernando, Gonzalo y Juan, dos jefes destacados en la campaña, Hernando de Soto, futuro conquistador de Florida, y Sebastián de Belalcázar, cuya estatua ejemplar preside el cerro de los Cristales en Cali, en la extrema frontera norte del imperio de Atahualpa, y 168 guerreros eficientes que asesinaron a cañón, a mosquete y a golpes de espada la tarde del secuestro a un promedio de cuarenta hombres desarmados cada uno.

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Finalmente pueden calcular también la parte que le correspondió a una suerte de cómplice ciego, o gancho ciego como se decía aquí en las cárceles, el emperador Carlos V, quien había encomendado a Pizarro la misión de apoderarse del Perú --en caso de que el Perú existiera- y quien para tener en paz su conciencia ante el dios que le dio tan ancho imperio había nombrado a estos hombres protectores universales de los indios, pero no rechazó su parte de la recompensa por el hecho deleznable de que unos cuantos peruanos, entre ellos siete mil en un solo día, hubieran perdido la vida. Podría decirse que el emperador, que tenía por entonces la misma edad de Hernando de Soto y de Atahualpa, unos 34 años, ignoraba el modo como se habían dado Ios hechos, y podía seguir siendo el jefe del mayor imperio católico del mundo sin muchos remordimientos, pues sin duda sus súbditos, los secuestradores de esta historia, le ocultarían algunos detalles del hecho. ..." ++++ DE: NTC ... Lo de la participación activa de Belalcázar en las gestas de Francisco Pizarro en el Perú y específicamente en la "Masacre de Cajamarca" (16 de Noviembre de 1532) y las derivaciones ésta, incluyendo, "el secuestro" de Atahualpa y lo del pago rescate y la repartición de éste, está bastante bien documentado en los textos de muchos cronistas (muchos publicados en internet).* En cuanto a lo de la repartición, encontramos esta joya: Testimonio del acta de repartición del rescate de Atahualpa , http://books.google.es/books?id=GbIGAAAAQAAJ&printsec=titlepage&so urce=gbs_summary_r&cad=0#PRA3-PA407,M1 en cuya página 409 aparece Don Sebastián . (Matriz: http://es.wikipedia.org/wiki/Francisco_de_Jerez ) Nuestra inquietud está orientada a indagar y reflexionar sobre "los homenajes, reconocimientos, ofrendas florales y monumentos" a estos amigos "conquistadores" y "fundadores" de ciudades , en especial a Sebastián de Belacázar por lo de "Cali 473 años". (Estuvimos en el evento en el monumento el sábado 25 de Julio de 2009) . ¿Será que es propio y prudente desconocer y callar los hechos criminales de esos personajes? Por estos días no se escuchan sino elogios para nuestro

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Fundador y monumentado, cuyo cuadro ( 1 ) , además, preside el salón del Concejo de Cali. Se muestra algo triste pensar que la sangre, el oro y la plata incas financiaron la fundación de nuestra amada Cali .... ++++ UN DOCUMENTO 1534. Francisco de Xerez (Jerez). Verdadera relación de la conquista del Perú Pages: 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14 15 16 17 18 19 20 21 22 23 24 25 26 .... P 10 Y creyendo el Gobernador que todo lo que este indio había dicho era de parte de Atabaliba, por poner temor a los christianos y dar a entender supoderío y destreza, dijo al mensajero: Bien creo que lo que has dicho es así, porque Atabaliba es gran señor, y tengo nuevas que esbuen guerrero; más hágote saber que mi señor el Emperador, que es rey de las Españas y de todas las Indias y Tierra-Firme, y señor detodo el mundo, tiene muchos criados mayores que Atabaliba, ycapitanes suyos han vencido y prendido a muy mayores señores queAtabaliba y su hermano y su padre. Y el Emperador me envió a estas tierras a traer a los moradores dellas en conoscimiento de Dios y ensu obediencia, y con estos pocos christianos que conmigo vienen heyo desbaratado mayores señores que Atabaliba. Si él quisiere miamistad y recibirme de paz, como otros señores han hecho, yo le serébuen amigo y le ayudaré en su conquista, y se quedará en su estado; porque yo voy por estas tierras de largo hasta descubrir la otramar. Y si quisiere guerra, yo se la haré como la he hecho al cacique de la isla de Santiago y al de Túmbez, y a todos los demás que conmigo la han querido; que yo a ninguno hago guerra ni enojo si élno lo busca». ….. P 12 Luego el Gobernador mandó secretamente a todos los españoles que se armasen en sus posadas y tuviesen los caballos ensillados y enfrenados, repartidos en tres capitanías sin que ninguno saliese de su posada a la plaza; y mandó al capitán de la artillería que tuviese los tiros asentados hacia el campo de los enemigos, y cuando fuese tiempo les pusiese fuego. En las calles por do entran a la plaza puso gente en celada;y

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tomó consigo veinte hombres de pie, y con ellos estuvo en su aposento, porque con él tuviesen cargo de prender la persona de Atabaliba si cautelosamente viniese, como parecía que venía, contanto número de gente como con él venía. Y mandó que fuese tomado avida; y a todos los demás mandó que ninguno saliese de su posada, aunque viesen entrar a los contrarios en la plaza, hasta que oyesen soltar el artillería. Y que él ternía atalayas, y viendo que venía de ruin arte, avisaría cuando hobiesen de salir; y saldrían todos de sus aposentos, y los de caballo en sus caballos, cuando oyes en decir: «Santiago». …. Entre éstos venía Atabaliba en una litera aforrada de pluma de papagayos de muchas colores, guarnecida de chapas de oro y plata. P 13 En llegando Atabaliba en medio de la plaza, hizo que todos estuviesen quedos, y la litera en que él venía y las otras en alto: no cesaba de entrar gente en la plaza. De la delantera salió un capitán, y subió en la fuerza de la plaza, donde estaba el artillería, y alzó dos veces una lanza amanera de seña. El Gobernador, que esto vio, dijo al padre fray Vicente que si quería ir a hablar a Atabaliba con un faraute; él dijo que sí, y fue con una cruz en la mano y con la Biblia en la otra, y entró por entre la gente hasta donde Atabaliba estaba, y le dijo por el faraute: …. P 14 La batalla duró poco más de media hora, porque ya erapuesto el sol cuando se comenzó. Y si la noche no la atajara de más de treinta mil hombres que vinieron quedaran pocos. Es opinión de algunos que han visto gente en campo que había más de cuarenta milen la plaza y en el campo, quedaron muertos dos mil sin los heridos. .... ++++

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“CAPÍTULO” SEGUNDO
martes 28 de julio de 2009 "DE CÓMO FUE SECUESTRADO EL INCA ATAHUALPA ...". Por William Ospina (1998)
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Tomado de: "DE CÓMO FUE SECUESTRADO EL INCA ATAHUALPA ...". Por William Ospina (1998) http://ntc-documentos.blogspot.com/2009_07_28_archive.html

Portal-blog complementario a NTC ... Nos Topamos Con ... . http://ntcblog.blogspot.com/ , ntcgra@gmail.com Cali, Colombia. Y a los relacionados en: Ver todo mi perfil

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Como complemento a Sebastián de Belalcázar y Cali (Julio 25, 1532-2009) http://ntc-documentos.blogspot.com/2009_07_25_archive.html , NTC … publica este ensayo con caracter educativo y cultural.
Las imagenes y enlaces son de NTC ...

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DE CÓMO FUE SECUESTRADO EL INCA ATAHUALPA POR LA BANDA DE FRANCISCO PIZARRO, CON LA RELACIÓN DE ALGUNAS CIRCUNSTANCIAS DE SU CAUTIVERIO, EL PAGO DEL INMENSO RESCATE Y LA

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EJECUCIÓN FINAL DE LA VÍCTIMA
Por William Ospina

Arriba: Atahualpa y sus acompañantes entrando a la Plaza de Cajamarca. Abajo: Francisco Pizarro y Sebastián de Belalcazar, dos de los de la banda. DE CÓMO FUE SECUESTRADO EL INCA ATAHUALPA POR LA BANDA DE FRANCISCO PIZARRO, CON LA RELACIÓN DE ALGUNAS CIRCUNSTANCIAS DE SU CAUTIVERIO, EL PAGO DEL INMENSO RESCATE Y LA EJECUCIÓN FINAL DE LA VÍCTIMA

Por William Ospina

Revista Número # 20, 1998. http://www.revistanumero.com/20inca.htm (Allí sólo parte inicial del texto. Páginas 29 a 32 –fragmento - del libro*) *Publicado también en: William Ospina, La herida en la piel de la diosa , Aguilar, Bogotá, 2003. (Carátula más adelante). Pags 27 a 45. De allí lo escaneó NTC … (Julio 27, 2009) .

El 16 de noviembre de 1532 tuvo lugar el primer caso documentado de secuestro en el territorio suramericano. Un grupo de españoles dirigido por Francisco Pizarro se apoderó por la fuerza del inca Atahualpa, quien había aceptado una a cenar y había llegado al campamento en el alto valle de Cajamarca, en las montañas del Perú, con un lujoso cortejo ceremonial de incas desarmados.

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Las tropas de los aventureros españoles se habían atrincherado en los edificios vecinos, esperando la orden de su jefe para abrir fuego contra los visitantes, pero antes de ello un sacerdote católico, el padre dominico Vicente de Valverde, salió al encuentro de la víctima (Imagen más adelante), le habló del misterio de la Santísima Trinidad, le habló de la creación del mundo y del pecado original, y finalmente le informó que el papa de Roma había entregado esas tierras al emperador Carlos V y que Pizarro venía a tomar posesión de ellas. Al oír la traducción que le hacía el intérprete, el inca sorprendido le respondió que el reino del Perú le correspondía por herencia de su padre Huayna Cápac, y que ambos descendían del Sol, del dios de los incas. Entonces el sacerdote le mostró un objeto hecho de numerosos planos superpuestos exornados de inscripciones, y poniéndolo en manos de Atahualpa le dijo que allí estaba toda la sabiduría. El inca examinó aquel objeto, tratando de escuchar todo el saber que había en él, pero al no oír nada se sintió engañado y lo arrojó por tierra con indignación; era la señal que se requería. El dominico corrió hacia donde se encontraba Pizarro, le dijo que aquel perro arrogante había arrojado por tierra la sagrada escritura, y le dio la absolución previa por todo lo que quisiera hacer contra él y contra sus gentes.

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La "batalla" de Cajamarca (Perú) en 1532. Autor: Theodor de Bry. Fecha:1580 . http://www.bridgemanartondemand.com/art/114332/The_Battle_of_Cajamarca_1532 para ampliarla

Los conquistadores, que disponían de cañones y de mosquetes para espantar y también para aniquilar a las tropas de flecheros del imperio incaico, abrieron fuego en todas direcciones, cayeron además con sus espadas sobre los acompañantes inermes de Atahualpa, que no acertaban a huir abandonando a su rey, y dieron muerte en una tarde a más de siete mil personas. El hecho era trágico de una manera extrema: Atahualpa asistió a la cena con toda su corte, como prueba de confianza en los visitantes. Nada más alejado de las expectativas de su cultura y de los códigos de honor seculares de su pueblo que la posibilidad de que un ejército abriera fuego contra ellos sin haber declarado previamente la guerra. Ante la superioridad técnica de los atacantes, ante ese fuego inesperado y traicionero, ante esa ferocidad de los guerreros españoles del Renacimiento que le ha hecho decir a Jacob Burckhardt que en ellos parecía haberse desencadenado el lado diabólico de la naturaleza humana, fue tal el desconcierto de los incas que ninguno reaccionó, y la irrupción de los caballos acorazados de los españoles, bestias bicéfalas desconocidas vestidas de hierro y capaces de hablar, acabó de paralizar al cortejo. Ni siquiera las tropas que acampaban en el valle vecino se atrevieron a asomarse al lugar donde resonaban los truenos. Quienes allí caían aniquilados eran, nos dice David Ewing Duncan, «la élite del gobierno de Atahualpa, sus nobles, sus gobernadores, sus generales, sus sacerdotes y sus adivinos, los mayores responsables del funcionamiento del gobierno imperial, cuya súbita muerte en masa significaba un golpe devastador para un imperio que había perdido a millares de miembros de su clase dirigente en la reciente guerra civil». Pero aquella fiesta de sangre no fue más que el comienzo. Con la mano ensangrentada, el propio Francisco Pizarro tomó por los cabellos a Atahualpa y lo llevó a rastras, entre el caos y la masacre, hasta la habitación donde después lo

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tuvieron cautivo durante nueve meses.

http://www.scielo.cl/scielo.php?pid=S0716-10182003000100003&script=sci_arttext

La captura de Atahualpa. http://www.scielo.cl/fbpe/img/rci/v20n1/23-1.jpg

su llegada a América, a los 40 años de su edad, Francisco Pizarro se había hecho el propósito de obtener poder y fortuna, y andaba buscando la región de los incas, siguiendo la leyenda de su riqueza extrema. Pascual de Andagoya, viajando desde Panamá, había oído a unos indios que navegaban en piraguas por las costas del Pacífico hablar de una tierra llamada Pirú, donde un poderoso rey era dueño de tesoros fabulosos. Desde entonces Pizarro se había obsesionado con esa aventura, había conseguido cómplices que lo secundaran, y estaba tan seguro de las riquezas que iba a obtener que hasta celebró un contrato con sus aliados, distribuyéndose de antemano el oro y las tierras que pensaban apropiarse. Eran tenaces, y antes de llegar al Perú afrontaron grandes penalidades, como los meses de delirio en la isla Gorgona, donde chapotearon en el fango entre el asedio de los mosquitos, alimentándose de lagartos y de huevos de tortuga, enfundados en sus armaduras bajo el sol del Pacífico por temor a las bestias venenosas. Pero aún no estaba claro para ellos que lo que se proponían era un secuestro; éste se les fue apareciendo como el camino más eficaz para cumplir su cometido, y sólo cuando Pizarro ya tenía a Atahualpa cautivo en su edificio de Cajamarca, concibió con claridad el monto del rescate que pediría por él. (Hasta aquí en: http://www.revistanumero.com/20inca.htm )
Los móviles de aquel secuestro están claros: desde

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La prisión del inca era una habitación de siete metros de largo por cinco de ancho. Pizarra exigió a Atahualpa que ordenara a sus súbditos llenar de oro esa habitación hasta una altura de dos metros, y trazó una raya en la pared para indicar con claridad el nivel al que debían llegar los tributos. Ello equivalía a setenta metros cúbicos de oro, que en última instancia y en los niveles extremos podría completarse con plata en caso de que el oro aportado para la liberación del secuestrado no fuera suficiente. Empezaron entonces los súbditos de Atahualpa a acarrear por la red de caminos del imperio inca, que eran mejores que los caminos europeos de aquel tiempo, literas cargadas con objetos de oro, intentando llenar la habitación en los dos meses que los secuestradores habían concedido como plazo. En realidad tardaron más de siete en llenarla, y mientras tanto los captores establecieron cierta relación de familiaridad con el prisionero, hasta el punto de que uno de ellos, acaso Hernando de Soto, distraía los meses de su cautiverio enseñándole a jugar ajedrez.

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En julio de 1533 se terminó de pagar el inmenso rescate, que ascendió entonces a la cifra de 1.326.539 pesos de oro más 51.610 marcos de plata. Al precio de 1995, el oro recogido ascendía a 88, 5 millones de dólares y la plata a 2,5 millones de dólares, de modo que el precio total del rescate pagado sería al precio de 2003 de 254.800 millones de pesos colombianos. Dejo en manos de los juristas, de los investigadores y de la fiscalía, la indagación de cómo fue distribuido ese caudal entre los partícipes del secuestro, que eran un jefe mayor, Francisco Pizarro, dos socios por contrato, Diego de Almagro y Hernando de Luque, tres colaboradores especiales, los hermanos de Pizarro, Hernando, Gonzalo y Juan, dos jefes destacados en la campaña, Hernando de Soto, futuro conquistador de Florida, y Sebastián de Belalcázar*, cuya estatua ejemplar preside el cerro de los Cristales en Cali (Imágen más adelante), en la extrema frontera norte del imperio de Atahualpa, y 168 guerreros eficientes que asesinaron a cañón, a mosquete y a golpes de espada la tarde del secuestro a un promedio de cuarenta hombres desarmados cada uno. (*
http://es.wikipedia.org/wiki/Sebasti%C3%A1n_de_Belalc%C3%A1zar )

. Finalmente pueden calcular también la parte que le correspondió a una suerte de cómplice ciego, o gancho ciego como se decía aquí en las cárceles, el emperador Carlos V, quien había encomendado a Pizarro la misión de apoderarse del Perú --en caso de que el Perú existiera- y quien para tener en paz su conciencia ante el dios que le dio tan ancho imperio había nombrado a estos hombres protectores universales de los indios,

18 pero no rechazó su parte de la recompensa por el hecho deleznable de que unos cuantos peruanos, entre ellos siete mil en un solo día, hubieran perdido la vida. .

<-- Atahualpa y sus acompañantes van hacia a Cajamarca. "Fotografía", Nov. 15, 1532)

. Podría decirse que el emperador, que tenía por entonces la misma edad de Hernando de Soto y de Atahualpa, unos 34 años, ignoraba el modo como se habían dado Ios hechos, y podía seguir siendo el jefe del mayor imperio católico del mundo sin muchos remordimientos, pues sin duda sus súbditos, los secuestradores de esta historia, le ocultarían algunos detalles menudos del hecho. . Pero la verdad es que en el año de 1534, justo cuando el piadoso emperador recibió a Hernando Pizarra, quien llegaba a entregarle su parte del botín, de eso que en el virtuoso lenguaje de hoy se llamaría el dinero sucio, se publicó en Sevilla el relato detallado de aquel episodio, aunque no se lo llamó Noticia de un secuestro porque en esos tiempos no se solía llamar a las cosas por su nombre, sino "La Conquista del Perú llamado la Nueva Castilla. La cual tierra fue conquistada por el capitán Francisco Pizarro y su hermano Fernando Pizarro",

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384 [386], http://www.kb.dk/permalink/2006/poma/386/en/text/?open=id2975196 ATAGVALPA INGA ESTÁ EN LA CIVDAD DE CAXAMARCA EN SV TRONO, VSNO 1 / Almagro / Pizarro / Fray Uisente / Felipe, yndio lengua / usno, aciento del Ynga / ciudad de Caxamarca / Se acienta Ataguálpa Ynga en su trono. / Guaman Poma, Nueva corónica y buen gobierno (1615). (Click sobre las imágenes para ampliarlas. Click en "Atrás" en la barra para regresar al aquí)

. que había sido escrito por uno de los miembros de la expedición y publicado de manera anónima, aunque ahora ya sabemos que se trata del soldado Cristóbal de Mena , partícipe del hecho, atento observador y finalmente mal pagado. Pero la verdad es que Pizarro, ávido de poder y de reconocimiento, destinó para el emperador la mayor parte de ese tesoro, no los quintos reales que eran entonces la obligación de los aventureros, y como Carlos V debía a los banqueros alemanes el dinero con el cual compró la corona de Alemania, y sólo podía pagarla con el oro de América, Pizarro no sólo obtuvo el título de marqués y la gobernación de las montañas del inca, sino también una leyenda de paladín y de patriota que dura hasta hoy, y que se enardece en efigies de bronce y resuena en ditirambos en los volúmenes de la historia oficial de nuestros continentes.

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(<-- Estatua de Sebastián de Belalcázar en Cali)

. Cualquiera diría que con tan descomunal rescate los secuestradores habrán despedido a su víctima con abrazos y besos, e incluso con lágrimas en los ojos, como lo hacen a veces sus discípulos contemporáneos, pero la verdad es que Pizarro y sus socios estaban inventando un género y lo inventaron plenamente. Como ocurre a menudo en los secuestros modernos, después de recibido el rescate, en lugar de liberar a la víctima empezaron a pensar qué más podían sacarle, y finalmente decidieron matar al inca Atahualpa, de quien se habían hecho tan buenos amigos, a quien le enseñaban a jugar ajedrez y a quien le conversaban de la civilización europea durante las veladas de nueve meses en la mesa de Cajamarca. Claro que antes de matado decidieron darle un matiz de legitimidad al hecho cruel y atroz, y montaron un juicio amañado y cínico en el cual un indio llamado Felipillo, que servía de intérprete, que al parecer estaba enamorado de la favorita del inca, y al que le habrán dado también al estilo de nuestra época algún estímulo jurídico e incluso económico, testificó en su contra. Los testimonios de este súbdito resultaron harto convincentes para el jurado, y vinieron adicionalmente acusaciones de poligamia e idolatría: Atahualpa había ofrecido sacrificios a dioses falsos. Allí debió ser utilísimo el testimonio del padre dominico Vicente de Valverde, a quien ya conocemos, y quien se escandalizó de que no besara con veneración la Biblia alguien que nunca había visto un libro; de modo que en vez de dejar en libertad al secuestrado, un improvisado tribunal pulió unos argumentos para asesinado fríamente, dejándonos un ejemplo completo de lo que vendría a ser con el tiempo una de las prácticas más crueles y abominables en

21 nuestras sociedades.

(<-- Retrato de Sebastián de Belácazar que preside el hemiciclo del Concejo de Cali. Fuente, click : aquí ) .

Como conclusión de su secuestro, el emperador de los incas, jefe del segundo imperio más grande del mundo después del Imperio otomano, fue condenado en agosto de 1533 a ser quemado vivo. Todavía podían hacerle una última violencia, y se la hicieron: le prometieron cambiarle la pena atroz del fuego por otra si aceptaba la religión de sus asesinos. Aceptó entonces bautizarse y por ello obtuvo el favor de morir estrangulado. El 29 de agosto de 1533, ya con el nombre cristiano de Juan de Atahualpa, en homenaje a Juan el Bautista, a quien también alguien le había cortado la cabeza, fue amarrado a un poste y ahorcado en el clásico estilo español: mediante un torniquete que se va apretando lentamente y que tiene el nombre de garrote vil. . Hay quien dice que los españoles que lo secuestraron estaban obligados a ello, porque se habían internado de un modo temerario en una tierra donde Atahualpa contaba con un ejército de 80 mil hombres, de modo que si no obraban de esa manera brutal, no habrían podido escapar de aquel encierro.

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(<--- Sebastián de Belalcázar en Cajamarca -en Los Baños - habla co Atahulapa un día antes del secuestro http://www.kb.dk/permalink/2006/poma/384/en/text/?open=id2975196 . Guaman Poma, Nueva corónica y buen gobierno (1615)) (Click sobre las imágenes para ampliarlas. Click en "Atrás" en la
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.

Ello supone una curiosa legitimación: vale más la vida de 168 cristianos que se han adentrado violentamente en un país ajeno, que la vida de los siete mil hombres a los que masacraron en una sola tarde, para hablar solamente de esas víctimas. Por supuesto que todo esto es historia, y en esa medida no vale mucho la pena exaltarse, apasionarse, ni intentar insensatamente modificar el pasado. Pero la verdad es que no estamos hablando del pasado. Me he propuesto contar esta historia interpretando el cautiverio de Atahualpa como lo que fue, como un secuestro abusivo y criminal, porque esa historia tremenda nos ha sido contada casi siempre como una hazaña heroica, donde los bandidos están cubiertos por una aureola luminosa de grandes estadistas, de paladines y de portaestandartes de la civilización. Además es preciso señalar que el hecho no resulta criminal sólo desde la perspectiva de los incas vencidos. Casi siempre, en la historia de las guerras, los crímenes terminan siendo justificados y juzgados a la luz de la moral de los triunfadores. Pero los hechos de Cajamarca resultan criminales a la luz de los principios de la propia civilización cristiana en cuyo nombre fueron cometidos, y causaron alarma en las conciencias civilizadas de la península, y honra a España la certeza de que sus humanistas de entonces reaccionaron con horror ante la noticia de estas acciones. El padre Francisco de Vitoria, en carta dirigida al P. Miguel de Arcos, escribió estas palabras históricas, justo al enterarse de los hechos que acababan

23 de ocurrir en Cajamarca:

"Se me hiela la sangre en el cuerpo. No disputo si el emperador puede conquistar las Indias: presupongo que lo puede hacer estrictísimameme. Pero a lo que yo he entendido de los mismos que estuvieron en la batalla de Atahualpa, nunca ni Atahualpa ni los suyos habían hecho ningún agravio a los cristianos, ni cosa por donde debiese hacérseles la guerra ... Responden los defensores de los peruleros que los soldados no eran obligados a examinar eso, sino a seguir lo que mandaban los capitanes. Accipio responsum para los que no sabían que no había ninguna causa más de guerra, mas ¿para robarlos, que eran todos o los más? Y creo que más ruines han sido las otras conquistas después ... Pero no quiero parar aquí. Yo doy todas las batallas y conquistas por buenas y santas. Pero háse de considerar que esta guerra ex confessione de los peruleros, no es contra extraños, sino contra verdaderos vasallos del Emperador, como si fuesen naturales de Sevilla ..." .

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(<-- EL INCA, "el segundo imperio más grande del mundo después del Imperio otomano ...")(Click
sobre las imágenes para ampliarlas. Click en "Atrás" en la barra para regresar al aquí)

.

Sorprende que se haya mirado como un hecho civilizador algo que repugnaba a la condición humana desde el propio bando de los ejecutores, y sorprende más aún que casi cinco siglos después todavía se siga jugando a la justificación de esos hechos atroces. Antes de la llegada del euro, España conmemoró el V centenario del Descubrimiento con un billete de mil pesetas en el que se representaba a los dos «paladines»: Hernán Cortés y Francisco Pizarro. (Imágen más adelante) Una de las razones por las cuales en nuestro país, e incluso en el continente, no logramos salir del abismo del desorden y de la confusión de una historia llena de injusticias y de abusos, es porque no llamamos a las cosas por su nombre. Cualquier secuestrador puede terminar creyendo que si tiene éxito ya está legitimado ante la historia, no importa cuáles atrocidades cometa. Francisco Pizarro preside, acorazado de pies a cabeza, y sobre un caballo de aspecto infernal tan acorazado como él, la plaza central de la ciudad de Trujillo, en España. (Imágenes más adelante). Es un paladín que les llevó considerables riquezas a su rey y a su patria. Como figura legendaria es un

25 ejemplo para las generaciones. Pero su principal hazaña fue un secuestro, y la destrucción de uno de los más admirables imperios de la historia. En el libro de Jean Descola, Los conquistadores del imperio español que junto con el libro Hernando de Soto: A Savage Quest in the Americas, me han guiado en la narración de este episodio, aparece un texto que vale la pena citar aquí como comentario de lo contado. Es un extracto del testamento del padre Mancio Sierra Lejesema, otorgado el 15 de septiembre de 1589 ante Jerónimo Sánchez de Quesada, escribano público, en la ciudad de Cuzco, y dice lo siguiente:

"Primeramente antes de empezar dicho mi testamento, declaro que ha muchos años que yo he deseado tener orden de advertir a la Católica Majestad del Rey don Felipe, nuestro Señor, viendo cuán católico y cristianísimo es, y cuan celoso del servicio de Dios nuestro Señor, por lo que toca al descargo de mi ánima, a causa de haber sido yo mucha parte en el descubrimiento, conquista y población de estos reinos, cuando los quitamos a los que eran Señores Incas, y los poseían y regían como suyos propios, y los pusimos debajo de la real corona, que entienda Su Majestad Católica que los dichos Incas los tenían gobernados de tal manera que en todos ellos no había un ladrón, ni hombre vicioso, ni hombre holgazán, ni una mujer adúltera ni mala ... , y que los montes y minas, pastos, caza y madera, y todo género de aprovechamientos estaba gobernado y repartido de suerte que cada uno conocía y tenía hacienda sin que otro ninguno se la ocupase o tomase ... , y que las cosas de guerra, aunque eran muchas, no impedían a las del comercio ... , y que en todo, desde lo mayor hasta lo más menudo, tenía su orden y concierto con mucho acierto ... , y que entienda Su Majestad que el intento que me mueve a hacer esta relación es por descargo de mi conciencia ... , pues habemos destruido con nuestro mal ejemplo gente de tanto gobierno como eran estos naturales

..."

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(--> http://historiaperuana.blogspot.com/2009/03/dibujo-llevando-el-rescate-de-atahualpa.html
Incas llevando piezas de oro para el rescate de Atahualpa. Théodore de Bry )(Click sobre las
imágenes para ampliarlas. Click en "Atrás" en la barra para regresar al aquí)

. Esto nos ayuda a percibir mejor la complejidad de eso que llamamos la Conquista de América, una época que persiste en el fondo de nuestras pesadillas y de nuestros delirios. He advertido que a los americanos recordar estas cosas nos duele, a pesar de que hayan pasado los siglos, y aunque sabemos bien que no estaríamos aquí ni hablaríamos esta lengua que amamos si no se hubiera dado ese proceso desmesurado y brutal. Ser hijos de la fusión de las razas no nos autoriza a arrojar una bendición indiscriminada sobre todo lo que ocurrió entonces. Nos exige mirado con detenimiento, con serenidad, con inmensa curiosidad, y nos exige también que seamos capaces de exaltarnos con su belleza y de estremecemos con su crueldad. Nos exige todavía arrebatar aquellas cosas a su abismo de silencio y de olvido, al orbe de lo inexpresado, y darles vuelo en el lenguaje, en la interpretación, pues tal vez Freud tenía razón cuando dijo que «lo que así permanece sin explicación retorna siempre, una y otra vez, como un alma en pena, hasta encontrar explicación y redención».

(--> La pieza que se llenó de oro para el rescate)

. Por supuesto que Europa no sólo trajo a América destrucción y barbarie, que también hubo una voluntad de aportar a nuestro continente elementos de cultura y de civilización. Aun en el seno de la Iglesia católica, que estaba obligada por sus propios dogmas a rechazar y combatir los cultos y las mitologías de los pueblos nativos, numerosos prelados se esforzaron por comprender el mundo al que llegaban, se esforzaron por proteger a los pueblos nativos de los excesos de la codicia y del salvajismo de los guerreros. Pero los hechos inhumanos fueron muchos, y lo que principalmente podemos advertir en el episodio del secuestro del inca, es el poder

27 destructivo que subyace en la idea de la superioridad de una cultura sobre otra, de una raza sobre otra, de una religión sobre otra. Esa idea de superioridad no murió con la Conquista, y ni siquiera murió con la Independencia. Colombia ha vivido más arduamente que otros países esos cuadros de intolerancia nacida de la idea de que hay unos sectores de la sociedad más dignos que otros de los bienes del mundo, monstruosos esquemas de clasismo y de desprecio por los humildes con los cuales es imposible ac-

ceder a una democracia verdadera. "Antes de la llegada del euro, España conmemoró el V centenario del Descubrimiento con un billete de
mil pesetas en el que se representaba a los dos «paladines»: Hernán Cortés y Francisco Pizarro."

Abundan en la historia las batallas que produjeron miles de muertos. Lo que no abunda es el ejemplo de matanzas de tal magnitud por fuera de las batallas, el asesinato de seres inermes, y cuando se las encuentra es casi siempre fruto del sectarismo de las religiones y de las razas. En el ejemplo de Cajamarca lo más duro es pensar que aquellos siete mil incas desarmados fueron asesinados en una tarde por sólo 168 guerreros. Ello habla muy elocuentemente de la extraña contextura moral de los conquistadores, hombres recios y resistentes hasta el límite de lo increíble, hombres invulnerables a la piedad y a la compasión. Pero jamás habrían podido los soldados cometer una matanza como aquélla, si no se hubieran sentido estimulados por la idea de la superioridad de su propia cultura, autorizados por los enviados de su religión, y tácitamente sostenidos por el emperador que de tal manera se benefició con los resultados del hecho.

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(<-- "Francisco Pizarro preside, acorazado de pies a cabeza, y sobre un caballo de aspecto infernal tan acorazado como él, la plaza central de la ciudad de Trujillo, en España." ) (Click sobre las imágenes para ampliarlas. Click en "Atrás" en la barra para regresar al aquí) .

Los tiempos cambian. El Vaticano ya no bendice ejércitos, como lo hizo a lo largo de toda la Edad Media y del Renacimiento, y creo que en ninguna parte se ven ya sacerdotes católicos bendiciendo armas o tanques de guerra. Pero es muy sorprendente leer que antes del episodio en que fue capturado Atahualpa y aniquilada su gente, todos los miembros de la expedición se confesaron y recibieron la comunión, para que la jornada fuera exitosa. Una vez más nos decimos que son cosas del pasado. Pero ¿es esto totalmente cierto? ¿No se oye cada vez con mayor frecuencia hablar entre nosotros de la piedad de los bandidos, de la devoción de los asesinos? No hace mucho nuestro escritor Fernando Vallejo publicó una novela de nombre aparentemente blasfemo: La Virgen de los Sicarios. Mediante un relato de ficción él aludía allí a un hecho real, la devoción de los sicarios adolescentes por las potestades del santoral cristiano, el modo como piden en sus oraciones que el cielo les ayude para el cumplimiento de las violentas tareas que acometen.

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(<-- "Francisco Pizarro preside, acorazado de pies a cabeza, y sobre un caballo de aspecto infernal tan acorazado como él, la plaza central de la ciudad de Trujillo, en España.") (Click sobre las imágenes para ampliarlas. Click en "Atrás" en la barra para regresar al aquí)

¿Qué les hace pensar que la crueldad de sus acciones es compatible con la piedad, con la devoción y casi con la plegaria? ¿Qué les hace sentir a esas gentes humildes que aceptan a menudo la tarea de guardianes de personas secuestradas, que lo que están haciendo no destruye su bondad y su propia humanidad? A mí me asombra descubrir en un hecho de hace casi cinco siglos perfectamente delineada una práctica que entre nosotros se ha ido fortaleciendo con el paso del tiempo, y que sobre todo en los últimos 15 años se ha desencadenado como una verdadera fiebre. No sé qué secreto vínculo une aquellos hechos antiguos con los de hoy, y sé en cambio que las analogías mecánicas son toscas, siendo muy distintas nuestras circunstancias de las que caracterizaban a esta tierra en tiempos de la Conquista. Sería incluso una arbitrariedad pretender establecer una simple ley de consecuencia entre el episodio que he narrado y lo que ocurre hoy entre nosotros. Pero me gustaría que este ejemplo no fuera desdeñado simplemente por su distancia en el tiempo, que fuera entendido siquiera como eso, como un ejemplo, como un precedente significativo en la medida en que, además de sus elementos políticos y pecuniarios, reúne de un modo casi prototípico algunas de las conductas propias del secuestro moderno: la toma violenta de una víctima inerme, el largo cautiverio, el rescate desmesurado, el pago de dicho rescate y el posterior sacrificio de la víctima.

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Habrá además quien sostenga que no es posible llamar secuestro a ese hecho, ya que hay que considerar allí los altos asuntos políticos propios del choque de las culturas y del proceso de civilización y evangelización que España se proponía, aunque a veces degenerara en hechos de barbarie. Pero hay que recordar que no fue sólo en América, también en Europa la conducta de este tipo de soldados era observada con perplejidad, y éstas por ejemplo son las palabras que Jacob Burckhardt escribió a propósito de los soldados de Carlos V: "A quien conozca sus atrocidades en Prato, Roma, etc., le costará trabajo después interesarse, en un alto sentido, por Fernando el Católico y Carlos V. Ellos conocían a sus hordas y las dejaron, no obstante, obrar libremente. La profusión de documentos de sus Gabinetes, que va saliendo poco a poco a la luz, podrá resultar una fuente de datos importantísimos ... pero nadie buscará ya en los escritos de tales príncipes el estímulo de un pensamiento político fecundo." Hay épocas, como el siglo XVI español, tan embelesadas con la guerra, que ésta pierde su carácter de hecho excepcional y termina convertida en la manera natural de vivir. Yo a veces me pregunto si no está ocurriendo eso en la sociedad colombiana, donde la guerra civil fue la constante del siglo XIX, donde hemos vivido en el siglo XX: no una paz rota por guerras frecuentes sino una larga guerra a veces asordinada por asomos de paz. Y no es que no nos demos cuenta de que esa guerra existe: es que de tal manera vemos el mundo como una guerra perpetua que cada quien trata de acomodarse de la mejor manera a esa inercia fatídica, y como bien lo dice un personaje de García Márquez, «cada quien se tiende a morirse por donde le duela menos». Esa pasividad, esa resignación, se prueban en el hecho de que nadie ignora la guerra, todo el mundo se queja, todo el mundo está alarmado, pero casi nadie concibe cómo podría ser nuestro país en paz, con seguridad, con prosperidad. La consigna de la paz no está llena de proyectos concretos, de reclamos nítidos, de claras tareas ciudadanas, se va convirtiendo por ello en una suerte de fórmula abstracta en la que no alcanzamos a percibir promesas verdaderas, y muchos terminan pensándola como una entelequia. Ni siquiera podemos, como el inca Atahualpa, sentir la perplejidad de que unos hechos brutales vienen a romper el equilibrio de una vida ordenada y armoniosa: no hemos visto jamás el rostro verdadero de la libertad que tantos pregonan, no hemos visto jamás la plenitud del ejercicio de los derechos humanos, no hemos visto jamás el rostro de una paz duradera, próspera y fraterna, sino sólo el eternizarse y el ahondarse de una situación de precariedad y de zozobra. Pero sí hay algo en lo que estamos próximos a él: sentimos gravitar a nuestro alrededor un tipo de inhumanidad no desconocida pero sí creciente. Un tipo de relación con los misterios de la vida y de la muerte que no se funda en valores sino exclusivamente en intereses, en cálculos de beneficio. La riqueza, el poder, la ventaja, parecen autorizar toda suerte de horrores, y hasta las más altas

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potestades, los reyes y los dioses de aquel tiempo, los poderosos y los virtuosos del nuestro, parecen aliados secretos de esos bandos implacables, y no hacen nada por impedir que se sientan autorizados a sacrificarlo todo, incluso a sí mismos, en los altares de una fiesta atroz. Sólo porque permitimos que nuestra sociedad repose sobre los supuestos del odio y de la exclusión, porque nuestro orden injusto es una escuela de resentimiento, porque olvidamos construir el puente, el lenguaje y el espejo que nos permitan ver a los que no se nos parecen como complementos provechosos de nuestro ser, como miembros de una misma, frágil y trágica especie, de una misma humanidad. ++++ ++++

VIDEOS RELACIONADOS: Pizarro Y Los Incas, discovery channel
http://www.youtube.com/watch?v=cbwGOs1t3Jg 1 http://www.youtube.com/watch?v=9TcxWFA3sEk 2 http://www.youtube.com/watch?v=EFJfaN0s4fA 3 http://www.youtube.com/watch?v=vCZmKuFQttI 4 http://www.youtube.com/watch?v=voj0DAgs5bM 5 ---La conquista del Perú - Bloque 1 http://www.youtube.com/watch?v=uBCSso_FXYw http://www.youtube.com/watch?v=fuAgkDyCLaA 2 no menciona a sb http://www.youtube.com/watch?v=FECSPh9a4Ws 3 http://www.youtube.com/watch?v=FdzE7Rr3els 4 ++++ SOBRE Sebastián de Belalcázar y Cali (Julio 25, 1532-2009) y “Monumentos, reconocimientos e Historia.” Por Carlos Vidales, carlos@bredband.net Estocolmo, 27 de julio de 2009. Por ahora solamente digo que la conquista de América fue un crimen monstruoso, pero también digo que muchos de nosotros somos descendientes directos de los criminales y de las víctimas, en diversos grados. Es un gravísimo error discutir esas monstruosidades como si hubieran sido cometidas por “otros”, por “los otros”, por “ellos”. No. Todos estamos metidos hasta más arriba de las orejas en ese fango. En mis “Memorias de un Burro” (http://hem.bredband.net/rivvid/pantxo/PANTXO2.HTM ) conté yo, hace unos quince años, lo del secuestro de Atahualpa. O mejor dicho, lo contó el burro Pantxo. Es más: el burro sugirió la exacta correspondencia entre los conquistadores de antes y los de ahora. Porque los secuestradores y

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torturadores de hoy, llámense como se llamen y sean de “derecha” o de “izquierda”, hacen exactamente lo mismo que los conquistadores (nuestros abuelos), su plan es de conquista y de despojo de tierras y riquezas (y por eso es de desplazamiento). No es que “parezcan” conquistadores. SON conquistadores. Y lo que hoy ocurre en Colombia ES UNA CONQUISTA y una guerra cruel ENTRE CONQUISTADORES. Por eso es natural, normal, comprensible, que se le hagan enormes homenajes a los conquistadores de hace 500 años. El poder, el verdadero poder, sigue en manos de sus compinches, es decir, de la parte de nuestra familia que sigue cometiendo crímenes horrendos. Sería absurdo que no rindieran homenajes a sus abuelos, mentores y maestros. Lo que es verdaderamente monstruoso, es que ahora aparezca tanta gente “inocente” que condena a los genocidas de ayer y al mismo tiempo participa en los ceremoniales celebratorios de cualquier índole organizados por los genocidas de hoy. Y es que siempre hemos dicho que “podemos estar juntos pero no revueltos”, aunque, por nuestra natural inconsecuencia acabamos estando siempre más revueltos que juntos. Todo queda en familia. Finalmente: la única diferencia importante entre los conquistadores de ayer (Pizarro, Cortés, Quesada, Belalcázar) y los conquistadores de hoy (don Berna, don Álvaro, don Jojoy, don Pablo), consiste en que hace quinientos años se consideraba legítimo, permitido, autorizado, matar, masacrar y despojar, si se hacía por la fe de Cristo, por la Corona y por la civilización; y en cambio, hoy, se considera ilegal, criminal, punible, prohibido, hacer todas esas cosas, independientemente de los móviles, motivos y fines. Ese pequeño detalle hay que tenerlo en cuenta a la hora de juzgar a los criminales de hace medio milenio, y a los de hoy. Carlos Vidales. Estocolmo, 27 de julio de 2009. ++++ Al respecto, la autora, nos envió (julio 30, 2009) el siguiente texto, que agradecemos.

El Rencor histórico
No se puede cambiar el curso de la historia a base de cambiar retratos colgados en la pared.

Jwaharlal Nehru

Leonor Fernández Riva *
6 de Julio de 2009 Probablemente la sangre que corrió en América antes y después de su

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descubrimiento y conquista, ha sido ya superada con creces por la tinta empleada para relatar, documentar… y denunciar tan formidable gesta. Ese rencor histórico que domina la memoria de algunos historiadores ha puesto de moda en la actualidad un nuevo y lenitivo ingrediente: derrocar estatuas. Como si derribando estatuas pudiese ser borrada o cambiada la historia. Qué terquedad tan paralizante la de querer aferrarse a los errores del pasado para justificar un estéril presente. No se trata, claro está, de olvidar el pasado, pero hay que comprenderlo y analizarlo a la luz de la evolución histórica. De ninguna manera se pueden juzgar los acontecimientos del siglo XV bajo el baremo humanista y moderno del siglo XXI. Hay hechos en la historia que son inevitables. El descubrimiento y la conquista de América en el siglo XV fueron dos de ellos. Navegantes de varios países de Europa pujaban en ese instante de la historia por encontrar el atajo que les permitiera llegar exitosamente hasta la India y su fructífero comercio de condimentos y sabores. Era solo cuestión de tiempo que alguno lograra su objetivo. El genovés Cristóbal Colón, con audacia, cálculo, inteligencia, valor… y una buena dosis de buena suerte, les ganó de mano a todos los demás. Y si bien no encontró la ruta hacia la India descubrió para el mundo un nuevo y prodigioso continente. Para juzgar esta hazaña hay que colocarse en el instante histórico en que sucedieron los acontecimientos. ¡Hace más de 500 años! Las guerras, las invasiones, las conquistas siempre han sido crueles, pero en aquella época eran salvajes, sin piedad, sin cuartel. Se arrasaba a los pueblos conquistados y los vencidos -hombres, mujeres, ancianos y niños- eran pasados por las armas o sometidos a la más abyecta sumisión. En el siglo XV ese era el espíritu de los ejércitos de todas las naciones. Y ese fue también el espíritu de los aventureros que conquistaron América. Con un agravante nefasto: en su mayoría se trataba de mercenarios acostumbrados solo a guerrear y que al concluir España su larga lucha contra los moros debieron escoger entre retornar a una vida labriega y monacal en sus pequeñas aldeas o vivir nuevas y emocionantes aventuras en las Indias con la promesa añadida de incrementar sustancialmente su ducado y sus ducados. Ciertamente, los conquistadores españoles no fueron ni mucho menos seres llenos de bondad, almas de Dios. Nada de eso. Pero nadie puede negar que fueron valientes y sobre todo, seres de su tiempo. A pesar de todos sus crímenes, muchos historiadores concuerdan en que el exterminio y atropello de los aborígenes suramericanos hubiera sido mucho más sangriento y radical si los hombres llegados allende los mares hubieran tenido otra nacionalidad. Y entretanto, ¿qué pasaba en América antes de la llegada de los españoles? No nos llamemos a engaño. La vida de los pueblos indígenas de América, antes de la llegada de los conquistadores no era ni mucho menos medianamente idílica. Los Incas, por ejemplo, no eran lo que se puede decir peras en dulce. Eran

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conquistadores y ¡ay de quien se les opusiera! Como una pequeña muestra de su violento proceder transcribo al final de estas reflexiones el relato de la sangrienta venganza llevada a cabo por el inca Huayna-Cápac en la laguna de Yaguarcocha en Ecuador, donde según la leyenda murieron más de veinte mil caranquis pasados a cuchillo. Este hecho ocurrido en el año 1487- más de cincuenta años antes de la llegada de los españoles a estas latitudes- y otros similares, les granjearon a los conquistadores incas innúmeros enemigos entre los pueblos indígenas sometidos, a tal punto que muchos de ellos prefirieron colaborar con los conquistares peninsulares. Hay algo muy sospechoso en los indígenas que sobrevivieron a la conquista, porque está demostrado que la dominación española no hubiera podido darse sin la colaboración de muchos nativos. Solo Dios sabe si sobre muchos de sus ancestros pesa la ignominia sin nombre de la traición a su raza. Es difícil comprenderlo y mucho más aceptarlo, pero está demostrado que la rueda de la historia se mueve con sangre. La guerra, la conquista, la dominación se albergan en el espíritu mismo del hombre. Así ha sido y así lamentablemente seguirá aconteciendo. Conocidos los perfiles guerreros de los actores del conflicto en América es difícil imaginar entre ellos un encuentro y una convivencia pacíficas. La fatalidad había dispuesto que a partir del siglo XV Europa y América tuviesen ese encuentro con su destino. Y no había alternativa: o eras español o eras indio. Pero lo que no podemos olvidar cegados por el rencor histórico es que de ese choque de culturas y de pueblos nació una nueva raza. Porque al final, como sucede en todas las guerras, fueron más los nacimientos que las muertes. No somos ni indios ni españoles; somos americanos. Las dos sangres circulan vívida y atropelladamente por nuestras venas. Nuestros ancestros españoles e indígenas están presentes en la esencia misma de nuestro ser. La audacia, el valor, la alegría, la pasión, el afán de conquista y de guerra del español corren por nuestras venas, pero también el estoicismo, el valor para enfrentar el destino, esa paciencia infinita de la raza indígena para aguardar mejores días. Y ¿por qué no? También su fiereza y su odio ancestrales. Colombia se distingue como tal vez ningún otro pueblo americano por esa confluencia de características anímicas que han contribuido a su desarrollo, a su progreso, a su crecimiento imparable, pero también al choque constante entre hermanos y al odio salvaje que ha alimentado las luchas intestinas que nos han dividido y desangrado desde el principio mismo de nuestra historia. ¿Vamos a cambiar el pasado destruyendo una estatua? ¿Una estatua que ya es el referente de una ciudad? ¿Y cuál pondríamos para reemplazarla? ¿Otro personaje pintoresco? ¿Sembraríamos un árbol? ¿ Nativo? Aprendamos de España, que sufrió en carne propia durante más de ocho siglos la dominación de los moros y que al expulsarlos no destruyó la Giralda, ni la

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Alhambra, ni muchas otras mezquitas construidas durante su dominación porque entendió que esos preciosos monumentos eran el testimonio mudo de su historia. Porque ese episodio forjó a su pueblo y le dio características únicas. Porque como la epopeya del mundo, la suya fue también una gesta de lucha, de conquista, de dolor, de dominación… y de victoria. Miremos el pasado como un referente de la gran gesta que nos precedió; del sufrimiento inmenso del que somos originarios; de lo que somos capaces de resistir y sobre todo, de lo que somos capaces de hacer para descubrir y conquistar mejores días para nuestro pueblo. Porque al final después de tanto dolor, de tanta injusticia, no fue la fuerza de la espada la que forjó nuestra historia sino la fuerza del amor, la unión de dos razas. Por nuestras venas circulan unidas la fiereza, la sabiduría, la audacia, el valor… y la alegría de quienes nos antecedieron. Esa mezcla nos hace diferentes, soberbios, únicos. Indios y mestizos tenemos hoy el deber y la oportunidad única de crecer y luchar unidos para hacer grande a nuestro país, para contribuir al bienestar de toda la comunidad. Parquearnos en el rencor histórico de acontecimientos pasados mantiene abierta la herida de acontecimientos que no pueden dar marcha atrás, que nos impiden ver con claridad las posibilidades del presente. Pero por sobre todo, añadimos otro motivo de odio y de resentimiento entre hermanos y un pretexto más para multiplicar los conflictos que desangran a nuestra martirizada patria. ....
Laguna de Yaguarcocha “Por 1487, esta región -habitada entonces por los Caranquis- fue dominada por el Inca HuaynaCápac. Para evitar enfrentamientos, los Caranquis fingieron someterse, pero una noche, mientras el Inca y sus orejones descansaban plácidamente entregados al ocio y al festín, fueron asaltados impetuosamente por los Caranquis quienes ocasionaron una terrible mortandad, poniendo en peligro inclusive la vida del mismo Inca. “La reacción de Huayna-Cápac fue terrible, iniciándose entonces terrible y sangrienta batalla que culminó con el triunfo de inca conquistador. “Una vez declarada la victoria en su favor, Huayna-Cápac no puso término a su venganza, e hizo pasar a cuchillo a todos los varones capaces de tomar las armas... El lago apareció entonces a la vista de los indios como un mar de sangre, y aterrados le apellidaron Yaguar-Cocha, nombre con el cual se conoce hasta ahora» (F. González Suárez.- Historia General de la República del Ecuador, tomo I, p. 76). Yaguarcocha, el nombre indígena de esta laguna, que se ha conservado hasta la actualidad significa «Lago de Sangre»- se deriva de las raíces quichuas Yaguar=sangre y Cocha=lago. Y aquí otro pequeño apunte en referencia a las “idílicas” tribus de indígenas que poblaron el Valle del Cauca: “…La tribu o tribus más numerosas de la parte occidental de la llanura eran las que tenían de jefe principal a pete o petecuy, que habitaba en terreno elevado y tenía en su vivienda más de cuatrocientos cueros de indios colgados, llenos de ceniza, cuya carne había sido manjar en la corte del cacique. En otras casas ostentaban tales trofeos en menor número ; eran de los

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enemigos vecinos y tenía mayor mérito el indio que más gente hubiera matado. Las mujeres participaban de esas luchas y de esos festines, y si eran de los vencidos, su carne servía de manjar…” ---· * http://leonorfr.blogspot.com/2008/01/blog-post.html

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Estatuas de valientes asesinos : ¿Rencor histórico?
Por Yves Moñino ( 1 ) Paris, 2 de agosto de 2009 . Especial para NTC … Nos Topamos Con …
http://ntcblog.blogspot.com/, por lo publicado en (2 y 3). Este texto del Profesor Moñino, que agradecemos, se publica en 2 y se enlaza en 3 .

La estatua de Sebastián de Belalcazar, el bárbaro godo paralizado en el bronce desde 1937 hasta el final de los tiempos, o al menos hasta la corrupción del noble metal, me encanta. Lo dice todo. Victorio Macho, su escultor, era también godo pero republicano y se exilió un tiempo después de la victoria de Franco, otro godo bárbaro que dejó España llena de muertos y de estatuas a su propia gloria, en pie y a caballo. No aguantó Victorio el exilio, volvió a su país echándose arrepentido a los pies del dictador. Había pedido que al morir lo enterraran a los pies de una atroz estatua de Cristo, que parece representar al profeta cuando dijo « ¿Pensáis que soy venido a poner paz en la tierra? Os digo que no, sino división » (Lucas 12:51) o « No vine a meter paz, sino espada ». (Mateo 10:34) La « férrea espada » de Belalcazar, – según la expresión infeliz de la página web de la alcaldía de Cali, pues la de la estatua es de bronce y no de hierro –, su elegante coraza, su pesado guante que te mata a siete indios de una sola cachetada, su expresión de pensador mirando con arrogancia el mundo que acaba de poner a sus pies a la punta de Tizona, que así se llama su espada, ahí está toda el alma de Sebastián el Tizón, esa plaga que no deja ni una papa, como ocurría con la hierba después de pasar Atila. Por eso me encanta la estatua. Y no importa que Belalcazar fuera analfabeta, que Macho le trasladara algo de sus estatuas de Pérez Galdós y Unamuno, pobres, no las necesitaban. Sólo necesitan estatuas los tiranos, los asesinos y los generales. Para que queden claros los valores que en el fondo rigen nuestro mundo actual, sugiero que en vez de fingir demonizarlos, se les irga dos estatuas a Jorge 40 y al Mono Jojoy en la plaza Bolívar de Bogotá. Nadie puede negar que son dos valientes, dos seres de su tiempo, como dice Leonor Fernández Riva hablando de los conquistadores de antaño (2 y 3). Apreciada Leonor, no soy partidario de derrocar estatuas. A favor del furor del pueblo en una revolución, lo acepto : los franceses que rompieron estatuas en 1789, o los españoles en 1936, tienen toda mi simpatía porque se desahogaban con un júbilo feroz de siglos de opresión. Y sí cambiaron la historia. Pero derrocar estatuas por decreto, en ningún caso lo avalo : sería una hipocresía y sería inútil, pues como dice usted, no cambiaría la historia. Prefiero la solución

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que adoptaron los alemanes después de la guerra : no derribaron la muchas estatuas y monumentos nazis que quedaban en su país, sino que les agregaron letreros explicativos, muchos de los cuales dicen : « esto fue elevado por criminales ». Así se integra el pasado, porque permite superarlo sin seguir eternamente enlodado en él. Eso sugiero, esta vez seriamente, para la estatua del bandido que domina la bella Cali : que le pongan una placa « fundador de Cali con el oro que robó a los indios, trás asesinar a miles de ellos ». Y no me venga con el argumento de que los indios también eran crueles. El burro Pantxo de Don Carlos Vidales (3), cuya divina prosa le aconsejo leer, ya lo ha dicho todo al respecto. Sólo agregaré que no hay en Colombia estatuas del asesino HuaynaCápac, y que no lo lamento. Y tampoco me venga con el cuento de que juzgamos a nuestros antepasados de hace 500 años con criterios de ahora. Los juzgamos con criterios humanos de siempre. Con la violencia para acaparar y la injusticia resultante nacieron los anhelos de paz y de justicia. Hace 500 años, hace 1000 años, hace 10 000 años (antes no, porque no había guerras entre los cazadores-recolectores), hubo mucha gente que denunció los horrores de la guerra y los asesinos, tiranos y generales que viven « valientemente » de ella, porque les daba el mismo asco e indignación que a nosotros. Sólo le mencionaré tres famosos « seres de su tiempo », valientes de verdad porque no temían el furor de los violentos y poderosos en su contra : los humanistas Las Casas, Rabelais y Montaigne, contemporáneos del bárbaro Sebastián de Belalcazar, el Tizón de la Tizona. Yves Moñino, franchute colombianizado. De Yves MONINO , ymonino@orange.fr para NTC <ntcgra@gmail.com> fecha Paris , 2 de agosto de 2009 17:58 asunto re: Cali, 473 años! y Sebastián de Belalcazar ++++

Responde Pantxo * a Estatuas de valientes asesinos : ¿Rencor
histórico? Por Yves Moñino . Estocolmo Agosto 3, 2009 · * http://hem.bredband.net/rivvid/pantxo/BURRO01.HTM Y **

Híjole, se emberriondó mi excelente amigo franchute don Yves Moñino! Ojalá tuviéramos más franchutes como él en Colombia, no solamente porque escribe muy bien sino porque es buen ejemplo para vuestras colombianas mercedes: él dice francamente su opinión sin insultar a nadie y eso da mucho gusto. Me ha emocionado enormemente que el Señor Hermano Yves diga que yo, humilde burro, tengo una “divina prosa”. Se lo agradezco de corazón y le prometo que trataré de merecer tan alto elogio cuando la inspiración y el caletre me estimulen a escribir alguna de mis reflexiones. No será fácil, porque don

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Carlos Vidales me tiene ahora muy ocupado con una cantidad de menesteres tan abrumadora, que he llegado a sentir nostalgia de aquellos días terribles de la conquista, cuando el tunante de Benalcázar (o Belalcázar, alias “El Fierroso”) me obligaba a cargar baúles repletos de biblias e instrumentos de tortura. “Estamos civilizando”, decía ese bandido, y yo pensaba: “Su merced no está civilizando, está desplazando y masacrando, y me está obligando a cargarle su arsenal de ignominias”. Pero solamente lo pensaba y no lo decía, porque cuando un burro rebuzna todos se hacen los que no entienden. Sea como fuere, diré que me siento muy agradablemente sorprendido al constatar que el Señor Hermano Yves sí se acuerda de mi excelentísimo amigo el hermano Fray Bartolomé de las Casas. Estoy segurísimo de que también se acuerda del hermano Montesinos, porque su terrible sermón “Ego vox clamantis in deserto”, apostrofando en sus cochinas y peludas caras a los conquistadores, en Santo Domingo, el primer día de Adviento de 1511, fue reproducido por el hermano las Casas y lo contó de este modo: Llegado el domingo y la hora de predicar, subió al púlpito el susodicho padre fray Antón Montesino, y tomó por tema y fundamento de su sermón, que ya llevaba escrito y firmado por los demás: Ego vox clamantis in deserto. Hecha su introducción y dicho algo de lo que tocaba a la materia del tiempo del Adviento, comenzó a encarecer la esterilidad del desierto de las conciencias de los españoles de esta isla y la ceguera en que vivían; con cuánto peligro andaban de su condenación, no advirtiendo los pecados gravísimos en que con tanta insensibilidad estaban continuamente zambullidos y en ellos morían. Luego torna sobre su tema, diciendo así: "Para dároslos a conocer me he subido aquí, yo que soy voz de Cristo en el desierto de esta isla, y por tanto, conviene que con atención, no cualquiera, sino con todo vuestro corazón y con todos vuestros sentidos, la oigáis; la cual voz os será la más nueva que nunca oísteis, la más áspera y dura y más espantable y peligrosa que jamás pensasteis oír". Esta voz encareció por buen rato con palabras muy punitivas y terribles, que les hacía estremecer las carnes y que les parecía que ya estaban en el divino juicio. La voz, pues, en gran manera, en universal encarecida, les declaró cuál era o qué contenía en sí aquella voz: "Esta voz, dijo él, que todos estáis en pecado mortal y en él vivís y morís, por la crueldad y tiranía que usáis con estas inocentes gentes. Decid, ¿con qué derecho y con qué justicia tenéis en tan cruel y horrible servidumbre a estos indios? ¿Con qué autoridad habéis hecho tan detestables guerras a estas gentes que estaban en sus tierras mansas y pacíficas, donde tan infinitas de ellas, con muertes y estragos nunca oídos, habéis consumido? ¿Cómo los tenéis tan opresos y fatigados, sin darles de comer ni curarlos en sus enfermedades, que de los excesivos trabajos que les dais incurren y se os mueren, y por mejor decir, los matáis, por sacar y adquirir oro cada día? ¿Y qué cuidado tenéis de quien los doctrine, y conozcan a su Dios y creador, sean bautizados, oigan misa, guarden

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las fiestas y domingos? ¿Estos, no son hombres? ¿No tienen almas racionales? ¿No estáis obligados a amarlos como a vosotros mismos? ¿Esto no entendéis? ¿Esto no sentís? ¿Cómo estáis en tanta profundidad de sueño tan letárgico dormidos? Tened por cierto, que en el estado [en] que estáis no os podéis más salvar que los moros o turcos que carecen y no quieren la fe de Jesucristo". Finalmente de tal manera se explicó la voz que antes tanto había encarecido, que los dejó atónitos, a muchos como fuera de sentido, a otros más empedernidos y algunos algo compungidos, pero a ninguno, por lo que yo después entendí, convertido. Concluido su sermón, bájase del púlpito con la cabeza no muy baja, porque no era hombre que quisiese mostrar temor, así como no lo tenía, si se daba mucho por desagradar los oyentes, haciendo y diciendo lo que, según Dios, le parecía convenir; con su compañero se va a su casa pajiza, donde, por ventura, no tenían qué comer, sino caldo de berzas sin aceite, como algunas veces les acaecía. Salido él, queda la iglesia llena de murmullo, que, según yo creo, apenas dejaron acabar la misa. Yo recuerdo muy bien ese sermón, porque en aquel tiempo estaba al servicio de un conquistador de cuarta categoría, que me daba palo por el lomo y palo por el culo (dicho sea con respeto de las señoras y señoritas) y aquel día me había parqueado frente al atrio de la iglesia. El clamor justiciero, valiente, heroico, del hermano Montesinos, resonaba en el aire caluroso y húmedo, se abría camino por entre los olores y los hedores de la canalla conquistadora, llenaba como una lluvia de truenos al ámbito de la plaza y me entraba por las orejotas y erizándome la pelambrera. Sentí una emoción incontenible y no me avergüenza confesar que ese día lloré lágrimas de burro pensando en mis hermanos oprimidos del Nuevo Mundo. Otras veces he sentido emociones parecidas: cuando tuve mi primer encuentro con el hermanito Francisco de Asís, hace ya más de ocho siglos; cuando don José Martí me dio el encargo de llevar unos papeles de su Partido Revolucionario para una asociación obrera y me explicó su contenido, haciéndome entender la importancia humanista y universal de la misión que me encomendaba; y para no ir más lejos, cuando el hermano rabietas Agustín de Hipona (al que vuestras mercedes llaman “San Agustín”) me leyó uno de sus sermones en el que decía: “la propiedad privada es un robo y un crimen contra la naturaleza”. Y esto fue un domingo de hace mil seiscientos años, a eso de las ocho de la mañana. Por eso, cuando se dice que a la gente hay que juzgarla según los parámetros de su tiempo, a mí se me arrugan un poquito las orejas y pienso que todo, absolutamente todo es relativo, como decía el hermano Einstein. En la física, el tiempo-espacio y el espacio-tiempo son relativos entre sí y recíprocamente. Vuestras mercedes entienden, y si no entienden dicen de todas maneras que entienden por aquello del qué dirán. Del mismo modo ocurre con los valores morales y las funciones de la inteligencia: ¿Juzgaré a los rufianes del tiempo del hermano Francisco con los valores del tiempo de los rufianes, o con los del

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tiempo del hermanito de Asís? ¿Trataré a los señores hermanos burros con amor, según los valores de mi amigo el carpintero José de Nazaret, o los trataré según los valores de Caifás? ¿Cuáles son los valores de “su tiempo”? ¿No están el tiempo y sus valores divididos en clases, según el teorema del hermano Marx, de modo que en todo tiempo hay valores de explotadores y valores de explotados, de opresores y de oprimidos, de desplazadores y de desplazados, de conquistadores y de personas decentes? No lo sé, explíquenmelo vuestras mercedes que todo lo saben. Yo me quedo con el argumento de mi excelente amigo el Señor Hermano Yves. Siempre que han aparecido infamias en la historia, han aparecido consecuentemente los luchadores contra las infamias. Y eso que estamos hablando solamente de seres humanos, que si yo les contara la cantidad de individuos maravillosos, generosos, justos y ecuánimes que en el mundo han sido en el resto de los seres vivientes, se caerían vuestras mercedes de culo, siempre con respeto de las señoras y señoritas. Y ya basta, porque este sermón está muy largo y don Carlos Vidales me llama desde sus aposentos para que le alcance el “Elogio de la Bragueta” del hermano Rabelais, y me va a tomar media hora encontrarlo en el caos de su biblioteca. Sean vuestras mercedes buenas gentes, amen a sus prójimos y alimenten a las palomas para que se caguen en las estatuas. Estocolmo, 2009-08-03. Pantxo el Orejón ---** De Carlos Vidales carlos@bredband.net Para NTC Fecha 3 de agosto de 2009 00:50 asunto RE: Estatuas de valientes asesinos : ¿Rencor histórico? Por Yves Moñino Responde Pantxo Carlos Vidales http://hem.bredband.net/rivvid/ http://luisvidales.blogspot.com/ http://losimportunos.wordpress.com/ ++++ De Carlos Vidales para gaboruizar@hotmail.com cc Yves Monino , NTC Fecha 3 de agosto de 2009 09:35 asunto Historias de valientes ladrones - el caso del Odyssey Tres mil millones de euros vale el tesoro robado de América que se hundió con el

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barquito “Nuestra Señora de las Mercedes”. Ahora se pelean por ese tesoro los valientes españoles que se lo habían robado, y los valientes piratas gringos que lo sacaron del fondo del mar. Y los argumentos de España: Noticia La epopeya del 'Odyssey' En algunos casos, el dinero es lo de menos. Frente a la audacia, el arrojo, la honra y eso para tantos anecdótico pero que es ni más ni menos que la historia; el oro, la plata, el vil metal, es lo de menos. Aunque hablemos del mayor tesoro hundido y cuantificable del mundo, aunque se trate de más de 3.000 millones de euros de hoy perdidos hace dos siglos frente a las costas... ver contenido en ELPAÍS.com
http://www.elpais.com/articulo/revista/agosto/epopeya/Odyssey/elpepirdv/20090803elpepirdv _1/Tes

Saludos, Carlos Vidales http://hem.bredband.net/rivvid/ http://luisvidales.blogspot.com/ http://losimportunos.wordpress.com/ ++++ Actualizó: NTC … / gra . Julio 28, 2009. 12:33 PM,/ Julio 30, 2009, 9:43 AM. / Agosto 2, 2009. 10:45 PM / Agosto 3, 2009. 2:18 PM.

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“CAPÍTULO” TERCERO
From: Almanaque Leonor [mailto:almaleonor@gmail.com] Sent: den 5 augusti 2009 02:48 To: carlos@bredband.net Subject: Leonor Fernández Riva en referencia a su comentario

Señor: Carlos Vidal: Quiero referirme al amable comentario que a través del magnífico Blog NTC que dirige mi buen amigo Gabriel Ruiz se ha dignado usted realizar acerca de mi artículo: “El rencor histórico”. Me siento, créame, muy honrada por sus generosas palabras. Y en cuanto a los reparos a mi manera de describir a los conquistadores como “valientes”, reconozco que es quizá una forma un tanto pueril de cualificar el denuedo de los peninsulares durante esa gesta porque es indudable que tanto ellos como los nativos americanos no tenían otra alternativa de comportamiento en el fatal instante de su encuentro. También a mi me puso a pensar su interesante acotación a “ignominia sin nombre”. Soy sumamente receptiva a estos conceptos porque amo la pureza y la forma del idioma. Aunque la acepción “perder el buen nombre” no figura entre las definiciones de “ignominia” reconozco que su raíz latina tiene ese significado y que por lo tanto sí incurrí, aunque de forma sutil, en el abominable pleonasmo. Sustituiré pues, este vocablo por “estigma” o “baldón” para calificar la traición ignominiosa de que hablo en mi texto. Cordialmente., Leonor Fernández Riva ¡Ah! Y mucha suerte con el aprendizaje del quechua.
+++++ From: Carlos Vidales <carlos@bredband.net> Date: 04/08/2009 23:32 Subject: RE: Leonor Fernández Riva en referencia a su comentario

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To: Almanaque Leonor <almaleonor@gmail.com>

Buenos días, Leonor. Mil gracias por su amable mensaje. Después de leer lo que yo mismo había escrito, caí en cuenta de que me faltó agregar algunos matices que ya tenía pensados. En primer lugar, debí decir que no es incorrecto decir “la ignominia sin nombre”, aunque suene a redundancia, porque “ignominia” se refiere etimológicamente a la pérdida del nombre (del buen nombre) a que eran condenados los reos de delitos graves; pero lo que usted estaba calificando era el delito mismo y ese delito, efectivamente, puede y debe ser causa de ignominia para sus autores, aunque no exista un nombre ajustado para definirlo (es más que genocidio, robo a mano armada, exterminio étnico y cultural, todo junto). Lo que en esencia dijo usted, y lo dijo bien, es: “el crimen sin nombre de quienes, al cometerlo, perdieron su buen nombre”. También me faltó matizar, o precisar mi comentario sobre la “valentía” de los conquistadores. Como usted muy bien dice, los actores y las víctimas de la conquista no tenían muchas alternativas a su disposición. En el caso de los conquistadores, hay que decir que no llegaron al Nuevo Mundo todos lo que querían llegar, sino los que eran seleccionados por los capitanes de hueste y empresarios de “descubrimiento”, muchas veces oyendo el parecer de los financistas y prestamistas comprometidos en el negocio. Por eso, es natural que fueran “valientes” en el sentido que los organizadores de la empresa le querían dar a esa palabra: audaces, atrevidos, osados, sin escrúpulos, diestros en el arte de asaltar y matar, capaces de enfrentarse a cualquiera que pudiera constituir obstáculo para la empresa (lo que incluía al predicador, al notario, al oidor y a todos los demás representantes de la ley humana y divina). En consecuencia, creo que hablar de que los conquistadores eran valientes, constituye la verdadera redundancia de su excelente artículo. Es como si dijéramos que “los prestamistas tenían dinero para prestar” o que “los sacerdotes católicos que acompañaban a los conquistadores creían en la Santísima Trinidad”. Porque, de hecho, para poder ejercer su oficio, tanto los conquistadores como los prestamistas y los sacerdotes de la conquista debían tener –y tenían– los atributos que ahora les daríamos pecando, como digo, de redundantes.

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El argumento del valor o valentía de los conquistadores tiene más bemoles y arandelas: no ha sido usado por historiadores que quieren averiguar lo que sucedió, sino por historiadores y seudohistoriadores que usan la escritura de la historia como un ejercicio apologético, con frecuencia a favor de su parroquia, su vecindario, su apellido o sus antepasados reales o ficticios. Con frecuencia se extiende esta retórica a la calificación de toda una nación y todo un pueblo: “el heroísmo español”, la “intrepidez ibérica”. Y una vez que se ha hecho esto, se acaba la historia como ejercicio de la verdad y triunfa la mentira oficial. Del otro lado de la barricada, hay algunos (muchos, por desgracia) que rinden culto al “valor” de la Gaitana, de Caupolicán, del cacique Hatuey, de mi tatarabuelo el cacique Calarcá, como si la valentía pudiera constituir elemento de criterio para definir la justicia o injusticia de alguna causa. Los taínos eran pacíficos, tan pacíficos, que se dejaron exterminar sin tocar a sus verdugos ni con el pétalo de una flor. Sin embargo, la justicia estaba de su parte. También en esa actitud mansa hay heroísmo, como lo demostró Gandhi de manera incontestable. Le agradezco sus buenos deseos con respecto a mi aprendizaje de quechua. Lo primero que debo hacer es recordar lo que aprendí cuando viví en el Perú, compartiendo trabajos y esperanzas con las gentes de una comunidad andina (ayllu) en la región del Cuzco, hace ya cuarenta años. Cordialmente, Carlos Vidales
++++ Message du 05/08/09 03:00 De : "Almanaque Leonor" A : ymonino@orange.fr Copie à : NTC … Objet : Leonor Fernández Riva en referencia a su comentario

Señor. Ives Moñino : Quiero hacerle llegar unos apuntes a su comentario acerca de mi artículo « El rencor histórico », difundido en el blog NTC de mi muy

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apreciado amigo Gabriel Ruiz, y desde luego, agradecimiento por tomarse su tiempo para comentarlo.

también

mi

De ninguna manera fue mi deseo hacer una apología de la conquista y de los crímenes cometidos por los conquistadores. Soy consciente desde luego, de que aquella fue una gesta injusta y opresiva en muchos aspectos. Pero pienso que resulta por demás reiterativo que en cada aniversario del descubrimiento volvamos a sangrar por la herida y revivir el rencor que nos produce aquel hecho histórico. No es mi intención tampoco iniciar una polémica sobre esta posición porque creo sinceramente que cada uno es libre de escribir sobre lo que siente o piensa. Me afirmo eso sí en que no podemos juzgar los hechos del siglo XVI con el baremo del siglo XXI porque muy otro era el sentir « general » por aquellos lejanos días. Ni siquiera se soñaba en ese entonces con los derechos humanos y las revolucionarias Liberté, égalité, fraternité eran todavía expresiones de ciencia ficción. Montaigne fue desde luego un espíritu selecto y un sincero humanista que abominó la injusticia y los abusos cometidos en América, pero ese no era precisamente el pensamiento que caracterizaba a los ejércitos ni a los gobiernos de ese entonces. Paradógicamente una frase de este gran ensayista en la que acepta tácitamente la fatalidad : « Nunca se logra ningún beneficio sin perjudicar a otro ».
El ejemplo de Rabelais no me parece tan claro aunque quizá hubo en América muchos Gargantúas y Pantagrueles representados por aquellos hombres bastos, ignorantes y tan hambrientos de oro y fortuna.

Bartolomé de las Casas es otra cosa: un hombre de iglesia, sensible y humanista adelantado a su tiempo que propugnaba la igualdad genérica del ser humano al margen de cualquier posición política… y hasta religiosa. Pero me reafirmo en que su pensamiento no era el pensamiento de la época. Ni siquiera de la Iglesia lo cual quedó demostrado en la Junta de Valladolid cuando debió defender sus conceptos humanitarios ante otro religioso: Juan Gines de Sepúlveda que afirmaba en cambio que las conquistas eran necesarias para el progreso cultural de España y que la civilización equivalía a derecho del dominador sobre el dominado para evangelizarlo y elevarlo a su misma altura.

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Ginés de Sepúlveda es uno de los más claros ejemplos de cómo al europeo del siglo XVI le era difícil comprender la existencia de culturas diferentes a "la cristiandad", y de cómo fácilmente las consideraban inferiores. Hacerles la guerra a los nativos americanos e imponerles el dominio español era considerado un asunto de "Ley Natural", incluso un beneficio para las víctimas. En la Junta de Valladolid, Bartolomé de las Casas defendió con ardor su punto de vista humanista y evangélico sin encontrar en la audiencia el apoyo que hoy hubiera sido rotundo. Solo hago una acotación que estimo necesaria para demostrar lo difícil que resulta, aun para un hombre superior alcanzar una aceptación unánime: a pesar de la grandeza de su espíritu y de su humanitaria labor en América, Fray Bartolomé de las Casas no es precisamente un personaje a quien los afro descendientes levantarían una estatua. Y a propósito de estatuas, lo de la Plaza de Bogotá lo dudo, pero en cambio hago votos porque ya esté cercano el día en que al beatífico Mono Jojoy le levanten -al igual que al memorable Tiro Fijo- una estatua en algún parque de nuestra pintoresca república hermana. No me parece nada mal la idea de la placa aclaratoria, para todos los homenajeados, incluyendo claro está al “ bárbaro Sebastián de Belalcazar, el Tizón de la Tizona ». Pero… ¿será que alguien se toma el tiempo de leerlas? Cordialmente., Leonor Fernández Riva almaleonor@gmail.com . ++++
From: Yves MONINO <ymonino@orange.fr> Date: 05/08/2009 18:31 Subject: re: Leonor Fernández Riva en referencia a su comentario To: Almanaque Leonor <almaleonor@gmail.com> Estimada Leonor, Le mando mis comentarios a su amable carta en documento adjunto, porque este espacio no me permite poner las tildes. Muy cordialmente, Yves Moñino
Estimada Leonor, También le agradezco mucho que se haya tomado el tiempo para escribirme y contestar con calma y cortesía a mis impertinencias. Me alegra que le guste la idea de la placa aclatoria para las estatuas de nuestros héroes, que desde luego no es suficiente de por si misma : los alemanes también enseñan los crímenes de sus antepasados en las escuelas, no por el placer sadomasochista de hacer sangrar las heridas sino para que no se reproduzcan en su país. Los alemanes, como los colombianos, tienen suficientes motivos de orgullo para sustentar su autoestima, entre Heine y García Marquez,

47 Beethoven y Andrés Landeros (el Beethoven de la cumbia), Karl Liebknecht y Jorge Eliecer Gaitán a pesar de su populismo : nadie es perfecto, ni siquiera Las Casas o Montaigne, pero todos son voces que no aceptan las ideas « generales » de su tiempo, así sean musicales, y que cambian las mentalidades.

Le aclaro lo de Rabelais. No aludía al apetito desmesurado de Gargantua, que es un buen gigante, sino al odio a la guerra y a las injusticias que emana de la narración de las guerras picrojolinas, donde Gargantua ayuda el pueblo a derrotar al detestado rey Picrojolo, « El Furioso » (del griego picros « agrio, cruel » y jolè « bilis » ; los médicos, y Fray François Rabelais fue también un buen médico de su tiempo, pensaban que la ira provenía del recalentamiento de la bilis). El humanismo de Rabelais se manifestó a través de una enorme carcajada escatologicosexual antisorbónica, pues la escolástica Sorbona nuestra estaba compuesta de Juanes Gineses de Sepúlveda que negaban el cuerpo, sus deseos y sus funciones y prohibían las disecciones humanas que Fray François ya practicaba. La carcajada, es sabido, es el mejor modo de no asfixiarse de la indignación, libera al desatragantarlas las vias respiratorias y mantiene al sujeto en buena salud y en estado de seguir denunciando las infamias sin aburrir a nadie. Vuelva a leer esos capítulos de las guerras picrojolinas, donde se realizan como nunca la fusión de la observación realista de las costumbres « de su tiempo », del arte de contar y de ideas serias sobre la guerra (rechaza rotundamente la guerra de conquista, sólo acepta la guerra defensiva e indica commo conducirla, qué lastima que Tirofijo no hubiera leido a Rabelais).
Pasemos a sus serios argumentos para defender la idea que los hechos de tan lejanos dias no pueden ser evaluados con el barema del siglo XXI. Le pido disculpas por haber calificado su opinión al repecto de « cuento ». Se me fue el teclado. Son serios los argumentos, pero no me convencen y se los voy a discutir. Sin entrar en polémica, sino para seguir este debate. En una polémica, se trata de vencer y no de convencer, como dice mi gran hermano Carlos Vidales en alguna parte del mejor blog literario de Colombia y quizás del mundo, el de nuestro muy apreciado amigo común Gabriel Ruiz. Y resulta que hasta Carlos Vidales, que no es tierno con las actitudes fatalistas, parece darle razón a usted cuando escribe :

« Finalmente: la única diferencia importante entre los conquistadores de ayer (Pizarro, Cortés, Quesada, Belalcázar) y los conquistadores de hoy (don Berna, don Álvaro, don Jojoy, don Pablo), consiste en que hace quinientos años se consideraba legítimo, permitido, autorizado, matar, masacrar y despojar, si se hacía por la fe de Cristo, por la Corona y por la civilización; y en cambio, hoy, se considera ilegal, criminal, punible, prohibido, hacer todas esas cosas, independientemente de los móviles, motivos y fines. Ese pequeño detalle hay que tenerlo en cuenta a la hora de juzgar a los criminales de hace medio milenio, y a los de hoy. » (http://ntcdocumentos.blogspot.com/2009_07_28_archive.html, antes de su artículo)

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Bueno, pues. Pero no me parece cierto que la infamia de hace quinientos años se consideraba legítima si se hacía por la fé, por la Corona y por la civilización. Ya existían el « no matarás » y las predicaciones de Cristo que cuando no hablaba de espadas y de división, pregonaba el amor al prójimo y ofrecía la mejilla izquierda a los agresores. Si bien es cierto que la Corona no puso en tela de juicio la conquista ni la esclavitud, mandaba frecuentemente órdenes para que sus sujetos tratasen cristianamente a los indios y a los esclavos. Hasta hubo, muy contadas veces es verdad, bandidos condenados por sus atrocidades en aquel entonces. Lo mismo que hoy, Leonor, ¡lo mismo que hoy! Hoy las infamias ya no se cometen por la fé ni por la Corona, se cometen en nombre de la libertad, de la igualdad, de la fraternidad o de la democracia. La conquista de África por la República francesa se hizo dizque para traerles estos valores a los salvajes, a punta de masacres y de hambrunas provocadas por la quema organizada de sus cultivos. En 1900, trás treinta años de « pacificación », la población de Argelia había disminuido de un tercio, la del Congo francés de la mitad. Como en América, Leonor, ¡como en América! ¿Quién fue inquietado? Unas muy contadas veces, algunos bárbaros que se habían pasado de límites, como ese Voulet, oficial del ejército de la libertad-igualdad-fraternidad : se hizo un imperio entre Sudán y Nigeria masacrando a miles de campesinos, al igual que Napoleón, otro conquistador nacido de la revolución, cuyo sarcófago es un atractivo turístico muy concurrido y que no lleva placa « aquí yace una canalla que dejó Europa y Francia desangradas ». Voulet fue ajusticiado por su general, no tanto por las atrocidades cometidas, sino para evitar un incidente diplomatico con Inglaterra, pues parte de su imperio usurpaba unas tierras aun no ocupadas por nadie pero atribuidas a este país por un acuerdo entre los bandidos oficiales que se estaban compartiendo democráticamente la tierra de los africanos. Y Napoleón sigue en su sarcófago, adulado aún por muchos « republicanos », por algunos historiadores que celebran su genio militar, su audacia y su exportación de la libertad a la punta de las bayonetas : el último libro dedicado a la gloria de Napoleón es de nuestro ex primer ministro Dominique de Villepin, el mismo que se opuso con tanta elocuencia en la tribuna de la ONU a la guerra de los gringos para traer la democracia a los irakíes. En 1956, fue el gobierno, socialista para más, de la república francesa que accedió oficialmente al pedido de sus generales de torturar a los sospechosos del Frente de liberación argelino que luchaba por la independencia de su pueblo. En el 2006, el general Aussaresses, un poco menos hipócrita que sus comensales, se vanaglorió en la televisión de haber torturado personalmente, justificándolo « porque sonsacarles información a los terroristas era el único modo de acabar con la insurgencia ». Sin deternos en el hecho de que lejos de acabar con la insurgencia perdieron la guerra, ¿qué pasó con Aussaresses? Un gran escándalo mediático con declaraciones ofuscadas de nuestros gobernantes de turno y nada, pero nada más. Sigue libre (hay prescripción de sus crímenes) y los políticos que le permitieron cometerlos también, rodeados de respeto « general ». Es más. El

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estado francés exportó también sus técnicos especialistas en torturas sofisticadas, adquiridas en la guerra contra Argelia, asesorando entre otros a los militares chilenos y argentinos de la época de la dictadura. Los nazis eran brutos que no sabían mantener en vida a un torturado más de tres dias, ¡qué desperdicio en la colecta de información! Los asesores militares franceses de Pinochet y de Videla, con asistencia de médicos (sí, se hallan galenos para esas infamias) podían hacerles aguantar ¡un mes de torturas! No se detiene el progreso. Y le hablo de Francia, porque supongo que ya está mamada de los falsos positivos. ¿Quién responderá por esos 900 crímenes de estado? Dos o tres cabos o sargentos, autores directos de un crimen o dos, quizás, y con condenas leves. ¿Y los generales que imaginaron retribuir a los soldados por cada guerrillero muerto? (ya Bugeaud, el primer general que « pacificó » Argelia, daba sobresueldos a sus soldados por cada cabeza cortada). ¿Y los políticos que avalaron esta incitación al asesinato? No pasó hace 500 años, Leonor. ¿Rotundo sería hoy el apoyo a Fray Bartolomé ante una Junta cualquiera de hoy? ¿De donde saca eso? Hay hoy más Las Casas (con o sin los límites suyos que apunta justamente en cuanto a los negros) y sobre todo asociaciones de defensa de los oprimidos que denuncian por ejemplo las infamias cometidas contra los trabajadores inmigrados en Italia y en Francia, pero quién los escucha y los ayuda? Ninguna Junta, salvo unos contados municipios de izquierda, contados porque la izquierda oficial en Francia nos sirve también el cuento de que « no podemos albergar a todos los pobres del mundo ». Ya no se atreven a decir que son seres inferiores, pero los tratan como inferiores, y hasta como esclavos de antaño en el caso de los inmigrados sin papeles. Los hacen venir clandestinamente los dueños de empresas que necesitan mano de obra barata, sometida por el temor a ser expulsados ; el poder cierra los ojos, los tolera y cuando hay crisis económica como ahora, los expulsan. La cuota definida por el Ministerio de Inmigración (sí, sí, Sarkozy nos resucitó en 2008 el tristemente célebre Ministerio de Asuntos Judíos del gobierno del Mariscal Pétain, el que organizó por cuenta de los nazis la deportación de los judios de Francia a los campos de exterminación) es de 25 000 expulsados clandestinos al año. Hasta la fecha sólo han podido echar a 8 000, porque una ley de la época de Mitterrand, que se les ha olvidado suprimir hasta ahora, estipula que no se pueden expulsar a los padres sin sus hijos : entonces nació un movimiento de fondo, miles de padres de alumnos franceses, los Fray Bartolomé de barrio de hoy en dia, que creen cada vez menos en las Juntas y más en las acciones concretas, acogen y esconden a los niños negros y árabes en su casa y cuando viene la policía a recoger a los padres, no pueden meterlos en un avión rumbo a Marrecos, Mali o Chechenia porque sus hijos desaparecieron. ¡Y quieren hacernos creer que esta política es la de la Vox populi, que no aguanta más extranjeros el pueblo francés! Y es que el « sentir general » de nuestra época, que yo llamo ideología dominante, es una defensa y justificación de la injusticia institucional que constituye un sistema social basado en el capitalismo, donde gran parte de lo que producen los trabajadores es legalmente acaparado por una minoría de ladrones. Cambiaron la palabra « Corona » por la palabra « República », « Conquista » por

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« pacificación » y luego por « Defensa de la Democracia » y « Sumisión a Dios y al Rey » por « Libertad, Igualdad, Fraternidad ». Los dueños del mundo y del « sentir general » ya no son unos pocos aristócratas y esclavistas, sino otros pocos banqueros, especuladores, carteles industriales y de servicios, que acumulan e incrementan fortunas cada vez más inmensas a costa de los pueblos. Y con sus bellas palabras, logran dar la impresión a muchos, y a muchos oprimidos, que no hay otro sistema social posible. Pero creo que a nuestros descendientes de 2500 les parecerá tan inconcebible el « sentir general » de nuestras sociedades, como nos parece inconcebible hoy una defensa del derecho de conquista o de la esclavitud. Bueno, como usted es un tanto fatalista, pensará que la humanidad del 2500 seguirá en las mismas de siempre, pero yo, que soy un incurable optimista, no me resigno a ello y pienso que la lucha y la unión de los oprimidos y humillados del mundo acabará produciendo otra cosa que la república burguesa o la caricatura de socialismo que nos regalaron Lenin, Stalin y otros Tirofijo al querer instaurar sociedades más justas de manera autoritaria. La Comuna de París de 1871, la revolución anarquista en Barcelona en 1936, los consejos obreros de Budapest en 1956, las huelgas mundiales de 1968 son premisas de la verdadera democracia social que necesita la humanidad. Ya es muy larga esta carta, estoy abusando de su tiempo. Como me la mandó personalmente, le contesto personalmente. Pero me parecería deseable mandar las dos cartas a nuestro amigo Gabriel, para su blog. A Gabriel le encantan los debates, y creo que nuestro ameno intercambio no disgustaría a la comunidad de sus lectores. Le dejo la decisión de hacerlo, o de no hacerlo, y respetaré su decisión. Muy cordialmente, Yves Moñino

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“CAPÍTULO” CUATRO.
COMPLEMENTACIONES Y ANEXOS

lunes 3 de agosto de 2009 William Ospina recibió el "Rómulo Gallegos". "Elogio de las causas", su discurso.

Tomado de: http://ntc-narrativa.blogspot.com/2009_08_03_archive.html . Portal-blog complementario a NTC ... Nos Topamos Con ... .http://ntcblog.blogspot.com/ , ntcgra@gmail.com Cali, Colombia. Y a los relacionados en: Ver todo mi perfil

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Textos tomados del portal de la Fundación de Estudios Latinoamericanos "Rómulo Gallegos" (Celarg) http://www.celarg.org.ve/Espanol/index.htm : Elogio de las causas discurso del ganador del Premio Rómulo Gallegos William Ospina La tragedia americana discurso de Roberto Hernández Montoya William Ospina recibe el Premio Rómulo Gallegos -

Elogio de las causas
William Ospina
Caracas, Agosto 2, 2009
Elogio de las causas discurso del ganador del Premio Rómulo Gallegos William Ospina http://www.celarg.org.ve/Espanol/(AGOSTO%202009)%20Elogio%20de%20las%20causas.htm

Es para mí un honor y un compromiso llegar a esta tribuna del Premio Rómulo Gallegos, que, como bien lo dijo aquí mismo Fernando Vallejo, es una de las más altas de América.

Entre los muchos hechos que me han traído hasta aquí, quisiera mencionar dos hechos que ocurrieron hace unos veinte años. Empezaba la conmemoración del quinto centenario del llamado Encuentro de los Mundos, y esa circunstancia me hizo concebir el proyecto de un libro de poemas en el que se oyeran las voces milenarias del continente. Me parecía que en un mundo tan antiguo nosotros no podíamos tener quinientos años; era una desventaja tener apenas quinientos años; y con ese libro de poemas, “El país del viento”, intenté despertar en mí la conciencia de un pasado más hondo y más complejo. También entonces me pidieron escribir la parte inicial de una “Historia de la poesía

53 colombiana”. Yo intenté brindar allí una muestra de la vasta y dispersa poesía de los pueblos indígenas de Colombia, y después me interné por los meandros de la más ambiciosa de las crónicas de la Conquista, las “Elegías de varones ilustres de Indias”, de Juan de Castellanos. No sabía yo que aquel poema iba a ocupar veinte años de mi vida. Comprendí que nuestra literatura continental había comenzado no con un cuento sino con un canto, con una crónica en verso casi infinita. Juan de Castellanos, un poeta bastante descuidado por nuestra tradición, calumniado por una crítica doctrinaria, es el fundador de la poesía escrita en español en República Dominicana, Puerto Rico, Jamaica, Trinidad, Venezuela, Colombia, Panamá, Ecuador y el mundo amazónico. Leyendo ese libro convulsivo e iluminado, ese objeto apasionante de observación y de erudición, yo viví mi personal descubrimiento de América. Algunos censuraron que yo intentara rescatar del olvido, o del desdén, esa crónica abrumadora escrita en octavas reales a la algunos sabios españoles le habían negado todo vuelo poético. Pero yo hallaba poesía en cada página, pasaba tardes enteras conmovido por las batallas, sorprendido por el vuelo de los pájaros, entretenido por las astucias de los guerreros, deslumbrado por el espectáculo de los pueblos nativos, sobrecogido por la irrupción de los jaguares y de los caimanes, asombrado por la minuciosa descripción de los atavíos de los jefes de Cumaná o por la artesanía de las flechas, hechas con varas tostadas de palma y mortalmente terminadas con puntas de diente de tiburón y puyas de raya. Alguien ha dicho que hay libros que tienen “todo el abigarramiento de la selva y toda la erudición del Renacimiento”: yo reclamaría ese honor para las “Elegías de varones ilustres de Indias”, de Juan de Castellanos, bajo cuyo influjo he trabajado durante tanto tiempo, y de las que espero todavía aprender muchas cosas. Mientras me adentraba por la obra de ese hombre humilde de Alanís que tuvo la suerte y la valentía de descubrir y de nombrar un mundo, me sorprendió que en 1992, cuando se conmemoraba aquel choque, España hubiera impreso los rostros de Hernán Cortés y de Francisco Pizarro en los billetes de mil pesetas (*), los que más circulaban en la península. Sentí que España seguía envanecida de sus triunfos guerreros, celebrando el costado épico de la Conquista , que es el que a nosotros más nos aflige, persistiendo en la leyenda insostenible de que esos guerreros fueron paladines de la civilización, y olvidando al mismo tiempo la labor de quienes intentaron verdaderamente establecer la alianza de los mundos, de quienes denunciaban el horror de la Conquista como Bartolomé de las Casas, de quienes interrogaban el mundo americano, como Gonzalo Fernández de Oviedo, de quienes buscaban desesperadamente nombres para todas las cosas, de quienes, más allá de la ambición y la codicia llegaron a amar el territorio, procuraron comprender las culturas indígenas, e iniciaron el mestizaje de la lengua, como Juan de Castellanos. España había hecho obra de verdadera civilización, pero no lo sabía o no quería saberlo.

54 Prefería envanecerse de haber fundado el imperio más grande del mundo, repetirse que bajo la corona de Carlos V no se ocultaba el sol, porque cuando oscurecía en las sierras de oro de California ya estaba amaneciendo sobre los arrozales de Manila. Y yo lamenté que, fiel a una suerte de envanecimiento bélico, sólo quisiera rendirles culto a sus guerreros, y se olvidara de sus sabios y de sus poetas. En 1998 fui invitado a participar en los Cursos de Verano del Escorial, y tuve la oportunidad de corregir el libro que escribía entonces sobre Juan de Castellanos, “Las auroras de sangre”, en un hotel en la parte alta de los bosques desde donde se ven las torres del palacio de Felipe II. Y recuerdo que una tarde caminé a solas alrededor de aquella fortaleza impresionante, diciéndome que la España del Renacimiento había sido capaz de labrar esa geometría de rigor y de piedra, pero que en nuestra tierra un solo hombre, al que la experiencia y el amor habían hecho americano, había construido con palabras un monumento aún más perdurable. No sé si será lícito comparar obras tan disímiles, pero ambas son fruto del talento humano y de su vocación de eternidad, y es de siempre esa emulación entre las palabras y las piedras. Borges nos ha contado que el primer emperador chino, que ordenó construir la muralla, fue el mismo que ordenó en vano quemar los libros; y Nietzsche dijo poderosamente que es más fácil romper una piedra que una palabra. Fue en un par de pequeños libros editados por Monte Ávila donde conocí la obra de Juan de Castellanos. Eran dos selecciones antológicas del poema, y una de ellas se llamaba “Elogio de las islas occidentales”. Parecían dos pequeños volúmenes, pero cuando los abrí eran mares y selvas, ríos y serpientes, tempestades y muertes; estaban hechos de observación, de paciencia, de esplendor y de sangre, y me produjeron la sensación ineluctable de estar conociendo mi origen. Contaban a menudo hechos muy dolorosos, pero yo sentí, a quinientos años de distancia, que bien podían ser ciertas para nosotros aquellas palabras de Homero: “Los dioses labran desdichas, para que a las generaciones humanas no les falte qué cantar”. Una de las cosas más conmovedoras de aquel descubrimiento poético es que nos hacen sentir que estas patrias nuestras son una sola. Para Castellanos hablar de Cubagua y de Manaure, de Pamplona y de Coro, del Chocó y de Maracaibo, de Mocoa y de El Tocuyo, de Cumaná y de Vélez, de Cartagena y de Margarita, es hablar del mismo territorio y de la misma aventura. Yo he notado que estas novelas que he escrito, “Ursúa” y “El país de la canela”, y que son mi interrogación de quién soy como colombiano, siempre comienzan en Panamá, siempre pasan por Quito y por Cuzco, siempre cruzan por Manaos, y siempre terminan en Margarita y en Santo Domingo. Me gustaría decir de mi patria lo que dijo Carlos Mastronardi de su querida provincia: Un fresco abrazo de agua la nombra para siempre.

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Ese abrazo de sierras, de aguas y de islas define a la Colombia de mis sueños: menos un mapa que una pregunta, menos unas instituciones que una memoria, menos una certeza que un asombro inconcluso. El poema me condujo al ensayo y el ensayo me llevó a la novela: por ello entre esos géneros yo no puedo escoger. Como estados de la materia, como personas de la divinidad, como facultades de la conciencia, como contiguos laboratorios del lenguaje, los géneros se influyen y se aproximan, se apartan y se reencuentran, del mismo modo que en la vida pasamos sin pausa del deslumbramiento a la reflexión, de la reflexión al relato. Emily Dickinson lo ha dicho de un modo más fino:

Después de un gran dolor un solemne sentido nos llega, los nervios reposan severos, como tumbas, el afligido corazón se pregunta si era él quien sufría, y si fue ayer, o siglos antes .

La Conquista fue nuestra gran tragedia continental: el gran dolor que guarda para nosotros un solemne sentido. Yo siempre me digo que si bien hubo en su curso muchos crímenes y atrocidades, los hijos de la América Latina no podemos considerar aquella historia como un crimen. Estanislao Zuleta solía recordar que Hegel definió la tragedia como esa situación en la que dos posiciones que tienen cada una su validez se enfrentan y no pueden encontrar una síntesis. Durante mucho tiempo la Conquista fue ese enfrentamiento de posiciones que se validaban cada una a sí misma pero no podían encontrar una síntesis. Aquellos mundos asombrosos: el mundo de los aztecas, de los mayas, de los incas, el esplendor de sus arquitecturas, la finura de sus diseños, la rica narrativa de su orfebrería, la complejidad de sus mitos, el milagro de sus civilizaciones, se validaban totalmente a sí mismos; y aquellos invasores ferozmente cristianos, increíblemente arrojados, despiadadamente ambiciosos, parecían venir llenos sólo de arbitrariedad, de brutalidad, utilizando sin restricción esas armas mortales, los caballos, los perros, la pólvora y el hierro forjado. Yo he dedicado buena parte de mi vida a tratar de descubrir si esos varones arrogantes y monstruosos, los Cortés y los Pizarro, los Alfinger y los Belalcázar, los Alvarado y los Ursúa, agotan el sentido de la Conquista. Me conmovió más que detrás de ellos hayan venido algunos hombres llenos de sensibilidad y de respeto, en los que había mucho más

56 que ambición y mucho más que crueldad: porque esos hombres nos ayudaron a encontrar esa síntesis que la primera conquista no permitía. Nunca podremos renunciar al juicio severo de la historia; no podemos dejar de señalar los crímenes y de reivindicar a las víctimas; no podemos demorar por más tiempo la recuperación y la revaloración del vasto y rico mundo negado y profanado por la Conquista. Pero tampoco podemos renunciar al reconocimiento del asombro y de la curiosidad, a reconocer los diálogos donde los hubo, a admirar los encuentros y los descubrimientos. Después de cinco siglos de diálogos, de influencias y de mestizajes, no quedan en nuestra América muchos habitantes nativos del territorio, pero también podemos afirmar que quedan muy pocos europeos, que aquí ya casi todos somos mestizos por la sangre o por la cultura. A mí me basta visitar una comunidad nativa para entender que no soy indígena, pero me basta ir a Europa para descubrir que no soy europeo. Y sé que si yo no lo descubro, ellos se encargarán enseguida de recordármelo. A nosotros nos ha tocado el curioso destino de deplorar la conquista de América en la lengua que nos dejó esa conquista, pero también de avanzar en la demostración de que la lengua que trajeron los conquistadores no es ya la lengua que hablamos. Cinco siglos de sueños y de desmesuras, de asombros y de interrogaciones, de sufrimientos y de deslumbramientos, de aventuras y de maravillas, no sólo han transformado esta lengua sino que la han convertido en una lengua americana, de tal modo, que es evidente que España no es ya la dueña de la lengua sino sólo una de sus provincias. La parte más compleja del idioma, la más agitada, hoy, y la más perpleja, palpita de este costado del mar, y ello no significa que España no cree y no sueñe. Significa que de este lado del mar están hace ya mucho tiempo las tierras sedientas donde se sueñan los Quijotes, las fronteras culturales que engendran los culteranismos, las tierras de nadie donde se descubren los ríos profundos y las selvas del alma. Hace diecisiete años, cuando se conmemoraba el quinto centenario, había personas sensibles y conmovidas que querían salir a las costas de República Dominicana a decirle a Colón que no desembarcara. Era un ilustre sueño, como para Bradbury, para escritores de ciencia ficción. Pero todos sabemos que es tarde para decirle a Colón que no desembarque. No sólo vibra y resuena por todas partes en América esta lengua que es hija rebelde de esa conquista, sino que aquí ha vivido algunas de sus más altas aventuras, y ha forjado algunas de sus más bellas músicas. Nadie puede negar, ni siquiera en España, que nunca sonó tan bella y tan dulce la lengua castellana como en los labios de ese indio nicaragüense que se llamaba Rubén Darío. España vivió su terrible aventura americana, pero es preciso recordar que pagó por ella. Muchos americanos solemos olvidar que hace ya dos siglos le cobramos a España su

57 deuda, y que esa hazaña de arrebatarle al viejo imperio las tierras y los sueños, esa hazaña de tomar posesión del mundo americano y de aplicarnos a interrogarlo, redescubrirlo y engrandecerlo, es lo que nos dio derecho a ser distintos, a dialogar con Europa en condiciones de igualdad. Sería triste que tuviéramos hoy mucho que cobrarle a España y a Europa: eso significaría que no creemos en la grandeza y en la contundencia de las hazañas y los sacrificios que enfrentaron aquellas generaciones heroicas que construyeron con infinitas penalidades estas patrias nuestras. Y lo que ahora tenemos qué responder es qué hemos hecho y qué hemos dejado de hacer con nuestra América, en estos dos siglos de vida independiente. Cuando yo estudio la vida del libertador Simón Bolívar, casi no puedo creer lo que estoy leyendo. Esa aventura parecía irrealizable. Aquel hombre estaba poseído por una energía casi sobrenatural. Parece imposible sobreponerse a tantas adversidades, renacer de ese modo de las derrotas, una vez y otra vez. Ver la Primera República Venezolana derrotada por las fuerzas de Monteverde; ver al padre de estas patrias caminando solitario y vencido por las playas de Curacao, sin esperanza verosímil; y verlo entrar increíblemente victorioso un año después en Caracas, a la cabeza de una tropa de soldados de Mompox y de Mérida, de Cúcuta y de Barquisimeto. Ver la Segunda República Venezolana humeando entre las ruinas, a los propios llaneros dando muerte al sueño de la libertad, y ver a Bolívar otra vez derrotado y expulsado, caminando pobre y solo por las playas de Jamaica, después de haber presenciado las mayores desgracias. Y ver cómo ese hombre inexplicable, ante una catástrofe que habría desalentado y anulado a cualquier otro, se alza de nuevo de su derrota, ya no pensando en liberar a Venezuela y a la Nueva Granada sino convencido de que va a liberar al continente entero, es algo que conmueve y abruma. Nos da una idea distinta de nuestro propio temple, de la fibra del hombre americano. Es notable ver cómo Bolívar se enfrentó a los que creían que la Independencia era un asunto de razas, que había que entronizar a los indios o a los negros, y expulsar a los blancos de América. Ver cómo Bolívar comprendió que, después de tres siglos de horrores y de amores, ya no se podía hablar de un continente indígena o de un continente africano, sino sólo de un continente americano. Para resucitar la Arcadia indígena Bolívar mismo habría tenido que irse; para hacer nacer la Arcadia negra y mulata de Piar, Bolívar habría tenido que ser hijo sólo de su amada nodriza Hipólita, la tierna madre que le dio el destino. Creo que es necesario afirmarnos en nuestra memoria indígena milenaria, en la sabiduría de esas lenguas que dialogaron aquí durante miles de años con el territorio, con el clima, con la vegetación, con el cielo. Pero creo que es también necesario afirmarnos en nuestra particular condición de europeos, enriquecida para siempre por todos los aportes de la historia. Y si bien es tarde para decirle a Colón que no desembarque, no es tarde para arrojar una mirada crítica sobre el modo como nuestras sociedades rindieron honores excesivos a su componente europeo, negándose a aceptar el legado de las civilizaciones indígenas y negándose a valorar el complejo, delicado y definitivamente

58 salvador aporte de los hijos de África. Yo diría que a un latinoamericano se lo reconoce porque su inteligencia europea esté llena de inesperados atajos indígenas, de los caminos oblicuos del pensamiento mágico. En eso tenemos un parentesco con lo más inspirado de la tradición norteamericana. En su relación con la naturaleza habría que decir que Whitman ofició en su espíritu como el último indio de Norteamérica. Que Emily Dickinson, contrariando la lógica de la línea recta y de las verdades que se chocan, nos dejó aquellas sabias palabras: Dí toda la verdad mas dila al sesgo, el arte está en decirla oblicuamente. Y también tenemos un parentesco con lo más rebelde de la tradición europea. También Novalis, como si fuera un indígena precristiano, fue capaz de decir que La poesía cura las heridas que la razón inflige. Es aquí donde a alguien se le ha ocurrido definir al día con esta imagen: Un relámpago con hocico de tigre. Y hay allí una persistencia del mundo mítico indígena que no cabe del todo en el universo mental de Occidente. A comienzos del siglo XX, Europa, hastiada de guerras y de verdades racionales excluyentes, buscaba en el lenguaje el bálsamo de otras lógicas, de otros caminos para la vida, y trató de encontrar esos recursos nuevos en la libre asociación, en la ilógica de los sueños, en la escritura automática, y engendró el dadaísmo y el surrealismo. Algunos de nuestros poetas comprendieron que nosotros teníamos en el mundo indígena y en el mundo africano esas otras lógicas que la civilización necesitaba. Y es tal vez por eso que Gallegos y Rivera, que César Vallejo y López Velarde, que Barba Jacob y Gabriela Mistral, que Borges y Neruda, que Rulfo y Aurelio Arturo, que Carpentier y García Márquez han conmovido al mundo. Han hecho nacer una literatura que ya no se debe exclusivamente a la tradición occidental, que oye los ríos profundos, que quiere capturar en las palabras el misterio de la llanura y de la selva, el barro de los huesos andinos y “el relámpago verde de los loros”. Nuestra literatura no dice: “A Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César”, sino que dice, humilde y misteriosamente: Apoya tu fatiga en mi fatiga, que yo mi pena apoyaré en tu pena. Sería vanidad pretender que somos radicalmente distintos de otros pueblos, que nuestra

59 literatura sueña cosas que otros jamás soñaron. Pero sí es posible decir que algunas cosas que ha dicho nuestra literatura suenan nuevas en el cántaro de la tradición, y que cosas que antes dijeron otros las hemos hecho salir no de nuestra memoria sino de nuestra experiencia. Aquellos versos tan nobles de Lope de Vega: ¿Qué tengo yo que mi amistad procuras, qué interés se te sigue, Jesús mío, que a mi puerta, cubierto de rocío, pasas las noches del invierno oscuras?

comparten el mismo azorado asombro, el mismo peso de contrición humana que estos de César Vallejo:

Hoy no ha venido nadie a preguntar; ni me han pedido en esta tarde nada. No he visto ni una flor de cementerio en tan alegre procesión de luces. Perdóname, Señor: qué poco he muerto! En esta tarde todos, todos pasan, sin preguntarme ni pedirme nada… Y no sé qué se olvidan y se queda mal en mis manos, como cosa ajena. He salido a la puerta, Y me dan ganas de gritar a todos: Si echan de menos algo, aquí se queda! Porque en todas las tardes de esta vida,

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yo no sé con qué puertas dan a un rostro, y algo ajeno se toma el alma mía. Hoy no ha venido nadie, y hoy he muerto qué poco en esta tarde! Ese desorden de los sentidos que buscaba Rimbaud, como gran instrumento de poesía moderna, y que los surrealistas creyeron encontrar en la libre asociación, en la lógica de los sueños y en un esfuerzo de arbitrariedad, nosotros lo encontramos más fácil y más naturalmente en la encrucijada de nuestras sangres y en el hondo y aún indescifrado camino de nuestras anudadas mitologías. Pero quisiera señalar también que el cruce de las culturas europeas con las culturas indígenas pudo haberse resuelto entre nosotros para siempre en odio y en amargura, si no hubiera llegado al mismo tiempo esa fiesta del color y del ritmo, esa ternura y esa energía que son el hondo aporte de los hijos de África. Nadie como ellos nos ha enseñado a perdonar, nadie como ellos ha sabido desprenderse de los dogmas de la memoria, aceptando que la memoria está en el ritmo y en el cuerpo; nadie como ellos nos ha enseñado a entrar en el futuro sin resentimientos. El aporte de África es el más musical de nuestros componentes, y la música sabe enlazar la soberbia con la amargura, la tristeza con la fiesta, el odio con el perdón. Creo que Juan de Castellanos lo intuyó cuando se propuso hacer de la historia de la conquista no un cuento sino un canto; pero tenían que pasar los siglos y los duelos, los amores y las guerras, los besos y las mitologías, para que nuestra lengua, reinventada en América, fuera capaz de Gallegos y de Rivera, de Othon y de Mastronardi, de Arguedas y de Cesar Vallejo, de Palés Matos y de Aurelio Arturo. Para que nuestra lengua fuera capaz de Pérez Bonalde y de López Velarde, de Neruda y de García Márquez. Cuando ya se tiene una tradición como esa, una de las tradiciones literarias más ricas del planeta, ya no necesitamos arrepentirnos de la complejidad de nuestros orígenes. Ya podemos mirar la historia universal, y la historia de España, y la historia de América, y decirnos, con amor, como el poeta: Se precisaron todas esas cosas, para que nuestras manos se encontraran. Muchas gracias. ++++

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El 20 de julio Germán Patiño , Al margen

EL PAIS, Cali, Julio 20 de 2009 http://www.elpais.com.co/historico/jul202009/OPN/op1.html Reprodujo, publica y difunde: NTC … Nos Topamos Con … http://ntcblog.blogspot.com/ , ntcgra@gmail.com . Cali, Colombia, Julio 20, 2009 Conocí, gracias a Lily Mosquera de Jensen, una carta de Tomás Cipriano de Mosquera escrita al Prefecto Municipal de Popayán en 1878. En ella, declina la invitación que el Prefecto le ha hecho para que participe en una junta destinada a preparar la celebración del 20 de julio de 1879. La razón, según lo escribe Mosquera, es que jamás ha reconocido al 20 de julio de 1810 como Día de la Independencia Nacional. Tomás Cipriano, que sabe de lo que escribe, ya que él mismo es uno de los héroes de esa gesta Patria, aduce dos tipos de razonamientos para desconocer la fecha que hoy celebramos. Primero, recuerda que el 20 de julio de 1810 no fue el primer evento de su tipo en lo que actualmente es territorio colombiano, como tampoco en lo que a comienzos del Siglo XIX era territorio neogranadino. Llama la atención sobre el hecho de que Cartagena antecedió a Santafé, lo mismo que Quito, Caracas y El Socorro –se le olvidó mencionar a Cali, Funes y Tumaco. Y que no existía entonces unidad nacional que permitiera considerar al suceso de Santafé como el más significativo de todo el territorio. En segundo lugar, Mosquera coloca el ejemplo de Mompox, cuyo cabildo declaró la independencia de España el 6 de agosto de 1810, para poner en evidencia que el 20 de julio en Bogotá no se declaró ninguna independencia. De hecho, en Santafé, al igual que en Quito, Cartagena y Caracas, lo mismo que en Funes, Cali, El Socorro y Tumaco, se siguió jurando fidelidad a la corona española y a su rey Fernando VII (“nuestro bienamado Fernando”), y su lucha se circunscribió al reclamo por la autonomía provincial. Para Mosquera, la única ciudad de la Nueva Granada que levantó su voz para oponerse al dominio español en 1810 fue Mompox, y su sacrificio y valor merece la eterna gratitud de los colombianos. De hecho, Mompox pagó caro su audacia. Cartagena, que también luchaba por la autonomía, como lo hicieron Cali y Santafé, entre otras ciudades, le declaró la guerra a los momposinos en una actitud vergonzosa de su aristocracia criolla. En 1814, el gobierno de Cartagena se vio obligado a pedirle perdón a Mompox por aquella postura traicionera de los patricios cartageneros.

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Este hecho triste de nuestra historia demuestra cómo los autonomistas de 1810 no eran patriotas, pues su lucha no era contra España y su monarquía, hasta el punto de que los dirigentes de una ciudad autonomista eran capaces de entrar en guerra con cualquiera que osara plantear el tema de la independencia de España. Y no sólo en Cartagena. En Cali también. Joaquín de Cayzedo, el principal autonomista caleño, según lo demostró el historiador Gustavo Arboleda, se comprometió personalmente en la guerra de los españoles contra Quito, cuando esa ciudad ecuatoriana, en 1809, inició los levantamientos autonomistas. Cayzedo recogió recursos para comprar armas y se refirió a los autonomistas ecuatorianos tratándolos de “traidores quiteños”. Sólo que, a diferencia de los cartageneros, Cayzedo nunca pidió perdón a los quiteños cuando los hechos políticos lo obligaron a recorrer también el camino de la autonomía. Sobra recordar que los autonomistas de Quito fueron cruelmente masacrados. No sé los demás, pero para mí Tomás Cipriano de Mosquera tenía razón: nuestro Día de la Independencia es el 6 de agosto de 1810, que recuerda a la valerosa Mompox, y no el 20 de julio, cuando ni siquiera se proclamó la independencia de España. ++++

El Bolívar de Paz Otero Jorge Restrepo Potes , Zona franca

EL PAIS, Cali, Julio 09 de http://www.elpais.com.co/historico/jul092009/OPN/op4.html
Reprodujo, publica y difunde: NTC … Nos Topamos Con … http://ntcblog.blogspot.com/ , ntcgra@gmail.com . Cali, Colombia, Julio 9, 2009

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Ignorante que es uno. No sabía de la existencia de Víctor Paz Otero*, quien es ahora uno de mis escritores preferidos. Alguna vez le escuché decir al presidente Alberto Lleras que el más grande colombiano de todos los tiempos es el general Tomás Cipriano de Mosquera, a quien yo conocía como ‘Mascachochas’ y por haber sido presidente por allá a mediados del Siglo XIX. Recordando el juicio de Lleras, me animé a entrar a la Librería Nacional a preguntar por una obra sobre el payanés ilustre. El vendedor, solícito porque soy cliente habitual, fue a uno de los anaqueles y se vino con un libro gordo con el título de ‘El demente exquisito’, que ahí mismo empecé a leer hasta

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terminarlo, pues Paz no sólo es conocedor profundo de la historia sino que maneja un castellano diáfano y fluido, que es una dicha leerlo. Convertido en admirador de Paz Otero, cierto día el periódico anunció que había publicado un nuevo libro, ‘El Edipo de sangre’, sobre el general José María Obando, igual de voluminoso al del otro ‘patojo’, y batí la marca de los 100 metros que me separan de la Nacional para adquirirlo. Otra joya y otra trasnochada, pues no pude apartar los ojos de las hojas para echar una frasecita al estilo de Cabrera Infante. Soberbia esta biografía y por sus páginas pude entender lo que pasó en Berruecos, donde cayó asesinado este auténtico prócer. Vinieron luego dos obras preciosas, ‘La agonía erótica’ y ‘La otra agonía’, sobre los amores intensos, pero delicuescentes, de Simón Bolívar y Manuelita Sáenz, que bien hubiesen servido de tema a los grandes novelistas del Siglo XIX -Flaubert, Dumas y el mismo Tolstoi- de haber sido contemporáneos. Nuestro genial García Márquez, en ‘El general en su laberinto’, se aproximó bastante a este aspecto del alma romántica de Bolívar. Hace poco apareció con la autoría de Paz Otero el libro majestuoso ‘Bolívar, delirio y epopeya’ **, sobre el Libertador, que no he podido encasillar, pues participa de los caracteres de biografía y de novela con algo especial y es que la vida tormentosa de Bolívar está narrada en primera persona, pues es el caraqueño inmortal el que, como si estuviera grabando de haber tenido los equipos de ahora, cuenta los 47 años que vivió en el mundo, desde el 24 de julio de 1783 hasta el 17 de diciembre de 1830, cuando solo y abandonado por todos muere entre ráfagas de tos y atormentado por los recuerdos, en una casa ajena en Santa Marta. He leído mucho sobre Bolívar, pues de veras me parece un ser excepcional. No tanto por su participación en la gesta libertadora sino por su periplo como hombre, con todas sus virtudes y defectos, éstos últimos que Paz Otero no tiene inconveniente en registrar con detalles, como fue su dudosa conducta con don Francisco de Miranda y cuando no le tembló el pulso al firmar el decreto de ‘guerra a muerte’, con el que autorizó el fusilamiento de numerosos ‘españoles y canarios’. Y está, desde luego, el varón con todas las potencias que no podía vivir sin una mujer a su lado y que, aun enamorado de ‘mi amable loca’, no resistía a la tentación de jugársela con su tocaya Manuela Madroño y con las que iba encontrando en su camino, que eran legión, pues el poder –y en su caso la gloria– son mejores cómplices de Eros que el milagroso viagra.

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Si usted quiere saber de todos los recovecos de la vida de Bolívar, saque del bolsillo unos pocos pesos y compre el libro de Paz Otero. Agradecerá el consejo, pues aprenderá muchas cosas desconocidas de la vida del héroe. . • *Próximamente Paz O. publicará libro sobre Santander, ver: VIOLENCIA E HISTORIA. Por Víctor Paz Otero , http://ntcdocumentos.blogspot.com/2009_03_25_archive.html y allí enlace a Víctor Paz Otero en Norma, allí todos los libros. ** Finalista en el Rómulo Gallegos 2009. ++++ " Un sentido natural de justicia lleva a los seres humanos a repudiar el crimen, hayan pasado los años que fueren. Es el mismo rechazo que sentimos por la acción de Caín. O por el magnicidio de Lincoln. O por el asesinato de Jaurés. Y es precisamente por él que mantenemos la recóndita aspiración de que se sancione, así sea moralmente, al criminal. ...." ... No podemos "enjugar la culpabilidad manifiesta, o hacer que se piense en el facilismo de que ya fue suficiente castigo. No. El juicio de la historia no debe festinarse ni ablandarse, ..." --Tomado de: "El Magnicidio de Sucre". Armando Barona Mesa Impresora Feriva, 2006 http://ntc-narrativa.blogspot.com/2009/05/el-magnicidio-de-sucre-armando-barona.html

CAPÍTULO QUINTO
Agosto 9, 2009 ---Carta a Pantxo - Carlos Vidales De: Carlos Vidales carlos@bredband.net Estocolmo, sábado, 08 de agosto de 2009. Enviado: 07:52:29 p.m. Para: NTC , ntcgra@gmail.com … Querido Pantxo: Te he visto muy activo en las páginas de NTC … , discutiendo a lo burro (o sea, sabia y prudentemente) con mis estimados amigos Yves y Leonor. No está mal. Pero debo pedirte que seas más discreto cuando comentas los encargos que te hago, porque en este mundo hay mucha gente que no entiende bien e interpreta las cosas a la medida de sus prejuicios.

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Me refiero a esta frase que pones en uno de tus escritos: “Y ya basta, porque este sermón está muy largo y don Carlos Vidales me llama desde sus aposentos para que le alcance el “Elogio de la Bragueta” del hermano Rabelais…” Como bien sabes, porque eso lo hemos discutido, yo considero ese texto como uno de los pasajes más sublimes del humanismo: Rabelais sostiene en él que la bragueta es la prenda más importante del soldado cuando va a la guerra, más que sus armas, sus espuelas, su casco y sus botas. Y dice que la bragueta está hecha para proteger a la especie, no solamente al individuo, del mismo modo que las vainas, las cáscaras, los envoltorios, los caparazones y las cubiertas están hechas en el mundo vegetal para proteger las semillas, que son la parte de la planta que garantiza la perpetuación de su especie. El texto es de una espléndida riqueza idiomática y el contenido es un elogio a la vida, sabiamente metido de contrabando en un diálogo sobre el nefasto oficio de la muerte, que es la guerra. Sin embargo, mencionar a Rabelais tiene sus riesgos. Muchas gentes asocian su nombre a la “vulgaridad”, al “desenfreno”, a la “glotonería”, a la “desmesura”, al “exhibicionismo de las pasiones carnales” y a la “prosa desvergonzada y rufianesca”. No ven lo que hay detrás de toda esa copiosa picaresca, sencillamente porque nadie les ha enseñado a descubrir los mensajes ocultos bajo ese inmenso manto de chistes y de burlas. Rabelais fue compañero de estudios de Nostradamus y muy buen amigo del erudito Etienne Dôle, quien fue quemado en la hoguera por orden de la Sorbona, por el terrible delito de sostener que probablemente Aristóteles no había definido bien la lógica. Los dos amigos sobrevivientes, Nostradamus y Rabelais, comprendieron muy bien que era necesario disfrazar las opiniones. Ambos vieron los horrores de la gran masacre de San Bartolomé. Nostradamus era judío y consideró que las circunstancias le exigían ser extremadamente prudente: disfrazó sus denuncias (que son terribles) bajo la máscara de “profecías” vagas y ambiguas, cuando en realidad estaba describiendo las infamias y los crímenes de su época. Rabelais hizo propaganda de la sociedad justa que él deseaba: tolerante, sin dogmas, fraternal, amistosa, pacífica, sin discriminaciones, sin odios, con amor por la vida y no por la guerra. Pero a

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todo eso le puso la máscara de los festines y las borracheras. Recurso genial, porque ya desde antiguo se sabía que “in vino veritas”: lo borrachos siempre dicen la verdad. Te digo todo esto, querido Pantxo, porque cuando tú dices que yo te he pedido que me alcances el “Elogio de la Bragueta” de Rabelais, seguramente tus lectores pensarán: “Este tal Carlos Vidales solamente lee porquerías inmorales y degeneradas”. A mí papá le hizo lo mismo una presunta “historiadora” colombiana cuando denunció, muy suelta de cuerpo, que Luis Vidales era defensor de “las ideas maquiavélicas”. Porque para los tontos, querido Pantxo, Maquiavelo es a la “moral” lo que Rabelais es a la “decencia”. Te ruego, pues, que proclames que yo leo la Biblia. No mentirás, porque es verdad. Pero no cuentes a nadie que también leo a Rabelais, a Maquiavelo, a Darwin, a Marx, a Malatesta, a Bakunin, a Giordano Bruno y a todos los herejes que en el mundo han sido. Guárdame el secreto, te lo suplico. Dicho esto, voy a mis comentarios sobre el asunto de los conquistadores. Me ha gustado lo que has escrito, aunque hubiera deseado que opinaras sobre el discurso de William Ospina al recibir el premio “Rómulo Gallegos”. Te diré que a mí me pareció un excelente discurso, si bien no comparto todo lo que afirma, y eso que lo afirma muy bien. El principal reparo que le hago es que está fundamentado sobre la base invisible, o subconsciente, de la dicotomía “ellos y nosotros”. Ellos, los conquistadores. Nosotros, los conquistados. Es curioso, porque a pesar de que dice que “todos somos mestizos”, habla de los conquistadores como se habla de gente ajena, lejana, exterior a nuestra intimidad existencial. Entiendo que la convicción profunda de que esos señores son nuestros abuelos carnales puede producir traumas sicológicos a más de uno. Pero no podemos seguir aplicando la política del avestruz que esconde la cabeza en la arena para no ver la realidad cuando la realidad es desagradable (esto de la avestruz es un mito, pero como metáfora me sirve por el momento. Que me perdone la hermana avestruz). Lástima también que William Ospina diga una cosa más bien boba cuando dice: “A nosotros nos ha tocado el curioso destino de deplorar la conquista de América en la lengua que nos dejó esa conquista”. ¿No se ha dado cuenta de que los conquistadores y sus descendientes americanos, lo mismo que sus primos ibéricos, hablaban y hablamos en la “lengua que nos dejó la conquista” de Hispania por los romanos? Porque lo que hablamos es una variante viva del latín, como lo hacen los italianos, los gallegos, los rumanos, los franceses, los

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catalanes, los portugueses, etc. Es verdad que las variantes vivientes del latín han transformado la lengua “original” porque le han inventado los artículos y otras partículas de la oración, además de cambiar el orden de los elementos y su posición en la frase. Es verdad también que cada una de esas variantes vivas del latín ha creado su propia gramática y se ha enriquecido a su manera con los aportes de su historia social. Pero la verdad más esencial es que los imperios, cuando son verdaderamente imperios de la cultura, no solamente dejan un rastro de destrucción, opresión, saqueo y tragedias, sino también imponen su idioma de manera tan determinante que hoy, después de haber desaparecido de la tierra los crueles romanos, seguimos hablando la lengua que nos impusieron hace 1.800 años en Hispania. Lo verdaderamente importante para nosotros, latinoamericanos, es que nuestros padres conquistadores eliminaron de la historia familiar a nuestras madres indígenas, prohibieron sus idiomas o los declararon “indeseables” incluso en la intimidad de la familia y, al hacerlo, declararon a nuestras madres indígenas “no-personas” y nos convencieron de que fuéramos a las notarías, audiencias y juzgados a exigir certificados de que éramos “blancos por los cuatro costados” para poder reclamar “legítimamente” una porción suculenta del botín de la conquista. Durante tres siglos hemos jugado ese juego infame. Hemos borrado de nuestra memoria y de nuestra sensibilidad a nuestras madres indígenas. Somos conquistadores de nuestra propia historia, de nuestra propia identidad. No hablemos, por eso, de los horrores de la conquista si no estamos dispuestos a renunciar a TODOS los valores y a TODAS las prerrogativas de superioridad que nos dio la conquista. Después de esa catarsis, poco importará qué idioma hablemos: hablaremos el idioma que surja de ese proceso de renacimiento, así como los pueblos de lengua latina hablan los idiomas que han ido construyendo sobre las ruinas del imperio romano. Que no son solamente ruinas, sino también parte de los cimientos de nuestra cultura. En suma: no hagamos retórica de la historia. Los métodos de la historia son diferentes de los métodos literarios y la caja de herramientas del historiador exige instrumentos distintos a los que podemos encontrar en el arsenal del novelista o del poeta. El análisis histórico no puede ser remplazado con figuras literarias. Y cuando estudiamos la propia historia, no debemos olvidar que estamos trabajando en la construcción incesante, permanente, de nuestra identidad, trabajo que no acaba nunca y que no debe acabar nunca. Oigamos la voz de nuestros traumas existenciales, el clamor de nuestros más profundos

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complejos y rencores atávicos, aprendamos a mirarlos de frente, a comprenderlos y a resolverlos. Tú has escrito, querido Pantxo, buenas páginas de historia con este espíritu y en esta dirección. Jamás has inclinado tus orejas ante las exigencias de la “historia oficial”, que es una vieja meretriz, celestina y alcahueta. Eso te honra, no solamente ante los ojos de los burros, honestos trabajadores proletarios, sino también ante los ojos de algunos seres humanos que respetan la dignidad y se cagan en los dignatarios. Dijo Maquiavelo: “Ningún bien es más precioso, ninguna riqueza es más grande que la independencia y la libertad”. Dijo Marx: “Todo, absolutamente todo, debe ser sometido a crítica”. Y cuando Rabelais fundó su imaginaria utopía, la dulce y armoniosa Thélème, puso en su puerta una larga inscripción de la que quiero recordar estos fragmentos: Aquí jamás entréis, los hipócritas, necios, viejos fariseos, fingidos míseros, farsantes, papanatas más que los godos y ostrogodos, precursores de los magotos, petates, santurrones, camanduleros con pantuflas, indigentes arropados con pieles, frailes licenciosos y gorrones, befados, engreídos, camorristas; idos a otra parte a vender vuestros abusos. […] Aquí no entréis, escribanos zampatortas de heno, clérigos, pasantes, falsos amantes del pueblo, provisores, escribas y fariseos, jueces antiguos que a los buenos clientes atáis como si fueran perros; vuestro salario está en el patíbulo. Y eso resume, querido amigo Pantxo, lo que es el objeto, el fin y el significado de nuestro oficio como historiadores: defender la independencia y la libertad frente a todos los poderes, ser incansable y honradamente críticos de todo lo habido y por haber, y ayudar a encontrar el camino hacia una sociedad justa, tolerante, pacífica y trabajadora.

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Y claro, de vez en cuando, beber mucho vino porque “in vino veritas”. Tu amigo y colega, Carlos Vidales Estocolmo, 2009-08-09 Carlos Vidales http://hem.bredband.net/rivvid/ http://luisvidales.blogspot.com/ http://losimportunos.wordpress.com/ ++++ ++++

El secuestro, historias y apuntes
De johnjairo palomino. Revista Memoria Cultural , revistamemoriacultural@yahoo.com Para NTC ntcgra@gmail.com Fecha Miami, USA, 8 de agosto de 2009 13:43 . Asunto agradecimiento Amigos de NTC … Gracias por la invitación al diálogo sobre Belalcázar, ese nefasto personaje español. A propósito el año pasado el periódico Calicultural me publico un articulo donde casualmente hablo del precusor de la industria del secuestro en tierras americanas ya que este fue el que le recomendó a Pizarro secuestrar al Inca y cuestiono en mi artículo la ignorancia histórica de los caleños que aun le llevan la ofrenda floral cada 25 de julio al la estatua. Me encantaría que me dieran la oportunidad de compartir el artículo en mención con sus importantes lectores. ! Un abrazo! Atentamente JJPalomino

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El secuestro, historias y apuntes

Publicación e Ilustración: Revista Memoria Cultural. Número 7, 19 de julio de 2008 De John Jairo Palomino revistamemoriacultural@yahoo.com Para ntc ntcgra@gmail.com Fecha 9 de agosto de 2009, 13:14 Asunto: Colaboración

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http://jjpalomino.blogspot.com/2008/07/el-secuestro-historias-yapuntes.html "Es preferible morir que perder la libertad". Alvaro Gómez Hurtado, Político colombiano

El secuestro data de tiempos inmemoriales. Hay leyendas, obras literarias y testimonios que ilustran esta abominable práctica criminal a lo largo de la historia. La leyenda del Rapto de las Sabinas, por ejemplo, cuenta que Rómulo, uno de los fundadores de Roma y primer rey logró, mediante engaños, secuestrar a las mujeres de la vecina ciudad de los sabinos para aparearlas con los patricios (primeros padres de la patria romana). Este secuestro es uno de los pocos que tuvieron final feliz, pues mediante él se logró la fusión de esos dos míticos pueblos. En La Biblia se relata el caso de José, hijo del patriarca Jacob, secuestrado por sus hermanos y vendido por ellos como esclavo a los egipcios, a causa de su resentimiento al ver que José era el preferido de su padre y su futuro sucesor. En la literatura, La Ilíada relata el secuestro de Helena por Paris, príncipe troyano. En venganza Menelao, su esposo, apoyado por un ejército griego que encabezaron sus más importantes guerreros, sitió por doce años a la inexpugnable Troya y rescata a Helena, destruyendo de paso la esplendorosa ciudad fortaleza.

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La historia documenta los secuestros extorsivos realizados por los conquistadores españoles en tierras americanas. El de Hernán Cortés a Cuauhtemoc, último emperador Azteca, en México, y el de Gonzalo Jiménez de Quesada al Zaque, soberano de los Chibchas, para despojarlo de los tesoros de El Dorado, en Colombia. Sin embargo, el más sonado de todos ellos es el del Inca Atahualpa, quien pese a haber pagado su rescate (una habitación llena de oro) fue asesinado junto con sus seguidores en la ciudad de Cajamarca (Perú). Incomprensiblemente sus secuestradores y asesinos, los conquistadores Francisco Pizarro y Sebastián de Belalcázar tienen monumentos de héroes en Perú y Colombia respectivamente. Uno de los casos más desconcertantes de ignorancia histórica sucede en Cali, la ciudad que registra el primer secuestro extorsivo en Colombia (1) y una de las más azotadas por este flagelo, pues se recordará que en uno de sus barrios fueron secuestrados más de un centenar de feligreses cuando salían de la iglesia La María, al sur de la ciudad, y que recientemente fueron asesinados 11 diputados vallecaucanos que la guerrilla de las FARC tenía secuestrados desde hacía algunos años. El conquistador español Sebastián de Belalcázar (precursor del secuestro en tierras americanas y quien fuera juzgado por las autoridades españolas de la época y encontrado culpable de maltratar y masacrar a indígenas), es objeto de un extraño culto que se remonta a más de 70 años: Su monumental estatua, emblema turístico de la ciudad de Cali, recibe una ofrenda floral cada 25 de julio por parte de las autoridades locales. ….. (1) En 1933, Elisa Eder, niña de 3 años, hija del industrial Harold Eder, fue víctima del primer secuestro extorsivo de que se tenga noticia en Colombia. Su padre pagó 50 mil pesos por

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su libertad. El propio Harold Eder, 32 años después, fue asesinado en un intento por plagiarlo. ---Publicación e Ilustración: Revista Memoria Cultural. Número 7, 19 de julio de 2008 +++++ +++++

EL INSIGNE SEBASTIAN MOYANO

Por Jaime Lozano Rivera, Abogado de la Universidad Santiago de Cali. Periódico Cali Cultural Agosto 2009. No. 140. 14 años Pág. 5 (Más adelante imágenes de la página) Por el año 1490 (aunque otros lo sitúan 10 años antes), en Belalcázar o Benalcázar, una aldea de Extremadura España, de parto triple, junto con Anastasia y Fabián, nació Sebastián Moyano. Su infancia y adolescencia transcurrieron cuidando cabras y marranos. Se cuenta que un día de lluvia guiaba un burro cargado de leña, de pronto el mulo se atascó y vanos fueron los esfuerzos de Sebastián para sacarlo del atolladero. Después de aliviarlo de carga, emplear sogas, tirarlo de la cola sin éxito, le asestó tal golpe en la cabeza que mató al jumento. Temiendo la recriminación, huyó de villa en villa, oyendo que lejos se habían descubierto nuevas y ricas tierras y que hacia allá se dirigían todos: mercaderes, soldados, licenciados, aventureros, por lo que decidió viajar a Sevilla donde se organizaban las expediciones. En 1507 le fue otorgado el pasaporte para viajar a las Indias occidentales. A partir de ese momento dejó de ser Sebastián Moyano y se llamó Sebastián de Belalcázar, como la aldea que lo vio nacer. Se embarcó en la nao de Juan de la Cosa y después de 40 días de travesía, llegó a La Española (Haití). Allí hizo su escuela de guerrero y presenció el proceso de transculturización que se

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operaba. El idioma español se enriquecía e incorporaba palabras como: canoa, caney, mangle, hicotea, etc. En 1513 pudo enterarse de que Ponce de León conquistó la isla de Borinquén (San Juan de Puerto Rico) y que Vasco Núñez de Balboa descubría el océano Pacífico. Hace migas con Diego de Almagro y Francisco Pizarra, hasta tal punto que al nacerle a aquél un hijo mestizo, éste y Belalcázar fueron los padrinos de bautismo. En esa piñata de expediciones, se disputaban el oro, la encomienda de indios, el honor de conquistar y el señorío de posesión del paso entre dos mares. Estuvo al lado de Pizarro cuando éste ajustició a Atahualpa, a pesar de que cumplió la promesa de llenar con oro y piedras preciosas un aposento hasta donde alcanzara su brazo levantado. Tras una cruenta batalla en que los españoles masacraron a cientos de aborígenes, el 6 de diciembre de 1534 fundó a San Francisco de Quito (Ecuador) en honor a los misioneros franciscanos. Teniendo como centro a Quito, expandió la acción conquistadora. Miles de indianos murieron ante caballos, espadas, arcabuces, mosquetones y ballestas. Entretanto, Belalcázar escuchó a un indio que se refería sobre la existencia de una tierra rica en oro y esmeraldas donde su rey desnudo, embadurnado en oro molido entraba a hacer oblaciones en un lago. Le llamaron El Dorado, nombre que en la imaginación de los conquistadores se hizo fábula de riquezas que bien podía ser el país de las esmeraldas o la tierra de la canela. Sobre esta última, los españoles intentaban buscar inmensas extensiones de canela, que en aquella época era utilizada como aromatizante, para

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mantener en buen estado las carnes, acompañante de bebidas calientes y alcohólicas, ingrediente de diversos platos y hasta como afrodisíaco. Belalcázar vio allí un destino, por lo que se aprovisionó de gentes, caballos y pertrechos, gastando toda su empresa. A comienzos de 1536, don Sebastián de Belalcázar, procedente del norte de Quito se encontró frente a un extenso y fértil valle. Era el Valle del Cauca densamente poblado por tribus guerreras dedicadas al cultivo de maíz, la caza y la pesca. Los habitantes de las tierras planas ribereñas eran súbditos de dos importantes caciques, Calambás y Jamundí, mientras que quienes ocupaban las montañas obedecían al cacique Petecui. Los tres caciques defendieron con garra y valor los dominios de la turba invasora dirigida por Pedro de Añasco y Juan de Ampudia. En la batalla contra el cacique Petecuy, la mesnada de Belalcázar hizo correr ríos de sangre indígena, lanzas traspasaron ijares, espadas cercenaron cabezas, centenares murieron, sin que hubiera baja alguna entre los hispanos. Sin amenazas de tribus guerreras, el capitán Belalcázar se dedicó a explorar los alrededores de Villa Ampudia en busca de su anhelado objetivo. El 25 de julio de 1536 fundó a Santiago de Cali, inicialmente establecida al norte de la posición actual, cerca de Vijes y Riofrío. Bajo órdenes de Belalcázar, el capitán Miguel Muñoz reubicó la ciudad al lugar actual, donde el capellán Fray Santos de Añasco ofició, una misa en el lugar hoy ocupado por la Iglesia de La Merced. La ciudad tiene un nombre compuesto a la usanza de casi todas las fundaciones españolas en América. Santiago, uno de los nombres más difundidos en el continente, gracias a las. devociones de Santiago de Compostela en España, hace honor al apóstol Santiago. El nombre de Cali, en cambio, tiene varias lecturas: puede provenir del idioma paez caly (tejido sin agujas), o posiblemente hace alusión a uno de los pueblos rndoamericanos o al nombre que daba a la región y a un río al sur de la ciudad, Lili (en paez húmedo). También se ha pensado que fueron indígenas mejicanos al servicio de los conquistadores quienes dieron el nombre a Cali, del azteca Calli (casa), o posiblemente sea una palabra de origen quechua introducida por los indios yanaconas que fueron

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traídos por el fundador Sebastián de Belalcázar desde Ecuador, interpretación respaldada por la existencia de una población indígena de nombre Cali Cali en las proximidades de Quito. Santiago de Cali es una de las ciudades más antiguas en Colombia y en el continente americano. Su fundación data a solo 3 años de la fundación de Cartagena de Indias (1533), 2 años antes de la fundación de Santafé de Bogotá (1538) yY a 26 años de la fundación de la primera población hispánica en el continente: Santa María la Antigua del Darién (1510), desaparecida. Seguidamente, Belalcázar se dirige a la ondulada extensión de los Pubenses, hecho del que puede derivarse el nombre de la Asunción de Popayán, cuya fundación fue el 13 de enero de 1537. En una humilde capilla pajiza, que se levantó, se celebró tiempo después misa solemne el 15 de agosto, fiesta de la asunción, de donde pudo surgir la tradición de que la fundación de Popayán sólo vino a protocolizarse en ese día. A continuación, cruzó el valle del río Magdalena junto a Gonzalo Jiménez de Quezada y el alemán Nicolás de Federmann atravesando las alturas centrales de Colombia y entrando en Santafé de Bogotá. En 1546 ordenó la ejecución de Jorge Robledo - un gobernador providencial vecino - en una disputa territorial, algo muy habitual en los primeros años de la conquista. Fue enjuiciado in absentia, hallado culpable y condenado a muerte por este crimen, por los malos tratos contra los indígenas y por participar en luchas contra los conquistadores. Víctima de su propia ambición, murió antes de emprender el viaje de vuelta a España, para apelar la decisión del Tribunal. Belalcázar el arriero, aventurero, capitán, encomendero, adelantado, mariscal, gobernador, alguacil y fundador cometió los excesos y desafueros del conquistador español, bañó de sangre y saqueó el territorio americano. Junto con Hernán Cortés, Francisco Pizarro y Gonzalo Jiménez de Quesada constituyen el grupo más sanguinario y desalmado de los conquistadores de América- Hispana. La causa de su deceso es un misterio por falta de documentación adecuada que permita dar claridad a este episodio. Cansado y fatigado, la parca lo sorprendió en Cartagena de Indias el 30 de abril de 1551.

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Continuará …. (« El fin de la Historia » como que está lejos …) Agosto 9, 2009
Continuación, Agosto 10, 2009

Pantxo responde a don Carlos Vidales
De: Carlos Vidales <carlos@bredband.net> Fecha: 10 de agosto de 2009, 08:40 Asunto: Pantxo responde a don Carlos Vidales Para: NTC <ntcgra@gmail.com> Don Carlos: Mucho agradezco el honor que me hace sumercé escribiéndome cosas tan bonitas y recomendaciones tan discretas. Tendré en cuenta las unas y las otras y nunca más diré que sumercé lee a todos esos herejes que nombra, además del insaciable don Arcipreste de Hita, el travieso don Arturito Rimbaud, el desenfadado don Francisco de Quevedo y el malandrín don François Villon, para nombrar solamente algunos de los autores de su copiosa biblioteca.

Pasaré por alto su interesante comentario sobre el buen hermano Rabelais, porque estoy de acuerdo con todo lo que dice sumercé. Quiero más bien concentrar mi asnal atención en lo que me dice sobre el discurso de don William Ospina y otros detallitos sobre don Sebastián de Belalcázar, o Benalcázar.

Comparto su opinión sobre el discurso de don William. Pero me inclino a ser paciente con estas cosas que sumercé critica, porque mi experiencia de burro me dice que vuestras mercedes, los seres humanos, suelen demorarse miles de años, más o menos, para entender ciertas cositas sencillas. Así que dejaré las cosas de ese tamaño. Sí diré, en cambio, que el discurso me pareció bastante bueno, aunque me produjo una leve sonrisa de burro eso de que “A mí me basta visitar una comunidad nativa para entender que no soy indígena, pero me basta ir a Europa para descubrir que no soy europeo. Y sé que si yo no lo descubro, ellos se encargarán enseguida de recordármelo”. Porque a mí me basta colocarme en cualquier lugar de la galaxia o del cosmos infinito para saber que soy burro, hermano de todos los burros que han existido y

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existirán por los siglos de los siglos. Y es que los burros no tenemos clases sociales, somos todos trabajadores proletarios, explotados y sufridos, hermanos en el trabajo, en el sufrimiento y en la reflexión filosófica. Vuestras mercedes, en cambio, son ricos o pobres, negos o blancos o amarillos o indios, superiores o inferiores, nobles o plebeyos, europeos o miserables cabezas negras, y siempre piensan en esas cosas de la jerarquía, la importancia social, el lugar que les corresponde o no les corresponde en la escalera del “orden social”, etcétera. Yo veo todos los días algunos ejemplares de vuestras mercedes, muy latinoamericanos, que en su país han sido racistas y despreciado a los indios y a los negros, ponerse muy furiosos porque los blancos racistas de Europa los tratan mal, precisamente como ellos, en Latinoamérica, han tratado a sus compatriotas de otro color. Este es un hecho conocido, sabido, rumiado y masticado. Pero vuestras mercedes han construido su inmenso y complejo edificio social poniendo esas estupideces en los cimientos y tratar de erradicarlas equivale a destruir el edificio social. ¿No es entonces más sensato dedicarse a la tarea de la demolición revolucionaria o, cuando menos, a la crítica revolucionaria de su espantosa sociedad?

Pasemos a otra cosa. Lo que sí me ha sorprendido del texto de don William Ospina sobre el secuestro de don Atahualpa, o Atabálipa, es la debilidad de la investigación histórica. No es que a mí me importe mucho, porque yo, como burro, soy más filósofo que historiador y en mi caja de herramientas, como sumercé dice con tanta gracia, solamente cabe la sensatez y el sentido común. Eso de andar revolviendo archivos y descubriendo documentos y “pruebas” le corresponde a sumercé, don Carlos, y a su fiel secretario el ratón Heráclito. Pero la sola sensatez y el sentido común exigen que uno aplique, como dice nuestro camarada Carlos Marx, un insobornable método crítico. Hay que dudar de todo.

¿Por qué presentar a don Atahualpa y sus gentes como “los buenos” frente a los españoles “malos”? Si don Atahualpa hubiera hecho cosas horribles –que las hizo–, ¿se justificaría el crimen que los conquistadores cometieron contra él y su pueblo? ¿Es que tienen razón acaso don Maniqueo, el babilónico don Hamurabi y el petrolero don Jorge Bush cuando dicen que todo se reduce a la lucha de “los buenos” contra “los malos”? Yo no lo creo. Doce años antes de la masacre de Cajamarca, las tropas del rey don Carlos Quinto, tratando de sofocar la enorme rebelión comunera de las ciudades y villas castellanas, incendiaron Medina del Campo y masacraron de esta manera horrible a cuatro mil seres humanos, la mayoría mujeres y niños. Y no cuento a los burros, los

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caballos y las gallinas, porque a vuestras mercedes eso no les importa. Las masacres de represalia cometidas por orden de don Carlos Quinto contra las poblaciones comuneras fueron horrendas. Una década más tarde llegaron a tierras de América, en calidad de conquistadores, muchos de los soldados que se habían ejercitado en esas matanzas y algunos de los antiguos rebeldes comuneros que se habían ganado el indulto a condición de participar en la conquista. ¿En qué quedamos entonces? La historia de las sociedades de vuestras mercedes es la historia de las luchas de clases. Y las luchas de clases conducen a sangrientas y pavorosas luchas por el poder.

Observe sumercé que no estoy tratando de justificar el horrendo asesinato en masa de Cajamarca, que los conquistadores llamaron a posteriori “batalla”, sino que solamente estoy tratando de argumentar razonablemente para que vuestras humanas mercedes entiendan que, si persisten en conservar y defender su sociedad de clases, que han construido con tan fenomenal codicia y torpeza, será su destino ineluctable continuar sufriendo y cometiendo esas monstruosidades.

El texto de don William Ospina me parece un buen alegato contra la crueldad y la injusticia, contra la felonía y la traición. Pero, francamente, es débil como texto histórico. Nada nos dice de los antecedentes de los secuestradores ni del secuestrado. Tampoco somete a crítica sus fuentes: la cifra de siete mil indios “desarmados” es inverosímil, sobre todo porque los incas se hallaban en plena guerra civil (y en ella cometían masacres con decenas de miles de víctimas) y porque don Atahualpa venía de tomar sus baños de primavera, protegido por sus tropas de corte. Pero también es inverosímil, porque está probado y documentado que en la plaza de Cajamarca no cabían entonces siete mil personas. Precisamente, Francisco Pizarro apostó a sus hombres en torno a la plaza y citó a don Atahualpa allí, como lo relata don Nelson González apoyado en documentos históricos:

Pizarro reunió a los frailes, al tesorero y a los principales capitanes en consejo. Y expuso su plan: cuando haya llegado al centro de la gran plaza triangular, atacarlo sorpresivamente en medio de sus indios (que no podían entrar todos en la plaza para defenderlo, por la estrechez de la única entrada) y hacerlo prisionero.

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Y como don William no ha hecho crítica de sus fuentes, no nos dice que existen por lo menos siete versiones diferentes del crimen, si contamos solamente las que han llegado hasta nuestros días. El examen riguroso de esas versiones permite comprender los diferentes intereses y conflictos en juego, tanto dentro del campo de los incas como dentro de la hueste conquistadora, además de ayudarnos a definir exactamente la enormidad del crimen. Varias de esas versiones podrían aportar pruebas –previa investigación seria y concienzuda– para establecer verdaderas responsabilidades históricas: por ejemplo, si a la luz de los hechos fue violada la ley española, como lo afirma rotundamente el padre don Francisco de Vitoria o como se desprende de la carta enviada por don Francisco de Chaves al rey Carlos Quinto, en 1533, o como se deduce de la versión de don Blas Valera. No entro en las citas y referencias precisas de archivo, cosa que corresponde como, ya dije, a sumercé y al ratón Heráclito. Digo tan solo que los documentos existen, que han sido estudiados e investigados concienzudamente por la historiadora italiana doña Laura Laurencich-Minelli, de la Universidad de Bologna, y que cuando uno quiere describir hechos históricos debe emplear la metodología de los historiadores.

Un estudio concienzudo, por ejemplo, podría explicar cómo fue posible que 168 soldados (la cifra varía según las versiones) hayan podido masacrar al cortejo de un soberano inca que se hallaba en plena guerra civil. ¿Es que se realizó verdaderamente la cena, el convite, y en su transcurso fueron envenenados todos los altos dignatarios incas, como lo afirman Blas Valera y Francisco de Chaves? Si así fuera, el acto constituiría felonía en la legislación española de la época (no estoy hablando de actitudes y mentalidades, estoy hablando de leyes) y en tal caso sería un crimen punible. La versión de los Pizarro, en su correspondencia con el rey, incluye la acusación de que el inca preparaba una emboscada. ¿Podrá ser esto verdad, y en tal caso, cómo se explica que 168 soldados pudieran masacrar a miles de soldados en preparativos de emboscada? ¿No parece esto más bien un intento de “blanquear” el crimen? La versión de Juan de Betanzos contiene un detalle a considerar: según Betanzos, don Atahualpa venía completamente borracho de sus festividades en los baños termales. Esto es muy verosímil, porque concuerda con la tradición de beber chicha copiosamente en tales ocasiones. ¿Explicaría esto la falta de vigilancia del inca y de su cortejo? ¿Fundamentaría esto la acusación de felonía, siempre según la ley vigente, contra Pizarro?

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En fin, estos son algunos de los ejemplos que yo tengo para sostener que la investigación histórica hecha por don William es débil. Pero lo más sorprendente, a mi juicio de burro, es la falta de sensatez que pone de manifiesto cuando repite la boba monserga de los caballos de los conquistadores, diciendo que los pobres indios estaban estupefactos y paralizados frente a esas “bestias bicéfalas desconocidas vestidas de hierro y capaces de hablar”. Vamos, don William, ningún indio es tan bruto que crea que jinete y caballo son un solo animal, esos son inventos de gentes ocupadas en presentar a los indios como imbéciles. Pongámonos serios, hágame el favor.

También me parece falta de sensatez citar al ilustre don David Edwin Duncan cuando dice que don Atahualpa acudió a la cita con la totalidad de su aparato de poder (al mismo tiempo que se afirma que todos estaban desarmados):

«la élite del gobierno de Atahualpa, sus nobles, sus gobernadores, sus generales, sus sacerdotes y sus adivinos, los mayores responsables del funcionamiento del gobierno imperial, cuya súbita muerte en masa significaba un golpe devastador…”

Estaban en su séquito los nobles de su corte, los jefes militares de su guardia personal, los sacerdotes de la corte y los funcionarios más importantes del poder central. No estaban allí los gobernadores de las provincias, ni los altos generales del ejército, que estaban combatiendo en la guerra civil contra Huáscar, y que siguieron combatiendo incluso después del secuestro de don Atahualpa. El Tawantinsuyo no se desmoronó de la noche a la mañana, como quieren hacernos creer los propagandistas de la inferioridad indígena. No. Se necesitaron décadas de horror, de masacres y de graves errores políticos y militares de ambos bandos, para consumar la más horrible tragedia que jamás hayan sufrido los pueblos del Perú.

Que lo diga don Sebastián de Belalcázar, o Benalcázar, que siendo mozo de quince años asesinó a un burro en su pueblo natal (sí, asesinó a mi primo Manolito Cascos, de manera vil e infame) y para eludir el castigo se enroló como conquistador porque oyó decir que en América sí se

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podía asesinar impunemente. Participó en la criminal felonía contra don Atahualpa (uso el término legal que configuraba este delito). Hasta donde yo sé, no formó parte del jurado que condenó a muerte a don Atahualpa y quiero aquí decir, de paso, que un poco menos de la mitad de ese jurado votó por la absolución del inca, para que vuestras mercedes entiendan que en la hueste conquistadora había criterios distintos e intereses diferentes. Se fue el tal Sebastián, sin permiso de su jefe, a buscar más oro al norte del Perú y fue dejando un reguero de muertos y cometiendo masacres espantosas. Aniquiló a toda lo población de El Quinche, hombres, mujeres, ancianos y niños, porque no tenían todo el oro que él les exigía. Fundó la ciudad de Quito (diciembre 6, 1534) y ordenó la destrucción de todas las viviendas de los indígenas del lugar para asegurar el asentamiento de los soldados y colonos españoles, anticipándose en casi cinco siglos a los métodos de los sionistas en Palestina. Entretanto, el general inca Rumiñahui, el más alto jefe militar de don Atahualpa, que seguía combatiendo después de la muerte de su soberano, también cometía horrendas masacres de gente indígena indefensa, a la que acusaba de colaborar con los conquistadores: en el valle de Pomasqui, por ejemplo, asesinó a más de 4.000 seres humanos.

Y el resto ya lo saben vuestras mercedes: entró a tierras de la Nueva Granada, continuó cometiendo atrocidades, fundó la ciudad de Cali y hoy tiene una estatua de héroe y se le rinde culto y veneración, vaya uno a saber por qué maldito motivo.

Habrá que recordar, finalmente, que después de la felonía cometida contra don Atahualpa, los criminales comenzaron a arrepentirse. El cronista Oviedo, que estuvo al servicio de los felones y aplaudió en su hora el crimen, escribía:

“La experiencia ha mostrado cuán mal acordado y peor hecho fue todo lo que contra Atahualpa se hizo… en de quitar la vida; con lo cual, además de deservirse de Dios, quitaron a nuestro Señor Emperador y a los mismos españoles innumerables tesoros que aquel príncipe les diera; y ninguno de sus vasallos se moviera ni alterara, como se movieron y alteraron en faltando su persona. Notorio es que el Gobernador [Pizarro] le aseguró la vida… Todo aquello fue rodeado por malos y por la inadvertencia y mal consejo del

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Gobernador; y comenzaron a le hacer proceso mal compuesto y peor escrito, siendo uno de los adalides un inquieto, desasosegado y descompuesto clérigo, y un escribano falto de conciencia y de mala habilidad.”

Todo esto era otra felonía. Pizarro, el fraile Valverde y el tesorero real, Riquelme, habían comenzado a echarse la culpa de la felonía los unos a los otros, concientes de la enormidad de su crimen, y Oviedo escribía por encargo de Pizarro.

Esto es, don Carlos, lo que yo no había querido manifestar porque considero que sumercé y el ratón Heráclito son los encargados de citar papeles y roer archivos. Pero ya que está sumercé tan entusiasmado con aquello de “in vino veritas”, lo he tenido que hacer yo mientras sumercé se divierte con la botella.

Reciba sumercé mi rebuzno más distinguido.

Pantxo el Orejón
Estocolmo, 2009-08-10

Carlos Vidales http://hem.bredband.net/rivvid/ http://luisvidales.blogspot.com/ http://losimportunos.wordpress.com/
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Continuará …. (« El fin de la Historia » como que está lejos …) Agosto 10, 2009
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Primera edición virtual: Agosto 7, 2009. Actualizada: Agosto 9, 2009 . Publica: "NTC ... Ediciones virtuales" , http://ntc-edicionesvirtuales.blogspot.com/
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