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Infectado

Percy Meza

I

Abrí los ojos mansamente. Recibí muy suavecito la luz de la mañana, que cubría todo mi desordenado
cuarto. Me incorporé en mi cama y me senté al borde de ella. El sueño todavía me atrapaba, pero tenía
que estar despierto para ir a mi consultorio. Apoyé la cabeza sobre mis manos y luego las jalé hasta
restregar mi rostro para quitar ese cautivador y delicioso sueño que me faltaba saciar. Tomé
perezosamente el cepillo y le coloqué la pasta dental. Mirándome con cara de marrano, me cepille los
dientes. Salí del baño y me desvestí. Me tumbé en la cama, tomando el control remoto y enciendo el
televisor, que estaba adornado en su marco de visión con un pequeño panfleto para prevenir la gripe A
(H1N1). El noticiero matutino me saludó con una primicia inquietante.

AUMENTARON 105 CASOS DE LA TEMIBLE GRIPE A (H1N1)

—Según informes publicados por el Ministerio de Salud, aumentan seis casos en nuestro país —constató
la presentadora—, reportaron 105 nuevos casos de la temible gripe A (H1N1) en nuestro país… Esto se
suma en nuestro país a 916 casos.

Me quede atónito, mientras me ponía, mecánicamente, el zapato en el pie con el calcetín. Tome mi valija,
la examiné para no olvidarme ninguno de mis útiles de trabajo, la cerré y la sujeté firmemente.

Apagué el televisor, en el momento que daban indicaciones para prevenir el contagio de este virus. Puse
mi ropa en su lugar, que lo consideró como el “gran arreglo” que le doy a mi habitación diariamente.

La gente que pasaba por mi lado vive tensa por el trabajo y muchas cosas más. Yo vivo tenso por mi
trabajo y conseguir una chica.

Cuando llegué a la inmensa caja de cristal de Saga Falabella, las nubes blancas del cielo brillaron para dar
el aspecto frío que siempre teñía las mañanas. Crucé la ancha pista, tome la ruta adecuada e inicia mi
largo trayecto para ir hasta mi trabajo.

II

Son las 9:05 a.m. He partido desde Miraflores a las 7:30 a.m. No sé quien me dio la estúpida tentativa de
poner mi consultorio tan lejos de mi departamento.

Enciendo las luces de la sala de espera, del consultorio, de todo el lugar. Pongo mis cosas en mi
escritorio, mientras espero a Almendra. La recepcionista que es mi sobrina de 20 años, que apareció a las
9:15 a.m. con su sonrisa tan dulce, risueña, que alegraba mi día.

—Buenos días, tiíto —dijo, dándome un besito en la mejilla. Arregló su escritorio, con su delicado
cuidado hasta obtener un diseño exuberante. Un orden paulatino de lapiceros en sus portadores, folios y
papeles en el centro, panfletos de campañas contra el sarro al borde y a la vista, y una foto de su madre
difunta, mi hermana Esmeralda, que murió por peritonitis.

— ¿Viste la noticia, Almendra? —pregunté de repente.
—Sí, tiíto. Me asuste con esa estadística. Cada día hay más infectados. El domingo pasado me dio una
gripe que pensé que era gripe porcina. Creo que ese día hubo 32 casos más aquí en Lima…

—Estás al tanto en los noticieros…

—Nunca me pierdo de una, aunque no creo que soy la única que no me lo pierdo.

Ella me miró con ojos impertérritos. Siempre segura de sí misma. Es por eso que ningún chico tenía el
nivel para considerarlo como su enamorado.

—Listo, tiíto. Abrimos el consultorio ahora… Vamos, vamos, vamos, tiíto. Tú debes estar en tu
escritorio…

Reaccioné ante su imperativa orden. Cruce media sala de espera, para entrar a mi consultorio, mientras
Almendra encendía el televisor de la sala de espera.

Tras esperar media hora, apareció un paciente que tenía un horrible problema de sarro supragingival. En
la arcada superior tenía dos dientes con el trastorno. Tuve que recurrir a ciertos procesos de limpieza para
sacar aquel molesto sarro, porque el pobre paciente tenía el aspecto de tener dos dientes más largos que
otros. Acabé con la limpieza, le sugerí cosas buenas o malas y se fue. En toda la mañana recibí a un niño
que necesitaba una endodoncia, por un diente profundamente picado. ¡Para el colmo el diente era de
hueso! Luego recibí a un señor de edad que había venido frecuentemente, porque se quejaba por lo
incomodo que era la prótesis que cubría su paladar.

Almendra, de repente, le dio un ataque de orina, por su etapa de menstruación. Tiíto, tengo que ir al trono.
Por eso tuve que salir de mi escritorio y esperar en el escritorio de Almendra, mientras por la puerta de
cristal veía pasar los autos. En un unos segundos, apareció una señora con aspecto adolorido.

Venía tocándose la mejilla hinchada. Un problema notorio de caries peliagudo.

—Buenos días, señora. ¿Cuál es su problema?

—OH, doctor. Amanecí con un fuerte dolor en la muela… En estos momentos me aflige mucho, doctor.

—Muy bien. Acompáñeme…

La llevé al consultorio. Se colocó en la silla dental. Moví el estante móvil, me puse la mascarilla y
acerqué los instrumentos. Tomé el espejito dental y examiné con ella los dientes. Uy. Tenía el tercer moral
totalmente picado. Esto requería a una endodoncia. Preparé las limas para sacar todo el tejido pulpar: la K
y la de Hedstrom.

En toda la operación de endodoncia, que duró hasta el mediodía, el diente murió y la señora quedó libre
del dolor. Ahora solo tenía que retener la hemorragia con algodón.

—Gafias, fofor —me dijo ella.

En el momento, que quiso saludarme, ella me permitió un segundo y estornudó. Luego, le estreche la
mano. Ella salió del consultorio, contenta y parecida a Quico.

—Por fin, terminó el día de trabajo… —aspiré profundamente—. A ver… Debo marca la fecha en el
calendario… 4 de julio de 2009… Así que Od. Carlos Parleo Costumo, terminó tu hora de trabajar…
Limpié todos los instrumentos dentales, arreglé por aquí y por allá. En ese tiempo de orden, Almendra
asomó la cabeza por la puerta y me dijo:

—Tiíto, me voy. Tengo que ayudar a la abuelita en la casa… Chao, cuidado con el tráfico —me mandó un
beso volado.

Lavándome las manos, hice el ademán de recibir un beso.

—Chao, hija.

Tras eso, arreglé con lo faltado. Salí de ella y me regresé a mi departamento.

Pasé una tarde tranquila como cualquier sábado por la tarde. Comí pollo a la brasa pedido pordelivery y
viendo unas cuantas películas. Cuando fui a la cama era como regresar de mi consultorio… Estaba muy
adolorido y no sabía porque. Seguro era el día… Bah… Así que me eché en mi cama a la medianoche.

III

Me levanté. Pero esta vez me costó mucho… Parecía como si niños invisibles estuvieran pisando todo mi
cuerpo… Saltando sobre mí… Traté de ver el reloj, pero con un movimiento giratorio de mi cabeza
parecía como si ella estuviera hecha de aire y mareo. Abrí más los ojos. Esta vez definí bien mi
desordenado cuarto, pero el mareo persistía en verlo como un cuadro aún más horrendo. Me moví
lentamente y parecía como si cama quería tragarme. Todo el cuerpo me dolía profundamente y me
quemaba.

Aspiré un poco de aire y sentí la nariz totalmente congestionada… Tragué mi saliva y era como si
estuviese pasando una enorme piedra. Estaba tan desesperado de salir de la cama, que di un movimiento
brusco y sentí una náusea tremenda… Quedé turbado y vomité en mis sábanas…

—No puedo tenerlo ahora…

Tomé un poco de aire que me costó y me levanté de la cama. Era como caminar sobre un piso resbaladizo
con la cabeza perdida… Fui por un lado y me golpee con la pared… Estaba completamente
nauseabundo…

—¿Dónde está…? —dije al borde de quedarme inconciente.

Con la mirada mareada, encontré el panfleto, que siempre estaba pegado en el marco del televisor. La
arranqué porque era imposible caminar con ese estado… Acerqué los textos a los ojos…

—Síntomas… Síntomas… —dije rebuscando. Para una persona sana la habrá encontrado en un
santiamén.

SINTOMAS

Tos seca recurrente

Fiebre alta (38-40º)

Secreción frecuente de mucosa

Dolor general
Escalofríos

Fatiga

Dolor en los ojos

Perdida del apetito

Falta de aliento

Vómito

Diarrea

—OH… p —con voz quebrada—. Estoy… infectado… ¿Cómo… me pude… haber contagiado…? OH…
La última paciente… de ayer… estornudó… OH…

Como mi cuerpo no soportaba estar parado en un lugar, fui para un costado, pateando mis cosas y sentí
esa tremenda náusea, que acabó en vómito…

Con el cuerpo torpe y enfermo, busqué mi celular. Di giros lentos con la cabeza, escudriñando el aparato
en medio de todo ese desorden… Después de unos segundos, lo encontré tirado bajo mi cama.

—Buenos días, ¿en que podemos ayudarlo? —dijo la voz suave de una mujer.

—Señorita… —dije—. Amanecí tremendamente mal… Siento un malestar general… Revisé los síntomas
de la gripe A (H1N1) y todo ellos concordaban…

—Correcto… ¿Cómo se llama, usted?

—Carlos Parleo Costumo…

—El número de su domicilio…

—Calle Francia 452…, departamento D2… Miraflores… Queda por los alrededores del colegio Mater
Purissima.

—Señor Parleo, debe quedarse en un lugar donde podamos verlo. El equipo de emergencias llegará a su
domicilio en unos minutos… Por favor, no salga de la casa por ningún motivo, la gripe A (H1N1) es
altamente contagiosa…

—De acuerdo…, señorita —mi voz se interrumpió por un estridente tos.

La señorita colgó.

Me quedé parado. Hice una aventura para llegar al sillón de mi estancia, pero antes de sentarme, dejé la
puerta de entrada entornada. Me tumbé sobre el sillón.

IV

El equipo de emergencia llegó a las 9:35. Me había levantado enfermo a las 9:15. Todo el equipo vino
hacía mí, con mascarillas, examinándome, viendo mi pulso, haciendo todo lo necesario para ver mi estado
de salud.
—Su fiebre alcanza los 39º grados Celsius… —afirmó un hombre, con su voz amortiguada por la
mascarilla—.

— ¡Traigan la silla de ruedas! —grito otro.

Con el cuerpo como una gelatina, me hicieron sentar en la silla de ruedas. Lo que tenía encima era una
mascarilla para respirar y un termómetro bajo la axila. Al salir al pasadizo, mis párpados estaban en un
estado de “ya no aguanto estar así”. Cuando llegamos al final del pasadizo, los de emergencia discutieron
algo, hasta que vino lo peor. Me iban a bajar por el ascensor. OH, por Dios. Dos de emergencia bajaron
por las escaleras, y dos me acompañaron para entrar al ascensor. No podía haber mucho tumulto a mí
alrededor con el riesgo de contagio. Entrando al ascensor, estaba seguro que iba a sufrir otra infección,
que podría sumarse temporalmente a esto: la claustrofobia. Pero eran solo tres pisos abajo, pero la
ansiedad se sumó a mí cuando las puertas del ascensor se cerraron. Comencé a contar, 1, 2, 3, 4…, cuando
tenía la horrible sensación de que las cuatro paredes del ascensor se ceñían ante mí…

Humberto, saca a Carlitos de esa maleta… No puedo, se cerró por sí sola y el candado esta oxidado…
Ay, por Dios, ¿desde qué hora estuvo encerrado ahí?…

La ansiedad, al llegar a un punto pavoroso, las puertas del ascensor se abrieron. Sentí el aire en mi piel y
se calmó uno de esos, pero la gripe persistía, me martillaba, hacia lo suyo. Salimos del lugar, con algunas
personas de casas vecinas mirándonos. Uno de emergencia, gritó a algunos curiosos que se acercaban.

— ¡Por ningún motivo se acerquen o serán contagiados! ¡Sólo quédense en sus casas!

Me subieron al carro de ambulancia y se inició el trayecto al hospital. Pero en ese momento le dije a los
de emergencia que sufría claustrofobia y me pusieron, desesperados, algún analgésico que me calmó.

V

Abrí los ojos lentamente. Pensé que fue algún tipo de pesadilla, pero me di cuenta que era real cuando
tenía una mascarilla de aire en mi rostro. Estaba sobre una camilla, con el cuarto limpio y blanco, siendo
iluminado por una tenue luz de sol. A mis lados, un montón de aparatos registraban mi estado, con
unos pi, pi, pi, que molestaban mis oídos.

Esta vez, no sentía los síntomas horriblemente. Estaba con un estado normal…

Me di la vuelta y encontré mi celular en una mesita. La tomé y marqué el número del celular de
Almendra. Me saqué por un momento la mascarilla de aire.

— ¡Tiíto, por Dios! —Escuché ruidos raros, además de su voz dulce—. ¡Cómo te encuentras! ¡Estuve
muy preocupada! ¡Estuve esperando en la sala de espera, pero vine a McDonald’s para comer algo! —
Seguro había derribado la hamburguesa, de puro nervios.

—Estoy bien, hija. Creo que me pusieron muchos analgésicos para aliviar los síntomas…

Tras eso, le comencé a contar la larga historia.

En la pared de mi cuarto había un afiche no publicitario, explciando qué medicamentos se usaba en el
tratamiento contra la gripe. Entre ella estaba el Tamiflu (unas cápsulas bicolores: blanco y amarillo) y
la Relenza, que era un pomo con una peculiar forma en cuña, debajo de su nombre rezaba Zanamivir, sólo
para inhalar.

— ¡Por Dios, tiíto! ¡Ay, tiíto! —Sollozo—. Tuve mucho miedo. Pensé muchas cosas feas…

—Hija, no te preocupes. Ya estoy en tratamiento…

—Pero tiíto, es que la enfermedad… —el tono de su voz se volvió muy severo—. No es fácil… Es muy
complicado…

Se que no quería decirme directamente. La gripe era tan mortal en ciertos casos, ocurrido en Estados
Unidos, México y Argentina, países que estaban en los primeros puestos de la lista Víctimas de esta
enfermedad pandémica.

—Tiíto, informaron… que hay un caso mortal en el Perú. Es de una niña de 4 años que tenía síndrome de
Down… Ay, tiíto. Voy a rezar por ti… —dio un pequeño sollozo—. Ahora los familiares no pueden
acercarse a los infectados… Pero buscaré la manera para verte, tiíto… No quiero que te pase nada…

Esas palabras casi me hicieron llorar… Era cierto, era como un padre para ella. Pero la gripe era tan seria
que no había manera de justificar el daño que hacía. Mi hija colgó el teléfono, tras un prolongado sollozo.
Me eché en la cama, acomode la mascarilla de aire y me quedé mirando el techo, taciturno, inerte, sin
comprender lo que me pasaba ahora.

Pasando los días, el televisor no paraba de proferir las noticias de la enfermedad y sus víctimas…Channel
next… Channel next

El 5 de julio de 2009 se detectaron 111 casos. Todos peruanos: 98 residentes en Lima, 4 en el Callao, 5
en Cusco, 2 en Trujillo, 1 en Huánuco y otro en Madre de Dios. Numero de casos: 1027. Muertes: 2,
ocurridas en Lima

El 6 de Julio se detectaron 43 casos, 35 en Lima, tres en Arequipa, 2 en el Callao y Chimbote y uno en
Cajamarca elevándose a 1070 casos en el país.

El 7 de Julio se detectaron 65 nuevos casos de la nueva Influenza A (H1N1). Todos peruanos; 35
residentes en Lima, 5 en Arequipa, 5 en La Libertad, 9 en el Callao, 4 en Piura, 6 en Junín y 1 en Iquitos,
elevándose a 1135 casos en el país.

El 8 de Julio se confirmaron 196 nuevos casos de la nueva Influenza A (H1N1). Todos peruanos; 183
residentes en Lima, 1 en Arequipa, 1 en La Libertad, 6 en el Callao, 1 en Ayacucho, 1 en Junín, 2 en
Huánuco y 1 en Cusco, elevándose a 1331 casos en el país. A la vez, el MINSA informa que se registró
la tercera muerte en el país, dada en el hospital de Yanahuara, en Arequipa.

Power off… (…)

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