Luces Argentinas

Una Historia de la Electricidad en Nuestro Pais

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Quedan rigurosamente prohibidas, sin la autorización escrita de los titulares del Copyright, bajo sanciones establecidas en las leyes, la reproducción parcial o total de esta obra por cualquier medio o procedimiento.

Staff:
Coordinación editorial e histórica: Revista Todo es Historia Dirección: Félix Luna Secretaria de Redacción: Felicitas Luna

Copyright © 2002 Empresa Distribuidora Sur S.A. Primera edición. Cantidad de ejemplares: 3.000 ISBN: 987-20209-0-6

Redacción: Margarita Alarcón Coordinación Industrial: Susana E. Slik Investigación Fotográfica: Graciela García Romero Infografías: Omar Panosetti Diseño y diagramación de tapas e interiores: Eleonora Menin

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Presentacion

El libro sobre la historia de la electricidad en la Argentina, que hoy tenemos el orgullo de presentar, expresa uno de los valores de nuestra Compañía: la integración con la comunidad.
EDESUR pone hoy al servicio de toda la comunidad y del sector eléctrico del país una obra que es pionera en su tipo y cuya producción fue confiada a quien es, sin dudas, un sinónimo de investigación histórica en la Argentina: don Felix Luna y su equipo de investigadores. A través de sus páginas, los lectores podrán conocer cómo la electricidad llegó al país hacia fines del siglo XIX para acompañar el crecimiento de la Argentina y transformarse en un sinónimo de calidad de vida, como insumo vital para las necesidades básicas y de confort de empresas, instituciones y particulares. Bucear en los orígenes de la electricidad en la Argentina es también un llamado a recordar y traer al presente el destino de grandeza que tiene esta Nación. En los 10 años posteriores a la invención de Thomas Alva Edison, quien presentó públicamente la lamparilla eléctrica el 31

José María Rovira Gerente General de EDESUR

de diciembre de 1879 en su laboratorio de Menlo Park, la ciudad de La Plata se convirtió en la primera ciudad de América Latina iluminada a través de electricidad casi al mismo tiempo que Buenos Aires otorgaba su primera concesión para el Alumbrado Público eléctrico. Hoy, en medio de un mundo globalizado donde las comunicaciones expanden casi en tiempo real los avances de la ciencia y la tecnología, una década es mucho tiempo. Sin embargo, no era ésta la realidad del siglo XIX. La electricidad llegó a la Argentina al mismo tiempo que el invento de Edison empezaba a aplicarse en las principales ciudades de Europa y los Estados Unidos. Ello confirma que, también en este aspecto, Argentina supo estar entre las principales naciones del mundo desarrollado. La historia del sector eléctrico en la Argentina es también una demostración de cómo, desde sus orígenes, el país resultó atractivo para que las principales empresas privadas del mundo realizaran sus inversiones en el país. Estas inversiones privadas que llegaron con distinta intensidad en diferentes momentos históricos y las inversiones que el Estado realizó, en la segunda mitad del siglo XX, permitieron abastecer una demanda que ha crecido exponencialmente, multiplicándose siete veces tan sólo en los últimos 50 años.
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La obra pretende ser también un homenaje a todos los hombres y mujeres que hicieron posible el crecimiento y desarrollo del sector eléctrico. Una lista que empieza por don Juan Echepareborda, el precursor de los primeros ensayos de iluminación eléctrica en el país allá por 1853 y que se completa con nombres ilustres como los de Domingo Faustino Sarmiento, Dardo Rocha y Jorge Newbery, por nombrar sólo algunos de los grandes promotores de la llegada del notable adelanto tecnológico. Era el autor de "Facundo" quien, desde su pluma genial, llamaba a la electricidad "la luz que suprime la noche" y alentaba a que los hombres de Estado asumieran rápidamente el desafío de superar las resistencias que provocaba la llegada de un cambio tan profundo y notable. El desafío del cambio lo asumió con marcado empeño Dardo Rocha que le dió a la "nueva" ciudad de La Plata el honor de ser la primera ciudad iluminada eléctricamente en toda América Latina. Empeño que, compartió también, Jorge Newbery que fue mucho más que el pionero de la aviación argentina. Desde su puesto de Director de Iluminación de la Municipalidad de Buenos Aires, ya entrado el siglo XX, proyectó la construcción de una central de generación con veinte subestaciones asociadas, sentando así las bases del desarrollo futuro de la infraestructura eléctrica de la ciudad. La larga lista de voluntades que hicieron posible el crecimiento del sector no puede agotarse en estas páginas y de hecho, nuestro empeño de traer a la luz la historia es de por sí un homenaje a todos los que, a lo largo de 120 años, han permitido lo que aquí se califica como "el triunfo de la electricidad" y su transformación en un insumo vital para la Argentina del siglo XXI.

Marzo de 2002

José María Rovira Gerente General de EDESUR

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Sumario
Presentación Pág. 3

Introducción

El triunfo de la electricidad. Un camino que va de Tales a Edison

Pág. 7

Capítulo 1

Llega a la Argentina un gran invento

Pág. 23

Capítulo 2

Las construcciones monumentales (1907-1932)

Pág. 41

Capítulo 3

Principio y fin de un ciclo (1932-1992)

Pág. 55

Capítulo 4

Edesur en la transformación del sector eléctrico

Pág. 85

Notas y fuentes

Pág. 94

Bibliografía

Pág. 95

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Introducción

El triunfo de la electricidad. Un camino que va de Tales a Edison
Si preguntáramos al común de la gente qué es la electricidad, es probable que la respuesta inmediata sea algo relacionado con un tipo de energía necesaria para el uso de artefactos hogareños. Si bien esta respuesta no es incorrecta, sólo describe una parte de su masiva aplicación. Porque la electricidad no es meramente una energía o un gran invento. Existe electricidad "natural": acaso, ¿no es una descarga eléctrica la que despide un rayo cuando en noches tormentosas cae en algún lugar del planeta? En efecto, la electricidad es un fenómeno físico asociado a cargas eléctricas estáticas o en movimiento y sus efectos se observan en diversos hechos naturales, tales como los relámpagos, que son chispas eléctricas de gran magnitud que se generan a partir de nubes cargadas. Los primeros conocimientos sobre algunos materiales que poseen propiedades eléctricas se remontan a la Antigüedad. El filósofo griego Tales de Mileto (siglo VI a.C.) registró los primeros experimentos: cuando se frota una varilla de ámbar con fibras de lana, se produce la atracción de objetos ligeros. De hecho la etimología de la palabra electricidad proviene del vocablo griego elektron, que significa ámbar, y es el nombre de la resina que causaba la misteriosa propiedad. No obstante la observación y el conocimiento de ciertos fenómenos naturales por los antiguos griegos, recién muchos siglos más tarde comenzaron a realizarse los primeros estudios sistemáticos del fenómeno eléctrico. En el siglo XVI, el inglés William Gilbert, médico de cámara de la reina Isabel I y de Jacobo I de Inglaterra, investigó y empleó –por primera vez– la palabra electricidad para denominar a sus experimentos sobre electricidad por fricción y magnetismo. Su obra principal –escrita en 1600–, De magneticisque corporibus et de magro magnete tellure, trata sobre la distinción entre la atracción magnética del imán y la atracción del ámbar, y comprueba la existencia de sustancias que manifiestan las mismas propiedades atractivas (vidrio y resina, entre otras) y otras que no pueden ser electrizadas (como los metales); denominó idioeléctricas a las primeras y analéctricas, a las segundas. Se conocía así, la división entre materias aislantes y materias conductoras. También realizó experimentos sobre las propiedades de la magnetita, base de los actuales estudios sobre el magnetismo. Asimismo, Gilbert sostenía que la tierra era un gran imán, lo que le sirvió para explicar la inclinación y declinación magnética. Pese a la notable labor del médico inglés, los avances científicos fueron casi nulos hasta el siglo XVIII. Esto se debió a una razón histórica más que científica: la Europa de esa época estaba más atenta a los nuevos descubrimientos (del continente americano, por ejemplo), a la
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conquista militar (época de fijación de fronteras nacionales) y, desde luego, a la explotación mercantil de las colonias, de las que obtuvieron excelentes ganancias. La inversión en el conocimiento científico todavía no era vista como algo redituable ni mucho menos necesario para el precario modo de vida europeo.

Fines de los siglos XVIII y XIX: Tiempos de descubrimientos
En 1780, con la revolución industrial, se dio un cambio espectacular que transformó al mundo radicalmente. A partir de allí, la evolución de la tecnología, los nuevos experimentos y la creencia en el progreso indefinido, coronaron a la ciencia como el saber más elevado; y con ello también, empezaron a surgir las distintas disciplinas científicas que dieron gran impulso a las investigaciones. En el campo de la electricidad, estos conocimientos adquirieron carácter de ciencia, cuando se empezó a profundizar en los estudios de los fenómenos electrostáticos. Primeramente hubo tímidos avances por obra de Stephen Green y Laplace, hasta que el francés Charles-François de Cisternay Du Fay determinó la existencia de dos clases de electricidad, a las que bautizó como resinosa (la del ámbar de los griegos) y vítrea; se convertía de ese modo, en el iniciador de la teoría de los dos fluidos eléctricos continuos (unos de atracción y otros de repulsión). Posteriormente, el inglés Gray demostró que los cuerpos conductores –las sustancias analéctricas de Gilbert– cuando están aislados pueden ser electrizados. Ya en plena época de avances, Benjamín Franklin rebatió las teorías de Du Fay postulando la existencia de un único tipo de fluido y clasificando a las sustancias en eléctricamente positivas y negativas, de acuerdo con el exceso o carencia del mencionado fluido. También aportó la terminología definitiva sobre los grupos de carga y predijo con acierto la naturaleza de las corrientes eléctricas. Más adelante, se estableció la distinción entre materiales aislantes y conductores y se construyeron rudimentarios almacenadores de carga eléctrica: las botellas de Leyden, por ejemplo, fueron inventadas simultáneamente por dos científicos, el holandés van Musschenbrock y el alemán von Kleist. Asimismo, se lograron importantes descubrimientos en el estudio de cargas estacionarias a partir de los trabajos de Joseph Priestley, lord Henry Cavendish y Siméon-Denis Poisson. En 1785, el francés Charles Augustin de Coulomb enunció la teoría fundamental de la electrostática –ley que lleva su nombre–, al medir las atracciones y repulsiones eléctricas y establecer una ley que, a semejanza de la ley de gravedad de Newton, señalaba que las acciones (atractivas o repulsivas) entre cargas eléctricas son inversamente proporcionales al cuadrado de la distancia que las separa. También demostró que las cargas eléctricas de un conductor se encuentran en

Los grandes avances en electrólisis fue ron realizados por Michel Faraday en el laboratorio de la Royal Institution (Acuarela de Moore)

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su totalidad localizadas en la superficie. Contemporáneamente, Aloysius Galvani, en Bolonia, descubrió la relación entre corrientes nerviosas y eléctricas, e inventó la denominación de electricidad animal. Las primeras nociones de electromagnetismo fueron aportadas por los estudios de Oersted, Biot, Savart y André-Marie Ampère. Hacia 1800, se empezaron a establecer fórmulas matemáticas para explicar las relaciones e interacciones entre los fenómenos magnéticos y eléctricos. Y también a principios del siglo XIX, se logró un gran avance respecto del uso de la aplicación de la electricidad cuando el conde italiano Alessandro Volta inventó la pila galvánica –primer generador de electricidad– de la que se sirvieron Ampère y Faraday en sus investigaciones sobre la conexión entre los fenómenos eléctricos y magnéticos. Los caminos quedaron abiertos y los avances de esta ciencia fueron espectaculares en pocos años, aunque todavía existía una disociación evidente entre electricidad y magnetismo, pues no se estudiaban como fenómenos relacionados entre sí. Recién en 1820, el danés H.C. Oersted descubrió la relación entre ambos al observar cómo una aguja imantada era desviada por la influencia de la corriente eléctrica de un conductor colocado en su proximidad. Este descubrimiento abrió un campo extensísimo a los investigadores: el francés F. Aragó Benjamín Franklin (1706-1790). imantó una aguja colocada bajo la influencia de un conductor en Político, escritor y científico. Nació en Boston y murió en Filaforma de espiral, y Ampère descubrió que las corrientes se delfia, Estados Unidos. Fue impresor en su juventud y luego se atraen o se repelen si siguen o no la misma dirección: inventatrasladó de Boston a Filadelfia y no tardó en destacarse por sus intervenciones públicas y sus ideas liberales. Gran dirigente maba así el electroimán, que abrió el campo del electromagnetismo. són y diputado por Pennsylvania, en 1750, intentó un entendiEn 1821, Michael Faraday iniciaba la transformación de la miento entre el gobierno británico y las trece colonias sobre el energía eléctrica en trabajo mecánico, al hacer que los imanes problema de la administración. Ocupó diversos cargos pero girasen, situados junto a un circuito. Aprovechando este experipronto adhirió a la causa independentista y como diputado en mento, Ampère formuló la ley fundamental de la electrodinámila Convención de las colonias, redactó junto con Adam y Jefferca. son, el texto de la Declaración de la Independencia. Fue embaA partir de varias investigaciones, se iniciaron los estudios sojador en París (1776/85), concertó una alianza con Francia 1778 y un tratado con España que ayudaron a la naciente nabre la electrólisis y fue Faraday el que estableció las leyes de la ción en su lucha por la libertad. En 1783, firmó la Paz de Vermisma y las nomenclaturas que todavía usamos (ánodo, cátodo, salles con el Reino Unido, tratado por el que se reconoció la inion, electrolito y otras). En 1827, el alemán Georg Simon Ohm dependencia de las trece colonias que dieron origen a la formasentó las bases de la electrocinética o estudio de la circulación ción de los Estados Unidos de América. Como científico, se dede las cargas eléctricas en el interior de materias conductoras, dicó al estudio de la naturaleza eléctrica de las tormentas atenunciando en la ley que lleva su nombre la relación existente mosféricas y de las propiedades de las partes puntiagudas en la entre la intensidad eléctrica con la diferencia de potencial que la emisión de chispas, lo que derivó luego en el invento del pararrayos, fruto de su trabajo. 9

mantiene y las características del cable por donde circula. En 1841, el inglés J.P. Joule formuló las leyes del desprendimiento del calor producido al paso de una corriente eléctrica por un conductor. Y, finalmente, en 1864, el físico inglés James Clerk Maxwell cerró un ciclo de la historia de la electricidad con la presentación de sus ecuaciones generales del campo electromagnético (que unificaban la descripción de los comportamientos eléctrico y magnético de la materia). Maxwell había descubierto, en 1865, la identidad de las ondas luminosas con las electromagnéticas y los otros tipos de energía radiante. La existencia de estas ondas fue ratificada por Hertz, en cuyo honor reciben el nombre de ondas hertzianas, que constituyen el fundamento de las telecomunicaciones.
Las primeras investigaciones en electro magnetismo las llevaron a cabo el danés Oersted y el francés Ampère.

De los inventos a la aplicación práctica
Sin duda esta larga lista de invenciones podría extenderse, pues aquí sólo hemos señalado los hitos fundamentales. Aun así resulta muy árida para el lector si no explicamos su significación. Ya mencionamos la importancia que adquiere la ciencia a fines del siglo XVIII. No obstante esto, salvo escasas excepciones, las principales innovaciones técnicas de la primera fase industrial no requerían de un conocimiento científico avanzado. En realidad, se trató más de la puesta en uso práctico de los inventos ya conocidos: por ejemplo, se sabe que la máquina a vapor existía en Grecia desde el siglo XII a. C. Sin embargo, es indudable que en el siglo XVIII, James Watt revolucionó el mundo del transporte con la aplicación de esta energía. Por esta razón, el gran salto de la revolución industrial inglesa (1780) se debió más a la aplicación tecnológica de los inventos conocidos que a grandes investigaciones científicas. Es probable, también, que por este motivo se haya expandido tan rápidamente, transformando incluso el modo de producción y, por ende, de vida de los habitantes del mundo. El historiador inglés Eric Hobsbawm describe el cambio: "todos los hombres pensaban en continentes y océanos: para ellos el mundo era una unidad ligada a rieles de hierro y motores a vapor y los horizontes de sus negocios eran, como sus sueños, de amplitud mundial. Para tales hombres, el destino, la historia y el beneficio humano eran una misma cosa". Pese a no utilizar nuevos aportes científicos, el primer paso se había dado y permitió su deFaraday dicta una conferencia ante sarrollo posterior, en la segunda mitad del siglo XIX. A partir de aquí, el cambio y las inuna multitud de científicos y estu diantes. venciones estuvieron conectados con la investigación universitaria: presenciamos la corona10

ción de la ciencia y la división en disciplinas cada vez más específicas, tales como la física, la química y, fundamentalmente, la matemática, que se convirtió en el lenguaje universal de la ciencia. La "tiranía" de la fórmula matemática acompañó las inversiones de capital en las investigaciones científicas; el laboratorio investigador era ahora parte integral del desarrollo industrial. La entrada de la ciencia en la industria tuvo una consecuencia significativa: en adelante, el sistema educativo sería cada vez más decisivo para el desarrollo industrial. Aquellos países cuyo ciclo escolar diera importancia a la educación técnico-científica, lograrían ventajas: en este sentido, no es de extrañar que los mejor posicionados fueran países nuevos como Alemania y Estados Unidos. Mientras Inglaterra seguía construyendo barcos y trenes –obteniendo pingües ganancias –, el estado alemán financiaba la investigación sobre nuevas tecnologías en sus universidades o instituciones similares. El caso estadounidense – del cual Thomas Edison es el mejor ejemplo –, se manejó a través de laboratorios comerciales privados. En ambos países, lo importante era la capacidad para captar y manipular a la ciencia, en aras de su aplicación industrial.

El telégrafo eléctrico: primer uso masivo de la electricidad (1830-1870)
Poco a poco se fue aplicando todo el saber teórico acumulado. Probablemente la historia de la electricidad sea el mejor ejemplo del triunfo de la ciencia: al transporte de mercancías y personas en tren y barco se sumó una transformación tecnológica sorprendente como la comunicación de mensajes a través del telégrafo eléctrico, en la década de 1830. Este fue uno de los primeros usos tecnológicos que habían desarrollado los investigadores y que difícilmente podría haberse concretado sin una sofisticada teoría científica. Las regiones más desarrolladas lo utilizaron rápidamente: Austria y Prusia en 1848, Bélgica en 1850 y Francia en 1851. Vertiginosamente se fueron multiplicando las líneas y postes telegráficos: en 1849 Europa había instalado 3.500 kilómetros y, en 1869, ya tenía 200.000 kilómetros. El logro más significativo fue el tendido de los cables submarinos: en 1851 atravesaron el Canal de la Mancha (entre Dover y Calais) y ya en 1865, el mundo asistió maravillado al cruce de cables por el Atlántico, realizado por el Great Eastern, el barco más grande de la época. En poco tiempo cientos de cables atravesaron los continentes y llegaron a la Argentina tempranamente, en 1860. El desarrollo del sistema telegráfico a escala mundial combinaba elementos políticos y comerciales, razón por la cual –con la excep11

Instalación telegráfica del tipo Morse hacia 1854.

ción de Estados Unidos – fueron empresas estatales las que lo promovieron pues servía como medio de comunicación con las partes alejadas del mundo y como propósito estratégico, político, administrativo y económico. Los hombres de negocios utilizaban muchísimo el telégrafo y los ciudadanos comunes pronto Thomas Alva Edison (1847-1931). Nació en Milán, Ohio, Estados Unidos. Desde pequeño mostró descubrieron sus virtudes, sobre todo para comunicaciones uruna inusitada curiosidad por el medio que lo rodeaba y unas exgentes y a veces dramáticas entre parientes. Su importancia cocelentes dotes de observación, cualidades hábilmente fomentadas bró carácter de necesidad si se tiene en cuenta que coincidió con por su madre, que fue su auténtica educadora. Como autodidacla salida de millones de europeos de sus respectivas patrias pata estudió química, física y mecánica. En 1854, su familia se ra establecerse en otros continentes. trasladó a Port Huron, Michigan, y vivió en una casa grande en Sin embargo, el uso más significativo se le debe a Julius Reuter cuyo sótano instaló un pequeño laboratorio de química en el que que fundó su agencia telegráfica en Aquisgrán, en 1851, descurealizaba experimentos durante días enteros. En poco tiempo aprendió el alfabeto Morse y comenzó a construir rudimentarios briendo ingeniosamente que la telegrafía transformaba las notitelégrafos, que fabricaba con distintos objetos. cias. Desde el punto de vista del periodismo, el vuelco fue asomDespués de trabajar como vendedor de periódicos en el ferrocabroso a partir de 1860 cuando las noticias internacionales eran rril del Grand Trunk y como telegrafista en una oficina de Port cablegrafiadas libremente y se esparcían por el mundo en horas Huron, patentó en 1868 su primer invento, consistente en un o minutos. Esta extraordinaria aceleración de la velocidad de las contador automático de votos. En 1870 fundó en Newark, Nueva Jersey, su propia empresa, especializada en la fabricación de comunicaciones tuvo una consecuencia paradójica: amplió la seun aparato que transmitía telegráficamente valores de bolsa, y paración existente entre los lugares con acceso a la nueva tecnoque pronto le proporcionó cuantiosas ganancias. Más tarde palogía y el resto del mundo, aumentando el retraso relativo de aquetentó otros inventos, entre los que se destacan el sistema telellas regiones donde el caballo, o algún otro animal, seguía siendo el gráfico de transmisión doble (dúplex) y cuádruple (cuádruplex) y el lapicero estiloeléctrico. medio y la velocidad del transporte. Comenzaba así la brecha de la frontera de la tecnología que todavía perdura. Además, el desarrollo de las comunicaciones exigió nuevas formas de coordinación internacional y organismos estandarizados, como por ejemplo la Unión Telegráfica Internacional de 1865, la Unión Postal Universal de 1875, la Organización Meteorológica Internacional de 1878, que aún sobreviven. Incluso ya se había planteado y aceptado un Código Internacional de Señales en 1871, que resolvía el problema del lenguaje internacional, tipificándolo. Si bien el telégrafo representó el primer uso masivo de la electricidad, no puede ser tomado como eslabón de la gran transformación que supuso la generación, transmisión y transformación de la energía eléctrica, por la baja tensión que utiliza; su importancia radica más en ser el despegue de la era de la comunicaciones.

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La era de la técnica: nace la iluminación con electricidad
El aprovechamiento industrial de los nuevos conocimientos se inició recién en el último cuarto del siglo XIX con los aportes del belga Zénobe-Théophile Gramme, quien ideó un generador de corriente continua, antecedente de las modernas dínamos y especialmente con las innovaciones de Thomas Alva Edison, que no inventó la electricidad pero creó un sistema práctico de uso universal. Desde principios del siglo XIX se habían realizado experiencias para obtener luz por medio de la electricidad, pero las lámparas de arco que se utilizaban duraban pocas horas y daban escasa luz. La ciudad de París había realizado los primeros ensayos de iluminación eléctrica en 1843, en la plaza de la Concorde y, posteriormente, en 1878, alumbró la avenida de la Opera. No obstante esto, el sistema resultó insuficiente hasta el aporte de Edison, quien enfrentó dos problemas: encontrar un material para el fiLa sorpresa de Edison. lamento de las lámparas que se pusiera incandescente En 1876 se trasladó a Menlo Park, localidad situada a 20 kilómetros de Nuesin fundirse en poco tiempo y preservar la luz obtenida. va York, con la intención de iniciar una intensa labor investigadora en diferenAntes de encontrar el material adecuado, comenzó usantes ámbitos de la tecnología. Allí llevó a cabo sus más importantes logros: perdo hilo de platino pero era muy caro. Ensayó con otros feccionamiento del teléfono de Alexander Graham Bell, al que incorporó un materiales y envió expertos a China, Japón, Brasil y las micrófono de gránulos de carbón; invención del fonógrafo; creación de la priAntillas para ubicar un filamento vegetal que fuera efimera lámpara incandescente con filamento de carbón; diversos dispositivos de ciente. Fortuitamente obtuvo lo que buscaba en el catelegrafía sin hilos, el megáfono y el kinetoscopio, entre otros. El talento fundamentalmente práctico de Edison representa un caso excepcional en la histonasto de costura de su esposa, y a partir de allí experiria de la técnica: patentó 1.093 artefactos, entre los que se encuentran invenmentó con un trozo de hilo de algodón carbonizado. Patos de tanta trascendencia como el fonógrafo, la lámpara de incandescencia, el ra preservarlo, lo introdujo dentro de una bombilla de micrófono de gránulos de carbón del teléfono y diversos dispositivos precursovidrio en la que había logrado el vacío. El 21 de octubre res de la radiotelegrafía. de 1879 probó la lámpara que había creado y logró que Once años después levantó un nuevo laboratorio en West Orange, Nueva Jerpermaneciera encendida durante cuarenta horas. El 31 sey, y en 1888 fundó la Edison General Electric, una de las empresas que hade diciembre, en la noche de San Silvestre, Edison orgabrían de formar la General Electric Company. Al fin de su vida se dedicó a administrar sus múltiples empresas, a comercializar sus numerosos inventos y a nizó una fiesta: cientos de personas recorrieron la calle establecer todo tipo de fábricas, principalmente químicas. Falleció en West que conducía a su laboratorio de Menlo Park, iluminaOrange, el 18 de octubre de 1931 da por una multitud de lamparitas eléctricas. Los avances en el uso de la electricidad se sucedieron velozmente. La razón era sencilla: a diferencia de la máquina a vapor, la propiedad eléctrica podía generarse en gran escala y ser trasladada adonde se requiriera su consumo. De este modo, la industria no necesitaba su propia fuente de energía sino que podía ser abastecida a distancia, lo que disminuía considerablemente sus costos. Además era fácilmente transformada en cualquier otro tipo de energía.

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La era de la ciencia: la nueva fase industrial
Los historiadores coinciden en señalar al año 1870 como fecha clave del despegue decisivo: es allí donde comenzó a masificarse el uso de la electricidad, junto con el motor a combustión, el petróleo y los químicos, que dieron origen al gran boom industrial de la segunda mitad del siglo XIX. Vertiginosamente, la humanidad entraba en la era de la luz y de la energía eléctrica. La nueva fase industrial se desarrolló a un ritmo acelerado debido a la aplicación de las nuevas invenciones que determinaron su insólita expansión. Antes de que terminara la década, los hombres de ciencia y los ingenieros habían comenzado a desafiar el "reinado del carbón" al demostrar las posibilidades comerciales de las dos nuevas fuentes de energía: electricidad y petróleo. En 1881, había nacido la industria petrolera –la producción de petróleo era de 3.000.000 de toneladas anuales– y, más importante aún, fueron perfeccionadas las dínamos de las plantas de energía eléctrica, que generaban corriente y alumbrado público y otros usos comerciales. Era la alborada de la era de la electricidad y del petróleo, con sus increíbles instrumentos de fuerza y precisión que transformaron el nivel de vida del mundo occidental. Por eso se habla de la era de la técnica, porque entre 1867 y 1881 aparecieron el fonógrafo, el teléfono, el micrófono, la lámpara eléctrica, el gramófono, las turbinas y el motor de combustión interGuglielmo Marconi. (1874-1937). na y el tranvía eléctrico. Hacia 1880 no sólo la posesión de un Nació en Bolonia, Italia. Era hijo de una familia adinerada y se aparato industrial sino también la fabricación y exportación de interesó desde chico por la física, aunque nunca fue un buen estudiante universitario. Comenzó con un laboratorio casero y a máquinas se convirtieron en nuevos índices de poder. los veinte años, mostró a su madre su nuevo experimento: toLa economía dominada por las máquinas produjo una demancando un botón hizo sonar un timbre en la sala, dos pisos más da creciente de nuevos metales –de cobre, estaño, cinc y alumiabajo, sin alambres de conexión. De este modo, descubría la comunicación inalámbrica. Con el apoyo financiero de su familia, nio–, y la producción de acero se elevó entre 1880 y 1900 de continuó perfeccionando su sistema de comunicación sobre los 4.000.000 a 28.000.000 de toneladas métricas, en tanto que la diseños realizados por otros científicos. Se trasladó luego a Inproducción de hierro en barras pasó de 18.000.000 a glaterra donde envió mensajes cifrados sorteando cada vez mayores distancias. Finalmente, decidió desafiar al Atlántico y mon39.000.000. Los puentes de Forth y Brooklyn, la torre Eiffel y tó una estación experimental en St. John´s, Terranova: una gran los primeros rascacielos de Chicago y Nueva York estaban termicometa unida al extremo de una antena surcaba el cielo, a 130 nados para 1880. La turbina de vapor compound, perfeccionametros de altura. El 12 de diciembre de 1901, Marconi recibió la señal convenida desde el transmisor, situado en Cornualles, da por sir Charles Parsons en 1891, revolucionó la máquina a Inglaterra. Eran tres puntos, la letra S del alfabeto Morse, apevapor y elevó la energía disponible para los generadores eléctrinas audible, señaló el éxito. La hazaña permitió llevar el mencos y el transporte oceánico. La electricidad abrió nuevas rutas saje humano a través de 3.600 kilómetros de océano. Marconi poseía un enorme talento científico pero también comercial, en la industria y en la metalurgia, proporcionó energía para mopues convirtió a la telegrafía sin hilos en un negocio de alcance ver tornos y elevadores, reducir metales en el horno eléctrico, mundial. En 1909 recibió el Premio Nobel (junto a Karl Braun) soldarlos con el arco eléctrico, refinarlos y galvanizarlos mepor sus investigaciones y en 1930, ya en Italia, fue elegido presidente de la Academia Real de Ciencia. Falleció en Roma, el 20 diante electrólisis.
de julio de 1937. 14

En la ciencia pura, los avances más decisivos de este período se produjeron en el campo de la radioactividad. Aunque el significado del avance no se percibió de inmediato, el alemán Wilhelm Konrad Roentgen abrió una nueva era en la química con su descubrimiento de los rayos X, en 1895. Al año siguiente, el francés Antoine Henri Becquerel descubrió que el uranio emitía rayos semejantes a los observados por Roentgen y en 1898, Pierre y Marie Curie aislaron el radio. Esta investigación internacional de los secretos de la materia había sido precipitada por el alemán Heinrich Hertz , cuyo trabajo sobre la teoría electromagnética de la luz, propuesta primero por el inglés Clerk Maxwell, le permitió demostrar la existencia y medir la velocidad de ondas electromagnéticas, en 1886. Que estos cálculos y experimentos abstractos poseían utilidad comercial directa fue demostrado por Guglielmo Marconi, quien utilizó las ondas hertzianas para transmitir mensajes y así nació la telegrafía sin hilos, en 1895. Primeramente se transmitieron mensajes a través del Canal de la Mancha y luego, en 1901, a través del océano Atlántico. Fue la gran prueba de lo que se podía esperar de las telecomunicaciones.

Guglielmo Marconi con un aparato de telégrafo sobre hilos inventado por él en 1896.

Telegrama de Marconi a Bradley

Edison y su lámpara eléctrica, Samuel Morse –creador del telégrafo a electroimán–, Graham Bell, que preocupado por construir un oído electrónico para sordomundos inventó el teléfono y, finalmente, Volta que descubrió cómo acumular la energía, fueron hitos que posibilitaron el uso de la electricidad para el progreso de la humanidad. Werner von Siemens (1816-1892), oficial de artillería alemán, aplicó electricidad a la industria bélica –especialmente a las minas submarinas– y estableció la primera línea telegráfica, entre Francfort y Berlín, en 1849.
El fonógrafo de Edison.

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La fascinación del tranvía
En 1873, el ingeniero Fontaine descubrió en la Exposición de Electricidad de Viena, que el generador podía ser también un electromotor. Se habían instalado allí dos generadores y por el error de un obrero, que unió los cables de uno con el otro que estaba desactivado, se descubrió que este último comenzaba a trabajar. Resultó ser la primera aplicación de la electricidad como fuerza motriz; este hecho alcanzó notoriedad cuando, en 1879, Siemens y Halske utilizaron la tracción eléctrica en la ExposiJames Watt (1736-1819) ción Industrial de Berlín, desplazando un móvil soNació en Greenock, Escocia, un 18 de enero. Se le atribuye la invención de la bre una vía en forma de pequeño ferrocarril eléctrimáquina a vapor, pero en realidad lo que hizo fue perfeccionarla y con ello conco. En los cinco meses de funcionamiento, transportribuyó decisivamente al desarrollo de la revolución industrial. Luego de un paso desafortunado por la escuela, se dedicó a la fabricación cató 86.000 visitantes a 7 kilómetros por hora sobre sera de instrumentos de matemáticas (compases y cuadrantes, entre otros). Esun trecho de 300 metros en círculo. Este éxito les tudió en Glasgow donde fue designado "Constructor de instrumentos mecánicos permitió seguir con las investigaciones y en mayo de de la Universidad". Junto a los miembros científicos del Club Anderston, discutió la aplicación de la máquina a vapor. Su interés por ella data de 1764 cuan1881, se construyó en Berlín el primer tranvía elécdo recibió un modelo de la máquina proyectada por Thomas Newcomen para retrico del mundo. Pero el sistema aún era peligroso pararla. Watt descubrió su excesivo desperdicio de combustible y advirtió que la porque los dos polos estaban en los rieles, de modo resistencia atmosférica debía ser eliminada por vacío o superada por la fuerza de vapor de alta presión. Un año más tarde inventó el condensador separado que podían resultar mortales los aditamentos metáque evitaba la pérdida de calor inherente al cambio de estado de la sustancia, licos de los zapatos y las herraduras de los caballos. de líquido a gas. Para conseguir capital se unió al doctor John Roebuck, fundaLuego, el problema se subsanó y en la Exposición Indor de la famosa firma Carron Works, por medio de la cual patentó su nueva máquina a vapor. Para ganarse la vida también construyó puentes y canales. ternacional de Electricidad de París circuló por Después conoció a Matthew Boulton en cuyo famoso taller de Soho, en BirmingChamps-Elysées con hilos aéreos. ham, armó su primera máquina a vapor completa que fue usada exitosamente En 1884 comenzó a funcionar el primer tranvía en centros mineros y metalúrgicos, en 1776. Con los ingresos obtenidos fundó una empresa que le proporcionó un excelente bienestar económico. eléctrico en Estados Unidos (con toma de corriente En 1785 se incorporó como miembro de la prestigiosa asociación científica Rosubterránea), pero el hecho de que circulara por la yal Society y continuó realizando inventos: en 1786 fabricó una máquina de antigua vía de tracción animal produjo descarrilamovimiento alternativo, es decir rotativa con mecanismo de movimiento paralelo. Realizó cálculos sobre el trabajo que un caballo podía realizar y de ese momientos y se abandonó el servicio.
do enunció el término "caballo de fuerza" (HP), unidad cuya vigencia todavía existe. Asimismo, la ciencia recuerda su nombre en la unidad física vatio (watt), denotadora de la potencia de las distintas fuentes de energía. Habiendo alcanzado dinero, fama y reconocimiento científico, falleció el 19 de agosto de 1819.

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Volta, Alessandro (1745-1827)
Físico italiano, nació en Como, región de Lombardía (Italia). Si bien numerosos descubrimientos se deben a sus investigaciones, como el electróforo (aparato productor de electricidad estática), fue, sin duda, "el órgano eléctrico artificial" (según la denominación que le diera el propio Volta) más conocido como pila galvánica, el invento que lo coronó como científico de gran reconocimiento. Su amigo, el médico Luigi Galvani, había realizado experimentos con una rana poniendo en comunicación metálica los músculos de la pata con la región de los nervios lumbares. Según Galvani, la causa de las contracciones experimentadas por la rana era la presencia de tejido animal, necesario para la conducción de electricidad. Partiendo de estas observaciones, Volta sostuvo que era innecesario el tejido animal para dicha conducción e investigó la transmisión de la electricidad entre dos placas metálicas y, de ese modo, descubrió la primera pila generadora de corriente continua, en 1800. Su faceta científica es muy reconocida, no así sus preocupaciones generales por la población por lo cual introdujo el cultivo de la papa en Italia, para una mejor alimentación. Con la invención de la pila eléctrica, el italiano Volta suministraba a la humanidad el medio para dominar la energía eléctrica. La posteridad denominó voltio, en su honor, a la unidad básica de potencial eléctrico.

Hubo varios sistemas de tranvías eléctricos: con acumuladores (baterías), con toma de corriente subterránea (descartada por costosa) y el trolley (aéreo) que fue el más exitoso aunque cuestionado por los urbanistas porque cubría de cables las calles. Estos trolley o tramway perfeccionados, se expandieron por Europa primero (Alemania fue pionera) y Estados Unidos, y para 1890 llegaban a otras latitudes. Las nuevas inversiones que se necesitaban y que coincidieron con la política de expansión de capitales europeos, hicieron que algunos consorcios importantes absorbieran los antiguos sistemas para llegar a su fusión, electrificación y posterior expansión. Más adelante, el descubrimiento del electrón por Joseph John Thomson, durante la década de 1890, marcó el paso de la era de la electricidad al siglo de la electrónica que ha proporcionado un avance tecnológico aún más acelerado, en tanto identificó los rayos catódicos con los rayos de electrones, comprobando que cualquier carga eléctrica es múltiplo de la carga elemental (carga del electrón).

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La electricidad cambió la vida de la gente
Lentamente todo el saber científico se fue aplicando en la construcción de centrales de suministro y transmisiones, así como en líneas de telégrafo y teléfono, entre otras muchas y variadas utilizaciones. Fácilmente podemos apreciar que la electricidad sirvió para las comunicaciones, el transporte y la iluminación. No obstante el gran entusiasmo que significaron estos adelantos, es decir, la aplicación de los grandes descubrimientos de los científicos en pos de mejorar (léase, redituablemente) la producción industrial, también debemos mencionar sus tropiezos y los cambios culturales que trajeron consigo. Los cuantiosos ensayos que se hicieron para llegar al uso práctico de la electricidad, tienen su contrapartida en la cantidad de accidentes que provocó el sistema precario de instalación de cables eléctricos. Si bien esto se puede explicar por la prueba de ensayo y error que siempre supone una nueva innovación tecnológica, también es cierto que suscitaron una serie de protestas sociales: en la construcción de los tranvías eléctricos podemos encontrar las críticas del efecto producido por vías con carga eléctrica en contacto con las herraduras metálicas de los caballos, medio de transporte muy utilizado Nikola Tesla (1856-1943) hasta el momento. Por supuesto, a medida que se Fue uno de los inventores más importantes, excéntrico y enigmático. iban perfeccionando las instalaciones (por cables Nació en Serbia. Siendo muy joven emigró a Estados Unidos y pronto empezó a trabajar en el laboratorio de Thomas Edison. Tesla inventó el sistema de corriente subterráneos o de gran altura), la aceptación de alterna que actualmente se utiliza. Edison, por el contrario, favoreció la corriente estos cambios fue asombrosa, de allí su impacto en continua como la principal fuente de energía para el futuro, razón por lo cual el ámbito cultural. A la inseguridad primera, siambos hombres libraron una encarnizada disputa en torno de cuál era el mejor sistema. guió una visión optimista de lo que la "nueva era" En la historia se la conoce como "la guerra de las corrientes" y fue una clara técnica traía aparejada... victoria de Tesla, quien comprendió que la corriente continua puede ser transportaImaginemos el cambio que produjo la iluminación, da sólo unos pocos kilómetros por medio de alambres, en tanto que la corriente alterna de alto voltaje puede continuar indefinidamente. Para que el nuevo sistema es decir el alumbrado eléctrico de una ciudad. Inresultara práctico inventó una gran variedad de generadores de corriente alterna, dudablemente, trastocó la vida nocturna, antes transformadores y motores. También fue el inventor del motor eléctrico multifaces, concebida como tiempo de inseguridad y penumla turbina de motor sin aspas y el torpedo guiado por ondas de radio. Fue pionero
de los experimentos con radiaciones que dieron lugar al descubrimiento de rayos X, rayos cósmicos, el radio y el uranio. Ya en 1892 había inventado la radio moderna, con tubos al vacío adelantándose cuatro años a la rudimentaria telegrafía sin hilos de Marconi. Falleció pobrísimo y solitario en un cuarto de hotel de Manhattan, en 1943. Ese mismo año el Tribunal Supremo revocó la patente de Marconi porque llegó a la conclusión de que Tesla había logrado con anterioridad los progresos necesarios para la transmisión radial. No obstante su extraordinaria importancia y la magnitud de sus inventos, sigue siendo uno de los científicos injustamente desconocido. 18

Entrada al puerto de New York. Esta ciudad era una de las pioneras en la divulgación de los avances científicos.

bras, pues la oscuridad era peligrosa y servía de amparo para el delito. A partir del uso del alumbrado se produjo una ampliación de las horas luz en la vida de las personas, pudiendo circular hasta más tarde por las calles. Cuando la iluminación llegó a las fábricas, supuso también un gran cambio: la reorganización del espacio y del tiempo y, por ende, la posibilidad de trabajar en horarios nocturnos y obtener más productos. Algo similar significó la entrada de la iluminación eléctrica en los hogares, pues modificó desde la estructura arquitectónica de las casas (antes concebidas como lugar para dormir) hasta el diseño del espacio compartido para encuentros sociales o de lectura en salones. Desde el punto de vista político-social, también la iluminación aportó sus modificaciones: los grupos políticos utilizaron la metáfora de la luz para reclamar claridad en el manejo de los asuntos públicos y, no resulta extraño que los socialistas y anarquistas de fin del siglo XIX, hayan asimilado la "revolución" de la electricidad a la "inminente" revolución social que anhelaban. Esta apreciación no aparece como ingenua si se tiene en cuenta que por ser más barato, el alumbrado con lámparas incandescentes había sido aplicado en barrios obreros, cambiando su fisonomía tenebrosa e insegura. Así, la luz era "democrática" pues traía tranquilidad y bienestar a sectores antes desprotegidos. Asimismo, el uso del motor eléctrico en las fábricas, revolucionó la actividad obrera, pues resultaba un trabajo más liviano que la pesada e insalubre máquina alimentada a carbón.
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En efecto, los cambios fueron universales, pues modificaron a toda la sociedad, en su vida pública y privada. El triunfo de la electricidad fue rotundo. No es extraño que la imagen más utilizada para reflejar el cambio sea la figura del águila en escudos, símbolos y logos de las compañías eléctricas, pues simbolizaba a Júpiter, dios pagano del rayo. La humanidad había vencido la superstición y el supuesto castigo divino primero con el pararrayos y luego con la transformación de la electricidad natural en energía transformadora, en luz artificial capaz de iluminar al mundo... En la actualidad, junto con las transformaciones mecánica, química, y térmica, la electricidad completa el conjunto de modalidades energéticas de uso habitual. De hecho, se ha convertido en la fuente de energía más profusamente empleada, como consecuencia de su capacidad de ser transformada de forma directa en cualquiera de las otras energías y su facilidad de transporte y gran alcance a través de las líneas de alta tensión. Aunque las fuentes de electricidad investigadas han abarcado campos poco conocidos como el aprovechamiento del movimiento y de la energía de los mares, las más generalizadas son la hidroeléctrica, fundamentada en la transformación mecánica de la fuerza de caída en los saltos de agua, la térmica, cuya base la constituyen centrales alimentadas por combustibles minerales sólidos y líquidos y, finalmente, la energía nuclear, de uso eficiente en los países desarrollados. Desde el inicio de la utilización de la electricidad como fuente energética, su producción experimentó un vertiginoso crecimiento, de cuya magnitud da idea el hecho de que modernamente los países más industrializados duplican su consumo eléctrico aproximadamente cada diez años. En la actualidad, los mayores productores mundiales de electricidad son Estados Unidos, Rusia, Gran Bretaña, Alemania, Canadá y Noruega. No casualmente, todos forman parte del mundo desarrollado.

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Cronología
Siglo VI a.C. -Tales de Mileto realiza los primeros experimentos: cuando se frota una varilla de ámbar con fibras de lana, se produce la atracción de objetos ligeros. Circa 1600 - William Gilbert emplea por primera vez la palabra "electricidad". Circa 1780 - Benjamín Franklin clasifica las sustancias en eléctricamente positivas o negativas. Se establece la distinción entre materiales aislantes y conductores. Van Musschenbrock y von Kleist inventan los primeros y rudimentarios almacenadores de carga eléctrica. 1785- Charles Coulomb enuncia la teoría fundamental de la electrostática. Circa 1800 - Oersted, Biot, Savart y Ampére aportan las primeras nociones de electromagnetismo. 1800 -Alessandro Volta inventa la pila galvánica que es el primer generador de electricidad. 1820 -Oersted descubre la relación entre electricidad y magnetismo. Ampere descubre el electroimán y abre el campo del electromagnetismo. 1821 - Michael Faraday inicia la transformación de la energía eléctrica en trabajo mecánico. En base a este experimento, Ampere formula la ley de la electrodinámica. 1827 - Georg Ohm sienta las bases de la electrocinética o estudio de la circulación de cargas eléctricas en el interior de materias conductoras (ley de Ohm). 1830 – Comienza la comunicación de mensajes a través del telégrafo eléctrico. 1841 – J.P. Joule formula las leyes del desprendimiento del calor producido al paso de una corriente eléctrica por un conductor. 1843 – Primer ensayo de iluminación eléctrica en la plaza de la Concorde, en París. 1860 – Llegan a la Argentina los primeros cables para la comunicación a través del telégrafo eléctrico. 1865 – El barco más grande de la época tiende los cables de telégrafo a través del océano Atlántico y conecta Europa con América. 1867 – J.C. Maxwell presenta sus ecuaciones generales del campo electromagnético. 1873 – Fontaine descubre azarosamente que el generador podía ser también un electromotor. Nace la aplicación de la electricidad como fuerza motriz. 1875 – Zénobe Gramme crea un generador de corriente continua. 1879 – Thomas Alva Edison presenta en público la lámpara incandescente. 1881- La electricidad comienza a ser utilizada como forma de alumbrado. Se construye en Berlín, el primer tranvía eléctrico del mundo.

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Capitulo I

Llega a la Argentina un gran invento
¿Qué ocurría en nuestro país mientras las novedades científico-técnicas invadían las exposiciones internacionales y naciones como Alemania y Estados Unidos rivalizaban en el descubrimiento de nuevos inventos? El siglo XIX fue desde su inicio una época convulsionada: luego de declarada la independencia de las "Provincias Unidas en Sud América" en 1816, no se formó un estado nacional capaz de expresar la voluntad general y las respectivas provincias mantuvieron su autonomía gobernándose a sí mismas. Guerras civiles, violencia sin fin, caudillos y autoritarismo tiñeron el período de 1820 a 1853, que culminó con la organización de la Confederación, primer intento viable de gobierno de unidad nacional. Desde 1862, hubo tres presidencias señeras: las de Bartolomé Mitre, Domingo Faustino Sarmiento y Nicolás Avellaneda, en las que no faltaron marchas y contramarchas, secesión de Buenos Aires, levantamientos montoneros y la guerra del Paraguay; problemas que debió enfrentar y solucionar la flamante nación. Terminada la etapa de formación, la situación se despejó a partir de 1880, cuando Julio A. Roca, apoyado por la Liga de gobernadores, asumió como presidente de la Nación. El lema "Paz y Administración" resumía la nueva etapa de crecimiento y progreso que auguraba un "destino de grandeza". Hemos descripto muy someramente los vaivenes políticos de la Argentina, para imaginar qué tipo de sociedad era la de entonces y cómo se vivía. Naturalmente nuestro territorio no era un paisaje de ciudades industriales como las europeas; por el contrario y parafraseando al historiador Tulio Halperín Donghi, era un inmenso desierto en busca de una nación, en el que cada tanto emergían ciudades, con su típico trazado en damero y cuyos edificios principales (casa de gobierno, iglesia e intendencia) erigidos alrededor de la plaza, marcaban el ritmo y las actividades urbanas. Este apacible escenario, se fue modificando paulatinamente, a medida que el modo de producción capitalista se expandía y, por ende, transformaba las zonas periféricas tales como América Latina. Es en este contexto donde resulta significativo analizar las transformaciones de la ciudad de Buenos Aires, que había dejado de ser la gran aldea "sucia y maloliente" de principios de siglo –según la describían los viajeros ingleses–, para convertirse en la bella ciudad portuaria, transformada y modernizada, luego de que la ley de federalización, la designara capital de la
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En pocos años la ciudad de Buenos Aires y algunas urbes del interior del país podían exhibir con orgullo los grandes cambios realizados. Con sólo pasearse por las calles se respiraba otro clima, se vivía de otra manera y se sentía que la modernidad y el crecimiento eran realidades concretas.

república y sede del gobierno nacional, en 1880. Asimismo, este hecho posibilitó la fundación de la ciudad de La Plata como nueva capital de la provincia de Buenos Aires; su construcción tardía en plena fiebre progresista de los ochenta la convirtió en una ciudad de trazado innovador (de diagonales que reemplazaban al típico damero colonial), capaz de recibir y aceptar las nuevas tecnologías: precisamente por eso, fue la primera urbe que tuvo alumbrado eléctrico. En efecto, la incorporación de las novedades del progreso científico de la humanidad, fueron posibles debido a la apertura mental de algunos pioneros que apostaron a los adelantos tecnológicos.

Los primeros emprendimientos eléctricos (1850-1880)
Para describir la historia de la electricidad en la Argentina, debiéramos dividir la segunda mitad del siglo XIX en dos partes: la primera (1850-1880) arrancaría con la consolidación de la revolución industrial y el capitalismo como sistema económico, y la segunda (1880-1907) culminaría con la implantación y uso masivo de la electricidad. Durante la primera etapa, que coincide con los tiempos de desarrollo científico-técnico europeo, encontramos una serie de experimentaciones en busca de una nueva fuente de iluminación. En una conferencia dictada en 1946, Eulalio Raúl Vergara relató pormenorizadamente las anécdotas que aquí comentamos: el odontólogo de origen vasco-francés Juan Echepareborda, realizó el primer ensayo de iluminación eléctrica, en 1853. Este gran precursor, aficionado al estudio de la electricidad y la mecánica, invitó a su casa a varios profesores de medicina para mostrarles un espectacular experimento que el diario La Tribuna del 4 de septiembre de 1853, describió así: "fue magnífico el efecto que produjo esa luz sobre los muros de las casas (el suceso se realizó en los altos de su propia vivienda, ubicada en Suipacha y Rivadavia), sobre los muebles y sobre los mismos rostros. Semejante a una aurora boreal, la luz eléctrica alumbra los espíritus y deslumbra sin herir ni fatigar los ojos y sería sorprendente el espectáculo que ofrecería la Plaza de la Victoria o alguno de sus frentes iluminados por el admirable aparato del señor Echepareborda, en cuyo elogio debe24

mos decir que, es el primero, entre nosotros, que lleva a cabo esta clase de ensayos, que demandan inteligencia, gastos y una asidua contracción"(1). Este extenso párrafo contiene todos los tópicos que se desarrollarán posteriormente cuando la electricidad sea una realidad: desde la recurrente comparación de la luz eléctrica con el sol y la idea de que otorga claridad mental, hasta los costos de su implementación, tal como veremos más adelante. También es interesante resaltar que este experimento de Echepareborda se concretó apenas diez años después del primer Las primeras luces. ensayo de alumbrado público realizado en la Plaza de la ConcorLa primera mención conocida sobre alumbrado público data de de de París (Francia), el 20 de octubre de 1843, en el que se uti1744 y corresponde a un bando de buen gobierno dado por el entonces gobernador Domingo Ortiz de Rozas, quien ordenaba lizó el arco eléctrico entre electrodos de carbón, aparato similar que tiendas y pulperías colocaran faroles desde la oración y hasal usado por nuestro precursor. ta las 10 horas en verano y 9 en invierno, para evitar "ofensas Seguramente el seguimiento de las actividades de Echepareborcontra Dios". Más adelante, siendo gobernador el futuro virrey Juan José de Vértiz y Salcedo reiteró similares instrucciones, en da se debe a la novedad y al deslumbramiento (vaya la redun1770, 1772 y también en 1774 puesto que no se cumplían las dancia) que causaban sus experimentos; por eso, el mismo diadisposiciones observadas. Esta vez, el propósito del alumbrado rio La Tribuna anunció el 10 de noviembre de 1853 que se proera más completo pues servía para "evitar robos, muertes y otros excesos" y, a su vez, era "a ejemplo de las ciudades principales ponía –para el día siguiente–, alumbrar con luz eléctrica el inde Europa". Los faroles eran iluminados con velas de sebo y, en terior del cuartel del batallón San Martín, adelantando que iba 1777, siendo Vértiz virrey estableció en forma definitiva el a ser un espectáculo maravilloso. alumbrado público y otorgó a Juan Antonio Ferrer, la primera concesión para el cobro del servicio de luz. El debate sobre el uso de la electricidad ya era frecuente, aunque todavía se desconocían sus grandes aplicaciones: el diario El Nacional del 26 de octubre de 1853, recuerda a sus lectores que la luz eléctrica se produce "por fuertes pilas galvánicas entre puntos de carbón y que da un brillo como el sol"; pero agrega: "esta luz no es muy a propósito para el alumbrado común, porque no puede conservarse en una y la misma fuerza prescindiendo de otras causas menos ostensibles pero no por eso menos inconvenientes en su conjunto". Con motivo de los festejos del 25 de mayo, el diario La Crónica del 28 de mayo de 1854 hace referencia a un nuevo trabajo de Echepareborda, bajo el sugestivo título de "Para la Historia": "Por la noche fuegos artificiales e iluminación a gas, y para hacer más brillante la fiesta, el señor Echepareborda colocó sobre la Recoba Nueva, dos aparatos de luz eléctrica con los cuales anonadó los faroles de gas y aceite, enseñoreándose sobre la concurrencia que atónita de la belleza de aquella ‘aurora boreal’ volvía los ojos hacia esos focos brillantes, verdadera maravilla de la ciencia humana. La Plaza estaba tan clara como de día, pudiendo leer los caracteres de lápiz y aún retratar al reflejo de aquella luz hermosa. Felicitamos de paso al señor Echepareborda por el éxito completo de ‘sus aparatos’".
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Los emprendimientos de este vasco pionero coincidieron con el cambio del sistema de iluminación en Buenos Aires, aunque no se trataba de luz eléctrica sino del alumbrado a gas, que luego de tímidos esbozos se inauguró oficialmente en 1856. Ya en la década de 1860 comienza a lucirse en Buenos Aires el uso de "sofisticados" aparatos eléctricos. Primeramente fue la instalación del telégrafo, cuyo uso masivo en Europa comenzó en 1850; luego, a medida que se conocieron las innovaciones fue común utilizar las campanillas eléctricas para llamar al personal de servicio y los relojes eléctricos, que se hicieron comunes en hoteles y barcos. Más importante aún, en 1874 se instaló el primer cable telegráfico de comunicación submarina y en 1878 el primer teléfono; estas novedades se conocieron en nuestro país casi en simultaneidad con el "mundo desarrollado". No obstante esto, frecuentemente estos inventos no suelen asociarse con la electricidad; probablemente por una característica técnica que los diferencia: utilizan bajas tensiones y su difusión fue temprana (llegaron casi al mismo tiempo que los ferrocarriles).
Buenos Aires y el entorno de la Plaza de Mayo. Una ciudad tranquila y apacible que conservaba a mediados del siglo XIX un aire colonial.

La iluminación de las grandes ciudades
Es indudable que los dos grandes "asuntos" de la electricidad son el suministro de alumbrado (público y privado) y el transporte, porque forman parte del gran núcleo problemático de la generación, transmisión y transformación de la corriente alterna; ambos puntos pertenecen y conforman los cambios del universo científico posterior a 1880. El período tratado abarca desde 1880 hasta 1907 y comprende la instalación de las primeras empresas, la multiplicidad de sistemas eléctricos utilizados y la discusión sobre la conveniencia de municipalizar los servicios eléctricos. En realidad, desde los tiempos coloniales la municipalidad tuvo a su cargo el suministro del alumbrado público que podía otorgar o no a un concesionario. Por esa razón y tal como apuntábamos antes, los pedidos y las demostraciones para las concesiones debían obtener la decisión final del municipio. La importancia de esta segunda etapa, está relacionada con el descubrimiento de la lámpara incandescente de Edison y la revolución tecnológica, que estalló en 1870 y cuyos "efectos" recién comenzaron a utilizarse en nuestro país a finales del siglo XIX. Tal como sostienen en su exhaustivo estudio monográfico Jorge Liernur y Graciela Silvestri a quienes seguimos en este apartado, estas grandes novedades se dieron a conocer rápidamente en Argentina aunque no generaron confianza en la población y mucho menos en los sectores dirigentes. A modo de ejemplo, observemos que en 1881 (adviértase que sólo habían transcu-

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rrido dos años del invento de Edison) llegó Fermín Vieyra como representante de Stagg Brothers de Londres, y le propuso a la Municipalidad de Buenos Aires el alumbrado de la ciudad con iluminación eléctrica. Se rechazó el ofrecimiento por considerarlo un paso prematuro pues todavía no existía ninguna "gran ciudad europea" iluminada por este nuevo sistema. No sorprende que el único hombre público que estuvo a favor de esta iniciativa haya sido Domingo F. Sarmiento, pero solamente era la notable excepción que confirmaba la regla. En efecto, Sarmiento ya desde sus primeros escritos, Facundo (1845) y luego en sus Viajes (1846/48), describió a la electricidad como un gran prodigio. Sin duda pensaba en el telégrafo y en el teléfono que había conocido en Europa (que como vimos, no forman parte de los grandes hitos de la electricidad). Pero luego de 1880, ya advertía "la dimensión técnica y las consecuencias globales de un mundo electrificado" (2). Respecto de lo que la electricidad significaba, resulta interesante describir las razones esgrimidas por Sarmiento y por la prensa sobre el ofrecimiento de Vieyra. Mientras los funcionarios se opusieron por temor y desconocimiento, Sarmiento desplegó argumentos que desnudaban la relación existente entre progreso técnico y oportunidad económica "(...) los capitalistas europeos echan la vista por el mundo en busca de ciudades iluminables inmediatamente por la electricidad, mandan sus agentes a Buenos Aires a ofrecer las primicias de grandes descubrimientos (...). No es nuestra municipalidad la que con sus luces habrá de decidir sobre la practicabilidad de la industria eléctrica. Es la ciencia conjunta de todas las naciones y la opinión del capital la que decide en este punto. Hace tres años que Edison lanzó a la circulación la idea de aquella posibilidad y recuerdan que aún aquí bajaron las acciones del gas. Es ahora que está en ensayos cuando se pueden hacer mejores arreglos" (3). Resulta pues, admirable y de una extraordinaria vigencia, el pensamiento pragmático sarmientino sobre la combinación de nuevas inversiones y disponibilidad de capitales. Sin embargo, la desconfianza de las autoridades era comprensible en ciertos aspectos, puesto que, por un lado, reflejaba la mirada temerosa sobre las nuevas tecnologías y por otro, ponía el acento en un punto que no era insignificante: las instalaciones eléctricas de entonces no tenían todavía suficientes medidas de seguridad que evitaran los accidentes mortales (más allá de que las compañías se empecinaron en aclarar que se debían a la impericia o descuido del trabajador). Los temores, pues, eran generalizados. Como dato curioso podemos anotar que había más confianza en los inventores y por eso los productos llevaban sus respectivos nombres (Edison, Siemens, Marconi o Westinghouse) que en la imagen o marca de una empresa, como se da en la actualidad.

Sarmiento camina sobre el telégrafo; 1873.

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Las infructuosas demostraciones
Los primeros ensayos de uso de la electricidad para iluminación artificial datan de 1882, tres años después del invento de la lámpara incandescente de Edison, cuando ya se perfilaba como un gran negocio. En efecto, ese año llegó a Buenos Aires un agente de Fabry y Chaucy, firma financiada por Edison para asegurarse las patentes de su lámpara en Argentina. Como representante de la empresa de Edison, Mc Carthy efectuó la primera demostración iluminando la Confitería del Gas, ubicada en las actuales calles Rivadavia y Esmeralda. Antes de otorgarle la patente, las autoridades municipales le habían exigido una prueba del nuevo método de iluminación y, para lograr su propósito, instaló una pequeña dínamo de 15 HP (horse power o caballo de fuerza). También en 1882, la empresa Brush Electric de Estados Unidos, representada por el La irresistible luz a gas. señor Walter R. Cassels, inició gestiones para obtener la concesión Las fiestas patrias eran buenas ocasiones para mostrar novedades de alto impacto: el 25 de mayo de 1824, a pesar de las dificultadel alumbrado público y privado de la ciudad. El entonces intendes, la Pirámide de Mayo fue iluminada a gas. El responsable fue dente Torcuato de Alvear, otorgó el permiso verbalmente, el inglés Santiago Bevans (ingeniero hidráulico y abuelo del ex viposibilitándole la instalación de una usina precaria en el Mercacepresidente Carlos Pellegrini) que ya había instalado un gasómetro en las actuales calles Reconquista y Rivadavia. El sistema redo del Centro, situado en las calles Perú y Alsina. Si bien se cocientemente descubierto en Europa, era recomendado ese mismo locaron cuarenta lámparas de arco ubicadas en el propio mercaaño por el doctor Manuel Moreno (hermano de Mariano y profesor do y en las calles Perú y Florida, la poca estabilidad de la luz y de química). Si bien su informe describía las ventajas de la iluminación a gas, ésta se instaló en Argentina mucho después: fue las imperfecciones de la instalación de la pequeña usina provocainaugurada también un 25 de mayo, pero de 1856, con la ilumiron airadas protestas del público, lo que motivó finalmente que las nación de la Plaza de la Victoria, el cabildo, la municipalidad y la autoridades municipales, luego de gran indecisión, negaran la recova. La primera concesión de alumbrado a gas se dio en 1851, a Jauconcesión. El propio Cassels también había iluminado eléctricanet Hnos. que construyeron el gasómetro (nombre popular de la fámente los pabellones de la Exposición Continental de Plaza Once. brica de gas) en Catalinas, donde actualmente está la Torre de los Los primeros intentos de iluminación tuvieron como "objetivo Ingleses, frente a Retiro. En 1856, luego de la inauguración oficial, se fue extendiendo y sucomplementario", la cualidad de adornar o ser un espectáculo en ministraba gas a casas particulares. Comparada con la iluminasí mismos. En general las nuevas técnologías se exhibían y probación de aceite, el gas alumbraba "demasiado", según criticaba la ban en espacios y edificios representativos o en fiestas oficiales. prensa, pues "la ciudad parecía siempre de fiesta". En 1856 Jaunet transfiere la concesión a la Sociedad del Gas, luego transforIgual que en las ciudades europeas, las demostraciones realizadas mada en Compañía Primitiva de Gas, que prestó servicio hasta en Buenos Aires fueron seguidas con sumo interés por la pobla1874, año en que le cedió un porcentaje del paquete accionario a ción curiosa y, en el caso de la Exposición Continental de 1882, la Compañía Nueva de Gas. Posterior a 1897 existían tres compañías de gas: la Primitiva, la Nueva de Buenos Aires y Gas del Río también cumplió una función educativa: mostrar qué era y cómo de la Plata. se generaba la electricidad. No obstante los esfuerzos realizados En 1856 había 500 faroles alimentados a gas. Una gran inversión por Cassels para lograr reconocimiento, la mentalidad de los funse obtuvo en 1876 con la instalación de 3.663 focos, luego se redujeron por razones económicas y recién en 1915, alcanzaron la cionarios y de la población (mayoritariamente conservadora) tercifra máxima con la colocación de 17.796 faroles; a partir de esminaron rechazando estas iniciativas. ta fecha el alumbrado público a gas empezó a ser sustituído por la
28 electricidad hasta ser definitivamente retirado en 1920.

La Plata: primera ciudad iluminada de América Latina (1883)
Cuando se le negó la concesión en 1883, Cassels –desalentado– desmontó sus instalaciones y se trasladó a la ciudad de La Plata, atendiendo a una invitación que le realizara el propio gobernador, Dardo Rocha. Allí instaló la primera usina y 200 focos de dos mil bujías cada uno, bajo la dirección del ingeniero Nelson (llegado al país en 1881) y convirtió a La Plata en la primera ciudad sudamericana alumbrada a electricidad y con la primera central eléctrica del país (1886). El alumbrado eléctrico público se extendió rápidamente e incluso se utilizó para viviendas particulares. La nueva ciudad mostraba orgullosa su gran adquisición y en 1892 sumó otro estreno: el primer tranvía eléctrico. Se denominó Tramway Ciudad de La Plata, y la provisión eléctrica también fue realizada por la Compañía de Electricidad del Río de la Plata, dirigida por el propio Cassels. El 9 de noviembre de 1892 se realizó el paseo por avenida Independencia desde la calle 50 hasta la 45. En el primer viaje inaugural, Cassels conducía el tranvía y llevaba como pasajeros al ministro de Obras Públicas de la provincia, diputados, senadores e invitados especiales. Tres días después se repitió la experiencia en un tramo más largo, alcanzando un rotundo éxito. Luego de las hazañas platenses, Cassels instaló servicios eléctricos en San Nicolás, Tucumán, Rosario y una zona de la Capital Federal. La gran luminaria de La Plata se conoció y ponderó rápidamente y contribuyó a que el sistema de alumbrado eléctrico se generalizara: ya en 1886 se iluminó eléctricamente Montevideo, cuando se creó la Sociedad de Alumbrado Eléctrico, compañía privada que fue estatizada en 1897. Muchas ciudades del interior como Córdoba y Rosario, realizaron ensayos antes que Buenos Aires y cuando ésta comenzó, una cantidad de ciudades y pueblos bonaerenses lo hicieron simultáneamente: Mercedes, en 1891; Bragado y Bahía Blanca, en 1897, entre otras.

La ciudad de La Plata fue la primera en América Latina que contó con iluminación eléctrica.

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Las peripecias de Rufino Varela
Si bien, en el año 1886, se otorgó a Rufino Varela (h) la primera concesión para suministro de alumbrado eléctrico de la ciudad de Buenos Aires, este sistema tardó muchos años en imponerse. En efecto, el gas como fuente de iluminación urbana subsistió hasta bien entrado el siglo XX y las primeras grandes usinas de electricidad se registraron entre 1907 y 1912. Fue un hecho ajeno y fortuito el que decidió la sustitución definitiva del alumbrado a gas, alcohol y kerosene por el eléctrico: un extendido conflicto ferroviario durante la presidencia de Hipólito Yrigoyen en 1917, originó problemas con la provisión del combustible para las usinas a gas, razón por la cual se incrementó el uso de electricidad. El joven ingeniero Rufino Varela (h) tempranamente advirtió la potencialidad de los negocios eléctricos y, ya en 1887, instaló el primer servicio eléctrico en la ciudad de Buenos Aires. Se trataba de una usina de 12 HP para proveer de alumbrado particular a un lote situado frente a la Catedral, por calle San Martin entre Rivadavia y Mitre. Posteriormente amplió este servicio –mediante permiso municipal– al alumbrado público de la calle Florida. En un segundo contrato instaló 13 focos en el Parque Tres de Febrero. Este contrato fue ampliado en 1899 por lo que agregó 36 focos en el parque, requeridos por el famoso Corso de las Flores que celebraba anualmente la Sociedad de Beneficencia y al que concurría la alta sociedad porteña. En realidad, no resulta casual que las primeras concesiones (al igual que las pruebas) se realizaran en los paseos favoritos de los porteños. Varias eran las ventajas con las que contaba Varela: por un lado era emprendedor, pero también estaba vinculado con empresas de electricidad y de capitales alemanes y, además, era hijo de un alto funcionario del gobierno del presidente Miguel Juárez Celman. Estas razones, le permitieron obtener en 1889 la concesión para la usina del puerto, necesaria para el trabajo nocturno en aquellos años de febril actividad portuaria. Asimismo tuvo a su cargo el cambio de iluminación de doce de los catorce teatros con los que contaba la ciudad. Fue el gran incendio ocurrido en la Opera Cómica de París en 1889, el que decidió a las autoridades municipales a cambiar de sistema de iluminación; incluso el nuevo Teatro de la Opera que todavía no había terminado de construirse, fue equipado con iluminación eléctrica, incorporando una usina construida en el mismo teatro. En efecto, para la instalación de lámparas de arco en sus obras, Varela se vinculó a la industria eléctrica alemana Berliner Gesellschaft, filial de Allgemeine Elektrizität Gesellschaft, gran monopolio perteneciente a la familia Rathenau, fundado en 1887. Como puede advertirse, en Argentina y en Buenos Aires los intereses de los capitales alemanes y estadounidenses también compitieron.

El ingeniero Rufino Varela fue quien obtuvo la primera concesión para el suministro de energía eléctrica en la ciudad porteña.

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El último farol.
Hubo épocas en las que funcionaron tres sistemas distintos de iluminación al mismo tiempo: farol a vela hasta 1853, con aceite (desde 1840 y hasta 1869 en que fue sustituído por kerosene) y desde 1856, el alumbrado a gas. El sistema de iluminación al aceite fue el más criticado porque se extraía de las yeguas y como existía la prohibición de matarlas en determinadas épocas, escaseaba y elevaba demasiado el precio del producto. El alumbrado a kerosene, tuvo sus primeros ensayos en 1865 y se implantó cuatro años después con 1.709 faroles. Comenzó siendo una inversión privada hasta su municipalización, en 1891. La cifra máxima de instalación fue en 1900 cuando se colocaron 8.590 faroles y fueron totalmente retirados en 1925. Sólo quedaron 56 faroles sistema "kitson" y 37 sistema "auto luz" que no pudieron ser sustituidos hasta 1928 por estar instalados en Villa Luro al norte, hasta donde todavía no habían llegado los cables de distribución de electricidad. El último sistema de iluminación anterior al uso masivo de la electricidad fue el de alcohol carburado, que se implantó en 1905, se suspendió por la falta de alcohol durante la Primera Guerra Mundial y se reinició en 1920 con la instalación de 1.800 faroles. El último año de inversiones en el cual se colocó la cifra máxima de 5.029 faroles fue 1927. El sistema quedó eliminado totalmente cuando el intendente José Guerrico apagó el último farol, situado en la esquina de Avenida del Trabajo y Escalada, el 19 de marzo de 1931

Foto de la primitiva Usina a Gas de Buenos Aires instalada a pasos de la Avenida de Mayo. En un comienzo , este pequeño gasómetro abastecía a los escasos pobladores de la ciudad. A los pocos años debió ser reemplazado por edificios construidos especialmente para abastecer de energía eléctrica.

Las batallas de los inversores: alemanes e ingleses
La construcción de las primeras usinas se caracterizó por la precariedad, diversidad y dispersión. La Compañía Primitiva de Gas (asociada a la compañía de Edison) instaló la primera usina en calle Cuyo entre Suipacha y Artes; era pequeña y alimentaba principalmente la zona de Avenida de Mayo. En 1887, con la colaboración del ingeniero Rufino Varela, los hermanos Angel y Carlos Cúneo llevaron a cabo el primer sistema de electrificación rural en 2000 voltios para las quintas de Olivos, Martínez, San Isidro y Tigre, cuando instalaron en su aserradero de San Fernando una dínamo accionada por un locomóvil de 10 HP que servía también para dar luz a los vecinos. Por su parte, la municipalidad de la ciudad de Buenos Aires, estrenó usina propia, ubicada en la calle Alsina entre Defensa y Balcarce (posteriormente fue trasladada a Bouchard y Cuyo, actual Sarmiento). Equipada con materiales comprados antes de la debacle financiera de Juárez Celman, fue inaugurada por el intendente Seeber, en 1893.
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A principios de siglo varias compañías extranjeras pugnaban por tener la concesión de energía eléctrica. La Usina de la Compañía Alemana de Electricidad estaba instalada en pleno centro urbano, en las calles Paraguay y Tres Sargentos.

En ese mismo año, se estableció la Compañía de Luz Eléctrica y Tracción del Río de la Plata (CLETRP), de origen inglés. También Las primeras estadísticas. Según el censo de 1895 había en el país 16 centrales eléctricas, en 1893, la Compañía General de Electricidad de la Ciudad de con una potencia instalada de 3.800 HP, distribuidas así: Buenos Aires (CGECBA) obtuvo la concesión de alumbrado de * 7 en la Capital Federal: Cuyo, Catalinas, San Martín, Alsina, una zona centro de la capital. Si bien en 1894, Varela había obCorrales, Palermo y Flores. * 5 en la provincia de Buenos Aires: La Plata, Mercedes, San Nitenido el permiso para instalar 18 focos de arco voltaico en la colás, San Fernando y Adrogué. calle Florida, desde Avenida de Mayo hasta Lavalle, con la lle* 2 en la provincia de Santa Fe: Rosario y Santa Fe. gada de empresas de capital extranjero comenzaba el período de * 1 en Tucumán * 1 en Catamarca las grandes inversiones en las concesiones de la electricidad. La Las instalaciones fueron de corriente continua, con dínamos accioCLETRP (inglesa) obtuvo en 1895 la concesión para construir la nadas por motores a vapor directamente acoplados o con transmiusina Tres Esquinas de Barracas al Norte para alumbrar el Riasión a base de correa, efectuándose la distribución a tensiones de 110 ó 220 voltios por líneas bifiliares aéreas, que a partir de 1900 chuelo, que fue realizada con equipos estadounidenses y resulfueron reemplazadas por líneas subterráneas. tó –por sus dimensiones–, la tercera obra de envergadura del país, sólo superada por las de Rosario y La Plata. Asimismo, en 1896 se fusionaron la CGECBA (alemana) con capitales del Deutsche Uberseische Bank y formaron la Compañía Alemana Transatlántica de Electricidad (CATE) que, instalada en Buenos Aires desde 1898, sostuvo una política agresiva para ampliar su mercado. Como prueba de la necesidad de grandes inversiones, puede decirse que el propio Rufino Varela traspasó (entre 1898 y 1901) todos los permisos que le fueron concedidos a la Compañía General de Electricidad de la Ciudad de Buenos Aires (CGECBA), que el 23 de mayo de 1898 había obtenido la concesión, a su vez, para proveer de alumbrado público y privado. La primera usina de la CATE estaba situada en la calle Paraguay y luego adquirió la de otras compañías: desmontó la de San Juan de la Compañía del Río de la Plata, ensanchó la de Paseo de Julio e instaló oficinas en la calle Cuyo. En 1899 se instaló la Central Cuyo (actual Sarmiento), entre Carlos Pellegrini y Suipacha, con el sistema de distribución trifilar de 2 x 110 voltios. Fue la central de avanzada para la época y perduró hasta 1930. En el lento proceso de construcción de la red de iluminación eléctrica, representó un hito importante el paso dado en 1903 cuando la CATE firmó un acuerdo con las compañías inglesas por el cual, la provisión de energía eléctrica quedaba exclusivamente en Portada del libro de la CATE publicado en 1916.
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poder de los alemanes mientras que a los ingleses les correspondía la explotación monopólica de la red tranviaria metropolitana. Por último, la primera instalación eléctrica con corriente trifásica se inauguró en la provincia de Córdoba en 1898, en la central hidroeléctrica de Casa Bamba situada a 32 kilómetros de la ciudad y que operaba con las aguas embalsadas del dique San Roque.

Un hombre de negocios.
Theodore Vail (1845-1920) fue un empresario y financista estadounidense que a fines del siglo pasado realizó grandes emprendimientos en Argentina. Dos célebres proyectos se deben a sus inversiones e impulso entusiasta: el primero, relacionado con la generación de electricidad y el otro, con la construcción de transportes eléctricos. Luego de la inauguración del dique San Roque, en 1891, se construyó la usina Casa Bamba, situada aproximadamente a 30 kilómetros de la ciudad, entre el dique y La Calera. Su nombre recuerda a Bamba, bravo cacique de los indígenas comechingones. La usina comenzó a funcionar en 1897 y en 1898 la última fase. Operaba con las aguas del Río Primero embalsadas por el dique; dicha planta se transformó en el primer aprovechamiento hidroeléctrico de Sudamérica. Previsto para funcionar con una caída de agua de 30 metros, el alternador de la usina acoplado a la turbina era de 1.000 kilovatios, 60 ciclos y 700 voltios que se elevaban a 10.800 para transmitir a todo Córdoba, impulsando el consumo de electricidad en la industria y el transporte. Luego, asociado a Charles Thursby –a quien conoció fortuitamente en un barco–, convirtió la empresa porteña "La Capital" de tranvías a sangre (que había pertenecido a Wenceslao Villafañe), en un brillante negocio de tranvías eléctricos. Cuando la compró en 1895, se convirtió en el presidente de la compañía Tramway Electric La Capital Co. y obtuvo dos concesiones: una, para prolongar la línea hasta Flores y otra, para cambiar por tracción eléctrica. El primer tramo entre la plaza de Flores y San Juan y Entre Ríos fue inaugurado el 3 de diciembre de 1897; la sección comprendida entre Paseo Colón y Entre Ríos fue inaugurada a fines de julio de 1898 con la asistencia del presidente electo Julio A. Roca, quien recorrió el itinerario hasta Flores en un coche de lujo especial llamado el Palace Car. Por nueva concesión, llegó desde Flores hasta los Mataderos de Liniers, donde además de transportar personas, realizaba el acarreo de carne hasta la ciudad, utilizando tranvías especialmente adaptados. Los coches de pasajeros, de origen estadounidense, eran llamados imperiales de dos pisos, cerrados abajo y abiertos arriba. Poseían capacidad para 54 pasajeros: 24 en el interior, 24 en el imperial y 6 en las plataformas. El conductor controlaba la velocidad por medio de una manivela que se hallaba sobre la tapa de una caja cilíndrica, colocada verticalmente en cada una de las plataformas. A la derecha había otra manivela que servía para invertir la corriente y marchar hacia adelante o atrás. Cada coche estaba equipado con dos motores eléctricos GE-1000 de General Electric Co., que alcanzaban una velocidad de 25 kilómetros por hora. Vail tuvo negocios en Argentina hasta 1907, en que volvió a hacerse cargo de la presidencia de American Telegraph and Telephone Co. (AT&T) de New York. 33

Electricidad pública o privada
Tardíamente, en 1896, la municipalidad resolvió enviar a Europa a un funcionario para que investigara e informara sobre las conveniencias o inconveniencias del alumbrado eléctrico de la ciudad de Buenos Aires. El informe resultó poco útil pues Francisco Abella (funcionario del área de Alumbrado que fue comisionado a Europa) describía distintos sistemas que en ese momento resultaban incompatibles. En efecto, Abella volvió con un proyecto muy ambicioso sobre la instalación de usinas: proponía la construcción de una sola a orillas del Río de la Plata, que enviaría fuerza motriz a tres subestaciones por alta tensión subterránea; las subusinas estarían ubicadas en la calle Caseros entre Chacabuco y Piedras, y en los barrios de Flores y Belgrano. Asimismo impulsaba la colocación de tres faroles por cuadra en el centro y dos luces en las esquinas en el resto de la ciudad. Más adelante, se conoció el proyecto de Jorge Newbery (1904), nuevo director de Iluminación de la municipalidad, quien proyectaba la construcción de una usina central con 20 subestaciones y 80 transformadores ubicados en las seis secciones del municipio y proponía la distribución secundaria de baja tensión de 3 x 225 voltios que luego unificaría CATE. En realidad el debate de fondo se planteó recién en 1906 cuando se aceptó la monopolización de la CATE del sistema de alumbrado. Obviamente la CATE –que era monopólica desde 1903– se expandió hacia aquellas áreas redituables, tales como la zona norte (donde lo El aviador e ingeniero. importante era el consumo privado) y la zona fabril del sur. PaJorge Newbery conocido por ser uno de los fundadores de la aera 1912 estaba iluminada la mitad del municipio, de los cuales ronavegación argentina y por sus hazañas deportivas que lo 22,5% tenía electricidad y 72,5% otro sistema (de los cuales consagraron como ídolo popular, fue además un destacado fun cionario durante el período transcurrido entre el fin de siglo 48,3% era a gas).

XIX y principios del XX. Ingeniero electricista egresado de la Universidad de Cornell, Estados Unidos, había sido alumno de Thomas Alva Edison. Regresó a la Argentina en 1895 y se incorporó a la Compañía de Luz Eléctrica y Tracción del Río de la Plata (CLETRP) en un cargo jerárquico. Más tarde, en 1900, el intendente Adolfo Bullrich lo nombró Director General de Alumbrado de la Municipalidad de la ciudad de Buenos Aires. Desde la función pública defendió la municipalización de los servicios de gas y luz contra los intereses de las compañías inglesas, hasta ese momento únicas proveedoras. Su posición puede considerarse sorprendente para la época y sobre todo para un miembro conspicuo del sector social al que pertenecía. 34

Educar al soberano
Es sabido que la única forma de contrarrestar las supersticiones y los conocimientos oscuros es a través de la educación. El Río de la Plata había tenido desde principios del siglo XIX una prensa eficiente destinada a divulgar las nuevas ideas y los nuevos saberes. Sobre la electricidad, las primeras noticias conocidas se remontan a 1804, en el Semanario de agricultura, industria y comercio, Hipólito Vieytes expuso los problemas "del calórico" y de "la luz" y tradujo artículos de Benjamín Franklin (4). Aún en el período de la desorganización institucional previo a la batalla de Caseros (1852), el intercambio o la recepción técnico-científica con el Viejo Mundo fue bastante fluida. Los hombres de la cultura y la política tenían un ávido interés por los adelantos técnicos y científicos, probablemente por considerarlos indispensables para el proyecto de construcción de una gran nación. En 1854, Sarmiento tradujo Las maravillas de la ciencia, de Figuier, donde se trataban temas de electricidad. Más adelante, en sucesivos artículos periodísticos de finales de la década de 1870, el sanjuanino utilizó originales argumentos en defensa de la electricidad: admirador de Franklin, señaló que con la invención del pararrayos, había destronado a Júpiter, dios del rayo. Esta descripción sarmientina no era una mera imagen, era en realidad un símbolo de los nuevos tiempos en donde la "inteligencia humana" había logrado frenar a la naturaleza y al rayo. Es indudable que la fe en el progreso científico se encontraba en su mejor momento, por eso Sarmiento fue más lejos aun y colocó a la iluminación eléctrica como sinónimo de transparencia de los asuntos públicos frente a las sombras oscurantistas y dogmáticas que permitía el alumbrado a gas, de uso común en ese momento. Hasta 1890 podemos rastrear la difusión de los problemas científicos y técnicos de la electricidad en artículos de divulgación y en revistas de cultura general y también advertir un discurso homogéneo y unitario sobre los mismos. Este entramado de cultura, técnica y ciencia se perdió a fin de siglo y probablemente la complejidad de los postulados científicos haya colaborado con el progresivo distanciamiento de los hombres de la cultura y la problemática técnica. Sin embargo y poco a poco, la sociedad fue incorporando los saberes científicos y en 1906 se creó en la Universidad de La Plata la primera cátedra de electricidad que, aunque con algunos errores respecto de qué era la electricidad, sirvió para formar profesionales nativos, necesarios para la inminente realización de obras eléctricas.
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Teatro de la Opera. Las luces no sólo embellecían la ciudad sino que alargaban la vida nocturna de los porteños. Hasta los teatros utilizaron iluminación eléctrica en su interior.

Una luz que suprime la noche
El plan de alumbrado urbano por electricidad no siguió un tendido regular y constante; y si bien se iluminó primero el centro, la municipalidad tuvo a su cargo desde el principio la iluminación de sus propias construcciones de infraestructura sanitaria o de servicios (hospitales y mercados, entre otros). Sus propios edificios estaban equipados con pequeñas usinas que a veces podían vender electricidad a vecinos particulares. La iluminación de una ciudad desde los tiempos coloniales siempre fue considerada como área de la policía, pues resultaba necesaria por seguridad y control. También en el caso de la electricidad ocurrió lo mismo, el propio intendente Alvear señalaba: "pavimento y luz artificial como necesidades principales de la ciudad" (5). No obstante esto, es más cierto aún que no se utilizaron los mismos argumentos cuando se trataba de exponer razones para extender el alumbrado eléctrico; en efecto en las zonas céntricas y en los barrios residenciales el razonamiento más utilizado apelaba al confort, la belleza y el progreso; por el contrario, en zonas periféricas o marginales, se esgrimían la seguridad y el control para emplazar los potentes faroles. En el debate sobre la privatización/municipalización de 1906, la iluminación artificial suburbana fue considerada como forma de diseminación de la mirada del poder; al respecto es elocuente la frase del disertante Ernesto de la Cárcova, que afirmó "un farol de luz puede reemplazar en muchos casos a un agente policial"; en el debate, el "espacio de luz" era asimilable al "espacio de ley"(6). Resulta revelador que el alumbrado se haya impuesto definitivamente primero en dos zonas marginales: en 1889, en los corrales del Abasto (actual Parque Patricios) por necesidad de trabajo nocturno de los establecimientos cercanos, y en el Riachuelo, en 1895. Para concluir podemos afirmar que la modernidad y las grandes metrópolis delineadas a fines del siglo XIX, son impensables sin una iluminación intensa "que suprima la noche" según la acertada frase de Sarmiento. La llegada de la luz eléctrica a todos los rincones públicos y privados convirtió a las ciudades en un espectáculo permanente, pues incorporó a la noche como espacio ocioso y placentero. Más allá de las funciones y la división entre actividades diurnas (generalmente laborales) y nocturnas (concurrencia a espectáculos), el alumbrado público urbano decoró las calles por las que los paseantes disfrutaban de la seguridad en una noche iluminada.
Casi contemporáneamente a los ensayos de iluminación en las grandes capitales del mundo, Buenos Aires realizaba sus primeros intentos de iluminar la ciudad al mismo tiempo que recibía a los inmigrantes europeos prometiéndoles un suelo donde trabajar la tierra y donde desarrollarse.

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La llegada del tranvía
El otro "asunto" importante del uso de la electricidad era el transporte. Las primeras concesiones eléctricas que otorgó la ciudad de Buenos Aires fueron para el servicio de tranvías. En 1895 se dieron las primeras concesiones tranviarias a compañías alemanas e inglesas; sin embargo, la concreción del primer tranvía eléctrico de Buenos Aires fue obra del ingeniero estadounidense Charles Bright, que era dueño de una usina propia. Muchas de las concesiones entregadas no pudieron realizarse porque había varios obstáculos para sortear: primeramente debían ser aprobadas por el Concejo Deliberante y luego, debían librar una feroz pelea contra las empresas locales, tales como "Tranvía a Belgrano" que con coches tirados por caballos, recorría un tramo similar al del nuevo tramway de Bright, establecido en el boulevard Las Heras entre Canning y Santa Fe. Finalmente el tesón y la pericia de Bright lograron pasar los escollos y luego de una rápida construcción, se inauguró el 22 de abril de 1897 en un viaje con funcionarios e invitados especiales, el tranvía eléctrico. Los coches alcanzaban una velocidad de 15 kilómetros por hora con lo cual el viaje de ida duraba tres minutos y medio. Luego, al caer la tarde, se abrió al público. El entusiasmo popular fue general y cuando terminó el día 1500 personas habían subido al tramway y realizado el trayecto de ida y vuelta hasta los Portones de Palermo (actual Plaza Italia). El servicio se popularizó rápidamente, sobre todo cuando en 1903, por el mencionado acuerdo con las compañías alemanas, las concesiones de tranvías quedaron exclusivamente en manos de firmas inglesas. Este paso resultó crucial: según las estadísticas dadas por James Scobie, en 1899 el 88% del transporte tranviario era propulsado a sangre y, el 12% a electricidad; en 1907 la proporción se invirtió y la tracción a sangre representaba un 3%, frente al 97% fraccionado a electricidad (7).
Viaje inaugural del servicio de tranvía eléctrico de la Plata.

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Cronología (1850-1900)

1853 – Juan Echepareborda realiza el primer ensayo de iluminación eléctrica del país en su casa de Suipacha y Rivadavia. 1856 – Se inaugura el sistema de alumbrado público a gas en Buenos Aires. 1860 – Llega el telégrafo eléctrico a la Argentina. 1874 – Se instala el primer cable telegráfico de comunicación submarina. 1881- La Municipalidad de Buenos Aires rechaza la oferta de capitales británicos para iluminar la ciudad. 1882 – Un agente de la firma Fabry y Chaucy ilumina la Confitería del Gas, ubicada en Rivadavia y Suipacha. Busca asegurarse las patentes del invento de Edison en la Argentina. 1882- La Exposición Continental de Plaza Once permite la presentación en público de la electricidad. 1882- La firma estadounidense Brush Electric intenta lograr la concesión del alumbrado público de la ciudad de Buenos Aires y para ello instala una usina precaria en Perú y Alsina. Las imperfecciones del equipamiento generan protestas y el intendente Torcuato de Alvear le niega el permiso. 1883- Por iniciativa de Dardo Rocha, La Plata se transforma en la primera ciudad iluminada eléctricamente de América Latina. 1886 – Se construye la primera central eléctrica del país en La Plata. - Se otorga en Buenos Aires la primera concesión para suministro de alubrado eléctrico a Rufino Varela (h). 1887- Rufino Varela (h) instala el primer servicio eléctrico en Buenos Aires. Se trataba de una usina de 12 HP para alumbrar un lote ubicado en San Martín entre Rivadavia y Mitre. 1889 – Se alumbra con electricidad la zona de los corrales del Abasto. 1893 – Se establece la Compañía de Luz Eléctrica y Tracción del Río de la Plata (CLETRP), de origen inglés y la Compañía General de Electricidad de la Ciudad de Buenos Aires (CGEBA). 1895 – Se alumbra el Riachuelo con una usina construida para tal fin. 1896 – Se fusiona la CGEBA con capitales alemanes y forman la Compañía Alemana Transatlántica de Electricidad (CATE), que se instala en 1898.

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Cronología (1900-1907)

1902 – La empresa Bunge y Born instala los primeros elevadores de granos eléctricos en el puerto de Buenos Aires. 1903 – La CATE firma un acuerdo con las compañías inglesas por el cual la provisión de energía eléctrica quedaba exclusivamente en poder de los alemanes, mientras que los ingleses explotarían monopólicamente la red tranviaria. 1905- La CATE se constituye en una empresa monopólica para el suministro del alumbrado público. 1906 – En la Universidad de La Plata se crea la primera cátedra de electricidad.

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Capitulo II

Las construcciones monumentales (1907-1932) El gran imperio
Esta etapa comienza en 1907, con la construcción del monopolio de la CATE (Compañía Alemana Transatlántica de Electricidad) como empresa de electricidad y culmina en 1932, momento en que el Estado y la economía adquirieron un rumbo diferente, visible en el manejo de las empresas y de la industria en general. Más aun, para ser exactos, debiéramos subdividir el ciclo entre 1907-1912 –que coincidió con la realización y puesta en marcha de la gran usina de Dock Sud– y, finalmente, el momento posterior a 1912, en el que apareció la Compañía Italo-Argentina de Electricidad (CIAE) como competidora de la CATE y se construyeron las superusinas de Puerto Nuevo. Como decíamos anteriormente, durante el período 1882-1907 lo que primaba era la "diversidad" de compañías (algunas nacionales, otras estadounidenses y la mayoría europeas), los distintos puntos de localización dentro de la ciudad, y la variedad de sistemas eléctricos. En el período posterior a 1907 el punto más importante fue la homogeneización de los servicios, acentuada por la unificación de las compañías. Con la monopolización de la CATE no concluyó la polémica con la comuna porteña por el suministro de electricidad. Por el contrario, todo el período hasta los años treinta, estuvo marcado por la permanente tensión entre el accionar de las empresas y la Municipalidad de la ciudad de Buenos Aires. Varios fueron los conflictos. El primero fue el traslado forzoso de la usina municipal porque –según la CATE–, "estorbaba sus planes de absorción". El ingeniero Marenco, director de alumbrado municipal, convenció al intendente Adolfo Bullrich de que la corriente producida por la usina municipal era muy costosa, motivo por el cual no se renovaron ni ampliaron sus instalaciones lo que produjo su creciente deterioro y mantuvo su elevado costo. En realidad, el mayor inconveniente que tuvo la pérdida de los recursos por parte del municipio, fue que dejó de ser un buen regulador de precios pues actuaba como factor demostrativo y comparativo del costo de la energía. La electricidad es un bien que constituye lo que los economistas denominan una "demanda derivada", es decir algo por cuyo intermedio se puede mejorar el grado de bienestar de la población y obtener –a la vez– mayor rendimiento económico. Si bien desde la época colonial la prestación del servicio de alumbrado público fue concedida a particulares, siempre resultó confuso qué significado tenía y concretamente cuáles eran los
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derechos y obligaciones que las partes contratantes (pública y privada) debían cumplir. Con el advenimiento del capitalismo y fundamentalmente con la necesidad de construir grandes obras de infraestructura, esta "confusión" se fue agravando. En última instancia, el problema radicaba en que el estado o municipio entendía por "servicio público de alumbrado" lo que para las empresas eran "inversiones altamente redituables". Más aun, el conflicto se profundizó cuando –por la magnitud del monto invertido– estas empresas se convirtieron, luego de la fusión, en capitales extranjeros, lo que les otorgaba mayor autonomía. Generalmente las concesiones eran monopólicas, en parte para justificar las fuertes inversiones que realizaban. Así, en 1907 el intendente municipal Carlos Torcuato de Alvear firmó un contrato por cincuenta años con la empresa CATE, por el cual le otorgaba la concesión para "la producción, distribución y venta de energía eléctrica dentro del territorio del municipio"; a cambio de ello, la empresa estaba obligada a efectuar todas las instalaciones que fueran necesarias "a fin de atender con facilidad las necesidades del consumo, anticipándose a esas necesidades". La CATE debía además abonar a la municipalidad el 6% de las entradas brutas que obtuviese por la venta de corriente. Como gran ventaja, la monopolización logró la "homogeneización de la electricidad", es decir permitió unificar las tensiones y frecuencia de distribución en 3x225 voltios-50 períodos para la corriente trifásica (generalmente empleada en los barrios) y, 2x225 voltios para la corriente continua en sistema bifilar, de acuerdo a la práctica europea, utilizada en la parte céntrica de la ciudad. La tendencia favorable a la electricidad registró un decisivo punto de inflexión entre 1907 y 1912, cuando la CATE construyó la primera gran usina, al sur de la ciudad.

El centro histórico de la ciudad lucía transformado y bello para recibir al presidente brasilero Manuel de Campos Salles. Su par, el argentino Julio A. Roca iluminó con cientos de faroles toda la Plaza de Mayo (octubre de 1900).

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La construcción del coloso
Para poder cumplir con la cada vez más creciente demanda de provisión de electricidad, la CATE debió buscar un sitio estratégico para instalar un nuevo centro de producción, pues los que poseía en la ciudad no eran lo suficientemente amplios como para incorporar nuevas máquinas. Encontraron el terreno más adecuado fuera de la ciudad, en el partido de Avellaneda y tenía una superficie aproximada de 70.000 metros cuadrados. Rápidamente comenzó la construcción de la obra que se inauguró en 1910, luego de tres años de trabajo intensivo y riguroso. La localización y construcción de la gran usina en el Dock Sud, puso al descubierto la situación económica coyuntural del país: por un lado y por primera vez, se construía fuera del ámbito de la ciudad de Buenos Aires la usina que debía aprovisionar de electricidad a la capital. Esto cobraba relevancia si se tiene en cuenta que de esta manera la municipalidad perdía Luces de colores. la posibilidad de controlar la producción de energía. También sigEl gran éxito y popularidad de la lamparita de Edison se debió a que permitía el fraccionamiento de la electricidad y la intensidad nificó un "error" en la entrega de las concesiones, pues no había reducida en cada foco instalado. A principios de siglo, pocos eran ninguna cláusula en el contrato que obligara a la empresa a reslos empleos decorativos de las lámparas, por eso causó tanta adtringir sus inversiones al área municipal. Además, fue muy immiración el sol construido sobre la Casa de Gobierno para las fiestas del Centenario: era un impresionante medio círculo –que repreportante desde el punto de vista estratégico porque al construir sentaba el sol naciente– de superficie iluminada que arrojaba rayos esta monumental usina en un sitio perteneciente a la provincia de de luz intensa. Asimismo, en los festejos del centenario de 1916, y Buenos Aires, la empresa debió negociar con las autoridades propese a las críticas por los costos producidos, las instalaciones de iluminación urbana fueron tantas que las ventas destinadas a sus vinciales. Esto le otorgó a la CATE grandes ventajas y autonomía insumos permitieron la consolidación de las exportaciones ultrapues la provincia de Buenos Aires estaba manejada por el caumarinas de Siemens. dillo Marcelino Ugarte cuyo enfrentamiento político con el presiRecién en la década de 1920, comenzaron a utilizarse múltiples lamparitas de colores que formaban dibujos que poblaron los mundente José Figueroa Alcorta era públicamente conocido. dos fantásticos de kermeses, parques de diversiones y fiestas popuLa construcción de Dock Sud provocó un cambio en el imaginalares. Muchas veces estos usos fueron vistos como estética kitsch, rio colectivo: en adelante, la electricidad no se presentará como que se nutría del "mal gusto" popular; sin embargo, así como en los comienzos los ensayos eléctricos se realizaron en los grandes una más entre las fuentes de energía sino como la más potente y paseos, en este caso, la fascinación de la gente común por los coespectacular. Gracias a esta usina quedaron en el olvido, la dislores y la iluminación sirvió para decorar los eventos masivos, en persión, poca confiabilidad, variabilidad y diversidad que caracdonde el "derroche y la exageración lumínicos" eran los principales protagonistas. terizaron la etapa anterior. La gran usina se transformaba en un En 1925, cuando el príncipe de Gales visitó nuestro país, se emgigante, por encima de cualquier otra fábrica existente hasta el pleó por primera vez en Buenos Aires la iluminación con reflectomomento. res –ubicados en la Torre de los Ingleses y en el palacio Ortiz Basualdo–, que realzaban esplendorosamente los edificios. 43
Iluminación en el Congreso por el carnaval, 1920.

La Primera Guerra Mundial (1914-1918) incidió en la marcha de la economía de la CATE, cuya capacidad de 67.000 kilovatios fue superada por la demanda, colmando la capacidad de las usinas y con el agravante de que la situación internacional no permitía ampliar las extensiones previstas. Al finalizar la contienda, la CATE no pudo obtener capitales requeridos por las nuevas instalaciones y con la aprobación de la Municipalidad de la ciudad de Buenos Aires transfirió sus bienes y concesiones en 1921 a la Compañía Hispano Americana de Electricidad (CHADE). La CHADE realizó una rápida expansión: la usina de Dock Sud estancada en 67.000 kilovatios entre 1913 y 1921, alcanzó en 1923 los 92.000 kilovatios y en 1927 duplicó la cifra, llegando casi a su límite máximo de producción.

El nuevo monopolio
La empresa alemana CATE perdió el privilegio del monopolio en 1912, cuando se creó la Compañía Italo-Argentina de Electricidad (CIAE). La nueva empresa también obtuvo una concesión por cincuenta años y recibió gran apoyo de las autoridades municipales que argumentaron que la competencia entre ambas contribuiría al abaratamiento de los costos. Estrictamente, CATE y CIAE no compitieron, pues se pusieron de acuerdo sin problemas y se dividieron la ciudad por zonas. Por eso, en rigor, este argumento dado por las autoridades municipales no siempre resultó cierto, tal como se ve en las polémicas del Concejo Deliberante de la década del veinte, los precios no bajaron y en épocas difíciles incluso fueron elevados. Resultaba más una "venganza" contra la autonomía lograda por la CATE con la construcción y puesta en marcha de la usina de Dock Sud. La estrategia de la empresa resultó ingeniosa incluso en aspectos poco relacionados con su actividad. En primer lugar, el nombre de la empresa era engañoso pues se trataba de una compañía de origen suizo (y no italiano), que pertenecía al holding Motor-Columbus cuya sede estaba ubicada en Baden, ciudad alemana del sur. Había sido fundada por el aporte de capitales de la Pirelli, la Franco Tosi y la Brown Boveri, entre otras y estaba dirigida por el ingeniero español Juan Carossio. La acentuada italianidad que impusieron en el nombre, en las construcciones arquitectónicas y en cómo fue vulgarmente conocida –se le decía "la Italo" y no por su sigla CIAE– estuvo dirigida más a conquistar al público con fuerte componente de ese origen inmigratorio (8). El accionar de la CIAE o Italo fue opuesto al de la CATE, porque comenzó estableciendo pequeñas centrales (inició sus actividades en 1914, con una potencia instalada de 1.500 kilovatios) dirigidas al consumo urbano y no orientadas hacia la alimentación de electricidad de los transportes tranviarios; por lo tanto pudo distribuirlas en forma dispersa en distintos pun-

El intendente Carlos Torcuato de Alvear firmó un contrato por cincuenta años con la empresa CATE para la distribución y venta de energía eléctrica. El control y supervisión del gobierno municipal eran estrictas en estos temas para evitar el monopolio energético.

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tos del casco central, lo que le permitió tener una clara y llamativa presencia. En 1916 y con motivo de inaugurarse la usina de la calle Pedro de Mendoza (en el barrio de La Boca), el diario La Razón del 28 de septiembre comenta "son conocidas ya por el público las características de los edificios que la CIAE ha levantado casi simultáneamente en puntos adecuados de la zona en que actúa. Mediante la acertada y armónica aplicación de un estilo puro italiano, la CIAE ha logrado evitar en las calles céntricas e importantes la rusticidad propia de edificios industriales, formando a la vez la estética edilicia"(9). Recordemos que las inversiones edilicias eran redituables porque al otorgarse las concesiones por cincuenta años, se convertían en capital fijo no desvalorizable que servía para contrabalancear la pérdida de valor acelerado del capital (fijo también) invertido en instalaciones técnicas: turbinas, tableros, transformadores, entre otros.

Ejemplo de expansión exitosa.
La pionera usina instalada en San Fernando por los hermanos Carlos y Angel Cúneo junto a Rufino Varela, fue adquirida en 1909 por la Compañía Argentina de Electricidad S.A. (CADE). La nueva sociedad suministraba corriente eléctrica al mencionado partido y a los de Vicente López, San Isidro y Las Conchas. Posteriormente y en forma paulatina, fue extendiendo sus servicios a otros partidos hasta llegar, en 1929 a suministrar corriente eléctrica también a Morón, General Sarmiento, Moreno, Merlo, La Plata, Magdalena, Pilar, General Rodríguez, Marcos Paz, General Las Heras, Cañuelas, Esteban Echeverría, San Vicente y Brandsen. Además proveía de corriente a la Compañía de Electricidad de la provincia de Buenos Aires Ltda., que la distribuía por los partidos de Almirante Brown, Florencio Varela, General San Martín, Lomas de Zamora, Matanza y Quilmes. En total, la zona tenía una extensión de 13.447 kilómetros cuadrados, incluyendo el conglomerado urbano del Gran Buenos Aires, La Plata y otras poblaciones más alejadas. En 1936, la CADE se hizo cargo de los servicios que prestaba en la ciudad de Buenos Aires y Avellaneda la Compañía Hispano Americana de Electricidad (CHADE), sucesora a su vez de la CATE, dando cumplimiento a la ordenanza municipal 7.749, por la cual se la intimó a transformarse en una sociedad argentina o transferir su concesión y bienes afectados al servicio de una sociedad que fuera nacional.

Gran usina Dock Sud.

Las superusinas de Puerto Nuevo
Contrarrestando el fracaso de la "utopía industrialista" de Dock Sud, las compañías realizaron superusinas en el norte, completando los últimos muelles de Puerto Nuevo. La CHADE (ex CATE) inició los nuevos emprendimientos durante 1926 y 1927. La usina fue proyectada para una potencia total de 900.000 HP, con 12 turbinas y 42 calderas. Estaba ubicada en un terreno de 140.400 m2; contiguos a la usina había terrenos ganados al río con una extensión aproximada de 43.000 m2, que luego fueron entregados gratuitamente al gobierno nacional. El largo de los muros del dique era similar a la Avenida de Mayo, la superficie de las defensas era once veces la Plaza de Mayo; la sala de calderas, máquinas y tableros ocupaban una ex45

tensión tres veces y media mayor que el edificio del Congreso, consumiendo cada caldera 12.000 kilos de carbón por hora. Estas construcciones, al igual que la del Dock Sud, se hicieron en terrenos no consolidados y si bien lograron aumentar la producción de energía, –la CHADE pasó de 124.190 kilovatios de energía producida en 1914 por la CATE, a 241.000, en 1927– no fue suficiente. Asimismo, cuando la Italo (CIAE) inauguró su usina en Puerto Nuevo en 1932, su producción ascendió a 350.000 kilovatios y aun así, no dio abasto con las necesidades eléctricas de la ciudad. La construcción de las superusinas de Puerto Nuevo marcó el límite de la producción monopólica, concentrada y basada en el consumo de combustibles tradicionales. De aquí en más, para ampliar o construir nuevas centrales, las compañías de electricidad debieron recurrir a nuevas formas de producción de energía, en espacios puramente destinados a la ingeniería eléctrica y, sobre todo, comenzaron a trabajar en formas sustitutivas de las calderas como son –hasta la actualidad– la energía hidroeléctrica y, más adelante, la energía nuclear.

Transitar sobre rieles
Paralelamente a la transformación que el alumbrado impuso a la ciudad, se produjo un cambio casi total en los medios de transporte. Fue cuando las empresas de tranvías decidieron abandonar la tracción a sangre electrificando sus líneas. Obviamente, estas innovaciones variaron la fisonomía de la ciudad y permitieron el rápido y fácil acceso del centro a los suburbios. Hacia 1900 había escasos 80 kilómetros de tranvías eléctricos y poco a poco se fueron otorgando nuevas concesiones en todo el país. Se instalaron tranvías en ciudades como Rosario, Santa Fe, Tucumán, Mar del Plata y Bahía Blanca, entre otras. Finalmente, en la ciudad de Buenos Aires, el 1° de julio de 1914 se inauguró la línea "A" de subterráneos que realizaba el recorrido desde Plaza de Mayo hasta Caballito, utilizando electricidad por contacto aéreo de 1.200 voltios. La aplicación de la electricidad a los ferrocarriles se inició en 1916 con las vías suburbanas del Ferrocarril Central Argentino. Así la potencia instalada para uso de transporte, aumentó de 15.300 kilovatios en 1900 a 258.000 kilovatios en 1920. Como se aprecia en las cifras, los cambios acompañaron el progreso y éste implicó necesariamente la utilización de medios extraordinarios y fuertes inversiones de capitales, razón por la cual las empresas de transporte también se fusionaron. Asimismo, la corriente destinada a la tracción se suministraba a las empresas tranviarias bajo la forma de corriente continua de 550 voltios; incluso la usina de la Boca debió ser ampliada para poder absorber y atender la electrificación de tranvías.
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La Plaza del Congreso cuando se hacían las excavaciones para las obras del subterráneo de la línea A.

Expansión eléctrica.
A medida que la utilización de la electricidad retrucaba los prejuicios respecto de su uso, se fue extendiendo la construcción de centrales en el interior del país para proveer de electricidad a las respectivas provincias. En 1910 se inauguró en el río Carcarañá la central Lucio Vicente López, de 550 kilovatios, para abastecer a la provincia de Santa Fe; en 1911 la central La Calera, de 3.650 kilovatios, atendía la demanda de Córdoba y, en 1912 la de Lules, de 4.560 kilovatios, operaba en Tucumán. Con esta última central se construyó una línea de transmisión de 20 kilómetros hasta la ciudad de Tucumán, con tensión de 44 kilovatios y potencia de 6.000 kilovatios. En 1916 se inauguró la central de Cacheuta, en Mendoza, con 2x2800 kilovatios=5600 kilovatios y línea de alta tensión de 50 kilovatios.

La modernización de talleres fabriles

La Italo, empresa de origen suizo, recurrió a otra estrategia frente a su competidora: instaló pequeñas centrales en todos los barrios porteños.

Cuando explicamos las razones de la construcción de Dock Sud dijimos que la incipiente industria no utilizaba electricidad en esas fechas (1907-1912). Si bien Nikola Tesla había inventado en 1888 el motor eléctrico para la empresa Westinghouse de Estados Unidos, éste no se conoció en Argentina hasta la primera década del siglo XX. El motor fue importante porque podía ser pequeño y con potencias inferiores a 1 HP, lo que constituía una ventaja al permitir un manejo cómodo, accesible y de fácil transporte; además se podía armar individualmente. Con el motor eléctrico, las fábricas y talleres experimentaron una transformación radical. Los motores comenzaron a usarse con posterioridad al 1900 y el año 1904 constituyó una fecha clave en la cual la fuerza motriz conectada registró un alza considerable, produciendo un cambio en el consumo. Cuando en 1910 se terminó de construir la usina de Dock Sud, se produjo un nuevo incremento. Y es en la década de 1910-1920 que se da un aumento de la electrificación en la industria local, aunque recién en 1927 el consumo de fuerza motriz superó al del alumbrado público y doméstico. El uso de la electricidad fue crucial en los talleres manufactureros y su aplicación fue incorporándose poco a poco en las distintas áreas fabriles. Cabe aquí hacer una aclaración: si bien utilizamos los términos fábrica o taller indistintamente, sería más exacto hablar de taller manufacturero porque la Argentina era en ese entonces un país cuya importancia económica radicaba en la producción de materias primas (cereales y carnes) orientadas a la exportación al mercado europeo preferentemente. Es decir, cuando hablamos de las transformaciones industriales que el uso de la electricidad supone, debemos enmarcarlas dentro de las limitaciones de la economía nacional, que incluso frenaron e impidieron el crecimiento industrial defendido por muy pocos hombres de la elite. Hecha la salvedad, insistimos en los cambios producidos por la electricidad, cuando a partir de 1910, su abaratamiento y la difusión de los motores diesel para su generación permitieron el uso masivo de la electrificación en los talleres industriales, dando origen a la primera modernización de la infraestructura fabril. Además, el advenimiento del turbo-generador permitió instalar alternadores de gran potencia, lo que significó el fin del predominio de la corriente continua. Lógicamente, primero utilizaron la electricidad para iluminación de los talleres y luego para
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ampliar las horas de trabajo, incorporando el horario nocturno que permitió al obrero trabajar horas extras (lo que implicaba un mayor ingreso salarial) con un costo de insalubridad mínimo, y a la fábrica, producir más stock. Además, la lamparita En busca del edificio monumental. permitía graduar la intensidad de la luz a voluntad. Cuando la ciudad de Buenos Aires necesitó un gran depósito distribuiLuego, se incorporaron los motores diesel que permitieron generar dor de aguas, buscó como lugar estratégico el centro de la ciudad. Y baenergía a un bajo costo con lo cual el trabajo pudo ser automatijo la dirección del ingeniero sueco Carlos Nyströmer, construyó un esplendoroso edificio entre 1887 y 1894, justamente conocido como "Pazado. Los cambios también fueron importantes respecto de perceplacio de las Aguas". A diferencia de estas obras de salubridad, las emciones y cuestiones de higiene porque el motor eléctrico eliminaba presas de electricidad no contaron con construcciones importantes hasta los procesos sucios de generación y transmisión de energía (tales la gran usina de Dock Sud, construida por la CATE desde 1907 e inaugurada en 1910, en coincidencia con el centenario de la fiestas patrias, como el carbón) y, a su vez, era más silencioso que los ronquidos conmemorativas de los días de mayo de 1810. de calderas cuyos ennegrecidos humos afeaban las construcciones El nuevo monumento al progreso –tal como lo denominara la prensa– fabriles. La energía eléctrica era, pues, invisible a los ojos. tenía objetivos que excedían el trabajo ingenieril, pues planeaban construir barrios obreros y nuevas industrias. Esta obra fue realizada bajo la Las primeras fábricas que aplican motores son metalúrgicas, de la mainfluencia de nuevos y prestigiosos diseñadores como Klingerberg y condera, del papel y la industria del cuero. Según el anuario de La Nación formó la "gran utopía industrialista" pues, por primera vez, el edificio existían en 1910, 6.788 motores eléctricos con una capacidad total de industrial se proyectaba y realizaba como totalidad y no como agregado de partes. 32.801 HP, según datos extraídos de Liernur y Silvestri. Los motores eléctricos se harán posteriormente más habituales cuando se empiece a extraer petróleo –descubierto en 1907, en Comodoro Rivadavia–, dando origen al cambio de combustible.

La electricidad transformada en confort
El motor eléctrico permitió también una serie de transformaciones de la vida cotidiana en tanto pudo ser utilizado en el uso de artefactos domésticos. Rápidamente se produjo la difusión de estas herramientas hogareñas que generaban confort. Al principio fueron incorporadas exclusivamente por grandes instituciones o sociedades (como hoteles y colegios, entre otros). Poco a poco, estos artefactos bautizados como "electrodomésticos" fueron haciéndose más populares y su uso se masificó progresivamente. Es probable que uno de los inventos más llamativos haya sido el ascensor. En 1910 se inaugura el Plaza Hotel, que ofrecía una serie de instalaciones eléctricas como símbolo de higiene, rapidez, eficiencia y modernidad. Imagínese, lector, la magia que suponía poner en funcionamiento un complejo mecanismo tecnológico con sólo oprimir un timbre, un llamador o accionar una llave. Sin duda, el deslumbramiento fue tal que los nombres que en aquel entonces designaban a los artefactos simboli48

La incorporación de la electricidad y de mano de obra extranjera hizo que la producción se extendiera en horas de trabajo.

zaban su asimilación con las funciones tradicionales del ser humano y de la naturaleza. Así, por ejemplo, se llamó "máquina de lavar" al lavarropas, "gallina eléctrica" a la incubadora, "viento artificial" a los ventiladores y "fuego eléctrico" a las hornallas. Reflejaban también la satisfacción por la sustitución de la mano del hombre y el orgullo por su humana creación (10). No todas eran "rosas", estos artefactos hogareños si bien estaban destinados a aliviar el trabajo doméstico, en la década de 1910 sólo eran accesibles para los sectores pudientes que se resistían a usarlos por considerarlos estéticamente feos. Recién, en la década de 1920, comenzaron a diseñarse teléfonos y planchas de líneas más seductoras. El funcionalismo estadounidense, que privilegiaba la función del invento y su practicidad por encima de la estética, no tenía cabida ni adeptos en Europa ni en la Argentina. Estos "engendros" comenzaron siendo primero sustitutos mecánicos de la servidumbre para las clases adineradas, aunque también redefinieron espacios. Por ejemplo, el artefacto "cocina eléctrica" modificó el espacio de la cocina, generalmente sucio, lleno de cenizas, hasta convertirlo en el lugar típico de reunión familiar. Una situación parecida se dio con los ascensores, que permitieron la construcción de pisos en altura, a los que la "jaula eléctrica" valorizaba más. Podríamos seguir enumerando ad infinitum, los usos que trajeron aparejados estos aparatos cuya mayor fascinación consiste –hasta hoy– en oprimir sencillamente un diminuto y todopoderoso botón, que pone en funcionamiento complejas máquinas.

Ciudad de Tucumán. También en el interior se fue extendiendo rápidamente la iluminación eléctrica.

La provisión del coloso.
En la memoria del Censo General de la ciudad de Buenos Aires, realizado en conmemoración del Centenario de la Revolución de Mayo, se consignan los datos relativos a "la nueva y poderosa usina" recientemente inaugurada por la Compañía Alemana Transatlántica de Electricidad, CATE. La fuente de energía debía disponer de una fuerza total de 140.000 HP, que como combustible requeriría de 200.000 toneladas anuales de carbón (equivalentes a 50 cargamentos de buques). La maquinaria completa de la usina consumía 30.000 toneladas de agua por hora para la alimentación de las calderas. Contenía cuatro unidades turbo-generadoras, con un total de 54.000 HP, que abastecían de corriente trifásica de 13.000 voltios a un crecido número de subusinas de transformación, distribuidas en el territorio de la capital y partidos circunvecinos. Poseía también diez turbo-generadores de 13.000 HP cada uno, que daban corriente trifásica de 25 y 50 períodos (ciclos por segundo) y tres turbo-generadores de corriente continua de 1.500 HP cada uno, destinados a los servicios auxiliares de la usina. Dicha maquinaria, que representa una fuerza aproximada de 139.500 HP, se alimentaba con 60 calderas de 28.800 metros cuadrados de superficie de caldeo. El documento mencionado luego agrega: "En el deseo de dar una idea comparativa de la poderosa fábrica del Dock Sud, he tomado algunas cifras que representan el poder de las grandes fábricas conocidas, en el momento de iniciarse. Por ejemplo: en Alemania conocemos la de Moabit, que se inició con 10.000 kilovatios; Rummelsburg, con 12.000; Obersinee, 13.000; Essen, 12.000, y Dusseldorf, 15.000. La de París, St.Denis, 25.000 y la de Chelsea, Londres, de 30 a 35.000, y si se considera que la de Dock Sud comienza con 36.000 kilovatios, se ve la verdadera importancia que tiene en su origen". 49

La electricidad y su uso en medicina
Probablemente no alcancen las páginas de este libro para mencionar las cosas que se hicieron por la electricidad. Aquí sólo describiremos someramente algunas, como para ejemplificar qué significó la energía eléctrica. En el apartado anterior hacíamos referencia a la electricidad transformada en confort, a través de los electrodomésticos. Aquí nos preocuparemos por su uso médico-científico. Desde el punto de vista de la ciencia, habíamos comentado el descubrimiento de los rayos X por parte del matrimonio Curie, a fines del siglo XIX. Este invento constituyó el puntapié inicial de una serie de innovaciones que contribuyeron con la medicina preventiva y el diagnóstico –las primeras placas radiográficas fueron tomadas en 1896–, e incluso con las curaciones. El ingreso de la electricidad en la medicina logró total aceptación de la gente, al punto que se admitieron aplicaciones de dudosos resultados como los electroshock para tratamientos psiquiátricos. Historia de la Asociación Electrotécnica Argentina. Como fuerza poderosa, a veces era difícil distinguir entre la En 1904 se realizó en St. Louis (Estados Unidos) el Primer Congregenuina experimentación médica y los engaños de ocasión; en so Electrotécnico Mundial. El éxito obtenido puso de manifiesto la efecto, se conocieron varias estafas o proyectos honestos desmenecesidad de seguir trabajando en el tema, puesto que involucraba también al mundo en desarrollo. Por esta razón e impulsados por didos o riesgosos, como por ejemplo la jaula eléctrica de alta los avances de la disciplina, el 9 de junio de 1913 un reducido núfrecuencia en la que se encerraba al enfermo para que le baje la mero de profesionales especializado en la electrotecnia, realizó una presión alta o, el Phonette, que era un aparato que supuestamenreunión bajo la presidencia del ingeniero Rodolfo Roth, quien expuso sobre la voluntad de los presentes de constituir una institute combatía zumbidos y chillidos en los oídos.
ción que estuviese formada por personas cuya actividad esté relacionada y comprometida con el uso de la electrotécnica. Asimismo, se convocaba a aquellos que tuvieran interés en fomentar la aplicación de la electricidad en forma directa o indirecta en las artes, en las ciencias, en industrias y en la producción y venta de energía eléctrica. Luego de ese primer encuentro, se volvieron a reunir en la Unión Industrial. Finalmente, así nació la Asociación Electrotécnica Argentina, que contaba con el apoyo de altos directivos de empresas productoras de electricidad, telegrafía, ferrocarriles, instaladores de equipos eléctricos, profesores universitarios y funcionarios nacionales y municipales, entre otros. El acta de fundación fue firmada el 18 de octubre de 1913 y la tarea más específica e importante de la Asociación fue la creación de Comisiones que tenían a su cargo la redacción de reglamentaciones sobre instalaciones eléctricas y sus aplicaciones, que hasta entonces eran inexistentes en nuestro país. Hoy, como ayer, la Asociación sigue avalando y difundiendo el uso de la electrotécnica en la Argentina.

Primer Congreso Electrotécnico Mundial realizado en Saint Louis en EEUU, 1904. En la 1º fila (de izq. a derecha) el 1º Jorge Newbery, el 3º Thomas Alva Edison y el 5º el Ing. Luis A. Huergo. Asomando arriba y a la derecha el Ing. Charles Le Maitre, 1º secretario de la I.E.S.

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Inauguración de la Usina “Tres Sargentos” - 25 de Marzo de 1915.

Conclusiones para un gran período
Iniciamos este período en 1907 haciendo referencia a la consolidación de la primera gran empresa de electricidad, la CATE. El período que culmina en la década del treinta ha conocido probablemente los cambios más profundos pues coincidió con el conocimiento y uso masivo de la electricidad como la más poderosa fuente de energía. La expansión de la electricidad se pudo concretar gracias a la construcción de las superusinas, pero también a la baja de los costos. Aquel barrio "plateado por la luna", había quedado sólo en el tango cuando la red eléctrica se extendió a los sectores populares en la década del veinte. Paralelamente al alumbrado había surgido la transformación de los medios de transporte y comunicación, que permitieron a los trabajadores que habían adquirido viviendas en zonas alejadas desplazarse cada vez con mayores facilidades hacia el centro neurálgico porteño. Luego se dio la aparición del motor eléctrico, cuyo uso se hizo imprescindible en las actividades industriales. No es casual que la electrificación pionera se realizara en el punto estratégico de la economía argentina: el puerto de Buenos Aires que, para 1902, contaba con elevadores de granos construidos por Bunge y Born que se movían automáticamente. La luz había dejado de ser un lujo para convertirse en una necesidad y exigencia pública. La electricidad había penetrado en la vida urbana y el alumbrado había llegado a los hogares, y como fuerza motriz, a múltiples aplicaciones domésticas. La diversidad de los usos de la electricidad fue cada vez mayor y más compleja. Las respues51

tas de la medicina debían servir a la ingeniería, la economía y la política para responder a las preguntas claves para la industria: qué voltaje era prudente usar cotidianamente y qué tipo de corriente era preferible, si la alterna o la continua. Este debate era sumamente controvertido, pues abarcaba cuestiones jurídicas nuevas, morales y científicas además de intereses materiales, sociales y personales. Por ejemplo no sabemos certeramente por qué la Argentina adoptó el modelo europeo de 220 voltios y no el estadounidense de 110 voltios. A simple vista uno puede pensar que se debió a que las empresas eran mayoritariamente europeas pero no es tan sencilla la respuesta. Algunos autores, tienden a buscar las razones en el uso intensivo de los talleres industriales que, a diferencia de las fábricas de Estados Unidos, requerían menos voltaje y menos difusión de electricidad. El período culmina también con un nuevo convenio, celebrado entre las autoridades municipales y las compañías privadas en 1936. Dos nuevas ordenanzas (8028 y 8029) modificaron los contratos de concesión, pero esto responde a otro contexto histórico, que analizaremos en el período siguiente. Para finalizar, señalemos que el alumbrado eléctrico que había comenzado deslumbrando con la potencia de sus focos, terminó democratizando su servicio, ya que los cables transmitían la misma corriente para todos, habitantes de majestuosas viviendas o sencillas moradas de gente modesta. Observemos también que coincidió con la democratización de la sociedad, posibilitada por la aplicación de la ley Saenz Peña (1912) que otorgó el sufragio universal, secreto y obligatorio para toda la población. Igualdad de derechos políticos para todos, idéntica iluminación para veredas y casas. La electricidad había anulado aquella vieja discriminación tanguera que hacía referencia a "tu cuna fue un conventillo alumbrado a kerosene".

Baile popular en la Av. 9 de Julio Octubre de 1932

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Cronología (1907-1932)
1907- La municipalidad le otorga a la CATE, por cincuenta años, la concesión para la producción, distribución y venta de energía eléctrica. 1909 – La Compañía Argentina de Electricidad S.A. (CADE) adquiere la usina de San Fernando, propiedad de los hermanos Cúneo. 1910 – Se inaugura la gran usina de Dock Sud, propiedad de la CATE. 1910 - Se inaugura el Plaza Hotel, cuyas instalaciones eléctricas (como el uso de ascensor y otras) constituyen la gran atracción. 1910 - Se inaugura la central eléctrica Lucio Vicente López, en el río Carcarañá, para abastecer a la provincia de Santa Fe. 1912- Se crea la Compañía Italo-Argentina de Electricidad (CIAE), que obtiene una concesión también por cincuenta años para el suministro de electricidad en la ciudad de Buenos Aires. 1914 – Se inaugura la línea A de subterráneos cuyo recorrido se extiende desde Plaza de Mayo hasta Caballito. 1916 – La CIAE inaugura su usina de la calle Pedro de Mendoza del barrio de la Boca. 1916 - Comienza a funcionar el Ferrocarril Central Argentino, primer tren eléctrico. 1921 – La CATE transfiere sus bienes y concesiones a la Compañía Hispano Americana de Electricidad (CHADE). 1925 – Con motivo de la visita del príncipe de Gales se utilizaron por primera vez reflectores para iluminar el palacio Ortiz Basualdo y la Torre de los Ingleses, en Retiro. 1926/7 – La CHADE realiza un nuevo y colosal emprendimiento: la usina de Puerto Nuevo. 1927 – Según el censo industrial, el consumo de electricidad como fuerza motriz superó, por primera vez, al del alumbrado público y privado. 1932- La CIAE inaugura su propia usina, ubicada también en Puerto Nuevo.

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Capitulo III

Principio y fin de un ciclo (1932-1992) La Nueva sociedad de 1930
Los años treinta fueron muy convulsionados. Desde el punto de vista político, la Argentina iniciaba una etapa de golpes militares y gobiernos "pseudo-democráticos" electos mediante escandalosos fraudes. Pero la situación catastrófica no era sólo nacional, el 29 de octubre de 1929, en el denominado "jueves negro" se produjo el crack de la bolsa de comercio de Wall Street, Nueva York, que dio comienzo a una de las crisis más serias del sistema capitalista mundial. Por otra parte, el modelo europeo, plagado de totalitarismos, tampoco era muy seductor: fascismo en Italia, nazismo en Alemania, franquismo en España... y, fatalmente, una segunda guerra mundial, a partir de 1939. Como era de esperar, todas estas cuestiones internacionales produjeron un fuerte impacto en la realidad económico-social nacional. A los fines de nuestro trabajo, nos interesa remarcar que, por ser la Argentina un país cuya producción estaba casi enteramente ligada a las exportaciones de materias primas, la contracción de los mercados internacionales provocó la agudización de la crisis económica. En rigor, el crack financiero había dejado en claro que aquellas economías dependientes de los insumos externos eran más vulnerables, razón por la cual la solución primera debía ser la aplicación de medidas proteccionistas para hacer posible la fabricación de bienes manufacturados, es decir tratar de producir aquí lo que antes se importaba. Este nuevo modelo económico denominado de sustitución de importaciones resultó exitoso en lo que a industrias livianas se refiere, porque posibilitó la creación de un mercado interno consumidor. La crisis trajo también como principal cambio social, la llegada de gente del interior del país que, agotado el modelo primario-exportador, debió migrar a las grandes ciudades en busca de trabajo. La aplicación de políticas keynesianas, que suponían la intervención activa del Estado en las actividades económicas, en el marco de un pacto entre el capital (empresarios) y el trabajo (los obreros) fue el muro de contención político-social vigente. El Estado pasó a denominarse "benefactor o interventor" en tanto tenía a su cargo la realización de grandes emprendimientos, sin importar si la empresa (o el servicio, estrictamente hablando) estatal resultara redituable o no. Probablemente, su época de mayor éxito haya coincidido con la llegada del coronel Juan D. Perón al poder, en 1945. Como puede sospecharse, la electricidad acompañó todos estos procesos descriptos arriba: si nos referimos a las nuevas fábricas, se advierte el incremento del uso de electricidad en motores y también en jornadas nocturnas que permitieron una producción masiva para el creciente mercado interno.
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El Obelisco y la Plaza de la República iluminados en la década del 30.

Cuadro de situación
En la década del treinta la prestación del servicio de electricidad estaba repartida entre grandes empresas vinculadas a holdings internacionales. El poderoso consorcio estadounidense, EBASCO (Electric Bond and Share Co.) operaba a través de varias subsidiarias, de las que ANSEC era la más conocida, y el grupo SOFINA (Société Financière de Transports et d´Entreprises industrielles), compuesto de capitales españoles y belgas mayoritariamente, que actuaba a través de su filial, la CHADE. Estas empresas eran monopólicas pues trabajaban en regiones oportunamente repartidas: ANSEC tenía a su cargo todo el servicio eléctrico del interior del país, en virtud de sucesivas compras de usinas (con el apoyo de la banca Morgan) que le permitieron formar hacia 1934 un trust de producción de energía y servicios eléctricos en 172 ciudades y pueblos del interior. El grupo SOFINA-CITRA por su parte, que constituido en CHADE había comprado la CATE a los alemanes, manejaba la prestación de servicios eléctricos de la ciudad de Buenos Aires (que compartía con la Italo o CIAE), como así también del gran Buenos Aires y de Rosario. Acotemos que en la región de la CHADE e Italo (CIAE) se consumía más del 50% de toda la energía eléctrica del país. SOFINA era una sociedad financiera de gran expansión y propietaria de empresas de suministro de energía eléctrica, de transporte, de minas de carbón y fábricas de maquinarias pesadas. Era una especie de banco industrial que controlaba sus acciones porque pertenecían a muy pocas personas. Su presidente era Daniel Heineman, que residía en la península ibérica, donde se encontraba la casa matriz de la empresa. La peligrosa situación de inestabilidad político-económica de España, convenció a SOFINA de la necesidad de transferir o nacionalizar la empresa CHADE, en 1936. El plan era excelente desde el punto de vista estratégico porque cambiaba el nombre y la procedencia de la empresa. SOFINA aspiraba también a lograr mejoras en las condiciones impuestas por la concesión de 1907 a su antecesora CATE. Pretendía obtener una prórroga de la concesión que vencía en 1957, por veinticinco o cincuenta años más. Junto a SOFINA/CHADE en la búsqueda de esos objetivos, estaba también la CIAE o Italo.
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Un grupo de 13 concejales intimó a la CHADE a que se convirtiera en una sociedad argentina. CHADE transfirió su cartera a una subsidiaria de SOFINA que actuaba en el gran Buenos Aires con el nombre de Compañía Argentina de Electricidad (CADE).

La radio: "artefacto vital" de los hogares
El 27 de agosto de 1920 había nacido la radiodifusión argentina y con ella, la historia del primer medio de comunicación "eléctrico". Su gestor fue un médico: Enrique Telémaco Susini, quien entre otras experimentaciones había investigado sobre los efectos eléctricos en el organismo humano. Este científico con un grupo de colegas decidió poner en práctica algunos de los grandes avances técnicos que había conocido en Europa y convocó a un grupo de radioaficionados que poseían equipos de vanguardia para ese momento en nuestro país. Aquel histórico día se colocó una antena en el Teatro Coliseo y realizaron la primera transmisión desde exteriores: los oyentes pudieron disfrutar de la ópera “Parsifal” de Richard Wagner. Desde esa temprana aparición la radiofonía fue incorporándose paulatinamente a la vida cotidiana en todos los hogares, y en 1930 el radioreceptor tomó un lugar central e incondicional en cada casa, hasta llegar a convertirse en un dispositivo de comunicación que unificó a los oyentes y contribuyó a la identidad de la sociedad argentina. Escuchar radioteatros, partidos de fútbol, programas musicales y humorísticos, noticieros y hasta discursos políticos, se transformó en un hábito diario de la vida familiar. Si la radio sonaba mágica en los centros urbanos y de mayor crecimiento, el efecto cautivante que provocaba en el campo era aún mayor. Del mismo modo que la telegrafía y los ferrocarriles a finales del siglo XIX, la radio "extendió" el territorio y mejoró la vida de los habitantes de las grandes urbes, pero en particular resultó un componente irreemplazable para los que estando geográficamente aislados pudieron sentirse integrantes de un mismo escenario cultural. Con el tiempo, las transmisiones fueron ganando en calidad, pues ya no tenían el ruido "parásito", y los aparatos llamados "catedral" se vendían al razonable precio de 6 $. Paralelamente nacía también la industria discográfica con varias grabadoras que producían los discos de 78 rpm que reflejaban en las ventas los éxitos que consagraban las radios. La década del ’40 fue la época de oro de la radio argentina, en tanto que en los ’50, con la paulatina irrupción de la televisión, la radio debió comenzar a buscar nuevas formas, por un lado aprovechando los adelantos tecnológicos producidos, pero también reformulando y modernizando sus propuestas para no perder "llegada" en los hogares donde había reinado sin sobresaltos durante casi tres décadas.
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Portada de un libro de la década del 40 donde se aprecia el uso de la electricidad en las gallinas.

La década peronista
Durante el gobierno de Juan Domingo Perón, las empresas monopólicas CADECIAE no fueron víctimas de ningún perjuicio ni de hostilidades. Sin embargo, en materia de energía eléctrica se siguió una política novedosa y positiva. Con la excepción de la ciudad de Buenos Aires, la prestación de servicios eléctricos estaba bajo jurisdicción de los respectivos partidos municipales y de las provincias. El suministro estaba mayormente en manos privadas y sujeto a regulación de las autoridades locales. La política de industrialización llevada adelante por el gobierno de Perón, impulsaba un crecimiento de la demanda eléctrica que no podía satisfacerse con la oferta regular de abastecimiento del servicio público. El Estado decidió entonces tener un rol protagónico no sólo como regulador sino como empresario del sector. Tal como apuntábamos al principio, el momento era propicio para un estado hacedor de emprendimientos de gran magnitud pero también había una coyuntura económica internacional que lo favorecía. Terminada la Segunda Guerra Mundial, en 1945, los países beligerantes (e industrializados) comenzaron su propia reconstrucción lo que implicaba que la disponibilidad de capitales internacionales era escasa o nula. En el caso particular de la Argentina, las ventas de alimentos a Europa habían dejado un saldo favorable de balanza comercial que permitió al gobierno nacional, disponer de fondos para obras de infraestructura. Por último, tengamos en cuenta la evolución del sistema eléctrico: hasta la década del cuarenta, las inversiones en generación y distribución de electricidad, se habían mantenido proporcionales a la demanda requerida, es decir que la producción era suficiente. Al principio de los años cuarenta se produjo un estancamiento en el suministro de electricidad. La responsabilidad no era sólo empresarial; si bien es cierto que las empresas no invirtieron en nuevas tecnologías, la demanda del consumo ascendió vertiginosamente y la posibilidad de abastecimiento fue superada. Los motivos deben buscarse en la irrupción de la sociedad de masas, es decir en la llegada de provincianos de tierra adentro que se instalaron en las ciudades. Estos cambios imprevisibles modificaron la fisonomía urbana: crearon nuevos barrios (que necesitaron alumbrado público, entre otras cosas) y pasaron a ser consumidores de productos manufacturados y –en épocas de salarios altos– de confort "eléctrico". A modo de ejemplo, apuntemos que, con

La radio y sus programas en vivo entusiasmaron a grandes y niños.

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respecto a la producción de electricidad, en 1945 el 43% de la potencia estaba instalada en el Gran Buenos Aires, que consumía el 65% del total del país. La intervención del Estado en los asuntos "eléctricos" aplacaría esta nueva demanda y también serviría para emplear como trabajadores de las empresas estatales a los "nuevos ciudadanos". Por eso decíamos al principio que la época de Perón fue de "bonanza", porque combinó eficientemente su liderazgo político en los sectores populares –a los que apeló por ejemplo, para sortear dos crisis energéticas en 1949 y 1952– con inversiones de capitales "nacionales y estatales" cumpliendo el rol de estado benefactor e interventor que realizaba las obras que la nueva y masiva sociedad requería.
Las compañías utilizaban todos los medios gráficos y publicitarios para vender sus productos. La sociedad argentina de los 40 consumía sin preocupación.

Una aliada de la política.
Los sueños estimulados desde la radio coincidían e incluso alimentaban las fantasías colectivas. En pleno auge de esta nueva tecnología, pudo ocurrir un fenómeno asombroso: el general Juan Domingo Perón cuya carrera hacia el poder se hacía cada vez más vertiginosa, se enamoró y se casó con una joven actriz de radioteatro llamada Eva Duarte. Estas figuras notables que gravitaron de manera irrepetible en los destinos de nuestro país mantuvieron siempre una íntima relación con el "nuevo medio" y tras haber captado sus maravillosas posibilidades de comunicación tanto Perón como Evita supieron utilizarlo como aliado para transmitir su política de gobierno. El medio de comunicación era cada vez más masivo y el peronismo descubrió con audacia el alcance que podía tener ya que llegaba a todos los hogares argentinos. Aún en la vivienda del más humilde trabajador no podía faltar en esa época, un aparato de radio. El peronismo, movimiento popular por excelencia, supo establecer una íntima relación con los nuevos actores sociales que eran los trabajadores y la radio fue el vehículo que materializaba en muchas ocasiones tan estrecho contacto. Cuando en 1952 falleció Eva Perón durante un mes las diferentes emisoras transmitieron en cadena música sacra. Asimismo, los boletines de noticias más importantes de la noche fueron al aire a las 20.25 indicando que era la hora en que la esposa del primer mandatario había entrado en la inmortalidad. Y en el ’55, tras el golpe militar que derrocó a Perón se encontraron unas dos mil cintas con sus discursos radiales en el archivo de Radio del Estado. La política había sabido encontrar en la radio un instrumento invalorable.

La acción del estado
En los años cuarenta, la empresas estatales gozaban de las preferencias de la opinión pública. Más aun, cuando la población padeció restricciones, apagones y caídas de tensión producidos por los obsoletos equipamientos de CADE, CIAE y ANSEC. En efecto, hubo grandes deficiencias en el suministro del servicio en todas las regiones y, en zonas rurales y marginales, una permanente insatisfacción de la demanda. En 1945 había 1.600 poblaciones con más de 250 habitantes (donde vivían 2 millones de personas) que carecían de servicio eléctrico. El "atraso" en el suministro era en parte atribuido a las grandes distancias que separaban los centros urbano-industriales de las fuentes primarias de energía. Por esa razón, preferían la generación térmica de energía a la hidroeléctrica, mucho más costosa. La presencia estatal surgió entonces como una necesidad de impulsar el desarrollo mediante el aprovechamiento hidráulico. Esto favoreció la creación de emprendimientos estatales y la nacionalización de empresas existentes en el ámbito provincial. Con la fusión de dos direcciones nacionales, la de Irrigación (crea59

da en 1907 y dependiente del ministerio de Obras Públicas) y, la de Energía (creada en 1943) se armó en 1945 la Dirección General de Centrales Eléctricas del Estado (CEDE), dependiente de la Secretaría de Industria y Comercio, cuyos objetivos eran "el estudio, proyección, ejecución y explotación de las centrales eléctricas, medios de transmisión, estaciones transformadoras y redes de distribución". De este modo, las intenciones empresariales del Estado quedaban reveladas y explícitas. Para actuar integral y ampliamente en la producción de electricidad, el Estado se reservó para sí el uso único y exclusivo de los recursos hídricos. Las autonomías provinciales fueron sorteadas mediante acuerdos entre las partes que implicaban convenios de tenencia y uso, en los que las provincias actuaban como socias del Estado nacional en la explotación de la energía eléctrica, a través de una empresa específica que tuvo una conducción centralizada y una operatividad descentralizada, de estructura regional.

Reparto del suministro de electricidad.
Las cooperativas de electricidad tuvieron un éxito relativo en nuestro país: en 1927 se formó la primera en Punta Alta (Bahía Blanca) y su número fue aumentando incesantemente, a tal punto que en 1941 se fundó la FACE (Federación Argentina de Cooperativas Eléctricas). En 1950 funcionaban 119 cooperativas eléctricas en todo el país. Las compañías privadas que prestaban servicio en las provincias eran subsidiarias de firmas extranjeras. EBASCO en connivencia con CADE y CIAE se repartió los espacios para actuar: EBASCO estaría a cargo de todo el territorio con las excepciones de Ciudad de Buenos Aires (y 100 kilómetros a la redonda) y Rosario (y 50 kilómetros a la redonda) y las ciudades de Bahía Blanca, Pergamino y Corrientes. Esta empresa creó nueve compañías propietarias de 82 centrales (en 1952), agrupadas en el denominado grupo ANSEC. Los Andes (Cuyo), Norte Argentino (Tucumán, Salta y Jujuy), Sur Argentino (Buenos Aires, Santa Fe, La Pampa y Río Negro), Este Argentino (Entre Ríos y Chaco), Central Argentina (Córdoba y Santa Fe), Hidroeléctrica de Tucumán, General de Electricidad de Córdoba, Luz y Fuerza de Córdoba y Electricidad de Alta Gracia. Por su parte, la Intercontinental Power co., tenía 54 centrales reunidas en el grupo SUDAM y la Compañía Suizo-Argentina tenía 20 centrales

El nacimiento de Agua y Energía
En 1947 se dió una nueva fusión por la cual se creó la Dirección General de Agua y Energía. Fue incluida en el Primer Plan Quinquenal del gobierno de 1946 y se le asignó participación en siete grupos de trabajo que tenían por temas los diques, obras de riego, fluviales y de protección de ciudades contra inundaciones y aluviones, desagües y saneamientos rurales, centrales hidroeléctricas y térmicas y líneas de transmisión y redes. El espíritu de la nueva dirección estaba sintetizado en el proyecto de ley y mensaje que el Poder Ejecutivo envió al Congreso, el 26 de junio de 1946. Se refería a los recursos hídricos como factores de riqueza y bienestar social y en particular al aprovechamiento hidroeléctrico, y destacaba: "el agua puede separarse de la energía en el diccionario pero no en los hechos; agua y energía son los componentes de un conjunto orgánico". De ese modo, la creación de Agua y Energía se impuso ante la obsolescencia en que se desenvolvía el servicio público de electricidad y la necesidad de impulsar el desarrollo de los aprovechamientos hidráulicos, ensamblando con criterio unitivo el riego y la energía. La nueva dirección de Agua y Energía debía iniciar 35 obras en 1947 por valor de 606 millones de pesos, pero ejecutó 45 con un presupuesto de 852 millones y su potencia alcanzó
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41.677 kilovatios. Este eficiente despegue se debió a que la empresa tuvo que actuar rápidamente por el déficit eléctrico que tenían algunas localidades del interior. En Córdoba, por ejemplo, donde la situación era extremadamente crítica, se proyectó y construyó en tiempo récord (cinco meses) la central Deán Funes. También se debió auxiliar rápidamente a Mar del Plata, Tucumán, Santa Fe, Allen, Santiago del Estero y Neuquén. En 1950 y dada su creciente importancia, la dirección de Agua y Energía se transformó en Empresa Nacional de Energía (ENDE) "para que propusiese programas anuales de trabajo de las empresas encuadradas en los planes a largo plazo que en materia de energía fijase el gobierno y desarrollara, preservara y regulara la explotación de las fuentes de energía, dando especial preferencia a la producción de energía de fuentes renovables". Los cambios no implicaron sólo una nueva nomenclatura sino que suponían una posición distinta en el organigrama de las dependencias nacionales y por ende, un poder político y partidas presupuestarias diferentes (recuérdese que un caso similar de cambios en la primitiva dirección de trabajo permitió el ascenso del entonces coronel Perón y del movimiento obrero). Incluso, cuando en 1949 se reformó la Constitución Nacional, en su artículo 40 se decía: que todos los servicios públicos debían ser prestados por el Estado y que las empresas privadas serían expropiadas. Pese a estas amenazas, durante el gobierno peronista las empresas privadas no fueron enajenadas. Sí fueron perdiendo espacio por el crecimiento de la empresa estatal que abastecía extensas áreas. Para que se entienda mejor, apuntemos algunos datos: el decenio 1949-1959 se inició con una potencia instalada en las centrales de 1.344 kilovatios y culminó con 2.228 kilovatios, lo que representó un aumento del 5% anual acumulativo (50 % en los diez años) y en ese repunte, fue decisiva la inauguración de la central San Nicolás, primera obra grande de Agua y Energía.

Folleto de Agua y Energía explicando el desarrollo del Complejo Hidroeléctrico Futaleufu en la Provincia de Chubut.

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La televisión marcó un cambio muy grande en el consumo cultural y de la población con programaciones dirigidas a los diferentes segmentos de la sociedad. Aquí, el célebre Club del Clan con Nicky Jones, Lalo Fransen, Raúl Lavié y Violeta Rivas .

El televisor: la "quinta pared" de las casas
Curiosamente, el advenimiento de la televisión argentina ocurrió el 17 de octubre de 1951, tras varios años de pruebas y errores. La novedad tuvo escasa repercusión en los medios periodísticos que, en las crónicas de la fecha, destacaron con mayor vigor el discurso impartido por Juan Domingo Perón conmemorando el Día de la Lealtad, que el acceso colectivo al registro audiovisual de esa jornada histórica. Sin embargo, la televisión marcó un hito en la historia de la electricidad. Luego de veinte años de experimentación en los que intentaron transmitir imágenes captadas a una distancia de veinticinco cuadras, los técnicos pioneros del Centro Argentino de Televisión lograron el objetivo. Entre 1931 y 1932 esos científicos dan los primeros cursos de Televisión en la Facultad de Ingeniería de la UBA. Eduardo Grinberg, uno de los promotores de la nueva tecnología, argumentaba a su favor en 1945 (vislumbrando ya la formidable penetración que habría de significar en la vida doméstica) "seremos telespectadores de cine, teatro, ópera, sentados en un cómodo sillón en nuestra casa, sin tener que salir, ni adquirir entradas, ni estar en un incómodo asiento del teatro;(...)" oiremos y veremos "desde cualquier lugar a los grandes artistas, con sólo mover las perillas con la misma familiaridad con que hoy se manejan los receptores de radio". Asimismo este precursor también advirtió la utilización futura del medio con fines publicitarios: "el público podrá ver y oír las explicaciones de nuevos modelos de autos, heladeras, radios..." hecho comprobable con el tiempo ya que muchos electrodomésticos se hicieron imprescindibles a partir de la televisión, y visionariamente concluía: "lo más difícil será colocar entre el público los primeros diez mil receptores; los demás se venderán solos". Pero para que la televisión verdaderamente viera la luz fue oportuno el apoyo del gobierno, logrado particularmente a través de Eva Perón, quien respaldó la iniciativa intuyendo los alcances de este nuevo medio electrónico. Se alentó el ingreso al país desde Estados Unidos de un transmisor Federal, aparatos de control de radiación, cámaras General Electric y camiones dotados de los elementos para la difu62

sión de imágenes desde el interior y exterior del que sería el primitivo Canal 7, todo valuado entre quince y veinticinco millones de pesos. Aunque los planes de iniciación de las transmisiones estaban previstos para 1952, un año antes en Buenos Aires ya habían salido a la venta alrededor de 3.000 receptores, la mayoría instalados en las vidrieras de los negocios de electrodomésticos, frente a las que se apretujaban los curiosos telespectadores para ver las primeras imágenes. Pero a un año de la inauguración del evento sólo se habían vendido 200 televisores. Esos nuevos artefactos costaban cerca de 8.000 pesos por lo cual no eran muy accesibles ya que el salario promedio era de 1.000 a 1.200 pesos. Sin embargo cuando un vecino o un bar compraban el primer televisor, la fascinación se trasladaba de boca a boca. En 1956 se fabricaron los primeros televisores nacionales, con lo cual se abarataron los costos y 100.000 familias pudieron acceder al nuevo prodigio tecnológico. Entre junio de 1960 y junio de 1966, con la puesta en marcha de los cuatro canales porteños y cerca de una veintena del interior con sus repetidoras que accedían a regiones alejadas y poco pobladas, se inició la era industrial de la televisión local. En esta década, casi toda la población argentina tenía un televisor. En las casas de familia se volvieron habituales personajes como el técnico de televisión o el antenista y el pesado regulador de voltaje, que equilibraba en 220 voltios las fallas de la provisión eléctrica. En 1969 se instaló en Balcarce (provincia de Buenos Aires) la primera estación satelital, que aportó la posibilidad de ver al instante lo que sucedía en lugares muy distanciados; tal como fue el arribo del ser humano a la Luna que las cámaras mostraron "en vivo y en directo". Aunque en 1978 se transmitieron para el exterior en color el Gran Premio de Fórmula 1 y el Mundial de Fútbol, recién en 1980 la totalidad de los canales, oficiales y privados, se fue reequipando y la televisión argentina pasó al color. Simultáneamente apareció otro artefacto, la videorreproductora, que aceleró aun más el proceso de tecnificación eléctrica. Y en 1984 irrumpió otra novedad: la TV por cable. La adquisición hogareña del segundo televisor "color" fue muy veloz y en tres o cuatro años el parque estaba mayoritariamente renovado. Para saber cuál fue la penetración de la televisión en los hogares observemos el incremento en el número de aparatos en nuestro país: hacia 1961/62 había 850.000; en 1967/9, 2.480.000; en 1970/72, 3.000.000; en 1980, 5.600.000 y a fines de 1990, más de 8.000.000 de televisores.

La televisión y los niños.

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Políticas de desarrollo
Volvamos un poco atrás: producido el derrocamiento de Perón, la Empresa Nacional de Energía (ENDE) se constituyó en Agua y Energía Eléctrica, empresa del Estado, en el año 1957 y su estatuto orgánico consignaba funciones de "estudio, proyecto, construcción, administración y explotación de obras de riego, defensas de cursos, de agua, avenamiento y saneamiento de zonas insalubres e inundables: el inventario y evaluación de los recursos hídricos en los ríos y otros cursos de agua, sus cuencas y demás fuentes de alimentación utilizables con fines de riego, bebida y aprovechamiento energético; el estudio, proyecto, construcción, administración y explotación de centrales eléctricas, medios de transmisión, estaciones transformadoras y redes de distribución, así como la compra y venta de energía eléctrica". Este engorroso objetivo daba cuenta de lo que implicaba su nueva razón social. En 1958, Agua y Energía compró en 235 millones las centrales del interior del país correspondientes a los grupos ANSEC Y SUDAM. Durante la presidencia de Arturo Frondizi, el Poder Ejecutivo envió un mensaje al Congreso en donde luego de enfatizar la gravedad de la crisis energética existente en el conglomerado urbano de Buenos Aires (por causa del deficiente estado de equipos e instalaciones, baja producción energética, necesidad de inversiones en renovaciones y ampliaciones, entre otras), anunciaba la suscripción de un convenio preliminar entre el gobierno nacional, la CADE (Compañía Argentina de Electricidad) y CEP (Compañía de Electricidad de la Provincia de Buenos Aires) por el cual se les otorgaba la concesión de servicios en Capital Federal y en catorce partidos al sur de la misma (al principio el norte y oeste de la urbe metropolitana quedaron en manos de Agua y Energía, hasta 1962). Este convenio entre las tres partes, luego se hizo definitivo y dio lugar al nacimiento de Segba. La historia es compleja. Había dos conflictos: un problema socioeconómico, por el que se argumentaba que ante la problemática energética surgida de la gran concentración poblacional y económica del conurbano bonaerense, los partidos municipales estaban excedidos. La continua escasez del suministro llevó al gobierno a plantear una acción federal y que las soluciones para el área

El presidente desarrollista Arturo Frondizi visita la Usina Eléctrica Extremo Sur de Avenida Costanera.

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sólo podían ser efectivamente encaradas por la intervención nacional. Pretextando, como antecedente, lo ocurrido en dos provincias (Buenos Aires, 1947 y Santa Fe, 1949) se declaró al Gran Buenos Aires, parte de la jurisdicción de ámbito federal en cuanto a la prestación del servicio eléctrico (el principal argumento se basaba en el hecho técnico de la ramificación progresiva de las redes de distribución a través de los límites geográficos locales, constituyendo de hecho un sistema unitario de generación y distribución). El segundo problema era que había varios pleitos del gobierno nacional oponiéndose a la extensión del plazo de la concesión a la CADE en Capital Federal, otorgada mediante las ordenanzas municipales de 1936. Ante la lentitud de la vía judicial y la urgencia de la crisis energética, se dio un acuerdo del gobierno nacional con CADE y CEP por el que se constituía una sociedad anónima con participación estatal: Segba S.A. (Servicios Eléctricos del Gran Buenos Aires, Sociedad Anónima). El capital era mayoritariamente del Estado nacional y las empresas gradualmente le irían transfiriendo sus bienes en el transcurso de diez años, aunque ya para 1961 era 100% estatal. Para la década del cincuenta, el consumo de la zona del Gran Buenos Aires era superior al 50% del total del país. Y entre las provincias de Buenos Aires, Santa Fe, Córdoba, Mendoza y Tucumán se consumía el 26% restante. La crisis del sector energético subsistió hasta la finalización de la década del cincuenta y, podría decirse que se revirtió en 1963, cuando el servicio estuvo normalizado en Buenos Aires, principalmente por la labor de Segba y, en el interior del país debido a la acción desarrollada por Agua y Energía Eléctrica, junto a empresas provinciales y cooperativas de usuarios.

Tablero de control.

Los años difíciles
A partir de la década del sesenta, la nueva empresa estatal Agua y Energía Eléctrica era la principal ejecutora de la política del gobierno nacional para el sector y su crecimiento se debió al aumento vertiginoso de la demanda en los últimos años, y a la intención explícita de permitir el acceso de una porción creciente de población a los beneficios de los servicios eléctricos. Paradójicamente fue la empresa estatal que más sufrió las consecuencias de las interferencias de tipo institucionales. Por ejemplo, en lo que respecta a su política tarifaria, se vió restringida por la inercia de las prácticas de sus predecesoras cuyos regímenes tarifarios no respondían a criterios técnico-económicos necesarios. Se mantuvo, pues una gran diversificación geográfica de precios y costos incrementales de capital, lo que motivó una serie de conflictos con las provincias. Durante la presidencia de Arturo Frondizi (1958-62) se aprobó la ley 15.336, conocida como "de Energía Eléctrica", que establecía la jurisdicción nacional para la generación y transmi65

sión de electricidad y dejaba en el ámbito de jurisdicción provincial, la distribución y subtransmisión. Si bien las actividades de generación y transporte no estaban especificadas, el abastecimiento estaba regulado por la recientemente creada Secretaría de Energía y Combustibles. Lo novedoso es que se abría la posibilidad jurídica al capital privado (anulada ya la constitución de 1949) y a su vez, la Nación se reservaba el derecho de otorgar concesiones privadas para el aprovechamiento de los recursos hídricos. Nótese que esta ley implicaba cambios políticoeconómicos respecto del período peronista (de acción principal del Estado). En los sesenta, las inversiones estatales eran de poca monta pues no había capital para llevarlas adelante. El gobierno frondicista intentó entonces apelar a las concesiones privadas de capital extranjero para desarrollar el país. El problema de estas políticas es que no tuvieron una continuidad en el tiempo. Así, el desarrollismo frondicista fue derrocado y el gobierno sucesor de Arturo Illia aplicó políticas económicas opuestas. Juan Carlos Onganía, por ejemplo, promulgó el decreto-ley 17.004 por el cual se ratificaba la jurisdicción nacional de todos los servicios, es decir la ley 15.336. Obviamente estos vaivenes institucionales del país, se vieron reflejados en las empresas estatales que tuvieron a su cargo la generación de electricidad. La empresa Agua y Energía cuya divisa era "factor de progreso" se vió afectada por situaciones políticas que motivaron su alejamiento de nuevos proyectos.

Sindicalistas con protagonismo
En las afiebradas décadas del sesenta y setenta, donde el rol del Estado fue de suma importancia respecto de las empresas de energía, cobraron también protagonismo los dirigentes gremiales ligados a ese sector. Tres nombres son representativos, porque durante sus trayectorias (muy distintas, por cierto) dan cuenta de los distintos vaivenes y luchas de los trabajadores de la energía: Agustín Tosco, Juan José Taccone y Oscar Smith. Agustín Tosco fue una figura emblemática del sindicalismo combativo durante dos décadas y un líder respetado no sólo por quienes compartían y admiraban su lucha sino también por sus adversarios políticos. A los 19 años, en 1949, comenzó a trabajar en SPEC –futura EPEC, Empresa Provincial de Energía de Córdoba– y casi de inmediato se inició su carrera sindical, ya que fue elegido por sus compañeros de tareas, en años sucesivos, primero subdelegado, luego delegado y después secretario del Cuerpo de Delegados
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Agustín Tosco, un dirigente sindical relevante de Luz y Fuerza en los años 60.

del Sindicato de Luz y Fuerza. A los 23 años ya integraba el Consejo Directivo del gremio y a los 24 accedía al secretariado de la Federación Nacional (FATLYF), con sede en Buenos Aires. Finalmente, en 1957, asumió el cargo de secretario general del Sindicato de Luz y Fuerza de Córdoba cuyos destinos dirigió prácticamente hasta su muerte en 1975. Durante esos años, los trabajadores de Luz y Fuerza siempre respondieron a Tosco aún en los momentos en que ocupó cargos de menor jerarquía, o cuando estuvo preso, en la resistencia o en la clandestinidad o con el gremio intervenido. Tuvo fama de incorrruptible y procuró no perder contacto con las necesidades reales de sus representados, para lo cual volvía periódicamente a desempeñar sus tareas en la Empresa Provincial de Energía de Córdoba, aunque estuviera abocado a funciones sindicales. En la década del sesenta, Tosco cobró mayor protagonismo juntamente con el peso que iba adquiriendo Córdoba en el convulsionado escenario político argentino, a raíz de la existencia de un movimiento obrero singularmente combativo e independiente. En 1968 la CGT nacional se dividió en "Azopardo" –bajo el liderazgo de Augusto Vandor y José Alonso– y en "de los Argentinos" con Raimundo Ongaro, línea más combativa y oposito- El dirigente sindical Oscar Smith. ra al régimen militar. En las vísperas del "Cordobazo" (la célebre pueblada del 29 de Oscar Smith mayo de 1969) un movimiento de protesta generalizado se extenComenzó su militancia gremial en el año 1952, siendo por el término de 10 años delegado militante e integrante del Comité de ludía por todo el país. Agustín Tosco fue una de las figuras clave, gar respectivo. Desde 1961 y hastas 1975 fue sucesivamente, ocuya que su gremio junto a SMATA y UTA decidieron acciones copó diversos cargos en el Sindicato de Luz y Fuerza Capital hasta munes; entre los tres controlaban la energía eléctrica, la industria ser nombrado Secretario Gremial. automotriz, y el transporte en Córdoba. Luego de los violentos suPosteriormente, su acción trascendió la del propio sindicato para cesos ocurridos, el Cordobazo concluyó con un saldo de 14 muerocupar los cargos de Secretario Gremial de la Federación Argentitos y 100 heridos, además de centenares de detenidos entre los na de Trabajadores de Luz y Fuerza (FATLYF), fue miembro del Comité Confederal del CGT y Delegado al Congreso Nacional de la que se encontraba el propio Tosco. Condenado a más de ocho años CGT (1969-1972) y durante el mismo período fue miembro de las de prisión, no llegó a cumplir un año de detención en Rawson, Comisiones Técnicas y Paritarias Nacionales de Luz y Fuerza. Asipues numerosas huelgas y manifestaciones exigieron su libertad. mismo, en el período que va de 1973 a 1974 integró el Consejo Directivo de las 62 Organizaciones, fue Delegado ante la OrganizaA eso se sumaba el deterioro del régimen militar que intentaba ción Internacional del Trabajo (OIT) y Miembro del Comité Central una política más conciliadora. Tosco continúo su actividad y en Confederal. 1971 fue nuevamente encarcelado. Desde el periódico de Luz y Fue electo Secretario General del Sindicato de Luz y Fuerza en el Fuerza, Electrum, se denunciaba la ilegalidad de su procesamienaño 1975, ejerciendo su cargo hasta su desaparición en febrero de to y detención. A pesar de estar recluído continuó siendo reele1977. El regimen militar ordenó su cesantía como trabajador de la gido como titular de su gremio. Si Tosco había sido peronista en Empresa SEGBA en mayo de 1976 a pesar de lo cuál siguió ejerciendo la representación de los trabajadores de Luz y Fuerza hasta sus comienzos sindicales, su inclinación había derivado luego al
su desaparición forzada. 67

socialismo y ya en los setenta se definió explícitamente marxista. Así en 1974, con el peronismo en el poder, algunos gremios cordobeses que se mantenían al margen de la estructura del partido gobernante –como Luz y Fuerza– quedaron excluídos de la CGT. Para Tosco la situación se tornó dramática ya que la Triple AAA (Alianza Anticomunista Argentina, una organización parapolicial de derecha orquestada desde oscuros despachos gubernamentales) lo amenazó de muerte y el gobierno ordenó su captura. Luego de un allanamiento en la sede del gremio donde se dijo que habían encontrado armas de guerra, el dirigente lucifuercista pasó a la clandestinidad. Al poco tiempo, la Empresa Provincial de Energía de Córdoba dispuso su cesantía. Un año después, en 1975, falleció a raíz de una infección generalizada. Su cuerpo fue depositado en el panteón de la Unión Eléctrica; de ese modo concluían veinticinco años de lucha al frente de los trabajadores de la empresa de energía eléctrica de Córdoba. Por su parte, Juan José Taccone tuvo una amplia trayectoria en el gremio de Luz y Fuerza donde desempeñó el cargo de secretario general de la filial metropolitana entre los años 1965 y 1970 y el de secretario de organización en la Federación. En esa época también ocupó un lugar destacado en los pasos previos a la reorganización de la CGT, producida poco después de la asunción del ex presidente de facto Juan C. Onganía. En el período de repliegue en su actividad sindical se desempeñó como empleado en la biblioteca de Segba, al tiempo que impulsó un proyecto de cogestión y participación de los trabajadores en la conducción de la empresa estatal de energía. En junio de 1973 –bajo la primera etapa de esa administración justicialista– fue designado presidente de Segba, lugar desde donde auspició el sistema de participación laboral cogestionaria y la nacionalización de la Compañía Italo Argentina de Electricidad (CIAE), un objetivo que se vinculaba con la intención de crear la Empresa Nacional de Energía como único ente regulador de la producción energética del país. El 24 de marzo de 1976, Taccone renunció a la presidencia de Segba, cuando se iniciaba el último régimen militar.

El dirigente gremial Juan José Taccone fue otro de los líderes de gran gravitación en el gremio.

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Las grandes centrales de generación
Conocidas las múltiples formas de generar energía, se fueron creando desde el Estado instituciones destinadas a una aplicación específica. La primera de ellas fue la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA), creada en 1950, que tenía por objetivo desarrollar, recibir y ejercer la función de controlar y transferir tecnología nuclear para diversos fines. La generación eléctrica era el motivo principal, aunque también se llevaban a cabo otras aplicaciones como la producción de radioisótopos para uso médico, agropecuario e industrial. Sus plantas de energía nuclear son Atucha I, Embalse Río Tercero y Atucha II, en construcción. En 1967, el gobierno decidió la creación de Hidronor S.A. (Hidroeléctrica Norpatagónica Sociedad Anónima), corporación pública cuyo objetivo principal era la utilización hidroeléctrica de los recursos localizados al norte de la Patagonia. Resultaba curioso que existiendo como empresa estatal Agua y Energía, se decidiera la creación de una nueva empresa, sobre todo cuando el proyecto inicial del aprovechamiento de las cuencas del río Limay y Neuquén había sido diseñado dentro de Agua y Energía, tal como apuntáramos en el apartado anterior. Lo cierto fue que el gobierno y los organismos encargados de financiar este emprendimiento desconfiaban de su capacidad para el manejo de los recursos hídricos de ambos ríos. Las objeciones de peso estaban fundadas en el status legal de la empresa (sociedad del estado). Era preferible una sociedad anónima aunque tuviera participación estatal porque estaría sujeta a las normas del derecho privado, motivo por el cual sería menos vulnerable a interferencias de carácter político. En el caso de Hidronor S.A. es interesante remarcar el éxito de la empresa, pues cumplió con los plazos de ejecución de sus primeras obras, el complejo Chocón-Cerros Colorados, consistente en el encauce de los ríos Limay y Neuquén que forman el río Negro. Esta obra de aprovechamiento de los recursos hidroeléctricos norpatagónicos sirve para regar más de un millón de hectáreas e incluye el transporte de energía eléctrica hacia el Sistema Interconectado Nacional (SIN), al cual los sistemas de generación y transmisión en alta tensión de las distintas regiones del país se encuentran casi totalmente integrados conformándolo. Está desarrollado en la tensión de 500 kilovolts. También otros proyectos hidroeléctricos estatales fueron emprendimientos binacionales fijados por convenios, como el de Salto Grande (con la República Oriental del Uruguay) y Yacy-

La Central Nuclear de Atucha, en provincia de Buenos Aires.

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retá (con Paraguay). Yacyretá, sobre el río Paraná, comenzó a gestarse a mediados de los sesenta aunque la fecha de iniciación del proyecto fue 1973. La historia de esta represa es casi un símbolo de las desventuras políticas argentinas: su construcción fue planeada en ocho años pero su ejecución estuvo parada más de quince años. Estos atrasos generaron cuantiosos sobrecostos no previstos debido a cargos por indexaciones, juicios contra la entidad binacional y reformulaciones del proyecto. Si funcionase según lo planeado, implicaría un aumento de potencia de 2.950 megavatios, o sea casi un 20 % del total de potencia instalada hasta 1992, y un 38% de la oferta eléctrica en generación. En el año 2000 Yacyretá entregó al Sistema Argentino de Interconexión (SADI) 11.860 gwh. (gigavatios/hora), equivalentes al 15% de la demanda interna. El caso de Salto Grande es distinto, pues el interés formal por la utilización conjunta del río Uruguay viene desde 1938, cuando se firmó un convenio y protocolo entre Argentina y Uruguay para el aprovechamiento de los rápidos en la zona de Salto Grande. Durante la década del setenta, la Entidad Binacional Comisión Técnica Mixta de Salto Grande comenzó la construcción de una central de 1.890 Megavatios. A través de esta obra quedaron interconectados los sistemas eléctricos de ambos países. Las primeras unidades fueron habilitadas en 1979, completándose la puesta en funcionamiento total de sus turbinas en la década del ochenta.

Yacyretá. Un símbolo de las desventuras políticas argentinas.

La excepción a la regla
Durante esta etapa de nacionalización y estatización sólo subsistió en el ámbito privado la CIAE o Italo en Buenos Aires. Esta empresa siguió operando y sus actividades fueron reguladas por la Secretaría de Energía, quedando sujeta a un régimen de precios similar al de Segba. La excepción de la Italo fue, en rigor, una situación que el Estado deseaba mantener con otras compañías pero que no pudo cumplir: cuando se formó por emergencia Segba como empresa con participación estatal, el gobierno nacional (Frondizi, en ese entonces) pensó que sería temporariamente del Estado y que luego iría vendiendo paulatinamente su participación accionaria en el mercado de capitales. El gobierno tuvo la intención de convocar a las operadoras privadas para que continuaran en el sector, pero éstas se negaron aduciendo falta de capacidad de conseguir fondos para las obras de inversión requeridas. Italo fue la única sobreviviente, aunque su situación se limitó más a permanecer que a realizar mejoras o inversiones nuevas. Su última gran inversión había sido la compra del domo de una caldera, en 1968, para su central Nuevo Puerto. La falla en su regulación se explicaba por la forma en que debía terminar la concesión, pues la CIAE debía devolver los activos al Estado, sin compensaAviso publicitario de la CIAE; mayo de 1972.

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ción alguna; esta cláusula desalentaba la inversión a medida que se acercaba la finalización de la concesión. Durante el tercer mandato peronista, de 1973-76, se intentó expropiarla con el argumento de la falta de acatamiento a los términos de la concesión, aunque resultó imposible. Recién en la última dictadura militar y siendo ministro de Economía José Alfredo Martínez de Hoz, la empresa Italo –argumentando la continua amenaza de expropiación y la supuesta falta de cumplimiento del contrato por parte del gobierno con respecto al nivel garantizado de rentabilidad–, solicitó la compra por el Estado y posterior fusión con Segba, en 1979. Los dueños especulaban con la posibilidad de la intervención estatal, sabiendo cuán vulnerable era el gobierno tratándose del suministro de los servicios eléctricos. Esta nacionalización fue duramente atacada en la reapertura democrática posterior a 1983. En el ámbito del Congreso de la Nación funcionó una Comisión Especial Investigadora sobre presuntas irregularidades en la transferencia de Italo Argentina de Electricidad. En efecto, había razones para sospechar de la venta, pues el precio fijado antes de 1976 para la venta de la empresa era de 30 millones de dólares y el Tesoro Nacional pagó en 1979, 300 millones de dólares, por los elevados cargos de indemnización. Luego de una serie de episodios nunca aclarados del todo en los que no faltó un atentado contra un diputado miembro de la Comisión, el caso fue pasado al cajón del olvido, no teniendo desde el punto de vista judicial, ninguna condena.

Los desafortunados años ochenta
En 1980, durante el último gobierno militar, se transfirieron por decisión unilateral y sin cargo a las provincias los servicios de riego y suministro de electricidad. Algunos resultaron traumáticos como el de Córdoba porque absorbió las instalaciones vinculadas con la Red Nacional de Interconexión. Fue un momento crítico porque, al gran endeudamiento e inadecuado nivel tari fario que impedían la suficiente generación de fondos genuinos, se sumó el desprendimiento gratuito de cuatiosos bienes. Incluso se tomaron decisiones contradictorias, pues mientras se otorgaba a Agua y Energía la operatividad total de las líneas e instalaciones que vertebraban la Red, se le cedió a Segba parte de la línea de alta tensión en 500 kilovolts entre las estaciones transformadoras de General Rodríguez y Ezeiza, que era un tramo troncal de la Red Nacional de Interconexión.
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Subestación de Segba.

Centro Atómico Ezeiza.

Esta red, tenía una estructura funcional sobre la que se había forjado en más de cuarenta años el Sistema Interconectado Nacional (SIN), dividido en ocho sistemas: Litoral (Buenos Aires Norte, Santa Fe y Entre Ríos); Mar del Plata; Centro (Córdoba, San Luis y La Rioja); Cuyo (Mendoza y San Juan); Noroeste (Tucumán, Salta, Jujuy, Catamarca y Santiago del Estero); Noreste (Corrientes, Chaco, Formosa y Misiones); Comahue (Río Negro, Neuquén, La Pampa y Buenos Aires Sur); y Patagónico (Chubut y Santa Cruz). También se transfirió en los ochenta la subtransmisión, distribución y plantas de generación a las provincias exceptuando a La Rioja, Santiago del Estero, Tucumán, Río Negro y Formosa. Nuevamente se trató de una decisión unilateral del gobierno central pero contaba con una ventaja adicional: provocaba la disminución de la concentración del poder sindical de Luz y Fuerza. Estas decisiones finales, a partir de las cuales se dió la provincialización de los servicios, resultaron catastróficas, pues no sólo no se invirtió en nuevas obras sino que tampoco se realizó mantenimiento a las ya existentes. El resultado del constante deterioro fue una nueva crisis energética durante los años 1988/89 que puso de manifiesto la imposibilidad de intervención del gobierno nacional. Desandando el camino que había emprendido en la década del treinta, la opinión pública acusaba esta vez al estado de "enfermedades terminales" como el gigantismo, la burocracia, ingobernabilidad, desprofesionalización en la dirección, politización e inadecuación legal y de capacidad de gestión. Nuevos vientos soplaban insuflando gran desprestigio hacia las empresas estatales y nacionales. La era de la privatización había llegado.

El Cabildo luce majestuoso debido a la iluminación focalizada que realza su fachada.

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Los paraísos eléctricos
Desde tiempos remotos, las sociedades tenían lugares públicos de encuentro, diversión y rarezas como las ferias y los mercados. Con el tiempo, se fueron especializando cada vez más, hasta llegar a convertirse en espacios singulares y diferenciados. Así surgen a fines del siglo XIX en todas las grandes metrópolis los parques de diversiones. Estos espacios al aire libre eran herederos de las tradicionales kermeses o ferias de atracciones, donde proliferaban entretenimientos diversos para un nutrido público. Probablemente sea el uso masivo de la electricidad, junto con la incorporación de nuevas y permanentes innovaciones técnicas, lo que posibilitó que estos parques adquirieran más sofisticación y se plagaran de juegos electromecánicos que comenzaron a deleitar a sus participantes, de salas de proyección y pistas de baile donde actuaban grandes orquestas, lo que alentaba una concurrencia mayor y sobre todo resultaba propicio para la diversión nocturna. Estos parques deslumbraban con el derroche de luces de colores, pero también por los poderosos motores eléctricos que ponían en funcionamiento sus audaces juegos. En Buenos Aires, el legendario Parque Japonés se inauguró en 1911 y estaba ubicado en la actual avenida del Libertador y Retiro. Fue obra del arquitecto alemán Alfredo Zucker que ya había diseñado el proyecto del Plaza Hotel. Los juegos más concurridos eran "el trencito" con un recorrido vertiginoso de 1.400 metros, el famoso "water chute" –un vehículo que se deslizaba raudamente por una pendiente hasta golpear en las aguas de un lago artificial– y "el túnel misterioso", entre otros. Estas atracciones demandaban gran despliegue técnico y las maquinarias que ponían en funcionamiento muchos de ellos requerían motores de gran potencia. Luego de un devastador incendio en 1930 ya no volvió a ser como antes y en 1933 fue completamente desmontado. A fines de la década del ’30 se inauguró un nuevo Parque Japonés que más tarde se llamó Parque Retiro (localizado en San Martín y Leandro N. Alem), pero no tuvo el mismo encanto que su antecesor, pues constaba con pocos adelantos técnicos. Tenía juegos más propios de "ferias de diversiones" –como tiro al blanco, calesitas y pseudofaquires u otros personajes casi circenses– que de parque de diversiones. No obstante esto, ofrecía a los asistentes algunas emociones "en-

La electricidad y su uso se extendían en todos los aspectos diarios, incluso en los entretenimientos.

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chufadas": "el látigo", un carrito para dos personas que hacía un recorrido circular y que al llegar a los bordes de la pista realizaba un brusco giro que daba la impresión de un "latigazo", y la "vuelta al mundo", una rueda giratoria de grandes dimensiones de la que colgaban cabinas de dos asientos que al llegar al punto más alto del recorrido se demoraba unos instantes para provocar emoción en los viajeros que veían a sus pies una impresionante panorámica de la ciudad. En tiempos no tan lejanos, en 1960, como parte de la exposición montada para conmemorar el Sesquicentenario de la Revolución de Mayo, se construyó el Ital Park en un predio de seis hectáreas en Avenida del Libertador y Callao. Entre los 35 juegos electromecánicos que se estrenaron, se popularizaron rápidamente los "autitos chocadores", la "montaña rusa", y "las sombrillas voladoras" que convocaron a niños de todas las edades. En 1990 se produjo un grave accidente en uno de los juegos lo que provocó su clausura temporaria y luego definitiva. Actualmente, los parques de diversiones existen en las afueras de las ciudades; por ejemplo en el conurbano bonaerense y, probablemente este deslizamiento de escenario se deba al extenso espacio que requieren para la incorporación de juegos electromecánicos cada vez más sofisticados. La tradicional visita a los parques de diversiones se sigue realizando, e incluso la oferta actual se completa con espectáculos de agua danzante y escenarios montados con platea circular giratoria donde trabajan técnicos especializados en la instalación de alta tecnología en luz y sonido. En la imaginación de los niños estos parques constituyen lugares fantásticos; al adulto, en cambio, le permiten admirar fascinado el derroche de luces y máquinas eléctricas.

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La crisis del modelo estatal y la privatizacion del sector electrico
A fines de la década de los 80 el sobredimensionamiento del rol del Estado dió lugar a dificultades crecientes en la gestión de las empresas eléctricas que concluyó en un creciente deterioro del servicio público en términos de eficiencia y calidad de servicio, y finalmente en el colapso de las mismas empresas. Los serios problemas de financiamiento para atender gastos e inversiones y el uso político de las tarifas como herramienta antlinflacionaria y de distribución de ingresos generó una profunda descapitalización de las mismas. La ineficiencia en la gestión empresaria y las dificultades para obtener recursos genuinos para lograr el normal desenvolvimiento operativo y posibilitar la realización de las inversiones llevó a que las empresas eléctricas colapsaran. Los crecientes problemas concluyeron, durante los años 1988 y 1989, en una grave crisis de abastecimiento con significativos déficits de energía en todo el país y cortes anuales de suministro estimados en 1.000.000 MWh. Hacia finales de los ochenta la empresa estatal Segba, predecesora de Edesur, Edenor y Edelap, formaba parte del problema y se encontraba en una difícil posición en cuanto a su capacidad de realizar la tarea de distribución con el mínimo de calidad necesario, producto de una mala asignación de recursos y en la inexistencia de un sistema de incentivos apropiado. Las características de la gestión de Segba en los finales de la década de los '80 eran la incapacidad para financiar genuinamente inversiones, las pérdidas operativas con subsidios del estado nacional, mala calidad del servicio, alto nivel de hurto de enerqía y tarifas políticas. La crisis evidenciada por las hiperinflaciones de 1989 y 1990 obligó al Estado a buscar alternativas de reestructuración del sector eléctrico. A tal efecto reformuló la organización y regulación del sector, y dispuso el traspaso a manos privadas de las empresas con el objetivo primordial de mejorar su gestión y posibilitar la realización de las inversiones necesarias que acompañaran un crecimiento económico sustentable. Fue condición indispensable para iniciar con éxito la transformación, un ambiente macroeconómico estable y un marco legal que posibilitara la creación y el fortalecimiento de las instituciones e incentivara la participación del capital privado tanto nacional como extranjero. Ello se logró mediante el dictado de la Ley de Emergencia Económica (Ley Nro. 23697) y de la Ley de Reforma del Estado (Ley 23.696) La sanción de la ley 24.065 creó el nuevo Marco Regulatorio Eléctrico y marcó un punto de inflexión en la politica hacia el sector. Las disposiciones contenidas en la norma buscaron que
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Técnico trabajando en alta tensión.

las actividades respondieran a reglas de juego transparentes con la búsqueda de eficiencia a través de la implantación de mecanismos de competencia. Entre los paradigmas de la transformación cabe mencionar que la regulación debía incentivar el gasto eficiente y las inversiones de riesgo evitando el conflicto de roles entre empresas privadas y Estado en el sentido que las empresas no sean responsables de las políticas sociales de Estado. Los incentivos deberían permitir la recuperación de una industria en crisis con el objetivo de que los servicios se presten con calidad adecuada, la actividad de las empresas resulte financiada con recursos tarifarios genuinos y que por los servicios prestados las compañías reciban tarifas competitivas a nivel internacional. Las exigencias de calidad y las tarifas reguladas deberian ser tales que incentivaran a invertir en función del servicio que debería recibir el cliente, cumpliendo el principio de que la tarifa es el precio de una calidad. Ya que el hurto de energía se consideraba un flagelo para la industria y la sociedad deberían crearse mecanismos para que la reducción de pérdidas reportara un beneficio para la empresa privada y no que los costos se repartieran entre los consumidores que abonaran sus facturas. Los costos de la transformación y modernización de la industria deberían incluirse en los montos ofertados por la compra de las empresas, para lo cual debería dotarse a la regulación de estabilidad y previsibilidad (reglas de juego claras y garantía jurídica).

Vista aérea de la Hidroeléctrica Piedra del Aguila ubicada sobre el rio Limay en Neuquén.

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Principales resultados de la transformación de la industria eléctrica
Las privatizaciones dieron lugar a la entrada de importantes grupos económicos energéticos de nivel mundial con ingresos de capitales que superaron los 3.500 M$. A causa de la transferencia de las operaciones de Segba el Estado Nacional logró un importante ahorro debido a la eliminación de los aportes que realizaba a la empresa (aproximadamente en 130 M$/año y a la percepción de ingresos por el pago de impuestos por mas de 100 M$/año). La evolución de la industria en el período 1992/2001 muestra los siguientes resultados: - Inversiones por más de 6.000 M$. - Duplicación de la oferta de generación. - Incremento en más del 50% de la extensión de las redes de distribución. - Reducción del precio de generación (casi a la mitad). - Niveles bajos de tarifas en la comparación internacional. - Reducción del 80% de la frecuencia y duración de las interrupciones. -Disminución de las pérdidas no técnicas (más del 15% respecto del total de energía comercializada.

Los operarios marcan la escala real de la sala de máquinas de la hidroeléctrica Piedra del Aguila.

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La generación hoy
En la década de los 90, la llegada de nuevas inversiones permitió recomponer la oferta de generación hasta transformar a la Argentina en un país exportador de energía eléctrica.

Ubicación Centrales Hidráulicas y Atómica - Año 2001 Ubicación Centrales Térmicas - Año 2001

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La demanda
Demanda por jurisdicción año 2000 El área metropolitana abastecida entre otras distribuidoras por Edesur concentra el 40 % de la demanda de la energía eléctrica del país.

La demanda creció exponencialmente en la segunda mitad del siglo veinte.

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El transporte
Evolución del Sistema de Transmisión en 500 kV Las grandes obras de transporte que dieron forma al Sistema Argentino de Interconexión comenzaron a construirse en la década del ‘70.

1980

2000

1990

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Conclusión: el triunfo de la luz sobre las tinieblas
Poco a poco el mundo se fue convirtiendo en eléctrico. Esta fuerza que había ingresado primero en la vía pública a través del alumbrado y luego en los ámbitos privados, en las casas de toda la gente, manejaba también los modernos transportes. El tren, símbolo de las inversiones inglesas de antaño, en 1916 ya había inaugurado su primer ferrocarril eléctrico que circulaba de Retiro a Tigre. En 1920 nacía la radiofonía, otra importante y masiva aplicación de la electricidad, esta vez en los medios de comunicación. La década del treinta consiguió el abaratamiento de la electricidad, lo que permitió el gran cambio en el ámbito doméstico, relacionado con el confort del hogar. Primeramente se incorpora la cocina, elegante mueble de acero niquelado, limpio, seguro y simple de manejar. Con esto se había dignificado la cocina, que dejó de ser el rincón oscuro y alejado para transformarse en una dependencia como cualquier otra. También se incorporaron la estufa "sin humo, olor ni peligro", y la heladera, cuya marca argentina exitosa era “Siam”. En la década del cuarenta se adoptaron decididamente los múltiples aparatos eléctricos que se compraban en cómodas cuotas mensuales. Una edición-almanaque de 1941-2 de la CADE exponía las ventajas de los modernos artefactos, todos eléctricos: relojes, pavas-teteras, tostadoras, acondicionadores de aire, aspiradoras de polvo y enceradoras, rizador y secador de cabello, batidora, parrilla, tanque para agua caliente, receptores de radio, toca-discos y combinado y máquina de afeitar, entre otros. Intentaba persuadir a los que persistían en sus artefactos "anticuados" o que consideraban costoso el uso de la electricidad: "por sólo 10 centavos pueden disfrutar Ud. y los suyos de una brisa primaveral durante 17 horas. Adquiera un moderno ventilador eléctrico que le ofrece tanto por tan poco dinero". Y también recomendaba: "Buena luz significa buena vista. No haga usted pagar a su vista los pocos centavos que se puede ahorrar cada mes con un alumbrado deficiente. ¡El dinero se recupera, la vista no!" En un aviso del mismo almanaque se ve a una señora que habla con el tiempo. "Mis días tienen más de 24 horas", le dice; y a continuación explica: "descansada, tranquila, feliz, la moderna dueña de casa dispone de tiempo para cultivar su espíritu, atender relaciones, practicar deportes, etc. Los aparatos eléctricos simplifican de tal modo sus tareas domésticas que prácticamente le permiten vivir más de 24 horas por día"(11). Se había cumplido entonces gran parte de lo que se auguraba o presentía en el 1900, cuando la electricidad todavía era más una promesa que una presencia constante. También en 1940 apareció una novedad en materia de iluminación eléctrica: el tubo fluorescente, que reemplazará a la lámparita incandescente de Edison sobre todo para uso comercial, y, en gran medida, industrial.

Publicidad de la década del sesenta.

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Pero las novedades paradójicamente también ponían al descubierto la precariedad del sistema eléctrico pues requería de constantes renovaciones e inversiones. Este deterioro culminó en la gran crisis energética de los cincuenta, en donde la situación fue dramática e insostenible: hubo grandes cortes y caídas de tensión, por lo que se implantó la "dieta eléctrica", que restringía los horarios de prestación y no se incorporaban nuevos suministros. Alejado el fantasma de la crisis, en los sesenta se proyectaron las grandes obras que se construyeron en la década siguiente y que comprendieron la puesta en funcionamiento de nuevas centrales que, junto a la red de transporte y a las estaciones transformadoras, constituyeron el Sistema Interconectado Nacional (SIN). Estas centrales eran de tres tipos: hidroeléctricas (Chocón, Futaluefú, Salto Grande, Nihuiles y Yacyretá, entre otras), nucleares (AtuchaI y II y Embalse) y térmicas (San Nicolás y Costanera, por ejemplo). El servicio eléctrico continuó por largo tiempo en manos del Estado, hasta la década de los noventa, en donde se hizo evidente la profunda crisis del Estado interventor. La deficiencia en el suministro de electricidad fue cuestionada por la opinión pública y, frente a la imposibilidad de acción del Estado, se privatizaron. Pero esto ya forma parte de nuestro presente y, por ende, no es parte de nuestra historia. En los últimos años en materia tecnológica se ven innovaciones como el descubrimiento de elementos químicos aislantes y las potenciales aplicaciones de la superconductividad. También se produjeron avances en uso de fuentes alternativas de generación (energía eólica, solar, entre otras) o el aprovechamiento integral de procesos de generación como la cogeneración (producción conjunta de electricidad con calor o vapor en los proceso industriales). Es decir, el camino emprendido por la electricidad todavía aparece sin límites en el horizonte; sobre todo si a esto sumamos los avances en aplicaciones de informática y tecnología de comunicaciones. Iluminar la humanidad fue siempre una aventura harto complicada. Desde el fondo de los tiempos surgieron todo tipo de claridades y oscuridades. Esas contingencias siempre corrieron parejas, presentándose –como en el teatro griego– confundidos los dioses y las máquinas. La electricidad, en cambio significó el triunfo de las buenas luces por sobre las tinieblas.

Planta de la central térmica Costanera.

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Cronología (1936-1992)
1936 – La CHADE cambia de nombre y se convierte en CADE, empresa privada nacional. 1936 - Se aprueban las ordenanzas 8028 y 8029 por las cuales se prorroga la concesión a las empresas de electricidad CADE (ex CHADE). 1943 – Se forma la Comisión Investigadora de las Concesiones Eléctricas de la Capital Federal, presidida por el coronel Matías Rodríguez Conde. 1945 – Se crea la Dirección General de Centrales Eléctricas del Estado (CEDE) con la fusión de las direcciones nacionales de Irrigación y de Energía. 1947 – Por una nueva fusión nace la Dirección General de Agua y Energía. 1950 – Dada su creciente importancia, la Dirección General de Agua y Energía se transforma en la Empresa Nacional de Energía (ENDE). 1950 - El Poder Ejecutivo nacional crea la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA). 1951 – Nace la televisión argentina. 1957 - La Empresa Nacional de Energía (ENDE) se constituye en Agua y Energía Eléctrica, empresa del Estado (AyEE). 1958 – Se forma Segba S.A. (Servicios Eléctricos del Gran Buenos Aires, Sociedad Anónima), por un convenio celebrado entre el Estado nacional, la CADE y la CEP (Compañía de Electricidad de la Provincia de Buenos Aires, Limited). 1958 - Agua y Energía Eléctrica compra las centrales del interior del país, correspondientes a los grupos ANSEC y SUDAM. 1960 – Se aprueba la ley 15.336 de Energía Eléctrica que establece la jurisdicción nacional para la generación y transmisión de electricidad. 1967 – Se crea Hidronor S.A (Hidroeléctrica Norpatagónica Sociedad Anónima) para la utilización de los recursos hidroeléctricos de los ríos de la Patagonia. 1969 – Se instala en Balcarce, provincia de Buenos Aires, la primera estación satelital. 1973 – Se inicia el proyecto binacional argentino-paraguayo de la construcción de la represa hidroeléctrica Yacyretá, sobre el río Paraná. 1979 – Se habilitan las primeras instalaciones de Salto Grande, empresa binacional argentinouruguaya. 1979 - El Estado argentino nacionaliza la empresa Italo, pagando una costosa indemnización. 1980 – El gobierno nacional transfiere los servicios de riego y electricidad a las provincias. 1988/89 –graves crisis energéticas ponen al descubierto la incapacidad del estado para dar respuestas inmediatas. 1992 – Se realiza la privatización del suministro eléctrico de la ciudad de Buenos Aires.
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Nuestra misión

Somos una empresa de servicio público de energía eléctrica que distribuye y comercializa un insumo vital y crítico para la satisfacción de las necesidades básicas y de confort de empresas, instituciones y particulares, con continuidad, seguridad, calidad y eficiencia. Agregamos valor concientizando y asesorando a los clientes en el uso seguro y eficiente de la energía, minimizando el impacto ambiental, dando una solución rápida y definitiva a los problemas y actuando con responsabilidad comunitaria. Procuramos la mejora personal y profesional de los miembros de la organización y una genuina inserción comunitaria. Dentro de este marco buscamos ser percibidos como líderes del sector y alcanzar una rentabilidad sostenida para los inversores.

Nuestros Valores

• Orientación hacia el cliente. • Compromiso con la calidad, la seguridad y el medio ambiente. • Integración con la comunidad. • Transparencia. • Aprendizaje y Docencia. • Rentabilidad para los inversores.
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Compromiso con la Calidad, la Seguridad y el Medio Ambiente:
En el año 2001, EDESUR se transformó en la primera gran empresa argentina que certificó simultáneamente las tres normas de gestión. IRAM 3800: Sistema de Gestión de Seguridad y Salud Ocupacional (SGSySO), aplicado a los trabajos con tensión (TCT) en líneas de AT y MT y las funciones de apoyo a dichas tareas. ISO 9001: Sistema de Gestión de la Calidad (SGC), aplicado a los procesos de lectura, facturación, reparto y cobranza y las actividades de apoyo. ISO 14001: Sistema de Gestión Ambiental (SGA), aplicado a todas las actividades y operaciones relacionadas con los Procesos Técnicos (diseño, construcción, operación y mantenimiento de la redes de distribución de energía eléctrica), Comerciales y de todas las actividades de apoyo a ambos procesos en toda el área de concesión.

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Clientes y área de concesión:
En su área de concesión de 3.309 kilómetros cuadrados se concentra gran parte de la actividad industrial, comercial y financiera de la República Argentina y uno de los conglomerados urbanos más grandes del mundo. EDESUR distribuye y comercializa energía eléctrica en las 2/3 partes de la Ciudad de Buenos Aires y en 12 partidos del sur del Gran Buenos Aires (Avellaneda, Lanús, Quilmes, Berazategui, Florencio Varela, Almirante Brown, Lomas de Zamora, San Vicente, Presidente Perón, Ezeiza, Esteban Echeverría y Cañuelas) donde abastece más del 20% de la demanda eléctrica del país a través de un sistema formado por 7 Subestaciones AT/AT (Alta Tensión en 500 kV-Alta Tensión en 132kV), 57 subestaciones AT/MT (Alta Tensión-Media Tensión) y más de 5.000 kilómetros de redes eléctricas. La cantidad de clientes de la Compañía creció sustantivamente desde 1992 hasta superar a los 2,1 millones. Este crecimiento estuvo fuertemente influenciado por la extensión de redes realizada en los primeros años de gestión a sectores de bajos recursos que vivían marginados del sistema eléctrico. Entre los años 1992 y 1994, más de 400.000 habitantes de barrios carenciados se transformaron en clientes de la Compañía a partir de un importante programa de inversiones en construcción de nuevas instalaciones que permitió disminuir sensiblemente el hurto de energía. En efecto: en 1992, el porcentaje de pérdidas de energía (energía que se entregaba a la red y no se facturaba) era del 26% y ese registro se redujo en forma sostenida hasta llegar a un nivel de pérdidas del 9,9% en diciembre de 2001.

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Inversiones y Calidad de Servicio:
Entre septiembre de 1992 y diciembre de 2001, EDESUR invirtió 1.191 millones de dólares que le permitieron abastecer un crecimiento de la demanda del 37,4% mejorando, a la vez, la calidad de servicio. Considerando el primer año calendario completo de gestión de EDESUR como punto de partida (1993) la cantidad de interrupciones en el área de concesión de la Empresa se redujo a menos de la mitad en el año 2001 pasando de 8,36 a 2,98 interrupciones anuales por unidad de potencia instalada. Más notoria aún es la reducción del 77% en la duración de las interrupciones desde 1993 hasta el año 2001 (20,66 a 4,68 horas anuales sin suministro por unidad de potencia instalada). Es decir, EDESUR cumplió dos de los presupuestos básicos del modelo aplicado para la privatización del sector eléctrico: abastecer toda la demanda requerida en su área de concesión realizando para ello las inversiones necesarias y hacerlo con mejoras notorias en la calidad de servicio.

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Reducción de tarifas:
Un aspecto relevante para evidenciar los beneficios que la privatización del sector eléctrico generó a la comunidad es que estas mejoras en la calidad de servicio coincidieron con una reducción en las tarifas. Es decir que los clientes de EDESUR reciben hoy un mejor servicio que en 1992 a menor precio. Comparando las tarifas vigentes para distintos consumos típicos al momento de la privatización (septiembre de 1992) con las de septimbre del 2001, en términos reales, las rebajas son del 15% para casas de familia (T1 R2 consumo de 400 kWh/bimestre), del 12% para comercios (T2 consumo de 3.500 kWh/mes) y del 24,5% para industrias (T3 MT consumo 100.000 kWh/mes).

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Notas

1- Vergara, Eulalio Raúl: "Historia del alumbrado de la ciudad de Buenos Aires", Conferencia dictada en Buenos Aires, 1946. 2- Liernur, Jorge y Silvestri, Graciela: El umbral de la metrópolis. Transformaciones técnicas y cultura en la modernización de Buenos Aires (1870-1930). Ed. Sudamericana, Buenos Aires, 1993. 3- Citado por Liernur y Silvestri, op. cit. 4- Extraído de Liernur y Silvestri, op. cit. 5- Scobie, James: Buenos Aires del centro a los barrios, 1870-1910. Ed.Solar/Hachette, Buenos Aires, 1977. 5- Idea sostenida por Liernur y Silvestri, op. cit. 6- Liernur y Silvestri, op. cit. 8- Como lo demuestran Liernur y Silvestri, op. cit. 9- Liernur y Silvestri, op. cit. 10- Liernur y Silvestri, op. cit. 11- Extraído de Scotti, María Angélica: Historia de la electricidad. Empresa Provincial de la Energía de Santa Fe, (sin fecha).

Fuentes
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Bibliografia

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Agradecimientos

- Sr. Victor Ibañez Arroyo - Ing. Kostic - Sra. Ana María Raimondi - Sr. Alberto Barbeito - Sr. Norberto Broveglio - Biblioteca de la Asociación Eletrotécnica Argentina - Museo de la Ciudad - Revista Todo es Historia - Archivo General de la Nación - Museo Histórico Nacional - Museo y Archivo Dardo Rocha - Sindicato de Luz y Fuerza - Arq. Ricardo Ruiz - Biblioteca Nacional

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