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Muchas familias se esfuerzan por salir adelante, pero casi siempre olvidan que el perdón es un ingrediente necesario para

obtener la paz y la felicidad. Perdonar es una acción difícil y dolorosa. Pero si te estás preguntando qué puede ayudar a tu familia a salir adelante, en vez de seguir aferrados al círculo de la confrontación, el desinterés y la huida, la respuesta es ¡anímate a probar el efecto del perdón! Ahora, tú puedes replicarme, ¿Marta, estás diciendo que debo olvidar las veces en que me dijo cosas hirientes, los desplantes en público, las promesas rotas o el día en que nos abandonó…? Perdonar es una palabra de origen griego, y denota liberación; así, perdonar es soltar o liberar a quien me hizo o dijo algo doloroso. De este modo, cuando perdono tomo la decisión de liberar a alguien de eso que hizo; es decir, dejo de llevar la cuenta y las fechas de las ofensas recibidas, y no la atesoro más en el baúl de los recuerdos. Por lo general, cuando alguien nos daña respondemos de diversas maneras: algunas personas se cierran y dejan que el rencor las carcoma por dentro, minando su paz; otras simulan haber olvidado y muy pocas buscan dentro de sí y responden perdonando. Estas personas son las que alcanzan la paz y crecen espiritualmente; son capaces de transformar, por la fuerza del espíritu, las heridas en enseñanzas. Mi madre fue operada de cáncer de estómago. La operación fue todo un éxito. Al menos, eso parecía. Al siguiente día el médico le anunció que le iba a dar el alta. Mientras yo ponía su ropa en el bolso, ella se tocó su vientre y cayó hacia un costado. Minutos después fue ingresada en la unidad de cuidados intensivos . A mi padre, que estaba desconsolado y a mí, que me había recibido de psicóloga el mismo día de su operación, lo único que nos quedaba era orar y esperar. Dios fue misericordioso: mamá regresó a su hogar celestial. Para nosotros todo cambió cuando el médico anestesista, llorando, confesó que el cirujano, apurado por marcharse a su casa, no efectuó un procedimiento médico necesario y vital. Mamá había sido operada con éxito pero un pequeño error resultó fatal. ¿Un juicio médico valdría de algo? ¿Insultarlo y vociferar sería liberador? ¿Algo iba a devolvernos a mamá? Aún mientras escribo estas letras recuerdo sus últimas palabras: “Marta, creo que ahora sí me voy”; se refería al hogar celestial. Recuerdo también cómo su mano me volvió a acariciar con ternura. El secreto para obtener la paz me llevó tiempo. Mi padre perdió a la compañera de toda una vida y sus hijos, el primer modelo de amor. Cada ser humano alberga un dolor profundo que tarde o temprano debe sanar. Esta experiencia triste fue un regalo de amor una vez más de mi madre, pues ella sintió su partida y, sin embargo, sonrió y alzó su mano no para herir o lastimar, sino para tocar mi alma y recordarme la tarea que iba a efectuar como psicóloga. Allí, con su ejemplo, me enseñó que perdonar supone una lucha dolorosa y persistente con uno mismo y no con quien nos daña. A lo largo de mi vida profesional he podido ayudar a otros a través de estos pasos: Admitir la verdad. Esto significa recordar el hecho tal como sucedió, de forma objetiva, tratando de no caer en la autocompasión ni evocar al ofensor con enojo y maledicencia. Reconocerse parte de los pecadores arrepentidos. Nadie está libre de pecado, así que todos necesitamos el perdón de nuestras transgresiones, errores y ofensas, y aferrarnos a la reconciliación. Aceptar la responsabilidad. Es decir, hacerse cargo de los sentimientos que uno decide tener a partir del daño: elegir y vivir con paz o sucumbir a la amargura. Sentir empatía. Puedo asegurarte que es lo más difícil de lograr, pero ayuda a seguir adelante. Quizás el cirujano llevaba horas prolongadas de guardia y no veía a su familia, o estaba sin dormir y actuó bajo los efectos del cansancio y la presión. Resignificar esa experiencia para perdonar en plenitud. Es tal vez otro paso bastante arduo de transitar, pero el mirar la experiencia, otorgándole un sentido, permite avanzar y sentir paz. Al final del proceso de duelo por la pérdida de mi madre, su muerte adquirió un sentido: nos tocó llevar un dolor que quizás mi madre no hubiera podido “soportar” si mi padre o uno de sus hijos hubiera fallecido primero. Si quieres restablecer tu vida familiar o restaurar una amistad recuerda aquel viejo refrán español que dice: “El perdón

derramando el perfume de la misericordia a nuestro paso.es el perfume que despide una flor después de ser pisada”. Perdonar es una acción difícil y dolorosa. pero produce cambios positivos en el alma. .