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Votar o no votar: ¿Esa es la cuestión?

, Por Miriam Kriger

Muy recientemente se promulgó en la Argentina una ley que habilita el voto a partir de los 16 años de edad, precedida por un corto (en el amplio sentido del término) debate público. De modo bastante generalizado, tanto en los medios, como incluso en las instancias más especializadas, las tomas de posición se adelantaron a la problematización como carro al caballo y con el mismo efecto paralizante, dirimiéndose básicamente (en el sentido más corto del término) entre el Si y el No. Movida por una falsa urgencia y generando a su vez falsas disyuntivas, la cuestión quedó en la mayor parte de los casos empantanada entre lealtades partidarias (o anti-lealtades antipartidarias) y calificaciones (o descalificaciones) morales de los adversarios, de lo cual finalmente la rescató la rápida marcha de la política real. De modo que si antes la polarización del debate no tenía demasiado horizonte, hoy resulta ya obsoleta, y seguimos debiéndonos lo fundamental: un profundo análisis de las implicancias presentes y futuras de la ley, así como de la génesis de los procesos que condujeron a ella, aquí y ahora. Para quienes nos dedicamos a la investigación en juventudes, esto nos invita a revisar algunos aspectos clave, como ser: 1) qué significado tiene el voto en el sistema

democrático y si ha tenido una relación histórica condicionante con la variable etárea; 2) cómo se resuelve la tensión entre la ampliación de derechos y la reducción de la minoridad, en relación con la autonomía como condición necesaria del ser político, 3) qué implicancias tiene el voto como herramienta política para los jóvenes de hoy y para otras juventudes, y su relación con distintas prácticas de participación; 4) qué sucede con la escuela como ámbito histórico de formación de ciudadanía, restricciones y potencialidades actuales. No es posible desplegar aquí cada uno de estos ítems, pero sí mencionar aportes en relación con ellos surgidos del panel sobre el tema, en el III Congreso sobre Juventud, Medios e Industrias Culturales, realizado en La Plata1. En cuanto al primer punto, Valeria Manzano mostró que la edad no fue originariamente una condición con sus

determinante para el voto, y de hecho en nuestro país podía votar todo argentino que
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El panel se realizó el 25 de octubre, coordinado por Silvia Elizalde y Miriam Kriger, con la presencia de Silvia Guemureman, Valeria Manzano y Pedro Nuñez.

no se deja de considerar la evolución de la infancia a la adultez. porque desde la perspectiva de los sujetos se trata del adelanto de un derecho habido.la desprotección social de niños y jóvenes. Buenos Aires: CAICYT CONICET. ninguna mujer). la cuestión pasa menos por la calificación que por establecer condiciones comunes a todos. al hablar de juventud hoy -en plena era de su invención”4. (1987): El niño y la vida familiar en el Antiguo Régimen. que jurídicamente (y quien dice jurídico. Silvia Elizalde desnaturalizó el debate con el aporte de la antropología de la edad. Madrid. Creo que deberíamos sumar a ello la condición de autonomía (pensada como un derecho que la sociedad y el estado deben promover) en un doble 2 Ariés. estaremos dando una pirueta paradojal. Aquí se sustenta también una pedagogía política de la igualdad. con las mismas claves que se utilizan para analizar su capacidad de discernimiento. pero no se es niño. fundando la pedagogía moderna Desarrollo esta hipótesis en: Kriger. el primer paso para avalar –entre otras cosas. además de la disolución de nuestro objeto de estudio.). dice político) es indisociable de la concepción de infancia y juventud que los contiene5. 6 Esta es la diferencia entre pensar en los sujetos y las categorías: los niños en tanto niños no votan ni votarán. Y si olvidamos la base biológica. En Miriam Elizabeth Kriger (Comp.ha implicado considerar la incorporación de los electores de entre 16 y 18 años. 16 años) 4 3 . pero cada niño aún no vota y sí votará cuando arribe a la edad correspondiente (ahora.seria un grave error desestimar su relación con un momento de la vida. Así lo va a plantear Rousseau en El Emilio. no está negando que antes de ella existieran los niños sino su reconocimiento social dentro de una categoría con sentidos y derechos singulares. pero nunca negado: Si bien desde Vygotski se pondrá el acento en la interacción social. adhiero a la idea de que la juventud. punto altamente problematizado.127). como posteriormente3. M. P. Por supuesto que la delimitación de estas etapas tiene condicionantes históricos y culturales. Segundo. y su capacidad para delinquir. pero recordando que cuando Ariés2 plantea la invención de la infancia. Piaget ha propuesto que el desarrollo del pensamiento es genético y ligado a la edad. al igual que la infancia. La invención de la juventud. y no de la conquista de un derecho del que están excluidos a priori6. lo que en el caso de esta ley –como señaló Silvia Guemureman. 5 Una pirueta de este tipo permitió arribar a concepto de “educabilidad”. más allá de su progresismo no implica una ampliación de derechos en el sentido que lo fue el voto femenino. es una construcción social. (pp. línea en la cual el voto más-joven.hubiera hecho el servicio militar (por ende. Del mismo modo. culturas y políticas del siglo XX al siglo XXI. Taurus. entre la muerte de las naciones y su resurrección. (2012b). Juventudes en América Latina: abordajes multidisciplinares sobre identidades. joven o viejo a cualquier en edad en ninguna sociedad. Por mi parte. que nos aleja de la ética de la igualdad.

que pueden verse en : … 9 Estas tres dimensiones o formas de actividad política son las que articulan la vida democrática para Rosanvaillon (En La contrademocracia: La política en la era de la desconfianza. Desde esta mirada ampliada. un reconocimiento).A. S. pero que interpela a toda la sociedad. acaso inseparable de un “espíritu restitutivo” más amplio ligado a nuestra la historia reciente7. parece que esta ley expresa sobre todo la voluntad de una generación adulta de incorporar a la política real a esta nueva juventud. Aquí y ahora. no es sencilla la tarea de permear la escuela a los partidos políticos “de afuera”. mis investigaciones muestran resultados similares.en una clave donde la política es mayormente disolutoria de la idea de patria. Manzano justamente hacía hincapié en que el cambio de edad. Buenos Aires. y podríamos agregar que tampoco en América Latina las juventudes revolucionarias hicieron suya esa consigna). ni a una conciencia política apta para dirimir el conflicto (lo que He desarrollado esta idea en: Al respecto. fue una iniciativa de las elites jurídicas y políticas para encuadrar a los jóvenes rebeldes en la política formal después del 68. (2004): La Argentina en la escuela. De Privitellio L. Apropiarse de este derecho de manera significativa es una tarea que protagonizarán los jóvenes. La idea de nación en los textos escolares. todo lo contrario: quiero mostrar que verdaderamente nos coloca frente a un gran desafío: el de dotarlo de sentido propio. 8 7 .sentido: a) como capacidad para decidir por si mismo y de percibir el carácter socialmente construido (aceptable o cuestionable) de las normas. de 18 a 21. Si bien en los últimos años ha habido cambios. como bien lo expreso Pedro Nuñez caracterizando las formas estudiantiles de la política. que en su faz material incluye el acceso a recursos como estudio. (coord). que históricamente ha tenido el rol de formar a los ciudadanos. y ya en relación al punto 3) reconocemos el más pronto acceso de los jóvenes al ejercicio individual del derecho soberano (por lo tanto. Ellos. y sus activismos suelen ser informales. y el encuentro entre la pedagogía y la política parece ineludible. en países europeos. vienen mostrando un creciente interés y participación.2006) . aunque –como señala Romero10. Un ámbito clave es la escuela. Siglo XXI. Quintero. Sabato H. Manantial. de carácter colectivo8. Buenos Aires. 10 Romero L. y b) su relación con la independencia.. Con todo lo dicho no pretendo restarle relevancia al voto a los 16. pero tengamos en cuenta que por su formalidad y tradicionalismo. más que el resultado de una conquista de los propios jóvenes.y ligados más a formas democráticas de intervención y de implicación que de expresión9. trabajo y vivienda. dista de ser un tipo de participación proclamada por los jóvenes como la más propia (V.

curriculares y también referidos a las convivencia institucional (¿sería coherente mantener un sistema de disciplina igual con ciudadanos que votan? ¿Sería posible establecer otros criterios de autoridad. reconocimiento y diálogo entre los jóvenes. Pero a su vez. la sociedad y el estado. estamos frente a una oportunidad histórica para generar nuevas dinámicas de interpelación. Son muchos los ajustes necesarios. entre otros. un profundo trabajo de formación de comprensión histórica y de entrenamiento en la deliberación). .requeriría. basados en el reconocimiento?).