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La grandez.

a y la eficacia de Santa Teresa Jesús en el plan humano
derivan en de su obra literaria. vida de santo está llena de
virtudes y que, dicho sea sin querer minimizarlas, se
  Por ello el hombre ve en cada santo «el Santo», prototipo de una
€ totalmente lejana de su condición a la perfección
de los ángeles.
Muchos bienaventurados añadieron a esta divinamente uniforme
una calidad humana profundamente que ni la leyenda ha podido
ni el ni las devociones particulares de épocas sucesivas
en la que vida y alma. Gracias a ella, todo
al concluir esos añadir un nuevo voto a quienes han san-
cionado tal santidad en los solemnes conclaves romanos. Así pasa con San
con San Agustín, con tantos otros. Pero yo creo que son sobre todo los
grandes místicos hablan eternamente a través de sus obras, y de entre
ellos ninguno como Santa Teresa de Jesús.
Los no han tenido que hacer esfuerzo para reproducir las
extraordinarias escenas de que fue ni los hagiógrafos que investigar
en archivos ni recoger tradiciones: toda su vida está escrita por ella misma, y
no sólo en su sino en cada una de sus demás obras; en cada linea,
por extraño que le sea el tema tratado, deja de su personalidad, como
el cordero copos de su lana entre las zarzas. Es este arte inconsciente,
nunca de transparentar la vida del autor en todo lo que escribe,
una de las notas más auténticas de la de un escritor.
Raro será desde su tiempo al el escritor o pensador que, siquiera
sea una vez, no se sentido tangente al pensarniento de Santa Teresa. La
terrible de su lo que en sus éxtasis, aquella
como fuerza sobrehumana que intentaba evadirse de su cuerpo y la ponía en
mortales trances, es todavía aprehensible y lo será siempre: basta que el
hombre cierre los ojos y mire dentro de sí mismo para encontrarla.
Sus páginas están impresas por las mismas prensas que graban en el papel
el pensamiento de los demás pero se trata e:n ellas de algo bien distinto ..
Obras completas
de la ciencia pretendiesen incluso que la vida de la Santa denunciaba estados
patológicos. Raramente ha asumido la pedantería una forma más grotesca.
Basta leer la vida de la Santa de Ávila, cuando no era más que una sencilla
mujer, para comprender el heroico proceso de sus luchas, hasta el sometimiento
de su carne mortal al alma alada, superior, sublimada por el sacrificio.
Es tan absurdo intentar catalogar esta realización sobrehumana de la persona
entre las enfermedades del espíritu, que seria ocioso hablar todavía de ello si
no es porque semejante arbitrariedad subsiste aún en letra impresa. Santa Te-
resa estuvo en comunicación con el más allá. Toda su vida fue como un ánfora de
cristal transparente, abierta, incapaz de reprimir nada, incapaz, por lo tanto, de
transformar la represión en anomalía. Está claro que Santa Teresa no puede pare-
cer normal al hombre medio; ha franqueado las fronteras ante las que se detienen
la mayor parte de los hombres; se pierde en el horizonte sin limites de lo excepcio-
nal. Pero gracias a gracias a otros seres excepcionales como ella, extraanor-
males y no anormales, prosigue el mundo en su ascensi6n inexorable.
En su Libro de las Fundaciones nos cuenta la Santa cómo al principio de
cada una de sus empresas se la tenia por loca. Hoy vemos, sin embargo, que la
:razón está amasada con presuntas sinrazones y no con el razonamiento
complaciente de las personas sensatas, de los espíritus críticos, incapaces de
siembra alguna. Entre ellos están quienes han intentado encuadrar en sus
diagnósticos a esta gran creadora sin discernir que la verdadera posición cien-
tífica consiste frecuentemente en creer lo que no es posible comprender.
En el tomo I, págs. recogimos ya el
que el doctor al de la edición francesa Libro de las
ciones, por de Brouwer. en traducción de Marcene Auclair Colec-
ción «Les   Decidimos incluir ahora este publicado
en A B C, de Madrid, el r¡ de octubre de 1965, por las variantes que ofrece respecto
al primero.
“Una página teresiana de Marañón inédita en
español”, ABC, Madrid, 17 de octubre
de 1965 (OC, IV, pp. 1061-1063).