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ESTUDIOS DE LOS PERGAMINOS DEL MAR MUERTO

Escrito por el doctor O. Prestón Robinson.

PEDRO Y LA ROCA

EL período de excitación que sucediera al original, descubrimiento de los Pergaminos del Mar
Muerto, se ha apaciguado. Actualmente, los eruditos bíblicos continúan, en su apartada soledad,
dedicándose a la sería tarea de combinar, clasificar, descifrar y traducir los registros que obran en su
poder y otros que siguen llegando a sus manos, procedentes de nuevos hallazgos. Es importante y
fatigoso el trabajo que todo nuevo descubrimiento significativo exige. Esta es la difícil faena que
generalmente debe hacerse fuera del alcance de la luz publicitaria, en que los detalles deben ser
reunidos de tal forma que permitan hallar las respuestas a complejos interrogantes y obtener mejores
explicaciones acerca del objetivo correspondiente.
Esta es la actividad que sigue desarrollándose con los Pergaminos del Mar Muerto. Además del
voluminoso conjunto de anales y fragmentos de escrituras que se poseen, nuevos descubrimientos han
sido efectuados, y algunos elementos aún en poder de los beduinos de las sierras jordanas, van
llegando, poco a poco, a manos de los investigadores. Otras luces se han obtenido de estos nuevos
hallazgos y de más amplias interpretaciones resultantes del material y estudiado, por lo que nuevas
respuestas a constantes controversias y complicadas preguntas, van apareciendo.
Uno de los más complejos pasajes del Nuevo
Testamento, es hallado en el capítulo 16 del libro de
Mateo. Recordaremos que, tal como este capítulo lo
relata, Jesús preguntó a sus discípulos: ¿Quién dicen,
los hombres que es el Hijo del Hombre?" (vers. 13)
Los discípulos respondieron que algunos
pensaban que El era Juan el Bautista, otros decían que
era Elías, y otros Jeremías, o algún otro de los profetas
antiguos.
Jesús insistió sobre el particular, preguntando en-
tonces: "Y vosotros ¿quién decís que soy...yo?" (ver.
15).
A esta pregunta, Simón Pedro contestó enfáticamente: "Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios
viviente.". (ver. 16)
Entonces le respondió Jesús: "Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló'
carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos...
Y yo también te digo, que tú eres Pedro,' y sobre ' esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas' del
Hades no prevalecerán contra ella." (Ibíd., 16:17-18)
La controversia de estos pasajes gira en torno al significado de la palabra "roca." Algunos
eruditos afirman que la "roca" mencionada por Jesús era el mismo Pedro y (pie en tal declaración le
manifestó que su iglesia estaría fundada sobre Pedro la "roca." No obstante, fue uno de los primeros
obispos de Boma quien interpretó por primera vez de esta numera dicho pasaje y reclamó que la

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autoridad de la Iglesia Romana descansaba sobre Pedro, conforme a la divina instrucción de Jesús, y
que Pedro fue el primer Papa.

Interpretación de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.

ES diferente el punto de vista de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, con
respecto al significado de esta manifestación. La Iglesia Mormona reclama que Jesús, en esa ocasión,
se refirió a la roca de la revelación, declarando que Su iglesia estaría fundada sobre esa "roca."
Como evidencia de su seguridad en tal afirmación, los líderes de la iglesia de Jesucristo señalan
que una cuidadosa lectura de dichos pasajes en el Evangelio según Mateo, indica claramente que Jesús
se refería a la roca de la revelación. En el pasaje anterior, Jesús le dice a Pedro:
" . . No te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos."
Luego, cuando dice: …Tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia," la palabra "roca"
no está escrita con mayúscula y por consiguiente se refiere a la frase anterior, en la que había de la
revelación. Además, los líderes mormones señalan el notable énfasis que dieran a la importancia de la
revelación, tanto Jesús como los profetas, desde el principio de la historia religiosa hasta nuestros días.
Por otra parte, la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días tiene otros libros canónicos (el
Libro de Mormón, las Doctrinas y Convenios y la Perla de Gran Precio) que aclaran más allá de toda
sombra de duda, que las revelaciones dadas por Dios tanto a sus profetas antiguos, como a José Smith y
sus sucesores en esta dispensación, constituyen la sólida roca sobre la cual el Señor ha establecido
siempre Su iglesia y dirigido a Su pueblo.

Nueva Evidencia de los Pergaminos del Mar Muerto.

Nuevas evidencias ríe que la interpretación de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de las
Últimos Días es correcta, han surgido de los Pergaminos del Mar Muerto, Las recientes traducciones de
nuevos fragmentos encontrados en las cuevas de Qumran, proveen más evidencias de que la revelación
es la roca a la cual se refirió el Salvador, y que fué sobre ella que prometió fundar Su iglesia.
Actualmente, muchos eruditos americanos, ingleses, franceses, alemanes e israelitas están
trabajando continuamente en la investigación y el estudio de los Pergaminos encontrados en las cuevas
cercanas al Mar Muerto. Se estima autorizadamente que sólo una pequeña porción de fas escrituras
descubiertas ha sido esclarecida. Más aún, estos rollos y fragmentos en manos de los eruditos,
constituyen un compendio literario cuyo desciframiento, traducción e interpretación adecuados,
demandará años de ardua dedicación.

Uno de los estudiosos que actualmente trabajan en esta tremenda empresa, es el padre J. T.
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Millik, de la Escuela Francesa de Jerusalén. En una reciente publicación de un fragmento en ara meo
que contiene el Testamento de Leví, encontrado en una de las cuevas de Qumran, el padre Millik llama
la atención hacia el discutido versículo 18 del capítulo 16 de Mateo, diciendo: "Ahora debemos
ciertamente reconsiderar el asunto, a la luz de nuevas evidencias." En otras palabras, el padre Millik
admite aquí que el tradicional concepto mantenido por la Iglesia Romana, con respecto a la
interpretación de dicho pasaje, podría ser erróneo.
La conclusión del padre Millik está basada en su traducción del fragmento arameo de Leví, que
interpreta como sigue:
Y vi los ciclos abiertos, y vi también debajo de mí una alta montaña que llegaba hasta los ciclos,
sobre la cual permanecí. Y las puertas de los cielos fueron abiertas ante mí, y un ángel me dijo....
Basado en sus estudios de la zona de Qumran, el padre Millik identifica dicha montaña como la
llamada "Abel Mayin," en las proximidades del Monte Hermón. Esta montaña ha tenido siempre un
trascendental significado en la historia religiosa de los judíos. Ellos creen que, porque su elevada cima
pareciera tocar los cielos y su base penetra en las aguas del río Jordán, la montaña simboliza tanto el
cielo como el infierno.
Fue en esta montaña que Leví recibió su revelación, y también donde, según la tradición israelita,
Enoc, el gran mediador entre Dios y el hombre, recibiera muchas de sus revelaciones. Los eruditos,
asimismo, creen que Jesús se encontraba cerca de ella cuando sucedió lo relatado por Mateo en el
capítulo 16 de su Evangelio, como también que en dicho lugar ocurrió Su transfiguración.
El padre Millik destaca que el nombre Petros que Jesús diera a Simón, significa "roca", y que la
palabra "roca" en arameo es Kepha. Y que esta palabra Kepha, es usada en otro fragmento arameo para
definir la "roca" (o montaña) donde Moisés recibiera las revelaciones del Señor. El padre Millik cree
que la palabra Kepha podría fácilmente reemplazar a petros en Mateo 16:18, refiriéndose,
consecuentemente, a la "Montaña de la Revelación". Esto estaría en armonía con la tradición judía que
identifica a esta zona como la Montaña de la Revelación y al hecho de que Jesús se refería a ella como
un símbolo y no a Pedro como personaje, en este particular pasaje de las Escrituras.
Comentando la interpretación del padre Millik, el doctor Allegro hace esta interesante
observación:
"Cualquiera sea la verdad histórica contenida por este registro, la idea de que las revelaciones
divinas han sido dadas sobre esta particular montaña sagrada, parece coincidir con la tradición
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fundamentada de los israelitas."
Aún falta comprobar la antigüedad y el origen de los Pergaminos del Mar Muerto. Sin embargo,
es en extremo interesante el hecho de eme autorizadamente se crea que estos antiguos anales
recientemente traídos a la luz, fueron escritos durante o en un período inmediatamente anterior o
posterior a la vida terrenal del Salvador. Y esto los hace unos mil años más nuevos que el resto de los
registros bíblicos conocidos hasta la fecha,

EL ENIGMA DE LA EPÍSTOLA A LOS HEBREOS

Poco después del comienzo de la era Cristiana, ya los eruditos bíblicos repararon en ciertos
interrogantes presentados por el contenido de la Epístola a los Hebreos, en el Nuevo Testamento. Estos
interrogantes tienen que ver con el autor de la epístola y a quiénes era ésta dirigida. Realmente, estos

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son problemas de importancia. Aunque por siglos estas dos preguntas no han podido ser contestadas
por los entendidos en materia bíblica, de los Pergaminos del Mar Muerto se desprende ahora una nueva
y fascinante respuesta, al menos para una de ellas.

¿Quién es el autor de la Epístola a los Hebreos?

Esta pregunta ha sido objeto de interminables controversias entre los eruditos.
Desde los primeros siglos después de la crucifixión del Salvador, ha sido
generalmente aceptado que la Epístola a los Hebreos fué escrita por Pablo. Esta era la
teoría de Origen y de algunos otros padres de la Iglesia Romana Sin embargo,
posteriormente, algunos sabios comenzaron a estudiar el Nuevo Testamento mas
concienzuda e intensivamente por lo que genuinas dudas fueron apareciendo en
cuanto a la paternidad literaria de Pablo hacia la referida epístola. Luego, entre las
iglesias occidentales, llegó a ser comúnmente considerado que su autor no era Pablo
sino uno de sus contemporáneos, mientras que la iglesia oriental, con asiento en
Alejandría, mantenía su convicción de que el escrito era paulino. En consecuencia,
quedó establecida una divergencia en tal sentido entre el Cristianismo controversia
que ha persistido hasta el día de hoy.
Hasta el momento, ni aun de los Pergaminos del Mar Muerto se ha podido obtener luz alguna a
este respecto, por lo que los eruditos bíblicos siguen divididos en sus opiniones, dudas y teorías en
cuanto al autor de la Epístola a los Hebreos,

¿A Quiénes fué Dirigida la Epístola?

Sobre este punto, afortunadamente, una nueva y fascinante evidencia ha salido a la luz. En una
convincente tesis, uno de los investigadores que actualmente trabajan en el desciframiento y la
traducción de los Pergaminos del Mar Muerto, nos dice que los Hebreos: fueron un grupo que,
formando parte de los llamados Pactantes del Mar Muerto, aceptaron posteriormente el Cristianismo
como cuerpo organizado y llegaron a constituir una de las iglesias Cristianas más importantes de la
zona, durante la época de los primeros apóstoles y el período en que Pablo tratara tan diligentemente de
fortalecer y edificar el reino de Dios sobre la tierra. A estar por la afirmación de este sabio, la epístola
que ahora ocupa nuestra atención fué dirigida a este grupo.

El Nuevo Testamento y los Pactantes del Mar Muerto.

Entre los más perplejos problemas relacionados con las informaciones últimamente traducidas de
los Pergaminos del Mar Muerto, está el hecho de que estos anales no mencionan a Jesús ni a ninguno
de sus discípulos o apóstoles inmediatos. Asimismo, el Nuevo Testamento guarda similar silencio en
cuanto a los Pactantes del Mar Muerto. Tanto para los eruditos bíblicos como para los legos interesados
en los Pergaminos del Mar Muerto, estos dos hechos han despertado seria curiosidad. Si los Pactantes
del Mar Muerto, o Esenios como les llamara el historiador judío Josefo , Fueron un devoto grupo

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religioso que viviera antes y durante el ministerio del Salvador sobre la tierra, ¿por qué no hay registro
alguno que diga si Jesucristo les mencionara alguna vez? Más aún, siendo que los Esenios practicaban
el bautismo por inmersión y varias otras doctrinas casi Cristianas, ¿cómo es que los discípulos del
Divino Maestro y los primeros escritores del Nuevo Testamento prácticamente los ignoraron?
Estas preguntas son interesantes y no menos importantes. Sí Pablo y los demás discípulos y
apóstoles, estaban familiarizados con los miembros de este grupo estético, y aun así nada escribieron
acerca de ellos, indudablemente éstos no habrán sido importantes. Por otro lado, eruditos como Josefo,
Plinto y Filón conocieron, visitaron y escribieron acerca de los Esenios. En efecto, estos historiadores
trataron y escribieron más acerca de los Pactantes del Mar Muerto que de los mismos cristianos. ¿A qué
se debe esta asombrosa divergencia?

Posibles Respuestas a los Interrogantes.

El extrañó hecho de que los registros del Mar Muerto no contengan ninguna mención acerca de
Jesús ni de sus discípulos, puede ser aclarado en forma admisible a través de las explicación de que
probablemente aquéllos fueron escritos antes del tiempo de Cristo. Los eruditos actualmente
compenetrados en los Pergaminos del Mar Muerto, generalmente aceptan como hecho científico que
varios de estos anales datan de muchos siglos antes de Jesucristo. Aunque posiblemente algunos fueron
escritos durante la vida terrenal del Hijo de Dios, no se ha logrado aun comprobarlo. Por supuesto, si
datan de una poca anterior al Maestro, ninguna mención acerca de El podrá encontrarse en dichos
pergaminos. Y si algunos de ellos fueron escritos durante o inmediatamente después de Su ministerio,
es enteramente probable que estos escritores no hayan comprendido o aceptado el hecho de que Jesús
era el Cristo, el Redentor del mundo.
Respecto del interrogante en cuanto al mutismo del Nuevo Testamento hacia los enigmáticos
Esenios o Pactantes del Mar Muerto, el doctor Yadín reclama tener una interesante respuesta. El cree
que los Hebreos del Nuevo Testamento fueron un cierto grupo de los Pactantes del Mar Muerto, que
habiendo, aceptado el Cristianismo, constituyeron una importante iglesia Cristiana durante la época
apostólica. A este grupo, fué dirigida la conocida Epístola a los Hebreos, y el autor de dicha misiva,
haya sido Pablo o cualquiera de sus contemporáneos, lo hacía consciente del hecho de que esta gente
estaba desviándose y volviéndose a su credo original La epístola fué escrita con la intención de
exhortarles a renunciar definitivamente a sus antiguas creencias y abrazar más firmemente el evangelio
de Cristo, tal como, habiéndosele predicado, ellos lo aceptaran,
El doctor Yadín basa sus conclusiones en el meticuloso análisis que luciera del contenido de la
Epístola a los Hebreos, y que comparara luego con las doctrinas y creencias de los Pactantes del Mar
Muerto, tal como se encuentran en el Manual de Disciplina de éstos, y con otros ese-ritos que forman
parte de los Pergaminos del Mar Muerto.

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Desde los comienzos de la era Cristiana, ha permanecido insoluble el enigma de la identidad de
los Hebreos a quienes Pablo o algún otro de los discípulos del Maestro escribiera la famosa Epístola.
Una cuidadosa lectura de la misma, indica que los Hebreos eran un grupo de gente muy importante
dentro de la Iglesia Cristiana. Por ejemplo, al dirigirse a ellos, el autor les dice:
Por tanto, hermanos santos, participantes del llamamiento celestial, considerad al apóstol y sumo
sacerdote de nuestra profesión, Cristo Jesús…
Aún resta preguntarse: ¿Por qué se llamó Hebreos a este grupo Cristiano? Fueron precisamente
ellos quienes escasamente treinta años antes habían crucificado al Salvador. ¿No resulta algo extraño
que parte de esta gente se haya convertido tan pronto y llegara a ser tan importante dentro de la Iglesia
como para que Pablo o quienquiera sea el autor de la epístola en cuestión, le haya escrito con tanto
fervor?

¿Quiénes fueron los Hebreos?

El doctor Yagael Yadin (mencionado en el artículo anterior),- uno de los eruditos que trabajan en
el desciframiento de los Pergaminos del Mar Muerto, y quien es hebreo nativo, cree que los Hebreos
del Nuevo Testamento fueron una comunidad que ahora conocemos como los Pactantes del Mar
Muerto. Cree que ellos se agruparon y se unieron a la Iglesia Cristiana, llegando a ser conocidos entre
los apóstoles como Hebreos por haber sido en un tiempo judíos que renunciaron a la fe hebraica. Según
asegura el doctor Yadin, este grupo llegó a convencerse de que la religión de los judíos se había
desviado por completo de las enseñanzas originales de Abrahán, Moisés y los profetas.

¿Quiénes fueron los Pactantes?

Aunque nada definido se sabe aún del origen de la gente que guardara los anales recientemente
descubiertos en las cuevas cercanas al Mar Muerto, los eruditos bíblicos coinciden en la teoría de que
dicho origen se remonta a un período anterior al de los Macábeos. Creen que esta estética comunidad
pudo haber surgido en los tiempos de Antíoco IV, llamado Epífanes, quien aproximadamente en el año
167 A.C. reinó sobre Palestina e intentó derribar, de una vez por todas, la religión y las tradiciones de
los judíos, persiguiéndoles y humillándoles, y profanando su templo. En cierta ocasión, un sacerdote
judío llamado Matatías se rebeló contra Antíoco y mató a uno de los oficiales de éste, por lo que fué
obligado, junto con su familia, a adorar dioses griegos. A raíz de ello, Matatías y su familia huyeron al
desierto, donde luego se le unieron otras familias judías. Esta comunidad llegó a ser conocida como los
Macabeos, quienes posteriormente llevaron a la práctica un plan subversivo que derivó en una serie de
guerras y terminó por debilitar el poderío de Antíoco. Matatías y su familia pudieron muy bien haber
sido los Hebreos que originalmente formaran la secta de los Pactantes del Mar Muerto, a la que se
atribuye el mérito de haber conservado sus anales en las cuevas de Quinran.
El doctor Yadin, respecto a su identificación de los Hebreos como los antiguos Pactantes del
Mar Muerto, basa su conclusión en un meticuloso estudio comparativo que hiciera entre los
argumentos y exhortaciones contenidos en la Epístola a los Hebreos, en el Nuevo Testamento, y las
creencias de los Pactantes, tal como se encuentran en los Pergaminos del Mar Muerto. El mencionado
erudito cree que esta gente, después de la crucifixión de Jesucristo, comenzó a inclinarse nuevamente

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hacia sus creencias originales y que la Epístola les fué escrita con el propósito de persuadirles a
abandonarlas definitivamente y ceñirse a las enseñanzas del evangelio del Salvador.

Creencias de los Pactantes del Mar Muerto.

Los Pactantes del Mar Muerto basaban sus creencias y religión en las enseñanzas del Antiguo
Testamento, y consideraban a Moisés su gran Profeta. Creían asimismo que los cuarenta años que
durara la peregrinación de Moisés y los hijos de Israel por el desierto, fueron un símbolo que
representaba el período de cuatro décadas durante el cual los hombres serían luego tentados y probados,
antes del tiempo en que el "Maestro de toda Justicia" vencería a Belial, director de los Angeles de las
Tinieblas, y, por consiguiente, con prioridad al día en que serían guiados hacia el reino de Dios. Creían
firmemente en la existencia tanto do ángeles buenos como de malos, y confiaban en la llegada de dos
Mesías, uno para llevarles hacia las cosas espirituales y el otros para orientarles en las temporales.
Abrigaban una fuerte esperanza en el Sacerdocio de Aarón, y creían que el sacerdote de la Casa de
Aarón que llegara a tener a su cargo el juicio final, sería semejante a uno de aquellos Mesías.
Es comprensible, entonces, que habiendo tenido estas creencias, conservadas por varias
generaciones, hayan intentado profesar nuevamente las mismas, después de la crucifixión de Jesucristo.

El tema central de la Epístola a los Hebreos.

El propósito primordial del autor de la Epístola a los Hebreos,
era, evidentemente, establecer la superioridad de Jesucristo sobro
lodos los individuos y ángeles que aparentemente, conforme a las
creencias de las personas a quienes iba dirigida, desempeñarían
funciones muy especiales en los últimos días, lo cual, según lo aclara
el escritor, será un privilegio privativo de Jesucristo, el único Mesías.
Ya desde el comienzo de la Epístola, su autor declara:
Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en
otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos
ha hablado por el Mijo, a quien constituyó heredero de todo, y por
quien asimismo hizo el universo . . .
Desde el principio hace resaltar la superioridad de Jesucristo
sobre todos los profetas. Y luego trata de convencer a sus destinatarios de que Jesucristo es superior a
los ángeles; esto se encuentra en el segundo capítulo de la misma, y probablemente su autor lo hizo
ante la consideración de que la reverencia que los ángeles inspiraban a los Hebreos, empañaba a su vez
la estimación que éstos tenían por Jesús.
El escritor prosigue entonces tratando de establecer el hecho de que Cristo es aún más grande que
Moisés. Aclara a los lectores que Moisés había sido fiel "en toda la casa de Dios", pero que la Casa (el
evangelio) fué edificada por Jesucristo, el Hijo de Dios, y que "tiene mayor honra que la casa el que la
hizo." Este argumento fué evidentemente manifestado a fin de persuadir a los Hebreos que, si bien
podían seguir creyendo en Moisés como profeta y siervo de Dios, no debían permitir que tal reverencia
debilitara la propia convicción que de Jesucristo tenían.

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Pasa entonces el autor a considerar el aparente problema de los Hebreos respecto del carácter
sacerdotal de Aarón y el concepto de los dos Mesías. En pro de la solución del mismo, les hace notar
que Jesucristo es un sumo sacerdote del orden de Melquisedec, orden superior al de Aarón. También
les aclara que, siendo el Hijo de Dios nacido de una madre terrenal, en la personalidad de Jesucristo
están combinadas las naturalezas de ambos Mesías, lo cual venía a llenar aun más las esperanzas de los
Hebreos al respecto.
El análisis del doctor Yadin provee convincentes argumentos en cuanto a que los Hebreos fueron
un grupo muy especial de Cristianos que, habiendo tenido tradiciones hebraicas, trataron
denodadamente de recuperar, aun antes de la venida del Señor, los conceptos lógicos y aceptables del
evangelio que las creencias de los judíos de su tiempo habían tergiversado. .Esto coincide notablemente
con los que ahora sabemos de los Pactantes del Mar Muerto, quienes evidentemente parecen ser los
Hebreos del Nuevo Testamento.

Si la tesis del doctor Yadin llega ser aceptada lo cual no sería del todo improbable , ésta es
otra de las notables respuestas que surgen de los día a día más avanzados trabajos de desciframiento de
los Pergaminos del Mar Muerto, tendiente a la solución de tradicionales enigmas.

La Exactitud del Antiguo Testamento

Desde los primeros días do la era Cristiana, los eruditos bíblicos han estado debatiendo cons-
tantemente acerca de la exactitud y autenticidad de los orígenes de nuestra Biblia. El hecho principal es
que nuestra Biblia no es otra cosa que una traducción de manuscritos que originalmente se redactaron
en varios idiomas diferentes, los cuales, a su vez, fueran traducidos de versiones anteriores. Más aún
y particularmente en el caso del Antiguo Testamento , su fuente original son manuscritos que datan
de una fecha muy distante de la de su raíz genuina. Por ejemplo, el más antiguo manuscrito bíblico se
remonta hasta el siglo IX de nuestra era, en tanto que el último de los originales del Antiguo
Testamento fué escrito unos doscientos años antes de Jesucristo. Este período de once centurias ha
dado lugar a la incertidumbre de los entendidos, en cuanto a la autenticidad y por ende, a la
exactitud de la procedencia del Antiguo Testamento.
Aun en la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días existen ciertas reservas con
respecto a la exactitud de las modernas versiones bíblicas, y así lo manifiesta el Octavo Artículo de Fe:
"Creemos que la Biblia es la palabra de Dios hasta donde esté traducida correctamente." En varias
ocasiones el profeta José Smith declaró aún más firmemente sus propias dudas; una vez dijo: "A juzgar

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por las varias revelaciones que se habían recibido, era aparente que se habían quitado de la Biblia
muchos puntos importantes tocantes a la salvación del hombre, o se habían perdido antes de su
compilación." (Enseñanzas del Profeta-José Smith, páginas 4-5) Y en otra oportunidad hizo resaltar
más claramente dicha reserva, diciendo: "Creo en la Biblia tal como se hallaba cuando salió de la
pluma de sus escritores originales. Los traductores ignorantes, los escribientes descuidados y los
sacerdotes intrigantes y corruptos han cometido muchos errores." (Ihid., página 404)

La necesidad de mayores luces.

A raíz de estas incertidumbres, entre los eruditos bíblicos ha sido general la esperanza de que se
encuentren nuevas fuentes de información que ayuden a determinar una mayor exactitud de las
versiones modernas de la Biblia. Cuando en 1947 fueron descubiertos; los primeros Pergaminos del
Mar Muerto, esa esperanza derivó en expectativa ante la posibilidad dé obtención de nuevas luces. Sin
embargo, un dejo de decepción se apoderó de los estudiosos y entendidos al comprobar que son escasas
las diferencias existentes entre los 66 capítulos del Pergamino de Isaías descubierto en las cuevas de
Qumran, y los 66 de la versión del rey Jacobo. Aunque las hay, los eruditos han terminado por
reconocer que las mismas son tan insignificantes que sólo pueden atribuirse a errores de los escribas.
Últimamente, no obstante, al paso que van la recopilación, desciframiento y traducción de los
referidos Pergaminos del Mar Muerto, se están obteniendo nuevos y excitantes progresos concernientes
a las fuentes de origen del Antiguo Testamento. Como resultado de un meticuloso estudio se ha llegado
a determinar, no sólo que ambas versiones de Isaías son básicamente idénticas, sino que nuevas luces
están surgiendo en cuanto a la autenticidad de versiones específicas del Antiguo Testamento. Uno de
estos manuscritos, que se considera el más antiguo de los descubiertos hasta la fecha, es una parte del
Libro de Samuel, al que se ubica en los últimos años del siglo III a.J.C. Si esta antigüedad fuera
genuina, resultaría ser mil años más remoto que cualquiera de los manuscritos usados para la
traducción del Antiguo Testamento. En efecto, dichos registros posiblemente fueron hechos en el
tiempo o antes de la Versión de los Setentas, la más antigua traducción de los originales hebreos al
idioma griego que se conoce, y que se considera realizada en el año 285 a.J.C.
Este nuevo descubrimiento probablemente responda al sueño de los eruditos bíblicos, ya que ha
arrojado luces en extremo interesantes acerca de la exactitud de la Versión de los Setentas.

Las primeras versiones del Antiguo Testamento.

A fin de poder tener una cabal idea del valor que para los eruditos bíblicos representa el
descubrimiento de esta versión del Libro de Samuel entre los Pergaminos del Mar Muerto, es necesario
resumir brevemente algunas de las importantes traducciones de las que deriva el Antiguo Testamento.

La versión de los Setentas.

La más añeja traducción del Antiguo Testamento de los registros hebreos se conoce como la
Versión de los Setentas. Conforme a la referencia histórica un tanto legendaria , aproximadamente

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en el año 285 a.J.C, habiendo muerto su padre, quien a su vez había sucedido a Alejandro Magno,
Ptolomeo Filadelfo subió al trono egipcio y una de sus primeras medidas en cuanto a la cultura
religiosa de su pueblo fué remitir un mensaje a Eleazar, Sumo Sacerdote de Jerusalén, solicitándole que
escogiera a seis sabios de cada una de las doce tribus de Israel y se los enviara para que tradujeran al
griego los "buenos libros" hebreos. Se dice que estos 72 eruditos trabajaron devotamente por espacio de
72 días hasta completar la traducción que principalmente consistió en los Libros de la Ley o
Pentateuco, es decir, los cinco primeros libros del Antiguo Testamento. La traducción que por haber
sido hecha en setenta y dos días por setenta y dos sabios, dio en llamarse "Versión de los Setentas" se
considera una de las más exactas, puesto que había sido amplia y minuciosamente cotejada antes de
aprobarse.
La Versión de los Setentas fué profusamente utilizada por los primeros Cristianos en sus intentos
por demostrar a los judíos que el Salvador crucificado era el Mesías, Rey y Sumo Sacerdote que, según
las profecías, habían estado esperando. Este proceder irritó y ofendió tanto a los judíos, que se
dedicaron a la búsqueda e investigación de sus propios registros o anales para refutar el argumento
Cristiano.

La Versión Hebrea.

Aproximadamente en el año 70 de nuestra era, después de la destrucción de Jerusalén, los judíos
fueron esparcidos; sus líderes trataron entonces de encontrar una fuerza unificadora que pudiera
mantener juntos a los pueblos. En esta época, la religión hebrea consistía en comunes lecturas de la Ley
dentro de los hogares o de las sinagogas. Probablemente en el año 90 d.J.C, a fin de centralizar este
sistema y resistir a la vez la política de los Cristianos que usaban las mismas Escrituras judaicas para
combartirles, convocaron una convención especial (Sínodo) en la ciudad de Jamnia (ubicada en las
cercanías de la actual Tel-Aviv). En este Sínodo se adoptaron rígidas y específicas reglas tendientes a
preservar las Escrituras. Se procedió no solamente a realizar un estudio de las versiones existentes, sino
a determinar a qué tipo de escritura, clase de tinta y ancho de las columnas debían sujetarse las
recopilaciones. Esta conferencia, a raíz de la severidad de sus determinaciones, llegó a ser una de las
más importantes en la historia del mundo, concernientes a la necesidad de conservar la genuinidad y
exactitud de las Escrituras.
Sin embargo, en los años subsiguientes, un gran número de versiones de las Escrituras Hebreas
fueron preparadas. La primera de ellas es conocida como la versión de Aquilla, que apareciera al final
del siglo II de nuestra era. Unos pocos años después, ya en el siglo III, salió a luz la versión Teodósica,
la cual fué posteriormente seguida por la de Símaco. A la sazón, se prepararon también varias versiones
en latín. '

Los textos Masoréticos.

A mediados del siglo tercero había tantas versiones de las Escrituras, que el actualmente bien
conocido erudito bíblico Orígenes pidió tratar de poner en orden tanta confusión. Preparó entonces su
famosa Hexaplia, una versión que consistía en seis partes dispuestas en columnas y que incluía, aparte
de la suya, la Versión de los Setentas y otras cuatro ya en existencia. Más tarde, la propia versión de
Orígenes llegó a ser la más aceptada entre los entendidos.
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Como se menciona anteriormente, durante este período también los hebreos hicieron nuevas
versiones de las Escrituras, y ante la influencia del Sínodo de Jamnia trabajaron denodadamente por
mantener en su estado más puro posible la tradición de sus escritos sagrados. Alrededor del siglo
séptimo, surgió un nuevo grupo de recopiladores hebreos. Estos fueron los Masoretas, considerados
como los sucesores de los escribas del tiempo de Jesús. Este fué un grupo de cuidadores de la Masora
(ley o tradición), de donde derivaran los llamados Textos Masoréticos. Para la recopilación de los
mismos, se llevó a cabo una esmerada tarea de investigación y clasificación, aprobándose finalmente
uno de los textos, que ha sido, a través de los años, la versión que la iglesia hebrea ha estado utilizando
hasta la fecha.

Las dos versiones más cotizadas.

Desde que los Textos Masoréticos fueran sacados a la
luz, ha existido una candente controversia entre los peritos
bíblicos respecto a la autenticidad de los mismos, en relación
a la Versión de los Setentas. Por algún tiempo, hasta la
aparición de la versión del rey Jacobo, los Protestantes
prefirieron los Textos Masoréticos, mientras que la Versión
de los Setentas permaneció siendo la favorita de los judíos. En cuanto a los Católicos, han apoyado sus
versiones latinas, especialmente la Vulgata de San Jerónimo. Sin embargo, entre Hebreos y Cristianos
se ha notado, en los últimos años, una tendencia hacia la general aceptación de los Textos Masoréticos.
Uno de los argumentos más sostenidos es el de eme éstos fueron transcriptos generalmente del hebreo
al hebreo, mientras que los demás lo han sido del hebreo al griego, y de éste a otras varias lenguas.
Sabido es que en el proceso de la traducción, mucho de la exactitud de un escrito se pierde debido a los
giros lógicos de cada idioma.

Respuestas de los Pergaminos del Mar Muerto.

Durante los años más recientes, el doctor Frank Cross, uno de
los sabios comprometidos en la famosa empresa que se lleva a cabo
sobre los Pergaminos del Mar Muerto, ha estado trabajando
principalmente con algunos fragmentos del Libro de Samuel,
mencionado precedentemente. Ya mientras estuviera limpiando cui-
dadosamente la superficie de uno de los trozos del antiguo registro,
comprobó con sorpresa que algunos de los pasajes diferían de la
versión Masorética que, lista para la comparación, tenía a su lado.
A medida que fué cotejando, descubrió que dichos pasajes
coincidían más detalladamente con la Versión de los Setentas. Con
mayor exitación continuó su tarea hasta llegar a la conclusión de que
el pergamino de Qumran concordaba en trece partes con la Versión de los Setentas y sólo en cuatro con
el Texto Masorético. Pero también comprobó que el Libro de Samuel de las cuevas del Mar Muerto
contiene muchas referencias que no se mencionan en ninguna de las dos discutidas versiones. Este

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notable descubrimiento le ha llevado a teorizar, junto con sus colegas, que el Libro de Samuel extraído
de entre los Pergaminos del Mar Muerto podría ser más antiguo aún que la Versión de los Setentas.
Una de las más remotas versiones del Antiguo Testamento que ha venido utilizándose con
cierta reserva , es la Samarilana, originada entre unos grupos de gentes que viven en Nabulus
(Jordán) y en Jaifa (Israel), Estos grupos, que reclaman ser descendientes de los antiguos Samaritanos,
creen poseer una de las más antiguas versiones en existencia. Es interesante el hecho de que la Versión
Samaritana concuerda más extensamente con la de los Setentas que con los Textos Masoréticos. Y los
últimos descubrimientos realizados en las cuevas del Mar Muerto, podrían arrojar más evidencias
tendientes a aumentar el grado de aceptabilidad tanto de la Versión Samaritana como la de los Setentas.
Una cuidadosa consideración de la complejidad e inseguridad de las fuentes de origen de la
Biblia actual, nos lleva a la convicción de que realmente necesitamos mayores luces y adicionales
referencias. Esta es una de las más grandes bendiciones que tenemos los miembros de la Iglesia de
Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Además de la Biblia que consideramos como la palabra
de Dios "hasta donde esté traducida correctamente," disfrutamos de la luz maravillosa que el Libro de
Mormón, las Doctrinas y Convenios y la Perla de Gran Precio irradian. El contenido de estas hermosas
Escrituras aclaran y complementan las verdades de la Biblia, aunque no discuten ni aumentan la
condición incierta de su genuinidad. Pero todos aquellos que las lean con un corazón sincero y un sano
propósito, encuentran en las Escrituras modernas de la Iglesia de Jesucristo las respuestas a cada
interrogante espiritual.
Aparte de ellas, los Santos de los Últimos Días obtienen revelaciones adicionales que, por medio
de la divina inspiración, llegan, desde los cielos, a las Autoridades de la Iglesia. ¿No son éstas las
maravillosas bendiciones de que han participado siempre los pueblos deseosos de hacer la voluntad del
Señor?

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