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Kalakorikos, 12. 2007, pp.

: 301-310
1.– Antecedentes:
Hace ya varios años, con ocasión del número III de la publicación de Kalakorikos,
este profesor e investigador dio a la luz un artículo titulado “El Renacimiento en
Calahorra: Brujas e Inquisición en la primera mitad del Siglo XVI”
1
, donde, a lo lar-
go de diez páginas, trataba de bosquejar algunos hitos importantes de la institución
inquisitorial en nuestra ciudad: génesis, vicisitudes más importantes, publicación de
algunos tratados o manuales muy relevantes para la Inquisición en nuestro país y
noticia, también, de la quema de más de treinta mujeres en la hoguera, acusadas de
brujería por la Inquisición calahorrana. Aquel artículo ha tenido varia fortuna a fe-
cha actual y va siendo citado en diversos lugares, abundantes a lo que parece, e incluso
en algunas novelas de cierta enjundia y ha sido objeto de debate en diversos foros
de internet mucho más allá de nuestras fronteras. Quizás porque, todavía hoy, el te-
ma de la Inquisición resulta atractivo, envuelto en el misterio, la leyenda y por cierta
aureola de misticismo. Es por ello que intenté, con ocasión de las jornadas de la
Asociación de Amigos de la Historia de Calahorra de este 2007, dar una más abun-
dante noticia de la Inquisición en nuestra ciudad y una aproximación más profunda
al fenómeno de la brujería en el XVI.
Resumen
Este artículo lleva a cabo un recorrido por la historia de la Inquisición en Calahorra desde sus
orígenes hasta su final y, también, analiza la quema de brujas en 1507 y el fenómeno de la brujería en la
época (Siglo XVI). Pone de relieve igualmente la importancia de figuras como Juan Antonio Llorente y
los manuales de inquisidor publicados entonces en la diócesis.
Résumé
Cet article étudie l´histoire de l’Inquisition à Calahorra, et aussi la mort de sorcières en 1507 et le
phénomène de la sorcellerie à l’époque (XVIe siècle). Il met en rélief l’importance de Juan Antonio
Llorente et les manuels d’inquisiteur publiés à la diocèse.
301 KALAKORIKOS. — 12
*. Doctor en Filología Hispánica. IES Valle del Cidacos, de Calahorra.
1. Calahorra, Amigos de la Historia de Calahorra (1998),pp. 49–57.
BRUJAS E INQUISICIÓN EN CALAHORRA:
UNA HISTORIA POCO CONOCIDA.
por
Jesús Fernando Cáseda Teresa*
2.– La ausencia de fuentes escritas.
No es mucha la documentación de que disponemos los investigadores para acer-
carnos a la Inquisición antes de 1560, pues sólo a partir de entonces existe una relación
documental regular con la Suprema. Las cartas a ésta sólo aparecen a partir de 1538,
según la documentación que conservamos en el Archivo Histórico Nacional, al que
debemos añadir, para aquellos años, la documentación del Archivo General de
Simancas –no muy abundante– y las relaciones de los tres “martines” (fray Martín
de Andosilla, fray Martín de Castañega, ambos de la diócesis calagurritana, y la de
Martín del Río). Además del trabajo de Pedro Ciruelo o el manual de Sprenger y
Kroemer (Malleus malleficarum). Añádase la apreciación de “testigos” de algunos
hechos como Prudencio de Sandoval, Pedro de Medina o Andrés Bernáldez. Poco
más, excepto noticias muy puntuales, en relación al periodo de la primera mitad del
Siglo XVI en España, periodo durante el cual estuvo en Calahorra el tribunal in-
quisitorial
2
.
Luego, los trabajos del canónigo de la catedral calagurritana y secretario in-
quisitorial, Juan Antonio Llorente, su famosísima Historia crítica de la Inquisición
en España, los Anales de la Inquisición o la Memoria de la Inquisición. Añádanse
los trabajos de Lea, Kramer, Llorca –entre los más relevantes– o Iñaki Reguera pa-
ra el País Vasco. Por cierto que no conviene olvidar un dato muy significativo: muchos
de los documentos relacionados con la Inquisición en Calahorra fueron muy pro-
bablemente llevados por Llorente a Francia durante su exilio, donde sabemos llegó
a venderlos, junto con otros muchos, por la elevada suma de 2.000 francos de la épo-
ca, que le permitieron subsistir durante los primeros tiempos de su exilio parisino
3
.
3.– Límites cronológicos y espaciales. Algunos personajes relevantes de la Inquisición
calahorrana. La estructura inquisitorial.
El surgimiento de la Inquisición en Calahorra, auspiciada por la política de los
Reyes Católicos, hay que situarla a finales del XV, con algunas noticias de 1491, don-
de se especifica que abarcaba la entonces amplia diócesis calagurritana (País Vasco,
La Rioja, parte oriental de Burgos –zona de Belorado–) y demarcaciones del
Obispado de Osma, amén de zonas del norte de Soria. A partir de 1521, con ocasión
de la huida del tribunal navarro, fundado en 1513, desde Tudela tras la famosa in-
cursión francesa por Francisco I, y su llegada a Calahorra buscando refugio frente a
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2. Para las fuentes primarias o de archivo, remito a a la bibliografía que incorpora al final de su
trabajo el profesor de la Universidad del País Vasco Iñaki Reguera La Inquisición española en el País
Vasco. Luteranos, judíos, moriscos, brujería, ..., San Sebatián, Editorial Txertoa, 1984.
3. Véase Francisco Fernández Pardo, Juan Antonio Llorente, español “maldito”, San Sebastián,
Oyarzun, 2001.
Jesús Fernando Cáseda Teresa
las tropas francesas, ésta última pasará a ostentar también dicho tribunal de la re-
cién incorporada Navarra al reino de Castilla
4
. No poco, a lo que parece, debió de
influir la presencia de dos calahorranos en dicho tribunal navarro como el Inquisidor
Miranda –tío del famoso Arzobispo Miranda– y el Receptor Mauleón. Dicho tribu-
nal estará en nuestra ciudad hasta 1570, cuando fue, finalmente, trasladado a Logroño
(“por no haber comodidad de casa ni aparejo” se dijo oficialmente). Aunque, como
sabemos, parece que la ciudad estaba un tanto hastiada con algunos abusos cometi-
dos por algunos de sus miembros a lo largo de los ochenta años en que se situó en
nuestra ciudad y cuya localización más concreta, a lo que parece, y según se ha re-
petido insistentemente, estuvo frente a la Iglesia de Santiago el Viejo, en la actual
calle de su mismo nombre.
La razón de situarse en nuestra ciudad es evidente: desde una zona castellana
como Calahorra se podían controlar más fácilmente las tierras vascas y navarras, es-
pecialmente montañosas y escarpadas, demasiado aferradas a sus instituciones propias
y a sus estructuras sociales, luego demasiado cercanas al influjo luterano y particu-
larmente opuestas a la entrada de los Obispos según expresaba el Fuero de Vizcaya.
Para tal labor el tribunal calagurritano llegó a contar a lo largo de su historia
con 15 sucesivos Inquisidores, entre ellos Antonio de Maya, dominico que fue tam-
bién Prior de su orden en Pamplona; el citado Sancho Carranza de Miranda, quien
había estudiado en las Universidades de París y Roma, reputado erasmista de lo que
dio pruebas en la Univesidad vallisoletana y luego como profesor en la de Alcalá.
También Germán de Ugarte, Capellán del Papa Adriano VI y que según repetida le-
yenda fue envenenado por las brujas navarras en 1531 durante una persecución a
aquellas tierras. O Francisco de Olazábal, conocedor del euskera y quien llevó a ca-
bo una larga persecución de las brujas vascas. Destacan a lo largo de muchos años
dos Inquisidores cuyos nombres repiten los documentos inquisitoriales calagurrita-
nos, Ybarra –hasta cuya muerte no fue posible el traslado a Logroño– y el Inquisidor
Valdeolivas.
Hemos de añadir a éstos algunos fiscales como Juan de Arrieta, que llegó a ser
Catedrático de Teología en la Universidad de Valladolid, conocido por sus ataques
a Erasmo de Rotterdam; también a personajes como el Doctor Camporredondo, o
Jerónimo de Lanuza, abogado de presos éste último, destituido de su cargo por vi-
vir con una mujer extranjera y casada; o el polémico Juan Padre, Notario de procesos,
jugador de naipes y dados, acusado por blasfemar contra Dios, encausado en Galicia
por apuñalar a su criado y que, una vez en Calahorra, desobedeció las órdenes de
sus superiores de acudir a Guipúzcoa en una de las diversas cazas de brujas.
La estructura de la Inquisición calahorrana se completaba con dieciséis cléri-
gos que actuaban como Comisarios de la Inquisición y aproximadamente cien
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4. Véase Iñaki Reguera, “La Inquisición en el País Vasco. El periodo fundacional”, Clío & Crímen:
Revista del Centro de Historia del Crimen de Durango, Nº. 2, (2005), pp. 237–255.
Brujas e Inquisición en Calahorra. Una historia poco conocida.
“familiares” repartidos por toda la jurisdicción inquisitorial, personajes que actua-
ban en pueblos y ciudades como delatores y que gozaban de ciertos privilegios,
muchos de ellos clérigos.
Ser miembro de la Inquisición traía aparejadas ciertas prebendas como por
ejemplo derecho de aposento, esto es a ocupar las mejores casas; derecho de pasos
y puertos, exenciones fiscales de todo tipo, permiso de armas, licencia de caza y pes-
ca, exención de jurisdicción ordinaria –lo cual favoreció ciertos y evidentes abusos–.
A cambio, el salario resultaba muy bajo, aunque se completaba con las llamadas
“ayudas de costa” que se percibían en función de los viajes fuera de la ciudad en ex-
pediciones contra luteranos, brujas, judíos y moriscos o contra los delitos de sexo
(bigamia, incesto y fornicación). Para muchos clérigos pertenecer a la Inquisición
significaba salir del área de influencia del Obispo y gozar por tanto de una mayor li-
bertad de actuación, lo cual debió ser para muchos de ellos un buen aliciente para
formar parte de esta institución.
4.– La actividad inquisitorial en la diócesis. La brujería y las herejías.
A las citadas actividades de persecución, en la última época del tribunal en
Calahorra, del luteranismo que amenazaba la costa vasca con barcos procedentes
de Francia (campaña en Bilbao de 1523 que provocó la muerte del inglés Juan Tac
por el Inquisidor Valdeolivas), o las campañas en Ágreda, Cervera y Aguilar del Río
Alhama contra judíos y moriscos en 1526 que produjo entonces 14 penitenciados en
Calahorra y 50 en el periodo 1538–1557, y las persecuciones de incestos (48 proce-
sados en 1547 en el País Vasco, especialmente en la zona de montaña), hemos de
añadir la más importante de todas: la persecución de la brujería.
Las tierras vasco–navarras, desde la Edad Media, fueron tierras de brujas según
la tradición historiográfica
5
. De hecho, en 1279 encontramos un primer caso docu-
mentado de brujería, de una mujer de Tudela multada por curar con hierbas. En 1300,
en la localidad de Viana, una mujer judía es acusada de hacer hechizos. En 1329 fue-
ron quemadas en Bastida (Navarra) cinco brujas por herboleras y hacer bebedizos
para envenenar a las gentes. En 1330 dos herboleras fueron quemadas en Garazi y
en 1334 dos más en Isaba. En casi todos los casos se trata de herboleras o comadro-
nas (“sorgin” en euskera significa ‘partera, que hace nacer’ haciéndose dicho término
equivalente al de bruja en castellano) y pasaron a ser consideradas chamánicas, an-
ti–cristianas y por tanto irreverentes. Entiéndase que todas ellas se situaban en áreas
rurales (zonas del “pagus” o paganas), puesto que el Cristianismo inicialmente arrai-
gó en la ciudad en el País Vasco; tierra ésta sin duda la menos cristianizada entonces
de toda la península –el primer monasterio de orden religiosa no se instaló hasta
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5. Véase Julio Caro Baroja, Las brujas y su mundo, Madrid, Alianza, 1966.
Jesús Fernando Cáseda Teresa
1357, los franciscanos de Bermeo–. El III Concilio de Trento –1562–1563– llegó a
excomulgar incluso a todos los vascos por paganos por ejercer violencia contra los
cristianos que realizaban el Camino de Santiago por aquellas tierras. A fecha actual,
ningún Sínodo, que se sepa, ha levantado dicha excomunión.
Pronto surgió toda una leyenda que fundía datos reales con otros ficticios so-
bre los actos de las “brujas” vascas o navarras. Hacían el “akelarre” (cuyo significado
es ‘prado del Cabrón’; pero también‘clase de planta muy abundante en Zugarramurdi
y otras zonas del Norte’), durante los días de luna llena, para aplacar las fuerzas ne-
gativas bajo un árbol sagrado, colocando un altar para el cabrón (símbolo de la madre
tierra en realidad, no del diablo), elemento por tanto de la fecundación . Se canta-
ba, bailaba y comía y se hacían ceremonias en honor de la madre tierra (Mayi, Maya,
Mari). Se tomaban en su honor setas alucinógenas –pedo del macho cabrío, planta
belladona–. En dichas ceremonias de antiquísimos orígenes tribales, se reunían mu-
chas más mujeres que hombres, especialemente en Urbasa, Aralar, Salazar y el Roncal,
Echalar, cuevas de Alli y Zugarramurdi, siendo los espacios y ámbitos ideales para
lograr un embarazo cuando la sociadad vasca era esencialmente matriarcal y no re-
sultaba fácil tener una relación estable, más aún cuando había más hombres que
mujeres.
La Iglesia católica en el Siglo IV en el conocido Canon Episcopi había pro-
mulgado una idea muy clara respecto al fenómeno de la brujería. Según dicho canon,
creer en brujas era considerado una herejía y se desdeñaba dicho fenómeno acu-
sándolo de fantasía. Sin embargo, en 1484, la postura oficial de la Iglesia cambia
oficialmente con la promulgación de la Bula Summis desiderantes affectibus: ahora
la brujería pasa a ser considerada una herejía perseguible y por tanto comienza una
auténtica caza contra sus practicantes. Se desató de tal modo toda una persecución
en toda Europa que trajo como consecuencia una auténtica masacre, espeluzanen-
te de todo punto.
He aquí por tanto que cuando comienza a funcionar el tribunal inquisitorial de
Calahorra, éste tiene ante sí el reto de dar respuesta a la brujería en tierras vascas y
navarras. Así Llorente en su Historia crítica de la Inquisición en España se refiere a
30 brujas quemadas en 1507 por la Inquisición calagurritana
6
. Lo cual repite tam-
bién el archivero del Histórico de Navarra, Florencio Idoate en un artículo de Hispania
Sacra
7
, H.C. Lea en su Historia de la Inquisición en España
8
o Menéndez Pelayo en
el tomo II de su Historia de los heterodoxos en España
9
. No parece tampoco dudar
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6. Madrid, Hiperión, 1980, 4 vos., tomo II, . 59.
7. “Brujería en la montaña de Navarra en el Siglo XVI”, Hispania Sacra, vol. IV (1951), (separata
26 pp.)
8. A History of the Inquisition of Spain, NewYor, 1907, p. 211 del tomo IV. Hay edición en internet
http://libro.uca.edu/lea1/Document%2012.htm.
9. Madrid, CSIC, 1946–1948, , 8 vols (pp. 662–663 del vol. II).
Brujas e Inquisición en Calahorra. Una historia poco conocida.
de ello Julio Caro Baroja en su conocido libro Las brujas y su mundo
10
, ni el revo-
lucionario Roberto Robert en Siervos, judíos, brujas y diablos
11
, Michel Boucher en
Brujería y exorcismos
12
y otros. Yo, también, he escrito una novela de título Ciudad
Roja que recrea aquellos hechos
13
.
Si bien es cierto que pudiera parecer razonable dudar de la verdad de dicha
quema, también parece evidente que tanto Llorente, como Menéndez Pelayo o
Caro Baroja son figuras tan relevantes y conocedores de aquella época que se han
convertido en autoridades dignas de ser tenidas en cuenta. Es curioso, por otra par-
te, cómo una reciente corriente historiográfica tiende a desdramatizar la llamada
“leyenda negra” de este país al punto de que casi no hallan perseguidos por la
Inquisición. A éstos, sin necesidad de cargar las tintas o los números y estadísticas,
los remito a los apéndices documentales de Henry Charles Lea de su libro A History
of the Inquisition of Spain, especialmente los del volumen I, documento 12, don-
de aparecen en docenas de páginas los ejecutados en Zaragoza a partir de 1484,
año del establecimiento del tribunal en aquella ciudad, actualmente consultable
por internet.
No obstante, hemos de reconocer que a la falta de muchos documentos inqui-
sitoriales de la época (venta, v.gratia de Llorente en París), itinerancia de los tribunales
–lo que sin duda facilitó el extravío–, animadversión contra la institución (por ejem-
plo en Tudela, en vísperas de la llegada del tribunal de Navarra a Calahorra, dicho
tribunal navarro fue asaltado y muchos documentos quemados por el populacho),
hemos de añadir algo de fantasía en las narraciones de algunos de los interesados
testigos, como por ejemplo Fray Prudencio de Sandoval en su Historia de Carlos V
14
,
el cual cuenta algunas peripecias del tribunal calagurritano adornadas por vuelos de
brujas, leyendas y otras sorprendentes fabulaciones.
No hemos de perder de vista, no obstante, la propia historia del tribunal cala-
gurritano, del que conocemos, a través de los documentos que nos han llegado, la
persecución en 1523 del brujo de Bargota –en realidad muerto con anterioridad–,
las diferentes expediciones de 1525 a 1527 a Roncesvalles, Valcarlos, Valle del Salazar
y del Roncal por el Licenciado Balanza donde ya se toman en consideración im-
portantes precauciones: no confiscar bienes de los arrepentidos; castigar a los
irreverentes y a aquéllos que acusen sin pruebas; hacer uso del hábito de reconci-
liación y abjuración principalmente; no basarse exclusivamente para condenar en
las confesiones de otros, buscando siempre diferentes versiones de los hechos y, fi-
nalmente, consultar a la Suprema antes de dictar sentencia. Dichas expediciones se
continuaron en 1530 con otra a Fuenterrabía; en 1533 al Roncal por haberse queja-
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10. Op. Cit., p. 189.
11. Madrid, Emiliano Escolar Editor, 1981, p. 155.
12. París, 1912.
13. Pendiente de publicación.
14. Historia de la vida y hechos del Emperador Carlos V, París, 1614, V.
Jesús Fernando Cáseda Teresa
do los alcaldes de la zona de sufrir envenanamientos de las aguas y las cosechas por
las brujas; en 1538 a las Encartaciones de Vizcaya, expedición dirigida por el Inquisidor
Valdeolivas quien absolvió a treinta presas por el Corregidor, librándolas de una
muerte segura por la inquina popular. Otras expediciones no menos relevantes fue-
ron la de 1539 en Ochagavía a diversos gitanos acusados de introducir la brujería,
por lo que se celebró auto de fé en Calahorra aquel mismo año. En 1538 fueron asi-
mismo acusados dos clérigos de nigrománticos y de ser “invocadores del demonio
para hallar tesoros”. En 1537 fueron penitenciados 187 en Vizcaya por invocar tam-
bién al demonio. Y en 1540 en Pamplona se acusó a 49 personas de brujería por
“maléficas e idólatras”, entre los cuales encontramos a 32 niños y niñas de diez a ca-
torce años. Todavía un año más tarde, 1541, quince hombres, entre ellos once clérigos,
fueron apresados en Montes de Oca (Burgos) por “echar nóminas”, especie de con-
juros escritos y colgados del cuello para curar el mal de muelas, la calentura, lombrices
o almorranas
15
.
En todo caso, la quema de más de treinta brujas por el tribunal calagurritano
es un hecho importante que marcará los inicios del tribunal en la ciudad y en espe-
cial su actividad y relación con la brujería. Sabemos que probablemente en 1507 el
tribunal se encontraba en expedición en Durango, provincia de Vizcaya, donde por
entonces y desde hacía un tiempo se había desarrollado de manera muy importan-
te una herejía religiosa por Fray Alonso de Mella, franciscano, hermano de D. Juan
de Mella, Obispo de Zamora que luego fue Cardenal, que trajo como consecuencia
diversas persecuciones por el Rey de Castilla y también por la Inquisición. Ya en la
mitad del XV aparecen noticias importantes sobre ello en un documento que se con-
serva en el AHN dentro del proceso que se siguió contra Pedro Ruiz de Alcaraz:
“Acaesció que en Durango, que es en las montañas de
Vizcaya, se levantó una grand heregía entre los omes e mujeres
de aquella tierra que por la causa de algunos sermones e predi-
caciones que ficieron unos frailes de Sant Francisco de la
Observancia contra el santo matrimonio, la mayor parte de las
mujeres de aquella tierra dexaron a sus maridos, e las moças a sus
padres e madres, e se fueron con los dichos frailes e con mucha
compaña de omes que los acompañavan por las montañas e por
las cuevas dellas, e facian adulterio e fornicacion los omes e los
frailes con ellas e con las que querian publicamente diciendo: “ale-
luya y caridat”. En tal manera, que si este rey don Juan
prestamente enbio alla alcaldes e executores que prendieron a la
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15. La mayor parte de las noticias de las actuaciones del tribunal calahorrano se hallan en el Archivo
Histórico Nacional, Sección de Inquisición, Cartas originales del Tribunal de Calahorra a la Suprema.
Libros 785, 786, 787.
Brujas e Inquisición en Calahorra. Una historia poco conocida.
mayor parte dellos, aunque los frailes se fueron por mar, e los man-
do traer a Santo Domingo de la Calzada, e a los que quisieron
tornar a buena recordacion e se reconciliaron a la fe con el Obispo
de Calahorra, e dexaron de ser llamar como se llamavan, a los
unos Sant Pedro e a los otros Sant Pablo, e nombres de otros san-
tos e santas, a estos tales mandoles facer merced. E a los otros que
porfiaron en este heregia mandolos quemar, por tal manera que
fueron muertos e quemados mas de ciento omes e mujeres e moças
e por esto ceso aquella heregia”
16
.
Sin embargo, no es cierto que cesara dicha herejía porque, de hecho, y según
Iñaki Reguera, “la persistencia de esta secta duranguesa fue sin duda, junto al epi-
sodio de las brujas de Amboto, el motivo para que los Inquisidores de Calahorra
trasladasen sus pertrechos a Durango en 1499”. Y a partir de ahí es fácil trazar una
línea recta que una a las incursiones en Navarra por el Inquisidor calagurritano a la
persecución de las seguidoras de la herejía duranguesa. Muy probablemente las mu-
jeres quemadas por el tribunal de Calahorra en 1507 fueran de una parte herejes
vascas y de otra brujas de Amboto y del Norte de Navarra, todas ellas dentro de un
mismo saco herético. Hay que llevar, sin embargo, al terreno de las suposiciones di-
chas afirmaciones, a la espera de que aparezcan documentos definitivos que puedan
dar luz y esclarecer definitivamente algo repetido insistentemente por los más im-
portantes estudiosos de la Inquisición en nuestro país.
5.– Los tratados sobre la Inquisición en la diócesis calagurritana. Juan Antonio
Llorente.
En el artículo citado al principio de este estudio insistí en la importancia de dos
trabajos fundamentales en la historia de la Inquisición en España. Uno, el Tratado
muy sutil y bien fundado de las supersticiones y hechicerías, de Fray Martín de
Castañega, publicado en 1529 en la logroñesa imprenta de Miguel de Eguía – tan
vinculado a los movimientos erasmistas y renacentistas y a la Univesidad alcalaína–
y dirigido al Obispo de Calahorra, D. Alonso de Castilla
17
.Y otro, el trabajo de Fray
Martín de Andosilla – que sin embargo era natural de Peralta– en latín De supersti-
tionibus, publicado en 1510 en Lyon y que pronto contó con cinco ediciones, además
de en Francia, en Italia y Alemania.
308 KALAKORIKOS. — 12
16. Cita según Menéndez Pelayo, Historia de los heterodoxos españoles, op. Cit., p. 566 del volumen II.
17. Hay edición actual a cargo de Juan Roberto Muro Abad, Logroño, Instituto de Estudios Riojanos,
1994, con un amplio estudio introductorio a la obra.
Jesús Fernando Cáseda Teresa
No voy a repetir lo que ya dije entonces, pero sí quiero llamar la atención de
que ambos tratan de llevar el sentido común a la actuación inquisitorial cuando el
Malleus maleficarum de Sprenger y Kroemer se ha convertido en el libro de cabe-
cera de los inquisidores que queman a miles de mujeres acusadas de brujas en toda
Europa. Ambos consideran que hay que reparar antes que destruir, que se ha de for-
mar antes que reprender y que pueden establecerse otra clase de penas: reconciliación,
abjuración de leví, abjuración de vehementi, etc. antes que la quema.
A partir de la publicación de ambos tratados, curiosamente, la persecución in-
quisitorial comenzará a atemperar sus condenas y abandonará la crueldad de sus
primeros años, en buena medida por trabajos como éste o la conocida Reprobación
de Pedro Ciruelo. Sin duda, una visión más humanizada, más erasmista –el trabajo
de Castañega tiene las bendiciones del Inquisidor Miranda, buen pro erasmista, no
en vano– será la responsable de este “tour de force” y finalmente dulcificación en lo
que, por tanto, nuestros clérigos escritores tuvieron su relevancia.
Y no quiero acabar este trabajo sin recordar la figura de la figura más eminen-
te entre los estudiosos de la Inquisición española, el calahorrano por formación, el
canónigo de la Catedral de Calahorra, rinconero de nacimiento, Juan Antonio
Llorente, uno de los personajes más interesantes y discutidos en el Siglo XVIII. Y
no sólo por el conocido cuadro de Goya, ni por haber reconocido, siendo clérigo, no
haber observado nunca la castidad y acusado por Menéndez Pelayo de ser “dos ve-
ces renegado: como español y como sacerdote”. Tampoco por haber sido firmante
de la Constitución de Bayona, de 1808, afrancesado de claros principios revolucio-
narios, fugitivo y refugiado en Francia donde, además de vender muchos documentos
que se llevó de la Inquisición, publicó un auténtico best–seller de la época, su Historia
crítica de la Inquisición en España, y al que se le acusa de ser el creador de nuestra
leyenda negra, excomulgado por el Papa de Roma y suspendido “a divinis” impi-
diéndole confesar y decir misa y sus obras incluidas en el Índice de libros prohibidos,
sino por haber sido la mente más clara y más avanzada de su tiempo y haber enten-
dido la Inquisición en todas sus vicisitudes a lo largo de su historia.
Llorente, educado en el duro escolasticismo y peripatetismo de la Universidad
zaragozana del XVIII, encontró sin embargo en Calahorra luego, como Provisor y
Vicario interino, a un hombre que, según cuenta en su Noticia biográfica, le hizo
abandonar sus rancias ideas y lo llevó a las más modernas de los philosophes y la rai-
son ilustrada de cuño francés. No da su nombre y es lástima. No obstante, como
pretendiente en Madrid bajo la protección de la Duquesa de Sotomayor, y tras un
breve paso por la Inquisición de Logroño, logra su puesto de Secretario
Supernumerario de la Inquisición de Corte. Desde ahí consigue establecer una bue-
na relación con Manuel Abad, a la sazón Inquisidor General, conocido jansenista,
con el que trabaja en la reforma inquisitorial, lo cual no obstante le trajo no obte-
ner un casi conseguido Obispado de Michoacán en México. Jovellanos dio buena
cuenta de una copia que le había facilitado Llorente, y durante su reclusión en el cas-
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Brujas e Inquisición en Calahorra. Una historia poco conocida.
tillo de Bellever de Mallorca escribió su conocida Representación al Rey sobre la
Inquisición.
Llegó Llorente a abanderar el famoso cisma de Urquijo, como consejero del
Ministro, el cual mandó a Carlos IV firmar la orden de que los Obispos fueran nom-
brados por el propio Rey. En venganza, Ramón de Arce logró que se le desproveyera
de su cargo de Secretario de la Inquisición, se le impusiera multa de cincuenta du-
cados y destierro en San Antonio de Cabrera.
Seguirá, no obstante, Llorente, trabajando en sus importantes estudios sobre la
Inquisición en nuestro país, especialmente en los Anales de la Inquisición, presen-
tada para su ingreso en la RAE en el periodo de 1812–1813 y su Memoria histórica
de la Inquisición, preludio en ambos casos de su obra del exilio ya citada: la Historia
crítica de la Inquisición en España.
Al margen de que se le ha discutido el cálculo, tal vez exagerado, de las vícti-
mas mandadas ejecutar por Torquemada, o su regalismo hijo de su tiempo,
marcadamente anti–clerical, es evidente que Llorente es un hombre muy avanzado
para su época y un hijo de los philosophes. Ahí está su Retrato político de los Papas,
donde critica a los primeros Papas por no haber seguido el espíritu bíblico y el or-
den civil romano. Sus Memorias para la historia de la revolución española, producto
de su cada vez mayor radicalización de ideas y posturas en Francia. Y también su de-
fensa de un centralismo que le lleva a censurar en las Noticias de la tres provincias
vascongadas los fueros vascos siguiendo los dictados de Godoy y de la revolución
francesa. Se le podrá acusar de muchas cosas, indudablemente, pero en ningún caso
de no ser consecuente con sus ideas sobre la Inquisición – no abolirla, sino refor-
marla–, sobre las formas de gobierno o sobre su idea de España. Tal vez pudiéramos
verlo, definitivamente, como uno de los creadores del liberalismo cristiano que
triunfará en Europa en el XX y en nuestra historia más reciente. Sin duda, dema-
siado avanzado para su tiempo, y perfectamente comprensibles sus posturas en la
actualidad.
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