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Página/12 Jueves, 26 de mayo de 2011

“¡Ya no hay hombres!”
El autor diferencia entre el amor “moderno” y el “posmoderno”: el primero “ofrecía la mujer-madre, pasiva y sin deseo sexual, y el hombre-de-familia como sostén indiscutido”; el amor posmoderno despega “madre” de “mujer”; ésta “orienta su vida privada desde el deseo sexual” y “los hombres posmodernos deben responder a nuevas exigencias, entre ellas la de soportar el enunciado „Ya no hay hombres‟”.

Por Ernesto S. Sinatra

Una queja (o un lamento) elevado en ocasiones como grito de guerra, caracteriza a las mujeres en los tiempos actuales: “¡Ya no hay hombres!”. Son representadas por él un número apreciable de mujeres heterosexuales que tienen crecientes dificultades para conseguir, sobre todo de un modo permanente, hombres: ya sea para la ocasión, pero especialmente en matrimonio o en concubinato. Sus razones, atendibles, sostienen que, como decía recientemente una analizante, “hombres, lo que se dice hombres de verdad, no se consiguen fácilmente”. Esta dificultad va más allá de diferencias de clase social, ya que es usual encontrar a mujeres pobres encabezando familias monoparentales, por el frecuente abandono de los hombres de sus obligaciones laborales y de manutención de sus mujeres e hijos.

El amor moderno, el freudiano, poseía una precisa representación del hombre y de la mujer que se ha transformado notablemente en el amor posmoderno, lacaniano. El primero ofrecía un estereotipo de la mujer-madre como objeto de amor, pasiva y sin deseo sexual, y del hombre-de-familia como el sostén indiscutido del núcleo familiar; mientras que el amor posmoderno, al despegar “madre” de “mujer”, caracteriza a ésta por su actividad, por el privilegio del trabajo sobre el hogar, por la orientación de su vida privada desde el deseo sexual; en tanto que los hombres “posmodernos” no solo deben enfrentar las consecuencias
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cada día más. Se trata de un catálogo de seis normas. Fuertes y seguras. entre ellas la de soportar el enunciado “Ya no hay hombres” y responder con lo que supuestamente tienen. que expongo a continuación: 2 . seguras de sí y partidarias del sexo sin ataduras ni compromisos estables con hombres.del avance sociojurídico de las mujeres. sino que deben responder a sus nuevas exigencias. autónomas. estas mujeres demuestran que efectivamente pueden tener bienes y lucirlos. Grijalbo). Es que el modelo donjuanesco requiere de un objeto complementario que ha caído en desuso: el objeto femenino pasivo. ellas son exitosas en sus profesiones. En este contexto. son conducidos a demostrar con cada mujer lo que saben hacer “como hombres”. Don Juan se extingue como figura actual. no debería sorprendernos la proliferación de manuales de autoayuda. donde les propone a “ellas” reglas para obtener éxito con “ellos”. Estas mujeres –con frecuencia divorciadas o aun solteras– padecen síntomas que hasta ayer les eran reservados a los hombres: estrés laboral. Surgen entonces las mujeres “que tienen” de verdad. sino que. para muchas mujeres ya una especie en extinción. Los hombres son empujados por las mujeres a dar una respuesta cash. escrito por una mujer. especialmente en ciudades industriales de países desarrollados. sólo despertado por el gran seductor “contra su voluntad”. pues ya no alcanza con vanagloriarse de los oropeles masculinos ligados a la sacrosanta medida del falo. ha propuesto para las mujeres normas para “saber-vivir”: se trata de Barbara De Angelis en su libro Los secretos de los hombres que toda mujer debería saber (ed. En el horizonte masculino surge la devaluación del Don Juan. fobias diversas localizadas en el temor a la pérdida de objetos: de este modo ellas participan de la angustia del propietario. sin deseo sexual. Uno de ellos. Verificamos rápidamente las consecuencias para ambos sexos de afrontar el redoblamiento de la apuesta: el surgimiento de nuevos síntomas. pero también en sectores acomodados de países subdesarrollados.

” Esta proposición constituye un mixto entre la segunda y la tercera regla. le pediré lo que necesito. 2 “Le expresaré mis sentimientos negativos tan pronto como sea consciente de ellos antes de que se consoliden. 5 “Cuando me vea llenando vacíos. ahora presentado como mascarada-carnada. en lugar de hacer las cosas mejor yo. se trata de un llamado a la razón femenina a partir de su función discriminatoria. esta vez para decidir lo que hay que decir y cuándo hacerlo: cada mujer debería estar advertida de sus sentimientos para diferenciar los positivos de los negativos y comunicarlos al partenaire –o candidato– en el momento oportuno. aunque esto implique hacerle daño. y agrega el rechazo del comportamiento infantil del llanto.” Esta regla busca. me detendré y me preguntaré si mi compañero de pareja me ha dado últimamente mucho a mí. y la empuja a confrontarse con su responsabilidad. si no lo ha hecho. La tradicional posición femenina del hacerse amar encuentra en esta norma su traducción por el goce narcisista de la lengua como un impedimento para asegurar el lazo con el hombre considerado más conveniente. áreas muertas en la relación. apelar a la razón femenina para localizar esta vez lo que el partenaire no da y 3 . al que caracteriza como típica respuesta femenina. 3 “Trabajaré en cuidar mi relación con mi ex esposo cuidando de no considerarme como dañada. dejaré de hacerlo y me limitaré a preguntarme si él me conviene.” Nuevamente.” En el inicio se sitúa el goce del bla-bla-bla del lado femenino. nuevamente. De él se aprecia que es un obstáculo para el pensamiento equilibrado en las mujeres respecto de su deseo. 4 “Cuando mis sentimientos sean dañinos le diré a mi compañero de pareja qué es lo que estoy sintiendo antes que lloriquear o hacer muecas pretendiendo que no me preocupo o actuando como una niña pequeña.” Se introduce aquí una cuestión delicada: la relación de una mujer con su ex.1 “Cuando trate de impresionar a un hombre que me gusta hablando tanto acerca de mí misma que no le pregunte a él nada. y no hablaré de él como si yo fuese la víctima y él fuese el verdugo. Es notable la toma de posición decidida de la autora: rechaza asumir la posición “natural” de víctima (como suele hacer cierto feminismo débil).

si correspondiere. también. atinadas. suele haber problemas: Jacques Lacan habló del “estrago” materno para situar la densidad emocional que caracteriza a la relación madre hija. la que contaminará los futuros encuentros de la hija-mujer con las otras mujeres. da igual). cada una de ellas gira en torno de la ocasión propicia para responder al partenaire. acerca del riesgo de caer en la victimización o en la identificación con la madre. es decir. parece contrariar el recurso de las “nuevas patronas” (ver más abajo). como se sabe. Otra dificultad es que estas reglas son racionales. 6 “Cuando me veo a mí misma dando un consejo que no se me ha pedido o tratando a mi compañero como a un niño. porque. en estas normas una mujer toma partido y advierte a otras mujeres. en sus encuentros con los hombres –más allá de la satisfacción en sus encuentros sexuales y en la maternidad– la constituye el lograr ser 4 . dejaré de hacerlo. a la ocasión no sólo la pintan calva sino. frecuente causa de estragos (pero. La patrona La búsqueda principal para una mujer. Pero aquí encontramos la primera dificultad. Cada una de estas normas advierte a las mujeres de algunos de sus síntomas más frecuentes. Es bien sabido que. a no ser que me pida ayuda.exigírselo. cuando una mujer depende de otra para cierto fin. y ya que –curiosamente– estas normas no dicen nada acerca de cómo arreglárselas con la otra mujer. pero –en el mismo punto en el que fracasa todo manual de autoayuda– también suelen ser inservibles. posmodernas. mujer.” Esta última norma comenta un uso habitual del partenaire masculino en el lazo erótico. Más allá de esto. es preciso agregar. Esta norma parece recusar la salida femenina del reemplazo del hombre por ella misma. tomaré aliento y permitiré que se dé cuenta de qué está fuera de su alcance. no menos causa de matrimonios): aconseja a cada mujer dejar de situarse como madre cuando el hombre se sitúa como niño. o activa sólo en su función maternal (sobre hijo o marido. características referibles a la mujer moderna: pasiva y melindrosa.

es decir. este procedimiento suele ser realizado por ellas a repetición. llegar a capturar a uno que la ame especialmente a ella. no puede compartir el lecho “aquí abajo”. la bipartición entre el amor y el goce parece haberlos empujado a una suerte de “infidelidad estructural”. Imaginemos a un hombre –estoy pensando en una dificultad narrada por un sujeto obsesivo– que. se encontró viendo a la madre. o por renta part-time de servicios sexuales–. designación con la que denuncian su elección conforme al tipo de la mujermadre. organiza sus vidas. Si bien algunos de estos hombres pueden conservar el rasgo de infidelidad “social” y gozar con otras mujeres –sea con amantes ocasionales o estables. que el cumplimiento de este rasgo requiere una búsqueda realizada con sucesivos hombres y cuyas condiciones de éxito sólo pueden ser analizadas en cada mujer. suelen llamar a sus esposas “la patrona”. encontrarse con aquel que la distinga con su deseo como una. si su libido se halla adherida al objeto incestuoso y toda su vida ha girado en torno de su dedicación a esa madre.amada por un hombre. Se constituye entonces el problema masculino en estos términos: cómo podría arreglárselas un hombre con una sola mujer. Cabe observar que. desde Freud. singular.. mujer única para ellos. ¿Cómo podría poseerla “de verdad”. Para los hombres. aunque haga de ese lugar el último baluarte de una sempiterna queja? Una mujer. mientras secretamente se consagraba –aunque no menos en la actualidad– a ejercicios masturbatorios? Y ahora desde la perspectiva de “la patrona”. entre todas las otras mujeres. pero. ¿cómo gozar de la patrona en la cama? Ya que se sabe.. singularmente. ¿qué sucede sexualmente con la patrona? No podría decirse –al menos no en muchos casos– que esos hombres no quieran a su patrona. ¿qué sucede cuando ella se ubica complaciente y decididamente en su puesto de mando. actualmente. en el preciso momento de penetrar a su esposa. en cambio. de sus hijos. Algunos hombres. La patrona. cuando se trata de obtener goce sexual en el 5 . que para gozar de una mujer en el acto sexual un hombre debe faltarle el respeto. a los que podríamos denominar neuróticos “tradicionales”. Esto se refiere a la idealización de una mujer: si una mujer está “allí arriba”. cómo elegir a una y situarla en el lugar de causa de su deseo.

A su respuesta “Traje algunos. llámese “maternidad”. sino. un hombre. a ella misma. La justa apropiación por parte de las mujeres de sectores ligados tradicionalmente con la esfera pública ha introducido cuantiosos matices en la guerra entre los sexos. como muchas de mis amigas. ella le preguntó si había traído preservativos. Nueva patrona Las mujeres de hoy ya no necesitan el palo de amasar de la patrona-ama-de-casa como emblema del poder fálico (y quizá tampoco requieran tanto como antes de sus hijos. cuánta fe que nos tenemos!”. es decir. prestarse a ese goce que él obtiene con su fantasma. deberá dejarse tomar como objeto causa de deseo. Como otra de ellas me enfatizaba en una entrevista: “Yo. Decididas en el encuentro sexual.encuentro con un hombre. La respuesta de él no se hizo esperar: impotencia sexual. bueno. enojada consigo misma. ¿y vos?”. Un nuevo tipo femenino no oculta su predilección por el sexo ocasional. Luego del momento inicial de mutua seducción. y especialmente. Con las transformaciones del mercado capitalista se ha modificado el equilibrio de fuerzas entre hombres y mujeres. Sin embargo. y ya en el umbral de un encuentro sexual. La patrona de la que hablamos no parece estar dispuesta a esos deslices libidinales. no 6 . ella no tuvo mejor idea que decirle: “¡Bueno. Ese gesto puede constituir una mostración de la impotencia masculina (“Ahora yo lo tengo y vos no”) y resultar para un hombre un castigo aún más doloroso que el inocente palo de amasar de antaño. Venganza femenina/humillación masculina. suelen quejarse de que los hombres se intimidan cuando ellas los encaran dejando ver las llaves de su departamento o de su auto. al menos no de los hijos concebidos con sus maridos). ya que su satisfacción está puesta en otro lugar: “fabricar a su hombre” (ver más abajo). y por ese medio extraer ella Otro goce que excederá no solo a él. Una mujer en el diván. Del lado de estas mujeres se ha producido una inversión dialéctica en su posición discursiva: han dejado de sentirse “mujeres-objeto” para procurarse “hombres-objeto”. no tendría por qué sentirse intimidado: sólo la magnitud de su indexación fálica habrá determinado esa respuesta. se quejaba por cómo había tratado a un hombre que la atraía especialmente. confrontado con ese señuelo.

a partir de que el simulacro fálico ha tomado legitimidad jurídico-social para las mujeres. En una primera entrevista. el testimonio light lo constituyen los clubes de mujeres solas –o casadas pero reunidas solas para la ocasión– presenciando stripteases masculinos. Para ellas el reemplazo es directo y sin mediación: son ellas quienes lo borran del mapa y se colocan en su lugar. de un modo fetichista. se había dedicado a fabricar a su hombre: vistiéndolo. encerrada en su familia. con el único requisito de que las mujeres casadas vuelvan después a sus casas. para conseguir el slip ofrecido. que. que comentó al pasar.estamos dispuestas a tener un hombre al lado durante mucho tiempo. era la sustancia identificatoria de la que se alimentaba: ella era en el mundo de los negocios –éstas fueron sus palabras– “un hombre más”. Este tipo de mujeres hacen el hombre a su manera: no son las que tienen (ni quieren) un marido a quien hacer existir como el hombre que ellas pretenderían ser. callada y siempre plegada al deseo masculino. aunque no siempre. y obtenía su éxito empresarial en el mismo rubro en el que su padre había fracasado. mandándolo al trabajo (y a la vida). con una caricatura de docilidad que la encuentra pasiva. famosa. a partir del justo reconocimiento de la paridad legal entre ambos 7 . y no le hizo falta ninguna prótesis peneana para serlo. era una mujer perfectamente neurótica. Esta práctica se ha transformado en un hábito aceptado socialmente. no sólo en la esfera pública. De esta nueva posición. “moderna”. ululando con cada trozo de los cuerpos exhibidos y peleándose ritualmente. otra mujer –ejecutiva. Efectivamente se había transformado en un hombre más. Este tipo de mujer “posmoderna” constituye un envés de aquella otra. Un rasgo de su padre. Pero quedan aún por determinar las variaciones singulares que se producen. Al tiempo se vuelven insoportables y hay que pedirles que se vayan”. Se deduce que la división amor-goce pareciera ya no funcionar exclusivamente del lado de los hombres. ellas no moldean a “su” hombre a su imagen y semejanza. a veces. tampoco era homosexual. reconocida socialmente– hablaba de los hombres igual que ciertos hombres hablan de las mujeres.

Grama). sino especialmente en el campo del goce sexual. 8 . ya que en éste no existe la justicia distributiva. * Texto extractado de ¡Por fin hombres al fin! (ed.sexos.