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LA TERCERA
Domingo 1 de septiembre de 2013

EL SEMANAL

El general y el fotógrafo
De lentes negros. Así retrató Chas Gerretsen al general Pinochet en el tedeum de 1973. La imagen se hizo famosa en todo el mundo. Cuarenta años después, de paso por Santiago, el corresponsal holandés cuenta la trastienda de esa fotografía. “Quienes lo rodeaban le sugirieron que se sacara los lentes. El no les hizo caso y les respondió: ‘Yo soy Pinochet’”, recuerda. Además, habla de sus turbulentos nueve meses en Chile y muestra más imágenes.
Texto: Paola Saís D. Fotografías: Chas Gerretsen/Nederlands Fotomuseum

Cuando Chas Gerretsen llegó a la Iglesia de la Gratitud Nacional, el 19 de septiembre de 1973, se encontró con un grupo de fotógrafos de diarios locales tan entusiasmados como él por lo que estaba a punto de suceder. Faltaban pocos minutos para el mediodía. Afuera, el cielo se llenaba rápidamente de nubes. Para el entonces corresponsal de la agencia Gamma y de la revista Time, la ceremonia de ese día era una oportunidad para tomar fotos simbólicas de la recién instaurada Junta Militar. Ese año, el tradicional tedeum se había trasladado desde la Catedral Metropolitana a la iglesia ubicada en Alameda con Cumming. Era el primero de la Junta Militar. Una misa donde el cardenal Raúl Silva Henríquez bendeciría al cuarteto de generales que una semana atrás había derrocado al gobierno socialista de Salvador Allende. La presencia de militares armados, tanto al exterior de la iglesia como en las últimas filas del templo, llamaron la atención de Gerretsen. Silva Henríquez estaba en el altar junto a otros cuatro sacerdotes. Al costado derecho, tres cadetes de la Escuela Militar flanqueaban a los generales de la Junta Militar. De izquierda a derecha estaban sentados Augusto Pinochet Ugarte, José Toribio Merino, Gustavo

Leigh Guzmán y César Mendoza Durán. Siguiendo esa misma fila, un poco más allá, estaban los ex presidentes Eduardo Frei Montalva y Jorge Alessandri. Mientras se acercaba, el desgarbado fotógrafo holandés de 30 años chequeó que su cámara Nikon F y su lente Nikkor-P de 105 milímetros estuvieran listos. Llevaba dos películas Kodak Tri X-Pan de 400 asas y 36 tomas blanco y negro. Una en la cámara, la otra en su bolsillo. Con sigilo se fue acercando cada vez más al sector destinado a las autoridades. “Los cuatro jefes de la Junta Militar estaban sentados en sillas contiguas. Muy cerca unos con otros. Pero ninguno de ellos se veía tan imperial como el general Pinochet”, recuerda hoy Gerretsen. La memoria no le falla, pese a que han pasado 40 años.

la esquina, Gerretsen explica que se siente fatal, ya que al igual que en 1973, cuando vino por primera vez a Chile, sintió deseos irrefrenables por comer mariscos. Esa vez el arrebato le significó una indigestión memorable. Hoy, esa misma tentación lo tiene al borde de la deshidratación severa y convencido de que los mariscos chilenos no son el problema, “sino yo y mi cuerpo de holandés”. Está de viaje relámpago de cinco días a Santiago. Su anterior visita fue en septiembre de 1974. “Un canal de televisión me invitó ahora a participar en un programa que preparan sobre el golpe de Estado”, precisa. Y agrega que también visitó el Museo de la Memoria, invi-

Un holandés en Santiago
Mediados de junio, 2013. Acostado sobre un plumón rojo que cubre su cama del Extremus Hostel, en Avenida Vicuña Mackenna, Chas Gerretsen reflexiona: “Es raro. Nunca me habían entrevistado sobre el golpe de Estado en Chile, y ahora, 40 años después, en dos días me han pedido cinco entrevistas”. Apoyado en un botellón de agua mineral, que su mujer Monika le compró en un negocio de

“No sabía nada de Chile. No conocía a Allende. Yo estaba buscando una guerra”.

tado por su director, Ricardo Brodsky, donde donó parte del material fotográfico que realizó en Chile. “Con el museo estamos preparando una exposición para fines de 2014 o principios de 2015. También un libro”. Al recordar el Chile que vio en 1973, Gerretsen es agudo y apasionado. Cuenta que esa vez no llegó aquí por un interés histórico o profesional, sino por la necesidad de tener un trabajo como corresponsal extranjero. “Cuando terminó la guerra de Vietnam me quedé sin trabajo. Por referencia de conocidos viajé a Argentina en barco, pero allá me dijeron que ya había demasiados fotógrafos y que mejor probara suerte en Chile”. No lo pensó dos veces y el 8 de enero de 1973 llegó a Santiago con el cartel de corresponsal de la revista Time y de la agencia fotográfica Gamma. A la semana arrendó un departamento en Providencia. “Del nombre de la calle ya no me acuerdo”, advierte. “No sabía nada de Chile. No conocía a Salvador Allende. Yo estaba buscando una guerra. Venía de una y buscaba otra. Era un fotógrafo de conflictos y cuando llegué no sentí ni percibí nada…, al principio”. A diferencia de lo consignado por la prensa de la época sobre el clima beligerante que se respiraba en el país, Gerretsen percibió al Santia-