Materia: LITERATURA DEL SIGLO XIX Programa: 2013.

Unidad: III Traducción: Jorge CAPUTO Fuente: Sarga Moussa, "Signatures: ombre et lumière de l'écrivain dans la Correspondance d'Orient de Flaubert", en Littérature, n° 104, 1996, pp. 74-88.

Firmas: sombra y luz del escritor en la Correspondencia de Oriente de Flaubert (1996)

Sarga Moussa

op. Littérature. 363-364). encontré escritos allí nombres más o menos conocidos. Jean Bruneau (ed. a mediados del siglo XIX. 615 (carta del 22 de abril de 1850). el vulgar turista 5 consigue su objetivo puesto que firma. ni una sola el de Desaix [generales de la expedición de Bonaparte]. n° 104.. cit. 338). en cierto sentido.3 Pero este rechazo a inscribir su nombre en los monumentos adquiere una significación particular si se lo pone en relación con la estética flaubertiana (que se constituye precisamente en su correspondencia alrededor de los años 1850)4 del borramiento de la instancia enunciadora. 1996.. pp. Si es el mismo del que habla Champollion y que ha publicado una recopilación de inscripciones. emigrada italiana a la que Flaubert pensó en hacerse presentar al saber que se había instalado en el golfo de Nicomedia (Correspondance. Cartas del viaje a Oriente. al rehusar el yo viajero dejar una marca de sí en lo real que recorre. véase el trabajo reciente de Isabelle Daunais. p. t. 4 Sobre las notas de viaje de Flaubert como forma preliteraria. Traducción de Jorge Caputo. 74-88. Pléiade. Madrid: Aguilar. p. I. pp. la frente de Osiris no estuvo más a resguardo de él que la pierna de Memnón. 74-88. Paris. dos tipos de “firma” concurren en las cartas de Oriente: por una parte. Gallimard. en una sublime persistencia de la estupidez. traducción de Ricardo Cano Gaviria]. 1973.Firmas: sombra y luz del escritor en la Correspondencia de Oriente de Flaubert1 “En los templos leemos el nombre de los viajeros. Hay unos que han debido tardar tres días en ser grabados. Paris. ha dejado en estas tierras con qué continuarla” (Joseph d‟Estourmel. Sin embargo. es para Flaubert un espacio en el que puede decirse libremente. quise subir a sus dos pilonos. tan profundamente tallados están en la piedra..). Journal d’un voyage en Orient [1844]. que no nos abandona. 2005.: las traducciones de la correspondencia de Flaubert desde Oriente están tomadas de Flaubert. L’Art de la mesure ou l’invention de l’espace dans les récits d’Orient (XIX siècle). Paris. la crítica de la vanidad burguesa por la cual el turista cree ingenuamente ganar su parte de inmortalidad marcando con su sello antiguas obras de arte.. 687) se burla de la vanidad de los viajeros que trazaron sus nombres en los cedros del Líbano con la esperanza de participar de la victoria sobre el tiempo que simboliza la ancianidad de esos árboles (Asie Mineure et Syrir. al final de su viaje por Oriente: “La semana próxima vamos a comenzar . Saint-Denis/Montréal. de Vidua. p. lo he leído por todas partes en los monumentos. II.” escribe Flaubert a su madre desde el Alto Egipto. pp. Algunas de las grandes obsesiones flaubertianas están ya actuando en la carta citada al comienzo: a la voluntad que manifestará el autor de Madame Bovary de colocar el yo entre paréntesis corresponde. 1858. No hemos puesto el nuestro en ninguna parte. cuyo género no se confunde con la obra ficcional. una forma teatralizada de autorepresentación. una forma paradójica de manifestación del sujeto por defecto. ha firmado más en Egipto es un cierto Sr. en Littérature. [N. 106. la princesa de Belgiojoso. en una simetría invertida. "Signatures: ombre et lumière de l'écrivain dans la Correspondance d'Orient de Flaubert". Sobre todo hay un tal Vidua. Encontré varias veces el de Belliard. I. En este sentido. Algunos se encuentran por todas partes. pp.2 Flaubert no es el único viajero. sin dudas.”. p. la carta. que ironiza acerca del ritual turístico consistente en dejar una marca de sí mismo en ciertos lugares de pasaje obligado del viaje a Oriente. 2 Correspondance de Gustave Flaubert. Presses Universitaires de Vincennes/Presses de l‟Université de Montréal. 49 y sigs. en la medida en que su correspondencia no está destinada a la publicación. 1996. t. “Les premiers „touristes‟ en Orient. pero el hombre que. en Obras completas. 5 El término tiene ya una connotación peyorativa en la mayoría de los escritores viajeros de mediados del siglo XIX (véase Sarga Moussa. Flaubert mismo escribe a Louis Bouilhet.. 1994. 1848.. en Romanische Forschungen. Crapelet. Por otra parte. 3 Así. de T. 168-186). 1996. 1 Sarga Moussa. El nombre del viajero italiano había sorprendido ya al conde de Estourmel en su viaje a Oriente efectuado en 1832-1833: “Antes de abandonar el templo de Edfu. Lévy. n° 104. por otra. t. en la que el remitente se abandona a todas las metamorfosis de sí mismo inducidas por el reencuentro con una alteridad seductora. eso nos parece muy po bre e inútil.

un reconocimiento: “se reencuentra mucho más de lo que se encuentra”10.” ( Correspondance. Corinto. 7 Itinéraire de Paris à Jérusalem (1811). 1148. a Chateaubriand le gusta proyectarse en un espejo. Pléiade. 19 de diciembre de 1850. que se encuentra en Egipto hacia 1807. en la misma época.. desde Alejandría. de Sunderland. 725. 9 Ibid. nada la combate sin quebrarse contra ella. t. cit. Pero más allá de la personalidad excepcional de quien se presenta como el padre de una nueva generación de peregrinos.. Sin embargo.”6. capítulos VII y IX. Micenas. 12 “Hoy hemos comprado tarbuchs (pequeños gorros rojos con borla de seda) y llevamos ya el tocado egipcio en espera del resto del atavío.).por el contrario. que tomaremos en El Cairo” (Correspondance. I. de naturaleza granítica. 6 de octubre de 1850). 689 (carta de Flaubert a su tío Parain. en ciertos aspectos. en el Peloponeso9. sería erróneo creer que este ritual de la firma del viajero no concierne más que a ilustres desconocidos. no nos queda tiempo ni dinero. etc. Un escritor como Chateaubriand. op. 1969. carta al doctor Jules Cloquet. p. el recorrido de la cuencia del Mediterráneo por los viajeros europeos es. que dice haber descubierto al visitar al arzobispo de Mistra. Reapropiación simbólica de un patrimonio cultural del cual Francia se siente heredera (en especial tras la expedición de Bonaparte). II. cit. 11 Véase Sarga Moussa. 564. que implica un verdadero descentramiento del sujeto europeo que goza siendo otro. cit.. no hace de ningún modo esos “reencuentros” un objetivo en sí. t. Argos. Este personaje invasor forma parte desde ahora del paisaje oriental – y Flaubert no puede evitar volver a pensar en él a lo largo de su viaje. la búsqueda del desplazamiento profundo. esa es más bien la actitud de apertura a lo ajeno que se revela en Flaubert (como.. Paris. I. p. quiere marcar con su huella las diferentes etapas nuestras visitas a las Termópilas. Es dura y resistente. p. 15 de enero de 1850 (destacado por Flaubert). Esparta. que reenvían también a dos generaciones diferentes de viajeros. t.actitud que se adivina ya con la compra de la vestimenta oriental usada por los dos amigos desde su llegada a Alejandría12. I. en Œuvres romanesques et voyages. desde Rodas. es el sentido mismo del viaje a Oriente a comienzos del siglo XIX lo que está en cuestión con el nombre de Chateaubriand escrito en las pirámides. el triunfo de la burguesía en el siglo XIX. A esos dos rituales (el de la inscripción del nombre y el de travestirse) corresponden dos proyectos opuestos. La Relation orientale. destacado por Flaubert).. por lo demás. Sin embargo. concluye. I. t. p.. es implícitamente poner en paralelo la obra faraónica con la obra literaria.literalmente. p. carta de Flaubert a su madre. a diferencia de Chateaubriand. op. p. ha escrito su nombre en Alejandría sobre la columna de Pompeyo. con letras de seis pies de altura. “Firmarlas”. Paris. la de Chateaubriand y sus epígonos. p. ¿Deberíamos ver allí sólo el narcisismo de aquél que piensa ya en escribir sus Memorias8? Ciertamente. obligado a rendir homenaje. No será más que un viaje de turista (¡¡Oh!!). 6 Ibid. Gallimard. a medida que recorre Egipto con Du Camp. 8 Es conocido el célebre texto del primer prefacio: “R uego pues al lector que tome este Itinerario menos como un Viaje que como las Memorias de un año de mi vida” (ibid. 1995. Klincksieck. . 532. aunque sea irónicamente. Un tal Thompson. antes incluso de la colonización efectiva de Egipto: “La idiotez es algo inquebrantable.. carta desde Atenas. La primera generación. op. Maurice Regard (ed. escribe Flaubert cuando llega a El Cairo. 10 Correspondance. le atribuye la suficiente importancia como para encargar a un comerciante francés que inscriba su nombre en las pirámides de Guiza. 819. también en Nerval y en Gautier)11. 22 de noviembre de 1849). a las que no puede acceder él mismo a causa de las crecidas del Nilo: “se debe cumplir con todos los pequeños deberes de un piadoso viajero”7.. t. y no duda en referir con complacencia el episodio de la traducción en griego de Atala. dejando entrever con esta fórmula el carácter casi sagrado de un gesto semejante. luego representarlas en un relato de viaje que forma parte de un “monumento” autobiográfico que culminará en las Memorias de ultratumba. . al carácter “monumental” de la presencia europea. 701).

. Sobre la “obsesión alimentaria” en las novelas de Flaubert. 6 de noviembre de 1853). Paris. ante todo. p. Como: eso es todo. Su gusto por lo pintoresco presupone a la vez una relación más inmediata. Agregar su firma a la de sus predecesores es. al desplazarse geográficamente. A esta tradición pertenece sin duda Marcellus. siguiendo a mil otros viajeros”13. la guerra de Troya tal como Homero la narró en la Ilíada. Por el contrario. op. Michel Dewachter y Daniel Oster (eds. pretexto del pasaje obligado por Grecia en los viajes a Oriente del siglo XIX. Grasset. Paris. . no pone en juego sólo la vista. 1970. gran admirador de Chateaubriand. desde Alejandría.de lo que para ella es. Si se la continúa (evocación del ciclo digestivo). t. 17 Sabemos que Flaubert. se representa a sí mismo como un eslabón de una cadena destinada a preservar la continuidad de la Historia a pesar de la caída de los imperios y la decadencia de las grandes civilizaciones.. pp. A la captura instantánea de una realidad ya estetizada (los templos faraónicos) mediante el objetivo del aparato fotográfico de Du Camp14. sobre los famosos leones esculpidos que están a la entrada de la ciudad. “para obedecer a la antigua costumbre”. El “realismo” de Flaubert no es una pura mímesis. Y sobre todo. I. sobre aquellos. Salammbô y Herodías. 528 (a su madre. fuera necesario primero recordar el texto homérico. que se reproduzca afuera sin que podamos comprender nada de esta química maravillosa[. Garnier. éste está mucho más preocupado por las escenas de la vida cotidiana que observa y que querría reproducir. y una transformación de éste a través de su puesta en relato. Palestine et Syrie) en Un voyageur en Égypte vers 1850. 463 (carta desde Croisset. de la identidad de los viajeros. Sand/Conti.. que este apasionado del helenismo coloca su firma ritual: “Inscribí mi nombre sobre sus crines. como un asno que se atiborra de avena”16. véase Jean-Pierre Richard. con su objeto.la identificación de los sitios culturales más destacados en la conciencia colectiva francesa sería confirmada por la inscripción. p. 17 de noviembre de 1849). Por otra parte. A propósito de su arribo a Alejandría: “Me pegué un atracón de colores. por supuesto. esta metáfora conduce a la perspectiva de una publicación. La visita de la ciudad aquea que es Micenas evoca. escribe a Louise Colet. En efecto. Souvenirs de l’Orient (1839). 1861. una manera de reafirmar el vínculo que mantiene la cultura francesa con los comienzos de la literatura occidental. – Seamos un espejo de aumento de la verdad externa”. 398 y 509. II (1980). es evidente que el Oriente. Le “Nil” de Maxime Du Camp. donde se revela un fantasma de deglución del mundo exterior. El viajero aparece aquí como un mediador privilegiado. casi física. 1991). tras los pasos del cual marcha saliendo a su vez hacia Oriente.. es en Micenas..]. antes de que pueda tener lugar la descripción del espacio griego. las cuales sólo serán publicadas póstumamente (ver a este respecto la introducción de Pierre-Marc de Biasi a su edición del Voyage d’Égypte. 1987. t. Littérature et sensation (1954). Es como si. Se encontrarán algunas de estas fotografías (publicadas en 1852 en Égypte. prefiere el proceso dinámico de transfiguración de lo real por el artista: “Absorbamos lo objetivo y que circule en nosotros. como para balizar un territorio del cual quiere apropiarse imaginariamente. p. a su regreso a Croisset. para el viajero. Paris. Nubie. 137 y sigs. 15 Correspondance. reaparecerá en San Antonio. como tema literario. de luz. en 1820. luego de su regreso a Francia15. se contentará con volver a copiar sus notas del viaje a Oriente. Luego de haber grabado su nombre en la cúspide de la pirámide de Keops. 13 14 Conde de Marcellus. Es aquél que. cit. esta constante reapropiación del pasado a través de las diferentes etapas del recorrido oriental no es de ningún modo la obsesión de Flaubert. es la puesta en valor de una realidad sometida a un efecto de aumento. o al menos a la idea de que la materia oriental pueda algún día servir literariamente17: “Vivo como una planta. Queda enseguida digerir. La metáfora alimentaria (“absorbamos lo objetivo”) está activa a partir de las primeras cartas que Flaubert envía desde Egipto.). Points/Seuil. sino que induce también a una participación del cuerpo entero. una búsqueda del origen. Paris. remonta el tiempo haciendo revivir un pasado prestigioso para sus lectores. 16 Ibid. me impregno de sol. de colores y de aire libre. Por el contrario.

Calmann-Lévy.plume”. 24 “Escribir me fatiga extremadamente y me causa una irritación nerviosa de las más dolorosas. o la dirigida a Louis Bouilhet del 27 de junio de 1850: “Normalmente las leo [tus cartas] tres veces seguidas. op. 17). La encontramos mencionada tanto en el comienzo como al final del viaje: “En las comidas me atiborraba el estómago. cuya rareza parece querer compensar con la frecuencia de las relecturas: “He devorado tu carta y la he leído más de una vez”. Pierre-Marc de Biasi lo señala en un libro reciente ( Flaubert. Parece incluso obtener placer al poner en evidencia los elementos que invierten su situación de escritura en Croisset. me atiborro de ellas” ( ibid. I. en el mismo momento en que el primer deslumbramiento de Oriente ha pasado. p.. y la voluntad estética de restituir esta realidad como un puro espectáculo. I. 25 Es la comparación animal que vuelve más frecuentemente en la correspondencia de Flaubert cuando éste hace su autorretrato. una foca. Desde el lazareto de Atenas. cit. desde Alejandría. t.. 7 y sigs. 17 de noviembre de 1849).¡luego hay que cagar y hacer una buena mierda!”18 Esta bulimia concierne por otra parte no sólo el Oriente sino también el correo que Flaubert recibe de Francia.ése es el síntoma de un temor. escribe a Louis Bouilhet19. Por otra parte. Se vuelve a encontrar esta comparación en las cartas de Oriente. etc. Psichari (ed. un lagarto.. Horror vacui: comer. El espacio ahora debe ser compartido. p.. 698. poniendo significativamente en paralelo lo bajo corporal con un registro verbal relajado. 644). Finalmente. sino un acto material cuyo exceso mismo es fuente de placer. 21 Ibid. A bordo de la canga que lo lleva hacia el Alto Egipto. como un “cuadro” del cual el sujeto perceptivo estaría ausente. en 1877 (queman. a la cual pertenecen todas las anotaciones de la correspondencia de Oriente en las que el viajero se coloca a sí mismo en escena escribiendo. t. 15 de enero de 1850).... IX. las he devorado como un muerto de hambre” ( ibid. p. 527 (a su madre. apoyado en mis rodillas. la obsesión de una pérdida. Flaubert no se deja descorazonar por la falta de confort de los lugares. p.. 23 Correspondance. I. I. 14 de febrero de 1850). SEDES. una ostra. 22 Sin embargo. a su madre. y ya no es posible refugiarse en un cuarto cerrado. se sabe. 562 (a su madre. en Œuvres complètes d’Ernest Renan. un erizo. . p. la carta flaubertiana valoriza la primera tendencia. Les secrets de l’“homme. op. 1995. Espacio de libertad narrativa en la medida en que no está destinada a la publicación 22. A veces la ingestión no es una simple metáfora. Flaubert. Hachette. justamente porque mi viaje se acaba”21. de común acuerdo. p. cuando Flaubert .. t. Martine Reid ha destacado correctamente el carácter ambiguo del auto de fe al cual Flaubert y Du Camp se comprometen. Contrariamente a Renan en el Líbano24. carta a C. 26 de octubre de 1850). su correspondencia de los años 1843 a 1857). p. es decir.).destrucción incompleta puesto que cada uno conserva más cartas que las que admiten y porque este auto de fe es él mismo objeto de un relato en una carta de Flaubert. 20 Ibid. desde El Cairo. verdadero santuario en el que el artista podía recluirse. p. en nuestra pieza común”23. Renan. todavía y siempre más.. sus cartas desde Oriente son el resultado de un compromiso entre un deseo casi fisiológico de ingurgitación de lo real (lo que implica un sujeto fundamentalmente abierto. A la cual hace eco esta carta desde Esmirna: “Acabo de atiborrarme como un granuja. No hay aquí una mesa o un asiento dispuesto para eso” (Lettres de famille. 1995. se dirige a su madre: “Te escribo sobre una silla plegable. que goza de mostrarse en su relación con el mundo exterior). desde Amschit. Un oso25. – 18 19 Correspondance.). (Flaubert correspondant. no es hombre de términos medio. 725 (19 de diciembre de 1850). p. 588 (desde Benisuëf. pero también una manera de reasegurarse a la vez de su propia existencia y de la del mundo. . I. y. cit. H. 1417. p. 5 de enero de 1850). Paris. escribe a propósito de su travesía por el Mediterráneo. Me ha parecido buena cosa” (ibid.. hacía bromas”20. escribe todavía a Bouilhet: “Desde hace seis semanas siento un apetito terrible de viajar. t. es la actividad itinerante misma la que se somete a esta compulsión de absorción. 1960. p.. Ibid. Paris. 624). I. Paris. t. un caracol. el hecho de que Flaubert haya conservado luego sus cartas de Oriente dirigidas a la madre presupone al menos la aceptación (si no el secreto deseo) de una posible publicación póstuma. Sin embargo. 3 de julio de 1861). t. Véase también la carta a su madre del 17 de mayo de 1850: “Qué bonitas son tus cartas. 576 (El Cairo.

Bouilhet. Ser arrancado a la soledad es haber cedido a la atracción del siglo por las regiones mediterráneas. p. p. que cantan golpeando con sus manos”30.. solo. 3). a su madre. Plan de la Tpur. esta transformación es asumida gozosamente. te escribo sobre mi diván bajo el ruido de los tarbuchs de nuestros marineros. .. un día en la celda de un convento maronita del Líbano. Eso es lo que podría denominarse un efecto de exotismo: la presencia piensa en su regreso a Croisset: “Estoy resignado a vivir como he vivido. con una insistencia de la que Flaubert tal vez se acordó. Las velas restallan. someterse a los imprevistos climáticos. Desde antes de su viaje a Oriente.todas las comparaciones que connotan el enclaustramiento y la inmovilidad son buenas para Flaubert al hacer su autorretrato. Lejos de recortarse del mundo para poder concentrarse en la creación literaria. [. Ed. estamos descalzos. I. en particular por el trayecto en barco al momento de remontar el Nilo. se encuentra un paralelismo entre la situación en movimiento del viajero de Oriente y la manera misma en la cual Flaubert pinta su actividad literaria: “soy como Egipto... 28 Destaquemos sin embargo que. Por lo demás. I. t. o sobre el puente de un bergantín. es haber aceptado salir del caparazón. p. 29 “Ya estamos aquí en Egipto. 27 “¿Y cómo las escribía [estas notas]? [. Es el precio a pagar por gozar del exotismo. I. t. El viaje transforma pues poco a poco la situación de enunciación al hacer pasar al narrador de un espacio cerrado a un espacio abierto y de una posición inmóvil a un desplazamiento constante28. Ahora bien. tierra de los Ptolomeos. insistía además en su naturaleza antisocial y contemplativa. hay mucho viento. propio para dar cuenta con la mayor exactitud posible de un mundo en constante movimiento. 15 de enero de 1850). y da finalmente al lector la impresión de estar mucho más cerca del mundo oriental que las fotografías de los monumentos faraónicos tomadas en el mismo momento por Du Camp. tierra de los Faraones. el agua produce su ruido en torno a la armazón de nuestra canga que navega inclinada sobre estribor”. de las interrupciones...]con mi piel de oso al ser yo mismo un oso. y que simbolizan el “eterno Egipto” del cual Flaubert se burla alegremente29: “En este momento hace treinta grados de calor a la sombra. es aceptar el movimiento del río que lleva al viajero al mismo tiempo que dispersa sus hojas: “Te escribo sobre el puente. 540. I. 720.” (Correspondance.. 26 Ibid.Me hace falta para vivir la inundación regular del estilo” ( Correspondance. mi papel se escapa de mis rodillas. El relato de viaje. escribe Flaubert a su madre26. 594 (3 de marzo de 1850). el Flaubert viajero debe por el contrario fundar su texto en lo real. d‟Aujourd‟hui. t. desde El Cairo. esas condiciones privilegiadas de trabajo que le aseguraba su vida en Normandía son totalmente puestas en cuestión por el periplo oriental. 25 de marzo de 1854). 30 Ibid. . desde Constantinopla. algunos años más tarde. t. otro día en el balanceo de una barca árabe. p. de un tono crudo. en la misma medida en que pretende confundirse con la experiencia itinerante (conformemente a la poética de las impresiones de viaje que el género valoriza en la época romántica) presenta así un texto fragmentado..en fin.. las distracciones de todo tipo en un viaje por tierra o por mar. II. 563.. 15 de diciembre de 1850).. p. otras perdiendo las páginas dispersas de un álbum destrozado por los chacales. en medio de los gritos de los marineros.]. p. carta a Louise Colet. a pesar de su odio por el poeta romántico. t. en camisa. y decirlo al mismo tiempo.. es uno de los estereotipos del género que Lamartine lanza en la Advertencia de su Voyage en Orient (1835)27. de los relinchos de los caballos. op. en oposición al voluntarismo de la burguesía capitalista. como el hombre-pluma de Croisset. El signo quiere “pegarse” a su referente. El narrador que pretende enfrentarse directamente con lo real es obligado entonces a modificar la representación que da de sí mismo escribiendo. I.. 13 de marzo de 1850). o embebido de la espuma del mar” (Alphonse de Lamartine. La consecuencia es una modificación radical de la imagen que Flaubert da habitualmente de sí mismo. op. 600-601 (carta a L. cit. El cielo está completamente azul. cit. Voyage en Orient. Por lo demás. patria de Cleopatra (como se dice en estilo elevado)” escribe Flaubert al doctor Jules Cloquet ( ibid. 19778. a veces ocho días sin escribir. t..

siendo el espacio oriental ganado a su vez por las reminiscencias literarias: “Toda la vieja comicidad del esclavo apaleado. Fata Morgana. I. La tentación exótica. op. rechaza fácilmente sus marcas de pertenencia francesa. p. “L‟Orient ironique de Flaubert”. cit. y que estuvo sentado al lado de “un 31 En el sentido en que lo entiende Victor Segalen: “hay. 139 y sigs. como si se complaciera en poner en escena las Cartas persas. Por el contrario. exotas. a saber Sassetti y el drogman: [. I. es característica del sentimiento de empatía que experimentará el futuro escritor frente a sus criaturas de ficción. Gallimard. p. Y a la inversa. 32 “[El camello] tiene un grito que me desgañito intentando imitar. pero ya se lo puede adivinar en algunas declaraciones de la correspondencia de Oriente: “Ahora me esfuerzo en hacer de derviche aullador. El Flaubert viajero ama mostrarse como otro. 9 de febrero de 1851). [. 24).. p. viajeros natos. paradójicamente. Flaubert escribe a su madre que acaba de ver Le Prophète. carta del 20 [?] de noviembre de 1866). como cuando intenta reproducir el grito del camello32. en particular p.. t.] En cuanto a mi señoría. del comerciante tramposo.. 748 (desde Patras. 1991. p. cuando todavía no ha salido de París. sino en representarse a sí mismo en posición de exota31... III. Bovary tenía de tal manera el gusto del arsénico en la boca..] la ebriedad del sujeto al concebir su objeto. Une esthétique du divers. el Oriente aparece en esta carta como un espacio ya ganado por la ficción37. 1° de diciembre de 1849). p. Voluntariamente descentrado. Ahora bien. una ópera de Meyerbeer. t. Flaubert se deja ver en tanto que dueño del serrallo y de la palabra. consiste no sólo en decir al otro. op. . incluso en el género epistolar. 539. 37 Sobre el Oriente como simulacro. Montpellier. se halla cubierta de una gran camisa de nubio. esta actitud. Por otra parte. Pleiade. en el siglo XIX. Aun cuando rehúse asociar su nombre a los monumentos faraónicos. dos indigestiones reales pues vomité toda mi cena” (ibid. Lo sabemos especialmente por la célebre carta de Flaubert respondiendo al cuestionario de Taine sobre el funcionamiento de la imaginación literaria33. t. adornado con borlas y de un corte cuya descripción sería larga”35. Es imposible no leer en esta inclinación por el ejercicio de la voz en los límites de sus posibilidades la anticipación del famoso “gueuloir”. pero resulta difícil. 1991. Cuando escribía el envenenamiento de Mme. más bien. 34 Ibid. Paris. carta a L.o. 561. Esta imagen que Flaubert presenta a su interlocutor es una especie de firma.. de algodón blanco. t. En efecto. en Le Texte traversé. estaba tan envenenado yo mismo que me di dos indigestiones una tras otra.] Una noche tenía literalmente el pecho desfondado”34. soy yo quien está en su piel. del rudo vendedor de mujeres. desde El Cairo. en el mundo.. muy verdadera y encantadora. cit. como el lugar mismo de la “verdad” oriental.del narrador en el seno de un grupo indígena tiene como función evidente autentificar ese pequeño cuadro orientalista a los ojos del lector. a conocerse diferente del sujeto. I.”( Correspondance.. como una comedia orientalizante mostrada a su amigo Bouilhet. t. que reposa en una voluntad de identificación con el objeto a describir. ama hacerse ver en un traje diferente. Señalemos sin embargo que. Bouilhet. a sentir lo Diverso ” (Essai sur l’exotisme. las perspicaces reflexiones de Jeanne Bem. Confío poder reproducirlo.. llegando incluso a animalizarse. 538). p. I. jugando placenteramente con diferentes figuras orientales cuyo disfraz adopta momentáneamente. Esos reconocerán [. . Champion. Paris. 33 “Los personajes imaginarios me enloquecen. el espacio teatral francés puede aparecer. según una teatralidad lúdica36 en la que el “yo” se desplegaría con comodidad. “alienarse” por un momento. deslizarse bajo la piel del otro.. es aquí muy fresca.. 35 Ibid. me persiguen. puesto que priva a su interlocutor de la descripción de su vestimenta oriental.. 1978. cf. Flaubert se rehúsa a exhibirse enteramente. 36 Esta teatralidad también es observable en el exterior. Flaubert no desaparece por eso de la escena oriental. A la inversa. 537 (carta a L. el sujeto viajero goza de ese momento privilegiado que le permite todas las transformaciones. 1° de diciembre de 1849). para dar a su interlocutor el espectáculo de una suerte de vaudeville orientalizante del cual él mismo es la figura principal: “Arriba están los que duermen silenciosos. Bouilhet desde El Cairo. . a causa de un cierto gorgoteo que tirita en lo más hondo del estertor que lanzan” ( Correspondance.

p. t. op. Esta plenitud de ser. en ibid. t. cit. propicia al trabajo literario. p.. olvidar por completo la vida calma y regular de Croisset. textos reunidos por G. carta a la madre del 3 de febrero de 1850 desde El Cairo)]. op. t. como un paisaje a describir 41. . por ej. Goldzink. como hombre inteligente. desde El Cairo. t. I. De entrada. 44 Ibid. que no lo 38 Correspondance.y péter – término familiar para “romper”. Flaubert antepone casse a otros verbos para subrayar la intensidad de la acción. p..: se trata de un compuesto utilizado por Flaubert a partir de la combinación de casser –“romper”. 22 de noviembre de 1849).. carta a su madre. “requeterreviento”). Por otra parte. Presses de l‟École normale de Saint-Cloud/Fontenay-aux-Roses. Cano Gaviria (cuya traducción de las cartas hemos utilizado) elige verter esta palabra compuesta como “reventar” (es el caso del ejemplo citado arriba) o “requeterreventar” (por ej. mi diván de tafilete. la etapa de Persia. p. con mis pantalones de jareta. por su parte. I.. En ocasiones.42 En ocasiones. cit. a la cual finalmente renunciaron.” ( ibid. t. recurrente sobre todo en su correspondencia de Egipto39. 996 y sigs.. Tal vez dejé mi inteligencia allá lejos. El autorretrato de Flaubert como Oriental. que denota en el viajero flaubertiano un gozo de desprenderse de sí hasta el exceso40. en Grecia.. Bouilhet del 2 de junio de 1850: “Me vuelvo muy vacío y estéril [. desde Atenas. los instantes en los que reflexiona sobre su actividad literaria están colocados. 506). pero también “reventar” y. 40 Este gozo de una alteridad excesiva está marcado estilísticamente por la fórmula casse-péter. I. vulgarmente. que Cano Gaviria traduce como “requetebrillar” ( ça casse-brille de soleil et de lumière. Flaubert quiere tranquilizar a su madre.. 608 (carta a L. cuando Flaubert comparte la mesa con jóvenes alumnos de la marina inglesa: “Mi cara los intrigaba mucho.. p. p. “ventosear”. en las Mélanges en honor de Pierre Barbéris. tengo tiempo de mantener mis notas actualizadas”... los signos están irremediablemente mezclados. p.. carta a Bouilhet del 1° de diciembre de 1849 (destacado por Flaubert). es decir en un momento en el que es fuerte la tentación de atenuar el choque de la alteridad mediante un retorno a sí mismo. [N. 41 Véase Anne-Sophie Hendrycks. desde Jer usalén: Je casse-pète. tiene sin embargo su contraparte. 741. es también notoria en Flaubert una cierta dificultad para vivir plenamente el presente. no esperas recibir de mí una relación de mi viaje. que vuelve regularmente en las cartas de Oriente de Flaubert: “Mi cabeza está [. Bouilhet. Bouilhet del 13 de marzo de 1850).44 Es cierto que se trata de una observación situada al comienzo del viaje. De entrada.. escribe desde Alejandría. suscita en él fuertes reticencias... 538. Como mucho. bajo el signo de la incertidumbre y la falta. 537. I. p. en la carta a la madre del 9 de agosto de 1850.. llega incluso a negarse provocativamente a describir un fragmento importante esperado por su destinatario: “La descripción de la forma como se pasan las cataratas es muy larga. . pero que figuraba en su itinerario previsto (véase por ejemplo la carta a Ernest Chevalier del 6 de mayo de 1849. No puedo hacer dos cosas a la vez. t. de T. Gengembre y J. 535 (carta a su madre. carta a L. 39 Pero se lo vuelve a encontrar al final del periplo. libera un yo expansivo que aparece como la contraparte exótica de la figura narcisista del Chateaubriand viajero. y el viaje a Oriente no hará más que contribuir a esta interpenetración de los registros de lo real y de la ficción. Pues si Flaubert aprehende primero el Oriente como un espacio pleno. I..” (ibid. 516 (27 de octubre de 1849). 1995.) Sobre este punto. como una escena tornasolada por la que circula bajo todo tipo de máscaras. en Revue d’histoire littéraire de la France. 637). 1° de diciembre de 1849. “Excès et barbarie dans l‟écriture de l‟Orient flaubertien”. Mierda. véase el artículo de Guy Barthélemy. p. 43 Ibid. mi pensamiento se eleva sobre el mapa y se hunde en los días del pasado”. y sumergirse en el mundo nuevo del Oriente..] cubierta de un tarbuch rojo que revienta [casse-pète] de color rojo y durante los primeros días me ha hecho reventar [ casse-péter] de calor” (ibid. de la cual sabe que su lector espera que contenga al menos un esbozo de relato de viaje. I. Véase igualmente la carta a L. casse-briller. 20 [?] de enero de 1851). Flaubert da el tono en una carta enviada desde El Cairo a Louis Bouilhet: “Creo firmemente que.Persa con su atuendo”38. t. I.” 43 Sin embargo.] Acaso se debe a que el cuerpo se mueve.el de la experiencia itinerante: “Mientras mi cuerpo va hacia adelante. “Todo requetebrilla de sol y de luz”. 42 Corr. Me tomaban por un turco (lo que es casi la norma en todas partes). Este Persa con su atuendo debía anunciarm a los ojos de Flaubert y de Du Camp. “Flaubert et le paysage oriental”. El acto mismo de escribir una carta.

Pero también hay. I.. contemplo las olas y sueño. una presciencia de la fuerza de la 45 Ibid. “La lettre d‟Orient”. en el que se indicaría cómo la obra ha sido hecha con el objeto de vincular al público con la tradición. y que no evocaba.. p. II. Bouilhet desde Damasco.” (ibid. II. pero también sin que se manifieste el juicio de un narrador omnisciente49. Este autorretrato “negativo” (es decir. 1988. especialmente Le Dictionnaire des idées reçues de Flaubert. 601). la convención general.)52. me siento muy vacío. julio-septiembre de 1984. p. 54-55. en esta dicotomía geográfica del ser (el espíritu en Francia. se adivina en Flaubert una fascinación por el vacío (de allí acaso su atracción por los espacios sin límites)53.. p.. incluso de embrutecimiento. 51 Ibid. Este libro. Presses universitaires de Lille. cit. resulta quizás la condición misma del punto de vista48 “objetivo” que pronto reivindicará Flaubert en tanto novelista: “contemplar simplemente el agua” podría ser el embrión de un “programa” realista en el que el mundo sería descrito de manera “impersonal”. por lo tanto de esterilidad. célebre viajero a Oriente y autor de las Ruines (1791). a la madre inquieta las representaciones heroicas (por ende. 463). 204 (a L. t. escribe a su madre el 14 de diciembre de 1849 ( Correspondance. 1° de diciembre de 1849). I. Bouilhet. contrariamente a los grandes pensamientos que se deben tener antes las ruinas”. que reaparece varias veces en la correspondencia de Oriente47. Si la célebre comparación del autor que debe ser. 49 “Recordemos siempre que la impersonalidad es la marca de la Fuerza”. op. estúpido como el de un buey. 7-8 de noviembre de 1849). 9 de diciembre de 1852). me preocupa. nuestro subrayado).” ( ibid. p. op. presente en todas partes y visible en ninguna”50. cit.. 678-679. en particular págs. quien por su parte se inspira mucho en Volney. 48 Mis conclusiones coinciden aquí con las observaciones muy sugerentes de Amélie Schweuger. que el cruce del Mediterráneo pone en evidencia de entrada: “Acodado sobre la borda contemplaba las ondas bajo el claro de luna. en Revue des sciences humaines. una inadecuación consigo mismo. contemplaba pura y simplemente el agua. mientras que mi ojo. al evocar la caída de los imperios. p. pues sería enteramente actual. 50 Ibid. muy achatado. 47 Por ejemplo en esta carta a L. 550).”45 Lo importante no es tanto la acusación del carácter ritualizado de los “recuerdos históricos” (este distanciamiento irónico no es sorprendente por parte de alguien que ya piensa en un Diccionario de ideas recibidas)46 como el vacío aparente dejado por la ausencia de esos recuerdos. t. 524. desde Malta. escribe a su madre desde El Cairo51. I. Colet. el orden. t. esc ribe Flaubert a Louise Colet el 6 de noviembre de 1853 (Correspondance. subrayado por Flaubert). “como Dios en el universo. Sobre este texto. Más allá de una crítica de las emociones ritualizadas (el espectáculo de las ruinas. un síntoma de una ausencia de completud fundamental. el 4 de septiembre de 1850: “Haces bien al pensar en el Diccionario de ideas recibidas. véase los trabajos de Anne Herschberg-Pierrot. subrayado por Flaubert). p. sería capaz de triunfar. aparece en su correspondencia desde el regreso a Croisset. pp. t. envuelto en mi pelliza. esforzándome en pensar en todos los recuerdos históricos que debía evocar. y dispuesto de tal manera que el lector no sepa si se burlan de él o no.. 52 Flaubert piensa sin duda en el Itinéraire de Paris à Jérusalem (1811) de Chateaubriand. I. 561 (5 de enero de 1850. debe suscitar un sentimiento de melancolía.. y más adelante agrega esta fórmula significativa: “No hay nada y eso es todo. 195. t. como Childe Harold” ( Ibid. El destinatario determina a veces la manera en la que se narra un episodio: al amigo íntimo las confidencias en las que el viajero no vacila en desnudarse. Βouilhet del 13 de marzo de 1850: “Te advierto muy seriamente que mi inteligencia ha descendido mucho. las cartas de Oriente revelan ya lo que se podría denominar el lugar de lo ausente: “no pienso absolutamente en nada. t.. 539 (carta a L.. el cuerpo en Egipto). p.. 46 La primera mención de este proyecto se encuentra en una carta dirigida a L. señalando a la vez una ausencia de sí mismo y una forma de depreciación) tiene su contraparte positiva (teatral y valorizadora) en una carta anterior en la que Flaubert relata a su madre la travesía del Mediterráneo: “Por la noche. t. 53 “Adoro el desierto”.había dejado partir sin dificultad. t. tranquilizadoras) de sí. I. desde El Cairo.. completamente terminado y precedido de un buen prefacio. muy estéril” ( ibid. según Flaubert. ¿Pero esa mirada bovina no es ya la del autor de Madame Bovary? Lo paradójico es que ese sentimiento de vacío interior. sin énfasis romántico. . Esto no es broma. I.

ya había resistido la tentación de publicar el manuscrito de Par les champs et par les grèves. a partir de su regreso a Francia. Bouilhet.. Pero en un segundo momento podemos reconocer que se elabora de manera indirecta. lo que querría hacer. Philippe Berthier lo ha demostrado al hablar de “la insignificancia de un cabotaje de agua dulce” que abre la novela. que señala de antemano el carácter ilusorio de las esperanzas. que obsesiona al viajero flaubertiano en cuanto piensa en la escritura (“desde el pasado voy en mis ensueños hasta el porvenir. Bouilhet. p.. 534).. Un parcours dix-neuviémiste.. .. .. I. Algunas cartas de Egipto son en todo caso reveladoras en este sentido. En un primer nivel de lectura. Por lo demás. la vanidad de todo periplo (“La Seine. siempre sospechoso de irrealidad. 15 de enero de 1852).. 13 de marzo de 1850). cit. . t. para exorcizar su propio miedo a la falta de inspiración. p. muy ambigua. p. op. t. 2 de junio de 1850). como si lo real fuera (ya) lo escrito. que él mismo recuerda en una carta desde El Cairo a Louis Bouilhet: “Quien no supo frenarse nunca supo escribir” ( Correspondance. Colet: “Lo que me parece hermoso. p. 31. I. véase igualmente la carta al mismo Bouilhet del 2 de junio de 1850: “Me vuelvo muy vacío y estéril” (ibid. p. a su madre.. t. el narrador. un libro sin ataduras exteriores. simple regreso del héroe a la provincia. 517. en Figures du fantasme... El viaje al Alto Egipto es sin duda el momento en el que se libera. a las seis. escribe “a 12 leguas más allá de Siena”58. Un vínculo parece establecerse así entre el espacio oriental. quedará a disposición de Fovard” (ibid.” ( ibid. Flaubert no hace sino radicalizar un principio del Arte poético de Boileau.miedo tanto más intenso por cuanto no puede aún apoyarse en el reconocimiento de su estatus de autor por parte de sus contemporáneos. p. I. nada. I. evidentemente. diseminado en sus diferentes personajes. Tooke. llegamos a Roseta. 28 de octubre de 1849). 141). Flaubert evoca la amenaza de la esterilidad literaria sólo para conjurarla mejor. muy estéril”. cit.. II. antes de abandonar París en dirección a Marsella. sin proyectos. Esta negatividad. Ginebra. Así el desierto. 57 “Al anochecer. 15 de enero de 1850). I. Par les champs et par les grèves ha sido reeditado y comentado por Adrianne J. Droz. -lo que no quiere decir que no establezca ninguna 54 En el fondo. Estoy sin planes. sin ideas. 637). t. op. 568. 59 Ibid. cuyas puertas estaban todas cerradas” ( ibid. 55 Es conocida la frase célebre de esta carta a L. es en cierta forma des-realizado. este mismo sentimiento de descomposición interior que conducirá a la estética de la retirada autorial que será la del Flaubert escritor: “me siento muy vacío.esa nada de la que anhelará hacer. que marca estilísticamente a la vez el carácter obsesivo y la paradójica “realidad” de aquella. y allí no veo nada. 1987.” (Correspondance. su futura concepción de la novela moderna. por ende con el líquido que evoca al hombre-pluma. Ausente de Madama Bovary como instancia enunciadora (a excepción del “Estábamos en el estudio” que abre el texto). t. no solamente se niega a juzgarlos (es la crítica del moralismo literario que tanto reprocha a Louise Colet) sino también a aparecer en su propia obra como sujeto gramaticalmente identificable. t...]Es el espejismo.. a través de esta obsesión de la esterilidad y el rechazo a la publicación. tras una puesta de sol que hacía que el cielo se pareciera a la corladura fundida y la arena del desierto a la tinta. p. 627 (carta a L. ya que Madame Bovary recién será publicada en la Revue de Paris a fines de 1856. II. muy achatado. 58 Ibid. p. 1992.. t. Pero ya desde la primera versión (terminada en 1845) de La educación sentimental Flaubert está fascinado por lo no acontecimental. áraber y europeos. subrayo la repetición de la nada. pues Flaubert compara su arena con “la tinta”57. y el sujeto de la percepción.”)59 es. 532. Presses Universitaires du Mirail. 60 Ese texto acababa de ser pasado en limpio cuando Flaubert partió hacia Oriente. escribe a su madre: “Como veo que te causará placer tener cerca mi m[anu]s[crito] de La Bretaña. que se aguantase a sí mismo con la fuerza interna de su estilo. el fundamento mismo de Madame Bovary55. es un libro sobre nada. 601 (carta a L. escrito con Maxime Du Camp luego de una excursión a Bretaña realizada por los dos amigos y destinado sólo a un círculo restringido de lectores60.. le Nil et le voyage du rien”. en forma angustiante.“nada”54. 23 de noviembre de 1849). que es por excelencia el lugar de la ilusión óptica56. p. Todo el mund o lo experimenta. 56 “El desierto comienza en las puertas de Alejandría: [. A él hace alusión cuando..

cit. Entre tanto. Desmitifica al mismo tiempo la estupidez de una palabra burguesa fundada a la vez en la autocelebración pretenciosa (“vuelto hacia el oriente. t. Lavocat. las velas comparadas a las alas de las golondrinas). . con las dos velas extendidas (como las alas de una golondrina vista en escorzo). me pregunté”) y en la recitación fastidiosa de fórmulas estereotipadas (el “enigma eterno”). p.. p. cit. ya dicha. en Littérature. o sea. 568 (15 de enero de 1850). una palabra tal está condenada a no devolver sino su propio eco. y el desierto detrás con sus montículos de arena era como otro océano de un violeta oscuro. Esa podría ser. y las cangas que pasaban sobre el Nilo. me pregunté: „¡¡¿Quién tiene más medios.”62 Más allá de esta apertura de telón que revela el paisaje de un modo casi mágico. Al llegar a la pirámide de Kefrén. ironiza doblemente sobre este momento importante del viaje a Oriente que evoca fatalmente una frase célebre de Bonaparte (“Soldados. metafóricamente. sino que adopta diferentes máscaras61. Pero no hubo ecos. de suerte que no había más que tres colores: un verde inmenso a mis pies. IV.. 62 Correspondance. 1837. inmóvil. adornados de galones. la continuación del pasaje citado hace intervenir masivamente el yo en el cuadro. luego los minaretes blancos de El Cairo completamente al fondo. I. en consecuencia. plano y monocromo (el del desierto en la bruma matinal). sin que ningún sujeto sea necesario para hacer que tenga lugar (sólo la fórmula “a mis pies” señala la presencia del enunciador). I. donde la idea del movimiento y de la verticalidad se precisa poco a poco (el agua de los canales. Flaubert no se contenta con desacralizar un lugar asociado con el recuero de la expedición de Egipto. paradójicamente. . op. el sujeto debe aprender a desaparecer para hacer ver mejor el mundo.relación con sus criaturas de ficción (ocurre exactamente lo contrario). aquí y allá. sin lector. Bouilhet: “Era de mañana. en una carta desde el Cairo a L. 64 Correspondance. Por otra parte. Voyages du duc de Raguse. octubre de 1995. de Pigny o de Defodon?!!‟ Lo repetí y se lo grité al eco. 8. las praderas divididas por los canales eran como verdes tapices. t. t. 63 Mariscal Marmont. en el campo. algunos racimos de palmeras. puede decirse que el rechazo – y sobre 61 Me permito reenviar aquí a mi artículo “Le souffle de Flaubert” (a propósito de Un cœur simple). en un primer plano.. “Flaubert”. el sol se elevaba frente a mí. y al lado.y. París. Prisionera de un verbo hueco. en un cuadro constituido de una serie de planos contrastados. Finalmente. ese espacio “vacío” en el que. detrás. arruinando en ese mismo gesto la ficción de una pura mirada que se contenta con reflejar lo real. Sin embargo. p. otra extensión erupcionada de un tono tostado y tornasolado. desde lo alto de estas Pirámides cuarenta siglos os contemplan”)63 reemplazada para la ocasión por una “cantilena” jocosa acerca de dos alumnos de Bouilhet: “vuelto hacia el Oriente. las cangas que pasan por el Nilo. autor en devenir. y los buitres que volaban a mi alrededor subieron más alto para llevar hasta los cielos aquel enigma eterno”64. es notorio el dominio de una técnica a la vez descriptiva con la cual el narrador sabe animar y colorear un mundo inmóvil. op. 568. el sol ascendía tras la cadena arábiga. Así ocurre cuando escribe. En ese sentido. la niebla se desgarraba en amplias gasas transparentes. a quedar sin respuesta. Algunos pasajes de las cartas de Oriente constituyen pequeños cuadros descriptivos en los que Flaubert no resiste la tentación de “hacer literatura”.. el Flaubert viajero no toma en serio su rol de corresponsal-descriptor durante demasiado tiempo. en el que cada ola se hubiera petrificado. la lección del desierto. es ya una suerte de centro vacío en la constitución progresiva de su monumento literario. Flaubert ridiculiza toda pretensión a una palabra diferente a la “vacía”. el cielo rubio-rojizo como gastada plata dorada. todo el valle del Nilo bañado por la niebla parecía un mar blanco. 99.

todo el enunciado repetido de este rechazo – del viajero flaubertiano a inscribir su nombre en los templos faraónicos constituye la “marca” negativa de aquél que construirá su posición narrativa como la del ausente. Inversamente. pues. por exceso y por defecto que permite al yo flaubertiano jugar en dos tableros a la vez y oscilar constantemente entre sacar a la luz el “yo” u ocultarlo. entre el gozo de lo pleno y la fascinación del vacío. la auto-representación teatral de Flaubert en sus cartas de Oriente da testimonio del estatus particular de un género que ofrece al sujeto una “escena” en la que puede exhibirse en la medida misma en que controla su recepción. . Doble “firma”.

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