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Siglo XIX. RevolucioÌ​n liberal en el reinado de Isabel II IntroduccioÌ​n. Las Regencias.

Maria Cristina (1833-1840) y Espartero (1849-1843) La hija de Fernando VII, Isabel nace en 1830. SeguÌ​n la Ley SaÌ​lica (1713), las mujeres no podiÌ​an reinar, por lo que el sucesor debiÌ​a ser el hermano del rey, Carlos MariÌ​a de Isidro. Sin embargo, Fernando VII cambioÌ​ la ley poco antes de morir dejando a su hija Isabel como heredera. A su muerte, MariÌ​a Cristina, esposa de Fernando VII asumioÌ​ la regencia, hasta que su hija alcanzara la mayoriÌ​a de edad. Sus primeros años, con la guerra carlista, sirvioÌ​ para que los liberales moderados se afianzasen en la poliÌ​tica, con poliÌ​ticos como Cea BermuÌ​dez, MartiÌ​nez de la Rosa o el conde de Toreno. En 1833 Maria Cristina promulgoÌ​ el decreto redactado por Javier de Burgos, que organizaba el Estado en 49 provincias. En 1834 se redactoÌ​ el Estatuto Real, instrumento para la transicioÌ​n poliÌ​tica que no reconociÌ​a la soberaniÌ​a nacional, ni las libertades poliÌ​ticas , ni divisioÌ​n de poderes y dejaba la funcioÌ​n legislativa en manos del monarca. Al poco tiempo comenzaron las sublevaciones que exigiÌ​an maÌ​s libertades poliÌ​ticas. En este clima, un grupo de suboficiales entroÌ​ por la fuerza en el palacio de San Ildefonso de la Granja e iniciaron el "MotiÌ​n de la Granja", que obligoÌ​ a la regente a firmar un decreto para restituir la constitucioÌ​n de 1812 y derogar el Estatuto Real. En la nueva constitucioÌ​n (1837) se aprobaron leyes revolucionarias. Cuando finalizoÌ​ la guerra carlista, el Gobierno moderado de PeÌ​rez Castro intentoÌ​ limitar las reformas y la participacioÌ​n de las clases medias urbanas con la Ley de los Ayuntamientos (1840), que suprimiÌ​a el derecho de los ciudadanos a elegir a sus alcaldes, que eran nombrados por el Gobierno. Hubo nuevas sublevaciones, por lo que MariÌ​a Cristina abandonoÌ​ la regencia. En 1833 comenzoÌ​ la Primera Guerra Carlista, que se mantuvo durante todo el s.XIX, con apoyo de Cataluña, el Maestrazgo, el PaiÌ​s Vasco y Navarra. Los carlistas absolutistas apoyaban a Carlos MariÌ​a Isidro. El general RamoÌ​n Cabrera, junto a Carlos MariÌ​a, realizoÌ​ una expedicioÌ​n desde el Maestrazgo hasta las puertas de Madrid (ExpedicioÌ​n Real de 1837). TomaÌ​s de ZumalacaÌ​rregui organizoÌ​ y defendioÌ​ al ejeÌ​rcito rebelde del Norte y consolidoÌ​ el poder carlista en el PaiÌ​s Vasco. Su muerte en 1835 puso fin a la tendencia ascendente del carlismo en la regioÌ​n vasconavarra. En 1839, el general Rafael Maroto y el general Espartero mantuvieron conversaciones y firmaron el Convenio de Vergara que puso fin a la guerra. El general Cabrera y Carlos MariÌ​a no lo aceptaron y se vieron obligados a huir a Francia en 1840, lo que puso fin a la Primera Guerra Carlista. Ante la renuncia de MariÌ​a Cristina fue nombrado regente el general Espartero, que gobernoÌ​ hasta 1843 de forma dictatorial, con el apoyo de los liberales progresistas. Se ganoÌ​ el rechazo de todos, su poliÌ​tica librecambista poniÌ​a en peligro la industria textil catalana. TambieÌ​n los vasconavarros, que habiÌ​an visto que por su apoyo a los carlistas, sus fueros fueron reorganizados (Ley Paccionada de 1841). Algunos demoÌ​cratas que inicialmente le habiÌ​an apoyado, acabaron enfrentaÌ​ndose y tres años despueÌ​s nadie le apoyaba. En 1843 se inicioÌ​ una revuelta militar, encabezada por NarvaÌ​ez, que hizo caer al Gobierno, lo que produjo el exilio de Espartero. La DeÌ​cada Moderada (1844-1854) En 1843 Isabel II asume el trono de España y encarga la formacioÌ​n del gobierno al partido moderado, liderado por NarvaÌ​ez (1844), quien gobernoÌ​ durante 10 años con mano dura. DerogoÌ​ la ConstitucioÌ​n de 1837 y redactoÌ​ la de 1845, en la que otorgaba maÌ​s poderes al Gobierno y a la Corona, reduciendo los del Parlamento. El sistema legislativo era bicameral (Senado y Congreso) y se manteniÌ​a el sufragio censitario, por tanto, soÌ​l o podiÌ​an ejercer el derecho a voto personas de los sectores sociales que teniÌ​an propiedades o aquellas de distinguida profesioÌ​n. Se reconocioÌ​ el catolicismo como religioÌ​n de la NacioÌ​n española.