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Ayabaca: Tierra de fervor y tradición.

El pasado 29 de agosto, mis compañeros del curso de Introducción al Patrimonio y yo realizamos un viaje de estudios con destino a la ciudad de Ayabaca, con una duración de cuatro días. Salimos de Piura exactamente a la 1:30 pm y en el trayecto, de aproximadamente seis horas de viaje, pudimos deleitar y distraer nuestras vistas con el cambio del paisaje que estamos acostumbrados a ver diariamente, a uno de la sierra: con colores vibrantes, cerros cubiertos con terrazas agrícolas, abismos enormes y una de las mejores puestas de sol que había visto a través de la ventana de un bus. Pasaron las horas, y un cielo repleto de estrellas nos esperaba en Ayabaca para darnos la bienvenida. Al salir del bus, fuimos a instalarnos a nuestros respectivos alojamientos, como dar un paseo por la plaza principal del pueblo. Una vez instalados, tuvimos una agradable cena de grupo y a las 10:00pm, Mayra, Vania, Mayurit, Thalia y yo, enrumbamos hacia Yacupampa, el cual es un pequeño pero muy acogedor pueblo, del que proviene la mamá de Thalía. Cuando llegamos, estaban celebrando la Verbena de su patrona Santa Rosa, con una pequeña pero entretenida actuación, donde los más jóvenes demostraban sus talentos para el baile, el canto, las coplas y las representaciones teatrales. Así mismo, su gente es muy atenta y servicial, sobre todo con las personas que vienen de fuera, como era nuestro caso; ellos mismos se habían organizado para preparar café, pan y queso, así como el famoso “canelazo” de naranja que repartían a todo aquel que llegara a celebrar con ellos la alegría de la fiesta; lo que yo no me explicaba era cómo, a pesar de haber tanta gente congregada ahí no se acababa el menaje que habían preparado. Como es costumbre, la quema del castillo se hizo a las doce de la noche, dándole un colorido especial al pueblo en la oscuridad de las noches serranas.

Al día siguiente, muy tempranito salimos hacia el pueblo de Yanchalá, al cual llegamos justo a la hora del desayuno, para recargarnos de energía antes de empezar la subida hacia el complejo arqueológico de Aypate, el que cuenta con 2700 m.s.n.m, altura que no todos soportamos, pero que valió la pena subir para conocer lo que en su tiempo fue una importante parte del Tahuantinsuyo. Regresamos de Aypate a Yanchalá aproximadamente a las dos de la tarde, y almorzamos en casa de Versani, una joven maestra muy servicial y amigable, pues al haber un problema con los alojamientos en el Toldo (siguiente destino de nuestro recorrido), inmediatamente ofreció acomodar los cuartos de su casa, el baño e incluso ambientar su patio para que nosotros podamos colocar una carpa y una fogata. Ella también nos preparó unas ricas toritillas de harina de maíz con queso y café para el frío. Ahí mismo en Yanchalá, al frente de la casa de Versani, encontramos a una señora que tejía con la técnica del telar de cintura, una técnica que nunca había escuchado y veía por primera vez. Me impresionó mucho todo el tiempo que esta señora podía estar sentada con un telar amarrado a su cintura, soportando dolores de espalda y cintura para poder ayudar a mantener su casa y a sus hijos. El día sábado, a las cinco de la mañana viajamos a El Toldo, lugar donde se encuentran los petroglifos de Samanga, los cuales hasta el día de hoy no se les ha dado el valor que merecen: se encuentran expuestos a la intemperie y sin ningún cuidado respectivo. Sin embargo es innegable, que el paisaje que los rodea es de una belleza espectacular, los diferentes tonos verdes del pasto y los cultivos contrastan con el sol, que empieza abrillar

desde las cinco y media de la mañana. En Ayabaca estuvimos de regreso a las 3:30 pm, para almorzar y luego ir a visitar la Iglesia Matriz Nuestra Señora del Pilar, donde se encuentra la venerada imagen del Señor Cautivo de Ayabaca. Su construcción data del siglo XVII y es la única iglesia con estilo Barroco en toda Ayabaca; la fachada cuenta con dos torres de cuatro pisos, la parte lateral está adornada con trece arcos, que probablemente representarían a Cristo y sus doce apóstoles. El interior de la iglesia está decorado con arcos ojivales, el techo tiene representaciones de estrellas, así como retablos y lienzos antiguos, que según un inventario hecho por el MINCETUR, pertenecen a la escuela quiteña de pintura. En el Altar Mayor, se encuentra totalmente adornado y ataviado, el majestuoso Señor Cautivo de Ayabaca. Esta imagen esculpida en madera de cedro con 1, 80 metros de altura, data del año de 1751 y representa a Jesús de pie, maniatado y expresando en su rostro una profunda desolación, en el momento justo de la flagelación. Para Marcela Olivas, la imagen y el culto del señor Cautivo es proveniente de España, pues durante la ocupación turca en ese país, la imagen de Cristo fue capturada por los turcos y los padres trinitarios hicieron un pacto con estos para poder rescatarla. Este pacto consistía en colocar la imagen en una balanza y al otro lado, tanto oro como pesara la escultura; sin embargo, colocaron una bolsa vacía, pues no tenían el metal preciado, y para sorpresa de todos, la bolsa levantó la escultura y la imagen fue devuelta a sus dueños. Desde ese entonces, el primer viernes de marzo de cada año , se celebra el rescate de la milagrosa imagen a la que llaman

“cautivo” debido a que fue prisionero de los turcos. Aún existen varias leyendas en torno a la aparición de la venerada imagen en Ayabaca, la más común es la que ha pasado de generación en generación por los ayabaquinos: Un labrador, al cortar uno de los árboles vio que empezó a brotarle un líquido rojo parecido a la sangre humana o al de una herida. Enorme fue la sorpresa del pueblo, quien decidió ir al Ecuador en busca de alguien que pueda esculpir un Cristo con una belleza deslumbrante. Encontraron pues a 3 escultores que pusieron como requisito, se les pasase la comida por debajo de la puerta y que nadie podía entrar al recinto sino cuando acabasen la obra de arte. Al cabo de tres días, la gente del pueblo entró al cuarto para pagarles por el trabajo, y se llevaron una gran sorpresa al notar la preciosidad de la imagen, pero más aún cuando se dieron cuenta que no había nadie en la recamara y que la comida estaba intacta. Todas las personas que se acercaron podían jurar que se trataba de un trabajo divino y que los escultores eran unos ángeles. A partir de ese momento, nace el culto al Señor Cautivo de Ayabaca, quien además ha hecho gran cantidad de milagros a sus fieles devotos. Lo cierto es que, según Hortencia Rentería, la imagen fue encargada por el párroco de turno de apellido García Guerrero en el año de 1971, quien decidió que el pueblo debía tener un patrono y mandó a cortar un tronco de madera de cedro al monte del Sahumerio, ubicado en el pueblo de Jililí. Con ese tronco se mandó a esculpir una imagen de un Cristo Cautivo, y dos años después se formó la Primera Cofradía, integrada por españoles no por indígenas, exceptuando a dos caciques indígenas. La celebración tuvo gran auge desde sus inicios entre campesinos y españoles, los cuales realizaban diversas actividades por separado, como comitivas, carreras de venado, matadas de cuy, danzas y entremeses, para el caso indígena; y corridas de toro - gente, comedias, fuegos de salóny luminarias, en el caso español. A partir de ahí, cada 12 de octubre, se celebra en Ayabaca la fiesta central del “Cautivito”, quien ataviado con sus mejores ropas sale en procesión por las calles ayabaquinas; sin embargo, el fervor es tal, que incluso meses antes, cantidad de personas vienen peregrinando desde sus lugares de origen (sea a nivel nacional, como internacional, especialmente Ecuador) bajo el sol inclemente, las noches frías, la sed y el cansancio. Hay quienes incluso van de rodillas, pero tan fuerte es su fe o su promesa, que ni el dolor ni el cansancio los vence. Esto, según Mario Polia, se debe a que “la imagen representa para sus fieles una presencia real, viviente, consciente, capaz de escuchar y a menudo de responder con una aparición, el movimiento de la cabeza o de los labios, con el milagro. Después de cuatrocientos años, la imagen del señor Cautivo es sacro tangible, activo y operante en la vida cotidiana”.

Esta fiesta ha sido recientemente declarada Patrimonio Cultural de la Nación, el 01 de octubre, pues además de la fervorosidad de a gente, significa para la ciudad de Ayabaca una importante oportunidad económica con la cual sostenerse, pues implica, la afluencia de gran cantidad de turistas que van a requerir de diferentes servicios, como alojamiento, comida, transporte, etc. Esto debe aprovecharse para difundir y dar a conocer la gran cantidad de atractivos turísticos, que además del Santuario de Cautivo, Ayabaca posee. Para ser la primera vez que voy a un lugar como Ayabaca, he quedado encantada con la gente, las tradiciones y costumbres, complejos arqueológicos, sus paisajes, pero sobre todo con la comida. Definitivamente, regresaría a esta ciudad, para terminar de conocer las maravillas que atesora esta maravillosa tierra. Ana Belén Castañeda Purizaga.