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S EMINARIO D E T EOLOGÍA D E L A HISTORIA P OSTMODERNIDAD : L

S EMINARIO D E T EOLOGÍA D E L A HISTORIA

P OSTMODERNIDAD : L YON , F OUCAULT , B AUDRILLARD , L YOTARD , V ATTIMO

[ Antología de textos ]

De la providencia al progreso

«Con la “providencia”, y su posterior trasposición en “progreso” y más tarde en “nihilismo”, comienza una serie de ideas extremadamente significativas en Occidente. La “providencia” es el cuidado que Dios dispensa a la creación, vigilando el proceso de la historia. Uno de sus

El providencialismo niega el movimiento cíclico en la

paladines fue [

historia, despertando la esperanza en el futuro, más que la resignación o el pesimismo» (LYON,

D., Postmodernidad , trad. de B. Urrutia, Alianza, Madrid, 1996, p. 18).

]

San Agustín [

].

«No obstante, el énfasis en el movimiento hacia adelante de la historia se podía vincular

fácilmente a la convicción de que las cosas en general tendían a mejorar, especialmente bajo el

impacto del pensamiento ilustrado. [ Pero, al acentuarse el papel de la razón y restarse

importancia a la intervención divina, se estaban poniendo las semillas de una variante secular de la providencia: la idea de progreso» ( op. cit., p. 19).

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«El desarrollo del poder europeo constituyó el fundamento material, por así decir, para el supuesto de que la nueva concepción del mundo se apoyaba sobre una base firme que al mismo tiempo aportaba seguridad y ofrecía la emancipación del dogma de la tradición» (GIDDENS, A. [citado por LYON, D., op.cit., p. 19]).

Caída de los ideales modernos

«En el momento álgido de la confianza victoriana, el colonialismo europeo y el asentamiento en la frontera norteamericana, predominaba de manera absoluta la creencia en el progreso. Parecía confirmada por los acontecimientos. A pesar de lo que siguió –la Gran Guerra y la Depresión, las esperanzas no se truncaron enteramente: la Exposición Mundial de Chicago de 1933 celebró “un siglo de progreso”. La fe en el progreso vaciló tras la Segunda Guerra Mundial, pero fue restablecida artificialmente por el vasto desarrollo científico y tecnológico y por un consumo sin precedentes. No obstante, el daño estaba hecho. El colonialismo se derrumbó y se fue concediendo la independencia política de un Estado tras otro. La otra cara del industrialismo se reveló amenazadoramente en la degradación del medio ambiente, el agotamiento de recursos irreemplazables y el deterioro de la capa de ozono» (LYON, D., op. cit., p. 20).

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«Surgieron nuevos movimientos sociales. La guerra de Vietnam y, después, el Watergate, alimentaron el cinismo. Paralelamente a esos acontecimientos, en Europa oriental empezaban a germinar movimientos democráticos que florecerían con la desintegración del comunismo. El período transcurrido entre la Revolución Francesa y la caída del socialismo de Estado (1789 1989) se convirtió así en los dos siglos simbólicos de la modernidad, expresados políticamente en la búsqueda de un mundo racionalizado» (LYON, D., op. cit., p. 21).

Derrida: crisis del significado

«Las múltiples realidades nietzscheanas se articulan en “discursos” y reaparecen en un lugar destacado, por ejemplo, en Derrida. Fuera del lenguaje no hay significado: el discurso está

separado del mundo. Sin Dios que los garantice, los significantes fluctúan libremente y sólo es

El mundo del significado se fractura y

posible entenderlos en su relación recíproca. [

fragmenta, lo cual hace difícil hablar de significado tal y como se entendía tradicionalmente»

(LYON, D., op. cit ., p. 29).

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Lyotard: fin de los “grandes relatos” (o “metanarraciones”)

«Lyotard [ define lo postmoderno como la incredulidad ante las metanarraciones (grands

récits ). [ La principal “metanarración” en cuestión pertenece a la línea ilustrada que ve la

legitimación de la ciencia en su capacidad emancipadora. El conocimiento moderno se justifica en relación con grandes narraciones como la creación de riqueza o la revolución de los trabajadores. Nos liberaremos si comprendemos mejor nuestro mundo. Lyotard desmonta esta pretensión afirmando que ya no podemos recurrir a tales discursos» (LYON, D., Postmodernidad , cit., p. 30 31).

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«Se tiene por postmoderna la incredulidad con respecto a los metarrelatos. [ Al desuso del

dispositivo metanarrativo de legitimación corresponde especialmente la crisis de la filosofía [moderna de la historia: progreso, etc.] [ La función narrativa pierde sus functores: el gran

héroe, los grandes peligros, los grandes periplos y el gran propósito. Se dispersa en nubes de elementos lingüísticos narrativos, etc., cada uno de ellos vehiculando consigo valencias pragmáticas sui generis. Cada uno de nosotros vive en la encrucijada de muchas de ellas» (LYOTARD, J.F., La condición postmoderna, trad. de M.A. Rato, Cátedra, Madrid, 1987, p. 10).

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«La ciencia [según Lyotard] [ ha perdido su supuesta unidad. A medida que produce más y

más disciplinas y subdisciplinas, se hace más difícil sostener que todas forman parte de la misma empresa. Cada forma de discurso está obligada a generar por sí misma la autoridad que pueda. Los científicos deben ser mucho más modestos que antes, de forma que, en vez de

establecer definitivamente cómo son las cosas, sólo pueden ofrecer opiniones. [ Todo lo que queda son “redes flexibles de lenguaje» (LYON, D., Postmodernidad , cit., p. 31).

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«La propia educación, que bajo la influencia del pensamiento ilustrado llegó a considerarse un

factor del progresivo desenvolvimiento de la libertad, [ queda reducida al rendimiento, a la

formación y al desarrollo de habilidades. En opinión de Lyotard, [ la razón emancipadora es sustituida por la racionalización tecnocrática» (LYON, D., op. cit., p. 83).

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«La pregunta, explícita o no, planteada por el estudiante profesionalista, por el Estado o por la institución de enseñanza superior, ya no es: ¿es eso verdad?, sino ¿para qué sirve? En el contexto de la mercantilización del saber, esta última pregunta, las más de las veces, significa:

¿se puede vender? Y, en el contexto de la argumentación del poder: ¿es eficaz?» (LYOTARD, J.F., La condición postmoderna , cit., p. 94 95).

Foucault: genealogía del saber, microfísica del poder, muerte del hombre

«La “historia de las ideas” misma sería inaceptable para la mayoría de los teóricos postmodernos. Sugerir una progresión lineal de conceptos y explorar las conexiones que puedan existir entre ellos en términos de sus antecedentes es una empresa cabalmente moderna. Apoyándose en Nietzsche, [Michel] Foucault sostiene que es más bien la genealogía lo que habría que investigar» (LYON, D., op. cit., p. 35).

«Su estudio [Foucault] de la arquitectura panóptica penitenciaria sugiere poderosamente que todos estamos manipulados por el poder, como prisioneros, al tiempo que cooperamos en nuestro propio encarcelamiento en la sociedad. Los seres humanos, en el sentido de criaturas conscientes, activas e incluso rebeldes, están verdaderamente muertos en su descripción. Para el Foucault de Surveiller et Punir la libertad parece una ficción de la filosofía modernista» (LYON, D ., op.cit ., p. 36).

«El hombre es sólo un invento reciente, una figura que no tiene ni dos siglos, un simple pliegue en nuestro saber que desaparecerá en cuanto éste encuentre una nueva forma» (FOUCAULT, M., Las palabras y las cosas , Siglo XXI, México, 1971, p. 9).

«[…] El fin del hombre es el retorno al comienzo de la filosofía. Actualmente sólo se puede pensar en el vacío del hombre desaparecido. […] A todos aquellos que todavía quieren hablar del hombre, de su reino o de su liberación, a todos aquellos que plantean aún preguntas sobre lo que el hombre es en su esencia, […] a todos aquellos que no quieren formalizar sin antropologizar, […] que no quieren pensar sin pensar también que es el hombre el que piensa, a todas estas formas de reflexión torpes y desviadas no se puede oponer otra cosa que una risa filosófica, es decir, en cierta forma, silenciosa» (FOUCAULT, M., Las palabras y las cosas, cit., p. 332 333).

«Más que la muerte de Dios –o más bien, en el surco de esa muerte y en profunda correlación con ella , lo que anuncia el pensamiento de Nietzsche es el fin de su asesino; es el estallido del hombre en la risa y el retorno de las máscaras» (FOUCAULT, M., op. cit., p. 333)

[Nietzsche] «¿No oísteis hablar de aquel loco que en pleno día corría por la plaza pública con una linterna encendida, gritando sin cesar: “¡Busco a Dios! ¡Busco a Dios!”. Como estaban

presentes muchos que no creían en Dios, sus gritos provocaron la risa. [ El loco se encaró con ellos, y clavándoles la mirada, exclamó: ¿Dónde está Dios? Os lo voy a decir. Le hemos matado; vosotros y yo, todos nosotros somos sus asesinos. Pero ¿cómo hemos podido hacerlo? ¿Cómo pudimos vaciar el mar? ¿Quién nos dio la esponja para borrar el horizonte?

¿Qué hemos hecho después de desprender a la Tierra de la órbita del sol? [ ¿No caemos sin

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cesar? ¿No caemos hacia adelante, hacia atrás, en todas direcciones? ¿Hay todavía un arriba y

¿No hace más frío? ¿No

] ¡Y

nosotros le dimos muerte! ¡Cómo consolarnos nosotros, asesinos entre los asesinos! Lo más sagrado, lo más poderoso que había hasta ahora en el mundo ha teñido con su sangre nuestro

cuchillo. ¿Quién borrará esa mancha de sangre? ¿Qué agua servirá para purificarnos? [ La

enormidad de este acto, ¿no es demasiado grande para nosotros? ¿Tendremos que convertirnos en dioses, o al menos parecer dignos de los dioses?»” (NIETZSCHE, F., La gaya ciencia [1882], Alba, Madrid, 1997, pp. 137 138). [La “muerte de Dios” a que se refiere Nietzsche ser identificada con la secularización, el eclipse progresivo de la idea de Dios en la

cultura moderna].

veis de continuo acercarse la noche, cada vez más cerrada? [ ¡Dios ha muerto! [

un abajo? ¿Flotamos en una nada infinita? ¿Nos persigue el vacío [

]?

]

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«[…] Si ahora el lenguaje surge [como objeto de análisis filosófico] cada vez con más insistencia […], ¿no es esto el signo de que toda esta configuración [antropocéntrica] va a oscilar ahora y que el hombre está peligro de perecer a medida que brilla más fuertemente el ser del lenguaje en nuestro horizonte?» (FOUCAULT, M., op. cit., p. 334).

Vattimo

«No existe una Historia única: existen imágenes del pasado propuestas desde diversos puntos de vista, y es ilusorio pensar que exista un punto de vista supremo, omnicomprensivo, capaz de unificar todos los demás (como sería “la Historia” que engloba la historia del arte, de la literatura, de las guerrfas, de la sensualidad, etc.)» (VATTIMO, G., “Posmodernidad: ¿una sociedad transparente?”, en VATTIMO, G. et al., En torno a la posmodernidad , Anthropos, Barcelona, 1990, p. 11).

«La crisis de la idea de la Historia lleva consigo la crisis de la idea de progreso: si no hay un decurso unitario de las vicisitudes humanas, no se podrá ni siquiera sostener que avanzan hacia un fin, que realizan un plan racional de mejora, de educación, de emancipación» (Op. cit., p. 11).

«Filósofos de la Ilustración, Hegel, Marx, positivistas, etc., pensaban más o menos todos ellos

del mismo modo que el sentido de la historia era la realización de la civilización, es decir, de la

[Pero ahora] Los pueblos llamados

“primitivos”, colonizados por los europeos en nombre del buen derecho de la civilización

“superior” y más desarrollada, se han rebelado y han vuelto problemática de hecho una historia unitaria, centralizada. El ideal europeo de humanidad se ha manifestado como un ideal

más entre otros muchos, [ que no puede pretender, sin violencia, el derecho de ser la esencia verdadera del hombre, de todo hombre» (Op. cit ., p. 12).

forma de ser del hombre europeo moderno [

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«[Theodor W.] Adorno, en obras como Dialéctica de la Ilustración (escrita en colaboración con Max Horkheimer) y Minima moralia , preveía que la radio (más tarde también la televisión) tendría el efecto de producir una homologación general de la sociedad, haciendo posible e incluso favoreciendo, por una especie de tendencia demoníaca interna, la formación de dictaduras y gobiernos totalitarios –como el “Gran Hermano” de George Orwell en 1984 capaces de ejercer un control exhaustivo sobre los ciudadanos por medio de una distribución

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de slogans publicitarios, propaganda (comercial no menos que política), concepciones

estereotipadas del mundo

radio, televisión, prensa, etc. han venido a ser elementos de una explosión y multiplicación general de Weltanschauungen , de concepciones del mundo» (VATTIMO, G., op. cit., p. 13).

Pero lo que de hecho ha acontecido, [ ha sido más bien que

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«En lugar de un ideal de emancipación [como el de la modernidad, basado en la idea de una realidad única y estable, dotada de leyes objetivas cognoscibles y aprovechables en su

beneficio por el hombre] [

se abre camino un ideal de emancipación que tiene en su propia

base, más bien, la oscilación, la pluralidad y, en definitiva, la erosión del mismo “principio de realidad”. El hombre de hoy puede perfectamente llegar a ser consciente de que la perfecta

],

libertad no es la de Spinoza: no consiste [ en conocer la estructura necesaria de lo real para

demostró que la imagen de una realidad ordenada

racionalmente sobre la base de un solo principio (tal es la imagen que la metafísica se ha hecho siempre del mundo) es sólo un mito “asegurador”, propio de una humanidad todavía

primitiva y bárbara [ ]» (VATTIMO, G., op. cit., p. 16).

adecuarse a ella. [

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Nietzsche [

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«Si durante muchos decenios [

ilustrada y positivista, como formas de experiencia “residual”, destinadas a agotarse a medida que se imponía la forma de vida “moderna” (racionalización técnico científica de la vida social, democracia política, etc.), hoy aparecen nuevamente como posibles guías para el futuro. El hecho es que el “fin de la modernidad” o, en todo caso, su crisis ha traído consigo también la disolución de las principales teorías filosóficas que pensaban haber liquidado la religión: el

cientificismo positivista, el historicismo hegeliano y, después, marxista. Hoy ya no hay razones filosóficas fuertes y plausibles par ser ateo o, en todo caso, para rechazar la religión. El racionalismo ateo, en efecto, había tomado en la modernidad dos formas: la creencia en la verdad exclusiva de la ciencia experimental de la naturaleza y la fe en el desarrollo de la historia hacia una situación de plena emancipación del hombre respecto a toda autoridad

trascendente [ ].

Pero lo que hoy ha sucedido es que tanto la creencia en la verdad “objetiva”

de las ciencias experimentales, como la fe en el progreso de la razón aparecen, precisamente,

como creencias superadas. [ Que es insostenible tanto el racionalismo cientifista como el

historicista en sus términos más rígidos –aquéllos, precisamente, que dejaban fuera de juego la posibilidad misma de la religión es un dato bastante asumido de nuestra cultura»

(VATTIMO, G., Creer que se cree, trad. de C. Revilla, Paidós, Barcelona, 1996, p. 21 22).

las religiones han aparecido, de acuerdo con la idea

]

]

«Secularización como hecho positivo significa que la disolución de las estructuras sagradas de la sociedad cristiana, el paso a una ética de la autonomía, al carácter laico del Estado, a una literalidad menos rígida en la interpretación de los dogmas y de los preceptos, no debe ser entendida como una disminución o una despedida del cristianismo, sino como una realización más plena de su verdad, que es, recordémoslo, la kenosis, el abajamiento de Dios» (VATTIMO, G., Creer que se cree, cit., p. 50).

«La encarnación, es decir, el rebajamiento de Dios al nivel del hombre, lo que el Nuevo Testamento llama kenosis de Dios, será interpretada como signo de que el Dios no violento y no absoluto de la época postmetafísica tiene como rasgo distintivo la misma vocación al debilitamiento de la que habla la filosofía de inspiración heideggeriana» (Creer que se cree, cit., p. 38 39).