Tabú, feminismo, liberación (del prefacio a “Diccionario de Huevadas Compuestas”, Emilio Rivano (Satori, 2013) 0.

He desarrollado en otros diccionarios y otras publicaciones sobre la riqueza expresiva del habla de Chile en modalidad obscena, y de cómo esa riqueza nos habla muchas veces tanto de la obscenidad social que la motiva, como del ingenio que la produce. La imaginación, el ingenio en la fabricación de esta expresividad, es asunto que merece atención caso a caso. Podemos a menudo admirar talento figurativo, humor, sarcasmo y penetración en estas producciones. Algo de eso se comentará en las entradas de este registro. En los párrafos que siguen me referiré al tabú como otra manera provechosa de aproximarnos al habla “vulgar” y, de paso, a un aspecto del feminismo, es decir, un aspecto de la propiedad de la mujer. 1. Las entradas de este diccionario son todas “frases acuñadas”, es decir, objetos fijos (ya formados) que intervienen en la composición sintáctica. Son, en un sentido técnico, palabras. Su formación es variada, pero corresponden a entidades con nombres habituales como “perífrasis verbal”, por un lado, y “expresión idiomática”, o “giro idiomático”, por el otro. Son objetos de uso regular que conforman parte del léxico estándar del chileno (castellano de Chile). No hay restricción gramatical ni semántica que rija o se

imponga sobre estos objetos, otra que las reglas naturales que gobiernan las distintas categorías que se forman. Estas entradas significan libremente en la infinita capacidad expresiva del lenguaje. No hay rincón en la gama de interés humano que sea exclusivo de ellas o del que sean excluidas. El rasgo lingüístico que unifica estas palabras es que se trata de derivaciones de la raíz “huev” y de la base “huevón”. Dos otros rasgos que caracterizan a estas formas no tienen nada que ver con el lenguaje ni son exclusivos de ellas. Uno es el hecho de ser productos que se originan en el habla de Chile. El otro, más interesante, es el hecho de ser objetos tabú. 1.1. ¿Qué es un tabú? Cualquier objeto o entidad cuyo uso o participación sufre exclusión (supresión, censura, excomunión, alejamiento, eliminación, etc.) en un contexto, ese objeto es tabú en ese contexto. Las palabras de este diccionario son tabú en ese sentido: si bien son de alto rendimiento en el habla (siendo alta su capacidad informativa, conceptual, de ideación, su potencial significativo, expresivo y comunicativo), se excluye su uso en contextos formales, profesionales y, muchas veces, familiares y cotidianos. Esta exclusión, sin embargo, es cada vez menos rigurosa y suele producirse por apariencia o “imagen”. En el habla íntima y cotidiana (“fuera de micrófono”, extra protocolar, etc.) se observa su uso generalizado. De modo que se trata muchas veces de un desdoblamiento del habla, fenómeno que a veces coincide con lo que se denomina hipocresía. 1.2. ¿Por qué son tabú estas palabras? Por un rasgo primitivo de la mente humana, a saber, que identifica

lenguaje con realidad, palabra con objeto nombrado. Es un rasgo que cabe llamar “mágico”: la presencia del objeto nombrado, su aparición por medio de y en el acto mismo del habla. Esta identificación no es una creencia o dogma, se trata de una percepción innata, como cuando vemos que la Tierra es plana, que el horizonte es una línea recta, o que el cielo es azul, o suponemos que el aire es vacío, o percibimos al sol y la luna moviéndose. Podemos deshacer el hechizo, podemos elevar la mirada por vía del entendimiento y aceptar, por ejemplo, que el aire es un océano, solo que más delgado que aquel de agua, de modo que los pájaros no vuelan por arte de magia, sino que “flotan” y “nadan” en el aire. Aceptar que es nuestra reducida perspectiva lo que nos hace ver una recta donde hay una curva. Etcétera. Del mismo modo, podemos romper la percepción primitiva del lenguaje y aceptar, por ejemplo, que el lenguaje no nombra objetos, sino que los crea, y que esos objetos “inventados” por el lenguaje no son los objetos del mundo, sino los objetos del lenguaje, y que no tienen correspondencia física o material alguna, de modo que ninguna presencia o aparición ocurre cuando se usan las palabras. Esa mente iluminada está al alcance de la mano. Y si bien mucho apunta a que el mundo es manco, es un hecho que no lo es necesariamente y que el ser humano cambia su mirada, se supera, afina y multiplica su percepción. 1.2.1. Pero, ¿por qué son justamente estas palabras objetos tabú? Imagínese el lector un enorme testículo sobre la mesa en la cena familiar. El contexto se encabrita, se escandaliza o se espanta, lo rechaza, lo

censura, lo niega, lo elimina, etc. Ahora imagine un acto de magia tal que con solo nombrar el objeto lo hago aparecer en la cena o, peor aun, que la enunciación misma de la palabra se transforma en el objeto referido, que al decir “huevas” la palabra se transmuta, se transubstancia en un par de testículos. Entonces, la palabra es tabú, un objeto o entidad en un contexto que lo rechaza. 1.2.2. Nótese que no se trata de “significados literales” que “aparecen” en nuestra percepción. “Hueva” es de “huevo”, es decir, es una figuración simple desde la forma de un huevo a la forma de un testículo. Igualmente, “pico”, por ejemplo, es por la forma de la boca del pájaro proyectada a la forma del miembro sexual masculino. No son, entonces, los significados literales que aparecen. La mente mágica funciona con los significados pegados a las palabras sin advertir ni su naturaleza creada, ni su origen. Para esa mente, la palabra es su significado, su significad es la cosa misma, la palabra es la cosa misma. 2. Como se dijo, la fruta está al alcance de la mano. Se produce, así, el siguiente llamado a las instituciones y aparatos oficiales y otros de formación, difusión y desarrollo intelectual (lo que suele llamarse “educación”, “cultura” y también “humanismo”): Para aquellos programas de estudio, cursos, investigación, difusión, desarrollo, y otros, cuyo objetivo sea elevar el nivel intelectual de las personas (“educar a Chile y a su gente”): Intégrese el estudio del lenguaje tabú y contenidos relacionados. Por lo pronto, estos temas y

objetos de estudio deberían ser parte normal del currículo en nuestra enseñanza básica y media. Mucho ganaría el lugar en estatura intelectual si así ocurriera. 3. La mera exposición y estudio del vocabulario tabú es actividad que en sí ocasiona en buena medida la mencionada liberación, superación, desarrollo y capitalización en el individuo. Por otro lado, son incontables los temas aledaños que incrementan esta “iluminación espiritual”. 3.1 Para orientar mencionando un desarrollo posible: Un tema amplio relacionado con el lenguaje tabú es el sexismo. Es un campo de interés con tópicos como machismo, feminismo, segregación sexual, minoría sexual, prohibición sexual, persecución sexual, homofobia, violencia sexual, liberación sexual, entre otros. Y entre otras fecundas vías de estudio, observamos que el lenguaje tabú se relaciona fuertemente con lo sexual. Observamos asimismo que, si bien las “partes y actos sexuales femeninos” obtienen terminología tabú, abunda más la terminología “masculina” en este sentido. Sin ir más lejos, las entradas que dan ocasión a este diccionario, derivaciones de “huev” y “huevón”, proceden del testículo masculino. La plétora expresiva que se forma a partir de esta sola base léxica es considerable. Otro tanto ocurre con otro vocabulario tabú, que también deriva de “lo masculino”. Es también un hecho el uso frecuente y generalizado en el habla popular de expresiones que derivan de lo sexual en general y de lo sexual masculino en particular. Además, pareciera

haber una invasión de lo sexual y lo sexual masculino en terrenos como, por ejemplo, la grosería, el insulto, la imputación, la acusación, la calificación, la agresividad, la obscenidad, entre otros. Se produce así la apariencia de un monopolio masculino que se yergue en esos terrenos. A observaciones superficiales como las anteriores arriesgan sumarse usos “indignos” de términos “femeninos” como “chucha” y “concha de tu madre” y usos “indignantes” de expresiones “machistas” como “mandárselo a guardar” y “meter la puntita”, entre muchos otros. Datos dispersos y preliminares como los anteriores pueden inducir a conclusiones apuradas, por ejemplo, sobre existencia de machismo (segregación, arbitrariedad, concesión, privilegio, inmunidad, etc.) en el habla de Chile. La conclusión, si es aceptada sin revisión crítica, a su vez puede llevar al hablador de turno a intentar cambiar, corregir, o prohibir el lenguaje con vistas a, por ejemplo, “ahuyentar el sexismo”, “eliminar el machismo”, “mejorar la sociedad”, “acercarnos al humanismo”. 3.2. Hay, sin duda, mucho por escarbar en esta veta. No es este el lugar para desarrollos así. Notemos, sin embargo, que conclusiones ligeras como las anteriores no se avienen con otros datos. Por ejemplo, el hecho de que las mujeres modernas emplean el “lenguaje tabú” del caso sin obstrucción por género o sexo. Tanto mujeres como hombres usan, por ejemplo, “huevona” en cualquiera de las notas significativas y espacios pragmáticos que usan “huevón”. Tanto las mujeres como los hombres “huevean”. Lo propio ocurre con las otras expresiones “tabúes”. No hay

restricciones que separen a los sexos en los usos ni en los significados. Para insistir, una mujer puede referirse a otra como “saco de huevas”, sin que medie asunto alguno sobre, por ejemplo, una aplicación errónea del calificativo, o una supuesta usurpación del uso privativo de los hombres. El significado de “imbécil” ha adquirido una nueva expresión en “saco de huevas”, con novedosas y particulares notas semánticas y otras, ninguna de las cuales, sin embargo, es “machista”. Ciertamente, el origen sexual de expresividad considerada tabú llama a la reflexión y al estudio. Asimismo, la imaginación o figuración empleada para fabricar los significados merece atención. Pero los usos son efectos del orden social, no su causa. El machismo no está, entonces, en el lenguaje, sino en la sociedad. Vemos, de hecho, que la apropiación que las mujeres hacen del lenguaje tabú señala el poder que han adquirido en la sociedad. Es una señal de liberación femenina. Dicha liberación, insistimos, no ha sido causada por el uso del lenguaje tabú, sino por el acceso de las mujeres al trabajo, al dinero, a las técnicas, a la propiedad, a seguridad social, a leyes que garantizan igualdad, etc. En el uso del lenguaje tabú la mujer se manifiesta libre, independiente, fuerte. Los significados de ese lenguaje no son partes sexuales femeninas ni masculinas, sino ámbitos de expresividad en los que ellas ahora se pasean con mayor libertad. Estos ámbitos de expresividad son herramientas de producción de habla, son medios de comunicación, de los que las mujeres son cada vez más dueñas.