Grecia Marquez La dimensión ética de la traducción Una traducción tiene o debería tener una faceta importante como la ética

, y hablar de la traducción desde esta faceta nos referimos no solo a ser fiel al texto original, sino al oficio en sí. La faceta ética de la traducción tiene una rama práctica que se basa en el compromiso de traducir todo y no dejar nada a un lado y muchos menos esconderse tras las dificultades, tampoco debemos ignorar fragmentos de nuestro texto origen. Las tentaciones al momento de traducir son muchas, por lo que el traductor puede ser presa fácil de ellas. Trabajar de forma aislada y muchas veces sin supervisión ni revisión, no faltan las oportunidades para traicionar silenciosamente, ya que, muchas veces no hay tiempo para una revisión. El traductor se siente libre y ese exceso de libertad puede llevarlo a caer en la tentación y desviarse del sentido del texto. Una de las tentaciones más comunes es obviar, palabras, oraciones, párrafos o incluso capítulos enteros (como en el caso de una de las traducciones en inglés de “Don Casmurro” del autor brasileño Machado de Assis). Este descuido puede deberse a varias razones, una de ellas puede ser un problema casi imposible de traducir, siendo más fácil dejarlo a un lado sin que nadie lo note. Las oportunidades para traicionar el texto son muchas, el tiempo es una presión casi constante, por lo que a veces funciona o puede funcionar como excusa, ya que a veces no hay tiempo para una revisión o para documentarse. Otra de las tentaciones más conocidas es la que nos invade luego de tantas horas solitarias traduciendo en la computadora, mientras que el monitor nos muestra solo media página, luego de tanto esfuerzo. Son tantas palabras, tantas alternativas, tantas interpretaciones para tan pocos lectores, ¿vale la pena el esfuerzo? Y así podemos numerar muchas otras tentaciones que están presentes al traducir, como el dejarse llevar por la poca importancia atribuida por el lector hacia la labor del traductor, la cual le exigió al traductor una gran dedicación y tenacidad al traducir en el filo de la navaja de la ética del traducir. Las traducciones deben tener una faceta ética, respeto por el texto término y por el texto origen. Traducir un texto no es más que reflejarlo en otra lengua, sino que se mantenga fiel al texto término y a sí mismo, donde se perpetúe el texto término en el tiempo en otra lengua. No existen traducciones que sean eternas, pero si existirán algunas que marquen una época. La faceta ética de la traducción se manifiesta en la transparencia del texto término en relación al texto origen, en el uso de la teoría, el uso de las estrategias utilizadas por el traductor y en su método de trabajo, en el saber reconocer sus errores nacidos de la impotencia al intentar traducir fragmentos de un texto impenetrable. La faceta ética se muestra en la traducción como un ejercicio de transparencia, que no quiere decir que el texto término sea más sencillo que el texto origen, sino que sea más fácil de difundir y someterlo a comparaciones a las cuales el original no podía someterse. Traducir con ética es traducir todo, todo lo que puede ser traducido.

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