E x p o s i c i ó n

Ibe rcaj a

Joaquín Costa, escuela y despensa
Sobre ilustraciones de José Luis Cano

Presentación

La Obra Social de Ibercaja y el Departamento de Educación, Cultura y Deporte del Gobierno de Aragón, conmemoran conjuntamente el primer centenario de la muerte del gran pensador aragonés Joaquín Costa con una Exposición en torno a su figura, que quiere acercar al público en general, y a los escolares en particular, el legado inmortal de su obra. Joaquín Costa fue uno de los más importantes intelectuales españoles contemporáneos. Su obra y su pensamiento dejaron una larga constelación de discípulos ilustres en multitud de campos de las ciencias sociales y las humanidades, además de ser una de las figuras más influyentes en la política de su tiempo. Las ideas de Joaquín Costa siguen vigentes en el presente. Revisar sus propuestas y estudios en relación a la Economía y la Historia, la Cultura y la Educación, al Derecho, la Política y la Ética, nos va a resultar particularmente atractivo y una oportunidad de nueva reflexión, comprendiendo a Joaquín Costa como un verdadero pionero en esos campos y un renovador que hoy cobra actualidad indiscutible. La Exposición nos acerca a esta insigne figura en una doble vertiente: la humana, a través de las ilustraciones de José Luis Cano, que hace un recorrido por su vida desde la interpretación entrañable e irónica de sus momentos más significativos, y la académica, a través de los paneles explicativos con su biografía completa y lo esencial de su pensamiento. Desde marzo a diciembre de 2011, la muestra itinerará por Huesca, Monzón, Guadalajara, Zuera, Jaca, Calamocha, Barbastro, Logroño, Graus, Zaragoza y Épila, como homenaje y muestra de nuestro empeño: no debemos olvidar a Joaquín Costa.

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La exposición

Partiendo de la edición del libro Joaquín Costa, el pundonoroso, escrito e ilustrado por José Luis Cano, la exposición organizada por la Obra Social de Ibercaja y el Gobierno de Aragón a través de su Departamento de Educación, Cultura y Deporte, realiza un recorrido a través de los momentos más significativos de la vida de Joaquín Costa, tomando las veinticinco ilustraciones originales de José Luis Cano como base para una propuesta expositiva que combina el humor, en la versión realizada por José Luis Cano, y la divulgación de la herencia del gran pensador Joaquín Costa, recogiendo algunos de sus pensamientos, frases y comentarios más representativos.

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Paneles

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Los lugares

La vida de Joaquín Costa discurrió por un gran número de ciudades del territorio español, ya sea por su profesión de jurista, por su interés docente o por su enorme curiosidad. Si bien paso por Cuenca (donde ejercerá como letrado en 1977) Jaén y Granada, casi toda su vida discurrió entre Aragón y Madrid. La relación de Costa con Andalucía va más allá de su paso por Jaén y Granada como parte del Cuerpo de Notarios. Sus propuestas relacionadas con el problema de la tierra, la educación y el rechazo a la realidad caciquil, son adaptadas a Andalucía por el notario malagueño Blas Infante iniciador en 1916 del movimiento andalucista. Madrid vincula a Costa con la docencia, la investigación, el estudio, pero sobre todo con la Institución Libre de Enseñanza. Centro de gravedad de toda una época de la cultura española y cauce para la introducción en España de las más avanzadas teorías pedagógicas y científicas que se estaban desarrollando fuera de España. Pero sobre todo Costa es aragonés y sus orígenes siempre estarán presentes en su trayectoria vital, él se definió a sí mismo como «un labriego aragonés forrado de intelectual». Pese a que gran parte de sus vivencias tienen lugar en Madrid, viaja frecuentemente a Aragón interviniendo en los asuntos más importantes de la provincia de Huesca. Es su profundo conocimiento del problema del campo aragonés, desde que trabajara en Monzón en la explotación familiar, lo que le lleva a los planteamientos políticos de orden nacional. Y es en Graus donde se retira y comparte tertulia con Marcelino Gambón, cofundador con el de «El Ribagorzano», con Dámaso Carrera, el ferretero, Agustín Rosell, el Boticario… y es dónde muere. Zaragoza supuso su único logro político cuando consiguió salir como diputado en las elecciones de 1903, Pero también dónde dio a conocer el manifiesto de la Cámara Agrícola del Alto Aragón, convertido en un mensaje al país, en la Asamblea Nacional de Productores de 1899. Y es en Zaragoza dónde, tras una impresionante manifestación popular fue sepultado y a iniciativa del Ayuntamiento se abrió una suscripción pública para la construcción de su mausoleo.
Retrato de Joaquín Costa con vista del paisaje de Graus. José Suárez Peregrín, hacia 1930. Madrid, Ministerio de Hacienda.

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Apóstol de los nuevos regadíos, impulsor de la acción del Estado, un aragonés nacido a orillas del Cinca y criado a las del Ésera, en el Alto Aragón, gran pensador, jurista, economista, escritor y sociólogo.

Joaquín Costa en el portal de su casa en Graus, homenajeado por sus vecinos. Fotógrafo desconocido, 1904-1911. Huesca, Archivo Histórico.

Diseño del nuevo sello conmemorativo 150 aniversario del nacimiento de Joaquín Costa. Antonio Álvarez,1996. Monzón, Ayuntamiento.

Descubrimiento de la lápida de la casa de Joaquín Costa en Madrid. Foto Duque. ABC portada, 9 febrero de 1918. Archivo Pedro Arnal Cavero.

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Testamento político

En 1902 elabora un programa de «enunciados prácticos», casi su testamento político, en el que mezcla grandes horizontes y algunas obsesiones «locales». • Cambio radical en la aplicación y dirección de los recursos y energías nacionales (presupuesto volcado en educación, colonización interior, obras hidráulicas, repoblación forestal, investigación, etc.) «… desafricanización y europeización de España». • Reforma de la educación en todos sus grados, «rehaciendo y refundiendo al español en el molde europeo». • Abaratamiento rápido del pan y de la carne (aumentando la productividad y favoreciendo el crédito agrícola). • Mejoramiento de los caminos de herradura. • Suministro de tierra cultivable, con calidad de posesión perpetua y de inalienable, a los que la trabajan y no la tienen propia. ¿Cómo? «Derogando las leyes desamortizadoras relativas a los concejos, autorizando a los Ayuntamientos para adquirir nuevas tierras, creando huertos comunales… Donde esto no baste, expropiación y arrendamiento o acensuamiento de tierras…». • Legislación social (contrato de trabajo, seguro social, cajas de retiro). • «Sanear y europeizar nuestra moneda, mediante la europeización de la agricultura, de la minería y del comercio, de la educación nacional, de la administración pública y de la política, así general como financiera, que reponga la confianza de Europa en nosotros». • Creación de un poder judicial digno de su función. • Municipalización de servicios públicos y de ciertas industrias o comercios (tranvías, teléfonos, alumbrado, baños, lavaderos, fuerza motriz, tahonas, carnicerías, hielo, etc.). • «Renovación del liberalismo abstracto y legalista imperante, que ha mirado no más a crear y garantizar las libertades públicas con el instrumento ilusorio de la Gaceta… sustituyéndolo por un neoliberalismo orgánico, ético y sustantivo, que atienda a crear y alianzar dichas libertades con actos personales de los gobernantes principalmente, dirigidos a reprimir con mano de hierro y sin tregua a caciques y oligarcas».

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A estos diez puntos añade la necesidad de realizar a la vez sin demora y por decreto todas las medidas anteriores, y propone la «renovación de todo el personal gobernante de los últimos veinticinco años, sin excluir la representación actual del poder moderador…»

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Político

La necesidad de dar coherencia a su pensamiento y a su crítica al régimen oligárquico de la Restauración, impulsa la actividad política de Joaquín Costa. Su pensamiento político, de base económica y social se dirige contra el atraso de la agricultura española y la perpetuación de una oligarquía a costa del campesinado y grandes desigualdades sociales (reflejada en su magna obra de 1898, Colectivismo Agrario en España). Su crítica más ardorosa se centrará en el funcionamiento político de la Restauración, las manipulaciones electorales y el parlamento surgido de ellas. En Graus, donde se había retirado en 1891, organiza y dirige junto con Salamero, la Liga de Contribuyentes de Ribagorza que se convertirá en la Cámara Agrícola del Alto Aragón, instrumento de las campañas políticas de Costa.

Retrato de Joaquín Costa. Tomás Fierro, 1912. Restaurado por Domingo Subías en 1979. Informe fechado en Madrid. Barbastro, Huesca. Biblioteca Pública.

Como candidato agrario, respaldado por la Liga y la Cámara y llevando como base de la campaña el canal de Tamarite o de Sobrabe, se presenta Costa, a las elecciones de 1896. Tras la derrota acentúa su crítica al dominio de los caciques en el medio rural, que corrompía las elecciones y tergiversaba el sentido del sistema parlamentario (Oligarquía y caciquismo como la forma actual de gobierno de España, 1901-1902). Diferentes organizaciones agrarias son convocadas a una asamblea nacional creando la Liga Nacional de Productores bajo la presidencia de Costa. Su ideario será recogido en «Reconstrucción y europeización de España». En 1889, se fusiona con la Asamblea Nacional de Cámaras de Comercio que lideran Basilio Paraíso y Santiago Alba. Surge así la Unión Nacional, organización indefinida, especie de grupo de presión muy crítica con el sistema de la Restauración. La enorme complejidad y diferencia de ideologías e intereses de las clases medias, urbanas y agrarias, junto con las divisiones y enfrentamientos con Alba y Paraíso, hace fracasar el proyecto. Costa aún cree en un partido de intelectuales y vira hacia la Unión Republicana consiguiendo el acta diputado en 1903 pero sin pisar nunca el Congreso.

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Derrotado, muy enfermo, se retira a su villa familiar, desde donde aún sale alguna vez para tronar (de ahí el sobrenombre de «León de Graus») contra proyectos gubernamentales. También desde allí se reafirma en su ideal republicano, matizado por el gran respeto que le inspira Pablo Iglesias.

La des-Unión Nacional. Joaquín Moya Angeles. Gedeón 244. Zaragoza, Biblioteca del Casino Principal.

Monumento a Joaquín Costa. José Bueno y Fernando García Mercadal, 1929. Inaugurado el 22 de septiembre de 1929. Graus, Huesca.

Peluquería republicana. R. Esteban. Semanario político madrileño El Censor, n° 126, 1904. Graus, Archivo Costa.

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Biografía

1846. Joaquín Costa y Martínez, uno de los grandes reformadores del siglo XIX, nace un 14 de septiembre en Monzón. A los 6 años se traslada con toda la familia a Graus, dónde compagina el trabajo en el campo y los primeros estudios. 1863. Marcha a Huesca a servir a casa de un rico pariente suyo, Hilarion Rubio. Estudia bachillerato mientras pasa por distintos oficios. 1867. Acude becado a la Exposición Internacional de París en calidad de «artesano discípulo observador». 1869. Se saca en Huesca el título de bachiller, maestro y agrimensor. Compagina estos estudios con su trabajo en Madrid en un colegio propiedad de su tío Mosen Salamero. 1874-1875. Se doctora en Derecho y en Filosofía y Letras.

Retrato de Joaquín Costa. Mouton Fotógrafo, Montera 3, Madrid 1904. Colección José María Auset Viñas.

1876. Trabaja como auxiliar supernumerario de la Cátedra de Derecho Administrativo de la Universidad Central de Madrid hasta que renuncia en protesta a la política educativa de la Restauración. Se decanta hacia otras actividades relacionadas con la profesión jurista y profesor de la Institución Libre de Enseñanza. 1877-1879. Es nombrado oficial letrado con plaza en Cuenca y en después en Huesca, dónde recorre la provincia, se detiene a estudiar a sus gentes, su cultura, su paisaje y su historia. 1880. En Madrid como pasante, colabora en la Revista de España, en la Revista General de Legislación y Jurisprudencia y en la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación. 1880-1887. Participa en numerosos mítines y conferencias africanistas y abolicionistas. Dirige el Congreso Español de Geografía Colonial y Mercantil, cofunda la Sociedad de Africanistas y Colonistas. 1890. Accede al cuerpo de notarios (Granada, Jaén) y aboga inmediatamente por una reforma de la administración de justicia. 1892. Regresa enfermo a Graus y organiza a la Liga de Contribuyentes de Ribagorza. Se inician varias campañas por todo el Alto Aragón con el fin de potenciar la producción agraria gracias al regadío y mediante obras hidráulicas que debe hacer el Estado.

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1893-1898. Vuelve como notario a Madrid y prepara su gran obra «Colectivismo Agrario», en la que hace una dura crítica a las desamortizaciones. 1889-1903. Se integra en la Unión Nacional, nuevo partido político popular y muy crítico con el sistema de la Restauración canovista. Tras su disolución ingresa en la Unión Republicana. 1905. Afectado por la atrofia muscular que le acompañó desde niño, se recluye en Graus, donde siguió escribiendo e investigando. 1911. Morirá en Graus un 8 de febrero. Sus 65 años de vida se sintetizan en una frase que él escribe en su diario de juventud:

«Si no puedo estudiar no quiero vivir».

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Biografía

Fue un hombre de emociones normales cuya vida sentimental se vio condicionada por sus convicciones políticas. Su primer amor, la joven Pilar, se deshizo por conflictos religiosos, con su gran amor Concepción Casas no pudo casarse por «librepensador y Krausista» y de su relación semiclandestina con Isabel Palacín nació su única hija, Pilar Antígone, a la que adoptó al final de su vida. De carácter inflexible y grosero para unos, cortés, solicito y leal para otros, vivió obsesionado por hacer de España una verdadera democracia. Por facilitar los recursos y la educación que permitiera a los agricultores y a sus hijos vivir con dignidad en el campo y participar en el gobierno de su país.

«… tenía el cuello recio; su cabeza se erguía sobre un cuerpo fornido, atlético; su barba, entrecana, sin aliños afectados, bajaba hasta su pecho fuerte y saliente. Andaba despacio; parecía agobiado, abrumado por un tremendo peso misterioso, por una anonadora fatiga… Había en sus ojos relumbres de melancolía y de fiereza candorosa. Quería celar su bondad bajo una aparente rudeza; pero su bondad era como los arbustos fuertes e indomables que salen retorciéndose de entre las peñas en busca de la luz. Y cuando hablaba, su voz rugía, salmodiaba, imprecaba, amenazaba, estaba henchida de conminaciones y de añoranzas del pasado». (José Martínez Ruiz Azorín, «Elegía a Costa», 1911).

Cabeza de Joaquín Costa Fernando Alvira Lizano.

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Joaquín Costa. Fotógrafo desconocido, 1908. Revista Nuevo Mundo n° 893. Reportaje Retratos de Costa. Colección particular Costa.

Joaquín Costa con Miguel Morayta, Manuel Bescós, Dr. Calzada, la familia de este y otros amigos. Fotógrafo desconocido, 1908. Colección particular, Zaragoza.

Retrato de Joaquín Costa. Foto Compañy, 1894. Colección José María Auset Viñas.

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Los grandes temas de Costa

Solo personas de enorme talento pueden abarcar tantas ramas y disciplinas como lo hizo Costa. Se distinguió pronto por sus conferencias, artículos y ensayos sobre múltiples aspectos de la realidad española, que le señalaban como un intelectual populista, crítico y sagaz, destacando sobre todo como pedagogo, jurista y economista. La crisis agrícola de finales del siglo XIX y, la pérdida de las posesiones coloniales de Cuba, Puerto Rico y Filipinas (1898), le estimularon en sus ataques al orden establecido y la búsqueda de propuestas de cambio. Postuló la recuperación de la economía y de la sociedad agrarias a partir de las tradiciones españolas (Colectivismo agrario en España, 1898) y de una política de fomento (Política hidráulica, 1911), como base para la reconstrucción del país y su inserción entre las potencias europeas (Reconstrucción y europeización de España, 1900).

Retrato de Joaquín Costa a los 60 años. Foto Benito Aguilar, Graus, 1906. Madrid, Biblioteca Nacional. Graus, Huesta, Biblioteca Pública.

La clave de su pensamiento económico está, no tanto en la insistencia en llevar agua a las tierras secas, cuanto en cómo cultivarlas en el futuro. Frente al proteccionismo de latifundistas y especuladores, Costa defenderá una agricultura intensiva, de elevada productividad, competitiva internacionalmente y que dé trabajo abundante. Fue la educación uno de los primeros temas que interesan a Costa y se refleja en los primeros escritos que realizó en 1874, con 17 años de edad y en los que enuncia una serie de ideas que llevaría después al discurso inaugural del Ateneo oscense, que funda en 1866 con una serie de amigos. Costa sabía que la mejor manera de cambiar España era actuar en la escuela. «Escuela y Despensa» eran sus dos grandes preocupaciones. Siempre preocupado por la forma didáctica de sus discursos, escribió artículos sobre estos temas y a su muerte serían resumidos en el libro «Maestro, Escuela y Patria». Se adelantó en sus teorías pedagógicas decenas de años a su época. Defendió las misiones pedagógicas que tendrían gran eficacia en la II República, el régimen de

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turores preocupados por los alumnos de modo personal y responsable, la importancia de la educación física y el contacto con la naturaleza. La ruptura de murallas entre asignaturas para comprender globalmente todos los saberes, en relación unos con otros. Ideas que hablan de una educación universal, integral y permanente con planteamientos didácticos innovadores y en los que el medio natural es un importante elemento pedagógico.

Polílitca Hidraúlica. Joaquín Moya Angeles. Gedeón 386. Zaragoza, Biblioteca del Casino Principal.

Mausoleo de Joaquín Costa. Idea Félix Lafuente y Manuel Bescós, 1911. Busto escultórico de J. Costa: Dionisio Lasuén, 1912. Zaragoza, Cementerio de Torrero.

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No solo teoriza, ejerce en Huesca y en Madrid. En esta ciudad, y ya en el mundo Universitario, escribe «Nueva base para la educación» dónde destaca la importancia de la formación de los padres para ejercer como tales. Tras su renuncia al cargo de profesor auxiliar en la Universidad Central de Madrid, se vincula a Giner de los Ríos y a la Institución Libre de Enseñanza dirigiendo su Boletín (1880-1883), dando clases y participando en el mencionado Congreso Pedagógico Nacional de 1882. Desde un método intuitivo habla de abrir la escuela al mundo y vincularla con la sociedad (el saber entra por los ojos, y la escuela esta vinculada directamente con la vida por lo que lo alumos deben visitar fábricas, explotaciones agrarias, iglesias, museos, centros públicos, juzgados, ayuntamientos…).

Cabeza de Joaquín Costa. José Gonzalvo, 1976. Colección Eloy Fernández Clemente.

Aunque mantuvo una constante actividad académica, su profesión fue la de jurista. Es verdad que su ejercicio como «Oficial letrado de la administración económica» por Cuenca y Huesca no dejó de ser más que un medio para ganarse la vida mientras dedica su tiempo al estudio y a la política. Pero hay que destacar el gran número de tratados que realiza sobre derecho, especialmente el aragonés («Derecho Consuetudinario del Alto Aragón»). Realizó trabajos relacionados con su profesión de notario y abogado. Es famoso el pleito de La Solana, en que quiso restituir a un pueblo el patrimonio que unos sacerdotes ejecutores testamentarios le sustraían en contra de la voluntad del testador. Como notario hizo una reflexión crítica de su profesión, sobre la que propuso reformas y por extensión también de la judicatura y del Registro de la Propiedad. Sus obras más teóricas, de filosofía del derecho giran en torno a la costumbre jurídica. Su concepto del Derecho está relacionado con la libertad civil, la costumbre y los fueros aragoneses. Era partidario de un nuevo código civil español que partiera del Derecho aragonés y cuyas bases serían la libertad civil y el reconocimiento de la costumbre.

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La des-Unión Nacional. Joaquín Moya Angeles, Seminario satírico madrileño Gedeón 237, 1900. Zaragoza, Biblioteca del Casino Principal.

¿Por qué pago D. Joaquín Costa? Referente al pleito de La Solana. Joaquín Moya Angeles - Gedeón 237. Zaragoza, Biblioteca del Casino Principal.

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Seguramente por su origen, una familia de pequeños campesinos, y tras su temprana estancia en Francia en 1967, en la Exposición Universal, Costa certificó la imortancia de la economía como motor de un país. Una de sus grandes preocupaciones económicas fue la política colonial. Las colonias que hasta 1898 le quedan a España, su aprovechamiento económico y la política cultural y de respeto a los naturales de las mismas. Así como la obtención de las zonas de influencia en África por las que luchó duramente. Aportó informaciones valiosas a la recién creada Sociedad Geológica y en los años ochenta fueron célebres su intervenciones en mítines abolicionistas, contra los restos de exclavitud de las antillas, sus estudios sobre el comercio con África, etc.
Retrato de Joaquín Costa. Juan José Garate. Madrid, Ateneo.

En el mismo año de su muerte aparecen todos sus discursos y escritos sobre Política hidráulica, en cierto modo su testamento político y una de las grandes batallas que ganará después de muerto, al impulsarse, años después, importantes planes de riegos en Aragón y en otros lugares de España. Costa consiguió ver finalizado el «Canal de Tamarite» que se inauguró en 1906. Su obra fue ingente y no fue estudiada y divulgada hasta el hispanista británico George J.G. Cheyne y una serie de trabajos publicados a partir de los años 1960. Su populismo le lleva a escribir, además de centenares de artículos de gran difusión, algunas novelas didácticas como «Justo de Valdediós» o «Último día del paganismo», inconclusa. Con un estilo vehemente, culto, casi romántico. Costa no estuvo casi nunca satisfecho de su vida y situación, ni aun de sus obras. En una nota, encontrada entre sus papeles de Graus, que pude datarse en los años 1905 o siguientes, dice:

«Siempre he llegado a deshora».

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Proyecto de Monumento-montaña a Joaquín Costa. Ramón Acín, 1925. Huesca, Gobierno de Aragón.

Mitin organizado por la Cámara Agraria del Altoagragón, presidido por Joaquín Costa. Ramiro Ros Rafeles, 1893. Diario de Avisos de Zaragoza, 8 de septiembre, 1899. Graus, Archivo Costa.

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José Luis Cano. Semblanza auto-biográfica

Zaragoza, 1948. Nací dibujando. A los diez años escribí mi primer cuento de Guillermo Brown. A partir de los doce, redacté e ilustré una biografía apócrifa y clandestina del director del colegio. Dibujaba en el libro de literatura y escribía bocadillos en las reproducciones de la historia del arte. Desde entonces, he seguido en esa confusión, dibujando en mis libros y escribiendo en mis cuadros. Una vez, utilicé 200 metros cuadrados para ilustrar la Eneida en el Museo Pablo Gargallo y he llegado a escribir aforismos con carboncillo en el paisaje de yeso que circunda Zaragoza. Algunas veces fui serio y circunspecto pintando; escribiendo, nunca. Mi tesis doctoral era un chiste de 150 páginas que no me atreví a presentar porque me pareció muy largo. Soy más partidario de la brevedad del somarda.

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