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/ Fichas de Biología

Estudiando un Roble /
Operación Carballo
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Fíjate: las hojas del roble son inconfundibles. Los especialistas las
llaman “lobuladas”, porque tienen entre 3 y 5 lóbulos en cada lado.
¿Sabes cuáles son los lóbulos de tus orejas? Exacto: donde se
ponen los pendientes. ¿Entiendes ahora por qué se llaman “hojas
lobuladas”?
Por cierto, los robles también lucen algo muy parecido a pendientes.
Se los ponen unas pequeñas avispas de los bosques al depositar sus
huevos sobre hojas o ramas. Por supuesto, no son pendientes. Se
llaman agallas. Las forma el árbol para defenderse del intruso. Pero
sin saberlo, le está haciendo la casa perfecta para que se desarrolle
y crezca. Una vez en estado adulto, la avispa abandona la agalla,
dejando como prueba de su estancia un pequeño agujero.
/ Las hojas /
Hojas de roble
Agalla
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/ El tronco y las ramas /
“¿Qué pasa, tronco? ¿Te crees un tipo muy duro?” ¡Pues sí! La madera
del roble es dura, pesada y resistente. Precisamente su resistencia
hizo que en el pasado fuese muy apreciada para construir barcos,
incluidos los de guerra. Por este motivo hace pocos cientos de años
se cortaron la gran mayor parte de los robledales próximos a la costa, y
en la actualidad es muy difícil encontrar robles grandes cerca del mar.
Más tarde fue muy empleado para las traviesas del ferrocarril. Hoy en
día su madera sigue siendo muy valorada para fabricar mobiliario de
calidad, y también para barriles.
En cuanto a las ramas, cuando sea invierno fíjate en el extremo de las
más pequeñas: hallarás una especie de pequeños capullos de color
castaño. Se denominan “yemas”. En su interior, bien protegidas del
frío, aguardan a que llegue la primavera las hojas del próximo año.
Yemas
Corteza
Madera
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/ Las flores /
Los robles también tienen flores. A menudo pasan desapercibidas,
pues no son muy vistosas. Pero sí muy interesantes.
El roble florece entre marzo y abril. En un mismo árbol hay flores
masculinas y femeninas, aunque aparecen separadas.
Las flores masculinas son como un racimo colgante de borlas de
color verde amarillento. Salen en las ramas del año anterior.
Las flores femeninas, dos o tres, aparecen a largo de una pequeña
ramilla verde que nace justo en la base de las hojas. Están rodeadas
de una cubierta escamosa pardo rojiza. Una vez fecundadas, se
convertirán poco a poco en bellotas.
Flor femenina
Flor masculina
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/ Los frutos /
Las bellotas son los frutos del roble. Son inconfundibles por su base
a modo de “boina”. ¿Sabes de dónde sale esta boina? Es lo que
queda de la flor femenina en la que se han formado la bellota. A veces
pueden aparecer dos bellotas juntas en el mismo rabillo.
Las bellotas se desprenden del árbol una vez han madurado, entre
septiembre y noviembre. Entonces caen al suelo, ruedan, y acaban
a mayor o menor distancia del roble. Muchas sirven de alimento a
diversos animales... Como por ejemplo al arrendajo que, para tener
una reserva para el invierno, las entierra. Pero de algunas se olvida.
Por su despiste, estas bellotas tienen más posibilidades de germinar
y ser nuevos robles. Sin pretenderlo, el arrendajo es un auténtico
plantabosques.
Bellotas
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/ El suelo /
Para observar a un roble también hay que mirar hacia abajo, al suelo.
Cuando llega el otoño, las hojas dejan de ser verdes para primero
volverse marrones y más tarde desprenderse y caer suavemente. Al
pie del árbol se extiende una espesa capa de hojarasca que, a lo
largo del invierno, se va descomponiendo, formando así el “humus”
que aporta un montón de nutrientes al suelo en el que penetran las
raíces del roble. ¡Es el reciclaje perfecto!
Las raíces de un roble son como sus ramas, pero
al revés, y sin hojas. Entre ellas viven millones
de criaturas microscópicas, y otras sólo
pequeñas. Gracias a ellas el suelo se
remueve sin cesar, oxigenándose,
y se enriquece para alimentar al
árbol.
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/ El roble en primavera y en verano /
En primavera el roble es toda una explosión de actividad. Sus discretas
flores saludan a la nueva estación. Las hojas, tiernas, asoman de
sus yemas y crecen a toda velocidad. Los insectos se apresuran
a devorarlas, pero el roble utiliza armas químicas para defenderse.
Mientras crece, cada hoja segrega grandes cantidades de taninos,
una sustancia de sabor repelente y realmente difícil de digerir. Una
vez grande, deja de producirla. A cambio, la hoja ya es dura, y no
tierna.
En verano el árbol funciona como una gran industria: transforma la
energía del sol, el dióxido de carbono de la atmósfera y los nutrientes
del suelo en alimento no sólo para sí mismo, sino también para una
enorme cantidad de animales diferentes. A finales del verano, el roble
empieza a tener mal aspecto, precisamente porque orugas e insectos
llevan ya muchas semanas devorando sus hojas. Estos invertebrados
son a su vez alimento de pajarillos, que a su vez son presa, por
ejemplo, de gavilanes y azores.
Primavera Verano
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/ El roble en otoño y en invierno /
Al llegar el otoño las hojas se vuelven de un característico color marrón
amarillento antes de caer. La causa es la pérdida de un pigmento
verde, la clorofila, a medida que se reducen las horas de luz. Al mismo
tiempo, las bellotas están ya maduras, y son muchos los animales
que se alimentan de ellas tanto en las ramas como en el suelo. Un
roble centenario llega a producir en sus mejores años hasta 90.000
bellotas.
En invierno el roble pierde todas o casi todas sus hojas. Duerme.
Entre sus ramas, sin embargo, hay todavía una gran actividad en
forma de pequeños pájaros como carboneros o agateadores, que
van y vienen buscando pequeños insectos y larvas que se esconden
entre las grietas de la corteza.
Otoño Invierno
www.obrasocialcaixagalicia.org

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