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¡Un maravilloso lugar para visitar: Ayabaca!

Semanas atrás nos darían una gran noticia, ¡viajaríamos a Ayabaca! Visitaríamos Aypate y lo más importante, estaríamos 3 días enteros, días en los que aprenderíamos, nos divertiríamos y conoceríamos. Realizaríamos un trabajo de campo acorde a nuestra carrera, tiempo atrás había llegado la oportunidad para viajar a Ayabaca pero por distintos motivos se canceló. Pero ahora llegaría el momento, los ánimos estaban activos, todos sentíamos emoción de emprender este viaje. El día anterior al viaje, por diferentes razones, todo estaba apresurado, trabajos, de aquí, allá, y así continuó hasta el día de nuestro viaje. Llegaron las 2:30 de la tarde el grupo, conformado por alumnos del curso y dos profesoras, partiríamos con curso a Ayabaca, ¡el día había llegado! Ayabaca está Situada en el norte del Perú a 213 km de Piura, es una provincia de la región Piura, ubicada en el extremo occidental de la cordillera de los Andes. Limita al norte con el Ecuador, al sur con la provincia de Morropón y Huancabamba y al oeste con la provincia de Sullana. La variedad del territorio de esta provincia le permite tener una gran variedad de microclimas, los que van desde el seco y cálido hasta el húmedo y frío acentuado. Las vías de acceso nos llevan por una carretera asfaltada hasta la localidad de Sullana, luego se continúa por una pista también asfaltada, hasta la mitad de la ruta, al poblado de La Palma, y una trocha carrozable hasta Ayabaca. Después de 5 horas y media, llegamos al fin. En el camino no pudimos evitar observar el hermoso paisaje que nos acompañaba, una combinación de colores, colores vivos que llenarían de emotividad cada uno de nuestros corazones. Así fue llegamos y presenciamos un cielo maravilloso, aquel cielo nos estaba dando la bienvenida. Pasamos directamente a instalarnos y disfrutamos de una deliciosa cena, nuestro itinerario comenzaría con el Santuario del Señor de Ayabaca, pero debido a que este ya se encontraba cerrado, no pudimos visitarlo.

Algunos de nuestros compañeros se dirigieron a su respectivo hotel, pero cinco de nosotras fuimos a un pueblito llamado Yacupampa, se realizaba la festividad de Santa Rosa de Lima, y estaban realizando una fiesta llena de actos artísticos, un gran castillo, señoras ofreciendo pan, queso y café, sin duda aprenderíamos mucho de las costumbres de ese pueblo. Al llegar al pueblo se sentía una gran amabilidad, una hospitalidad que nos haría disfrutar de nuestra visita, aprendimos que en Ayabaca hay una serie de leyendas, costumbres y personas que forman parte un lugar hermoso. También pudimos observar como los pobladores sabían tanto de sus raíces y como se sentía orgullosos de ello. Regresamos a Ayabaca muy cansadas del viaje, pero agradecidas por los momentos vividos. Nuestro gran anhelo era observar un amanecer distinto al de la ciudad, en donde el ruido es característico. Así siendo las 5 de la mañana amanecíamos sintiendo frio al principio, pero poco a poco descubriendo un sol gratificante, y todo Ayabaca tiñéndose de un color hermoso por el sol que se asomaba. Nos levantamos temprano para llegar a nuestro destino, Aypate. Sería un camino cansado, para algunos, pero muy fascinante al final, pudimos presenciar el trabajo in situ del Ministerio de Cultura en ese sitio arqueológico. En el camino desayunaríamos en Yanchalá, para seguir con el camino hacia Aypate. El Complejo Arqueológico de Aypate queda A 49 km del pueblo de Ayabaca (1 hora con 50 minutos aproximadamente) se encuentra la comunidad de Aypate, a una altura de 2.916 msnm. Las ruinas

datan del siglo XV. Destacan sus rasgos arquitectónicos incas en la plaza central, así como la kallanca, el ushnu y el acllahuasi (construcciones muy típicas de los incas), así como andenes (muchos de los cuales son trabajados en la actualidad) y las huellas de un antiguo camino. Además se puede distinguir un mirador fortificado y un pozo ceremonial. Esta zona se encuentra rodeada por un bosque de neblina con bellas orquídeas, bromelias, aves, venados, coliblanca y otras especies. Allí un arqueólogo nos mostraría el trabajo que se está realizando en el sitio arqueológico como también con la población de los alrededores. Así el arqueólogo nos mencionaba sobre los guayacundos, mi tema clave en este trabajo de campo. Asi la historia nos dice, que cuando se trató de armar la Historia de Piura en cuanto a los tiempos prehistóricos, se podía notar claramente que faltaba una pieza importante en ese rompecabezas. La solución vino cuando la arqueóloga francesa Anne Marie Hocquenghen publicó su libro “Los guayacundos de Caxas y la sierra piurana” como fruto de sus investigaciones. Los primeros pobladores de Ayabaca eran recolectores y cazadores y vivían en estado muy primitivo. Para ellos, cruzar el río Macará (Calvas) y la quebrada de Espíndola no constituyó ningún problema. Hecha la penetración, las corrientes humanas se abrieron en abanico y ocuparon todo lo que ahora es la provincia de Ayabaca, y el norte de la provincia de Morropón. Es posible que en su avance, estos hombres primitivos, a los cuales no podemos todavía llamar Guayacundos, hayan chocado con la floreciente cultura Vicús. Sus pasos se han podido ir siguiendo por la gran cantidad de petroglifos y de monolitos hoy encontrados. Por el año 1.400 DC. En la región de la sierra piurana vivían, contemporáneamente con los tallanes, dos etnias diferentes: los guayacundos y los huancapampas. Entre ambas tenían tremendas diferencias de niveles de desarrollo cultural. El ámbito geográfico, sobre el cual se desarrollaron los guayacundos fue la totalidad de la provincia actual de Ayabaca, el norte de la provincia de Morropón, el distrito de Tambogrande, parte del distrito de las Lomas, y el distrito del Carmen de la Frontera, en la provincia de Huancabamba.

Limitaban, por lo tanto, por el norte con las tribus ecuatorianas de los Malacatos y los Paltos. Por el sur con el territorio de los huancapampas y los tallanes de Alto Piura, por el Este con los Bracamoros y por el oeste con los Tallanes. Los guayacundos estaban integrados en tres provincias que eran: Caxas, Ayahuaca y Calúa o Calvas. El origen de estas provincias guayacundos era selvático. Provenían de los jívaros (o jíbaros), indios que ocupan una amplia región de la selva ecuatoriana y del norte del río Marañón. Al grupo Jíbaro pertenecieron los bracamoros que vivían en las inmediaciones de la cuenca del río Chinchipe y en lo que ahora es Jaén. Los guayacundos formaban una sola etnia, y se podían distinguir dentro de ellas tres grandes provincias, en cada una de éstas a su vez habían muchas tribus con sus respectivos curacas, que se gobernaban con bastante autonomía. Vivían como gente política, es decir que habían alcanzado un apreciable grado de organización social y política. Tenían una confederación bien estructurada que funcionaba tanto en tiempos de paz como de guerra. Periódicamente los curacas se reunían en una gran asamblea a manera de consejo de estado o de parlamento, para discutir los asuntos de interés general y adoptar acuerdos, de cumplimiento obligatorio para todos, porque iba a ser en provecho de todos. Para vigilar el cumplimiento de esos acuerdos, elegían un gobernador que al parecer lo renovaban periódicamente, en forma tal que evitaba que uno de ellos tuviera la tentación de convertirse en un rey o algo parecido. Por otra parte el tal gobernador parece que era un simple administrador de asuntos públicos, pues el cronista es bien claro cuando dice que los confederados no reconocían a ningún señor. Cuando había guerra con tribus de afuera, se juntaban las fuerzas confederadas y de común acuerdo elegían un comando militar al cual obedecían ciegamente. Tenían sus pueblos y fortalezas. En efecto, no sólo había una gran cantidad de poblaciones pequeñas, sino algunas más evolucionadas que podríamos llamar ciudades, como Caxas, Ayabaca la Vieja y Callúa. El cronista Diego Trujillo se refiere a Caxas como un pueblo de grandes edificios, con tres acllahuasis en donde había 500 enclaustradas. Esta Caxas era la que habían hermoseado los incas y que Atahualpa casi había dejado en ruinas. De todos modos, da una idea que aún antes de la conquista incaica fue ciudad muy principal.

La investigadora francesa Anne Marie Hocquenghem, que ha publicado un interesante libro titulado “Los guayacundos de Caxas y de la sierra piurana“ hace conocer que a 3,300 m.s.n.m. y al norte de la provincia de Huancabamba hay ruinas arqueológicas de impresionante extensión, donde existió una ciudad construida de piedra y una fortaleza. Los edificios -dice la investigadora francesa- tienen 100 mts. de largo por 10 mts. de ancho. Los muros de piedra semi canteada, están asentados en hileras sobre cimientos de piedras más pequeñas. Tales muros tienen alturas de 3 mts. Al centro hay una gran plaza de 100 por 100 metros y el conjunto se encuentra rodeado por un muro de defensa. Los guayacundos parecen haber construido varias fortalezas aprovechando los sitios estratégicos de la sierra que tenían muchos. Cada ciudad importante esta defendida por una fortaleza. Todo hace suponer que la resistencia heroica que ofrecieron a los ejércitos conquistadores de Tupac Inca Yupanqui, no fue en Aypate, sino en otra construida en el cerro de Yantuma a 5 Kms. de la actual ciudad de Ayabaca. La fortaleza de Aypate sería más bien una construcción hecha por los incas. Los guayacundos, por su origen jívaro, eran de espíritu guerrero, pero todo hace suponer que no era por el lado de la costa donde existía el peligro de ser a su vez agredidos, sino de la misma selva amazónica de donde provenían; pues los guayacundos habían evolucionado rápidamente y se podían presentar como presas codiciables de sus hermanos de la selva. De allí su necesidad de construir gran número de fortalezas. A pesar de su gran importancia, Hasta la fecha, es muy poco, por decir nada, lo que se ha hecho por investigar todo lo relacionado con el desarrollo cultural de esta nación de la sierra piurana. Por eso, el estudio de investigación científica realizada por la arqueóloga Anne Marie Hocquenghem sobre los guayacundos es muy meritorio. Ella llegó a la región en 1986 integrando el grupo llamado Centro Nacional de Investigación Científica de Francia y de la Comunidad de Investigadores Alemanes, habiendo recorrido durante dos meses las serranías de Ayabaca y Huancabamba y visitados todos los sitios de interés para la arqueología. Su aporte es una valiosa contribución en este afán de descorrer tantos velos de un pasado que permanece como un misterio, aún impenetrable, para los habitantes de la región. De regreso a Yanchalà, nos quedamos a almorzar, pensábamos ir a los petroglifos de Samanga pero el tiempo nos había ganado y por diversas circunstancias nos quedamos a dormir en el lugar y seguimos sintiendo la hospitalidad del poblado de Ayabaca. Después de almorzar, pudimos ver el trabajo de unas tejedoras del lugar, las cuales nos mostrarían su trabajo tan minucioso pero con resultados muy buenos. Allí compramos accesorios hechos de sus propias manos y muy buen precio, debíamos

llevarnos un pedacito de esa Ayabaca que nos estaba recibiendo con sus brazos abiertos. La amabilidad y el buen trato de los pobladores fueron demostrados en toda nuestra estadía en Ayabaca. Seguíamos en Yanchalá y nos alistábamos para cenar, así nos habían preparado unas deliciosas tortillas de harina con queso y un café caliente que nos aliviaría del frio. Esa misma noche fuimos a una fiesta popular que se estaba realizando, pero debido al camino hacia Aypate regresamos al lugar que nos quedaríamos a dormir, pero con un grato paisaje nocturno, nuevamente disfrutamos del cielo estrellado que cobijaría nuestros sueños. El día siguiente, nos despertamos temprano para ir a otro maravilloso lugar, visitaríamos los Petroglifos de Samanga, rocas en los que encontraríamos dibujos antropomorfos que representarían sin duda deidades, lo mismo que las figuras de los felinos, motivados no por una posible influencia de Chavín, sino como representación de los jaguares y pumas que abundan en la región y que en cierta forma eran objeto de veneración y culto. Otros animales que, en forma estilizadas, aparecen en los petroglifos son los monos y las serpientes, los cuales también abundaban en la zona en ese tiempo. El hallazgo de la gran piedra grabada de Samanga, es como si se hubiera encontrado en libro en un idioma antiguo aún por descifrar, pero cuando se logre un avance sobre esa investigación, permitirá conocer mucho de la vida y de la forma de pensar de los más antiguos pobladores de la sierra piurana. Allí un joven poblador nos hizo el recorrido y nos fue guiando hacia nuestro destino, fue largo el camino, pero muy fructífero al observar el gran paisaje a nuestros pies. Después de la visita a los Petroglifos de Samanga regresaríamos a Ayabaca nos quedaría un sitio más por visitar, el Santuario del Señor Cautivo de Ayabaca. Dicen que a él llega multitud de personas con una fe tan grande a darle gracias y a pedirle por razones personales, nunca había visto tan deslumbraste escena.

Y ahí estaba, el señor Cautivo nos miraba desde lo alto, observando a sus fieles. Asistimos a la misa que se ofrecería a las 7:30 y terminada esta, pudimos subir y tocar la vitrina que lo protege. La gente se desesperaba por tocarlo, por pedirle, por agradecerle, esa escena fue una gran muestra de fe. En mi caso, la visita al Señor Cautivo fue tan importante que hizo que esta visita culmine de una manera extraordinaria.

Así nuestro viaje terminó, era de mañana y debíamos tomar el bus que nos traerá de regreso a Piura. Tomamos muchas fotos, vivimos gratas experiencias, conocimos, nos maravillamos con cada lugar visitado, sin duda nunca borraríamos de nuestras memorias cada minuto en Ayabaca, un lugar tan próximo a nosotros, que guarda tan hermosos recuerdos.

Mayurit Prieto Martínez