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Universidad de Chile

Departamento de Pregrado
Cursos de Formación General
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Curso: Concepciones de lo Humano

Meister Eckhart (1260 – 1327)


La experiencia mística

MEISTER ECKHART
(1260 – 1327)

La experiencia mística

LOS DOS HOMBRES

Ante todo se debe saber, y está también revelado, que el hombre tiene en sí dos clases de
naturaleza: cuerpo y espíritu. Por esto se ha escrito: "El que se conoce a sí mismo, conoce
todas las criaturas; pues todas las criaturas son o cuerpo o espíritu." Por eso dice la Escritura
acerca del hombre que hay en nosotros un hombre exterior y otro, el hombre interior.

Al hombre exterior pertenece todo aquello que está adherido, ciertamente, al alma, pero está
ligado y mezclado a la carne y tiene una cooperación corporal con todos los miembros, como
son el ojo, el oído, la lengua, la mano y otros semejantes. Y todo esto lo llama la Escritura el
hombre viejo, el hombre terrenal, el hombre exterior, el hombre enemigo, un hombre servil.

El otro hombre que hay en nosotros es el hombre interior; la Escritura lo llama un hombre
nuevo, un hombre celeste, un hombre joven, un amigo, un hombre noble. (…) El hombre interior
es Adán, el varón en el alma. Éste es el buen árbol, del que dice nuestro Señor que da siempre
sin cesar buenos frutos; es también el campo en que Dios ha plantado su imagen y semejanza
y en el que siembra la buena simiente, la raíz de toda sabiduría, de toda arte, de toda virtud, de
toda bondad; simiente de naturaleza divina. ¡La simiente es el Hijo de Dios, la Palabra de Dios!
(Vom edelen Menschen)

LA ETERNA JUVENTUD DE NUESTRA ALMA

Tenéis que saber que en todo hombre bueno está Dios totalmente. Hay un algo en el alma,
donde vive Dios, y hay un algo en el alma por lo que el alma vive en Dios. Pero si el alma se
aparta de ello y se vuelve a cosas exteriores, muere, y Dios muere para el alma. No por esto
muere Dios, ciertamente, en sí mismo, y en sí mismo permanece igualmente vivo. Cuando el
alma se separa del cuerpo, el cuerpo está muerto y el alma en sí misma permanece viva; del
mismo modo puede también Dios estar muerto para el alma, pero permanecer vivo en sí
mismo. Ahora, sabed, hay una fuerza en el alma que es más grande que el ancho cielo, el cual,
sin embargo, es inabarcablemente grande, tan grande, que no se puede expresar, ¡y esa fuerza
es mucho más grande aún! (...)

El alma es tan joven como su primer origen, y la edad, con la que parece decaer, es sólo por
parte del cuerpo, a cuyos sentidos se aplica. Un maestro dice: "Si un anciano tuviera los ojos de
un joven, vería tan bien como un joven." Yo estaba sentado ayer en un lugar y decía una
palabra que suena de modo increíble; decía yo así: "Jerusalén está tan cerca de mi alma como
el lugar donde estoy ahora." Sí, con toda seriedad, hasta lo que está a más de mil leguas más
allá de Jerusalén, también eso está tan cerca de mi alma como mi propio cuerpo; estoy tan
cierto de ello como de que soy un hombre, y clérigos entendidos lo comprenderán fácilmente.
Creedme, mi alma es tan joven como mi origen; ¡sí, es todavía mucho más joven! Y creedme,
me parecería despreciable si mañana no fuera aún más joven que hoy.

El alma tiene dos fuerzas que no tienen nada que ver con el cuerpo y actúan por encima del
tiempo: la razón y la voluntad. ¡Ah, si los ojos del alma estuvieran abiertos, de modo que la
razón contemplara la verdad, creedme, el hombre sería capaz de abandonar tan fácilmente
todas las cosas como un guisante o una lenteja; sí, en mi alma, el mundo entero sería para un
hombre semejante como una nada! (... ) Para aquel hombre que conoce realmente la verdad,
no tiene el menor valor renunciar al mundo entero y hasta a sí mismo. ¡Oh, para el hombre que
vive así, el mundo entero es en verdad demasiado propio!
(Von der ewigen Jugend unserer Seele.)

LA CHISPA DEL ALMA

He hablado a veces de una luz en el alma, que es increada o increable. Precisamente suelo
aludir una vez y otra a esta luz en mi predicación, pues toma a Dios de un modo inmediato, no
encubierto, y desnudo, como es en sí mismo; y esto hay que entenderlo de la obra de la
generación del Hijo único. Pues puedo afirmar en verdad que esta luz tiene más unidad con
Dios que con cualquiera de las fuerzas del alma, con las cuales, es una, sin embargo, según la
esencia. Tenéis que saber que dentro del ser de mi alma esa luz no es más noble que la
facultad más inferior y grosera, como el oído o la vista o cualquier otra energía que puede ser
afectada por el hambre o la sed, el frío o el calor; y esto procede de que la esencia del alma es
una unidad. Si se toman, por tanto, las energías del alma dentro de la esencia del alma, todas
son una sola y son igualmente nobles; pero si se toman las energías del alma en su operación,
es una mucho más noble y elevada que la otra.

Por esto afirmo: cuando el hombre se aparta de sí mismo y de todas las cosas creadas, en la
medida en que haces esto, te trasladas en unidad y beatitud en la chispita del alma que nunca
ha tenido aún contacto con el tiempo ni el espacio. Esta chispa se contrapone a todas las
criaturas y no quiere nada sino Dios, como es en sí mismo. No le basta con el Padre ni con el
Hijo ni con el Espíritu Santo, ni en general con las tres personas, en cuanto cada una
permanece en su propio ser. Sí, afirmo que esa luz no encuentra tampoco satisfacción en la
unidad de la naturaleza divina creadora, que unifica las tres personas. Quiero afirmar aun más,
lo que suena de un modo todavía más extraño: digo con plena seriedad que esta luz ni siquiera
se contenta con la simple esencia divina, que permanece en total reposo, que ni da ni recibe,
sino que quiere saber de dónde viene esa esencia, quiere entrar en el fondo simple, en el
tranquilo desierto, en el que nunca asomó nada distinto, ni Padre. ni Hijo ni Espíritu Santo. Sólo
en lo más íntimo, donde nadie reside se contenta esa luz, y en ello está más íntimamente en su
casi que en sí misma, pues este fondo es una pura quietud, que permanece inmóvil en sí
misma, y todas las cosas son movidas por esta inmovilidad. De ella recibirán la vida todas las
que viva bajo la dirección de la razón y se han recogido en si misma. Que también nosotros
vivamos racionalmente de este modo, ¡que Dios nos ayude!
Si quieres encontrar consuelo y alegría completos. procura vaciarte de todas las criaturas, de
todo consuelo de las criaturas, pues, en verdad, no encontrarás jamás un auténtico consuelo
mientras lo busques en las criaturas.

Nadie más que dios puede controlarte y sólo Él y con Él encontrarás plena felicidad. Si buscas
el consuelo en lo que no es Dios, no hallarás en ninguna parte; en cambio si no buscas el
consuelo. en la criatura ni te deleitas en ella, encontrarás e consuelo por doquier.

Digamos algo más que también puede consolar al hombre. Si alguien había alcanzado
determinado año su pleno bienestar y después lo pierde por una mala fortuna, procediendo
cuerdamente debería dar as gracias a Dios por la desdicha que ahora sufre el sabe ahora, ante
todo, cuanto bienestar y cuanta comodidad disfrutaba antes y podrá dar las gracias a Dios por
los beneficios que Ie dispense en aquella ocasión, en vez de renegar a su suerte.

Debe considerar que, por naturaleza, el hombre nada tiene, a no ser la maldad y la deformidad
todo lo que tiene de bueno se lo ha prestado Dios, pero no se lo ha dado. El que conoce la
verdad sabe que el Padre celestial sólo al Hijo y al Espíritu Santo ha dado lo que es bueno; en
cambio, a la criatura no Ie dio el bien sólo se lo ha prestado.

El sol da al aire el, calor, pero la luz, solo en calidad de préstamo, ya que tan pronto, el sol se
oculta, pierde el aire la luz, aunque el calor permanezca por haberlo recibido en propiedad.

Por, eso dicen los maestros que el Padre celestial es padre del Hijo, pero no es su Señor, como
tampoco lo es del Espíritu Santo; pero Dios, Padre, Hijo y .. Espíritu Santo son ; Señores de
todas las criaturas. Y por eso decimos que Dios, siendo Padre desde toda la eternidad, se hizo
Señor por haber creado a las criaturas.