GEORGE DE VIGNE

Por el camino de los mayas
En búsqueda de una civilización perdida

Índice

PRIMERA PARTE
LA IDEA DE COPÁN ...............................................................................11
DE CAMINO ........................................................................................... 16
EL CALENDARIO MAYA ........................................................................ 25
LA CIUDAD DE COPÁN ......................................................................... 29
A CABALLO ............................................................................................ 36
YAX CHÉ ................................................................................................ 48
OXWITIK ................................................................................................ 58
UNO SE SIENTE VIVO CUANDO VIAJA..................................... ......... 69

SEGUNDA PARTE
CON LA LEGIÓN HACIA MÉXICO ......................................................... 87
ONTE ALBÁN ...................................................................................... 94
CALENDARIOS Y NÚMEROS ............................................................. 109
DESDE EL TAJÍN HASTA TEOTIHUACÁN ......................................... 120
EL FIN Y EL INFINITO.......................................................................... 136
DATOS DEL AUTOR Y FOTÓGRAFOS ............................................... 137

...eran tontos, sin cerebro y no se acordaron de sus Creadores. Así que fueron destruidos
por los dioses y sustituidos por los hombres hechos de carne.
Éstos se volvieron perversos y se llenaron de soberbia y se olvidaron de sus Creadores y
también fueron aniquilados, al hacer negras tormentas e inundar la tierra por un gran
diluvio. Por último, de masa de maíz, fueron creados los hombres verdaderos, los que
poblamos la faz de la Madre Tierra.
Popol Vuh
Libro sagrado de los mayas

C

ivilización y cultura, conservada desde tiempos olvidados, relacionada más
con enigmas, que con hechos seguros. Las pruebas de su grandeza y singularidad, aunque escondidas durante cientos de años en la jungla, hoy no pueden ser
ignoradas. Les llamamos simplemente mayas y les consideramos un pueblo, que
apareció mil años antes del imperio azteca, y que desapareció misteriosamente antes de que Cristóbal Colón descubriese América. Desgraciadamente muchos de los
investigadores simplemente les documentaban dejando su cultura entre los archivos sin darse cuenta de que entre nosotros viven aún sucesores de sus sacerdotes,
llamados “Guardianes de los días”. Oráculos autoproclamados predican el in del
mundo basándose en su calendario, sin ni siquiera intentar entender su contenido.
Alrededor del año 800 después de Cristo los mayas desaparecen abandonando
casas intactas, ciudades, templos, devorados poco a poco por la jungla. Los cientíicos enumeran muchas razones posibles – sequía, malas cosechas o ataques de las
tribus vecinas. No obstante, algunos creen que los mayas abandonaron sus ciudades
deliberadamente en el auge de su civilización. Ésta es su manera de dejar sus sitios
sagrados en las manos de la precavida Madre Tierra, quien les esconde de los ojos
de las tribus bárbaras y de los conquistadores españoles. De este modo, los mayas
conservaban su espiritualidad y doctrina aun durante el período oscuro, iniciado
con la decadencia de Teotihuacán, seguido por las guerras de los aztecas y convertido en un verdadero inierno después de la llegada de Cortés.
Según las teorías más atrevidas, los mayas tenían un nivel muy alto de energía
vital y mediante rituales especiales podían abrir un portal hacia una dimensión superior, donde iban los elegidos. Los cientíicos aún discuten cuál es la verdad. El
único hecho indiscutible es que hay muchas teorías y pocas fuentes seguras. Los
conquistadores católicos destruyeron la mayoría de las inscripciones monumentales que descubrieron. Todo lo relacionado con la civilización antigua estaba declarado como herejía. Sus rituales y su cultura estaban relacionados con el diablo. “Los

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POR EL CAMINO DE LOS MAYAS

guardianes de los días” desaparecieron de los ojos de los mortales, uniéndose a las
tribus que habitaban el espeso bosque tropical.
Los mayas no representan sólo un pueblo, sino una tradición y cultura antigua
que vive aún entre muchos pueblos de Mesoamérica. Su doctrina se conserva hasta hoy, aunque esto no fue nada fácil. Los pueblos que mantenían las tradiciones y
el calendario antiguo fueron perseguidos y aniquilados durante cinco siglos. Incluso después de que el poder de la corona española fuese rechazado del territorio de
Mesoamérica, los nuevos dictadores seguían aplastando la cultura y las tradiciones
locales. A los niños que pronunciaban en los colegios palabras en las lenguas antiguas, se les castigaba de forma severa. Se prohibió la indumentaria tradicional. Los
españoles se fueron pero los dogmas introducidos por la Santa inquisición, siguieron persiguiendo las tradiciones antiguas. A pesar de todo ello, los guardianes de
la herencia de los mayas desaparecieron sólo a la vista de la gente, porque en realidad ellos siguieron conservando su calendario y sus secretos. Hoy en día siguen
luchando pero no por sus propios intereses, sino por el destino de la humanidad.

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P R I M E R A PA R T E

LA IDEA DE COPÁN

H

acía unos años que estaba viviendo en Nicaragua y lo único que sabía de los
mayas era que no pudieron conquistar las tribus que vivían previamente en
su territorio. Sólo podemos suponer que no lo lograron o que tenían miedo de la
increíble cadena de veinticinco volcanes que atravesaba el país cerca de la costa del
océano Pacíico. En realidad, hay muy pocos hechos seguros sobre los mayas, la
mayoría son teorías y sobre todo, hipótesis. Los cientíicos ni siquiera tienen una
respuesta unívoca de por qué desaparecieron sin dejar rastro y por qué abandonaron sus ciudades. En la actualidad se conservan jeroglíicos, símbolos y dialectos
que ellos utilizaban, pero cada vez que pregunto a un nativo sobre qué pasó con los
mayas, recibo la misma respuesta: “¡Sólo Dios sabe!”.
Centroamérica es un lugar excepcionalmente interesante y aunque los conquistadores intentaron aniquilar y aplastar la cultura local, el espíritu de la gente ha
preservado algo que ni la espada ni la cruz han podido quebrantar. Aquellos que
viven fuera de las grandes ciudades han conservado su conexión con la naturaleza y el respeto a la Madre Tierra. Ellos son más conscientes que nosotros, “los civilizados”, que dependemos sobre todo del aire que respiramos, del agua que corre
por los ríos y de la alimentación que nos regala la tierra fértil. Su sabiduría es simple y clara, pero nosotros, deslumbrados por el desarrollo tecnológico, les consideramos “la población analfabeta y retrasada del Tercer mundo”. En lugar de aprender algo nuevo de ellos, nosotros les imponemos nuestras ideas y les miramos por
encima del hombro.
Pasé mis primeros años en Nicaragua criticando todo el tiempo a los lugareños y
su increíble tranquilidad e irresponsabilidad, pero poco a poco entendí que no era
yo quien tenía razón. Yo había venido para estropear su vida cotidiana y criticar la
respuesta constante de “Mañana”: te prometen todo para mañana, y mañana para
el día siguiente, y así, hasta que llegue el día, justo antes de que pierdas la fe en el

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POR EL CAMINO DE LOS MAYAS

día siguiente, mañana por in es hoy. Con tal de sobrevivir a estas condiciones de
trabajo, tenía que aprender a mantener la calma y dominar la técnica del “Mañana”. Con el tiempo, empecé a aceptar y hasta entender la vida de la gente, quienes
para vivir mejor hoy, dejaban para mañana todo el trabajo posible.
Tenía que acostumbrarme también con otra respuesta típica, la de “Si Dios quiere”, que corresponde a nuestra expresión “Si Dios lo ha dicho”. Se usa para todo.
Por ejemplo, al acordar la hora exacta de una cita de negocios: “Mañana a las dos de
la tarde en mi oicina”, siempre recibía la conirmación con la frase: “Si Dios Quiere”. Asimismo, cuando ordenaba a un obrero: “Espero que vengas mañana a las siete a trabajar”, la respuesta era: “De acuerdo, pero sólo si Dios quiere”. Durante los
primeros meses de mi estancia en Managua, esta respuesta me enfadaba y provocaba hasta tal punto, que me consideraba Dios y a veces respondía: “¡¡¡No será como
Dios quiere, sino como yo decido!!!”. Con los años me hice más sabio y más consciente del poder de Dios, ya que a menudo caía una fuerte lluvia tropical y convertía las calles en ríos, estropeando mis planes, y mis decisiones tenían que ceder a la
voluntad de Dios. Ni siquiera voy a mencionar los huracanes, los terremotos y los
volcanes que representan una amenaza constante en la región.
La gente del “Tercer mundo” es consciente de que no domina el universo y es
sólo una parte de él, de Hunab Ku: el Dios supremo de los mayas. Mi primer contacto con la gran civilización, desaparecida a inales del siglo IX sin dejar rastro, fue
en Copán. Había oído hablar de esta ciudad antigua por parte de un amigo del ambiente biker de Managua. Armando mencionó que tenía intención de viajar hasta
el norte de Honduras, donde cerca de la frontera con Guatemala se encuentran los
escombros de la ciudad más sureña de los mayas. Su idea llamó mi atención y debido a las circunstancias, emprendí el viaje hacia este lugar tan místico antes que él.
Todo empezó con una llamada de Sofía a las tres de la mañana:
– Shaka, voy a visitarte para viajar en moto, ¿qué te parece?
– Está bien, no te preocupes – respondí sin darme cuenta de lo que me preguntaban, porque aún no estaba despierto del todo.
– ¿Puedes recogerme en Panamá? ¿Está cerca?
– ¿Qué? ¿Panamá? – empecé a despertarme. – No, al contrario, está bastante lejos.
Colgué el teléfono y seguí durmiendo. A las cuatro de la mañana otra llamada
de mi Bulgaria natal interrumpió mi sueño:
– Shaka, ¿qué me dices de San José, Costa Rica? ¿Está más cerca de ti?
– Sí, puedo recogerte de allí, pero ahora déjame dormir.

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GEORGE DE VIGNE

– Lo siento, pero estoy en la agencia de viajes comprando el boleto. ¿Te viene
bien para principios de marzo?
– Sí, sí, me viene bien, vamos, buenas noches. Tú estás nueve horas por delante de mí y aquí todavía es de noche.
Dos semanas más tarde, estaba en el aeropuerto de San José, esperando a Georgi Raikov (alias Gosheto), un amigo de la adolescencia que se hizo uno de los mejores dentistas de Sofía. Me llamaba Shaka como el jefe de la tribu Zulú: era mi
apodo en la secundaria. Por aquel entonces, la serie “Shaka Zulu” era muy famosa.
Todavía me costaba creer que alguien viniese a verme desde el otro lado del mundo, simplemente así, por la iesta. Aquella llamada de la madrugada me parecía un
sueño, pero Gosheto venía de verdad y con una única intención: viajar en moto
por Centroamérica. Yo tenía una moto y media, es decir una moto en perfecto estado y otra que se estaba reparando en aquel momento. Esperaba que estuviera lista en unos días y pudiésemos salir como mucho en una semana. Ya había decidido que el destino era Copán. Desde que Armando me la mencionó, esta ciudad de
los mayas no salía de mi cabeza.
Viajando de San José a Managua, compartí mi idea con Gosheto y él enseguida la aprobó. Mientras él deambulaba por Nicaragua, yo esperaba que la moto,
una “Honda Shadow 750cc” de 1982 estaría lista y hacía planes de salir para Copán en una semana. Contaba con un mecánico con experiencia, que conocía suicientemente la moto y una vez ya le había hecho una reparación completa. Intentaba armar un motor de dos disponibles y dejarla como nueva. Convencí a Gosheto de que todo estaría bien y que saldríamos pronto. Había olvidado la tradición de “mañana” y cuando me aseguraron que la moto estaría lista al día siguiente, fui a probarla sin preocupaciones. No obstante, la moto estaba aún desmontada en el garaje improvisado.
– Hola – saludó el mecánico. – Ahora iba a montarla. No te preocupes. Ya la he
probado y ha arrancado. Mira.
El depósito aún no estaba puesto, pero él echó gasolina en el carburador e hizo
contacto. Se escuchó el ruido típico del arranque y el motor se encendió. Esto era
una buena señal, así que decidimos recogerla esa misma noche. Coniaba en el mecánico, porque se ocupó de mi otra moto: una “Honda Steed 600cc”, con la que
más de una vez había recorrido el territorio de Nicaragua y Honduras.
A pesar de que el motor arrancó a la primera, Gosheto miraba con desconianza al mecánico y al taller improvisado. Su pesimismo empezó a afectar a mi optimismo. Está bien que haya gente diferente en un equipo para que se complementen. Dicen que el optimista inventó el avión y el pesimista el paracaídas. Así éra-

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POR EL CAMINO DE LOS MAYAS

mos Gosheto y yo: bastante diferentes, pero unidos por la pasión mutua por viajar
con las motos. Él es estomatólogo, y entró en la profesión como protésico dental
consiguiéndolo todo con mucho esfuerzo, mientras que yo contaba más con mi estrella de la suerte y aunque también superé muchos obstáculos en mi vida, prefería
el riesgo que el trabajo monótono. Así buscando mi suerte alcancé el puesto de director técnico en una empresa de máquinas tragamonedas en España y con la misma compañía aterricé un día en Managua. Mi vida estuvo llena de riesgos, y a menudo peligraba desde que salí de mi casa. Abandoné Bulgaria hace más de quince
años, atravesé Europa y parte de África. Estuve en los rangos de la Legión Extranjera Francesa. Siguiendo los pasos de Cristóbal Colón, llegué primero a Cuba, después a Centroamérica y ahora estaba preparándome para mi primer gran viaje en
moto hacia la ciudad de los mayas. Me encantaba que un verdadero amigo de los
“buenos viejos tiempos” fuese a compartir conmigo esta aventura.
Después de colocar el tanque en la moto, decidí que mis esperanzas no iban a
ser en vano y que en realidad pronto saldríamos. De hecho, diez minutos más tarde, la moto estaba realmente montada y arrancamos de nuevo.
La gente de mi alrededor que estaba mirando, aplaudió y esperó a que hiciera la
primera vuelta con la máquina resucitada. Hasta Gosheto se esperanzó. Justo iba
a montarme en “el caballo de hierro”, cuando un tubo de la bomba de gasolina se
rompió y el motor empezó a ahogarse. Apagué el motor y mostré a la curiosa muchedumbre el charco de gasolina que había debajo de la moto.
– No te preocupes, jefe – me tranquilizó el mecánico. – Mañana lo soldaremos
y todo estará bien. Vénganse mañana.
– Este motor no va a estar listo mañana – concluyó tristemente Gosheto. Sentía que tenía razón pero no obstante, balbuceé:
– Veremos mañana.
Al día siguiente Gosheto se fue a pescar, sin ninguna esperanza que se haría algo
con la moto, mientras que yo con mi optimismo pertinaz, esperaba que estuviera lista. Desde luego, recibí la respuesta “mañana” y tuve que volver al día siguiente. Un poco antes de que perdiera toda la paciencia, la moto estaba montada de
nuevo pero después de algunas vueltas, se calentó por un lado. El tubo de escape
que salía de uno de los cilindros estaba al rojo vivo. El mecánico intentó centrarlo de nuevo, comprobó el carburador, pero el problema siguió. La respuesta “mañana” fue lo único que recibía día tras día. Tuve que resignarme y aceptar el hecho de que esta moto no iba a participar en el viaje. Las vacaciones de Gosheto se
acababan y al inal salimos con una sola moto: la “Honda Steed 600cc”. Parecía-

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GEORGE DE VIGNE

mos Che Guevara y su amigo Alberto Granado, como se mostraban en la película “Diarios de motocicleta”.

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DE CAMINO

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l 31 de marzo de 2008 salimos a última hora de la tarde de Managua en dirección de Estelí. El sol ya no calentaba tan fuerte y miré tranquilamente hacia el
horizonte. Vi claramente los contornos del volcán Momotombo, destacando sobre
el fondo azul del cielo. Su forma regular aparentaba la forma de las pirámides que
esperaba ver en Copán. Aceleré y me dirigí al norte, hacia la Panamericana: el ca-

GEORGE DE VIGNE

mino que atravesaba América por toda su longitud, entrecortado únicamente entre Panamá y Colombia.
Después de salir de la capital de Nicaragua, conduje alrededor de cincuenta kilómetros y Gosheto me pidió que nos cambiásemos. El asiento trasero de la moto
estaba diseñado para chicas inas y por lo visto no le resultaba muy cómodo. Le
cedí el asiento delantero y desde los primeros kilómetros me di cuenta de lo difícil que era sentarse atrás para alguien acostumbrado a conducir una moto. Obviamente íbamos a cambiarnos a menudo. La Panamericana estaba llena de camiones
y resultaba difícil adelantarlos, incluso con una moto. La noche nos agarró en Estelí, donde nos quedamos en el hotel “Alpino”.
A la mañana siguiente nos levantamos temprano y salimos hacia la frontera con
Honduras. Según mis preferencias personales elegí pasar por el puesto fronterizo
Las Manos.
A diferencia de la noche anterior, ese día la carretera estaba vacía y nos movíamos con rapidez. El único peligro del que avisaban las señales de tránsito, eran las
serpientes boas y los armadillos comunes, llamados “Cusuco”. El nombre “Cusuco”
se usa mucho en Nicaragua y proviene del idioma de los aztecas náhuatl. El mismo
origen tiene también el “garrobo” (lagarto grande, parecido a la iguana). Palabras
prestadas como éstas, son muy comunes al norte del país y demuestran los contactos entre las diferentes tribus de este territorio con sus paisanos del norte. Náhuatl
es un idioma difundido durante la época de los aztecas, que hoy en día hablan más
de un millón y medio de habitantes en Centroamérica, México y la parte suroeste
de los Estados Unidos. Si hacemos una comparación con otras palabras, encontradas en el dialecto nicaragüense, veremos que entre ellas se encuentran algunas heredadas de los mayas. El ejemplo es la palabra “chele” (persona de piel blanca) que
es muy comun en el lenguaje diario, incluso en la capital, Managua. Por supuesto,
las palabras procedentes del antiguo idioma de los mayas representan un número
insigniicante, comparado con el náhuatl y las palabras procedentes de las lenguas
de las tribus que ocupaban en el pasado el territorio de Nicaragua. Además del náhuatl, que era muy común, se usan términos de dialectos como el chorotega, subtiava, matagalpa, sumu y miskito. Algunos nicaragüenses hablan del “idioma nagual”, pero en realidad el idioma es náhuatl y según él, “nagual” signiica “mago”.
Este término se encuentra a menudo en los libros de Carlos Castaneda: el gran investigador de la magia heredada de los pueblos de Mesoamérica. Su signiicado es
algo abstracto de nuestro interior, relacionado con un espíritu que vive en nosotros
y nos brinda increíbles poderes.

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POR EL CAMINO DE LOS MAYAS

Conduciendo al norte, íbamos a cruzar las tierras de diferentes tribus del pasado, que se habían encontrado bajo el poder de los mayas, o al menos habían tenido un gran intercambio cultural y lingüístico con ellos. Las tribus chorotegas vinieron al territorio de Nicaragua del norte y seguro que conservaban la herencia
cultural de los mayas. En la zona norte de Honduras, y sobre todo en Guatemala,
se encuentran comunidades que han conservado el idioma maya chorti que es uno
de los más antiguos de la familia Maya quiché. Éste incluso podría considerarse el
segundo idioma oicial de Guatemala, porque lo usan casi dos millones de personas y gran parte de ellos ni siquiera entienden el español.
Se dice que hasta hoy en día, en Guatemala existen los sacerdotes llamados “Guardianes de los días”: los únicos quienes conservan el calendario y la cronología de la
antigüedad. Nos esperaba un viaje realmente emocionante, durante el cual íbamos
a entrar en contacto con una civilización antigua y llena de misterios.
Cuando llegamos hasta el desvío de Ocotal, giré a la izquierda. Delante de nosotros, un cartel indicaba que quedaban sólo 43 kilómetros hasta la frontera. Siguieron curvas peligrosas que me obligaron a inclinar la moto hasta el límite y después
de unos minutos sobrepasamos una señal de tráico con la imagen de una vaca, ad-

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virtiendo de los ganados que cruzaban la carretera. A unos diez kilómetros de la
frontera, casi nos habíamos olvidado de la señal, cuando de repente nos encontramos con cincuenta vacas y algunos toros que bloqueaban el camino. Tuvimos que
parar y esperar a que pasasen.
Hasta entonces, avanzábamos a buen ritmo y aparte de lo de las vacas no tropezamos con otros obstáculos por el camino. Tuve la esperanza de pasar rápido por la
frontera y llegar por la noche a San Pedro Sula. Delante de nosotros había una larga ila de camiones, pero nosotros pasamos entre ellos y en unos minutos llegamos
a una cuerda, estirada transversalmente sobre el camino que hacía su vez de barrera. Honduras estaba a unos metros por delante de nosotros.
No me había equivocado en la elección del paso fronterizo. No se veían otros
vehículos aparte de los camiones y teníamos el derecho de pasar antes que ellos. Un
policía comprobó rápidamente la matrícula de la moto, la apuntó en una libreta
y me dirigió al paso fronterizo, donde un funcionario soñoliento y medio dormido estampó mi pasaporte. Lo conseguimos bastante rápido. Incluso en la tienda libre de impuestos, éramos los únicos y Gosheto aprovechó para comprar unos vaqueros porque los suyos ya estaban rotos del viaje. Lo último que vimos en Nica-

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POR EL CAMINO DE LOS MAYAS

ragua fue el gran cartel del líder de los sandinistas: el comandante Daniel Ortega.
Al otro lado estaba Honduras.
Nos subimos de nuevo a la moto y nos dirigimos al norte hacia Tegucigalpa,
dejando atrás la revolución y a Ortega. Atravesamos las montañas y llegamos a la
ciudad de Paraíso, que a pesar del nombre atractivo sobrepasamos y continuamos
adelante por la carretera vacía. Nuestra primera parada fue en Danlí, donde echamos gasolina y nos cambiamos. No había nada de tráico y conducíamos bastante
rápido. Todo iba según lo previsto y habríamos podido llegar aquella misma noche
a San Pedro Sula si no hubiese sido por mi iebre, acompañada de un cólico renal.
Tuvimos que parar en Tegucigalpa porque yo necesitaba descansar. Mi estado
iba empeorando. Conocía a mucha gente de la comunidad motociclista, donde podía hospedarme y curarme con cerveza, pero decidí mostrar a mi amigo de la “civilización” los barrios más humildes y lo llevé a la casa de una amiga en las afueras
de la ciudad. Había agua corriente sólo a determinadas horas de la noche y la gente se abastecía llenando un gran depósito y después todos la cogían con un cubo
para ducharse, lavarse o para el servicio. En las altas colinas alrededor de la capital
hondureña no era fácil abastecerse con agua.
Mientras mi amiga cambiaba las toallas húmedas sobre mi frente ardiente, Gosheto sacó unos polvos mágicos de su botiquín médico personal y me preparó un cóctel
de antibióticos. Desde luego no soy partidario de la medicina moderna y evitó tomar medicamentos, pero en este caso no tenía opción y conié en él. Debo reconocer que unas cuantas horas más tarde me sentí mucho mejor y al día siguiente estaba
como nuevo y seguí mi camino con la moto dirección norte hacia San Pedro Sula.
Antes de arrancar, estudié detenidamente el mapa que me regaló mi amiga Noelia
de Tegucigalpa. Mientras deliberaba sobre las diferentes opciones para llegar a Copán, presté atención a los nombres de las ciudades, la mayoría de las cuales se conservaban desde la antigüedad y que los españoles no habían cambiado. Sentí que
justamente ellos guardaban la historia de los pueblos de Centroamérica. Al sureste de la capital de Honduras se encuentra la ciudad de Yuscarán, que enseguida me
hizo pensar que tenía que ver algo con Yucatán.
Más tarde descubrí el signiicado de “Yuscarán”: la palabra proviene de la antigüedad y signiica “Lugar de casa de lores”. El nombre de la pequeña ciudad de
Danlí, donde paramos antes de dirigirnos a Tegucigalpa, signiicaba “Agua de arena”. Saqué unos nombres bastante interesantes del mapa de Honduras, cuyos signiicados investigué más adelante. Al norte de Danlí se encuentra el municipio de
Teupasenti, cuyo nombre signiica “Templo”. Lo relacioné con la ciudad de los dioses en México, Teotihuacán, de la cual les contaré en la segunda parte de este libro.

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