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INFORMATIVO ICBÑ

MINISTERIO DE COMUNICACIONES - DOMINGO 24 DE AGOSTO DE 2008 LEER LOS EVANGELIOS EN CLAVE DE SEGUIMIENTO
Evangelio Según San Lucas 9:57-61
¿Para qué nos llama Jesús? Jesús no suele decir, al menos en principio, para qué llama. Sólo una palabra: “sígueme”. Se trata de una invitación. Pero, más que una invitación, lo que está en juego es una orden, que compromete a la persona entera y todo su mundo de relaciones. Se trata de algo extremadamente serio, pues supone un giro total en la vida de una persona. En este escenario comprometedor, es curioso, pero cuando Jesús llama a hombres y mujeres para que le sigan, no da explicaciones, no presenta un programa, no propone una meta, no sugiere un ideal, no aduce motivos, ni siquiera se hace una alusión a la importancia del momento o a las consecuencias que aquello va a tener o puede tener. ¿Qué implica el seguimiento? Renuncia a los bienes Los primeros discípulos dejaron las redes y la barca (Mateo 4.20); Mateo dejó su negocio; los discípulos lo dejaron todo. Por el contrario, el joven rico (Mateo 19:22), que no fue capaz de venderlo todo para darlo a los pobres, no siguió a Jesús. Renuncia a la propia instalación Para seguir a Jesús, era absolutamente necesario abandonar toda forma de instalación y toda vinculación inamovible a un lugar determinado. Jesús no aparece, en los evangelios, vinculado a un lugar estable (Lucas 9:58). El que sigue a Jesús no debe estar atado a nada ni a nadie. Renuncia a la familia Jesús no tolera a un seguidor que pretende seguir vinculado a la imagen y a las tradiciones paternas (Lucas 9:59,62); como tampoco tolera a quienes intentan compaginar el seguimiento con la más mínima dependencia respecto a la familia. Y es que, en definitiva, para Jesús, su verdadera familia no es el conjunto de personas que están vinculadas con él por lazos de sangre, sino el grupo de sus seguidores. Renuncia a toda forma de dominio Se trata de todo lo que signifique, de alguna manera, sobresalir por encima de los otros. Jesús fue en eso terminante (Marcos 9:35). Jesús prohíbe todo lo que pueda representar una forma de dominación o de pretender situarse sobre los demás, como igualmente les prohíbe ni aun siquiera llamar a nadie maestro o padre, porque en la comunidad todos son hermanos. cias, a los propios bienes, a la propia instalación, a la propia familia y a toda forma de dominio. La pregunta que nos interpela después de estas reflexiones evangélicas es la siguiente: ¿Es el seguimiento de Jesús una exigencia fundamental para todos los cristianos o es una exigencia reservada a los religiosos y quizá también a determinadas almas selectas? Con base en los propios evangelios, no hay fundamento alguno para pensar que el seguimiento de Jesús es una exigencia reservada solamente a algunos, a los llamados a la perfección de la vida evangélica. Todos los cristianos, por el hecho de serlo, están llamados a esa perfección. El seguimiento, por lo tanto, es la exigencia básica y fundamental de todo el que pretenda vivir cerca de Jesús y creer en el mismo Jesús.

PASTOR ICBÑ CARLOS CÁRDENAS C. Algunas notas contextuales:
El verbo seguir (gr. Ákolouzein) aparece 90 veces en el Nuevo Testamento y de esas 90 veces, 79 veces en los evangelios. Se distribuye así según los diversos autores: 25 veces en Mateo, 18 en Marcos, 17 en Lucas, 19 en Juan.

Se desprende de este análisis gramatical que la idea del seguimiento se concentra fundamentalmente en los evangelios. En resumen: sólo pueden seguir a Jesús los que renuncian, de verdad y con todas sus consecuen- __________________
Las reflexiones expuestas tienen como base el texto de José María Castillo, El Seguimiento de Jesús Editorial Sígueme, Salamanca. ____________________